Pensamiento filosófico latinoamericano. Humanismo, método e historia



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Pensamiento filosófico latinoamericano.

Humanismo, método e historia.

Tomo I.


Pablo Guadarrama González1.
INDICE
Prólogo. Ricardo Sánchez Ángel

INTRODUCCIÓN


CAPÍTULO I: confrontación entre Humanismo y alienacion en la Historia de la filosofia.


    1. Humanismo vs. enajenación: más allá del debate teórico.

    2. Humanismo y desalienación: un proyecto histórico inacabado.

1.3 El “espíritu alienado” de Hegel.

1.4 La desalienación del espíritu de Feuerbach a Marx.

1.5 ¿Qué se incrementó en la modernidad: la alienación o la desalienación?

CAPITULO II. PROBLEMAS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS PARA EL ESTUDIO DE LAS IDEAS FILOSÓFICAS EN AMÉRICA LATINA.


2.1 Presupuestos metodológicos generales.

2.2 Objeto y función del filosofar latinoamericano.

2.3 Originalidad y autenticidad en el pensamiento filosófico.

2.4 Herencia filosófica y herencia cultural.

2.5 Identidad y autenticidad cultural latinoamericana.

2.6 Humanismo frente a la alienación.

2.7 ¿Qué historia de la filosofía se necesita en América Latina?

2.7.1 Ayer y hoy del reconocimiento de la filosofía en América Latina.

2.7.2 Peripecias metodológicas de la historia de la filosofía en América Latina.

2.7.3 El problema de las periodizaciones.

2.7.4 La filosofía y las urgencias latinoamericanas.
CAPÍTULO III
EL PENSAMIENTO FILOSOFICO LATINOAMERICANO HASTA FINES DEL SIGLO XIX.



    1. Humanismo en el pensamiento amerindio

    2. La conquista de América: pensamiento colonialista vs. pensamiento amerindio

    3. La reflexión antro­pológica en la escolástica latinoamericana

    4. Humanismo e ilustración en América Latina

    5. Filosofía e ilustración en Simón Bolívar.

    6. Pensamiento independentista latinoamericano, derechos humanos y justicia social.

    7. El tema de la cultura en el pensamiento latinoamericano.

    8. Trascendencia de la filosofía de Andrés Bello e identidad latinoamericana.

    9. Significación del positivismo sui generis en América Latina.

    10. El conflicto barbarie y civilización; la nordomanía de Domingo Faustino Sarmiento.

    11. Eugenio María de Hostos y el positivismo sui generis latinoamericano.

    12. José Martí y el positivismo sui generis latinoamericano.

    13. Humanismo práctico y desalienación en José Martí.

      1. La perspectiva antropológica.

      2. El humanismo liberador.

      3. El proceso desalienador.

      4. Dimensión social de su humanismo práctico.

    14. El pensamiento integracionista y latinoamericanista de José Martí.

    15. Bases éticas del humanismo en el pensamiento filosófico latinoamericano.

Bibliografía.



Prólogo: Sobre la Obra de Pablo Guadarrama González.
Por: Ricardo Sánchez Ángel2
El destacado profesor universitario e investigador de los pensamientos y culturas de Nuestra América, Pablo Guadarrama González, es autor de una importante, significativa y nutrida obra. Sus libros, artículos y conferencias, circulan en distintos lugares de Colombia y América Latina y son fuente de documentación y reflexión en las universidades y centros educativos.
Además, Pablo Guadarrama ejerce un magisterio universitario intenso y extenso no sólo en Cuba, sino en los distintos países del Continente. Colombia ha tenido y sigue teniendo la fortuna de contarlo entre uno de sus más importantes profesores universitarios desde hace 25 años, con un amplio reconocimiento de la juventud estudiosa y de sus colegas. Su labor educativa, el quehacer investigativo, sus libros, suscitan merecida admiración de todos nosotros. Pablo Guadarrama es una de las más brillantes y activas inteligencias de la filosofía y la cultura en Nuestra América.
Se ha publicado recientemente en la República Bolivariana de Venezuela una antología en tres tomos de textos fundamentales de la obra de nuestro filósofo y entrañable colega, con amplia acogida en el público universitario e intelectual.
En una cuidadosa selección que el autor ha realizado atendiendo a distintos criterios de orden histórico, autores, temáticas, críticas y elaboraciones hacia el horizonte de las propuestas que él resume en la fórmula dialéctica Humanismo Vs Alienación. Es la renovación de una larga elaboración de los pensadores fundadores Andrés Bello, Simón Rodríguez y Simón Bolívar, para nombrar solo tres. Que tendrá luego en José Martí la estrella rutilante, seguido de Enrique José Varona. En el siglo XX están los maestros fundadores de la reforma intelectual y universitaria: José Carlos Mariátegui, Haya de la Torre, Aníbal Ponce, Pedro Enríquez Ureña, Alfonso Reyes, Leopoldo Zea, Darcy Ribero y tantos otros.
Pablo Guadarrama, está con derechos ganados por su meritoria tarea, en esa tradición y la honra, porque la enriquece a tono con los desafiantes tiempos contemporáneos.
La reforma intelectual de Nuestra América es tarea inaplazable, permanente, a la manera como Antonio Gramsci la propuso por igual para Italia en paralelo con nuestros grandes maestros. Para el italiano la Reforma debía tener estos contenidos precisos: Estado, sociedad y educación laicas; renacimiento e ilustración; democracia moderna. Para su filosofía de la praxis se debía trabajar por elevar el nivel intelectual de los estratos populares, lo cual implica la formación de “élites de intelectuales de nuevo tipo” que surjan directamente desde abajo. Todo esto bajo la batuta de un nuevo intelectual orgánico3.
Destaco que en esta obra Pablo Guadarrama dedica valiosos estudios a dos colombianos de universidad y pensamiento de alcances latinoamericanos: Luis Eduardo Nieto Arteta y Antonio García Nossa.

Tal vez, el desafío intelectual y la reflexión más fructífera del corpus teórico de Pablo Guadarrama está en cómo integrar la pertenencia al marxismo, por su adopción de las enseñanzas de Marx-Engels, ser hijo legítimo de la revolución cubana, en el seno de la cual se forjó su infancia y juventud, con las corrientes de los maestros pensadores, como lo hizo Fidel Castro con José Martí. Luego vivió la experiencia del “socialismo real” sobre lo cual dice Armando Hart: “Él ha podido arribar a los criterios que expone porque se formó como profesor de filosofía en el “socialismo real” y la vida lo obligó - como a muchos otros – a salirse de esos esquemas”.


Esta obra de Pablo Guadarrama ofrece entonces los espacios de discusión crítica tan necesarios en la construcción conjunta de los pensamientos de Nuestra América, y seguramente su valoración en nuestro medio redundará en la creación de una gran acción comunicativa, dialogal, controversial y propositiva.
En esta antología el autor brega con los asuntos del filosofar en Nuestra América, enfrentando la pregunta recurrente y pertinente sobre la filosofía latinoamericana. La respuesta de Guadarrama es que se encuentra en construcción, que el asunto de descubrirla, evidenciarla y ponerla a circular es tarea necesaria y está en curso, en medio de carencias y dificultades.
La filosofía no tiene una acepción única, cerrada en su universalidad, ni la define el hecho de un mayor desarrollo en contextos culturales, a manera de un centro hegemónico excluyente y absorbente.
Hay distintas filosofías en el desarrollo desigual de las culturas y los pensamientos. La lógica aristotélica en su inmensidad floreció en Grecia donde concurrieron pluralmente otras filosofías: Platón, los Estoicos, los Epicureístas y otras escuelas.
La colosal obra de Carlos Marx expresa las filosofías alemanas, Hegel en primer lugar, los socialismos y la Revolución Francesa y la economía política inglesa con la presencia de la clase obrera moderna y se desarrolló paralelo al positivismo y el empirismo.
Estos dos momentos cruciales de los pensamientos ocurridos en Europa pero distantes en espacios geohistóricos y culturales diferentes, son ejemplares pero no únicos. Con el colonialismo primero, la revolución industrial, la modernidad luego y el epílogo del imperialismo, el eurocentrismo y el anglocentrismo impusieron su hegemonía y pretensiones de homogeneidad y de pensamiento único.
Pero la diversidad del planeta se mantuvo con el pluralismo de lenguas e identidades nacionales. La modernidad filosófica de Occidente se amalgamó en nuestros espacios con variados resultados.
Las resistencias ancestrales se desarrollaron y muchas luchas raizales se expresaron. La recuperación de legados, tradiciones, costumbres en común, imaginarios, memorias, están al orden del día desde las grandes oleadas descolonizadoras, la de América Latina en el siglo XIX y la de África y Asia en la segunda mitad del siglo XX. Los pensamientos propios, pero singulares-universales adquirieron una mayoría de edad exigiendo carta de ciudadanía.

Así las cosas, Pablo Guadarrama inicia su escrutinio desde las raíces, incorporando el legado a nuestros pensamientos y a la cultura universal de las grandes civilizaciones raizales, indígenas. Es terreno seguro y fértil en esa preocupación suya de hacer la tarea de desalienación. Es el buen comienzo. Tiene razón entonces Carlos Rojas Osorio cuando señala: “Guadarrama caracteriza la filosofía latinoamericana, por el humanismo, la búsqueda de emancipación y la crítica antihegemónica4


La tarea pendiente es el aporte de la africanía a nuestros pensamientos, al igual que los asiáticos. El interrogarse sobre el origen del mundo y la naturaleza va a ser recurrente entre los afroindoamericanos. Y si existe la filosofía de los valores, política, estética y de la cultura, como creo que existen, hay que afirmar que en estas manifestaciones del filosofar, hay un jardín tropical en el continente.
En su escrutinio sobre José Ingenieros dice Pablo Guadarrama que los mejores representantes del humanismo latinoamericano, han concebido la cultura en su función desalienadora y posibilitadora de grados de dominio, de libertad, de control del hombre, de sus condiciones y posibilidades de vida.
Lo de Guadarrama es el humanismo como realización de los pensamientos de Nuestra América encarnados en los mejores. Humanismo vital como en Rodó, educativo-desalienador como en Ingenieros, universal-pluralista como en Vasconcelos, autoconsciente y social como en todos, intimista y poético al igual que revolucionario como en Martí, centrado en la utopía con justicia social como en Pedro Henríquez Ureña, humanismo socialista como lo inaugura en grande José Carlos Mariátegui y lo alimenta la Revolución Cubana.
De esta manera sintetiza Carlos Beorlegui el aporte de nuestro colega: “Si hubiéramos de sintetizar en un componente la línea central de la filosofía de Guadarrama, tendríamos que hacer referencia a su preocupación por lo humano, por la dimensión humanista del filosofar, cualidad y preocupación que él ve como uno de los rasgos específicos del filosofar latinoamericano”5.
La tarea pendiente es descubrir, porque como las brujas, que existen, existen, las mujeres que han hecho y están haciendo sus aportes en filosofía.
La filosofía tiene hoy en nuestro continente una vida vibrante en pleno desarrollo y está logrando su integración internacional, su despliegue en esa dirección, con reconocimiento y derecho. Sin paternalismos y más bien en la lucha; superando complejos de inferioridad propiciados por el colonialismo.
La pregunta por la filosofía en Latinoamérica sigue abierta como problema; no obstante, goza de buena salud con grandes desafíos, el primero no concentrarse en la autocomplacencia sino en el permanente aprender en la reflexión y la acción, en la praxis.
Aquí como allá, en todo el mundo sigue siendo válida la reflexión fáustica:
Está escrito: En un principio existía el verbo. Ya aquí tengo que pararme. ¿Quién me ayudará para ir más lejos? . Es del todo imposible que pueda dar tanto valor a la palabra Verbo; es preciso que lo traduzca de otro modo, si el espíritu me ilumina. Está escrito: En un principio existía el espíritu. Reflexionemos bien sobre esta primera línea, y no permitamos que nuestra pluma se apresure. Es indudable que el espíritu lo hace y lo dispone todo, por lo tanto debería decir: En un principio existía la fuerza. Y sin embargo, al escribir esto, siento en mí algo que me dice no ser éste su verdadero sentido. Por fin, parece venir el espíritu en mi auxilio. Ya empiezo a ver más claro, y escribo con mano firme: En un principio existía la acción6.

Mefistófeles. – Mi buen amigo, toda teoría es en sí tan árida como el verde y lozano es el árbol de la vida7.

Introducción


Los trabajos que aparecen en este libro constituyen el producto de nuestra labor investigativa sobre el desarrollo del pensamiento filosófico latinoamericano que desde inicios de la década del setenta del pasado siglo XX hemos desarrollado unida a la labor de dirección del grupo de investigación sobre pensamiento filosófico latinoamericano en la Universidad Central de las Villas.

La mayor parte de ellos han sido publicados en libros o en revistas en varios países. Una minoría se encontraba semielaborados ─ y por tanto eran inéditos─ como textos de conferencias y cursos impartidos.

Gracias a la gentil invitación de Antonio Scocozza y Giuseppe Cacciatore de realizar una edición colombiana en la valiosa Colección de Sur a Sur de la Editorial Planeta en convenio con la Universidad de Salerno y la Universidad Católica de Colombia, que con sumo agrado aceptamos, es que ahora ve la luz en el ámbito cultural colombiano, al cual de algún modo estamos orgánicamente vinculados desde fines de los años ochenta hasta la actualidad.

Cuando se estudia el desarrollo del humanismo en su confrontación con diferentes formas de alienación en el devenir del pensamiento filosófico latinoamericano siempre aparece la pregunta sobre la existencia o no propiamente de una historia de la filosofía latinoamericana, y al respecto se pueden presentar innumerables dudas. Ante todo se pretenderá saber si el autor es defensor de la tesis según la cual la filosofía puede reducirse a gentilicios o, incluso, a patronímicos.

Solo la lectura del I Tomo de Pensamiento filosófico latinoamericano, Humanismo, método e historia especialmente del capítulo referido a los problemas metodológicos del estudio del pensamiento filosófico latinoamericano, su especificidad, objeto, función, originalidad, autenticidad, periodizaciones, etc. , puede conducir a la conclusión de que la filosofía no ha sido, ni es, griega, romana, alemana, francesa o latinoamericana, aunque nadie dude que distintas comunidades históricas de pueblos y culturas han aportado valiosos ingredientes a su conformación integral. Tampoco la filosofía es platónica, aristotélica, tomista, hegeliana, marxista o sartriana, independientemente del hecho que cada uno de esos pensadores le haya impreso sellos específicos.

Por tal motivo es más preciso plantear la existencia de una historia de la filosofía en América Latina, en la que el debate sobre el humanismo, su historia y el método de su análisis ─del mismo modo que la hay en Europa o en Asia─ que de una filosofía latinoamericana. Pero debe permitirse, alguna que otra vez, cierta emancipación de esa cárcel que conforman las palabras, según Wittgenstein, para admitirse, en cierto modo, que es posible emplear con algún sentido la existencia de una filosofía griega, romana, alemana, francesa o latinoamericana, de la misma forma que no causa mucha extrañeza aceptar los términos de filosofía platónica, aristotélica, tomista, hegeliana, marxista o sartriana, en lugar de filosofía en Platón, en Aristóteles, en Tomás de Aquino, en Hegel, en Marx o en Sartre.

A fin de evitar la posible incomprensión por razones de términos, se observa rápidamente que ninguno de los trabajos que integran este libro acentúa o reitera el enunciado del título: filosofía latinoamericana. Sin embargo, en varias ocasiones, tanto en los títulos de cada uno de ellos como en su contenido, aparece el de pensamiento, por su contenido mucho más amplio, ─pues este abarca otras formas del saber como es el caso del político, jurídico, científico, religioso, etc.─ y las repercusiones de sus efectos, bien sea para referirse al humanismo amerindio o propiamente al humanismo latinoamericano.

Si bien hay justificadas razones, en cierto modo según algunos, para dudar de la existencia de una filosofía amerindia o de un humanismo amerindio, resulta de mayor consenso admitir la existencia de un pensamiento amerindio anterior a la llegada de los europeos. Nadie pondría hoy en duda un problema al parecer resuelto desde el siglo XVI con la polémica entre Las Casas y Sepúlveda sobre la condición humana o no de los aborígenes de estas tierras, que comenzaron a conocerse como América.

Otra discusión consiste en considerar si este pensamiento llegó a la altura de la expresión filosófica o se quedó en su antesala, y qué razones hay en pro o en contra para admitir su condición o no de filosófico. De eso precisamente se trata en primer lugar: en el presente libro al ofrecer algunos argumentos, en un sentido y en otro, sobre la controvertida cuestión.

Para eso fue imprescindible dedicar atención al esclarecimiento conceptual y a la evolución de la confrontación entre las ideas humanistas y las alienantes desde la antigüedad, especialmente en la tradición grecolatina y europea en general hasta nuestros días, es decir fundamentalmente en la filosofía occidental, con la cual se encuentra orgánicamente imbricado el pensamiento latinoamericano.

Seguramente las conquistas de aztecas e incas y el sometimiento de otros pueblos motivarían entre la nobleza de estos imperios o entre otros funcionarios, sacerdotes, etc., que de algún modo participaban de dichos procesos de colonización amerindios, alguna que otra discusión ideológica sobre la justificación de tales empresas. Pero estos hechos no produjeron el impacto mundial y, por tanto, la consideración intelectual que causó posteriormente en el mundo el mal llamado descubrimiento de América.

Tanto en el ámbito del pensamiento filosófico, político, jurídico, literario, religioso, científico, etc., como en la conciencia popular, la aparición de un denominado “Nuevo Mundo” inspiró, y sigue inspirando, innumerables controversias de todo tipo.

Por tal motivo en este libro se analizan algunas de las manifestaciones de este violento choque de civilizaciones y en qué medida los intelectuales, funcionarios, sacerdotes, etc., de aquella época, reflejaron también en el discurso teológico y filosófico el problema social y cultural que aquel acontecimiento histórico planteaba.

En una apretada síntesis se aspira a presentar una muestra de las ideas de los principales representantes de la escolástica y la ilustración latinoamericana, haciendo énfasis en el fermento antropológico que subyace en la primera y el arraigado humanismo de la segunda, que de alguna forma propició la fermentación ideológica del proceso independentista latinoamericano.

Especial interés ocupan algunas de las reflexiones filosóficas de Simón Bolívar que posibilitan examinar las bases teóricas de su comprensión del hombre en su relación con la naturaleza y así como las regularidades sociales que permiten comprender la vehemencia que lo inspiró. Estas ideas pueden ser de mucha utilidad actual y contribuir a impulsar el proceso de transformaciones revolucionarias que desarrollan en estos momentos algunos de los pueblos de nuestra América.

Se pretende una valoración adecuada de la significación filosófica de la obra de Andrés Bello y de su trascendencia cultural en el proceso de consolidación y dignificación de la identidad latinoamericana.

Luego se intenta destacar que en la trayectoria más avanzada del pensamiento filosófico latinoamericano de la segunda mitad del siglo XIX y a inicios del XX, tomó fuerza especialmente un positivismo sui generis, que se diferenció en muchos aspectos del que se desplegó en Europa al desempeñar una función eminentemente progresista y de enfrentamiento a todos los elementos alienantes y retardatarios que limitaban la dignificación de los pueblos de esta región. En tal sentido se le dedica un análisis especial al pensamiento filosófico de Domingo Faustino Sarmiento, Eugenio María de Hostos y José Martí.

Cuando se estudia la historia del pensamiento filosófico latinoamericano en su controversia entre el humanismo y la alienación se puede o no estar de acuerdo con la significación progresista que tuvo el positivismo en el contexto histórico específico de esta región fundamentalmente durante la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, resulta imposible prescindir del análisis de la huella de esta corriente filosófica en la vida cultural latinoamericana de esa época, del mismo modo que no se puede ignorar el papel de la escolástica en los siglos precedentes, con independencia de las posibles críticas que se le puedan o no hacer a la misma.

Todas las manifestaciones de la vida científica, religiosa, artística, pedagógica, jurídica, política, moral y en especial filosófica del mundo latinoamericano decimonónico se vieron afectadas de algún modo por el positivismo.

Su impacto trascendió también con fuerza al siglo XX en la mayor parte de los países de la región, ─analizado posteriormente en el Tomo II de este libro─ aunque no de forma homogénea, ya que factores de diversa índole incidieron en la recepción, desarrollo y superación de este positivismo sui generis latinoamericano.

No obstante la existencia de estas especificidades nacionales el análisis de asunto ha demostrado que no sólo es posible y sino que a la vez resulta muy necesario efectuar una valoración integral del desenvolvimiento de las ideas positivistas en el contexto latinoamericano de esa época.

Se pretende enfatizar el grado de participación de los positivistas como el pensador cubano Enrique José Varona y el argentino José Ingenieros en el proceso humanista y desalienador que hasta el presente ha sido común al desarrollo de las ideas filosóficas en estos países.

A la vez se ha pretendido destacar el valor de las ideas humanistas de aquellos pensadores que como José Vasconcelos, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, José Enrique Rodó, Alejandro Korn, Carlos Vaz Ferreira, Fernando Ortíz, Luis Eduardo Nieto Arteta, Francisco Romero, entre otros, recibieron también el impacto del auge de las ideas positivistas en aquella época y sin embargo no se dejaron seducir por esa filosofía, aunque le hayan reconocido extraordinarios valores.

Especial atención se le otorga en este estudio al pensamiento de la reacción antipositivista que trató de orientar cada más la mirada de intelectuales y gobernantes hacia las raíces, valores y riquezas propias “Nuestra América”, en particular a los elementos sustanciales del componente indígena así como de los ingredientes aportados por otras culturas como las africanas y orientales en la conformación del crisol de la cultura latinoamericana. El énfasis otorgado a la conformación del hombre latinoamericano como constructor de su propia historia y cultura, frente al poder colonial y las amenazas de viejos y nuevos imperios consciente de los peligros que la amenazaban generados por Calibán atentatorios contra su propia identidad.


Un lugar relevante se le otorga en este estudio al pensamiento socialista y marxista no por simple cuestión de compromiso ideológico, sino por considerar que lo mejor de las tradiciones emancipatorias de los pueblos latinoamericanos se articularon desde el proceso independentista con las ideas socialistas y se complementaron integralmente al tratar de convertir las utopías abstractas en concretas.

Tanto José Carlos Mariátegui como Ernesto Guevara y Antonio García Nosa en distintas épocas y circunstancias supieron subsumir algunos de los elementos más valiosos del pensamiento humanista latinoamericano así como las aspiraciones de los sectores populares e impulsar una oleada de lucha por la reivindicación de los derechos elementales de los pueblos de esta región a la par que contribuir a la renovación del pensamiento marxista y a la críticas de sus interpretaciones escleróticas.

A la par se le otorga merecida atención a pensadores como José Gaos, Leopoldo Zea y corrientes emanadas en estas tierras, como la filosofía de la liberación, que asumieron posturas antiimperialistas y de reivindicación de los derechos de los pueblos latinoamericanos articulándose con la entrañable postura humanista y desalienadora que caracteriza a lo mejor del pensamiento latinoamericano en su evolución y lucha frente a las distintas formas de alienación tarea esta que se incrementa en nuestros días, a principios del siglo XXI, cuando se prefiguran nuevos experimentos de socialismo en América Latina que no asumen posturas nihilistas ante los ensayos anteriores pero a su vez los analizan críticamente para proponer alternativas de sociedad más dignas y deseables por el hombre de estas tierras.

Las ideas humanistas y desalienadoras han tenido extraordinarios exponentes en la historia filosófica latinoamericana desde sus primeros siglos de existencia. Muchos de los mejores representantes de ese humanismo han contraído un compromiso como intelectuales orgánicos y forman parte de la más auténtica y mejor herencia filosófica y política del pensamiento latinoamericano.



Un balance como el que se intenta en el presente libro de la historia del pensamiento filosófico latinoamericano, en especial de su raigambre humanista y desalienadora, y en especial el análisis de los presupuestos metodológicos para su estudio puede ser muy útil en estos estimulantes tiempos de gestación y concreción de humanismo práctico en que los pueblos de Nuestra América no solo se conocen porque han de seguir luchando juntos, sino que se ayudan recíproca y solidariamente para alcanzar niveles superiores de vida, salud, educación, cultura, deporte, etc.; en la que un nuevo alba anuncia un día distinto a los anteriores de explotación y humillación, circunstancia para la cual los pueblos en su integridad deben preparase, no solo sus elites intelectuales. Por eso este libro aspira y espera la lectura de miles de mujeres y hombres que quizás han llegado recientemente al paraíso de las letras y que están dispuestos a defenderlo, a engrandecerlo y enriquecerlo con nuevas reflexiones teóricas emanadas de una práctica-teórica revolucionaria que se revoluciona a sí misma constantemente cuando logra impulsar generaciones que ya han aprendido a pensar con cabeza propia.
Capitulo I. Confrontación entre humanismo y alienación en la historia de la filosofía.




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