Pedro paramo resumen pedro Páramo



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PEDRO PARAMO

RESUMEN

Pedro Páramo es la historia de un pueblo que, sometido al poder despótico del cacique Pedro Páramo, ha quedado reducido a cenizas. Cuando Juan Preciado, protagonista de la novela e hijo de Pedro Páramo, llega a Comala, movido por el deseo de conocer a su padre, se encuentra con la cara más amarga del abandono y la desolación. Y es que, en realidad, en Comala ya no queda nadie, sólo lamentos y quejas; las ánimas de los muertos que murieron sin saberlo.

Gracias a estos murmullos, Juan Preciado va reconstruyendo la historia del pueblo, pero, cuando quiere darse cuenta, ya es demasiado tarde para salvarse; es así como Rulfo lo presenta enterrado en el subsuelo, murmurando junto al resto de los personajes sobre sus intenciones frustradas.

La novela se presenta como un confuso mundo donde la distinción entre la vida y la muerte no es del todo clara, donde la historia del padre se entremezcla con la del hijo y donde la ficción y la realidad conviven en una aparente armonía. Para ello, Rulfo se sirve de una sintaxis sencilla, depurada, pleonástica y de una estructura compleja en la que sorprendentes vacíos y continuos saltos cronológicos transmiten esa idea de pecado que ahoga a los habitantes de Comala.

Al igual que Comala, Juan Preciado muere sin haber alcanzado sus propósitos, pues son precisamente las ilusiones frustradas las que anulan la esperanza de seguir viviendo y matan a quien cae en el desánimo.



ANALISIS

La crítica rulfiana ha subrayado repetidas veces la ausencia de cronología en Pedro Páramo. Según Garcidueñas, Rulfo cortó la novela en fragmentos, «los barajó y colocó arbitrariamente sin plan, sin esquema que organice el todo». Para Alí Chumacero es una novela «sin núcleo, sin un personaje central en que concurran los demás, su lectura deja a la postre una serie de escenas hiladas solamente por el valor artístico de cada una». Liliana Boschi es más positiva en su apreciación: con un pequeño esfuerzo en la lectura, las escenas de la novela cobran sentido «al ser integradas por el lector». Mariana Frank insiste en el estilo contrapuntístico y estereofónico de la estructura. Divide la novela en dos partes: la primera sería la historia de Pedro Páramo y la segunda la de su hijo Juan Preciado. Creemos con Rodríguez-Alcalá que sí, «hay estructura, y la prueba de ello es que al final de la lectura no queda ningún cabo suelto». Otros críticos se han fijado en el carácter ecléctico de la novela. Han visto que Rulfo emplea diversas técnicas: del cine tomó por ejemplo el «close-up» y el «slow-motion»; del arte pictórico, el cubismo. Se sirvió con generosidad de la retrospectiva, del multiperspectivismo y de otras corrientes de la época ya empleadas por Joyce, Faulkner y Proust entre otros. El resultado es que Pedro Páramo es de difícil lectura, si se quiere, pero no «literatura sórdida… deliberadamente desquiciada y confusa». No olvidemos que Pedro Páramo es una novela de muertos y que los hechos humanos proyectados en la eternidad carecen de perspectiva temporal. El mismo Rulfo justifica el aparente caos temporal al afirmar que «los hechos humanos no siempre se dan en secuencia». A pesar de la aparente desorganización de que habla Luis Leal, una lectura atenta permite descubrir no una novela dividida en dos partes, como dice Mariana Frank, sino una novela con dos tramas paralelas. La primera narra el diálogo en la tumba entre Juan Preciado y Dorotea, la segunda es la biografía, casi siempre en tercera persona, de Pedro Páramo, cacique de Comala. Ambas tramas se complementan. Precisamente este análisis indica los nexos o puntos de convergencia de las dos narraciones.

Antes de pasar al análisis de los 67 fragmentos de la novela, es necesario hacer unos breves comentarios referentes a la cronología histórica.

Los fragmentos que integran la primera trama constituyen una plática en la tumba entre Juan Preciado y Dorotea. A veces los hechos se cuentan por sí mismos o están como grabados en las paredes o son reproducidos por los ecos. El diálogo evoca diversos niveles temporales: un pasado inmediato (desde la llegada de Juan a Comala hasta su muerte) y un pasado remoto evocado por Eduviges, Damiana y los ecos. Para el lector avisado esta discontinuidad temporal no es más que aparente.

La cronología histórica de la primera trama dura tres días claramente indicados por el autor en la novela. Juan Preciado, una semana después de la muerte de su madre, llega a Comala en busca de su padre un tal Pedro Páramo. Es el mes de agosto, muchos años después de la muerte del cacique. Siguiendo el consejo de Abundio, el arriero, Juan se dirige a la casa de Eduviges Dyada donde pasa la primera noche. Al día siguiente, se entretiene con Damiana Cisneros que le habla de los ecos que inundan el pueblo. Al atardecer del segundo día, llega a la casa de los hermanos incestuosos. Permanece un día con ellos. Al día siguiente, Juan decide regresar a su pueblo pero, siendo ya tarde, la mujer le convence que se vaya a la madrugada. Durante esa noche Juan muere sofocado por los ecos de que le hablaba Damiana. Dorotea y Donis lo entierran. En el acto de enterrarlo, muere asimismo Dorotea, la cual es enterrada encima de Juan. Poco después, comienzan a platicar como dijimos. Los acontecimientos a que se refieren Damiana, Dorotea y Eduviges evocan hechos todavía más remotos que son recogidos por la segunda trama.

Esta segunda trama cuenta la vida de Pedro Páramo: su niñez, su juventud, su vertiginoso ascenso al cacicazgo de la comarca y su muerte apuñalado por su hijo Abundio. A diferencia de la primera trama en que se carece de referencias históricas que puedan orientar al lector, aquí hay dos hechos que pueden encaminarlo: la Revolución Mexicana y la guerra de los cristeros. Bartolomé San Juan y su hija vuelven a la Media Luna poco después de estallar la Revolución, cuando ya «había gente levantada en armas». El padre Rentería se hace revolucionario, según indicios, en la fase constitucionalista. Se dice en la novela que Susana San Juan muere el 8 de diciembre, suponemos que entre los años 1911 y 1913. Pedro Páramo en un monólogo afirma que ha esperado 30 años el regreso de Susana, lo cual nos hace suponer que ella salió de Comala hacia 1880. Dorotea le dice a Juan que «cuando (a Pedro Páramo) le faltaba poco para morir, vinieron las guerras esas de los cristeros». Ello nos permite concluir que Pedro Páramo muere hacia 1930 y que el tiempo real de la segunda trama transcurre entre 1880 y 1930.

Como regla general, Rulfo desprecia el tiempo objetivo; diríase que intenta desorientar al lector a sabiendas. Para ello se sirve de la técnica contrapuntística yuxtaponiendo diferentes niveles temporales; otras veces condensa el tiempo o lo paraliza o lo proyecta sobre la eternidad. A veces recurre al tiempo interior de los recuerdos en un completo olvido (pensamos que premeditado) de la cronología tradicional. Algunos ejemplos: para Pedro Páramo, todo su mundo gira en torno a los recuerdos de su amor nunca logrado por Susana San Juan, recuerdos infantiles y de adolescencia desde que se fue de Comala. Pasa 30 años pensando en ella, en la frase que dijo al irse: «Lo (Comala) quiero por ti». Muerta Susana, la vida, el cacicazgo, Comala pierden sentido para él: «se pasa el resto de sus años aplastado en el equipal mirando el camino por donde se la habían llevado al camposanto». Desaparecida ella, Pedro Páramo se recluye en su mundo interior, sin preocuparle la vida real de Comala. Rulfo, en cierto sentido, ha logrado detener el tiempo, enfatizando dos momentos: la despedida de Comala («lo quiero por ti»), y la despedida de Susana de la vida hacia el cementerio. Lo mismo ocurre a Susana San Juan: se encierra en sí misma, reviviendo en un solo instante de felicidad al lado de su marido Florencio, el momento en que se bañaron en el mar durante la luna de miel. Lo demás, lo exterior, ni lo siente, ni lo vive, ni le interesa.

Esta misma misión desmitificadora del tiempo, la tienen los ecos. El pasado se proyecta en el presente como si estuviera escrito en las paredes. Cuando Juan Preciado se acuesta en la habitación trasera de la fonda de Eduviges, no logra conciliar el sueño porque oye rumores como si estuvieran «untados a las paredes». Damiana Cisneros le dice que «será algún eco que está encerrado aquí» y que en aquel cuarto habían ahorcado a Toribio Aldrete. Esta es la explicación según Eduviges, que queda confirmada en el párrafo siguiente en que vemos a Fulgor Sedaño y sus hombres ahorcando a Toribio. El pasado se intercala en el presente, pues como dice Damiana: «Este pueblo está lleno de ecos tal que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras». Así pasado, presente y futuro se proyectan en el mismo plano y tienden a complementarse. Cuando Pedro Páramo es niño vive en casa de la abuela; en un monólogo interior habla de Susana San Juan como si ya estuviera en el cielo: «Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras». Esta reflexión no puede ser hecha por un niño de diez o doce años cuando todavía Susana no se ha ido de Comala. Es el comentario de un hombre maduro que evoca el recuerdo de Susana después de muerta.

Rulfo trastrueca los acontecimientos, fragmenta la cronología, crea un caos temporal con la intención de enredar al lector en una maraña de superposición de tiempos. Por ejemplo, Juan Preciado llega a Comala en el tercer fragmento de la novela, pero se despide del arriero, que le ha servido de guía, en el cuarto. El mismo Juan va a visitar a los hermanos incestuosos, Donis y su hermana. Durante la noche, dice que «por el techo abierto al cielo vi pasar parvadas de tordos... después salió la estrella de la tarde y más tarde la luna... la estrella de la tarde se había juntado a la luna». Al día siguiente, al despertarse, vuelve a ver la misma escena: «Como si hubiera retrocedido el tiempo, volví a ver la estrella junto a la luna, las nubes deshaciéndose, las parvadas de tordos y enseguida la tarde llena de luz». Este caos cronológico a veces coincide con un abrupto cambio de espacio y de personajes. En el fragmento 43, Bartolomé San Juan habla con su hija, Susana, y termina diciendo: «¿No lo sabías?» El fragmento siguiente comienza así: «¿Sabías?» El lector cree que se trata de la conversación entre el padre y la hija. No es así, pues los nuevos interlocutores son Fulgor Sedaño y Pedro Páramo.

Volvemos pues a nuestro punto de partida: sólo una lectura cuidadosa permitirá al lector advertir estos saltos en el tiempo y en el espacio y darse cuenta de los nexos entre las dos tramas. La primera, como se dijo, introduce la historia, los personajes, los temas. La segunda trama sirve de contrapunto, de apoyo, confirmación o contradicción, de la primera. Nos da una nueva perspectiva de un mismo hecho, si bien los dos hilos narrativos son independientes. La conexión suele ser un personaje, un tema, la estructura misma.

En los primeros cinco fragmentos de la novela, se cuenta la llegada de Juan Preciado a Comala en busca de su padre, Pedro Páramo. Siguen tres fragmentos (los fragmentos 6, 7 y 8) en que se describen escenas de la niñez del cacique. Es pues evidente que aquí el nexo entre las dos tramas es Pedro Páramo. En la yuxtaposición de las dos Comalas (la infernal del presente y la paradisíaca del pasado) el nexo es temático (Comala), y estructural: en ambas visiones se trata de una evocación contada por distintos personajes: Juan Preciado recuerda a su madre y Páramo a Susana San Juan; en ambas también interviene una voz ajena, en la primera, la de Dolores, en la segunda, la de Pedro Páramo adulto.

Con Eduviges Dyada regresamos a la primera trama (fragmento 9). Dyada cuenta las tribulaciones de que es víctima Dolores Preciado como esposa de Pedro Páramo. Humillada y despojada de sus tierras se ve forzada a huir de Comala con su hijo Juan. El fragmento diez sirve de contrapunto al nueve: se cuenta la salida de Susana San Juan con su padre. De este modo Rulfo contrapone dos salidas de Comala que tanta significación van a tener para Pedro Páramo: la huida de Dolores deja al cacique en posesión de las tierras de la Media Luna que serán la base de su poder en la comarca. Las consecuencias de la salida de Susana San Juan serán más trágicas: Páramo se sumirá en la tristeza, la amargura y el rencor contra todo y contra todos.

El fragmento once retrotrae al lector a la primera trama en que Eduviges cuenta la muerte de Miguel, hijo de Pedro Páramo. En el doce, se describe la muerte del padre de Pedro Páramo. Estas dos muertes se identificarán con más detalles en el fragmento 38. De nuevo, Rulfo usa un nexo temático para enlazar las dos tramas: la muerte. En los fragmentos 13-16, se sigue contando la muerte de Miguel Páramo aunque ahora en forma dramática. La narradora ya no es Eduviges. La muerte de Miguel volverá a presentarse en la segunda trama más adelante (fragmentos 36 y 38), pero desde otro enfoque con nuevos detalles.

De los fragmentos 17 y 18 que refieren la muerte de Toribio Aldrete ya se habló al mencionar a los ecos grabados en las paredes. Los fragmentos 19-23, integrados en la segunda trama, narran la llegada al poder de Pedro Páramo: el principal actor es Fulgor Serrano que arregla la boda con Dolores Preciado y «tranquiliza» a los vecinos acreedores de los Páramo, entre ellos Toribio que es ahorcado. Aquí Toribio, personaje secundario, que apenas actúa o habla, es bisagra estructural entre la primera trama (fragmentos 17-18) y la segunda (fragmentos 19-23).

En el fragmento 24 regresamos al diálogo entre Damiana Cisneros y Juan Preciado (primera trama). Damiana describe el pasado inmediato del pueblo; poco a poco, en los tres fragmentos siguientes, la voz de Damiana es ahogada por los ecos que repiten escenas vividas en un pasado lejano. Al final Damiana desaparece y Juan queda a merced de los murmullos. Desorientado por tantos ruidos se pierde y llega como por casualidad a la casa de Donis y de su hermana, los únicos personajes vivos que encuentra en Comala y con los cuales permanece casi dos días (fragmentos 29-34). Esta transición del mundo fantasma al mundo de la realidad no dura mucho. En el fragmento 32, Juan oye la voz de su madre con la cual empieza a dialogar y en el fragmento 34 muere sofocado por los murmullos; en el 35 Juan dialoga en la tumba con Dorotea, un personaje todavía no introducido que sin embargo va a servir de conexión con la segunda trama, a que nos envía el autor en el fragmento 36. En él se cuenta la vida disoluta de Miguel Páramo y es precisamente Dorotea «la cuarraca» quien contribuye a este desenfreno, procurándole muchachas a cambio de la comida. Dorotea, una alcahueta, una mujer simple y pobre, no es personaje principal, pero, como en el caso de Toribio Aldrete en los fragmentos 19-23, es enlace que permite a Rulfo el salto de una trama a la otra.

No muy lejos de la tumba de Juan y Dorotea yace enterrada Susana San Juan, cuya voz oímos. Cuenta su niñez, el velorio y la muerte de su madre. Dorotea explica a Juan quién es Susana y la importancia que tuvo en la vida de Pedro Páramo. La mayoría de los fragmentos que siguen se integran en la segunda trama y sirven de fondo a la historia de un amor nunca correspondido entre Pedro Páramo y Susana San Juan.

En el fragmento 42, Fulgor Sedaño anuncia la llegada de los San Juan (padre e hija) a Comala; en cambio en el 43 el lector les oye platicar de sus proyectos de regreso a la Media Luna. En orden cronológico tradicional el fragmento 43 debiera preceder al 42, pero Rulfo prefiere ser fiel a su técnica inversora del tiempo, lo mismo que hizo al contar la historia de Toribio y la despedida de Abundio.

Los siguientes fragmentos (44-49) cuentan la locura de Susana, la muerte «accidental» de su padre por orden de Páramo, la llegada de los primeros revolucionarios que se hace sentir por el asesinato de Fulgor Sedaño. Pedro Páramo ya «viejo y abrumado» se dirige al lecho donde Susana, «la criatura más querida por él sobre la tierra» (fragmento 49), se desvela «maltratada por dentro». Este mundo de los recuerdos de Susana nos reintegra a la primera trama.

El fragmento 50 es un monólogo interior de Susana: su amor por Florencio, sus baños en el mar, sus deseos de purificación por el agua. El 53 reproduce el mismo tema pero contado por Dorotea a Juan en la tumba; en la segunda mitad del 54 volvemos a Pedro Páramo «fija la vista en Susana» queriendo penetrar en su mundo interior, «una de las cosas que Pedro Páramo nunca llegó a saber».

En los fragmentos 51, 52, 64 y parte del 55, Pedro Páramo intenta ganarse la revolución y los revolucionarios. Lo consigue sólo en parte pues la llegada de nuevos grupos —villistas y carrancistas— destruye sus planes. Incluso el mismo capellán de la Media Luna, el padre Rentería, se hace revolucionario. Estos hechos históricos no podían ser ignorados en la novela: ofrecen al lector una nueva perspectiva del cacique para el cual todo es negociable con dinero, incluso la revolución.

Los fragmentos 55-63 giran en torno a un solo tema: agonía y muerte de Susana San Juan (fragmento 62), con excepción de los fragmentos 55-56 en que se habla del fracaso del Tilcuate encargado por Páramo de eliminar al jefe de los revolucionarios; este fracaso hace que Gerardo Trujillo, abogado de los Páramo, quiera irse de Comala. Luego cambia de idea al no verse recompensado después de tantos años de encubridor de crímenes y violaciones.

En el fragmento 57 Pedro Páramo busca a una mujer para pasar la noche, «un puñadito de carne» para convertirla en la carne de Susana San Juan, «una mujer que no era de este mundo».

La muerte de Susana es vista por distintos personajes y desde distintas perspectivas: junto al lecho de la moribunda, el padre Rentería se esfuerza por arrancarle un atisbo de arrepentimiento para poder administrarle la extrema unción. Detrás de él aguardan Pedro Páramo y el doctor Valencia. Justina, la sirvienta desde que Susana era niña, llora despiadadamente. Desde la calle, dos mujeres del pueblo comentan a su modo qué pueda estar ocurriendo detrás de aquella ventana «donde siempre ha estado prendida la luz».

El fragmento 63 describe la reacción de los habitantes de Comala a la muerte de Susana. Mientras las campanas repican día y noche hasta romperse, unos se entregan al jolgorio, otro caminaban descalzos, otros se emborrachaban y jugaban loterías. Pedro Páramo «juró vengarse de Comala: Me cruzaré los brazos y Comala se morirá de hambre. Y así lo hizo».

En los fragmentos 65-67, Pedro Páramo, «olvidado del sueño y del tiempo», espera el regreso de Susana. Lo que le llega es la muerte por el brazo armado de su propio hijo Abundio. Herido de muerte «se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras».

De este estudio de los fragmentos, se ve claramente que la novela no está dividida en dos partes, como algunos críticos habían sospechado; tampoco se trata de una serie de fragmentos entrelazados sin orden aparente alguno. En efecto, se trata de dos tramas distintas que abarcan dos niveles temporales, un pasado inmediato y un pasado remoto. Cualquier brinco o salto que se hace de una trama a la otra se hace por una razón. La desorganización es superficial.

La estructura puede explicarse mejor con referencia a la técnica pictórica del cubismo. El cubista presenta varias perspectivas y dimensiones en un mismo plano. Se pueden ver diferentes ángulos a la vez. Se presenta una totalidad, una suma de impresiones en un mismo plano; se quiebran la progresión y la perspectiva tradicionales. Hay un sólo momento «eterno» en que ocurre todo. Pedro Páramo puede decirse una novela «cubista» cuyo tema es Comala. Cada fragmento es un ángulo de visión. Hay núcleos narrativos que se destacan —la vida y la muerte de Miguel Páramo, la historia del padre Rentería, etc.— como los diferentes núcleos representativos en un cuadro. La perspectiva es la de la eternidad desde donde todos los niveles temporales se reducen a un mismo plano. El escritor no puede presentar todo a la vez como el pintor lo puede hacer en su cuadro; por eso, Rulfo recurre a la técnica de yuxtaposición y contrastes que rompen la progresión temporal. Los nexos que entrelazan las tramas y los niveles temporales, consisten mayormente en personajes y temas. Esto nos permite ver a la vez varias perspectivas de Comala. A veces, un nivel se superpone a otro. Damiana le explica a Juan «Y en días de aire, se ve al viento arrastrando hojas de árboles, cuando aquí como tú ves no hay árboles. Los hubo en algún tiempo, porque si no, ¿de dónde saldrían esas hojas?». El pasado se ve proyectado en el presente como si existiese simultáneamente con él. El cubismo, al rechazar el concepto tradicional de la perspectiva, crea el multiperspectivismo. Rulfo, al rechazar la cronología tradicional, insiste en la atemporalidad y en la superposición de planos temporales. Pretende con ello demostrar, así lo creemos, que la cronología ininterrumpida, no es la mejor técnica para describir la vida humana. Aunque paradójico, podemos afirmar que Pedro Páramo es una novela visceralmente preocupada por el tiempo.

Resumiendo diremos que la estructura de la novela consta de dos tramas que abarcan dos niveles temporales, por lo menos: el diálogo de Juan con Dorotea (pasado reciente) y la biografía del cacique de la Media Luna, Pedro Páramo (pasado remoto). La segunda trama sirve de complemento a la primera. No hay saltos inconexos, sino continuidad aunque a dos niveles. Los hechos están perfectamente organizados y equilibrados aunque haya rupturas temporales o espaciales. La originalidad de la novela no la constituyen los temas (amor, codicia, muerte violencia, depravación...); lo original está en la presentación de los mismos.

Si se ha dicho de Los de Abajo que es un friso horizontal y continuo de la Revolución mexicana, podría decirse de Pedro Páramo que es un tapiz en relieve con motivos que se repiten hasta la saciedad o, si se quiere, un cuadro cubista con múltiples perspectivas de la vida en Comala durante el cacicazgo de Pedro Páramo, un rencor vivo precisamente porque él, que todo lo tenía a pedir de boca, nunca pudo conseguir lo único que realmente le importaba: el amor de Susana San Juan.

ESTRUCTURA

Esta obra tiene una estructura interna y externa.

En cuanto a la ESTRUCTURA EXTERNA, la obra consta de 70 fragmentos breves que se distinguen unas de otras por un simple espacio tipográfico. El lector deberá hilar dichas fragmentos, como si de un rompecabezas se tratase, para así dar sentido a la historia narrada. Los continuos saltos cronológicos, así como la brusca alternancia entre monólogos interiores y diálogos, explican la necesaria relectura recomendada por el autor.

Por otro lado, la ESTRUCTURA INTERNA atiende a dos líneas narrativas, las cuales van desarrollándose gracias al entrecruce entre ambas.

La primera de ellas se corresponde con Juan Preciado, está narrada en primera persona y sigue un orden cronológico. La segunda gira en torno a Pedro Páramo, está narrada en tercera persona y carece de orden cronológico.

Pero, sin duda, lo que más sorprende al lector es que, en el fragmento 36, se da cuenta de que Juan Preciado está muerto y enterrado junto a Dorotea, a quien narra su historia en primera persona; historia que el lector pensaba que narraba para sí mismo.

Atendiendo a esto último, podemos situar los fragmentos 1-36 (ó 37) en la línea primera, referente a Juan Preciado, y el resto (38-70) en la segunda línea, en la cual Juan Preciado y Dorotea conocen la historia de Pedro Páramo a través de los murmullos.

Esta complicada estructura no es casual, sino fruto de una meditada elaboración basada en la eliminación, condensación e incansable autocorrección por parte del autor; tal y como confesó Rulfo, llevó a cabo una profunda supresión de aquello que constituían posibles intromisiones del autor. Esta supresión favorece el avance abrupto entre fragmentos, esto es, una elipsis narrativa de sucesos que sumerge al lector en un desorden cronológico difícil de reconstruir, y que recuerda a la narrativa de Faulkner.

Este desconcierto inicial, acentuado por el vacío entre los fragmentos 5 y 6, se va suavizando poco a poco con una serie de enlaces que permiten interrelacionar fragmentos y organizar el relato. El lector debe permanecer atento y abierto a las pistas que le permitan hilvanar los fragmentos y comprender, por tanto, la historia. Es esta participación del lector en la trama la que Rulfo persigue con su renovación de las técnicas narrativas hispanoamericanas.

ESPACIO NARRATIVO

El espacio narrativo donde se desarrolla la novela es Comala. Pero Comala no es un lugar concreto de la geografía mexicana, sino que recrea todos aquellos pueblos de la tierra natal de Rulfo que iban quedando abandonados.

No obstante, las dimensiones de Comala son múltiples. Por lo general, se habla de tres Comalas: la edénica, la infernal y la real.

La primera de ellas corresponde a un pueblo fértil y hermoso, que Dolores Preciados evocaba ante su hijo. Será esta Comala feliz de Doloritas la que despierte en Juan Preciado la ilusión de ir en busca de su padre.

En segundo lugar, la Comala infernal dota a la novela del ambiente necesario para que sus habitantes frustrados vaguen por sus calles condenados a revivir su pasado y a convivir con sus pecados.

Pero también existe una Comala en la que conviven las características de las otras dos: la Comala real. Mientras la Comala edénica y la infernal se relacionan con la vida y la muerte, respectivamente, la Comala real se identifica con el poder tiránico, con la violencia y la injusticia, es decir, con la figura de Pedro Páramo.



PERSONAJES

En primer lugar citamos a Pedro Páramo. Pedro Páramo, causante del hundimiento de Comala, pertenece al grupo de figuras tratado tradicionalmente en la novela hispanoamericana: el cacique que explota a los campesinos.

Todos los personajes giran en torno a él para mostrar así en qué medida ejerce la violencia sobre Comala; una violencia propia únicamente de su mundo exterior, pues interiormente se encuentra dominado por el amor hacia Susana San Juan. Pedro Páramo es incapaz de unificar su vida exterior con la interior, y es precisamente de ésta dualidad de donde emana su carácter trágico. Tras la muerte de Susana, su vida exterior se verá anulada y el sentimiento amoroso primará sobre él.

Su obsesión por Susana permite descubrir que toda su violencia está en realidad orientada a alcanzar el amor de Susana: “Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”. Esto nos indica que su mundo exterior también está regido por el amor.

El hecho de que tanto mundo interior como mundo exterior estén bañados por el sentimiento amoroso nos aleja de una concepción de Pedro Páramo como la historia de un cacique para interpretarla como una novela de amor.

Susana San Juan fue la única ilusión de Pedro Páramo, y no poder conseguir esta ilusión lo convierte en un personaje frustrado.

Paralelamente, la violencia referida en un primer momento se ve acentuada con una serie de personajes, cuya aparición en la novela es escasa, pero cuya psicología está perfectamente dibujada, y cuya función de intensificadores de la violencia es imprescindible citar. Ellos son Fulgor Sedano, a través del cual Pedro Páramo ejerce su poder despótico; el Ticualte, que sirve al cacique para anular la revolución, y Gerardo, reflejo certero de la ingratitud de Pedro Páramo.

A pesar de la brutalidad y frialdad que encierra Pedro Páramo, suavizada en parte por su amor por Susana, el cacique llega a adoptar un cierto sentimiento de culpa a raíz de la muerte de su hijo Miguel. Además, cuando Susana muera, caerá en la más profunda soledad.



Susana San Juan es el ideal, y, sin embargo, es un personaje turbador. Constituye el máximo anhelo en la vida de Pedro Páramo, y su control –aunque inconsciente– sobre los sentimientos del cacique explican que sea el único personaje no dominado por Pedro Páramo, al contrario, es ella la que domina su mundo interior y, consecuentemente, su mundo exterior.

Además, podemos considerar a Susana como un personaje crítico, pues Rulfo expresa a través de ella su crítica hacia el pensamiento tradicional que defiende la religión como única salvación. Esto se explicita cuando Susana, poco antes de morir, rechaza la bendición del padre Rentería. Y es que la religión no es suficiente para salvar a Susana, al igual que tampoco lo es –como argumenta Rulfo– para salvar a Comala.

Así como Pedro Páramo personaliza la muerte, Susana San Juan representa la vida. Pedro Páramo sobrevive a la muerte de su abuelo, de su padre, de su hijo Miguel, y, poco a poco, va endureciéndose. Pedro Páramo y la muerte van íntimamente unidos.

En el lado opuesto, Susana San Juan rehúye la muerte; una muerte que amenaza constantemente con destruirla, pero a la cual ella logra hacerle frente. Tras la muerte de su madre, no llora y el fallecimiento de su padre supone para ella la liberación suprema. En último lugar, y, ya frente a su propia muerte, rechaza la religión como vía de salvación y se refugia en los recuerdos de su amor idílico por Florencio. Además, la muerte de Susana, al adoptar una postura fetal, parece indicar un anhelo de vuelta al origen de la vida.

El otro eje es Juan Preciado. En el extremo opuesto a Pedro Páramo, Juan Preciado encarna al personaje abandonado en busca del padre y del paraíso idealizado por su madre.

Dos únicos personajes, Dolores y Abundio, sirven de unión entre padre e hijo.

Por un lado, Dolores representa la expolición de Comala, la cual la lleva a encargar la venganza a su hijo. Pero no será esta venganza la que mueva a Juan a visitar Comala, sino la ilusión. Y será el fracaso de esta ilusión la que le conduzca a la muerte.

Por otra parte, otro de los hijos del desalmado cacique es Abundio. Este enigmático personaje se deja ver por primera vez en el segundo fragmento, introduciendo a Juan Preciado en Comala, y no volverá a aparecer –con una estudiada simetría– hasta el fragmento penúltimo. Será en este fragmento donde, borracho, asesine a Pedro Páramo, trasladando así a Juan Preciado a un segundo plano y convirtiéndolo en un personaje positivo al quedar claro lo ya referido: Juan no es el vengador de Pedro Páramo.

Además, se puede establecer una oposición entre Dolores y Abundio. Mientras Dolores se limita a despotricar contra su marido, Abundio toma la venganza por su mano.

Damiana Cisneros, Eduviges Dyada y Dorotea la Cuarraca son las tres mujeres que acompañan a Juan Preciado en su viaje al mundo de los muertos y en su reposo, y cuyo papel principal es el de informar a dicho personaje. Esto tiene. El hecho tiene una sencilla explicación: al no estar totalmente sujetos a la violencia del cacique, son los personajes más objetivos.

Por otro lado, estas mujeres establecen con Juan Preciado una curiosa relación de madre e hijo difícilmente visible. Esta relación emana de uno de los mayores temas de obsesión en Juan Rulfo, el tema de la madre.

Para terminar, queda el padre Rentería. Este personaje no está del todo supeditado a Pedro Páramo y representa el mundo espiritual. Al igual que Susana, es un personaje a través del cual se critica la religión y la Iglesia.

Si Pedro Páramo encarnaba la violencia física, el padre Rentería significa la máxima expresión de la violencia espiritual, ya que a pesar de su gran influencia en la religión negará todo tipo de ayuda al pueblo. Esta negación del apoyo espiritual, como método de salvación, refleja la idea que del pecado presentan los habitantes de Comala. El padre Rentería es el único que posee el poder necesario para dotar al pueblo de la ayuda que éste solicita; sin embargo, no lo hará. Al igual que no intercederá por Miguel Páramo y tampoco otorgará la salvación a Dorotea.



TECNICA Y ESTILO

Mediante estos MONÓLOGOS INTERIORES, el lector se introduce en la vida privada de los personajes. El autor reproduce el mundo interior de sus personajes mientras que permanece impasible.

El monólogo es un discurso que carece de una organización lógica y en el cual los personajes expresan, mediante una reducida sintaxis, sus pensamientos en su estado más original y elemental, es decir, tal y como salen de la mente.

La crítica, al analizar la novela de Rulfo, diferencia entre el MONÓLOGO TRADICIONAL, en el cual se muestran los pensamientos del personaje, pero sin una participación intensa de su mundo interior, y el MONÓLOGO INTERIOR EN SENTIDO ESTRICTO, donde se presentan los pensamientos más íntimos y más cercanos al subconsciente.

En el primero de los casos, podemos citar los monólogos de personajes secundarios como el padre Rentería o Fulgor Sedano. En cuanto a los monólogos entendidos en sentido estricto, destacan los de Susana San Juan, aunque también los de Pedro Páramo.

Pero es, sin duda, la alternancia entre estos monólogos y los diálogos lo que contribuye a clasificar a Pedro Páramo como una de las novelas más trabajadas y a la vez fragmentadas de la literatura hispanoamericana.

Aunque es difícil englobar a todos los diálogos que aparecen en Pedro Páramo bajo un mismo perfil, pues son muy abundantes y diferentes entre sí, es importante señalar que domina el diálogo conciso, sobrio e intenso a la vez.

La calidad de estos diálogos introduce el siguiente punto:



El estilo literario de Rulfo.

En primer lugar, es importante apreciar cómo el lenguaje del autor está influido directamente por una serie de características que acompañaron a Rulfo en su producción: la condensación, la supresión, así como un proceso constante de depuración, desembocaron en una elaboración sumamente escrupulosa.

Por otra parte, a la hora de tratar el lenguaje de Pedro Páramo, es necesario hacer referencia a la perfecta convivencia entre las raíces más populares y la cima estética.

El lenguaje es una de las facetas que Rulfo ha cuidado al máximo; partiendo de que el lenguaje es primordial para crear el mundo ficticio, tuvo en cuenta que, para caracterizar a Comala y a sus habitantes, era necesario acudir al lenguaje del pueblo, y para ello recurrió no sólo a los mexicanismos, sino a vocablos y expresiones populares, a gran cantidad de diminutivos y a un continuo lenguaje pleonástico.



  • Con los mexicanismos presentes en la novela, el autor circunscribe su obra a una zona delimitada: el ambiente mexicano. Tal es el caso de chicoteándose, mitote o encampanarse. Todos ellos son regionalistas y, sin embargo, no es imprescindible un glosario al final de la novela, pues las oraciones son lo suficientemente expresivas por sí mismas: “fue muy fácil encampanarse a la Dolores”.

  • Cabe la posibilidad de que el lector se pregunte el porqué del uso de estos términos tan regionalistas si su significado se deduce fácilmente del contexto. La respuesta es sencilla: Rulfo busca con ellos dar verosimilitud a su obra, ya que los hechos, por sí solos, resultan bastante ficticios.

  • También es notable la presencia de vocablos populares como apechugó, apalancó o achaparrado, cuya función es la misma que en el caso anterior: infundir sensación de realidad al ambiente narrado.

  • Por otro lado, hay expresiones extraídas directamente de la lengua hablada, como pueden ser ciertos arcaísmos como nomás o determinadas transcripciones ortográficas de conversaciones cotidianas: “pa emborracharme más pronto” o “diyitas”.

  • Otro medio para reforzar la sensación de un ambiente popular son los diminutivos. Es importante destacar que el uso de los sufijos es abundante en todo el Estado mexicano. Además, existe cierta preferencia por el sufijo -ito.

  • Por último, el lenguaje pleonástico no sólo busca acentuar el sabor popular, sino también dotar a la narración de un cierto ritmo, para expresar así cómo el mundo narrado permanece detenido por y en sí mismo: “No se preocupe por mí –le dije– Por mí no se preocupe”.

SIGNIFICADO DE LA OBRA

La novela se presenta como un confuso mundo, como una compleja realidad, donde es difícil diferenciar entre la vida y la muerte. Pero, aunque es evidente la referencia al plano de la muerte, lo que inquieta al lector no es la presencia de ese mundo, sino la ambigüedad de sus fronteras.

Paralelamente, el lector se sorprende con el estado de los personajes, con esos muertos que actúan como si estuvieran vivos; aunque varias entrevistas de Rulfo permiten deducir que todos los personajes están muertos desde el principio.

Un primer código de significación de la novela puede ser el histórico y social, pues la acción se desarrolla en un tiempo concreto: el último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX.

Sin embargo, una amplia serie de elementos motivan la existencia de un plano mexicano. Por un lado citamos la soledad, el fatalismo, la búsqueda de la identidad (tanto del padre como del paraíso perdido), el sentimiento de estar sujetos a fuerzas superiores y una evidente necesidad de lo fantástico como único refugio ante la hostilidad de la vida. Por otra parte, la concepción de los cuerpos de los muertos con características de vivientes, junto a la creencia de que “son las ánimas, las ánimas de aquellos muertos que murieron en pecado; pues regresaban en su mayor parte” permiten apreciar cómo Rulfo parte de las tradiciones populares mexicanas que explican la presencia de las almas en pena condenadas a revivir su pasado y a convivir con sus remordimientos.

Y son todos estos valores universales (soledad, poder, muerte,…) los que dotan a Pedro Páramo de un carácter universal, que logra sobrepasar el aparente regionalismo.

Es necesario profundizar ahora en la citada búsqueda de la identidad.

Son muchas y muy variadas las interpretaciones y las simbologías que del viaje de Juan Preciado a Comala se han dado. Pero sólo dos han conseguido aunar a la crítica.



  • En primer lugar citamos la búsqueda del origen, o más concretamente, la búsqueda del padre. Juan persigue encontrar al padre que nunca conoció, persigue el regreso al mundo al que un día perteneció y del cual fue separado.

  • En segundo lugar, el motivo del viaje se identifica con la búsqueda del paraíso perdido; ese paraíso que Dolores nos da a conocer, pero que pierde, con el tiempo, su encanto. Comala es castigada cuando Pedro Páramo comienza a ejercer su poder despótico y, poco a poco, va transformándose hasta convertirse en el infierno que ahoga a sus habitantes.

Por último, señalar la significación quizá más certera que emana de las frustraciones de los personajes. El fondo común de estas frustraciones es la ilusión. La ilusión mueve y anima a los personajes, pero, cuando estos comprenden que dicha ilusión es irrealizable, mueren.

Juan Preciado no tenía pensado cumplir con la promesa hecha a su madre “hasta ahora pronto cuando comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo”, y más adelante confiesa, “vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión”. Juan muere porque su ilusión es Comala y Comala ha muerto. Tal y como le dice Dorotea: “¿La ilusión? Eso cuesta caro”. Señalamos aquí que la frustración de Dorotea es la búsqueda de un hijo, un hijo encarnado por Juan Preciado: “sólo se me ocurre que debería ser yo la que te tuviera abrazado a ti”.



Pero también Pedro Páramo es un personaje frustrado; Pedro Páramo aspira a un amor idealizado con Susana, mientras que ella, por su parte, se exilia en un marco de ensueño que desencadena su trágico final.

Para terminar, citamos las palabras en boca de Dorotea que trazan la concepción más amarga de la vida, la ilusión y la desilusión: “lo único que la hace a una mover los pies es la esperanza de que al morir la lleven a una de un lugar a otro; pero cuando a una le cierran una puerta y la que queda abierta es nomás la del infierno, más vale no haber nacido…”.


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