Pedagogía y currículo en la educación popular1



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PEDAGOGÍA EN LA EDUCACIÓN POPULAR1

Reconstruyendo una opción político-pedagógica en la globalización

Marco Raúl Mejía J.

Expedición Pedagógica Nacional

Fe y Alegría



“... En la formación no dicotomizo la capacitación técnico-científica del educando de los conocimientos necesarios al ejercicio de su ciudadanía. En la visión pragmático-tecnicista contenida en los discursos reaccionarios post-modernos, lo que vale es la transferencia de saberes técnicos, instrumentales, con los que se aseguran buena productividad o el proceso productivo. Este tipo de pragmatismo neoliberal al que mujeres y hombres también de izquierda están adhiriendo con entusiasmo, se funda en el siguiente raciocinio no siempre explícito: como ya no hay clases sociales, por tanto sus conflictos también han desaparecido, ya no hay ideologías, derecha o izquierda, la globalización de la economía no sólo hace un mundo mejor, sino que nos tornó casi iguales. Por eso, la educación que se necesita hoy no tiene nada que ver con sueos, utopías, concientización, no tiene nada que ver con ideologías, sólo con el saber técnico. La educación será más eficaz cuanto mejor entrene a los educandos para ciertas destrezas...”
Paulo Freire2
Esta cita del pedagogo que comienza a ser reconocido como el dinamizador principal del cuarto paradigma pedagógico de la modernidad en occidente: el latinoamericano al lado del francés, el sajón, y el alemán) bien nos coloca de cara a una realidad y a un pensamiento que nos exige hoy ser capaces de reconstruir las tareas incumplidas no sólo de la década del ‘50, sino de una modernidad que no fue capaz de entregar igualdad y fraternidad como había prometido dejando inconclusas las tareas de una revolución que había sido hecha a nombre del pueblo y que había prometido construir la igualdad entre los humanos como núcleo central de su proyecto.
Freire, en esta cita del libro que escribía cuando murió, nos entrega unas tareas para la educación popular en tiempos de globalización, postmodernidad y neoliberalismo. Y allí en el corazón de su proyecto, leído con signos de esta época, están las urgencias por enfrentar una educación que desde su mirada tecnocrática parece invisibilizar los escenarios de poder que construye tanto a través de sus instrumentos o herramientas como de la reflexión del hecho educativo y pedagógico. El sueño tecnocrático neutro con el cual nos han vendido el hecho educativo en el último período de tiempo, trae enraizadas consigo las preguntas por la manera como lo educativo desde las especificidades de las relaciones sociales que construye genera procesos de poder y de empoderamiento mediante los cuales se constituyen y se crean nuevas exclusiones y segregaciones.
Por ello, plantearnos hacer educación popular en el siglo XXI significa ante todo una capacidad para reconstruir esta forma de pensamiento alternativo que con fuerte insistencia se desarrolló en los cuarenta años de la segunda mitad del siglo anterior y hacerlo para construir su vigencia en el mundo actual significa hacer un profundo proceso de deconstrucción para encontrar las maneras como el capitalismo globalizado construye sus nuevas esferas de exclusión y segregación y la manera como adquieren forma educativa haciendo de él lo que pareciera ser la única alternativa para estos tiempos en los cuales el pragmatismo pareciera orientar la única alternativa de un hacer técnico práctico sin preguntas, sin preocupaciones éticas, pero ante todo, con una responsabilidad individual que pareciera hacernos evadir de nuestras responsabilidades sociales.1
La importancia de lo solicitado en esta ponencia es que nos exige concretar esos lugares donde la educación toma forma propia y nos lleva a plantearnos la manera como lo político toma forma en lo educativo a través de lo pedagógico, pero además las opciones sociales toman forma en la vida de la escuela a través de lo curricular. Esto nos permite hacer una reflexión que implica la especificidad educativa de la educación popular que construye en forma tensionada la relación entre política y pedagogía o viceversa.
Para Fe y Alegría significa también asumir los retos para salir de un enunciado general de que es “un movimiento de educación popular integral” para convertirlo en una exigencia práctica visible en la vida de las obras del movimiento y en el saber pedagógico de sus educadores. Por eso, recuperar un fundamento educativo popular desde el cual se construyen experiencias de innovación o experimentación metodológica nos lleva a darnos cuenta cómo muchos de los procesos curriculares en marcha en donde aparentemente estamos transformando la escuela son parte de una modernización que da respuesta a las exigencias del conocimiento, la tecnología y las competencias que requiere la globalización capitalista para su realización. Y para Fe y Alegría significa mirar con cuidado y reconocer que son sólo eso, modernización en el pleno sentido de la palabra, que no ha construido lo específico de ser educación popular desde un movimiento que se reconoce como tal.
El que el Movimiento tome conciencia de que reconocerse del campo de la educación popular no es un simple agregado a un nombre, sino que le va a exigir una serie de tareas y acciones para hacer la experiencia práctica mediante la cual sus acciones, sus propuestas curriculares, lo convierten realmente en un movimiento de educación popular.



  1. ¿De qué educación popular hablamos?


Breve visión histórica
Si bien las discusiones de la Educación Popular, como educación escolarizada para todos en el acceso universal, están en el corazón del proyecto de la Reforma protestante cuando se pretendía que todos los fieles, sin distingos de lugar y origen pudieran leer las sagradas escrituras, y atraviesa esa primera fase de la modernidad buscando una escuela que sea construida para todos también presente en el ideario educativo de San Juan Bautista de La Salle, ese nombre adquiere concreción en las discusiones de la Asamblea francesa, cuando intentaba darle forma a las tareas de la revolución de 1789, y en abril de 1792 adquiere especificidad en una escuela única, laica y gratuita. Ese intento de dar escuela a todos como base de una construcción de igualdad social, va a ser la base de lo que hasta ese momento se llamó Educación Popular.2

A. En la tradición latinoamericana


Esa discusión es ampliada y toma desarrollos propios en América, desapareciendo del panorama por períodos y resurgiendo en momentos específicos, como ola que devuelve la problemática a contextos particulares para luego invisibilizarse y volver a emerger. En ese primer tronco estarían: Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí, por ello podríamos reconocer diferentes troncos históricos en nuestra realidad.3
1. En los pensadores de las luchas de independencia, siendo en este período el más explícito en hablar de Educación Popular Simón Rodríguez, maestro del libertador Simón Bolívar. Habla de una educación que él denomina como popular y que en sus escritos aparece con tres características:4

  • Nos hace americanos y no europeos, inventores y no repetidores

  • Educa para que quien lo haga, no sea más siervo de mercaderes y clérigos

  • Hace capaz de un arte u oficio para ganarse la vida por sus propios medios

2. En los intentos de construcción de universidades populares a lo largo de la primera mitad del siglo XX en América Latina, siendo las más notables las de Perú, El Salvador y México. En ellas se trabajaba para dar una educación también con características diferenciadas de las otras universidades:



  • Educaba a los obreros y requería, por los sujetos destinatarios, cambiar el contenido, los tiempos y la manera de hacer concreto el proceso educativo

  • Los dotaba de conciencia sobre su lugar y su papel en la historia

  • Construía y orientaba hacia la organización que defendía los intereses de estos grupos

3. En las experiencias latinoamericanas de transformar la escuela y colocarla al servicio de los intereses de los grupos más desprotegidos de la sociedad, siendo una de las más representativas la escuela Ayllu en Bolivia, promovida por Lizardo Pérez, donde algunos de sus fundamentos serían:



  • Existe una práctica educativa propia de los grupos indígenas, derivada de su cultura. Por ello, plantea hacer una propuesta de educación como movimiento, proceso de creación cultural y transformación social.

  • Se constituyen las "Escuelas del esfuerzo" en cuanto se plantean una pedagogía basada en el trabajo.

  • La escuela se extiende y es comunidad su arquitectura, su propuesta educativa. Es por ello que afirma: "más allá de la escuela estará la escuela".

En este sentido, el P. Vélaz y su intento por construir una escuela desde la educación popular integral como fundamento del Movimiento Fe y Alegría, desde el año 1956 construía esta idea así:5




  • "Educación para romper las cadenas más fuertes de la opresión popular mediante una educación cada día más extensa y cualificada."

  • "La desigualdad educacional y por lo tanto cívica de nuestra sociedad pretendidamente democrática, en la que los privilegiados de clase reciben todos los recursos académicos, técnicos y culturales para ser los dueños del pueblo."

  • "Después de tanta lucha no nos podemos resignar a vivir en una justicia media. Éste debe ser el momento más alto, más claro, más resonante de nuestra justicia integral."

Estos tres troncos históricos en los cuales el término "educación popular" fue llenado de contenidos en su momento y en las particularidades de su realidad, vuelven a surgir en nuestro continente en la década del '60 del siglo pasado, siendo Paulo Freire su exponente más preclaro, dando origen a una serie de procesos que tomarían nuevamente el nombre de Educación Popular.



B. El resurgir de la Educación Popular en la década de los '60
Esta década está marcada por una manera de intentar modificar las relaciones desiguales en el ámbito mundial, y la recepción de esta búsqueda en América Latina marca muy fuerte las corrientes y grupos que alimentan la búsqueda de transformación social y a su vez la construcción de un proyecto educativo coherente con esos ideales de cambio, y que va a tomar el nombre de Educación Popular. Las principales dinámicas que se gestaron en el continente y alimentaron y generaron un proceso de constitución de la Educación Popular fueron:
1. La revolución cubana, que en su momento significó la posibilidad de construir formas de organización social en el continente con un signo diferente al de la égida capitalista norteamericana y que animó desde una visión antiimperialista las luchas de liberación, así como la respuesta de las élites, quienes trazaron para el continente como respuesta una política de reformas agrarias y de modernización de los estados.
2. La teoría de la dependencia, especie de lectura tercermundista y latinoamericana del fenómeno del imperialismo, en la cual los aspectos de atraso y pobreza de nuestros países eran derivados de causas externas en las cuales sobresalía fundamentalmente la dependencia durante mucho tiempo como colonias y la forma semicolonial que para esa década del '60 mostraba como manifestación la presencia de esos países del primer mundo en los países del tercer mundo. Allí, autores como Celso Furtado, Raúl Prebisch, y el ex presidente brasilero Fernando Enrique Cardozo, quien en esos tiempos era el "príncipe de los sociólogos" y terminó convirtiéndose en el "sociólogo de los príncipes" (según comentarios callejeros brasileros).
3. La teología de la liberación, lectura cristiana desde América Latina y desde los grupos oprimidos que exigen una lectura radical del cristianismo manifestado como crítico de la iglesia como institución reaccionaria, que hace imposible la reconciliación del amor cristiano con la explotación de los seres humanos, planteando su esperanza en el dios de la historia y de los pobres donde la encarnación de Jesús se convierte en hecho central, y por lo tanto su proyecto es que el reino de Dios debe instaurarse ya en la tierra por un pueblo que camina hacia su liberación. Allí está autores como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, John Sobrino y muchos otros.
4. La investigación-acción. Diferentes grupos de sociólogos, especialmente en América Latina y el Asia, retomando algunas teorías norteamericanas de la acción (Kurt Lenk, entre otros), plantean que el único conocimiento que se produce no es el acumulado a través de la academia, sino que existe la posibilidad de recuperar una serie de saberes que se convierten en conocimientos paralelos al conocimiento académico o "verdadero". Para ello diseñan metodologías en las cuales la relación entre sujeto-objeto es transformada radicalmente por una en la cual el sujeto queda inmerso en el conocimiento que se produce en el proceso investigativo. Esta posición lleva a instaurar una crítica a la forma positivista del conocer en las ciencias sociales. Allí hay autores como Orlando Fals-Borda, Vera Gianotten, Anisur Rahman.
5. Protagonismo de la sociedad civil. Igualmente en el continente comienzan a encontrarse expresiones de la sociedad más allá de las simples organizaciones gremiales que se mueven en el esquema clásico de económico-política, dando paso a infinidad de formas de organización comunitaria de procesos en torno a grupos de fe, y en algunos núcleos que se conforman como organizaciones no-gubernamentales (ONGs). Estos procesos logran una visibilidad en la sociedad que los coloca como una especie de tercero en la discusión y abren un espacio para la construcción de esa sociedad civil en el continente, aparecen con fuerza los grupos de derechos humanos, de género, étnicos y muchos otros.
6. Freire representaría la consolidación de un pensamiento latinoamericano y tercermundista que bien podría representar la sexta de estas corrientes y que retomando la idea de educación popular6 se convierte en pensamiento que jalona procesos sociales en América Latina, sectores de Asia y África, y luego se abre más universalmente a latitudes del mundo del norte.7
Desde esos seis troncos básicos se abren caminos de búsqueda, que siguen intentando construir especificidades desde nuestro contexto. Allí están, La filosofía latinoamericana de la liberación (E. Dussel), La comunicación popular (M. Kaplún) y el teatro del oprimido (Gonzaga).8
Como vemos, igualmente a lo largo y ancho del continente se inicia un proceso en el cual la incidencia de una cierta "latinoamericanización" se da desde las más diversas expresiones, contando con variedad de matices y con representación de ellas a través de fenómenos sociales con manifestación pública, así como con hechos teóricos que entraban a disputar en el campo del saber y el conocimiento, haciendo que cualquier pensamiento desarrollado en la época tuviera que entrar en diálogo, en discusión, y en algunos casos con influencia de ellas. Están todavía poco desarrollados, por los afanes de estos tiempos de globalización, los análisis de estas incidencias, pero ya en la recepción norteamericana de Freire se le da mucha fuerza a la teología de la liberación.9





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