¿Paternidad en crisis



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¿Paternidad en crisis?
  Rosario Vaeza

Introducción:

La palabra "crisis" deriva del griego "krienen", que significa: "separar", "juzgar; tiene el sentido de "corte" o conflicto. Es decir, que si lo relacionamos con la figura del padre en la época actual, el término "crisis", si bien alude a un equilibrio real o supuesto que ha sido roto o evoluciona rápidamente, provocando incertidumbre, también alude a una recomposición, abriendo potencialidades de cambio.

Y pensamos que es esta situación la que está teniendo lugar respecto al lugar del padre en la sociedad y la familia actual. Edgar Morin revela la riqueza potencial de la crisis que abre grandes perspectivas para la acción, la invención y la audacia. Si bien la crisis actual es una crisis de la paternidad, es también una crisis de la parentalidad. Las transformaciones en la familia, en el posicionamiento de la mujer frente al hombre, a sus hijos y a la sociedad, han modificado la subjetividad masculina y por ende la relación padre-hijo.
Nos encontramos, pues, frente a una situación, donde desde diversos ámbitos se cuestiona la posición del padre y se llega incluso a hablar de "desfallecimiento", de "declinación" e incluso de "duelo por el padre".

El hecho de la emancipación de la mujer, del trabajo femenino que vuelve a las mujeres menos dependientes económicamente, y facilita las separaciones y otras recomposiciones familiares, tiene su peso en estas nuevas formas de paternidad con las que nos enfrentamos hoy. Podemos hablar de un debilitamiento, de una evolución o de una mutación de la función paterna?


A través de este trabajo trataremos de analizar esta problemática apelando a distintas disciplinas, además del Psicoanálisis y de los Estudios de Género, tales como a la Historia, a la Antropología, la Sociología y el Derecho.
Ya que una mirada trasnsdisciplinaria nos permite tener una comprensión más abarcativa de cualquier problema que consideremos, más aún si se trata del sujeto humano.

Considerar la complejidad (Morin, 1994), significa tolerar las contradicciones entre disciplinas, sabiendo que el conocimiento nunca se alcanza con una certeza absoluta, sino que debemos tener la modestia de aceptar la incertidumbre, lo cual no implica necesariamente caer en una postura escéptica.


Reflexionaremos sobre el lugar del padre en la época actual, y en qué medida se ve problematizada su función en una sociedad y una familia en proceso de cambio y de súbitas transformaciones. Sabemos que lo que caracteriza a la paternidad es su variabilidad, no solamente según el contexto histórico-social en el cual está inserto, sino también dentro de la misma sociedad, en las distintos estratos sociales. Veremos la evolución histórica y jurídica de la imagen del padre, de su status, desde el imaginario social, entendido como "la dinámica de complejos procesos sociales, que en forma de ideologías, privilegian determinados valores, opacando o postergando otros, defendiendo determinadas éticas definidas como las únicas y mejores, generando prácticas conforme a sus exigencias". (Ana Ma. Fernández, 1989).

Como veremos, los cambios jurídicos, en relación a las leyes del Estado, han ido acompasando la declinación social del status del "pater familias".
En segundo lugar, a nivel de la Antropología, se constata una variabilidad en la construcción de la paternidad, en el vínculo padre-hijo, en función de las distintas sociedades y culturas mal llamadas "primitivas". En tercer lugar, haremos una breve exposición de la figura, de la imagen del padre en el Psicoanálisis, teniendo en consideración los más destacados exponentes de esta teoría. Como veremos, la conceptualización de las escuelas psicoanalíticas, ya sea la Inglesa, la Francesa o la Americana, presentan contradicciones entre ellas mismas, y no nos dan una íntegra comprensión de los múltiples factores que inciden en el momento de abordar la paternidad.
Como sabemos, no hay un solo modo de subjetivación de un sujeto, sino que siempre hay que ubicarlo en el encuadre histórico-social y político donde se constituyó, y tampoco este sujeto puede ser entendido unidimensionalmente, desde una sola disciplina, sino que debemos dejarnos atravesar por otras disciplinas.

Aunque Freud consideró que no debe considerarse al psicoanálisis una cosmovisión, sin embargo, muchos de sus seguidores han caído muchas veces en un reduccionismo, tratando de explicar los fenómenos psicopatológicos desde una sola óptica.



Evolución histórica y jurídica de la figura del padre:

La civilización occidental construyó una figura de padre protagónica desde todo punto de vista, tanto en el Imperio Romano como en el Cristianismo. Originariamente, se considera "padre", al amo, es decir, al que dirige la ciudad; se sigue de esto que la paternidad es al comienzo, política y religiosa. "Pater patriae" es el emperador en la época romana, los senadores son "patres" y ambos encarnan una paternidad instauradora de un lazo social, puesto que éste está determinado de manera fundamental, no por la sangre, sino por la palabra llamada "paterna" (sermo patrius) (Philippe Julien, 1993).


El padre es casi un "Dios", es un Rey, un Emperador, y es de este sentido primigenio que deriva la paternidad en la familia. Al ser el amo político y religioso, el padre es también el amo de la casa, "el dominus".
Es así que el padre tiene un poder ilimitado, teniendo derecho de vida y de muerte sobre su familia., incluso de venta respecto a sus hijos. (Guiraud, Paul, 1917). Tal era el poder que tenía sobre el hijo, que éste sólo quedaba liberado de su tutela, cualquiera sea su edad, con su propia muerte.
Durante el Cristianismo, adoptado por el emperador Constantino en el siglo IV como religión oficial del Imperio Romano, el lugar del padre continuó siendo hegemónico.

Desde los orígenes del Cristianismo, la familia fue considerada como una monarquía por derecho divino. El padre, el marido, es un amo que tiene como misión explicar y hacer aceptar la obediencia absoluta al Dios único, Padre universal.


Durante la Edad Media, el lugar central es cedido por el emperador al señor feudal. Las relaciones que éste tiene con sus vasallos y sus siervos hacen de él el señor y el padre de una enorme familia, con la cual mantiene lazos de fidelidad, de obediencia y de protección. Según la ley, la mujer debe someterse al esposo por la autoridad que éste recibe de Dios; es patrón, guía y maestro de la esposa. En el siglo XV la figura del marido y padre es hegemónica, ya que tanto la esposa como los hijos le deben obediencia. (Duby, G y Perrot, M., 1992).


Las mujeres no entran en los tribunales, no gobiernan, no enseñan ni predican. La superioridad y la plenitud intelectual pertenece al hombre. Desde el Renacimiento a la Edad Moderna, (siglos XV a XVIII), el padre siguió teniendo autoridad total sobre la mujer y los hijos, y es a partir del siglo XIX que empieza a tener ciertas limitaciones. Desde el momento en que una niña nacía de una legítima familia, lo que la definía, con independencia del origen social, era su relación con un hombre, ya que el padre la mantenía hasta que se casara, luego que él o alguien en su nombre, negociara un acuerdo matrimonial conveniente. Y de esta forma, pasaba de la dependencia paterna a la dependencia y obediencia a su marido.(Duby, G., y Perrot, M., 1993).


"El marido debe protección a su mujer y la mujer debe obediencia a su marido" dice el artículo 213 del Código Civil francés". Y esta idea va a predominar en todas las legislaciones (alemana, noruega, italiana, etc.,) del siglo XIX.
El poder del padre, sin embargo, comienza a tener sus limitaciones a fines del siglo XIX, y la evolución jurídica representa una lenta disminución de sus prerrogativas.

Por un lado, se encuentra bajo presión de las reivindicaciones de las mujeres y los hijos y por otro, el Estado va a ejercer una mayor tutela, sobre todo en las familias más carenciadas, como forma de proteger a los hijos de la negligencia paterna. Por otro lado, el cristianismo, también relativizó el derecho romano del pater familias sobre sus hijos, al realizar el bautismo de los hijos de la Iglesia, introduciéndolos en otra filiación. Y también, respecto al matrimonio, que al elevarlo a la categoría de sacramento, está implicando una ley por encima de la figura del padre. O sea, que tanto la Iglesia como el Estado relativizaron el poder del padre. Es así como sostiene Philippe Julien (1991), una segunda definición del ser-padre, más reciente y burguesa, resulta de tomar en cuenta, a partir del siglo XIX, "los derechos del hijo", reemplazando a la de "el derecho del padre sobre el hijo". O sea, el hijo empieza a tener derechos y el padre obligaciones hacia él. Para este autor, esto significaría un deterioro social de la paternidad, unido al papel irreemplazable asignado a la madre en relación al hijo.

Pensamos que se trata más bien, de un debilitamiento del status del padre.
Es de destacar, que aunque el Estado empieza a limitar los poderes del padre, su figura en el imaginario social seguía subsistiendo como el "padre terrible", el padre burgués, que se afianza con el triunfo de la revolución industrial y el asentamiento de la burguesía. Un ejemplo paradigmático de esta situación es "Carta al padre" (Kafka, Franz, 1919), escrita en Schelsen, pequeña localidad al norte de Praga, carta que nunca llegó a manos de su padre, donde se percibe la sumisión a la autoridad despótica de un padre arbitrario, sádico y la culpa y el odio que Kafka experimentó frente a él. Sería el padre que en vez de representar la ley, según Lacan, es ley absoluta, al igual que el padre de Schreber, lo cual impide la castración simbólica. En el Uruguay del siglo XIX, la imagen de padre prevalente no difería de la que imperaba en Occidente, como lo sostiene José Pedro Barrán (1989), el padre era considerado un dios al que se respetaba y adoraba. Esta autoridad era "bárbara", no sólo porque la organización familiar era patriarcal, también porque, ejercía castigo o violencia corporal.

A principios del siglo XX, una nueva mentalidad impera en Uruguay (Barrán, José P., 1990), "la sensibilidad civilizada", donde el poder del padre se ejercía a través del "respeto" y del "amor". Sin embargo, si bien eso fue lo admitido y predicado, vigilar al niño fue la obsesión del padre y del educador, mientras que la mujer debía someterse al marido. Por el sólo hecho del matrimonio, el Código Civil estipulaba que el marido era el jefe único, y la esposa se convertía en incapaz, ejerciendo el marido su representación legal. Recién con la promulgación de la ley del 18 de setiembre de 1946, ley 10.783, se le concede a la mujer la capacidad civil, es decir, tiene la libre administración de sus bienes propios, de sus frutos, del producto de sus actividades y de los bienes adquiridos. También a partir de este momento, la patria potestad es compartida por ambos padres. Durante el siglo XX muchas son las transformaciones que se producen en la sociedad y en la familia tanto en Occidente como en el Uruguay. La socióloga francesa Evelyne Sullerot, habla del "robo de la paternidad", en beneficio de las mujeres, debido al mayor poder jurídico y social de estas frente a sus hijos, sobre todo en los casos de concubinatos y uniones libres, donde la madre sola ejerce la autoridad en Francia, desde 1970. Esta situación ha traído consecuencias tales como el desentendimiento del padre de sus hijos con sus repercusiones en el desarrollo psicoemocional de los mismos. Aparecen psicopatologías asociadas a la falta del padre.



Enfoque antropológico:

Múltiples estudios antropológicos han demostrado que así como no existe un único modelo de masculinidad a lo largo del mundo, tampoco hay un solo modelo de paternidad. Las imágenes, las formas del "ser masculino" varían y los ideales de virilidad no son los mismos en la cuenca mediterránea o en la Polinesia Francesa. (Gilmore, D., 1994). Mientras que la autosuficiencia económica, la hombría, en el sentido de coraje físico y moral, la sexualidad, son algunas de las características predominantes del Mediterráneo, los polinesios se distinguen por la pasividad y la "femininzación", desde la óptica occidental.

Tampoco existe un solo tipo de familia, sino que encontramos distintos modelos de organización familiar. Malinowski cuestiona la universalidad del Edipo, no la prohibición del incesto, que es la regla universal que está presente en todas las organizaciones familiares. (Lévi-Strauss, C., 1988). En algunas culturas, como la de los trobriandenses, el padre biológico está disociado del padre legal, siendo el tío materno el que ejerce la función paterna. Investigaciones realizadas en Africa, en Dakar y Senegal por dos psicoanalistas franceses (Ortigues, M. Cécile y Edmond, 1966), han demostrado que la figura edípica que cumple con la función paterna del niño no es el padre biológico, sino los antepasados, llamados los "rabs". Nos referimos acá por "función paterna" no sólo a la función simbólica, sino también a la presencia real, física y emocional del padre, en cuanto a sus prerrogativas como adulto con la responsabilidad de socializar y educar a su hijo.

Enfoque psicoanalítico:

Para Freud, el concepto de paternidad está directamente vinculado al complejo de Edipo, donde encontramos en su obra dos elaboraciones sucesivas, la primera , en las cartas a Fliess (1897) y en "La Interpretación de los sueños" y la segunda ("Psicología de las masas y análisis del yo", Cap. VII "La Identificación", 1921) la cual reviste mayor interés puesto que manifiesta que durante el período preedípico, el niño se interesa especialmente en su padre, quiere parecerse a él; sería la identidad de género que está adquiriendo el niño varón.

Con lo cual, para Freud es importante la figura del padre como modelo a imitar por parte del niño, además de cumplir con el rol de "castrador", figura de interdicción respecto a los deseos incestuosos respecto a la madre.
"Tótem y tabú" (1913) es otra de las obras de Freud donde menciona al padre de la horda primitiva y el banquete totémico sería una forma de asumir la identificación con el mismo de parte de los hijos. El padre simbólico, que representa el tótem, introduce al hombre en la cultura, a través de la ley,prohibición del incesto. En "El yo y el ello" (1923), el sujeto se constituye como tal, a través de las identificaciones parentales, y el superyo es el heredero del Edipo, es la internalización de esas figuras edípicas, sobre todo en relación con el progenitor del mismo sexo. En el caso de Leonardo de Vinci (Freud, 1910) considera que la presencia del padre asegura una adecuada identificación sexual.

Postura de Lacan y la Escuela Francesa

Para Lacan, al igual que Serge Leclaire, Philippe Julien y Francoise Dolto, entre otros, la paternidad es considerada como función simbólica, minimizando, por lo tanto, la presencia real del padre. Su concepción está centrada en la función paterna en su carácter fundamentalmente simbólico, en el sentido de que es a través de ella que se accede a la ley de la cultura, que es la prohibición del incesto. Por lo cual no tiene importancia la persona que la encarne, e incluso puede ser ejercida por una institución o por "algo" en relación a lo cual la madre queda ubicada como no siendo la ley, en el sentido de que hay algo que ella desea más allá del niño. O sea, que la función paterna tiene como cometido básico separar al niño de su madre, realizar la castración simbólica, lo cual significa que se acepta la ley del incesto, que no sólo prohíbe la relación incestuosa con la madre, sino que la posibilita con otras mujeres.


Por eso Lacan dice que en el tercer tiempo del Edipo, el padre aparece como permisivo y donador, o sea, el padre posibilita. (Lacan, J., 1977). Para entender esta postura, hay que considerar que cuando Lacan habla de madre o padre, se refiere a determinadas posiciones que puede ocupar un personaje, o mejor aún, las funciones que realiza. Dado el tipo de familia existente en nuestra sociedad, las funciones designadas por esos nombres son frecuentemente desempeñadas por los que efectivamente son los padres o las madres reales.

Advenimiento de una nueva paternidad:

Nos preguntamos qué papel juega el padre real en la teoría lacaniana. El padre, sería solamente alguien que separaría a la madre del niño?. Más aún, el padre puede estar ausente, pero si es alguien que es deseado por la madre, cuya palabra escucha, igual tiene lugar la castración simbólica?


Según esta postura, "la madre sólo es concebida como la que suministra un cuerpo y el vínculo emocional temprano, imprescindible para conducir al niño a otros desarrollos de mayor trascendencia, tales como la incorporación de la ley, el orden simbólico, la palabra, y si no se produce este pasaje del orden natural (supuestamente materno) al orden cultural, (llamado paterno), el niño será expuesto a trastornos psicológicos, como la psicosis, psicopatía o perversión". (Burín, Mabel, 2000).

Nos preguntamos porqué la madre no puede también ser representante de la cultura, y representar el mundo exterior para el niño, y no sólo ser la que "guarda el hijo para sí". Pensamos que la presencia real del padre tiene suma importancia desde los primeros años de la infancia del niño, tanto para el varón como para la niña. Para Arminda Aberastury, (1978) quien revaloriza la importancia del rol del padre, éste tiene una jerarquía básica como fuente de identificación en un momento temprano del desarrollo, y un padre ausente o psicológicamente débil o incapaz de asumir la paternidad, provoca en el niño déficits en su identidad sexual. El padre sería por lo tanto, una segunda persona adulta, además de la madre, real, que ofrece su persona, su cuerpo, sus sentimientos, y que contribuye a la estructuración psíquica del hijo y sobre todo en relación al logro de una identidad de género y de una identificación sexual.


Cada vez más asistimos a patologías asociadas con el vinculo perturbado con el padre, sobre todo cuando éste está ausente emocionalmente y carece de disponibilidad en relación a sus hijos, lo que lleva a identificaciones parentales conflictivas.


La carencia de contacto con el padre, sobre todo un contacto cuerpo a cuerpo, y cotidiano con él, deja un vacío, una pérdida, que se encuentra más tarde en anhelo del padre. Esta carencia se evidencia en el análisis de muchos homosexuales y es una de las raíces del rechazo hacia el hijo y de una búsqueda desesperada de sustitutos paternos a lo largo de la vida.


También se ha asociado con la los adolescentes drogadictos, donde asistimos a un debilitamiento de la figura del padre, el adolescente transgrede la ley porque no hay ley y la madre tampoco acepta al padre como separador, como interdictor.

Winnicott establece que si bien "un cuidado materno" es el recibido tanto por parte de la madre como del padre, también establece que la función del padre es la de ocuparse del medio ambiente en beneficio de la madre.


Estoy de acuerdo con lo que sostiene la Escuela Norteamericana, (Eric Erikson, Ralph Greenson, Edith Jacobson, Margaret Mahler, Robert Stoller, Peter Blos, Jessica Benjamin, etc.) en el sentido de que el desarrollo psicosexual del varón consiste en establecer una identidad primaria con la madre que le alimenta y le brinda los cuidados básicos, y el construir una identidad masculina es una empresa no exenta de dificultades.
Es decir, que el varón debe realizar una "desidentificación" respecto a su propia madre, debe separarse de ella, para asumir su identidad masculina.
El padre es un agente facilitador esencial según Blos, en el proceso de separación-individuación, cuando el niño, influido por una necesidad innata de crecimiento y maduración, intenta perder la unidad simbiótica con su madre.
Jessica Benjamin (1996) hace hincapié en el "amor identificatorio", que implica un reconocimiento de parte del padre hacia el hijo, una actitud cuidadora del mismo, para lograr un adecuado desarrollo psicosexual.

Para Volnovich, Juan C.(1998), hay que construir al padre, ya que él considera que el psicoanálisis no tiene recursos para teorizar las relaciones de un hombre con su hijo, como no sea a través de la función de "interdictor" o de función de corte. Sostiene la necesidad que tiene el niño, desde el nacimiento, de un contacto directo, no mediatizado, con el cuerpo de su padre, y que el niño buscaría las claves de su subjetividad, antes de buscar un ideal para identificarse.


Cualquiera que sea la dimensión elegida, histórica, jurídica, o psicológica, y cualquiera sea el campo, la imagen, el rol o la función del padre, lo que se constatan son cambios, evoluciones, transformaciones, mutaciones. Ya sean progresivos, lentos o rápidos, ellos caracterizan la paternidad y la relación del padre con los hijos.




Como conclusión
, mencionaremos tres factores que convergen en nuestra época para fragilizar la paternidad y la función del padre:

En primer lugar, la ausencia real de los padres: desde el punto de vista jurídico, ya que la evolución de las leyes ha ido brindando mayor autoridad a la figura de la madre, siendo la patria potestad compartida y muchas veces la tenencia de los hijos la tiene también ella. Esto ha traído en muchos casos, el desentendimiento del padre respecto a los hijos, en el caso de las madres viviendo solas con los hijos. Muchas veces los conflictos conyugales llevan a este distanciamiento, a través de no solamente de la ausencia física, sino de la resistencia a cumplir con la pensión alimenticia de parte del padre.

Se constata una proporción anormalmente alta de carencia paterna en los niños y adolescentes con dificultades; no es la causa exclusiva, pero es un factor asociado cuya frecuencia es significativa. Progresivamente sociólogos y trabajadores sociales que habían favorecido las explicaciones económicas y políticas en las patologías sociales, han evidenciado una correlación entre la falta de padre y una serie de problemáticas, como los fracasos escolares, la delincuencia juvenil, el consumo de sustancias psicoactivas, los trastornos de la alimentación (bulimia y anorexia) y sobre todo, la proporción alta de fugas.


Un psicoanalista francés, Guy Corneau, ha escrito un libro cuyo título es "Père manquant, fils manqué" (padre faltante, hijo "malogrado", "fallido"). Plantea que el anhelo de padre, la queja, estaban anunciadas desde el mito cristiano, cuando las últimas palabras de Cristo fueron: "Padre, porqué me has abandonado?".

Cuando habla de padre faltante, se refiere tanto a la ausencia física como psicológica y emocional. Contiene la noción de un padre que no se comporta de manera aceptable, ya sea porque se trata de un padre autoritario, y envidioso de los talentos del hijo, por lo cual atentan contra cualaquier iniciativa creativa o de afirmación de sí, o de un padre alcohólico o violento, cuya inestabilidad emocional provocan una inseguirdad permanente en sus hijos.


Para él, la ausencia de atención de un padre tiene por consecuencia la dificultad en la asunción de una identidad masculina, la falta de sentirse confirmado y reconocido por la presencia del padre, para asumir una identidad adulta.

En segundo lugar, la introducción de las procreaciones médicamente asistidas, lo que ha traído la disociación de las funciones del padre: el pater, o padre legal, no es el genitor. La fecundación in-vitro puede reducir al padre a una gota de esperma. La clonación permite una reproducción a partir de núcleos de células que no son sexuales. Qué rol cumple el padre en estos casos? No es más que un donador de esperma. Esto lleva a la fragilización de las filiaciones paternas.

En tercer lugar, la crisis de la familia actual, lo que lleva a un aumento de los divorcios, de las uniones libres, de las familias monoparentales y familias ampliadas o recompuestas. Estas transformaciones están ligadas a la modificación del status del padre, de los modos de designación y de los roles de los padres. Cuando hay recomposiciones familiares, donde las funciones del padre legal y del educador en lo cotidiano, son asumidas por dos hombres.
Por otro lado, el aumento de las familias monoparentales, sobre todo de la madre con el hijo, fragiliza la situación social del padre.

¿Qué es ser padre hoy? Pensamos que en esta época de cambios, de transformaciones, el lugar del padre no puede estar ajeno a ello, y es una de las inquietudes de nuestra civilización.

De algo estamos seguros: de la necesidad de un padre y de una madre para que el niño pueda desarrollarse normalmente. Así como el lugar de la madre debe ser reconocido y validado, el lugar del padre también debe ser reafirmada, ya que el niño para su estructuración psíquica necesita la doble referencia parental.

Pienso que asistimos al retorno de un cierto equilibrio, donde han cambiado los roles parentales, pero el status de autoridad del padre no ha sido reemplazado por un trabajo de reflexión sobre el status actual. No se ha reflexionado aún sobre el rol del padre actual. De un lugar seguro, bien establecido y de un rol claro, el padre se ha encontrado en las turbulencias de las incertidumbres de la modernidad tardía. Pensamos que también su función se ha visto enriquecida, debido a un mayor acercamiento afectivo respecto de sus hijos, sobre todo en los padres más jóvenes, donde incluso comparten la crianza con la madre.
Este trabajo de reflexión sobre la paternidad puede dar lugar a muchos interrogantes y cuestionamientos.

Agosto del 2000



Bibliografía

Alizade, Marian "Para pensar la masculinidad". "Actualidad Psicológica" . Año XXIII, No. 253, 1998,BA.


Aberastury, A. y Salas,E. "La Paternidad", Bs. Aires, Edit. Kargieman, 1978.
Burin, Mabel y Meler, I. "Varones", Género y subjetividad masculina". Buenos Aires, 2000. Edit. Paidós.
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            "Psicología de las masas y análisis del yo" (1921)
            "Tótem y tabú" (1913) Tomo XIII..
            "Cartas a Fliess" (carta 69, 70 y 71) 1897.
            "Interpretación de los sueños", 1900, Tomo IV.
Julien, Philippe " El manto de Noé" Ensayo sobre la paternidad". Buenos Aires, 1993, Edit. Alianza.


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