Parte 3: juventud juventud


El acto suicida es definido como aquel en que se pretende quitar la vida propia guiado por un deseo de muerte



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El acto suicida es definido como aquel en que se pretende quitar la vida propia guiado por un deseo de muerte. Este acto no implica que su intención siempre sea lograda, pero sí que se cuenta con una ideación suicida, un plan y las herramientas para llevarlo a cabo.

El acto, en cualquiera de sus formas, se sitúa por fuera de la dimensión del lenguaje. Es decir que la angustia no puede ser tramitada por la vía del síntoma o procesada por el pensar.

Lacan, por su parte, postula al acto como derivación de la certeza, y lo ubica lindante con la angustia en tanto habría cierto intento de tramitación de la misma por medio de la acción

Es posible diferenciar como modalidades del acto, si bien ambas son recursos contra la angustia:



  • acting out, como interpelación al analista a través de una acción, en un exigir una respuesta faltante o una respuesta diferente a la otorgada, y que derivaría de las dificultades del analista en cuanto a su posición, respecto de su lugar. Lo ubicamos pues en el contexto del análisis y supone el establecimiento de cierto nivel de transferencia, así como también respecto de transferencias fuera del vínculo analítico.

  • pasaje al acto, como un movimiento de salida de la escena, suponiendo el sujeto que no hay Otro que lo sostenga en su angustia. Hay un intento de salida de la red simbólica hacia lo real, como en la fuga y el vagabundeo. Por ejemplo, “dejarse caer”, el precipitarse, como peculiar del pasaje al acto sería caer como el objeto a, como resto de la significación.


El acting out es un mensaje simbólico dirigido al gran Otro, mientras que un pasaje al acto es una huida respecto del Otro, hacia la dimensión de lo real.

En el acto, no en el acting out sino en el verdadero acto: en el pasaje al acto suicida, el sujeto intenta liberarse de los efectos del significante y lo logra con su muerte, porque el único acto exitoso, dice Lacan, es el acto suicida logrado o consumado. El intento de suicidio, como pasaje al acto, se situaría del lado de lo irrecuperable, de lo irreversible, en tanto habría traspaso o franqueamiento de la escena al encuentro de lo



La muerte propia es muerte de Otro, porque con lo que se propone terminar a través del acto es con la palabra que provoca angustia o desesperación o deja al sujeto en la más devastadora o mortífera desolación.

Desde la perspectiva que propone el psicoanálisis es posible considerar que la muerte es, para el sujeto de la palabra, simple y llana supresión o ausencia de toda palabra. En esta línea de pensamiento, Lacan sostiene que en el intento de suicidio el sujeto pretendería rechazar el lugar simbólico en el cual el Otro lo ubicara. En el pasaje al acto suicida habría desestimación de la red simbólica a través de la acción, desprendiéndose del lazo social, quedando el sujeto como puro objeto, cayendo como objeto a, como resto.

Así pues, desde el psicoanálisis, retomando las afirmaciones que sostenían que en el suicidio habría un deseo de matar a otro, es evidente que el suicida supone triunfar sobre ese Otro inconsistente, herirlo de muerte o matarlo, con su propia muerte, como recurso último, ofreciendo su desaparición como sujeto y quedando como resto, como cosa, definitivamente, sin pretender un después.
CONSIDERACIONES SOBRE LA ANOREXIA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Es posible pensar el incremento de patologías que comprometen al cuerpo y se ponen en juego a través del acto, tales como adicciones, intentos de suicidio, anorexia y bulimia, y la violencia en sus diversas manifestaciones, en directa relación con la complejidad que presenta en la actualidad el mundo en que vivimos, siendo los adolescentes aquellos que con mayor claridad e intensidad se hacen cargo de ellas.

Se propicia en nuestra sociedad de consumo el "exceso de goce", goce autoerótico y autista, debilitándose de tal manera el deseo del sujeto y el lazo social. En las patologías que se denominan actuales, dicho exceso puede presentarse como compulsión a no parar de consumir, y en ello se evidenciaría la marca de las adicciones, o bien el goce se orienta a "nada", expresándose el encierro narcisista en el rechazo a recibir algo del Otro, siendo esta segunda opción la que nos lleva a pensar en la anorexia que a su vez se enlaza a la fuerza de un “ideal” estético femenino de suma delgadez, expresión clara en la sexualidad del goce en exceso presente en la civilización contemporánea.



Anorexia: búsqueda desenfrenada de pérdida de peso, miedo al aumento del mismo, distorsión de la imagen corporal, amenorrea (por lo menos tres períodos) y negación del riesgo clínico que puede acarrear la malnutrición.

Desde una perspectiva psicoanalítica la propuesta es considerar a la anorexia como una configuración clínica, es decir, como una presentación o una manifestación en la cual priman las maniobras en cuanto al alimento y al comer, que es el resultado de una peculiar posición subjetiva y que tiene un complejo entramado defensivo, y que se acopla a cualquiera de las estructuras freudianas, constituyendo un modo de procesamiento psíquico que deja paso al desenfreno, es decir, a la búsqueda de la consumación pulsional que se alcanza, paradójicamente, en la anorexia por restricción.
Dos modalidades en las que la anorexia aparece:

  • como formación o manifestación “sintomática”

  • como expresión de “falla en la estructuración subjetiva”: Se refiere a las dificultades que se producen en la construcción de la identidad del sujeto, que durante el tiempo de reposicionamiento que implica la adolescencia adquieren especial fuerza o importancia.


Anorexia como formación sintomática

Muestra la disociación radical entre sujeto y deseo. Y es en el síntoma donde se pone en juego el deseo y su conflicto con el goce. Son las mujeres las que con mayor frecuencia presentan esta problemática, especialmente en un momento de cambios radicales en el sujeto como es la pubertad y la adolescencia. Los cambios puberales enfrentan a aquellas transformaciones que llevan al sujeto a la constatación de su deseo como sexuado. El devenir niña - mujer implica un largo y trabajoso duelo.

Cuando hay rehusamiento de lo femenino se produce una disyunción entre el cuerpo mediatizado por el significante, la imagen del cuerpo y el organismo, convirtiéndose en siniestro, reflejando aquello que da cuenta de la mirada de un otro. En el espejo de la anoréxica la sexualidad desaparece. Aquello que debería quedar invisible queda visible, no adquiere el velamiento amoroso que recubre lo sexual.



La anorexia en su vertiente neurótica se presenta como expresión de las dificultades en la asunción de la genitalidad y de lo femenino. Es en el momento de los cambios puberales que el cuerpo denuncia formas de mujer y se constituye en una de las exigencias de trabajo psíquico la asunción de la genitalidad.

El conflicto aparece fundamentalmente expresado a nivel del cuerpo y de la imagen del mismo con escenas con un componente altamente autoerótico centrado en la circulación a través del tracto digestivo del alimento, en un control constante de lo tragado y lo expulsado. Esta complejidad se presenta, justamente, en un momento de la vida de un sujeto que implica la búsqueda para sí de un lugar simbólico y singular, la adolescencia. Entonces, este cuerpo de la adolescencia vehiculiza interrogantes acerca de qué quiere el Otro y respecto de qué es ser mujer.

La anorexia ofrece descompletar al Otro con su propia pérdida. La desmentida coloca un cuerpo ofreciendo el ideal estético por su delgadez extrema, delgadez que nunca se alcanza.

Es en el adelgazamiento y en la distorsión de la imagen corporal (esa distancia que nunca puede achicarse entre cómo están y cómo se ven físicamente), como despliegue sintomático, donde se implementan recursos a través de los cuáles las adolescentes hablan y dicen de su sufrimiento. La preocupación por el peso muestra la transposición del conflicto y vehiculiza interrogantes acerca de qué quiere el Otro, encontrándose allí como respuesta la falta del Otro ofreciendo sus propias pérdidas, que siempre son de aquello que denuncia la sexualidad.

Las adolescentes muestran la implicancia neurótica entre la identificación imaginaria y la imagen especular, el trauma, la culpa y el síntoma. El cuerpo es pues escenario y actor de una dramática oculta al sujeto, escenario que es marca de una historia, un tiempo, un espacio de un recorrido libidinal que mostrado ante otro se dirige al Otro. La anorexia aquí es la contracara de un duelo inacabado y desmentido.



Cuando la anorexia es una formación sintomática, la anorexia funciona como una provocación dirigida al Otro, como un interrogante sobre su deseo. El eje central es cómo faltarle al Otro, es decir: cómo poder escribir en el Otro una falta, cómo poder hacerle desear
La Anorexia como expresión de las “patologías del acto”

El pasaje al acto no necesita de la mirada del Otro y consiste en la separación radical de la escena, del Otro. En las patologías del acto, la impulsión o la tendencia a recurrir al acto, en sus dimensiones acting out y pasaje al acto, es el recurso utilizado en forma prioritaria en tanto si bien el sujeto en estas problemáticas habita el lenguaje no puede apelar al mismo.

En las patologías del acto, la impulsión es la tendencia a actuar negativamente, en contra del cuerpo y/o del sujeto. Estos recursos son utilizados cuando el sujeto no puede apelar a lo simbólico y un afecto de intensidad desbordante hace imposible todo procesamiento psíquico.

Respecto de la distorsión de la imagen corporal:

La percepción alterada que las adolescentes tienen de sí es del orden de una perturbación provocada por un ideal que nunca se alcanza. La anoréxica en busca de lograr un ideal de extrema delgadez borra todas las formas, predominantemente las sexuales. El cuerpo es subsumido íntegramente a una imagen, predominando sentimientos de desvalorización.

Aun cuando se encuentran seriamente desnutridas, y extremadamente delgadas, se sienten y se muestran decepcionadas con su cuerpo; siempre ven un exceso en el mismo. Dos maneras de ver ese cuerpo: la percepción que se tiene de sí y la manera en que el otro las percibe y decodifica. Esta decodificación queda del lado del Otro, en cambio otro anoréxico no re-interpreta.

Las pacientes, a pesar de su delgadez, ven alguna parte del cuerpo distorsionada: un defecto que aparece en lo Real, una desvalorización del Yo y un defecto en el gozar de la vida.

La alteración puede expresarse a dos niveles:

a) Una alteración perceptual, que se manifiesta en la incapacidad de las pacientes para estimar con exactitud el tamaño corporal

b) Una alteración cognitivo-afectiva hacia el cuerpo. Que se manifiesta por la presencia de emociones o pensamientos negativos por culpa de la apariencia física.

Podríamos definir como distorsión de la imagen corporal al “desajuste entre aquello que la adolescente dice de sí y los parámetros establecidos para evaluar el peso esperable en cada ser humano”, considerando el fenómeno de la distorsión de la imagen corporal como expresión de la distorsión perceptual y la insatisfacción consigo mismo.
Las “patologías del acto” muestran que algo no tramitado y sin anclaje en la palabra retorna como una búsqueda “loca” de salida ante la angustia a través del acto, como acting out o pasaje al acto, o encarnándose en el cuerpo, en procura de encontrar un lugar simbólico propio, pero, como este accionar lleva el sello inconfundible de la pulsión de muerte el fracaso es inevitable, quedando al sujeto en un oscuro callejón que sólo puede conducir a “nada” de deseo.
ANOREXIA, BULIMIA: NUEVAS FORMAS DE SUBJETIVACION

Pareciera ser que la anorexia y la bulimia constituyen formas muy peculiares que plantean ciertas adolescentes de cómo se sitúan en torno a la feminidad y a la sexualidad. Sabemos que la adolescencia es un fenómeno cultural, individual y vincular muy propicio para desarrollar conductas ligadas a la acción, es decir fenómenos que son una respuesta que da el sujeto frente a lo imposible de decir. Es un momento de profunda desestabilización del cual no se sabe cómo saldrá parado el individuo.
La sociedad actual: Caída de una serie de certezas que en la modernidad servían de apoyatura a un conjunto de ideales que se ofrecían como sostén y anclaje de los hombres y sus sociedades. Los jóvenes de hoy se enfrentan a un doble desborde: no hallan bordes en lo social (por la caída de ideales); por el otro existe un desborde pulsional por la irrupción de la tensión genital, que corta ligaduras representacionales y ocasiona un trauma psíquico en donde faltan palabras.

La alimentación: Es ante todo una actividad vincular. El niño desarrolla sus experiencias inaugurales de contacto con otro significativo a través del acto alimentario e incorpora no solo alimento a su organismo sino también a su mente. Con el tiempo el niño irá transformando la dimensión especular de la alimentación en un acto simbólico por medio del cual incorpora y adquiere también una identidad cultural, religiosa y grupal.
Aunque la palabra Anorexia significa etimológicamente falta de apetito; en la clínica no se evidencia tal pérdida de apetito hasta luego de haberse instalado fuertemente la enfermedad. Por el contrario lo que se observa es una tenaz oposición a la ingesta de alimento. Lo que determina a la paciente anoréxica a dejar de comer es descorporizarse. Hay distorsión de la imagen corporal.

La paciente anoréxica aspira a una utopía, la de ser un esqueleto viviente; se trata de un ideal puramente especular y virtual, que actúa en sintonía con el discurso del capitalismo tardío. La enfermedad le otorga una identidad: “soy anoréxica”. La anorexia es un intento de control de los impulsos de voracidad.

La Bulimia Nerviosa es un cuadro caracterizado por la alternancia de períodos de restricción alimentaria con episodios de ingestas copiosas; seguidos por conductas compensatorias inapropiadas para anular la ganancia de peso (ejercicio físico intenso, ayunos, purgas). El patrón común en la bulimia nerviosa es la sensación de descontrol.

La búsqueda de la delgadez significa una manera de controlar a ese nuevo cuerpo (el de la pubertad) que no puede dominarse


La relación temprana con la madre en la construcción de la subjetividad

No cabe duda de la importancia de la sensibilidad de la madre para la regulación de la capacidad discriminatoria del infante entre sensaciones corporales y estados emocionales. Es la madre, investida como modelo, la que garantiza el sentimiento de existencia y también aquella que otorga cualidades y matices.

Se da la identificación primaria, un estado de fusión entre el bebé y el objeto (vivido como parte del yo); una relación narcisista en la que madre y el bebé se sienten completos (sentimiento oceánico). Estas identificaciones atañen al ser y su desarrollo implica que el yo ha alcanzado un sentimiento de existencia, de ser un sujeto para el otro. Cuando este proceso fracasa, el goce que obtiene con el atracón y el vómito lo fijan a esa posición, donde encuentra algo que lo asegura y por lo cual ¨es¨.



La subjetividad se construye, entonces, a partir de la relación con otro (la madre). El niño aceptará la demanda de la madre de ser alimentado o no, no tanto por el objeto en sí, sino por el hecho de decir sí o no al Otro.

Lacan decía en relación a la anorexia, que la madre “confunde sus cuidados con el don de su amor” y por lo tanto, se entromete y ahoga al niño con su “papilla asfixiante”. Esto es una madre que lejos de dar lo que no tiene (la falta) suministra lo que sí tiene (la comida) y el bebé al negarse a satisfacer la demanda de la madre, intenta exigirle a la madre que tenga un deseo por fuera de él.

Spitz demostró que lo que alimenta al niño es más el amor que la comida. Estudió cómo incide sobre la vida o la muerte del bebé la presencia de la madre.

Winnicott plantea que para el advenimiento de un verdadero self es requisito fundamental que el bebé cuente con una madre empática y un ambiente facilitador que lo sostenga (holding) frente a la no integración y desorganización primitiva. El ¨sostén¨ permite integrar mecanismos psíquicos y constituir una relación de objeto. Winnicott sostiene que el vacío primario es un requisito previo al anhelo de recibir algo dentro de sí, de ¨ser llenado¨. Estos pacientes poseen ¨miedo al derrumbe¨ entendido éste como una falla en la organización de las defensas que sostienen al self. El self organiza defensas para evitar el derrumbe de su organización psíquica pero nada puede hacer si tal derrumbe proviene de un hecho externo como la falla ambiental (ausencia de madre empática).

Las pacientes con anorexia y bulimia sienten el terror al vacío ya experimentado y vivenciado como agujero que se intenta controlar mediante el no comer (anorexia), y que fracasa en el descontrol de un atracón (bulimia). Así, se repite una actitud materna en la cual el sujeto se tapa, se ahoga. Se trata de una actitud descualificada de afectos a donde la paciente se da de baja a sí misma, sin sentimientos negativos, pero sin haber podido construir su subjetividad y desestimando su propio sentir –tal como su madre-; donde el temor a la muerte no existe porque la muerte ya aconteció.




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