Parciales cátedra Barrionuevo


Articulación entre en Falo, el Complejo de Castración y el registro simbólico



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Articulación entre en Falo, el Complejo de Castración y el registro simbólico: Lacan, en sus primeros seminarios, se dedica a trabajar las conceptualizaciones freudianas “Retorno a Freud: mostrar cómo el postfreudismo, según él entendía, mal interpretaba los conceptos freudianos. Por lo que leemos en Freud sabemos que la dialéctica gira en torno a tener-no tener el falo. Para Freud el tránsito por el Complejo de Edipo se da en estos términos, siendo el complejo de castración agente de la entrada al complejo de Edipo en la mujer, mientras que en el varón opera permitiéndole la salida del mismo. Es decir que la mujer entra por decepción mientras que el varón sale por temor. Freud dice así: “la niñita acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación.”1 El complejo de castración es nodal para comprender, no solo, la manera en que se articula el falo en la estructura subjetiva, sino además como el falo establece una legalidad significante. Para Lacan el falo es un significante, es decir que el falo es algo que no se tiene materialmente, no es algo aprehensible, no se lo puede agarrar, sino que se lo comprende en términos simbólicos. Esto quiere decir que opera desde otro lugar, es decir desde su ausencia. Lacan en su seminario 5 nos dice claramente: “De lo que aquí se trata es del nivel de la privación. Ahí el padre priva a alguien de lo que a fin de cuentas no tiene, es decir, de algo que sólo tiene existencia en cuanto símbolo.2 Lógicamente, Lacan dirá posteriormente que no se puede castrar a la madre de algo que no tiene, sin embargo, para privarla de algo, es necesario que ese algo esté simbolizado.

En las referencias freudianas encontramos una relación triangular, entre el padre, la madre y el niño. Lacan, establecerá que la relación ternaria necesitará de un cuarto elemento que actuará como articulador de aquello que ocurre en la relación triádica. Ese elemento es el falo.



En la ecuación pene=niño o falo=niño; de aquí entendemos que el lugar al que viene el niño es al lugar de la falta de la madre. Es decir que por medio de su propia falta brinda alojamiento al niño. La madre podrá brindar los cuidados necesarios, el alimento, la protección, pero en el fondo es necesario que le brinde su propia falta a ese nuevo ser, debe poder alojarlo, y su falta tiene origen en su propio complejo de castración. Así podemos comprender que de lo que se trata en la estructuración subjetiva tiene que ver directamente con la ausencia. Es decir que es en función de que algo falta que se estructura el aparato.

La resignificación de la castración en la adolescencia: La castración en la adolescencia pone en cuestionamiento la estructura del aparato psíquico. Freud nos dice que el encuentro con el otro sexo es un encuentro traumático, un encuentro con la castración, debido a que el sujeto se encuentra en una situación que no puede resolver fácilmente.En términos metapsicológicos la dialéctica del tener-no tener el falo también surge en la adolescencia. En este período de la vida, este segundo encuentro traumático cuestiona la solidez de la estructuración psíquica ocurrida previa al período de latencia. Es la resolución de este encuentro lo que va a permitir al sujeto continuar con una vida anímica “normal”, ya que se ha observado clínicamente, en casos contrarios, puede producirse una desorganización psíquica que conduce al sujeto a cuadros psicóticos, por ejemplo la esquizofrenia. Podría entenderse a la adolescencia como un segundo momento resolutivo que reafirma aquellos procesos psíquicos ocurridos en la infancia. De lo que se trata en la adolescencia, es de la capacidad de resolución que tiene el sujeto, de un conflicto con aquellos instrumentos que no tiene, es decir, con aquello que le falta.

El falo opera como un instrumento de atracción, que es preciado y buscado por el sujeto. Lacan en el Seminario 5 nos comenta en la clase de “Los sueños de aguamansa” que tanto el hombre como la mujer juegan a tener o no tener el falo, al mejor modo histérico. En este caso, este juego se precipita ante la carencia y justamente por no tenerlo es que se permite jugar a tener o no tener el falo. Dice Lacan: “He mencionado el velo con que mucha regularidad cubre el falo en el hombre. Es exactamente lo mismo que recubre normalmente a la casi totalidad del ser en la mujer, en la medida en que lo que ha de estar precisamente detrás, lo que está velado, es el significante del falo. El descubrimiento solo mostrará nada, es decir, la ausencia de lo que es destapado y con esto precisamente está vinculado lo que Freud llamó, a propósito del sexo femenino, el Abscheu, el horror que corresponde a la propia ausencia.3 En este sentido el adolescente, en muchas ocasiones, se comporta supliendo carencias al modo de formaciones reactivas que ocultan las falencias. Estamos ante la presencia del falo simbólico y esta carencia es la que posibilita la posibilidad de una suplencia. El problema, dice Lacan en sus estudios sobre las psicosis, es en tanto el sujeto se hace equivalente al falo, en tanto no hay corte y no se produce la castración simbólica.
FICHA DESEO Y FANTASMA:

Autores: José BARRIONUEVO, Roxana CAPANO y Magalí Luz SÁNCHEZ


Acerca del deseo: El deseo es desde el psicoanálisis concepto nuclear de toda consideración posible de sujeto. Los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, para poner algunos ejemplos de producciones psíquicas, son motorizados por el deseo que se realiza en la reproducción alucinatoria de las percepciones (huellas mnémicas), que se han convertido en signos de esta satisfacción. Como afirmación inicial podemos decir que el deseo freudiano está ligado a signos infantiles indestructibles.

Diferenciar necesidad, demanda y deseo.

A través de un comportamiento típico de cada especie, o instinto, el ser vivo se las ingenia para encontrar el objeto de la necesidad adecuado a la supervivencia del individuo y de la especie, buscando un objeto determinado con el cual satisfacerlo. En el caso del humano no hay objeto adecuado para aquello que Freud define como pulsión, a diferencia del instinto animal, y considera al objeto como objeto perdido desde el inicio.

Cuando el niño llora su madre interpreta dicho llanto como una demanda y responde a ella. Esto es lo que sucede en el mejor de los casos, en lo esperable. El llanto supone una demanda significante del niño, por lo cual la demanda tiene significación en el lenguaje. Con la interpretación que construye, la madre introduce al niño en el campo de la palabra y de la demanda. Comienza lo específicamente humano, porque no es sólo eso, la teta y la leche, lo que el niño pretende, o para decirlo más claramente: no es una necesidad. Recibe el pecho, toma entre sus labios el pezón de su madre, toma unos traguitos y se pone a chupetear, a juguetear con él. “¡Ya se envició el niño, sólo quería jugar con la teta!” dirían las abuelas, “¡Está jodiendo, no tiene hambre!” dirá el padre, celoso ante tanto franeleo. Allí accede el niño al deseo propiamente dicho: el “tener” el pezón, “tomar” el pecho. Se aísla como deseo en tanto es frustrado de él, en tanto la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de la demanda. El deseo adviene entonces más allá de la demanda, como falta de un objeto, falta inscripta en la palabra y efecto de la marca del significante en el ser hablante. Se diferencia de la necesidad en cuanto ésta surge de un estado de tensión interna que encuentra satisfacción por acción específica que procura el objeto adecuado. El apetito se satisface con el alimento, es decir que se dirige a un objeto determinado con el cual se satisface. Cuando la necesidad es satisfecha, hasta que surja otra necesidad, deja de inquietar o motivar al sujeto. El deseo inconsciente, es propio de cada sujeto y no de la especie, y, a diferencia de la necesidad, no tiene que ver con la supervivencia y la adaptación, no se puede olvidar porque es esencialmente insatisfecho y en su surgimiento mismo está motorizado por la pérdida. La experiencia de satisfacción deja en el ser hablante una huella mnémica imperecedera, de tal modo que cuando

el estado de necesidad vuelva a surgir, el sujeto no espera a que el Otro le aporte el objeto de la necesidad, sino que en ese momento surge también un impulso que catectiza la huella que dejó la primera experiencia de satisfacción provocando su reaparición bajo forma alucinatoria. La evocación de la huella mémica, la percepción enlazada con aquella primera satisfacción, es lo que Freud definía como deseo y la reaparición de la percepción bajo forma alucinatoria es la realización del deseo.



Lacan aclara la diferencia sosteniendo que la necesidad se plantea en el terreno de la biología y alcanza su satisfacción. Por lo contrario el deseo no se satisface sino que “se realiza” como deseo y está en relación con una falta. Y en tanto no se desea lo que uno ya tiene es siempre, metonímicamente, deseo de otra cosa.
En el Seminario 11 Lacan sostiene que el deseo del hombre “es el deseo del Otro”, lo cual se entiende como que el sujeto quiere ser objeto del deseo del Otro y objeto de reconocimiento también. Que el deseo surge en el campo del Otro, en el inconciente, lleva a considerar la condición de producto social del deseo, puesto que se constituye en relación dialéctica con los deseos que se supone tienen otros. Es el deseo del Otro, y si bien se constituye a partir del Otro, es una falta articulada en la palabra y en el lenguaje. Así el niño queda pegado al deseo del Otro materno, y es con la articulación del deseo con la ley, definiéndose la castración materna a través de la metáfora paterna, que el niño queda liberado del goce del Otro. Esta doble operación lógica lleva el nombre de alienación -separación, y Lacan sostiene que el sujeto se constituye, justamente a partir de esta última.

La alienación tiene como finalidad la inscripción del sujeto en el registro de lo simbólico. Este sólo puede surgir en el campo del Otro, quien lo nombra, lo funda como tal y ocupa un lugar que intenta velar una falta que es inherente a la estructura del Otro. Esta operación remitiría a aquel momento en el cual no hay sujeto dividido, momento en el que el infans se ubica en el lugar de lo que supone al Otro materno le falta, obturando dicha falta. Es necesario que en este momento el niño sea lo que el Otro materno desee, que se ubique en el lugar de falo materno. Sin embargo, para que la operación se complete y así poder hablar de un sujeto, $ (sujeto tachado), sujeto del psicoanálisis, es necesario la intervención de un tercer elemento: el significante del Nombre del Padre (NP), que cumplirá la función de corte, de separación. Justamente de separación entre el infans y la madre, acotando el goce materno, que de no inscribirse este significante, fagocita a ese pequeño. Sólo cuando la función paterna opera y separa, se puede hablar de sujeto. En consecuencia, para que el sujeto advenga simbólicamente, ese pequeño a (otro) debe caer o sea separarse, quedar como resto que opera como causa que estructura el deseo. Entonces, es la instancia de la separación la que presenta en si misma una contradicción: revela la falta del Otro dado que, por estructura, el objeto está perdido, y ofrece un lugar en tanto que hay algo que al Otro le falta.
Sobre el fantasma: El concepto de fantasma lacaniano se plantea en la intersección entre deseo y la construcción de la realidad por parte del sujeto. Lacan define fantasma integrando la noción de perspectiva que incorpora la presencia del sujeto en la escena, pues es desde su mirada que la misma se produce. Cuestiona el modelo cartesiano de objetividad, sin contaminación del hombre. Critica el planteo de Descartes de sujeto unificado, amo de su pensamiento. De allí deriva la exigencia de “objetividad” de las ciencias, y significa la exclusión del observador del campo a observar. El observador cartesiano tiene como objetivo registrar los elementos de la organización del espacio estudiado sin incluirse él mismo en la escena del mundo observado. En el Renacimiento se produce un cambio en el espacio y en el sujeto, modificándose la concepción del mundo como algo finito, cerrado y jerárquicamente ordenado. Y con la definición de un mundo indefinido e infinito se construye la noción de perspectiva, aplicándose en las ciencias y en las artes. La perspectiva permite representar figuras de tres dimensiones sobre una superficie plana, lo cual es resultado, para la mirada del observador, de la articulación de tres cuestiones principales:

1.- posición del observador

2.- línea del horizonte

3.- punto de fuga, o lugar del horizonte donde se juntan las líneas de fuga convergiendo en un punto.

En tanto el punto de fuga es elegido arbitrariamente por el pintor, el arquitecto, o quien sea que dibuje una figura en perspectiva, dicha condición, unida a las tres cuestiones principales para la representación de una figura, lleva a Lacan a considerar la inclusión del sujeto en cuadro, maqueta, o dibujo realizado en perspectiva. De esta forma Lacan cuestiona la noción cartesiana de “sujeto unificado”, en tanto que el sujeto está en dos lugares, en el punto de vista u ojo del observador, y en el punto de fuga.

Como primera afirmación sostiene Lacan que el fantasma es respuesta al interrogante acerca del deseo del Otro, al Q´ voi (¿Qué me quiere?).

¿Por qué y cómo surge el interrogante en el sujeto acerca del deseo del Otro?

Surge a partir de los significantes que vienen de éste, primordialmente el Otro materno en cuyas palabras siempre hay algo incomprensible, en los intersticios de su discurso siempre surge el enigma de su deseo: “me dice tal cosa…pero… ¿quiere realmente lo que dice?, ¿o me está queriendo decir otra cosa?”

Lacan en el seminario 10 plantea que el “sujeto tachado se constituye en el lugar del Otro como marca significante. Inversamente, toda la existencia del Otro queda suspendida de una garantía que falta, de ahí el Otro tachado. Pero de esa operación hay un resto, es el a4.



Entonces, es desde “la escena del Otro, donde el hombre como sujeto tiene que constituirse, ocupar su lugar como portador de la palabra, pero no puede ser su portador sino en una estructura que, por más verídica que se presente, es un estructura de ficción5. Nos encontramos con el fantasma, concepto propuesto por Lacan, que cumple la función de “asegurar un lugar en el Otro6, en el deseo del Otro, que “implica que el sujeto para tener consistencia se hace objeto7. Es decir, esto hace referencia a que es necesario que al Otro algo le falte, que se ponga en juego la demanda impartida por el Otro, demanda que llevará a la pregunta, al Q Voi? El niño armará una respuesta “me quiere para…, o porque…” Y se ubicará como ese objeto que supone al Otro le falta, completándolo. Pero es necesario que en algún momento ese niño no colme al Otro, que a pesar suyo al Otro le falte y en tanto le falta va habilitar a que se despliegue la pregunta en torno a qué es lo que realmente quiere de mí, porque dice que quiere esto pero en realidad no…:
“… era como que nunca le alcanzaba lo que yo hacía, por más que yo me haya quedado toda la noche haciéndole compañía … se terminaba enojando conmigo … lo que yo hago no alcanza… siempre se termina enojando … lo peor de eso era que sí volvía a estar mal yo volvía a hacer lo mismo…”
Sin embargo las cosas no son tan sencillas, porque el deseo se desliza, se escabulle, es un enigma, no tiene respuesta directa, la respuesta es la que construye el sujeto a través del fantasma, justamente tratando de responderse qué quiere el Otro de él, o de ella. Dicha búsqueda no cesa ya que el objeto de deseo nunca va a coincidir con el objeto causa de deseo, objeto a, objeto perdido para siempre, el cual va a ser recubierto por el fantasma pero al que es imposible acceder, nombrar, por la estructura misma.

Podemos decir que el fantasma es el resultante de las relaciones entre deseo y criterio de realidad del sujeto.
¿Por qué nos detuvimos a considerar la noción de perspectiva? Porque el interés de Lacan es estudiar cómo el sujeto construye la realidad y se ubica en ella en relación a los otros significativos y en función del deseo que al Otro adjudica para construir su propio deseo. La realidad es vista por el sujeto desde el fantasma, así como supongo que soy mirado así me veo, dicha mirada indicará el lugar que se ha ocupado en el fantasma materno. La misma habilitará la posibilidad de la construcción del moi (yo imaginario-narcisismo) cuerpo unificado. Hasta ese momento, la vivencia era la del cuerpo fragmentado, y es esa mirada la que otorgará la posibilidad de dicha unificación.

¿Qué sucede con ese cuerpo infantil frente a la irrupción pulsional en la pubertad?

Si la adolescencia se caracteriza como momento de irrupción y de cambios, el cuerpo como también la posición del sujeto se verán implicados. Esto llevaría a producir un nuevo trabajo psíquico que conlleve a investir libidinalmente este nuevo cuerpo ante lo real que irrumpe con la pubertad. Y por otro lado, el trabajo psíquico que implica asumir una posición sexuada (hombre o mujer). Según cómo el niño atravesó psíquicamente la infancia, contará con las herramientas simbólicas e imaginarias con las cuales intentará representar aquello que muestra este real. Como consecuencia la adolescencia es un período que se caracteriza por producir movimientos de vacilación en el sujeto, en el cual asumir una posición sexuada permitirá acceder a la exogamia, haber “atravesado” la castración del Otro que conjuntamente habilita hacerse cargo, responsable, del propio deseo.


El complejo de Edipo y el complejo fraterno en la adolescencia.


Complejoconjunto organizado de recuerdos y representaciones dotados de intenso valor afectivo
, parcial o completamente inconscientes.

Celosimpulsos tempranos de la afectividad infantil procedentes del complejo de Edipo o del Fraterno

Complejo de Edipo conjunto de investiduras amorosas y hostiles del niño sobre sus padres que posteriormente se reemplazan por identificaciones.

Lacan propone como esencial en la problemática la Metáfora paterna.




Metáfora PaternaFunción simbólica paterna que desplaza el deseo de la madre y produce una operación que define un significado= falo, castración simbólica.




Complejo Fraternoconjunto de afectos tiernos y hostiles dirigidos hacia los hermanos y luego pares (rivales) ubicados ambos en el lugar del otro significativo.

El vínculo con el OTRO significativo es de esencial importancia para la consolidación de la posición subjetiva en la adolescencia, sostiene nuevos procesos identificatorios y ayuda (con el Edipo) en la consolidación de la legalidad o superyó. Lacan compara este complejo con el del “Intruso” y sostiene que el hermano puede llegar a representar aquel otro rival que podría llegar a satisfacer el deseo de la madre. Lacan privilegia el complejo fraterno desplazando el Edípico ya que este último no incluye al padre en el conflicto central. Llega a la conceptualización del registro imaginario y propone la fase del espejo como trama de la constitución subjetiva en su función trascendental. El imago del otro está ligada a la estructura del propio cuerpo. El amor y la identificación caracterizan los vínculos fraternos. Aquellos al que el sujeto ubica en el lugar del OTRO significativo se constituyen como figuras de identificación y son medidas de pretensiones y anhelos en cuanto a lo que el adolescente “es” y lo que puede llegar a “ser”, sosteniendo su autovaloración y en consecuencia su identidad. Doble linealidad identificatoria que interjuega en la adolescencia, en la construcción del sentimiento de sí. C.E. (línea vertical, identificación con los padres) y C.F. (línea horizontal, identificación con los pares).




Cuatro funciones del complejo fraterno S
US-DEF-ELA-ESTRUCT

  1. F. sustitutiva: reemplazar y compensar funciones parentales fallidas (niña que busca al hermano mayor para que ocupe el lugar del padre/ o al hermano menor como hijo)

  2. F. defensiva: encubre situaciones conflictivas edipicas y/o narcisistas no resultas. Desplazamiento de sentimientos hostiles originarios contra los padres hacia los hermanos

  3. F. elaborativa: ayuda a la elaboración del C.E. y al Narcisismo. Interviene en el desasimiento de las figuras paternas (poder vertical), en el reconocimiento de los límites de la ilusión de la propia omnipotencia narcisista

  4. F. estructurante: influye sobre la génesis y mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos. Constitución del superyó e ideal del yo, elección del objeto de amor.

En la juventud es fundamental el trabajo psíquico de consolidación exogámica: trabajo, elección de carreras, etc.

Pregunta: Caracterice la Aodolescencia desde el contexto socio-cultural actual y explique el concepto en el abordaje de la misma. LIBRO capitulo 2 a partir de pag 79

Libro Barrionuevo

Definiciones

Duelo pág 74

Desmentida pág 75

Melancolía pág 76

DUELO Y MELANCOLÍA

Pareciera que el duelo y la melancolía tienen iguales características, exceptuando que en el segundo se produce una alteración del sentimiento de sí que se expresa en los autoreproches.



El duelo es la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía (y por eso sospechamos en ellas una disposición enfermiza).

Tanto en el duelo como en la melancolía encontramos componentes de cancelación por el interés de la realidad, improductividad, una desazón profundamente dolida y la incapacidad de amar.

La melancolía resultaría patológica, mientras que el duelo es un proceso normal ante la pérdida de un objeto amado.

Duelo: opera el examen de la realidad ha mostrado que el objeto ya no existe más, y que el sujeto debe desinvertirlo pieza por pieza. Ahora bien, el sujeto no resigna al objeto sin mayor oposición. Va a quedar escindido por el dolor, en un yo que acata la realidad, y en uno que la desmiente, en función del principio de placer, sobreinvistiendo cada recuerdo del objeto amado y perdido, produciendo las características típicas del duelo. Finalmente, si todo sale bien, y no se compensa la pérdida por vía alucinatorias, con grandes montos de energía, sobreinvestidura y clausura se produce el desasimiento pieza por pieza del objeto amado. El proceso culmina cuando el yo puede volver a disponer finalmente de esa libido, y reubicarla en el mundo sublimatoriamente o en otro objeto.

En la melancolía la pérdida del objeto es sustraída de la conciencia (en el duelo no hay nada inconsciente), acompañada de una rebaja del sentimiento de sí: se describe como indigno, moralmente despreciable, se humilla, se denigra, etc. El melancólico se ha identificado con el Objeto perdido, vía retracción libidinal, ha regresado a momentos canibálicos de la fase oral, devorando al objeto perdido, quedando indiferenciado del mismo. Se produjo un retiro de la libido de objeto, a una vuelta narcisista, transformando los reproches a la persona perdida en autoreproches.

Freud nos dice que la melancolía muchas veces se alterna con manía, siendo la última la que intenta desinvertir al objeto, mientras que la primera retenerlo en lo más profundo del yo.

En la melancolía hay otro componente que no aparece en el duelo y es la ambivalencia. Esta puede ser o bien constitucional, es decir inherente a todo vínculo, o bien aparecer ante la posible pérdida de objeto. De cualquier modo está instalada en melancolía, expresada por el amor y el odio al objeto amado. La pulsión de Eros va a intentar desinvertir al objeto, mientras que la pulsión de Tánatos va a intentar evitarlo. Así podemos ver, como la pérdida de objeto, la ambivalencia y la regresión de la libido al yo, son los 3 componentes de la melancolía.




1 Freud, Sigmund, Tomo XIX, pág. 186.


2 Idem, pág. 190.

3 Lacan, Seminario 5, pág. 392.

4 Lacan, J. (1962): Seminario 10. “La angustia”, clase IX “pasaje al acto y acting out” Pág. 127-128.

5 Op. Cit. Pág. 129.

6 Lombardi, G: “Vestigios clínicos de lo real”. Cap. 7 “Un buceo por el fantasma” de Gabriela Grinbaum, Pág. 65. Editorial JVE. Año 2002.

7 Op. Cit. Pág. 65.









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