Parciales cátedra Barrionuevo


La adolescencia supone una contundente conmoción estructural, un trabajoso replanteo de la identidad del sujeto



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La adolescencia supone una contundente conmoción estructural, un trabajoso replanteo de la identidad del sujeto.

La lectura psicoanalítica se diferencia rotundamente de la psicología evolutiva porque no piensa a la adolescencia como etapa o fase del desarrollo “normal” de un sujeto o como una secuencia de movimientos esperables.

El crecer se produce, pero lo psíquico no se explica con una legalidad equivalente a la que ordena lo orgánico. Si bien no niega lo cronológico, resalta el tiempo lógico como esencial, lo que implica considerar los conceptos de inscripción, transcripción, retranscripción, fijación y los movimientos pregredientes y regredientes, lejos de la linealidad de la temporalidad cronológica.


Pubertad: crecimiento que se produce y transformaciones que se manifiestan en lo corporal, crucial “metamorfosis”.

Adolescencia: conmoción estructural producida por la irrupción de lo real en dimensiones varias. Reposicionamiento del sujeto en relación a la estructura opositiva falo-castración.
Adolescencia como síntoma de las metamorfosis que experimenta en la pubertad el sujeto ante lo irrupción de lo real.

Síntoma manifestación perceptible de una complejidad estructural o manifestación que denuncia lo traumático de la sexualidad en tanto “dice” sobre algo que no puede ser puesto en palabras.

La adolescencia es un fenómeno esencialmente humano, del ser hablante y sujeto del Icc.
Adolescencia como semblante de las metamorfosis de la pubertad, como aquello que se presenta como apariencia pero que no debe ser descalificado como tal, en tanto el semblante que se presenta como lo que es, es la función primaria de la verdad. Semblante como reordenamiento de lo simbólico que puede tener expresión, o deducirse, en lo imaginario y en lo real.
Conflicto como constitutivo del psiquismo. En la conflictiva edípica se contraponen deseos contrarios y deseo y prohibición, lo cual se replantea con intensidad en la revitalización de lo edípico en la adolescencia.
Teoría del trauma. El punto de vista traumático fue cambiando en Freud y se integra más adelante en una concepción en la que intervienen otros factores, quedando incluido en una serie complementaria junto con la predisposición, que incluye lo endógeno y lo exógeno. Y finalmente, con la Teoría de la angustia, en el reordenamiento conceptual de la segunda tópica, adquiere nueva dimensión e importancia. La teoría del trauma que explica la aparición de una patología a partir de un acontecimiento es abandonada por Freud, no así el concepto de trauma. Las metamorfosis que se producen con el despertar de la adolescencia se plantean como traumáticas y plantean exigencias de trabajo al psiquismo del sujeto.
Resignificación o retranscripción: a partir de un segundo episodio puede traducirse, se recomprende como sexual el primero, que adquiere eficacia psíquica por el segundo (que lo dota de valor causal). Las transcripciones que se siguen unas a otras constituyen la operación psíquica de las épocas sucesivas de la vida. Una fundamental retranscripción se produciría en la adolescencia. A posteriori: en determinados momentos de la vida se resignifican sucesos o fantasías de épocas anteriores. En la adolescencia, ciertos recuerdos póstumos se volverían traumáticos, en el sentido de complejizantes (no derivarían necesariamente de vivencias sino de la eficacia de la constitución de ciertas estructuras psíquicas a las cuales se arriba en determinado momento y que transcriben recuerdos de los que no se puede fugar.


Con la tormenta de la pubertad, en una segunda oleada de la sexualidad con la acometida en dos tiempos de la vida sexual, se reactivarían fantasías edípicas incestuosas
articulándose esto con una transformación en el erotismo, en una combinación que provoca angustia por culpa y por miedo.


Temporalidad lógica  el pasado transformado en recuerdo cobra eficacia psíquica en doble movimiento: progrediente y regrediente, asignándole nueva significación a posteriori, reordenando y reestructurando el sentido al integrar los recuerdos dialécticamente en nuevas organizaciones. Se produce una reorganización del material psíquico desde modos anteriores de adjudicación de sentido, bajo la forma de regresión, y cada nueva experiencia reordenará o reestructurará el sentido de los recuerdos o de la experiencia anterior por retroacción.
La regresión está presente en el trabajo de duelo en cualquiera de los reposicionamientos del sujeto. Remitiría a los significantes orales, anales… de la demanda. No mostraría sino el retorno al presente de significantes usuales para los cuales hay prescripción.


La sexualidad es inexorablemente traumática


La pregunta acerca del deseo del Otro produce un impacto de carácter traumático

en tanto no existiría adecuación entre sexualidad y cultura,

siendo imposible armonizar las exigencias culturales y las de la pulsión sexual.

A este imposible se enfrenta el sujeto adolescente, agregándose a esto que

al hacerse obsoletos los emblemas identificatorios que sostienen el propio sentimiento de sí

(o debilitados), el duelo adquiere especial magnitud.

Los adolescentes comienzan a pensar en el otro sexo por el despertar de sus sueños, fantasías o ensoñaciones.

Pero lo real de la pubertad también es la aparición de los caracteres sexuales secundariosla modificación de la imagen del cuerpo. Es en 2 planos, el del cuerpo como objeto pulsional y el del cuerpo como imagen, que la pubertad viene a trastocar, a conmover al sujeto.
Lo real es lo estrictamente impensable, aquello que vuelve al mismo lugar, no existiendo esperanza de alcanzar lo real por medio de la representación en tanto comporta la exclusión de todo sentido. Escapa a las posibilidades de ser pensado, de ser puesto en palabras, irrumpe de pronto y resiste los esfuerzos del sujeto por intentar asirlo, de ponerle significación: no puede ser simbolizado. Ante lo real, el sujeto puede responder en lo real o en lo imaginario.
La sexualidad agujerea lo real. En cuanto al acceso al otro sexo no hay nada programado o definido de antemano, o sea que la sexualidad siempre tiene fallas, nadie tiene el saber ni pleno éxito en ella, y en tanto nadie zafa bien, “no hay relación sexual”.
Con la pubertad se impone al sujeto un tiempo crítico de revalidamiento fálico en el movimiento de resurgimiento del erotismo genital en una alternativa que implica al cuerpo y, como toda disrupción, hace presenta la angustia que irrumpe ante lo irreductible de lo real, la muerte en sus diversas dimensiones: del cuerpo del niño que fuera, de la identidad infantil, de los padres de la infancia.


El sufrimiento amenaza al sujeto durante la adolescencia
por tres vías:


  • Desde el propio cuerpo. Con las transformaciones en el orden del cuerpo en la pubertad enfrentando al dolor y a la angustia producida la desestructuración de su imagen corporal y debiendo enfrentar la irrupción impetuosa del erotismo genital.

  • Desde el mundo exterior, que se manifiesta en la furia y en el poder destructivo con que cae sobre el sujeto. Se agrega la complejidad de las condiciones de vida imperantes en tiempos del capitalismo tardío.

  • Desde los vínculos con los otros seres humanos, fundamentalmente en la línea del Complejo de Edipo y en la del Complejo Fraterno. El padecer de esta fuente es sentido como el más doloroso.


Por estos 3 lugares se presenta lo real, en tanto los contundentes cambios en las dimensiones del mundo exterior o de los vínculos con los otros, o en el desconocimiento en cuanto a aquello que se presenta desde lo real sexual, imponen pertinentes trabajos psíquicos para su procesamiento.


Ante el desorden del mundo, el sujeto intenta imponer “la ley de su corazón”, poner nuevo orden desde el narcisismo, y queda de esta forma prisionero de su propio narcisismo. Frente a la irrupción de lo real, se da una respuesta desde el narcisismo.
Ante lo irreductible de lo real, el desconocimiento como función desde el modo de lo imaginario sería una posible respuesta. Este concepto remite al concepto de desmentida de Freud como mecanismo defensivo que condensa la oposición ante la exigencia de reconocer un juicio, traumático, que se refiere a la pérdida del objeto, juicio que es reconocido o aceptado, coexistiendo la renuencia a aceptar lo enunciado en el juicio de realidad. Se da un interjuego entre reconocimiento y desautorización que deriva en la construcción de fantasías, juicios diversos o argumentación discursiva en refuerzo de la lógica del yo placer; o bien ubica un fetiche ante la falta inquietante.

Lo imaginario es el primer efecto de la estructuración del sujeto por el otro. Se refiere a la fascinación o captación especular en el niño de la propia imagen como unificada.

El orden simbólico opera como determinante, como legalidad, en cuanto a la posición del sujeto en relación al Otro que está regulada o mediada por un código o sistema de reglas y convenciones del orden simbólico que permite estructurar el intercambio a partir del lenguaje.
Otro. Lugar de la convención significante que determina simbólicamente al sujeto. Además, es la otra localidad psíquica, el inconciente, que confronta al sujeto con algo que está más allá de su control por su pensamiento o en su decir. Lo inconciente, como otro orden, condiciona y determina al sujeto.  El sujeto no es centro sino que está sujetado, determinado o condicionado por el inconciente como otro orden, y lejos de ser síntesis o unidad está marcado por la escisión conciente-inconciente.
El sujeto está triplemente determinado por lo real, lo simbólico y lo imaginario, y ninguno de los tres registros prevalece por sobre los otros, uno no es sin los otros. Además del registro real propiamente dicho, lo real está presente en cada uno de los registros como núcleo. En el centro del nudo borromeo, el lugar donde se superponen los 3 registros, se ubica el objeto a, que es sobre lo que el fantasma escribe desde lo real, desde lo simbólico y desde lo imaginario, y desde allí sirve de respuesta al interrogante acerca del deseo del Otro.
La finalización de la latencia está marcada por el despertar del erotismo genital que enfrenta al sujeto a una definición respecto de una posición sexuada, elaboración que frente a la pulsión, ante lo real de la sexualidad, es un aspecto fundamental en la tarea de reposicionamiento subjetivo.


La pubertad es tiempo de irrupción de goce


Lo real de las transformaciones en el cuerpo para las cuales no hay palabras que alcancen para significarlas promueve una exigencia de trabajo psíquico con el que el púber se encuentra, y es desde la consistencia del tejido simbólico-imaginario con el que el sujeto cuenta que se puede responder a los embates de lo real de la sexuación. Lacan destaca la importancia del lenguaje para dar razón del sexo.


Cómo vérselas con lo desmedido en diversos órdenes es la tarea del adolescente intentando descubrir y colocar nuevas medidas ante el desorden. Se procura descubrir nuevo orden significante ante lo desmedido de lo real del propio cuerpo y en cuanto a nuevas e importantes dimensiones en el mundo que enfrenta y que le exigen nueva posición como sujeto.
La transformación en el cuerpo, ya no como aquel cuerpo de la infancia, un cuerpo real “sexuado”, diferente y en un comienzo ajeno, se presenta al sujeto como exigencia de trabajo psíquico en el despertar de su adolescencia.

Tener que vérselas con un nuevo cuerpo
y con nuevas formas de goce,

inicialmente en cuanto a su propio cuerpo

y luego en el contacto con otro cuerpo

es el centro del trabajo que enfrenta el sujeto en la adolescencia

ante el resurgimiento del erotismo genital.

Con la metamorfosis de la pubertad, se producirá un reordenamiento de lo preexistente en diversos órdenes: hay una orientación hacia una subordinación de las pulsiones parciales al placer final como nueva meta sexual; y se plantean cambios en el vínculo con el otro, con ese otro ubicado en el lugar de objeto, a partir de las transformaciones en el propio cuerpo sexuado. En lo esperable, el autoerotismo se integraría a un placer mayor, más satisfactorio, que lo subsume y que incluye o permite la presencia de un partenaire sexual.
También a otros en la familia y no sólo al adolescente conmueven las transformaciones del niño que antes fuera. Y se conjugan la admiración y el rechazo, y se detiene la mirada ante el antes pequeño ser que se vuelve “grande” y se afina el olfato ante los olores que son expresión de una sexualidad desmadrada. El clima familiar se enrarece con la instalación del “nuevo” hijo adolescente, con miradas sorprendidas, inquietas, censuradoras u hostiles que se cruzan, y con diálogos en los cuales se expresa la ambivalencia. Con adolescente nos referimos a un sujeto y no a un “proyecto de”, para cuestionar la clásica oposición adolescencia-adultez que supone una disimetría sustancia.


La adolescencia no es sólo un fenómeno individual
,

sino que es un fenómeno complejo.

Además de ser individual, en tanto se produce en cada sujeto como algo propio e ineludible,

lleva el sello del medio cultural, social e histórico desde el cual se manifiesta.


Según Aberasturi, es el momento más difícil de la vida del hombre, necesitándose libertad adecuada con la seguridad de normas que ayuden a adaptarse al sujeto con su ambiente y con la sociedad sin que se provoquen grandes conflictos. La adolescencia supone desequilibrios e inestabilidad extrema, y ello configuraría el Síndrome de la adolescencia normal, perturbador para el mundo adulto pero absolutamente necesario para el adolescente, quien en este proceso consolidará su identidad (manifestaciones: búsqueda de sí mismo y de su identidad; tendencia grupal; necesidad de intelectualizar y fantasear; desubicación temporal; evolución sexual manifiesta; actitud social reivindicatoria; contradicciones en manifestaciones conductuales, predominio de la acción; separación progresiva de los padres; intelectualización del conflicto como tentativa de manejar los procesos pulsionales en un nivel psíquico diferente). Surge como producto de los movimientos propios de la adolescencia a nivel individual, en el contexto de la interacción del sujeto con su medio.


Duelos en la adolescencia

  • POR EL CUERPO INFANTIL. Los cambios corporales provocan sensaciones de extrañamiento en cuanto a lo que ocurre en y con su propio organismo.

  • POR EL ROL Y LA IDENTIDAD INFANTILES. Obliga al adolescente a renunciar a la dependencia y a la aceptación de responsabilidades que muchas veces desconoce.

  • POR LOS PADRES DE LA INFANCIA, que fueron refugio y protección. Este trabajo de duelo se conjuga con el duelo de los propios padres que deben enfrentar la caída de la posición de saber y de omnipotencia frente a sus hijos.



La adolescencia es un periodo de contradicciones, confuso, ambivalente, doloroso, caracterizado por la existencia de fuertes fricciones con el medio familiar y social. El adolescente con su aparición provoca una verdadera revolución en su medio familiar y social, creándose conflictos generacionales no siempre bien resueltos.


WINNICOTT. Los jóvenes salen, en forma torpe y excéntrica, de la infancia, y se alejan de la dependencia para encaminarse a tientas hacia su condición de adultos. El crecimiento no es una simple tendencia heredada, sino, además, un entrelazamiento de suma complejidad con el ambiente facilitador. Si en la fantasía del primer crecimiento hay un contenido de muerte, en la adolescencia será de asesinato, dado que crecer significa ocupar el lugar del padre. En la fantasía Icc, el crecimiento es intrínsecamente un acto agresivo.
RODULFO. No existe en absoluto la adolescencia fuera de lo occidental, conforma un síntoma subjetiva de dicho cisma, una de sus manifestaciones más recientes. Adolescencia como síntoma del cisma del contexto histórico-social-cultural.
PICCINI VEGA. Momento que exige una transformación para lograr poner palabras a aquellos acontecimientos nuevos que se presentan desde lo real y que el joven no puede representar psíquicamente. La adolescencia es expresión de las vicisitudes que se desencadenan ante lo real que encuentran a un sujeto con carencia o fragilidad de representaciones y dificultades para pone en palabras la conmoción que provoca.


  • Reposicionamiento del sujeto en relación a la estructura opositiva falo-castración en cuanto a la ubicación con respecto del objeto a en procura de descubrir su propio deseo.

  • Encrucijada en la vida del sujeto.

  • Contundente conmoción en la identidad o sentimiento de sí, que plantea la exigencia de elaboración de procesos de identificación y de desidentificaciones en procura de lograr para sí un lugar propio, diferente al del niño que antes fuera (pegado o abrochado al deseo de los padres).

  • Nuevo tránsito por Edipo y castración a partir de la confrontación del sujeto con el despertar del erotismo genital o con formas de goce ante lo cual encuentra discreta aceptación y fuertes prohibiciones.

  • Escenario del segundo acto de la operatoria del movimiento en dos tiempos de la sexuación humana que encuentra desenlace esperable en la concreción de la salida exogámica.

Según Freud, la neurosis definitiva se instalaría en la adolescencia. Es un momento de definiciones, de abandono de viejos emblemas que sostienen la imagen narcisistica y de procura de otros nuevos propios, en un trabajo nada sencillo pues implica procesar dolor y agresión, con el interrogante sin respuesta clara acerca del deseo del Otro.


Adolescencia: TIEMPO DE REVITALIZACIÓN DE LA CONFLICTIVA EDIPICA, QUE SUPONE CONTUNDENTE CONMOCIÓN EN LA ESTRUCTURA, EN ESE SEGUNDO MOMENTO DE LA SEXUALIDAD EN 2 TIEMPOS DE LA VIDA HUMANA. El trabajo que debe enfrentar el adolescente se ubica en el ámbito de la problemática de las identificaciones, en lo relativo al deseo y en cuanto a la ambivalencia, que adquiere nuevas dimensiones con la revitalización de la conflictiva edípica.
La conflictiva edípica incluye los 3 personajes (hijo, madre, padre) y un cuarto elemento en juego, el falo. Castración  falta  deseo  falo (¿?)

Aquello que estructura el deseo es ser el falo.
Freud considera que el falo es la premisa universal del pene por lo cual se asigna su posesión a todos los seres vivos. La función del falo, como envidia en la mujer y como amenaza de castración en el hombre, es fundamental en la dinámica de la estructuración psíquica.
El deseo está integrado a la dialéctica fálica. En el varón, es de importancia el deseo materno, en tanto el niño desea ser el objeto del deseo de la madre. Y el cuerpo del niño se va constituyendo como imagen unificada en tanto la madre lo faliciza, lo narcisiza, integrándose de esta forma el deseo en la dialéctica fálica.
En la niña, la salida del complejo de Edipo se produce vía ecuación simbólica niño-pene, que lleva a la transformación del deseo en deseo de un hijo.
La función del significante fálico es siempre en relación a la castración. Falo como significante impar o único: su recepción y don para el neurótico son imposibles, porque su deseo está en otra parte: es el de serlo, y es preciso que el humano acepte tenerlo y no tenerlo, a partir del descubrimiento de que no lo es.
El sujeto pena demasiado por ser el falo, paga demasiado por esa apuesta que no tiene oportunidad de ser ganada (se puede tener o no, pero no se puede ser el falo).
Ambivalencia afectiva. Propensión por actitudes antagónicas que se dirigen originariamente hacia los padres y que luego se orienta hacia sustitutos, repitiéndose imágenes o escenas de la infancia, extinguidas ya de la memoria o de la conciencia, que retornan desde lo inconciente. Se transfiere a docentes o educadores, figuras significativas para el adolescente con valor de autoridad, el respeto y la veneración sentidos ante el omnisapiente padre de los años infantiles, pero al mismo tiempo lucha contra ellos como lo había hecho con aquel. Un sujeto experimenta o manifiesta simultáneamente sentimientos o actitudes opuestos hacia un mismo objeto o hacia cierta situación. El amor y el odio, tendencias cariñosas y hostiles, se reactivan durante la adolescencia hacia aquellos otros significativos de la estructura familiar, en relación a los cuales se construyeran procesos identificatorios o se realizaran elecciones de objeto en el marco de la conflictiva edípica y se derivan luego hacia subrogados paternos o en la dimensión del complejo fraterno.
Identificación. Operación fundamental, básica en cuanto a estructural, en la constitución del sujeto. Proceso por el cual se constituye el sujeto asemejándose a otro, ubicado en lugar de ideal, parcial o totalmente. Es la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona. Querer ser como alguien ≠ querer tenerlo (elección de objeto). Identificación y elección de objeto son en vasta medida independientes entre sí, pero uno puede identificarse con la misma persona a quien se tomó como objeto sexual, alterar su yo de acuerdo a ella.
Superyó. Caso logrado de identificación con la instancia parental. Heredero del destilo del yo en la conflictiva edípica.
Lacan resalta la importancia de la imagen en la identificación, pues cuando el sujeto asume una imagen, al reconocerse en ella, se produce una profunda transformación subjetiva. Esta identificación imaginaria se ubica en la dimensión de la fase del espejo, que integra agresividad y alienación. Esta fase constituye la identificación primaria y da origen al yo y al yo ideal. En la órbita de la conflictiva edípica en su etapa final se ubica la identificación simbólica, con el padre, que da origen al ideal del yo. Es una identificación secundaria que sigue el modelo de la identificación primaria y que representa el pasaje del sujeto al orden simbólico.


Adolescencia como fenómeno individual, familiar y social



En la raíz del término adolecer hay referencias a:

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