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Mesa temática Nº 124: Historias y políticas sobre las alteridades en América (siglos XVIII al XXI)


Coordinadores: Antonela Centanni (UCSE, CONICET) antonela.centanni@gmail.com

Lisandro Hormaeche (UNLPam) lisandrohormaeche@gmail.com
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Título de la ponencia: Las representaciones jesuitas acerca del uso de los recursos naturales en la vida cotidiana de los indígenas

Autor: Elena Heritier

Pertenencia institucional: Universidad Nacional de La Pampa


Introducción
La presente ponencia forma parte de la investigación que se desarrolla en el proyecto “Nosotros y los otros”: construcciones discursivas de la alteridad y de la inclusión en el espacio latinoamericano, siglos XVII al XXI radicado en el Instituto de Estudios Americanos y Europeos de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa.

El proceso de dominación en la América del siglo XVI en adelante reviste diversas formas. Una de ellas fue la evangelización de los indígenas a través de la acción de los misioneros jesuitas. Entrelazada a factores políticos, sociales y económicos, ésta adquirió una dimensión particular que otorgó originalidad a la política cultural de los jesuitas frente a las comunidades indígenas sometidas. El objetivo de este trabajo es realizar una descripción general de las representaciones de la alteridad indígena en relación al uso de tres plantas americanas que fueron registradas oportunamente en las cartas de los miembros de la Compañía de Jesús, en este caso, el padre José Acosta: la coca (Erythroxylon coca), el maíz (Zea mays) y el cacao (Theobroma cacao). Asimismo, se indaga acerca de las representaciones que se explicitan en la voz de los jesuitas en torno a los imaginarios de la época sobre los recursos naturales mencionados anteriormente.


Acerca de las representaciones sociales de las alteridades
Las teorías de la representación social, usualmente vinculadas a la psicología social y la sociología, señalan con frecuencia que ésta permite conceptualizar lo real a partir del conocimiento previo, es decir, es un trabajo interpretativo de un conocimiento que a su vez está configurado ya a partir de representaciones que fueron construidas colectivamente. Pues es la sociedad misma la que da los instrumentos del pensar a los individuos. Pero además, toda representación social es una orientación para conductas sociales12.

El concepto de representaciones sociales según varios autores34, señalan que su complejidad radica en la articulación de diversas características que difícilmente se pueden integrar en una sola unidad, sin dejar flexibilidad en sus interconexiones. En este sentido, dicho concepto relaciona varios aspectos que acercan a la comprensión de la realidad de las otras personas como: la experiencia personal, el sistema cultural en el que se desenvuelven, la sociedad y el grupo social con el que se relacionan. La aprehensión de la realidad se construye a partir de la propia experiencia de las personas pero a la vez de la interacción que establece con otras, por lo que puede decirse que el conocimiento que se adquiere en este proceso es construido y compartido socialmente.

La realidad social es una realidad construida y en permanente proceso de construcción y reconstrucción. En este proceso, que podría decirse que es a la vez cultural, cognitivo y afectivo, entra en juego la cultura general de la sociedad pero también la cultura especifica en la cual se insertan las personas, las que en el momento de la construcción de las representaciones sociales se combinan. Esto nos indica que toda persona forma parte de una sociedad, con una historia y un bagaje cultural, pero a la vez pertenece a una parcela de la sociedad en donde comparte con otras ideologías, normas, valores e intereses común que de alguna manera los distingue como grupo de otros sectores sociales4.

Las construcciones simbólicas, ancladas en el inconsciente, conforman manifestaciones del imaginario como un conjunto coherente y dinámico que contienen una multiplicidad de sentidos. El imaginario se vincula con la praxis a través de las utopías y da cabida a la creatividad más allá del plano consciente, racional y de las normas sociales; en este sentido se convierte en base de las ideologías como formas de control y sometimiento. Los imaginarios y las representaciones sociales constituyen las cosmovisiones que poseen las sociedades, desde las cuales derivan los sentidos que otorgan a sus organizaciones y modos de vida y, también, a la construcción de sus horizontes futuros. Para comprender los imaginarios latinoamericanos es necesario reconocer el proceso de invención. Las cosas no son nadas en sí mismas; su ser depende del sentido que se le concede a partir de las creencias y del horizonte cultural de pertenencia. La invención consiste en ver como se pasa de un ser a otro, es el resultado de un proceso ideológico que concede un sentido peculiar de ser.


Consideraciones sobre la Compañía de Jesús
Las órdenes misioneras y sus métodos de evangelización y enseñanza, jugaron un papel trascendental en los siglos XVII y XVIII. La implementación de las misiones jesuíticas en el Río de la Plata, demostró que era posible lograr el desarrollo social y económico de los pueblos indígenas, a partir de los valores del humanismo cristiano. En ellas se utilizó el método de la evangelización inculturada5, que establecía el respeto por la condición humana de los indígenas y la aceptación de las diferencias culturales, siempre que éstas no fuesen contrarias a la fe cristiana. Los jesuitas implementaron el método de las misiones por reducción y, al mismo tiempo, pusieron en funcionamiento diversos establecimientos productivos, donde las poblaciones autóctonas tuvieron un gran protagonismo. Las Reducciones Guaraníticas fueron, sin lugar a dudas, el campo más fructífero del Proyecto Jesuítico en el Río de la Plata. En ellas, se estableció un sistema integral que conformó una nueva comunidad. Los avances tecnológicos, la diversificación de la producción y la eficiencia en la gestión dieron como resultado una dinámica de desarrollo, que entró en contradicción con el lento ritmo del crecimiento de la economía colonial. Como principio básico, la evangelización por el sistema de reducciones adoptó la creencia de que “hay que hacer antes hombres que cristianos”, pero debe reconocerse también que el sistema estaba a la contradicción de quedarse corto, cuando se exige del mundo colonial cristiano que le permita “al indio ser hombre, hombre libre, sin injusticia y sin explotación”6. Finalmente, las contradicciones resultaron en la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII.
Los relatos jesuitas acerca del uso los recursos naturales
La coca (Erythroxylon coca)
En el libro IV: “Historia Natural y Moral de las Indias”7 el Padre realiza una descripción de diferentes “cosas” que los indios utilizaban con fines idólatras asombrándole la enorme cantidad de elementos de la naturaleza que los mismos adoraban cuando destacaban de las demás:

Usan cuando van camino, echar en los mismos caminos o encrucijadas, en los cerros, y principalmente en las cumbres que llaman Apachitas, calzados viejos y plumas, coca mascada, que es una yerba que mucho usan, y cuando no pueden, más siquiera una piedra, y todo esto es como ofrenda para que les dejen pasar y les den fuerzas8.

Es pues la coca tan preciada, una hoja verde pequeña que nace en unos arbolillos de obra de un estado de alto; críase en tierras calidísimas y muy húmedas […] en tiempos de los reyes ingas, no era lícito a los plebeyos usar la coca sin licencia del Inga. El uso es traerla en la boca y mascarla, chupándola; no la tragan; dice que les da gran esfuerzo, y es singular regalo para ellos. Muchos hombres graves lo tienen por superstición […] no me persuado que sea pura imaginación; antes entiendo que en efecto obra fuerzas y aliento en los indios9.

A tres géneros de sacrificios podemos reducir todos los que usan estos infieles: unos de cosas insensibles; otros de animales y otros de hombres. En el Pirú usaron sacrificar coca, que es una yerba que muchos estiman, y maíz, que es su trigo […] Eran estos sacrificios para alcanzar buenos temporales o salud, o librarse de peligros y males. […] Y en el Cuzco se mataban con esta ceremonia cada día, un carnero raso, al sol, y se quemaba vestido con una camiseta colorada, y cuando se quemaba, echaban ciertos cestillos de coca en el fuego10.

Acosta explicita el efecto de la coca (Erythroxylon coca) como elemento que otorga fuerza durante las peregrinaciones. Cabe aclarar que los caminos son hacia lugares elevados donde es necesario que el organismo logre mantener la homeostasis hasta el lugar de destino ya que el ascenso puede provocar apunamiento, náuseas, dolor de cabeza, fatiga, entre otros. Una de las maneras para lograr mantener el equilibrio interno del organismo es a través de la ingesta de sustancias que contrarrestan los efectos de la disminución de la presión atmosférica sobre el cuerpo debido a la altura, como por ejemplo masticar hoja de coca11. Asimismo, se remarca el uso de uno de los órganos de la planta de coca: la hoja. La hoja está formada por diferentes tejidos con características y funciones específicas. La misma, se caracteriza por poseer un alto poder nutritivo y contar con la presencia del alcaloide cocaína que posee propiedades estimulantes, anestésicas, mitigadoras del apetito, entre otros. Para que la hoja libere sus principios activos, se ingería junto con una pequeña cantidad de sustancia alcalina (llipta). El consumo de coca fue una práctica habitual entre los indígenas formando parte de la cosmovisión indígena de las zonas andinas. Se destacan aquí tres usos distintos de la misma: laboral, el social, ritual y medicinal. En relación al uso para “rituales”, El Padre Acosta también hace mención de diferentes elementos, entre ellos la coca, que utilizaban los indios para ofrecer sacrificios al demonio para buscar el favor de la Pachamama y de los espíritus malignos, como así también para adivinar las causas del mal y formas de eliminarlo12. De este modo, esta planta fue muy criticada por el Padre Acosta debido a los usos que los indios le daban. No obstante, se sabe que los españoles la incorporaron al comercio y promovieron su uso debido a su utilidad para mantener idolatrías o fomentar conductas condenables ya que la calidad alimentaria de los indígenas producto de la conquista española había caído, por lo que la coca pasó a ser un paliativo ante la creciente desnutrición de los trabajadores indígenas13. Esta planta además del uso para consumo propio, también fue utilizada como parte de pago de otros productos debido a la escasez de la moneda metálica14.

Los efectos de la coca en la actividad mental son diversos: analgésico, retardo del tiempo de reacción sensorial para estímulos auditivos, elevación de la temperatura, aumento del pulso, presión arterial, leve aumento de la respiración, modificaciones del reflejo óculo-cardíaco de carácter parasimpaticotónico, ideas de grandeza, entre otros15. Es por ello, que fue utilizada por los conquistadores como elemento estratégico para llevar adelante el control de uno de los recursos preciados por los indígenas.


El maíz (Zea mays)
El maíz podría identificarse como otro ejemplo al cual refieren los escritos jesuitas, como una de las plantas propias de las Indias con fines alimenticios y ceremoniales. Citando nuevamente al Padre Acosta:
Viniendo a las plantas, trataremos de las que son más propias de las Indias […] Tiene el principal lugar y con razón el grano de maíz. […] El grano de maíz, en fuerza y sustento pienso que no es inferior al trigo; es más grueso y cálido y engendra sangre16.

Mejor han sido pagados los indios en lo que toca a las plantas, que en otras mercaderías, porque las que han venido a España son pocas y dense mal. […] Al encuentro de dos ríos hacen particular reverencia y veneración, y allí se lavan para sanar untándose primero con harina de maíz, o con otras cosas, y añadiéndose diferentes ceremonias17.


El cultivo de maíz se desarrolló en regiones templadas del Nuevo Mundo a partir del cual se obtenía la harina y se elaboraban diversos tipos de panes: tortillas, bollos, api, entre otros. La producción tuvo una mejora cuando se introdujo el horno de leña ya que elevó la calidad de tortas de pan de maíz. En el viejo mundo se intentó, como con otras especies, cultivar la semilla de maíz pero debido a que proviene de zonas templadas y húmedas fue difícil introducirla18. El maíz es un cereal autóctono del Nuevo Mundo produciéndose en una primera instancia en Mesoamérica y luego extendiéndose por todo el continente, que constituyó uno de los productos básicos de la dieta de los indios. Asimismo, era el centro de la economía, división social y cultura. No solo se limitaban a fabricar pan de maíz, sino también elaboraban a partir del mismo, bebidas como la chicha a la cual los españoles la llamaban “vino” que elevaban su valor nutritivo. Si bien su uso estaba muy generalizado, suplían el déficit vitamínico del grano con cal y otras leguminosas19. Además de utilizar al maíz con fines alimenticios, como se mencionó anteriormente, también se utilizaba en diversos rituales como se hacía con la coca. Uno de ellos tenía del fin de alcanzar buenos temporales, salud o librarse de peligros o males. En otro ritual que realizaban para reverenciar y venerar el encuentro de dos ríos utilizaban la harina de maíz. La semilla de maíz se utilizaba fermentada y junto con el polvo de otras semillas eran usadas por la elite inca para ofrecer en templos derivando en diferentes efectos sobre los hechiceros20. En este sentido, se observa como un mismo recurso natural, tenía múltiples usos de acuerdo al significado y necesidad presente en la población. Un aspecto interesante a destacar es que muchos recursos seleccionados para emplear en los rituales o ceremonias coinciden con aquellos más abundantes, los que también forman parte en la satisfacción de una necesidad básica como es la alimentación y de la cual los conquistadores se aprovecharon para imponer sus prácticas culturales.
El cacao (Theobroma cacao)
El cacao es un cultivo americano ubicado en zonas tropicales (18° de latitud Norte y 15° de latitud Sur). Algunas propiedades de la planta son: aliviar el exceso de flemas, confortar al hígado, ayudar a la digestión, entre otros21. Al igual que la coca y el maíz, el cacao era una planta con fuerte incidencia en la economía (usado como moneda), cultura y relaciones sociales de los indios:
Para contratar o comprar no tenían dinero, sino troncaban unas cosas con otras, como de los antiguos refiere Homero y cuenta Plinio. Había algunas cosas de más estima que corrían por precio en lugar de dinero; y hasta el día de hoy dura entre los indios esta costumbre. Como en las provincias de Méjico usan de cacao, que es una frutilla en lugar de dinero, y con ella rescatan lo que quieren22.

[…] es más estimado el cacao en México […] El cacao es una fruta menor que almendras y más gruesa, y la cual, tostada, no tiene mal sabor. Es tan preciada entre los indios y aún entre los españoles que es uno de los ricos y gruesos tratos de la Nueva España, porque como es fruta seca, guárase sin dañarse largo tiempo, y traen navíos cargados de ella de la provincia de Guatimala. […] El principal beneficio de este cacao es un brebaje que hacen que llaman chocolate, que es cosa loca lo que en aquellas tierra le precisan […] es la bebida preciada y con que convidan a los señores que vienen o pasan por su tierra23.

Este día de la coronación, acudían de diversas tierras cercanas y remotas a ver las fiestas, y a todos daban abundantes y principales comidas, y vestían a todos, especialmente a los pobres, de ropas nuevas; para lo cual el mismo día entraban por la ciudad los tributos del rey, con gran orden y aparato, ropa de toda suerte, cacao, oro, plata24.
Debido a las propiedades del cacao, los españoles se maravillaron con el fruto describiéndolo en varias oportunidades en sus crónicas y añadiendo para su ingesta el azúcar de caña refinado25. Asimismo, se visualiza que otro uso dado al cacao era en las ceremonias de coronación de los reyes de Méjico.

Nuevamente se visualizan los diversos usos de un recurso autóctono de América y su disímil significancia para los indios y conquistadores, otorgándole estos últimos uno estrictamente monetario.


Reflexiones finales
Las representaciones que se explicitan en la voz de los jesuitas en torno a los imaginarios de la época acerca de algunos recursos naturales autóctonos del “Nuevo Mundo” muestran una vez más que los espacios socioculturales son producto de la construcción que los actores sociales realizan a través de sus producciones simbólicas, que al materializarse adquieren un carácter social, es decir, constituyen representaciones socialmente compartidas, y conforman una compleja red de significaciones imaginarias que organizan los espacios. Las representaciones sociales se establecen como un sistema de valores, de nociones y de prácticas relativas a objetos, aspectos o dimensiones del medio social. De la misma manera, este concepto es una forma de conocimiento específico, el saber del sentido común, cuyos contenidos manifiestan la operación de procesos generativos y funcionales socialmente marcados. En sentido más amplio designa una forma de pensamiento social.

Por tratarse de una investigación en curso que parte del análisis de un relato, podríamos concluir apresuradamente que el uso de los recursos naturales fue registrado de manera intencional por la Compañía de Jesús como parte del proceso de control y domino a partir del conocimiento de las culturas originarias para cristalizar los mecanismos civilizatorios mediados por la evangelización.


BIBLIOGRAFÍA
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1 Serge Moscovici, El psicoanálisis, su imagen y su público (Huemul S.A, 1979).

2 Denisse Jodelet, La representación social: fenómenos, concepto y teoría. Psicología Social (Paidós, 1984).


3 Tomás Ibáñez, Ideologías de la vida cotidiana, (Sendai, 1988).


4 María Banchs, Representaciones sociales: pertinencia de su estudio y posibilidades de su aplicación, Boletín de AVEPSO XIV (1991): 3-16.

5 Catalina Pantuso, El proyecto de las misiones jesuíticas. (SADOP-SUTERH, 2009)


6 Josep Barnadas, La Iglesia católica en la Hispanoamérica colonial (Abya-Yala, 1995), 5-26.

7 José Acosta, Historia natural y moral de las Indias, (Fondo de Cultura Económica, 1590 [1940]).


8 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 224.

9 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 181.

10 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 246.

11 Enrique Orche García, Coca y minería en el Alto Perú durante el periodo colonial, (De Re Metallica, 2008).


12 Enrique Orche García, Coca y minería en el Alto Perú durante el periodo colonial.

13 J. O Melo Gonzalez, Coca, planta del futuro: un texto del siglo XVIII, (La. Revista, 2003).


14 Enrique Orche García, Coca y minería en el Alto Perú durante el periodo colonial.

15 Vicente Zapata Ortiz, Modificaciones psicológicas y fisiológicas producidas por la coca y la cocaína en los coqueros, Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Publica (1944): 132-162.

16 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 169; 170.

17 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 194.

18 Pedro Plasencia Fernández, Gastronomía precolombina, (Miraguano, 2011).


19 Tomás José Pardo, Bases de la dieta amerindia: el maíz, la yuca y la batata, Minutos Menarini 181 (1992): 4-8.


20 Francisco Javier Carod Artal, Carolina Benigna Vázquez Cabrera, Semillas psicoactivas sagradas y sacrificios rituales en la cultura Moche, Revista de Neurología 44, nº 1 (2007): 43-50.


21 Fernández Pedro Plasencia, Gastronomía precolombina.

22 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 116; 117.

23 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 180.

24 Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 347; 348.

25 Fernández Pedro Plasencia, Gastronomía precolombina.



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