Paper United Kingdom: ‘come back home’ (Europe: ‘go to hell’) ¿Última traición de la City a Bruselas?


- Regreso al hogar del “periférico” desubicado (WASP Market) - ¿Abandonará Cameron/City el Titanic de Merkozy a bordo del “helicóptero” de Obama/Fed?



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5 - Regreso al hogar del “periférico” desubicado (WASP Market) - ¿Abandonará Cameron/City el Titanic de Merkozy a bordo del “helicóptero” de Obama/Fed?

(Un recordatorio de lo escrito en un Paper anterior, publicado el 15/8/08)



- La “Union” (Europea) que no quiere ser “Jack”: “British go home” (and God save the Queen) - ¿Es imaginable una Unión Europea sin el Reino Unido?

- El Reino Unido y la Unión Europea

Este es un momento extraordinario en la historia de Europa. Hemos tomado decisiones de enorme importancia que expanden y extienden las fronteras de Europa, que convierten a Europa en una institución diferente, que la convierten realmente en una unión diferente para el futuro, y cuando miramos hacia atrás en la historia de Europa durante cientos de años y en particular en la historia del siglo XX y vemos la guerra, y la devastación y el desastre, y el conflicto y nos percatamos de que hoy estamos reuniendo a Europa, creo que es verdaderamente un momento del que podemos sentirnos orgullosos y que nos ofrece una inmensa esperanza para el futuro”.

Primer Ministro Tony Blair, Copenhagen, Diciembre 2002

Aunque sorprenda, confieso mi “admiración” (¿sana envidia?) por el Reino Unido. Admiro su capacidad de “hacer de la necesidad, virtud”, su creatividad para haber pasado de ser un país colonialista a ser un país manufacturero, y de ser un país manufacturero a ser un país de servicios, y de ser un país de servicios a ser un casino, reino de la especulación absoluta. Y todo ello, en nombre de la “libertad de mercado”.

Esto sí que es “flexibilidad”. Todo lo que haga falta para prolongar la “ilusión” de riqueza, los privilegios de clase y continuar medrando. Los “mercaderes” de Adam Smith, devenidos en “croupiers” de casinos, “corredores” de apuestas, operadores de mesas de dinero, agentes bursátiles, brokers, traders, dealers, blanqueadores, banderas de conveniencia, gestores de paraísos fiscales… De las blancas pelucas hechas con crin de caballo y las anticuadas togas, a la Barbie Victoria Beckham con sus implantes y minifaldas. Unos “maestros” en el arte de la “reconversión”. ¿Hipocresía? ¿Cinismo? ¿Realismo? ¿Pragmatismo? ¿Ficción? ¿Falsificación? ¿Travestismo? ¿Eufemismo?

- De la historia reciente (BBCMundo.com - 7/6/01)

Hace cien años, casi un cuarto de la población mundial estaba bajo control directo o indirecto del imperio británico. A medida que el Reino Unido empezó a perder sus colonias, comenzó a fomentar y desarrollar su papel en foros internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (donde es miembro permanente del Consejo de Seguridad) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.

Las principales disyuntivas políticas que enfrenta ahora el país están relacionadas con su nivel de integración -o no- a la Unión Europea, de la que el Reino Unido ha sido Estado miembro desde 1973.

No es común encontrar ciudadanos británicos que manifiesten un entusiasmo abierto ante la idea de una mayor integración con la Unión Europea. La mayoría de los británicos considera que la cercanía del Reino Unido al resto de Europa es más un hecho inevitable que deseable.

Los “euroescépticos” tienden a valorar más la relación del Reino Unido con Estados Unidos y el resto del mundo. Existe consenso general en cuanto al deseo de limitar la influencia de otros países europeos en los intereses soberanos del país.

A nivel interno, el Reino Unido ha sufrido grandes cambios en años recientes: es un país multirracial y multicultural; el conflicto de Irlanda del Norte, que estalló hace varias décadas, parece ahora más cerca que nunca de encontrar una solución permanente; el proceso de devolución de poderes de Londres a las otras regiones cruzó un umbral importante con la inauguración del parlamento escocés y la asamblea galesa en 1999.

La industria manufacturera de Gran Bretaña se ha deteriorado rápidamente. La economía, una de las más grandes del mundo, está basada ahora en la provisión de servicios, y el comercio electrónico adquiere también una importancia cada vez mayor. La City de Londres es un centro financiero de importancia mundial.

Muchos británicos nunca habían gozado de tanta prosperidad como la que tienen hoy. Sin embargo, un reciente estudio de la Unión Europea reveló que el Reino Unido ocupa el segundo lugar en cuanto al mayor índice de pobreza infantil.

- El retorno del “Preguntero”

¿Quedaríamos los europeos más demócratas y liberales muy tranquilos si el Reino Unido acabase marchándose? ¿Europa sin la “madre de los Parlamentos”? ¿El mercado único sin los “inventores del libre comercio”?

Mi respuesta (propuesta) es que hay que “invitar” (¿les gusta el eufemismo, tan british?) al Reino Unido a marcharse de la Unión Europea. Creo que su “lugar” en el mundo está en la relación transatlántica (con su aliado natural, los Estados Unidos) o si quieren ir a más, en una Commonwealth ampliada de la que nunca, repito, nunca, deberían haber salido y mucho más, haberlos dejado “fingir” que salían.

Pese a que ciertas partes interesadas hayan querido polarizar el debate construyendo un discurso simplista en torno a la supuesta existencia de dos únicos modelos sociales (el anglosajón, -supuestamente- eficaz, que crearía empleo, y el franco-alemán, -supuestamente- ineficaz, que produciría desempleo y estancamiento económico), en realidad son gente del pasado con ideas del pasado, tratando de imponer una visión retrógrada (disfrazada de modernidad) a problemas del presente. Una economía de “manos libres” implanteable e intolerable. Además, por si quedara alguna duda, su fracaso -clamoroso- como consecuencia de la crisis financiera y crediticia derivada de las hipotecas “subprime”, certifica el final del modelo de “partners in prosperity”.

El presidente Alemán ha comparado a los banqueros con los alquimistas que fueron responsables de la “destrucción masiva de activos”. Horst Köhler ha acusado a los banqueros que han practicado la especulación financiera en haber puesto el “sistema en una situación cercana al colapso”. La búsqueda de los beneficios ha convertido a los mercados en un “monstruo” (Financial Times -15/5/08). La resaca de la complacencia está siendo dura, pero siguen sin pararse a pensar en cuestiones como privatización de los beneficios (para unos pocos) y socialización de las pérdidas (para los muchos). Las evidencias que desean negar.

En consecuencia, frente a lo que se quiere hacer creer, es más que evidente que la globalización no exige en modo a alguno a Europa adoptar el modelo social anglosajón ni elevar la “Tercera Vía” de Blair a la categoría de política europea única. Resulta por ello preocupante que la Comisión Europea encabece bajo el título de “Los valores europeos” toda una serie de cuestiones relacionadas con la eficiencia económica que simplemente tiene que ver con la lógica de mercado, pero bien poco con el proyecto de integración europeo en sus aspectos políticos, económicos y sociales. Con ello -seguramente- no se podrá reconstruir el clima de confianza y reconectar a los ciudadanos con la Unión (A Citizen’s Agenda). Con ello no se conseguirán -seguramente- auténticas mejoras que harán a Europa más efectiva, más responsable ante los ciudadanos y más fácil de entender.

Quizá estas reflexiones deshilvanadas sirvan de algo. Después de todo, este breve espacio sólo alcanza para ver la superficie de un fenómeno tan antiguo (la actitud insolidaria y chauvinista del Reino Unido) como lamentable (por lo reiterativo con respecto a la Europa de los mercaderes), pero al mismo tiempo permite ofrecer hechos para que los lectores vayan más allá de esa superficie, si se atreven…

- ¿Habrá llegado la hora de decir NO a los que dicen que NO?

Después de decantados los efectos de sus traspiés, la Unión Europea (UE) siempre encuentra una salida política para seguir adelante en su proceso de integración, que lleva ya más de medio siglo. Por ello, el “no” de la República de Irlanda al Tratado de Lisboa es otro frenazo institucional de la UE, pero no su final.

Sin embargo, el nuevo rechazo afecta la credibilidad internacional del proceso político de integración más ambicioso de la era moderna. Es un desastre que va a debilitar la posición y la credibilidad de Europa ante el resto del mundo

En su momento la ratificación del Tratado de Maastricht (9 de febrero de 1991), que consolidó la unidad política de la Unión Europea, fue inicialmente rechazada por Dinamarca el 2 de junio de 1992 en un referendo.

Ello obligó a ofrecer a ese país varias cláusulas de exclusión (entre ellas no unir su moneda al Euro) y el 18 de mayo de 1993 un segundo referendo le dio el Sí a la UE. En 2000, Dinamarca rechazó en un referendo formar parte del Euro (la moneda única europea), pero Gran Bretaña y Suecia, dijeron lo mismo.

Y sin embargo el proceso de integración continuó su marcha y llegó al Tratado de Niza (26 de febrero 26 de 2001), que en junio de ese año los irlandeses rechazaron en consulta popular. E igual que había ocurrido con Dinamarca, se le ofrecieron garantías jurídicas al gobierno de Bertie Ahern y al año siguiente, se convocó un nuevo referendo en que fue ratificado.

Dinamarca e Irlanda, dos países considerados pequeños dentro del bloque, son vistas por los analistas como naciones “euro-escépticas”, pero en términos jurídicos dentro de la UE, cada país es un voto y tiene igual peso.

Por ello la sorpresa mayúscula fue el “no” en 2005 de Francia y de Holanda -países fundadores de la UE en 1957- a la llamada Constitución Europea, que fue el paso político más osado del grupo y un avance en materia de integración política porque buscaba una “supranacionalidad” en decisiones de política exterior y asuntos internos, que no todos estuvieron dispuestos a aceptar.

Unanimidad por regla

Cuando se trata de asuntos fundamentales como los tratados institucionales, las decisiones de la UE deben ser aprobadas por todos los Estados miembros; por unanimidad. Es decir, que a diferencia de decisiones políticas internas nacionales, las reglas de la mayoría simple, absoluta o cualificada, no se aplican.

El rechazo franco-holandés a la Constitución, obligó a una nueva revisión y otro tratado; el de Lisboa, que es en realidad un texto simplificado que remplazó a la Constitución. Y ahora Irlanda, único país entre los 27 que constitucionalmente debía ratificar por referendo ese texto, le ha dicho “no”. Muy pocos de los que votaron se han leído el Tratado de Lisboa. No importa. Irlanda se ha creído que el espectacular crecimiento económico desde que ingresó en la UE ha sido únicamente por sus exclusivos méritos.

“La solución es acelerar el proceso de ratificaciones y cuando los 26 países lo hayan hecho, preguntarle a Irlanda: ¿Qué quiere hacer?”, le dijo a BBC Mundo, Alejo Vidal Cuadras, actual vicepresidente del Parlamento Europeo.

Hasta ahora 15 países lo han aprobado y el plazo se vence el primero de enero de 2009, aunque igual que ha ocurrido con otras decisiones de la UE en el pasado, puede extenderse por decisión de su máxima instancia, el Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno. Nadie esperaba el nuevo frenazo y la UE no tenía un “plan B” para enfrentar esta nueva crisis porque la premisa es que el Tratado de Lisboa no será revisado. En Londres, el no irlandés ha inyectado nuevos bríos a los euroescépticos que buscan también una consulta popular sobre el Tratado de Lisboa o simplemente su achatarramiento.

Tres rechazos en tres años por consulta popular a su desarrollo, son un aviso serio y una imagen negativa para la UE. “Lisboa era una posibilidad política para recuperar un mínimo de nuestra reputación, pero el gobierno irlandés y su clase dirigente y académica, mostró un gran nivel de incompetencia para sacar adelante este proceso. No entendieron lo que se jugaba”, anotó Alejo Vidal Cuadras.

Pero siempre hay una solución, ¿por qué no “invitar” a los euroescépticos (pueden llamarles disidentes, si quieren), comenzando por el Reino Unido e Irlanda (aunque la lista puede ampliarse) a que se retiren del bloque? O sea, decir NO a los que dicen NO. Decir NO a la Europa de los mercaderes. Algo para comenzar”…

(Han pasado algo más de tres años, 11/11/11 -“triple fecha bruja”- y todo va a peor)

Presunción de inocencia, ninguna: antieuropeísmo “black label” (sin esperanzas)

Felices de no pertenecer a la zona euro y… ¿felices de no ser “europeos”? (Cómo recibir lo máximo, sin dar nada a cambio… Desleales “for ever”)

- La City reparte basura (El País - 10/11/11) Lectura recomendada

(Por Xavier Vidal-Folch)

¿Por qué Reino Unido ha vuelto a boicotear esta semana la tasa Tobin que gravaría las transacciones financieras, al menos en la UE? La idea, ya articulada en una sólida propuesta de directiva -COM (2011) 594 final- de Bruselas, pretende recaudar 57.000 millones de euros anuales gravando las compraventas de acciones con un impuesto de un 0,1% y las de derivados con un 0,01%. El propósito es triple: nutrir al presupuesto comunitario, desalentar a los especuladores, y poner a disposición de los Estados de la UE un remanente, algo siempre gozoso en tiempos de tribulación.

La última cumbre del G-20 en Cannes declaró con simpatía su “conocimiento de la iniciativa tomada por varios de nuestros países” para este impuesto Robin Hood, como algunos le conocen. A diferencia de la cumbre de Toronto, que en junio del año pasado solo constató, gélidamente: “Algunos países están buscando establecer una tasa financiera; otros países están buscando otras alternativas”. El cambio de tono, facilitado por un Washington benevolente, llegó tras intensas presiones de Francia y Alemania, y la complicidad de Argentina y Brasil. Si Reino Unido siguiese bloqueando, advirtió el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, la eurozona debería ignorarlo, y actuar sin él (hay base para ello: el artículo 136 del Tratado).



La tasa se liquidaría en la ciudad-sede de las entidades financieras, esto es, mayoritariamente en Londres. La City recaudaría así 10 veces más que París y cinco veces más que Fráncfort. Pero el Gobierno de su majestad sigue oponiéndose, cada vez con frases más estentóreas. Alega que esa tasa desviaría su capitalidad financiera hacia Hong Kong u otros rincones, hipótesis más que discutible. En realidad, lo que ocurriría de inmediato es que una tasa Tobin desincentivaría las finanzas-basura: esas en las que la City es líder mundial.

Todos los días se compran y se venden derivados (los más funestos, los CDO u obligaciones de deuda colateralizada, o garantizada, por sus siglas en inglés) por una cantidad superior al billón de dólares, en operaciones cerradas en gran parte desde la City, donde tienen su cuartel general. Los derivados, activos financieros que no traducen transacciones de productos reales, sino virtuales, fueron la causa de la quiebra de la aseguradora AIG, tras Lehman Brothers, y de la intoxicación de otras: el equipo de AIG que suscribió los seguros (CDS) que la arruinaron tenía su base en Londres.

Las entidades financieras, de Wall Street y de la City, ocultaban y ocultan algunos de estos activos envolviéndoles en vehículos de objetivo especial sitos en -hoy semi- paraísos fiscales que son auténticos terminales de la City, como los territorios británicos de las islas Caimán, las Bermudas o las islas Vírgenes.

Fue también en la City donde Goldman Sachs puso su pica en Europa, a raíz del Big Bang financiero de Margaret Thatcher que en 1986 abrió la plaza a las entidades extranjeras. Fue desde su oficina de la City que la banquera Antigona Loudiadis enmascaró la contabilidad de Grecia para que pudiera incorporarse a la moneda única en la segunda vuelta, en 2002: “El expediente estaba hábilmente planteado, íbamos a piñón fijo, hay tanto dinero por ganar que uno apenas profundiza”, confesó al periodista Marc Roche uno de su equipo. Loudiadis fue premiada con la presidencia de una compañía de seguros del grupo.

Fue también desde ahí desde donde Goldman buscó ayudas para el quebrado Northern Rock, en 2007; y en 2009, con Lloyds; y en 2009, cuando intentó aliviar la agonía del Royal Bank of Scotland, ahíto de activos tóxicos del fondo ultraespeculativo Abacus... que la propia Goldman le había endilgado, bueno, al banco holandés que compraron los escoceses, el ASBN Amro; y al alemán IKB. Y donde protagonizó un intento de chantaje al Gobierno de Gordon Brown cuando este puso un impuesto del 50% a los bonus de los banqueros, amenazándole con largarse. Fue también desde Londres donde se bautizó a los principales países emergentes como BRIC, y el banco inició la operación de seducirlos.

Más recientemente, el pasado septiembre, desde Londres, al bróker de la suiza UBS (ese refugio dorado para delincuentes fiscales), Kweku Adoboli, se le destapó un desfalco de 1.500 millones de euros en "operaciones no autorizadas", consistentes en especulativos, y ocultos, contratos de futuros. El banco se tambaleó, como resultado de la caída en picado de sus acciones, lo que irritó a fondos soberanos copropietarios como la Corporación de Inversiones de Singapur: tuvo que echar al consejero delegado. La UBS reincidía en la fetidez: ya estuvo a punto de quebrar por haber estafado demasiado con las hipotecas basura de Lehman en 2008, de lo que se salvó gracias al rescate del Gobierno suizo. “La City siempre desea hacer dinero demasiado rápidamente y asumiendo muy poca responsabilidad... y solo aspira, como en un casino, a conseguir un rendimiento espectacular en el plazo más breve posible”, concluye la magnífica investigación de John Lanchester (¡Huy!, Anagrama, Barcelona, 2010). ¿Queda claro?



5 - Regreso al hogar, del “periférico” desubicado (WASP Market) - ¿Abandonará Cameron/City el Titanic de Merkozy a bordo del “helicóptero” de Obama/Fed?

Opinión personal (todo lo que quepa en un simple blog)

El “Santo Grial” de David Cameron (“por mis frutos me conoceréis”…)

Tyranosaurus rex - Coaching dialógico e Inteligencia emocional - Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver tu enemigo - Aurea mediocritas

Etimología para “víctimas” de Twitter (o “analfabetizados” por SMS)

La palabra “grial” etimológicamente viene del latín tardío “gradalis” o “gratalis”, que deriva del latín clásico “crater”, vaso. En los libros de caballería de la Edad Media se entiende que es el recipiente o copa en que Jesús consagró su sangre en la última cena y que después utilizó José de Arimatea para recoger la sangre y el agua que se derramó al lavar el cuerpo de Jesús. Años después, según esos libros, José se lo llevó consigo a las islas británicas y fundó una comunidad de custodios de la reliquia, que más tarde quedaría vinculada a los Templarios.

El Tyranosaurus medía unos 13 metros de largo y 5 de alto hasta la cintura, pesando entre 6 y 8 toneladas. Tenía un cráneo desproporcionadamente macizo, balanceado por su pesada cola y miembros anteriores pequeños. No está claro si era carroñero o predador nato, pero inclinándonos hacia la segunda hipótesis podemos calificarlo como el más grande predador terrestre de su era. Tenía un grueso y musculoso cuello, y la morfología de su cráneo le garantizaba una visión periférica excelente, lo cual habría sido una buena herramienta para identificar persas. Su mandíbula era capaz de arrancar y desgarrar trozos importantes de la piel de cualquier oponente, y sus dientes de diversas formas contribuirían a ello.

Los procesos dialógicos son, básicamente, diálogos de entre 45 y 90 minutos orientados a conseguir objetivos o solucionar problemas personales, profesionales o empresariales. Son estos procesos dialógicos los encargados de sacar a la luz nuevas formas de hacer y ser para conseguir los objetivos más eficiente y eficazmente.

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y el conocimiento para manejarlos. Es sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos.

Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver tu enemigo es un proverbio de origen chino, el cual también podemos encontrar en la forma Siéntate pacientemente junto al río y verás pasar el cadáver de tu enemigo flotando. Este proverbio llama a la paciencia frente a la adversidad como forma de solucionar los problemas o querellas con otras personas.

Aurea mediocritas o Dorado término medio, especialmente dentro de la filosofía de Horacio alude al intento de alcanzar un deseado punto medio entre los extremos o un estado ideal en el que no afecten el exceso y la virtud, sino la justa medida de ambos. Está relacionado con el hedonismo epicureista basado en conformarse con lo que se tiene y no dejarse llevar por las emociones desproporcionadas. Aparece como tema poético por primera vez en Horacio, en Odas II 10. Es el equilibrio clásico, y también se formula como: “in medio stat virtus, quando extrema sunt vitiosa” (la virtud está en el medio cuando los extremos son viciosos).

El annus horribilis de la Unión Europea

(Annus horribilis es una frase latina que significa “año horrible”, o, alternativamente, “el año de horrores”. Alude a annus mirabilis que significa “año de las maravillas”)

El “riesgo moral” y el “bazooka” del BCE (el avance de la insignificancia)

Por primera vez, la confianza de los inversionistas en el proceso europeo en general parece estar colapsando y, a medida que crece la amenaza de una cesación de pagos de deuda soberana, los riesgos de una nueva ronda de contagio financiero aumentan de manera abrupta.

Así pues, y visto que casi nadie espera que los países en problemas desmonten de golpe sus respectivos estados de bienestar y pongan en marcha las reformas precisas -no realizadas en los años previos- para recuperar la confianza de los mercados, el consenso entre la mayoría de analistas, políticos y bancos es que tan sólo queda una opción para evitar la ruptura de la zona euro (quiebra y salida desordenada de países miembros): que el BCE ejerza de prestamista de última instancia y comience a monetizar de forma masiva bonos periféricos.

Para contener la putrefacción, una idea popular es que el BCE debería comprometerse a apuntar a un nivel de rendimiento específico para los bonos italianos, realizando compras ilimitadas de ser necesario, de la misma manera que el Banco Nacional Suizo, o BNS, ha prometido una intervención ilimitada para evitar que el franco suizo se aprecie.

Un gran “bazooka”. “Un arma financiera que Europa ha creado para proteger a sus economías de los inversores escépticos que están apostando en contra de ellos”. Para salir de la crisis, según Soros, Europa necesita un gran “bazooka” suficiente para convencer a los mercados de que una apuesta contra Fráncfort (donde está la sede del BCE) sea inútil y costosa” (El plan de Soros para salvar el euro -Expansión - 12/11/11)

La experiencia del BNS demuestra que las promesas del banco central de una intervención ilimitada pueden funcionar para estabilizar los mercados, y el costo puede no ser tan alto como se temía. Pero pasar de la teoría a la práctica parece ser enormemente complicado.

De entre todas las opiniones vertidas al respecto, destacan dos: la del primer ministro británico, David Cameron, y la del banco germano Deutsche Bank.

Tras conocerse que Francia y Alemania llevan meses estudiando la posibilidad de crear una zona euro más reducida, lo cual implicaría la salida de algunos de sus actuales estados miembros (los ya rescatados más España e Italia), Cameron señaló el 10/11 ante un grupo de líderes empresariales en Londres que Reino Unido se está preparando para “cualquier eventualidad”, incluyendo la ruptura de la moneda única. “Italia es el tercer país más grande de la zona euro. Su estado actual es un peligro claro y presente para la zona euro y el momento de la verdad se acerca. Si los líderes de la eurozona quieren salvar su moneda tienen que actuar ahora, porque cuanto más se tarde mayor será el peligro”.

En concreto, Cameron avanzó que la única opción para salvar la situación es una actuación por parte del BCE, convirtiéndose en prestamista de última instancia, algo que apoya París, pero que sigue rechazando frontalmente Berlín, al menos por el momento.

Por otro lado, grandes bancos como Barclays, Goldman Sachs o la patronal bancaria española al completo insisten en la necesidad de que el BCE compre deuda de forma masiva, y así evitar la ruptura de la Unión. Esta opinión es generalizada en el sector financiero, pero llama la atención que hasta el propio Deutsche Bank, una de las entidades más influyentes de Alemania, contemple ya esta salida. En un reciente informe, abre la puerta a que el BCE opte por la monetización masiva de deuda, dada la insuficiente capacidad del actual Fondo y la escasa credibilidad que ha cosechado la intención de reforzarlo mediante su apalancamiento.

Además, indica que el BCE podría eludir la prohibición explícita de comprar bonos, establecida en los tratados fundacionales de la UE, si, como sucede hasta ahora, sigue adquiriendo deuda en los mercados secundarios (sin comprarla directamente a los gobiernos), sólo que multiplicando el volumen de compras. En este sentido, apunta a la posibilidad de adquirir unos 200.000 millones de euros de bonos italianos que, sumados a los 250.000 millones del EFSF, servirían para mantener en pie al país durante los próximos 12 ó 18 meses. El riesgo de inflación es, hoy por hoy, irrelevante, dada la contracción crediticia que se avecina, indica: “La inflación no es el problema número uno de Europa en estos momentos. La presión deflacionaria debería ser la principal preocupación”.

Por ello, el banco concluye que, dada la crítica situación existente, el Consejo Europeo otorgará al BCE un nuevo mandato próximamente (noviembre 2011) para que intensifique sus intervenciones en los mercados de deuda. Éste es, precisamente, el intenso rumor que recorre los mercados europeos últimamente, desde el momento en el que la deuda italiana sobrepasó el punto de no retorno.

El comentario más extendido entre los operadores es que en cualquier momento se puede producir una reunión extraordinaria del BCE, en la que anunciarían la adopción de medidas extraordinarias. En concreto, se habla de la posibilidad de que la entidad compre de forma ilimitada bonos italianos tras la formación del nuevo Gobierno en Roma, barajándose incluso cifras de hasta 1 billón de euros. Los consejeros del BCE preguntados sobre esta cuestión no han hecho declaraciones al respecto, asegurando que “ni hoy ni mañana” se producirá tal reunión (sic).

Pero Deutsche no es el único que piensa en esta opción. JPMorgan también lo tiene claro. De hecho, el analista de la entidad Michael Cembalest advierte de que el proceso ya ha comenzado, aunque no de forma tan explícita.

“Hasta la fecha (12/11/11), eso es lo que el BCE ha hecho: de los 1,1 billones de euros extendidos a los bancos europeos y gobiernos (líneas de liquidez y compra de bonos) 970.000 millones han sido proporcionados por el BCE”. A ello se suma, además, las recientes renuncias de Axel Weber y Jürgen Stark en el seno de la institución, los halcones alemanes favorables al mantenimiento de la ortodoxia monetaria, y la llegada de Mario Draghi como presidente del BCE, que ha terminado de abrir de par en par esta opción. Así pues, tan sólo cabe esperar una respuesta aún más firme del BCE en este ámbito, según la entidad: la monetización masiva de deuda periférica.

Y es que, en caso contrario, de momento la zona euro se enfrenta a la ruptura: quiebras y salida del euro. Aunque dicha propuesta haya sido estudiada por Francia y Alemania, la reacción ha sido inmediata: Berlín y París niegan esta posibilidad, al tiempo que todas las autoridades de la UE rechazan la opción.

Hoy por hoy (12/11/11)

Existen varias opciones abiertas, según Juan Ramón Rallo: “(...) puesta en marcha inmediata del Fondo Europeo de Rescate con participación muy intensa del FMI (...) aprobación de los eurobonos (...) monetización masiva de deuda por parte del Banco Central Europeo (...) ruptura del euro en dos monedas: un euro fuerte -en el que estarían Alemania, Holanda, Finlandia, Austria, Luxemburgo -y tal vez Francia- y un euro débil que incluyera a todos los periféricos -y tal vez Francia- que se devaluará entre un 30% o 40% con respecto al euro fuerte (...) suspensión de pagos desordenada de países y regreso a las divisas nacionales con sus correspondientes devaluaciones (...) Las salidas no son incompatibles y creo, de hecho, que terminaremos pasando por todas ellas”, señala.

La ultima y peligrosa noticia-rumor es la posibilidad de crear una mini-zona euro entre Francia, Alemania y Holanda, que puede parecer una idea muy brillante a los intervencionistas hasta que se den cuenta de que el 68% de sus exportaciones se venden a sus socios europeos y que sus empresas tienen € 1.1 billones de riesgo a refinanciar en los próximos dos años.

¿El annus mirabilis del Reino Unido?

Mientras la Unión Europea se “deshace” en sus dilemas: Prestatarios vs Prestamistas - Austeridad vs Crecimiento - Disciplina vs Solidaridad - Europa vs las Naciones…

… Cameron lo “tiene fácil” (ante tanta insignificancia), pudiendo optar por desempeñar diversos personajes:

El del “Tyranosaurus rex”, lanzándose sobre la presa “paralizada” (UE) para depredarla hasta el exterminio. Intentando recuperar el autismo insular y cierta gloria victoriana.

El del “Coaching dialógico” aplicando la “inteligencia emocional”, para mejorar la posición relativa del Reino Unido ante una Europa de las Naciones, con una revalidación de la Alianza Atlántica (EEUU).

Sentarse a la puerta de su casa (Dowing Street 10) y ver pasar el cadáver su enemigo (la Unión Europea), para gozo de Conservadores y Laboristas… and God Save the Queen.

Adoptar el “Aurea mediocritas o Dorado término medio”, actuando con prudencia, generosidad, paciencia, conformándose con lo que se tiene y no dejándose llevar por las emociones desproporcionadas…

Pero antes debería preguntarse si el “decoupling” del Reino Unido puede funcionar.

Es posible que Cameron intente reemplazar a Shakespeare por Maquiavelo, pero puede encontrarse ante el riesgo de “representar” a Huxley /Un mundo feliz), para terminar “muriendo de sobredosis” como Amy Jade Winehouse. (Es sólo una metáfora).

A primera vista el gran enfrentamiento en Europa es entre el pagador y el sur europeo en bancarrota. Para los votantes alemanes, el milagro económico del país tras las Segunda Guerra Mundial fue construido a base de una moneda fuerte, prudencia en las finanzas y exportaciones sólidas. Es difícil para los electores alemanes entender que precisamente estas virtudes están en el centro de la crisis actual.

Sin embargo, Alemania tiene todo que perder si no ayuda al sur y la Eurozona se desintegra. Si Grecia, Italia y otros países caen en default, o cesación de pagos, los prestamistas alemanes y franceses serían los mayores perdedores. Si ellos también abandonan el euro, sería un desastre legal y financiero para todos.

Es más, el éxito de las exportaciones alemanas durante la pasada década se ha desarrollado sobre la base de un tipo de cambio débil más competitivo que entró en efecto al compartir la moneda con el sur de Europa. Sin el euro se podría esperar que Alemania, como refugio seguro, experimente un alza en su moneda con consecuencias devastadoras para la industria del país, que se basa en las exportaciones.

Mientras tanto, fuera del euro los países del sur en Europa verían caer en picada sus monedas, lo que conduciría a aumentos en la inflación y en el costo de la vida tan doloroso como las medidas de austeridad contra las que protestan actualmente.

Sin embargo estas crudas realidades no son ampliamente apreciadas en Alemania o en sus vecinos. Porque el verdadero problema es que no hay nadie que pueda tener la credibilidad para hablar por el interés común de Europa.

Desde sus inicios en los años cincuenta, el proyecto europeo ha sido manejado y controlado por un club de gobiernos nacionales. El proceso político ha sido de regateo tras bastidores con la presentación de los temas al electorado como un asunto de intereses nacionales en competencia. Sin embargo tal regateo es peligroso en una crisis financiera.

Cualquier solución debe ser acordada por los 17 gobiernos y ratificada por los 17 parlamentos en un proceso increíblemente lento. Y cuanto más tiempo toma, más se corre el riesgo que las disputas se vuelvan más amargas, y que la pérdida de confianza de los mercados en el euro sea mayor, socavando la frágil economía europea.

Pero tal como están las cosas, el público europeo está muy lejos de entender los temas o de aceptar que una mayor integración económica y política podría ser necesaria para salvar al euro.

Tristemente, este dilema político podría no tener una solución viable inmediata. Por ahora, parece que a lo único que atinan los “líderes accidentales” es a tratar de empujar algo con una cuerda, y siempre, un paso por detrás de los mercados, que son los que realmente “dictan” la atribulada agenda de la Unión Europea.

“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud” (otra metáfora)

Mira tú si en el último minuto, cuando ya nadie se lo espera, los “burócratas” de la UE o el tándem Merkozy “iluminan” una solución al estilo de Obama con General Motors.

General Motors está a punto de recuperar el liderazgo mundial de fabricantes de automóviles que le arrebató Toyota en 2008, cuando el gigante de Detroit estaba condenado a la quiebra. La firma japonesa, de hecho, ha visto perder su trono en 2011 hasta caer a la tercera posición de ventas mundiales, por detrás de GM y Grupo VW”… General Motors obra el milagro: de la quiebra al número uno en apenas dos años (El Economista - 11/11/11)

6, 79 millones de vehículos vendidos en 2011 avalan al fabricante estadounidense en su objetivo por recuperar el cetro. Esta cifra supone más de medio millón más que el Grupo Volkswagen y un millón más que Toyota, evidentemente afectada por los problemas de suministro tras los efectos del terremoto y tsunami del 11 de marzo.

El resurgir de GM corta de raíz las aspiraciones de Toyota de consolidarse como el número uno en el mundo. “Es una recuperación bastante notable dada la forma en que cayó hace dos años”, destaca Willy Shih, profesor en la Escuela de Negocios de Harvard.

“No es algo con lo que contáramos, ser más grande no era una meta para nosotros”, afirma Harry Wilson, un ex directivo de la compañía que ahora trabaja como jefe en una consultoría en Nueva York. Wilson sostiene que el principal objetivo de GM se “conformaba” con empezar a ser rentable para poder sobrevivir y crecer poco a poco.

En abril de 2006 (mira tú, si ha llovido desde entonces) escribí un Paper, al respecto, titulado: “Mecánica Popular” (Pasión y muerte de los “monstruos cromados de Detroit), donde defendía la conveniencia de “sostener” la industria automotriz estadounidense.

El juego de la deuda (la democracia en manos de los mercados)

El 8/11/11, BBCMundo proponía un juego, un juego editorial si se quiere. La única regla es que deben imaginar que tienen los ojos vendados y juzgar como si fueran un actor de los mercados financieros. Y tienen que hacerlo de forma implacable.

El ejemplo es real, pero no revelaré el nombre por ahora (decía el autor del artículo).

Veamos. Existe un país cuyo gasto público se acerca o supera lo que produce y que ha tenido dificultades para honrar los intereses de su deuda.

Desde hace meses ese mismo país ha estado al borde de una cesación de pagos (o default) y las agencias de calificación le han bajado la nota.

Para muchos analistas, un default sería catastrófico para la economía mundial. Sin embargo, incluso ante esta advertencia, los políticos que deciden sobre el destino de esa nación no se han puesto de acuerdo sobre cuál es el mejor camino para salir del brete.

Ahora ustedes me dirán...

Si aplicasen el juicio severo de los mercados con apenas los datos que expuse antes, seguramente concluirían que estamos ante un país en serios problemas, que genera mucha incertidumbre y una gran desconfianza.

Probablemente me anunciarían, también, que saldrían a vender cualquier activo proveniente de esa nación, a la que pasarían a considerar una suerte de paria financiero. ¿Me siguen?

Claro. Para ustedes, el hipotético mercado, la posibilidad de un default es un horroroso cuco. El Fondo Monetario Internacional (FMI) debería meter mano y obligar al gobierno a reducir su gasto, privatizar los servicios públicos, aumentar los impuestos y, sí, accionar la tijera de la austeridad.

¿Qué pasaría si les dijera que ese país es Grecia? ¿Mantendrían su opinión ustedes, el mercado? ¿Y si fuese Italia? ¿Harían lo mismo? Tal vez sí (“ahora más que nunca”).

¿Y si les revelara que se trata de Estados Unidos? ¿Cambiarían de parecer y atenuarían su evaluación? ¿Declararían que “no es tan así”? Piénsenlo.

He aquí el problema. Antes el mismo punto de partida, los actores del mundo de las finanzas parecen aplicar criterios disímiles: Grecia vive en un desorden contable y político, e Italia tiene un rojo en sus balances agravado por la dudosa credibilidad de Silvio Berlusconi, mientras que Estados Unidos... bueno, la mayor economía del mundo eventualmente sabrá cómo sobreponerse.

En otras palabras, así como a veces los juicios de la diplomacia internacional responden a los intereses de las potencias, las sentencias del ámbito financiero en algunos casos reflejan los intereses de las economías hegemónicas o las industrias predominantes, como la financiera.

Y a ello hay que añadirle que esos juicios tienen un innegable componente irracional. Como ya les contamos en BBC Mundo, el mundo de las finanzas ya es cosa de psicólogos.

Claro que se podría objetar que hay razones para distinguir entre Grecia e Italia, por un lado, y Estados Unidos, por el otro.

Los griegos efectivamente tienen serios problemas para generar recursos, los italianos están empezando a padecer el mismo mal y los gobiernos de ambos están en crisis, mientras que Estados Unidos puede salir adelante tan sólo por el dinamismo de su economía y su enorme capacidad productiva, además de tener una administración más estable.

¿Pero es suficiente todo esto para justificar una percepción tan diferenciada, si la base del problema, su columna vertebral, es la misma?

(Si el lector quiere continuar el “juego de la deuda” más allá de lo propuesto por BBCMundo, puede reemplazar a EEUU por el Reino Unido -evitado por obvias razones-, o agregarlo, en su caso, y el resultado sería el mismo. ¿Sospechoso, verdad?)

La deuda y la obsesión de los mercados



A raíz de las crecientes tensiones en torno a la deuda pública y la obsesión de los mercados por hacer creer que la deuda pública puede dar origen a una nueva crisis global, me ha parecido útil esta gráfica que compara la deuda pública y privada de varios países. El gráfico está tomado de un Informe de McKinsey y ha sido publicada en BusinessWeek. A diferencia del segundo gráfico que se presenta posteriormente, éste primero es una instantánea, una imagen que no toma en cuenta la historia o el “cómo se llegó hasta aquí”. El segundo gráfico permite apreciar la evolución de este endeudamiento.



Un dato que salta a la vista es que mientras la deuda pública de países como Alemania, Italia y Estados Unidos representa un tercio de la deuda total, para el caso español la deuda pública es menos de un quinto del total de la deuda. Del mismo modo, mientras Alemania e Italia tienen una deuda total en torno al 300% del PIB, Japón y el Reino Unido tienen una deuda bastante mayor, que llega al 500% del PIB. ¿Por qué entonces, Japón y el Reino Unido no reciben las mismas presiones que los países de la zona euro? Muy simple: la mayor parte de la deuda de Japón está en manos de inversores japoneses; y en el caso del Reino Unido, hay deudas repartidas con Estados Unidos. Queda claro que el problema europeo se debe a falencias de su propia integración que no fueron pensados inicialmente. ¿Pero es para provocar tanto miedo?



Deuda pública y banca

Gran parte de la preocupación por la deuda pública no es más que para crear alarmas y obligar a los países a aplicar los draconianos planes de austeridad que, como está quedando demostrado, hunden más a la economía real. Lo que se pretende ocultar, es el que el problema de la deuda no ha sido de los gobiernos sino de la banca y las instituciones privadas. Es lógico exigir ahora que sea la banca la que asuma su fracaso y absorba las pérdidas. Es lo que hay que declarar en Grecia y en todos los países que le dieron carta libre a la banca para que ésta hiciera y deshiciera a su antojo. Para colmo, gran parte del endeudamiento público generado a partir de 2007 se debe justamente al irrisorio esfuerzo de los gobiernos por rescatar a una banca víctima de su propia mordaza: el apalancamiento.

Los problemas que tensionan a la economía no tienen nada que ver con la deuda pública sino expresamente con la deuda privada. Y es justamente el sector privado el que presiona a través de las agencias de calificación por un pronto rescate, lo que quiere decir inyectar mucho dinero que los contribuyentes deberán pagar por décadas. Se exige un mínimo de dos billones de euros para rescatar a la banca europea, mientras se obliga a los países a aplicar masivos estrangulamientos presupuestarios a sectores claves de la economía como la salud, la seguridad y la educación.

Alemania ha adelantado que el próximo Fondo de Rescate superará el billón de euros, sin dar señales claras de dónde sacará ese dinero. Se le sigue el juego a Estados Unidos y los planes de flexibilización cuantitativa impuestos por la Fed, como si algo hubiese avanzado esa economía tras cuatro años de crisis.

Ese dinero público que se inyecta al sector privado no va para la creación de escuelas, hospitales o nuevos desarrollos en las infraestructuras. Se destina expresa y exclusivamente a tapar los agujeros de un sistema financiero que está a punto de estallar, producto del fraude masivo en el período expansivo del ciclo. Es por tanto un dinero destinado a desaparecer en el gran agujero negro de las finanzas sin que genere ningún impulso revitalizador en la economía, tal como ha sido en Estados Unidos.

Se ha creado el mito de que sin el sistema financiero nada puede funcionar. Se cree que es la profunda interconexión del sistema financiero la que facilita la vida en la Tierra y que sin una banca funcionando las 24 horas del día volveríamos a la edad de piedra. Eso es falso. Si algunos de los grandes conglomerados bancarios desaparecieran de la faz de la Tierra todo seguiría exactamente igual. En cambio, si cerraran las escuelas, los hospitales, los pozos petroleros o los laboratorios, ahí sí que ocurriría algo grave. La riqueza real se mide por la capacidad productiva de una economía y no por la capacidad de hacer fraudes financieros.

Es cierto que un cese total de la banca generaría ondas de choque en términos de aumento en las tasas de interés y caída en el valor de las acciones. Pero este shock transitorio no duraría mucho tiempo si los gobiernos reemplazaran la parte real y formal de la banca y abandonaran la parte ficticia.

Antieuropeísmo “black label” (el oxímoron de Cameron)

Los mercados son omnipresentes en el debate sobre el futuro de la eurozona.

¿Pero son “los mercados” el tipo de consideraciones que los políticos deben tener en cuenta a la hora de tomar decisiones?

“El mercado consiste en cientos de miles de analistas e inversores que hacen cálculos muy detallados”, señaló, en conversación con la BBC, el ex ministro de Economía británico Norman Lamont (13/11/11).

“Esta es la democracia de los mercados... inversores profesionales, que actúan en nombre de usted y yo y nuestros fondos de pensiones”, asegura quien fuera también secretario del Tesoro en el gobierno de Margaret Thatcher.

Desde su punto de vista, los mercados son la expresión de la voluntad de la gente. En cuyo caso, siguiendo el argumento, los políticos deben prestarle atención a lo que los mercados están diciendo, y asegurarse de mantener la confianza de los inversores.

Según Terry Smith, director ejecutivo de la firma de corredores de bolsa Tullett Prebon, los mercados defienden mejor a la democracia que los mismos ciudadanos.

“La razón por la que muchos políticos atacan a los mercados y tratan de regularlos es porque los mercados los obligan a rendir cuentas, mucho más que su electorado en algunos casos”, asegura.

No, no, no, no, no...

Esa descripción del capitalismo democrático no cae en gracia en otros sectores.

“Es un tipo curioso de democracia si el número de votos que uno tiene depende de la cantidad de dinero que posee”, apunta Andrew Simms, de la Fundación New Economics.

Durante las últimas décadas, argumenta, los países en los que se ha dejado que los mercados se comporten como quieran, se amplió la desigualdad económica, y el poder ha ido quedando en manos de un número cada vez más reducido de individuos.

“La mera frase “la democracia de los mercados” es obviamente un oxímoron”, mantiene.

“El mercado ha hecho lo opuesto de actuar en el interés de la mayoría. Si bien es cierto que el dinero es de la gente común, esa gente tiene poca o ninguna posibilidad de decidir dónde se invierte”.

Y, aduce, esa desconexión democrática ha causado estragos.

“Las pensiones de la gente han sido trituradas como consecuencia de la manera en la que los mercados han operado, a pesar del hecho de que quienes manejan los mercados son muy buenos a la hora de proteger sus intereses propios”.

Y esos individuos pueden ejercer mucho poder mientras obtienen vastos beneficios.

Se dice por ejemplo que George Soros ganó más de US$ 1.000 millones en el denominado “Miércoles negro” -el 16 de septiembre de 1992-, cuando apostó contra el gobierno británico por su indecisión frente al Mecanismo Europeo de Cambio (MEC). Sus acciones contribuyeron a la retirada del Reino Unido del acuerdo y a la devaluación de la libra esterlina.

Para el economista John Kay, el sólo hablar de “los mercados” como si fuera un ente singular, o frases como “lo que los mercados piensan” es antropomorfizar de una manera absurda.

“La esencia de los mercados es que son una colección de opiniones, no necesariamente opiniones informadas, ni necesariamente democráticas, sino una colección de opiniones”, arguye.

Básicamente, el argumento sobre el papel y la responsabilidad de los mercados es filosófica, no sólo política, o económica. ¿Quién sabe qué es correcto y qué es errado? Lo bueno y lo malo gradualmente se funden en la batalla de las ideas contradictorias.

Los mercados no son una fuerza democrática ni inteligente. Están sujetos a momentos de histeria o influencias de moda y, mientras los inversores no quieren que su dinero se gaste en empresas criminales, ciertamente no están “expresando opiniones” al invertir.

Tal vez, sobre estos aspectos debería reflexionar David Cameron a la hora de resolver si hace lugar a la petición de convocar un referéndum para que el pueblo británico resuelva sobre la continuidad, o no, del Reino Unido en la Unión Europea.

Difícil tendrá escuchar la voz de la gente, mientras intente dejar la democracia en manos de los mercados.

Es cierto que en una Europa en “vías de desarrollo”, es muy complicado contestarse la pregunta: “Soy europeo ¿pero de dónde soy?”. Por lo que sería muy fácil marcharse.

También es cierto que el Reino Unido (según mi opinión, perdón) es la enfermedad silenciosa de Europa. Por lo que sería muy prudente expulsarlos.

Aunque mi deseo (perdón) sería darle al Reino Unido el “go home”, creo que el pueblo británico se merece la oportunidad de resolver el “opt out” de la Unión Europea.

No obstante, pienso que finalmente los “business” de la banca británica (“cuando la música pare, las cosas se complicarán, pero mientras suene tienes que levantarte y bailar”), forzarán al gobierno a continuar “conviviendo” (con las debidas infidelidades) con la “odiada” Unión Europea. Por lo que la democracia de los mercados se impondrá (“of course”) a la democracia real. Y los ciudadanos tendrán que seguir acampados en Saint Paul Cathedral o en The Tower of London (interesante metáfora).

Regreso al “Preguntero”, para plantear algunas cuestiones pendientes de explicación

Mientras el Reino Unido reflexiona si le interesa o le conviene abandonar el modelo económico de la Unión Europea, que por el momento resulta inestable, desequilibrado, descoordinado y, en última instancia, insostenible, quedan preguntas por contestar:

¿El “decoupling” del Reino Unido puede funcionar?

¿Cuándo se queden solos, de dónde vendrán los euro-dólares? ¿Cómo reciclarán?

¿Cuándo se queden solos, trasladarán el “paraíso fiscal” a Singapur, a Hong Kong (bajo el protectorado chino), a Malasia, a Bahamas…?

¿Cuándo se queden solos, le interesará a los Estados Unidos mantener su “chiringuito” financiero (shadow banking) en la City londinense?

¿Qué harán cuando los bancos zombis entren al “jardín de senderos que se bifurcan”?

¿Qué pasará cuándo descubran que han llegado al lugar del que nunca se vuelve?

En tanto van alcanzando las “respuestas”, como viejo corresponsal de guerra (económica), me permito sugerir (humildemente): un prudente cuidado con las fantasías conscientes o inconscientes de omnipotencia, y el narcisismo (una reducción idealizada de quiénes son o, más exactamente, quiénes quisiera ser), tan… “british”, por otra parte.

Mientras Cameron lee a Jorge Luis Borges, muy anglófilo, para mayor gloria, y reflexiona sobre los “senderos que se bifurcan”, al “Preguntero” la actitud del Reino Unido con la Unión Europea, le recuerda la postura de Cataluña con España, (puro chantaje y simulación). Coacción e hipocresía. Un cuento macabeo. Una trola de mercaderes fariseos. Ellos, a lo suyo (y si cuela, cuela)… “The game is the game”.

Coda (no comment): hagan sus apuestas

Una vez finalizada la redacción del Paper (14/11/11), se cruzan dos interesante artículos periodísticos que dejo para que ustedes puedan dar o quitar razón al “Preguntero”.

- Los británicos solo buscan comercio (El País - 19/11/11) Lectura recomendada

Gran Bretaña no le interesa la construcción política de Europa: solamente le interesa las ventajas comerciales de estar dentro

(Por Walter Oppenheimer - Londres)
¿Por qué está Gran Bretaña en la Unión Europea? Es una pregunta que se hacen muchos europeos cada vez que el continente quiere avanzar en la construcción europea y se ve frenada por las reticencias del socio británico. Lo explicó con gran claridad el primer ministro, David Cameron, el viernes en Berlín. “Gran Bretaña está en Europa porque es una nación dedicada al comercio. Este es el mayor mercado único del mundo. El mercado único es en parte una creación británica. Estamos orgullosos de esa creación”.



Es decir, a Gran Bretaña no le interesa la construcción política de Europa. Sólo le interesa las ventajas comerciales de estar dentro. Y por eso la libra esterlina no está en el euro. No porque los británicos pensaban hace 20 años que el euro iba a ser un fracaso, como dicen ahora, sino por todo lo contrario: porque temían que sería tal éxito que acabaría llevando a una mayor integración política. Y eso, perder soberanía, es lo que más temen. Quieren que al final sea siempre Westminster quien decida. Y eso es incompatible con un movimiento que consiste en decidir en común.

Ese es el elemento que transpiraba detrás de la oposición de Margaret Thatcher a la moneda única europea. El 20 de octubre de 1990, The Economist publicó un editorial criticando que la oposición de Thatcher se basa “en prejuicios y poca cosa más”. “La señora Thatcher pone objeciones a la unión monetaria europea porque comportaría, dice, ‘una inaceptable pérdida de soberanía’. Pero eso plantea dos cuestiones: ¿qué tipo de soberanía e inaceptable para quién?”, escribía la revista.

El semanario restaba importancia a que Londres perdiera su soberanía monetaria porque la utiliza “con inequívoca incompetencia”, fomentando altos y bajos en la economía. Y, de forma chocante en el debate actual, criticaba a quienes se oponían a la moneda “porque temen la pérdida de la soberanía fiscal, el poder de tomar decisiones sobre impuestos y gasto público”. “Pensar que la unión monetaria afecta a la soberanía fiscal es un error”, opinaba.



El sucesor de Thatcher, John Major, no tenía hostilidad hacia Europa y el proyecto de moneda única. Él, que metió a la libra en la serpiente monetaria cuando estaba en el Tesoro, la veía como un complemento lógico del mercado interior, aunque las divisiones en su partido le hicieron distanciarse del proyecto. Primero, proponiendo sin éxito la creación de una moneda común, pero no única, en paralelo a las monedas nacionales. Y luego, negociando para Gran Bretaña el derecho a quedarse fuera de la moneda europea y elegir el momento de entrar. El famoso opt-out.

El laborista Tony Blair hubiera ingresado en el euro de inmediato si hubiera tenido la seguridad de ganar el referéndum de acceso y si su rival Gordon Brown no hubiera tomado el euro como rehén en sus batallas contra él. Brown tenía dudas sobre el euro, pero sobre todo acerca del mejor momento para ingresar, dadas las divergencias del ciclo económico británico y el continental.

Las críticas técnicas a la unión monetaria se dieron sobre todo entre académicos de Estados Unidos, que señalaban que Europa carecía de la movilidad laboral, transferencias fiscales transfronterizas, unidad de ciclo económico o la incidencia más uniforme de los choques económicos que se da en Estados Unidos. Aunque algunos, como Fred Bergsten, director del Peterson Institute for International Economics de Washington, opinaban que esos factores se verían contrarrestados por la comprobada capacidad de cada Estado miembro de superar sus sustanciales diferencias. Y en Gran Bretaña, de nuevo The Economist afirmaba en mayo de 1997 que “no hay que exagerar esas dificultades”. “América tampoco parece un área monetaria perfecta. Si la moneda única obliga a los gobiernos a hacer sus economías más flexibles, como esperan muchos de quienes la proponen, traerá beneficios adicionales, no impondrá mayores costes”.

Pero sí hubo una voz británica contraria al proyecto de unión monetaria por razones técnicas y no políticas: personaje muy peculiar, Wynne Godley. Músico profesional primero y luego economista del Tesoro y después profesor del King’s College de Cambridge, Godley, que falleció el año pasado, escribió en octubre de 1992 un artículo profético en la London Review of Books. “Aunque apoyo el movimiento hacia la integración política de Europa, creo que las propuestas de Maastricht tal y como están son seriamente defectuosas”, decía. Tras citar una lista de objeciones técnicas que recuerdan asombrosamente a los problemas que se dan estos días en la zona euro, concluye: “Simpatizo con la posición de quienes (como Margaret Thatcher), enfrentados a la pérdida de soberanía, quieren saltar del tren de la unión monetaria. También simpatizo con quienes buscan una integración con cierta forma jurídica de constitución federal, con un presupuesto federal mucho mayor que el presupuesto de la Comunidad. Lo que encuentro totalmente desconcertante es la posición de quienes buscan la unión monetaria sin crear nuevas instituciones políticas (aparte de un nuevo banco central) y que levantan las manos horrorizados ante la palabra ‘federal’ o ‘federalismo’. Es la posición que tienen el Gobierno y casi todos los que participan en el debate público”. Nadie le hizo caso.

- El dilema británico (El País - 20/11/11) Lectura recomendada


Reino Unido no logra controlar la inflación, pese a que el crecimiento económico casi roza la recesión
(Por Fernando Cano)
Reino Unido creció un 0,5% en el tercer trimestre del año, alentando las previsiones más pesimistas, que hablan de un crecimiento más cercano a cero a finales de año. La situación de la tercera economía europea no es muy distinta de la del resto de la UE, con elevados déficit fiscal y deuda pública y una incipiente ralentización del sector exterior. El problema radica en que una preocupante combinación de elevada deuda de los hogares, altas tasas de paro y un crecimiento galopante de la inflación impide mantener en pie el consumo interno, uno de los principales motores de su crecimiento reciente.

En estos momentos, las previsiones oficiales del Fondo Monetario Internacional (FMI) hablan de que la economía británica crecerá un 1,1% este año, mientras que la OCDE apuesta por un alza del 0,9%. No obstante, las últimas cifras están lejos de estas previsiones, y solo los más optimistas creen que el crecimiento de 2011 rondará ese nivel. En el segundo trimestre, el PIB aumentó un 0,1%, y en septiembre, el crecimiento interanual fue del 0,5%. El temor a una nueva recesión en Europa ha tirado por tierra los pronósticos de una importante recuperación en el cuarto trimestre del año.
Pese a ese débil crecimiento, los precios están en plena escalada. En septiembre, el IPC creció un 5,2%, el nivel más alto en tres años. El Gobierno justifica el dato por la reciente subida del IVA al 20% y por los crecientes precios de la energía. Las previsiones del FMI indican que los precios crecerán en 2011 el 4,5%, más del doble de la meta gubernamental. Esa alza puede frenar la demanda de los hogares, que, según la OCDE, solo crecería un 0,2% este año, cuatro décimas menos que el año pasado.
Pero el consumo interno no es lo único que se mantiene estancado. El comercio exterior tampoco pasa por su mejor momento. Hasta ahora, la fortaleza de la libra esterlina había logrado reducir el déficit comercial al 1,7% del PIB durante el segundo semestre del año, desde el 3% de 2010. No obstante, con Alemania, Francia y EE UU coqueteando con bajísimas cifras de crecimiento, las ventas de Reino Unido se resentirán duramente, ya que la reducción de la demanda internacional es inminente en el nuevo escenario.
En estas circunstancias, el gasto público se antoja como una de las pocas soluciones para tirar de la economía. Pero el Gobierno británico debe manejar el delicado equilibrio para seguir estimulando la economía y no desequilibrar sus cuentas. En 2010, el déficit fiscal llegó al 10,3% del PIB, frente al desequilibrio del 11,5% un año antes. Los datos de Eurostat reflejan, además, que la deuda pública llegó a finales de 2010 al 79%, frente al 44% de 2007, el año en el que estalló la crisis financiera internacional.
La OCDE ha sugerido a Londres nuevas reformas para mejorar la eficiencia del sector público y aumentar la edad efectiva de jubilación. De esa forma, dicen, se mitigarían las presiones fiscales a través de la racionalización más que de los recortes. Adicionalmente, proponen continuar con una política monetaria expansiva este año para apoyar la actividad. Con todo, los pronósticos para 2012 siguen a la baja. El FMI habla de un 1,6%, el Banco de Inglaterra prevé un alza del PIB de solo el 1% y la OCDE se decanta por un 0,8%. Todo dependerá del desempeño de la Unión Europea durante los próximos meses.
Lo dicho Señores, ustedes mismos… (nos vemos en el referéndum… ¡Ja!)
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