Paper United Kingdom: ‘come back home’ (Europe: ‘go to hell’) ¿Última traición de la City a Bruselas?



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Cuarenta años después, también en Nueva York, las Torres Gemelas establecieron un nuevo récord mundial con 410 metros, treinta más que el Empire State, y cedieron su puesto pocos meses después a la Torre Sears, en Chicago, con 440 metros. La inauguración de estos tres colosos coincidió con la “estanflación” de los 70, una combinación de alta inflación y estancamiento económico que se prolongó hasta bien entrada la siguiente década.

En 1998 las vanguardistas Torres Petronas de Kuala Lumpur superaron a la Torre Sears al alcanzar 450 metros. Durante ese año la economía no sólo de Malasia sino de todo el Sudeste asiático, bajo los efectos del colapso financiero del verano anterior, entró en una brutal depresión, con caídas de la producción cercanas al 40%.

La construcción del siguiente edificio más alto del mundo, el espectacular Taipei 101, con 510 metros, coincidió con la histórica caída en las bolsas de las empresas puntocom, a comienzos del nuevo siglo. Sin embargo, su inauguración se retrasó hasta el año 2004 debido, precisamente, a dificultades financieras y a un terremoto, entre otros motivos.

Todos los récords fueron pulverizados el año pasado con la apertura en Dubai del edificio Burj Khalifa: 828 metros, tan alto como la suma del Taipei 101 y la Torre Eiffel, o como una de las Torres Gemelas encima de la otra. Dos meses antes de su inauguración, en noviembre del 2009, Dubai anunció que no podía devolver los 80.000 millones de dólares de su deuda y cerraba el ejercicio económico con la primera caída del PIB en 21 años.

La maldición de los rascacielos llega ahora a Europa. Justo cuando la UE atraviesa la mayor crisis desde su nacimiento se está construyendo en Londres el edificio más alto del continente. Se trata de The Shard, una moderna pirámide de cristal de 310 metros obra del arquitecto italiano Renzo Piano, cuya inauguración está prevista para mayo del 2012, dos meses antes de los Juegos Olímpicos.

The Shard se encuentra junto al Támesis, en el distrito de Southwark, al otro lado de la City. Se ha diseñado con una estructura triangular irregular y tendrá 72 plantas, en la última de las cuales habrá un observatorio al aire libre. Su cubierta de cristal reflejará la luz del sol de forma que cambiará de aspecto según el tiempo que haga y la estación del año.

Mientras la tormenta de deuda soberana amenaza la misma existencia del euro, los indicadores económicos apuntan a que The Shard verá la luz en medio de una nueva recesión. La nueva torre de Londres se suma así a un maleficio que se remonta como mínimo a 1892, año en que por primera vez un edificio superó los 90 metros en Chicago, y en el Estados Unidos sufrió una fuerte contracción económica seguida de un pánico bancario.

¿Se trata de una simple coincidencia? ¿Cuál es la causa de que los edificios más altos se construyan siempre en tiempos de crisis? “Detrás de todos estos casos se encuentra el crédito fácil”, asegura Mark Thornton, economista del Instituto Mises, en Alabama, EEUU.

Thornton ha estudiado la “maldición” y ha llegado a la conclusión de que no es una casualidad, sino la consecuencia de una distorsión económica generalizada cuyo origen está en el exceso de crédito: “Los rascacielos son la manifestación más visible de un vasto proceso de construcción de todo tipo de edificios que tiene lugar en la primera etapa de un ciclo económico, la del boom”.

El dinero barato, suministrado en la actualidad por los bancos centrales, lleva a la economía a un estado de hiperactividad de la que los rascacielos son sólo un llamativo síntoma. Al mismo tiempo siembra la semilla de la recesión, porque el crecimiento explosivo que genera es ficticio. La crisis y los rascacielos son dos efectos diferentes de una misma causa. Por eso coinciden en el tiempo.

“El sector inmobiliario es casi siempre uno de los más afectados por los ciclos económicos”, explica Thornton. “Durante la fase inicial sube la bolsa, aumenta la especulación y de repente cualquiera es un genio capaz de ganar mucho dinero con la compra-venta de acciones y propiedades inmobiliarias. Es en ese momento de locura cuando se suelen anunciar los proyectos de los grandes edificios”.

Además de generar esa locura colectiva, los tipos de interés artificialmente bajos incentivan la construcción de rascacielos por tres motivos, según Thornton: aumentan la demanda de suelo y con ello su precio, de manera que la altura se convierte en la clave para hacer rentable un edificio; aumentan también la demanda de espacio de oficinas; por último, reducen el coste de desarrollar las nuevas tecnologías que se requieren para estos proyectos, cada uno de ellos un auténtico prodigio de ingeniería superior al anterior.

Por eso, añade, “los edificios más altos del mundo se construyen normalmente cuando los tipos de interés efectivos son significativamente más bajos que los naturales, como resultado de una intervención del gobierno (a través de los bancos centrales)”. Estos proyectos se ponen en marcha en plena burbuja, pero requieren varios años. Cuando concluyen, el panorama ha cambiado por completo: “En un momento determinado los mercados caen bruscamente, llega la recesión y el desempleo se dispara. Los rascacielos suelen completarse en plena crisis”, dice Thornton.

Ahora bien, ¿qué es lo que desata semejantes vaivenes en la economía? ¿Y qué relación tienen con el exceso de crédito? Para responder a esas preguntas hay que recurrir a la teoría económica.

La maldición de los rascacielos se puede considerar una manifestación particular de la Teoría Austriaca de los Ciclos Económicos. Esta teoría predice que la creación de crédito “artificial” (no procedente del ahorro y, por tanto, sin respaldo de riqueza real) genera una impresión falsa de prosperidad que engaña a los empresarios y se extiende a toda la sociedad. Aparentemente, existen más recursos disponibles, pero en realidad sólo se ha creado dinero.

La distorsión económica comienza cuando los bancos toman prestado ese dinero. Para obtener un beneficio necesitan colocarlo en el mercado, aun a costa de volverse menos selectivos: “La Reserva Federal inyecta crédito a bajos tipos de interés, y los bancos que lo reciben rebajan sus criterios, prestándolo a clientes menos fiables”, dice Thornton. “De esta manera se producen errores de inversión generalizados”.

La reciente burbuja inmobiliaria en España, en la que los bancos ofrecían insólitas facilidades de financiación, es un buen ejemplo de este proceso, en el que no faltaron rascacielos ni clamorosos errores de inversión. El primer efecto de estas inyecciones de crédito es una gran expansión económica. Los empresarios, incentivados por la financiación artificialmente barata, se lanzan a invertir, fundan o amplían empresas y crean muchos puestos de trabajo. El exceso de dinero dispara las acciones, los precios de la vivienda y los sueldos, lo cual contribuye a la falsa percepción general de prosperidad.

El crédito barato es como una raya de cocaína que causa euforia e invita al optimismo. Todos los proyectos empresariales se vuelven posibles, todas las inversiones parecen rentables. Se trata de un fenómeno que afecta también a los consumidores, haciéndoles perder la noción de la realidad. Según dos psicólogos estadounidenses, el exceso de crédito ha contribuido a crear en los últimos años una epidemia de narcisismo, un trastorno que implica una pérdida de conciencia sobre los propios límites.

Ese ambiente de expectativas exageradas es un caldo de cultivo para proyectos grandiosos como los rascacielos: “Casi nunca los construyen sus futuros ocupantes ni cuentan con clientes comprometidos de antemano”, asegura Thornton. “La idea es constrúyelo, y vendrán. Por eso se pueden considerar indicadores de un exceso de confianza”.

Una vez pasada la euforia, se impone la realidad. Antes o después se demuestra que la abundancia de crédito era un engaño: no hay ahorro insuficiente para respaldar la inversión masiva, no existen recursos para sostener todos los proyectos iniciados y muchos de ellos tienen que ser cancelados antes de culminar. En ese momento llegan el cierre de empresas, los despidos, las oficinas vacías, los edificios a medio construir y otras manifestaciones típicas de una recesión. Entre ellas, la cancelación de proyectos de rascacielos, en algunos casos antes de nacer (recientemente en Korea, Dubai e India) y en otros a medio terminar (Tailandia).

La maldición de los rascacielos afecta también a las compañías que deciden construirse uno propio. La Torre Sears, el edificio más alto del mundo desde 1973 hasta 1998, fue creada para albergar las oficinas de la legendaria compañía del mismo nombre. Al poco tiempo, las ventas del que era hasta entonces el mayor minorista del mundo comenzaron a caer, hasta el punto de que tuvo que vender el edificio, que ahora se llama Torre Willis.

Similares contratiempos perjudicaron a AT&T en 1984 y a AOL Time Warner en el 2003, tras la inauguración de sus flamantes rascacielos en Manhattan, así como a la empresa canadiense de gas Encana, cuyo valor en la bolsa ha caído más de un 20% justo este año en el que está previsto que termine de construirse su sede central, el edificio más alto del país fuera de Toronto.

Los propios rascacielos son a veces víctimas de este embrujo: el Empire State Building tuvo en sus comienzos una demanda de ocupantes tan escasa, en algunos momentos de apenas el 25%, que en los años 30 los neoyorkinos lo llamaban “the Empty State Building”. Lo mismo le ocurre hoy al Burj Khalifa, donde apenas 100 de los 900 apartamentos disponibles están ocupados, y el precio de los alquileres ha caído a la mitad.

La próxima víctima, ¿China?

Si la maldición continúa, hay dos países que deberían preocuparse: Arabia Saudí, que acaba de anunciar la Kingdom Tower, un edificio que doblaría la altura del Burj Khalifa, y sobre todo China. En la nueva superpotencia, que ya cuenta con 200 rascacielos, tantos como EEUU, se van a levantar otros 600 durante los próximos cinco años, uno nuevo cada tres días. Si se completan todos los proyectos, en el año 2015 China contará con el segundo y el tercer edificio más altos del mundo, y con seis de los diez primeros.

Thornton cree que China muestra síntomas de la maldición, pero no afirma con rotundidad que vaya a sufrirla: “Es muy difícil distinguir entre el crecimiento normal y el crecimiento causado por un ciclo económico”. Sin embargo cree que la ciencia económica es imprescindible para hacer un diagnóstico correcto. “La Teoría Austriaca (llamada así por la procedencia de sus principales autores), se basa en la distinción entre los tipos de interés reales, que son señales que generan desarrollo, y los tipos de interés falsos, señales erróneas que causan los ciclos económicos”.

“Entender un rascacielos como una manifestación de un ciclo económico, y cómo los tipos de interés pueden ocasionar malas inversiones que canalizan recursos de forma inadecuada, ayudaría mucho a los economistas a entender la naturaleza de los ciclos y sus soluciones”.

El costo político de una nueva flexibilización cuantitativa podría haber aumentado demasiado”... Una nueva relajación cuantitativa costaría demasiado al gobierno del Reino Unido (The Wall Street Journal - 3/10/11)

Ahora se dice que QE, o flexibilización cuantitativa, es una mala palabra en los pasillos de Downing Street Nº 10.

Y existe una muy buena razón para ello: la inflación.

La presión alcista en los precios al consumidor se ha mantenido persistentemente alta mientras la economía del Reino Unido continúa inestable.

En otras palabras, la recuperación que podría haber hecho más soportable la inflación no se ha materializado y el gobierno ahora tiene que enfrentar una delicada situación de una población que ha experimentado un empeoramiento en su calidad de vida debido a que la inflación afecta cada vez más su poder adquisitivo.

Nuevas evidencias surgieron el viernes 30 de septiembre (2011), con el barómetro clave John Lewis de las compras de la clase media, que registró una caída de 1,7% en las ventas sin IVA la semana pasada, comparado con un año atrás. Otras cifras mostraron que la confianza de los consumidores había repuntado levemente, pero aún sigue en uno de los niveles más bajos de los últimos 37 años.

Entonces usted podría preguntarse ¿por qué una QE sería tanto problema?

En todo caso, mientras la economía continúa inestable, el respaldo para otra ronda de compras de activos está aumentando en el Banco de Inglaterra. Muchos analistas están esperando que el banco central anuncie otra ronda de 50.000 millones de libras esterlinas el próximo jueves (6/10), o de lo contrario, en su próxima reunión de política en noviembre (2011).

El problema es que la QE tal vez no sea la panacea que el banco espera.

Se podría decir que, dado el actual estado de la economía, el programa de QE que se lanzó inicialmente hace más de dos años no ha resultado un éxito rotundo.

Además, dada la flexibilización en la política monetaria que representan las compras de activos del banco central, también se podría argumentar que la QE ha contribuido a las presiones inflacionarias que ahora acosan a la economía.

Una nueva ronda de QE podría empeorar estas presiones, impulsar la inflación incluso por sobre el 5% que se proyecta para fin de año y llevar el fracaso de la recuperación al primer lugar de la agenda política.

Debido a que el gobierno de la coalición oficialista que lidera David Cameron sólo tiene una ventaja marginal sobre el Partido Laborista de oposición en las encuestas, esto sin duda serán malas noticias.

Cameron y el canciller George Osborne podrían determinar que deberán comenzar a socavar la credibilidad que han construido en el exterior, mediante su programa de austeridad al comprometer sus planes de recorte de gastos y aumentos tributarios sólo para mantener a la economía en equilibrio y fortalecer su respaldo a nivel nacional.

La advertencia que hizo en la primera semana de octubre (2011) Brigitte Bieg, gerente de cartera del Banco Nacional Suizo, sin duda causará alarma entre los políticos conservadores. Bieg indicó que si bien al Banco Nacional Suizo le gustaría aumentar la proporción de libras esterlinas en sus reservas internacionales, está “realmente preocupada” por la inflación en el Reino Unido.

El Banco de Inglaterra dijo el jueves que comprará 75.000 millones de libras en bonos públicos británicos, en una nueva ronda de expansión cuantitativa con la que pretende estimular la estancada economía de Reino Unido”… El Banco de Inglaterra expande la relajación cuantitativa (The Wall Street Journal - 6/10/11)

El banco central británico dijo que el comité de política monetaria acordó financiar una segunda ronda de compra de activos con dinero de nueva creación para asegurar que la tasa de inflación no caiga por debajo del objetivo del 2,0% en el medio plazo.

“Las vulnerabilidades asociadas al endeudamiento de algunos países y bancos de la eurozona han supuesto severas tensiones en los mercados de financiación de los bancos y en los mercados financieros, de forma más general. Estas tensiones en la economía mundial amenazan la recuperación de Reino Unido”.

El comité de política monetaria también votó mantener los tipos de interés sin cambios en el 0,5%.

La decisión de aumentar el programa de compra de activos no fue una sorpresa, ya que el Banco de Inglaterra ya había dicho en septiembre (2011) que era cada vez más probable que se embarcara en una nueva ronda de expansión cuantitativa. Sin embargo, el calendario de la ampliación sí que fue una cierta sorpresa, ya que los economistas consideraban que la decisión era más probable en noviembre.

El Banco de Inglaterra compró 200.000 millones de libras en activos, en su mayor parte bonos públicos, entre marzo de 2009 y febrero de 2010, en un esfuerzo por luchar contra la deflación.

El banco central dijo que las compras de bonos se completarán en cuatro meses y que se harán de manera uniforme en tres áreas de vencimientos. Añadió que el importe de la compra de bonos se mantendrá en revisión.

Según un estudio realizado por el Instituto de Estudios Fiscales (IFS, siglas en inglés), una organización de investigación financiera independiente, los ingresos medios de la población bajarán un 7% hacia finales de la presente década. Como consecuencia, 3,1 millones de niños, un 23,1%, vivirán en la pobreza absoluta en 2020, frente a los 2,8 millones, un 21,1%, contabilizados en la actualidad”... La cuarta parte de los niños de Reino Unido, en la pobreza absoluta en 2020 (El Economista - 11/10/11)

La organización considera que esta situación se deberá a los recortes en los subsidios a las familias aplicados por el Gobierno de coalición y el aumento de los impuestos, como el Impuesto al Valor Añadido, que ha pasado del 17,5 al 20%.

El instituto define la pobreza “absoluta” cuando los ingresos de una familia están por debajo del 60% de la cantidad media establecida.

Por su parte, un portavoz del Gobierno ha afirmado que el estudio no tiene en cuenta el impacto que tendrá el cambio de comportamiento de la gente debido a las modificaciones en el llamado estado del bienestar, ya que la actual administración busca empujar a la gente a buscar trabajo para no depender de las ayudas estatales.

Londres, la ciudad europea con más capitalismo por metro cuadrado, ha visto por fin cuajar un atisbo de protesta ciudadana por la crisis financiera. Si la convocatoria mundial del sábado congregó en la City a algo más de un millar de manifestantes y la policía impidió que tomaran la sede de la Bolsa, la casualidad ha querido que los indignados londinenses encuentren un campamento con el que no contaban: los aledaños de la catedral de San Pablo”... Los indignados se atrincheran en Londres (El País - 17/10/11)

Los manifestantes han tenido extraños aliados a la hora de crear este Sol londinense en el que hay un centenar largo de tiendas de campaña y todo tipo de precarias instalaciones. Por un lado, la policía, que al cerrar la entrada a la plaza del Padrenuestro para evitar la toma de la Bolsa, desvió la protesta a las escalinatas de la vecina catedral anglicana. Y por otro la Iglesia, y más concretamente el responsable de la catedral, el reverendo Giles Fraser, que ha aceptado la acampada debido al buen tono de la protesta. La Iglesia, como tantas veces, capaz de estar en misa y repicando.

Este mediodía, el ambiente era de febril actividad en la acampada frente a San Pablo. El tono festivo y soleado del sábado se ha transformado en ajetreo, como corresponde a un lunes a las puertas de la City. Por un lado, los acampados, que para evitar ser desalojados por la policía han aceptado ceñir la acampada a un perímetro determinado para no dificultar el paso de peatones. En ese perímetro, gentes de todo tipo, edad y condición se afanaban para poner en marcha lo que quieren convertir en un campo base de larga duración. Por otro, ajetreados banqueros observaban con curiosidad el campamento aprovechando la pausa de mediodía. Entre ambos grupos, varias manadas de periodistas a la caza de notas de color.

Un puñado de acampados discutían en asamblea la manera de proceder y las necesidades más perentorias. La limpieza es una de las más importantes, para no dar coartadas al enemigo y evitar un desalojo amparado en la higiene. La cocina. Los suministros de comida. Se debatió la delicada cuestión del reciclaje. Se pidió ayuda de todo tipo al mundo exterior; pero ojo, no a cualquier precio: no se admiten limosnas de MacDonalds, por ejemplo. Aquí no se vota propiamente porque esto es una asamblea, no un parlamento: cuando a uno le gusta algo de lo que escucha, levanta los brazos y mueve las manos como si estuviera a punto de empezar la ola en un campo de fútbol.

Uno de los parlamentarios se dirigió a un grupo de espectadores para pedirles con cierta sorna que la City colaborara con la acampada donando sillas de oficina para la universidad libre que se está montando. No todos sonrieron. A esas horas, decenas de banqueros y oficinistas cruzaban la zona del campamento con curiosidad y haciendo esfuerzos porno enviar señales de desprecio. Algunos se paraban a debatir con buen humor con los acampados. Otros leían con cierta cara de asombro las consignas de los acampados.

Uno de ellos, impecable traje y corbata -hoy en día, señal casi de rebeldía: la moda ha impuesto el uniforme de traje y camisa sin corbata- se declara “divertido” con lo que está viendo. No parece decirlo con ironía, pero tampoco parece divertido. En realidad, parece más bien ofendido. “Está muy bien que la gente proteste, ¿pero saben realmente lo que quieren?”, se pregunta.

“Seguro que hay bancos que han cometido excesos, pero el 99% de la City la forman gente que trabaja mucho. No creo que esta gente sepa realmente qué es la City. De aquí salen montones de empresas, aquí es donde se crea empleo. La City es como el aceite que engrasa la maquinaria de la economía. Sin la City, habría que cambiar esa máquina. ¿Y cuáles la alternativa? ¿El comunismo? Ya sabemos qué ha hecho el comunismo y no creo que la gente esté realmente a favor de eso”, comenta. ¿Durará la acampada? “Mmm… quizás sí”, responde tras un momento de duda. “Hay mucho profesional del a protesta”, añade con cierto desprecio. “Me llamo George, tengo 46 años y soy banquero”, se identifica al despedirse. Y subraya con orgullo la palabra banquero.

Dani Pelos sí cree que hay alternativas. Minutos antes ha estado dirigiéndose a la asamblea para invitar a los presentes a participar en un grupo de trabajo sobre economía alternativa. Vestido también de traje y corbata, su aspecto contrasta con la ropa informal, tirando a cutre, del resto de participantes en la asamblea. Pero su pensamiento no viste ni traje ni corbata. Vive de asesorar a empresas que quieren aplicar un modelo económico en el que lo que importa no es el dinero que se llevan los accionistas, sino la riqueza social que se crea. Pero para eso, acepta, los activistas han de aprender a generar ingresos, no solo a gestionar gastos.

Dani reniega de “la política de relaciones públicas” con que las empresas británicas abordan su compromiso con las causas sociales. Por eso fue él quien advirtió a la asamblea que no se pueden aceptar donaciones de según quién. “Aquí se confunde la acción social con la caridad. Por eso las donaciones implican un dilema ético: de quién aceptamos dinero y de quién no”, explica. ¿Dormirá esta noche con los acampados? “Mi mujer no me deja”, se escabulle riendo mientras se va con un amigo a tomar café. Eso sí, reniega del Starbuck’s que tiene a la espalda. Prefiere el café colado que reparten en el comedor de la acampada. El sol se ha escondido detrás de unas nubes. Sopla una ráfaga helada de viento otoñal. Quizás sea el general Invierno el mayor enemigo de esta protesta.

- Gran Bretaña en el camino de la negación (Project Syndicate - 25/10/11)

(Por Andrés Velasco) Lectura recomendada

Santiago.- Si visita Londres por estos días notará algo extraño: mientras más se viene abajo la economía británica, con mayor vehemencia insisten los Ministros del gobierno de David Cameron y los economistas conservadores en que los recortes draconianos al gasto públicos son favorables para el crecimiento económico.

Algunos observadores perciben esta postura como un acto de fe (presumiblemente en las virtudes del libre mercado). Otros, como el economista Paul Krugman, lo ven como un acto de mala fe: los conservadores solo quieren reducir el tamaño del estado, sin importar las consecuencias que tenga para el crecimiento.



Pero… ¿hay un argumento serio que justifique recortar el gasto público para estimular una economía? La respuesta es sí. De hecho, hay dos argumentos. La investigación académica ha demostrado anteriormente que los dos funcionan en la práctica -por ejemplo, en Irlanda y en Dinamarca durante los años ochenta. Por desgracia para los conservadores, ninguno de los dos se aplica a la situación de Gran Bretaña hoy.

El primero de los argumentos enfatiza la relación entre la política fiscal y la monetaria. En un país con un amplio déficit fiscal, el banco central debe mantener elevadas las tasas de interés para controlar la inflación. En este escenario, los recortes al gasto crean un margen para que las tasas de interés caigan. Si el país tiene un régimen cambiario flotante, la moneda además se deprecia.

Estos dos cambios son buenos para la demanda y el crecimiento. Si su impacto combinado es mucho mayor que el efecto de contracción inicial del recorte del gasto, entonces la economía bien puede crecer después de una ronda de ajuste fiscal.



Resulta obvio que esta no es la situación actual de Gran Bretaña. La tasa de interés del Banco de Inglaterra se ha mantenido apenas por sobre cero durante más de dos años y medio. Independientemente de los planes fiscales del gobierno, esta tasa de interés no puede caer a menos de cero.

La segunda razón por la que una contracción fiscal puede ser expansiva es más sutil. En una economía en donde la deuda pública está aumentando rápidamente, mientras más se posponga un ajuste fiscal, más grande de doloroso deberá ser ese ajuste. Los hogares y las empresas lo entienden y dejan de consumir o invertir adelantándose a los duros recortes al gasto y a la subida de impuestos venideros. Así las cosas, un gobierno conservador que recorta el gasto hoy, les evita a los ciudadanos ese dolor futuro. De este modo el sector privado empieza a sentirse más rico y con optimismo vuelve a gastar, ayudando a que la economía prospere.

Dicho de otra forma: sin los recortes presupuestarios Gran Bretaña habría llegado a estar como España -o tal vez incluso como Portugal o Grecia. Una vez realizados los recortes, Gran Bretaña ya no corre el riesgo de parecerse a un irresponsable país mediterráneo. Por lo tanto, los británicos pronto empezarán a gastar de nuevo y el crecimiento económico llegará.

Hasta ahora todo bien -excepto que esta historia tampoco se aplica a Gran Bretaña. No hay indicios que el país haya estado al borde de una crisis de financiamiento. Los rendimientos a diez años de los bonos del gobierno británico alcanzaron mínimos histórico mucho antes de que Cameron llegara al gobierno. Si la crisis era inminente, los mercados claramente no se dieron cuenta. Además, si los recortes presupuestales del gobierno de coalición hubieran mejorado las expectativas de crecimiento futuro, esas mejores expectativas se habrían visto reflejadas en precios mayores de las acciones, y tampoco hay evidencia de esto.

En suma, la demanda privada en Gran Bretaña está paralizada en lugar de subir. Añádase a esto el colapso de la demanda del sector público resultante de los recortes al presupuesto, y en conjunto están todos los ingredientes necesarios para un estancamiento prolongado. Y un estancamiento, si no algo peor, es precisamente lo que están mostrando los recientes datos económicos británicos.

Mientras más dure esta situación, más grave será el problema. Los desempleados de largo plazo saldrán del mercado laboral. Las empresas que invierten poco dejarán de ser competitivas. En la jerga de los economistas, la baja demanda engendrará una baja oferta y una recuperación no inflacionaria será aún más difícil de lograr.

¿Qué debe hacer Gran Bretaña? Como la eurozona va de crisis en crisis, la salvación no vendrá del exterior. En casa el único instrumento disponible es la política monetaria no convencional. Recientemente el Banco de Inglaterra inyectó 75 mil millones de libras a la economía a través del llamado “relajamiento cuantitativo”. Este es dinero de verdad, no sólo un acto de fe.

(Andrés Velasco, ex Ministro de Hacienda de Chile, es Profesor Visitante de la Universidad de Columbia. Copyright: Project Syndicate, 2011)

- Nadie habla del Reino Unido pero su situación es peor que tras la Gran Depresión (Negocios.com - 27/10/11)

(Por Carlos Montero) Lectura recomendada



Mucho se está hablando y escribiendo de Grecia, de Alemania, de Francia, de los países periféricos de la euro zona, de los EEUU, pero ¿y del Reino Unido? Parece que se está quedando al margen de las especulaciones del mercado, y de la mirada inquisitiva de las agencias de riesgo. Veamos cual es su situación actual. Las últimas encuestas indican que más del 50% de los ciudadanos del Reino Unido se encuentran a favor de la salida de la Unión Europea. Los británicos creen que la economía del país se verá afectada por la actual crisis de deuda en la euro zona, y consideran que estarían mejor por “libres”.

A pesar de esa impresión por parte de sus ciudadanos, no parece que la causa de la actual situación de la economía Británica sea Europa. Mervyn King afirmaba que el actual escenario será peor que en la década de los 30, y así parece constatarse en un estudio realizado por Michael Saunders y Ann O’Kelly de Citigroup, que sostienen que este ciclo recesión-recuperación será peor que tras la Gran Depresión. Se tardará cerca de siete años en que la producción del Reino Unido alcance niveles precrisis.

John McDermott en FT, fundamentándose en parte en el estudio de Citigroup, ha realizado un interesante análisis en el que concluye que la recuperación actual del Reino Unido será peor que después de la Gran Depresión:

La economía del Reino Unido se enfrenta a dos “factores en contra”: el reequilibrio interno (desde el gasto público y el de los consumidores, a las exportaciones y las inversiones) y la débil demanda externa. El primero consiste en pagar la deuda de los hogares, lo cual es difícil de hacer cuando los salarios están estancados, el desempleo está aumentando y la inflación sigue por encima del objetivo.



El reequilibrio económico es necesario e inevitable, pero esto estrangula los catalizadores del PIB en el futuro cercano. El primer gráfico publicado es sorprendente. En él se comparan las contribuciones de los diferentes catalizadores de la producción en las recuperaciones de los años 80, principios de los 90 y la recesión actual. Analizando factor a factor vemos con claridad porque al Reino Unido le será tan difícil salir de la situación actual.

- PIB: Sigue siendo decepcionante, y rezagado de las otras dos recesiones.

- El gasto del consumidor: Plano. Esto no es sorprendente dado la cantidad de desapalancamiento necesario después del derroche de la década de 2000. Con caídas en el salario medio, y el alza del desempleo, es difícil ver una recuperación futura del gasto del consumidor.

- Inversión de las empresas. Relativamente buena hasta el momento. La reactivación del crédito debe proporcionar un nuevo impulso. Sin embargo, Citigroup está preocupado:



La incipiente recuperación de la inversión empresarial es probable que se frustre por el deterioro de la rentabilidad empresarial y la liquidez, junto por la debilidad de los mercados financieros. La inversión empresarial tiende a responder, con un desfase, a la brecha entre la tasa de retorno del capital y el costo del capital. La brecha entre estas medidas se amplió notablemente en 2009-10, ayudando a la muy fuerte recuperación de la inversión empresarial en 2010. En los últimos meses esta brecha ha girado negativamente, con la caída de la rentabilidad y de los precios de las acciones. Dudamos de que menores rendimientos a largo plazo estimulen la inversión a menos que las acciones suban significativamente. Recientes encuestas sugieren que la inversión empresarial se debilitará en los próximos trimestres.

- Consumo gubernamental. Esto es realmente interesante. Se ha señalado muchas veces en otros lugares, pero esto es un recordatorio gráfico de que la reducción del gasto público está aún por suceder.

- La demanda interna final. Esta es la contribución combinada del consumo privado, la inversión empresarial, la inversión pública y la vivienda privada. Creemos que Citigroup está preocupado porque las cifras del último trimestre del PIB “pueden haber incluido una contribución importante de los inventarios”.

- Los salarios reales y los ingresos salariales. El asunto más urgente y la otra cara del gasto de los consumidores. Si la inflación cae, como se espera, entonces este factor debería mejorar, pero eso no cambia el hecho de que muchos británicos son más pobres y se sienten ahora más pobres que en los últimos años.

- Empleo. Este fue inicialmente el punto más brillante de la recuperación del Reino Unido. Sin embargo, el desempleo ha comenzado a incrementarse de nuevo y, por supuesto, aún no hemos visto el final de los recortes de empleo en el sector público. El desempleo juvenil es especialmente preocupante.

- Exportaciones. Alentados por una libra esterlina más débil, el crecimiento de las exportaciones ha reducido el déficit comercial del Reino Unido del 3,1 por ciento del PIB en 2010 al 1,7 por ciento en el primer semestre de 2011. Citigroup calcula que el Reino Unido tendrá un superávit en cuenta corriente “en los próximos trimestres”. Sin embargo, la demanda externa no es lo que era y con Europa tal como está, no hay buenas perspectivas para el Reino Unido. “La dependencia del Reino Unido en las exportaciones y en la inversión empresarial como motores del crecimiento, limita la recuperación económica, y la hace más vulnerable a la mezcla actual de la débil demanda externa, el aumento de la incertidumbre y la debilidad de los mercados financieros”, escribe Citigroup.



Conclusión: La recuperación del Reino Unido no tiene grandes áreas de fuerza Así que todo esto deja al Reino Unido sin fuentes reales de impulso económico: el gasto del consumidor se ve obstaculizado por las altas deudas privadas y el incremento del empleo, el gasto público disminuirá en términos reales, mientras que las exportaciones y la inversión empresarial tienen el peligro de empeorar.

En el segundo gráfico vemos la comparativa de la salida de la recesión de la Gran Depresión, y de las recesiones medias de las décadas de los 70, 80 y 90, con las proyecciones actuales. Claramente vemos que el escenario que espera al Reino Unido, y podríamos extender esta consideración al resto de Europa, es peor que lo que hemos visto hasta ahora.

- Aumentos de sueldos de ejecutivos en el R. Unido contrastan con salarios de empleados (BBCMundo -


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