Paper United Kingdom: ‘come back home’ (Europe: ‘go to hell’) ¿Última traición de la City a Bruselas?


- La cosa viene de lejos (el ardiente y pasional antieuropeísmo)



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2 - La cosa viene de lejos (el ardiente y pasional antieuropeísmo)

Opinión personal (todo lo que quepa en un simple blog)

En 1973 ingresa el Reino Unido ingresa a la Comunidad Económica Europea (CEE).

A partir de 1975 queda institucionalizado el denominado Consejo Europeo, reunión periódica de los Jefes de Estado y de Gobierno, donde se toman las grandes decisiones estratégicas de la Comunidad.
En 1984 Margaret Thatcher negocia un descuento en la contribución del Reino Unido al presupuesto de la Unión Europea, como mecanismo de compensación por el hecho de que la mayor parte del presupuesto de la UE se destina a financiar la Política Agrícola Común (PAC), de la que el Reino Unido se beneficia muy poco debido a que su sector agrícola es muy pequeño (en términos de porcentaje sobre el PIB). El “cheque verde”.
El descuento se calcula aproximadamente como 2/3 del déficit fiscal del Reino Unido con la Unión Europea (UE), es decir 2/3 de la diferencia positiva entre las aportaciones del Reino Unido al presupuesto de la Unión más el que ésta le devuelve en forma de prestaciones y transferencias.

En 1985, los tres países del Benelux, Francia y Alemania firmaron el denominado Acuerdo de Schengen, al que posteriormente se han ido adhiriendo la mayoría de los países comunitarios. Se iniciaba así una ambiciosa iniciativa para garantizar la libre circulación de las personas y la gradual supresión de fronteras entre los estados comunitarios. En Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido, no incluidos en el “espacio Schengen”, se aplicarían regímenes especiales de cooperación.


En 1985 son detectados en Gran Bretaña los primeros casos de una enfermedad desconocida entre los animales. Recién a fines de 1986 se la identifica como un raro tipo de encefalopatía espongiforme bovina.

(Recién en 1996 Gran Bretaña admite la posibilidad cierta de que los casos de decesos de personas por la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob tengan origen en el consumo de carnes de animales enfermos del mal que se conoce como de la vaca loca.)

Al celebrarse el Tratado de Maastricht, en 1992, el Reino Unido obtuvo una cláusula de exención, denominada “opt-out”, que significa que el Reino Unido no está obligado a entrar en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM) e implantar, por lo tanto, el euro.
Con el protocolo social anexo al Tratado, las competencias comunitarias se amplían al ámbito social. El Reino Unido no participa en este Protocolo.
(El Acuerdo Social fue firmado en diciembre de 1991 por once Estados miembros, ya que el Reino Unido no deseó adherirse al mismo. En dicho Acuerdo se precisan, por una parte, los objetivos de la política social en el camino trazado por la Carta Social de 1989: fomento del empleo, mejora de las condiciones de vida y de trabajo, lucha contra la exclusión, desarrollo de los recursos humanos, etc.)
La exigencia de Margaret Thatcher “I want my money back”, es decir, “Que me devuelvan mi dinero”, que tantos quebraderos de cabeza trajo a los líderes europeos en 1984, sigue siendo un motivo de controversia cada vez que los europarlamentarios se reúnen para debatir sobre los presupuestos de la Unión Europea.

Mientras tanto, los ingleses siguen presumiendo de eurofobia y sintiendo nulo interés por el debate europeo y por las medidas de convergencia económica que adoptaron mayoritariamente los Estados miembros. Un doble juego que no les impide mantener su peso preponderante en las grandes decisiones.

¿Todo vale? (delicatessen de Richistán: el “King” del ladrillo británico)

Estos “mercaderes” no respetan ni a sus propios muertos (la traición de Lockerbie)

El coronel Muamar al Gadafi, que resultó muerto el mes pasado durante el conflicto civil en Libia, tenía un imperio inmobiliario por valor de 1.000 millones de libras (unos 1.160 millones de euros) en el Reino Unido, revela hoy el Sunday Times”... El imperio inmobiliario de Gadafi en Reino Unido suma 1.160 millones de euros (El Economista - Efe - 6/11/11)

El ex líder libio compró pisos en zonas residenciales exclusivas de la capital británica, así como varios edificios de oficinas y otro utilizado por un hospital privado, afirma el dominical.

Estas propiedades forman parte de la red de inversión global ideada por Gadafi, quien murió el pasado 20 de octubre a manos de los rebeldes libios en la ciudad libia de Sirte.

Durante el conflicto civil en Libia, las Naciones Unidas congelaron activos de Gadafi por un valor que superó los 100.000 millones de libras (unos 116.000 millones de euros).

El Consejo Nacional de Transición (CNT) ha pedido a expertos financieros y agentes inmobiliarios en Londres que ayuden a identificar las inversiones que tenía en el Reino Unido el antiguo régimen del coronel Gadafi, señala “The Sunday Times”.

Entre las propiedades identificadas por el dominical figuran un complejo de oficinas en la City, denominado Beaufort House, por valor de 150 millones de libras (unos 174 millones de euros), y otros dos bloques de oficinas -Jardine House y 14 Cornhill-, valorados en 145 millones de libras (unos 168 millones de euros).

Además, Gadafi tenía pisos en el exclusivo barrio londinense de South Kensington, un edificio de oficinas en Holborn (Londres) y otro bloque de oficinas -Portman House- en Oxford Street (Londres).

Entre otras cosas, el líder libio compró una propiedad en el barrio londinense de St John's Wood, en el que funciona un centro de atención médica del hospital privado Wellington.

Este lugar -del que figura como propietaria la empresa Jawaby Property Investment Limited, una subsidiaria de la Corporación Nacional de Petróleo de Libia- es alquilado al hospital por 1,4 millones de libras (unos 1,6 millones de euros) al año.

Un portavoz del hospital ha admitido que la dirección del centro no sabía que el edificio estaba vinculado al ex dictador cuando empezó a alquilarla en el año 2008.

En Londres vivió unos años uno de los hijos de Gadafi, Saif al-Islam, que estudió en la London School of Economics (LSE) y que actualmente está en paradero desconocido.

Hipocresía imperecedera (los dilemas inherentes)

Los mafiosos rusos multimillonarios (“residentes”), también son, “unos de los nuestros”

El juicio que enfrenta en Londres a Borís Berezovski y Román Abramóvich, magnates rusos del petróleo, destapa un mundo oculto de chantajes, favores y muertes sospechosas”… Secretos de oligarcas (El País - 6/11/11)

Se conocieron en un yate en el Caribe en 1994. Durante años hicieron negocios juntos, pero todo cambió con la llegada del nuevo siglo. Sus caminos se separaron y con el tiempo creció entre ellos el odio y el desprecio mutuo. El divorcio definitivo se está dirimiendo estos días en el Tribunal Comercial de Londres, con los mejores espadachines de la plaza defendiéndoles con la más eficaz de las defensas: el ataque. No es una historia de amores contrariados, es la historia de dos oligarcas, gente que se hizo millonaria de la nada con el cambio de régimen en la extinta Unión Soviética. Es la historia de la extraña relación que unió y separó a Borís Berezovski y Román Abramóvich.

No era esta una relación de pareja, sino de padre e hijo. O más bien de padrino y ahijado. Borís Abramóvich Berezovski ya era un oligarca y cada vez cortaba más bacalao en el Kremlin cuando se cruzó en su vida Román Arkadievich Abramóvich. Empezó a cimentar su fortuna en los años de la perestroika de Mijaíl Gorbachov. En 1989 fundó una empresa de automóviles junto a Badri Patarkatsishvili, un georgiano de aspecto algo extravagante al que a partir de entonces quedaría asociado y cuya sospechosa muerte en su mansión inglesa en 2008 no deja de planear estos días como un fantasma por el Tribunal Comercial de Londres.

Berezovski empezó con los coches -con la fórmula infalible en aquella época de comprar a precio ruso y vender a precio occidental- y consolidó dinero e influencia política con los medios, sobre todo la televisión, antes de dar el triple salto mortal de entrar en el negocio que de verdad ha hecho hipermillonarios a tantos oligarcas rusos, y desde luego también a Abramóvich: el petróleo y el aluminio.

Todo el embrollo legal de estos días gira en torno a la reclamación de Berezovski de que Abramóvich le forzó a vender a bajo precio su participación en Sibneft, la sexta petrolera rusa, de la que ellos dos y Patarkatsishvili -o “Roma, Borya y Badri”, como les llamaban entonces a los tres- tomaron el control entre 1995 y 1997 gracias las privatizaciones impulsadas por el entonces presidente Borís Yeltsin. Se aprovechó, dice Berezovski, de que su caída en desgracia en el Kremlin le obligó a abandonar Rusia. Berezovski sostiene que Abramóvich le obligó a vender por 1.300 millones de dólares (940 millones de euros) unas acciones que valían muchísimo más, con la amenaza de conseguir que el entonces presidente Putin se las expropiara.

Desde que se conocieron en 1994, Borís y Román han cambiado los papeles. Borís ha pasado de poderoso oligarca, componedor de conglomerados industriales, intermediario con los caudillos chechenos y hombre de confianza del Kremlin a un exiliado en Londres, con la cabeza casi siempre en Moscú y aparentemente no muy lejos de agotar su fabulosa fortuna. Y Román ya no es aquel muchacho de aspecto extrañamente tímido y mofletes regordetes, sino un multimillonario perfectamente integrado en la jet-set global que cura sus ansias narcisistas como propietario del Chelsea Football Club y dejando que el mundo se muera de envidia admirando a su hermosa pareja y haciendo cuentas sobre cuántos yates y cuántas mansiones tiene desparramados por el mundo.

Pero la gloria puede ser efímera en el mundo global del siglo XXI y a veces parece que para Borís Berezovski el juicio de Londres no tiene solo el objetivo del dinero, sino la destrucción de esa imagen glamorosa que Abramóvich ha ido construyendo paso a paso, tan lejana a la del joven anodino, aunque probablemente ya millonario, al que un político ruso confundió con un camarero en una recepción de la hija de Borís Yeltsin.

Las dos partes han elegido el ataque como arma defensiva, pero han de hacerlo con cuidado para no incriminarse a sí mismos. La tesis de Borís es que Román es un discípulo que se convirtió en amigo y al que ayudó en la vida como se ayuda a un hijo. La de Román es que Borís era un cacique de la época al que se acercó para obtener su protección política y física, y que en la relación entre ambos nunca hubo amistad: solo intereses compartidos. Y que si le pagó lo que le pagó no fue para comprar sus acciones, sino para pagar la protección que le había dado. Y, aunque no lo ha dicho así, si le dejó de pagar es porque pensó que Berezovski ya no era ni útil ni peligroso.

Para el resto del planeta, el juicio significa una inesperada ventana abierta a un mundo que solo se ve en las películas, lleno de reuniones mafiosas en lugares paradisíacos o en lugares apartados y alejados de la chusma en los que los ricos se citan para verse sin perder el tiempo, como un helipuerto o ese aeropuerto parisiense para nuevos y viejos ricos en que se han convertido las instalaciones de Le Bourget, donde solo aterrizan aviones privados de la jet-set.

En su primer día de declaración en el juicio, el 31 de octubre, Abramóvich intentó presentarse como una persona modesta que se ha ganado lo que tiene “trabajando duro”. Los orígenes de su inmensa fortuna siguen siendo oscuros. Aprovechó el dinero que les regaló su suegro cuando se casó con su primera mujer para invertirlo en el mercado negro. Con esas ganancias fundó un negocio de juguetes de plástico. Y de ahí saltó sin red al mundo de las privatizaciones, el petróleo y el aluminio, en operaciones de cientos de millones de dólares.

Hay ahí un inquietante vacío que el abogado de Berezovski, Laurence Rabinowitz, intentó llenar con puro veneno al mostrarle a Abramóvich un papel con unas notas manuscritas de Stephen Curtis, el brillante abogado que ideó el entramado fiscal de otro oligarca caído en desgracia, Mijaíl Jodorkovski, y que murió en un sospechosísimo accidente en su propio helicóptero en marzo de 2004, apenas unos días después de que alertara a unos amigos de que temía por su vida. La nota se tomó en 1995 durante una reunión de Curtis con Abramóvich y uno de sus socios de la época, Eugene Shvidler, y contenía palabras como “UAE” (Emiratos Árabes Unidos), “Angola”, “tanques”, “recambios MIG” (el célebre avión de caza soviético).

“¿Estaba usted metido en el comercio de armas en 1995?”, le preguntó Rabinowitz a Abramóvich. "Nunca estuve en el comercio de armas. En la Federación Rusa, el comercio de armas es una prerrogativa del Estado y solo del Estado”, respondió el oligarca.

En otro momento, Rabinowitz recordó que Abramóvich había sido investigado en 1992 por fraude en torno a un cargamento de combustible diesel, a lo que este respondió que se trató de un malentendido y que el caso se retiró sin que llegara a ser acusado. El abogado aludió en otro momento a la sospechosa muerte, “en circunstancias difíciles... ahogado”, del gerente de una refinería de petróleo que se oponía a la entrada de Abramóvich en la compañía.

También Abramóvich ha intentado hurgar en el armario del pasado de Berezovski para insinuar que tiene las manos manchadas de sangre. Aunque sin citar a su antiguo padrino, dio pábulo a los rumores de que el tercer oligarca del grupo, Patarkatsishvili, fue asesinado. En la larga declaración escrita que ha presentado al juez, Abramóvich asegura que el georgiano le llamó un día muy agitado y le pidió cita para contarle personalmente algo muy importante. Al día siguiente se desplomó, muerto, en su mansión cerca de Leatherhead (Surrey), en febrero de 2008.

Abramóvich ha acusado directamente a su rival de tener conexiones con gánsteres chechenos e incluso ha asegurado que fue él, y no Berezovski como todo el mundo cree, quien ayudó a liberar a dos británicos secuestrados en Chechenia en 1997 pagando su rescate. También ha intentado echar mierda sobre su rival al asegurar que era muy “reacio” a entrar en el negocio del aluminio porque en esa industria se asesinaba a alguien cada tres días, como dando a entender que Berezovski nunca tuvo esos escrúpulos.

Román Abramóvich ha hecho gala de una sorprendente tendencia a la modestia en un hombre al que Forbes atribuía en marzo pasado una fortuna de 13.400 millones de dólares. En su declaración en el Tribunal Comercial de Londres, Abramóvich se ha declarado sorprendido por el “estilo de vida” que llevaba Berezovski cuando le conoció.

Un comentario chocante para un hombre que en ese mismo juicio ha dicho entre risas que no sabría decir si uno de sus socios en los negocios es rico porque “es para mí muy difícil decir cuándo una persona es rica y cuándo no es rica”. Un hombre que tiene un yate tan grande que no le permiten atracarlo en el puerto de Mónaco; que dispone de un ejército privado para protegerle; que entre otros aviones privados tiene un Boeing 767 y un Airbus A-340; que tiene docenas de coches y casas por medio mundo; que no solo le ha montado una inmensa galería de arte en Moscú a su compañera del momento, Dasha Zukova, sino que en 24 horas se gastó 86 millones de dólares (62 millones en euros) en un cuadro de Francis Bacon y 34 millones (unos 24 al cambio en euros) en uno de Lucien Freud; y que después de asistir a un partido en un palco del Manchester United decidió que quería comprarse un equipo de fútbol y se compró el Chelsea.

El abogado Rabinowitz le recordó algunas de sus propiedades inmobiliarias, desde su inmensa casa de Knightsbridge, en el centro de Londres, a su finca de West Sussex o su castillo francés que en su día perteneció a los duques de Windsor, antes de preguntarle cuándo adoptó ese estilo de vida. “Creo que cuando compré el Chelsea eso tuvo un impacto significativo en mi modo de vida”, admitió Román Abramóvich.

Nubes de humo (insert coin)

Todo vale para intentar retardar la “cuesta abajo” (“la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”): fingir ser miembros de la Unión Europea (sacando todas las ventajas posibles al mínimo costo y compromiso); actuar como agentes encubiertos de los Estados Unidos en Europa (para lastrar su progreso u orientarlo en beneficio de la alianza atlántica); liberalizar, desregular, privatizar y privilegiar al sector financiero (transformando el Reino Unido en un paraíso fiscal -zona offshore- en la sombra); conceder la residencia a supermillonarios extranjeros (200.000 multimillonarios evasores, muchas veces con fortunas de dudoso origen, dictadores, mafiosos, personajes de la farándula…), cuyos ingresos originados en el extranjero no pagan impuestos en Inglaterra; transformarse en la meca de los juegos de azar (por Internet), legalizando las casas de apuestas online (existían 1,2 millones de jugadores activos por la Red que movían más de 24.000 millones de euros, según datos de marzo de 2008)…

La lista de patrañas, traiciones, falacias, hipocresías, simulaciones, corrupciones, concupiscencias, y connivencias, podría continuar: la “tercera vía” de Blair (¿alguien se acuerda?) las “armas de destrucción masiva” de Irak (¿alguien las encontró?); la batalla de la triple A (aliarse con EEUU, en perjuicio de otros países europeos para mantener -de cualquier manera- la máxima calificación de su deuda pública -podría haber escrito “soberana”, pero sería un eufemismo) Brown (el primer ministro hereditario);… y así hasta llegar a hoy, al ciclo Cameron (¿la era del referéndum?).

Una lucha desesperada por evitar que el (obsoleto) transatlántico británico, a la deriva, se hunda, definitivamente, en las profundidades abisales del Mar del Norte.

Incoherencia lógica (referéndum para retirarse de la Unión Europea)

¿Serán los ingleses capaces de votar su propia ruina y la de sus hijos?

No será mejor (para ellos, al menos) seguir “mamando” de la teta europea (aunque se esté quedando seca, de momento) mientras puedan (y los ilusos socios continentales les dejen la mejor “tetada”). Que por intentarlo, no sea…

… Y si de intentar se trata, por qué no continuar actuando como buque de asalto anfibio de las fuerzas financieras de los Estados Unidos en las costas europeas. Como en Normandía… ¡Qué épocas!… ¡Qué gloria!… Aunque ahora habría que llamarlo Día “B” (de bancos), de la operación Wall Street. El éxito del desembarco ha permitido (y permitiría) mantener con vida (y singular éxito) al distrito financiero de Londres (que es de lo que se trata). Lo demás… es puro cuento.

¿Llegará a ser cierto que las economías anglosajonas se las arreglan solas?



3 - Alma, corazón y vida: ¿y por casa como andamos? (economía y sociedad)

Este lunes estaba prevista una reunión entre el Gobierno de David Cameron y algunas de las compañías con más empleados del país para anunciarles varias de las claves de la nueva reforma laboral. Aún no se conoce con detalle en qué consistirá ésta, pero The Telegraph ha adelantado algunos de sus aspectos más polémicos. La nueva legislación será más flexible y permitirá a las empresas despedir con más facilidad a sus trabajadores. Como en anteriores ocasiones, los empresarios esperan que esto provoque un aumento en las contrataciones, puesto que se elimina el miedo a fichar a la persona equivocada”... Cameron facilitará el despido de los malos trabajadores (Libertad Digital - 10/1/11)

El Telegraph titula su artículo “Las empresas tendrán más fácil despedir a los vagos”. En su subtítulo detalla que las compañías tendrán más sencillo echar a los trabajadores menos productivos, como parte de un cambio completo en las leyes de empleo para “impulsar la recuperación económica”.

Además, los empleadores podrán despedir a sus trabajadores durante los dos primeros años de contrato sin poder ser acusados de “despido injusto”. Hasta ahora, ese límite estaba fijado en un año. Y aquellos que quieran acudir a la justicia tendrán que pagar una pequeña tasa para evitar que se aneguen los tribunales con falsas reclamaciones.

Las pymes británicas serán las más favorecidas con la nueva legislación, porque se les permitirá descolgarse de algunas disposiciones laborales. Entre otras cosas, por ejemplo, pagarán menos tiempo por las bajas por enfermedad de sus trabajadores.

En la cumbre entre el Gobierno y las empresas, a la que acudirán hasta 19 compañías como Jaguar, Land Rover, Tesco o McDonald’s, se presentarán nuevos contratos de aprendizaje para recién graduados y personas que hayan dejado la escuela de forma anticipada.

Aunque los sindicatos ya han anunciado movilizaciones si las reformas marchan en la dirección que se prevé, no es la primera vez que en el Reino Unido se presentan iniciativas similares. En los años 80, ya se introdujo una disposición similar, aumentando el tiempo durante el que se podía despedir a un trabajador sin temor a ir a juicio. En aquel entonces, la tasa de paro cayó de forma abrupta.

En opinión del Gobierno, es necesario aprobar normas más proclives a las empresas, el crecimiento y empleo. Las barreras al despido son también barreras a la contratación. En este sentido, una fuente del Ejecutivo señaló al Telegraph que “para persuadir a las empresas de que tienen que contratar empleados, necesitamos hacer más fácil que puedan despedir a esos mismos empleados si no están listos para el trabajo, puesto que así reduciremos el riesgo de contratar más, especialmente en lo que hace referencia a los jóvenes”.

Los rescates de los bancos por parte de los contribuyentes fueron el resultado de un fracaso del capitalismo que necesita repararse, dijo el martes el vicegobernador del Banco de Inglaterra, Paul Tucker, en una entrevista”... Los rescates a la banca fueron un fracaso del capitalismo, dice vicegobernador del Banco de Inglaterra (The Wall Street Journal - 18/1/11)

En declaraciones a la BBC, Tucker dijo que va a haber “cambios a nivel internacional” en el caso de que los reguladores aseguren de verdad que no vuelve a ocurrir.

“Si tenemos un sistema donde los bancos se aprovechan de los buenos momentos y los contribuyentes pagan por los malos tiempos, algo ha ido mal con el capitalismo y tenemos que arreglar esto”, dijo. “Queremos que los accionistas y los gestores se aprovechen de la bonanza. Pero los malos tiempos también deben pagarse”.

El Gobierno británico planea introducir cambios en las leyes de inmigración para reducir significativamente las trabas a las peticiones de residencia en el país por parte de grandes fortunas extranjeras que expresen su propósito de invertir en territorio británico, según informa el diario ‘Financial Times’”... Reino Unido facilitará la residencia a los multimillonarios para atraer inversiones (Negocios.com - 7/2/11)

Estos cambios, que modificarán los criterios exigidos para la concesión de los conocidos como “visados de inversor”, coinciden con los planes del Ejecutivo de David Cameron para reducir el número de permisos concedidos a estudiantes extranjeros, lo que ha motivado quejas por parte de las universidades británicas, que obtienen suculentos ingresos por la admisión de estudiantes internacionales.

Asimismo, el Gobierno ha recortado también la cifra de permisos de residencia destinados a trabajadores cualificados que pueden ser contratados por las empresas británicas.

Bajo la propuesta planteada, que aún debe ser ratificada por el Parlamento, los inmigrantes ricos sólo tendrán que pasar medio año en el país, frente a los nueve meses anteriormente exigidos, para poder optar a un permiso de residencia, mientras que se reducirán significativamente los plazos para poder recibir un permiso permanente.

En concreto, los inversores extranjeros cuya fortuna ascienda al menos a 10 millones de libras podrán recibir el permiso de residencia permanente en sólo dos años, mientras que aquellos que posean 5 millones de libras deberán esperar tres años y los que cuenten con un millón de libras podrán recibir el permiso de residencia permanente tras cinco años.

Actualmente, todos los inmigrantes con visado inversor deben esperar al menos cinco años para optar a un permiso de residencia permanente.

Por otro lado, el Gobierno británico también planea relajar las exigencias para conceder los “visados de emprendedores”, ya que se espera que se permita incluir a un empleado extranjero por cada 50.000 libras extras de inversión.

El Ejecutivo británico pretende así estimular el establecimiento en el país de extranjeros acaudalados, ya que cada año apenas atrae a unos cientos de éstos, frente a los alrededor de 3.000 que eligen Canadá.

Asimismo, el diario apunta que estas mayores facilidades a la llegada de inmigrantes acaudalados, puede atraer hacia Reino Unido a familias ricas procedentes de países inestables políticamente como Egipto.

El gobernador del Banco de Inglaterra afirma que no es todopoderoso y el poder adquisitivo de los británicos regresará a niveles de 2005”… Mervyn King alerta: “La renta de los británicos regresará a niveles de 2005” (Libertad Digital - 9/2/11)

Los banqueros centrales no suelen caracterizarse por su sinceridad y mensajes claros y contundentes. Más bien, como altos cargos de la burocracia financiera, sus discursos suelen estar llenos de ambigüedades, cuando no de mentiras piadosas para no generar alarma y desconfianza en la población. Su trabajo consiste en hacer creer a los agentes económicos que ellos pueden manejar la situación, que las cosas están bajo control.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, se salió de este previsible guión en un reciente discurso. Fue contundente en sus advertencias a los británicos, y dejó claro que el organismo que dirige no es omnipotente, teniendo unas competencias limitadas.

La economía del Reino Unido no está para muchas celebraciones. La conferencia de King tuvo lugar después de la publicación de las cifras oficiales del PIB, que muestran una contracción del 0,5% en el último trimestre del pasado año, la primera caída desde el tercer trimestre de 2009. Se teme que el PIB británico continúe contrayéndose, entrando así de nuevo oficialmente en recesión (definida como dos trimestres consecutivos con una contracción del PIB). También se han conocido datos malos e inesperados en relación a los préstamos bancarios a individuos.

Esto es lo que los analistas han estado esperando desde hace meses en las economías desarrolladas: una recesión en forma de W (double-dip recession), o lo que es lo mismo, una recuperación en falso, previa a una nueva contracción.

El banquero central se dirigió a las familias británicas y no escondió la dura situación a la que éstas enfrentan, sino todo lo contrario. Advirtió que en 2011 las familias continuarán viendo recortada su renta disponible, “un precio inevitable que hay que pagar” por la crisis financiera. Con la inflación en tasas preocupantemente altas, el poder adquisitivo de los británicos acabará en 2011 en niveles de 2005, un estancamiento tal que hay que irse 80 años atrás en el país anglosajón para ver algo similar, añadió.

Así, se pone de manifiesto que el crecimiento económico de los últimos años (basado en parte en la burbuja inmobiliaria y financiera) y su consecuencia inevitable en forma de recesión, no han beneficiado apenas al poder adquisitivo de los trabajadores.

En Reino Unido, a la restricción salarial y el aumento en el coste de los alimentos, la gasolina y otros bienes de primera necesidad, se unen las subidas recientes de impuestos, en especial, la del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA).

King no ofreció ninguna esperanza ni solución sencilla a esta cruda realidad de las familias británicas. “El Banco (de Inglaterra) no puede ni debería intentar evitar la caída en los niveles de vida”, afirmó, sosteniendo que esto es una consecuencia inevitable de la crisis financiera, y algo necesario para reequilibrar la economía británica.

Preocupado por la inflación, advirtió de que ésta podría subir hasta el 4% ó 5% en los siguientes meses, debido principalmente a las subidas en el precio petróleo y otras materias primas, y del aumento del IVA.

Además, como buen banquero central, defendió su política monetaria expansiva, diciendo que si se hubieran subido los tipos de interés, aunque la inflación podría haberse moderado, ello hubiera sido a costa de una mayor ralentización en la recuperación, un mayor desempleo, y menores salarios, con lo que la erosión en el nivel de vida hubiera sido mayor. Desechó así la idea de subir los tipos de interés próximamente.

De esta manera, respondía a los críticos con su gestión de la política monetaria y el quantitative easing llevado a cabo por la autoridad monetaria. “La idea de que el Banco de Inglaterra podría haber mantenido el nivel de vida, evitando el aumento en la inflación sin empujar hacia abajo el crecimiento de los ingresos es, simplemente, una expresión de deseos”.

King se apoya en la teoría keynesiana, que establece que la salida de la recesión requiere de una política monetaria ultra-expansiva que mantenga unos tipos de interés extremadamente bajos. En este sentido, habría una relación negativa entre la inflación y la actividad económica, es decir, las políticas contra la inflación tendrían resultados perjudiciales para la actividad económica.

Desde 2008, cuando Reino Unido nacionalizó total o parcialmente bancos como The Royal Bank of Scotland (RBS), Lloyds y Northern Rock, el Gobierno británico ha buscado fórmulas para limitar los pagos de bonus a los empleados de esas entidades”… La pelea por los bonus en Reino Unido (Expansión - 15/2/11)

Casi siempre, las restricciones impuestas por Downing Street han sido mínimas, y en algunos casos el Ejecutivo ha sufrido una total impotencia para cortar la remuneración de los banqueros, bien por cuestiones legales o por la propia dinámica del mercado.

El caso más polémico fue el de Fred Goodwin, quien como consejero delegado de RBS realizó varias operaciones arriesgadas (como la compra de una parte de ABN Amro) que al llegar la crisis provocaron fuertes pérdidas y el colapso del banco.

El Gobierno tuvo que hacerse con el 80% del capital de RBS para salvarlo y despidió a Goodwin, pero no pudo evitar que éste se retirara con una indemnización y pagos por pensiones futuras valorados en 17 millones de libras (más de 20 millones de euros). Tras no encontrar vías legales para suspender esos pagos, el Gobierno solo consiguió que Goodwin devolviera una pequeña parte de su finiquito, casi por cortesía del ex banquero.

Cuando RBS fue nacionalizado, el Gobierno aceptó en un contrato con el banco que la entidad podría seguir pagando bonus “en línea con el mercado”. El debate sigue todavía muy vivo. En la primera semana de febrero (2011), el Gobierno británico llegó a un acuerdo con los grandes bancos por el que éstos se comprometen a pagar en el año 2011 menos bonus que en 2010.

En el caso de entidades con participación pública, como RBS y Lloyds, sus consejeros delegados recibirán todo su bonus en acciones (en ambos casos ronda los dos millones de libras). Y los empleados de estas dos entidades no podrán cobrar en metálico más de 2.000 libras de su salario variable.

El Gobierno de coalición pretende poner fin al abuso de las subvenciones que se produce en el Reino Unido desde hace años. La reforma del sistema de ayudas presentada el pasado jueves por el ministro de Trabajo, Iain Duncan Smith, está dirigida precisamente a fomentar la cultura del empleo y dificultar la vida regalada del sistema de bienestar británico”… Cameron fulmina la cultura de las subvenciones en Reino Unido (Gaceta.es - 21/2/11)

Así lo demuestran algunos datos. La cifra total de personas que sobreviven sin trabajo gracias a las subvenciones asciende a los cinco millones. De ellas, 1,4 millones llevan así desde hace una década. En cuanto a los menores, se estima que 330.000 (uno de cada 30) crecen en un hogar en el que uno de los padres recibe algún tipo de subvención.

Hasta 155.000 inmigrantes ilegales se benefician de ayudas por enfermedad o maternidad. El coste para los contribuyentes podría alcanzar decenas de millones de libras, según informaba el Daily Mail días atrás. Los receptores aprovechan tanto el vacío legal existente como la falta de investigación por parte del Ministerio de Trabajo.

A la hora de gestionar las subvenciones, los centros encargados no exigen los permisos de trabajo, ni a los empleados ni a los empresarios que solicitan las ayudas para las bajas de sus propios trabajadores. Por otra parte, la condición de inmigrante ilegal no impide obtener un número de la Seguridad Social.

Los problemas no se quedan ahí. Unos estudios realizados por el propio ministerio de Trabajo en las localidades de Burnley y Aberdeen mostraron que hasta un 68,8% de los ciudadanos que recibían ayudas por enfermedad, en realidad sí estaban capacitados para trabajar. La investigación, que continuará por otras ciudades, se realizó entre aquellas personas que habían estado recibiendo las ayudas por un periodo largo. En total, 2,6 millones de ciudadanos reciben ayudas por enfermedad.

El Ejecutivo de coalición pretende acabar con los fallos del sistema y fomentar la vuelta al trabajo. Para ello se establecerá un pago único que simplifique el sistema de subvenciones (existen más de 50 tipos de ayudas) que entrará en funcionamiento en 2013; sanciones para aquellos que rechacen ofertas de trabajo (podrían perder las ayudas por un periodo de hasta tres años) y un tope de ayudas de 26.000 libras anuales (más de 31.000 euros) para una familia.

Además, habrá cambios impositivos que permitirán a los ciudadanos tener más dinero disponible y aquellos que empiecen a trabajar podrán mantener una cantidad mayor de las ayudas con respecto a lo que sucede en la actualidad (el 34% de los beneficios frente a menos del 10% actual). El problema, advierten los críticos, será conseguir un puesto de trabajo cuando el paro supera el 8% en la crisis actual.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Tim Geithner, declaró a la BBC que la regulación mínima del sector bancario en el Reino Unido contribuyó a las últimas turbulencias de las finanzas mundiales”... EEUU critica regulación bancaria “mínima” en el Reino Unido (BBCMundo - 22/2/11)

En opinión de Geithner, la forma en que el anterior gobierno británico, encabezado por el Partido Laborista, manejó la regulación bancaria representó “una estrategia costosa” que repercutió negativamente en el estado financiero internacional.

El funcionario criticó particularmente la llamada política de supervisión “con mano ligera” de los mercados financieros, la cual ha sido reemplazada en Estados Unidos por una mayor regulación, pieza clave de la reforma emprendida por el presidente Barack Obama, y de la cual su secretario de Tesoro ha sido figura decisiva, como manifiesta el analista económico de la BBC Andrew Walker.

Como promotor de controles financieros más estrictos, Geithner argumentó que la desregulación británica previa a la crisis fue demasiada laxa, lo cual permitió a las entidades bancarias tomar riesgos excesivos.

Según Geithner, la estrategia británica “fue diseñada conscientemente para atraer la actividad financiera de Nueva York, Fráncfort y París a Londres”, uno de los focos financieros más importantes de Europa.

“Esa fue una estrategia muy costosa en la regulación financiera”, aseveró y dijo que hay un marcado interés en asegurar que exista una igualdad de condiciones en cuanto a la regulación con mayores controles del riesgo financiero" en todos los países.

Geithner reconoció errores similares cometidos en la actividad financiera en su país y manifestó esperanzas en la reforma emprendida por Washington, la cual -aseguró- representa “un reto muy complicado que tomará tiempo” y que del cual “nos encontramos en las primeras fases”.

De acuerdo con él, las reformas en el sistema bancario de Estados Unidos significan que ahora es mucho más fuerte y más estable de lo que era antes de la crisis.

Y, como explica Walker, aunque el funcionario reconoció que “la mano ligera” atizó las llamas de la crisis, “un ejemplo llamativo no mencionado por Geithner fue la decisión de la aseguradora estadounidense American Internacional Group (AIG) de establecer parte de su operación de derivados en Londres”.

El periodista manifiesta que “en última instancia esas operaciones pusieron a la empresa de rodillas y fue una de las fallas más graves de la crisis financiera”.

La City de Londres, de poco más de 3 kilómetros cuadrados, es el centro financiero de la capital y al mismo tiempo núcleo de una vasta telaraña de paraísos fiscales que son o fueron hasta hace poco parte de la Corona británica”... La mayor red de paraísos fiscales se concentra en la City de Londres (Gaceta.es - 28/2/11)

Como una araña atrapa los insectos en su red, la sigilosa pero altamente eficiente red de la City capta capitales de dictadores como Gadafi, Mubarak o Ben Alí.

Tal es el símil que utiliza un experto en paraísos fiscales, el periodista financiero Nicholas Shaxson, en su revelador libro “Treasure Islands” (Islas del Tesoro: Paraísos fiscales y los hombres que robaron al mundo), publicado por Bodley Head.

Justamente criticada por su secreto bancario, una de las principales fuentes de su riqueza, Suiza se defiende señalando a su vez con el dedo a sus acusadores como Gran Bretaña, con sus paraísos de las islas del Canal, como la de Man, o EEUU, con estados como Delaware y Nevada, y este libro pone de relieve esos ocultamientos e hipocresías.

Es un libro de meridiana claridad que destripa los trucos contables, muchas veces perfectamente legales, que permiten mediante transferencias internas a bancos y compañías multinacionales evadir impuestos hasta extremos escandalosos.

Aproximadamente un 60% del comercio mundial se desarrolla actualmente a través de multinacionales que, para no pagar impuestos, hacen aflorar sus beneficios en paraísos fiscales y cargan en cambio sus costos en países de elevada fiscalidad.

Los gobiernos del G-20 hablan continuamente de la necesidad de combatir la fuga de capitales, pero, como denuncia Shaxson, no mencionan algo obvio: a la fuga de capital de un país corresponde siempre el refugio de ese dinero en otro, algo de lo que se benefician lo mismo las multinacionales que las elites de los esquilmados países en desarrollo.

En el libro se documentan históricamente los esfuerzos llevados a cabo tanto por el Banco de Inglaterra como por el conjunto de la City de Londres para desregular el sector financiero, algo que comenzó mucho antes del famoso Big-Bang de 1986, bajo la conservadora Margaret Thatcher

El gran cambio se produjo treinta años antes, en plena guerra fría, con la introducción del llamado “eurodólar”.

Los soviéticos, entre otros, no querían tener muchos dólares en EEUU por temor a una eventual confiscación, pero tampoco deseaban invertir en libras esterlinas, moneda en la que hasta poco tiempo antes se había financiado el 40% del comercio mundial.

El Banco de Inglaterra presionó entonces a favor de la desregulación financiera, lo que propiciaría la llegada masiva de dólares de todo el mundo a la City.

Si en 1959 había 200 millones de dólares en depósitos en Londres, a finales de 1960 eran 1.000 millones; en 1970, el “euromercado” tenía ya un valor de 46.000 millones, y en 1997 casi el 90% de los préstamos internacionales se hacían a través de ese mercado.

El “euromercado”, que en ningún caso hay que confundir con la eurozona, se extendió rápidamente a partir de la City a las islas del canal (Jersey y Guernsey) o la de Man, en el mar de Irlanda, a Gibraltar, a las plazas financieras del Caribe inglés (Bermudas, Caimán), a Asia (Hong Kong, Singapur) y hasta a algunos atolones de Pacífico.

En 1981, ya con Ronald Reagan en la Casa Blanca, EEUU resolvió que, ya que no podía luchar contra esos centros de baja fiscalidad, lo mejor era subirse al carro, para lo cual creó la International Banking Facility, que permitía a sus bancos hacer lo que no habían hecho antes: ofrecer créditos y otros servicios financieros a extranjeros libres de requerimientos en materia de reservas o de impuestos.

Shaxson analiza el papel que ha desempeñado históricamente la City de Londres en esos esfuerzos desreguladores y documenta el fracaso de los políticos laboristas que trataron en su día de abolir la Corporación de la City por su anacronismo antidemocrático.

Es ése, en efecto, un extraño enclave que tiene su propio alcalde, distinto del de Londres y en el que votan no sólo los ciudadanos, siempre a título independiente porque en él no hay partidos, sino también las empresas, como los bancos allí radicados.

El papel de su alcalde, el llamado Lord Mayor, es cabildear por todo el mundo a favor de la desregulación financiera, la bajada de impuestos y la persistencia de los centros de baja fiscalidad aunque todo ello se disfrace oficialmente, explica el autor, de “apoyo a la innovación, a una fiscalidad proporcionada y regulación”.

El Reino Unido podría sufrir otra crisis financiera como la de 2008 si no lleva a cabo una reforma de los bancos, advierte el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, quien acusa a las entidades de ‘explotar de forma rutinaria a sus millones de clientes’”... El Banco Inglaterra alerta de otra crisis financiera si no se reforma los bancos (El Economista - 5/3/11)

En una entrevista que publica el diario británico The Daily Telegraph (5/3/11), King considera que la reforma de ese sector es un asunto “urgente”, opina que el sistema bancario continúa teniendo “desequilibrios” y alerta de que estos “están comenzando a crecer de nuevo”.

La cultura de los beneficios a corto plazo y las primas que asignan esas entidades podrían ser, de acuerdo con el gobernador, los “responsables” de los problemas en ese sector.

“¿Por qué los bancos en general quieren pagar primas? Porque viven en un mundo 'demasiado importante como para fracasar' en el que el Estado les rescatará si fallan”, dice.

En esta línea, King insta a las sucursales bancarias a dejar de centrarse en la necesidad de “simplemente obtener beneficios para la próxima semana” y acusa a los bancos de “explotar de forma rutinaria a sus millones de clientes”.

En las últimas dos décadas, afirma King, demasiadas personas de los servicios financieros han pensado que “si es posible hacer dinero a costa de los clientes crédulos, esto es algo perfectamente aceptable”.

El gobernador indica que empresas con buena reputación habían quedado “destruidas” por centrarse en la búsqueda de esos beneficios a corto plazo, algo que “no tiene sentido”.

En la entrevista, King destaca que la crisis del Northern Rock, el primer banco hipotecario británico que tuvo que ser intervenido por el Gobierno de Reino Unido en 2008, podría haberse evitado si este país hubiera tenido un “proceso de resolución establecido por la ley”.

Los comentarios de King pueden ser interpretados, según los medios, como un mensaje para el ministro británico de Finanzas, el conservador George Osborne, quien parece contrario a los planes que propone el gobernador del Banco de Inglaterra.

- Los fijadores de metas, en la mira (Project Syndicate - 7/3/11) Lectura recomendada

(Por Brigitte Granville)

Londres.- Cuando hablaba en los tiempos económicos más felices de 2005, Mervyn King -entonces y ahora gobernador del Banco de Inglaterra- acentuaba la importancia de afianzar las expectativas públicas de una inflación baja y estable. Advertía que “si uno deja que las expectativas inflacionarias se alejen demasiado del objetivo, se puede terminar en serias dificultades y con un proceso costoso para retrotraerlas”. King ahora debe ser un hombre preocupado.

Las propias encuestas trimestrales encargadas por el Banco de Inglaterra sobre las actitudes públicas revelan que la credibilidad de su Comité de Política Monetaria (MPC, por su sigla en inglés) hoy está debilitada. Durante los últimos 15 meses, el objetivo de inflación del 2%, que fija el gobierno y que supuestamente debe hacer cumplir el Banco de Inglaterra, se ha excedido en más de un punto porcentual. Durante gran parte de este período, el público británico esperó que la inflación en el próximo año fuera menor que en el año anterior, gracias a los sólidos antecedentes del MPC en materia de estabilidad de precios. Esa confianza hoy se disipó: las expectativas inflacionarias alcanzaron la tasa de inflación real del 4%.



No existe ningún misterio respecto de lo que está pasando. El mandato de estabilidad de precios se vio sobrepasado por las preocupaciones sobre el crecimiento. El miedo es que un ajuste de la política monetaria para abalanzarse sobre la inflación podría apagar la vacilante recuperación económica.

De manera que el MPC no sólo mantuvo las tasas de interés en un bajísimo 0,5% desde 2009, sino que la política se relajó aún más debido al llamado “alivio cuantitativo” del Banco de Inglaterra -es decir, expandir la base monetaria de un plumazo con la esperanza de vigorizar los mercados de crédito domésticos-. Pero el Reino Unido hoy se enfrenta al peor de los panoramas: la estanflación. La economía está sufriendo los costos inflacionarios de la política del Banco al tiempo que pierde el deseado beneficio del crecimiento.

En Estados Unidos, donde la Reserva Federal está implementando una política monetaria similarmente holgada, la situación parece más halagüeña -al menos a primera vista-. La economía estadounidense está teniendo una recuperación más convincente que el Reino Unido y, a diferencia del Banco de Inglaterra y del Banco Central Europeo, la Fed no está explícitamente obligada por el Congreso a lograr una meta de inflación específica.

En consecuencia, comparada con el Banco de Inglaterra, la importantísima credibilidad de la autoridad monetaria parece menos vulnerable en el caso de la Fed. Pero, inclusive en Estados Unidos, las autoridades responsables de las políticas, como Thomas Hoenig, presidente del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, expresan temor a que las expectativas inflacionarias puedan dispararse, debido a la masiva expansión de la deuda gubernamental y al balance de la Fed desde el colapso financiero en 2008.

Todos los principales bancos centrales de Occidente -inclusive el tradicionalmente “agresivo” BCE- parecen estar escondiendo la cabeza como el avestruz. Pero hay algo que pueden hacer para garantizar los beneficios de las reglas de metas de inflación (credibilidad y expectativas inflacionarias bien ancladas) al mismo tiempo que sustentan la recuperación: elevar la meta establecida.

El ejemplo para hacerlo puede darlo Gran Bretaña, donde la situación es particularmente delicada. Las autoridades del Reino Unido decidieron priorizar la consolidación fiscal al mismo tiempo que implementan una política monetaria holgada para contener los riesgos que impuestos más elevados y un menor gasto del gobierno implican para la recuperación. El razonamiento es claro (aunque rara vez los políticos lo expresen claramente): mientras que una pérdida de confianza del mercado en la solvencia del estado británico muy probablemente generaría una depresión, una inflación por sobre la meta se puede rectificar a un costo relativamente tolerable para los estándares de vida (aunque más alto de lo que debería haber sido).

Pongamos por caso que damos por sentada la fuerza de esta lógica (ni siquiera sus críticos podrían negar su coherencia), sería tonto subestimar el riesgo de una inflación desbocada y minimizar el daño económico y social que causaría. En la medida que la tolerancia de la inflación por sobre la meta también refleja un deseo de erosionar el valor real de las deudas públicas y privadas, las tasas de interés del mercado podrían dispararse, agravando los problemas de los gobiernos y los hogares endeudados.



Muchos analistas creen que las enormes limitaciones presupuestarias de los gobiernos los obligarán a depender de la inflación. De ser así, mejor hacerlo de manera transparente, a diferencia del Banco de Inglaterra. En resumen, para anclar las expectativas inflacionarias de manera efectiva, las metas de inflación deben ser realistas.

El actual acertijo de alto riesgo que enfrentan los responsables de las políticas sugiere que deberían aplicar los principios de metas de inflación de manera más flexible en el contexto de un importante shock económico. Esto implicaría elevar la meta a un nivel que esté en línea con la tasa de inflación real observada en el período post-crisis –un nivel que el público percibiría como realista, honesto y creíble.

Hacerlo reduciría las cargas tributarias y de deuda para las generaciones futuras, al mismo tiempo que limitaría de manera crucial los riesgos de una inflación mucho más alta en el más corto plazo. Es más, una meta de inflación más elevada –y el resultante restablecimiento de la credibilidad- les permitirían a los bancos centrales regresar a una meta de inflación más baja sin crear una recesión una vez que los niveles de deuda se hayan reducido y la demanda agregada se haya recuperado.

(Brigitte Granville es profesora de Economía Internacional y Política Económica en el Queen Mary College, Universidad de Londres, y autora de Remembering Inflation, de inminente publicación por Princeton University Press. Copyright: Project Syndicate, 2011)

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha admitido por primera vez parte de su responsabilidad en la crisis financiera ya que no supo entender hasta qué punto estaban interrelacionados los bancos mundiales. Precisamente ha sido duramente criticado durante la crisis financiera por no saber predecirla y gestionarla”... Gordon Brown admite que cometió “un gran error con los bancos” (El Confidencial - 11/4/11)

Según recoge el Daily Telegraph (11/4/11), Brown admite que cometió “un gran error” en la manera en la que abordó la regulación financiera antes de que el sistema financiero se colapsara. Y añade que “tengo que aceptar mi responsabilidad”.

Brown, que entonó el mea culpa en una conferencia den Bretton Woods, también se ha referido a la FSA (Financial Services Authority, organismo encargado de regular el sistema financiero), puesto en marcha por él mismo en un movimiento sorpresa en su primer día como primer ministro en 1997.

“Pusimos en marcha la FSA pensando que los problemas vendrían del rescate de una institución financiera. Pero nos equivocamos. No supimos ver hasta qué punto estaban enredadas las cosas”.

La crisis de 2008 provocó un efecto contagio de unas entidades a otras debido a la fuerte interconexión que existía entre el sector financiero mundial.

Reforma, sí. Revolución, no. El informe preliminar elaborado por una comisión independiente sobre la reforma del sistema bancario británico ha descartado la radical idea de separar por completo la banca comercial de la de negocios y apuesta por una combinación de medidas más moderadas como fórmula más viable para dar estabilidad al sistema financiero y evitar una crisis como la que empezó en 2007”… Los expertos impulsan la vía moderada en la reforma de la banca británica (El País - 12/4/11)

La gran banca había amenazado con abandonar la City de Londres y trasladar sus cuarteles generales a Nueva York u Hong Kong si Reino Unido adopta medidas demasiado radicales. Un peligro que parece haber desaparecido: las acciones de los bancos británicos se dispararon nada más abrirse la cotización en la Bolsa de Londres (11/4).

Presidida por sir John Vickers, la Comisión Independiente sobre la Banca se creó en junio de 2011 con el encargo del Tesoro de ofrecer propuestas con dos objetivos fundamentales: mejorar tanto la estabilidad como la competitividad del sistema financiero. En realidad, lo que hizo el Gobierno al pedir ayuda a un grupo de cuatro expertos fue buscar un árbitro que resolviera una polémica que no solo dividía a los analistas sino que tenía el potencial de llevar también la división a la coalición de conservadores y liberales-demócratas formada hacía entonces tan sólo unas semanas.

El dictamen de los expertos es que, aunque una división absoluta entre la banca de negocios y la banca al detalle puede ser la forma más sólida de proteger a la segunda de la primera, en realidad no es necesaria: con una serie de medidas combinadas menos radicales se puede conseguir el objetivo de estabilidad buscado y al mismo tiempo no perjudicar la competitividad de la banca británica.

Lo que proponen es crear lo que denominan un “anillo de protección”, un ring-fencing en torno a la banca al detalle, de forma que un banco pueda seguir operando en ambos sectores pero de forma claramente diferenciada, con empresas filiales separadas. Pero, detalle crucial, manteniendo la capacidad de mover su capital de una actividad a la otra.

El informe -cuyas conclusiones finales, en septiembre (2011), condicionarán la reforma del sistema a pesar de que solo tiene carácter consultivo- parte de la tesis de que son los accionistas y los acreedores (exceptuados los depositantes) de la banca, y no los contribuyentes, los que han de soportar las pérdidas en tiempos de crisis. Es decir, que no debería haber operaciones de rescate con dinero público como la que se han dado estos años.

Para ello hay que crear un entorno que obligue a los bancos a ser más prudentes y a tener “más capacidad de absorber las pérdidas”, a hacer más sencillo y menos costoso que un banco resuelva sus apuros cuando los tenga y a reducir los incentivos que premian la toma de riesgos excesivos en el negocio.

Y sugieren, sobre todo, la citada separación contable y de gestión de la banca al detalle y la de negocios, para que los apuros de una no afecten a la otra, el llamado “anillo de protección”, y aumentar al 10% el capital core de las reservas en los bancos sistémicos y en toda la banca al detalle.

- La reforma de la reforma bancaria (Project Syndicate - 18/4/11) Lectura recomendada

(Por Howard Davies)

Londres.- En los últimos tres años se han derramado océanos de tinta (o de bytes) sobre la formulación de programas para resolver el problema de los bancos que son “demasiado grandes para quebrar”. Muchos académicos y expertos han criticado a los reguladores y a los banqueros centrales por su incapacidad para entender los atractivos evidentes de la llamada “banca estrecha”, un restablecimiento de la separación entre la banca comercial y la banca de inversión/mercantil de la era Glass-Steagall, o de aumentar fuertemente los requisitos de capital. Si se adoptara uno solo de esos remedios, el mundo sería un lugar más seguro y feliz y los contribuyentes ya no correrían el peligro de tener que rescatar a los irresponsables financieros.

En respuesta, los banqueros tienden a argumentar que cualquier interferencia en sus negocios sería un ataque inadmisible contra su derecho humano inalienable de perder el dinero de los accionistas y depositantes del modo que más les plazca. Además, sostienen que el costo de cualquier aumento de los requisitos de capital sencillamente se transmitiría a los deudores mediante tasas de interés más elevada, lo que haría que la economía se detuviera en seco.

Lo anterior podría describirse como un diálogo de sordos, pero la mayoría de las personas sordas logran comunicarse bastante bien mediante señas y otros medios.

En este terreno ferozmente disputado hace su entrada la Comisión Bancaria Independiente del Reino Unido, establecida el año pasado por el Secretario de Hacienda, George Osborne, con el mandato de examinar las posibles reformas estructurales al sistema bancario orientadas a salvaguardar la estabilidad financiera y la competencia. Preside la Comisión John Vickers, rector del All Souls College de Oxford, que es de lo más distinguido que hay en los círculos académicos británicos. Participa junto a él Martin Wolf del Financial Times, lo que permite suponer que habrá una buena recepción en las páginas financieras.



El informe provisional de la Comisión, que se publicó el 11 de abril, es lúcido y agudo. También demuestra de modo convincente que todos los remedios propuestos tienen costos significativos. El lector se ve obligado a deducir que, después de todo, tal vez los reguladores no hayan sido tan torpes.

Un punto obvio es que es difícil encontrar una relación clara entre la estructura de la industria financiera y el éxito o el fracaso en la crisis. A algunos bancos universales les fue bien, a otros mal. Algunos bancos de inversión prosperaron (en el caso de Goldman Sachs, tal vez demasiado), otros se colapsaron. Algunos bancos abiertos al público en general quebraron, como Northern Rock, mientras que otros permanecieron a flote (por ejemplo, la filial de Santander en el Reino Unido).

Vickers descarta algunas de las opciones más seductoras. La banca estrecha, que supone que los depósitos del público en general se guarden en entidades separadas, respaldados exclusivamente con activos seguros y líquidos como los bonos del gobierno, no se ve bien bajo el microscopio de All Souls. Advierte que “los costos sociales serían significativos”, puesto que se perderían las sinergias entre la recepción de depósitos y el otorgamiento de créditos. Y es casi seguro que los gobiernos tendrían que hacerse cargo también de algunos bancos de crédito, por lo que los supuestos beneficios en términos de aislar el dinero del público no se harían efectivos.

A Vickers tampoco le agrada la llamada “banca de objeto limitado”, en la que toda la deuda está titularizada de hecho. “Habría una disminución del valor agregado económico debido a la intermediación”, y los créditos a las pequeñas y medianas empresas resultarían perjudicados.

Tampoco hay una opinión favorable en cuanto a limitar directamente el tamaño de los bancos. ¿La norma de Volcker? “Es poco probable que el impacto fuera positivo en el Reino Unido” o, implícitamente, en ningún lugar fuera de los Estados Unidos.

La Comisión se detiene un poco más en el modelo Glass-Steagall, pero tampoco se muestra plenamente satisfecha: “los costos de una total separación podrían ser mayores de lo necesario para abordar los problemas”, en parte debido al potencial surgimiento de “economías de alcance entre los servicios bancarios de inversión abiertos al público en general y los corporativos”. Además, “la total separación eliminaría todos los beneficios de la diversificación intrabancaria y acabaría de ese modo con la posibilidad de que una parte del grupo pueda salvar a otra”.

En ese punto del informe, los lectores en las salas de juntas de los bancos británicos esperaban una victoria fácil en tres sets. El profesor, que detenta el título de Sir, recibiría las Llaves de la Ciudad (Freedom of the City of London) -un honor poco conocido pero apreciado que permite al titular cruzar el puente de Londres con un rebaño de ovejas.

Sin embargo, el asunto no acaba bien. Una reforma que sí sería favorecida es lo que la comisión describe como “protección de las operaciones de banca abierta al público en general”. El impacto sería que se impondría a los bancos que llevan a cabo actividades de este tipo en el Reino Unido el requisito de realizarlas en una filial capitalizada por separado. Los requisitos de capital para esa filial serían más onerosos, con un mínimo de capital de nivel 1 del 10%, en comparación con la nueva norma de Basilea 3 del 7%.

Dicho requisito impondría costos a los bancos universales al limitar su capacidad de transferir capital dentro del grupo. Se desconoce la magnitud de estos costos, pero los precios de las acciones de los bancos que podrían verse afectados (Barclays y el Royal Bank of Scotland, en particular) aumentaron cuando se publicó el informe, lo que sugiere que no son tan altos como se temía.

La principal ventaja del esquema es que se combina perfectamente con otras reformas que están en proceso en Basilea. La protección de las operaciones de banca abierta al público en general tiene más sentido si va aparejada con un nuevo régimen de resolución, que permitiría a la filial estar vinculada sin que haya contagio en el grupo. Si se logra llegar a un acuerdo de rescate paralelo que permita a los tenedores de acciones compartir la carga, estaríamos cerca de una reforma inteligente y poco costosa que puede ser bien recibida en el mercado -y que las instancias de regulación tendrían una verdadera oportunidad de gestionar.



Los que quieren bancos a la medida, incluso si ello resultara perjudicial para ellos mismos, no están contentos con Vickers. Sin embargo, al ofrecer una evaluación honesta y rigurosa de las principales propuestas de reforma, la Comisión Bancaria Independiente ha contribuido con un servicio invaluable y merece que se le reconozca por ese trabajo tan elegante.

(Howard Davies, ex presidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido y ex gobernador adjunto del Banco de Inglaterra, es actualmente director de la London School of Economics. Su libro más reciente es Banking on the Future: The Fall and Rise of Central Banking. Copyright: Project Syndicate, 2011).

- El contradictorio Banco de Inglaterra (Project Syndicate - 5/5/11)

(Por Linda Yueh) Lectura recomendada

Oxford.- Andrew Sentance, miembro saliente del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, ha expuesto un panorama hipotético que menoscabaría la credibilidad del Banco de Inglaterra. Hay dos fuerzas contradictorias que podrían mantener la inflación muy por encima de su objetivo del dos por ciento no sólo este año y el próximo, sino también en 2013 incluso.

El dilema consiste en que cualquier depreciación de la libra esterlina aumenta el nivel de inflación importada que no queda compensada por la capacidad disponible en la economía. Dicho de otro modo, el Reino Unido tiene una capacidad disponible -la producción disminuyó el 6,4 por ciento durante la recesión y no se ha recuperado totalmente-, pero no suficiente. De modo que la inflación ha superado el objetivo del Banco durante todo el período de recuperación respecto de la crisis financiera de 2008 y, según Sentance, podría permanecer por encima de dicho objetivo durante el período de dos años de previsión a medio plazo del Banco.

Peor aún: si el Gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyin King, está en lo cierto al sostener que la inflación superior al objetivo se debe a la inflación importada, aumentar los tipos de interés tendrá pocos efectos, a no ser que induzca una apreciación de la libra esterlina, lo que reduciría el costo de las importaciones, pero su depreciación ha de reequilibrar la economía al aumentar las exportaciones. De hecho, el Gobierno británico cuenta con eso. Su nueva Oficina de Responsabilidad Presupuestaria prevé que en los próximos años el comercio contribuirá tanto como el consumo al crecimiento del PIB.



Naturalmente, eso significa acabar con el déficit por cuenta corriente, que ha sido de entre uno y tres por ciento, aproximadamente, del PIB y eso entraña, a su vez, un mayor debilitamiento de la libra esterlina. Evidentemente, ésta no puede apreciarse y depreciarse simultáneamente.

Teóricamente, la libra esterlina podría mantenerse en el tipo actual de unos 1,60 dólares y mejorar la situación comercial, si el aumento del volumen de exportaciones baratas superara el valor de unas importaciones más caras: el llamado efecto de la curva en J. En ese caso, la balanza comercial mejoraría con el tiempo, después de un deterioro inicial. Ocurrió a comienzos del decenio de 1990, cuando la libra esterlina se debilitó tras salir del Mecanismo de Tipos de Cambio, pero ahora las condiciones económicas mundiales son menos sólidas.



Otro problema es el de que las exportaciones británicas (en particular, las de servicios) compiten en calidad y no en precio y, como el Reino Unido ya no produce manufacturas de gama baja, hay que importarlas. Dicho de otro modo, la demanda de importaciones y exportaciones no es muy elástica en materia de precios y sólo hay un margen limitado para substituir los productos de fabricación nacional. Hasta ahora, el déficit comercial ha mejorado, pero, al haber estado la libra esterlina un 25 por ciento, aproximadamente, más baja, ponderada en función del comercio, durante cuatro años, la parte alta de la J parece un poco lejana.

Además, hay otro dilema: el desfase de la producción. Gran Bretaña ha recobrado sólo una tercera parte de su producción perdida a consecuencia de una recesión profunda. Al haber crecido la economía sólo el 1,5 por ciento el año pasado y el desempleo el 7,8 por ciento (casi el punto máximo en 17 años), debería haber factores de producción inactivos listos para ponerse en marcha.

Pero, ¿y si ha quedado dañado el potencial de producción de la economía? ¿Y si, como ha ocurrido en otras crisis financieras, el aumento de la producción sigue siendo flojo durante varios años, mientras los bancos rehacen sus balances generales y el desapalancamiento se produce lentamente?

En ese caso, el Reino Unido podría no seguir creciendo un 2,75 por ciento anual, sino más cerca -pongamos por caso- del dos por ciento. De ser así, hay un desfase menor en la producción: un nivel menor de potencial de producción junto con un nivel mayor de desempleo significa que el crecimiento irá acompañado de inflación.

Naturalmente, el desfase en la producción resulta difícil de computar, pero la inflación básica (la que excluye los precios de la energía y de los alimentos) ha superado el dos por ciento durante gran parte del período de recuperación y los impuestos indirectos, como el IVA, destinados a reducir el déficit fiscal, han contribuido a la presión al alza de los precios. Por otra parte, el aumento anual de los salarios, que ha sido de sólo el dos por ciento, significa que, aun después de 16 meses de una inflación mayor que el objetivo, siguen existiendo sólo efectos mínimos de segundo orden.

El Banco de Inglaterra parece en verdad contradictorio. La mayoría está votando a favor de mantener sin cambios los tipos de interés, pero hay dos votos a favor de un aumento de 0,25 de los tipos, un voto a favor de un aumento del 0,50 por ciento e incluso un voto a favor de más relajación cuantitativa. Esa inhabitual división en cuatro opciones de los nueve miembros de su Comité de Política Económica refleja diferencias en cómo se evalúan las influencias contradictorias en la estabilidad de los precios. Además, con una cuarta parte de la economía en contracción (o estancamiento, después de descontar los efectos del tiempo atmosférico), no resulta difícil entender por qué los miembros del Comité no consiguen ponerse de acuerdo.

Pero la inacción del Banco -justo cuando el BCE ha aumentado sus tipos de interés para empezar a normalizar la política monetaria- podría enviar una señal inapropiada, según Sentance y, como éste advierte también, si la inflación se mantiene por encima del objetivo del Banco de Inglaterra durante otros dos años, una abrupta y profunda restricción monetaria socavaría la recuperación... y podría menoscabar la credibilidad del propio Banco de Inglaterra.

(Linda Yueh es profesora de Economía del St. Edmund Hall en la Universidad de Oxford y corresponsal de economía de Bloomberg TV. Haga clic aquí para ver su entrevista a Andrew Sentance. Copyright: Project Syndicate, 2011)

Súper clase, globócratas, uberricos. Son nuevos nombres para denominar a una nueva élite global que ha sido definida como una nación aparte”… “Richistán”: el país de los megarricos (BBCMundo - 15/5/11)

Son tan ricos estos magnates que viven más alejados de la realidad del común de los mortales de lo que tradicionalmente han estado las élites pudientes.

Chrystia Freeland, periodista financiera y autora del libro “Plutócratas”, le dijo a la BBC que muchos de estos megarricos “son hijos de la globalización y el desarrollo tecnológico”; una minoría selecta muy particular que maneja una “porción desproporcionada” de la riqueza global.

Pero ¿cómo son estos nuevos potentados?

“Comunidad transglobal”

“Los ricos de hoy son diferentes a los ricos de ayer. La mayoría no son caballeros ociosos que heredaron sus fortunas: son nerds adictos al trabajo y perpetuamente cansados”, estima Chrystia Freeland.

“Nuestra economía global interconectada y de paso lento ha propiciado el surgimiento de una nueva súper élite que consiste, en grado notable, en acaudalados de primera o segunda generación”.

Los bienes y servicios de lujo más ventajas impositivas convierten a Londres en un imán para megarricos transnacionales.

Según Freeland, los miembros de esta élite son “tesoneros, altamente educados, meritócratas del jet set que se consideran los ganadores en buena lid de una dura competencia económica global”.

Y, aunque su residencia principal esté en Nueva York, Londres, Hong Kong o Bombay, forman “una comunidad transglobal de pares que tienen más en común entre ellos que con sus conciudadanos. Son una nación en sí misma”.

Esa nación, o “Richistán”, como la denomina el autor estadounidense Robert Frank, está formada por personajes de muy variado origen.

La componen oligarcas rusos, jeques del Golfo Pérsico, petroleros texanos, magnates estadounidenses de internet, condes italianos, “bolligarcas” indios (en referencia a magnates de la industria del cine nacional, o Bollywood) y multimillonarios de los paraísos fiscales.

Se encuentran en lujosos destinos turísticos, exclusivos debido a su costo y, como acudiendo a una reunión familiar, llegan en sus jets privados a todos los eventos elitistas que los acojan, como el Foro Económico Mundial en Davos.

Y Londres, la capital del Reino Unido, es un imán para ellos debido a una combinación de factores como bajos impuestos para los no residentes, la zona horaria, la lingua franca internacional que es el inglés, el estatus de centro financiero y los bienes y servicios de lujo disponibles.

¿De dónde salieron?

Durante las pasadas décadas la economía global ha estado marcada por la integración de los mercados, la liberalización del comercio y la revolución de las tecnologías de la información.

Esto ha creado una prosperidad global por la que cientos de millones de personas han salido de la pobreza absoluta y se han ubicado entre las clases medias particularmente en las crecientes economías asiáticas de China e India.

Pero en la medida en que se apreciaba un crecimiento de la economía planetaria también surgía otro fenómeno: el de la ampliación de la brecha entre ricos y pobres dentro de sus propios países.

Este fenómeno, como le señaló Chrystia Freeland a la BBC, fue particularmente pronunciado en Estados Unidos entre 2002 y 2007 cuando el 65% de todo el crecimiento de los ingresos correspondió al 1% de la población.

En 1987, el 1% más rico de EEUU se hacía al 12,3% de los ingresos en bruto del país. Dos décadas después, la cifra era 23,5%

Pero la segregación de la riqueza se ha presentado además en países como Reino Unido, Canadá, Alemania y en las naciones escandinavas, así como también en la China comunista.

La división entre súper ricos y el resto llevó a que tres analistas del Citigroup concluyeran que “el mundo está dividido en dos bloques: la plutocracia y todos los demás”.

Según explicaron, en la plutocracia no existen consumidores estadounidenses, británicos o rusos. Lo que hay son consumidores ricos, que son pocos pero se llevan una tajada enorme de los ingresos globales y consumen una cantidad de bienes desproporcionadamente grande.

Y luego están los demás: un grupo multitudinario pero virtualmente irrelevante en términos de ingreso y consumo.

¿Un problema?

¿Representa, entonces, un problema la aparición de esta clase de ultrarricos?

Según Credit Suisse en el mundo hay:

- 81.000 personas con más de US$ 50 millones

- unas 30.000 con más de US$ 100 millones

- 2.800 con más de US$ 500 millones

- alrededor de mil multimillonarios

Para Alan Greenspan, el legendario jefe de la Reserva Federal de EEUU, el lío es que “básicamente tenemos una economía muy distorsionada”, según dijo en una entrevista en el verano pasado (2010).

Julia Margot, subdirectora del grupo independiente de análisis Demos, le dijo a la BBC que “deberíamos preocuparnos” por este fenómeno, particularmente en “sociedades que están obsesionadas por lo que sus élites hacen” debido a la exposición continua que éstas tienen en los medios de comunicación.

“Existe una compulsión muy intensa a ser parte y parecerse” a esas élites debido a la “fabricación de aspiraciones que se parecen a los sueños de Hollywood”.

Sin embargo, en su opinión “si hablas con jóvenes de escasos recursos te das cuenta de que -debido al modo en que se ha desarrollado el mercado laboral, y por la manera en que funciona la movilidad social- sus aspiraciones no se van a cumplir”, lo cual puede generar cada vez más frustración.

En palabras de la autora Freeland, el auge de los “uberricos” presenta, por lo menos, un dilema.

“En la economía global competitiva de hoy, necesitamos más que nunca a los súper ricos y las compañías innovadoras que ellos han creado. Pero ellos nos necesitan a nosotros también, como consumidores, como empleados, como conciudadanos”.

No obstante, añade, “hay una lección que nos enseña la historia. A largo plazo las súper élites sólo pueden sobrevivir de dos maneras: suprimiendo la disidencia o compartiendo la riqueza”.

¿Cuál de estos dos modos prevalecerá? Sólo el tiempo podrá decirlo.

Estamos asistiendo a un proceso en el que una gran parte de la economía occidental está completamente a la deriva. La actual crisis sistémica ha dejado sin referencias a buena parte de las autoridades públicas, a lo que hay que añadir el vaciado intelectual de la academia, que asiste perpleja al desmoronamiento de todo el paradigma neoclásico”... Reino Unido, ¿el próximo? (Cinco Días - 25/5/11)

Con estos parámetros, tanto los Gobiernos como los bancos centrales intentan de forma desesperada mitigar los efectos de la crisis de deuda privada que asola a los países centrales, especialmente EEUU y Reino Unido, y que tiene ramificaciones y alumnos aventajados entre los países periféricos europeos, como España, Grecia o Portugal. Hasta ahora, todo el ruido mediático, y donde se han focalizado los lobbies financieros, ha sido en la grave situación de los periféricos, sin entrar a valorar que el riesgo de EE UU, Reino Unido o Alemania por contagio puede desencadenar una recesión sin precedentes.

El caso británico es digno de estudio. La economía de Reino Unido ha sido afectada de forma significativa por la crisis financiera y económica internacional. El PIB en 2010 fue un 4,5% más bajo que el pico alcanzado en la fase precrisis. El desempleo ha aumentado en más de 800.000 personas desde 2007 y las finanzas públicas se han deteriorado de forma abrupta, alcanzándose en el ejercicio 2010-2009 una cifra de déficit público del 10% del PIB, algo impensable en esta economía.

Existe evidencia de que parte de la caída del PIB sufrida, lejos de ser un shock transitorio, se va a convertir en permanente. Las estimaciones apuntan a que el coste de la crisis bancaria puede ser algo superior al 60% del PIB existente con anterioridad a la crisis. Esta situación se ha traducido en que más de un 80% del capital del Royal Bank of Scotland y más del 40% del Lloyds Bank Group son propiedad del Estado, después del proceso de rescate llevado a cabo por el Ejecutivo desde el estallido de la crisis financiera en 2008. Sin duda, este proceso ha deteriorado significativamente la competencia en el sistema bancario británico, con un proceso de desaparición, o absorción, de buena parte de los competidores de los dos grandes grupos. El proceso de bancarización británico, y sobre todo el peso de este sector en la economía, explican las serias consecuencias futuras de esta profunda crisis financiera. Reino Unido es el país con mayor porcentaje de activos bancarios domésticos sobre el PIB, casi el 500% del PIB.

Con esta situación, resulta muy útil analizar qué ha ocurrido en el pasado en diversos países para entender la magnitud del efecto que va a tener para Reino Unido esta crisis bancaria, cuyo origen es claramente sistémico. La evidencia empírica muestra que, salvo en los casos de Suecia y Corea, las crisis bancarias han tenido unos efectos permanentes para los países que las han sufrido, y en el caso de Reino Unido, las expectativas son claramente de una pérdida de PIB potencial considerable. Esto también tiene que ver con el modelo de solución de crisis bancarias, que en el caso de Suecia supuso un castigo muy severo a los gestores, también pérdidas para los acreedores y un grado de transparencia máximo.

Las necesidades de incrementar el capital y la liquidez del sistema bancario son claves para restaurar la confianza y el buen funcionamiento del sistema financiero. Sin embargo, en el caso de Reino Unido hay dos problemas fundamentales. La evidencia empírica revela que a menores ratios de capital y solvencia, como es el caso del Reino Unido, mayores pérdidas en el PIB con posterioridad a la crisis bancaria. En este sentido, Reino Unido tiene dos hándicaps muy graves. Uno es que la competencia bancaria prácticamente ha desaparecido, Reino Unido controla más del 60% del total del capital de los dos principales grupos bancarios. Y el segundo es que no puede inyectar más capital a sus entidades, pues la situación de las finanzas públicas no lo permite.

En resumen, la crisis financiera ha provocado un aumento de la probabilidad de suspensión de pagos por parte de entidades británicas, y también irlandesas, a partir de la crisis de Lehman. Sin embargo, a pesar de una cierta estabilización en 2009-2010, no podemos descartar una crisis de deuda soberana, pero también bancaria, lo cual hace de la economía británica una economía muy vulnerable. La severa consolidación fiscal ha elevado, aún más, la probabilidad de quiebra del sistema financiero, pues el nivel de desempleo y el empobrecimiento social harán que la pérdida de PIB potencial se convierta en estructural y así Reino Unido deje de ser una gran potencia, básicamente financiera, y pase a ser un país con serias dificultades para crecer al nivel de antaño.

Los bancos británicos deberán imponer un “muro invisible” que aísle sus actividades de banca de inversión del negocio minorista. El objetivo es evitar que los contribuyentes tengan que asumir el coste de rescates bancarios en caso de que se produzca una nueva crisis en el sistema”... Londres impondrá un 'cordón sanitario' sobre el negocio de la banca de inversión (Cinco Días - 16/6/11)

El ministro de Economía de Reino Unido, George Osborne, anunció el 15 de junio (2011) la batería de medidas que prepara el Ejecutivo para imponer un cordón de seguridad que aísle el negocio minorista de las divisiones de banca de inversión.

Según explicó Osborne, los grandes bancos británicos deberán proteger su negocio con particulares de las potenciales pérdidas que puedan generar las áreas de banca mayorista, especializadas en la intermediación de productos financieros y en operaciones con grandes corporaciones.

Además de incorporar una redefinición societaria para aislar al máximo el negocio de banca de inversión, el ministro también anunció que la gran banca de Gran Bretaña deberá alcanzar niveles de capital superiores a los establecidos en la nueva regulación internacional de solvencia, conocida como Basilea III. Para los activos con más riesgos deberán reservar cerca de un 10% de capital, frente al 7% que marca Basilea.

La reforma planteada por Osborne es la que va más lejos entre las nuevas regulaciones financieras que se están desarrollando en varios países europeos. Tan solo los elevados requisitos de capital impuestos por Suiza a sus dos grandes bancos pueden considerarse más duros.

“Esta medida es regresiva y costosa para la banca británica aunque menos dañina que la obligación de segregar el negocio de banca de inversión”, explicaba ayer el analista Mike Trippitt, de Oriel Securities, a la agencia Reuters. En Estados Unidos, la regulación que ahora debate el Congreso obligaría a los grandes grupos financieros a trocearse para separar por completo el negocio de banca de inversión.

En su tradicional discurso en Mansion House, residencia oficial del alcalde de Londres, Osborne también ha reclamado que la Unión Europea deje a los reguladores nacionales un cierto margen de adaptación de Basilea III.

La decisión de aislar el negocio de banca de inversión pretende, según el ministro de Economía británico, no evitar nuevas quiebras, sino conseguir que si estas se producen no afecten al conjunto de la entidad bancaria. De esta forma, se lograría reducir la factura que el Estado tendría que pagar en el rescate del banco.

Las masivas manifestaciones helenas y las últimas movilizaciones británicas no son más que expresiones diferentes del mismo problema, el de los recortes que ambos gobiernos (en proporciones muy distintas) llevan tiempo aprobando. Y ese clima presupuestariamente restrictivo va a llevar a la calle a muchos ciudadanos europeos en los próximos meses”… Huelgas y represión: el futuro de la política europea (El Confidencial - 30/6/11)

En ese sentido, la huelga de funcionarios británicos prevista para el 30/6 es una buena muestra de algunos de los puntos futuros de conflictividad, que serán más notorios cuanto más avancen las políticas de austeridad. Uno de los aspectos materiales que más han empujado para que la huelga se convoque ha sido la reforma de las pensiones. Un tema importante, señala Miguel Martínez Lucio, profesor de Human Resources Management de la Manchester Business School, “porque supone una bajada indirecta de sueldos y porque las pensiones previstas para este colectivo son ya inferiores a las del sector privado. Pero sobre, todo porque hablamos de trabajos como los de asistente social, maestro de escuela o policía en los que el número de agresiones sufridas por los funcionarios públicos se están multiplicando. Y si no conservas una oferta económica decente, ¿cómo vas a atraer a la gente a un puesto donde la violencia es habitual? Por eso hay apoyo a la huelga: la gente sabe que es duro ser hoy un profesor o un asistente social”.

Ambiente de lucha en Reino Unido

A pesar de no ser una huelga general, todo está preparado para que la de hoy sea una gran movilización. Los sindicatos convocantes son cuatro, tres de la educación, NUT (National Union of Teachers 200.000 afiliados), ATL (Association of Teachers and Lecturers, 160.000) y UCU (University and College Union, 120.000) y uno de los servicios públicos, PCS (Public and Commercial Services Union, 300.000), cuyos afiliados se han manifestado masivamente a favor de la huelga, lo cual hace pensar en un seguimiento elevado. Para Andrew Richards, profesor de Ciencia Política en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales de la Fundación Juan March, “tras 20 años en los que los niveles de conflicto industrial han sido bastante bajos, una movilización como esta es significativa, aun cuando no llegue a los niveles mucho más elevados de una huelga general”. No obstante, el panorama apunta hacia un ambiente generalizado de confrontación. Por una parte, apunta Martínez Lucio, en septiembre está prevista la movilización de académicos y de estudiantes universitarios, y para octubre, señala Richards, los dos sindicatos más grandes del sector público, UNISON (con más de 1.375.000 afiliados) y UNITE (más de 1.000.000) están planificando huelgas.

En todo caso, estas movilizaciones “no son más que expresiones específicas de un conflicto más general, ya que todo proviene del problema de la crisis económica y de cómo la están resolviendo a base de recortes”. Y ello no sólo supone la rearticulación de muchas posiciones sociales, sino también la reordenación o desaparición de muchos de los viejos actores, En ese contexto, los partidos socialdemócratas aparecen especialmente desubicados, ya que han de aplicar políticas que no coinciden con su ideario y que son ampliamente rechazadas por muchos de sus votantes. En el caso británico, señala Richards, “el comportamiento del partido laborista ha decepcionado notablemente a los sindicatos, ya que su líder, Ed Miliband, se ha manifestado en contra de la huelga, perdiendo así una gran oportunidad de articular un discurso narrativo que refleje las preocupaciones de una sociedad”.

Para Richards, hubiera sido mucho más coherente que el pequeño de los Miliband hubiera afirmado que, a pesar de vivir una solución económicamente grave, habrían de buscarse soluciones que no pasaran por la confrontación con los sindicatos y los trabajadores. “Al no hacerlo así, es probable que muchos de quienes van a la huelga acaben pensando, al igual que ocurría en las movilizaciones españoles, que apenas hay diferencia entre los dos principales partidos”.

Lo que ha ocurrido a los laboristas es que su líder no ha querido aparecer como un político que apoya las huelgas, sino como una alternativa creíble de los conservadores, señala Martínez Lucio, “alineándose con la tendencia general de los partidos socialdemócratas europeos, que tiene miedo de aliarse con las propuestas radicales contra la crisis. Sin embargo, en este caso han perdido una gran oportunidad, no sólo porque haya mucho apoyo para los sindicatos en la sociedad británica sino porque no estamos hablando de una huelga de trabajadores bien pagados con condiciones laborales de lujo que defienden sus privilegios, sino de empleados que trabajan en condiciones muy complicadas”.

Una socialdemocracia cada vez más cuestionada

El problema de fondo, afirma Martínez Lucio, es que los socialdemócratas europeos han aceptado en gran medida el discurso liberal-conservador sobre los orígenes de la crisis y sobre cuáles deben ser las soluciones. Y, por eso, la crisis parece estar dejando sin sitio a una socialdemocracia cada vez más cuestionada. De una parte, los poderes financieros que les demandan austeridad tienden a no fiarse de la voluntad de hacer reformas de los partidos de centro izquierda; por otra, sus electores no coinciden ni en la necesidad de los recortes ni en el modo en que están actuando respecto de esos mismos poderes financieros. Desde esta perspectiva, las movilizaciones están siendo perjudiciales para los partidos de izquierda parlamentaria, situados en una tierra de nadie que les obliga a hacer cada vez mayores equilibrios.

La cuestión es dónde va a ir a parar ese caudal de descontento. El descreimiento y el alejamiento de la política es una opción y el aumento de la presencia social del populismo es otra, pero la hipótesis que más suele manejarse es el surgimiento de un nuevo tipo de izquierda. Moreno descarta esta posibilidad, ya que, afirma, “la izquierda lleva años estancada, ni ha dado el perfil ni ha ofrecido programas ni ha hecho nada. Y los sindicatos ahí están, chupando del frasco del Estado, sin que sepamos dónde va a parar el dinero que se les da”.

Sin embargo, lo que nos está diciendo la experiencia de las movilizaciones europeas es que, más allá del signo que tengan, están apareciendo novedades sustanciales en la política que tiene poco que ver con las claves bajo las que estábamos acostumbrados a analizarla. Entre ellas:

1 En países como el Reino Unido, señala Martínez Lucio, está aumentando tanto la afiliación a los sindicatos como su presencia social. “Dado que el sistema electoral británico dificulta la existencia de partidos minoritarios y prácticamente imposibilita un espacio de izquierda fuera del partido laborista, son las formaciones sindicales las que están empezando a jugar este papel de izquierda alternativa. Desde hace unos años están apareciendo nuevos líderes sindicales, algunos de los cuales siguen militando en el partido laborista, que están ocupando claramente ese espacio”. Lo que está por verse es cómo transforman esa presencia en algún tipo de poder político.

2. Las alternativas son cada vez más numerosas y fragmentadas, como demuestran múltiples ejemplos europeos (los últimos, España y Grecia). En un sentido, porque están apareciendo nuevos jugadores políticos, que van desde UPyD hasta el Frente Nacional francés pasando por la apuesta centrista de François Bayrou, el ascenso de los Liberal Demócratas en el Reino Unido o por la recomposición de la izquierda alemana en Die Linke, lo cual está produciendo un juego de intereses político cada veza más fluido. Pero, en otro, porque se está generando un magma de organizaciones jóvenes, bien estructuradas, que están potenciando cada vez más la sociedad civil (como se ha notado en el 15 M español) pero que carecen de un conductor articulado”. Sin embargo, y aunque “este no sea un fenómeno nuevo, porque llevamos en esa situación fragmentada un periodo relativamente largo”, está cobrando cada vez más importancia, lo que está haciendo fermentar un caldo de cultivo del que va a surgir algo, aun cuando no pueda adivinarse todavía el qué.

La libra esterlina lleva más de 300 años en circulación y se le nota el kilometraje. Traquetea en las marchas más bajas de la política monetaria (con tipos de interés en el 0,5% desde marzo de 2009). Pierde terreno ante divisas más jóvenes como el euro, que desde su puesta en circulación se ha revalorizado un 23% frente a la divisa británica. Y necesita empujones multimillonarios de la imprenta del Banco de Inglaterra para poder seguir el ritmo del mercado (empezó con una inyección de 75.000 millones de libras y ya va por los 200.000 millones). En esas penosas condiciones, ¿hacia dónde se encamina la moneda de la reina?”… La libra, en declive, se acerca al euro (Cinco Días - 1/8/11)

A juzgar por su evolución desde el comienzo de la crisis hace cuatro años, la libra se arrastra a trompicones hacia una humillante paridad con el euro, la moneda que los conservadores de David Cameron y, en mucha menor medida, los laboristas de Ed Miliban, han mirado con desprecio o desconfianza desde su nacimiento en 1999. La euforia de los euroescépticos, que vieron en la actual crisis de la zona euro la confirmación de sus argumentos contra la moneda común, no se ha materializado en una libra más fuerte. Todo lo contrario.

La libra no para de perder valor, con una caída acumulada durante el último año de más del 5% frente a la moneda europea a pesar de las dificultades en Grecia, Irlanda o Portugal. El viernes cerró a 1,14 euros por libra, muy lejos del 1,71 que llegó a costar en los arranques de la Unión Monetaria. Y su posición internacional, fuera ya del pódium donde se aprietan las divisas estadounidense, europea y japonesa, podría perder nuevos puestos ante la pujanza de monedas emergentes como el renminbi chino.

La lectura optimista de esa evolución sugiere que gracias a la depreciación Reino Unido ha reactivado sus exportaciones. Pero ese alivio no basta para camuflar las verdaderas razones de una imparable caída en el tipo de cambio. Tom Brown, director ejecutivo del Nordestuche Bank en la City londinense, identifica tres motivos para la pérdida de valor de la moneda británica: el mal estado de la economía nacional, los problemas del euro y el bajo tipo de interés fijado por el Banco de Inglaterra.

Ninguno de los tres tiene visos de variar a corto plazo. Y en uno de ellos, la crisis del euro, el gobierno conservador de David Cameron ha perdido toda capacidad de influencia diplomática ante la creciente fuerza del Eurogrupo (reunión de los países de la zona euro), un foro en el que no tiene asiento.

Pero el principal lastre de la centenaria moneda sigue siendo la economía británica, una de las más castigadas por la crisis financiera. El Producto Interior Bruto cayó casi un 5% en 2009; el déficit público se disparó 850 puntos básicos en dos años hasta el 11,2% y este año todavía rondará el 9%; y el Estado sigue siendo el principal accionista de las grandes entidades bancarias como Royal Bank of Scotland o el grupo Lloyds.

Los datos económicos del país no anticipan una mejoría. El Banco de Inglaterra tiene previsto mantener su política monetaria relajada por temor a una nueva recesión, mientras que el Banco Central Europeo ya se ha permitido elevar sus tipos de interés hasta el 1,5% ante la recuperación de la zona euro.

“El retraso de subidas de tipos en Reino Unido debilitará la libra, por eso hemos movido nuestra estimación para este año desde 0,81/0,86 (peniques por euro) a 0,88/0,91”, aseguran los analistas de Bankinter en su Informe de perspectivas del tercer trimestre de 2011. Es decir, un poco más cerca del mínimo histórico de la libra frente al euro, marcado el 29 de diciembre 2008 cuando un euro llegó a valer 0,97 peniques. Menos poder adquisitivo para los británicos dentro y fuera de sus fronteras. La economía de la isla sigue amenazada por un debilitado consumo interno y una desbocada inflación (camino del 5%), lejos del objetivo marcado por el Banco de Inglaterra (2%). “En un escenario normalizado”, añaden los analistas de Bankinter, “esta aparente inconsistencia vendría acompañada de cierto dinamismo en el crecimiento pero las circunstancias tan especiales por las que atraviesa la economía global impiden que esto sea así”.

Londres prevé un crecimiento durante este año del 2,1% y del 2,5% en 2012, aunque la Comisión Europea considera demasiado optimista ese escenario, sobre todo, para el año que viene. La coyuntura se encuentra tan débil que uno de los miembros del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra ya es partidario de ampliar la inyección de 200.000 millones de libras para mantener en pie la economía.

El crecimiento puede verse afectado por un ajuste fiscal hasta 2014 que incluye un recorte de gasto por valor de 95.000 millones de libras y un incremento de impuestos por 30.000 millones. El tijeretazo de Cameron a la inversión pública al final del periodo será del 28% en relación con las partidas del actual ejercicio y tiene prevista la reducción de 400.000 puestos de trabajo en la función pública. Más tensiones de precios Premisas que han llevado a Bruselas a alertar en su último análisis de la economía británica (con motivo del plan nacional de reformas) sobre el riesgo de que Reino Unido caiga en una espiral de inflación, tipos de interés más altos y débil crecimiento. Todo ello acompañado de una tasa de paro que hasta el momento de la crisis era casi insignificante (5%), pero que ahora se ha instalado en el 8%, con un castigo especialmente marcado a la población de entre 18 y 24 años (donde el paro de larga duración ha aumentado un 43%, siete puntos más que la media).

Un panorama que aboca a la libra a cotizar con toda probabilidad por debajo del euro. La divisa de 60 millones de británicos ni siquiera puede rentabilizar su aislamiento porque el país tiene una exposición a los países rescatados (Grecia, Irlanda y Portugal en la zona euro; y Rumanía, Letonia y Hungría, en la UE) equivalente al 8,4%de su PIB, superior, según las cifras de la CE, a la de países de la Unión Monetaria como Francia (5,4%), Alemania (6,6%) o España (7%). ¿Cuánto tiempo tardarán los británicos en percatarse de esa dependencia y pedir refugio a la zona euro? En el caso de la UE tardaron solo cuatro años desde la firma del Tratado de Roma en 1957. Pero el general DeGaulle les dejó en la puerta durante más de una década hasta 1973.

La mayoría de los países europeos con divisa propia la mantienen ligada a la cotización del euro y sus bancos centrales se limitan a seguir la política del BCE. Reino Unido y Suiza, en cambio, gestionan todavía su moneda con cierta independencia. Pero la evolución de ambas monedas es diametralmente opuesta. El franco helvético ha ganado enteros como valor refugio durante la crisis (y se ha revalorizado un 33,7% frente al euro desde julio de 2009), la libra esterlina se ve arrastrada por los problemas de una Unión Monetaria en la que no tiene ni voz ni voto. “La libra no podrá escapar a los problemas del euro porque es un vecino muy cercano y muy grande”, augura Tom Brown, director ejecutivo en la City londinense del banco alemán Nordestuche Landesbank. ¿Qué salida le queda entonces? Brenan Donelly, de la organización European Movement, descarta el ingreso en la zona euro “porque no hay ningún movimiento a favor entre la población”. Así que Londres seguirá de momento en un limbo monetario cada vez más infeliz.



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