Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”



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29/12/09) Lectura recomendada

Lawrence Summers, el director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, es el economista más influyente del gobierno de Barack Obama. El ex secretario del Tesoro durante el gobierno Clinton y luego presidente de la Universidad de Harvard ha jugado un papel preponderante en la formulación de las intervenciones del gobierno en la economía y la planificación de su retirada. Summers habló con nuestro reportero Bob Davis sobre la evolución del rol del Estado en la economía. A continuación, algunos apartes editados.

The Wall Street Journal: ¿Cuál cree que serán los efectos duraderos en los negocios de las intervenciones del gobierno en la economía?

Summers: Las intervención directa del gobierno para invertir dinero en compañías fueron respuestas de una o dos veces por generación a emergencias que aparecen una vez cada dos generaciones. Estaban diseñadas para ser, y han resultado ser, temporales. No hay ninguna aspiración para cambiar el rol preponderante del sector privado en nuestra economía.

Lo que los acontecimientos de los últimos años señalan es que la forma en la que nuestro sistema financiero estaba operando era mucho más frágil que lo que muchos suponían. Estos acontecimientos apuntan a la necesidad de cambios sustanciales en la forma en la que regulamos la economía y las finanzas.

WSJ: La respuesta a la Gran Depresión fue hecha de una forma ad hoc, pero produjo cambios duraderos en el capitalismo y el gobierno estadounidense. Esta vez parece que las únicas nuevas instituciones que propone son una agencia de protección del consumidor y quizás un nuevo regulador de riesgo sistémico. ¿Espera un cambio institucional más profundo?

Summers: El panorama de los años 30 era muy diferente al de hoy. En la década de los 30, grandes partes de actividad, como las finanzas, no fueron esencialmente tocadas por el gobierno federal. Así que la respuesta natural a ese problema era proponer nuevas instituciones. Hoy, dado que el gobierno interviene más partes de la economía, la respuesta a los problemas es más la reforma de las instituciones existentes que la creación de nuevas entidades. Sin perjuicio de lo anterior, la creación, por primera vez en la historia estadounidense de una agencia independiente de protección al consumidor es un acontecimiento notable.

WSJ: Una de las principales iniciativas que usted ha impulsado en el sector financiero se refiere a la remuneración de los ejecutivos. ¿Su meta es cambiar las prácticas de remuneración sólo en el sector financiero o también en otros ámbitos?

Summers: Hemos sido muy claros al decir que se le debe prestar especial cuidado a las prácticas de remuneración. El presidente, por ejemplo, apoyó públicamente, incluso en su época de senador, el que se sacara adelante una ley para darles a los accionistas la capacidad de votar sobre los salarios de los ejecutivos.

Queremos asegurarnos que los intereses de los accionistas están protegidos, que las perspectivas de los accionistas sean representadas y que no haya un auto agrandamiento gerencial. Eso es algo que consideramos necesario en todas partes.

También hemos sido claros al decir que se necesita toda una variedad de protecciones especiales cuando se inyecta dinero de los contribuyentes a las compañías, ya sea a una financiera o a una automotriz.

En los casos en los que la remuneración afecte los incentivos en áreas que el gobierno regula, como la toma de riesgos por parte de las instituciones financieras, también hemos exigido que se le preste atención a los efectos de las prácticas de compensación en los incentivos. Pero ciertamente no es nuestro objetivo el tratar de tener códigos de gobierno para la remuneración a lo largo de la economía

WSJ: Algunos bancos se han quejado de que reciben señales contradictorias del gobierno. ¿Cree que es una crítica justa?

Summers: Creo que los reguladores necesitan ser claros. Tienen razón en querer que las instituciones con problemas financieros no lleven a cabo préstamos irresponsables, pero al mismo tiempo creo que los reguladores reconocen que tienen la obligación de no abarcar demasiado en momentos en que los crecientes flujos de crédito son importantes para la recuperación económica.

WSJ: A medida que se retira el estímulo del gobierno ¿cuál es su mayor preocupación?

Summers: El presidente Obama ha dicho en reiteradas ocasiones que él no se lanzó a la presidencia para asumir el control de los bancos o las automotrices. Lo hizo para renovar la forma en la que la economía funcionaba para la clase media. Nuestro mayor enfoque será tratar de atravesar esta etapa de crisis para que luego el sector público se concentre en sus roles más tradicionales.

WSJ: ¿Está satisfecho con que el gobierno haya alcanzado las metas que se puso cuando intervino tan radicalmente?

Summers: Nuestra meta general era salvar a una economía que estaba al borde del abismo, en la que la depresión parecía una posibilidad real. El tipo de colapso económico y financiero que parecía muy posible el año pasado ahora parece remoto. Ahora podemos dirigir nuestra atención a impulsar un crecimiento más acelerado.

- El sector público es el gran beneficiado por la crisis económica (Libertad Digital - 12/1/10) Lectura recomendada



El sector público no ha dejado de crecer durante la crisis, y no sólo en España sino también en EEUU o Reino Unido. Más puestos de trabajo e, incluso, subida de salarios ha sido la tendencia de este sector en auge frente al desplome del sector privado desde el inicio de la recesión.

(Por Ángel Martín)



El pasado año avanzábamos desde estas páginas el divergente desempeño económico de las dos principales capitales de Estados Unidos: Washington DC, la capital administrativa, se estimaba que crecería a una tasa del 2,5%, mientras que Nueva York, la capital financiera, se contraería un 4,2%, según Moody’s Economy.com.

Este hecho se explicaba por el aumento de la demanda de empleos públicos y relacionados con la burocracia norteamericana, necesarios para gestionar un Estado más grande bajo la presidencia de Barack Obama, con la aparición de nuevos y ampliados programas sociales y masivos planes de estímulo público.

Las evidencias que dan cuenta de este fenómeno, no sólo en Estados Unidos, sino también en Reino Unido o España, se han incrementado en la actualidad.

Como muestran los siguientes gráficos elaborados por el blog Random Spaniard, los trabajadores del sector público, tanto en España como en Reino Unido, apenas han notado el efecto depresivo sobre el empleo, mientras que el número de empleados en el sector privado ha descendido considerablemente.

Dicho fenómeno se puede observar de forma más clara en el siguiente gráfico, en términos de crecimiento, sobre todo en España:





Además, otra anotación pone de manifiesto que el salario medio semanal ha caído en Reino Unido como consecuencia de la crisis y sus efectos negativos sobre los salarios en el sector privado (caída de más de un 1%), mientras que éstos han continuado subiendo en el sector público (un 2,4% en los primeros nueve meses del año).



Datos similares podemos encontrar en Estados Unidos, como se observa en este gráfico elaborado por el newsletter financiero The Daily Reckoning. Mientras que el número de empleados en industrias productoras de bienes está estancado desde finales de los años 70, los empleados públicos no han dejado de aumentar. Esta divergencia se ve acentuada en los dos últimos años:



Pero aquí tampoco acaba la cosa. Según un análisis reciente del diario USA Today, el número de trabajadores federales cobrando salarios altos -de seis cifras- se ha disparado durante la recesión. Dato que, sin duda, evidencia el boom que están viviendo los empleados públicos; todo lo contrario de lo que sucede en el sector privado.

“Los empleados federales ganando salarios de 100.000 dólares (anuales, o alrededor de 8.300 al mes) o más escalaron del 14% al 19% de los funcionarios durante los primeros 18 meses de la recesión”, afirma este periódico.

Esta tendencia está teniendo lugar a lo largo y ancho del Gobierno federal. Pero de esta cifra agregada, apunta USA Today, destacan algunos departamentos particulares, como el de Defensa -donde el número de empleados civiles que ganan 150.000 dólares o más se ha incrementado desde los 2.000 existentes a finales de 2007 a más de 10.000 a mediados de 2009- o el de Transporte -que de tener una sola persona ganando más de 170.000 dólares en 2007, ahora cuenta con casi 1.700 empleados percibiendo esta remuneración.

Más evidencias sobre este fenómeno las aporta Robert Higgs, investigador del Independent Institute, en el blog The Beacon. En su anotación, donde intenta analizar la situación del empleo en EEUU diseccionando los datos agregados oficiales, encuentra que “la pérdida del empleo -5,6 millones en dos años- se ha producido enteramente en el sector privado”.

Sin embargo, mientras que el empleo privado se ha colapsado y regresa a niveles de finales de los 90, el público incluso ha aumentado y ahora se sitúa sensiblemente por encima de su nivel de 2000.

Además, Higgs ve en esto un “parecido inquietante” con la situación de la Gran Depresión, y alerta de que si el crecimiento del empleo privado no repunta pronto, “los Estados Unidos se arriesgan a caer en la misma esclerosis de largo plazo que ha plagado a los estados del bienestar de la Europa occidental durante décadas”.

La situación boyante del sector público no es de extrañar: conforme aumenta el intervencionismo estatal, comienza a ser más rentable tratar de presionar al Gobierno (lobbying) para obtener contratos, favores y privilegios que iniciar nuevas actividades en el sector privado, con la incertidumbre, riesgo, y dificultades que las caracteriza. Ganarse a los políticos y burócratas parece ser más fácil que ganar la confianza de los consumidores.

Esto sería especialmente cierto en el caso de la banca en los últimos dos años. Como informaba Reuters, según un reciente estudio, “los bancos estadounidenses que gastaron más dinero en actividades de lobbying tuvieron más probabilidad de conseguir dinero gubernamental de los rescates”.



No obstante, la tendencia de auge del sector público podría tener sus días contados a medida que éste comience a experimentar serias dificultades de sostenibilidad financiera -problemas con el exceso de deuda pública-. Mera cuestión de supervivencia: California, Grecia o Letonia ya se han visto obligados a ello. Y España está amenazada.

- Restaurando la fe en los mercados financieros (The Wall Street Journal -


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