Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”


- El huevo de la serpiente (de helicópteros y billetes) (I)



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- El huevo de la serpiente (de helicópteros y billetes) (I)

La crisis financiera de los últimos dos años es atribuida en parte a las decisiones de los gobiernos, especialmente de la Reserva Federal estadounidense de mantener las tasas demasiado bajas después del declive de 2001, pese a una recuperación de la economía.

Tal política es un “caldo de cultivo” para las burbujas de activos, dijo Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley Asia, en una conferencia en Berlín organizada por la Universidad de Columbia.

La reunión hizo eco de otro tema importante para los banqueros centrales y ministros de finanzas de todo el mundo: cómo retirar de manera segura los billones (millones de millones) de dólares, euros y yenes que han inyectado a sus sectores bancarios y cuando ponerle freno a los déficit presupuestales que se han inflado en medio de la peor recesión en décadas.

Para impedir que el derrumbe de los mercados inmobiliario y crediticio hundiera al resto de la economía, los gobiernos de los presidentes George W. Bush y Barack Obama junto con la Reserva Federal gastaron, prestaron e invirtieron más de US$ 2 billones (millones de millones) en una iniciativa después de otra.

Washington inyectó US$ 245.000 millones en casi 700 bancos y compañías de seguros, garantizó deuda bancaria por cerca de US$ 350.000 millones y concedió más de US$ 300.000 millones en préstamos de corto plazo a empresas de primera categoría. Además, rescató a dos de las tres principales automotrices del país y desembolsó miles de millones de dólares para estimular el mercado de bienes raíces comerciales y los préstamos a la pequeña empresa y de tarjetas de crédito. En dos paquetes de estímulo promulgados en febrero de 2008 y 2009 dedicó otros US$ 955.000 millones para reactivar la economía.

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha sido, junto al Tesoro de EEUU, el arquitecto del rescate financiero en la primera potencia mundial. Su papel protagonista desde el estallido de la crisis le ha valido el reconocimiento de personaje del año para la revista Time.

Según destacaba la publicación, Bernanke “ha ayudado a guiar a la economía estadounidense a través de sus días más negros” desde la Gran Depresión. Pero, ¿en qué se ha traducido dicha política?

La intervención, asimismo, ha venido acompañada de un gigantesco déficit fiscal que, en algún momento, podría hacer subir las tasas de interés y la inflación.

El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2014, un alza importante frente al 62% del PIB de 2007, de no mediar medidas que son difíciles de digerir desde un punto de vista político, como alzas de impuestos o recortes de programas de beneficios.

Un informe del Banco Central Europeo titulado The Janus-headed salvation. Sovereign and bank risk premia (El rescate de dos caras. Prima de riesgos bancarios y soberanos) muestra la verdadera causa de la más que posible quiebra de países como Grecia y, quizá la propia España si sigue aumentando su deuda pública.

Las conclusiones del estudio, firmado por Jacob W. Eijsing y Wolfgang Lemke, apuntan a los Gobiernos europeos como los primeros responsables de la situación actual de endeudamiento soberano y negras perspectivas de recuperación económica.

Según los autores, cuando los Gobiernos europeos anunciaron en octubre de 2008 paquetes de rescate para sus sistemas financieros “los diferenciales de riesgo de los bancos decayeron y subió el riesgo soberanos, ya que los inversores percibieron una transferencia de riesgo crediticio del sector bancario al Estado”.

Posteriormente los diferenciales se ampliaron y la crisis se ha agravado. Gran parte de la banca, que está virtualmente quebrada por invertir en activos ruinosos o conceder créditos de difícil recuperación, ha sido apoyada ciegamente por los Gobiernos de todos los países que, sin pretenderlo, se han apropiado de este modo de todos los activos tóxicos que poseía la banca. La cobertura estatal se ha hecho en gran parte mediante emisión de deuda, lo que ha puesto a algunos Estados al borde de la quiebra.

La operación de transferencia comenzó en el otoño de 2008, coincidiendo con la quiebra de Lehman Brothers. Muchos estados, incluyendo España, garantizaron la supervivencia de los todos los bancos para evitar que, los más afectados por las malas inversiones, quebrasen y arrastrasen consigo a todo el sistema.

Pero la “ventanilla” bancaria no fue la única largueza financiera que los Gobiernos se han dado en el último año y medio. Con idea de evitar que la crisis financiera pasase a la economía real, todos los gobiernos lanzaron ambiciosos planes de estímulo financiados en su mayor parte contra deuda soberana.

Los dos planes de estímulo: el bancario para evitar la quiebra de la banca privada; y el económico, para mitigar la crisis fomentando artificialmente la demanda, han llevado la deuda pública y, como consecuencia, la prima de riesgo soberana a las nubes. Porque, todo ese dinero gastado alegremente por los gobiernos ha venido de las continuas emisiones de deuda que han realizado -y siguen realizando- todos los países de Europa.

Los inversores, conscientes del deterioro económico general y de las cargas que los Estados están asumiendo, desconfían y evitan comprar deuda, o lo hacen contratando seguros de impago, los CDS o Credit Default Swap, cada vez más onerosos.

La agencia de evaluación de riesgo Fitch calcula que dieciséis países europeos necesitarán créditos por valor de 2,2 billones de euros de los mercados de capitales en 2010 para financiar su deuda, lo que equivale al 19% de su Producto Interior Bruto”... Los gobiernos europeos necesitan 2,2 billones de euros para financiar el gasto (Libertad Digital - 26/1/10)

En un primer momento, Fitch consideró que el déficit europeo sería cercano a 2,12 billones de euros, el 17 por ciento del PIB, cifra que ya representaba la mayor necesidad de crédito para los países europeos en varias décadas.

Los países analizados por la agencia son: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza, que no es miembro de la UE.

Según el informe, los países que más endeudamiento van a necesitar (incluidos los vencimientos y la deuda a corto plazo) son Francia, con 454.000 millones de euros; Italia, 393.000 millones; Alemania, 386.000 millones, y Reino Unido, que requerirá 279.000 millones de euros.

En relación con su PIB, los países que más créditos van a precisar son Italia, Bélgica, Francia e Irlanda, donde el porcentaje rondará el 25 por ciento.

Fitch señala que durante el pasado año algunos gobiernos han aumentado hasta un 20 por ciento respecto al año anterior su deuda a corto plazo.

El coste de los rescates bancarios y los ingentes planes de estímulo aplicados por los gobiernos para combatir la crisis asciende a 13 billones de dólares, el 21,12% del PIB mundial (61,5 billones en 2008). Una deuda adicional de 1.897 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta”... La factura de los rescates públicos asciende al 21% del PIB mundial (Libertad Digital - 28/1/10)

La intervención de los gobiernos, bajo la excusa de rescatar al sistema financiero internacional y combatir la recesión económica, ha supuesto un desembolso de dinero público histórico.

El coste de los rescates bancarios y la aplicación de los planes de estímulo, asciende a 13 billones de dólares hasta 2009. Esta cifra equivale al 21,12% del PIB mundial (61,5 billones de dólares), de modo que la intervención pública supone una carga adicional próxima a los 1.900 dólares por cada ser humano del planeta. Y ello, sin contar con las inyecciones extraordinarias de liquidez aplicadas por los principales bancos centrales.

En concreto, los rescates bancarios por parte de los gobiernos (empleando dinero del contribuyente) asciende a 3,6 billones de dólares (el 5,73% del PIB mundial) o, lo que es lo mismo, 515 dólares per cápita. Mientras, los planes de estímulo suman 9,4 billones de dólares (el 15,39% del PIB mundial), equivalente a 1.382 dólares por ser humano, según un estudio elaborado por Grail Research and de Luxe & Associates, para la prestigiosa Harvard Business Review.

Según el informe, casi el 75% del rescate bancario ha sido llevado a cabo por los países occidentales, es decir, EEUU y las grandes potencias europeas. En este caso, el coste de salvar el sistema financiero haciendo uso del gasto público ha sido del 7,8% del PIB conjunto de dichos países.

Sin embargo, tras este dispendio, las cuentas estatales comienzan a indigestarse como consecuencia de la absorción de los activos tóxicos de la banca y los planes de estímulo económico, según reconoce el propio Banco Central Europeo (BCE).

Pese a ello, ante el temor de que la recuperación adopte una forma de W (doble recesión), el Fondo Monetario Internacional (FMI) anima en su último informe a seguir manteniendo los planes de estímulo en 2010, con lo que la factura global de la intervención pública para combatir la crisis podría llegar a ser superior en los próximos meses.

(Parte de la entrevista a Gary Becker, publicada por The Wall Street Journal, el 29/3/10)

Becker es uno de los fundadores, junto con su amigo y profesor, el fallecido Milton Friedman, de la escuela de economía de Chicago. Premio Nobel, Profesor en la Universidad de Chicago, miembro de la Hoover Institution, el centro de estudios de la Universidad de Stanford, donde ha sido catedrático desde 1988.

“Durante la crisis financiera”, responde Becker, “fallaron tanto el Estado como los mercados (o, mejor dicho, algunos aspectos del mercado)”.

La Reserva Federal, el banco central de EEUU, explica Becker, mantuvo las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo. Freddie Mac y Fannie Mae, los bancos hipotecarios del gobierno, cometieron el error de participar en el mercado de instrumentos subprime. Y, a medida que avanzaba la crisis, las agencias regulatorias respondieron mal. “La Fed y el Tesoro no vieron acercarse a la crisis hasta que fue demasiado tarde. La SEC (la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU.) no la vio en ningún momento”, dice Becker.

“Los mercados también cometieron errores. Y algunos de los que estudiamos a los mercados también cometimos errores. Algunos de mis colegas de la Universidad de Chicago probablemente sobreestimaron la capacidad de la Fed para calmar las turbulencias. Yo no he escrito mucho sobre la Fed, pero, si lo hubiera hecho, probablemente también habría sobreestimado su capacidad. Cuando los bancos empezaron a desarrollar instrumentos nuevos, los economistas prestaron muy poca atención a los riesgos sistémicos (los riesgos que estos instrumentos tenían para todo el sistema financiero)”.

“Algo que aprendí de Milton Friedman es que de tanto en tanto siempre hay problemas financieros, por eso no me sorprendió la aparición de la crisis financiera. Lo que sí me sorprendió fue que salpicara a la economía real. No había previsto que la crisis pudiera ser tan grave. Ése fue mi error”.



“Helicopter” Ben en acción (un incentivo excepcional para asumir riesgos)

Estados Unidos se dispone a poner fin a un programa que ha propiciado uno de los mayores repuntes de la historia en el mercado de bonos. Los inversionistas, sin embargo, siguen llenando los bolsillos de empresas grandes y riesgosas”... La Fed desata repunte épico de los bonos corporativos (The Wall Street Journal - 31/3/10)

Al comprar US$ 1,25 billones (millones de millones) de valores hipotecarios, la Fed absorbió una oleada de activos que, de otra forma, habrían necesitado compradores. Esto dejó más dinero en los bolsillos de los inversionistas, que salieron en busca de activos de mayor rendimiento. Los bonos de empresas fueron una obvia elección.

El auge de los bonos ayudó a propulsar las recuperaciones del mercado bursátil y de la economía en general, repuntes que, a su vez, reforzaron el aumento de los bonos. Los inversionistas inyectaron en 2009 una cifra récord de US$ 375.400 millones en fondos mutuos especializados en renta fija, mientras que retiraron US$ 8.700 millones de fondos invertidos en acciones, según datos recopilados por Investment Company Institute.



Ahora que la Fed finaliza su programa de compra de valores hipotecarios, el debate gira en torno a si la fortaleza de la economía estadounidense justifica el repunte de los bonos. Pero todo parece indicar que, a partir de ahora, las ganancias de los bonos corporativos serán limitadas, dadas las alturas que ya han alcanzado, el menguante apoyo del gobierno y el riesgo de un alza en las tasas de interés.

“Si tenemos una recuperación anémica, entonces la mayoría del mercado está sobrevalorado”, afirma Joe Ramos, gerente principal de cartera de renta fija para Lazard Asset Management. Ramos alude a un crecimiento económico significativamente por debajo de 3% previsto para 2010, junto con un nivel alto de desempleo.

Los más optimistas afirman que un crecimiento levemente más robusto del anticipado podría bastar para reducir el riesgo de cesaciones de pagos de empresas y convertiría a la deuda en una apuesta incluso más segura.

“Los rendimientos todavía están bajos y aún hay una demanda insaciable de rendimientos más elevados”, indica Jim Sarni, gerente de cartera de Payden & Rygel. “Éste será el mecanismo autosustentable”.

La resurrección del mercado de bonos parte de la decisión de la Fed, tomada a finales de 2008, de que tenía que anunciar medidas adicionales para estimular el mercado de renta fija.

La Fed reveló el 25 de noviembre que planeaba comprar deuda y valores garantizados por hipotecas emitidos por entidades afiliadas al gobierno como Fannie Mae y Freddie Mac.

El programa hizo subir los precios de los valores hipotecarios, dando a los gestores de fondos de renta fija un incentivo para vender a la Fed. A cambio, contaban con un flujo dinero en efectivo que podrían utilizar. En un momento en el que los rendimientos de la deuda del Tesoro llegaban a mínimos históricos, la mejor alternativa seguía siendo la deuda corporativa.

“Ese fue un momento crucial”, señala Ashish Shah, director de estrategia global de crédito de Barclays Capital.

La Fed expandió este programa el 18 de marzo de 2009 al comprar US$ 1,25 billones en valores hipotecarios, junto con US$ 200.000 millones en deuda de Fannie Mae y Freddie Mac y hasta US$ 300.000 millones en deuda del Tesoro a largo plazo. La expansión propició el segundo rally crediticio, que aún no ha terminado. La propia Fed no ha comentado sobre si tuvo en cuenta este efecto secundario a la hora de diseñar el programa de compra de activos. En algunos discursos, sin embargo, se ha sugerido que era un desenlace predecible.

La Fed incentivó la ola de compras al reducir, en diciembre de 2008, su tasa de interés de referencia a casi 0%. “Fue un incentivo excepcional para asumir riesgos”, dice Kathleen Gaffney, gestora del Loomis Sayles Bond Fund. “Cuando se mira el rendimiento de un bono corporativo, es demasiado bueno para ser cierto”.

Una firma de inversión lo llama “el final del affair”. Otra dice que es “el principio del fin”. Una tercera se pregunta si el gran mercado bajista de los bonos ha comenzado. Se diga cómo se diga, una cosa cada vez está más clara: el largo romance de los inversores con la deuda parece estar acabando, y el amor con la bolsa puede vivir otro capítulo”... ¿Ha comenzado el gran mercado bajista de los bonos? (El Economista - 31/3/10)

La pobre demanda de la subastas de deuda en EEUU la última semana de marzo de 2010 aparece ahora como una señal de que demasiada deuda en medio de una contención fiscal demasiado pequeña está dejando sin fuerza al mercado de bonos y listo para una fea caída.

Y el daño puede golpear no sólo a la deuda pública, sino también a los bonos de agencias estatales y de las empresas a un plazo mayor de dos o tres años. “Es la última parte del dinero que entra al mercados, la rotación final hacia el mercado de bonos. Es el principio de fin. El mercado de deuda es una burbuja. Y se prepara para estallar”, opina Bob Froelich, director general de The Hartford.

Desde que comenzó la crisis financiera en 2007, los inversores han comprado bonos como protección contra el desplome de la economía. La tendencia se ha reflejado en parte en una subida del flujo de dinero hacia los fondos de bonos y en una salida de los de bolsa. Y los Gobiernos asiáticos también han entrado en el mercado para ayudar al Gobierno norteamericano en sus subastas multimillonarias para financiar los planes de estímulo y de rescate de la banca.

Pero esta tendencia llevaba una pesada carga: la inevitabilidad de que, en algún momento, la oferta iba a superar a la demanda y los emisores iban a tener que empezar a pagar tipos más altos para atraer a los compradores. Y hay un sentimiento cada vez más claro de que ese día ha llegado.

“Hay que dar las gracias a la Fed por esto. Con su determinación de salvar la economía y en particular el sistema financiero con su política de mantener los tipos en cero, ha tenido su fiesta y ha creado otra burbuja, que llamaremos la burbuja de crédito”, según Greg Habeeb, jefe de la división de bonos en Calvert Investments.

En efecto, las bajadas drásticas de tipos en los últimos años provocaron fuertes caídas de la rentabilidad de los bonos (que se mueve a la inversa que el precio) a medida que el país entraba en recesión pese a que el Gobierno inundó el mercado con emisiones de deuda para financiar su creciente déficit.

Los casos de Grecia y de otros países periféricos ilustran que los tipos se han mantenido artificialmente bajos por los bancos centrales para subsidiar la deuda de EEUU, y no sólo por parte de la Fed, sino por países como China que dependen de sus ventas a los consumidores norteamericanos. Y con el fin de ese ciclo, llega la inflación, lo que reduce el valor de las inversiones en renta fija, resume Michael Pento, economista jefe de Delta Global Advisors. Pento recuerda que la rentabilidad media histórica del bono a 10 años es del 7,31%, frente al 3,9% actual.

“Hay una inflación latente enorme, y no hay ninguna razón por la que los tipos de los bonos tengan que estar a la mitad de su valor histórico. Todo el mundo piensa que la crisis ha terminado, por lo que la inflación tiene que empezar a subir. Además, nos han inundado con un tsunami de emisiones de deuda. ¿De dónde van a salir los compradores?”, concluye Pento

La deuda, como característica fundamental de Occidente, está empezando a llamar la atención de muchos. El último, el afamado profesor de historia Ferguson, quien en Foreign Affairs ha dicho por a más b lo que todo el mundo ve, al menos desde el sentido común de los “tea parties”: que los Imperios se caen de golpe, y que el americano va por ese camino por exceso de deuda. No muy lejos anda Europa. Por mejor decir, algo avanzada, de hecho, debido a sus mayores problemas de financiación por el tamaño de sus Estados de Bienestar y su declinar demográfico.

- El huevo de la serpiente (de helicópteros y billetes) (II)

Algunos de los principales economistas estadounidenses y europeos advirtieron sobre los peligros de crear burbujas en los precios de los activos si los bancos centrales y los gobiernos repiten su error de mantener activas sus políticas expansivas monetarias y de gasto por mucho tiempo”... Economistas advierten sobre burbujas de activos (The Wall Street Journal - 14/12/09)



La crisis financiera de los últimos dos años es atribuida en parte a las decisiones de los gobiernos, especialmente de la Reserva Federal estadounidense de mantener las tasas demasiado bajas después del declive de 2001, pese a una recuperación de la economía.

Tal política es un “caldo de cultivo” para las burbujas de activos, dijo Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley Asia, en una conferencia en Berlín organizada por la Universidad de Columbia.

La reunión hizo eco de otro tema importante para los banqueros centrales y ministros de finanzas de todo el mundo: cómo retirar de manera segura los billones (millones de millones) de dólares, euros y yenes que han inyectado a sus sectores bancarios y cuando ponerle freno a los déficit presupuestales que se han inflado en medio de la peor recesión en décadas.

Aunque el crecimiento global y los mercados financieros están recuperándose más rápido de lo que se esperaba en el año 2008, la Fed y el Banco Central Europeo, no parecen querer tomar riesgos.

Ambos bancos centrales han enviado fuertes señales de que probablemente mantendrán las tasas de interés extremadamente bajas hasta bien entrado el 2010, aunque se espera que en los próximos meses desmantelen otras medidas de apoyo al sector bancario.

Mientras tanto, muchos gobiernos han hablado sobre recortar su deuda y déficit en el futuro, pero no actualmente.



Algunos analistas creen que los precios de ciertos activos, incluyendo en mercados emergentes y de bonos corporativos ya pueden estar subiendo a niveles insostenibles, luego de una rápida recuperación en los últimos meses.

Sostener la recuperación económica a la vez que se evitan nuevas burbujas es un balance complicado para los gobiernos, dicen los participantes. Uno de sus problemas es el identificar las burbujas. “Cuando está sucediendo, no se sabe a ciencia cierta”, dijo Gylfi Zoega, un profesor universitario de economía que se unió a la junta del banco central de Islandia después que el sistema bancario del país colapsara en medio del caos financiero del año pasado.

La señal tradicional que advierte sobre nuevas burbujas, un aumento en la inflación, podría demorar en presentarse. El severo declive global que comenzó en EEUU a finales de 2008 dio una tremenda ventaja que mantendrá bajos los sueldos y los precios, dicen muchos economistas.

El ex presidente de la Fed, Paul Volcker dijo en la conferencia que las medidas de estímulo del gobierno no deberían ser retiradas todavía y que el reto es hace una política más restrictiva antes que la necesidad sea obvia.

En 2008 y 2009, Washington operó de emergencia a un paciente que llegó en un estado muy precario. En 2010, surgirá un cuadro más claro de cómo la intervención estatal transformó el rostro de la economía estadounidense”... Tras los rescates, el Estado es el nuevo protagonista del capitalismo (The Wall Street Journal - 29/12/09)



Una vez que la recesión ceda, va a quedar totalmente claro la expansión del Estado en la economía y si, a raíz de ello, emerge un nuevo capitalismo estadounidense.

Lo que ya ha quedado de manifiesto es que el gobierno es una fuerza mucho mayor en la economía estadounidense que antes de la crisis financiera. “La frontera entre el Estado y el mercado ha cambiado”, señala Daniel Yergin, cuyo libro Commanding Heights (publicado en español bajo el título Líderes y Pioneros de la Globalización) relata el ascenso del libre mercado en el mundo. “El reino del Estado se ha expandido”, sostiene.

Para impedir que el derrumbe de los mercados inmobiliario y crediticio hundiera al resto de la economía, los gobiernos de los presidentes George W. Bush y Barack Obama junto con la Reserva Federal gastaron, prestaron e invirtieron más de US$ 2 billones (millones de millones) en una iniciativa después de otra.

Washington inyectó US$ 245.000 millones en casi 700 bancos y compañías de seguros, garantizó deuda bancaria por cerca de US$ 350.000 millones y concedió más de US$ 300.000 millones en préstamos de corto plazo a empresas de primera categoría. Además, rescató a dos de las tres principales automotrices del país y desembolsó miles de millones de dólares para estimular el mercado de bienes raíces comerciales y los préstamos a la pequeña empresa y de tarjetas de crédito. En dos paquetes de estímulo promulgados en febrero de 2008 y 2009 dedicó otros US$ 955.000 millones para reactivar la economía.

Los defensores y detractores de esta contundente intervención estatal compiten por que se imponga su interpretación de los acontecimientos de los últimos 16 meses.

Lawrence Summers, el principal asesor económico de la Casa Blanca, insiste en que fue una terapia esencial y de corto plazo, no una reinvención del capitalismo. “Nuestro gran objetivo era rescatar a una economía que estaba cerca del abismo, donde una depresión parecía una posibilidad real”, señala. Según esos criterios, afirma, la intervención surtió efecto. “La clase de colapso financiero y económico que a finales del año pasado parecía muy posible, ahora parece remota”, subraya. Los rescates “fueron diseñados para ser, y han sido, temporales”, dice. “No hay ninguna intención de alterar el papel primordial del sector privado en nuestra economía”, resalta.

Summers, en todo caso, no cree que el Estado vuelva ocupar el rol que tenía antes de la crisis. “La manera en que nuestro sistema financiero estaba operando era mucho más frágil de lo que muchos suponían. Estos eventos apuntan a cambios significativos en la forma en que regulamos la economía y las finanzas”, advierte.



John Taylor, ex funcionario del Departamento del Tesoro durante la presidencia de George W. Bush y actual profesor de la Universidad de Stanford, piensa que el papel del gobierno será mucho más amplio de lo que insinúa Summers. “Aunque la emergencia puede haber pasado, todavía tenemos una mentalidad que generará intervenciones similares durante un buen tiempo”, observa.

Una preocupación es que las empresas esperen ser rescatadas en la próxima crisis, lo que las animará a asumir riesgos imprudentes. “Si no regulamos adecuadamente el sistema bancario vamos a tener un crecimiento muy moderado debido al exceso de regulación u otra crisis financiera dentro de 10 o 15 años”, afirma el economista de la Universidad de Harvard Kenneth Rogoff.

Si bien EEUU ha vuelto a crecer, el desempleo llega a 10%, un nivel muy alto, y la vitalidad de la economía una vez que el gobierno retire la adrenalina que provee el estímulo sigue siendo una incógnita.



La intervención, asimismo, ha venido acompañada de un gigantesco déficit fiscal que, en algún momento, podría hacer subir las tasas de interés y la inflación.

El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2014, un alza importante frente al 62% del PIB de 2007, de no mediar medidas que son difíciles de digerir desde un punto de vista político, como alzas de impuestos o recortes de programas de beneficios.

Para muchas empresas, la presencia del gobierno se ha agigantado, afectando desde la contratación de ejecutivos hasta el futuro de concesionarios de automóviles.



La naturaleza del capitalismo post crisis en EEUU dependerá en buena medida de la forma en que el gobierno y el Congreso utilicen sus nuevas facultades. Al interior de Washington hay una profunda ambivalencia al respecto. ¿Debería ser un accionista agresivo o pasivo? Por el momento, el gobierno está dividido acerca de su papel como accionista y guardián del interés público.

- Los efectos de la intervención, según Larry Summers (The Wall Street Journal -


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