Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”



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Este argumentario se puede presentar con dos gráficos sencillos. El BCE aumentó la liquidez en el sistema bancario español en junio pasado a través de una inyección masiva de financiación al plazo de un año. 

La banca española utilizó a su vez ese dinero para comprar deuda pública española y así financiar el déficit público, llevando a una gran inyección de la demanda en la economía real. Pero, ¿qué le pasó a esa demanda? Basta con mirar la tabla de abajo. El déficit comercial empezó a aumentar de nuevo, ya que los españoles hicieron uso de su poder de gasto adicional para comprar aún más productos extranjeros. 





Así que esencialmente el tema es éste. La economía de España no se recuperará, y no volverá al crecimiento hasta que los productos españoles sean más atractivos en términos de precio, y esto sólo significa una cosa: una especie de devaluación interna es inevitable, y el discurso sobre la corrección exclusivamente fiscal es simplemente un intento de eliminar el humo sin entrar en el problema de la extinción del incendio que lo produce.

- La opinión de los “alfiles” (la “licuación” de la deuda por la vía inflacionaria)

- El futuro del capitalismo, según Raghuram Rajan (The Wall Street Journal - 29/12/09)

(Por Mark Whitehouse)

Raghuram Rajan, un economista de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago, se ha granjeado una reputación de vidente. En 2005, en un homenaje al entonces presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, presentó un estudio que indicaba que los avances financieros de las últimas décadas podrían conducir al desastre. Esta fue una posición poco popular que recibió duras críticas en aquel entonces. Ahora la gente le presta atención a lo que dice.

Rajan, quien se desempeñó como economista jefe del Fondo Monetario Internacional entre 2003 y 2006, habló con The Wall Street Journal sobre las implicaciones del desempeño económico de EEUU en esta década y cómo ha afectado las percepciones del modelo estadounidense de capitalismo.

WSJ: ¿La década de 2000, con el derrumbe de Enron, la explosión de la burbuja de Internet y el Gran Pánico, desacreditaron el modelo estadounidense de capitalismo?

Rajan: La retórica ha cambiado considerablemente. La gente ya no dice que EEUU es un lugar para emular. EEUU solía ser muy bueno para regañar, así que ahora, por supuesto, otros países están aprovechando la ocasión para no escuchar sus consejos.

Algunos están concluyendo que el capitalismo no funciona. El problema es que no tienen nada razonable con que reemplazarlo. Decir que necesitamos más regulación no equivale a decir que los mercados no funcionan.

WSJ: Usted viaja por todo el mundo asesorando a gobiernos y bancos centrales, muchos de los cuales han aspirado al modelo estadounidense. ¿Cómo ha cambiado su actitud?

Rajan: La gente en otros países está tomando esta crisis como la oportunidad para hacer algo contra la amenaza que el capitalismo estadounidense representaba para su cómoda existencia. La economía de la élite gana terreno, con sus campeones nacionales y diferentes formas de proteccionismo.

Le daré un ejemplo. Estaba en India, dirigiendo un comité sobre reformas al sector financiero. Una de nuestras propuestas era que deberíamos considerar reducir el dominio de los bancos nacionales en el sistema. La respuesta fue "de hecho, ahora estamos adelantados, vea cómo EEUU ha nacionalizado sus bancos".

WSJ: ¿Cómo espera que el modelo de capitalismo de EEUU cambie como resultado de la crisis? ¿Puede recuperar su credibilidad?

Rajan: Dados los otros modelos que hemos ensayado en el pasado, este parece funcionar muy bien. Es casi como la democracia: el mayor bien para la mayor cantidad de personas.



La pregunta es cómo conseguir los beneficios sin el exceso de volatilidad que está ahora en el sistema. Creo que eso es a lo que nos enfrentaremos en los próximos años. Vamos a debatir si necesitamos una mejor red de seguridad, vamos a debatir si las finanzas deberían ser tan riesgosas como lo han sido.

Podríamos optar por una mayor seguridad y menor riesgo, pero deberíamos hacerlo con los ojos abiertos. No podemos tener el dinamismo y, a la vez, esperar mucha más seguridad.

WSJ: ¿Es posible saber si la opción de la que habla, menos dinamismo a cambio de más seguridad, funcionará? ¿La economía tiene alguna forma de predecir el desenlace?



Rajan: La verdad es que nadie sabe. Estamos manejando tantas cosas a la vez. Uno desea mantener suficientes incentivos para obtener el dinamismo, pero en la práctica probablemente va a cometer errores. Esta es realmente la historia de cómo regulamos. Cada vez que el péndulo oscila, obtenemos cosas que luego nos damos cuenta que fueron excesivas y otras cosas que creemos que son absolutamente necesarias en una economía moderna.

- La globalización después de la crisis (Expansión - 29/12/09)

(Por Justin Yifu Lin. Economista principal del Banco Mundial)

La economía mundial acaba de pasar por una recesión profunda marcada por la turbulencia financiera, la destrucción en gran escala de la riqueza y caídas en la producción industrial y el comercio global.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, el continuo deterioro del mercado laboral en 2009 puede conducir a un incremento estimado del desempleo mundial de 39 a 61 millones de trabajadores con relación al 2007. Para fines de este año, las filas mundiales de desempleados pueden oscilar entre 219 y 241 millones, la cifra más alta de la que se tenga registro.

Mientras tanto, se espera que el crecimiento global de los salarios reales, que se desaceleró drásticamente en 2008, haya caído aún más en 2009, a pesar de las señales de una posible recuperación económica. En un muestreo de 53 países sobre los que existen datos disponibles, el crecimiento mediano de los salarios reales promedio había declinado de 4,3% en 2007 a 1,4% en 2008.



El Banco Mundial advierte que otros 89 millones de personas pueden caer en la pobreza tras la crisis, que se sumarían a los alrededor de 1.400 millones de personas que en 2005 vivían por debajo de la línea internacional de la pobreza de 1,25 dólar por día.

Críticas a la globalización



En este clima, la globalización ha sido objeto de duras críticas, incluso de parte de líderes de países en desarrollo que se beneficiaron fuertemente con ella. El presidente Yoweri Museveni, a quien se le reconoce ampliamente el mérito de integrar a Uganda a los mercados mundiales, ha dicho que la globalización es “el mismo viejo orden con nuevos medios de control, nuevos medios de opresión, nuevos medios de marginación” por parte de los países ricos que buscan asegurarse el acceso a los mercados de los países en desarrollo.

Sin embargo, la alternativa a la integración global ofrece escaso atractivo.

De hecho, si bien cerrar una economía puede aislarla de sobresaltos, también puede resultar en un estancamiento y hasta en serias crisis internas. Los ejemplos actuales incluyen a Myanmar y Corea del Norte; antes de su liberalización económica, China, Vietnam e India estaban en el mismo bote.

Para asegurar una salida duradera de la crisis, y sentar los cimientos para un crecimiento sostenido y extendido en un mundo globalizado, los países en desarrollo en 2010 y después deben extraer las lecciones correctas de la historia.

En la crisis actual, China, India y ciertos países de mercados emergentes se están desenvolviendo bastante bien. Todos estos países tenían balances externos sólidos y un amplio espacio para la maniobra fiscal antes de la crisis, lo que les permitió aplicar políticas contracíclicas para combatir las sacudidas externas.

También han alimentado industrias en línea con su ventaja comparativa, lo que los ayudó a capear el temporal. Por cierto, la ventaja comparativa -determinada por la abundancia relativa de mano de obra, recursos naturales y dotaciones de capital- es la base para la competitividad, lo que a su vez apuntala un crecimiento dinámico y posturas fiscales y externas sólidas.



Por el contrario, si un país intenta resistirse a su ventaja comparativa, por ejemplo, adoptando una estrategia de sustitución de las importaciones para perseguir el desarrollo de industrias intensivas en capital o de alta tecnología en una economía donde el capital escasea, el gobierno puede recurrir a subsidios y protecciones distorsionadoras que perjudican el desempeño económico.

A su vez, esto amenaza con debilitar tanto la posición fiscal del gobierno como la cuenta de la economía con el exterior. Sin la capacidad para tomar medidas contracíclicas oportunas, este tipo de países tienen un desempeño deficiente cuando acecha la crisis.

Para perseguir su ventaja comparativa y prosperar en un mundo globalizado, un país necesita un sistema de precios que refleje la abundancia relativa de sus dotaciones de factores. Las empresas en un contexto de esta naturaleza tendrán incentivos para ingresar en industrias que pueden utilizar su mano de obra relativamente abundante para sustituir el capital relativamente escaso, o viceversa, reduciendo así costos y mejorando la competitividad. Los ejemplos incluyen el desarrollo de ropa en Bangladesh, la tercerización de software en India y la fabricación ligera en China.

Economía de mercado



Pero un sistema de precios relativos de este tipo sólo es factible en una economía de mercado. Es por eso que China -a la que aparentemente le está yendo bastante bien en la crisis y está cumpliendo con su objetivo de crecimiento del 8% en 2009- se convirtió en una economía industrializada sólo después de implementar reformas orientadas hacia el mercado en los años 1980. De hecho, las 13 economías con una tasa de crecimiento anual promedio del 7% o más durante 25 años o más, identificadas en el Informe de la Comisión de Crecimiento liderada por el premio Nobel Michael Spence, son economías de mercado.

Perseguir su ventaja comparativa fortalece la resistencia de un país a la crisis y permite la rápida acumulación de capital humano y físico. Los países en desarrollo con este tipo de características son capaces de convertir las dotaciones de factores de abundancia relativa de mano de obra o recursos a abundancia relativa de capital en el lapso de una generación.

En el competitivo mercado global de hoy, los países necesitan mejorar y diversificar sus industrias continuamente según sus dotaciones cambiantes. El éxito o fracaso de una empresa pionera a la hora de mejorar y/o diversificarse influirá en que otras empresas sigan o no su ejemplo.

La compensación del gobierno a este tipo de empresas pioneras puede acelerar el proceso. El progreso industrial también requiere una coordinación de las inversiones relacionadas entre empresas. En Ecuador, un país que hoy es un exitoso exportador de flores de corte, los agricultores no cultivaban flores hace décadas porque no existía ninguna instalación de refrigeración moderna cerca del aeropuerto, y las empresas privadas no invertían en este tipo de instalaciones sin un almacenamiento de flores para exportar.

El papel de los gobiernos

En estas situaciones del huevo o la gallina, en las que el mercado por sí solo no logra superar las externalidades y las inversiones esenciales escasean, el gobierno puede desempeñar un papel facilitador vital. Esta puede ser una de las razones por las que el Informe de la Comisión de Crecimiento también determinó que todas las economías exitosas tienen gobiernos comprometidos, creíbles y capaces.

El mundo hoy ha avanzado tanto en el sendero de la integración que desandar el camino ya no es una opción viable. Debemos internalizar las lecciones del pasado y concentrarnos en establecer mercados que funcionen bien y que permitan a los países en desarrollo utilizar plenamente la ventaja comparativa de sus economías.

Como parte de este proceso, es deseable un papel facilitador para el Estado en las economías en desarrollo y desarrolladas por igual, aunque el papel apropiado tal vez varíe dependiendo del estado de desarrollo de un país.



En definitiva, en el mundo complejo e interconectado de hoy, hasta las economías más competitivas necesitan una mano solidaria mientras suben la escalera global.

- La nueva dirección del FMI (Expansión - 29/12/09)

(Por Dominique Strauss-Kahn)

Hace un año, más o menos, la situación económica mundial parecía tétrica: una profunda recesión mundial, una considerable destrucción de riqueza mundial y reducciones del comercio y del empleo, pero se evitó un desastre de las proporciones de la “Gran Depresión”, gracias a una coordinación de las políticas económicas sin precedentes por parte de los gobiernos de todo el mundo. Es de esperar que la cooperación continua sea el legado de esta crisis.

La economía mundial está ahora en una vía de recuperación, si bien irregular, y la situación financiera ha mejorado en gran medida. Sin embargo, sigue habiendo nubes de incertidumbre y falta mucho por hacer.

De hecho, la labor necesaria para crear un sistema financiero mundial más sólido, estable y seguro tan sólo acaba de comenzar. Además, la recuperación no es mundial, el desempleo sigue aumentando en la mayoría de los países, no se han abordado los desequilibrios en los ahorros mundiales y la situación en los Estados más pobres del mundo sigue siendo vulnerable. Esas cuestiones tienen consecuencias importantes para la estabilidad y la paz mundiales. Recuérdese que la estabilidad económica prepara el terreno para la paz, mientras que la paz es una necesaria condición previa para el comercio y el crecimiento económico sostenido.

¿Dónde nos encontramos?



En los anales de las crisis económicas, ¿dónde nos encontramos? En materia normativa, estamos en un momento decisivo en el que se pueden hacer cambios fundamentales en el sistema, en parte porque nuestro recuerdo colectivo está suficientemente fresco para infundirnos la necesaria voluntad política. No podemos desaprovechar esta oportunidad.

¿Qué se debe hacer? Se debe reformar la gestión económica mundial, incluido el FMI, para que refleje las realidades de la época actual y se deben fortalecer la supervisión y la regulación del sector financiero mundial. En esas dos esferas ya se ha avanzado mucho, pero debemos mantener el impulso hasta 2010 y años siguientes.

Este año, los dirigentes han adoptado medidas decisivas para que el G-20 sea el principal foro de la cooperación económica internacional, han triplicado los recursos del FMI, han acordado un cambio de las cuotas del Fondo en pro de países en desarrollo y emergentes infrarrepresentados y se han comprometido a presentar sus marcos de política económica a una “evaluación mutua” con ayuda del FMI. Al reconocer que los países ya no pueden aspirar a lograr sus objetivos económicos en el aislamiento, ese examen entre homólogos va encaminado a incluir sistemáticamente el objetivo del bienestar colectivo mundial en la planificación de las políticas nacionales.

Más concretamente, ¿cuáles son las prioridades en materia de gestión de los encargados de la formulación de políticas en 2010? Este otoño, los miembros del FMI han hecho suyas las propuestas del G-20 y han pedido al Fondo que aborde cuatro sectores fundamentales de reformas -las llamadas “Decisiones de Estambul”- en 2010: el mandato del FMI, el papel financiero del Fondo, la gestión y la vigilancia multilateral.

En primer lugar, reevaluaremos el mandato original del Fondo -según lo establecido en su Convenio Constitutivo y según la práctica de los últimos años- a la luz de las diversas políticas económicas y del sector financiero que afectan actualmente a la estabilidad mundial. Si bien los grandes objetivos de fomento de la estabilidad financiera mundial y del crecimiento sostenible siguen siendo pertinentes, el aumento sin precedentes de las corrientes internacionales de capital, las vinculaciones del sector financiero, las posesiones de activos transfronterizos y la naturaleza de esta crisis subrayan la necesidad de examinar el mandato y la forma de ejecutarlo.

Papel financiador óptimo



En segundo lugar, como consecuencia de la cuestión del mandato, debemos colaborar estrechamente con los miembros para determinar el papel financiador óptimo del FMI. Muchos países han acumulado grandes reservas de divisas extranjeras, en parte como un mayor autoseguro contra una evolución adversa de los acontecimientos exteriores. Sin embargo, el autoseguro complica la gestión monetaria y del tipo de cambio en el nivel interno, representa una mala asignación de capital en los niveles nacional y mundial y aumenta el riesgo de crisis financieras mayores en el futuro.

Como parte de una revisión de los servicios de préstamo del Fondo, hemos introducido la línea de crédito flexible, un servicio de seguro preventivo para los miembros que aplican políticas sólidas. Aunque tres países (México, Polonia y Colombia) han utilizado ese servicio, probablemente sea necesaria una innovación en mayor escala.

En tercer lugar, en Estambul el órgano rector del FMI hizo suyo el gran paso adelante en materia de gestión acordado por el G-20: un traslado de las cuotas de al menos un cinco por ciento (de aquí a enero de 2011) de los países excesivamente representados a países en desarrollo y mercados en ascenso dinámicos, pero infrarrepresentados. Ese cambio constituirá un paso muy necesario con miras a volver más democrático el Fondo, al conceder a los miembros una participación mayor en su gestión, sus operaciones estratégicas y sus aspiraciones. A su vez, la mayor legitimidad volverá más eficaz el FMI para fomentar el crecimiento económico y la estabilidad en todos sus Estados miembros. Los miembros deben acelerar la ratificación del aumento de las cuotas de 2008 y avanzar hacia la revisión de las cuotas en 2010.

En cuarto lugar, el órgano rector del FMI hizo suya la propuesta del G-20 de que el Fondo les prestara ayuda para su examen entre homólogos. El FMI tiene considerable experiencia en materia de exámenes cooperativos entre homólogos de los marcos normativos de los miembros, pero sus recomendaciones no siempre han propiciado que éstos adoptaran medidas normativas concretas. Con el cambio de cuotas antes citado y la nueva “evaluación mutua” del G-20, se debe intensificar mucho más la vigilancia. Los encargados de la formulación de políticas deben cumplir con su compromiso con el proceso de examen entre homólogos.

Supervisión y regulación financiera



Por último, en el ámbito de la supervisión y la regulación del sector financiero, los gobiernos deben seguir adelante con la regulación microprudencial (entidades individuales) y macroprudencial (sistémica en los niveles nacional y mundial). El FMI está colaborando con el Consejo de Estabilidad Financiera y otras organizaciones para formular nuevos principios y directrices relativos, entre otras cosas, al capital, la liquidez, el apalancamiento, las interconexiones, las entidades sistémicamente importantes, el “perímetro” de regulación y el carácter procíclico de las normas. El imperativo en esa esfera es el de no caer en la complacencia, sin por ello recargar demasiado el sistema con una regulación excesiva.

Los encargados de la formulación de políticas tienen un programa importante por delante, pero el comienzo ya ha sido impresionante. Mientras sigan colaborando entre sí para abordar las amenazas comunes con espíritu de cooperación, parece haber buenas perspectivas de éxito.

Pero Bruselas ha adoptado una línea dura. La Comisión Europea, en su último informe económico trimestral, dijo que la fuerte reacción de los mercados financieros a las muestras de políticas fiscales laxas subraya la importancia de controlar el gasto público y calificó a Grecia como “una fuente de preocupaciones seria”.

El primer capítulo de la lucha europea contra el exceso de deuda llegará en enero, cuando Grecia deba presentar una reforma fiscal para ser evaluada por sus homólogos de la zona euro.

- Roubini: la deuda pública, “próximo gran problema” del mundo desarrollado (Libertad Digital - 19/1/10)

Si los gobiernos mantienen sus políticas monetarias y fiscales expansivas “los inversores se preocuparán cada vez más por la sostenibilidad fiscal y, gradualmente, saldrán de los mercados de deuda” pública, según los analistas de la firma de análisis que dirige Nouriel Roubini.

(Por Ángel Martín)

El año 2007 marcó el inicio de las turbulencias financieras con las hipotecas subprime. Pero pocos hablaban de crisis profunda y global. 2008 marcó el recrudecimiento y continuación de las amenazas que se habían mostrado el año anterior. Los mercados financieros y el sector bancario estuvieron a punto de colapsarse, especialmente en el último trimestre del año, tras la quiebra de Lehman Brothers.



En 2009 parece que ya pasó lo peor. Las bolsas se disparan, al igual que la economía china, pero las economías desarrolladas siguen cayendo, y el desempleo aumentando. Algunos analistas hablan de brotes verdes y apuntan a que 2010 será el año de la recuperación.

Endeudamiento público desorbitado



No obstante, permanecen grandes nubarrones sobre el horizonte, derivados de graves problemas que en lugar de solucionarse, se trató de parchear con medidas intervencionistas temporales que venían a responder a la demanda política de “hacer algo”, independientemente de si “no hacer nada” era la mejor solución real, aunque dolorosa.

Una de las consecuencias que más preocupan a corto plazo del rampante incremento del intervencionismo de los gobiernos es el desorbitado aumento de la deuda pública del conjunto de las naciones más desarrolladas. Y con él, el consecuente peligro de que los inversores pierdan parte de la total confianza que hasta ahora han depositado en la deuda pública, como activo cuasi refugio. Así seguirían rebajas de la calidad de la deuda soberana de los países, lo que generaría más pérdida de confianza.

Los costes de la deuda pública -que recaen sobre los ya cargados hombros de los contribuyentes- se incrementarían notablemente, lo que podría llevar a un efecto dominó sobre otros tipos de deuda, haciendo subir peligrosamente los tipos de interés, añadiendo más leña al fuego. En última instancia, peligraría la salud financiera misma de los estados, poniéndose en duda su capacidad de responder ante el pago de sus deudas. El impago de ésta y el colapso del estado, serían las culminaciones del escenario más pesimista.

Sin embargo, no son escenarios que pertenezcan a la ciencia ficción o a los aficionados a los “apocalipsis económicos”. Desgraciadamente, son asuntos que están encima de la mesa, y generan quebraderos de cabeza y numerosos informes y artículos con frecuencia. Ahí tenemos el caso de Dubái, el de Grecia o el de California. Y en España existe un creciente riesgo de degradación de la calidad de la deuda del Gobierno -algo que atestiguan diversas instituciones y agencias de rating-. De hecho, tanto Goldman Sachs como Deutsche Bank ya se han pronunciado aconsejando no comprar deuda pública española.

Las instituciones europeas están preocupadas por este hecho, el BCE nos ha llamado la atención, pudiendo seguir el camino de otros países en los que se han tenido que tomar medidas drásticas para suavizar estos problemas -como el recorte de salarios a los funcionarios-. En Europa se baraja incluso la posibilidad de expulsión por parte del BCE de algunos países miembros de la zona euro.

En Estados Unidos las cosas tampoco pintan nada bien, y prestigiosos analistas como Nouriel Roubini, ya han alertado acerca de un “esquema ponzi” en la deuda pública norteamericana. Otros como el gurú inversor Warren Buffet, también han advertido del peligro que presenta un déficit público desbocado.

A pesar de todo esto, economistas de la influencia del Premio Nobel de 2008, Paul Krugman, aún insisten en recomendar un segundo estímulo público, diciendo que el primero no ha sido lo suficientemente grande y ambicioso. Irónicamente, el tamaño del estímulo aprobado por Obama fue mayor del que recomendó él mismo en su libro El retorno de la economía de la depresión.

El problema de la deuda soberana

Una de las novedades de la presente situación con la deuda pública es que la preocupación sobre sus dificultades de financiación, y en los casos más graves, sobre su impago, no sólo se cierne sobre países con sistemas económicos y financieros poco consolidados y economías poco desarrolladas. Este sería el caso de gran parte de los países que lideran la lista de candidatos a impagar la deuda, como Argentina, Ucrania, Venezuela, Pakistán o Letonia.



Ahora incluso se levantan sospechas acerca de la sostenibilidad de la deuda pública, especialmente en un contexto de continuo crecimiento y malas perspectivas económicas, de países desarrollados como Irlanda, España, Grecia, o incluso Reino Unido y Estados Unidos.

Estas preocupaciones -el deterioro de la situación financiera de los estados y la amenaza de rebajas de calidad de la deuda soberana de distintos países- las expresaban los analistas de Roubini Global Economics en su nota semanal de los miércoles, titulada: “Deuda soberana: ¿El siguiente gran problema del mundo desarrollado?”.

Para Roubini, diversos acontecimientos sucedidos en 2009 en países como Reino Unido, Grecia, Irlanda o España, fueron un “duro recordatorio de que a menos que las economías avanzadas pongan en orden sus situaciones fiscales, los inversores y las agencias de calificación podrían convertirse de amigos en enemigos”. Las consecuencias de la crisis económica sobre el déficit público pueden prolongarse debido a una muy débil recuperación y al envejecimiento de la población.

Aunque en 2008-09 las preocupaciones de los inversores en los mercados financieros se suavizaron, dada la predisposición de los gobiernos de hacer todo lo posible para evitar un colapso financiero, ahora los riesgos se han trasladado a la salud financiero de los gobiernos: “Si los países permanecen predispuestos a la continuación de políticas monetarias y fiscales expansivas para apoyar el crecimiento en vez de centrarse en la consolidación fiscal, los inversores se preocuparán cada vez más por la sostenibilidad fiscal y, gradualmente, saldrán de los mercados de deuda”, alertan. De esta manera podría producirse el pinchazo de lo que algunos consideran como la burbuja de la deuda pública.

Los analistas también dedican espacio para tratar sobre la encrucijada en la que se encuentran los policy-makers -en especial las autoridades monetarias-, en lo referente a la retirada de las masivas medidas de estímulo fiscal y la desactivación de las bombas monetarias introducidas por los bancos centrales, dos hechos que se encuentran muy relacionados entre sí.

Roubini apunta un hecho preocupante: aunque los bancos centrales retirarán buena parte de la liquidez en 2010, las necesidades fiscales permanecerán elevadas, con lo que aumentará la probabilidad de monetización de deuda y, en consecuencia, la expectativa de inflación. Por ello, los inversores exigirán mayores rentabilidades sobre la deuda pública, con lo que aumentaría el coste de esa deuda, afectando al crecimiento económico.

En esta disyuntiva a la que podrían enfrentarse los inversores los compromisos verosímiles de los gobiernos para atajar y solucionar la delicada posición fiscal serían de crucial importancia para atraer a éstos, así como la capacidad para pagar sus deudas, los movimientos de tipos de cambio, la credibilidad del gobierno en cuestión o la estructura de plazos de la deuda.

España, gracias al Gobierno de Zapatero, no parece ser el candidato más aventajado para atraer a los inversores hacia la deuda pública española. Más aún cuando, hasta el momento, el déficit público español ha estado en gran parte soportado y financiado por las facilidades crediticias del Banco Central Europeo.



Efectivamente, la sostenibilidad y financiación a corto plazo de los elevados déficits públicos se ha debido principalmente a la actuación del BCE, que ha llevado a cabo expansiones de liquidez extraordinarias, implementando nuevas facilidades y programas crediticios. Pero estas medidas tienen los días contados, como ha insistido Trichet en los últimos meses.

Así, como informa The Wall Street Journal, muchos analistas esperan que la situación de liquidez empeore notablemente en junio de este año, momento en el que expirará una de las operaciones del BCE a un año, y que asciende a 442.000 millones de euros en fondos, con lo que los bancos ya no tendrán la posibilidad de hacer roll-over (refinanciación) sobre estos fondos.

Otro de los momentos clave sería a final de año, cuando el BCE planea volver a sus estándares crediticios de antes de la crisis. La consecuencia de este hecho sería gravísima en el caso de que algún país hubiera perdido la calificación más alta de su deuda soberana por esas fechas. Implicaría una restricción dramática del acceso al crédito por parte de esos países, lo que significaría dificultades extremas para financiar la deuda.

En la actualidad, Grecia es el primer candidato a pasar por tan gris escenario, mientras que, según Roubini, Alemania, a pesar de su deterioro fiscal reciente, es una de las mejores posicionadas fiscalmente. Estados Unidos y Japón podrían ser las últimas en enfrentarse a estos riesgos. El resto de países, donde se incluye a Reino Unido, España o Irlanda, serían los más afectados después del país heleno.

Por todas estas razones, los analistas de Roubini advierten de que los desequilibrios fiscales deben atajarse inmediatamente si no se quieren afrontar riesgos notables. Sus soluciones pasan por la combinación de subidas de impuestos y recortes en los gastos a pesar de las dificultades y problemas que estas medidas presentan, afirman. No son los únicos. Otros expertos, como el ex economista jefe del FMI Kenneth Rogoff, ya dijo para el caso de España que “los españoles tendrán que enfrentarse a unos impuestos mucho más altos”.

Los intentos de resolver una crisis de deuda con más deuda, parecen haber sido infructuosos en el medio plazo. Una crisis incluso peor que la que trataron de evitar, amenaza a las economías más desarrolladas.

- Stiglitz: el sistema financiero actual es mucho más frágil que antes de la crisis (El Economista - 19/1/10)



La crisis financiera mundial no se acerca a su fin y no terminará antes de 2013, pese al optimismo de banqueros y gente de Bolsa, según el premio Nobel de Economía 2001, el estadounidense Joseph Stiglitz, quien advierte de que urgen medidas y una respuesta global al problema. Además, señaló que el sistema financiero es mucho más frágil.

“El mundo seguro que no saldrá de la crisis ni en 2010 ni en 2011. Quizás ni en 2012 y 2013”, declaró Stiglitz al semanario serbio Econom:east.



Según el profesor de Economía, el país donde empezó la crisis, Estados Unidos, luchará durante largo tiempo contra el déficit y por la recuperación de la política monetaria.

Stiglitz indicó que el optimismo reinante en círculos de negocios se basa en los pronósticos de que la recuperación está cerca y que la bolsa se ha estabilizado, pero que el sistema financiero no depende sólo de los factores económicos.

El sistema financiero es mucho más frágil ahora



“Es normal que en Wall Street se hable del crecimiento global de la economía, porque eso vende acciones. Los economistas con quienes he hablado y con los que estoy de acuerdo, no piensan así. Todo lo contrario: afirman que el sistema financiero en este momento es mucho más frágil que antes de la crisis y supone un riesgo para una estabilidad duradera”, declaró. “La única pregunta que habría que hacer es: ¿cuándo se repetirá todo esto?”, recalcó.

Stiglitz, aunque se muestra satisfecho por el ligero crecimiento de la economía, está decepcionado porque no se ha aprovechado el momento para reformar el sistema financiero global.

“Es horrible ver que el balón se infla y no hacen nada, aunque está claro que explotará. Y no se ha hecho nada ni después de la explosión, sobre todo en Estados Unidos”, señaló.

Entre las propuestas hechas por Stiglitz están la prevención de una nueva crisis y la creación de un organismo con más competencias y representación que los existentes, porque “la crisis global requiere una respuesta global”.



Otra reforma que propone Stiglitz es un nuevo sistema global de reservas, con una moneda única, porque es necesario un sistema multilateral que no dependa de la moneda de ningún país concreto.

Al referirse a Serbia, indicó que la recuperación de este pequeño país europeo tendrá dificultades, porque depende de la exportación y de los beneficios de la integración europea.

- Stiglitz: “En EEUU ya no hay capitalismo” (El Economista - 20/1/10)

(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)



Capas y capas de gestores que no sufren la carga de las pérdidas sino que se llevan grandes bonus cuando las cosas van bien han sustituido el capitalismo por un sucedáneo, según el premio Nobel y profesor de la Universidad de Columbia Joseph Stiglitz.

“Una horrible cantidad de gente no está gestionando su propio dinero. En el viejo capitalismo del Siglo XIX, yo poseía mi empresa y, si cometía un error, sufría las consecuencias”. “Hoy, en la mayoría de las grandes empresas, tienes gestores que, cuando las cosas van bien, se llevan muchísimo dinero, y cuando van mal, los accionistas corren con los costes”, añade en una entrevista con la CNBC.

La cosa empeora todavía más porque los que dan el dinero a las empresas son entidades como los planes de pensiones que gestionan el dinero por cuenta de otros, con los que hay “capas y capas de costes de intermediación”.

“Es un sistema en el que se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias”, y eso no es el capitalismo, sentencia Stiglitz. “Hay riesgos morales por todas partes”, añade.

En este sentido, opina que el problema no está en la economía de mercado, sino en que “si no tienes las reglas adecuadas ni los árbitros adecuados, el juego no funciona”. Cita como ejemplo la supresión de la Ley Glass-Steagall -que obligaba a separar los bancos comerciales de los de inversión-, que creó el entorno para la eclosión de los CDS (seguros contra impago) y los derivados.

“Estaba muy claro después de la crisis del LTCM en 1998, cuando una empresa casi hunde el sistema financiero mundial, que teníamos que hacer algo, y aun así aprobamos una ley que decía que los reguladores no pueden hacer nada”, según Stiglitz. Recuerda que, en los 50 años posteriores a la Gran Depresión hubo muchísima regulación y ninguna crisis financiera. Pero en los últimos 30, se ha retirado la regulación y ha habido 100 crisis financieras.

El premio Nobel también desestima el argumento de que la regulación frena la innovación. Para ello, cita al ex presidente de la Fed Paul Volcker, que dijo que no hay pruebas de una relación clara entre la innovación financiera y un aumento de la productividad en la economía. La razón, según Stiglitz, es que, en vez de crear productos para gestionar el riesgo, los mercados financieros han usado esa innovación para crear productos que incrementan el riesgo.

- Ricos y arriesgados (Expansión - 25/1/10)

(Por Nouriel Roubini)

Los enormes déficits fiscales y de la deuda pública están causando inquietud acerca del riesgo soberano de varias economías avanzadas. Tradicionalmente, el riesgo soberano se ha concentrado en las economías de los mercados emergentes. Después de todo, en la última década, Rusia, Argentina y Ecuador dejaron de pagar sus deudas públicas, mientras Pakistán, Ucrania y Uruguay las reestructuraron por la fuerza, amenazando con no pagarla de lo contrario.

Sin embargo, en gran medida -con unas pocas excepciones en Europa Central y del Este-, las economías de los mercados emergentes mejoraron su desempeño fiscal al reducir los déficits generales, tener grandes superávit primarios, disminuir la relación entre deuda pública y PIB, y reducir las discrepancias entre la divisa y la madurez de su deuda pública. Como resultado, el riesgo soberano es hoy un mayor problema en las economías avanzadas que entre la mayoría de los mercados emergentes.

De hecho, la rebaja en las escalas de las agencias calificadoras, la ampliación de los spreads soberanos y el fracaso de la venta de bonos de deuda pública en algunos países como Reino Unido, Grecia, Irlanda y España fueron un fuerte recordatorio de que, a menos que las economías avanzadas comiencen a ordenar sus cuentas fiscales, los inversores, los actores atentos a los mercados de bonos y las agencias calificadoras pueden pasar de ser amigos a enemigos. La grave recesión, combinada con la crisis financiera de 2008-2009, debilitó las posiciones fiscales de los países desarrollados, debido al gasto destinado al estímulo, los menores ingresos tributarios, y el refuerzo y salvamento de sus sectores financieros.

El impacto fue mayor en países que habían tenido un historial de problemas fiscales estructurales, mantuvieron políticas poco estrictas en esta área y no hicieron reformas durante los años de prosperidad. En el futuro, es posible que la débil recuperación económica y el envejecimiento de la población aumenten la carga de muchas economías avanzadas, como Estados Unidos, Reino Unido, Japón y varios países de la eurozona.

Base monetaria



De manera más ominosa, la monetización de estos déficits fiscales se está convirtiendo en un patrón en muchas economías avanzadas, ya que los bancos centrales han comenzado a inflar la base monetaria mediante compras masivas de títulos gubernamentales a corto y largo plazo. Finalmente, los grandes déficits fiscales monetizados producirán una crisis fiscal y/o un aumento de las expectativas inflacionarias, lo que podría elevar radicalmente la rentabilidad de los bonos gubernamentales a largo plazo y abortar una recuperación económica que hasta ahora es tentativa y frágil.

Los estímulos fiscales son un asunto delicado. Las autoridades se ven afectadas si no los emprenden, pero también si lo hacen. Si quitan el estímulo demasiado pronto al elevar los impuestos, reducir el gasto y retirar el exceso de liquidez, la economía puede caer nuevamente en recesión y deflación. Sin embargo, si se permite que haya déficit fiscales monetizados, el aumento de la rentabilidad de los bonos a largo plazo ahogará el crecimiento.

Los países con situaciones fiscales iniciales más débiles (como Grecia, Reino Unido, Irlanda, España e Islandia) se han visto obligados por el mercado a implementar una consolidación fiscal temprana. Si bien eso puede causar una contracción, sus beneficios en términos de mayor credibilidad de la política fiscal podrían prevenir un alza dañina de los rendimientos de los bonos gubernamentales a largo plazo. Así, una consolidación fiscal temprana puede terminar siendo expansiva, si se ve en perspectiva.

Para los miembros “Club Med” de la eurozona (Italia, España, Grecia y Portugal) los problemas de deuda pública se suman a una pérdida de competitividad internacional. Ya habían perdido parte de los mercados para sus exportaciones frente a China y otras economías asiáticas de bajo valor añadido y que requieren mucha mano de obra. Después, una década de crecimiento nominal de los salarios que superó en ritmo el aumento de la productividad condujo a un alza de los costes de la mano de obra, la apreciación del tipo de cambio y grandes déficit por cuenta corriente.

La aguda alza del euro ha agravado aún más este problema de competitividad, limitando el crecimiento y aumentando todavía más los desequilibrios fiscales. Así, la pregunta es si estos países de la eurozona estarán dispuestos a emprender una dolorosa consolidación fiscal y una depreciación interna real a través de la deflación y las reformas estructurales para aumentar el crecimiento de la productividad y prevenir un fin de la historia al estilo argentino: salida de la unión monetaria, devaluación e impago de la deuda. Países como Lituania y Hungría han mostrado su disposición a hacerlo. Está por ver si países como Grecia, España y otros miembros de la eurozona aceptarán ajustes así de penosos.

Estados Unidos y Japón podrían ser los últimos en enfrentar la ira de quienes se dedican a seguir los mercados de bonos: el dólar es la principal moneda de reserva global, y la acumulación de reservas extranjeras (principalmente en forma de bonos y billetes del Gobierno de EEUU) prosigue a ritmo acelerado. Japón es un acreedor neto y, en gran medida, financia su deuda internamente.

Consolidación fiscal



Sin embargo, los inversores se volverán cada vez más cautos, incluso hacia estos países, si se demora la necesaria consolidación fiscal. Estados Unidos es un deudor neto con una población que envejece, un gasto sin financiar en seguridad social y sanidad, una anémica recuperación económica y riesgos de una monetización constante del déficit fiscal. Japón está envejeciendo incluso más rápido, y el estancamiento económico está reduciendo el ahorro interno, mientras la deuda pública se acerca al 200% del PIB.

Estados Unidos también enfrenta limitaciones a la consolidación fiscal: los estadounidenses tienen la ilusión de que pueden disfrutar de un gasto social al estilo europeo y, al mismo tiempo, mantener bajas tasas de impuestos, como en tiempos de Ronald Reagan. Al menos, los votantes europeos están dispuestos a pagar mayores impuestos por sus servicios públicos.

Si el Partido Demócrata estadounidense pierde las elecciones legislativas de noviembre, existe el riesgo de que persistan los déficits fiscales, ya que los republicanos vetarían los aumentos de impuestos, mientras que los demócratas harían lo mismo con los recortes de gastos. Entonces, monetizar los déficits fiscales se convertiría en el camino menos difícil: ponerse a imprimir billetes es mucho más fácil que una reducción del déficit políticamente dolorosa.

Sin embargo, si Estados Unidos utiliza el impuesto que significa la inflación como modo de reducir el valor real de su deuda pública, aumentaría notablemente el riesgo de un colapso desordenado del dólar estadounidense. Los acreedores extranjeros de Estados Unidos no aceptarán una reducción radical del valor real de sus activos en dólares a causa de la inflación y la devaluación. Una salida caótica llevaría a un colapso del dólar, un alza pronunciada en los tipos de interés a largo plazo y una grave recesión de doble caída.

- Rogoff ve “probable” una ola de quiebras soberanas y rescates del FMI (Libertad Digital - 4/4/10)

Más leña al fuego. Tras las advertencias del Nobel Paul Krugman y el economista Nouriel Roubini, ahora es Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, el que avanza una “probable” oleada de quiebras y rescates soberanos. Grecia no lo va a tener “fácil”.

(Por M. Llamas)



Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) y autor, junto a Carmen Reinhart del libro This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Esta vez es diferente: Ocho siglos de locura financiera), ha soltado varias perlas acerca de la difícil situación financiera que viven varios países desarrollados.

En cuanto a Grecia señala que “evitar el incumplimiento de pagos puede ser posible, pero no será fácil. Uno sólo tiene que mirar los datos oficiales, incluida la deuda externa de Grecia, que asciende a un 170% de la renta nacional, o al enorme déficit presupuestario del gobierno (casi del 13% del PIB)”.



En un reciente artículo publicado por Project Syndicate, y recogido por el blog RSS News, Rogoff advierte de que, “por desgracia, para los mercados emergentes, el ajuste (fiscal) es a menudo imposible sin la ayuda del exterior. Ése es el precipicio en el que Grecia se encuentra hoy en día”.

Además, tal y como demuestra en su obra, tras una crisis financiera de gran magnitud suele producirse una oleada de quiebras soberanas. Y parece que, en esta ocasión, la situación no va a ser distinta. Así, según el economista, “algunos países casi inevitablemente van a experimentar rescates e incumplimientos de pagos”.

“Esta correlación en realidad no sorprende dado el masivo acumulamiento de deuda pública que típicamente experimentan los países después de una crisis bancaria. Sin duda, esto es lo que estamos viendo en esta ocasión, en la que la deuda de los países en crisis ya ha aumentado más del 75% desde 2007”, añade.

De ahí que, es “probable que veamos una ola de incumplimientos de pagos y programas del FMI en esta ocasión”, aunque también es cierto que “la crisis fiscal no tiene que golpear a todos los países altamente endeudados”. En este sentido, “Grecia puede evitar un colapso como el de Argentina, pero necesita dedicarse a hacer ajustes mucho más audaces”.

¿Problema? No será fácil. Rogoff añade que “la mayoría de los griegos están haciendo todo lo que pueden para evitar la probable sed insaciable del gobierno de mayores ingresos fiscales; así, pues, los griegos acaudalados están transfiriendo dinero al extranjero y la gente común está migrando a la economía subterránea. La economía subterránea en Grecia, cuyo tamaño se estima en hasta un 30% del PIB, ya es una de las más grandes de Europa, y está creciendo día a día”.

El FMI insiste en que puede rescatar a Grecia

El director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, afirmó este jueves que intervendrán en favor de Grecia si se lo piden, pero espera que sean los europeos los que se ocupen de la situación de este país, que “es seria”.

“Si nos piden que intervengamos, lo haremos, pero entiendo que los europeos resuelvan el problema entre ellos”, declaró en una entrevista a la emisora de radio RTL, Strauss-Kahn. Al mismo tiempo, precisó que tiene “más bien confianza” en que la situación pueda resolverse, teniendo en cuenta que “los europeos han tomado conciencia del problema” y el Gobierno griego ha puesto en marcha “políticas serias”, informa Efe.

Kahn también calificó de “muy fuerte” la crisis económica en España, por lo que advirtió de que los españoles deberán hacer un esfuerzo “considerable” y se mostró comprensivo respecto a la propuesta de reforma del sistema de pensiones planteada por el Gobierno, que incluye retrasar la edad de jubilación oficial hasta los 67 años.

Por último, el director del FMI advirtió de que la crisis no ha terminado, a la vista de una recuperación "extremadamente frágil", en particular en los países europeos o en Estados Unidos.

Por este motivo, el máximo dirigente del FMI reiteró la necesidad de mantener los estímulos públicos en la economía -algo a todas luces contradictorio, según otros analistas-, ya que la mayor parte del nuevo crecimiento observado está respaldado por la demanda del sector público, mientras que la demanda privada es todavía muy baja.

El político socialista francés, interrogado sobre si planea presentarse a las próximas elecciones presidenciales de Francia en 2012, contestó que tiene intención de cumplir su mandato, que termina después de esos comicios, pero está dispuesto a reconsiderarlo.

¿Crisis larga?

Niels Jensen, socio de la firma Absolute Return Partners, señala en su última carta a los inversores que la crisis se puede alargar en el tiempo. La economía todavía está inmersa en el necesario proceso de desapalancamiento crediticio. Jensen coincide con el famoso inversor estadounidense John Mauldin que los últimos años de “excesiva acumulación de deuda no se puede invertir en tan sólo 18 meses y, por lo menos, tardará entre 5 y 6 años para que finalice, posiblemente más”, en referencia a la economía estadounidense.

Además, la cuestión clave es que, si bien la deuda privada de familias y empresas ha comenzado a disminuir, este esfuerzo prácticamente ha sido contrarrestado por el sustancial incremento de la deuda pública con la excusa de combatir la crisis -este proceso también está sucediendo en España-.

Según Jensen, lo único que se ha conseguido hasta ahora es pasar los pasivos privados tóxicos a los balances públicos, lo que se traducirá en “una carga para los contribuyentes futuros”. Un crecimiento de la deuda que, como se ha comprobado, ha terminado por deteriorar la sostenibilidad fiscal de múltiples países avanzados.

Pero, además, el problema no sólo es de algunos aislados. Desde el pasado enero los países de la Unión Monetaria han registrado una necesidad récord de financiación pública (emisión de bonos) de 175.000 millones de dólares. En la última semana, los gobiernos de la región han pedido prestados otros 38.000 millones de dólares, según Barclays Capital.

Theodora Zemek, jefe de renta fija de AXA Investment Managers, señala que “el problema del riesgo país apenas está comenzando. Los países con altos niveles de deuda tendrá que pagar los rendimientos más altos para emitir nuevos bonos”, informa Financial Times.

¿Es España el próximo?

En este sentido, Jensen concluye con una advertencia. “No estoy seguro de que exista un fuerte consenso en favor de un paquete de rescate” para Grecia, añade. La posibilidad de rescatar a este país ha sido defendida, precisamente, por el Gobierno español -incide el analista-, en contra de lo que defienden las grandes potencias europeas como Alemania y Francia.

“Quizá no sea sorprendente que sea el español el Gobierno que parece más dispuesto a aprobar el rescate condicionado de Grecia, al considerar que muy bien podría ser la próxima víctima de la mano invisible del mercado de bonos”, alerta.

En los últimos días, el Gobierno socialista ha demostrado un “mayor compromiso” de consolidación presupuestaria mediante la presentación de un plan de estabilidad. Además, se ha mostrado dispuesto a retrasar la edad de jubilación a los 67 años, recuerda Jensen. Sin embargo, “el problema para España es pasar de las palabras a los hechos”. Y añade: “Pocos analistas creen realista” su objetivo de reducir el déficit público al 3% del PIB en 2013, “dada la profundidad de los problemas de España en este momento”, concluye.

- Cómo sobrevivir al estallido de la burbuja global de la deuda (El Economista - 10/2/10)



“La gran crisis está llegando, y será mayor que la caída de las puntocom en 2000 y el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime juntas. Un gigantesco apagón de mercado”, augura Paul Farrell, reputado columnista de MarketWatch. Ese gran cataclismo será la explosión de la bomba del endeudamiento global.

Después de este estallido, “no esperen una típica corrección bajista seguida de la correspondiente remontada alcista. El pseudo capitalismo tóxico de Wall Street está implosionando. Prepárense para un desplome masivo, la tercera gran burbuja del siglo XXI, provocada de nuevo por los peces gordos descontrolados de la banca”, advierte Farrell.

Este experto afirma que Estados Unidos está entrando poco a poco en la anarquía económica, atrapada en un superciclo económico histórico, “un punto de inflexión que implicará pasar por una tierra de nadie sembrada de ausencia de ley y autodestrucción, antes de que un nuevo capitalismo pueda volver a emerger”.

Y en medio de esto, una pregunta: ¿cuál es la mejor estrategia de inversión para prepararse desde ya? Porque es importante prepararse, ya que "mañana será demasiado tarde".

Las dos clases



El enemigo de los ciudadanos es la Conspiración Feliz llevada a cabo por Wall Street, “los CEO, los lobbistas mercenarios” y un Congreso comprometido por ilimitadas campañas de donaciones.

Ante esa Conspiración, los inversores siguen preguntándose qué hacer: comprar oro, invertir a la baja, comprar y mantener a largo plazo, dejar estáticas las carteras... Según Farrell el éxito o la mera supervivencia en el entorno extremadamente hostil que se avecina dependerá “de a cuál de las dos clases económicas estadounidense se pertenezca”.



Estas dos clases son, de un lado “los Joe&Jane medios americanos”. Es decir, alrededor de 299 millones de los 300 millones de americanos que hay, con sueldos medios de 50.000 dólares al año. O desempleados. Y del otro, los insiders de la Conspiración Feliz, la élite que incluso hoy se sigue embolsando bonus millonarios.

Para la élite, los consejos que se dan se pueden en los pensamientos que plasmó el gestor de hedge funds Barton Biggs en su obra Wealth, War and Wisdom (Riqueza, Guerra y Sabiduría): “haz grandes cantidades de dinero rápido usando estrategias a corto plazo” sin importar el bien público. Es decir, antepón siempre tus propios intereses a cualquier otra cosa, traduce Farrell.

Supervivencia en la anarquía



¿Qué pueden hacer los otros 299 millones de americanos que no están entre los insiders de Wall Street? “En medio de la anarquía, nadie lo sabe. Y punto. La única estrategia posible es tratar de mezclarse con los conspiradores”. Es decir, aguantar el chaparrón o tratar de sacar tajada de él.

Pero Farrell también considera que hay una alternativa para huir de este oscuro panorama, aunque sea a largo plazo. “De las cenizas de esa anarquía surgirá una segunda revolución americana. Pero desafortunadamente, esto no sucederá hasta que una gran crisis despierte al país y agite la conciencia de las masas”, señala.

El futuro de la economía y la nación estadounidense “reclama otra revolución política. ¿Debemos rescatar nuestra democracia y el capitalismo de unos gobiernos dominados por Wall Street y su Conspiración feliz?”, clama el columnista, que alerta de que si no se acaba con ese “poder tóxico”, rebrotará en otros países como China, India o los principales productores de petróleo y activos similares.

- Una crisis griega llega a EEUU (Expansión - 11/2/10)



(Por Niall Ferguson)

Comenzó en Atenas y se extendió a Lisboa y Madrid, pero sería un grave error creer que la crisis de deuda soberana afectará solamente a las economías más débiles de la eurozona. El problema no se limita al Mediterráneo. Estamos ante una crisis fiscal del mundo occidental. Sus ramificaciones son mucho más profundas de lo que la mayor parte de inversores creen.

Hay, sin duda, un rasgo característico de la crisis de la eurozona. Dada la forma en la que se diseñó la Unión Monetaria Europea, no hay un mecanismo de rescate al Gobierno griego por parte de la UE, de otros estados miembros o del Banco Central Europeo (Artículos 123 y 125 del Tratado de Lisboa).

Es cierto que el Consejo Europeo puede ampararse en el Artículo 122 para acudir en ayuda de un estado miembro que se vea “seriamente amenazado por graves dificultades provocadas por desastres naturales o hechos excepcionales que escapen a su control”, pero, en este momento nadie parece dispuesto aceptar la idea de que el déficit de Grecia es una especie de designio divino. Grecia tampoco puede devaluar su moneda, como habría hecho con el dracma antes de entrar en la Unión Monetaria. Tampoco hay un mecanismo para que el país pueda abandonar la eurozona.

Ante esta situación, sólo hay tres posibilidades: reducir el déficit del 13% al 3% del PIB en sólo tres años; el impago de toda o parte de la deuda pública griega o, (la más probable, según señalaron ayer las autoridades alemanas), una especie de rescate dirigido desde Berlín.

Dado que ninguna de estas alternativas resulta muy atractiva, y que cualquier decisión sobre Grecia puede repercutir directamente sobre Portugal, España y seguramente otras economías, es probable que la solución no llegue de forma inmediata. Aun así, las idiosincrasias de la eurozona no deberían hacernos olvidar la naturaleza general de la crisis fiscal que ahora mismo afecta a la mayor parte de las economías occidentales. Llamémosle geometría fractal de la deuda: el problema es básicamente el mismo en Islandia, Irlanda, Reino Unido o EEUU; lo único que varía es el tamaño. Lo que Occidente está a punto de aprender es que no hay nada como una lección keynesiana. Los déficit no nos han “ayudado” ni la mitad que la política monetaria (tipos de interés cero más relajación cuantitativa).

En primer lugar, el impacto del gasto público ha sido muy inferior a lo que esperaban los defensores del plan de estímulos. En segundo lugar, desde que vivimos en un mundo globalizado, hay un elevado riesgo de que el dinero que se deposita en una economía abierta acabe en otros países.

Por último, los efectos de las explosiones de deuda pública son mucho más inmediatos de lo que pensamos. La peor parte se la lleva la eurozona, ya que los inversores, cuando están inquietos, recurren al “refugio seguro” de la deuda estadounidense. Es posible que este efecto persista durante algunos meses, al igual que ocurrió a finales de 2008 cuando el pánico se apoderó del sector bancario. No obstante, con analizar un poco la situación fiscal del Gobierno federal, por no mencionar la de los estados, nos daremos cuenta de la falacia que rodea al concepto de “refugio seguro”.

Incluso según las últimas previsiones presupuestarias de la Casa Blanca, la deuda federal bruta superará el 100% del PIB en sólo dos años. Este año, al igual que el anterior, el déficit federal rondará el 10% del PIB. Según las proyecciones a largo plazo de la Oficina Presupuestaria del Congreso, EEUU nunca volverá a tener un presupuesto equilibrado.



El Fondo Monetario Internacional publicó hace poco un informe sobre los ajustes fiscales que las economías desarrolladas necesitarían acometer para recuperar la estabilidad fiscal en la próxima década. Los peor parados resultaron ser Japón y Reino Unido, con un ajuste fiscal del 13% del PIB, seguidos de Irlanda, España y Grecia, con un 9%. En sexto lugar aparecía EEUU, que, según los criterios del FMI, necesitaría ajustar su política fiscal un 8% del PIB.

Las explosiones de deuda pública afectan a las economías: al aumentar los temores de impago y/o depreciación monetaria, las autoridades revisan al alza los tipos de interés. Unos tipos reales más altos ralentizan el crecimiento, sobre todo cuando el sector privado sufre un elevado endeudamiento, como ocurre en la mayor parte de economías occidentales, también en EEUU. Aunque la tasa de ahorro de los hogares estadounidenses ha aumentado desde que empezó la Gran Recesión, no ha crecido lo suficiente para absorber los billones de dólares de emisiones de deuda anuales.



Sólo hay dos cosas que se han interpuesto entre EEUU y la subida de la rentabilidad de los bonos: las compras de bonos y de valores respaldados por hipotecas por parte de la Reserva Federal y la acumulación de divisas por parte de las autoridades monetarias chinas. No obstante, la Fed está dejando de comprar y se espera que concluya la relajación cuantitativa.

Por su parte, China ha reducido drásticamente las compras de bonos del 47% de nuevas emisiones en 2006, al 20% de 2008 y un 5% el año pasado. Morgan Stanley calcula que este año la rentabilidad a diez años aumentará del 3,.5% al 5,5%. La deuda federal bruta se aproxima al billón y medio de dólares y los intereses rondan los 300.000 millones de euros.

El nuevo presupuesto de la Administración Obama asume alegremente un crecimiento del PIB real del 3,6% para los próximos cinco años, con una inflación del 1,4% de media. No obstante, si suben los tipos reales, el crecimiento sin duda será menor. En esas circunstancias, el pago de intereses podría aumentar de un 10% a un 20% y a un 25%.



La semana pasada, el servicio de inversores de Moody’s advirtió de que no debería darse por hecho que se va a mantener la calificación AAA para EEUU. La advertencia recuerda a la cuestión que planteó Larry Summers antes de volver al Ejecutivo: “¿Durante cuánto tiempo puede seguir siendo la primera potencia mundial el mayor prestatario del mundo?”. Si pensamos un poco, puede parecer apropiado que la crisis fiscal de Occidente haya empezado en Grecia, la cuna de la civilización occidental. No tardará en cruzar el Canal y llegar a Reino Unido. Pero la cuestión es cuándo llegará esa crisis al último bastión del poder occidental, al otro lado del Atlántico.

(The Financial Times Limited 2010. All Rights Reserved)



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