Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”


- De la estafa piramidal a la estafa generacional (los grandes perdedores) (II)



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- De la estafa piramidal a la estafa generacional (los grandes perdedores) (II)

- ¿Una recuperación sin empleo? (Expansión - 3/1/10)

(Por Richard Freeman) Lectura recomendada

¿Quién sufrirá más, y durante más tiempo, la implosión de Wall Street en 2008-2009 y la subsiguiente recesión mundial?

No los banqueros y financieros que crearon el desastre. Algunos financieros, como Bernard Madoff, irán a prisión por fraude. Pero, si bien Madoff fue sólo la punta del iceberg de una mala conducta financiera desenfrenada, la mayoría de los financistas sospechosos no tienen por qué temer un arresto, ya sea porque su comportamiento apenas eludió la ley o porque la indecencia financiera más sutil que el fraude descarado muchas veces es difícil de probar.

Algunos jefes bancarios se retirarán avergonzados, pero con grandes pagos que aliviarán su dolor -como el paracaídas de oro de 55 millones de dólares otorgado a Ken Lewis del Bank of America, y la pensión de 25 millones de libras concedida a Fred Godwin del Royal Bank of Scotland-.

Pero, animados por el dinero del rescate gubernamental, las garantías y los bajos tipos de interés, muchos bancos han comenzado a pagarles a sus altos ejecutivos gigantescos sobresueldos al mismo tiempo que se oponen vigorosamente a toda reforma destinada a restringir su toma de riesgo y compensaciones.

Grandes perdedores



Los grandes perdedores en este desastre económico son los trabajadores en los países avanzados que compraron la noción de flexibilidad laissez-faire del capitalismo al estilo norteamericano. Desde 2007 hasta octubre de 2009, Estados Unidos perdió casi ocho millones de empleos, lo que redujo la relación empleo-población del 63% al 58,5%.

La tasa de desempleo a fines de 2009 estaba por encima del 10%, la duración de la falta de empleo era la más prolongada desde la Gran Depresión, a millones de personas les habían reducido las horas de trabajo y otros millones más estaban demasiado desalentadas por una falta de empleos como para buscar trabajo.

Los avanzados Europa, Canadá y Japón también sufrieron importantes pérdidas de empleos que durarán mucho tiempo. España, que permite contratos temporales generalizados, ha padecido el mayor incremento del desempleo, porque los trabajadores españoles pueden ser despedidos con tanta celeridad como en Estados Unidos. Algunos países -por ejemplo, Alemania, Suecia y Corea del Sur- han “ocultado” su falta de empleo pagando a las empresas para que mantengan a los trabajadores en sus nóminas. Esto puede funcionar en el corto plazo, pero no se puede sostener en el tiempo.

Desde los años 1980 hasta mediados de los años 2000, el empleo quedó cada vez más a la zaga del PIB en las recuperaciones económicas. En Estados Unidos, hubo una recuperación sin empleo durante la presidencia de Bill Clinton hasta el auge de las puntocom en la última parte de los años 1990, y hubo una recuperación sin empleo bajo la presidencia de George W. Bush a raíz de la desaceleración de 2001.

A principios de los años 1990, Suecia sufrió una enorme recesión precipitada por una burbuja inmobiliaria y una crisis bancaria. Su tasa de desempleo subió de 1,8% en 1990 a 9,6% en 1994, antes de tocar un fondo de 5% en 2001. Dieciséis años después de la crisis, la tasa de desempleo estaba en 6,2%, más del triple de la tasa de 1990.

En 1997, Corea sufrió no sólo como consecuencia de la crisis financiera asiática, sino también de la insistencia por parte de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional para que elevara las tasas de interés y se comprometiera con el “Consenso de Washington” -reformas estructurales para recibir ayuda-.

El desempleo se recuperó, pero principalmente en el sector de los empleos “no regulares” con beneficios limitados, salarios bajos y escasa seguridad laboral. La desigualdad en Corea aumentó de niveles moderados hasta llevar al país a ocupar el segundo lugar (detrás de Estados Unidos) entre los países avanzados de la OCDE.

Debilidad del mercado laboral



La debilidad en el mercado laboral tiene un enorme efecto negativo en el bienestar económico y personal. La gente joven que busca su primer empleo y los trabajadores experimentados que pierden el trabajo en un mercado laboral debilitado sufren pérdidas económicas que durarán durante toda su vida. Los estudios sobre felicidad demuestran que el desempleo reduce la felicidad tanto como la pérdida de un familiar.

Es difícil imaginar que Estados Unidos recupere el pleno empleo en el corto plazo. Desde 1993 hasta 1998, Estados Unidos creó millones de puestos de trabajo, que aumentaron la tasa de empleo en 5,4 puntos porcentuales. Si el empleo empezara a subir a esa tasa en 2010, en 2015 alcanzaría su nivel previo a la recesión. Y una recuperación lenta en Estados Unidos debilitará la recuperación en otros países avanzados, reduciendo también su empleo.

Un período prolongado y doloroso de elevado desempleo va en contra de lo que la mayoría de los expertos creía que alguna vez produciría el modelo económico flexible de Estados Unidos. Desde principios de los años 1990 en adelante, muchos analistas consideraban que el bajo nivel de sindicalización, el empleo a voluntad, la limitada protección laboral legal y la alta rotación de personal de Estados Unidos eran los principales factores que le permitían lograr una tasa de desempleo más baja que en la mayoría de los países de la UE. Muchos países de la OCDE iniciaron varios tipos de reformas de flexibilidad laboral con la esperanza de mejorar sus economías según los lineamientos norteamericanos.

¿La flexibilidad como remedio?



La visión de que la flexibilidad es el factor clave en el empleo ya no es sostenible. En su Panorama del Empleo de 2009, la OCDE analizó crudamente las reformas políticas que favorecía y las encontró deficientes a la hora de ayudar a los países a ajustarse a una recesión financiera. De acuerdo con la OCDE, “no parece haber ninguna razón sólida para esperar que las recientes reformas estructurales incidan en que los mercados laborales de la OCDE hoy sean sustancialmente menos sensibles a las serias desaceleraciones económicas”.

De modo que la lección de la recesión es clara. El punto débil del capitalismo no es el mercado laboral, sino el mercado financiero. En el peor de los casos, los fracasos en el mercado laboral le imponen a la sociedad modestos costes por ineficiencia, mientras que los fracasos del mercado de capital perjudican mucho a la sociedad y son los trabajadores, y no los perpetradores del desastre financiero, los que más sufren. Es más, la globalización hace que el fracaso del mercado de capital de Estados Unidos desparrame miseria en todo el mundo.

Tenemos la obligación, en nombre de los trabajadores que han sido víctimas de esta recesión, de reinventar las finanzas de manera que enriquezcan la economía real y no sólo a los financieros. Esto implica cambiar los incentivos y las reglas que gobiernan el sector financiero. Dado que las economías y empleos de otros países también están en juego, tienen la obligación frente a sus ciudadanos de presionar a Estados Unidos para que elabore reformas financieras sensatas.

(Profesor de Economía en la Universidad de Harvard. También es investigador principal sobre Mercados Laborales en el Centro para el Desempeño Económico, London School of Economics, y dirige el Science and Engineering Workforce Project (SWEP) en la Oficina Nacional de Investigación Económica. Project Syndicate)

El FMI observa una vuelta al crecimiento económico más rápida de lo previsto, pero frágil, según advierte Strauss-Khan. En Davos se ha celebrado el PIB de EEUU, pero preocupa el paro y se habla de “recuperación económica estadística y una recesión humana”... El FMI anuncia que la recuperación económica va a ser “asimétrica” (El Economista - 30/1/10)

El director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, dijo en Davos (29/1) que se observa actualmente una vuelta al crecimiento más rápida de lo esperado, pero todavía frágil.

En un debate sobre las perspectivas económicas globales para 2010 del Foro Económico Mundial, Strauss-Kahn advirtió de que una salida demasiado tardía de las medidas de estímulo fiscal y monetario incrementará el déficit, pero los riesgos de una salida demasiado rápida son mayores.

Strauss-Kahn pronosticó que la recuperación va a ser “asimétrica” y recomendó que la reforma financiera se produzca de forma coordinada y con más aceleración.

El director del Consejo Económico Nacional, de la Oficina Ejecutiva del presidente estadounidense, Lawrence Summers, calificó de “gratificante” la cifra de crecimiento del 5,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de EEUU en el cuarto trimestre de 2009.



No obstante, Summers dijo que “lo que vemos en EEUU, y quizá en otros países, es una recuperación económica estadística y una recesión humana”.

En este sentido, el asesor económico del presidente estadounidense, Barack Obama, pronosticó cifras de crecimiento, “por lo menos, moderadas los próximos trimestres”.



“Lo que es alarmante es el nivel de desempleo” ya que uno de cada cinco hombres en una edad de entre 25 y 54 años no trabaja en estos momentos, lo que contrasta con el empleo del 95 por ciento de los años sesenta.

Recordó que Obama hizo hincapié hace unos días en que su política se va a orientar a la creación de empleos.



Summers consideró importante orientar las políticas al crecimiento, “porque nadie va a tener una situación fiscal sana en una economía global que no crece a una tasa razonable”.

Por su parte, el consejero delegado del banco alemán Deutsche Bank, Josef Ackermann, advirtió de que los mercados muestran nerviosismo de nuevo y que la amenaza incluye los precios de los activos y los “carry trades” (tomar prestado dinero en la divisa de una zona económica con bajos tipos de interés e invertirlo en otro área con retornos más elevados).

- Como sucedió en 1937 - La regulación y los planes de estímulo amenazan con provocar una crisis en W (Libertad Digital - 12/2/10)

Podría ser que la crisis durase más de lo esperado y que, tras una aparente recuperación, volviese a caer. El aumento del gasto público y de la oferta de dinero serían los responsables.

(Por Fernando Díaz Villanueva) Lectura recomendada

Una de las ventajas de vivir en el año 2010 es que, a estas alturas, casi todo ha sucedido en el pasado, al menos, una vez. Hace 73 años, en 1937, Estados Unidos entró de nuevo en crisis. Fue una recesión corta, de apenas un año, pero puso en entredicho el New Deal de Roosevelt.

De aquel pequeño tropiezo anterior a la guerra se ha dicho que las causas principales fueron el recorte de gasto público y las restricciones al crédito. Es decir, que el Gobierno entornó el grifo y la economía volvió a despeñarse. Naturalmente, no fue así. La crisis del 37 se debió a dos factores que, hoy, siete décadas después, han vuelto a repetirse: una política monetaria expansiva y una creciente regulación gubernamental.

Entonces, como ahora, aumentó la base monetaria distorsionando la estructura productiva; el oro pasó por decisión política de los 18 a los 35 dólares y el diferencial se monetizó. Entonces, como ahora, creció la regulación. De aquella época son, por ejemplo, la Social Security Act, la Wagner Act y la National Labor Relations Act. La consecuencia fue que, el diabólico Efecto Ricardo se puso a funcionar y dejó a cientos de miles de personas en paro.

Falso crecimiento



El crecimiento de la economía estadounidense durante el último cuatrimestre, cifrado en un 5,7% (la tasa más alta de los últimos seis años) y la tímida recuperación del empleo, están creando una falsa sensación de que todo se ha acabado y que este año la economía volverá a crecer con fuerza. El PIB ha rebotado por la inmensa cantidad de dinero que el Estado ha inyectado en la economía mediante rescates y ayudas de todo tipo. Esto ha motivado que las empresas repongan inventarios y, casi sólo con eso, se ha empujado el PIB cuatrimestral hasta una cifra anormalmente alta.

Pero el PIB no deja de ser un agregado que mide el gasto, y, por lo tanto, es perfectamente alterable por el Estado si decide gastar más. Volviendo al ejemplo rooseveltiano, el espectacular crecimiento del PIB en los años 30 se debió, básicamente, al programa de gasto público. Éste lo único que hace es tomar dinero de gente productiva para dedicarlo a actividades improductivas. En España el Plan-E es el mejor ejemplo de esta variedad de dilapidación estatal.

Así, el capital que debería destinarse a inversiones rentables y generadoras de riqueza futura, se está yendo por la alcantarilla del Estado, cuyo gasto se dedica a proyectos que sólo él demanda por motivos políticos. Léase aceras de mármol para tranquilizar a los alcaldes, o rescates a industrias quebradas para garantizarse el voto de sus trabajadores.

La arrogante actitud de los Gobiernos, que realmente creen que ellos pueden sacar de la crisis a la gente, bien podría terminar como en 1937 o en 1981, cuando a una tímida recuperación le sucedió la recaída que fue, incluso, más duradera. A este tipo de crisis se las conoce como de “double dip” o “crisis W”, que sería la forma gráfica que adoptase la actual depresión al concluir.

Oferta de dinero e inflación



Preocupantes datos sostienen la tesis de la W. El primero es que los políticos creen que no va a producirse. Hace unos días, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, aseguró que el riesgo de volver a caer era mínimo. Por lo general basta que un político insista públicamente que no va a pasar algo para que eso mismo suceda. Es España sabemos bastante del tema.

Aparte de las predicciones económicas de los políticos, que, durante las crisis económicas, persiguen tranquilizar más que decir la -por lo general- dolorosa verdad, hay inquietantes hechos que nos retrotraen a tiempos pasados. Si bien es cierto que los Estados no se han puesto como locos a legislar -ni han interrumpido el comercio internacional mediante aranceles-, no lo es menos que la masa monetaria ha crecido de un modo desmesurado desde el comienzo de la crisis.

El siguiente gráfico lo dice todo:





La oferta de dinero ha aumentado exponencialmente desde 2008. Según datos de la propia Reserva Federal, el “monetary base” ha pasado de los 800.000 millones de dólares de 2008 a los dos billones. Es el mayor aumento de base monetaria de la historia y, si bien el dinero disponible ha ido creciendo de un modo sostenido desde el abandono del patrón oro, nunca antes había subido tanto y tan rápido.

Este aluvión de dinero más tarde o más temprano trae tensiones inflacionistas en el mundo real. Y cuanto más dinero se cree mediante deuda u otros mecanismos peor será el ajuste. De hecho, inflación ya existe, porque ha aumentado la oferta monetaria aunque, por ahora, este aumento no haya venido acompañado de subida de precios. Es algo elemental que cualquier niño entiende. Cuanto más dinero haya menos vale ese dinero.

Por lo general, entre las expansiones monetarias y el alza de precios hay un lapso de unos dos años. Se empezó a ampliar la base a finales de 2008, luego todo indica que al terminar este año empiecen a notarse sus efectos.

Éste de la inflación es uno de los principales peligros del modelo de recuperación que, hace dos años, escogieron los gobiernos y los bancos centrales. Estimular la demanda mediante gasto y crear dinero de la nada siempre se termina pagando. Pero nadie quiere decir que el rey va desnudo.

La baja inflación -o directa deflación- que padecemos se debe al parón del consumo y a un incremento de la tasa de ahorro. La gente no se fía del alto endeudamiento del Gobierno y guarda su dinero, o está tan endeudada que no puede pedir más dinero prestado, por mucho que la clase política les anime a "estimular la demanda". El estancamiento con deflación es una enfermedad que padece Japón desde hace 20 años.

Cualquiera de los dos escenarios es malo. El primero haría más soportable las deudas, sí, pero a cambio dejaría la economía devastada. El segundo nos mantendría en un estado de letargo en el que no se crearía riqueza ni empleo. La economía internacional, por lo tanto, es muy probable que vuelva a caer después de esta ligera e ilusoria recuperación. El Estado, para variar, es el primer responsable de que esto sea así.

- La “recuperación” económica, una previsión llena de sombras (Libertad Digital - 15/2/10)



La recuperación económica a nivel global será asimétrica: unos países saldrán antes y mejor que otros. A pesar de que la crisis ha golpeado a prácticamente todas las economías del mundo, no lo ha hecho con igual intensidad, ni tampoco están igualmente preparadas para afrontar golpes de este tipo.

(Por Ángel Martín) Lectura recomendada

Además, sus respuestas políticas, aunque en la mayoría de los casos han consistido en aplicar planes de estímulos basados en más gasto público y más expansión monetaria, no han sido idénticas.

La gran heterogeneidad institucional de los diferentes países es clave a la hora de explicar las razones de estas divergencias, aunque dar con las causas exactas no es una tarea en absoluto sencilla. Esto se debe a que la economía es una ciencia que estudia sistemas complejos, donde el sujeto de estudio es un proceso que no cesa de cambiar, y donde los impredecibles seres humanos -agentes económicos: inversores, empresarios, capitalistas, consumidores, trabajadores- están incesantemente actuando, aprendiendo, cambiando sus expectativas.

Por ello, resulta imposible hacer experimentos, aislando y manteniendo constante una parte de la realidad, con el fin de investigar con mayor facilidad y discriminar entre distintas causas. Por ejemplo, si se compara por qué la economía española y la alemana se enfrentan a escenarios muy diferentes, existe un amplio abanico de razones, prácticamente todas complementarias entre sí.

Se podría señalar que la política de la Administración actual española ha sido peor que la aplicada por Merkel, que la burbuja del crédito afectó con mucha mayor intensidad a España que a Alemania, que ésta última cuenta con una competitividad significativamente mayor, que tiene unas instituciones laborales y regulatorias más flexibles, que sus empresarios y trabajadores son más competentes, etc.

Este problema también se manifiesta cuando se trata de ver las causas del retraso de la recuperación, por ejemplo, en Estados Unidos: ¿se debe a los estímulos del presidente de EEUU, Barack Obama, y de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, los que han evitado el necesario ajuste, reasignando recursos productivos a otros improductivos? ¿Se debe a que éstos no han actuado con la suficiente intensidad como para volver a poner la economía en movimiento, tal y como argumenta el Premio Nobel Krugman?

Es más. ¿A qué se debe que la economía norteamericana exhiba mejores datos que la europea (si bien éstos pueden ser muy engañosos)? Algunos apuntan a la mayor agresividad de las políticas monetarias de la Reserva Federal frente a la mayor prudencia del Banco Central Europeo. Pero existirían muchos más factores a tener en cuenta, como la mayor flexibilidad y dinamismo de la economía norteamericana, que ha facilitado un rápido ajuste de precios en el sector inmobiliario.

En la mayoría de los casos, las respuestas a estas preguntas dependerán de los criterios teóricos de los economistas que las analicen. Y dado que no existe consenso entre éstos, la diferencia de opiniones está servida.



Así, un keynesiano como Krugman culpará de los males de la economía a la falta o insuficiencia de intervención pública (gasto y déficit público, falta de inversión pública, etc.), mientras que un austriaco como Jesús Huerta de Soto verá en los excesos de ésta la raíz de los problemas (lo dañino de los estímulos y rescates y los obstáculos de éstos para facilitar el reajuste que se necesita).

¿Recuperación inminente? Estados Unidos



Tampoco existe ningún consenso sobre si existe una recuperación inminente a la vista, o si los efectos de la crisis se extenderán sobre los próximos años. De vez en cuando aparecen datos positivos, como el incremento del PIB en el último cuatrimestre de 2009 o la leve bajada en la tasa de desempleo de la economía norteamericana. Pero, en primer lugar, hay que coger estos datos con pinzas y, en segundo lugar, cada noticia buena suele ir acompañada de otras tantas negativas.

Una de estas noticias buenas es que, como señalaba Juan Ramón Rallo, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, el ajuste de precios en el sector inmobiliario ya se ha producido en Estados Unidos, habiendo caído los precios un 33% entre 2007 y 2009, lo que significaría “un paso más hacia la recuperación”. Esto se debería a la elevada flexibilidad del mercado estadounidense, a pesar de los intentos gubernamentales de obstaculizar este proceso.

Pero, por otro lado, existe una muy elevada incertidumbre respecto al futuro, debido en parte a los cambios y nuevas regulaciones que el presidente Obama planea: la reforma del sistema sanitario, regulaciones financieras y bancarias, o planes de estímulo para la energía verde, entre otras medidas. Esto podría estar desanimando a los inversores a arriesgar su capital a largo plazo, retrasando la recuperación.





Además, los problemas de sostenibilidad fiscal y monetaria son también significativos, y la necesidad de volver a la cordura fiscal, retirar las ingentes inyecciones de liquidez -el llamado problema de la estrategia de salida- y volver a la realidad, pueden provocar una crisis en forma de W, con una recuperación en falso y una caída posterior. Problemas similares se observan en otros países.

¿Será China la salvación de la economía global?



Durante unos meses, algunos analistas eran optimistas respecto a la pronta recuperación, poniendo su confianza en el intenso crecimiento de la economía china, alcanzando incluso tasas de dos dígitos. Éstos pensaban que China actuaría de motor de la economía mundial: su buena salud haría repuntar su demanda exterior, con lo que los países occidentales se beneficiarían de ese aumento en la demanda.

Sin embargo, pese a los espectaculares números del gigante asiático en 2009 -y en toda esta década-, existen importantes dudas sobre su sostenibilidad y temor a que las burbujas en las que ha incurrido el país estallen tarde o temprano. Además, también hay sospechas de que las estadísticas hayan sido manipuladas y fuertemente sesgadas por los políticos y burócratas chinos, no caracterizados precisamente por una transparencia exquisita.

¿Será Alemania la locomotora europea?



Otra de las esperanzas y señales de optimismo era la situación de la economía alemana. A pesar de haber sufrido un impacto notable, Alemania se recuperaría rápidamente en base a su fortaleza estructural, y actuaría como la “locomotora de Europa”, echando una mano a las economías europeas más rezagadas.

Desafortunadamente, este escenario parece haber sido demasiado optimista, si bien no puede negarse que puede ser una de las economías con mayor fortaleza y mejores perspectivas. Pero lo cierto es que tras haber vivido en 2009 trimestres positivos, durante el cuarto trimestre la economía alemana se ha quedado estancada. Y esto a pesar de que, en julio de 2009, el ministro de economía alemán Karl-Theodor zu Guttenberg, anunciara que la recesión había terminado.

En contra del optimismo oficial, un análisis más cuidadoso revelaba ya entonces cómo los brotes verdes no arraigaban con firmeza en la economía alemana, y el ministro caía en el error de precipitarse al adelantarse a un futuro aún muy incierto. Como en otros países, los estímulos públicos -sobre todo las ayudas a compras de automóviles- crearon la sensación de recuperación, pero tan sólo duró unos meses.

Este tipo de soluciones no consisten más que en poner una sola tirita a un paciente con una grave enfermedad. Puede suavizar algunos problemas temporalmente, pero otros problemas quedarán sin ser atajados, con el agravante de que en realidad no se habrá solucionado nada. Y la economía alemana sufre de problemas considerables que no deben olvidarse, como son la restricción del crédito, la situación de la banca, y la creciente preocupación por las finanzas públicas.

En definitiva, la ansiada recuperación sigue siendo incierta por el momento, aunque tampoco se puede descartar que algunos países resuelvan sus problemas con mucho mejor tino y rapidez que otros. Ésta es también la opinión de los bancos centrales, los cuales ya no se arriesgan a pronosticar escenarios tan positivos como hace apenas unos meses.

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