Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”



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9/4/09)

Entre Estados Unidos y la Unión Europea se ha puesto a disposición del sistema financiero la escalofriante cifra de seis billones de euros, seis meses después de que el G-20 se reuniera en Washington para que después de analizar la situación llegara a las conclusiones más perentorias a seguir, dejando para medio año después la lista de “deberes a hacer”.

En este medio año transcurrido, y con las políticas de estímulo fiscal desarrolladas en su totalidad, el FMI concluye que pese a que esos seis billones suponen el mayor desembolso en la historia moderna, sus resultados “no han sido todo lo satisfactorios que se esperaba”, ya que los objetivos de recuperar la confianza y solucionar los problemas de liquidez del sistema financiero permanecen sin solucionarse. La razón que esgrime el FMI para llegar a esta conclusión es que los activos tóxicos continúan en el mercado, y éstos todavía suponen otros tres billones de euros.

Pese a que el sistema permanece inmutable, el FMI pone el acento en que las medidas sí se han empezado a notar en la economía real, donde la crisis se está cebando con el paro.

Falló el Tesoro de EE.UU.

Junto al balance del FMI destaca el realizado por la Comisión de Supervisión del Congreso norteamericano, que ha llegado a la conclusión de que el plan de rescate financiero en EEUU ha tenido un “éxito mixto”. En concreto, apunta a los posibles fallos del Tesoro en reconocer la profundidad de la crisis y en la propia valoración de los activos problemáticos. Por estos motivos, concluye la comisión, se necesitan “soluciones diferentes”.

En este mismo informe se pide, además, que se liquiden las entidades con problemas y que se despida a sus ejecutivos.

Segunda fase en la UE



Por lo que respecta a Europa, Bruselas destaca en su balance que se han puesto en marcha 50 medidas nacionales para estabilizar el sistema financiero por 3 billones de euros.

Para la comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, se ha cumplido el objetivo de “impedir la desintegración del sistema financiero”, y ahora es necesaria una segunda fase en la que el sector sea responsable y “limpie sus balances y se reestructure para asegurar un futuro viable”.

- Japón apuesta por un cambio de modelo para salir de la crisis (El País - 10/4/09)

Crear cuatro millones de empleos, incrementar en un 24% el producto interior bruto y cambiar el modelo de crecimiento. Son los ambiciosos objetivos del plan que presentó ayer el primer ministro japonés, Taro Aso, con la vista puesta en 2020. “Con la actual crisis no parece realista volver al anterior sistema de crecimiento basado en las exportaciones”, dijo Aso en la intervención que certificó su “apuesta por un nuevo modelo”.

El primer ministro anunció su plan a largo plazo un día antes de presentar el tercer paquete de medidas con las que el Gobierno pretende sacar a la segunda potencia mundial de la crisis. El estímulo fiscal supondrá en este caso una inyección de 15 billones de yenes (114.000 millones de euros) para el presupuesto de 2009.

Aso pretende crear cuatro millones de empleos con planes de eficiencia energética dirigidos a energías renovables, especialmente la solar y servicios de cuidado a los mayores. Otro de los asideros del nuevo patrón de crecimiento se basará en reforzar la imagen exterior de Japón, potenciando sectores como el de la cultura pop o la moda, aseguró el primer ministro. Aso, que sólo lleva siete meses en el cargo, atraviesa por una grave crisis de popularidad.

- El ministro alemán de Finanzas alerta del peligro de inflación mundial tras la crisis (Cinco Días - 11/4/09)



El ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück, ha advertido del peligro de una inflación mundial, una vez se salga de la actual crisis financiera y económica internacional.

En declaraciones que publica hoy el diario Bild, Steinbrück dice que con el dinero que se está inyectando en los mercados se puede estar sembrando el germen de una inflación a mediano plazo.

“Se está inyectando mucho dinero en el mercado de manera que existe el peligro de una saturación de los mercados financieros y de una inflación mundial después de una recuperación”, dijo Steinbrück.

- El plan de estímulo del gobierno chino empieza a rendir frutos en la economía (The Wall Street Journal - 13/4/09)

(Por Andrew Batson)



El paquete de estímulo fiscal de US$ 585.000 millones lanzado por China parece estar surtiendo efecto, lo que sería una buena noticia para la economía global y, en especial, para América Latina, que depende del apetito chino por sus recursos naturales.

La demanda china de materias primas está mostrando signos de recuperación, luego de una abrupta caída en los últimos meses. El viernes, el gobierno informó que las importaciones de petróleo alcanzaron en marzo su nivel más alto de los últimos 12 meses. Las siderúrgicas, por su parte, importaron el mes pasado cantidades récord de mineral de hierro, un ingrediente clave del acero, en anticipación a un repunte en la demanda.





El país registró un récord en la oferta interna de crédito en marzo, que llegó a los US$ 276.900 millones y el banco central se comprometió a seguir inyectando dinero para estimular la economía. Los bancos otorgaron casi US$ 400.000 millones en préstamos en los primeros dos meses del año. La bolsa, por su parte, ha vuelto a subir. El Índice Compuesto de Shanghái acumula un alza de 34,24% en lo que va del año.

Aunque su agresivo plan de gasto fiscal deja de manifiesto el poderío de una economía estatal, hay señales de que sus ahorrativos consumidores empiezan a abrir sus billeteras. Las ventas de autos alcanzaron un máximo mensual en marzo, lo que marca el tercer aumento mensual consecutivo. Las ventas de viviendas en las grandes ciudades también han repuntado ya que los precios más bajos están atrayendo compradores.

El mayor optimismo ha contagiado a las empresas. La Oficina Nacional de Estadísticas de China informó la semana pasada que su sondeo de la confianza de los gerentes subió en el primer trimestre después de derrumbarse en los últimos tres meses de 2008.

En general, parece que la ofensiva del gobierno ha impedido que China caiga en una espiral descendiente donde las precarias condiciones de la economía y la pérdida de la confianza de los consumidores se refuerzan entre sí. Parte del éxito proviene de la magnitud del paquete de estímulo fiscal, uno de los mayores del mundo junto al de Estados Unidos. Pero también hay que tomar en cuenta que los vestigios de la economía centralizada han sido útiles.

“China es un caso inusual porque cuenta con esta capacidad increíble de movilizar todas sus instituciones”, dice Vikram Nehru, economista jefe para Asia del Banco Mundial. La capacidad del gobierno para focalizar el crédito de los bancos y el gasto ha hecho que el plan de estímulo empiece a rendir frutos antes de lo esperado. “Impera un grado creciente de confianza de que el paquete de estímulo está teniendo un impacto”, agrega Nehru.

Todavía queda, en todo caso, un largo camino por recorrer. Los últimos datos, por ejemplo, muestran la persistente contracción del sector exportador. Las exportaciones declinaron 17,1% en marzo frente al mismo mes del año anterior, luego de un desplome de 25,7% en febrero. El declive refleja la vulnerabilidad de China al debilitamiento de EEUU y sus otros mercados de exportación. El mal momento de la economía mundial ha golpeado con fuerza a los exportadores chinos y los ha obligado a realizar millones de despidos.

El gobierno, sin embargo, está inyectando dinero en la economía y emprendiendo cientos de proyectos de infraestructura. Los fondos presupuestados para inversiones que empezaron en los dos primeros meses de 2009 se dispararon 88% frente al mismo lapso del año anterior.

Aunque una mejoría en China no basta para revertir el declive de la economía global, es una buena noticia puesto que se trata de uno de los pocos países que se sigue expandiendo. China, en todo caso, necesita el respaldo de la demanda en el resto del mundo para que su recuperación sea sostenible. El sector manufacturero exportador sigue siendo el principal empleador de los 140 millones de trabajadores rurales que emigran a las ciudades. Cerca de 20 millones de ellos están desempleados y, si la caída de las exportaciones perdura durante varios meses, podría dilapidar sus magros ahorros.

Una de las claves que explica la efectividad del plan de estímulo hasta ahora ha sido la carrera de los gobiernos locales por invertir los fondos. En la parte central de China, la empresa estatal Henan Coal & Chemical Industry Group comenzó a trabajar en 15 proyectos de expansión el 1 de abril, declarando que su inversión de unos US$ 3.280 millones es una respuesta al llamado del gobierno para crecer 8% este año. Este tipo de reacción es parte de la razón por la que muchos analistas esperan que la actividad del primer trimestre muestre un repunte respecto al trimestre previo, aunque el crecimiento sea muy bajo para los estándares chinos. El Banco Mundial proyecta una expansión de 6,5% para este año.

“Creo que se puede decir que la economía ha tocado fondo. Pero tocar fondo no es una recuperación”, advierte Ben Simpfendorfer, economista de Royal Bank of Scotland.

- “Los esfuerzos serán lágrimas” - El historiador de la Fed teme que la inflación en EEUU supere la de 1970 (Libertad Digital - 14/3/09)



Allan Meltzer, historiador de la Reserva Federal, critica duramente la política de Bernanke (así como la de resto de bancos centrales y gobiernos) de rescates indiscriminados y bombeo de liquidez ante el riesgo de que la inflación supere la de 1970.

Algunos analistas consultados por Libertad Digital en conversaciones informales, más de una vez se llevaban las manos a la cabeza al analizar las decisiones tomadas por los bancos centrales, así como por los gobiernos de todo el mundo en los sonados cónclaves internacionales como el G-20.

Las decisiones, conducidas a inyectar más gasto público, relajar los tipos de interés aún más y aplicar mayores tenazas -organismos de supervisión- sobre el mercado, sorprendían a los economistas de corte liberal. Una teoría que advierte de los riesgos del incremento del gasto público y de la excesiva y artificial relajación de los tipos de interés. Unos mecanismos que implican una impresión indiscriminada de billetes.

Bernanke, presidente de la Reserva Federal de EEUU (Fed) también ha tomado esta política. Una decisión errónea que responde a las tesis neoclásicas de Keynes, en opinión de Allan Meltzer, historiador de la Reserva Federal y profesor de economía política en la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh. Según señala Bloomberg, Meltzer este “esfuerzo” se convertirá en “lágrimas” ya que, según sus previsiones, la inflación en EEUU podría superar la registrada en la década de los 70 que alcanzó el 13,3%.

Para Meltzer, Bernanke confía en que la alta tasa de desempleo y la escasa actividad de los sectores productivos del país mantengan los precios a la baja. En cambio, tal y como recuerda Meltzer, “ya lo dijo Friedman”, que “la inflación es siempre y en todos los sitios un problema monetario”. Así, Bernanke podría enfrentarse a una subida indiscriminada de precios después de haber bombeado un billón de dólares al sistema financiero.

No obstante, Meltzer señala que, de momento, los datos económicos y los inversores respaldan la posición keynesiana de Bernanke, ya que el recorte en los precios de los productos energéticos hacen presumir que los datos de precios que se harán públicos el 15 de abril, ofrezcan una inflación inalterada respecto a marzo. En cambio, la expectativa de inflación del 2,5% para este año ya representa un aumento del 2,1% respecto a la de finales del año pasado.



En cualquier caso, los temores de Meltzer (autor de la primera historia de la Fed de 800 páginas) son compartidos por otros economistas. Es el caso de John Brynjolfsson, jefe oficial de inversiones de los fondos de cobertura blindados Wolf en Aliso Viejo, California. En su opinión, la Reserva federal se encuentra aún en las primeras etapas de sus esfuerzos por inflar la economía.

Según dijo Brynjolfsson el pasado 6 de abril en una entrevista en Bloomberg Televisión “tenemos al menos nueve indicios de que nos espera” un periodo en el que podríamos alcanzar “una inflación de dos dígitos”.

Meltzer señala que la presión política tratará de evitar que Bernanke y su equipo se decidan a retirar liquidez del mercado con la suficiente rapidez a medida que la economía se recupera. Algo parecido, dice Meltzer a lo que sucedió en la década de los 70. Entonces, El presidente de la Fed Arthur Burns permitió un excesivo crecimiento de la oferta monetaria porque no pudo o no quiso resistir a la presión del Presidente Nixon, empeñado en bajar el desempleo, lo que condujo a “la gran inflación”.

“En cambio, ahora Bernanke y los demás encargados de formular políticas han desperdiciado su independencia por participar en los rescates financieros de empresas y la adopción a largo plazo de activos no líquidos en sus balances”, dice Meltzer ya que “no tienen la capacidad política de para controlar la inflación”.

John Ryding, fundador de RDQ Economía LLC en Nueva York y ex economista de la Reserva Federal, por su parte, señala que existen indicios de que “los estímulos de la Fed, combinado con los esfuerzos de los otros bancos centrales y los gobiernos en otras partes del mundo, incluida China, está comenzando a levantar los precios de algunos commodities”.

- Abandonar la expansión monetaria (Expansión - 13/4/09)

(Por Financial Times)

Como apuntó el periodista británico Malcolm Muggeridge, pocos hombres de acción consiguen salir airosos de determinadas circunstancias y en el momento adecuado. Lo mismo podría decirse incluso del más enérgico de los bancos centrales.

Después de haber entrado en una zona de expansión monetaria cuantitativa (QE, en sus siglas en inglés) los inversores se preguntan cada vez con más frecuencia cómo lograrán salir de ésta los bancos centrales, si es que realmente lo consiguen.

Una de las funciones menos conocidas de la QE consiste en secundar la financiación de los gobiernos. La compra de bonos gubernamentales supone una ayuda directa a la financiación del déficit. Establecer un límite a los tipos de interés también reduce los costes de los servicios de deuda pública. Hasta ahora, los bancos centrales han hecho un buen uso de esta política, ayudados por la banca comercial, sometida a un mayor control estatal, y también importante compradora de bonos del gobierno.

Desde septiembre, el sistema bancario nipón, incluido su banco central, ha comprado 15 billones de yenes (0,11 billones de euros) en bonos del estado, lo que cubre las necesidades inmediatas de financiación de Japón. El Banco de Inglaterra ha comprado hasta ahora 25.000 millones de libras (27.840 millones de euros) de bonos estatales y los bancos comerciales británicos otros 20.000 millones de libras.

En EEUU, las ayudas a la banca aprobadas hasta el momento han elevado ya el balance de la Fed hasta los 2 billones de dólares. En cuanto al Banco Central Europeo, aunque todavía no está practicando la expansión monetaria, los bancos comerciales de la eurozona han comprado aproximadamente 110.000 millones de euros de bonos del estado, lo que según Andrew Hunt Economics supone una cuarta parte de las necesidades de endeudamiento de la zona.

Aun así ¿qué ocurrirá cuando las economías se recuperen? Para invertir el orden de la QE, los bancos centrales y seguramente los comerciales, tendrán que reducir sus balances volviendo a vender los bonos. Aumentarán la rentabilidad de los bonos y los tipos de interés. Para compensar el aumento del coste de los préstamos, los gobiernos tendrán que recortar drásticamente el gasto, como hizo Japón en 2006 cuando abandonó el QE por última vez.

Las economías se enfrentarán entonces a un doble ajuste, provocado por el aumento de los tipos de interés y el recorte del gasto gubernamental, lo que aumenta las probabilidades de un descenso de la actividad económica al no haberse logrado una recuperación de la recesión - a menos que los bancos centrales apliquen estos ajustes. Pero entonces la inflación entraría en escena. Cuando una puerta se cierra, otra se abre.

(The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved)

- Vicepresidente de la Fed defiende las medidas del banco central (The Wall Street Journal - 19/4/09)

(Por Brian Blackstone)

Nashville, Tennessee.- El segundo al mando en la Reserva Federal de Estados Unidos ofreció el sábado palabras de calma al asegurar que las duras medidas de la Fed no tendrán efectos nocivos.



En un discurso en la Universidad Vanderbilt, el vice presidente de la Fed, Donald Kohn llamó a las medidas que el banco central ha tomado durante los últimos 20 meses “necesarias, seguras y efectivas y que no tendrán efectos secundarios negativos”.

Kohn también sugirió que está abierto a una meta explicita de inflación para ayudar a prevenir tanto la inflación como la deflación. Los encargados de diseñar las políticas, dijo “deben reconocer que las proyecciones económicas podrían cambiar “apreciablemente” y “estar listos para adaptar las políticas de manera flexible”.

“Esa flexibilidad podría implicar el hacer más para facilitar el crédito si la economía demuestra ser resistente a los estímulos fiscales y monetarios que se han implementado, o podría involucrar el revertir acciones para frenar posibles efectos inflacionarios de medidas pasadas”, dijo Kohn.



De las líneas de crédito existentes de la Fed, su programa de valores del Tesoro a largo plazo de US$ 300.000 millones es el que más probabilidades tiene de ser aumentado. La Fed ya ha dicho que gastará más de US$ 1 billón (millones de millones) en deuda ligada a hipotecas de ser necesario y el TALF podría alcanzar también el billón de dólares aunque los préstamos bajo esa línea es tan sólo una fracción de esa cifra hasta el momento.

Las preocupaciones inflacionarias han aumentado debido a las acciones de la Fed para revitalizar la economía y el flujo de crédito, ya que los gastos de la Fed se han disparado. Los funcionarios han discutido si el establecer metas para los balances de la Fed o la base monetaria y reservas “proveerían alguna seguridad de que la política está orientada en la dirección correcta”, dijo Kohn.

Sin embargo, incluso mayores incrementos a los activos en poder de la Fed no serían causantes de inflación, dijo Kohn, “la clave para prevenir la inflación será revertir los programas, reducir las reservas y aumentar las tasas de interés en los momentos correctos”, dijo.

- Los presupuestos británicos (Expansión - 20/4/09)

(Por Lex Financial Times)



Los presupuestos que presentará Alistair Darling el miércoles mostrarán a Reino Unido como lo que es -un aspirante, una vez más, a la etiqueta de enfermo de Europa de la que consiguió deshacerse hace 30 años-.

Es cierto, algunas economías de la eurozona no están precisamente en mejores condiciones. El ministro de Economía no intercambiaría su situación con la de sus homólogos de, por ejemplo, Irlanda, Grecia y España. Y fuera de la eurozona, en el centro y este de Europa, algunas economías sufren una seria crisis. Pero el respeto que la recuperación económica experimentada por Reino Unido después de 1979 despertó en una época en Europa continental, se ha convertido ahora en algo que se aproxima más a la compasión.

Hace sólo cinco meses, cuando presentó sus presupuestos preliminares, Darling preveía una contracción del producto interior bruto de entre el 0,75% y el, 1,25% en 2009-10 y un crecimiento de entre el 1,5% y el 2% en 2010-11. Fue un ejercicio de cinismo en el que el gobierno se negó a retractarse de su presuntuosa afirmación de haber “abolido los ciclos de auge y caída”, o a admitir la singular vulnerabilidad de Reino Unido ante una crisis bancaria global.

El Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y el Banco de Inglaterra esperan ahora que la economía se contraiga entre un 3% y un 4% este año. Es muy poco probable que se produzca el crecimiento que Darling prometió, incluso pese a la pequeña serie de indicios que apuntan a que el ritmo de caída podría estar empezando a ralentizarse.

Al no haber llenado los graneros de reservas en los años de bonanza, el Tesoro se enfrenta al mayor déficit desde que comenzaran a recopilarse estos datos en 1963. Barclays Capital prevé que los préstamos netos del sector público ascenderán al 10,3% del PIB en 2009-10 y al 9,6% en 2010-11 frente al 8% y el 6,8% que apuntó Darling en noviembre. El ministro debe ofrecer una visión convincente sobre las finanzas públicas, teniendo en cuenta el hecho de que el sector de servicios financieros -altamente fiscalizado y fuente, según PwC del 14% de los ingresos fiscales globales de Reino Unido en 2007 y del 27,5% de los impuestos corporativos- sufrirá una pérdida estructural de rentabilidad. Si no lo hace, sus previsiones no tendrán valor alguno.

(The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved)

- El Gobierno de Japón proyecta emitir 110.228 millones de dólares en bonos (Cinco Días - 21/4/09)

El Gobierno de Japón proyecta emitir cerca de 10,82 billones de yenes (110.228 millones de dólares) adicionales en bonos gubernamentales para financiar el presupuesto extra destinado a paliar los efectos de la crisis sobre la economía nipona.

Según el ministro japonés de finanzas, Kaoru Yosano, citado por el diario “Nikkei”, él mismo se encargará de supervisar esta operación para asegurarse de que la emisión de estos títulos no perturba el desarrollo normal del mercado nipón de bonos.

“Vamos a emitir los bonos sin dar lugar a ningún impacto inesperado en los mercados”, apuntó Yosano. Para ello, el Gobierno de Japón planea estar en permanente contacto con los distintos participantes del mercado financiero.

El Gobierno nipón presentó este mes un plan de estímulo fiscal de 15,4 billones de yenes (156.943 millones de dólares) para el ejercicio de 2009, centrado en la creación de empleo y ayuda a empresas. Esta serie de medidas es la tercera y más amplia de las ampliaciones fiscales llevadas a cabo por el Gobierno nipón en los últimos meses y que suman ya los 25 billones de yenes (254.777 millones de dólares).

- Ex presidente de la Reserva Federal - Volcker anuncia la necesidad de reformar la FED y crear inflación (Libertad Digital - 21/4/09)

El ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker anuncia que, probablemente, el Congreso deberá revisar las funciones de la Reserva Federal tras duplicar su volumen de créditos concedidos a la banca comercial, y que en la actualidad supera los 2,2 billones de dólares.

LD (M. Llamas) Se anuncian reformas de calado en la regulación financiera estadounidense. Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal de EEUU (FED) y uno de los principales asesores económicos de Barack Obama, advierte de la necesidad de revisar la autoridad de la FED, después de que su balance se haya duplicado en el último año con el fin de facilitar liquidez en forma de créditos a la banca comercial del país.



“No creo que el sistema político tolere el grado de actividad que ha desarrollado la FED y el Tesoro” tras el estallido de la crisis crediticia, indicó Volcker en una reciente conferencia en la Universidad de Vanderbilt, Tennessee. La clase política del país está preocupada por el papel que está jugando la FED, al haberse extralimitado en la autoridad que le confiere la ley mediante la creación de diversos programas para conceder crédito de emergencia a la banca de EEUU.

Tras los acontecimientos del último año, “para bien o para mal, la ley de la Reserva Federal deberá ser revisada”, añadió. La normativa que rige el funcionamiento de la autoridad monetaria estadounidense tan sólo contempla para “circunstancias excepcionales” la posibilidad de prestar dinero a bancos o empresas, siempre y cuando tales préstamos gocen de suficientes garantías.

Sin embargo, en los últimos meses, la FED no sólo ha ampliado y mantenido en el tiempo sus programas de crédito sino que, además, ha prestado dinero aceptando como colateral todo tipo de activos -incluidos los denominados subprime-. Como resultado, el balance de la FED no sólo se ha disparado sino que también se ha ido deteriorando con el paso del tiempo, tal y como avanzó LD.

Un “nuevo papel” para la FED

Volcker no aclaró las líneas de la posible reforma, pero una auguró un “nuevo papel” para la Reserva Federal, informa Bloomberg. En todo caso, la FED tendrá que asumir más poderes de supervisión y regulación, según Volcker. El consejero descartó una recuperación rápida de la de economía estadounidense.

De este modo, crecen las dudas acerca de la solvencia misma de la FED. No obstante, ¿hasta qué punto están garantizados los préstamos concedidos por la Reserva? ¿Son Citi o Wells Fargo prestatarios de fiar? En este sentido, todo dependerá en gran medida de los agujeros financieros -necesidad de capital- que revelen los test bancarios (stress test) que está aplicando el Gobierno de EEUU. El problema es que tales test parten de un escenario excesivamente optimista, tal y como adelantó Libertad Digital.

¿Qué pasaría si el paro en EEUU sigue creciendo, y con él la morosidad? Además, tal y como pone de manifiesto Tyler Durden en RGE Monitor -la web de análisis macro que dirige Nouriel Roubini- “el colateral de EEUU se está evaporando”.

Es decir, los datos indican que la FED ha ido acepando progresivamente garantías de menor calidad a la hora de conceder créditos a la banca comercial, con lo que su solvencia está en riesgo, tal y como ha analizado en profundidad este mismo periódico.

El balance de la FED se deteriora



Los programas de liquidez de la FED se basan en ventanillas de descuento en el que el supervisor monetario extiende el crédito aceptando como colateral todo tipo de activos, desde acciones hasta bonos corporativos, hipotecas, y bienes inmobiliarios, entre otros. Un proceso que, sin duda supone un “preocupante deterioro de las garantías que posee la FED”, añade Durden. Algo relevante, puesto que la Reserva Federal es el último garante del dólar, de modo que un deterioro de su balance implica una depreciación del billete verde y, en última instancia, inflación.

La FED quiere una inflación del 2%

De hecho, este parece ser el objetivo último de la Reserva Federal. El organismo carece ya de margen para bajar tipos tras situarlos casi en el 0%. Sin embargo, el inicio de la deflación en EEUU -caída de precios- imposibilita, en realidad, la aplicación de intereses negativos (por debajo de la inflación).

En esta situación, los tipos de interés reales aumentan. Por ello, el vicepresidente de la Reserva Federal, Donald Kohn, afirmó en la misma conferencia en la que participó Volcker que el objetivo que se debe marcar el regulador monetario es alcanzar una inflación del 2% anual, informa Wall Street Journal. De este modo, el tipo de interés real sería negativo y ello, según su teoría, animaría al consumo y a la concesión de créditos. Es decir, el objetivo último de la FED es crear inflación, y para ello el deterioro de su balance apunta a esa dirección, ya que depreciaría aún más el dólar. Volcker apoyó la iniciativa de Kohn.

- La prueba de la Fed es saber cuándo cerrar el grifo (The Wall Street Journal - 22/4/09)

Cuando la economía repunte debe retirar miles de millones de dólares del sistema

(Por Jon Hilsenrath)

Durante los últimos ocho meses, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha inyectado más de US$ 800.000 millones en el sistema financiero del país, una medida que en tiempos normales podría desatar una desagradable alza de la inflación.

Ben Bernanke, presidente de la Fed, confía en que eso no sucederá esta vez. Para aplacar las críticas y calmar a los mercados, Bernanke y sus lugartenientes no han escatimado esfuerzos en los últimos días para explicar por qué no habrá presiones inflacionarias y presentar las herramientas a su disposición para combatir un alza de precios.

La Fed no es la única entidad preocupada de la inflación. En un reciente informe, los economistas de Goldman Sachs buscaron calmar lo que describieron como una ola de “alboroto inflacionario” que han estado escuchando de clientes y corredores de bonos.

El banco central, preocupado de implementar varias intervenciones en los mercados de crédito, probablemente no hará grandes anuncios después de su reunión de la semana entrante. La mayor parte del tiempo será destinado a evaluar los indicios de mejoría en la economía, revisar los planes de contingencia y deliberar sobre las estrategias para revertir el curso en caso que sea necesario.

La inflación puede parecer una preocupación lejana hoy en día. La semana pasada, el Departamento del Trabajo de EEUU informó que la inflación acumulada entre marzo de 2008 y 2009 cayó, la primera vez que ello ocurre en 54 años.

El aumento del desempleo y la inactividad en las fábricas significan que las empresas tienen pocos incentivos o capacidad para elevar los sueldos o los precios que les cobran a sus clientes. Existe el riesgo, de hecho, de que si la economía se debilita mucho más, lo opuesto a la inflación -la deflación- podría pasar a ser una seria amenaza.

Por eso es que el objetivo de la Fed por ahora es aumentar la inflación, no reducirla. Ha estado imprimiendo dinero como parte de sus medidas de rescate. Cuando compra valores respaldados por hipotecas u otorga préstamos en el mercado de papel comercial, al que las empresas no financieras acuden para conseguir financiamiento de corto plazo, la Fed les abona efectivo a los bancos de forma electrónica, lo que inyecta dinero fresco en el sistema financiero.

Cuando la economía se recupere de la recesión, la Fed va a tener que retirar este dinero y subir las tasas de interés. Debido a que la Fed todavía está acrecentando muchos de sus programas, el dinero que tendrá que retirar seguramente excederá los ya astronómicos niveles de la actualidad.

Si la Fed demora demasiado en retirar este dinero del sistema, la economía estadounidense podría sobrecalentarse y generar un brote inflacionario.

Si los inversionistas no creen que la Fed sea capaz de hacerlo, las tasas de interés a largo plazo podrían subir, lo que socavaría una recuperación antes de que empiece.

“Estamos analizando cuidadosamente estos temas”, dijo Bernanke durante un discurso en Atlanta la semana pasada. “De hecho, han ocupado una considerable parte de las recientes reuniones “del Comité Federal de Mercado Abierto)”.



Una preocupación es que la Fed ha inyectado tanto dinero en la economía, y lo ha hecho de tantas maneras poco convencionales, que va a ser operacionalmente difícil cambiar de curso cuando llegue el momento. “Tenemos un número de herramientas que podemos usar para absorber (efectivo en el sistema financiero) y subir las tasas de interés cuando llegue la hora”, afirmó el vicepresidente de la Fed, Donald Kohn, en un discurso pronunciado el fin de semana pasado.

Muchos de los programas de la Fed fueron diseñados para que se agoten naturalmente a medida que los mercados a los que asisten mejoran. Por ejemplo, sus posiciones de papel comercial a corto plazo se han reducido a US$ 250.000 millones, de US$ 350.000 millones en enero, a medida que el mercado privado se ha recuperado.

Programas como el del papel comercial de la Fed imponen condiciones severas una vez que los mercados se recuperan, dándoles a los inversionistas un incentivo para que rompan las ataduras con el banco central.

En algún momento, la Fed también podría desprenderse de sus posiciones a largo plazo, como los bonos del Tesoro o los valores respaldados por hipotecas. Esto retiraría dinero del sistema financiero e impulsaría las tasas de interés en esos mercados, lo cual podría ayudar a la Fed a moderar el crecimiento si la economía empieza a sobrecalentarse. La Fed tiene otros métodos para sacar efectivo del sistema financiero y subir las tasas de interés cuando lo estime conveniente. Abrir el grifo de forma adecuada es parte del desafío. No obstante, un reto aún mayor es decidir cuándo cerrarlo.

Paul Kasriel, economista jefe de la firma financiera Northern Trust, no está tan seguro de que el banco central lo hará correctamente. No está preocupado de lo que la Fed ha hecho hasta ahora, sino de que la entidad tarde demasiado en tomar la decisión de desandar el camino andado.

- Asesores de Bush y Obama - Mankiw y Krugman quieren crear inflación eliminando dólares por sorteo (Libertad Digital - 21/4/09)

Lo nunca visto. Gregory Mankiw, asesor económico de Bush y prestigioso profesor de Harvard, y el premio Nobel Paul Krugman abogan por eliminar dólares mediante sorteo y así incentivar el consumo y el crédito para salir de la recesión. La respuesta a la crisis es crear una inflación elevada.

LD (M. Llamas) La solución a la crisis pasa por generar inflación y, de este modo, incentivar de nuevo el consumo. La medida parte de Gregory Mankiw, un conocido profesor de Económicas de la Universidad de Harvard y asesor del ex presidente de EEUU, George W. Bush.



¿Cuál es la mejor forma de escapar de una recesión? La mayoría de analistas, según explica Mankiw en un reciente artículo publicado en The New York Times, coincide en la necesidad de bajar al máximo los tipos de interés para reactivar el crédito y restablecer la demanda de bienes y servicios. Sin embargo, el margen de la reserva Federal de EEUU (FED) se agota tras situar los tipos de intervención casi en el 0%.

Ante tal fracaso, ¿qué hacer? La FED podría incluso aplicar tipos de interés negativos, situándolos por ejemplo en el -3%. Es decir, presta 100 dólares y el año siguiente recibe 97. Es evidente que una medida de estas características incentivaría la solicitud de préstamos, pero ningún banco en su sano juicio estaría dispuesto a conceder créditos a pérdidas. Por lo tanto, Mankiw, en un arrojo de originalidad monetaria, concluye que la clave está en incentivar de algún modo el gasto privado de los ciudadanos. Es decir, que los estadounidenses se desprendan de sus dólares.

El profesor cita la propuesta de uno de sus alumnos. Imagine que la Reserva Federal anuncia que en el plazo de un año a partir de hoy retirará de la circulación todos los billetes cuyo número de serie termine en una determinada cifra escogida al azar entre 0 y 9. Es decir, en un año el 10% de los billetes dejarían de ser de curso legal.

En este caso, el tipo de cambio sería negativo. “La gente estaría encantada de prestar dinero a un -3%, ya que perder un 3% es mejor que perder un 10%”, señala Mankiw. Además, muchos se desprenderían a toda velocidad de sus dólares ante el temor de perder parte de su dinero. De este modo se fomentaría el consumo y se reactivaría la economía.

“La idea de que el dinero tenga un rendimiento negativo no es algo nuevo”, advierte. A fines del siglo XIX, el economista alemán Silvio Gesell abogó por aplicar un impuesto sobre el dinero, para frenar la acumulación de billetes en tiempos de crisis financieras. Una medida que fue apoyada, incluso, por John Maynard Keynes. Los bancos dejarían de atesorar reservas y la máquina del crédito volvería a funcionar.



“Si todo esto parece demasiado descabellado”, Mankiw recuerda que con una elevada inflación el efecto es similar. “Supongamos que en el futuro la Reserva Federal se compromete a generar importantes tasas de inflación. En este caso, mientras que los tipos de interés nominales podrían mantenerse en cero, los tipos de interés reales -los tipos de interés medido en poder adquisitivo- se convertirían en negativos”, explica. La depreciación del dólar animaría a los ciudadanos a gastar y a solicitar préstamos, ya que la deuda real disminuiría con el paso del tiempo (pides 100, pero devuelves 50).

Objetivo: que los ciudadanos se desprendan de sus dólares



Mankiw se lamenta de que los estatutos de la FED obliguen por ley al organismo monetario a mantener la estabilidad de precios. “Pero hay cosas peores que la inflación”, añade el ex asesor de Bush, en referencia al creciente desempleo y el aumento de la deuda pública que tendrán que pagar las generaciones futuras.

Mankiw no lo duda: Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal, es “la persona perfecta” para este cometido -generar elevada inflación-. “Bernanke ha sido durante mucho tiempo un defensor de la inflación”, afirma. Curiosamente, otros altos cargos de la FED abogan igualmente por la necesidad de crear inflación para combatir la crisis, tal y como avanzó LD.

No es el único. El premio Nobel, Paul Krugman, se pregunta en su blog: “¿Es la inflación la respuesta?” Todo indica que sí, según Krugman, ya que el riesgo a evitar es que EEUU termine como Japón. Sin embargo, la clave es por qué, al menos por el momento, todas las medidas monetarias no han surtido efecto. Según advierte, la mayoría de banqueros centrales son poco inflacionistas. “El compromiso de la inflación tiene que ser creíble”, y de momento esto no sucede todavía, concluye Krugman. Tales propuestas no son cuestión baladí. Mankiw ejerció como asesor económico de Bush, mientras que Krugman es el asesor de cabecera del actual presidente de EEUU, Barack Obama.

- Las finanzas públicas británicas (Expansión - 22/4/09)

(Por Lex Financial Times)

La corriente del golfo alcanza Reino Unido, aunque no son precisamente sus aguas cálidas las que le asemejan cada día más a una república bananera, sino el estado de sus finanzas públicas. Al igual que muchos mercados emergentes en el pasado, Reino Unido atraviesa una crisis bancaria y una grave recesión.

Aunque el ministro de Finanzas, Alistair Darling, es partidario de aumentar el gasto público para hacer frente a estos desafíos, no podrá porque los mercados no lo permitirán.

El año pasado, el déficit presupuestario alcanzó el 6,3% del PIB. Este año, la cifra prácticamente se duplicará hasta el 12%, el nivel más alto de las economías desarrolladas.

El mayor desafío al que se enfrenta el Ejecutivo es evitar una crisis de financiación. Por primera vez en al menos siete años, el estado británico no ha conseguido encontrar suficientes compradores para la subasta de bonos, aunque ése no es el problema. La demanda de inversores de activos menos arriesgados sigue siendo alta, pero cabe la posibilidad de que estos huyan despavoridos si no ven claro el futuro.

Esos temores sólo se agravarían ante la preocupación de que las finanzas públicas británicas se vean afectadas por una debilidad estructural: el ahora maltrecho sector de los servicios financieros, en su día representó una octava parte de los ingresos fiscales. Para evitar una situación de incertidumbre, Darling ha adelantado que el déficit presupuestario empezará a equilibrarse a partir de 2013. Para esa fecha, la deuda neta con respecto al PIB también empezará a caer desde un máximo del 79%.

Aunque sin duda serán bienvenidos, esos pronósticos no parecen gozar de mucha credibilidad. No es que los recortes de gastos y los aumentos de impuestos aplicados por Darling resulten dudosos: de hecho, pueden ponerse en práctica de forma inmediata. Lo que genera suspicacias es que, a pesar de que el país atraviesa la peor recesión de los últimos 80 años, sus previsiones apuntan a un crecimiento del 1,25% para el próximo año y del 3,5% para 2011.

(The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved)

- El 75% de los países de la zona euro presentan déficit público en sus cuentas (Libertad Digital - 22/4/09)

Los rescates públicos y los planes de estímulo tiñen de rojo las cuentas públicas de la zona euro. En concreto, 12 de los 16 países miembros (75%) registran déficit público. De éstos, cinco (31%) vulneran el Pacto de Estabilidad que sitúa el límite del déficit en el 3% del PIB, entre ellos, España.

LD (M. Llamas) Los gobiernos de la UE se han lanzado a rescatar a la economía de la crisis económica. Pese a que tales medidas no han surtido el efecto esperado, sí se han materializado ya en un creciente desequilibrio en las cuentas públicas. Así, 12 de los 16 países miembros (75%) de la zona euro presentan déficit público. De éstos cinco (31% del total de países miembros) superan ya el límite que establece el Pacto de Estabilidad de la UE (déficit máximo del 3% del PIB): Irlanda (-7,1%), Grecia (-5%), Malta (-4,7%), España (-3,8%) y Francia (-3,4%).

En el conjunto de la zona del euro, el déficit público se triplicó en 2008 en relación a 2007, hasta llegar al 1,9% del PIB, desde el 0,6% del ejercicio previo, según los datos difundidos este miércoles por Eurostat. Mientras, la deuda pública pasó del 66% al 69,3% del PIB. En el conjunto de la UE, el saldo presupuestario también empeoró significativamente, ya que pasó del 0,8% al 2,3% del PIB. La deuda pública en los Veintisiete, en la misma línea, aumentó 2,8 puntos, hasta el 61,5% del PIB.

Después de Irlanda, Reino Unido es el Estado miembro de la UE con el déficit más abultado (5,5%) y a continuación se sitúan Rumanía (5,4%), Grecia, Malta, Letonia (4%), Polonia (3,9%) y España informa Efe. Según los datos de Eurostat, once países de la UE-27 tuvieron en 2008 un déficit superior al 3% del PIB que establece el Pacto de Estabilidad, frente a sólo dos el año anterior. Es decir, el 40,7% del conjunto de países de la UE vulneran el límite máximo de desequilibrio público.

Tan sólo siete Estados miembros lograron superávit en sus cuentas públicas, encabezados por Finlandia (4,2% del PIB), Dinamarca (3,6%) y Luxemburgo (2,6%), Bulgaria (1,5%), Chipre (0,9%), Holanda (1%) y Suecia (2,5%). La primera economía de la UE, Alemania, consiguió, por su parte, continuar reduciendo su déficit, que quedó en el 0,1% del PIB.

Crece el gasto y la deuda pública



En cuanto al ratio de deuda, nueve países superan el umbral del 60% del PIB fijado por el Pacto de Estabilidad, con las cifras más llamativa en Italia (105,8%), Grecia (97,6%) y Bélgica (89,6%). España, a pesar del aumento registrado por la deuda -del 36,2% al 39,5% del PIB- sigue lejos de ese umbral.

En 2008, el gasto público representaba de media en la zona del euro el 46,6% del PIB (cinco décimas más que el año anterior), mientras que los ingresos cayeron siete décimas, al 44,7%. En el conjunto de la UE la evolución fue parecida, pues el gasto se elevó al 46,8% del PIB (1,1 puntos más), al tiempo que bajó la recaudación cuatro décimas, hasta el 44,5%.

España siguió la misma tendencia, pero bastante más acusada que la media de sus socios, pues el gasto público, tras tres años de práctica estabilidad, repuntó 1,7 puntos, hasta el 40,5% del PIB. La caída de los ingresos fue aún más llamativa, después de dos años de aumentos progresivos, al caer 3,4 puntos, hasta el 36,6% del PIB.

De mantenerse esta tendencia, la brecha entre gasto e ingresos se traducirá en un déficit y deuda públicos aún más abultados. No obstante, según las últimas previsiones del Banco de España sitúa el déficit público en el 8%, tanto en 2009 como en 2010. Es decir, casi tres veces más que el límite que marca la UE.

Deuda récord en Gran Bretaña y más impuestos en Irlanda



Junto a España, destaca el caso de Irlanda y Gran Bretaña. Así, el Gobierno irlandés ya ha anunciado una sustancial subida de impuestos para tratar de recortar su desequilibrio presupuestario tras acudir al rescate de su sistema financiero. Mientras, la deuda pública del Reino Unido se situó en el 50,9% del PIB al término del pasado año fiscal (de abril a marzo), lo que representa el porcentaje más alto registrado desde el año 1976. La deuda alcanzó los 743.600 millones de libras (835.900 millones de euros), 122.400 millones más que el año anterior, según los datos facilitados este miércoles por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS).

La ONS informó de que descontando los 134.500 millones de libras (151.180 millones de euros) que gastó el Estado en el plan de rescate de los bancos británicos la deuda pública se situaría en el 41,7% del PIB. Ambos porcentajes están por encima del máximo del 40% de deuda pública en relación con el PIB que el primer ministro, Gordon Brown, fijó como tope para tener una economía mínimamente saneada cuando era ministro de Economía en los gobiernos de Tony Blair.

El mayor déficit desde 1956



En cuanto al déficit presupuestario de Reino Unido, hay que remontarse a 1946, recién terminada la II Guerra Mundial, para encontrar una cifra tan alta: 52.300 millones de libras (58.780 millones de euros). Mientras, el déficit público se situó en el 6,19% del PIB, otro récord desde 1993, informa Efe.

El déficit alcanzó los 90.000 millones de libras (101.220 millones de euros) tras aumentar en 19.100 millones de libras en marzo, la cifra mensual más alta desde que se comenzó a realizar esta estadística hace 16 años. Esta cifra supera con amplitud a la acumulada entre abril de 2007 y marzo de 2008, cuando el déficit público se situó en 55.300 millones de libras, y está muy por encima de las previsiones realizadas por el Gobierno en el ecuador del año fiscal.

- Reportaje: Primer plano - La crisis sólo se mira ya en el espejo del 29 (El País - 26/4/09)

Una intervención pública histórica se mide a la amenaza de que se repita la Gran Depresión

(Por Alejandro Bolaños)

La diferencia entre el remedio y el veneno es muchas veces una cuestión de dosis. Pero la dureza de esta crisis ha simplificado el dilema a los gestores públicos, que afrontan la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. A la carrera, Gobiernos y bancos centrales han puesto en marcha una intervención económica conjunta sin precedentes. La quiebra del sistema financiero, la acelerada destrucción de puestos de trabajo y la zozobra empresarial fuerzan una respuesta masiva. El debate sobre algunas consecuencias indeseables de estas medidas, palidece frente a la polémica de si son necesarios más recursos públicos. Porque responsables políticos y expertos coinciden en que esta intervención ha alejado, por ahora, el riesgo de una depresión como la que asoló el mundo occidental entre 1929 y 1933. Pero muchos sostienen que la amenaza sigue ahí, agazapada en un futuro lleno de trampas.

¿Esta crisis va a ser como la del 29, o peor? La pregunta encabezaba, hace un año, la portada de Negocios, en el arranque de la nueva etapa de este suplemento. Réplicas que parecían definitivas se han desmoronado con igual contundencia. La respuesta se abre paso con mucha dificultad y aún dista de estar clara, con sorpresas desagradables en cada esquina de las estadísticas. “No se vio nunca un deterioro tan rápido, ni tan siquiera en la Gran Depresión”, sostuvo Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, ante los congresistas estadounidenses en febrero pasado. El domingo pasado, sin embargo, iluminó este sombrío panorama al abrir una rendija al optimismo. “Desde luego, estamos en una Gran Recesión”, dijo, pero no en una depresión como la de los años treinta del siglo pasado.

La distinción no es pequeña, aunque no cambie, a bote pronto, la vida de millones de personas que se están quedando sin trabajo. Un estudio presentado esta semana por el Fondo Monetario Internacional (FMI) destacaba que las crisis generadas por descalabros financieros -ninguno ha sido tan intenso como el destapado por el tocomocho de la titulización de hipotecas basura en EEUU-, y con repercusiones globales son las más dañinas. Y según el pronóstico del Fondo, esta recesión destruirá ya este año una porción (1,3%) de la actividad económico mundial de 2008, un recorte que será mucho más acusado en los países ricos (un 4%).

Pero la Gran Depresión fue mucho más que eso. En Estados Unidos, el epicentro entonces y ahora de la crisis, el PIB retrocedió un 30% entre 1929 y 1933; la tasa de paro subió del 3% al 25%; un 60% de los estadounidenses entró en la pobreza. Y dos millones de personas se vieron forzadas a vivir en la calle. El brutal impacto de aquella crisis en Alemania ayuda a explicar la llegada del nazismo, y en último caso, la Segunda Guerra Mundial.

Que un referente tan sombrío sea el termómetro de esta crisis da fe de su brutalidad. “Es una exageración que refleja el calor del momento”, decían sobre la comparación con el crash de 1929 los analistas de JPMorgan hace un año, en lo que era el reflejo de una opinión muy extendida.



Hasta septiembre pasado, la comparación era esgrimida como una amenaza latente por algunos académicos distinguidos, como el último Premio Nobel, Paul Krugman. Y el director gerente del FMI dio voz entonces a lo que los dirigentes de medio mundo daban por hecho: “Se empieza a ver el final de la crisis financiera”. Resultó otro de los muchos pronósticos bienintencionados que la realidad se encargó de pulverizar. Apenas unas horas después, la quiebra de Lehman Brothers puso de rodillas al sistema financiero mundial. Y la crisis mostró su auténtico rostro, con rasgos que esta vez sí, recordaban ya a la Gran Depresión.

“Entonces estuvimos muy cerca del colapso”, rememoró a mediados de marzo el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, en una insólita entrevista concedida a la cadena CBS. Es una afirmación recurrente en los últimos meses, pero esta vez sirvió al responsable del banco central estadounidense para sostener que lo peor había pasado. Y despejar un futuro endiablado. “Veremos el final de la recesión, posiblemente este año”, afirmó Bernanke. Y zanjó: “Hemos evitado el riesgo de una depresión”.

Bernanke sabe de lo que habla. En la academia, se le tiene por uno de los mayores estudiosos de la Gran Depresión. Pero su mensaje, un pistoletazo de salida oficial en la carrera hacia la recuperación, quedó oscurecido por el enésimo escándalo en las retribuciones a los ejecutivos de la aseguradora AIG, uno de los emblemas más sonrojantes de la crisis. Hace dos semanas, el mensaje se difundió con un altavoz más potente. “Se empiezan a ver rayos de esperanza”, proclamó el nuevo presidente de EE UU, Barack Obama. “Hay tímidos signos de que el agudo declive de la actividad podría estar frenándose”, coreó Bernanke, que ya había acuñado la frase de que empezaban a verse los primeros “brotes verdes” de la recuperación.

Los datos que maneja Bernanke sirvieron a Volcker, ahora asesor de Obama, para vaticinar también que la Gran Recesión no entrará en fase depresiva. Y para sustentar la opinión mayoritaria de los analistas. “Es muy probable que la recuperación sea en 2010; en Estados Unidos será antes, bien a finales de este año o a principios del próximo. En Europa, donde la recesión empezó después, sería a finales de 2010. El problema es que también es muy probable que sea lenta”, sintetiza Guillermo de la Dehesa, presidente del influyente Centro de Investigación en Política Económica (en sus siglas inglesas, CEPR).

Pero el club de los escépticos ante una próxima recuperación no es precisamente exiguo. “La raíz de la crisis está en el sector financiero, y como las nuevas previsiones del FMI indican (elevan el agujero de los activos tóxicos a tres billones de euros) el problema está muy lejos de resolverse”, afirma Luis Garicano, profesor en la London School of Economics. “Los precios de los activos siguen cayendo, particularmente los inmobiliarios, y estos activos son el colateral (la garantía) de muchas deudas”, advierte.

Hace unos meses, la recuperación, que en el reino de las estadísticas es equivalente a revertir tasas negativas en positivas, se situaba en la segunda mitad de 2009. Ahora, ya no se espera la buena nueva hasta 2010. Pero la línea de defensa de los que argumentan que esta vez va en serio es sólida. Los brotes que Bernanke mira con lupa de siete aumentos anunciarían la cosecha de lo sembrado: la quiebra de Lehman Brothers, además de anunciar la catástrofe, dio pie a un activismo público inaudito. Para descongelar el crédito, los bancos centrales han bajado los tipos de interés al mínimo, han prestado dinero a mansalva para sostener la liquidez y algunos, como la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, se han liado a crear billetes para comprar deuda. Los Gobiernos no le han ido a la zaga. Según el cálculo del FMI, la expansión fiscal de los países del G-20, el foro que integra países ricos y emergentes, inyectará en la economía real cuatro billones de euros (casi cuatro veces el PIB español) entre 2008 y 2010. Por no hablar de la manta de recursos públicos comprometidos en sostener a la banca bajo la voluntariosa promesa de futuros beneficios para los contribuyentes.

“Los analistas miramos ahora las bondades de lo que llamamos la segunda derivada: la actividad económica sigue cayendo, pero a un ritmo cada vez más moderado”, explica Vicente Pallardó, director del Observatorio de Economía Internacional, de la Universidad de Valencia. “El último trimestre de 2008 y el primer trimestre de 2009 han supuesto, muy probablemente, el peor momento de la recesión. De todas formas, el problema no es un trimestre más o menos, sino lo tenue que puede ser la recuperación”, insiste Pallardó.



En el último año y medio, las burbujas inmobiliarias reventaron una detrás de otra. Los mercados de Reino Unido y EEUU, los primeros en caer, acaban de dar las primeras señales de vida, con tenues repuntes en la venta de vivienda y los precios en algunas áreas urbanas. Las últimas entregas de las encuestas sobre la confianza a los consumidores en EEUU, el sentimiento económico del empresariado alemán o sobre las carteras de los gerentes de compras de la zona euro reflejan mejoras en las expectativas, aunque sobre mínimos históricos. El aumento del crédito y el ritmo inversor han devuelto a China a la senda de un crecimiento robusto. Y las Bolsas, aupadas por la mejora de los valores bancarios, los anuncios de medidas de la administración Obama en el sector financiero y la confirmación del esfuerzo conjunto del G-20, han encadenado seis semanas al alza.

La frialdad con la que los analistas bursátiles, tan dados a la euforia antes de la crisis, han recibido la última escalada de la Bolsa llama la atención. Llueve sobre mojado: es la quinta vez desde que empezó la crisis que las cotizaciones mundiales suben más de un 10%, para precipitarse después en caídas mucho más profundas. Como ya advertía Charles P. Kindleberger en su clásico manual sobre crisis financieras, la afirmación de que los mercados de valores anticipan la recuperación económica es “un cliché”. “La verdad es que las Bolsas han pronosticado seis de las últimas tres recesiones”, ironizó.

Las Bolsas son todavía terreno para los más arriesgados. ¿Los indicios de recuperación dan, al menos, para aconsejar al inversor ordinario que vuelva? Para los analistas de Citigroup, la respuesta es clara: “La economía, los beneficios empresariales y la evolución del crédito están diciendo: no todavía”. En su informe estratégico de abril, los expertos del gigante estadounidense repasan 40 indicadores mundiales en busca de los “brotes verdes” anunciados por Bernanke. Hay 32 que siguen en caída libre y sólo ocho mejoran o ya están en tasas positivas.



El último pronóstico del FMI, publicado esta semana, es en realidad, más de lo mismo: desde el verano pasado, cada revisión de datos empeora a la anterior, la recuperación se aplaza un par de trimestres más y las tasas de paro previstas aumentan: en los países avanzados ya están por encima del 10%, en España enfilan el 20%. Tras los porcentajes, millones de personas sin trabajo.

¿Por qué esta permanente revisión a la baja de las expectativas parará aquí? La respuesta está en el retardo con el que actúan las medidas públicas sobre la economía. El consenso es que, a mediados de 2010, deberían estar empujando la recuperación con todas sus fuerzas. Y la duda es si será suficiente. “La reciente mejora en algunos indicadores podría desvanecerse rápido. Hay un claro riesgo de marcha atrás si la actividad económica no responde a los estímulos públicos”, advierte en otro informe James Knightley, economista de ING.

La mayoría de los expertos concuerdan en que el dique construido por la intervención pública aleja la amenaza de la depresión. Y abundan los que creen que los riesgos derivados de la deflación, de la precaria situación de las cuentas públicas y privadas en países de Europa del Este y América Latina muy endeudados, o de un sector financiero aún sin sanear pueden concretarse en otro embate que quebraría el muro de contención.

“Las medidas adoptadas todavía no son suficientes, necesitamos iniciativas más agresivas para sanear los bancos, una intervención mucho más agresiva del Banco Central Europeo, y más expansión fiscal de países como Alemania, que todavía tienen capacidad para ello”, dispara Kevin H. O'Rourke, profesor en el Trinity College de Dublin. La insistencia de O'Rourke, uno de los más reputados historiadores económicos en el ámbito internacional, viene avalada por la fuerza de los argumentos. Acaba de publicar, junto a Barry Eichengreen, experto en macroeconomía de la Universidad de Berkeley, un informe comparativo con la Gran Depresión. Y el poder destructivo de la Gran Recesión en la economía mundial se revela hasta ahora mayor.

De hecho, O'Rourke y Eichengreen creen que ya estamos en una depresión, pero confían en que dure poco. “Los estímulos fiscales y monetarios deberían ser capaces de frenar esta espiral, en algún momento del próximo año”, acota el profesor de Berkeley, “pero una recuperación estable requiere arreglar antes la banca de Estados Unidos”.

“La mayoría de los pronósticos ahora son como tirar una moneda al aire, pero si tengo que apostar por algo yo lo que veo para los próximos años se parece mucho a la última crisis de Japón”, afirma Michele Boldrin, catedrático de la Washington University, en Saint Louis (EEUU). Boldrin descarta la depresión, aunque reconoce: “En esta crisis, ya fui demasiado optimista”.

Para Boldrin, la Gran Recesión dejará como herencia años de crecimiento débil, lastrado por un sector financiero con la tensión baja. “Estados Unidos ha optado por no intervenir, en la esperanza de que poco a poco los activos tóxicos volverán a tener mercado. Eso es lo que ocurrió en Japón y dejó a los grandes bancos en estado de semiinconsciencia, débiles, sin capacidad para arriesgar en más créditos”, indica el catedrático italiano, que colabora en España con Fedea y el Instituto Flores de Lemus. “Al problema del sector financiero, hay que añadir un fenómeno más profundo, el desplazamiento de la producción manufacturera a los emergentes. Cuando despertemos de la crisis en Europa, descubriremos que en India y en China producen muchas más cosas que antes”, avisa.

“No es posible la recuperación sin que la crisis financiera se resuelva”, insiste Garicano. Pero el profesor de la London School of Economics, cree que buena parte de la solución pasa por dejar quebrar varias entidades. “En Islandia, y ahora en Irlanda, los Gobiernos han garantizado sistemas bancarios enteros, cuyo valor es superior a la capacidad de pago de esos países”, subraya Garicano. “En entidades sin riesgo sistémico se debe usar la bancarrota, en vez de obligar a los contribuyentes a cubrir las pérdidas”, afirma este profesor universitario, que recuerda que la aseguradora AIG se ha hundido por garantizar impagos que nunca pensó que se producirían.

Un experto español en bancos centrales, que pide anonimato, cree que las exigencias desde el otro lado del Atlántico para que el Banco Central Europeo compre también deuda y baje más los tipos de interés no deberían atenderse. “No creo que sean necesarias las mismas medidas que en Estados Unidos”, afirma. Por el lado fiscal, quedan por despejar las dudas sobre su efecto real en la economía: en esta tesitura, familias y empresas suelen primar el recorte de deuda y el ahorro frente al gasto y la inversión. Y el vertiginoso aumento de la deuda pública, multiplica las incertidumbres sobre nuevas medidas.



Los expertos que piden más madera a Gobiernos y bancos centrales se parapetan en el recuerdo de la actuación de Herbert Hoover, presidente de EEUU durante el crash de 1929, para espantar cualquier tentación de aflojar el paso. “Hemos pasado lo peor”, dijo Hoover en mayo de 1930, cuando surgieron los primeros brotes de la recuperación. Dos años después las chabolas que daban precario techo a centeneras de miles de estadounidenses se conocían por el nombre de hoovervilles. A falta de más ayudas públicas, si los brotes que nacen hoy no dan fruto en 2010, argumentan, el estrecho desfiladero que transitan los responsables políticos desde el inicio de la crisis, puede convertirse en un alambre en el que hacer equilibrio. Con la depresión, otra vez, de fondo.

Un año de recesión cada vez más aguda



La mayor crisis económica desde la Gran Depresión atraviesa probablemente ahora su fase más aguda. Hace un año, el primer número del nuevo Negocios analizaba cómo se combinaban la crisis financiera, la inmobiliaria y la de las materias primas (petróleo y alimentos, principalmente). Negocios, la publicación económica líder de la prensa española, apostó entonces por una portada algo provocadora que comparaba lo que se nos venía encima con la crisis del 29, cuando algunos aún minimizaban o incluso negaban la crisis. Por desgracia, la economía no ha hecho más que empeorar desde entonces, en España y en todo el mundo. Ya nadie considera un exabrupto la referencia a la Gran Depresión -el FMI dedica un apartado especial de su último informe a esa comparación-, pero hay confianza en que el umbral de la depresión no se sobrepase y nos quedemos sólo en la Gran Recesión.

- El tipo de interés ideal para EEUU es el -5%, según la Fed (Libertad Digital - 27/4/09)



Un informe interno de la Reserva Federal sitúa el tipo de interés ideal para Estados Unidos en el -5%, teniendo en cuenta la tasa de desempleo y la inflación en la primera economía del mundo, según publica hoy el diario Financial Times.

Aunque los bancos centrales no pueden dejar los tipos de interés en negativo, las investigaciones llevadas a cabo por el personal de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), cuyo comité se reúne este miércoles, plantean que el organismo podría poner en práctica medidas de política económica no convencionales que equivalieran a dejar los tipos en el -5%.

Además, según el informe al que hace referencia la publicación británica, la Fed debería incrementar su compra de activos por encima de los 1,15 billones de dólares (unos 885.000 millones de euros) que autorizaron en la última reunión.

Sin embargo, no se espera que la Reserva Federal anuncie ninguna medida de importancia en la reunión de pasado mañana y los expertos esperan que el organismo valore los indicadores sobre la marcha económica del país de forma positiva en relación con los de marzo.

- El Tesoro de EEUU planea emitir 361.000 millones de dólares en deuda este trimestre (El Economista - 28/4/09)

El departamento del Tesoro de Estados Unidos ha informado este martes que tiene previsto emitir en el segundo trimestre del año una deuda por un importe total que asciende a 361.000 millones de dólares. Esta cantidad supone casi el doble de lo que había calculado en el anterior mes de febrero.

En un comunicado, el Tesoro ha explicado que el incremento se debe a las crecientes necesidades de liquidez para poder financiar todos los programas que tiene en marcha la Reserva Federal para atenuar las restricciones del crédito.



El Tesoro emitió durante el primer trimestre 481.000 millones, y para el tercero del año, espera pedir prestado a los mercados de deuda unos 515.000 millones de dólares.

- La máxima calidad de la deuda pública de Reino Unido y EEUU corre peligro (Libertad Digital - 27/4/09)

La máxima calidad de los bonos del Tesoro británico está en riesgo, ante la previsión de que la deuda pública se dispare por encima del 70% del PIB en los próximos años. EEUU se encuentra en una situación similar, según los analistas.

(Libertad Digital) Los bonos del Tesoro de Reino Unido podrían perder su máximo rating (nota crediticia), triple A, ante la perspectiva de que la deuda pública se dispare hasta los 1,4 billones de libras durante los próximos cinco años, según recogen los Presupuestos del Gobierno de Gordon Brown.



La deuda pública del Reino Unido se situó en el 50,9% del PIB al término del pasado año fiscal (de abril a marzo), lo que representa el porcentaje más alto registrado desde el año 1976. La deuda alcanzó los 743.600 millones de libras (835.900 millones de euros), 122.400 millones más que el año anterior, según los datos facilitados el pasado miércoles por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS). Sin embargo, este nivel incluso podría ascender al 100% del PIB en los próximos ejercicios, tal y como avanzó LD.

En cuanto al déficit presupuestario de Reino Unido, hay que remontarse a 1946, recién terminada la II Guerra Mundial, para encontrar una cifra tan alta: 52.300 millones de libras (58.780 millones de euros). Mientras, el déficit público se situó en el 6,19% del PIB, otro récord desde 1993,

Ante tales desequilibrios, las agencias de calificación de riesgo Moody´s y Standard & Poor's están revisando la nota crediticia de los bonos británicos, y no se descarta una rebaja de la calidad de la deuda soberana tras la degradación aplicada a España, Irlanda, Grecia y Portugal en el seno de la UE, informa el diario británico Telegraph. Perder la triple A supondría un aumento de los tipos de interés para las empresas y los hogares británicos.

Arnaud Mares, analista de Moody's en Reino Unido señala que la apuesta del Gobierno de Brown por el creciente endeudamiento público acabará, probablemente, teniendo “repercusiones en la calificación” de los bonos británicos. Mientras, el pasado noviembre, Frank Gill, director de calificación soberana de S&P para Europa, ya señalaba que una deuda pública por encima del 60% del PIB supondría una rebaja de la calidad de los bonos del Tesoro. El problema radica en que las nuevas estimaciones oficiales del Gobierno sitúan el nivel de endeudamiento público en el 79% del PIB en 2013. Unos cálculos que, de hecho, son demasiado optimistas, según los economistas británicos.

Más impuestos

Una degradación crediticia tendría efectos muy negativos sobre la economía británica, ya que aumentaría el coste de la financiación para las administraciones públicas que, a su vez, tendría que ser contrarrestada con menor gasto público o bien nuevas subidas de impuestos. En este sentido, Brown ya ha aprobado un incremento de la presión fiscal para las rentas más altas del país, que afectará a cerca de 700.000 británicos.

Las dudas no sólo afectan a los bonos británicos. EEUU podría corre la misma suerte debido, igualmente, al rápido incremento del déficit y la deuda pública, como consecuencia de los rescates financieros y la aprobación de nuevos planes de estímulo (gasto público) por parte del presidente Barack Obama. Así, tal y como advierte Felix Salmon, analista de Seeking Alpha, “todas las cosas buenas deben llegar a su fin, y esto incluye la triple A de la deuda pública de EEUU”.

- La Fed se aferra a su agresiva estrategia (The Wall Street Journal - 30/4/09)

(Por Jon Hilsenrath y Brian Blackstone)

Aunque la intensidad de la recesión en Estados Unidos parece haber disminuido en las últimas semanas, la Reserva Federal indicó que no tiene ninguna intención de reducir sus agresivos esfuerzos para reanimar el sistema financiero.

La Fed dijo que seguirá adelante con un programa de compra de activos que aumentará sustancialmente su tenencia de valores respaldados por hipotecas y bonos del Tesoro en los próximos meses y sugirió que podría incrementar tales compras si los mercados y la economía no enmiendan el rumbo.

El Comité de Mercados Abiertos de la Fed también dijo en un comunicado que mantendrá su tasa de interés de corto plazo, la tasa de fondos federales, cerca de cero por un período extendido. “Aunque el panorama económico ha mejorado modestamente desde la reunión de marzo, en parte como reflejo de cierta mejora en las condiciones del mercado financiero, la actividad económica probablemente seguirá débil durante un tiempo”, dijo el organismo. La Fed añadió que el ritmo de la contracción económica parece “un poco más moderado” que hace unas semanas.



El comunicado de la Fed hizo eco de las palabras de su presidente, Ben Bernanke, quien señaló en un reciente discurso que han surgido “indicios tentativos de que el pronunciado declive en la actividad económica se podría estar moderando”. Bernanke mencionó datos sobre el mercado de vivienda y el consumido y ventas de nuevos vehículos. La economía estadounidense, sin embargo, no está fuera de peligro. El miércoles, el Departamento de Comercio reportó una caída anualizada de 6,1% del Producto Interno Bruto en el primer trimestre (ver nota relacionada). El mercado laboral, asimismo, ha mostrado pocos signos de estabilización. La economía que ha perdido cerca de 650.000 empleos mensuales y la inversión aún está en caída libre en momentos en que las empresas se adaptan al debilitamiento de la demanda. El gobierno espera una recuperación modesta de la actividad dentro de unos meses y temen que un repunte siga siendo vulnerable a nuevos trastornos.

Dada la cantidad de capacidad ociosa que se ha acumulado en la economía de la mano del alza del desempleo y la reducción de la producción industrial, el banco central estima que la inflación sigue siendo un riesgo remoto, algo que les otorga un mayor margen de maniobra para impulsar la economía con tasas bajas y compras de activos.

La Fed dejó eso claro el miércoles al reiterar que espera que la inflación siga bajo control y que incluso pueda caer por debajo de los niveles deseados.

En su reunión del mes pasado, que concluyó el 18 de marzo, el banco central mostró alarma por el deterioro de la economía y sorprendieron a Wall Street al anunciar nuevos planes para comprar bonos del Tesoro y aumentar la adquisición de valores respaldados por hipotecas. Eso, a su vez, produjo una caída en los costos de financiamiento del sector privado.

Hasta el martes, la entidad había comprado US$ 74.000 millones en valores del Tesoro, una cuarta parte de los US$ 300.000 millones que planea adquirir hasta septiembre. El banco central también ha comprado o se ha comprometido a comprar unos US$ 381.000 millones en activos respaldados por hipotecas, cerca de un tercio de los US$ 1,25 billones (millones de millones) que planea comprar.

- ¿Es real la amenaza de la hiperinflación? (El Confidencial - 30/4/09)



(Por S. McCoy)

Uno de los debates más interesantes que se dan entre los economistas de uno u otro signo se centra en la evolución futura de los precios. No existe término medio: los hay o hiperinflacionistas, que anticipan una situación similar a la vivida por la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial, o deflacionarios estructurales, que basan su pronóstico en lo que ha ocurrido en Japón en los últimos veinte años. Un debate extremo cuyas antagónicas posturas admiten argumentos válidos en uno u otro sentido. El problema es que se basan en experiencias históricas que no sé si son trasladables a la coyuntura actual, que creo que no. En cualquier caso, cuestión apasionante la que hoy pongo encima de la mesa y sobre la que, tras la oportuna exposición de motivos lo más simplificada posible, me pronunciaré sólo al final. Sean pacientes.

Los que defienden que veremos una situación de precios disparados en un periodo razonablemente corto de tiempo lo hacen sobre la base del brutal incremento de la oferta monetaria que se ha producido en los últimos meses, por una parte, y de los ambiciosos programas de inversión pública acometidos alrededor del globo que requieren de financiación. Los efectos de ambos fenómenos simultáneos serían: un aumento de las disponibilidades líquidas que incentivaría la demanda de bienes y servicios (inflación real), una pérdida de la confianza en la capacidad de repago de los países lo que incidiría sobre el valor real del dinero fiduciario (deflación monetaria) y una enorme tentación por parte de los gobiernos de impulsar procesos inflacionistas que permitan reducir el valor real de sus deudas a medio plazo como alternativa a las subidas de impuestos para financiar el déficit, en aquellas naciones en las que éste exista.

Por el contrario, los que se asoman al balcón de los precios estables, o incluso negativos, lo hacen bajo el paraguas de una doble premisa: por una parte, la inyección de dinero en la economía no tiene un efecto per se en la misma sino que depende, por una parte, de que la correa de transmisión funcione, estamos hablando del sistema bancario, y, por otra, de que exista una oferta ajustada a la demanda que permita el repunte de los precios cuando ésta se incentive como consecuencia de la actuación administrativa. Con la capacidad de utilización productiva en Estados Unidos a niveles próximos al 70%, la débil situación de las entidades financieras y el exceso de apalancamiento existente en el mercado, para esta corriente de pensamiento la posibilidad de inflación, aún a niveles razonables, es poco factible. Más bien al contrario, el proceso de contracción de demanda ahondaría aún más en los fenómenos de ajuste de la oferta lo que atraparía a la economía en una espiral de precios negativos de difícil ruptura. Llega la deflación dispuesta a quedarse.

Sin embargo, ni la Alemania de Weimar ni el colapso Japón de los 90 resultan referencias de aplicación en la actualidad. No nos encontramos con una situación de postguerra en la que Estados Unidos se vea obligado a hacer frente a sus pagos de forma perentoria, toda vez que su potencial debilidad financiera tendría un efecto arrastre sobre gran parte de sus socios comerciales, incluida China. Tampoco carece Obamaland de los ingresos fiscales necesarios como para, en caso de reactivación económica, no poder hacer frente a sus deudas actuales. Disfruta además la economía norteamericana de un activo del que carecían entonces los alemanes: la condición del dólar como moneda refugio a nivel mundial lo que ayuda a mantener bajos sus costes de financiación. Una posición que se refuerza en la medida en que todas las demás divisas se devalúan contra él.

Tampoco resulta válido el ejemplo nipón. En aquél país el déficit de las distintas administraciones se suple con el superávit del sector privado lo que permite que la posición neta de los japoneses en el mercado global sea acreedora. En Estados Unidos, por el contrario, el endeudamiento afecta a ambos elementos sustanciales de la economía -público y privado- lo que determina la necesidad de un proceso de ajuste que sólo se puede lograr, dada la expansión del gasto público comprometido, bien a través de rentabilidades más atractivas, bien a través de devaluaciones monetarias que mejoren la posición competitiva, factores ambos que darían la razón a los inflacionistas, bien a través de un ajuste de la demanda interna que es, precisamente, lo que se pretende evitar. Si el punto de partida es distinto, el efecto también lo será.



¿Entonces? Lo más probable es que no se materialice ninguno de los fenómenos extremos aquí recogidos y que nos encontremos con una inflación -concepto discutido aún a día de hoy entre los que censuran su lejanía frente la cesta de la compra real de los ciudadanos y los que observan como hándicap insuperable la ausencia en su cómputo de elementos tan evidentes de creación/destrucción de riqueza como el coste de los inmuebles- contenida en los próximos años, en tanto dure el proceso de desapalancamiento y el masivo output gap o exceso de producción de la economía que son los que limitarán la posibilidad de incrementos desmesurados de los precios en el futuro inmediato. Sin embargo, y salvo procesos de innovación tecnológica que reduzcan sustancialmente la dependencia, cabe aventurar que los recursos físicos finitos terminarán sufriendo, más pronto que tarde, de limitaciones de oferta que incidirán sobre sus precios de mercado, impulsándolos al alza. De ser así nos encontraremos con un crecimiento económico por debajo de potencial pero sin la bomba deflacionaria pesando sobre nuestras cabezas. Pero, como siempre, se trata sólo de una opinión más que persigue, primera y principalmente, generar debate. En sus manos queda.

- Los Estados asiáticos se disponen a aprobar un fondo de emergencia por valor de 90.000 millones de euros (El Economista - 3/5/09)



Trece países del este y sudeste de Asia esperan respaldar el domingo un fondo de liquidez de emergencia por 120.000 millones de dólares (casi 90.400 millones de euros), al que horas antes sus tres mayores economías habían dado forma definitiva, para hacer frente a la crisis económica.

Japón, China y Corea del Sur anunciaron que acordaron cómo estructurar el fondo y presentaron los detalles a la reunión en la que participarán los 13 países.

Por su parte, Japón presentó además un plan para brindar hasta seis billones de yenes (46.359 millones de euros) para respaldar a los países afectados por la crisis económica. Los anuncios se hicieron en la isla indonesia de Bali, en actividades complementarias de la reunión anual del Banco del Desarrollo de Asia (ADB, por su sigla en inglés).

- Llega el “crowding-out” - La orgía de la deuda se contagia a los gobiernos estatales y locales de EEUU (Libertad Digital - 7/5/09)



En EEUU, todas las administraciones públicas están recurriendo frenéticamente a la deuda para financiar sus expansiones de gasto. Los estados y entes locales parecen seguir el ejemplo de estímulos fiscales y aumento desaforado de la deuda trazado por el gobierno federal de la Administración Obama.

(Por Ángel Martín)



Según informa el diario norteamericano USA Today, los gobiernos estatales y locales han pedido prestados 53.500 millones de dólares en los primeros tres meses del año, superando con creces el récord establecido en 2003. El nuevo dinero tomado prestado se pretende dedicarlo a edificios, puentes, gastos operativos y otras partidas en los próximos meses. Además, las administraciones públicas han refinanciado 31.000 millones en deuda, con el fin de conseguir tipos de interés más bajos y plazos de repago más largos.

Al parecer, los privilegios que obtienen los políticos para llevar a cabo sus proyectos a expensas del sector privado no es algo único de España. En efecto, como avanzó LD, los políticos acaparan el crédito que reclaman empresas y familias. De un fenómeno de crowding-out similar en el país norteamericano nos habla el USA Today.

Este rotativo informa de que el crédito se ha endurecido para los prestatarios empresariales durante la recesión. Sin embargo, las administraciones públicas han resultado ser un imán para los inversores que buscan seguridad. Según Steve McLaughlin, director ejecutivo de la compañía de investigaciones Municipal Market Advisors, “los gobiernos con buenos ratings pueden pedir prestado tanto como quieran a muy buenas tasas”.

El ritmo de endeudamiento y de nuevo crédito que están recibiendo los gobiernos está a buen nivel, y es probable que se acelere todavía más. Esto se debe a los incentivos que incluye el plan de estímulo de Obama, que empuja a los niveles estatales y locales a endeudarse todavía más. Los efectos de estas medidas ya están empezando a notarse. Éstas incluyen exenciones de impuestos, variadas y suculentas subvenciones sobre el coste de la financiación de los gobiernos y el pago de altos intereses sobre los bonos municipales.

La iniciativa del Gobierno federal de “estimular la economía” a través de disparar el gasto, y en consecuencia el endeudamiento, es definitiva e imparable. El diario estadounidense se mostraba ambiguo ante esta forma de encarar la crisis: mientras, afirman, puede acelerar la recuperación económica, por el otro lado dejará una deuda muy elevada para las futuras generaciones.

No obstante, como denunciaron 200 economistas, esta estrategia ya fue aplicada sin éxito en los años 30 de la Gran Depresión y en la década perdida de Japón en los 90. Asimismo, Juan Ramón Rallo concluía en LD que “la deuda pública no sólo hipoteca nuestro futuro, también enturbia nuestro presente. No es pan para hoy y hambre para mañana, sino hambre para hoy y hambruna para mañana”.

Veremos cuál es la respuesta de los ciudadanos norteamericanos. Ya se han visto las primeras reacciones en contra de la política de Obama. No se descartan revueltas sociales intensas y resistencias agresivas, rememorando lo que ya sucedió durante la Gran Depresión, como relata el historiador David Beito en su libro “Los contribuyentes en revuelta: resistencia fiscal durante la Gran Depresión”.

- Trichet anuncia su paquete de medidas “heterodoxas” (Negocios - 7/5/09)

El presidente del BCE Jean Claude Trichet anuncia que la institución iniciará la compra de bonos denominados en euros, así como la celebración de operaciones de refinanciación con vencimiento a doce meses y la inclusión del Banco Europeo de Inversiones (BEI) entre las entidades que pueden tomar parte en sus operaciones de liquidez.

Fráncfort (Alemania).- El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, anunció hoy que la institución iniciará la compra de bonos denominados en euros, así como la celebración de operaciones de refinanciación con vencimiento a doce meses y la inclusión del Banco Europeo de Inversiones (BEI) entre las entidades que pueden tomar parte en sus operaciones de liquidez.

En la tradicional rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, que decidió recortar los tipos un cuarto de punto, hasta el mínimo histórico del 1%, el máximo responsable de política monetaria de la eurozona explicó que estas medidas “no convencionales” pretenden fomentar los préstamos bancarios y animar a las entidades a proporcionar préstamos.

De este modo, los bancos contarán con una nueva operación de refinanciación adicional con vencimiento a doce meses en la que el BCE proporcionará liquidez a un tipo fijo y que satisfará por completo las demandas de fondos de las entidades participantes.



Asimismo, Trichet anunció que el Consejo de Gobierno “ha decidido en principio” que el Eurosistema lleve a cabo compras de bonos denominados en euros emitido en la eurozona y señaló que el Banco Europeo de Inversiones podrá participar en las operaciones de refinanciación de la institución desde el próximo 8 de julio.

El banquero francés afirmó que “el actual nivel de tipos es apropiado”, aunque no quiso confirmar que se trate del nivel más bajo, y reconoció que la economía mundial, incluyendo la de la zona euro, experimenta una “severa” contracción, que se mantendrá durante el presente año, y pronosticó que sólo se producirá una recuperación “gradual” en 2010.

Por otro lado, Trichet indicó que las expectativas de inflación se mantienen “firmemente ancladas” de acuerdo con el objetivo de estabilidad de precios del BCE.

Toda la información sobre las últimas medidas relativas a los tipos de interés

El BCE baja los tipos un cuarto de punto, hasta un mínimo histórico del 1%

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió hoy recortar los tipos de interés de la zona euro en un cuarto de punto porcentual, hasta el 1%, lo que supone el nivel más bajo en la historia de la institución y que podría suponer el punto final al relajamiento de la política monetaria, según los expertos consultados por Europa Press.

El Banco de Inglaterra mantiene los tipos en el 0,5%

Previo a la decisión (más que prevista) del Banco Central Europeo el Banco de Inglaterra mantuvo sus tipos en el mínimo histórico del 0,5%, y anuncia un plan de compra de activos.

- La ambición del Banco de Inglaterra (Cinco Días - 8/5/09)

(Por Ian Campbell - Breaking Views)

El Banco de Inglaterra decidió el jueves comprar otros 50.000 millones de libras en deuda gubernamental. Ese mismo día, el Banco Central Europeo se mojó con una compra de 60.000 millones de euros, aunque evitando cuidadosamente la deuda pública.

El BoE, como Macbeth, ha ido lejos y continúa caminando. Es demasiado pronto para saber si han funcionado los primeros 75.000 millones de libras en nueva moneda. Ese dinero está comprando bonos del Estado, pero las compras no han conseguido estimular el préstamo bancario.

No se creía que el BCE emitiría más moneda. Recortó los tipos de interés hasta el 1% -el BoE los tiene al 0,5%- y prolongó en un año el vencimiento de sus préstamos de provisión de líquido. La gran sorpresa fue la compra de 60.000 millones en bonos cubiertos, valores respaldados por préstamos a la propiedad de alta calidad.

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, dijo que el movimiento era para estimular el crédito. La habilidad del BCE para evitar la deuda pública le mantiene a salvo de numerosos peligros y deja a los Gobiernos con más disciplina de mercado.

Dada la mucha mayor dimensión de la economía de la eurozona, los 60.000 millones del BCE es poco comparado con los 125.000 millones de libras recién imprimidas a los que se ha comprometido el BoE. Y los tipos del BCE continúan estando al doble que los del BoE.

Puede que el BCE no esté haciendo todo lo que debería para fomentar la recuperación económica, pero el BoE, comprando por valor de más del doble de la deuda que Londres emitirá este año, se arriesga a parecer un simple taller de impresiones de dinero de Gordon Brown. Esto podría hacer que los inversores se preocupen por si cae más la libra y por el futuro de la inflación.

La política del BoE no puede confiar en rescatar tranquilamente la economía del Reino Unido. El BCE está apuntando más bajo, pero su actitud más cauta da mucha más seguridad.

- Contra las medidas no convencionales - China advierte a Bernanke y Trichet: su política creará “inflación mundial” (Libertad Digital - 8/5/09)

El Banco Popular de China advierte de los riesgos inflacionistas que conlleva aplicar una política monetaria “errónea”, en referencia a los tipos 0% y compra de deuda pública por parte de los principales bancos centrales. ¿Resultado? Inflación futura a nivel mundial.

(Por M. Llamas / Ángel Martín)

En su último informe, el Banco Popular de China muestra una creciente preocupación por las medidas no convencionales que en política monetaria está aplicando la Reserva Federal de EEUU (FED), el Banco de Inglaterra, el Banco Central de Japón y el Banco Central Europeo (BCE) con el fin de combatir la crisis económica y financiera. Los principales bancos centrales del mundo se han lanzado a bajar los tipos de interés a mínimos récord, próximos al 0%, y a imprimir dinero (expandiendo su balance contra activos de calidad) para comprar deuda pública y empresarial.

De hecho, el Banco de Inglaterra amplía a 125.000 millones de libras la compra de activos pese a que la inflación roza ya el 3% en Gran Bretaña. Por su parte, el BCE ha bajado los tipos hasta el 1%, mínimo histórico de la entidad, y ha comenzado igualmente a adquirir bonos denominados en euros mediante la emisión de reservas.

El banco central chino insiste en los riesgos que puede conllevar a medio o largo plazo este tipo de medidas: “Una política monetaria errónea por parte de los principales bancos centrales puede conllevar riesgos de inflación para todo el mundo”. Y es que, a medida que la banca central apuesta por medidas no convencionales, como la compra de deuda pública y empresarial mediante la impresión de billetes (cuantitative easing, en inglés), crece el riesgo de devaluación -pérdida de valor- de las principales divisas internacionales, con lo que se reduce el poder adquisitivo de empresas y particulares.

En los últimos meses el régimen chino ha manifestado abiertamente su temor sobre la evolución del dólar, hasta el punto de adherirse a Rusia en su petición de crear una nueva divisa de referencia a nivel internacional, sobre la base de una cesta de monedas y materias primas con base real.

De hecho, los bancos centrales de Moscú y Pekín han incrementado de forma sustancial sus reservas de oro, que es visto como un valor refugio para proteger sus inversiones. Cabe destacar, además, que China es el principal tenedor de bonos del Tesoro de EEUU y, por lo tanto, el mayor acreedor del Gobierno de Washington, informa Bloomberg.

“Artificial” subida del dólar

Ahora, centra su atención en los riesgos que conlleva la política monetaria de los grandes bancos centrales del mundo. La alerta del Banco Popular de China en esta materia no es la única. En una entrevista concedida a Bloomberg Asia el pasado marzo, el exitoso inversor y experto en commodities (materias primas) Jim Rogers advertía sobre estos mismos efectos. La actual subida del dólar es “artificial”, indica.

“Si todos los gobiernos están depreciando su moneda (incluso el franco suizo, que tradicionalmente era una moneda muy estable y segura), quizás lo mejor sea invertir en activos reales”, añade. En este sentido, “la única clase de activos del mundo cuyos fundamentales están mejorando son las materias primas. Los inventarios del sector de la alimentación son los más bajos en 50 años”.

Y continúa: El Gobierno de EEUU y la FED están intentando “envilecer la moneda” como sea. “La FED está imprimiendo mucho dinero, y eso siempre conduce a subida de precios”, tarde o temprano, añade.

¿Cuándo será el punto de inflexión en el que la deflación se convierta en inflación? “No lo sé, pero imprimir billetes siempre ha generado subida de precios”. Además, “ahora es la primera vez en la historia que todos los gobiernos están imprimiendo dinero. Añade a esto la escasez de oferta de materias primas...”, alerta. Así, por ejemplo, “las reservas de petróleo se están reduciendo en todo el mundo y nadie ha descubierto pozos de petróleo importantes en los últimos 40 años. El precio del petróleo va a subir mucho más”.

Invertir en materias primas

En definitiva, “la gente debería estar preparada para la inflación, porque va a volver”. De hecho, Rogers admite que “no considero que ninguna moneda vaya a permanecer estable y sólida, incluso la de Singapur está en peligro: si todos los demás deprecian sus monedas, ellos se verán muy afectados”.

Por su parte, el gestor de fondos Peter Schiff indicó en una reciente entrevista a Michael Savage Radio Show que “la política de tipos de interés artificialmente bajos castiga el ahorro de la gente”. En este sentido, las medidas adoptadas por el presidente de la FED, Ben Bernanke, “simplemente consisten en volver a cometer los mismos errores que, según él, nos han traído aquí”.

Bernanke afirma que la recuperación económica está a la vuelta de la esquina, que la recesión va a acabar pronto. Sin embargo, “estamos más cerca del principio que del fin”, añade, debido precisamente a ese tipo de políticas.

China es la clave

"¿Cómo vamos a poder pagar todo el dinero que nos ha prestado China (en referencia a EEUU) y debemos a los chinos? ¡No podemos! ¿Os imagináis a Obama diciendo que hay que aumentar mucho los impuestos a los ciudadanos, recortar el gasto en educación pública, la sanidad o los programas de medioambiente, bajar las prestaciones de la Seguridad Social... porque necesitamos el dinero y debemos devolvérselo a los chinos?

“¿Alguien se imagina esto? No, no va a pasar... si acaso lo que pasará es que acabemos culpando a los chinos por prestarnos el dinero o pidamos bajadas de tipos de interés... Esto es un esquema similar al de Ponzi, al de Madoff”, alerta. Por ello, “los chinos están preocupados por esta situación. Al final dejarán de prestarnos dinero”.

Según Schiff, si los gobiernos y los bancos centrales “hubieran actuado bien, habrían parado la burbuja hace ya tiempo”, pero “les encanta las burbujas, la prosperidad falsa”. El escenario futuro para muchos países será, pues, crisis inflacionaria, “quizá hiperinflación”.

- Crédito de 500.000 millones de dólares - El Tesoro de EEUU rescatará al Fondo que garantiza los depósitos (8/5/09)

Se confirma. La insolvencia del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) en EEUU ha obligado al Gobierno de EEUU a acudir al rescate con un crédito extraordinario de medio billón de dólares para comprar activos tóxicos y garantizar los depósitos de los ciudadanos ante nuevas quiebras bancarias.

(Por M. Llamas)



La publicación de los stress test (pruebas de esfuerzo) a la gran banca de EEUU ha desvelado que la mayoría de las grandes entidades financieras de la primera potencia mundial son insolventes, tal y como avanzó LD. En concreto, 10 de los 19 grandes bancos analizados por el Tesoro precisan ampliar capital para afrontar la recesión económica hasta finales de 2010 y, así, evitar la quiebra.

Sin embargo, el miércoles el Senado de EEUU aprobó una medida aún mucho más relevante sobre la delicada situación que vive el sistema financiero de EEUU. La cámara votó a favor de un proyecto, que tendrá que ser ratificado por el Congreso, para ampliar de 30.000 a 500.000 millones de dólares la línea de crédito extraordinario que el Tesoro tiene abierta con el Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC).

Dicho organismo es la agencia federal encargada de asegurar los depósitos bancarios de los ciudadanos en caso de que quiebre su entidad. La medida venía siendo estudiada desde hace meses, ante la insolvencia manifiesta del FDIC para hacer frente a nuevas bancarrotas.

13.600 millones para cubrir 4,7 billones



Y es que, el citado fondo federal apenas cuenta en la actualidad con unos 13.600 millones de dólares para cubrir 4,7 billones en depósitos bancarios. Una cifra que asciende a 6,4 billones de dólares si se incluyen otro tipo de productos financieros garantizados por el FDIC. De este modo, el Senado insta al Tesoro a que inyecte a través de un crédito “temporal” 500.000 millones de dólares que proceden del bolsillo de los contribuyentes estadounidenses. Parte del crédito extra concedido por el Tesoro al FDIC iría destinado a reforzar su fondo para garantizar los depósitos bancarios, informa Reuters.

Sin embargo, el plan contempla que una parte sustancial del crédito vaya destinado a comprar nuevos paquetes de activos tóxicos a la banca de EEUU, ante el sustancial aumento de la morosidad, sobre todo, hipotecaria. El proyecto establece la participación del FDIC en el último plan de rescate público ideado por el secretario del Tesoro, Tim Geithner, que tiene por objetivo comprar hasta 1 billón de dólares en activos tóxicos con la participación de los inversores privados, sólo que con plenas garantías públicas. Es decir, un plan con trampa que acarreará cuantiosas pérdidas a los contribuyentes.



En este caso, el dinero sería gestionado por el FDIC, y tendría por objetivo aliviar los impagos de las entidades para evitar nuevas quiebras. Por el momento, ya son 32 los bancos de EEUU que han suspendido pagos, tan sólo en lo que va de año, mientras que cientos de entidades presentan riesgos de quiebra, según datos oficiales, tal y como desveló LD.

Compra de activos a precios sobrevalorados



El crédito del Tesoro pretende adquirir a precios elevados y, por lo tanto, irreales, un gran volumen de activos bancarios cuyo valor real se ha hundido. De este modo, el Gobierno de EEUU pretende evitar que las entidades registren pérdidas como consecuencia de la depreciación de activos basura. Y es que, ningún inversor privado estaría dispuesto a pagar el precio contable que reflejan los balances de los bancos. Así, los contribuyentes de EEUU serán los que, finalmente paguen la factura de adquirir activos a precios sobrevalorados.

El FDIC proporcionaría créditos en condiciones muy favorables a quienes participen en el programa de rescate, de modo que un inversor podría comprar hasta 100 dólares de activos con apenas un desembolso de 7 dólares -el Tesoro pondría otros 7 dólares y el FDIC 85. De este modo, si el precio del activo sube, el inversor siempre gana, mientras que si se desploma, en el peor de los casos, tan sólo perdería 7 dólares. El riesgo recae, pues, en los contribuyentes.

El proyecto establece que de los 470.000 millones extra que concede el Tesoro al FDIC, 70.000 millones de dólares sean de carácter “permanente” y los 400.000 millones restantes de carácter, en principio, “temporal” hasta finales de 2010. En este sentido, los analistas consultados por LD consideran que esta última partida se convertirá, igualmente, en permanente con el fin de evitar la clase de pánico bancario que las autoridades monetarias y financieras de EEUU, en ningún caso, quieren que se produzca.

- Reportaje: Primer plano - Trichet se sube al helicóptero (El País - 10/5/09)

El BCE se suma a la Reserva Federal e intenta reanimar la economía con una nueva receta: inundar de dinero el mercado

(Por Claudi Pérez)



Ellos manejan la “máquina” de hacer dinero



La economía suele transmitir la sensación de que los problemas son muy complejos; de que no hay respuestas fáciles. Ésa es sólo una verdad a medias. En los últimos sesenta años, cuando la actividad económica se quedaba atascada, se bajaba el precio del dinero y listo. Un crédito más barato allana el camino de la recuperación, estimula las ganas de consumir e incentiva la inversión empresarial; cuando eso sucede, las Bolsas descorchan el champán. El papel de los banqueros centrales consistía en llevarse el ponche antes de que la fiesta se acabara: cuando aparecían signos de recalentamiento, se encarecía el dinero y así se conseguía enfriar la economía. Sencillo. Al menos en teoría.

Sólo hay un problema: el ruido y la furia de la crisis actual han acabado con ese mantra -el precio del dinero como varita mágica; los banqueros centrales como sumos sacerdotes tocados con un halo de infalibilidad-, que difícilmente va a volver a funcionar igual.

Los tipos están próximos al 0% y la economía, lejos de recuperarse, se asoma a la deflación, una caída continuada de precios con un potencial devastador. Aún puede escucharse el zumbido del aire que sale de las burbujas que provocaron la crisis. Los bancos siguen sin dar créditos a pesar de los anabolizantes en forma de ayudas públicas y multimillonarias inyecciones de liquidez. Y sin crédito la economía se colapsa. Los consumidores compran menos. Las empresas reducen la producción y despiden empleados. En última instancia, ese círculo vicioso puede complicarse sobremanera si finalmente llega la deflación, un fenómeno económico que remite a la década pérdida de Japón en los años noventa y, en última instancia, a la temida Gran Depresión.

¿Cómo romper esa espiral? Una vez más se trata de un berenjenal complicadísimo, al menos en apariencia. Sin embargo, la penúltima receta ensayada aúna una deliciosa sencillez y una enorme potencia visual: puede bastar con darle a la máquina de imprimir dinero, subirse a un helicóptero y tirar billetes desde allí arriba. Poco más o menos.

El helicóptero es el último invento de una política económica que lo ha intentado casi todo y se iba quedando sin munición. La rebaja fulminante de los tipos desde el inicio de la crisis no es suficiente. La respuesta clásica -tan keynesiana- del gasto público para compensar la anemia de la demanda privada tampoco acaba de dar resultados. Bombardear liquidez a los bancos es otra respuesta de libro para una economía atorada: ha servido como anestesia, pero no para curar la trombosis financiera. Cuando no funcionan los medicamentos para curar a un paciente, hay quien apuesta por nuevos fármacos, potencialmente peligrosos porque están sin testear, pero que pueden abrir las puertas de la recuperación. Algo de eso hay en el último y desesperado intento por tratar de reactivar los mercados.

La economía es un juego de símbolos. La gracia de las metáforas del helicóptero y de la máquina de imprimir dinero es que no son ningún invento del periodismo: las han acuñado los propios banqueros centrales, que son, supuestamente, quienes tienen que sacar a la economía y al sector financiero -o viceversa- del lío en el que se han metido.



La obsesión de las autoridades monetarias por el control de los precios es conocida. Pero la tasa de inflación en las mayores economías del mundo -EEUU, Japón y la eurozona- se deslizará a territorio negativo durante 2009. Los precios ya bajan en algunos países: en España, sin ir más lejos. Y las expectativas de inflación (lo que la gente espera que pase con los precios de consumo) giran hacia terreno negativo por primera vez en la eurozona, según la agencia Moody's.

La Reserva Federal estadounidense (Fed) hace mucho que diagnosticó correctamente que los principales y más inmediatos peligros no están ahora en las subidas de precios. Al frente de la Fed figura Ben Bernanke, un distinguido conocedor de la Gran Depresión a quien apodan Helicopter Ben desde que en un discurso de 2002 aludiera a la posibilidad de “tirar dinero desde un helicóptero” -una frase acuñada por el economista Milton Friedman- si aparecía el fantasma de la deflación. “EEUU tiene una tecnología, las impresoras de billetes, que le permite producir los dólares que quiera sin apenas coste”, dijo en un discurso profético, titulado Deflación: eso no va a pasar aquí.

En otras palabras: siempre puede usarse la máquina de imprimir billetes -acompañada de una expansión fiscal y la rebaja de tipos- para engrasar la economía y los mercados con dinero fresco. Bernanke ha activado esa solución y todos los grandes bancos centrales del mundo le están siguiendo en mayor o menor medida. El más ortodoxo de ese grupo, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, ha sido el último en subirse al helicóptero.

La realidad tiene algo menos de fuerza que las metáforas de Bernanke. No se trata de imprimir dinero físicamente; tan sólo electrónicamente. Las medidas aprobadas -con los habituales eufemismos impronunciables: “relajación cuantitativa”, “facilidades crediticias”, esas cosas- se basan en la compra de activos públicos o privados, lo que supone engordar el balance de los bancos centrales. Pero el efecto es el mismo que el de subirse al famoso helicóptero y soltar billetes: dinero directo al corazón de la economía, el sistema financiero. Adiós a la deflación y a la carestía del crédito... si todo funciona correctamente. Es decir, si los bancos no se guardan ese efectivo y lo ponen a trabajar.

La teoría dice que una vez los tipos alcanzan la zona cero, la política monetaria pierde tracción. Como el precio del dinero no puede bajar más, para que el banco central siga influyendo en la economía debe acometer acciones no convencionales. Y en esa heterodoxia andan metidos Bernanke, Trichet y compañía, que buscan ampliar su fondo de armario con nuevas medidas anticrisis.

Las posibilidades son numerosas, pero el objetivo es siempre el mismo: desatascar el crédito a los consumidores y a los empresarios para que la economía salga del letargo y se aleje de la más mínima posibilidad de deflación, que se ha convertido en algo así como el nuevo demonio de todas las pesadillas de los banqueros centrales.

EEUU se ha lanzado a comprar deuda pública. Eso encarece los bonos (hay más demanda) y reduce su rentabilidad (hay que pagar menos para venderlos). El efecto es doble: la Fed pone dinero contante y sonante en el bolsillo de los titulares de esos activos, que debería reactivar unos mercados mortecinos. Además, la rentabilidad de los bonos baja y arrastra los tipos de interés reales del resto de la economía: endeudarse será más barato, las empresas invertirán más y los estadounidenses comprarán más coches, más neveras: volverán a tirar de la tarjeta como solían.

La zona euro ha optado por otra solución. El BCE comprará cédulas hipotecarias (activos respaldados por hipotecas), en un movimiento menos agresivo, que llega más tarde que en el caso de otros bancos centrales y en cantidades menores. El objetivo es mejorar la financiación de los bancos, cuyo papel es más importante en la eurozona. Pero la consecuencia es exactamente igual: más dinero en manos de las entidades financieras, más posibilidad de liberar esos recursos en forma de créditos. Y tipos de interés a la baja, ayudados por la barra libre de liquidez, una modalidad de crédito que ahora se amplía de seis meses a un año y que garantiza todo el efectivo que quiera la banca al tipo de interés oficial -siempre que aporte garantías suficientes-.

Ésa es la teoría. Pero toda teoría tiene defensores y detractores. Primero, los contras: “Todo esto va a ser una desilusión. Lo único que puede funcionar en la situación actual son poderosas medidas fiscales adicionales. No hay helicópteros que valgan: sólo los Gobiernos firmando cheques pueden arreglar esto”, asegura James K. Galbraith, profesor de la Universidad de Texas e hijo del mítico economista John K. Galbraith. Es cierto que no hay evidencia empírica de que el uso de la máquina de imprimir dinero vaya a funcionar. En Japón se probó en los años noventa -en pequeñas cantidades- y eso no logró evitar una larga crisis. La compra de activos en Reino Unido y EEUU apenas ha tenido consecuencias hasta ahora.

Pero también hay voces optimistas. “Las medidas van en la dirección correcta. Y es un éxito que incluso en Europa una institución tan reticente como el BCE haya puesto en marcha la relajación cuantitativa. La política monetaria está haciendo todo lo que está en su mano, asumiendo riesgos que hasta hace poco eran inconcebibles A partir de ahí, hay que llevar estas medidas hasta donde sea sensato, porque están poco testadas y suponen asumir riesgos”, asegura el ex presidente de la CNMV Manuel Conthe. “En todo caso, los peligros de cometer excesos son remotos y además son corregibles”, señala. Tomás J. Baliño, ex subdirector del FMI, añade que las medidas adoptadas “deberían ayudar a facilitar el crédito y animar la demanda en la eurozona, junto con algunos otros datos positivos que se van anunciando a nivel global. El BCE, la Fed y otros bancos centrales acompañan así a la expansión fiscal que han encarado tanto los países de la zona como el resto del mundo. El conjunto de esas medidas debería ayudar a moderar la recesión y salir antes de ella”.

La efectividad del penúltimo cartucho de la política monetaria presenta numerosas dudas. En primer lugar por razones de credibilidad. Los bancos centrales llevan años cantando las bondades de las políticas antiinflacionistas. Su reto ahora es “prometer de forma creíble que van a ser irresponsables”, escribió hace una década el Nobel Paul Krugman para describir la fallida experiencia japonesa. Hay más riesgos: tratando de corregir la burbuja actual puede empezar a hincharse la burbuja del futuro. “El incremento del dinero en circulación puede alimentar la inflación si no se corrige en cuanto la economía empiece a mostrar signos de recuperación”, apunta el economista belga Paul De Grauwe. “Aunque confío en que el BCE no cometa ese error”, cierra.

Lo más curioso es que en el fondo todo empieza y acaba en la banca. Así de financiera es la economía de este siglo. Los bancos llevan más de 20 meses como principales sospechosos de la crisis, y a la vez como lacerantes víctimas: las turbulencias no hacen distingos entre activos buenos y malos, entre entidades buenas y malas cuando el pánico corre como la pólvora. Y esta es una época de grandes miedos. La abulia en la que está instalado el sistema bancario es la mayor incógnita acerca del éxito de la máquina de imprimir dinero: las autoridades no dejan de repetir -con escaso éxito- que sólo cuando el sector financiero salga del pozo empezará la salida del túnel para la economía real.

“El drama para los bancos centrales es que a pesar de esta insólita agresividad, la efectividad de las medidas depende de que la banca utilice esta lluvia de liquidez para prestar más. La solución a la crisis sigue pasando por arreglar el sector financiero, y eso no está en manos de los banqueros centrales, sino de los Gobiernos y los supervisores”, afirma desde Londres Javier Pérez de Azpillaga, economista de Goldman Sachs. “A pesar de los retrasos y la timidez de algunos, los bancos centrales han hecho los deberes. Gracias. Pero la pelota está ahora en el tejado de los Gobiernos y de la política fiscal. El BCE no puede hacer el trabajo en solitario”, añade Charles Wyplosz, del Graduate Institute de Ginebra.

Desde Nueva York, el economista Guillermo Calvo se alinea con los que piensan que la máquina de imprimir dinero puede dar aire a la economía. Pero para ello hacen falta cifras masivas, que lleven la liquidez puertas afuera del sector bancario. La paradoja es que bancos centrales como el BCE se juegan su independencia si toman esa senda con determinación y rapidez. “Me temo que Trichet prefiere seguir esperando en lugar de prevenir las malas noticias. Y la situación tiene toda la pinta de empeorar”, avisa Calvo.

La crisis actual tiene infinidad de lecturas. Entre otras muchas, es la historia de cómo los responsables de la política económica se convencieron de que lo tenían todo bajo control para después descubrir horrorizados (y mientras el mundo sufría las nefastas consecuencias de sus decisiones) que no era así, ataca Krugman en El retorno de la economía de la depresión. La entrada de los bancos centrales en territorio comanche es un examen en toda regla a su credibilidad, a su capacidad para volver a agarrar las riendas de la economía. Bernanke y Trichet se juegan su prestigio y tal vez algunos párrafos en los aburridos manuales de historia económica. Aunque para la economía quizá valga la apostilla del crupier: no va más.

- El déficit de EEUU sigue engordando: alcanzará 1.84 billones en 2009 (El Confidencial - 11/5/09)

La Oficina de Presupuesto de la Casa Blanca ha revisado al alza su previsión del déficit para este año y para el próximo ejercicio fiscal tras incluir en las cuentas los datos más recientes sobre la recaudación fiscal y los planes de rescates aprobados por el Gobierno para ayudar a sectores como el financiero y el del automóvil, entre otros.

La nueva estimación de la Casa Blanca contempla un déficit de 1,84 billones de dólares (1,35 billones de euros al cambio actual) para el presente ejercicio fiscal frente a los 1,75 billones de dólares de la última previsión de febrero pasado. Y para 2010 el Gobierno prevé un déficit de 1,26 billones de dólares (925.000 millones de euros al cambio actual), frente a 1,17 billones de hace tres meses.

“La Oficina de Presupuesto prevé ahora que el déficit sea 90.000 millones de dólares más alto en el ejercicio fiscal 2009 y también en el de 2010. El déficit proyectado para ambos años, que representarán el 12,9% y el 8,5% del Producto Interior Bruto (PIB), respectivamente, se deben en gran parte a la crisis económica heredada por esta administración”, indicó su director, Peter Orszag.

Los cambios en las estimaciones reflejan una revisión al alza a la luz de nueva información relacionada con la recaudación fiscal, que ha caído por culpa de la crisis, y de un mayor esfuerzo financiero para estabilizar algunos sectores vitales para la economía estadounidense, a través del programa de alivio de activos problemáticos (TARP) y de la Corporación Federal de Garantía de Depósitos (FDCI).

El proyecto de presupuestos, que debe ser aprobado en el Capitolio y afronta una férrea oposición de los republicanos, aborda algunos “asuntos clave” como la sanidad, la educación o las energías limpias. “Trabajaremos con el Congreso para encontrar soluciones y volver a situar a nuestro país en el camino de la recuperación, de la disciplina fiscal y de las nuevas bases para el crecimiento”, añadió.

En sus últimas previsiones, la oficina de Orszag prevé que la economía estadounidense crezca a final de 2009 a una tasa anual del 3,5% gracias al plan de estímulo de casi 800.000 millones de dólares aprobado por la Administración Obama, un dato que supera con creces los pronósticos realizados por otras instituciones privadas.

Sin embargo, el equipo económico de la Casa Blanca mantiene para este año su previsión de una caída del 1,2% del PIB, una ralentización de la inflación, un aumento de los niveles de desempleo y tipos de interés más bajos que el año anterior. Y en cuanto a vivienda, espera que el sector toque fondo este año y que inicie una “recuperación robusta” a medida que los precios empiezan a estabilizarse.

Por último, considera que gracias a la decisión de la Reserva Federal (Fed) de extender los fondos a los bancos para que obtengan mayor liquidez y a la adquisición de bonos del Tesoro a corto y largo plazo se podrá apuntalar la recuperación ya que el banco central está preparado para reducir los activos de sus balance cuando la economía mejore y la crisis financiera se calme.

- La fundada preocupación de China (Cinco Días - 12/5/09)

(Por Ian Campbell - Breaking Views)

El dólar se debilitó mucho la semana pasada con respecto al euro. Y el optimismo es una de las razones. Los inversores se sintieron lo suficientemente alegres como para abandonar la supuesta seguridad de la divisa estadounidense. El banco central de China advirtió a mediados de semana del “error político” de algunos países occidentales.

Los chinos están preocupados por las decisiones de EEUU y del Reino Unido de imprimir billetes para salir de las turbulencias económicas. La creación de dinero podría acabar corrompiendo el dólar y la libra y fomentando una crisis inflacionaria global.

La última crítica de Pekín aflora tras la previa sugerencia de que al mundo le bastaría con una divisa alternativa al dólar estadounidense. Las críticas tienen importancia, sobre todo porque provienen del máximo acreedor extranjero de EEUU. China tiene 744.000 millones de dólares en deuda estadounidense, 257.000 millones más que el año pasado.

Parece que la República Popular quiere enviar un mensaje a EEUU: respeta la integridad de tu moneda. Si no lo hiciese podría desencadenar el colapso del dólar, aumentando la inflación estadounidense, hundiendo los tipos de interés y profundizando la recesión global.

China no quiere provocar todo esto por sí misma abandonando el dólar. Pero la emisión excesiva de dinero por parte de EEUU podría causar el colapso. La deuda y la emisión de moneda deben ser controladas en Norteamérica.

El mensaje chino al Reino Unido es igual de inquietante. Prácticamente toda la emisión de moneda del Banco de Inglaterra (125.000 millones de libras) se gastará casi con seguridad en bonos del Estado. Y la libra, que no es su divisa de reserva, podría demostrar ser muy vulnerable.

El reciente optimismo de los mercados y los miedos de Pekín pueden tener el mismo origen. La abundante cantidad de dinero impreso por los bancos centrales anglosajones no ha soportado la emisión de bonos, pero parece haber dado vida a los mercados bursátiles y a los precios de otros activos arriesgados.

Pero si estos mercados caen, el impacto del dinero impreso también se evaporaría. Habrá reventado otra burbuja hinchada por la creación de dinero. Sólo aguantarían la recesión y la deuda. Los chinos hacen bien en estar preocupados.


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