Paper Se ha descubierto la inflación “buena”: la teoría de la “deaudaflación”



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20/3/09)

(Por D. Badía)



El Banco de Suiza, el de Inglaterra, la Reserva Federal y, muy probablemente, el de Canadá. Todos ellos ya han aplicado o anunciado planes de compras de activos (herramientas denominadas como quantitative easing) para sacar a la economía del profundo pozo en el que se encuentra. ¿Y el Banco Central Europeo (BCE)?

Después del plan que anunció la Fed el miércoles, por el que comprará 300.000 millones de dólares de deuda pública y ampliará el volumen de adquisición de deuda hipotecaria, los bonos europeos ya empezaron a descontar ayer que el BCE se verá obligado a utilizar vías parecidas. El anuncio de la Fed provocó el mayor desplome de la rentabilidad de la deuda de EEUU desde 1987, mientras que ayer la del bono alemán, de referencia en Europa, sufría el mayor retroceso desde 1999, desde el 3,221% al 3,047%. La rentabilidad se comporta de forma inversa al precio.

Por otro lado, provocó la fuerte revalorización del euro frente a otras divisas. Ha subido más de un 8% frente al dólar y un 5,5% frente al franco suizo, lo que no ayuda con una economía tan debilitada. “Si la divisa europea sigue así, las previsiones sobre el crecimiento aún se deteriorarán más”, indica Antonio Villarroya, estratega en España de Merrill Lynch.

El experto considera que “el BCE no va a tener más remedio que anunciar algún tipo de programa para comprar deuda, probablemente en mayo, después de haber bajado los tipos de interés en otros 50 puntos básicos en abril”. Jacques Cailloux, economista jefe de RBS, lo ve probable en junio. “La presión para que el BCE actúe más pronto que tarde no sólo vendrá por los otros bancos centrales, sino también por el tipo de cambio (divisa)”, añade. Jürgen Michels, de Citi, cree que “con los tipos de interés muy cerca de cero empezará a comprar activos, quizás a mediados de año, entre los que se incluirían la deuda pública, pero también podría adquirir pagarés, titulizaciones o bonos corporativos”.

Por ahora, el BCE sigue con la barra libre de dinero. Ayer anunció que dará toda la liquidez en dólares que le pidan los bancos en las subastas hasta junio, a plazos de 7, 28 y 84 días.

- “Quantitative easing”, también (Expansión - 20/3/09)

(Publicado por Financial Times)

La expansión monetaria cuantitativa (quantitative easing) ha llegado pisando fuerte. Japón, Reino Unido y Suiza la están aplicando. Ahora, EEUU está siguiendo el ejemplo, y se espera que Canadá y Suecia sean los siguientes. Sin embargo, existen diferencias importantes entre la política monetaria de EEUU y las del resto. La expansión monetaria cuantitativa (EMC) no es similar en todos los casos.

Aparentemente, todos los bancos centrales que usan la EMC se centran en la cantidad de dinero en el sistema -de ahí el término “expansión monetaria cuantitativa”-. Sin embargo, lo que parecen querer conseguir, en realidad, es influenciar otras variables clave, como la rentabilidad de los bonos y, en algunos casos, el tipo de cambio. Ambos caen de forma pronunciada cuando se anuncia la EMC.

Se espera que la compra de bonos gubernamentales y corporativos con dinero creado específicamente para ese propósito reduzca los costes de los créditos. Por otra parte, un tipo de cambio más bajo puede ayudar al conjunto de la economía, ya que mejora la competitividad de las empresas exportadoras en un momento en el que la demanda cae en todo el mundo. También puede ayudar a relajar la política monetaria en general, motivo que expuso el banco central suizo cuando inició la EMC.

Por el momento, el Banco Central Europeo ha renunciado a estas políticas y se ha centrado en su lugar en incentivar los créditos bancarios. Esto se debe por una parte a que el crédito bancario desempeña un papel más importante en la eurozona, y por otra a que el BCE carece de un Tesoro central que pudiera reponer los fondos de las pérdidas generadas por la compra de bonos. Lo que ninguno de estos bancos centrales ha hecho, sin embargo, es escoger qué sectores deberían sobrevivir o perecer. Esa labor se ha dejado en manos del mercado.

La Reserva Federal de EEUU ha actuado de forma ligeramente distinta. Ha intentado centrarse con minuciosidad en el precio y la distribución de los créditos, algo que se ha hecho mediante esquemas como el programa de emisiones de renta fija privada a corto plazo -o programa TALF- concebido para estimular los créditos al consumo y aumentar la liquidez corporativa.

Ahora, al anunciar que adquirirá valores garantizados por hipotecas por un valor de hasta 1,25 billones de dólares (923.000 millones de euros) junto a otros 300.000 millones de dólares en títulos del Tesoro, también ha situado a los créditos hipotecarios en el centro de mira. Otros bancos centrales no han llegado tan lejos. Algunos consideran estos movimientos como un indicio de la capacidad de innovación de la Fed. Otros opinan que se ha quedado sin cartas altas que jugar y ha decidido “apostarlo todo”.

(The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved)

- EEUU anuncia que su déficit en 2009 subirá a 1,7 billones (Intereconomia - 21/3/09)

La Oficina de Presupuesto del Congreso de EEUU calculó hoy que el déficit en el presupuesto del período fiscal 2009 en curso alcanzará a 1,7 billones de dólares y el desempleo subirá al 9,4 por ciento a fin de este año.

En enero, la oficina conocida por su sigla en inglés CBO, había calculado en 1,18 billones de dólares el déficit en el ejercicio que concluye el 30 de septiembre.

- ¿Han agotado los Bancos Centrales su munición? (El Confidencial - 21/3/09)

(Por S. McCoy)



Poco a poco la crisis nos va familiarizando con términos que nos eran completamente desconocidos hace tan sólo unos meses. Conceptos como subprime, o el NINJA (no income, no jobs, no assets) se han convertido en parte de nuestro vocabulario, anglicismos de traducción más enrevesada que el original y que hemos decidido adoptar en su idioma primigenio. Una coyuntura tan extraordinaria como la actual está constantemente generando variantes semánticas, nueva terminología que ha venido para quedarse una temporada. Esta semana se ha puesto de moda una denominación adicional: quantitative easing, el último y desesperado intento de los bancos centrales por tratar de activar el flujo de dinero en la economía

Para la mayoría de los analistas tanto económicos como financieros, el quantitative easing hace referencia a una actuación de carácter excepcional por parte de los guardianes de la ortodoxia en virtud de la cual, y toda vez que se han agotado los mecanismos tradicionales de política monetaria como las rebajas de tipos de interés o la relajación del coeficiente de liquidez exigido a las entidades privadas, intervienen directamente en el mercado mediante la compra de unos valores negociados determinados con el fin de aumentar la oferta monetaria en circulación, abaratar los costes de financiación, procurar una reactivación del crédito y evitar la deflación. Para algunos autores, como Willem Buiter, no es exactamente así: es verdad que la expansión del balance de los bancos de bancos entraría dentro de la categoría del quantitative easing pero no es menos cierto que, según el perfil de los activos a adquirir, se podría modificar la composición de dicho balance, en cuyo caso entraríamos en lo que él denomina qualitative easing.

Los Bancos Centrales continúan quemando cartuchos.



Más allá de esa disquisición teórica, que a día de hoy y a los efectos que nos ocupan resulta irrelevante, lo cierto es que tanto el Banco de Inglaterra como la Reserva Federal han decidido tirar por la calle de en medio y seguir quemando unos cartuchos que, al menos desde un punto de vista formal y en la medida en que sus respectivos Tesoros les permitan seguir engordando sus activos, pueden prender indefinidamente. The sky is the limit, a costa eso sí de depreciar el valor del dinero en circulación -que es fiduciario, esto es: basado en la confianza en que el emisor atenderá su pago- y sembrar dudas sobre el advenimiento futuro de una inflación disparada como consecuencia de la superabundancia de liquidez. Prueba de ello es la reacción inmediata de los distintos mercados al anuncio de medidas de este corte: caída de la rentabilidad de los bonos (a más precio, menos retorno); subida fulgurante de las materias primas (anticipando el aumento de los precios); debilidad de la moneda afectada (por incertidumbre sobre su valor que se refleja igualmente en el rebote del oro).

Si Estados Unidos ha comprometido el equivalente al 80% del Producto Interior Bruto español en recomprar deuda soberana a dos y diez años (300.000 millones de dólares en seis meses), hacerse con más activos hipotecarios (750.000 a añadir a los 500.000 ya comprometidos) y liberar una parte adicional de los compromisos de pago de Fannie Mae y Freddie Mac (100.000 millones para un total de 200.000), pese a que el dinero en manos del sistema en aquél país viene creciendo a un ritmo del 15% interanual desde septiembre sin resultados visibles sobre su economía, y el Banco de Japón ha decidido ampliar sus compras mensuales de deuda de 11.000 a 14.000 millones de euros mensuales en medio de la mayor contracción de PIB de su historia moderna, superior al 12%, Reino Unido ha ido más allá al señalar que adquirirá uno de cada cinco activos públicos de renta fija en los próximos tres meses en un importe que, más allá de los beneficios que del ahorro en el pago de intereses puede suponer, implica comprometer dos veces el volumen monetario actualmente en circulación. Como señalaba recientemente Edward Chancellor en el FT, cualquier intento futuro de reducir de forma ordenada una burbuja de tal dimensión parece a primera vista imposible, tanto si las circunstancias presentes se mantienen como si finalmente el pim pam pum de medidas administrativas logra cambiar las tornas.

Un nuevo error en la política monetaria.



Todavía si sirviera para algo, un esfuerzo de este calibre estaría justificado ante la gravedad de la situación actual. Pero servidor se une a las voces de los que piensan que se trata de una iniciativa precipitada que el tiempo probará, de nuevo, inefectiva. Básicamente porque vuelve a perder el foco de donde realmente se encuentra el meollo de la crisis actual que es, precisamente, en la sobreabundancia de crédito consecuencia, entre otros factores, de la laxa política monetaria llevada a cabo por los propios guardianes a principios de este siglo. Una montaña de deudas que hay que repagar y sobre las que se cierne la siniestra sombra de la morosidad. Si esta falta de perspectiva unimos la incertidumbre sobre el valor real de su riqueza y la estabilidad laboral que tiene el ciudadano medio, sus dudas sobre la viabilidad del sistema y los anormales, por bajos, niveles de ahorro acumulado en las economías desarrolladas a lo largo de los últimos ejercicios la trampa de liquidez está servida. So sorry. El dinero abunda pero no circula lo que, a su vez, incide en el impacto de los ambiciosos planes de política fiscal, al reducir notablemente el valor del multiplicador de la inversión pública sobre la iniciativa privada. El círculo vicioso se cierra con el temor popular a tener que pagar mañana vía impuestos los dispendios estatales del hoy, lo que puede incidir aún más en la voluntad de acaparar dinero de particulares y empresas y en su falta de respuesta al quantitative easing.

Dos consideraciones finales. Una, en un entorno como el descrito, la amenaza inflacionaria pierde automáticamente fuelle toda vez que no hay visos inmediatos de reactivación del consumo y de la actividad crediticia. Pero es que, aunque así fuera, para que el aumento de demanda se concretara en subidas generalizadas del coste de la vida se requeriría de una oferta productiva ajustada, con limitada capacidad excedentaria. Y tal y como se puede constatar en esta interesante pieza del WSJ, Fed feels pressure from excess capacity in US economy, se trata de una posibilidad muy alejada actualmente de la realidad; algo que tardará años en corregirse. Y dos, las necesidades de financiación de la economía norteamericana, unos 150.000 millones de dólares al mes, cuyo atractivo para terceros foráneos es menor conforme avanza la crisis según Naked Capitalism, hacen que cualquier intento presente de disminuir los costes de financiación, especialmente hipotecarios, sean pan para hoy y hambre para mañana. La respuesta del mercado al exceso de oferta vendrá necesariamente vinculada a retornos de la deuda más altos. Por tanto, de la secuencia que caracteriza el quantitative easing sólo nos queda el primer estadio: el incremento de la oferta monetaria. Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere.



Si aceptamos como válida la comparativa con la Gran Depresión del 29, por lo que a la quiebra del sistema financiero se refiere, podemos concluir con James K. Galbraith, hijo del gran estudioso de aquel periodo John K. Galbraith, que en una situación como la actual, y ante la escasez de recursos administrados, el valor de los errores derivados de las iniciativas gubernamentales es sustancialmente superior al efecto inmediato de sus aciertos, la osadía en el tratamiento de las cuestiones no es incompatible con la prudencia a la hora de medir sus efectos y las situaciones críticas de largo plazo no pueden ser abordadas desde la perentoriedad de las prisas a corto. Un artículo sensacional publicado en el Washington Monthly cuya lectura les recomiendo. Desgraciadamente el juicio sobre el quantitative easing no parece superar los tres elementos de juicio que acabamos de pronunciar. O si no, pregúntense conmigo: si esto no funciona, ¿qué queda para después? Sólo el vacío. El BCE se encuentra a tiempo de evitar caer, pese a las presiones, en el mismo error...

- La economía de EEUU y la Fed (Cinco Días - 23/3/09)

(Por Martin Hutchinson)

La Reserva Federal de EEUU está aumentando su balance con otro billón de dólares, incluyendo 300.000 millones en bonos del Tesoro, según dijo el pasado miércoles el Comité de Mercados Abiertos (FOMC). El ritmo del declive económico de EEUU parece estar ralentizándose, mientras que la deflación ya no es visible. La política de la Fed es ahora de alto riesgo, y una renacida inflación podría aparecer antes de lo previsto.

El FOMC dijo que espera que la inflación permanezca apagada, con un poco de riesgo de que puedan “persistir un tiempo por debajo índices que estimulen el crecimiento de la economía”. La Fed no prevé la deflación, cosa que no sorprende porque el índice general de precios al consumo de febrero subió un 0,4%, equivalente a un 4,8% anual, mientras que también lo hizo el IPC subyacente en un 0,2%. La media del IPC de Cleveland fue un 2,8% más alta que el año pasado.

La experiencia de los años setenta tanto en EEUU como en Gran Bretaña demuestra que la teoría de la Fed (la inflación no coexistirá con una economía parada) es errónea. Por tanto, una política monetaria o fiscal sobreinflacionaria podría producir la rápida aceleración de la inflación incluso mientras persista la recesión.

La compra propuesta por la Fed de 300.000 millones en bonos del Tesoro a largo plazo, combinada con los déficits presupuestarios récord de la Administración Obama, es particularmente arriesgada. Acarrear grandes déficits presupuestarios y convertirlos en efectivo a través de la compra de deuda por parte del banco central es una política altamente inflacionaria que ha puesto en problemas a muchos mercados emergentes.

El aumento de la masa monetaria ha sido de más del 15% anual desde el pasado mes de septiembre. Es muy probable que la ampliación en un billón de dólares del balance de la Fed acelere esto. Puede que el efecto no sea obvio a corto plazo, pero es inevitable que en algún momento vuelva la inflación.

La Fed necesitará entonces dar marcha atrás a sus políticas con la velocidad de un piloto de competición. Lo más probable es que no consiga hacerlo hasta que reine la inflación.

- La Fed inicia hoy la compra de bonos del Tesoro (Intereconomia - 25/3/09)

La institución presidida por Bernanke planea invertir hasta 300.000 millones de dólares en la compra de deuda pública

La Reserva Federal de Nueva York comenzará hoy a comprar bonos del Tesoro a largo plazo con vencimiento entre 2016 y 2019 en el marco del plan anunciado el pasado miércoles por la institución presidida por Ben S. Bernanke, que planea invertir hasta 300.000 millones de dólares (223.000 millones de euros) en la compra de deuda pública.

Asimismo, el calendario de operaciones publicado por la Fed de Nueva York contempla la adquisición de bonos del Tesoro con vencimiento entre dos y tres años, mientras que la semana que viene realizará adquisiciones de deuda con vencimientos que oscilan entre tres y treinta años.

No obstante, el banco central de Nueva York no preciso la cantidad de bonos que adquirirá en cada operación.

- El Banco de Inglaterra alerta: Brown no puede aprobar nuevos estímulos (Libertad Digital - 25/3/09)

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, carga contra el primer ministro británico, Gordon Brown. El país se enfrenta a “déficits fiscales muy grandes durante los dos o tres próximos años”. Brown no puede permitirse un segundo plan de estímulo económico.

Justo cuando el Primer Ministro se encuentra en el extranjero tratando de convencer a los países del G20 de que deben invertir masivamente dinero público para estimular sus economías, King le pide a Brown moderación.

El gobernador del banco emisor lanzó este martes, en víspera de la cumbre del G20, una clara advertencia al líder laborista: Gran Bretaña no puede permitirse una nueva expansión fiscal. “No hay ninguna duda de que nos enfrentamos a déficit fiscales muy grandes durante los dos o tres próximos años”, dijo King, quien agregó que el país no puede permitirse un segundo plan de estímulo económico.

La advertencia pilló a Brown al comienzo de una gira por varios países, que incluye a EEUU, Brasil y Chile, para coordinar con otros líderes las medidas que quiere que formen parte de la agenda de la próxima reunión londinense de ese grupo de países ricos y emergentes. El número 10 de Downing Street y el ministerio de Finanzas se apresuraron a desmentir que haya diferencias entre ambos, pero el titular de ese departamento, Alistair Darling, se muestra más reacio que Brown a perseguir más políticas expansionistas, y King parece darle razón.



Normalmente los gobernadores del Banco de Inglaterra no suelen hacer comentarios anticipados sobre los presupuestos de igual manera que el Gobierno no comenta anticipadamente las decisiones de ese instituto sobre los tipos de interés. Se trata pues de una intervención poco usual la de King, a quien por cierto recibió el mismo día la Reina de Inglaterra para una entrevista sin precedentes con un gobernador del banco emisor, informa Efe.

Una intervención sin duda motivada por el abandono por parte del Gobierno de las propias reglas fiscales que ponían límites al endeudamiento público. La fuerte recesión económica produjo una drástica caída de los ingresos fiscales y el primer ministro consideró que no le quedaba más remedio que dar al traste con una política de prudencia fiscal de la que había presumido durante los años de vacas gordas.

Gran Bretaña se enfrenta a una degradación crediticia



El portavoz para Asuntos Económicos de la oposición conservadora, George Osborne, se hizo inmediatamente eco del aviso de King al Gobierno, se apresuró a señalar que Brown se había quedado “aislado tanto dentro como fuera del país” y recordó las reiteradas advertencias de los “tories” contra un excesivo endeudamiento. Como comenta este miércoles el diario Financial Times, la advertencia pública de Brown va a limitar sin duda el margen de maniobra de Brown ante la cumbre del G20 en la que ha querido oficiar de anfitrión.

A las advertencias internas se suman además las externas, y así la propia Comisión Europea dio ayer de plazo a Londres hasta el año fiscal 2013-14 para poner volver a situar el déficit presupuestario por debajo del 3 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), algo materialmente imposible si Brown no aumenta los impuestos o restringe fuertemente el gasto público.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) se muestra especialmente pesimista y predice un déficit nada menos que del 11 por ciento del PIB en 2010. Hay quienes temen incluso que las masivas cantidades de dinero público invertidas en los rescates bancarios junto a otras medidas económicas adoptadas para limitar el efecto negativo de la crisis lleven a las agencias de calificación de riesgo a rebajar el nivel crediticio del país y le obliguen además a solicitar la ayuda del FMI, tal y como avanzó LD.

Pese a ese evidente peligro y con la perspectiva de unas elecciones generales, el próximo año, que todos dicen que puede perder, Brown parece dispuesto a gastar lo que haga falta para estimular la economía e impedir que crezca el desempleo, que supera ya los dos millones.

- Lucha por la independencia (Cinco Días - 25/3/09)

(Por Hugo Dixon - Breaking Views)



Mervyn King ha disparado lo que podría ser la primera salva de una guerra más amplia. La advertencia del gobernador del Banco de Inglaterra de que el Gobierno no puede permitirse otro gran estímulo fiscal debe ser visto como un intento de eludir no menos de tres crisis que podrían ser inminentes: una crisis fiscal, un conflicto constitucional y una crisis inflacionista.

La crisis presupuestaria es la más obvia. El déficit fiscal de Reino Unido se elevará en el próximo año fiscal al 11% del PIB, según la última previsión del FMI. Afortunadamente, la deuda pública de Reino Unido no es muy alta. Probablemente pueda soportar un déficit anual de este tamaño durante un año o dos. Pero si se mantienen esos déficits durante algunos más -por no decir si se hacen más grandes- existe el riesgo de que los mercados financieros pierdan la fe en la economía británica. Los inversores internacionales no sólo podrían hacer que la libra bajara más, también podrían rechazar comprar bonos del Estado.

Una crisis fiscal semejante tiene que ser una de las pesadillas de King, no sólo porque podría ser malo para el país sino porque podría ser el detonante de la segunda crisis: un conflicto constitucional. El Banco de Inglaterra se acaba de embarcar en su política de política cuantitativa, bajo la que está imprimiendo dinero para comprar bonos del Estado con el fin de estimular la economía. La política es bastante arriesgada tal y como están las cosas: el Banco de Inglaterra podría quedarse como el único comprador de dichos bonos. King podría entonces tener una incómoda elección: imprimir aún más dinero para entregárselo al primer ministro, Gordon Brown, una política que podría conducir a una rebaja total de la divisa; o rechazar el rescate del Gobierno.

Incluso si estos escenarios no se materializan, King tendrá una tercera preocupación. ¿Estará libre el Banco de Inglaterra para dominar la inflación cuando vuelvan los buenos tiempos? Tras una severa recesión, debería haber presión política para mantener una política monetaria holgada por más tiempo del aconsejable. El comité de política monetaria del Banco de Inglaterra es teóricamente independiente del Gobierno. Pero además, a King le beneficia no mostrarse demasiado complaciente ahora con los políticos.

La intervención de King es un inconveniente para Brown cuando éste se prepara para la cumbre del G-20 de la próxima semana, en la que se discutirá la necesidad de estímulos fiscales globales coordinados. Pero el primer ministro debe tomarse en serio las advertencias de King. Cuando el Gobierno presente su presupuesto el próximo mes necesitará abstenerse de otro gran estímulo a corto plazo y, sobre todo, mostrar que tiene un plan creíble a medio plazo para equilibrar las finanzas del país.

- La presidencia checa de la UE arremete contra los planes económicos de Estados Unidos (El País - 25/3/09)

El primer ministro, Mirek Topolanek, asegura que Obama lleva la economía “camino del infierno”

(Por Ricardo M. de Rituerto / Bruselas)

La presidencia checa de la Unión, encarnada en el dimisionario Mirek Topolanek, violó este miércoles toda consideración diplomática y plantó inesperadamente cara a la estrategia de Barak Obama contra la crisis. Topolanek ha asegurado ante el Parlamento Europeo que el complejo paquete de medidas concebido por Washington es “el camino al infierno”. Aunque en checo la expresión tiene menos carga de la que adquiere en otras leguas, incluido el inglés de Obama, Topolanek ha dejado bien claro lo que piensa: “El mayor éxito de la UE es la negativa de ir por esa vía”.

En su comparecencia ante la Eurocámara para comentar los resultados del Consejo Europeo de la pasada semana, que discutió la estrategia a seguir ante la crisis y con qué voz acudir a la reunión del G-20 de Londres, Topolanek ha celebrado que la UE hubiera decidido no seguir el camino que ha tomado Obama. “Los americanos necesitarán liquidez para financiar todas sus medidas y las financiarán con la venta de bonos. Ello socavará la estabilidad de los mercados financieros internacionales”, ha pronosticado. “Estados Unidos repite los mismos errores de los años treinta, como las tendencias proteccionistas, la campaña favor del compre productos americanos, etcétera. Todos esos pasos, su combinación y, peor aún, las iniciativas dirigidas a ponerlos en marcha son el camino al infierno”, ha asegurado en traducción literal de sus palabras. En el discurso se le calentó la boca. En sus notas figuraba una expresión que se ajusta más a “camino al desastre”.

Hasta ahora había habido resistencias a seguir las indicaciones de Washington, pero sin emplear un lenguaje tan nítido. Topolanek, un liberal de la vieja escuela en lo económico, recela del intervencionismo socialdemócrata de Obama y de sus afines europeos, como el británico Gordon Brown, y el choque se escenificó en la sede parlamentaria. Al alemán Martin Shultz, líder de los socialistas en la Eurocámara que tanto confían en Obama, le impactó que se atacara la magia del presidente americano, que se le atribuyera un error histórico y la intención de entrar en un amenazante para todos “camino al infierno”.

Tras señalar que eso era lo contrario de lo que había manifestado Brown el día anterior desde la misma tribuna, Shultz ha descalificado a Topolanek: “Usted no representa en eso al Consejo, se representa a sí mismo”. El choque casi llegó a mayores, evitadas porque Topolanek ha dicho que no iba a caer en provocaciones verbales, como cayera hace unos años Silvio Berlusconi ante el mismo Shultz.

Crisis institucional en República Checa

El choque ideológico izquierda-derecha se produce en medio de la incomodidad institucional creada por una presidencia checa de por sí complicada con el euroescepticismo de Vaclav Klaus y aún más devaluada por la derrota parlamentaria de Topolanek. Hay muchas cosas en juego, la más inminente, la ratificación en Praga del Tratado de Lisboa, pendiente de su aprobación por el Senado en Praga.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, tuvo que ponerse de rodillas ante un Topolanek que había hecho saber hace días que si él caía su partido bloquearía la ratificación. “Pedimos a todos los dirigentes políticos checos que no tomen como rehén al Tratado de Lisboa”, ha implorado Barroso. “Espero que no se utilice la política interna para poner en tela de juicio el tratado”.

En República Checa, izquierda y derecha han elegido el Tratado de Lisboa y el escudo antimisiles acordado por Topolanek con George W. Bush como campos de batalla en los que no hacer prisioneros. A la negativa de la izquierda a aceptar el acuerdo sobre misiles -que Obama tampoco termina de ver claro, en contra de los deseos de Topolanek- responde la derecha negándose a aceptar Lisboa.

El tratado, precisamente, acaba con las presidencias semestrales y rotatorias de la UE y establece una fija, que encarnaría una personalidad de calado que se convertiría en la cara de la UE ante el mundo. Nicolas Sarkozy, que demostró en el anterior semestre de lo que puede ser capaz un presidente con lo que hay que tener, insistió en la urgente necesidad de aprobar Lisboa para ordenar las cosas en la UE.

De momento, la UE está sumida en el esperpento: exabruptos verbales como los de Topolanek y un presidente de turno al que no quieren ni en su país que representa a los Veintisiete en la cumbre del G-20 y que hará de anfitrión del Obama-camino-del-infierno en la cumbre de la Unión con Estados Unidos del 5 de abril en Praga.

- ¿Acabará el Congreso con el plan de rescate? (El Economista - 26/3/09)

(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)



Parece que en los últimos días el deporte internacional (vivimos en un mundo global) ha sido poner a caldo el nuevo plan de rescate bancario de EEUU. Premios Nobel, analista, políticos, comentaristas, etc. han llegado a decir que es una tomadura de pelo o que supone tirar miles de millones más a la basura; como mínimo, que aunque la idea es buena, no va a funcionar.

Y eso que se trata del plan más serio y con mejor pinta de los presentados hasta ahora; al menos, el único que ofrece una solución que puede ser definitiva. Si funciona, claro.



Pero a esta avalancha de críticas hay que sumar un peligro más importante que puede hacer que el plan ni siquiera vea la luz: que lo rechace el Congreso de EEUU. Recuerden que el anterior secretario del Tesoro, Paulson, tuvo que pasar la pena negra para que le aprobasen el suyo, el famoso TARP.

¿Por qué iba a rechazar ahora el Congreso el plan? Como argumentos, tiene las principales críticas vertidas sobre el mismo: que los activos tóxicos no lo son por la iliquidez del mercado o la irracionalidad de los inversores, sino por la morosidad de los créditos subyacentes; que la solución a los problemas creados por el exceso de apalancamiento no se resuelven con más apalancamiento; o que no establece a qué precio deben comprarse esos activos a los bancos.

Pero el verdadero escollo es que el plan basa su éxito en alinear los intereses del sector privado y el público, y eso es algo casi imposible por definición. Los poderes públicos quieren solucionar el problema sin quedarse atrapados en los restos humeantes del naufragio de bancos enormes y enormemente complicados. Eso requiere comprar los activos de las firmas con problemas rápidamente y al precio más alto posible.

Por el contrario, los inversores privados quieren ganar dinero. Y la mejor forma de conseguirlo es retrasar las compras para hacer bajar los precios, y hacer que el Gobierno cargue con la mayor parte de las pérdidas posible. La zanahoria que ofrece Obama a los inversores es la posibilidad de grandes beneficios gracias a las garantías gubernamentales y a una aportación igualitaria de capital entre el sector público y el privado. El problema es que el Congreso ha demonizado al sector bancario y ha aprobado la expropiación a posteriori de sus bonus.

Para que el plan funcione, el Gobierno tiene que crear grandes expectativas de ganancia y buscar en los lugares donde todavía hay dinero disponible, como los fondos soberanos. Si tiene éxito, es posible que el Congreso llame a declarar a los que se beneficien de esta operativa e incluso que trate de quedarse con una parte.

Si no atrae inversores, fustigará a los bancos



Y si la zanahoria no funciona, tendrá que usar el palo: recuerden que 19 de los mayores bancos han sido sometidos a pruebas de estrés para comprobar su situación de capital. Vincent Reinhart opina en el Wall Street Journal que el objetivo de estas pruebas no es el declarado, sino servir de excusa a los reguladores para que el regulador imponga al sector nuevas inyecciones de capital, fusiones forzosas y otras soluciones para sanear sus balances. Lógicamente, esta amenaza hace que a los banqueros les interese mucho atraer capital privado para que compre sus activos, y eso significa que bajarán los precios lo que sea necesario.

Sea como fuere, el ciudadano americano no parece dispuesto a aceptar que su Gobierno tenga que asumir grandes pérdidas para relanzar los mercados financieros. Y mucho menos aceptar que los hedge funds, los vehículos más demonizados al ser considerados culpables del desplome de los mercados (aparte de ser caldo de cultivo para fraudes como el de Madoff), van a ganar mucho dinero con este plan porque el Gobierno necesita atraer su dinero si quiere salvar a la banca. Atentos al paso del plan por el Congreso, porque puede morir allí.

- Reino Unido fracasa en su emisión de bonos a 40 años: no hubo demanda suficiente (El Economista - 26/3/09)

(Por Pedro Calvo)



El mercado de deuda pública vivió ayer una intensa sesión que contó con dos grandes protagonistas, la Oficina de Gestión de Deuda británica (DMO, en sus siglas en inglés) y la Reserva Federal (Fed) estadounidense. La primera, que se encarga de las emisiones en el Reino Unido, fue noticia porque fracasó en su intento de emitir obligaciones a 40 años.

Este organismo se había propuesto lanzar 1.750 millones de libras -unos 1.881 millones de euros-, pero no lo consiguió porque... las peticiones totales de los inversores no alcanzaron dicha cifra. La demanda no pasó de 1.627,1 millones de libras, inferior al objetivo definido.

Así, y por primera vez desde 2002, la DMO realizó una emisión fallida. Este revés pasó factura a la libra esterlina, que se depreció un 1,2% contra la moneda única, hasta los 1,075 euros, y un 0,75% contra el billete verde, hasta los 1,457 dólares.

Eso sí, Reino Unido no ha sido el primer país que se ha enfrentado a problemas de este tipo en los mercados en 2009, ya que Alemania tampoco consiguió culminar con éxito un lanzamiento de obligaciones a 10 años en enero. De este modo, los inversores volvieron a dejar claro que no están dispuestos a comprar todos los bonos que tienen previsto emitir los Estados este año.

En cuanto a la Fed, la institución presidida por Ben Bernanke comenzó a cumplir ayer el programa de compras de deuda pública que anunció el pasado 18 de marzo. Ese día, el banco central norteamericano comunicó que iba a adquirir deuda pública a largo plazo por valor de 300.000 millones de dólares -alrededor de 220.000 millones de euros-. En concreto, la delegación de la Fed en Nueva York, que será la que se ocupe de las operaciones, empleó ayer 7.500 millones de dólares para hacerse con títulos que vencían entre 2016 y 2019. Este proceso, que se prolongará durante seis meses, continuará mañana y los días 30 de marzo y 1 y 2 de abril.

También inició ayer su programa de compras el Banco de Inglaterra, que adquirió bonos corporativos por valor de 85,5 millones de libras -unos 91,9 millones de euros-.

- El Tesoro de EEUU dice que le quedan US$ 134.500 millones en el TARP (The Wall Street Journal - 29/3/09)

(Por Maya Jackson Randall)



El Departamento del Tesoro de Estados Unidos calcula que le quedan cerca de US$ 134.500 millones en su fondo de rescate financiero, lo cual significa que casi un 81% del programa de US$ 700.000 millones ha sido gastado.

En su cálculo, el Tesoro estadounidense proyecta que recibirá cerca de US$ 25.000 millones de los bancos que han participado en el Programa de Alivio de Activos Problemáticos o TARP. En las últimas semanas varios bancos han anunciado públicamente planes de devolver los fondos que recibieron del gobierno.

Incluyendo tales pagos, el Tesoro calcula que sus programas de rescate ascienden a US$ 565.500 millones.

El cálculo, entregado a Dow Jones Newswires el sábado por la noche, representa la primera proyección oficial del Tesoro desde que el gobierno Obama anunció una ola de nuevos programas multimillonarios para ayudar a frenar las ejecuciones hipotecarias, descongelar los mercados de crédito, revivir los préstamos a consumidores y negocios e impulsar a las automotrices del país.

A principios de la semana pasada, el Tesoro no quiso revelar la cifra de fondos del TARP entregados. En vez de proveer un número específico, el Secretario del Tesoro Timothy Geithner sólo dijo que los recursos restantes eran sustanciales.

Los cálculos de Dow Jones Newswires, los cuales concuerdan con un cálculo de Goldman Sachs, entre otros, mostraban que quedaban US$ 52.600 millones en el fondo de rescate del gobierno, lo que significaba que un 92% del fondo ya había sido comprometido.

¿Por qué hay una discrepancia entre ambas cifras? hay algunas razones:

En primera instancia, las proyecciones del Tesoro no incluyen US$ 250.000 millones para un programa lanzado el año pasado para inyectar fondos a los bancos en todo el país. En las proyecciones del Tesoro presentadas el sábado, el departamento indica que la cifra de ese programa sólo asciende a US$ 218.000 millones. Un funcionario del Tesoro dijo el sábado que aunque el programa podría costar hasta US$ 250.000 millones, la cifra suministrada es un cálculo más exacto, dado que la fecha de inscripción en el programa ya pasó.

En segunda instancia, el Tesoro proyecta que recibirá US$ 25.000 millones en pagos de los bancos que han anunciado su interés de devolver el dinero. E incluso US$ 25.000 millones es un cálculo altamente conservador, dijo el funcionario del Tesoro.

Adicionalmente, el funcionario dijo que el Tesoro planea poner US$ 95.000 millones, no US$ 100.000 millones en un programa clave de préstamo conocido como Term Asset-Backed Securities Loan Facility, o TALF.

Además, el plan de US$ 100.000 millones del Tesoro para ayudar a reiniciar un mercado para los activos tóxicos de los bancos sólo representa US$ 75.000 millones en dinero nuevo. El funcionario dijo que los US$ 25.000 millones restantes provendrán del programa TALF.



- Los Bancos Centrales imprimen billetes a toda máquina para comprar deuda (Libertad Digital - 30/3/09)

Las maquinas de imprimir billetes echan humo. Los Bancos Centrales de EEUU, Japón y Reino Unido comprarán deuda pública y privada con el nuevo dinero creado de la nada y ahora el BCE se suma a la medida. Además, el organismo que preside Trichet avanza que los tipos pueden bajar al 0%.

Los Bancos Centrales están imprimiendo nuevo dinero, creándolo de la nada.



LD (L. Ramírez / M. Llamas) La política monetaria se ha convertido en la principal herramienta de los Gobiernos de todo el mundo para intentar superar la crisis financiera, pero las decisiones de los Bancos Centrales pueden aumentar más los problemas.

Las decisiones de los organismos monetarios están cortadas por el mismo patrón y el mensaje que se repite como si fuera un mantra sagrado es que sólo se puede estabilizar la economía hundiendo los tipos de interés e imprimiendo billetes (nuevo dinero creado de la nada) para adquirir deuda de los Estados y de las empresas.

En Estados Unidos, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, ha admitido sin contemplaciones que la Fed “está imprimiendo dinero” para impulsar la economía. Al otro lado del Atlántico, los tipos de interés están situados en la horquilla del 0% al 0,25%.

La Reserva Federal ha anunciado el incremento de sus programas de compra de titulizaciones hipotecarias y un plan de hasta 300.000 millones de dólares para adquirir bonos del Tesoro a largo plazo en los próximos seis meses, con el objetivo de ayudar a mejorar las condiciones de los mercados privados de crédito.

La principal preocupación de Bernanke es que EEUU sufra una crisis similar a la de Japón, con una recesión económica acompañada de bajadas sostenidas en los precios (deflación), o como ocurrió en la depresión norteamericana de los años 30. Precisamente el presidente de la Fed conoce de cerca el caso nipón, ya que lo ha estudiado con detalle en los últimos años.

Para evitar esto, el presidente de la Fed defiende que “empleará todas las herramientas a su disposición”.

En Asia, el Banco Central de Japón mantiene los tipos de interés en el 0,1% y ha elevado las compras de deuda pública (bonos) un 29% este mes en un esfuerzo por “generar operaciones de mercado sin problemas”.

El Gobierno nipón defiende que el proceso “es un medio eficaz de monetización de deuda pública”, aunque los responsables del organismo monetario evitan admitir que este sea su principal objetivo. El gobernador del Banco Central, Masaaki Shirakawa señala que su decisión de comprar más bonos se basa en las necesidades del mercado y que no tiene vinculación con los gastos que planea el Gobierno para sacar a la economía de la recesión y lo que se prevé sea una segunda ola de deflación.

Pero los analistas y los economistas no se creen esta versión oficial. “La decisión del Banco de Japón se puede interpretar como una monetización efectiva de la deuda pública, aunque el Banco Central nunca lo dirá porque es independiente del Gobierno”, dijo Junko Nishioka, economista de Royal Bank of Scotland.



Los planes de gasto del primer ministro Taro Aso requerirían al Gobierno que aumente la montaña de deuda pública, que ya excede el 150% del Producto Interno Bruto (PIB).

Las compras de títulos públicos domésticos por parte del organismo monetario ayudarían a mantener bajos los costes de la financiación, según defienden los defensores de esta política monetaria.



En el Viejo Continente los hechos son muy similares. El Banco de Inglaterra está imprimiendo billetes en un nuevo intento por inyectar liquidez a la maltrecha economía británica. Puesto que los numerosos recortes de los tipos de interés no están dando los resultados esperados. Ahora están en el 0,5%.

En vista de este fracaso, el Banco Central británico dice que va a utilizar “otras medidas” de política monetaria: los nuevos billetes serán empleados en la compra de deuda pública, empresarial y bancaria.

El presidente del organismo regulador Marving King espera que aumentando la cantidad de dinero disponible en la economía se logre expandir el crédito y reactivar así el consumo, aunque no está claro que estos efectos se logren gracias a estas medidas. De momento es más un deseo que una realidad.



El BCE también se apunta a imprimir billetes

Y precisamente, el único organismo monetario que hasta ahora estaba realizando una gestión de la crisis que se podría calificar de moderada (sin bajadas grandes de los tipos y limitando la compra de bonos) ha decidido pasar a la acción y seguir al resto de Bancos Centrales.

El BCE, que dirige Jean Claude Trichet estudia llevar a cabo “acciones no convencionales” para mejorar la liquidez “si los tipos de interés llegan a cero”. El dinero sería empleado en la adquisición de pagarés y deuda respaldada por activos. Así lo ha afirmado Nout Wellink, miembro del consejo de gobierno de la institución.

“No se puede descartar, si existe un motivo para hacerlo, que el BCE tome pasos en esa dirección. Sus estatutos de asociación no están reñidos con esto”, afirmó este jueves en la presentación del informe anual del banco central holandés.

Aún así, Wellink aclaró que aún no se ha agotado el margen de maniobra en materia de tipos de interés y que el BCE no ha entrado todavía en el mercado de los pagarés financieros y los bonos respaldados por activos porque es un mercado “considerablemente menos importante” para Europa que para Estados Unidos. Pero ahora las cosas son diferentes.

Aunque algunos directivos del BCE, incluido el presidente, Jean-Claude Trichet, han afirmado que no hay lugar para recortar el principal tipo de refinanciación, que actualmente está en el 1,5%. Por ello, Trichet y otros miembros de la entidad, que abogan por no recortar los tipos por debajo del 1%, no descartan la adopción de medidas “no convencionales”.

Sin embargo, los economistas esperan que el BCE siga bajando los tipos y se prevé que en la próxima reunión lleve a cabo un recorte de 50 puntos básicos.

Respecto a la coyuntura económica actual en el continente, Wellink se mostró cauto para no pronosticar un final de la recesión. “Existe consenso sobre que la economía se reactivará en algún momento de 2010 y no es surrealista”, apuntó. Además, recordó que “las crisis financieras previas han mostrado que es casi imposible predecir cómo y cuándo llegará la recuperación. Podría llevar entre dos y tres años, lo que nos llevaría a 2011”.



También se refirió al riesgo de que se produzca una deflación global y la atribuyó a la caída de los precios de las materias primas. En este entorno, Wellink no descarta que se produzcan importantes caídas en los precios al consumo en la zona euro. “Esto no es un problema por sí solo mientras los consumidores no empiecen a posponer continuamente sus adquisiciones, esperando a caídas futuras de los precios”, explicó.

Deuda empresarial de “alta calidad”



Hasta este jueves, el Banco de Inglaterra ha comprado hoy 124 millones de libras en bonos corporativos. Entre los elegidos se encuentran los de la compañía española Iberdrola. Otros bancos centrales se están planteando comprar deuda de alta calidad para asegurar la liquidez en empresas estratégicas. El Banco de Japón se encuentra próximo a estas medidas, y el Banco Central Europeo mantiene la puerta abierta a este tipo de acciones.

El Banco Central del Reino Unido ha comprado emisiones de deuda de algunas de las mayores compañías que operan en la economía británica, como British Telecom, Centrica, General Electric, Vodafone o Scottish Power, esta última perteneciente al Grupo Iberdrola. Así, el organismo monetario toma participaciones en algunas de las empresas estratégicas para el país.

Los activos comprados por el banco son de “alta calidad y liquidez”, según aseguran con lo podrá rentabilizar estas inversiones. El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, aseguró ante el Parlamento británico que lo que importa en esta operación no es la cantidad de deuda que han adquirido sino el efecto de esta acción sobre los diferenciales del crédito en estos mercados.

En cuanto a la rentabilidad de esta deuda, el diferencial que presenta con respecto a la deuda pública en el Reino Unido u otras economías desarrolladas es alto. En concreto, la rentabilidad media que ofrecen los bonos corporativos es 283 puntos básicos mayor que las de los bonos del Tesoro británico a 10 años. Por tanto, el organismo podrá sacar provecho de estas medidas para reactivar la economía.

Esta compra se inscribe dentro de un plan más amplio para hacer frente a la crisis económica y financiera. El Banco de Inglaterra gastará 75.000 millones de libras para la recuperación del Reino Unido. En este sentido, el organismo monetario británico ya ha comprado deuda privada a tres meses por valor de 1.890 millones de libras y bonos del Tesoro del Reino Unido por valor de 9.500 millones de libras.

El Banco de España ha confirmado que no tiene competencias para realizar estas compras de activos, y que la responsabilidad de estas acciones recae en el Banco Central Europeo. Sin embargo, el representante español en el consejo del banco central, José Manuel González Páramo, ha reiterado que las previsiones de inflación del BCE permiten emprender todo tipo de medidas para reactivar la economía, como bajar los tipos “con gran agresividad”.

- Los rescates del gobierno de EEUU suman US$ 2,98 billones, según supervisor del programa (The Wall Street Journal -


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