Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”



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24/3/10)

(Por Ángel Martín Oro)

Lo que sí parece cierto es que la probabilidad de default de la deuda norteamericana ya no es cero.



Esta misma pregunta se formulaba el profesor del IESE Antonio Argandoña, allá por el 18 de enero de 2003 en La Gaceta del Sábado. Obviamente, la situación actual, aunque herencia de ese año, no se asemeja demasiado a la de 2003. Si en esa ocasión tenía sentido formularse tal pregunta, ahora mucho más.

A lo largo de los dos últimos años, desde que comenzó la crisis, se han sucedido las reflexiones en torno a la fortaleza de la economía norteamericana. Las respuestas han sido variadas, desde los más optimistas (o menos pesimistas) que ven una recuperación inminente más o menos sólida, a los más catastrofistas, quienes llegan a prever hiperinflación o colapsos monetarios de primer orden -cayendo en la sensata crítica que Robert Higgs dedicaba a los agoreros, quien hace notar que en sus análisis nunca aborden el qué pasará después.

En el artículo de 2003, el profesor Argandoña advertía de ciertos fenómenos preocupantes dentro de la economía norteamericana, como el hecho de que los norteamericanos estaban viviendo muy por encima de sus posibilidades -con un gasto muy elevado y un ahorro ridículo-, endeudándose masivamente con el exterior y dependiendo totalmente del crédito. Pero esta práctica tenía un límite: “En cualquier momento (los países extranjeros, especialmente los asiáticos y emergentes) pueden decidir reducir su flujo de fondos hacia Estados Unidos”.

Unos años después podemos constatar la insostenibilidad del crecimiento económico estadounidense de la última década, basado en una burbuja de crédito que alimentó y sostuvo una fase de artificial auge económico. Y unos años más tarde, no podría ser de mayor relevancia la advertencia que apuntaba el profesor Argandoña, referida en este caso a la deuda pública: en cualquier momento los acreedores del Tesoro de Estados Unidos pueden decidir reducir su flujo de fondos, o exigir tipos de interés sensiblemente más elevados.

Las políticas de la administración de Obama han disparado la deuda pública hasta niveles sin precedentes, como se muestra en este gráfico. El déficit público también está disparado, y las cuentas públicas empiezan a preocupar al establishment norteamericano, que alerta de un nivel de déficit “altamente insostenible”. Pero puede que lleguen un poco tarde: la agencia de calificación de deuda Moody’s lanzó una importante advertencia al Gobierno estadounidense de que deben recortar gastos y controlar urgentemente el déficit, si no quieren que acaben rebajando la calidad de la deuda pública.





Si bien esto parecía impensable hace muy poco tiempo -y quizás lo siga siendo ahora-, los recientes acontecimientos nos están enseñando a no descartar escenarios posibles, por improbables que parezcan (¿quién hubiera previsto el colapso de Islandia?). Este toque de atención sugiere que nadie, por muy potencia económica que se sea, debe confiarse y permitirse el lujo de gastar y endeudarse -todavía más- como si no existiera mañana, ni intereses que pagar.

Pero quizás lo más preocupante es que los escenarios más pesimistas no sólo vienen lanzados por quienes aprovechan la mínima ocasión para predecir el colapso y la tragedia más absoluta, sino que vienen avalados, al menos parcialmente, por datos. Algunos de estos datos los analizaba recientemente el analista independiente Charles Hugh Smith.

En primer lugar, dice Smith que en este año se estima que el Tesoro necesitará encontrar compradores para alrededor de 1,6 billones de dólares en bonos estadounidenses, lo que refleja el gran y creciente agujero fiscal que se proyecta para 2010 y 2011. Esta cifra superaría la de 1,42 billones de 2009, que a su vez multiplicaba casi por tres la de 2008. Por poner estas desorbitadas cifras en contexto, los dos mayores acreedores de EEUU del mundo, China y Japón, poseen juntos unos 1,65 billones de dólares en bonos americanos. Dicho de otra manera, estos dos países deberían doblar en un solo año la cantidad total de deuda norteamericana que poseen para financiar todo el déficit.

La pregunta, pues, es obvia: ¿existirá demanda para una cantidad tan ingente de deuda pública? En el último año, según muestran algunos analistas, el ritmo de compra de deuda americana por parte del exterior se ha desacelerado, mientras que las familias norteamericanas han incrementado notablemente sus préstamos al Gobierno. El restante, que es una cantidad muy notable, ha sido absorbido por la Reserva Federal en su programa de expansión monetaria de “relajación cuantitativa” (quantitative easing).

Pero, volviendo a lo que decía el profesor Argandoña, en cualquier momento el público, ya sea nacional o extranjero, puede decidir reducir su flujo de fondos hacia la compra de bonos del Tesoro. Así que no sería improbable ver en el futuro próximo cómo suben los tipos de interés -con las consecuencias que ello genera-, como vía para atraer una demanda que escasea, y quizás unido a una mayor percepción de riesgo por parte de los inversores.

Una alternativa a este escenario consistiría en que la Fed continúe expandiendo su balance mediante la compra directa de deuda pública. Pero los riesgos inflacionarios de esta estrategia deben tenerse muy en cuenta, a pesar de que es una opción atractiva para los políticos. Tampoco debe despreciarse la posibilidad, mucho más halagüeña pero quizás poco realista, de que la economía norteamericana se recupere de manera inminente, y genere los ingresos necesarios para tapar, siquiera de manera chapucera, algunos de los agujeros fiscales más urgentes.

Un riesgo añadido que perciben diversos analistas es el efecto contagio que se podría desencadenar si se recrudecen los ya graves problemas de algunos estados con respecto a su deuda soberana: la Torre de Babel de deuda estadounidense podría sufrir temblores significativos.

Entonces, ¿aguantará Estados Unidos? En estos tiempos pocas certezas acerca del futuro pueden sostenerse, y esta cuestión no es ninguna excepción. Lo que sí parece cierto es que la probabilidad de default de la deuda norteamericana ya no es cero.

Aunque ciertamente, tampoco le haría ningún mal la administración Obama el sobreestimar la posibilidad de impago, si ésa es la única forma de garantizar una pizca de disciplina fiscal.

- Obama nos está convirtiendo en Argentina (Libertad Digital - 29/4/10)

(Por Richard W. Rahn)



Las políticas de Obama están convirtiendo los Estados Unidos en otra Argentina. Hace un siglo, los argentinos gozaban del cuarto ingreso per cápita más alto del mundo porque en su país funcionaba una economía de libre mercado y se respetaban los derechos de propiedad. Hoy, el crédito de Argentina está en el penúltimo lugar (sólo el de Venezuela es peor), y el Gobierno se niega a pagar a quienes adquirieron sus bonos.

En los años 30 del siglo pasado, el Gobierno argentino intervino la economía privada; en 1946, Juan Domingo Perón llegó al poder y nacionalizó los ferrocarriles, la marina mercante y el transporte, entre otros sectores de la economía. Desde entonces, la Argentina se ha visto lastrada por un excesivo gasto público y ha padecido inflaciones altísimas; es lógico, pues, que haya chapoteado en el estancamiento económico. En el Informe Mundial de Libertad Económica, Argentina ocupa el puesto 105 (de 141 países); este año, Estados Unidos ha descendido al número 8.



EEUU tiene un ingreso per cápita de 47.000 dólares al año, por sólo 14.000 la Argentina. Las naciones pueden volverse ricas en el transcurso de unas pocas décadas, como han demostrado Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Finlandia, aplicando políticas económicas correctas. Pero igualmente pueden empobrecerse si hacen las cosas mal -por ejemplo, saturando la economía de controles y prohibiciones-, como puede verse en la propia Argentina, Cuba o Venezuela.

El Gobierno de Obama está impulsando políticas proteccionistas y se ha opuesto a la ratificación de acuerdos comerciales que ya habían sido negociados. Mal asunto.

Argentina tiene un IRPF parecido al de EEUU, pero además impone a sus ciudadanos un impuesto al valor añadido (IVA) y un impuesto sobre el patrimonio. Precisamente, los funcionarios de la Administración Obama y algunos miembros del Congreso norteamericano están coqueteando con la idea de implantar el IVA.

En la Argentina se instrumentan políticas monetarias inflacionarias, y se trata de contrarrestar las consecuencias con controles de precios. En EEUU, la Reserva Federal ha aumentado considerablemente la cantidad de dólares en circulación, abriendo así las puertas a la inflación; en cuanto a los altos cargos del Gobierno, defienden la imposición de controles de precios a las compañías de seguros, los proveedores médicos y las instituciones financieras.

En Argentina, varias entidades bancarias, empezando por la mayor de todas, son de propiedad estatal. En EEUU, la Administración Obama ha obligado a varios grandes bancos a convertirse en bancos gubernamentales. Las dos instituciones hipotecarias más grandes del país: Fannie Mae y Freddie Mac, ahora pertenecen en gran parte al Estado.

Los tribunales argentinos son lentos y corruptos. Allí, los derechos de propiedad son débiles y el Gobierno deliberadamente no da a la inflación la importancia que tiene para que los tenedores de bonos pierdan gran parte de su dinero. Por lo que hace a EEUU, la Administración Obama eliminó unilateralmente los derechos de los tenedores de bonos de General Motors y Chrysler, poniéndole así la mano a lo que pertenecía a unos para traspasarlo a los sindicatos que apoyaron electoralmente al mandatario.

La Argentina tiene una legislación laboral muy favorable a los sindicatos y muy onerosa para los empresarios, a los que cuesta mucho contratar personal. La Administración Obama es favorable a unas regulaciones laborales también muy costosas, y que se traducirán en un aumento del paro.

La república austral tiene una larga historia de déficits, y su Gobierno se niega a pagar lo que debe. En cuanto a EEUU, hay economistas que estiman que, en el curso de los próximos 30 años, la deuda pública aumentará entre un 200 y un 500% del PIB. Actualmente se encuentra en el 60%. Una deuda pública equivalente al 200% del PIB es impagable.

Estados Unidos todavía no se ha convertido en una nueva Argentina, pero si no se da marcha atrás en muchas de las políticas de Obama, pondremos rumbo a la pobreza, mientras decenas de disfrutarán de un mejor nivel de vida.

(Richard W. Rahn, presidente del Institute for Global Economic Growth © AIPE)

- Goldman, el rey del casino (El País - 2/5/10)

Obama intenta capitalizar el descontento popular con Wall Street para cambiar las reglas del juego del sistema financiero

(Por Sandro Pozzi)

Imagine un río en el que una empresa vierte sus desechos más tóxicos. Y que luego otra empresa embotella el agua y la vende como buena. Algo así pasó en el negocio hipotecario, epicentro de la mayor crisis desde la Gran Depresión. Los contaminadores fueron firmas como Countrywide, que daba créditos a gente insolvente. Bancos de inversión como Goldman Sachs empaquetaron esos préstamos envenenados y esparcieron el riesgo sacándolos al mercado. El sello de calidad al producto defectuoso lo pusieron las agencias de rating, como Standard & Poor's y Moody's.

Wall Street se convirtió así, literalmente, en un casino en el que instrumentos financieros de gran complejidad, construidos con activos que eran literalmente basura, fueron la apuesta a seguir. El derrumbe del sector inmobiliario obligó a cada jugador a enseñar sus cartas. Unos ganaron, como el especulador John Paulson. Pero la mayoría perdió la mano. Fue, según el senador demócrata Carl Levin, un colapso hecho por el hombre, del que Goldman Sachs, en su opinión, fue en gran parte responsable. La firma de Wall Street pasó así a ser el máximo exponente de la cultura que dominó y domina en el mundo de las finanzas.

El senador Levin, que preside el subcomité de investigaciones, uno de los más poderosos del Capitolio, se lanzó el martes directamente al cuello del consejero delegado de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, al que acusó de haber tratado a sus clientes como “un objeto para generar beneficio” a base de venderles “mierda”. Hasta 11 veces utilizó la palabra preferida de Cartman, uno de los protagonistas de la serie South Park.

Y es esa misma acusación la que está en el corazón de la demanda por fraude presentada el 19 de abril por la agencia que regula el mercado financiero en EEUU, la SEC: cuestiona si la firma fue lo suficientemente transparente a la hora de informar a sus inversores sobre las intenciones que había detrás del paquete de deuda conocido como Abacus. Y al mismo tiempo eleva la pregunta sobre un posible conflicto de intereses, una sospecha que persigue desde siempre a la banca de inversión.



Carl Levin deja claro que no es su responsabilidad decir si Goldman Sachs hizo algo ilegal. Sin embargo, como señala la senadora republicana Susan Collins, lo que es evidente es que Wall Street aceleró con "prácticas éticamente cuestionables" el boom inmobiliario y desencadenó su caída cuando esos productos exóticos se toparon con la realidad. “Todo estaba basado en una fantasía”, dijo la senadora, “y cuando el mercado inmobiliario se vino abajo, nos dimos cuenta de lo frágil que era el sistema”.

Pero en el ejemplo del agua tóxica embotellada falta una pieza clave, la misma que está también tras del derrumbe del mercado hipotecario. El casino de la deuda basura pudo funcionar gracias a la permisividad de los supervisores financieros en Washington y a que los mismos legisladores que durante más de 10 horas cargaron el martes contra los ejecutivos de Goldman Sachs no fijaron reglas que guiaran y dieran transparencia al juego.

El presidente Barack Obama no desaprovecha la oportunidad e intenta, con un lenguaje más suave, capitalizar el revuelo popular para dar un impulso definitivo a la reforma financiera, que lleva atascada un año en el Congreso. Pero los republicanos se oponen en bloque a darle vida en este momento. El demócrata Christopher Dodd, promotor de la reforma en el Senado, pierde la paciencia y ve detrás de todo esto una maniobra de Wall Street para mantener intacto su modelo de negocio, destinando millones a hacer lobby contra la reforma.

Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, responde que el cambio en la regulación es necesario y que beneficiará al conjunto del sector financiero. Pero en Washington no se creen del todo sus palabras. Y ponen como ejemplo el ataque contra la iniciativa para limitar la capacidad de las entidades para operar con fondos especulativos, la conocida como Volcker Rule. Hasta el inversor Warren Buffett mira con cautela la idea de crear un mercado que arroje luz sobre la oscura esquina de los derivados, una de las ramas de negocio más lucrativas.



JP Morgan Chase, Bank of America, Goldman Sachs, Morgan Stanley y Citigroup manejan contratos por valor de 280 billones de dólares, según la Oficina del Contralor y del Interventor de la Moneda, una cifra que multiplica por 20 el PIB de EEUU. Blankfein explicó ante el Senado que estos productos son necesarios para dar liquidez al mercado y que su banco crea productos para poder diversificar el riesgo que le piden los clientes. “Esto no es un casino”, remachó. Sin embargo, los derivados son también su talón de Aquiles.

El temor en Wall Street es que las nuevas reglas en su negocio puedan reducir sus beneficios y redirijan a los inversores hacia otros centros financieros en los que no se aplican restricciones. La reforma financiera tiene además otros puntos de vulnerabilidad para Wall Street, como acabar con la existencia de bancos “demasiado grandes para quebrar”, la creación de una agencia que proteja al consumidor de productos abusivos y el establecimiento de un sistema de alerta de crisis.

Richard Shelby, republicano del comité financiero del Senado, retrasó todo lo que pudo el debate sobre la reforma en el pleno de la Cámara Alta. Antes de desbloquear el proceso, quería tener garantías del lado demócrata de que habrá un intercambio real de opiniones y que se tendrían en cuenta sus enmiendas. Temía que la propuesta del senador Dodd acabara perpetuando las ayudas públicas a Wall Street.

El miércoles, las dos partes cedieron. Los republicanos aceptaron que avanzara el proceso legislativo, después de ver que los demócratas mataron literalmente la creación de un superfondo de 50.000 millones de dólares financiado por la banca, al que recurrirían los reguladores para desmantelar las entidades insolventes. Pero sobre todo, porque son conscientes de que los ciudadanos piden un árbitro del sistema.

El drama, sin embargo, continuará un par de meses más. La cuestión de la protección del consumidor y de la regulación de los derivados crea aún divisiones ideológicas. Y una vez pactado el texto en el Senado, deberá conciliarse con la versión adoptada por la Cámara de Representantes en diciembre. Barack Obama insiste en que quiere firmar una “reforma robusta”. Y por eso advierte que no firmará un texto que huela que beneficia antes los intereses de Wall Street que al ciudadano.

Lo que está claro es que el éxito de la reforma no dependerá tanto del papel que jugó Goldman Sachs en el colapso del mercado hipotecario, sino más bien de que los legisladores se pongan de acuerdo sobre los detalles del contenido final. Pero el caso Goldman, a raíz del intercambio visto en el Senado, sí que puede acabar introduciendo cambios en el diseño original de la propuesta que está sobre la mesa, al incorporar cuestiones relacionadas con el conflicto de interés y la transparencia.

Y lo que está claro también es que Goldman no crea muchas simpatías. Y que para el ciudadano corriente es difícil entender lo que hace el banco, un desconocimiento que a su vez viene bien para alimentar el ataque político. La firma se encuentra, por tanto, en una situación que a ninguna empresa le gustaría. El banco registró un beneficio espectacular en el primer trimestre de 3.460 millones de dólares, lo que le consolida como una de las compañías más rentables del mundo.

Pero esa imagen de prosperidad en Wall Street contrasta con la dura realidad que se vive en el resto del país, donde un paro cercano al 10% y los desahucios inmobiliarios se ceban con millones de familias. Por poner en números ese desfase, los seis grandes del sistema financiero estadounidense se anotaron unas ganancias de 18.700 millones de dólares en el mejor trimestre desde la primavera de 2007. Pero lo que diferencia a Goldman Sachs del resto es que no presta dinero directamente al ciudadano ordinario ni a pequeñas empresas.

Sus ejecutivos fueron claros en el Senado al explicar lo que hace la entidad, y eso, según los observadores, restó solidez a la causa por fraude de la SEC. Pero la reputación del titán de Wall Street está seriamente dañada por el fuerte choque populista con Washington. Así que a Blankfein no le queda otra que hacer dos cosas para quitarse la etiqueta de villano: primero, introducir cambios en su modelo de negocio que recuperen la confianza en la entidad, y segundo, zanjar cuanto antes el frente legal.

Cuanto más disputa las alegaciones de la SEC, más caen sus acciones, y eso puede irritar a los inversores. Aunque para muchos analistas especializados en este tipo de litigios el caso presentado por el regulador es débil, en esta guerra con tintes propagandísticos, a Goldman Sachs no le queda otra que dar un paso atrás y llegar cuanto antes a un arreglo para evitar ir a juicio y que la situación siga dañando más su imagen.

Es una posibilidad que ganó aún más fuerza tras el duro enfrentamiento visto en el Capitolio. Y los pactos extrajudiciales son, además, una práctica muy común seguida en EEUU en litigios de tipo financiero, porque permite, por un lado, terminar con la incertidumbre y evita costosos gastos legales. Pero sobretodo, es la fórmula de finiquitar el expediente sin admitir o negar haber incurrido en una conducta irregular.

- El Senado de EEUU da luz verde a la Reforma Financiera (El Economista - 21/5/10)

(Por José Luis de Haro - Nueva York)



Tras meses de sangre, sudor y lágrimas, la Cámara Alta de Estados Unidos aprobó a última hora de ayer la mayor reforma del sistema financiero del país desde los años 30. Con 59 votos a favor y 39 en contra el Senado otorgó una victoria más al presidente Barack Obama, quien se ha perfilado como la mano que ha presionado a los legisladores para aprobar cuanto antes el proyecto de ley.

A partir de ahora, la reforma aprobada ayer deberá conciliarse con la aprobada por el Congreso el pasado 24 de diciembre. Cuando esto suceda y se limen asperezas sobre ciertos temas, el proyecto se convertirá en ley cuando Obama ponga su firma en el mismo.

Los puntos clave de la reforma aprobada ayer son los siguientes:

1) Nueva Autoridad Regulatoria: otorga autoridad a los reguladores para intervenir y deshacer entidades financieras en peligro. La liquidación de las mismas estaría coordinada por la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC).

2) Agencia de protección al consumidor: La nueva Oficina de Protección Financiera al Consumidor será parte de la Reserva Federal y tendrá poderes limitados sobre los bancos y otras entidades financieras, especialmente entidades hipotecarias.

3) Derivados: Buena parte de los derivados deberán intercambiarse en bolsas y mercados similares a los de la renta variable, como el NYSE o el Nasdaq. De momento se incluye la posibilidad de que los bancos comerciales que accedan a la ventana de descuento de la FED tengan que independizar en una compañía externa sus mesas de operaciones con derivados.

4) Reserva Federal: Se auditarán todos los programas de rescate y urgencia implementados desde 2007 hasta ahora por el banco central de EEUU.

5) Reservas de capital bancario: Los bancos con más de 250.000 millones de dólares en activos deberán someterse a nuevos estándares de reservas de capital y limitar su riesgo.

6) Hedge Funds: Aquellos que gestionen más de 100 millones de dólares deberán registrarse en la Comisión de Mercados y Valores de EUU (SEC).

7) Agencias de Rating: La SEC nombrará a un nuevo cuerpo regulatorio que se encargará de eliminar los conflictos de interés con las agencias de calificación. Actualmente muchas compañías pagan por obtener su rating y, en ocasiones, contratan a la agencia que mejor calificación les da.

8) Gobierno: Los inversores podrán votar de forma no vinculante sobre el salario de los directivos. La SEC dará poder a los inversores para poder nominar miembros al consejo de administración de compañías que coticen públicamente.

- ¿Y si colapsa la deuda pública? “Hiperinflación, ley marcial y guerras” (Libertad Digital - 28/5/10)



Destacados economistas reunidos el pasado fin de semana en Nueva York advirtieron de que la deuda pública occidental sólo podrá ser financiada mediante la impresión de dinero a gran escala, lo que desencadenará una oleada inflacionaria que causará revueltas sociales, proteccionismo económico y guerras.

(Por Daniel Luna / Nueva York)



“Compre oro y márchese a vivir a una casa en el campo, donde no van a caer bombas”. Ésta es la recomendación de Marc Faber, el inversor que anticipó tanto la crisis actual como la de 1987, cuando avisó a sus clientes de que vendieran las acciones de Wall Street días antes del Lunes Negro. “Los Gobiernos están al borde de la bancarrota y harán cualquier cosa para sobrevivir: primero imprimirán dinero, y cuando esto no funcione recurrirán a la guerra”.

Faber, autor del boletín mensual The Boom, Gloom and Doom Report, y conocido también como Doctor Doom (muerte, fatalidad) por sus lúgubres predicciones, habló el fin de semana pasado en el foro económico Mises Circle, organizado por el Instituto Ludwig von Mises en Nueva York para analizar la situación de los mercados financieros y la responsabilidad de los bancos centrales en la actual crisis económica.

“Entre 2000 y 2007, Greenspan y Bernanke aumentaron el crédito en Estados Unidos cinco veces por encima de lo que creció el PIB, una expansión mayor que la que precedió a la Gran Depresión de 1929”, explicó Faber. “La Reserva Federal ya nunca volverá a políticas restrictivas porque para esta economía adicta al crédito eso sería un veneno, así que van a mantener los tipos al 0% durante mucho tiempo”.



Esta política expansiva, sumada a la lista de obligaciones asumidas por el Gobierno Federal para las que no existen recursos (Seguridad Social, Medicaid, Medicare, rescates bancarios, etc.), llevará al país a la hiperinflación.

Fuente: previsiones oficiales del Gobierno Federal (en ausencia de reformas)



Y es que, “si se cuentan esas obligaciones la deuda del país supone el 800% de su PIB. Los Gobiernos occidentales han crecido como un cáncer y no pueden pagar, pero antes de reconocerlo oficialmente imprimirán dinero de forma masiva porque es lo más fácil. Así se aplaza el problema para el que llegue después, y al final se crea una crisis todavía mayor. En el 2008 cayeron los mercados financieros; el próximo episodio será la caída de los Gobiernos”.

Según Faber, cuando eso suceda iremos a la guerra: “Y si usted vive en una ciudad, en la próxima guerra le envenenarán el agua, le cortarán la electricidad y su tarjeta de crédito y su transporte no funcionarán. Ni siquiera podrá volver a casa. Así que váyanse a vivir al campo, en el medio de la nada, lejos del peligro”, aconseja. No todos los participantes en el Mises Circle fueron tan pesimistas, pero la convicción de que la inflación está a la vuelta de la esquina fue unánime.

El inversor Christopher Whalen, editor del boletín The Institutional Risk Analysis, cree que llegará tras el rescate de los estados europeos: “La Reserva Federal ha reanudado su programa para proveer de liquidez a la UE (con el objetivo de) rescatarla de un colapso deflacionario, pero la dimensión de su endeudamiento hace ese rescate inviable. Los políticos han utilizado la deuda para evitar subir impuestos y reducir gastos; ahora los Gobiernos europeos están arruinados y el momento de la verdad se acerca”.



Sólo quedan dos opciones, según Whalen: “Aplicar las recetas necesarias, que traerán una fuerte contracción económica y muchos conflictos, o imprimir dinero. Lo primero no lo quiere hacer nadie, ni en Estados Unidos ni en Europa, porque es muy doloroso”.

El escenario que prevé el autor del Institutional Risk Analysis es el de una inflación alta, “de dos dígitos”, que se prolongará varios años, cortará de raíz cualquier amago de crecimiento económico y resucitará el proteccionismo: “La era de la globalización y el libre comercio está llegando a su fin. Con la caída del dólar otros países asumirán nuevos beneficios y responsabilidades y darán prioridad a sus mercados nacionales. Tendremos más impuestos y nuevas tarifas a la importación”.

¿Cuánto tardaremos en verlo? No habrá que esperar mucho: “El proceso comenzará este mismo año en EEUU con el impuesto nacional a las ventas (IVA) con el que Obama planea reducir el déficit”, dice Whalen. Su recomendación es invertir en activos sin conexión con la economía financiera: “Oro, propiedades inmobiliarias y cobre, cosas reales que no están ligadas al dinero fiat”.

Precisamente, es el dinero fiat, es decir, creado por decreto y sin respaldo de riqueza real, lo que está en la base del desbarajuste que atraviesa la economía internacional. “El sistema está a punto de colapsar porque desde que se desligó el dólar del oro (en 1971) no existe un mecanismo auto-regulatorio de mercado”, afirmó en su intervención Lawrence Parks, director de la Fundación para el Avance de la Educación Monetaria (FAME).



“El dinero fiat no es real, es una ilusión. Se impuso mediante la fuerza, se mantiene mediante el fraude y puede desaparecer en cualquier momento”. Parks apeló al pasado para predecir el futuro: “El valor del dinero fiat siempre ha terminado por caer hacia su coste de producción: cero. Históricamente no existen excepciones al respecto, y las actuales monedas tampoco lo serán”.

¿Qué consecuencias tendrá el fin del dólar?



Parks coincide con Faber en el pronóstico sobre la guerra y añade otro no menos inquietante: “La hiperinflación es inevitable, y para combatir las revueltas sociales que se sucederán el Gobierno preparó hace tiempo la legislación que permite declarar la Ley Marcial”. Parks se refiere a una serie de medidas aprobadas en los años 30, 50 y 70, al parecer todavía en vigor, que permiten al presidente, en caso de emergencia, confiscar cualquier propiedad, intervenir las comunicaciones y transportes y dirigir todos los aspectos públicos y privados de la economía.

Junto a la denuncia del dinero “falso”, en el Mises Circle se atacó la teoría de que la causa de la crisis fue una insuficiente regulación. Kevin Duffy, fundador de Bearing Asset Management, uno de los fondos más exitosos desde su creación en el año 2002, recordó que fueron precisamente las instituciones más reguladas, como los bancos, y no otras áreas con menor regulación como los hedge funds, las que estuvieron en el centro de la crisis.

Marc Faber resumió las conclusiones y el estado de ánimo del Mises Circle de la siguiente forma: “Es un tremendo sofisma económico la idea de que imprimiendo dinero y emitiendo deuda se puede conseguir prosperidad. Si fuese así, el país más rico del mundo sería Zimbabwe”. Y, para deleite de su auditorio, añadió: “Por cierto, un país gobernado por Robert Mugabe, el mentor económico de Ben Bernanke”.

- El coste de la crisis financiera supera el 25% del PIB en los países desarrollados (El País - 30/5/10)

Un informe confidencial del FMI revela la factura de las ayudas a la banca

(Por Andreu Missé - Bruselas)



Los recursos movilizados para hacer frente a la crisis financiera superan el 25% del PIB en los países desarrollados, según se desprende de los informes confidenciales elaborados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea. El trabajo del FMI ha sido encargado por el G-20 a la vista de los impresionantes recursos aportados o garantizados por los contribuyentes (superiores a los 9,6 billones de dólares) para salvar los bancos, aunque una parte de ellos no han sido utilizados. El G-20 tiene previsto discutir en su reunión en Toronto a finales de junio “cómo el sector financiero podría hacer una justa y sustancial contribución para reparar el sistema bancario”.

El impacto para el sector público de la crisis bancaria se concentra prácticamente en los llamados países avanzados del G-20 (Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Corea, Reino Unido y Estados Unidos) con más de 9,5 billones. En los países emergentes del grupo sólo han consumido dinero de los ciudadanos Brasil (1,3% del PIB) y Rusia (9,6%). El resto de miembros del club (Argentina, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudí, África del Sur y Turquía) no han gastado ni un céntimo.

Las secuelas más graves de este empleo masivo de dinero de los contribuyentes se verán reflejadas en el preocupante aumento de la deuda pública, que en los países avanzados del G-20 será de 40 puntos porcentuales entre los años 2008 y 2015, lo que supondrá una grave hipoteca para generaciones futuras. Paralelamente, el impacto de la crisis financiera ha provocado hasta ahora una pérdida acumulada del PIB del 27% en estos países.

La derivada más preocupante de la crisis financiera ha sido sin duda la pérdida de millones de empleos. La tasa de paro ha alcanzado el 10% tanto en Europa como en Estados Unidos, aunque en este país ya ha empezado a remitir. En la UE de los 27 el número de desempleados aumentó en 7,2 millones desde marzo de 2008, lo que supone un crecimiento del 45%.

De momento, solo Estados Unidos ha acordado una medida para pagar los costes incurridos hasta ahora. Europa pasa página del pasado, e intenta encontrar un consenso ante futuras crisis, a pesar de que un reciente informe de la Comisión Europea cifra en 4,1 billones de euros los recursos públicos comprometidos entre octubre de 2008 y marzo de 2010, por 19 Estados europeos, lo que representa el 32,6% del PIB de la UE. El comisario de Mercado Interior y Servicios, Michel Barnier, ha iniciado una consulta con los demás Estados para crear un fondo de resolución para futuras crisis bancarias, cuya propuesta legislativa no estará lista hasta principios de 2011, pero que cuenta con la oposición del Banco Central Europeo.

Aunque los volúmenes de fondos públicos comprometidos han sido muy cuantiosos sólo se han utilizado finalmente una parte de ellos. En los países avanzados, si se excluyen las garantías (que representan el 11% del PIB), los fondos disponibles para ayudas directas del Gobierno ha representado el 6,2% del PIB. Debido a una mejora de la confianza del mercado sólo se han utilizado una cuantía equivalente al 3,5% del PIB. Este coste se ha visto reducido por los pagos y comisiones efectuados por los bancos, por lo que el coste neto para los Estados ha sido del 2,7% del PIB en los países avanzados, es decir, unos 862.000 millones de euros. Sin embargo, las intervenciones directas de los Estados no recuperadas han sido especialmente elevadas en Reino Unido (5,4% del PIB); Alemania (4,8%) y Estados Unidos (3,6%).

Para el comisario de Competencia, Joaquín Almunia, “el declive en el uso de garantías de los Estados constituye un alentador indicador de que el sector financiero ha empezado a volver a las condiciones normales de mercado”. Insistiendo en que “mientras la situación continúe frágil, es crucial para el conjunto de la economía que los bancos no sigan dependientes de los Estados por más tiempo del necesario y que se financien crecientemente en el mercado”. “Algunos han empezado”, añadió, “otros serán inducidos a ello y para algunos de estos incluirá pasar por una necesaria reestructuración”.



El debate para que la banca asuma el coste de los gastos públicos se perfilará en la próxima reunión del G-20 en Toronto y también en el marco de las instituciones europeas y los Estados más afectados. El Partido de los Socialistas Europeos propugna una tasa en las transacciones financieras del 0,05%, dirigida especialmente a las operaciones especulativas realizadas en microsegundos. Según sus estimaciones, teniendo en cuenta que el volumen de transacciones financieras mundial es de 3.000 billones de euros, se podrían obtener unos ingresos de 500.000 millones el año próximo, incluidos unos 200.000 millones en Europa, lo que permitiría crear entre dos y tres millones de empleos.

- El panorama del empleo en EEUU es muy desalentador (Expansión - 8/6/10)

(Por Mort Zuckerman)

Vamos a la deriva. Nos consolamos ante el menor atisbo de una buena noticia, pero navegamos por aguas peligrosas; la Gran Depresión se está revelando crudamente como una crisis global y EEUU, el motor tradicional de la recuperación, falla en cada una de sus intervenciones.

El Gobierno estadounidense respondió a la crisis con grandes ayudas financieras. Pero fuera de estas transferencias, los ingresos personales de los estadounidenses continúan cayendo; el mercado inmobiliario sigue, en el mejor de los casos, estancado; el crecimiento del consumo es simbólico. La única energía real de la economía procede del final de la liquidación de inventarios, que es ahora el principal responsable del aumento de la producción industrial y de cualquier mejora de la economía.

Los hogares estadounidenses están abatidos. En mayo, sólo el 11,3% creía que sus ingresos aumentarían en los próximos seis meses, frente al 16,6% que esperaba un descenso. Es la primera vez en cuatro décadas que la mayoría de la población cree que su situación irá a peor, y no a mejor. Es probable que los posibles estímulos fiscales y monetarios masivos que pudieran invertir la tendencia sean políticamente insostenibles dada la creciente preocupación sobre el enorme déficit nacional.

Se mire donde se mire, el panorama resulta desolador. Los principales indicadores económicos cayeron en abril -algo poco usual en una fase tan temprana del ciclo de recuperación-. La demanda de empleo creció en 25.000 solicitudes, llegando a las 471.000. Y volvieron a subir por encima de las expectativas durante las tres primeras semanas de mayo -elevando la media móvil de las cuatro semanas en torno, o por encima, de los 100.000 nuevos parados-. Durante los meses previos, las solicitudes de trabajo nunca se aproximaron ni mucho menos al entorno de las 400.000.



No estamos viviendo el ciclo habitual de crecimiento económico. Si lo estuviéramos haciendo, la creación de empleo habría registrado ya un nuevo máximo y compensado todos los trabajos perdidos, tal y como sucedió en anteriores recesiones postguerra. En esta ocasión, estamos lejos del viejo techo de empleo, concretamente en 8,4 millones de personas. Uno de cada seis estadounidenses está en paro o tiene un trabajo a tiempo parcial. No es un ciclo normal cuando se lo compara con una recesión típica, en la que no se pierden más de dos o tres millones de empleos.

Un estudio de David Rosenberg, economista jefe de Gluskin Sheff, revela unas estadísticas tras las cifras oficiales realmente aterradoras. Más de 6,5 millones de personas (más del 45% de los parados) llevan al menos 27 semanas sin empleo, frente a los 3,2 millones de hace un año.

Los sueldos están bajando; los recortes salariales aumentan a medida que los empresarios intentan reducir costes y siguen negándose a contratar. Y el número de trabajadores que buscan empleo sigue creciendo. Por ejemplo, en abril hubo 290.000 nuevas contrataciones, pero la mano de obra aumentó en 805.000 personas.



Los parados que buscan empleo superan el número de trabajos que se crean. Si se amplía el concepto de desempleo para englobar a las personas con un trabajo a tiempo parcial y a aquellas que han solicitado un empleo a lo largo del último año, la cifra alcanza aproximadamente el 17%. La tasa de paro oficial se ha reducido a algo menos del 10%, pero sólo incluye a las personas que han buscado un empleo en las últimas cuatro semanas.

¿En qué se traduce este excesivo número de personas en busca de empleo, con una media de 5,6 trabajadores por cada nuevo empleo? En deflación salarial. El sueldo medio por hora no ha subido desde comienzos de año, llegando un mes incluso a descender un 0,1%, algo que no había sucedido desde abril de 2003.

Es una recuperación desconcertante. Tras el sólido crecimiento del PIB de aproximadamente el 6% en el cuarto trimestre del año pasado, en condiciones normales anticiparíamos un aumento mensual de 250.000 puestos de trabajo. En su lugar, enero y febrero registraron una media de 31.000 nuevos empleos -un mínimo crecimiento sin precedentes tras un trimestre con un PIB tan sólido-.

Habrá que desarrollar políticas y ayudas estatales para los parados de larga duración, cuya probabilidad de encontrar un empleo se reduce conforme permanecen inactivos. Este grupo de parados ha aumentado desde los dos millones de junio de 2004 a los 6,7 millones de abril de 2010. Es probable que nos esperen entre cinco y ocho años de crecimiento económico moderado. Crear 12 millones de puestos de trabajo para volver al pleno empleo, cuando su destrucción aún no ha terminado, parece casi imposible.

(The Financial Times Limited 2010. All Rights Reserved)

- Taleb: la deuda se extiende como un cáncer, estamos peor que hace dos años (El Economista - 10/6/10)

Nassim Taleb, profesor de la Universidad de Nueva York y autor del célebre libro El Cisne Negro, ha asegurado hoy que la situación económica es hoy drásticamente peor que hace un par de años y que el euro está condenado como concepto.

El término “cisne negro” hace referencia a acontecimientos drásticos e impredecibles... como la crisis que estalló en 2007 y que asoló el sistema financiero mundial en 2008.



Hace dos años “teníamos menos deuda y más gente empleada. Hoy tenemos más riesgo en el sistema y una base impositiva menor”, declaró Taleb en una entrevista con la CNBC.

“Los balances de los bancos son tan malos como eran” cuando la crisis comenzó y “la calidad de los riesgos no ha mejorado”, añadió. Según Taleb, la raíz de la crisis del último par de años es la deuda, no la recesión, deuda que “se ha extendido como un cáncer”. Sin embargo, añadió que sentía cierto alivio ahora que la atención de los poderes públicos se había centrado en la deuda y no en el crecimiento.

En este sentido, añadió que el mundo debe prepararse para la austeridad. “Necesitamos recortar la deuda. Desgraciadamente, es la única solución”, en contraste con otros analistas que han advertido sobre los peligros de ir demasiado lejos con los programas de austeridad.

Obama no ha dado una



Asimismo, Taleb se ha mostrado muy crítico con el gobierno de Barack Obama. “No es que hayan cometido errores, es que prácticamente no han dado una”. Más aún, respecto a un posible segundo gran plan de estímulo, advirtió de que sería inútil.

“Obama prometió un 8% de desempleo gracias a los estímulos. No ha funcionado”, destacó Taleb, que además avisó sobre las obligaciones de EEUU, sustancialmente mayores que en el resto de países.

“No des a un yonki más drogas, no des más deuda a un yonki de la deuda”, explicó el escritor de El Cisne Negro.

En cuanto a inversiones más concretas, el profesor señala que habría que evitar los bonos y buscar instrumentos con los que cubrirse de la inflación incipiente (No hay que olvidar que Taleb participó en la creación de un hedge fund que apuesta por la inflación).

“Quiero vivir en una sociedad que sea robusta a los eventos adversos. No vivimos en ese mundo”, añade. “Un puente mal construido finalmente se romperá. Un cisne blanco para el carnicero es un cisne negro para el pavo”.

- EEUU advierte: no se puede reducir el déficit a costa del crecimiento a corto plazo (El Economista - 23/6/10)



El Grupo de los 20 países industrializados y en desarrollo debería tener cuidado en establecer medidas para controlar los déficits tan rápidamente que pongan en riesgo la recuperación de la economía, dijeron el martes líderes económicos de Estados Unidos.

“Debemos demostrar un compromiso para reducir los déficits a largo plazo, pero no a costa del crecimiento a corto plazo”, escribieron el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, y el asesor económico de la Casa Blanca Lawrence Summers en un artículo en el diario The Wall Street Journal en el que dan a conocer su agenda para la reunión del G20.

“Sin crecimiento ahora, los déficits crecerán más y socavarán el futuro crecimiento”, afirmaron, destacando lo que se espera que sea un punto central de discrepancia entre Estados Unidos y otros miembros del G20 cuando se reúnan sus jefes políticos a finales de esta semana.

Además, destacan el papel de las economías emergentes. “Las economías emergentes pueden ayudar a reforzar la recuperación global fortaleciendo las fuentes domésticas de crecimiento y permitiendo más flexibilidad en sus tasas de intercambio”, dijo Geithner en un artículo conjunto en el Wall Street Journal con el asesor económico de la Casa Blanca Lawrence Summers.

“Saludamos la reciente decisión de China en hacerlo y esperamos su enérgica implementación”, agregó.

Reforma financiera



Por otro lado, Geithner y Summers advierten de que es necesario acelerar los esfuerzos para establecer una nueva regulación financiera global. La reforma tendría que acabar con el exceso del riesgo, reducir el apalancamiento, reformar los salarios de los banqueros, proteger a los consumidores, traer transparencia y más competitividad a los mercados de derivados, afrontar el problema de las firmas demasiado grandes para caer y asegurar que el contribuyente no acarree con los costes de un rescate cuando alguna firma caiga.

En este sentido, creen que el mundo debe aplaudir el anuncio de Europa de hacer más transparente su sistema bancario. Además piensan que es “crítico” que se llegue a un acuerdo internacional para reducir el apalancamiento y elevar los requerimientos de capital, mejorando tanto la cantidad como la calidad del mismo.

- El Senado abre un agujero del tamaño de Citigroup en la reforma financiera (El Economista - 24/6/10)

(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)

El Senado de EEUU va a introducir cambios en el proyecto de reforma financiera encaminados a suavizar la llamada “Ley Volcker”. Estos cambios permitirán a los bancos invertir pequeñas cantidades de su capital en hedge funds internos o en mesas de trading por cuenta propia, las dos actividades inicialmente prohibidas por dicha norma al considerarse las más arriesgadas.

Todavía no se había determinado anoche exactamente cuál será la cantidad que podrán destinar a estas operaciones. Según algunas informaciones, se podría permitir a las entidades destinar el 2% de su capital en hedge funds o en la operativa por cuenta propia. El lobby de Wall Street ha presionado para alcanzar una cifra de hasta el 5%, un nivel que permitiría a muchos bancos esquivar completamente esta norma.

Y es que, en función de cuál sea ese porcentaje, los legisladores pueden estar permitiendo de forma inintencionada que los bancos que necesitaron el mayor rescate de la historia eludan las limitaciones a su operativa más peligrosa. Al mismo tiempo, los bancos más prudentes pueden verse obligados a segregar estas actividades en nuevas unidades independientes.



La intención de esta norma, promovida por el ex presidente de la Fed Paul Volcker, pretendía evitar que los bancos mantengan operaciones complejas y arriesgadas que puedan provocar unas pérdidas que requieran una nueva oleada de rescates.

El problema es que no está claro qué porcentaje de capital invierten actualmente las entidades en estos negocios, aunque sí se conocen los ingresos que les proporcionan anualmente estos negocios.

Citigroup, que recibió una inyección de 45.000 millones de dinero público para evitar su quiebra, apenas se vería afectado por una Ley Volcker que permitiera destinar el 2% o el 3% de su capital al “proprietary trading”. Si se añaden los hedge funds y el capital riesgo, la cifra es un poco más alta, pero sin superar el 3%.

Bank of America, que también recibió 45.000 millones, se encuentra en una situación similar, según informa la CNBC. Cualquier excepción a la norma le permitiría seguir actuando como si nada.

Por el contrario, JP Morgan Chase, que se comportó mucho mejor durante la crisis financiera, tendría más que perder si la excepción se queda en un porcentaje muy bajo. Aunque se estima que genera menos del 1% de sus ingresos de la operativa por cuenta propia, también opera el mayor hedge fund del mundo. Con una excepción del 5% no le pasaría nada, pero un nivel inferior le obligaría a vender parte de su negocio de fondos alternativos

Finalmente, Goldman Sachs, otro de los mejor parados de la crisis, señala que genera en torno al 10% de sus ingresos del “prop trading”. Es decir, que aunque la excepción finalmente aprobada sea generosa, se pasaría de todas formas y tendría que segregar alguno de estos negocios o bien renunciar a su estatus de banco con acceso a la ventanilla de descuento de la Fed.

- EEUU da luz verde a la mayor reforma financiera desde la Gran Depresión (El Economista - 25/6/10)

El Senado y la Cámara de representantes de EEUU se han puesto al fin de acuerdo y han aprobado la mayor reforma del sistema financiero desde la década de 1930, arrojando algo de luz sobre los rincones más oscuros de Wall Street. Los miembros de las Cámaras debatieron durante 20 horas para dar las últimas pinceladas y el visto bueno a una norma que cambiará notablemente el mercado de derivados y las operaciones en mercado con recursos propios de las entidades (proprietary trading). Sólo queda un último paso para su puesta en marcha.

Además, los congresistas y senadores han conseguido cerrar acuerdos sobre algunos de los puntos más sensibles de la intrincada ley como las medidas para reducir el tamaño de firmas cuya envergadura pueda poner en peligro la estabilidad de los mercados, el coto a los fondos de inversión libre (hedge funds) y mayores facilidades para que los inversores puedan demandar a las firmas que otorgan calificaciones crediticias.

En concreto, el acuerdo salió adelante por 20 votos a favor y 11 en contra entre los miembros de la Cámara de Representantes, y obtuvo 7 sufragios favorables y 5 en contra por parte de los senadores.



De este modo, el proyecto de ley al completo será sometido a votación la próxima semana en el Congreso y podría ser promulgada por el presidente el próximo 4 de julio, señala Europa Press.

“Esta va a ser una ley muy potente, mucho más fuerte de lo que casi todo el mundo había predicho, incluido yo mismo”, aseguró el presidente del Comité de Servicios Financieros (House Financial Services Committee), Barney Frank, en declaraciones recogidas por Bloomberg. Estas son las principales directrices de la norma:

1) Control del “proprietary trading”

Una de las cosas más llamativas es que se ha suavizado la llamada Ley Volcker, tal como solicitaba el Senado. En un principio se abogaba por prohibir el proprietary trading a los bancos, pero al final se les permitirá invertir en hedge funds y firmas de capital riesgo, aunque sin aportar más del 3% de capital de los mismos.

Tampoco podrán invertir más del equivalente al 3% de su ratio de capital Tier 1.

2) Traspaso de operaciones con derivados a subsidiarias



Probablemente, uno de los mayores desafíos de esta reforma era la parte relativa al mercado de derivados. Es la primera vez que se establece una estructura regulatoria para este mercado, que mueve unos 615 billones de dólares.

Lo que se ha acordado es la obligación de que los bancos traspasen parte de sus operaciones con derivados a sus subsidiarias. Consideran que el riesgo para el contribuyente se diluye si estas operaciones ya no se hacen desde un depositario que cuente con respaldo del Gobierno.

3) Más poder para la Reserva Federal



La nueva legislación creará un nuevo regulador para proteger al consumidor dentro de la Reserva Federal que se encargará supervisar a los bancos y empresas de servicios financieros en cuanto al negocio hipotecario y de tarjetas de crédito. Este punto contaba con la oposición de los republicanos y la industria financiera.

4) Un nuevo “súperregulador” para la estabilidad financiera



Dentro de la reforma también se creará el Financial Stability Oversight Council (Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera), un súperregulador que vigilará a las grandes firmas de Wall Street y otros actores del mercado para controlar y responder a los riesgos sistémicos. Estará controlado por el Departamento del Tesoro, con miembros de otras instituciones como la Fed o la SEC.

El consejo de este supervisor podrá imponer mayores requerimientos de capital a las entidades o podrá decidir poner a brokers o hedge funds bajo la autoridad de la Fed. Además, podrá forzar a las compañías a realizar desinversiones si su estructura supone una “grave amenaza” a la estabilidad financiera.

5) Tasa de 19.000 millones de dólares

Las entidades financieras y los hedge funds tendrán que pagar multas por valor de hasta 19.000 millones de dólares durante los próximos cinco años como compensación de los programas que ha tenido que poner en marcha para salvar al sector. El dinero obtenido se dedicarás a reducir la deuda federal.

- La prensa alemana contraataca: “EEUU puede ser la próxima Grecia, a lo grande” (Expansión - 25/6/10)

(Por Carmen Vela - Berlín)

La prensa alemana se pregunta hoy si EEUU no será la próxima Grecia “a lo grande”, dado su elevado nivel de endeudamiento (la suma de la deuda pública y privada supone el 360% del PIB).

El Gobierno alemán y la propia canciller Angela Merkel defienden desde hace días la cultura de estabilidad y los ajustes en Alemania y Europa porque “la reducción del endeudamiento es imprescindible para lograr un crecimiento sostenible”. En su opinión “Alemania hará mucho más que otros países por impulsar el crecimiento europeo en 2011” pues dedicará el 2,1% del PIB a medidas de estímulo al consumo, según Merkel. Hoy ha sido la prensa la que ha dedicado grandes espacios a contraatacar los reproches procedentes del otro lado del Atlántico, que sugieren que el mayor país de la eurozona va a ahogar el crecimiento mundial con sus medidas de ahorro.

Si el influyente Süddeutsche Zeintug (el de mayor tirada entre la prensa considerada seria) rechaza las críticas de Soros, pues parte de su fortuna la ha hecho apostando contra el euro, Handelsblatt se pregunta si EEUU no será “la próxima Grecia, a lo Grande”. Porque la suma de la deuda pública y privada en EEUU es del 360% del PIB (sólo el endeudamiento público asciende a 13 billones de dólares). “El mundo no acepta ya a EEUU como alumno modelo”: el país de las posibilidades sin límites es ya el del endeudamiento sin fronteras. “Ni siquiera su mejor aliado, Reino Unido, sigue sus pasos, pues acaba de aprobar un plan de ajuste sin precedentes”.



El rotativo económico presenta a EEUU “sin maquillaje”: los bonos de sus estados federados, California, entre otros, valen tanto como los de Kazajistán o Bulgaria; uno de cada 8 estadounidenses, 40 millones en total, subsisten con las cartillas públicas de comida; la brecha entre ricos y pobres sigue ampliándose y el paro, aunque oficialmente es del 9,7% (contra el 8% de Alemania) es en la realidad del 18,4%, según Gallup. Según el National Employment Law Projet, 33 de los 50 Estados federados no pueden ya pagar subsidios de paro porque los fondos se han agotado y en el primer trimestre de 2010 hubo 388.000 insolvencias privadas (el mayor nivel desde q se aprobó la ley en 2005).

Südeutschezeitung se rebela en un editorial sobre “la leyenda de los malos europeos”, sobre la etiqueta colgada a Alemania de que es la que frena, es tacaña y ahorradora. “No se puede sostener que un ridículo paquete de 28.000 millones (lo que supone el recorte previsto por Berlín) vaya a ahogar el crecimiento de la gigantesca economía estadounidense”. Tampoco "las economías del sur de Europa van a mejorar su capacidad exportadora con ayuda alemana, sino sólo con reformas incómodas”. Y añade: “en tiempos normales Alemania se ha hecho más pequeña, ha pagado más o ha renunciado a votos en la Eurocámara, en grandes crisis como esta no funcionaría sin que Alemania sufriera grandes daños y renunciara a sus principios económicos”, dice el rotativo.

- Endeudarse no es crecer (Libertad Digital - 25/6/10)

(Por Juan Ramón Rallo)



El problema no es que demandemos demasiado poco, sino que hasta que no cambiemos nuestro aparato productivo seremos demasiado pobres como para demandar tanto como lo veníamos haciendo en tiempos de la renovada exuberancia irracional.

Se debaten los próceres del G-20 sobre si mandar a sus países a la bancarrota o, en cambio, regresar a la racionalidad, saneando las finanzas destartaladas de sus Estados y permitiendo que el sector privado prosiga con su costosísima tarea de desapalancamiento. Fácil elección, dirán ustedes. ¿Quién puede preferir el endeudamiento insostenible conducente a la quiebra al saneamiento de las finanzas personales? Es de sentido común que sólo cuatro gatos irresponsables lo harían; el problema es que el keynesianismo ha convertido en legión a esa exigua camada felina y en dogma de fe económico la irresponsabilidad ignorante.

Nos dice Obama que debemos seguir endeudándonos para “sostener el crecimiento” pese al nulo margen de crédito que nos queda. Será que los austeros y frugales occidentales se han endeudado demasiado poco durante estos últimos años y que el Estado debe instarnos a ser un pelín más irresponsables; a no preocuparnos tanto por el mañana y a vivir un poquito por encima de nuestras posibilidades.

En caso contrario no se entiende -salvo que uno se sumerja en los desvaríos keynesianos donde el ahorro es consumo, la inversión se transmuta en ahorro, resulta posible demandar sin ofertar y es habitual ofertar para no demandar nada, ni siquiera dinero- que el endeudadísimo Estados Unidos reclame a la endeudadísima Europa que ambos continúen endeudándose hasta que se recuperen sus economías, ésas que precisamente necesitan reducir su endeudamiento para recuperarse. Es más, no se entiende que el endeudamiento se confunda con crecimiento.

Cualquier persona, familia o empresa sabe perfectamente que el lado de su activo patrimonial aumentará si se endeuda, lo cual no significa ni mucho menos que sea más rica o próspera. De hecho, lo contrario resulta más probable cuando uno busca alocadamente endeudarse por endeudarse: cuando una persona, familia o empresa adquiere más compromisos que aquellos a los que puede hacer frente, se empobrece. Que se lo digan a quienes concertaron una hipoteca que ahora les acapara la mayor parte de su salario o a las empresas que implementaron modelos de negocio cuya estrecha rentabilidad pretendían multiplicar mediante el aumento de sus fondos ajenos.

Más deuda pública no sólo implica más impuestos y más riesgo de impago sino también menos crédito privado. No veo entonces qué beneficios nos puede arrojar el déficit público, salvo como mecanismo para crear demandas artificiales y dependientes de que esos programas públicos prosigan. Si creemos que la economía es un automóvil que necesita de un empujón para comenzar a andar de manera autónoma, es que debemos de tener un taller de reparaciones en la azotea de nuestra torre de marfil. Durante demasiado tiempo se han acometido demasiadas malas inversiones que ahora deben liquidarse, reestructurarse y ver sus precios adaptados. El problema no es que demandemos demasiado poco, sino que hasta que no cambiemos nuestro aparato productivo seremos demasiado pobres como para demandar tanto como lo veníamos haciendo en tiempos de la renovada exuberancia irracional.

Por eso Obama se equivoca y Merkel acierta. Por eso Hoover y Roosevelt se equivocaron hace 80 años cuando desbocaron el déficit público de EEUU. Por eso España y Grecia no han remontado el vuelo pese a sus espectaculares déficits. Por eso Keynes fue un charlatán y Hayek un economista serio.

- El Congreso de EEUU elimina la tasa bancaria del proyecto de reforma financiera (Cinco Días - 30/6/10)



Los miembros del Congreso estadounidense que negocian la reforma financiera acordaron hoy eliminar una tasa bancaria que suponía 19.000 millones de dólares destinados a financiar la ley, en un intento por alcanzar un consenso en torno a la reforma.

El Comité de Servicios Financieros informó de que los legisladores acordaron, después de una sesión negociadora, retirar la propuesta incluida en el texto presentado la semana pasada que tendrá que ser consensuado y aprobado por ambas cámaras.

El impuesto se planteó como una de las fuentes de financiación de la reforma, que supone el mayor cambio a los reglamentos que rigen a Wall Street desde la Gran Depresión de la década de 1930.

La idea sigue siendo que el Congreso apruebe la reforma y la envíe al Despacho Oval antes de la fiesta nacional del cuatro de julio.

La reforma, en la que el Congreso ha trabajado durante un año, afectará una gama muy amplia de transacciones financieras desde las compras con tarjeta en el supermercado hasta las operaciones más complejas con títulos y acciones en Wall Street.

Los legisladores llegaron a un acuerdo preliminar sobre el texto de la reforma financiera más ambiciosa desde la Gran Depresión y que tiene que someterse votación de las dos Cámaras.

El texto incluye un sistema de alarmas de riesgos para prevenir otro colapso financiero como el de 2008, la creación de una oficina de protección financiera del consumidor que tendrá amplias atribuciones y un procedimiento para la liquidación de las grandes firmas financieras que caigan en serios problemas. El presidente Barack Obama, que se reunió hoy con el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, expresó confianza en que la reforma saldrá del Congreso esta semana, pese a la ausencia del senador demócrata Robert Byrd, que falleció la madrugada del lunes. Con la muerte de Byrd, la aprobación de la reforma financiera se ha complicado en el pleno del Senado, porque los demócratas no tienen los 60 votos para bloquear la obstrucción de sus detractores, entre ellos el senador republicano Scott Brown.

- EEUU se da tiempo para controlar al sector financiero (Cinco Días - 3/7/10)



La nueva regulación trata de controlar los riesgos del sector, pero tardará años en concretarse y su cumplimiento queda a discreción de los supervisores

(Por Ana B. Nieto)



A la Reforma Financiera, conocida como Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street y protección a los consumidores, se le ha dado la bienvenida como a la más comprensiva regulación del sector desde los años treinta. Desde luego, pone un punto y final e invierte el proceso de desregulación en EEUU que se disparó a partir de los años ochenta y que al finalizar la primera década del siglo XXI abrió unas profundas heridas, aún por cicatrizar, en las economías avanzadas. Para Douglas Elliot, analista del centro de estudios Brookings Institution, desde un punto de vista realista “hay razones para felicitarse. Es imposible alcanzar la perfección legislativa cuando se está transformando un sector tan importante de la economía”.

Ahora bien, el juicio sobre hasta dónde llega la nueva regulación, que promete más vigilancia del riesgo, más supervisión (se forzará a los grandes hedge funds a registrarse en la SEC) y protección al consumidor, no va a poder empezar a hacerse hasta dentro de dos años, cuando se haya hecho la mayor parte del desarrollo legislativo por parte de los reguladores y se hayan completado los más de 100 análisis sobre la conveniencia de ciertas estipulaciones. Los reguladores, responsables de la aplicación y supervisión, también lo serán del desarrollo reglamentario de una ley que ahora apenas se recoge en 3.200 páginas que posiblemente se multipliquen por 10 cuando se desarrolle. En esa reglamentación, en la que los reguladores dispondrán de mucha autonomía, se encontrarán la mayoría de los detalles que ahora están sólo enmarcados.

No obstante, para dar ese paso hay que promulgar la ley. Se esperaba que pudiera ocurrir en la simbólica fecha del 4 de julio pero se ha tenido que retrasar porque en el Senado el reciente fallecimiento del senador demócrata Robert Byrd ha complicado la mayoría de este partido que ahora necesita un voto republicano. Uno de los pocos conservadores favorables a la reforma, Scott Brown, dice que va a pensarse dar el “sí” durante el pleno. Brown objetó una tasa de 19.000 millones de dólares ya aprobada que se impondría a la banca y los hedge funds para pagar los costes de transición. La tasa se eliminó. A los republicanos, que echan de menos que no se haya tocado las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, no les gusta la ley y su líder en la cámara Baja, John Boehner, ha dicho que es como “matar a una hormiga con armas nucleares”.

Muchos demócratas y analistas como Simon Johnson, profesor del MIT, no se han quedado satisfechos con la ley y echan en falta que no se haya puesto un punto y final definitivo a la realidad de que hay entidades demasiado grandes como para dejarlas caer. Ciertamente, la ley podría haber sido más dura, y muchas de sus estipulaciones, como regla Volcker se han diluido.

Pese a que el tiempo dará una imagen más detallada del impacto de la ley Dodd-Frank, los analistas de la gran banca ya han hecho los primeros cálculos del impacto de la reforma. Jason Goldberg, analista de Barclays, calcula que afectará al 14% de los beneficios netos de la banca en 2013. La reducción de las comisiones, las restricciones, entre otras de capital y los costes regulatorios y de implementación, explica Goldberg en una nota a inversores serán los causantes de este impacto. En la misma nota, especifica, que podía haber sido peor. He aquí algunas de sus iniciativas más importantes.

1 La huella de Volcker

Una de las novedades es iniciativa del ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker. La idea es que los bancos no puedan usar su dinero propio para intermediar en los mercados o de hacer lo que en EEUU se conoce como “proprietary trading”.

El concepto en sí mismo es abstracto y puede llevar a confusión, por ejemplo con operaciones con las que se asegura el riesgo. Su definición queda en las manos de los reguladores, que tienen que desarrollar una regla menos dura de lo que quiso Volcker en un inicio. Porque frente a la prohibición total, la ley permite que los bancos inviertan hasta el 3% de su capital considerado Tier 1 (el de más calidad) en hedge funds y fondos de capital riesgo. Su aplicación no será inmediata. Hay un periodo hasta dos años para deshacer operaciones y puede haber extensiones. Analistas y abogados aún no tienen claro cuántos años habrá de margen, y el periodo de adaptación puede extenderse casi una cómoda década. Es un periodo excepcionalmente largo, lo que aliviará a Goldman Sachs, la firma más afectada por esta regla ya que deriva hasta el 10% de sus ingresos de estas operaciones.

2 Una nueva era en derivados

Donde no había un mercado y una regulación, se crea nueva. Se trata del mercado de derivados. Contratos realizados sobre un volumen de activos de 620 billones de dólares con una mínima transparencia, puesto que se pueden cerrar con llamadas telefónicas. La ley Dodd-Frank obliga a la banca a segregar las mesas de negociación de derivados a entidades más capitalizadas, para evitar que sus riesgos contagien al resto de la entidad comercial que está asegurada por el Fondo de Garantía de Depósitos. Además, los productos que se consideren estandarizados se negociarán en un mercado abierto, regulado, con transparencia de precios y cautelas en la transacción.

Pero igual que con la regla Volcker, la dureza inicial de la ley se ha ido rebajando para permitir que la banca mantenga bajo su paraguas societario operaciones con las que cubra sus propios riesgos en materia de cambio de divisas, tipos de interés y algunas cotizaciones de materias primas como el oro y la plata. Es decir, la mayor parte de los derivados.

3 Guardián del consumidor

Uno de los cambios fundamentales es la creación de una Agencia de Protección al Consumidor que, desde el inicio de la discusión de la ley, ha puesto en guardia a la banca y su lobby. La crisis financiera, la sofisticación bancaria y los abusos han derivado en esta agencia, con poder para escribir normas y supervisar su cumplimiento, y uno de los pilares de la reforma. Pero no será una institución autónoma sino que se enmarcará dentro del organigrama de la Fed aunque su presidente será nombrado por la Casa Blanca y la última palabra sobre lo que haga la tendrá un Consejo de Estabilidad Financiera de nueva creación (punto 4).

Además de esta agencia, se crean otros órganos supervisores y consultivos y sólo se elimina una de las actuales (la Oficina de Supervisión del Ahorro). La Fed, que operará con más transparencia, gana en poderes. Supervisará las instituciones financieras más importantes con mayor potencial de riesgo sistémico sino que mantendrá este mismo poder sobre la banca pequeña.

4 Muy grandes para caer

JP Morgan Chase es, de facto y después de lo peor de la crisis, JP Morgan Chase Bear Stearns Washington Mutual. Los grandes bancos de EEUU son más grandes mientras que los bancos más pequeños tendrán más dificultades para competir como alegan sus lobbies y los gestores de estos. Tras la crisis no ha habido división de entidades demasiado grandes o interconectadas como para que el Estado pueda permitir que caigan ya que su colapso afectaría a la economía. Y tampoco ocurrirá. Lo ley crea una nueva autoridad reguladora federal que puede intervenir si es necesario para evitar la desastibilización del sistema sin que se precise dinero de los contribuyentes más que como adelanto. Una vez que se haya intervenido la entidad, por parte del Fondo de Garantía de Depósitos, se recaudará una tasa para pagar la operación a los bancos que tengan más de 50.000 millones en activos. La ley crea el Consejo de Estabilidad Financiera, compuesto por los presidentes de las agencias de supervisión y del secretario del Tesoro, cuya misión es vigilar el crecimiento del riesgo en el sector privado y las burbujas. Este consejo puede recomendar líneas de actuación a la Fed para que exija más capital a ciertas firmas o disminuir el apalancamiento, entre otras acciones.

5 Calificar al calificador



Las agencias de crédito, que han tenido un papel fundamental en la burbuja financiera, han salido del proceso legislativo menos reguladas de lo que se preveía y si hay cambios fundamentales no llegarán hasta dentro de dos años. La SEC va a tener este periodo para estudiar los posibles conflictos de competencias entre las agencias y los emisores de deuda (que suelen contratar a la agencia que les da mejores ratings). Tras el estudio se puede crear una autoridad que distribuya el trabajo entre las agencias sin necesidad de que sea los emisores los que decidan quién calificará su deuda. La ley habilita a los inversores demanden a las firmas por errores a sabiendas y la SEC podrá supervisarlas y multarlas en caso de infracción.

Capitalización, a la espera de Basilea



Uno de los cabos que quedan sueltos es lo que, a la postre, depende de una regulación global: la capitalización y la liquidez de la banca. En este apartado, el protagonismo de Washington cede ante Basilea III y los acuerdos que haya sobre estandarización de contabilidad internacional, algo que no hace más que retrasarse y ya el G20 ha eludido pronunciarse hasta noviembre. (En principio).

En cuanto al capital, se prohíbe que se consideren Tier 1 unas titulizaciones conocidas como trust-preferred (TruPS, unos convertibles híbridos a largo plazo) que se contabilizan como capital y tributan como bonos. La transición para eliminarlos puede durar cinco años para la gran banca.

Goldman Sachs y AIG, una zona cero de la crisis

Mientras en Washington se termina de completar la reforma financiera, un comité que depende del Congreso pero no está formado por legisladores, trata de arrojar luz sobre qué ha provocado el abismo financiera para evitar caer en él de nuevo, en la medida de lo posible. Se trata de la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera.

Las conclusiones de esta comisión no llegarán hasta diciembre y, puesto que no van a influir en el proceso legislativo de reforma, algo para lo que llega tarde, podrán informar durante el desarrollo reglamentario. Por esta razón, y por el hecho de que está destapando cómo ha funcionado Wall Street, el trabajo de este panel se puede salvar de caer en la irrelevancia.

Especialmente significativas son las evidencias sobre las relaciones entre AIG y Goldman Sachs, uno de los epicentros del terremoto financiero. Los ejecutivos de Goldman Sachs ya han sido cuestionados en varias ocasiones sobre sus conflictos de intereses por apostar contra unos activos que ellos mismos vendieron a sus clientes. Esta semana sus declaraciones se oyeron en la misma sala en la que también prestó testimonio, Joe Cassano, la persona al frente de la división de productos financieros de AIG, el agujero negro de la aseguradora.

Lo revelado en la comparecencia indica que la batalla entre ambas entidades pudo ser uno de los motivos por los que se aceleró el desmoronamiento desordenado del sector financiero. Buena parte de la culpa de partida fuera de AIG, que asumió mucho más riesgo de lo que habría debido, según admitió el ex director de riesgos, Robert Lewis. A través de la venta de productos derivados, AIG había asegurado contra la quiebra miles de millones de derivados ligados a hipotecas, sin contar con que los precios de las casas simplemente podían dejar de subir. Goldman era quien compraba esta protección, y cuando el sector hipotecario empezó a entrar en impago, fue el banco que más agresivamente reclamó las coberturas contratadas a la aseguradora.

Goldman daba por sentado que AIG no podría sobrevivir para pagar las obligaciones contraídas en el mercado de derivados, algo que se convirtió en una profecía autocumplida. La agresividad de Goldman para reclamar su dinero, mayor que la de otros bancos con los mismos contratos con AIG, fue uno de los motivos que puso a la aseguradora al borde de una quiebra. La debacle no ocurrió porque el Gobierno intervino con más de 182.000 millones de dólares, 12.900 de ellos para pagar el 100% de sus obligaciones con Goldman.

Ante los investigadores, Goldman se ha presentado como un gestor celoso del riesgo que se supo anticipar a la crisis y trató de rentabilizarla con posiciones cortas sobre títulos que antes colocó en los mercados y AIG aseguró. Cassano, que en menos de una década ha ganado más de 280 millones de dólares, se presentó como una víctima, discrepó con su jefe de riesgos diciendo que nunca comprometió los estándares de la firma, y lamentó no haber tenido la oportunidad de negociar un rescate más barato para los contribuyentes.

- El FMI pide más recortes presupuestarios a EEUU (The Wall Street Journal - 9/7/10)

(Por Tom Barkley)



El gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debe moverse de manera más agresiva para controlar el déficit fiscal y la deuda pública de Estados Unidos sin afectar la recuperación, para cuyo efecto debe incluir medidas para aumentar los ingresos tributarios, indicó el jueves el Fondo Monetario Internacional.

Si bien el panorama para la economía estadounidense ha mejorado, la administración está utilizando proyecciones excesivamente optimistas en su plan para reducir a la mitad el déficit hacia 2013 y estabilizar la deuda pública en un 70% del producto interno bruto para 2015, indicó el FMI en su informe anual Artículo IV. Las políticas actuales elevarán el nivel de deuda al 95% para 2020, señaló.

El FMI indicó que, desde el punto de vista macroeconómico, el principal desafío es desarrollar una estrategia fiscal creíble para asegurar que la deuda pública se estabilice de manera sustentable sin poner en riesgo la recuperación.

El fondo hizo un llamado al gobierno de Estados Unidos para que reduzca el déficit fiscal en torno al 8% del PIB hacia 2015, lo que es prácticamente tres puntos porcentuales más de lo planificado en el presupuesto.

El FMI elevó sus proyecciones de crecimiento de Estados Unidos al 3,3% para 2010 y al 2,9% para 2011, frente a las estimaciones de expansión de abril del 3,1% y 2,6%, respectivamente. Pero la entidad advirtió que el potencial contagio de la crisis de deuda soberana en Europa inclina la balanza de riesgos hacia un menor crecimiento.

Si se estima que el dólar se encuentra “ahora moderadamente sobre valorado desde una perspectiva de mediano plazo”, el FMI dijo que otros países deberán permitir una mayor flexibilidad en el tipo de cambio o una apreciación, posiblemente haciendo referencia a la altamente controlada moneda china.

El FMI mencionó también el importante avance en el camino para restaurar la estabilidad del sector financiero de Estados Unidos, aunque señaló que los bancos necesitarán más capital si los mercados de titularización no se recuperan.

- Cambio de reglas en Wall Street (El País - 18/7/10)

La reforma de “lo posible” deja muchos insatisfechos y problemas sin resolver

(Por Sandro Pozzi)

“No más Lehman Brothers, no más AIG”, cantaba a los cuatro vientos Timothy Geithner en un intento por dar con los votos que necesitaba para sacar adelante en el Senado las nuevas reglas que gobernarán Wall Street. Pero era, sobre todo, un golpe de mesa del responsable del Tesoro de Estados Unidos ante las críticas por cómo quedó la versión final de la reforma financiera. Unos, los conservadores, porque va demasiado lejos. Otros, a la izquierda, por las omisiones. ¿Pero servirá para acabar con los excesos que llevaron a la crisis?

El presidente Barack Obama no quería que llegara el segundo aniversario del terremoto financiero sin reglas que eviten una quiebra caótica como la de Lehman, que forzó a las autoridades públicas -Tesoro, Reserva Federal (Fed) y Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC)- a inyectar 11,5 billones de dólares en el sistema para evitar que cayera por el precipicio, saliendo al rescate de colosos como la aseguradora AIG, los conglomerados Bank of America y Citigroup o las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

Tras un año de negociación, la reforma salió adelante el jueves. Se vende como el mayor cambio en la estructura de supervisión desde la Gran Depresión. Geithner la resume en una frase, en la que afirma que la nueva legislación “restringirá la asunción de riesgos, limitará el nivel de apalancamiento de las entidades y forzará requerimientos de capital y de liquidez mucho más conservadores, para que las entidades sean mucho menos vulnerables frente a los errores, muchos más capaces de soportar los choques”.



Es decir, en sus palabras, se atacará al “imprudente”. La firma Deloitte lo condensa en la información remitida a sus clientes en dos objetivos relativamente simples. El primero, rebajar el riesgo en el sistema financiero, limitando las actividades de riesgo en las que se embarcan las firmas individuales y ampliando el abanico de organizaciones que estarán bajo el control de la red de supervisión. Segundo, reforzar la protección del consumidor.

En la práctica, esto se traduce en que los reguladores tendrán más margen de maniobra para poner fin a comisiones abusivas en las tarjetas de crédito hasta desmantelar un banco cuya situación financiera ponga en riesgo al conjunto de la economía. Y al arrojar luz en las esquinas más oscuras de mercados como los derivados, en última instancia afectará al precio de la gasolina o la leche.

Estos son, en síntesis, los puntos principales de una reforma en la que la Casa Blanca promete que “remodelará” la manera en la que se hace negocio en Wall Street y “redefinirá” el papel de los reguladores, para que el público confíe en el sistema y se sienten las bases “para el crecimiento económico y la creación de empleo”. Eso sí, una reforma de 2.323 páginas con las debidas concesiones para que la gran banca se adapte sin sobresaltos:

- Protección del consumidor: se crea en el seno de la Reserva Federal una agencia con la autoridad y la independencia necesarias para asegurar que el consumidor reciba una información clara y veraz sobre los términos asociados a productos financieros como hipotecas, tarjetas de crédito o préstamos a estudiantes. Se trata de evitar abusos y costes ocultos. Excluye los relacionados con la automoción.

- Alerta temprana: el Tesoro de Estados Unidos formará un consejo que identificará los riesgos potenciales al sistema que pueden amenazar la economía. Con el secretario del Tesoro presidiendo, estará integrado por los 10 reguladores del sistema financiero (entre ellos la Fed, la FDIC y la SEC), un experto independiente en seguros y cinco representantes de la industria financiera.

- El gran vigilante: la Fed conservará la autoridad de supervisión sobre la gran banca y tendrá voz ante las miles de pequeñas firmas financieras locales (community banks). El Congreso de Estados Unidos realizará una única auditoría relativa a los programas de emergencia activados durante la crisis. El sector financiero ya no podrá elegir a los presidentes de los bancos regionales que integran la Fed.

- Liquidación ordenada: se establece un mecanismo que permitirá a la FDIC desmantelar entidades problemáticas. Es el fin del principio “demasiado grande para quebrar”, para evitar que el contribuyente pague rescates como el de AIG. Para no llegar a ese extremo, y limitar el tamaño de las entidades, se imponen requisitos más estrictos de capital y un mayor colchón de liquidez. Las grandes firmas someterán un “plan de su funeral” que marque una hoja de ruta para el caso en que deba ser intervenida.

- Productos exóticos: los bancos deberán escindir en filiales algunos de sus negocios más rentables y de más riesgo en el mercado de los derivados, como los que tumbaron a AIG. Para dar transparencia, la mayoría de estos productos -incluidos los seguros de impago de deuda (CDS)- se negociarán en cámaras de compensación centralizadas o en mercados organizados bajo la supervisión de la CFTC (regulador de futuros).

- La Regla Volcker: la legislación restringe que los bancos inviertan sus recursos propios en operaciones especulativas a través de fondos de alto riesgo (hedge funds) y firmas de capital riesgo (private equity). Esas inversiones estarán limitadas al 3% de sus fondos propios (Tier 1). No podrán negociar por cuenta propia con los depósitos, salvo que lo hagan en nombre de sus clientes.

- Agencias de calificación: los árbitros del riesgo se someterán a un mayor control del regulador del mercado de acciones (SEC), que a su vez ve ampliado su papel con autoridad sobre los hedge funds y los private equity. Se les da mandato para elaborar un estudio sobre posibles conflictos de interés, lo que podría llevar en el futuro a reforzar la supervisión.

- Accionistas: la legislación da más voz entre bastidores a los inversores, al facilitar al pequeño accionista la nominación de representantes en los consejos de administración de las entidades. También podrán pronunciarse sobre las remuneraciones a ejecutivos y empleados de las firmas financieras, aunque, en este caso, el voto del accionista no será vinculante.

El presidente Barack Obama ya dijo antes de que se produjera el voto final en el Senado que estas medidas “pondrán fin a la era de irresponsabilidad que llevó a perder ocho millones de empleos y billones de dólares en riqueza”. La reforma, uno de los pilares de su primer mandato, “es buena para las familias, es buena para los negocios, es buena para el conjunto la economía”.

Básicamente, la mayor transformación tendrá lugar entre los supervisores. La estructura reguladora creada en la legislación ayudará a las agencias a detectar y esquivar potenciales crisis, como la que se le escapó a la Reserva Federal con el colapso del mercado hipotecario. Y en el caso de que fracasaran, contarán con los instrumentos legales para responder cuando comience.



Harry Reid, líder de los demócratas en la Cámara, explica que el objetivo último es “asegurarnos de que los grandes bancos no juegan con nuestro futuro”. O dicho con palabras que llegan mejor al electorado de Nevada (que debe decidir en noviembre si Reid les seguirá representando en Washington), la reforma “va a limpiar Wall Street” y “arreglar el sistema que causó la recesión”. “Se acabó este casino que les enriqueció”, afirma.

¿Compra el público el mensaje? Una reciente encuesta de Bloomberg reveló que cuatro de cada cinco estadounidenses mostró poca o nada de confianza en la reforma. Es más, opinan que está diseñada más para ayudar a la industria financiera que a la gente de la calle, la denominada Main Street. Es lo que piensa también el senador Tom Coburn. Y para ello se remite a una afirmación del consejero delegado de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, en la que dijo que “el gran beneficiario de la reforma es el propio Wall Street”.

En este sentido, el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, cree sospechoso “que los grandes bancos apoyen la legislación y que no guste a los pequeños ni al público”. Es más, considera que la Casa Blanca y sus aliados demócratas en el Capitolio están fracasando con esta legislación a la hora de atajar las causas reales de la crisis financiera, y lo que consiguen en su lugar es “crear más burocracia”.

Más allá de la retórica política, Brian Bethune, economista de IHS Global Insight, cree que la reforma “afronta importantes puntos de vulnerabilidad” en la estructura financiera actual que actuaron como detonante de la crisis. El más destacado, opina, son las medidas para limitar la especulación en los derivados y que se someta a las agencias de calificación a un mayor control. Pero sobre todo, valora el mecanismo para liquidar entidades sistémicas.

Simon Johnson, antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), cree que el paquete legislativo diseñado por Barney Frank y Christopher Dodd va a conseguir un cambio fundamental en la forma de operar de la banca, equiparable al que hace 120 años se logró con la Ley Sherman de Antimonopolios, por la que se constriñó por primera vez el poder que debían tener las grandes corporaciones en el mundo de los negocios.

Sin embargo, lo bueno y lo malo de la reforma dependen de la perspectiva desde la que se examinen los detalles de la legislación. Hasta el propio Paul Volcker, ex presidente de la Fed y asesor de Barack Obama, le pone un “suficiente raspado”. El enfado de Volcker tiene lógica, porque se diluye la iniciativa que lleva su nombre para evitar que los bancos especulen con el dinero de sus clientes. Están también los que la califican de inadecuada e irrelevante por las omisiones.

En la recta final de la negociación cayó el impuesto a la banca y los grandes hedge funds, con el que la Casa Blanca esperaba recaudar 19.000 millones de dólares en 10 años para financiar la liquidación ordenada de las entidades en apuros. Fue el peaje que pagaron los demócratas para conseguir el voto de tres republicanos. A cambio, la FDIC elevará la prima de seguro a la banca y se liquidará el fondo de rescate bancario (TARP).

Russ Feingold fue el demócrata que más se opuso a la reforma, porque dice que no es lo suficientemente progresista. Las nuevas reglas son tan tímidas, añade, que teme que haga más daño que beneficio. Su argumento es que no habrá un cambio mayor en la estructura de Wall Street, salvo por las exigencias de la Regla Volcker, y eso podría permitir a los más grandes hacerse con más poder, a pesar de los límites que se imponen.



Se mire como se mire, lo cierto es que la legislación no es tan dura como la vendió hace un año la Administración de Obama a la hora de levantar ese muro que proteja a Main Street de los excesos en Wall Street. Los bancos contarán con un amplio margen de tiempo para adaptar sus modelos y podrán mantener buena parte de las operaciones con derivados, como seguir contratando coberturas de divisas y permutas de tipos de cambio.

Y está por ver, además, cómo reaccionarán Goldman Sachs y Morgan Stanley, a los que se animó a que se transformaran en holdings para acercarlos más a la banca comercial y darles acceso a los fondos de rescate. Ahora podrían plantearse volver al estatus de banca de inversión para evitar, precisamente, las restricciones. Los grandes perdedores serán los grandes supermercados financieros como JP Morgan Chase, Bank of America y Citigroup.

Como explica Deloitte, el impacto se notará en toda la industria de los servicios financieros, no solo en la bancaria. Pero, en concreto, en las firmas que, como las antes citadas, tengan que separar las operaciones más arriesgadas. Y apuntan que los nuevos requisitos de liquidez conllevarán un margen de beneficio menor en el futuro de las actividades especulativas que ahora son más rentables.

Pero el área más importante a la que no hace frente esta reforma es la referida al sistema hipotecario, y en concreto, las firmas semipúblicas Fannie Mae y Freddie Mac, que incentivaron a los bancos a ofrecer préstamos a gente que no se los podía permitir. Es uno de los puntos que destaca el FMI en su análisis de la economía estadounidense. Un sistema que considera “costoso, ineficiente y complejo” y que ha demostrado ser “insostenible”.

El senador republicano Judd Gredd, otro de los miembros más activos durante la negociación, también insiste en este punto como uno de los aspectos más “negativos” de la reforma, porque dice que se “está fracasando a la hora de afrontar un problema que explica gran parte de lo sucedido en el pasado y que seguiremos teniendo en el futuro”. El Tesoro admite que es necesaria una reforma de Fannie y Freddie, pero no en este momento.

Más allá de estas omisiones, el Fondo considera que en términos generales la reforma pactada en EEUU es un paso “mayor” en la buena dirección, que corregirá algunas de las “lagunas” que destapó la crisis en la regulación y en la supervisión. Sin embargo, también cree que “se pierde la oportunidad” para reducir el número de agencias actuales. El reto está ahora, añade, en aplicarla sin que “limite” el crédito, “para no minar el repunte”.

Y eso es lo que temen en el mundo de los negocios. No es tanto el contenido de la legislación, sino el momento en el que empiezan aplicarse las nuevas reglas en el sistema financiero y el impacto que tendrán en una economía muy débil, donde el crédito a las pequeñas y medianas empresas y las familias brilla por su ausencia. Y también por su efecto combinado con otras de las legislaciones bandera de la Administración de Obama, como la de la reforma sanitaria o la futura normativa energética.

La Business Rountable -asociación que agrupa a los principales ejecutivos de las mayores corporaciones- teme que esta triple batería legislativa cree aún más incertidumbre y desanime a las empresas a contratar. Desde la Cámara de Comercio, su presidente, Bruce Josten, cree que el gran problema es que nadie entiende realmente cómo las nuevas reglas cambiarán el juego. Eso hará “que el capital se mantenga al margen durante años”, dice. “Menos capital disponible y más caro”, indica el republicano Robert Corker.

Timothy Geithner dejó constancia de que la Administración de Obama tiene claro que “se necesitan bancos que asuman riesgos para que los negocios crezcan y sean prósperos”. Pero también dijo que corresponde al Gobierno asegurar “que esos riesgos no amenacen la salud de la economía en su conjunto”. Y en este sentido insiste en que la reforma “ayudará a que los bancos sirvan a las necesidades de sus clientes, no para tomar ventaja de ellos”.



Otra de las dudas concierne al peso de Wall Street como centro de negocios si los socios del G-20 no imponen reglas similares. Los analistas de IHS Global Insight no creen que la reforma vaya a suponer una seria desventaja competitiva para las grandes firmas estadounidenses en el mercado financiero global, porque “al final se impuso un hilo de sentido común, algo que fue difícil de detectar al inicio de la negociación”.

Lo que preocupa a Judd Gregg y a algunos analistas es que para evitar todas estas restricciones, como en los derivados o las operaciones con recursos propios, los grandes bancos con presencia internacional “hagan estas actividades restringidas en el extranjero”. Eso, añade, supone una desventaja competitiva para las firmas más pequeñas que concentran su negocio en EEUU y limitará el acceso de los estadounidenses al crédito.

A pesar del rechazo casi frontal de los republicanos tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, el paquete final que esta semana será firmado por Barack Obama incluye enmiendas propuestas por el ala conservadora, orientadas a proteger las pequeñas entidades. Pero Richard Shelby, el negociador en la oposición, opina que “esto no es una reforma real”. “Es ineficiente, anticompetitiva y amplía la burocracia”, dice.

Christopher Dodd admite que “no es perfecta”. Y explica que tuvo “que anteponer lo posible a lo deseable”. Para el demócrata, lo esencial es que se crea una arquitectura, con una nueva generación de reguladores, con instrumentos “que minimizarán los riesgos”. “No se puede legislar la integridad, pero sí se pueden crear los mecanismos para protegernos y que nunca más pasemos por lo que hemos pasado durante los últimos dos años”.

Su compañero de filas Byron Dorgan destacó que se trata de un punto de partida, “no de un punto final”. De hecho, ahora arranca otra fase en la que legisladores y supervisores deben transformar las miles de páginas en regulaciones específicas. La labor de lobby de Wall Street se espera intensa en este proceso, que puede durar entre 12 y 18 meses. Se trata de entender lo que significa la legislación y de limar asperezas que puedan ser contraproducentes.

Ese esfuerzo por llevar la reforma del papel a la realidad, como dicen los analistas, es una labor titánica. Y ponen como ejemplo de la dificultad la nueva oficina de protección del consumidor, que, según la legislación adoptada, debe estar funcionando en un año. ¿Cómo se define su autonomía cuando va estar integrada en la Reserva Federal y financiada con sus recursos? ¿Y a quién deberá designar el presidente para dirigirla?

Otro ejemplo es el desmantelamiento de la Oficina de Supervisión del Ahorro (OTS, por sus siglas en inglés), cuyas responsabilidades serán integradas en el Controlador de la Moneda (OCC, por sus siglas en inglés). Solo fundir las dos plantillas es todo un reto. Pero, sobre todo, será interesante ver cómo se define su nueva misión sin que eso cree duplicidades con el trabajo que hará la SEC y con el nuevo consejo de riesgos sistémicos. “Tenemos ya a grupos de trabajo planificando”, indican desde la OCC.

En total, habrá que llevar a la práctica 243 regulaciones incluidas en la ya bautizada como Ley Frank-Dodd. Son el triple que las que requería la Sarbanes-Oxley. Los reguladores deberán realizar a su vez 67 estudios, y los comités del Congreso, redactar casi un centenar de informes. Y a esto se sumarán las recomendaciones de la comisión independiente que investiga las causas que llevaron a Wall Street a crecer sin control.

A Mike Konczal, miembro del Instituto Roosevelt, no le extraña que la legislación cree tanto escepticismo, porque al final, dice, no hay reglas verdaderamente duras. En su lugar, señala, se encarga a los reguladores hacer estudios, sobre los que se basarán para decidir dónde pondrán los límites cuando vean una amenaza a la estabilidad. Y a la vista de lo sucedido con

AIG y Lehman Brothers, eso no es muy alentador, opina.

Es ese margen de maniobra que se da a los reguladores para ir en diferentes direcciones lo que podría crear más incertidumbre ahora a los bancos. Austan Goosbee, consejero de la Casa Blanca, explica que lo que establece la legislación “son unos principios básicos para áreas en las que queremos unas reglas más justas”. “Habrá costes para la banca, claro, pero, aquí, de lo que se trata es de proteger el sistema y al contribuyente”, explicó.

- La Casa Blanca prevé un déficit de 1,47 billones de dólares este año (El Economista - 23/7/10)

El déficit presupuestario de EEUU alcanzará este año los 1,47 billones de dólares, por encima de los 1,40 registrados el año anterior, según los cálculos de la Casa Blanca dados a conocer hoy.

La previsión es más optimista para este año que la dada a conocer el pasado febrero, cuando esperaba un déficit presupuestario de 1,48 billones, pero es más pesimista para los años venideros.

La Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) de la Casa Blanca espera que este año se logre un crecimiento económico del 3,2% y sitúa en sus previsiones la tasa de paro en el 9,7%.

En febrero, preveía que este año el índice de desempleo alcanzara el 10%.

Para el año próximo, la Casa Blanca espera un déficit fiscal de 1,42 billones de dólares y un desempleo del 9%.

Los números, peor de lo esperado

Esa cifra es peor de lo esperado hasta ahora -1,37 billones- y la OMB la justifica por la caída en los ingresos procedentes de los impuestos y en la lentitud de la recuperación económica, que progresa más despacio de lo esperado.

Para 2012 -el año en que se celebrarán nuevas elecciones presidenciales en EEUU- los expertos de la Casa Blanca prevén que el desempleo se mantenga en torno al 8,1%.

Al presentar el informe interino sobre la situación presupuestaria estadounidense, el director de la OMB, Peter Orszag, indicó que las nuevas cifras ponen de relieve “una situación fiscal que requiere atención”.

El informe alerta de que la economía del país aún “afronta fuertes vientos en contra”, debido a factores como la falta de recuperación en el mercado inmobiliario o la escasez de concesión de créditos.

A la espera del crecimiento

Matiza, no obstante, que “la Administración espera que el crecimiento económico y la creación de empleo continúen durante 2010 y se eleven en 2011 y más allá”.

El ingente déficit fiscal estadounidense es un factor de preocupación creciente entre los votantes estadounidenses.

El presidente de EEUU, Barack Obama, defiende la necesidad de mantener el gasto público para apuntalar una economía todavía frágil tras la grave crisis que estalló en el 2008.

No obstante, ha asegurado que tomará medidas para contener el déficit presupuestario -entre otras, ha ordenado la congelación del gasto público no obligatorio- y se encuentra a la espera de las recomendaciones de una comisión que constituyó a principios de año para reducir la deuda.

- Los déficits públicos pueden ser el próximo cisne negro de las economías (El Economista - 27/7/10)



Según Nassim Taleb, el célebre autor de El Cisne Negro, la mayor fuente de fragilidad o peligro que se detecta hoy por hoy en las economías, “la más masiva, son los déficits públicos. Una analogía: es habitual que haya aviones que aterricen con dos horas de retraso. ¿Cuántos hay que hayan aterrizado dos horas antes? Ninguno. Lo mismo pasa con los déficits: los errores tienden más a ir en una dirección que en la otra”, explica.

En una entrevista concedida a Bloomberg Businessweek, Taleb afirma que hay notables diferencias entre la forma en la que se estiman los déficits y se hacen previsiones. “Habitualmente las cosas cuestan más, y esto es algo crónico. Los gobiernos que tratan de lograr un superávit rara vez lo consiguen”, señala.

Así, el círculo vicioso del endeudamiento se parece cada vez más a un esquema ponzi, la estafa que mandó a Madoff a la cárcel. Y es que “se necesita cada vez más y más deuda sólo para mantenerse en el mismo sitio. Lo que mandó a la quiebra a Madoff mandará a la quiebra a los Estados. Necesitan encontrar nuevos inversores todo el tiempo. Y desafortunadamente el mundo se ha quedado sin ellos”.

Un refugio que es tierra peligrosa... salvo a muy corto plazo



Por tanto, la deuda pública, refugio por excelencia para inversores con aversión al riesgo, se está convirtiendo en un activo que puede ser hasta peligroso, "a menos que se invierta (en el papel) en divisa local y a muy corto plazo. Puesto que los gobiernos pueden emitir más cantidad de su moneda, el riesgo viene más por el lado de posibles subidas de tipos de interés que por la posibilidad de que haya un default", asegura Taleb.

Según este experto “cuando hay hiperinflación, déficits públicos o problemas de endeudamiento, con bonos a corto plazo se pueden compensar el peso de la inflación o cualquier rentabilidad que se haya perdido”.

Eso sí, el hecho de que los déficits puedan convertirse en un cisne negro (un evento que, pese a parecer imposible o impensable se acaba produciendo) no quiere decir que lo hagan. ¿Por qué? Porque estamos advertidos de que lo impensable puede suceder. “Los cisnes negros no son lo mismo para el pavo que para el carnicero. Para alguien muy naíf, muy ingenuo, algunos eventos pueden serlo, pero para alguien que está advertido no lo serán si son conscientes de que son posibles y toman medidas para paliarlos”, concluye Taleb.

- Peter Schiff: “EEUU avanza hacia una depresión inflacionaria” (Libertad Digital - 28/7/10)

Peter Schiff, el inversor que se hizo famoso en Youtube por predecir la crisis, vaticina una depresión mucho más grave si el Gobierno no abandona los planes de estímulo y Estados Unidos no cambia su modelo económico, basado en el consumo y la deuda, por uno basado en el ahorro y la inversión.

(Por Daniel Luna)

Corría el año 2006, en pleno apogeo de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, con Wall Street por las nubes y el desempleo olvidado como un mal de tiempos pasados, cuando un desconocido inversor de Connecticut lanzó la voz de alarma: se avecina un colapso financiero y económico.

Ante el estupor, la indignación e, incluso, la burla de los demás comentaristas, Peter Schiff repitió sus predicciones durante meses en las principales cadenas de televisión. Cuando llegó la crisis los “expertos” dejaron de reírse, y el vídeo de Youtube Peter Schiff tenía razón, que en sus diferentes versiones supera los dos millones de visitas, lo convirtió en uno de los personajes más populares del mundo financiero.

Casi dos años después de la quiebra de Lehman Brothers el Gobierno de Obama habla de recuperación económica, pero la Cassandra de Connecticut no se lo cree. Peter Schiff, candidato para las elecciones al Senado en noviembre, es el presidente de Euro Pacific Capital, una compañía de inversión que se prepara “para el colapso del dólar y de la economía nacional”.

Pregunta: (P): ¿Cuál es la situación actual de la economía estadounidense?

Respuesta (R): Extremadamente precaria. Gastamos mucho más de lo que ahorramos y pedimos cada vez más dinero prestado. Los servicios financieros ocupan una gran parte de la economía, pero no hay suficiente industria ni producción. En lugar de corregir estos desequilibrios, la política del actual Gobierno los agrava. Nos estamos endeudando cada vez más para mantener esta economía ficticia basada en el consumo y la deuda. La economía de Estados Unidos es un desastre.

Para empeorar las cosas, el Gobierno multiplica las regulaciones y cada vez recauda un porcentaje mayor del PIB. Estamos pasando de una economía basada en el mercado a una planificación central, donde los recursos se asignan con criterios políticos, no económicos. Hemos emprendido un camino muy peligroso.

P: ¿Se puede comparar la situación de EEUU a la de otros países altamente endeudados como Grecia y España?

R: Nuestra deuda es mucho mayor que la de esos países, y un porcentaje muy alto de ella es con extranjeros. Lamentablemente, en lugar de invertir todo el dinero que nos han prestado lo hemos gastado, así que ya no podemos devolverlo.

P: ¿Llegados a este punto, de dónde puede venir la recuperación económica?

R: Es que no va a haber una recuperación.

P: ¿Y qué va a ocurrir entonces?

R: Nuestra economía seguirá deteriorándose. Estados Unidos se encuentra en los primeros pasos de una depresión inflacionaria.

P: Desde hace años usted dice que el dólar va a colapsar. ¿Por qué no ha sido así?

R: Avisé de la burbuja del Nasdaq, de la de Internet y de la inmobiliaria, pero pasó un tiempo hasta que los precios de esos activos cayeron. Esta burbuja es más grande y la gente va tardar más tiempo en reconocerla. Pero explotará, como todas las burbujas. Los compradores desaparecerán, los vendedores inundarán el mercado con dólares y su valor se desplomará. No tengo ni la más mínima duda de que va a ser así.

P: ¿En qué plazo?

R: Pronto. No sé si en dos meses, en seis o en un par de años, no se puede saber la fecha exacta. Pero estamos cerca.

P: Muchas personas piensan que el libre mercado tiene la culpa de la actual crisis.

R: No saben de lo que hablan. Los que dicen eso son los mismos que en 2007 decían que la economía iba de maravilla. Muy pocos fueron capaces entonces de pronosticar lo que iba a ocurrir en EEUU Yo fui uno de ellos, y lo hice con mucho detalle, como puede ver en una conferencia que di en 2006, y en mi libro Crash Proof (del 2007).

Yo sí entendí lo que estaba pasando, avisé de que la economía de EEUU era un castillo de naipes a punto de desmoronarse y señalé al Gobierno como el origen del problema.

A quienes entendimos el daño que estaban creando las políticas del Gobierno, el Congreso y la Reserva Federal no nos sorprendió lo que ocurrió en 2008. Quienes no lo entendieron se vieron sorprendidos por lo que pasó, y ahora dicen que la culpa es del mercado.

P: ¿Por qué tantos analistas decían en 2007 que la economía iba bien?

R: Porque no entienden los principios de la economía. Creen que ésta se debe basar en el gasto, que mientras haya consumidores gastando todo irá bien. Quieren que el Gobierno estimule la economía, no se dan cuenta de que la economía está enferma precisamente por los estímulos gubernamentales del pasado.

P: ¿Qué efectos tendrán los planes de estímulo actuales?

R: Agravar los problemas existentes. Hasta que el Gobierno abandone esos planes no se recuperará la economía. Hay que reconstruirla desde los cimientos, que ahora son la deuda y el consumo. Eso es insostenible. Una economía sana se basa en el ahorro, la inversión de capital y la producción. Así se genera el crecimiento. Pero en lugar de eso lo que hacemos es tomar prestado más dinero y gastarlo. Es una economía falsa, un engaño.

P: ¿Una regulación más estricta sobre el mercado de hipotecas no habría evitado la creación de la burbuja inmobiliaria que desencadenó la crisis?

R: Sí, claro. Se podría haber impuesto una entrada mínima del 20 por ciento para cualquier hipoteca, o prohibir las de tipo variable. No se hizo para no molestar a los votantes, que estaban encantados pensando que se iban a hacer ricos. No iban a ser los políticos quienes aguasen la fiesta.

Lo que hay que preguntarse es: ¿Por qué se pidieron tantas hipotecas de tipo variable? Porque estaban garantizadas por el Gobierno, mediante su respaldo a Fannie Mae y Freddy Mac [agencias patrocinadas por el Gobierno para financiar la compra de viviendas], y porque la Reserva Federal bajó mucho los tipos de interés. Sin estas regulaciones la burbuja simplemente no habría existido. No se habrían solicitado tantas hipotecas, y no se habrían concedido las destinadas a gente que no podía pagarlas.

Cuando el Gobierno aprueba cinco normas y después se necesitan otras cinco para arreglar los problemas que han causado las primeras el problema no es que falte regulación sino que hay demasiada.

P: ¿Cómo afectará su falta de experiencia política a su candidatura al Senado?

R: Es una virtud. Yo no estaba allí creando los problemas que tenemos ahora sino en el sector privado, avisando de lo que iba a ocurrir. Si resulto elegido seré el primer senador que desafía el status quo, y trataré de que se recuperen los principios del mercado libre.

P: El Tea Party apoya su candidatura. ¿Qué significado tiene este movimiento popular?

R: Es la expresión de que los americanos están hartos de la dirección que lleva Washington. No quieren más despilfarro ni más intervención del Gobierno en sus vidas y en la economía.

P: ¿Cuál es la estrategia inversora de Euro Pacific Capital?

R: La diversificación global y la preservación del poder adquisitivo. Nos preparamos para el colapso de nuestra moneda y nuestra economía. Intentamos proteger nuestros activos mediante la diversificación internacional: metales preciosos, materias primas y diferentes monedas, además de acciones en países asiáticos, entre otros.

- ¿Estímulo o derroche?: el debate en EEUU sobre los efectos del “plan Obama” (Libertad Digital - 2/8/10)

El debate entre quienes defienden más gasto público y quienes quieren contener el déficit sigue abierto. Obama y Zapatero apoyan los planes de estímulo; Merkel y Trichet, la contención. En medio, los expertos discuten sobre su eficacia y peligrosidad. Éstos son los argumentos de unos y otros.

(Por Ángel Martín Oro)



Tras año y medio después de que el Congreso de EEUU aprobara el plan de estímulo para reactivar la economía y generar puestos de trabajo, los expertos no se ponen de acuerdo sobre si el plan fue realmente una buena idea, ni tampoco sobre los efectos que ha tenido sobre la economía.

La idea detrás de las políticas de estímulo en tiempos de recesión está bastante clara, según sus defensores. Para éstos, la crisis es un periodo en el que el gasto en consumo e inversión se desploma. De repente la gente recorta su consumo por miedo a perder el empleo u otras causas. Dejan de salir tanto a cenar a restaurantes o posponen las reformas del hogar. Al mismo tiempo, los empresarios están temerosos de lo que vaya a suceder en el futuro y reducen considerablemente la inversión en máquinas, edificios, equipamiento informático, etc. Al reducirse el gasto, las empresas reducen su producción y despiden trabajadores, aumentando el desempleo.

Aquí es donde debería entrar el gobierno con sus planes de estímulo, gastando lo que no gasta el sector privado y aliviando así el problema del paro. En esta lógica es en la que se basa el plan de Obama, pero también el plan E de Zapatero, y otras medidas similares que se han implementado en medio mundo. John Maynard Keynes fue el gran defensor de este tipo de políticas en el siglo XX y por eso este tipo de medidas de aumento del gasto público suelen conocerse como keynesianas.

Pero este razonamiento no es de ningún modo el único. Otros economistas piensan que el gasto público puede ser no sólo inefectivo sino perjudicial para la recuperación de la economía. Éstos sostienen que las crisis, lejos de ser una enfermedad evitable por el gobierno, son la consecuencia necesaria de ciertos excesos financieros (exceso de deuda), con implicaciones en la economía real, que deben corregirse. La gente, los bancos y las empresas se endeudaron masivamente, debido en buena parte a diversas políticas públicas, y sectores como el inmobiliario, el financiero o el automovilístico se hipertrofiaron. La solución pasa por que estos sectores se ajusten y los recursos y trabajadores empleados en éstos se recoloquen a otras partes de la economía

Por ello, el gobierno no debe alimentar los problemas derivados de la excesiva deuda, ni tampoco apoyar los sectores que deben contraerse. Más bien, según estos economistas, debería dejarse al mercado libre que corrija los excesos, por medio de quiebras empresariales, impagos, caídas de precios y salarios, etc. Un periodo doloroso, alertan, pero necesario e inevitable. Además, la alternativa podría ser un largo periodo de estancamiento, como le ha sucedido a Japón en las últimas dos décadas.

Con estas diferencias de opinión, no es de extrañar que el debate siga abierto. ¿Debe reducirse el déficit público (diferencia entre lo que se gasta y lo que se ingresa) y comenzar a retirar todo el apoyo fiscal? ¿O deben continuarse e incluso incrementarse los estímulos para luchar contra el desempleo? ¿Austeridad presupuestaria o mayor endeudamiento público?

Los efectos del “plan Obama”



Antes de nada, debería echarse la mirada hacia atrás y ver los efectos del plan de estímulo de Obama. Con una tasa de desempleo que se ha doblado desde que comenzara la crisis y que se ha mantenido alrededor del 10% durante cierto tiempo, parecería que los planes de estímulo han tenido poco éxito a la hora de conseguir sus objetivos perseguidos.

Fuente: Bureau of Labor Statistics



Esto se ve más claro cuando comparamos la tasa de paro que había estimado el equipo de asesores de Obama con y sin estímulo. Como muestra el siguiente gráfico, las previsiones han sido totalmente erradas y han pecado de un excesivo optimismo sobre la eficacia de sus propias políticas.

Sin embargo, a pesar de la evidencia en contra del estímulo, sus defensores -como el mismo Obama o el Nobel de economía Paul Krugman- sostienen que el aumento del desempleo y la contracción de la actividad económica hubieran sido mucho mayores si el gobierno no hubiera inyectado gasto público. Una afirmación que no podemos contrastar con total certeza, dado que no sabemos qué hubiera pasado si se hubieran seguido otro tipo de políticas.



¿Y ahora qué? Economistas como Krugman reclaman más gasto público. Según él, sigue siendo el momento de priorizar la lucha contra el paro en lugar de preocuparse por el déficit fiscal. Otra cosa es que, como hemos visto, el estímulo logre realmente reducir el desempleo, algo que Krugman no parece cuestionarse. De retirar precipitadamente los paquetes de estímulo, la economía podría recaer peligrosamente en una depresión, alertan.

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