Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”


La cruda realidad y el discurso demagógico (Obama es como Perón, pero aún no lo sabe)



Descargar 2.94 Mb.
Página8/11
Fecha de conversión07.09.2018
Tamaño2.94 Mb.
Vistas97
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

La cruda realidad y el discurso demagógico (Obama es como Perón, pero aún no lo sabe)

- Según economistas, muchos empleos en EEUU no volverán a ser creados (The Wall Street Journal - 11/2/10)

(Por Phil Izzo)

Los economistas esperan que, cerca de una cuarta parte de los 8,4 millones de empleos que fueron eliminados desde el inicio de la recesión en Estados Unidos, no volverán a ser creados y a la larga, estos deberán ser reemplazados por otros tipos de trabajo en sectores en crecimiento, según la última encuesta de The Wall Street Journal.

Si bien el mercado laboral está cambiando constantemente, a medida que algunos sectores se desvanecen y otros se expanden, esta recesión puso el proceso en sobremarcha. Miles de trabajadores perdieron sus empleos cuando las empresas automatizaron un mayor número de tareas o trasladaron líneas de ensamblaje completas a lugares como China.

A medida que el crecimiento se reanuda, también lo hará la creación de empleos, aunque con un énfasis distinto en la mezcla de empleos generados.

Los economistas predicen un crecimiento lento para la economía estadounidense en su conjunto. Los encuestados esperan, en promedio, que el crecimiento económico se asiente en cerca del 3% durante el 2010, muy por debajo de la tasa de crecimiento anual del 5,7% registrada en el cuarto trimestre.

Esta es la razón por la que la creación de empleos se ha vuelto un tema preocupante: Sobre la base de esa proyección para el crecimiento económico, los economistas prevén que durante el próximo año Estados Unidos creará cerca de 133.000 empleos por mes. Eso suena positivo y es, ciertamente, mejor que más pérdidas de empleos. Sin embargo, debido a que se necesitan cerca de 100.000 empleos nuevos para absorber a quienes ingresan por primera vez a la fuerza de trabajo, ese ritmo de creación de empleos sólo será capaz de reducir lentamente la elevada tasa de desempleo.

Eso explica por qué los economistas esperan que la tasa de desempleo descienda al 9,4% para fin de año, por debajo del 9,7% de enero. Los encuestados afirman que la creación de empleos necesita promediar más de 200.000 por mes para que el mercado laboral de Estados Unidos pueda disfrutar de una sólida recuperación.

La Casa Blanca publicó el jueves su proyección económica, en la que contempla un incremento mensual promedio de sólo 95.000 en las nóminas de empleo no agrícola y que la tasa de desempleo promedie el 10%. El Consejo de Asesores Económicos espera que el PIB se expanda en cerca del 3% durante el 2010, lo que coincide con las opiniones de los economistas.

La creación de empleo no sólo está siendo afectada por la debilidad en el crecimiento económico. “Las compañías, en nombre de generar dinero, substituyen, en detrimento del empleo, mediante subcontratación o tecnología”, afirma Allen Sinai de Decision Economics. Los salarios y los beneficios hacen a los trabajadores “tan costosos que ¿quién querría contratarlos? Como consecuencia, los trabajadores desplazados no serán contratados de vuelta a menos que dupliquemos la tasa de crecimiento que estamos esperando”.

En promedio, los 55 economistas consultados dijeron que tres cuartas partes de los empleos eliminados durante la recesión son cíclicos, lo cual significa que las posiciones volverán a aparecer a la larga cuando la demanda repunte. Por ejemplo, el sector manufacturero ha eliminado 2,2 millones de empleos desde el 2007, a medida que los consumidores y las empresas reducían sus gastos en medio de la crisis crediticia. Cuando la demanda se estabiliza, las fábricas necesitan volver a contratar algunos de esos trabajadores.

Pero algunas compañías han utilizado la recesión para encontrar formas de hacer más con menos. “Existe cierto ángulo darwiniano para la recesión”, sostiene Sean Snaith, economista de la Universidad de Florida Central en Orlando, Florida. “Las firmas que sobreviven son más sólidas por contar con la experiencia. Se aprietan el cinturón y buscan formas de eliminar lo sobrante”.

En relación al presidente Barack Obama y al secretario del Tesoro, Timothy Geithner, los economistas otorgan al presidente una nota promedio de 57 de un total de 100, mientras que dan a Geithner un promedio de 60. Sólo 10 economistas otorgan a ambos notas en la banda de A o B por sobre 80. A pesar de las bajas notas, 29 de los economistas esperan que Geithner continúe ejerciendo el cargo de secretario del Tesoro para fin de año.

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, tuvo un mejor desempeño en la encuesta. Los economistas le asignaron una nota promedio de 85, y 33 encuestados le otorgaron una A o B. “El presidente de la Fed inicialmente interpretó mal la economía y los riesgos, pero finalmente actúo agresiva y exitosamente”, dijo Jim O'Sullivan de MF Global.

- Enfangado por la deuda (El País - 21/2/10)

EEUU se enfrenta a una deuda del 110% del PIB en 2015

(Por Sandro Pozzi - Nueva York)



Grecia es el canario en la mina de la deuda soberana, al que todo el mundo vigila, por si se asfixia. Pero sus males son comunes entre las economías desarrolladas. Estados Unidos no es una excepción. El déficit y la deuda están a niveles que no se veían desde la II Guerra Mundial. El presupuesto para 2011 puso el foco en la cantidad y en la manera en la que la mayor economía del mundo gasta, y en analizar de dónde llegan los 3,8 billones de dólares (2,8 billones de euros) que lo nutren. Para ese ejercicio -que arranca en octubre- el déficit se proyecta en 1,4 billones un (9,9% del PIB), por debajo del récord de 1,6 billones para 2010 (10,6% del PIB). El problema es que se mantendrá cercano al billón durante la próxima década y seguirá alimentando una deuda nacional que toca ya los 12,4 billones de dólares (85% del PIB).

La deuda estadounidense tocará el 110% del PIB en 2015. Por si no bastara, EEUU está altamente hipotecada con el exterior. Su deuda pública neta se cifra en unos 7,5 billones, equivalente al 53% del PIB. De esa cantidad, más de la mitad en manos extranjeras, con China como principal banquero, lo que le coloca en una posición de debilidad. “EEUU no es Grecia”, señalan desde la Fundación Peter Peterson. Pero advierten de que “acabará teniendo los mismos problemas” si en los próximos dos años no se demuestra que puede controlar sus cuentas públicas. Los operadores de bonos en Chicago piden también que “no se tape” el problema. Si no, dicen, “habrá una crisis de confianza”. La deuda, advierten desde el Cato Institute, “crece más que la economía”. Analistas liberales y conservadores coinciden que elevar el gasto es necesario en tiempos de debilidad. Pero ¿cuánto más? Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, pone el techo en el 90% del PIB.

Warren Buffett también alza la voz de alarma. Más pronto que tarde, dice, habrá que hacer frente a los efectos de la enorme dosis de medicina monetaria suministrada a la economía. Le preocupa que si no se actúa, EEUU acabe perdiendo su reputación. “Tan pronto como la recuperación gane tracción, debe hacerse lo posible para mantener las obligaciones en línea con los recursos”.



Moody's advirtió que EEUU puede perder la “triple A” si sus finanzas no mejoran, lo que disparará el coste de la deuda. Dicho de otra manera, el Gobierno no puede continuar gastando como si el déficit no tuviera consecuencias. Y le invita básicamente a hacer lo mismo que las familias: buscar ahorros para poder vivir con sus propios medios.

Si Washington afronta el reto, ¿debe recortar el gasto o elevar impuestos? Para los observadores, hay que distinguir los factores que están detrás del alza del déficit a corto plazo -las guerras en Irak y Afganistán- y el rescate económico.

El presidente Barack Obama es consciente del problema. La respuesta, sin embargo, puede tener un alto precio político en las legislativas de noviembre. Para repartir responsabilidades, acaba de crear una comisión fiscal bipartidista que ofrezca soluciones. Pero la fuerte división ideológica en el Capitolio amenaza con complicar que se adopten medidas.

De momento propone empezar dejando morir los recortes fiscales a las rentas más altas decididos por George Bush. Y plantea congelar el gasto no prioritario. Así reducirá el déficit al 3,9% en 2015. Pero su objetivo es colocarlo en el 3% y para conseguirlo “no puede buscar los ingresos tasando a un solo grupo”, señalan desde la Oficina de Política Fiscal de la Universidad de Michigan.

La Casa Blanca se declara abierta a subir impuestos a las familias con ingresos inferiores a los 250.000 dólares anuales (185.000 euros), lo que va contra la promesa electoral de no elevar la presión fiscal a la clase media. “Todas las ideas deben estar sobre la mesa”, remacha Obama.

- La reforma de Obama languidece (El País - 7/3/10)

Los cambios en la supervisión del sistema financiero tropiezan con serios obstáculos en EEUU

(Por Sandro Pozzi)



Un año después de vender un cambio radical en la supervisión del sistema financiero, el tiempo se le echa encima a Barack Obama para sacar adelante una de las dos grandes reformas con las que quiere marcar su presidencia. La oposición republicana es feroz en el Senado. Pero la iniciativa del presidente de Estados Unidos tampoco cuenta con el respaldo de los demócratas moderados, lo que le obliga a ser flexible y aceptar unos cambios que favorecerán más de lo que se pensaba o deseaba a los gigantes de Wall Street.

Se habla y se dice mucho estos días en Washington. Pero se avanza con dificultad 18 meses después de que el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal (Fed) tuvieran que intervenir para salvar el sistema financiero de su peor crisis en ocho décadas. Con cada obstáculo salvado, el plan se aleja más del objetivo inicial de poner coto a los excesos que causaron el terremoto financiero.

El temor es que la reforma se limite a un traspaso de poderes y no transforme el statu quo. Es lo que está pasando con el corazón de la propuesta de Obama: la creación de una agencia independiente que proteja al consumidor de abusos en productos financieros como hipotecas y tarjetas de crédito. La Cámara de Representantes le dio su bendición antes de la Navidad, pero en el Senado la cosa es muy diferente y todo apunta a que el concepto original quedará muy tocado.

El senador demócrata Christopher Dodd es de los pocos que no sienten la presión electoral, pues no aspira a ser reelegido. Pero la frustración del presidente del Comité de Finanzas del Senado llegó hasta tal extremo que para romper el impasse decidió empezar de nuevo sin escuchar a la Casa Blanca y abandonó la idea de crear una entidad separada.



Su plan B pasaba por colocar la agencia de defensa del consumidor bajo el paraguas de un organismo regulador ya existente. Se habla del Departamento del Tesoro, del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) y de la Reserva Federal. El equipo de Obama ya no insiste en la independencia de la agencia. Lo que está por ver es si aceptará que se ponga bajo el paraguas de la Fed, porque eso iría contra su idea de quitarle responsabilidades en la materia al banco central.

La gran dificultad, por tanto, estará en ver la autonomía real con la que contará el nuevo organismo para dictar normas, en definitiva, qué poder tendrá. El grupo de presión Americans for Financial Reform advierte del peligro de que la reforma acabe siendo una víctima de los mismos bancos que causaron la crisis. “La propuesta revisada no ofrece lo que se necesita para proteger a las familias ni al sistema financiero en su conjunto” de los excesos, opinan sus responsables, quienes consideran una ironía que se quiera poner la agencia en manos de la Fed.

Y ahí llega el otro punto controvertido. El segundo pilar de la propuesta original de Obama pasaba por reforzar el papel de la Reserva Federal en la supervisión de los riesgos. Pero tanto demócratas como republicanos son muy críticos con el trabajo del banco central previo a la crisis y reprochan a sus dirigentes no haber prevenido el estallido de la burbuja hipotecaria.

Hace tres meses la cosa pintaba muy mal para la institución que hoy preside Ben Bernanke. El senador Dodd proponía cortarle las alas para que pudiera concentrarse en la gestión de la política monetaria. Ahora, sin embargo, parece que el profesor de Princeton está logrando recuperar la confianza para que la Reserva Federal emerja como el principal regulador del sistema financiero. Bernanke fue contundente en su primera intervención pública ante el Congreso tras ser reelegido para presidir durante cuatro años más la Fed. Retirar los poderes de supervisión de los que dispone el banco central, dijo, “será un gran error”. En este sentido, explicó que la crisis financiera demuestra que los grandes bancos necesitan una “estructura de supervisión consolidada”.



“No se puede retirar del sistema a la institución con la capacidad, el conocimiento y la preparación técnica para lidiar con los riesgos sistémicos”, subrayó Bernanke, mientras intentaba ganarse la confianza de los congresistas diciéndoles que en el seno de la Fed se están haciendo cambios estructurales para mejorar la calidad de la supervisión y evitar así errores pasados. A cambio de más poder, aceptó que la entidad sea auditada.

El tercer elemento en el aire se refiere a la idea lanzada por Obama de prohibir que los bancos especulen con fondos de los depósitos garantizados de sus clientes, la llamada Norma Volcker. En lugar de obligar por ley a las entidades bancarias a abandonar sus negocios en los mercados de capitales, el Senado quiere que sean los reguladores los que restrinjan determinadas actividades caso por caso.

Bernanke opinó que la medida sería difícil de aplicar y tendría consecuencias no deseadas. Las claves para evitar los problemas vistos durante la crisis, dijo el presidente de la autoridad monetaria, son fortalecer la disciplina de mercado, forzar a los bancos a ampliar su colchón de capital y someter las actividades de riesgo a un mayor control.

Cuando se analiza como quedarán las otras partes del sistema regulador, la propuesta parece quedarse corta. Todo apunta a que ésta se quedará en un traspaso de poderes, con la Fed vigilando a las grandes instituciones y cediendo al Tesoro y a la FDIC algunas funciones.

El think tank conservador American Enterprise Institute califica de simplista echar la culpa del bloqueo de la reforma financiera a las diferencias partidistas y recuerda que 27 demócratas votaron contra la propuesta del congresista Barney Frank en la Cámara de Representantes. El problema, señalan, es que el paquete legislativo se construyó sobre la idea de que el sistema no estaba regulado, cuando en su opinión fueron los reguladores los que fallaron al identificar los riesgos.

Desde los dos partidos confían en llegar a un compromiso pronto. El objetivo del senador Dodd es votar la reforma en comité en marzo. El viernes, tras admitir que la reforma financiera “son aguas difíciles de navegar”, vaticinó que habrá un acuerdo en cuestión de días. “La cosa progresa”, dijo. El problema es que, si todo va bien, los legisladores tendrían sólo 23 semanas para debatirla en pleno, votarla y fundir el proyecto con el aprobado en la Cámara de Representantes antes de las elecciones de noviembre.

Pero antes de eso Dodd necesita apuntalar un texto que pueda salir adelante en el Senado. Aunque supere el examen del Comité de Finanzas, su propuesta será sometida a un enjuague en el pleno y tendrá poco que ver con lo que saldrá del proceso de fusión de los textos de las dos cámaras. Todos coinciden que se necesitan reglas cuanto antes para enviar un mensaje de confianza a los mercados y a la opinión pública.

Alan Blinder, profesor en Princeton, decía esta misma semana en un artículo que no hacer nada después de lo sucedido en Wall Street sería “una vergüenza”. Lo que se pregunta ahora es si a la vista de lo que hay sobre la mesa, la reforma será viable. “El plan A murió hace mucho tiempo. Al plan B le cuesta respirar. Así que es el momento de preparar un plan C”, apuntó Blinder.

En Wall Street también se respira un aire de frustración. No ve una discusión clara sobre el reparto de responsabilidades entre organismos del Estado. La manera de salvar la reforma, dicen, pasa por solucionar a las dos cuestiones más urgentes: la supervisión de los riesgos sistémicos y cómo desmantelar de forma ordenada las entidades demasiado grandes para quebrar, un proceso similar al que se está viendo con la aseguradora AIG.



Pero, sobre todo, el sector financiero quiere que acabe el debate cuanto antes porque desea dejar de ser el centro de la diana política. A la banca le despista el continuo cambio en las reglas de juego, y sus ejecutivos temen que ante el bloqueo legislativo, la Casa Blanca se vea apremiada a actuar por su cuenta.

- La triple “A” de EEUU, en peligro, si no adopta medidas fiscales contundentes (El Economista - 11/3/10)

La máxima calificación crediticia de Estados Unidos, la triple “A” corre peligro a menos que el país adopte un plan creíble a medio plazo para frenar el elevado gasto fiscal, según informaciones del Financial Times. La advertencia proviene de la agencia Standard & Poor's quien ha dicho que existe riesgo a que “acreedores externos puedan reducir su holdings en dólares, especialmente si concluyen que los miembros de la zona europea están adoptando políticas económicas más duras”.

Según el diario, si esto sucede podría socavar el estatus del dólar como reserva mundial de divisas, lo que pesaría sobre máxima calificación crediticia del país, sin que ello derive irremediablemente en la pérdida de la triple “A”.

- La política de Obama acrecienta las dudas sobre la solvencia de EEUU (Libertad Digital - 23/3/10) (Por Ángel Martín)

Como toda familia o empresa sabe, gastar por encima de tus posibilidades es una práctica peligrosa e imprudente que inevitablemente suele traer problemas. Y hacer esto durante un periodo de tiempo relativamente largo es la receta perfecta para el desastre financiero.

(Por Ángel Martín)



El sector privado tiene estos acontecimientos muy recientes, y debería grabar estas lecciones con fuego, porque es precisamente lo que sucedió en la fase expansiva del ciclo.

Ahora, y ya desde que la crisis económica se hiciera realidad, empresas y familias tratan de ajustarse como pueden a las circunstancias financieras reales, que estaban bastante lejos de las expectativas y ficciones sobre las que actuaban, consumiendo y endeudándose masivamente.

Sin embargo, las cosas con las finanzas gubernamentales son un poco diferentes, al menos para países como Estados Unidos, como muestra el hecho de que pueda tener una deuda creciente año a año y déficits públicos casi permanentes en las últimas décadas (ver gráficos).

Evolución de la Deuda del gobierno federal estadounidense bruta desde 1970 hasta 2000, en miles de millones de dólares



Deuda pública total, incluida la de las agencias federales, hasta 2010



Pero en última instancia, las restricciones sobre la expansión de la deuda y los desmanes fiscales existen, y éstos se manifiestan en los riesgos de impago de la deuda soberana. La capacidad que los gobernantes tienen para endeudar masivamente a una economía parece ser menor de la que les gustaría a ellos.

Aunque, indudablemente, el sistema fiduciario actual amplía notablemente esta capacidad, permitiéndoles una manga ancha que otros sistemas como el patrón oro no permiten. Con todo, lo cierto es que los estados también quiebran, como se ha analizado desde este periódico.

Esta es la realidad que transmiten Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart en un estudio del National Bureau of Economic Research, donde se muestra que las crisis financieras más importantes de los últimos ocho siglos se han llevado por delante a países enteros. En otras palabras, que las quiebras bancarias suelen derivar, históricamente, en suspensión de pagos por parte de Estados y elevada inflación.

Russell Roberts, economista y profesor de la Universidad George Mason, afirmaba en una conferencia del pasado diciembre que Estados Unidos ya no puede afirmar que su riesgo de default (impago) sea nulo, si bien éste sigue siendo muy bajo.

Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York y director del prestigioso portal Roubini.com, ha alertado en más de una ocasión acerca del enorme aumento de la deuda pública norteamericana, y habla de riesgos en la deuda soberana e insostenibilidad. Aunque su punto de mira está en los países más débiles de la periferia Europea (obviamente Grecia, junto a Irlanda y España), advierte sobre países como Reino Unido e, incluso, la primera potencia mundial.

Y estas advertencias no son para menos, dado que la Administración Obama parece empeñada en superar todos los records históricos referentes al gasto y déficit públicos. No en vano, ante los últimos datos de déficit conocidos en EEUU, el mismo secretario del Tesoro, Tim Geithner, ha reconocido que son “altamente insostenibles”. El siguiente gráfico ilustra bien esta realidad, con una línea que parece no encontrar suelo.

En este contexto se sitúan las advertencias del Servicio de Inversores de Moody’s, una de las tres agencias de calificación (rating) a nivel mundial. Esta entidad, según informa Christian Science Monitor, ha alertado a EEUU de que si no acomete reducciones significativas en su gasto público, existirán riesgos de perder la máxima calificación de su deuda (triple A); calificación que ha permitido en primer lugar su masivo endeudamiento y su posición de país más seguro y fiable del mundo.

Estas calificaciones crediticias, que emiten las agencias Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s, se basan en la seguridad y desempeño de una economía, e indican a los prestamistas y acreedores cuán probable es que el deudor o quien pide prestado, como en este caso el Gobierno norteamericano, vaya a devolver el préstamo. A pesar de los flagrantes errores en relación a las hipotecas subprime, infravalorando los riesgos, la opinión de estas agencias sigue teniendo gran relevancia para los inversores.



El máximo estatus y seguridad de la deuda pública norteamericana podría estar en duda si Obama mantiene su actual política fiscal. La alerta de Moody’s supone una importante señal para los inversores. Lo que pocos años atrás sólo habían podido llegar a imaginar lunáticos y catastrofistas económicos, ahora ya no se descarta. La crisis actual ha traído consigo cambios de una magnitud que pocos podían prever. Para algunos analistas, el mundo económico y financiero que ha perdurado después de la Segunda Guerra Mundial ha tocado a su fin.

Efectos de la degradación de EEUU

Las consecuencias que podría generar una degradación de la calidad de los bonos del Tesoro norteamericano serían serias e importantes. En primer lugar, sería una señal inequívoca de que EEUU ya no es el país más seguro para invertir el dinero, lo que minaría su capacidad para atraer capitales y recibir la financiación exterior que tanto necesita. A buen seguro limitaría su capacidad de endeudamiento público, obligando a recortes drásticos en el gasto.

En segundo lugar, muy probablemente, los inversores, por el aumento del riesgo, exigirían mayores tipos de interés para los bonos, lo que incrementaría el coste de la deuda pública, generando así mayores impuestos futuros y, en el peor de los casos, una espiral alcista de la deuda pública -debido a sus mayores intereses- que sería muy difícil frenar. Ello podría generar el incentivo al Gobierno de tratar de rebajar de cualquier forma disponible la deuda pública. Una de estas formas es la de recurrir a la inflación, lo que traería importantes riesgos.

No obstante, Moody’s matizó que su alerta no significa que vaya a rebajar la calidad de la deuda americana, o que tenga perspectivas de hacerlo. La calificación de triple A de todos los gobiernos está bien asentada, aseguraban. Por ello, aún puede ser pronto para caer en escenarios demasiado pesimistas.

Pero el toque de atención de la agencia de calificación al Gobierno de Obama es claro: cuidado con lo que hacéis con las cuentas públicas. De seguir así, podemos llegar a rebajaros la calificación. Queda por ver qué es lo que hará la Administración norteamericana para calmar estas preocupaciones. De momento, no parecen encaminados a reducciones sustanciales del gasto, y siguen prometiendo mejoras y aumentos en los “gastos sociales” relacionados con el Estado del Bienestar.

El caso de la reforma sanitaria es uno de los más importantes. De hecho, en parte ha sido concebida por sus defensores como una reforma que contribuirá a reducir los costes de la sanidad, y así aliviar las dificultades de las finanzas públicas. Pero lo cierto es que existen dudas acerca de que realmente vayan a conseguirlo, como sostiene William Anderson.

En efecto, este economista afirma que “dado que esta medida impone nuevos mandatos y requerimientos, va a aumentar los subsidios de los servicios médicos y ordena a las compañías de seguros a cubrir a los solicitantes independientemente de su estado de salud a uno se le hace difícil encontrar los ahorros en costes”.

Está por ver si el Gobierno Obama será capaz de poner bajo control la deuda pública estadounidense, implementando los recortes de gasto y reformas que sean necesarias. Para Bill Bonner, editor del newsletter financiero The Daily Reckoning, esto se presenta muy complicado. La razón principal es que “la mayor parte del déficit no viene por las reacciones de emergencia a la crisis financiera”, sino que se debe a “programas (públicos característicos del Estado del Bienestar, como el Medicare y Medicaid en el cuidado sanitario) que ya estaban funcionando antes de que sucediera la crisis”.

Es decir, a pesar de las políticas fiscales discrecionales de Obama, una parte importante de este déficit ya venía de atrás, pero era camuflado por unos boyantes ingresos fiscales característicos de una fase expansiva. Una parte de la responsabilidad también habría que buscársela a la expansión del Estado que ha llevado a cabo el ex presidente George W. Bush.

Y este tipo de programas públicos a los que se refiere Bonner “son difíciles de recortar, dado que requiere importantes acciones de voluntad política para deshacerse de ellos”. Por tanto, la realidad es, según este analista, que “EEUU necesita pedir prestado cantidades enormes de dinero simplemente para continuar yendo a la deriva de la manera como ha llegado a acostumbrarse”. Y concluye: “No hay un final a la vista a los déficits… no hay manera práctica para reducirlos… y no hay salida para la espiral de deuda”.

La insolvencia de la mayor potencia económica del mundo ya no sólo es una pesadilla improbable sino que, se seguir por esta senda, podría llegar a hacerse realidad.

- ¿Aguantará Estados Unidos? (Libertad Digital -


Catálogo: papers
papers -> Xii congreso de aecpa ¿Dónde está hoy el poder? San Sebastián País Vasco, del 13 al 15 de Julio de 2015
papers -> Paper El “Big-cuent” del Bitcoin (¿de “burbu-giles” a “gili-coins”?) Introducción y cuenta la historia…
papers -> Una creación deliberada de la ignorancia (agnotología)
papers -> Las noticias televisivas españolas en las cadenas generalistas y la temática del acoso
papers -> “Jóvenes inmigrantes: una identidad en construcción”
papers -> Deslocalización inversa
papers -> Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!)
papers -> 5th laccei international Latin American and Caribbean Conference for Engineering and Technology (laccet’2007)
papers -> Submission Format for ims2004 (Title in 18-point Times font)
papers -> ¿Qué funciones desarrollan las aplicaciones de internet en la relación escuela familias? Un análisis piloto de 10 centros educativos. Autores


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos