Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”



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Del “Yes, we can” al “how much”

- El año en que Obama empezará a tener la culpa (ABC - 30/12/09)

Este 2010 se presenta como una espiral de dificultades para el ocupante de la Casa Blanca, cuyo proceso de desgaste político culminará en las legislativas de noviembre

(Por Pedro Rodríguez)

La Casa Blanca, a pesar de todos los estereotipos de más o menos genial improvisación televisiva, es una aventura política medida casi hasta el último milímetro. Con ritmos marcados, calendarios inalterables, márgenes de maniobra limitados y oportunidades contadas que son el resultado de todo el genuino entramado institucional dictado por la bicentenaria Constitución de los Estados Unidos. Todo ello aderezado y matizado por un sistema presidencial que, en su modernidad, arranca con todo el ímpetu reformista y el protagonismo que Theodore Roosevelt, el vigésimo sexto presidente de la Unión, demostró al comienzo del siglo XX.

Con independencia de quién se sienta en el Despacho Oval de la Casa Blanca, tras la espectacular toma de posesión de cada mandatario y los cien primeros días de su luna de miel ejecutiva, la presidencia de Estados Unidos es realmente una carrera de ritmo trepidante durante los dos primeros años. Pero esa prueba contrarreloj tiende a perder fuelle con los comicios legislativos de mitad de mandato. Ya que la tradición electoral, demostrada una y otra vez por el gigante norteamericano, propende casi de forma sistemática al castigo de quien ostenta el poder, sobre todo en graves situaciones económicas.



El año 2010 se presenta como una cuesta cada vez más empinada para Barack Obama, escalada que culminará en las elecciones previstas para el 2 de noviembre. Una cita con las urnas en la que los estadounidenses renovarán todos los escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y la gran mayoría de los puestos de gobernador. Existe bastante certeza entre la ciudadanía de que ese proceso propinará más de una significativa dentellada para el actual dominio que el Partido Demócrata ejerce en Washington. El año próximo, EEUU pasará del “Yes, we can” al “how much” (cuánto) de sus cuentas pendientes Toda esta tesitura explica la insistencia de la Administración Obama por sacar adelante y materializar la mayor parte de sus prioridades de gobierno antes de llegar a noviembre de 2010, con el fin de evitar el obstáculo de una anticipada merma de escaños demócratas en el Congreso. Y el lastre de un inevitable desgaste político ilustrado, por ejemplo, en la recurrente encuesta Gallup, que empieza a colocar al presidente por debajo del simbólico listón de un cincuenta por ciento de aprobación popular.

El cierre de Guantánamo



Este año decisivo para el gobierno de Obama empezará necesariamente mal, con el incumplimiento de la promesa de cerrar la prisión extrajudicial de Guantánamo para el 22 de enero de 2010. Fue un error ponerle fecha. La Casa Blanca no ha sido capaz de dilucidar qué hacer con los 215 “combatientes ilegales” todavía en su poder, y de llegar a un necesario entendimiento con el Congreso. Sin poder rematar sus planes iniciales para repatriar o enviar a terceros países a casi la mitad de ellos. Además de procesar a una cuarentena de prisioneros en Estados Unidos, tanto en la jurisdicción civil como ante tribunales militares, especiales. Con el resto destinados a quedar en privación de libertad con carácter indefinido. Lo que se ha dado en llamar el limbo jurídico de Guantánamo.

Junto a ese compromiso frustrado, Obama empezará este 2010 acompañado de crecientes indicios de debilidad en su política exterior. Sus primeras iniciativas diplomáticas han sido rechazadas de forma llamativa por Israel, China y Rusia. El intenso esfuerzo del presidente por conectar con Asia ha sido calificado como desastroso, empezando por la ridiculizada reverencia de Obama ante los emperadores de Japón. Mientras tanto, los aliados perciben que Washington tiene más detalles con sus enemigos que con sus amigos. Además, los tres meses invertidos para dilucidar la futura estrategia militar en Afganistán han alimentado reproches de indecisión, en lugar de fomentar una imagen reflexiva y menos visceral que la de su predecesor, George W. Bush. Los tres meses invertidos por Obama para dilucidar su estrategia en Afganistán han propiciado una imagen de indecisión. Estas limitaciones de liderazgo internacional también tendrán su impacto en el proceso para forjar un nuevo consenso en la lucha contra el cambio climático, que la reciente cumbre de Copenhague pretendió impulsar. Ya que la Administración Obama, al carecer del respaldo del Congreso estadounidense, solamente ha sido capaz de plantear un tentativo recorte de sus nocivas emisiones de CO2 de tan sólo un 5,5 por ciento con respecto a los niveles registrados en 1990. En contraste con la reducción de al menos un 20 por ciento planteada por la Unión Europea, que aumentaría hasta un 30 por ciento si las demás naciones industrializadas están dispuestas a realizar esfuerzos suplementarios.

Estas diferencias complicarán todavía más la formulación, en el marco de la ONU, de un tratado efectivo para suceder al protocolo de Kyoto. Probablemente todo este trabajo quede para la cumbre prevista el año próximo en México.



En el terreno doméstico, todo hace indicar que el año 2010 seguirá trayendo malas noticias para la economía de Estados Unidos, con toda clase de pronósticos sobre una cierta recuperación del crecimiento, pero sin descenso apreciable en el paro, ya que la creación de empleo requiere de una etapa de crecimiento sostenido. Con una tasa de desempleo que apunta a subir más allá del 10 por ciento ya registrado oficialmente a finales de 2009. Lo que realmente significa que casi uno de cada cinco estadounidenses se encuentra sin trabajo o subempleado. Una situación desconocida desde 1929.

Este escenario multiplicará previsiblemente las presiones sobre la Administración Obama para acometer un esfuerzo adicional de creación de empleo. Con planes para comenzar el año con un segundo y millonario paquete de estímulo económico centrado en la lucha contra el paro.

Reactivación económica

Entre las ideas contempladas figuran más inversiones en infraestructuras, nuevas facilidades de crédito para las pequeñas empresas, incentivos adicionales para producir dentro de los Estados Unidos y la posibilidad de conceder subvenciones para evitar despidos. Aunque la Casa Blanca parece más inclinada hacia la adopción de medidas puntuales, en lugar de volver a repetir la inyección de 787.000 millones de dólares realizada en 2009, con limitado impacto en el frente de la creación de empleo.

El problema que empezará a materializarse en 2010 es el creciente peso de toda la deuda acumuladas por EEUU, especialmente durante los dos últimos años: con un total de doce billones de dólares en números rojos, un déficit presupuestario previsto de 1,5 billones y pagos por intereses anuales que sobrepasan ya los 200.000 millones. Situación que en el año 2010 se convertirá en una tormenta fiscal perfecta, al coincidir una ingente cantidad de nueva deuda, préstamos a corto plazo que vencerán en meses, y tasas de interés que volverán a subir en cuanto la Reserva Federal considere superado el peor tramo de la actual crisis.

Este explosivo panorama presupuestario promete renovadas batallas políticas entre demócratas y republicanos sobre el tamaño y el papel del gobierno federal, el equilibrio entre impuestos y gasto público, sin olvidar el ingente reto de hacer posible la jubilación en masa de todo el “boom” de población registrado tras la Segunda Guerra Mundial. De la euforia del cambio y el “Yes, we can” -uno de los lemas que le aupó a la Presidencia-, EEUU tendrá que pasar en este año 2010 al “how much” -cuánto- de sus cuentas pendientes.

Impulso en Afganistán



Con el refuerzo de más de 30.000 soldados, el Pentágono dispondrá el próximo verano de 100.000 militares en Afganistán. Un número comparable al fracasado despliegue realizado en su momento por la Unión Soviética y que permitirá a Estados Unidos la completa ironía de haber luchado en un cuarto de siglo una misma guerra pero en diferentes bandos.

La nueva estrategia de Obama pone el énfasis en buscar una salida, e incluye continuar la lucha contra la resucitada insurgencia talibán. Por lo menos para defender una docena de los principales centros de población afganos, más allá de Kabul y Kandahar.

También se realizará un masivo esfuerzo para entrenar, dotar y multiplicar el tamaño de las fuerzas de seguridad locales. Dentro de los planes de la Casa Blanca también figura un nuevo sistema de operaciones conjuntas entre sus fuerzas y las tropas afganas, que llegarán hasta a compartir bases, planificación y apoyo logístico. El coste de todo este sacrificio adicional se estima en 30.000 millones de dólares por año. Y habrá bastantes muertos.

- El año en que Wall Street sobrevivió a la gran depresión (El Economista - 1/1/10)

(Por José Luis de Haro)

A comienzos de 2009, la angustia se apoderaba de los inquilinos de Wall Street mientras algunas vacas sagradas, como Lehman Brothers, fueron devoradas por la epidemia de las hipotecas basura y los perversos derivados asociados a éstas. Hace poco más de un año, el ex presidente de EEUU, George Bush, advirtió sobre el posible colapso del sistema financiero, al mismo tiempo que la cuna del capitalismo urdía un plan de rescate, valorado en 700.000 millones de dólares y con cargo a los contribuyentes.

Casi 365 días más tarde, el S&P 500 registra máximos anuales con una subida del 24,8% en 2009, los cinco bancos más importantes continúan con sus operaciones y casi todos han resuelto sus deudas, Bernard Madoff cumple condena por su descomunal fraude, las principales entidades financieras se preparan para repartir más de 25.000 millones de dólares en bonus y la Casa Blanca cuenta con un nuevo inquilino: el demócrata Barack Obama.

Sin embargo, por mucho que se quiera endulzar el contexto, la realidad posee un sabor agridulce. Es cierto que la Bolsa de Nueva York camina hacia sus primeras ganancias desde 2006, pero eso no impide el negativo balance acumulado en los diez últimos años. Según explicó Howard Silverblatt, analista de Standard & Poors, a la agencia Reuters, “esta década no ha sido buena para los inversores, en cierto modo ha sido una pérdida de tiempo”.

Reanimación pública

De todos modos, Wall Street está sobreviviendo a la espectacular sangría que ha sufrido la economía de EEUU en tan solo un año.

Tras la contracción del 6,4% y del 0,7% registrada en el primer y segundo trimestre, el PIB volvió al terreno positivo en la segunda mitad del año. Eso sí, el paro sigue asentado en el 10%, la tasa más alta en 26 años, algo que frena el consumo.

Desde la Federación Nacional de Minoristas apuntan que el consumo durante la temporada de compras navideñas, la más importante del año, caerá un 1% en 2009, frente al desplome del 3,4% del año pasado.

Plan de estímulo



Para solventar este inconveniente, la Administración Obama y el Congreso aprobaron en febrero un plan de estímulo de 787.000 millones de dólares, que incluyó créditos fiscales de hasta 8.000 dólares para aquellos que compraran su primera vivienda o de 6.500 para los que compraran la segunda.

Un parche para hacer frente a la caída de los precios inmobiliarios, que ya han cedido cerca de un 20% desde que alcanzasen la cima allá por 2005. Al fin y al cabo, entre la Administración Bush y Obama, el gasto para impulsar el sector inmobiliario y evitar los desahucios asciende hasta los dos billones de dólares. En la actualidad, nueve de cada diez hipotecas cuentan con el respaldo directo o indirecto del Gobierno de EEUU.

- El año de Washington S.L. (ABC - 3/1/10)

(Por Anna Grau Corresponsal en Nueva York)



En 2007 estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. En 2008 estalló oficialmente la crisis y sus consecuencias han retumbado a lo largo de todo el 2009. De 2010 se espera que sea el año de la recuperación pero también de plantar cara a las consecuencias. Empezando por el nuevo protagonismo del Tío Sam en el día a día de la economía. Quizás el capitalismo nunca vuelva a ser igual.

Tradicionalmente los economistas norteamericanos se han debatido entre la defensa cerrada del libre mercado y la apología de una intervención gubernamental mucho mayor. Los primeros se han abrogado siempre el mérito del audaz crecimiento financiero del país, incluida la “irracional exuberancia” que decía Alan Greenspan. Los segundos han denunciado siempre que tal esplendor se paga con desigualdades gravísimas y con la ausencia de un paraguas social elemental como el que disfruta cualquier ciudadano europeo.

El debate sobre la reforma sanitaria no es en absoluto ajeno a la súbita toma de conciencia que las clases medias americanas hacen de su vulnerabilidad ante una recesión como ésta. Cuando el umbral de pobreza es tan aterradoramente voluble, la gente pide más garantías que libertad. Por lo mismo, en cuanto dejan de verle las orejas al lobo vuelven a suspirar por el libre albedrío perdido. La reforma sanitaria ni siquiera es un hecho aún y ya ha habido que parchearla por todos lados para desdibujar sus aspectos más “izquierdosos”.

Lo mismo con la reforma del sistema financiero. En un primer momento el presidente Barack Obama fue ferozmente criticado por el ala dura neokeynesiana, con el Premio Nobel Paul Krugman al frente, por no “atreverse” a nacionalizar todos los grandes bancos. Le acusaban de blando y de timorato con Wall Street.

Y sin embargo no parece que la timidez sea el atributo más destacado de Obama ni de sus asesores financieros. El dinero gastado en rescates económicos en la recta final de la Administración Bush y la recta inicial de la de Obama, si se suma dinero del Gobierno y de la Reserva Federal, asciende a la friolera de 2 billones -con b de boina- de dólares. Eso es bastante más que los 750.000 millones del TARP que costó sangre, sudor y lágrimas que el Congreso aprobara a ras de elecciones.

Sin duda Obama se benefició de la crisis para ganar la presidencia. Pero la ganó sin saber qué hacer exactamente frente a la crisis. No tenía arma secreta, no tenía fórmula mágica. El “liderazgo” del que presumió en los últimos meses de 2008 consistió básicamente en seguir a pies juntillas las recomendaciones del último secretario del Tesoro de Bush hijo, Henry Paulson. Paulson contó a veces con más apoyo de los demócratas que de ciertos sectores republicanos.

Entre otras cosas porque ya se veía por dónde se intentaba pasar la maroma de la crisis: por un dispendio público inaudito y por abrir la puerta a una penetración gubernamental de la empresa privada sin precedentes en Estados Unidos. Algo que tiene que sacar de sus casillas a cualquier conservador.

Pero en el otoño del terror financiero cualquiera que se opusiera al rescate estatal de la economía estaba condenado a la crucifixión política. Si a eso se le suma que Goldman Sachs y otras grandes firmas de Wall Street eran y son las primeras donantes de la campaña de Obama -y de John McCain, y de Hillary Clinton-, queda claro que el presidente, cualquier presidente, tenía poca o ninguna opción. Había que hacer como si las espaldas del Tío Sam fueran anchas hasta el infinito y esperar a que pasara el temporal.

Bueno, el temporal apenas ha pasado -si por pasar se entiende seguir con un 10% de paro- y el Gobierno norteamericano se encuentra en una situación que daría envidia a la Unión Soviética en sus buenos tiempos. Según datos recogidos por The Wall Street Journal, Washington S.L. metió 245.000 millones en cerca de 700 bancos y compañías de seguros, garantizó 350.000 millones más de deuda bancaria, hizo préstamos a corto plazo por valor de 300.000 millones, rescató a dos de los tres gigantes de Detroit, regó 955.000 millones más sobre pequeños negocios y para desatascar tarjetas de crédito, controla en estos momentos, directa o indirectamente, nueve de cada diez hipotecas en EEUU... etcétera.

Un llamativo resultado de todo esto es que el déficit se dispara. En 2014 el Gobierno no ganará para pagar sus deudas, mayormente a acreedores extranjeros, muchos de ellos chinos.

Otro resultado no menos llamativo es que, aunque el Gobierno no se cansa de proclamar que sin estas medidas extraordinarias la crisis habría sido mucho peor, tampoco está nada claro cuándo va a empezar a ser mejor. Cuándo va a despegar de una vez el empleo y se va a poder volver por fin a una relación normal entre la Casa Blanca y las empresas.



La gran pregunta es: ¿es eso tan fácil?, ¿Se puede simplemente volver al minuto y resultado de antes de la crisis? Si el Gobierno simplemente se sale tal cual de las empresas intervenidas, ¿quién garantiza que en diez o quince años no volverá a pasar esto?

Y si el Gobierno no se sale tal cual, ¿quién garantiza que superará sus contradicciones entre garante de los beneficios de las empresas intervenidas y el interés público? Si en el momento en que es presidente y principal accionista de Washington S.L. Obama no atina a crear empleo, ¿cómo atinará cuando ya no se siente en el consejo de administración de América? ¿Quién rescatará al Tío Sam de sí mismo?

- La incertidumbre y la Recuperación Moderada (The Wall Street Journal - 5/1/10)



(Por Gary S. Becker, Steven J. Davis y Kevin M. Murphy)

En términos de la contracción del producto estadounidense, la llamada Gran Recesión no fue más severa que las recesiones de 1973 a 1975 y de 1981 a 1982. Sin embargo, la recuperación de la crisis más reciente ha sido mucho más floja. El PIB real, por ejemplo, se expandió 7,7% en 1983 después de que el desempleo alcanzara un máximo de 10,8% en diciembre de 1982. En el tercer trimestre de 2009, en cambio, el PIB subió un deslucido 2,2%. Aunque el cuarto trimestre probablemente mostrará cifras mejores, tal vez mucho mejores, no hay indicios de una recuperación explosiva de la recesión.

Creemos que hay dos factores detrás del tibio repunte de la economía estadounidense. El más obvio es la severa crisis financiera que precipitó esta recesión, que hizo que muchas de las instituciones más importantes necesitaran de cuantiosos rescates del gobierno. La confianza de los banqueros y de los inversionistas de capital de riesgo se ha hecho añicos, al menos por el momento, y les llevará tiempo recuperarse de la agitación financiera de los últimos dos años. Las familias estadounidenses también afrontan un período difícil de repliegue financiero tras el colapso en los precios de las viviendas, un endeudamiento excesivo de muchos y una alta tasa de desempleo.

El segundo factor es menos obvio, pero posiblemente más importante. Los demócratas consiguieron una victoria importante en las elecciones de 2008, al obtener la presidencia y la mayoría tanto de la Cámara de Representantes como del Senado. Interpretaron el triunfo como evidencia de que una amplia mayoría de estadounidenses desea grandes reformas en la economía, en el sistema de salud y muchas otras áreas. Así que además de continuar y expandir los rescates iniciados por el gobierno de George W. Bush de bancos, AIG, General Motors, Chrysler y otras compañías, el Congreso y el presidente Barack Obama anunciaron su intención de realizar importantes modificaciones tributarias, de gasto fiscal y regulatorias. Estas reformas podrían cambiar radicalmente la economía estadounidense.

Los esfuerzos para transformar la economía comenzaron con un paquete de estímulo fiscal de casi US$ 800.000 millones. Aunque algunos elementos cumplieron con el propósito del rescate y ayudaron a amortiguar el impacto de la recesión, en general el plan no estaba bien diseñado para promover una rápida recuperación ni preparar el terreno para un crecimiento a largo plazo.

En su lugar, el “estímulo” estuvo orientado a los sectores que los demócratas más liberales consideraron merecedores de una mayor ayuda federal. Eso explica por qué gran parte del dinero del paquete de estímulo se está inyectando en educación, salud, conservación de energía y otras actividades que hacen poco para absorber los recursos no empleados y estimular la economía.

En términos de desalentar un repunte acelerado, otras propuestas gubernamentales crearon una mayor incertidumbre y riesgo para empresas e inversionistas. Entre éstos destacan los planes para incrementar sustancialmente las tasas de impuestos marginales sobre los ingresos más altos. Además, lo más probable es que las discusiones durante la cumbre de Copenhague y la intención del presidente de imponer impuestos más altos a las emisiones de dióxido de carbono desincentiven la inversión en refinerías, plantas eléctricas, fábricas y otras actividades que son grandes emisoras de gases de efecto invernadero.

Las “reformas” que contempla en Congreso al sistema de salud han pasado por decenas de versiones distintas. Las propuestas de ley independientes aprobadas por la Cámara de Representantes y el Senado preocupan especialmente a las pequeñas empresas, que temen que sus costos labores suban debido a la obligación de gastar mucho más en seguros de salud para sus empleados. La reticencia resultante de las pequeñas empresas a invertir, expandirse y contratar también afecta negativamente a las familias, puesto que frena la creación de nuevos empleos y el crecimiento de los ingresos familiares.

El gobierno también indicó desde el principio que adoptaría un enfoque diferente frente a las políticas antimonopolio, al revertir la tendencia de los últimos 30 años hacia las interpretaciones de estas leyes en base a los consumidores. De la misma manera, el nombramiento de un “zar” de las remuneraciones en Washington da miedo, pese a que sus actividades de momento se hayan limitado a las compañías que recibieron fondos de rescate del Departamento del Tesoro. Tal vez el siguiente paso del Congreso sea proclamar que los sueldos de los ejecutivos son en general demasiado generosos y que, por lo tanto, deben estar sujetos a impuestos especiales sobre las bonificaciones o a nuevos controles sobre la remuneración, tal como han hecho los británicos y los franceses. El Congreso también está evaluando importantes cambios en las regulaciones de los productos financieros para el consumidor.

En su campaña para combatir la crisis financiera y la recesión, la Fed generó cerca de US$ 1 billón (millones de millones) en excedentes de reservas en los bancos, a través de varios programas de rescate y operaciones de mercado abierto. Cuando los bancos hacen uso de estas reservas para prestarle a las empresas y las familias, existe el potencial para que la oferta monetaria crezca rápidamente, produciendo posiblemente una inflación sustancial. Una de las fuentes más significativas de incertidumbre sobre la inflación futura es cómo la Fed combatirá las presiones inflacionarias mediante ventas en el mercado abierto. También genera incertidumbre sobre la posibilidad de que el alza de las tasas de interés ahogue la recuperación de la economía.

La incertidumbre sobre la política monetaria también tiene importantes dimensiones políticas. La Fed ahora enfrenta las presiones políticas más intensas de los últimos 25 años, como quedó en evidencia tras la dura comparecencia del presidente de la entidad, Ben Bernanke, ante el comité de banca del Senado. Estas presiones podrían multiplicarse si las futuras decisiones de la Fed para mantener a raya la inflación entran en conflicto con los deseos de los políticos de apuntalar el mercado inmobiliario y las grandes empresas del gobierno involucradas en el financiamiento de las viviendas.

Pese a que algunas de las propuestas antiempresariales podrían no llegar a ser implementadas, generan una considerable incertidumbre para los negocios y los hogares. Frente a un entorno en el que abunda la incertidumbre sobre las políticas que se van a seguir, el curso prudente es dejar a un lado o aplazar los costosos compromisos que son complicados de revertir. El resultado es la renuencia de los bancos a incrementar los préstamos, pese a sus gigantescos excedentes de reservas, la renuencia de los negocios a hacer nuevos gastos de capital o expandir su fuerza de trabajo y las decisiones de las familias de posponer las grandes adquisiciones.

Varios indicios ilustran esta extrema cautela de las empresas y las personas. Una encuesta de la Federación Nacional de Negocios Independientes de EEUU (NFIB) muestra que los gastos recientes de capital y los planes a corto plazo para nuevos gastos de capital siguen estancados en su nivel más bajo de los últimos 35 años. La misma encuesta revela que sólo un 7% de las pequeñas empresas considera que los próximos meses son un buen momento para expandirse. Apenas un 8% de los pequeños negocios reportaron que están buscando empleados, frente a entre 14% y 24% en 2008, dependiendo del mes, y entre 19% y 26% en 2007.



La debilidad de la economía es, de lejos, la principal razón empleada para explicar por qué los próximos meses “no son un buen momento” para expandirse, pero “el clima político” es la siguiente razón en la lista, muy por encima de los costos de financiamiento y la disponibilidad de financiamiento. Los autores del informe del NFIB sobre tendencias económicas de pequeñas empresas de diciembre de 2009 señalan que “la otra gran preocupación es el nivel de incertidumbre que está siendo creado por el gobierno, la fuente usual de incertidumbre para la economía. La “turbulencia” generada cuando el Congreso está en sesión a menudo es debilitante y en este año ha sido uno de las peores… aquí no hay mucho para pensar a futuro”.

Las estadísticas del gobierno cuentan una historia similar. Las inversiones de las empresas en el tercer trimestre de 2009 cayeron 20% frente a los niveles bajos del año anterior. Los empleos disponibles están en su nivel más bajo desde que el gobierno comenzó a medir esta estadística en 2000. La creación de nuevos empleos a través de la expansión de los negocios está en su ritmo más lento en dos décadas y aunque los datos antiguos no son tan confiables, probablemente es el más lento de los últimos 50 años. Aunque los despidos y las solicitudes de beneficios de desempleo han bajado en los últimos meses, las perspectivas de empleo para los desempleados se han seguido deteriorando. La tasa de salida del desempleo es la más baja desde 1967.

Según la Encuesta de Consumidores de Michigan, 37% de los hogares planeaba postergar sus compras debido a la incertidumbre sobre el empleo y sus ingresos, una cifra que no ha cedido desde el segundo trimestre de 2009 y una de las que se mantiene por encima de cualquier otro año hasta 1960.

Estos hechos sugieren que fue un serio error económico el presionar por una gran y apresurada transformación de la economía estadounidense justo después de la peor crisis financiera en décadas. Un enfoque más efectivo sería concentrarse primero en combatir la recesión y establecer fundaciones sólidas para el crecimiento. Deberían dejar en un segundo plano la reingeniería hasta que la economía salga del todo de la recesión y regrese al crecimiento robusto. Al no adoptar un enfoque mesurado a la política económica, el Congreso y el presidente podrían estar frenando la recuperación económica y, por lo tanto, prolongando los problemas de la recesión.

(Los autores son economistas de la Universidad de Chicago)

- Millones de hambrientos en EEUU (BBCMundo - 6/1/10)

(Por Rebeca Logan)



Pocos se imaginan que en Estados Unidos, el país más rico y que más alimentos produce, existen niños como Daniel, quien a sus cinco años tiene que depender de un banco de comida para su alimentación.

Su padre perdió su trabajo en el 2008 y desde entonces su familia ha batallado para mantenerse a flote, incluso en ocasiones subsistiendo con sólo una comida al día. Su madre, Santana, trabaja como vendedora en una tienda, pero el dinero no le alcanza para alimentar a sus seis hijos, a pesar de recibir bonos de alimentos del gobierno y subsidios escolares.



Y el caso de Daniel y su familia no es único, según explica Russ Fraser de Feeding America, la principal organización de lucha contra el hambre en Estados Unidos, que anualmente provee alimentación gratuita a nueve millones de niños, incluyendo la familia de Daniel quien reside en Colorado.

“El número de niños que pasan hambre en este país es impresionante. Uno de cada cuatro niños están en una situación de inseguridad alimenticia, que significa que no tienen el acceso adecuado a una alimentación completa, pero también estamos viendo que incluso hay un porcentaje que está pasando hambre, que se acuestan sin comer”, dijo Fraser a BBC Mundo.

Uno de los factores que mitiga el hambre para estos niños son las comidas que reciben en las escuelas públicas del país, pero incluso ahí se están viendo los estragos.



“Me han contado algunos maestros que han visto niños que envuelven los sobrados del almuerzo en la escuela para llevarse y tener que comer cuando llegan a sus casas”, relata Fraser.

Y para quienes crean que las campanas para “adoptar” niños pobres se limitaban al Tercer Mundo, en la página web de Feeding America, se pueden ver fotos de niños tiernos al lado de titulares que rezan: “por cada dólar donado ayudas a proveer 7 comidas para hombre, mujeres y niños que enfrentan hambre en nuestro país”.

Vacaciones con hambre

Pero cuando llegan las vacaciones, 17 millones de niños dejan de recibir estas comidas diarias y recurren a organizaciones como la que representa Fraser que coordina una red de bancos de comida en todo el país que proveen asistencia alimenticia a millones de familias.

En los últimos dos años, con la tasa de desempleo más alta en décadas, millones de familias que han perdido sus casas y empresas que cierran a diario, la necesidad ha alcanzado cifras exorbitantes en un país donde más de 49 millones de personas viven al borde del hambre.



Según datos del gobierno, en el último año el número de personas que viven en la pobreza aumentó en 1.1 millón.

“La demanda de alimentos de nuestra organización a nivel nacional ha subido el 30% en comparación al año pasado, pero en algunas zonas del país, donde han cerrado empresas y no hay ingresos, la demanda aumentó en un 100%, hay comunidades realmente devastadas”, anotó Fraser, cuya entidad repartió 400 millones de libras de comida más que el año anterior.

Los ricos también lloran



Pero no sólo los pobres “tradicionales” están sufriendo los estragos de la recesión y la falta de comida. Fraser comentó de un caso en la Florida en el que recibieron una llamada de una familia que necesitaba alimentos.

“Cuando llegaron a la casa vieron que era una vivienda elegante en un buen barrio, y les pareció extraño que los mandaron a distribuir comida a esa dirección. Pero cuando la familia abrió la puerta vieron que la casa estaba completamente vacía. Ambos padres habían perdido su trabajo, y habían empleado o vendido todo lo que tenían, apenas les alcanzaba para pagar la hipoteca, y estaban a punto de perder su casa”, relató Fraser.

“La gente no se da cuenta que a pesar de la gran abundancia también existe un nivel de pobreza muy grave. Uno de cada ocho recibe cupones del gobierno para comprar alimentos. Incluso para la gente que tiene trabajo es difícil, primero pagan sus cuentas como el arriendo y la luz, pero a mediados del mes ya no tienen dinero para comprar comida”, señaló.

Además de los bancos de comida y organizaciones caritativas, millones de familias en Estados Unidos dependen de los cupones de alimentos, un programa del gobierno que subsidia la compra de productos básicos.

Cupones para millones



Este programa también está viendo cifras récord con 36,5 millones de personas inscritas hoy en día, en comparación a los 29,4 millones que reciban esta ayuda mensual en el 2008. Según J.P. Morgan, que administra en más de 20 estados las tarjetas automáticas que se utilizan para comprar comida bajo este programa, el 85% de los beneficios se agotan en los 3 primeros días.

Pero incluso este alto número no refleja la magnitud del problema ya que hay millones más que son elegibles para recibir estos cupones por sus bajos ingresos, pero que no los utilizan, debido al burocrático proceso de inscripción, porque no saben que tienen acceso o por el estigma relacionado con recibir asistencia pública.

Por ejemplo en el estado de Nueva York, para recibir estos beneficios, que a veces equivalen a US$ 80 al mes, los solicitantes deben someter sus huellas digitales al igual que quienes son arrestados por cometer un crimen.

La pobreza en otro idioma

“Para muchos recibir los cupones de alimentos es tocar el fondo, se sienten mal. Pero dicen que es preferible eso a dejar a los niños con hambre”, explicó Ofelia Tapia, quien da clases de nutrición a personas que utilizan la asistencia pública y los bancos de alimentos en el estado de Virginia.

Tapia relató a BBC Mundo que en particular las familias inmigrantes han sido muy afectadas por la crisis económica y prefieren inscribir a sus hijos en programas de asistencia antes que utilizar beneficios para ellos mismos. Otros simplemente están regresando a sus pases por la falta de trabajo.

“Aunque estamos en el país que toda la gente dice que es el más rico del mundo, aquí también hay pobreza y gente batallando para sobrevivir”, comentó Tapia, quien nació en Estados Unidos de padres mexicanos.

“En México hasta en el pueblo más humilde la gente tiene que comer, si hay poco, se reparte y las familias se acogen. Aquí cada uno tiene que pagar lo suyo, y las familias no se acogen”, agrega.

- EEUU quiere bancos más pequeños, pero hay excepciones: el caso de Citigroup y GTS (The Wall Street Journal - 12/1/10)

(Por David Enrich)



En momentos en que Washington trata de controlar a los mayores bancos de Estados Unidos, una parte gigantesca de Citigroup Inc. se sigue expandiendo... con la ayuda del gobierno.

La división de Servicios de Transacciones Globales, GTS por sus siglas en inglés, administra todos los días más de US$ 3 billones (millones de millones) en todo el mundo para cientos de empresas y decenas de gobiernos y agencias, incluida la propia Reserva Federal.



Según ejecutivos de Citigroup, más de 80 gobiernos nacionales y alrededor de 60 bancos centrales dependen de GTS para administrar su efectivo, realizar pagos, transferir fondos a otros países y convertir divisas. Entre sus muchas labores internacionales, GTS distribuye pensiones gubernamentales a trabajadores rurales franceses y beneficios de desempleo en México y Polonia. En EEUU, maneja alrededor del 90% de las transacciones del Banco de la Reserva Federal de Nueva York en 180 países y 90 monedas, alrededor de US$ 23.000 millones en pagos en 2009.

Los vientos políticos, no obstante, soplan contra los grandes bancos y el gobierno ha exhortado a Citigroup a emprender una reducción radical. La Cámara de Representantes acaba de aprobar un proyecto de ley que le concedería a Washington la facultad de dividir a los grandes bancos, aunque sean saludables, si pueden llegar a presentar un riesgo para el sistema financiero

Sin embargo, el rol clave que desempeña GTS como una especie de sistema de plomería financiera del comercio mundial muestra lo complicado que podría ser reducir los colosos financieros. En muchas partes del mundo, Citigroup es la única institución financiera sofisticada disponible para trabajar con empresas extranjeras, gobiernos y otras organizaciones. GTS, asimismo, está tan entrelazada con el resto de Citigroup que separarla dejaría a algunos gobiernos y empresas en una posición vulnerable. “Nos ayudan a llegar a partes de los mercados emergentes que no podemos alcanzar por nuestra cuenta”, indica Georgina Baker, quien lidera la división de instituciones financieras de International Finance Corp., una filial del Banco Mundial.

Otis Otih, el tesorero del fabricante de golosinas Mars Inc., utiliza GTS para manejar la mayoría de los pagos a empleados y vendedores de las operaciones de la compañía en 68 países. “Citibank es la única empresa verdaderamente global para nosotros, no veo otra alternativa”, asegura.

Una subsidiaria asiática de una multinacional europea, por ejemplo, puede depositar fondos en Citigroup de forma local y el dinero aparecerá de forma instantánea en los libros contables de la casa matriz. El sistema facilita la gestión de las finanzas y muchas empresas y gobiernos dejan una amplia gama de tareas financieras en manos de GTS.

Citigroup llamó la atención del gobierno sobre este tema en noviembre de 2008, cuando estaba contra las cuerdas. Sus ejecutivos les dijeron a funcionarios del Departamento del Tesoro y la Fed que la tecnología y la presencia de GTS en más de 100 países hacía que fuera demasiado peligroso para EEUU dejar que Citigroup colapsara. El Tesoro inyectó al banco US$ 20.000 millones seis semanas después de una infusión de US$ 25.000, en parte como reconocimiento de la importancia de GTS para el sistema financiero, según fuentes del gobierno y la empresa.

El gobierno estadounidense luego tranquilizó a los clientes de GTS y les aseguró que seguiría funcionando con normalidad. Es más, especialmente luego de que EEUU asumiera en febrero una participación de 34% en Citigroup (posteriormente reducida a 27%), varios brazos del gobierno le dieron más trabajo a la unidad de Citigroup una y otra vez. La cantidad de ingresos que GTS obtiene de parte del gobierno de EEUU se ha más que duplicado desde mediados de 2008, afirman ejecutivos. Eso ha vuelto al gobierno y a Citigroup más dependiente el uno del otro que nunca antes.

A fines del año pasado. Citigroup devolvió US$ 20.000 millones de la ayuda que recibió.



Aunque Citigroup es más conocido por sus negocios de banca minorista y tarjetas de crédito, GTS es una parte cada vez más esencial. Los clientes que mueven fondos a través de GTS dejan mucho dinero depositado en la unidad, que los canaliza a otras partes del conglomerado. La capacidad de GTS para captar depósitos se ha vuelto más importancia desde que estalló la crisis financiera y la división ahora representa alrededor del 40% de los US$ 800.000 millones de depósitos de Citigroup.

GTS ha sido una fuente de ingresos constantes y de bajo riesgo durante un período tumultuoso. En los primeros nueve meses de 2009, la unidad generó 10% de los ingresos de Citigroup y casi la mitad de sus US$ 6.000 millones en ganancias. Vikram Pandit, el presidente ejecutivo de Citigroup, describió en septiembre a GTS como “la piedra angular de nuestro negocio global”.

- Washington, capital financiera de EEUU: la Casa Blanca, el Versalles americano (El Economista - 13/1/10)

El Gobierno de EEUU es ahora el mayor banquero, asegurador, fabricante de automóviles y prestamista de primera, segunda y última instancia. El mismo Obama, consciente del auge de Washington, bromeó recientemente con la prensa: “¿Quién no quiere alquilar la oficina de al lado?”.

Algo está cambiando en EEUU. Cuando la primera economía del mundo sucumbió a la crisis, muchos pensaron que se avecinaban nuevos tiempos para el sistema vigente. Y en efecto, así ha sido, aunque nunca llueve a gusto de todos. El poder que Washington está adquiriendo en el mundo de las finanzas hace desconfiar a David Frum, columnista de CNN.com: teme que la Casa Blanca se convierta en el “Versalles americano”.

En su artículo, el analista explica que el protagonismo que está cobrando el Gobierno de Estados Unidos en el ámbito económico rompe con la centenaria práctica estadounidense de limitar al máximo las injerencias políticas en el ámbito económico.

De hecho, y a diferencia de las capitales europeas, la separación no era sólo teórica, sino también física, ya que los kilómetros que separaban Washington de los principales focos financieros y comerciales estadounidenses hacían las veces de muro virtual.

Según relata, los empresarios debían emprender largos viajes desde Boston, Nueva York o Philadelphia, por lo que las visitas a la capital no eran frecuentes. Como ejemplo, indica que la aparición de JP Morgan supuso todo un hito, al tiempo que ninguno de los “titanes de la industria” del siglo XIX llegó a personarse nunca en la ciudad.

En las últimas décadas, los avances tecnológicos fueron acercando los extremos de la cuerda, al reducir el tiempo necesario para abarcar los recorridos y mejorar las comunicaciones. Aunque no han hecho falta más que dos años para que esta distancia se desvanezca por completo.

Migración a Washington

En estos 24 meses, se desató la más terrible de las crisis sobre la primera economía mundial y los pilares que sostenían el sistema financiero del país se resquebrajaron. Wall Street, epicentro de los temblores y cuna de la burbuja de crédito, aún paga las consecuencias.

La última muestra de ello es que las empresas están huyendo de Nueva York en busca de un destino más favorable: Washington. De hecho, según informa hoy el diario The Wall Street Journal, la capital ostenta ahora el título ser de ciudad con el menor número de oficinas disponibles en todo Estados Unidos.

¿Y a qué se debe la migración? Según señala Frum, las principales compañías quieren ser vecinas del Gobierno de Barack Obama, que se ha convertido por obra y gracia de la crisis en el principal motor de la recuperación, con sus ayudas, intervenciones y nuevas normas.

Por eso, se están instalando allí muchas firmas importantes e incluso la nueva sede de la SEC se ubica en la ciudad, alumbrando una conexión nunca antes vista en la historia de EEUU entre el Despacho Oval, las finanzas y los negocios.

Sin ir más lejos, el Gobierno de Obama es dueño de gigantes como la aseguradora AIG, de la que controla el 80%, o de GMAC, el antiguo brazo financiero de General Motors.

Esta nueva relación, sin embargo, podría no ser beneficiosa a largo plazo. “Mientras Washington gana, el país pierde”, afirma tajante el columnista de CNN, que califica de “Versalles americano” el papel que podría acabar desempeñando la Casa Blanca, desde donde “se distribuyen los favores y la asistencia es obligatoria”.

La independencia de la que gozaba el mundo financiero y económico en Estados Unidos, adalid del liberalismo económico, podría haber pasado a mejor vida.

- Obama lanza un duro ataque contra la banca y propone un nuevo impuesto (The Wall Street Journal - 15/1/10)

(Por Jonathan Weisman y David Enrich)



El presidente estadounidense, Barack Obama, reveló el jueves su propuesta para aplicar un impuesto de US$ 90.000 millones a los bancos y acompañó el anuncio con algunas de las críticas más feroces que ha lanzado contra Wall Street. “Queremos que nos devuelvan nuestro dinero y lo vamos a conseguir”, advirtió.

La dura postura del presidente encaja dentro de la ofensiva de los demócratas para sacarle partido a la ira provocada por las cuantiosas bonificaciones y ganancias de los bancos que se beneficiaron del rescate fiscal durante el punto álgido de la crisis financiera.

Aunque una buena parte de la industria bancaria ha atacado el propuesto impuesto, su impacto en las ganancias de las compañías sería relativamente modesto.

La evaluación de 10 años de los pasivos de los bancos, denominada Tarifa de Responsabilidad Fiscal de la Crisis Financiera, recaería con más fuerza sobre los seis mayores grupos financieros del país: Citigroup Inc., J.P. Morgan Chase & Co., Bank of America Corp., Goldman Sachs Group Inc., Morgan Stanley y Wells Fargo & Co. Estas instituciones probablemente afrontarían una factura anual del orden de los US$ 1.000 millones o más, aunque Citi y J.P. Morgan podrían tener que pagar más de US$ 2.400 millones cada uno.

Las cifras, sin embargo, no asestarían un golpe serio a las ganancias de estas firmas, cuyos gastos anuales ascienden a las decenas de miles de millones de dólares, incluyendo el pago de impuestos. Betsy Graseck, analista de Morgan Stanley, calcula que el impuesto eliminaría alrededor de 5% de las ganancias de los principales bancos este año.

La Casa Blanca atacó duramente a los bancos. Obama se refirió a “bonificaciones obscenas” y a la “lógica retorcida” de los ejecutivos bancarios que se oponen al impuesto. Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, sugirió que los bancos estaban tratando de traspasar la factura de sus problemas a los contribuyentes. “En lugar de emplear a un ejército de abogados y contadores para ayudarlos a evadir el cobro, les sugeriría que trataran simplemente de cumplir con sus obligaciones”.

Representantes de la industria advirtieron que el impuesto podría limitar la capacidad de los bancos de realizar nuevos préstamos, algo que perjudicaría a la economía. Además, algunos analistas advirtieron que el plan estimularía a los bancos a dejar más activos y obligaciones fuera de sus balances para reducir su exposición a la tarifa, algo que contribuyó a plantar las semillas de la crisis financiera.

De ser aprobado por el Congreso, el impuesto obligaría a unos 50 bancos, aseguradoras y firmas de valores a pagarle al gobierno, en conjunto, unos US$ 90.000 millones en 10 años.

El gobierno propone cobrar un impuesto de 0,15% sobre los pasivos de una amplia gama de empresas que recibieron asistencia fiscal, con la excepción de las automotrices. El impuesto se aplicaría a los pasivos totales, pero se descontaría el capital considerado de mayor calidad como las acciones comunes.

Estrategas políticos demócratas señalan que el plan podría frustrar a los republicanos que trataban de aprovechar la ira de muchos estadounidenses hacia los rescates del gobierno a Wall Street pero no están dispuestos a respaldar un aumento de los impuestos.

Si los republicanos se oponen al impuesto, los demócratas los pueden acusar de ponerse del lado de los banqueros rescatados por los contribuyentes. Si lo apoyan, corren el riesgo de quedar mal con los activistas antiimpuestos que le han infundido un nuevo brío al partido.

Estrategas republicanos, por su parte, centraron su atención en la gente que, según ellos, pagará la factura del impuesto en última instancia, los consumidores que afrontarán mayores tarifas bancarias y las pequeñas empresas que tendrán un menor acceso al crédito. “Dificultar el ahorro, la inversión y la creación de empleos para las familias y los pequeños negocios sería la última de una serie de políticas incongruentes aprobadas por el Congreso demócrata”, manifestó Ken Spain, vocero del Comité Nacional Republicano del Congreso, que supervisa las campañas de la Cámara de Representantes para el partido republicano.

Los inversionistas, mientras tanto, no se mostraron tan preocupados por la noticia. Las acciones de la mayoría de los bancos estadounidenses subieron el jueves y el índice KBW de acciones bancarias ascendió 1,5%.

- La tasa de Obama no reducirá el riesgo de la banca (El Economista - 15/1/10)



(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)

El anuncio de ayer de que Obama piensa imponer un impuesto a los bancos para que devuelvan el dinero público recibido causó tal revuelo en Wall Street, que hasta David Callaway, el redactor jefe de MarketWatch, publicó una columna para analizarlo. Y su tesis es desalentadora: la tasa no cambiará los comportamientos arriesgados de la banca.

A su juicio, se trata de un anuncio eminentemente político, que sirve para calmar la sed de sangre de Wall Street que tiene el público y acallar las críticas al presidente por dilapidar ingentes recursos públicos en rescatar a la banca en vez de destinarlos a usos más productivos. “¿Pero será suficiente para borrar esa petulancia que mostraron los banqueros en Washington el miércoles?”, se pregunta. Y responde: “No cuenten con ello”.

Así, cita el ejemplo del impuesto sobre los bonus del Reino Unido, que ha fracasado porque la mayoría de los bancos asumirán esa tasa y subirán sus bonus.

El plan de Obama pretende gravar los pasivos de los bancos, lo que en teoría les incentivará a mantenerlos bajos para no pagar más impuestos. Pero los bancos ya pagan impuestos sobre los beneficios y eso nunca les ha hecho desear tener menores ganancias, recuerda Callaway. A su juicio, los traders de las entidades no se van a preocupar por los impuestos cuando compitan para ganar el máximo posible con sus operaciones con el fin de obtener el mayor bonus.

“Este impuesto será masticado, escupido, troceado en media docena de contratos de derivados, vendido y prestado antes de que las autoridades ni siquiera sepan cómo recaudarlo”, sentencia.

De la comparecencia de los grandes banqueros en el Congreso se deduce que piensan que los ciclos financieros son inevitables, por lo que su idea es ganar todo el dinero que puedan mientras puedan y después capear la crisis a la espera de la siguiente subida del mercado. De hecho, uno de ellos, Jamie Dimon, llegó a decir que le había explicado a su hija que la definición de crisis financiera es algo que pasa cada pocos años. Y encima aseguran que no se les puede pedir que adivinen qué van a hacer los mercados.

Callaway sostiene que Obama no puede impedir las crisis financieras igual que no puede eliminar el terrorismo ni solucionar el calentamiento global. Pero sí puede atacar las raíces que explican por qué Wall Street se mete en problemas cada pocos años. Porque es algo que se conoce desde la Gran Depresión. En su opinión, la reforma estructural y regulatoria es la única respuesta.

Wall Street ha demostrado de forma palmaria que no puede regularse a sí misma, por mucho que insistan los banqueros. Por eso, propone que los grandes bancos tengan que dividirse en bancos de inversión, por un lado, y bancos de depósitos y préstamos, por otro. Es decir, algo parecido a la famosa ley Glass-Steagall de 1933. El sistema de bonus también debe ser regulado y deben imponerse normas estrictas para que los bonus se devuelvan si algo sale mal, asegura Callaway.

Finalmente, propone que los líderes de la industria, los reguladores y los bancos centrales deben formar grupos para monitorizar el riesgo sistémico y hacer estallar las burbujas cuando llegan demasiado lejos.

“Nadie, ni los niños en el colegio ni los banqueros multimillonarios, quiere más normas. Es natural. Pero Wall Street ha demostrado que la alternativa es peor. El presidente Obama tiene una oportunidad histórica para resolver este problema antes de que la próxima burbuja estalle. Debería aprovecharla”, concluye.

- Obama y los bancos: ¿populismo o realismo? (BBCMundo - 15/1/10)

(Por Marcelo Justo)

El anuncio de Barack Obama de un impuesto especial para los bancos es popular, pero está lejos de solucionar el problema de fondo de la crisis: los agujeros en la regulación financiera estadounidense.

Este impuesto especial entrará en vigor en 2011 y afectará a los bancos que tengan más de 50.000 millones en activos, unas 50 entidades en total, que deberán abonarlo durante diez años.

Según Barack Obama el objetivo es recaudar unos 117.000 millones y “recuperar hasta el último centavo que invirtió el estado en el rescate”.

Wall Street puso el grito en el cielo, tildó la medida de “populista” y no faltaron excéntricas acusaciones en blogs que convertían a Obama en una especie de caballo de Troya del socialismo.

Wall Street y Main Street

Este conflicto tiene una larga historia en Estados Unidos (enfrentó a dos de los padres de la patria, Alex Hamilton y Thomas Jefferson) que se disparó en las últimas semanas por las bonificaciones multimillonarias que están por dar a conocer las entidades financieras.

Con 26 millones de desempleados, récord en los últimos 25 años, dos millones de familias que perdieron sus hogares, y 36 millones que dependen de la ayuda alimentaria estatal, Barack Obama sintonizó con el sentir de muchos estadounidenses.

A una semana del primer aniversario de su asunción y con elecciones para la renovación parcial del congreso a la vista, el anuncio tiene un costado indudablemente político.

Al mismo tiempo, de no ser por la ayuda estatal, el sistema financiero en su conjunto habría colapsado, hubiera o no recibido los bancos fondos del estado que, además, rescató a AIG, la principal aseguradora de Wall Street.



Desde este punto de vista, los 117 mil millones de dólares del impuesto son apenas la punta del iceberg de la cuenta total que tendrán que pagar los contribuyentes por la crisis.

Pero más allá de la polémica, la gran pregunta es si este anuncio sirve para evitar otro descalabro financiero.

El eterno retorno

El consenso es que el descalabro se debió a la falta de regulación.

A pesar de algunos anuncios el año pasado no hay todavía una reforma de fuste del sistema financiero en Estados Unidos ni una clara separación entre bancos de inversión, dedicados a la especulación, y bancos de depósito, que manejen el ahorro de la gente.

En medio de la otra gran crisis económica de los últimos 80 años, en 1933, el Congreso estadounidense aprobó la ley Glass-Steagall que transformó las reglas de juego financieras al separar nítidamente esos dos tipos de bancos.

La desactivación de esta ley comenzó con la presidencia de Ronald Reagan y culminó con la de Bill Clinton cuando, a instancias del entonces ministro de finanzas Lawrence Summers, se completó la desregulación del sector con la eliminación de la ley.

Para los críticos, la presencia en el gobierno de Barack Obama de Summers y de otro baluarte del proceso desregulador como Timothy Geithner, abre signos de interrogación sobre la aprobación de una reforma seria del sistema.

De hecho la concentración del sector ha aumentado. Según el congresista republicano Maurice Hinchey, cuatro gigantes financieros tienen la mitad de las hipotecas de Estados Unidos, emiten dos terceras partes de las tarjetas de crédito y controlan el 40 por ciento de los depósitos en momentos en que han aumentado vertiginosamente las transacciones con instrumentos financieros de alto riesgo.



La crisis ha demostrado la vulnerabilidad de un sistema financiero montado sobre los hombros de gigantes con pies de barro.

Parafraseando a Sigmund Freud (el que no recuerda repite), cabría decir que el que no se reforma se expone a una nueva crisis.

- Barack Obama flirtea con el populismo (El Mundo - 17/1/10)

Medidas drásticas / El presidente de EEUU endurece su mensaje en el aniversario de su toma de posesión. El objetivo: evitar el desastre en los comicios legislativos de noviembre.

(Por Pablo Pardo - Washington)



“Quiero que me devuelvan mi dinero”. Obama no drama, como le apodaban sus colaboradores hace un año, sacó el jueves la retórica de Margaret Thatcher, que el 30 de noviembre de 1979 justificó el cheque británico -es decir, la devolución de una parte de las contribuciones del Reino Unido a la entonces Comunidad Económica Europea- con un sonoro «lo que estamos pidiendo es que nos devuelvan una gran parte de nuestro dinero». La frase, sin embargo, quedó reducida para la Historia a un resumen práctico de la cabezonería de la primera ministra británica.

Obama no lanzó su frase contra ninguna burocracia, sino contra los bancos de su propio país al anunciar una tasa en virtud de la cual el Estado recaudará 6.2.000 millones de euros durante los próximos 10 años. El presidente de EEUU optaba por el drama, con el apoyo entusiasta del Congreso. Un drama, eso sí, más efectista que real. A pesar de toda la retórica flamígera de la Casa Blanca, las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac -que están nacionalizadas- se quedan fuera de la nueva tasa, a la que ya han bautizado con sarcasmo como el impuesto Goldman Sachs.

Lo mismo pasa con las financieras de General Motors y Chrysler. Los bancos pequeños, y las entidades que se dedican a banca minorista tampoco deberían verse excesivamente afectados por la nueva tasa, al contrario que los gigantes extranjeros de la banca de inversión, como Credit Suisse y Deutsche Bank.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué han sido capaces de sacar a velocidad de vértigo este impuesto una Administración y un Congreso que llevan cuatro meses discutiendo la creación de un mercado de emisiones de gases contaminantes, siete la reforma sanitaria y 10 la reestructuración de la regulación del sector financiero? ¿Y que todavía no han podido llegar a acuerdo alguno en ninguna de esas tres áreas, centrales en la agenda del presidente?

La respuesta a esa pregunta la dan dos coordenadas: el creciente desempleo y las elecciones legislativas del próximo noviembre. Las dos cuestiones que convertirán en una jornada agridulce el próximo miércoles, cuando Barack Obama celebrará su primer aniversario como inquilino de la Casa Blanca.

En el eje vertical, está una cifra alarmante: 10%, que fue la tasa oficial de paro de EEUU en diciembre y que, según la propia Reserva Federal, lo será durante casi todo el año, porque parece poco probable que la débil recuperación se traduzca en una mejoría significativa de la economía real. Esos niveles de desempleo no se alcanzaban desde mediados de los años 80 del siglo pasado, y hace apenas cuatro años se situaba tan solo en un 4,4%.

En el eje horizontal hay una fecha: 2 de noviembre. Ese es el día en el que los estadounidenses acudirán a las urnas para renovar a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a 34 de los 100 senadores. Si se juntan esas dos variables -paro del 10% y elecciones- sale otra cifra; 27, que son los escaños que los demócratas podrían perder en la Cámara de Representantes si se cumplen las proyecciones del profesor de la Universidad de Virginia Larry Sabato, el hombre que literalmente clavó los resultados de los comicios de 2006 y 2008.

Perder 27 escaños no significaría el fin de la mayoría demócrata. Los correligionarios del presidente todavía tendrían 13 asientos más que la oposición. Pero sí el tremendo rodillo del que ha disfrutado el partido de Obama en su primer año apenas se ha traducido en un cambio en la política económica, cabe preguntarse qué va a pasar cuando el actual inquilino de la Casa Blanca se quede con una mayoría, literalmente, por los pelos, y una oposición crecida de cara a las elecciones presidenciales de 2012 y que, además, habrá visto cómo su actual estrategia, consistente en decir “No” a todo, funciona.

Ascenso republicano

Esa situación es lo que explica que Obama haya adoptado una retórica thatcheriana contra los bancos. Y es lo que hace pensar que esto es sólo el principio del recurso al populismo como reacción ante un programa que no es que esté en la vía muerta, sino que ahora ve en la lejanía aproximarse a toda máquina al expreso de los republicanos.

Efectivamente, de cumplirse las previsiones de Sabato (quien, no obstante, advierte de que tratar de realizar proyecciones electorales a nueve meses vista es un ejercicio muy arriesgado), a Obama le quedan seis meses, hasta que el Congreso se vaya de vacaciones y cada legislador lance su campaña para la reelección, para acabar su agenda.



Una agenda que, en realidad, todavía no ha empezado a poner en práctica. Y que, cuando lo ha hecho, le ha salido bastante mal. La reforma sanitaria, a falta de cerrar sus últimos flecos, cuenta con el rechazo del 51% de los estadounidenses y el apoyo de apenas el 38%. La creación de un mercado de emisiones de gases sería un suicidio político para los congresistas de los 27 Estados de EEUU (de un total de 50) que producen carbón. La reforma financiera, al menos, parece destinada a salir adelante, probablemente en abril, pero también será objeto de críticas, porque no va a eliminar las duplicidades entre las agencias supervisoras.

En ese contexto, parece claro que Obama va a optar por una de cal y otra de arena: tratar de mantener la iniciativa política y, al mismo tiempo, contentar al mayor número posible de electores. Y, con una mayoría demócrata en el Congreso lógicamente angustiada ante la posible pérdida de escaños, esa estrategia va a tener que funcionar.



El impuesto Goldman Sachs parece ser un paso en esa dirección. Otro, el plan de creación de empleo que el presidente está ultimando. Ésas y otras medidas serán detalladas en el Discurso sobre el Estado de la Unión, un discurso fundamental pero que no tiene fecha todavía porque, en una espectacular exhibición de cuáles son sus prioridades, la Casa Blanca está tratando de que no coincida con la emisión de ningún programa de éxito en televisión, en particular la serie Lost (Perdidos), que regresa a antena el 2 de febrero, ni la final de fútbol americano (la Superbowl) que tendrá lugar el día 7 de ese mismo mes.

Cuando la agenda del presidente del país más poderoso del planeta la determina una serie de ficción sobre los supervivientes de una catástrofe aérea, queda claro que la economía del país está, más o menos, dejada a la mano de Dios. Máxime si se tiene en cuenta que el principal responsable de la gestión de la crisis, el secretario del Tesoro Tim Geithner, podría ser la víctima propiciatoria de una derrota electoral el 2 de noviembre.

En una clara contradicción con el populismo antibancario de Obama, Geithner se encuentra en el ojo del huracán después de que la oposición republicana haya filtrado que, en su anterior cargo como presidente de la Reserva Federal de Nueva York, él fue el principal artífice de que gran parte del rescate de la aseguradora AIG fuese secreto, de modo que esa entidad pudiera pagar sus compromisos a los bancos -entre ellos, todos los que ahora sufren la ira populista de Obama y del Congreso- con dinero del contribuyente pero, eso sí, en secreto.

Al menos, Obama tiene el consuelo de que la economía estadounidense “está saliendo de la hecatombe”, como ha escrito en una nota a sus clientes Steve Cochrane, de Economy.com, una consultora propiedad de la agencia de calificación de riesgos Moody's. El problema es que, con semejante panorama político, cualquier reforma estructural corre el riesgo de quedar aplazada sine die.



Todo lo que consiga Obama, deberá ser antes de principios de agosto. Después, como ha escrito James Pethokoukis, del confidencial Breakingviews, sólo podemos esperar “escaso progreso en la solución de los problemas económicos y presupuestarios de Estados Unidos”. Y eso, sólo en el segundo año de la legislatura.

APOYOS


BEN BERNANKE

Pese a contar con el apoyo del Ejecutivo, el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernanke, perderá su empleo si no es confirmado por el Senado antes del 31 de este mes.

CAIDA DEMOCRATA

El profesor de la Universidad de Virginia Larry Sabato estima que, en las próximas elecciones legislativas en EEUU, el Partido Demócrata perderá 27 escaños en la Cámara de Representantes. Este experto acertó con sus predicciones los resultados electorales de 2006 y 2008.

INCREMENTO DEL PARO

10%... fue la tasa de desempleo de EEUU en diciembre de 2009, lo que supone una subida de 2,6 y 5 puntos porcentuales respecto al mismo mes de 2008 y 2007.

9,5%... fue la cifra de paro de noviembre en la UE-27, según Eurostat.

19,4%... con esta cifra cerró España su tasa de paro en noviembre, un 3,7% más que en enero.

EL TESORO

Timothy Geithner, secretario del Tesoro de EEUU, está en el punto de mira por su papel en el rescate de la aseguradora AIG mientras era presidente de la Reserva Federal de Nueva York.

REFORMA SANITARIA

El presidente Obama no se ha arredrado en la aprobación de la reforma sanitaria pese a la feroz oposición republicana y al rechazo de buena parte de la sociedad americana.

31 millones de estadounidenses, que no tenían cobertura, la conseguirán tras la aprobación de la reforma.

LAS CIFRAS

47% es el índice de popularidad de Barack Obama en la última encuesta de Gallup, en diciembre, lo que significó la tasa más baja de un presidente estadounidense, a esas alturas de legislatura, desde 1938.

86% es la aprobación que consiguió Bush tras 10 meses y medio de presidencia, gracias a la invasión de Afganistán.

60 votos frente a 39 fueron los que dieron en el Senado el OK a la reforma sanitaria, iniciativa que ha restado popularidad a Obama.

IRAN NUCLEAR

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha afirmado en repetidas ocasiones, para acallar las críticas de Occidente, que “nunca” abandonará su programa nuclear.

ELECCIONES

El 2 de noviembre se celebrarán en Estados Unidos las elecciones de mitad de legislatura, en las que se renovarán todos los escaños de la Cámara de Representantes y 36 (de un total de 100) del Senado. Al mismo tiempo, 38 estados votarán para elegir gobernador.

- Obama, entre los presidentes de EEUU peor valorados (Intereconomia - 19/1/10)



El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha perdido en el año que lleva en el cargo parte de la alta popularidad que le llevó a ganar con holgura las elecciones de noviembre de 2008.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha perdido en el año que lleva en el cargo parte de la alta popularidad que le llevó a ganar con holgura las elecciones de noviembre de 2008 y figura, con una aprobación del 50 por ciento, entre uno de los mandatarios norteamericanos peor valorados tras un año en la Casa Blanca, según una encuesta difundida este lunes por la cadena CBS.

Cuando asumió el cargo, el 20 de enero de 2009, Obama contaba con el beneplácito del 62 por ciento de los estadounidenses, pero en este tiempo el porcentaje ha bajado doce puntos. De los últimos nueve presidentes norteamericanos, tan sólo Ronald Reagan presentaba una tasa peor un año después de sentarse en el Despacho Oval al contar con una aprobación del 49 por ciento.

Por encima de Obama figuran el resto de los presidentes recientes: Jimmy Carter (51 por ciento), Bill Clinton (54 por ciento), Richard Nixon (63 por ciento), Dwight D. Eisenhower (70 por ciento), George H. W. Bush (76 por ciento) y John F. Kennedy (79 por ciento). El más valorado tras su primer año de mandato sigue siendo George W. Bush, quien con un porcentaje de apoyo del 82 por ciento sobresale por encima del resto.

A grandes rasgos, los estadounidenses perciben que Obama ha dedicado demasiados esfuerzos a los bancos y no tantos al ciudadano de a pie. Así, mientras el 49 por ciento piensa que el presidente se ha dedicado demasiado a ayudar a las entidades financieras o el 37 por ciento ve excesivo el apoyo a la industria automotriz, ninguno de los 1.090 encuestados considera superior al debido el respaldo a los pequeños empresarios, mientras que sólo el 3 y el 9 por ciento de los entrevistados tiene esta opinión con respecto a la clase media y los propietarios de viviendas, respectivamente.

Al menos, Obama recibe buenas valoraciones en lo que a su política económica se refiere, ya que el 39 por ciento considera que sus iniciativas han repercutido positivamente en la situación global estadounidense, frente a un 25 por ciento que señala que sus medidas han empeorado la economía.

En cuanto a la reforma sanitaria, uno de los principales caballos de batalla del mandatario, la sociedad está dividida tanto como los congresistas, ya que aunque un 41 por ciento cree que la aprobación de una revisión servirá para que el sistema mejore, un 35 por ciento opina lo contrario.

Más desapercibidas pasan, en cambio, las políticas de Obama para prevenir el terrorismo. Un 41 por ciento de los encuestados considera que Estados Unidos no es ni más ni menos seguro que antes de su llegada a la Casa Blanca. En este sentido, un 28 por ciento ve al país más seguro y un 22 por ciento responde que el riesgo es mayor.

El sondeo elaborado entre el 14 y el 17 de enero y divulgado por la CBS también revela que Obama es visto, en general, como un presidente cumplidor y 19 por ciento señala que ha llevado a cabo, todas o la inmensa mayoría de las promesas electorales que planteó. Un 43 por ciento indica que ha realizado algunas de ellas, mientras que un 32 por ciento destaca que no ha concretado prácticamente ninguna.

- Diez razones por las que Obama está fallando a los inversores (El Economista - 20/1/10)

“Esta es una carta abierta para el presidente Obama: nos está fallando”. Así de tajante y contundente se muestra Paul Farrell, uno de los columnistas más veteranos del conocido portal financiero MarketWatch. Hace un año la esperanza reinaba entre la población, y “el Yes, we can era el grito de guerra. Iba a ser el artífice del cambio después del fiasco Bush-Cheney. ¿Qué ha pasado? Simplemente hoy no vemos, ni esperamos ver, ningún cambio real en el que podamos creer”, sentencia.

Según este experto, hay muchas razones por las que los historiadores calificarán la presidencia de Barack Obama, que hoy cumple un año de mandato, “de mediocre o incluso de un fracaso, si nos basamos en la brecha que hay entre las promesas electorales y la realidad del país un año después”.

Pero Farrell no echa del todo la culpa a la gestión del presidente, ya que asegura que cuando la historia revise este período de crisis “lo calificará como un ciclo natural al más puro estilo de las tramas de Shakespeare, un argumento marcado por el mismo dramático destino de todas las grandes naciones y civilizaciones”.

El columnista afirma ser consciente de que “una oscura conspiración protagonizada por Wall Street, los consejeros delegados de las grandes compañías y Los 400 de Forbes (la lista de los más ricos de EEUU) controlan Washington, lo que te limita y manipula. Por eso, sabemos que no toda la culpa no es tuya”, declara.

Obama interpreta su papel en este “drama shakesperiano” que se encuentra en su acto final, y tiene varias anotaciones en el guión que le hacen ser una decepción para los estadounidenses:

-No tiene en cuenta la advertencia de John Adams: “Todas las democracias se suicidan”

“Recuerda que la democracia nunca dura mucho. Enseguida se desgasta, queda exhausta y se inmola. Nunca ha habido una democracia que no se suicidara”, aseguró John Adams, el segundo presidente de la historia de Estados Unidos.

Y cuando una democracia se suicida, destruye con ella al capitalismo, el sistema que la hizo poderosa. Hoy no se es ni independiente ni libre.

-No percibe el impacto que supone ser una “vieja” democracia

“La media de vida de las grandes civilizaciones del mundo son unos 200 años. Cuando una sociedad tiene éxito se vuelve arrogante, corrupta, con exceso de confianza. Gasta más de lo que debe, se enzarza en costosas guerras, y la distribución de la riqueza se hace más desigual, por lo que crece la tensión social y la sociedad entra en decadencia”, declaró recientemente Marc Faber, citando al conocido historiador escocés Alexander Tytler.

-Pide sacrificios, pero se une al tren de la deuda de guerra masiva de Bush

En 2003, coincidiendo con la guerra de Irak, el historiador político Kevin Phillips publicó la obra Wealth and democracy, en el que alertó de que “muchas grandes naciones, cuando alcanzan la cumbre de su poder económico, se dejan llevar por la arrogancia hasta el punto de comenzar grandes guerras, desperdiciando muchos recursos y endeudándose”.

Ahora, Farrell asegura que Obama se ha adaptado al rol que tuvieron o tienen Bush, Paulson, Bernanke y el Congreso.

-No aprovecha el “ahora o nunca” para concretar reformas del sistema financiero

El antiguo vicepresidente de la Fed, Alan Blinder, ya lo advirtió: “la oportunidad única de construir un sistema financiero más sólido y seguro se está desvaneciendo”. Después de todo, sigue sin haber protección al consumidor, sin recuperarse la inversión en activos hipotecarios y sin haber regulación sobre instrumentos derivados, alerta Farrell, que apunta que así se está allanando el terreno para la Gran Depresión 2.

-No ha escogido a un equipo capaz de cambiar las cosas

“El año pasado muchos le votaron porque temían que McCain escogiera a Phil Gramm como secretario del Tesoro”, relata Farrell. Sin embargo “sus elecciones no sólo fueron de economistas keynesianos con reminiscencias de la época Reagan, sino que además dejó de reserva a un agente de cambio real, Paul Volcker, para escoger a clones de Paulson como Geithner o Summers. Y lo peor de todo: ha renovado a Bernanke, otro clon de Greenspan, que ni siquiera se da cuenta de que no sabe de qué va la cosa”, critica el columnista.

-Deja que los “asesinos” congresistas y senadores se manejen a sus anchas

En lugar de mostrar liderazgo, “deja que el Congreso presente el show, una estrategia que puede valer a la hora de organizar algo a nivel comunitario, pero que en Washington me recuerda al viejo dicho de que los ladrones al final son los que controlan la cárcel”, recalca Farrell.

-Permite que los “peces gordos” de la banca secuestren su presidencia

“En lo que respecta a la banca, Obama habla mucho y hace muy poco”, afirmó recientemente el economista Peter Morici en el diario Baltimore Sun, que se lamentó de que “el gran talento político de toda una generación haya permitido que su presidencia haya sido pirateada” por ellos. Farrell está totalmente de acuerdo.

-No protege a los inversores y dejar a Wall Street saquear el país

“Usted es el sueño de todo banquero de Wall Street, pero ha fallado a los 95 millones de inversores que hay en América”, se lamenta Farrell, que señala que los ejecutivos financieros siguen “robando billones” y pagando bonus que son diez veces superiores que los sueldos de muchos americanos.

-No ha evitado el “síndrome de Hubris” que mata a los líderes americanos

El síndrome de Hubris, o síndrome de los políticos, es un mal que se dice que aqueja a las personas que conquistan grandes cotas de poder, y que se caracteriza por la avaricia, el exceso de confianza en uno mismo y la sensación de ser invencible de un modo incluso místico. Y Farrell asegura que ese virus nunca muere, sólo busca un nuevo organismo, y que muta con más rapidez en Wall Street.

-No ve el escenario de bomba palpitante, la próxima gran crisis

Todo apunta a que los banqueros de Wall Street se van a volver a ir de rositas “y su status quo va a quedar prácticamente intacto”, sentencia Farrell, que añade que es precisamente ahí donde empieza a gestarse la próxima gran crisis. “Os garantizo que los traders con mega bonus encontrarán nuevas formas de seguir haciendo grandes apuestas en el casino financiero tan fácilmente como se las apañaron los bancos para, en sólo un año, convertir el dinero del TARP en jugosas primas para sus ejecutivos”, alerta.

- Obama propone nuevos límites a las firmas financieras de EEUU (The Wall Street Journal - 21/1/10)

(Por Jonathan Weisman y Henry J. Pulizzi)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama propuso nuevas reglas designadas a restringir el tamaño y las actividades de los mayores bancos del país, el más reciente paso que su gobierno ha tomado en su empeño por dominar Wall Street.

La Casa Blanca quiere que los bancos comerciales que acepten depósitos de los clientes no puedan invertir ese dinero para el provecho del propio banco -lo que se conoce como proprietary trading- y dijo que impondrá nuevos límites sobre el tamaño y la concentración de las instituciones financieras.

Aseguran que las nuevas normas obligarán a las grandes instituciones como J.P. Morgan Chase y Bank of America a decidir la dirección de sus negocios. Los bancos protegidos del riesgo gracias a seguros sobre los depósitos federales, o respaldados en caso de una crisis financiera por préstamos con bajos intereses de la junta de la Reserva Federal, no estarían autorizados a utilizar ese dinero para nada que no sea en interés de sus clientes, explicó un representante gubernamental.

Bajo la propuesta, los bancos comerciales tendrían prohibido poseer, asesorar e invertir en fondos de cobertura. Los reguladores bancarios no se limitarían a recibir estas instrucciones sino que tendrían que ponerlas en práctica.

“Uno puede elegir dedicarse al propietary trading o ser propietario de un banco, pero no puede hacer ambas cosas”, señaló el representante.

Las autoridades también quieren hacer más estricto un límite existente sobre la participación de mercado de los bancos. Desde 1994, ningún banco puede tener más de 10% de los depósitos asegurados del país. El gobierno de Obama quiere que ese tope incluya los depósitos no asegurados y otros activos. La Casa Blanca no detalló cuáles podrían ser esos otros activos, aunque dijo que trabajarían de cerca con el Congreso para imponer límites más estrictos para prevenir la futura concentración de los mercados de la industria financiera en unas pocas manos.

La Casa Blanca espera que las dos propuestas sean aprobadas por el Comité Bancario del Senado de EEUU en su progreso en la reforma de la legislación bancaria después de la crisis financiera. Autoridades gubernamentales aseguran que no tratan de resucitar leyes de la era que siguió a la Gran Depresión que dividían estrictamente los bancos comerciales de los de inversión.

“Ningún contribuyente estadounidense volverá a ser jamás rehén de un banco demasiado grande para fracasar”, dijo Obama.

De momento, las reacciones de la oposición, el Partido Republicano, han sido muy críticas, bajo el argumento de que la Casa Blanca está presionando en exceso a los bancos para acumular puntos políticos.

Todo esto llega en un momento en una campaña general del gobierno de Obama para refrenar Wall Street. A principios de mes, el presidente propuso un nuevo impuesto para grandes bancos para recuperar el costo del rescate de Wall Street, incluidos los costos en que incurrieron para mantener a flote la industria automotriz en Detroit.

- Obama propone planes contra el desempleo y el déficit en su discurso del estado de la unión (The Wall Street Journal - 28/1/10)

(Por Henry J. Pulizzi)

En un discurso del estado de la Unión fuertemente centrado en cómo combatir una tasa de desempleo superior al 10%, el presidente de Estados Unidos Barack Obama detalló propuestas para impulsar el préstamo a los pequeños negocios, revitalizar las exportaciones, incentivar nuevas contrataciones y controlar un déficit presupuestal de proporciones históricas.



El presidente dijo que el Gobierno debería usar US$ 30.000 millones de los fondos del paquete de rescate devuelto por la banca para ayudar a los bancos comunitarios a ampliar sus préstamos a los pequeños negocios. Propuso dar créditos fiscales a los pequeños negocios que contraten nuevos trabajadores o suban los salarios y dijo que eliminaría los impuestos a las ganancias para las inversiones de las pequeñas empresas.

“Los empleos deben ser nuestra prioridad número uno en 2010”, dijo Obama en su primer discurso del estado de la Unión, pidiendo a los legisladores que le remitan una ley sobre empleo “sin demora”.

Obama también hizo un llamado para intentar que Estados Unidos duplique sus exportaciones en los próximos cinco años, un esfuerzo que supondrá el soporte de más de dos millones de empleos.

El énfasis del discurso en el desempleo llega después de que los demócratas perdieran su mayoría clave de 60 votos en el Senado y en la medida en que la gente continúa sin entender bien el plan económico de Obama.

“El verdadero motor de la creación de empleo en este país serán siempre las empresas de América”, dijo Obama. “Pero el Gobierno puede crear las condiciones necesarias para impulsar la actividad y la contratación”.

Los críticos de la derecha dicen que su programa de congelación del gasto presupuestal no tendrá un impacto significativo en un momento con un déficit de más de un billón. En la izquierda, los críticos se quejan de que un recorte del gasto es inapropiado con una tasa de desempleo de dos dígitos. Obama rechazó ambos argumentos.

“Hay gente que está frustrada; otros están enfadados”, dijo Obama. “No entienden por qué se premia lo que parece un mal comportamiento de Wall Street mientras que no se hace con el trabajo duro de la gente corriente; o por qué Washington ha sido incapaz o no ha tenido voluntad para resolver ninguno de nuestro problemas. Están cansados del enfrentamiento partidario y de insultos y mezquindades”.

Además de la congelación del gasto, Obama insistió en su apoyo para la formación de una comisión fiscal bipartita para enfrentarse al déficit. Tras el rechazo del Senado, el presidente dijo que usará una orden ejecutiva para crear el comité.

La Oficina Presupuestaria del Congreso, un ente independiente, dijo el martes que el déficit alcanzará los US$ 1,35 billones en el actual año fiscal.



Obama defendió también su propuesta de aprobar un impuesto sobre la gran banca y de nuevo insistió en una reforma de la regulación financiera, y añadió que vetará cualquier legislación que “no cumpla los requisitos de una verdadera reforma”.

“No tengo ningún interés en castigar a los bancos, estoy interesado en proteger a nuestra economía”, dijo Obama. “Un mercado financiero fuerte y saludable hace posible que las empresas accedan al crédito y creen empleos”.



En asuntos de comercio, Obama dijo que lanzaría una nueva Iniciativa Nacional de Exportaciones para contribuir a lograr su objetivo de duplicar las exportaciones. Dijo que Estados Unidos buscará nuevos mercados “agresivamente” y que fortalecerá sus relaciones con Corea del Sur, Panamá y Colombia, países con los que EEUU tiene sólidos acuerdos comerciales.

En cuanto a la reforma de salud, Obama urgió a los legisladores a no alejarse del esfuerzo reformador, que trastabilló cuando un republicano ganó el escaño del Senado que pertenecía a Ted Kennedy.

Admitió, sin embargo, que el pueblo se ha vuelto más escéptico en la medida en que se complicaba la reforma.

“Asumo mi parte de responsabilidad por no haberlo explicado más claramente a los ciudadanos”, dijo Obama.

“No abandonemos la reforma. No ahora. No cuando estamos tan cerca. Encontremos una vía para unirnos y completar el trabajo en beneficio del pueblo estadounidense”, afirmó Obama.

La reforma de salud planteada por los demócratas, sostuvo, ayudará a reducir gastos a “millones de familias y empresas”, y a recortar el déficit fiscal en cerca de un billón (millones de millones) de dólares en veinte años.

También aportará cobertura a millones de estadounidenses que en la actualidad carecen de ella, dijo.

“Este problema no va a desaparecer”, indicó Obama, que aseguró que “no abandonaré a esos ciudadanos y tampoco debería hacerlo la gente presente en esta Cámara”.

La reforma sanitaria, la principal prioridad legislativa de Obama en su primer año de mandato, se encuentra en entredicho después de que el Partido Republicano se impusiera la semana pasada en unas elecciones parciales en Massachusetts y arrebatara a los demócratas la mayoría absoluta necesaria para evitar cualquier intento de veto de la oposición.

Esa derrota ha desmoralizado a los demócratas en un año en el que se celebrarán elecciones legislativas en noviembre.

A este respecto, Obama también lanzó una cierta reconvención a los legisladores de su partido: “Les recuerdo que seguimos teniendo la mayoría más amplia de las últimas décadas, y que la gente espera de nosotros que resolvamos los problemas, no que salgamos corriendo al primer problema”.

A los republicanos, por su parte, les indicó que “decir que no a todo puede ser una buena estrategia política a corto plazo, pero no demuestra liderazgo. Estamos aquí para servir a los ciudadanos, no nuestras ambiciones”.

- La Casa Blanca prevé un déficit para el año fiscal 2011 de US$ 1,267 billones (The Wall Street Journal - 1/2/10)



Estados Unidos registrará un déficit presupuestario de US$ 1,267 billones (millones de millones) en el año fiscal 2011, señaló el lunes la Casa Blanca, en un presupuesto de US$ 3,834 billones que busca alcanzar un equilibrio entre fomentar la creación de empleo en el corto plazo y hacer frente a los problemas fiscales de la nación durante la próxima década.

La solicitud de presupuesto del gobierno de Obama, contempla una reducción del déficit de US$ 1,2 billones durante los próximos 10 años, en gran parte a través de la aplicación de un impuesto a los grandes bancos, la eliminación de preferencias tributarias para las empresas de petróleo, gas y carbón, un congelamiento de tres años al gasto discrecional no relacionado con la seguridad y el término de reducciones de impuestos para las familias más ricas que datan del Gobierno de Bush.

En el actual año fiscal, que culmina en septiembre, la Casa Blanca proyecta un déficit presupuestario de US$ 1,556 billones, lo que equivale al 10,6% del producto interno bruto. Esa cifra es levemente mayor que el déficit de US$ 1,502 billones que el Gobierno estimó en agosto para el año fiscal 2010. En el año fiscal 2009, el déficit fue de US$ 1,413 billones, o un 9,9% del PIB.

El próximo año, el déficit de US$ 1,267 billones sería equivalente al 8,3% del PIB, nivel que la Casa Blanca prevé declinará gradualmente al 3,9% para el año fiscal 2014. El déficit no disminuirá hacia la meta del presidente Barack Obama del 3% del PIB para fines de su mandato, pero cumpliría otra meta de reducir a la mitad la brecha que existía cuando Obama asumió la presidencia.

Se prevé que el déficit se reducirá a US$ 706.000 millones en 2014 antes de comenzar a crecer nuevamente para alcanzar los US$ 1,003 billones en el año fiscal 2020. En los próximos 10 años, el déficit sumaría un total de US$ 8,532 billones.

El Tea Party

El movimiento toma su nombre de la protesta de 1773 contra los impuestos británicos, el Boston Tea Party.

Los colonos se rebelaron contra los intentos del Reino Unido de imponerles impuestos parlamentarios sin estar representados en el Parlamento británico.

El actual Tea Party es descrito como un movimiento que apoya un gobierno limitado y se opone a los altos gastos gubernamentales.

Este grupo está unificado en contra de las propuestas de salud del presidente Barack Obama, su paquete de estímulo económico y otros aspectos de su programa.

El grupo Tea Party tomó su nombre de las protestas contra los impuestos al té, que dispararon el proceso de independencia de Estados Unidos.

El movimiento se ha convertido en una fuerza política importante y hay quien asegura que podría desembocar en un nuevo partido político.

Según el corresponsal de BBC Mundo en Washington, Carlos Chirinos, tanto republicanos como demócratas miran con atención el nuevo fenómeno político, que podría servir de base para un tercer partido totalmente a la derecha del espectro.

Inspiración patriótica

El Tea Party se define como un movimiento “popular” y “patriótico” opuesto a la expansión del gobierno, de impuestos y de “políticas socialistas”.

Su nombre es tomado del grupo que en 1773 saqueó un cargamento de té en Boston en protesta contra los tributos de Inglaterra a las colonias, evento considerado el detonante de la independencia estadounidense.

Aunque suelen criticar a republicanos y demócratas por igual, el movimiento es visto como afín al Partido republicano.



La figura política nacional que más admiran los seguidores del grupo es la ex-gobernadora de Alaska Sarah Palin.

En 2009, el movimiento del Tea Party sacó a la calle a miles de personas contra las políticas de Obama. / Efe

Sostienen que lo único que se ha conseguido hasta ahora es pasar los pasivos privados tóxicos a los balances públicos, lo que se traducirá en “una carga para los contribuyentes futuros”. Un crecimiento de la deuda que, como se ha comprobado, ha terminado por deteriorar la sostenibilidad fiscal de múltiples países avanzados.

- Los “Tea Party” contra Obama (El País - 6/2/10)

El movimiento ultraderechista próximo al Partido Republicano se convierte en catalizador del descontento popular por las políticas del presidente de EEUU

(Por Yolanda Monge - Nashville)

“English only” (sólo inglés). Bajo esta premisa, esta corresponsal obtiene monosílabos y falta de interés en las respuestas por parte de sus pretendidos entrevistados cuando perciben el acento extranjero en el inglés de la reportera. Todavía no son las ocho de la mañana, pero los asistentes a la primera Convención Nacional del Tea Party congregados en Nashville (Tennessee) ya están ejercitando un músculo que comenzó a calentar la noche anterior el populista e incendiario Tom Tancredo.

El potente desayuno, “típicamente americano”, puntualiza una risueña abuela de Florida -huevos revueltos, salchichas, beicon y patatas, todo regado con mucho café- también “americano”-, ayuda a coger fuerzas para la dura misión: recuperar América para los americanos.



Afectado por esta máxima está Barack Obama. No son pocos los seguidores del Tea Party que creen que el presidente no es norteamericano y le exigen su certificado de nacimiento. Afectada también está Samyra, la palestina que sirve los cafés en la convención; Roberto, el salvadoreño que hace las camas del hotel; y Ahmadu, taxista etíope que transporta a la delegación de California.

Congresista republicano en Washington durante los últimos 10 años y hoy alejado del Capitolio aunque no de la arena política, Tancredo denunció en el discurso de apertura de la convención “el culto al multiculturalismo”. Famoso por su agenda anti inmigración y por pretender añadir una enmienda a la Constitución de EEUU que establecía el inglés como lengua oficial del país -intento fracasado-, Tancredo aseguró que Obama llegó al poder porque “en este país no existe un examen cívico y de alfabetismo necesario para que la gente pueda votar”. “Vota gente que ni siquiera sabe deletrear o escribir la palabra votar”, ridiculizó. La ovación que recibió fue intensa. Pero la declaración ha sido polémica y ha avivado el fuego de un extremismo que los defensores del movimiento pretenden maquillar. Pruebas de alfabetismo se usaron durante la segregación para dejar fuera a los votantes negros hasta que una ley los prohibió en 1964.

“Este país es nuestro”, reclamó Tancredo. “Recuperémoslo”. Ésa es la esencia del movimiento de los Tea Party, junto a la ferviente y alérgica oposición a los impuestos y a la autoridad del Gobierno Federal. Refundar Estados Unidos con una segunda revolución que, en opinión de sus seguidores, ya ha comenzado. Como ejemplo aportan tres batallas ganadas en la guerra contra el poder: Virginia y Nueva Jersey (donde los demócratas perdieron en las pasadas elecciones los puestos de gobernadores) y lo que ya se denomina el milagro de Massachusetts: la conquista por Scott Brown, un populista sin identificación ideológica, del escaño en el Senado dejado vacante en ese Estado por el fallecido Ted Kennedy.

Pero, ¿qué es, o son los Tea Party? El nombre se ha tomado prestado de uno de los acontecimientos que desencadenó la revolución americana. En 1773 tuvo lugar en Boston el denominado Motín del té (Boston Tea Party, en inglés), en el que los colonos, en un acto de protesta contra la metrópoli británica y sus sangrantes impuestos, lanzaron al mar un cargamento de té (Londres gravaba la importación de éste y otros productos). Samuel Adams, uno de los padres de la independencia de EEUU, fue uno de los inspiradores del motín. Hoy, además de ser el nombre de una popular cerveza de Boston, los pasillos del centro de Convenciones del Hotel Gaylord Opryland (se supone que el mayor hotel de EEUU fuera de Las Vegas), cuentan con miembros del movimiento Tea Party disfrazados de Adams llamando a “la revolución”.

En el siglo XXI, el Tea Party es un movimiento de base que aglutina a hombres blancos de clase media en estado de pánico y golpeados por la crisis económica y la llegada de un negro a la Casa Blanca, al que lo mismo, consideran un marxista, que un nazi o un racista contra los blancos.

El nacimiento de esta ola que congregó en Washington el pasado septiembre a cientos de miles de personas está en una espontánea explosión de ira que el presentador televisivo de CNBC Rick Santelli tuvo en febrero de 2009 en contra del rescate económico de los bancos por parte de la Administración de Obama. A partir de ahí, ciudadanos de todo el país empezaron a organizar protestas.

Dicen no tener adscripción con el Partido Republicano ni un líder concreto, a pesar de que la ex candidata republicana a la vicepresidencia de EEUU, Sarah Palin, cerrará hoy la convención con una cena de más de 350 dólares que incluye langosta en el menú. Palin cobrará por ello 100.000 dólares, que dice que donará a “la causa”. El precio del evento ha sido ya motivo de fricción entre los seguidores: 549 dólares por la inscripción en tiempos de crisis han supuesto que FreedomWorks, inspirador del movimiento, no esté en Nashville. ¿Primera escisión en el eventual nacimiento de un tercer partido en EE UU?


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