Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”



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Nessum Dorma

El modelo global de consumo de los recursos naturales se ha mantenido inalterado tras la Conferencia de Medio Ambiente de Río de Janeiro en 1992. El 20% acomodado reclama para sí el 85% del consumo mundial de madera, el 75% de la siderurgia y el 70% de la energía.

Es posible que el consumo de energía hasta se duplique de aquí al 2020. Los gases que producen el efecto invernadero aumentarán entre un 45 y un 90%.

En todo el mundo los escapes de los automóviles han eludido todo control: 1.000 millones de coches, el doble de los actuales, se dirigirán en el año 2020 hacia el infarto global del tráfico.

Durante los últimos 20 años, el medio ambiente se ha deteriorado en el mundo de una manera espectacular para tan corto período de tiempo geológico. Entre los ejemplos están la destrucción de la capa de ozono y de las selvas tropicales, la universalización de la contaminación de los mares, la aceleración de la contaminación atmosférica y los síntomas de recalentamiento de la superficie de la tierra.

Se estima que el transporte motivado por el comercio internacional consume la octava parte del petróleo utilizado en el mundo.

El aumento del comercio mundial crea residuos y contaminación por el mismo hecho del transporte de mercaderías a distancias más grandes.

La dedicación de países enteros al incremento de las exportaciones de materias primas en el comercio internacional también tiene su impacto medio ambiental en el punto de extracción o de producción, especialmente en los países en vías de desarrollo (la madera tropical es quizás el caso más conocido).

Los efectos medio ambientales de la producción industrial para la exportación comporta el consumo intensivo de energía con su agotamiento de recursos no renovables y sus consecuencias en cuanto al cambio climático, a la contaminación del aire y el agua, a la generación de productos químicos tóxicos y al vertido de residuos.

Cada época tiene su propia teoría de la catástrofe. Cada año se destruyen 17 millones de hectáreas de selva tropical; junto con las emisiones de residuos de combustibles fósiles, es lo que está creando el "efecto invernadero", que afectará gravemente a la producción de alimentos. Las consecuencias del cambio climático se interrelacionan y son potencialmente catastróficas. El nivel de los mares subirá, con lo cual se reducirá a escala planetaria la extensión de tierras cultivables que se hallan a poca altura sobre el mar. Tan sólo un metro de elevación del nivel de la hidrosfera pondrá en peligro de desaparición el 3% de las tierras del mundo. Este porcentaje parece pequeño a primera vista; pero nos daremos cuenta de su trascendencia si sabemos que equivale a la tercera parte de los campos cultivados en todo el mundo y que es el suelo donde viven 1.000 millones de personas.

Desde 1987, han ocurrido al menos 11 temporales acompañados de vientos huracanados cuyos daños totalizan más de 50.000 millones de dólares a las preocupadas compañías de seguros de todo el mundo. Otros sectores serán amenazados por el 20% de incremento previsto de las lluvias o por el 5-10% de disminución de las lluvias de verano. La reiteración de este fenómeno convertiría en un desierto la región cerealista de Estados Unidos. Un aumento de 2 grados centígrados en la temperatura planetaria media podría significar un declive entre el 3 y el 17% en el rendimiento de las cosechas de trigo de Europa y Estados Unidos.

“Decir que hay que salvar el medio ambiente es decir que hay que cambiar radicalmente el modo de vida de la sociedad, renunciar a la carrera desenfrenada por el consumo. No es nada menos que eso. La cuestión política, psíquica, antropológica, filosófica que se plantea, en toda su profundidad, a humanidad contemporánea”, dice C. Castoriadis, en su obra: “El avance de la insignificancia - Eudeba -1997

Cada comunidad paga un precio por la contaminación de su medio ambiente. La contaminación del agua, del aire y del suelo por productos tóxicos y radioactivos junto con el aumento de la radiación ultravioleta, está minando la salud humana y disparando los costes de sanidad. Un estudio de la calidad del aire realizado por la OMS y otros da cuenta de que 625 millones de personas están expuestas a niveles no saludables de dióxido de sulfuro, más de 1.000 millones de personas se hallan potencialmente expuestos a niveles dañinos de contaminación del aire. Un estudio en Estados Unidos estima que la contaminación del aire puede costarle al país hasta 40.000 millones al año en sanidad y pérdidas de productividad.

Los nuevos datos sobre Rusia muestran a la perfección los efectos devastadores de la contaminación por toxinas químicas y orgánicas sobre la salud humana. La Academia Rusa de Ciencias Médicas señala: que el 11% de los niños rusos padecen defectos de nacimiento. La mitad del agua potable y una décima parte de los alimentos, están contaminados, por lo que el 55% de los niños tienen problemas de salud. Es particularmente preocupante el aumento de enfermedades y de muertes prematuras entre las personas de 25 a 40 años.

Otro problema que hará aumentar los futuros costes de la sanidad es la disminución del ozono estratosférico. Tan sólo en Estados Unidos puede significar 200.000 casos más de muerte por cáncer de piel durante las próximas 5 décadas. A escala mundial equivale a millones de muertes. También aumentarían las cataratas y enfermedades infecciosas.

Además del déficit ecológico, el mundo está viendo como se le acumulan unas enormes facturas por la contaminación y recuperación ecológica. Por ejemplo, los costes calculados para la descontaminación de los lugares donde hay residuos peligrosos en Estados Unidos ronda los 750.000 millones de dólares, algo así como tres cuartas partes del presupuesto federal de Estados Unidos para 1990.

La alternativa a estas operaciones de limpieza es ignorarlos y dejar que los residuos tóxicos se filtren hasta las capas freáticas. De una u otra forma, la sociedad tendrá que pagar, ya sea en forma de facturas de descontaminación o en forma de crecientes costes en la sanidad

Los déficits y las deudas ecológicas en que el mundo ha incurrido en las últimas décadas son enormes, empequeñeciendo, muchas veces la deuda estrictamente económica de los países. Quizás lo más importante es una diferencia que se suele pasar por alto entre los déficits económicos y los ecológicos. Una deuda económica es algo que nos debemos entre nosotros. Por cada prestatario hay un prestamista, los recursos sencillamente cambian de mano. Pero las deudas ecológicas, especialmente aquéllas que suponen daños o pérdidas irreversibles de capital natural, muchas veces sólo pueden ser reembolsadas mediante la privación y la enfermedad de las generaciones futuras.

Es evidente que el actual sistema económico está lentamente empezando a autodestruirse a medida que elimina su base ecológica natural.

El reto está en diseñar y construir un sistema económico sostenible desde el punto de vista ecológico.

¿Podemos entrever que aspecto tendría? Sí. ¿Podemos definir una estrategia para ir desde el actual sistema económico al ecológicamente sostenible en el intervalo del tiempo que disponemos? Otra vez la respuesta es sí.

Los componentes básicos de un esfuerzo para construir una economía global ecológicamente sostenible son bastante elementales, a saber, recuperar la estabilidad del clima, proteger la capa de ozono, restaurar la cubierta vegetal de la tierra, estabilizar los suelos, salvaguardar la restante diversidad biológica de la tierra y restaurar el tradicional equilibrio entre nacimientos y muertes.

Salirse del curso de la decadencia y la degradación ecológica requiere un enorme esfuerzo, similar a una movilización para librar una guerra. Para darle vuelta a la situación, debemos empezar por nosotros mismos. Cada uno de nosotros, puede hacer muchas cosas. Podemos reciclar, podemos utilizar el agua y la energía de manera mucho más eficiente y podemos limitar nuestras familias a dos hijos. Estas acciones individuales son necesarias, pero no suficientes, ya que no traen consigo los cambios estructurales básicos que la economía necesita para convertirse en sostenible. Para esto, hay que recurrir a la acción ciudadana y así presionar a los gobernantes para que tomen medidas políticas que deberán transformar la economía.

La necesidad más acuciante es la de una nueva percepción del mundo, una nueva perspectiva que refleje las realidades ecológicas y que redefina la idea de seguridad al reconocer que la primera amenaza a nuestro futuro no es la agresión militar, sino la degradación ecológica del planeta.

La cuestión, por tanto, no es sólo lo que necesitamos hacer, sino también como podemos hacerlo rápidamente, antes de que se nos acabe el tiempo y el mundo entero sea engullido por esa espiral descendente que ya se ha tragado una sexta parte de la humanidad. Entre los principales instrumentos políticos que pueden convertir un sistema ecológicamente sostenible está la política fiscal. Hasta el momento, los gobiernos han confiado en las regulaciones de todo tipo, pero a la vista, de lo conseguido en estas últimas dos décadas, no parece que se trate de una estrategia que vaya a dar buenos resultados. Es obvio que las regulaciones tienen que desempeñar también un papel. Sin embargo, para transformar rápidamente la economía, el instrumento más efectivo con diferencia es la política fiscal, especialmente la sustitución parcial de los impuestos sobre las rentas por impuestos ecológicos. Este cambio impulsaría el empleo y los ahorros y desincentivaría las actividades que destruyen el medio ambiente. En síntesis, impulsaría actividades productivas y desincentivaría las destructivas, guiando tanto las inversiones de las empresas como los gastos de los consumidores.

“Para nuestra generación, el medio ambiente y la pobreza son las grandes cuestiones”, nos dice Lester Brown, en su libro: “La situación en el mundo - Editorial Apóstrofe - 1993.

Los casos que se han expuesto han intentado proporcionar información relevante sobre las compañías, el tipo de accidente que se produjo, su efecto sobre la gente y el medio ambiente, el resultado de los procesos legales (si los hubo), el daño causado y la conclusión en cuanto a la responsabilidad (irresponsabilidad) de la empresa.

Estos casos también explican cómo el comportamiento empresarial irresponsable continúa afectando gravemente tanto al medio ambiente como a la salud de las personas, y cómo las empresas responsables no responden de manera adecuada. Muestran cómo las empresas tampoco suelen indemnizar o ayudar a las comunidades afectadas, cómo eluden su obligación de limpiar la zona o remediar los daños medioambientales y cómo violan los derechos humanos y de la comunidad al fallar en el control de la producción, la elaboración de informes y la publicación de información básica en cuanto a productos y procesos. Tal comportamiento no tiene otro calificativo que el de criminal, y se está haciendo cada vez más difícil, a veces imposible, buscar justicia y hacer que estas empresas se responsabilicen de sus crímenes y paguen por ellos.

Un aspecto importante en muchos casos es la aparente diferencia de comportamiento de las compañías en los países “occidentales” ricos, que tienen normas relativamente estrictas de protección de las personas y el medio ambiente, y su decepcionante comportamiento en los países “pobres” donde las leyes son poco estrictas y difíciles de hacer cumplir. Los casos muestran que el mercado global hace posible a las compañías practicar dobles estándares, haciendo un mal uso de las leyes poco estrictas de los países más pobres para ahorrar costes y maximizar beneficios. Por ejemplo, el amianto se puede comercializar de forma más barata en los países industrializados de Asia sin las normas de protección laboral que existen en EEUU o Europa.

No sólo las multinacionales actúan de forma irresponsable. Las empresas nacionales o incluso las que son propiedad de los empleados actúan de forma inadecuada. En países como la República Checa, Rusia o India, donde los Estados ocupan una posición muy fuerte en los intereses de las compañías, la situación puede ser incluso peor. Se necesita un instrumento de control internacional para tratar estas peculiaridades.

Esta lista de casos no es exhaustiva ni definitiva. Estos casos deberían ser vistos simplemente como un registro preliminar de delitos corporativos con un impacto enorme y de muy larga duración sobre la gente y el medio ambiente, una prueba de la urgente necesidad de emprender acciones internacionales.

Continuará… (Al 16/8/10, sólo puedo agregar: … vaya si ha continuado)



Jornada de reflexión (para finalizar este Apartado)

- El peligro de las plataformas petroleras (BBCMundo - 1/5/10)

El colapso de la plataforma Deepwater Horizon de la empresa British Petroleum (BP) en el Golfo de México, y la amenaza que significa el derrame petrolero para las costas de Luisiana es un duro recordatorio de los peligros de la industria de la perforación a mar abierto.

En julio de 1988, el gas comprimido sobre la plataforma Piper Alpha, ubicada en el Mar del Norte, se incendió y explotó, dando lugar a un incidente que al final provocó la muerte de 167 personas.

Este accidente, conocido hasta ahora como el peor de la industria petrolera en mar adentro, hizo necesaria que se reevaluaran las normas de seguridad en plataformas de todo el mundo.

Pero si bien los encargados de seguridad de la industria petrolera han establecido mecanismos para minimizar los peligros, la amenaza para los trabajadores y para el medio ambiente sigue presente.

Menor peligro

Los datos estadísticos señalan que la seguridad en las perforaciones a mar abierto ha mejorado en los últimos años, pero aún así esta industria continua siendo una de las más peligrosas.

En las compañías perforadoras bajo la supervisión del ente británico de seguridad, el porcentaje de heridos graves y de muertes ha disminuido considerablemente desde 1997.

“La seguridad ha sido tomada con bastante seriedad”, dijo en un correo electrónico Simon Marquis, uno de los trabajadores de esta industria de explotación petrolera. “En general, yo diría que ahora todo es muchísimo mejor”, asegura.

Pero de acuerdo a la agencia a cargo del manejo de minerales de Estados Unidos, un total de 858 incendios y explosiones ha ocurrido en plataformas que operan en el Golfo de México desde 2001.

Entre los principales peligros se encuentra el manejo de maquinaria pesada, la existencia de sustancias inflamables a una presión muy intensa, los frecuentes viajes en helicóptero para trasladarse entre las instalaciones y tierra firme, y en general, los riesgos que representa trabajar en un ambiente marítimo.

“Lamentablemente los hidrocarburos son inflamables, es algo inevitable”, explica Robert Paterson, director de seguridad del grupo industrial Oil and Gas UK.

“Lo que se necesita es manejar esos peligros y reducir el riesgo al mínimo posible. Pero después de todo el trabajo que ha hecho la industria, la sensación que tenemos es que la probabilidad de que ocurran estos accidentes se ha reducido considerablemente”, añade Paterson.

Señalamientos

BP es la compañía con mayor presencia en las perforaciones que se hacen en el Golfo de México y posee numerosas plantas en Estados Unidos y el resto de América Latina.

En su historial figuran varios antecedentes en materia de seguridad industrial.

A finales del año pasado un jurado en Estados Unidos ordenó a la compañía el pago de US$ 100 millones en daños a diez trabajadores que alegaban que el escape de una sustancia tóxica en una refinería de petróleo les había provocado daños en la salud.

En ese entonces las agencias ambientales dijeron que no había evidencia de que la sustancia proviniese de la refinería y como informó el corresponsal de la BBC en Estados Unidos, Charles Scanlon, la fuente del escape tóxico nunca fue identificada.

En el caso de la plataforma Deepwater Horizon, BP ha tenido que asumir los costos de limpieza, pero las culpas y responsabilidades podrían ir más allá.

Transocean es el principal contratista en materia de perforación en aguas profundas. Además de ser el dueño de la plataforma, es el encargado de su manejo para BP.

Otra que podría ser señalada es la compañía Cameron International, fabricante del mecanismo para contener el derrame en caso de un accidente y que no funcionó correctamente.

- ¿Cómo se limpia un derrame? (BBCMundo - 3/5/10)

(Por Laura Plitt)



La inmensa mancha de crudo provocada por el hundimiento de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México se dirige peligrosamente hacia las costas. Por un lado, los esfuerzos están dirigidos a evitar que el petróleo continúe manando y contaminando las aguas. Por otro, lo que se está tratando de hacer es minimizar el impacto ambiental de un desastre de esta magnitud.

¿Pero cómo se combate un derrame? ¿Qué se hace para que el medio ambiente resulte lo menos damnificado posible?

En opinión de Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana Europa, la primera medida -y la más inocua- es retirar la mayor cantidad de vertido posible, “con barreras de contención para acumular el crudo y sacarlo luego con unas chuponas, o por medio de una suerte de raspado”.

También pueden emplearse técnicas como el quemado o la dispersión química. “Pero estos métodos no resuelven un problema sino que lo traspasan a otro medio. Si quemamos el crudo pasamos la contaminación a la atmósfera y si añadimos químicos no eliminamos las manchas sino que las descomponemos en otras más pequeñas”.

Si bien el científico considera que estas aproximaciones no son muy recomendables -siempre teniendo en cuenta la situación de cada caso en particular- dice que muchos se ven tentados de utilizarlas por una razón estética: “Como hace desaparecer la mancha, pareciera que el problema queda resuelto, pero eso no es así”.

Aunque en apariencia son varios los métodos para eliminar la presencia de crudo en el agua, Aguilar señala que ninguna medida es muy eficaz.

Sara del Río, Responsable de la Campaña de Contaminación de Greenpeace, coincide con el experto de Oceana: “Por eso lo que se debería hacer, más que nada, es adoptar una política que no promueva las estaciones petrolíferas y que busque un modelo energético basado en las energías renovables y no en el petróleo”.

Infierno en la costa

Una vez que el petróleo llega a la costa la situación se torna aún mucho más compleja.

“Cuando la contaminación toca la costa es muy difícil de extraer. A veces conviene retirar una capa, sabiendo igual que vas a generar un impacto negativo. Pero en algunos casos, como sucedió con el Exxon Valdez, donde se limpió casi cada piedra con chorros de agua caliente y a veces con detergente, la limpieza causa más daño que el derrame”, explica Aguilar.

“Porque no sólo retiras el vertido, sino también arena y organismos fundamentales para el ecosistema. Dejas el terreno como un desierto”, añade.

Por esta razón, Aguilar cree que -en ciertos casos- es mejor dejar actuar a la madre naturaleza, dejar que el medio ambiente lo asimile, que disperse y diluya las concentraciones del crudo, que las bacterias naturales consuman el petróleo y que las especies que puedan salvarse sirvan para dar impulso a la regeneración del ecosistema.

“Además, con el tiempo, los hidrocarburos se oxidan y van perdiendo su potencial tóxico y de contaminación”, dice el experto.

Del Río no comparte este punto de vista. “Aunque es cierto que las técnicas de limpieza suelen ser muy agresivas, no limpiar el vertido sería una catástrofe. Hay que retirarlo de la manera que tenga menos impacto para el medio ambiente y evitar en lo posible el uso de sustancias químicas”.

El 20% se va, el resto permanece



Desastres como el del Golfo de México se vienen repitiendo a lo largo de la historia. Sin embargo, los métodos para lidiar con sus consecuencias no parecen haber avanzado demasiado.

Quizás una de las lecciones que nos han dejado los accidentes anteriores es que “éste es un problema muy difícil de combatir y que la tecnología no tiene la respuesta para todos los problemas”, afirma Aguilar.

Además, destacó el experto, no sólo el daño perdura en el ecosistema por muchos años, “hasta cerca de un siglo”, sino que por regla general “la cantidad de crudo que se puede retirar (del agua y de la costa) nunca supera el 10% o el 20%”.

“El resto”, concluye Aguilar, “se va a quedar”.

- La agonía de la vida (El Confidencial - 22/6/10)

(Por José M. de la Viña)

La biodiversidad es el coro indispensable para que el tenor principal del milagro de la vida, nosotros, sobreviva. La pérdida de biodiversidad es una tragedia más en ciernes. Silenciosa y a menudo ignorada. Sus víctimas no tienen dónde reclamar, de momento. Que necesita algo más que unos parches o primeros auxilios para evitar que nos devuelvan algún día, con creces, los males ocasionados.



Nos referimos a la riqueza y diversidad de la vida no humana en la Tierra, cada vez más reducida. Al respeto y conservación de las otras especies, animales y vegetales, que no tienen nuestra capacidad destructiva y depredadora. Ni manera de defenderse de nosotros, los seres inteligentes, por ahora. Especies que nos mantienen con vida y nos permiten su disfrute. Hasta que acabemos con tamaña riqueza o la empobrezcamos hasta conseguir que la humanidad se resienta.

Bienvenidos a la Sexta Gran Extinción. La anterior, la quinta, provocó la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. Tomen asiento. Disfruten del espectáculo:

Poblaciones de especies y riesgo de extinción



Entre los años 1970 y 2006, las poblaciones de especies silvestres de vertebrados se redujeron un 31% en nuestro planeta; la disminución fue especialmente acusada en los trópicos (59%) y en los ecosistemas de agua dulce (41%).

El 23% de las especies vegetales están amenazadas. De ciertos grupos seleccionados de vertebrados, invertebrados y plantas, entre el 12% y el 55% de las especies está, en la actualidad, en peligro de extinción.

Los anfibios son el grupo que corre más peligro. Los corales constructores de arrecifes de aguas cálidas muestran un deterioro de su estado más acelerado. Respecto a las aves y los mamíferos, el riesgo de extinción es mayor en las especies utilizadas en la alimentación y en medicina que en aquellas otras que no se usan para tales fines.

Ecosistemas terrestres

Una cuarta parte de los suelos del planeta se están degradando. El abandono de las prácticas agrícolas tradicionales está provocando la pérdida de paisajes culturales y de la biodiversidad vinculada a ellos. Para agravarlo, los hábitats terrestres se han vuelto muy fragmentados, lo cual amenaza la viabilidad de las especies que allí viven y su capacidad para adaptarse al cambio climático.

Continúan desapareciendo bosques tropicales a un ritmo acelerado. Como dato positivo, en algunos países el ritmo de deforestación está comenzando a ralentizarse. Sin embargo, la superficie de las sabanas y praderas también ha experimentado una grave disminución.

Muchas de las zonas más críticas para la biodiversidad se encuentran fuera de las superficies protegidas. A pesar de que en la actualidad más del 12% de las tierras están consideradas áreas protegidas, de un 44% de las ecorregiones terrestres, menos del 10% lo está.

Ecosistemas de aguas continentales



Se han perdido, y siguen desapareciendo en todo el mundo, humedales a un ritmo acelerado. Aumenta la preocupación de los gobiernos, especialmente, acerca de la situación ecológica de los grandes humedales.

Los ecosistemas de aguas continentales han sufrido alteraciones drásticas en los últimos decenios. La grave contaminación de las aguas en muchas zonas de gran densidad de población contrarresta la mejora de algunas regiones y cuencas fluviales. La calidad del agua presenta tendencias variables a lo largo del planeta, preocupantes en muchos casos.

De 292 grandes sistemas fluviales, dos tercios de ellos han experimentado una fragmentación moderada o alta a causa de la existencia de presas y embalses.

Ecosistemas marinos y costeros



Un 80% de las poblaciones mundiales de peces marinos de los que se tienen datos están totalmente explotados o sobreexplotados. El agotamiento de los recursos pesqueros es, pues, evidente y preocupante.

Desde la década de 1970, los arrecifes de coral tropicales han perdido de manera significativa biodiversidad a nivel mundial. Aunque a grandes rasgos se ha mantenido estable desde los años ochenta del siglo pasado, la extensión general de la cubierta de corales vivos no ha vuelto a sus niveles previos. Incluso en las zonas donde se ha verificado una recuperación local, hay indicios de que las nuevas estructuras de los arrecifes son más uniformes y menos diversas que aquellas que las habitaban anteriormente.

Por otro lado, siguen reduciéndose los hábitats costeros, como los manglares, lechos de algas marinas, marismas y arrecifes de mariscos. Estos hechos ponen en peligro servicios ecosistémicos extremadamente valiosos, como la eliminación de dióxido de carbono de la atmósfera. Sin que ello sirva de consuelo, se ha registrado cierta disminución en el ritmo de pérdida de bosques de manglares, excepto en Asia.

Aunque nuestra ignorancia sobre los fondos marinos es bochornosa e indignante, ello no impide constatar importantes motivos de preocupación acerca de la situación y el deterioro de la biodiversidad en los hábitats de aguas profundas.

Diversidad genética

Al menos una quinta parte de las razas de ganado está en peligro de extinción. Ello podría poner en riesgo la disponibilidad de los recursos genéticos mejor adaptados para prestar apoyo a los medios de subsistencia que dependen del ganado. Por otro lado, los sistemas de ganadería estandarizados y de alto rendimiento han reducido su diversidad genética.

Para terminar con esta enumeración de despropósitos, la diversidad genética se está perdiendo en los ecosistemas naturales y en los sistemas de producción agrícola y ganadera. Afortunadamente, se están logrando importantes avances en la conservación de la diversidad genética de las plantas, gracias sobre todo a la existencia de bancos de semillas ex situ.

Es un extracto de las conclusiones del informe Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 3, del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU.

¡Ah! Se me olvidaba. Este silencioso drama, de consecuencias potencialmente terribles e insospechadas en un futuro, quien sabe cuándo, tiene causas conocidas. Es producto indiscutible de un proceso económico, absurdo e imposible, que antes o después descarrilará. Pura estupidez antropogénica no prevista ni contemplada por ninguna teoría económica dominante. El manido cambio climático, en todo caso, acelerará los fenómenos. Probablemente, ya lo esté haciendo.

¿Nos tocará el turno? ¿Cuándo seguirá el altivo homo sapiens a los dinosaurios en su trágico destino?

- La victoria pírrica del Rey Carbón (Project Syndicate - 4/8/10)

(Por Daniel Gros)

BRUSELAS – A veces la noticia más importante es lo que no está sucediendo. Este verano nos ha dado un ejemplo así: el proyecto de ley sobre el cambio climático, que el Presidente Barack Obama ha impulsado tanto, no será presentado siquiera al Senado de los Estados Unidos, porque no tiene posibilidad alguna de ser aprobado.

Eso significa que los EEUU están a punto de repetir su “experiencia de Kyoto”. Hace veinte años, en 1990, los EEUU participaron (al menos inicialmente) en las primeras negociaciones mundiales encaminadas a lograr un acuerdo mundial para reducir las emisiones de CO2. En aquel momento, la Unión Europea y los EEUU eran, con mucha diferencia, los mayores emisores, por lo que parecía apropiado eximir de compromiso alguno a las economías en ascenso del mundo. Con el tiempo, resultó claro que los EEUU no iban a cumplir con su compromiso, por la oposición, como ahora, del Senado. Entonces la UE siguió adelante sola, al introducir su innovador sistema de compraventa de emisiones con la esperanza de que Europa guiara mediante el ejemplo.



Sin el plan legislativo americano sobre el cambio climático, las promesas hechas por el gobierno de los EEUU hace tan sólo siete meses en la cumbre de Copenhague han pasado a ser inútiles. La estrategia europea está hecha jirones... y no sólo en el frente transatlántico.

El compromiso de China de aumentar la eficiencia en materia de CO2 de su economía en un 3 por ciento al año no sirve de ayuda, porque las tasas de crecimiento anual de casi 10 por ciento del PIB significan que las emisiones del país van a dispararse durante este decenio. De hecho, en 2020 las emisiones chinas podrían ser más del triple de las de Europa e incluso superar las de los EEUU y Europa combinadas. Eximir a los mercados en ascenso de compromiso alguno, como intentaba hacer el protocolo de Kyoto, carece ya de sentido.

¿Por qué han fracasado todos los intentos de fijar precios para las emisiones de carbono? Podemos encontrar la respuesta en una palabra: “carbón”... o, mejor dicho, el hecho de que el carbón sea barato y abundante.

La quema de hidrocarburos (gas natural y petróleo) produce agua y CO2. En cambio, la quema de carbón produce sólo CO2. Además, en comparación con el gas natural y el crudo de petróleo, el carbón es mucho más barato por tonelada de CO2 emitida, por lo que cualquier impuesto sobre el carbono tiene repercusiones mucho mayor en el carbón que en el crudo de petróleo (o el gas). Por esa razón, los propietarios de minas de carbón y sus clientes se oponen rotundamente a cualquier impuesto al carbono. Constituyen un grupo pequeño, pero bien organizado, que ejerce una inmensa capacidad de cabildeo para bloquear los intentos de limitar las emisiones de CO2 poniéndoles un precio, como habría hecho el previsto sistema de límites máximos y comercio de los EE.UU.

En Europa, la producción de carbón autóctono ya no desempeña un papel económico importante. Así, pues, no es de extrañar que Europa pudiera promulgar un sistema de límites máximos y comercio que imponía un precio del carbón a gran parte de su industria. De hecho, el impuesto parece recaer más que nada sobre los proveedores extranjeros de carbón (y en menor medida sobre los proveedores extranjeros de hidrocarburos en Oriente Medio y Rusia). En cambio, la oposición por parte de los estados de los EEUU cuyas economías dependen en gran medida de la producción de carbón resultó decisiva para la suerte del proyecto de ley sobre el cambio climático de Obama.

La experiencia de los EEUU tiene consecuencias mayores. Si resultara imposible introducir un impuesto moderado al carbono en una economía rica, no cabe la menor duda de que China no ofrecerá compromiso alguno para la próxima generación, por ser un país que sigue siendo mucho más pobre y que depende aún más del carbón autóctono que los EEUU, y, después de China, asoma la India como la siguiente superpotencia industrial en ascenso basada en el carbón.

Sin un compromiso válido de los EEUU, el Acuerdo de Copenhague, tan laboriosamente logrado el año pasado, ha pasado a ser inútil. Todo seguirá igual, tanto desde el punto de vista de la diplomacia en materia de cambio climático con su circo itinerante de grandes reuniones internacionales, como desde el del rápido aumento de las emisiones.

Las reuniones van encaminadas a dar la impresión de que los dirigentes del mundo siguen buscando una solución para el problema, pero el aumento de las emisiones de CO2 constituye lo que de verdad está ocurriendo en el terreno: una base industrial en rápido crecimiento en los mercados en ascenso que va a ir unida a una utilización intensiva del carbón. Así, resultará extraordinariamente difícil invertir la tendencia en el futuro.

Un planeta compuesto de Estados-nación, dominados, a su vez, por grupos de intereses especiales, no parece capacitado para resolver el problema. Lamentablemente, existe demasiado carbón por ahí para propulsar emisiones aún mayores durante al menos otro siglo. Así, pues, el mundo se calentará mucho más. La única incertidumbre es cuánto más lo hará.

La adopción de medidas decididas en el nivel mundial sólo llegará a ser posible cuando el cambio climático ya no sea una predicción científica, sino una realidad que la población sienta, pero, en ese momento, será demasiado tarde para invertir las repercusiones de decenios de emisiones excesivas. Un mundo incapaz de prevenir el cambio climático tendrá que vivir con él.

(Daniel Gros es director del Centro de Estudios Políticos Europeos. Copyright: Project Syndicate, 2010)

- ¿Quién teme al cambio climático? (Project Syndicate - 11/8/10)

(Por Bjørn Lomborg)



Copenhague - Imaginemos que dentro de 70 u 80 años una gigantesca ciudad portuaria -Tokio, pongamos por caso- quedara anegada por niveles del mar de cinco metros o más. Millones de habitantes correrían peligro, junto con billones de dólares de infraestructuras.

Esa clase de perspectiva atroz es exactamente aquella en la que piensan los evangelistas del calentamiento planetario, como Al Gore, cuando advierten que debemos adoptar “medidas preventivas en gran escala para proteger la civilización humana tal como la conocemos”. La retórica puede parecer extremosa, pero, habiendo tanto en juego no cabe duda de que esté justificada. Sin una operación mundial en gran escala y extraordinariamente bien coordinada, ¿cómo podríamos afrontar aumentos del nivel del mar de ese orden de magnitud?

Es que ya lo hemos hecho. En realidad, estamos haciéndolo ahora mismo. Desde 1930, una retirada excesiva de aguas subterráneas ha hecho que Tokio se haya hundido nada menos que cinco metros y en algunos años algunas de las partes más bajas del centro de la ciudad se hunden treinta centímetros anualmente. Un hundimiento similar ocurrió a lo largo del siglo pasado en una gran diversidad de ciudades, incluidas Tianjin, Shanghái, Osaka, Bangkok y Yakarta. En todos los casos, la ciudad ha logrado protegerse de semejantes aumentos del nivel del mar y ha prosperado.

La cuestión no es la de que podamos o debamos pasar por alto el calentamiento planetario, sino la de que debemos desconfiar de las predicciones hiperbólicas. Lo más frecuente es que los que parecen cambios espantosos del clima y la geografía resulten ser en realidad llevaderos... y en algunos casos benignos incluso.

Pensemos, por ejemplo, en las conclusiones de los científicos del clima Robert J. Nicholls, Richard S.J. Tol y Athanasios T. Vafeidis. En una investigación financiada por la Unión Europea, estudiaron cuáles serían las repercusiones en la economía mundial, si el calentamiento planetario originara un desplome de toda la capa de hielo del Antártico Occidental. Un acontecimiento de semejante magnitud probablemente haría que el nivel de los océanos subiera tal vez unos seis metros a lo largo de los cien próximos años: precisamente aquello a lo que se refieren los activistas ecologistas cuando avisan sobre posibles calamidades propias del fin del mundo, pero, ¿de verdad sería tan calamitoso?

Según Nicholls, Tol y Vafeidis, no. Aquí van los datos: un aumento de un poco más de seis metros de los niveles del mar (que, por cierto, representa unas diez veces más que las previsiones del grupo del clima de las Naciones Unidas, en el peor de los casos) inundaría unos 25.000 kilómetros cuadrados de costas, donde actualmente viven más de 400 millones de personas. Se trata de mucha gente, desde luego, pero no de toda la Humanidad. De hecho, equivale a menos del seis por ciento de la población del mundo, es decir, que el 94 por ciento de la población no quedaría inundado y la mayoría de los que viven en las zonas inundadas nunca se mojarían los pies siquiera.

Se debe a que la inmensa mayoría de esos 400 millones de personas residen en ciudades, donde se podría protegerlas con relativa facilidad, como en Tokio. A consecuencia de ello, sólo habría que desplazar a quince millones de personas y, además, a lo largo de un siglo. En total, según Nicholls, Tol y Vafeidis, el costo de afrontar esa “catástrofe” -en caso de que los políticos no vacilaran, sino que aplicasen políticas atinadas y coordinadas- ascendería a unos 600.000 millones de dólares al año, es decir, menos del uno por ciento del PIB mundial.

Esa cifra puede parecer asombrosamente pequeña, pero es sólo porque tantos de nosotros hemos aceptado la opinión generalizada de que carecemos de capacidad para adaptarnos a grandes aumentos de los niveles del mar. No sólo tenemos esa capacidad, sino que, además, lo hemos demostrado muchas veces en el pasado.



Nos guste o no, el calentamiento planetario es real, está producido por el hombre y debemos hacer algo al respecto, pero no afrontamos el fin del mundo.

La ciencia del clima es una disciplina sutil y diabólicamente enrevesada y que raras veces da pronósticos inequívocos ni prescripciones concretas y, después de veinte años de mucho hablar sobre el calentamiento planetario y hacer poquísimo, es de esperar cierto grado de frustración. Existe un comprensible deseo de cortar por entre la palabrería y sacudir a la gente por los hombros.



Lamentablemente, intentar aterrorizar a la gente no sirve de gran ayuda. Sí, una estadística llamativa, combinada con cierta prosa hiperbólica, nos hace prestar atención, pero no tardamos en quedar insensibilizados, por lo que necesitamos hipótesis aún más espantosas para que nos movamos. Al hincharse más las historias alarmistas, ocurre lo mismo con la probabilidad de que queden en evidencia como las exageraciones que son... y el público acabará desinteresándose de todo el asunto.

Ésa puede ser la explicación de los datos de encuestas recientes de opinión, según las cuales la preocupación pública por el calentamiento planetario ha disminuido abruptamente en los tres últimos años. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Instituto Pew informó de que el número de americanos que consideraban el calentamiento planetario un problema muy grave había bajado del 44 por ciento en abril de 2008 a sólo el 35 por ciento el pasado mes de octubre. Más recientemente, según las conclusiones de un estudio de la BBC, sólo el 26 por ciento de los británicos creen que “está ocurriendo un cambio climático” debido al hombre, frente al 41 por ciento en noviembre de 2009, y en Alemania la revista Der Spiegel comunicó resultados de una encuesta, según los cuales sólo el 42 por ciento temían el calentamiento planetario, en comparación con el 62 por ciento en 2006.

El miedo puede tener un gran efecto motivador a corto plazo, pero es una base pésima para adoptar decisiones atinadas sobre un problema complicado que requiere el empleo de toda nuestra inteligencia durante un largo período.

(Bjørn Lomborg es autor de The Skeptical Environmentalist (“El ecologista escéptico”) y Cool It (“No os acaloréis”), director del Centro de Consenso de Copenhague y profesor adjunto en la Escuela de Administración de Empresas de Copenhague. Copyright: Project Syndicate, 2010)

- Nuestro verano extremoso (Project Syndicate - 16/8/10)

(Por Stefan Rahmstorf)

Berlín - Éste ha sido un verano climáticamente extremoso en Rusia, el Pakistán, China, Europa, el Ártico... y muchos más sitios, pero, ¿tiene eso algo que ver con el calentamiento planetario? ¿Y son las emisiones humanas las culpables?

Si bien no se puede demostrar científicamente (ni, por la misma razón, demostrar lo contrario) que el calentamiento planetario causara episodio extremoso alguno, podemos decir que es muy probable que el calentamiento planetario haga que muchas clases de tiempo extremoso resulten a un tiempo más frecuentes y más graves.

Durante semanas, la Rusia central ha sido víctima de la peor ola de calor jamás registrada, que ha causado probablemente miles de víctimas mortales. A consecuencia de la sequía y del calor, más de 500 incendios forestales han arreciado sin control, han asfixiado a Moscú con su humo y han amenazado varias instalaciones nucleares. El Gobierno de Rusia ha prohibido la exportación de trigo, con lo que los precios de los cereales se han puesto por las nubes.

Entretanto, el Pakistán está luchando con unas inundaciones sin precedentes que se han cobrado la vida de más de mil personas y han afectado a varios millones más. En China, unas inundaciones torrenciales han causado hasta ahora la muerte de más de mil personas y han destruido más de un millón de hogares. En una escala menor, países europeos como Alemania, Polonia y la República Checa han padecido también graves inundaciones.

Entretanto, las temperaturas mundiales de los últimos años han alcanzado sus niveles más altos en los registros que se remontan a 130 años atrás. La capa de hielo del Ártico alcanzó su nivel más bajo jamás registrado en un mes de junio. En Groenlandia, dos enormes trozos de hielo se desprendieron en julio y agosto.

¿Estarán relacionados esos episodios?

El examen exclusivo de los episodios extremosos particulares no revelará su causa, del mismo modo que la observación de algunas escenas de una película no revela el argumento, pero, si los observamos en un marco más amplio y utilizando la lógica de la física, se pueden entender partes importantes de la trama.

Este decenio se ha caracterizado por varios episodios extremosos espectaculares. En 2003, la más grave ola de calor que se recordaba superó las temperaturas máximas antes registradas por un gran margen y causó 70.000 muertes en Europa. En 2005, la más grave estación de huracanes jamás contemplada en el Atlántico devastó Nueva Orleáns y careció de precedentes en cuanto al número y la intensidad de las tormentas.

En 2007, un número de incendios sin precedentes arrasó Grecia y casi destruyó el antiguo emplazamiento de Olimpia y el paso noroccidental del Ártico quedó libre de hielo por primera vez, cosa que nadie recordaba haber visto. El año pasado, más de cien personas murieron a consecuencia de los incendios de chaparrales en Australia, a consecuencia de una sequía y un calor sin precedentes.

Esa serie de episodios sin precedentes podrían ser simplemente una asombrosa racha de mala suerte, pero eso es extraordinariamente improbable. Un responsable mucho más probable es un calentamiento climático... consecuencia de que este decenio ha sido el más caluroso mundialmente en al menos cien años.

Todo el clima depende de la energía y el Sol es el que la aporta en última instancia, pero el mayor cambio en la energía recibida por la Tierra con mucha diferencia en los cien últimos años se debe a la acumulación en nuestra atmósfera de los gases que provocan el efecto de invernadero y limitan la salida del calor al espacio. A consecuencia de las emisiones de combustibles fósiles, ahora hay una tercera parte más de dióxido de carbono en la atmósfera que en cualquier otro momento a lo largo de al menos un millón de años, como ha revelado la última perforación del hielo de la Antártida.

Los cambios causados por las variaciones solares en la energía recibida por el planeta son al menos diez veces menores en comparación y van en la dirección contraria: en los últimos años, el Sol ha tenido la menor actividad desde que se iniciaron sus medidas en el decenio de 1970. De modo que, cuando se producen episodios climáticos extremosos y sin precedentes, el primer sospechoso es, naturalmente, el cambio atmosférico que ha habido a lo largo de los cien últimos años... causado por emisiones humanas.



El hecho de que las olas de calor, como la de Rusia, se vuelvan más frecuentes y extremas en un mundo más cálido es fácil de entender. Los episodios extremosos de precipitaciones resultarán también más frecuentes e intensos en un clima más cálido, a consecuencia de otro simple fenómeno físico: el aire cálido puede contener más humedad. Por cada grado Celsius de calentamiento, hay un siete por ciento más de agua que puede llover desde las masas de aire saturadas. El riesgo de sequías también aumenta con el calentamiento: aun en las zonas en las que las precipitaciones no disminuyan, el aumento de la evaporación secará los suelos.

El efecto del dióxido de carbono puede cambiar también las tendencias de la circulación atmosférica, lo que puede exacerbar los episodios extremosos de calor, sequía o precipitaciones en algunas regiones y reducirlos en otras. El problema estriba en que una reducción de los episodios extremosos a los que estamos ya bien adaptados aporta sólo benéficos modestos, mientras que los nuevos episodios extremosos a los que no estamos adaptados pueden ser devastadores, como han demostrado los recientes episodios del Pakistán.

Los episodios de este verano muestran lo vulnerables que son nuestras sociedades ante los episodios climáticos extremosos, pero lo que ahora vemos está ocurriendo después de un aumento de la temperatura mundial de sólo 0,8º Celsius. Con la adopción de medidas rápidas y decisivas, aún podemos limitar el calentamiento planetario a un total de 2º Celsius o un poquito menos. Incluso ese grado de calentamiento requeriría un esfuerzo en gran escala para adaptarnos a los episodios climáticos extremosos y al aumento de los niveles del mar, por lo que debe iniciarse ahora.

Con medidas poco decididas, como las prometidas por los gobiernos en Copenhague el pasado mes de diciembre, iremos camino de padecer un calentamiento planetario de entre 3 y 4º Celsius, lo que superará por fuerza la capacidad de muchas sociedades y ecosistemas para adaptarse. Y, si no se adopta medida alguna, el planeta podría calentarse incluso entre 5 y 7 º Celsius al final de este siglo... y más después. Seguir por esa senda a sabiendas sería cosa de dementes.

Hemos de afrontar la realidad: probablemente nuestras emisiones de gases que provocan el efecto de invernadero sean responsables al menos en parte de este verano extremoso. Aferrarse a la esperanza de que todo sea casualidad y de lo más natural parece una ingenuidad. Esperemos que este verano extremoso sea una llamada de atención de última hora para las autoridades, el mundo empresarial y los ciudadanos por igual.

(Stephan Rahmstorf es profesor de Física Oceánica en la Universidad de Potsdam y miembro del Consejo Asesor sobre el Cambio Planetario alemán. Su último libro es The Climate Crisis (“La crisis del clima”), escrito junto con David Archer. Copyright: Project Syndicate, 2010)



Y Obama tendrá que “patear culos” (sic) durante un siglo

- El impacto del vertido de petróleo en el Golfo de México puede durar un siglo (El Mundo.es - 30/8/10)



Gran parte de las aguas del Golfo de México afectadas por el vertido de BP están aparentemente limpias pero los efectos en los ecosistemas tardarán muchos años en desaparecer. Así lo asegura Xavier Pastor, que dirige una expedición en la zona para analizar los efectos del petróleo de BP. El oceanógrafo afirma que el impacto ambiental de los cinco millones de barriles de petróleo puede “dejarse notar entre los próximos veinte y cien años”.

Mientras tanto, la compañía británica intenta recomponer su dañada imagen mundial y ha renunciado a perforar en la costa de Groenlandia, una zona virgen muy rica en recursos energéticos que en breve comenzará a ser explotada por las empresas petroleras. “No participaremos en la licitación”, dijo un portavoz de la empresa, sin mencionar los motivos específicos de la retirada en la puja por extraer petróleo en esta zona, ecológicamente sensible.

Xavier Pastor, director de la organización Oceana en Europa, ha explicado que, además del impacto directo del crudo en el hábitat marino del Golfo de México, las especies sufren la adherencia del petróleo en su piel, la inhalación de compuestos químicos y la obstrucción de las vías respiratorias.

Las más afectadas han sido los cetáceos, las tortugas y las aves, debido a que se acercan a la superficie marina para poder respirar y alimentarse.

Pastor, que llegó al Golfo a principios de agosto junto con otros once científicos de Oceana, visita esta semana la desembocadura del Mississippi, frente a las costas de Luisiana, donde han visto cientos de plataformas petroleras y también barcos arrastreros de pesca de gamba en una zona prohibida para esta actividad.

El oceanógrafo ha añadido que el vertido ya no se detecta a simple vista humana, excepto en ciertas zonas y marismas del delta del Mississippi.

En este sentido, ha recordado que un estudio de la Universidad de Georgia calcula en un 75% el crudo que podría estar en los fondos marinos.

Ha destacado, asimismo, que hay una corriente de petróleo submarino de 40 kilómetros de longitud, que se inicia en el lugar de la catástrofe y que se dirige hacia el suroeste, a una profundidad de casi un kilómetro bajo la superficie.

“A esas profundidades, la temperatura es de alrededor de cuatro grados, lo que hace que el petróleo se degrade a velocidades diez veces menores que si estuviese en la superficie”, ha explicado Pastor.

Dada la cantidad de petróleo derramado -unos cinco millones de barriles- y la profundidad de 1.500 metros en la que ocurrió el accidente, los expertos de Oceana calculan que los efectos del vertido se notarán entre los próximos 20 y 100 años.

“Aunque cada vertido tiene características distintas, un estudio publicado recientemente ha revelado que los marineros que limpiaron parte del vertido del “Prestige” sufrieron cambios genéticos y problemas pulmonares años después de la catástrofe”.

Además, ha advertido, la presencia de un centenar de plataformas petroleras en el Golfo de México incrementa notablemente el riesgo de que vuelva a suceder un derrame.

“El peligro se extiende a otras zonas del mundo, como Alaska y la costa este de Estados Unidos, las del Mediterráneo, concretamente las del mar de Alborán y de la Comunidad Valenciana, donde existen proyecto de plataformas petrolíferas, igualmente vulnerables a accidentes”, ha afirmado Pastor.

Los integrantes de la expedición de Oceana han utilizado un robot submarino que puede llegar hasta 300 ó 400 metros y que ha permitido documentar la existencia de plataformas petroleras abandonadas y cubiertas por sedimentos.

El robot también ha ayudado a que los expertos registren la presencia de campos de rodolitos de maërl (algas calcáreas de mucho valor ecológico) en colinas submarinas al oeste del delta del Misisipi, en una zona de alimentación de tiburones ballena. La próxima semana está prevista la llegada de un segundo robot, con el que pretenden alcanzar los mil metros de profundidad.

Tras el desastre ambiental en el Golfo de México, la petrolera BP renunció a participar en el concurso para perforar frente a la costa de Groenlandia

Cairn Energy, competidor de BP, había informado el martes a sus inversores del hallazgo de grandes reservas petrolíferas frente a la costa de Groenlandia.

Tras las protestas de la organización ecologista Greenpeace, un día después la compañía de Edimburgo, que ya realizó perforaciones de prueba a pedido del gobierno danés, matizó que las reservas no son tan significativas.

Los ecologistas afirman que las perforaciones en agua profunda de Cairn Energy al oeste de la isla Disko son demasiado peligrosas. Si hubiera, como en el Golfo de México, una fuga en el pozo de extracción, una gruesa capa de hielo impediría en invierno cualquier posibilidad de contener la marea negra.

Paper (II) - Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa

Algunos “desastres” (económicos, ecológicos y políticos) comparados

Parte IV - De Bush a Obama (la trampa de la seguridad: un estado de “saturaciones generales”)

En los últimos 40 años, desde que el 3 de noviembre de 1969, el presidente de EEUU, Richard Nixon, hundía el dedo en llaga y afirmaba que nadie, en referencia a Vietnam, puede “derrotar ni humillar a EEUU”, las cosas han cambiado mucho.

La radiografía económica del imperio americano ha demostrado, tras el azote de la crisis subprime y el impacto la recesión que su hegemonía es perecedera. A día de hoy, la deuda estadounidense es de 9,8 billones de euros, es decir, cada ciudadano del país debe alrededor de 42.739 dólares. Según los expertos, el déficit fiscal de EEUU superará el billón de dólares todos los años en la próxima década mientras las previsiones oficiales de la Casa Blanca señalan que el PIB crecerá este año un 3,1 por ciento y la tasa de paro oscilará el 9,7 por ciento.

David Miller, consejero político de seis secretarios de Estado norteamericanos se pregunta si “el país más poderoso del mundo puede mantener su reinado y, además, ser el mayor endeudado del planeta”.



Cuando el griego Aristóteles dijo que el hombre era un animal político, se refería a que era un ser social pero, pasado el tiempo, su frase ha devenido en literal.

- George W. Bush (las “guerras preventivas” del texano tóxico)

Párrafos extraídos de mi Paper: El negocio armamentístico y la privatización de la guerra - Parte I, del 5/7/09



(Los traficantes de la muerte)

- El lobby de las corporaciones - Las armamentistas y el negocio de la guerra - Informe especial (IAR-Noticias - 10/2/05)

La vinculación y los negocios de la administración Bush con los tres grandes contratistas de armas del Complejo Militar Industrial norteamericano, las empresas Lockheed Martin, Boeing y Northrop Grumman.

En su último informe Project on Government Oversight (POGO, Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto militar, señaló que, entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40 por ciento de los 244.000 millones de dólares en contratos del gobierno federal estadounidense.

Entre los consorcios que se benefician en primer lugar de esta práctica tolerada se cuentan Lockheed Martin, que emplea a 57 ex altos funcionarios estatales; la gigante aeroespacial Boeing, con 33; Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, con 20; Raytheon, con 23, y General Dynamics con 19.

En los últimos años se acentuaron los casos de altos militares y funcionarios de la administración estadounidense que luego de abandonar sus cargos pasan a desempeñarse como ejecutivos o lobbistas de los grandes proveedores privados, sobre todo en el ramo de las empresas armamentistas del área de Defensa.

Según un artículo del investigador estadounidense William D. Hartung en el año fiscal 2002, los tres más grandes fabricantes de armas recibieron un total mayor a los 42.000 millones de dólares en contratos del Pentágono, de los que Lockheed Martin obtuvo 17.000 millones, Boeing 16.000 millones y Northrop Grumman 8.000 millones.

Los tres grandes consorcios armamentistas obtuvieron jugosos contratos y ganancias del proyecto espacial de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que son la punta de lanza de una nueva carrera armamentista en el espacio.

Los tres grandes consorcios armamentistas (Lockheed Martin, Boeing, y Northrop Grumman) tienen conexiones con otras numerosas fuentes de contratación federal para todo, desde seguridad aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en nombre de lo que hoy la Casa Blanca denomina GWOT (Global War on Terrorism), guerra global contra el terrorismo.

El presupuesto total de 20.000 millones de dólares que Lockheed Martin recibe anualmente es más de lo que se gasta en un año promedio en el mayor proyecto de bienestar social federal, el programa de asistencia temporal a familias necesitadas (Temporary Assistance for Needy Families), destinado a familias que viven por debajo de la línea de la pobreza.

El consorcio Boeing fabrica el equipo de ataque directo conjunto (JDAM, por sus siglas en inglés), herramienta que puede convertir bombas “estúpidas” en “inteligentes”. El JDAM se utilizó en tan grandes cantidades en las guerras de Irak y Afganistán que la compañía tuvo que activar turnos duplicados de fabricación para cumplir con la demanda de la fuerza aérea.

En la política de desarrollo nuclear de Bush, Lockheed Martin es uno de los que mejor se posicionan en la grilla de negocios. La corporación cuenta con un contrato por 2 mil millones de dólares anuales para impulsar los Sandia National Laboratories, una instalación de diseño e ingeniería de armas nucleares con sede en Alburquerque. Lockheed Martin trabaja también en sociedad con Bechtel para desarrollar el Nevada Test Site, enclave donde se somete a prueba las armas nucleares mediante explosiones subterráneas.

Estos contratos fueron posibilitados por Everet Beckner, ex ejecutivo de Lockheed Martin, que dirige el complejo de armas nucleares de la National Nuclear Security Administration (dependencia de seguridad nuclear nacional).

Northrop Grumman también juega en grande en el área de buques de combate, pues son de su propiedad los astilleros de Newport News, en Virginia y Pascagoula, en Mississippi.

Los tres consorcios también obtienen fabulosas ganancias del proyecto de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que conforman la base de la nueva carrera armamentista en el espacio.

Boeing y Lockheed Martin son las mejor posicionadas en el campo de un espacio exterior militarizado debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales.

Los tres grandes, por medio de su influencia en todas las oficinas de contratación federal, tienen los contratos más jugosos en la llamada “Guerra contra el terrorismo Global” (GWOT) que abarca ventas de sistemas y armamentos de seguridad que cubren todo el territorio de EEUU y sus unidades de desplazamiento en el extranjero.

Al menos un tercio de los ex altos funcionarios públicos que desempeñan cargos ejecutivos en empresas proveedoras del gobierno ocuparon altos cargos que les permitían influir en las compras del Estado a las armamentistas.

Pentágono estadounidense

Por ejemplo, la nueva comisión presidencial encargada de redefinir la nueva colonización del espacio está dirigida por Edward Pete Aldridge, anterior subsecretario de Defensa para adquisiciones del Pentágono y miembro de la junta directiva de Lockheed Martin.

Por su parte, en la fuerza aérea el subsecretario encargado de adquirir bienes espaciales es Peter Teets, que antes se había desempeñado como jefe de operaciones de Lockheed Martin.

Cuando Bush asumió la primera presidencia se creó un organismo para asesorar la organización y el manejo de la seguridad en el espacio (Commission to Assess US National Security Space Management and Organization), que incluía representantes de ocho contratistas del Pentágono.

La comisión era presidida por Donald Rumsfeld hasta que asumió como secretario de Defensa. Desde entonces, Rumsfeld, ya instalado como jefe del Pentágono, acata e instrumenta las recomendaciones de dicha comisión (hegemonizada por los tres grandes contratistas) en relación a armamentos y sistemas de defensa.

Richard Perle, quien fuera secretario adjunto de Defensa bajo el gobierno de Ronald Reagan, (1981-1989) y miembro entre 1987 y 2004 de la Junta de Políticas de Defensa, la que presidió de 2001 a 2003, escribió un artículo en favor del trato para el Wall Street Journal, pero sólo después de que Boeing invirtiera 20 millones en Trireme, empresa de inversiones de Perle.

Amigo personal de Donald Rumsfeld, Perle es un destacado integrante del llamado lobby israelí del Pentágono sostenido desde la trilogía de poder del Pentágono conformada por el actual secretario de Defensa, el subsecretario Paul Wolfowitz, y Douglas J. Feith, el tercer funcionario en jerarquía del área. En el verano de 2003, Perle apoyó la adquisición de 100 aviones cisterna de Boeing, que finalmente se concretó por 27.000 millones de dólares. El año anterior, Boeing había prometido invertir 20 millones de dólares en la empresa de capitales de riesgo de Perle, Trireme Partners, señalan informes parlamentarios.

Por su parte, William D. Hartung, quien es investigador del Instituto de Política Mundial en la Universidad New School de Nueva York, señala que en el año 2001 Boeing patrocinó la comida anual del Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional, reducto neoconservador con el que tuvo vínculos cercanos el subsecretario de Defensa, Douglas Feith, antes de ingresar al gobierno republicano de Bush.

Los invitados de honor fueron los secretarios de tres ramas militares: Roche, de la fuerza aérea; el secretario de Marina, Gordon England (antes en la empresa General Dynamics), y el secretario del Ejército, Thomas White (antes en Enron). El anfitrión de la noche fue el jefe de la oficina de Boeing en Washington: Rudy de Leon.

Roche no tuvo pelos en la lengua para decir que parte del punto era arrojarle algo de dinero a Boeing para que se mantuviera saludable. Lo que ustedes y yo veríamos como “rescate” la gente del Pentágono le llamaba “mantener la base industrial para la defensa”.

Otro ejemplo destacado es el de Darleen Druyun, quien supervisó y dirigió el programa de adquisiciones de armas de la Fuerza Aérea y luego atravesó la puerta giratoria para convertirse en subgerente general del departamento de sistemas de misiles de Boeing.

Las conexiones existentes entre la Casa blanca, el Departamento de Defensa (Pentágono) y las armamentistas son infinitas, y ocupan incontables capítulos de informes e investigaciones (parlamentarias y privadas) que ponen en evidencia la naturaleza capitalista de las operaciones militares de conquista que EEUU -tanto con administraciones republicanas como demócratas- realiza permanentemente por el planeta.

- Quienes son los que lucran con el armamentismo y el “negocio nuclear” (IAR - 5/9/06)

La carrera armamentista (nuclear, convencional y espacial), cuyo presupuesto hoy supera el billón de dólares, tuvo su punto de partida en Hiroshima y Nagasaki. Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki más que por razones militares estratégicas fueron impulsados por los intereses comerciales de las multinacionales del Complejo Militar Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca.

En su último informe Project on Government Oversight (POGO, Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto militar, señaló que, entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40 por ciento de los contratos armamentistas del gobierno federal estadounidense.

Según “Executive Excess 2006” (“Exceso Ejecutivo 2006”), un informe elaborado por el Instituto para los Estudios Políticos, de Washington, los 34 principales directores de estas empresas sumaron una ganancia de casi 1.000 millones de dólares desde los atentados del 11-S que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington.

Este dinero sería suficiente para emplear y brindar asistencia durante más de un año a más de un millón de iraquíes, según el estudio.

De acuerdo con el documento solamente en 2005 los presidentes de las firmas de la industria de defensa cobraron 44 veces más que generales con 20 años de experiencia militar, y 308 veces más que los soldados rasos.

A nivel empresarial -según el informe Project on Government Oversight- los consorcios que se benefician en primer lugar de este multimillonario negocio se cuentan Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics.

Boeing y Lockheed Martin son las tres mejor posicionadas en el campo nuclear-espacial debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales.

Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki en 1945 -así lo demuestran las investigaciones independientes- más que por razones militares estratégicas fueron impulsados por los intereses de las corporaciones del Complejo Militar Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron arrojadas para “evitar más muertes” ni para precipitar la “rendición” del Japón: fueron lanzadas para iniciar la carrera armamentista (y consecuentemente el incremento sideral de la tasa de ganancias de las corporaciones del Complejo Militar Industrial que financiaron el proyecto de bombardeo), y lanzar un alerta amedrentador a la Unión Soviética, la otra potencia con capacidad nuclear.

Boeing, fabricó los bombarderos que transportaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, e integró el “lobby militar” que promovió e impulsó el proyecto compuesto entre otros por, Carnegie, Dupont, Westinghouse, Union Carbide, Tennessee Eastman, y Monsanto.

El genocidio aterrador de Hiroshima y Nagasaki le sirvió a los bancos y corporaciones capitalistas (amparados por el Estado Nacional norteamericano) para instalar la carrera armamentista y la carrera espacial debajo de los acuerdos de “coexistencia pacífica” que mantenía al poder nuclear como efecto “disuasivo”.

El marco nuclear de la “coexistencia pacífica” (además de alimentar el negocio de las corporaciones aeroespaciales) sirvió de cáscara para desarrollar la confrontación por “áreas de influencia” entre EEUU y la URSS durante la Guerra Fría, mediante la cual la “industria de la guerra” (convencional y nuclear) facturó ganancias en armamento cuyo presupuesto mundial hoy supera el billón de dólares.

En términos prácticos, y en números capitalistas, la masacre nuclear de Hiroshima y Nagasaki sirvió a las trasnacionales y bancos para instalar la industria y la financiación del armamentismo (nuclear y convencional) tomado como “efecto disuasivo” para “evitar que sucedan” otras tragedias similares.

La carrera armamentista (nuclear y convencional) alimenta los contratos y las ganancias de los consorcios agrupados en ese monstruo llamado Complejo Militar Industrial norteamericano.

El “negocio nuclear”

Actualmente son nueve los países que tienen arsenales nucleares pero sólo cinco, las grandes potencias del Consejo de Seguridad de la ONU -Estados Unidos, Rusia, Francia, China y Gran Bretaña- tienen “legalizado” ese status.

En un planeta donde predominan los “gobiernos democráticos” y los discursos pacifistas “gandhianos”, entre Rusia y EEUU (cuyas economías dependen en grado superlativo del armamentismo) suman el 95 por ciento del arsenal nuclear mundial, que si estallara no sólo destruiría centenares de veces el planeta Tierra sino que también terminaría con parte del Universo.

China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia, hasta 1998 las únicas potencias nucleares declaradas, firmaron en 1970 el Tratado de No Proliferación, una cáscara formal para legitimar al “club” como una entidad democrática y pacifista.

Las potencias europeas, en calidad de un “club selecto”, protegen sus propias carreras armamentistas y sus arsenales nucleares siguiendo la impronta de la asociación la potencia locomotora estadounidense.

Todos los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tienen en su territorio misiles nucleares estadounidenses votaron a favor de una resolución de la ONU que exige la “reducción de armas nucleares no estratégicas”.

En el selecto club de destrucción nuclear China sigue a Rusia y a EEUU, con 400 ojivas nucleares, Francia con 350, Israel con 200, Gran Bretaña con 185, India con al menos 60 y Pakistán con hasta 48, según el Centro para la Información de Defensa con sede en Washington.

Exceptuando Rusia, EEUU matemáticamente supera por 9 a 1 en poder nuclear a todas las potencias capitalistas juntas del planeta y su capacidad de despliegue de tropas y de armamento convencional, rozan los mismos porcentajes.

EEUU cuenta con 10.000 armas nucleares tácticas, invirtiendo 40.000 millones de dólares al año en su arsenal nuclear y en el desarrollo de nuevos sistemas de destrucción, que van a las arcas de las multinacionales de la guerra nucleadas en el Complejo Militar Industrial norteamericano.

No obstante esa realidad, Bush, puede darse el gusto de decirle a Corea del Norte (supuestamente en posesión de dos cabezas nucleares) y a Irán (sin ninguna ojiva nuclear) que su programa nuclear “pone en peligro a la humanidad”.

Un informe de la Fundación Legal de los Estados Occidentales, organización dedicada al desarme, señala que los gastos en armas nucleares de Estados Unidos aumentaron en un 84 por ciento desde 1995, hasta alcanzar una cifra de 40.000 millones de dólares.

Con ese monto presupuestario se financia el mantenimiento de unos 10.000 misiles nucleares, 2.000 de los cuales se encuentran en estado de máxima alerta.

La meta de los nuevos programas -destaca el informe- es la producción de nuevos prototipos de cabezas nucleares y misiles en la próxima década.

En la actualidad sólo tres grandes consorcios armamentistas obtienen jugosos contratos y ganancias del proyecto espacial de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que son la punta de lanza de una nueva carrera armamentista en el espacio.

Las tres grandes corporaciones armamentistas (Lockheed Martin, Boeing, y Northrop Grumman) tienen conexiones con otras numerosas fuentes de contratación federal para todo, desde seguridad aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en nombre de lo que hoy la Casa Blanca llama GWOT (Global War on Terrorism), guerra global contra el terrorismo.

El consorcio Boeing fabrica el equipo de ataque directo conjunto (JDAM, por sus siglas en inglés), herramienta que puede convertir bombas “estúpidas” en “inteligentes”. El JDAM se utilizó en tan grandes cantidades en las guerras de Irak y Afganistán que la compañía tuvo que activar turnos duplicados de fabricación para cumplir con la demanda de la fuerza aérea.

En la política de desarrollo nuclear de Bush, Lockheed Martin es uno de los que mejor se posicionan en la grilla de negocios.

La corporación cuenta con un contrato por 2.000 millones de dólares anuales para impulsar los Sandia National Laboratories, una instalación de diseño e ingeniería de armas nucleares con sede en Alburquerque. Lockheed Martin trabaja también en sociedad con Bechtel para desarrollar el Nevada Test Site, enclave donde se somete a prueba las armas nucleares mediante explosiones subterráneas.

Estos contratos fueron posibilitados por Everet Beckner, ex ejecutivo de Lockheed Martin, que dirige el complejo de armas nucleares de la National Nuclear Security Administration (dependencia de seguridad nuclear nacional).

Northrop Grumman también juega en grande en el área de buques de combate, pues son de su propiedad los astilleros de Newport News, en Virginia y Pascagoula, en Mississippi.

Los tres consorcios también obtienen fabulosas ganancias del proyecto de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que conforman la base de la nueva carrera armamentista en el espacio.

Boeing y Lockheed Martin son las mejor posicionadas en el campo de un espacio exterior militarizado debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales.

Además, los tres grandes, por medio de su influencia en todas las oficinas de contratación federal, tienen los contratos más jugosos en la llamada “Guerra contra el terrorismo Global” (GWOT) que abarca ventas de sistemas y armamentos de seguridad que cubren todo el territorio de EEUU y sus unidades de desplazamiento en el extranjero.



- Los Señores de la guerra (no están todos los que son, pero son todos los que están)

(Lecturas recomendadas)



Los estrategas de las guerras de Bush

El lobby judío del Pentágono

Un grupo de funcionarios y tecnócratas de la derecha fundamentalista, en cuyas manos está el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana.

(IAR-Noticias) 17En04 Por Manuel Freytas

El lobby judío

Roger Garaudy en “Los Mitos Fundacionales de la Política Israelí” dice que en noviembre de 1976 Nahum Goldmann, presidente del Congreso Judío Mundial, que vino a Washington a ver al Presidente y a sus consejeros Vance y Brzezinski, dio un consejo inesperado a la administración Carter: “Hacer añicos el lobby sionista en los Estados Unidos”.

Goldmann había consagrado su vida al sionismo y había jugado un papel de primer orden en el “lobby” desde la época de Truman; ahora decía que su propia creación, la Conferencia de Presidentes, era una “fuerza destructiva” y un “obstáculo mayor” para la paz en Oriente Medio, agrega Garaudy.

Entre los integrantes más sobresalientes del lobby en el presente (nucleados alrededor de la figura señera de Donald Rumsfeld) sobresale el secretario adjunto de defensa, Paul Wolfowitz, para muchos el verdadero cerebro del Pentágono.

Otros miembros destacados del grupo son Douglas Feith, el número tres en el Pentágono; Lewis “Scooter” Libby, un protegido de Wolfowitz que es jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney; John R. Bolton, un ultraderechista que revista en el Departamento de Estado con la misión de “controlar” a Colin Powell, rival interno del lobby; y Elliott Abrams, a cargo de la política de Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad.

También son integrantes destacados James Woolsey, ex director de la CIA, autor de la operación que intentó vincular a Saddam Hussein con el 11-S y con las cartas con ántrax en EEUU; y Richard Perle, que renunció a su cargo de asesor del departamento de Defensa tras un escándalo empresarial.

Wolfowitz y Feith mantienen vinculaciones directas con el lobby israelí judío-estadounidense que opera tanto en Defensa como en el Complejo Industrial norteamericano.

Wolfowitz opera como contacto de la administración Bush con el Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés).

Feith fue galardonado por la Organización Sionista de EEUU, donde, y a pesar de ser un funcionario estadounidense, es considerado como un “activista pro-Israel” más.

Durante la administración Clinton, sin cargo oficial, Feith preparó un plan estratégico para el Likud israelí en colaboración con Perle, en el cual se “recomendaba” al gobierno de Israel que abandonara el proceso de paz iniciado en Oslo, que recolonizara los territorios y aplastara al gobierno de Yasser Arafat con el poder militar.

Curiosamente la mayoría de estos expertos y tecnócratas que manejan las estructuras estratégicas del Pentágono nunca sirvieron en las fuerzas armadas, y son mirados con recelo y desconfianza por los militares de carrera del Pentágono, en su mayoría republicanos.

Provienen principalmente del lobby sionista de Israel, la derecha cristiana, los think-tanks, las fundaciones y los grandes consorcios mediáticos -diarios y cadenas televisivas y radiales- que integran la logia empresarial contratista del Complejo Militar Industrial.

Una vez que abandonan sus cargos en la administración estadounidense pasan a desempeñarse en los think-tanks (gabinetes estratégicos) como el American Enterprise Institute (AEI), y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), desde los cuales siguen operando ideas y negocios para el lobby desde la función privada.

El dinero para su financiación proviene de las megacorporaciones, petroleras, armamentistas, tecnológicas, financieras, que hacen negocios tanto con el Complejo Militar Industrial como con Wall Street, y también de fundaciones conservadoras al estilo de Bradley y Olin que utilizan las fortunas legadas a tal fin por magnates que ya dejaron este mundo.

Todas estas corporaciones son beneficiarias directas de las operaciones de conquista militar lanzadas por el Pentágono, y, como ya se comprobó en Irak, tras la obra devastadora de los tanques y misiles participan de los gigantescos negocios que les abre la "reconstrucción" de los países arrasados.

El lobby judío opera sobre los cuatro sectores claves del poder estadounidense: Defensa, el Complejo Militar Industrial, Wall Street y los medios de comunicación, vinculados a los consorcios armamentistas, petroleros, financieros y tecnológicos a través de infinitas redes y vasos comunicantes. (Ver: Irak y el capitalismo militar de EEUU). Tal es el caso de los diarios The Washington Post, The New York Times y las principales agencias y cadenas radiales y televisivas de Estados Unidos.

Todo este complejo entramado de intereses capitalistas con los consorcios mediáticos está entrelazado por medio de fusiones, de accionistas y de estructuras societarias anónimas, o por el simple hecho de compartir los mismos directivos y accionistas

El vínculo principal entre los think-tanks del Pentágono y el lobby, es el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washington, que apoya al Likud, y que también emplea a muchos especialistas no-judíos en temas militares que realizan continuos viajes a Israel.

Conducidos por Cheney y Rumsfeld, muchos de ellos participaron de la creación de la OSP (Office of Special Plans), también conocida como la “agencia invisible”, desde la cual se planificó la primera invasión a Iraq del padre de Bush, reinstalada en la Casa Blanca con la llegada de W.

Tras el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono vieron el camino despejado para la nueva guerra de conquista de Irak y la implementación de un proyecto más ambicioso: las guerras preventivas como elemento decisivo de la política militar exterior norteamericana posterior a la Guerra Fría.

Las cruzadas contra el “eje del mal”

Las teorías conspirativas sobre Bin Laden y el “terrorismo amenazante” que sirvieron para justificar la invasión a Afganistán tras el 11-S, y luego la invasión a Irak, fueron elaboradas por el lobby judío en la OSP, en vinculación directa con el equipo conducido por la asesora en Seguridad Nacional de Bush, Condoleezza Rice, que compone junto con Cheney y Powell la primera línea de influencia en la Casa Blanca.

Desde allí el lobby construyó las principales teorías legitimadoras de la nueva invasión a Irak en base a informes falsos como lo fue, por ejemplo, la información provista a Bush sobre las armas químicas de Saddam, y sus presuntas vinculaciones con la organización Al Qaeda de Bin Laden.

Experiencia que le valió el mote de “fabrica de mentiras” con que se conoce a esta oficina invisible del lobby en el Pentágono.

Actualmente el lobby con su jefe, Donald Rumsfeld, incrementó su presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares puntuales contra Siria, básicamente bombardeos “selectivos” como los realizados en Irak antes de la invasión. (Ver: EEUU y una nueva escalada del “objetivo Siria”)

La desmembración de Siria e Iraq en regiones determinadas, en base a criterios étnicos o religiosos, es un objetivo prioritario para Israel, y la primera etapa de este proceso pasa por la destrucción del poderío militar de dichos estados y de los grupos de resistencia islámicos que hoy desestabilizan la ocupación militar de Irak.

El lobby impulsa abiertamente la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar “la amenaza árabe a Israel”, y sostiene que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera Guerra del Golfo.

Su “biblia” funcional se condensa en un documento del año 1996 titulado “Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional”, escrito por el grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí Benjamin Netanyahu.

Este documento abreva en las raíces de la “teoría de los bolos” del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar varios regímenes árabes del Medio Oriente.

La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las organizaciones radicalizadas árabes que combaten a la ocupación militar de EEUU en Irak.

El Estado de Israel

Escribiendo sobre la financiación del Estado de Israel (fuente motriz del lobby judío del Pentágono) James Petras dijo que “los contribuyentes norteamericanos han venido sufragando la maquinaria militar israelí durante 35 años a razón de 3 billones de dólares por año concedidos en concepto de ayuda directa (más de 100 billones en total, y la cuenta sigue).

Aunque los judíos constituyen una minoría en cada uno de esos sectores -continua Petras-, disfrutan de un poder e influencia desproporcionados porque están organizados, son activos y concentran toda su labor en una única cuestión: la política de los Estados Unidos en el Oriente Medio, y, de forma específica, en garantizar el apoyo militar, político y financiero masivo, incondicional e ininterrumpido de los Estados Unidos a Israel.

Judíos pro israelíes se hallan representados de forma desproporcionada en el mundo financiero, político, profesional, académico, inmobiliario, en el sector de los seguros y en los medios de comunicación de masas. Maniobrando desde sus puestos estratégicos en la estructura del poder, son capaces de influir en la política y censurar la circulación de cualquier voz disidente en los medios de comunicación y en el sistema político”, agrega el pensador norteamericano.

El mayor vínculo entre los think-tanks conservadores y el lobby de Israel es el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washington, que apoya al Likud, y que involucra a muchos expertos no-judíos de Defensa, quienes hacen constantes viajes a Israel en carácter de consultivos de los halcones de los gobiernos sionistas como el de Sharon.

Los vínculos mediáticos derechistas

Michael Lind, autor de “Made in Texas: George W Bush and the Southern Takeover of American Politics”, dice que "los intelectuales del lobby cuentan con el apoyo de varios imperios mediáticos derechistas, con raíces -por extraño que parezca- en la Comunidad Británica de Naciones y en Corea del Sur. Rupert Murdoch difunde propaganda a través de su canal Fox Television. Su revista, dirigida por William Kristol, el antiguo jefe de equipo de Dan Quayle (vicepresidente, 1989-93), actúa como portavoz de los intelectuales de Defensa como Perle, Wolfowitz, Feith y Woolsey, así como del gobierno de Sharon.

The National Interest (del que fui editor ejecutivo, 1991-94) -prosigue Lind -es financiada ahora por Conrad Black, propietario del Jerusalem Post y del imperio Hollinger en Gran Bretaña y Canadá. Lo más extraño de todo es la red mediática centrada en el Washington Times -de propiedad del Mesías surcoreano (y ex convicto), el reverendo Sun Myung Moon- que es propietario de la agencia noticiosa UPI. UPI es dirigida ahora por John O'Sullivan, el escritor de discursos de Margaret Thatcher que solía trabajar como editor para Conrad Black en Canadá.

A través de canales semejantes, el estilo sensacionalista del periodismo británico de derecha, así como su sustancia eurofóbica, han contaminado el movimiento conservador de EEUU. Los ángulos neoconservadores del Pentágono fueron unidos en los años 90 por el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), dirigido por Kristol desde las oficinas del Weekly Standard, agrega el autor de “Made in Texas”.

Durante la administración Clinton los tecnócratas del lobby escribieron y publicaron una serie de “cartas abiertas”, a través de las cuales recomendaban a EEUU que invadiera y ocupara Irak y que apoyara las campañas militares de Israel contra los palestinos y sus organizaciones de resistencia.

Operación invasión

Refiriéndose al lobby Heinz Dieterich escribió que durante el gobierno de Bill Clinton, la camarilla presionó al Presidente, para que “removiera al régimen de Sadam Hussein del poder”, si fuese necesario por la fuerza, y que hiciera una política “más aseverativa” en Medio Oriente. En un reporte preelectoral del 2000, revelaron una premonición tan extraordinaria como sospechosa: afirmaron que esos cambios se darían lentamente, salvo que “hubiese un evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbour”.

Clinton no les hizo caso, pero el fraude electoral de Bush los puso en el poder y los atentados del 11 de septiembre les dieron su evento “catastrófico y catalizador”, su “nuevo Pearl Harbour”, con el cual iniciaron lo que suelen llamar entre sí, “La Cuarta Guerra Mundial”.

Después de Afganistán -prosigue Dieterich-, el método de la invasión militar fue utilizado nuevamente en Irak, en marzo del 2003, para poner a Ahmed Chalaby, ex banquero criminal, refugiado en Estados Unidos, en el poder en Irak. En Georgia, de central importancia geoestratégica petrolera en la zona, Washington organizó una insurrección popular en noviembre del 2003 contra el corrupto estalinista Edward Shevanadze, para sustituirlo en enero del 2004 con un triunfo electoral del 86 por ciento, del abogado Mikhail Saakashvili, educado en Estados Unidos.

A estos éxitos, la camarilla agrega los siguientes “triunfos”: la renuncia de Libia a sus proyectos de armas de destrucción masiva y la invitación a las petroleras estadounidenses, en diciembre del 2003, junto con sus negociaciones con Israel para reanudar las relaciones diplomáticas y su oferta de presionar a Irán, para que desista del desarrollo de armas nucleares. La nueva constitución de Afganistán y el compromiso de la OTAN, de priorizar su intervención en el país en el 2004”, concluye Dieterich.

La era Bush

El grupo de funcionarios del lobby se apoderó de la administración Bush hijo por medio del vicepresidente Dick Cheney, una especie de tutor político de W., cuando éste estaba a cargo de la transición presidencial (el período entre la elección en noviembre y el acceso al poder en enero).

Cheney, asesorado en las sombras por su socio y amigo el ex presidente George Bush, padre de W., se valió de esa circunstancia para colocar en la primera línea de administración republicana a los más reputados intelectuales y tecnócratas del lobby judío.

Desde ese espacio clave empezaron a construir las nuevas coordenadas de la política exterior del Imperio y diseñaron la nueva estrategia colonizadora del Estado norteamericano: las guerras preventivas contra el “eje del mal”, plasmadas en el papel por la halcona negra Condoleezza Rice. (Ver: La halcona negra del Imperio)

El jefe de los “blandos”, o las “palomas”, de la Casa Blanca, el Secretario de Estado Colin Powell -otro funcionario de la más íntima confianza de la familia Bush- fue rodeado por la red derechista “dura” de Cheney, integrada en sus primeras líneas por Wolfowitz, Perle, Feith, Bolton y Libby.

Sobre Powell y sus “palomas” descansa la política exterior de la Casa Blanca que los halcones del lobby boicotean permanentemente, acusando al ex general negro de "pro-europeo y claudicante al Consejo de Seguridad de la ONU".

En esa “interna” oscilante, cuyos personajes centrales son Rumsfeld y Powell, se alimenta toda la política exterior de Estados Unidos y sus intervenciones militares por el mundo.

El lobby se aprovechó -se dice que con conocimiento de su padre- de la ignorancia e inexperiencia del fanático cristiano de derecha, George W. Bush.

Carente del brillante curriculum de inteligencia que ostenta su padre, el ex presidente y ex director de la CIA, George W. fue cooptado rápidamente por el lobby de fundamentalistas que abreva tanto en la derecha cristiana del Pentágono como en la derecha judía del Estado de Israel.

Convertido en una especie de “sionista cristiano” W. Bush orienta sus acciones y decisiones a partir de la influencia de tres personajes centrales: Dick Cheney, Condoleezza Rice y Colin Powell.

El lobby y Donald Rumsfeld, que mantiene relaciones de tipo inestable con Bush hijo, es monitoreado y a menudo descalificado por Colin Powell y los militares “profesionales” del Pentágono encabezado por el general Richards Myers.

A este sector se suman ex funcionarios de la administración de Papá Bush, como Baker, Scowcroft y Lawrence Eagleburgeq que el año pasado advirtieron públicamente contra una invasión de Irak sin la autorización del Congreso y de la ONU.

Si bien W. Bush traza su política exterior a partir del departamento de Estado conducido por Powell, el lobby infiltra sus posiciones a través de Condoleezza Rice y del vicepresidente Dick Cheney con conocimiento directo del padre del presidente de Estados Unidos. (Ver: Bush Padre ¿presidente en las sombras de EEUU?)

Durante el conflicto suscitado entre Cuba y algunos países latinoamericanos con EEUU a raíz de declaraciones de los funcionarios anticastristas de la administración Bush, fue Condoleezza Rice y no Powell quien salió a dar la posición oficial mediante declaraciones realizadas en la Casa Blanca.

Y esto tiene una lectura directa: el lobby derechista judío es totalmente funcional a las estrategias de la derecha fundamentalista cristiana de los anticastristas en Latinoamérica.

Ambas líneas se potencian y se retroalimentan en las decisiones de la Casa Blanca para América Latina.

El derrocamiento del presidente Hugo Chávez en Venezuela, el estrechamiento del cerco imperialista contra Cuba, las operaciones militares contra Siria y la preparación de la invasión a Irán, son algunas de las “tareas pendientes” que los tanques de pensamiento del lobby judío tienen encarpetadas y listas para la acción.

Claves económicas de la ocupación

Irak y el capitalismo militar de Estados Unidos

Los bancos, petroleras, gasíferas, y fabricantes de armas llegan "habitualmente" detrás de los tanques y misiles de EEUU.

(IAR-Noticias) 25Dic03 Por Rodrigo Guevara

Guerra y “capitalismo sin fronteras”

Las guerras imperiales de conquista como la que EEUU lanzó contra Irak no se hacen por razones ideológicas sino por necesidades de conquista económica.

Estados Unidos, indiscutible potencia “unipolar” del capitalismo dominante, no es una excepción en la materia. Su abrumadora superioridad tecnológica-científica-militar está (como estuvo el poder militar de otros imperios) al servicio de la expansión económica-planetaria de sus bancos y trasnacionales.

El concepto de “capitalismo transnacional” significa en la era informática, la presencia de un "capitalismo sin fronteras" asentado en dos pilares fundamentales: la especulación financiera informatizada (con asiento territorial en Wall Street) y la tecnología militar-industrial de última generación (cuya expresión máxima de desarrollo se concentra en el Complejo Militar Industrial de EEUU).

El modelo, impulsado en la década del 90 por el llamado Consenso de Washington, respondía a un nuevo proyecto estratégico de desarrollo y acumulación expansiva del capitalismo financiero transnacional, en la era de las comunicaciones digitales. La combinación interactiva de las redes informáticas, el sistema satelital y las telecomunicaciones, posibilitaron la era de los mercados informatizados y sin fronteras.

Así nació la era de la globalización financiera. La industria del dinero especulativo en alta escala. El dinero como productor de dinero. Circulando sin barreras. El dinero como un producto en sí mismo. El dinero informático. Reproduciéndose a velocidades increíbles a través de los continentes.

De esta manera se consumó el proceso de acumulación y concentración capitalista más asombroso de toda la historia. La llamada burbuja financiera o “exuberancia irracional”, con base territorial y operativa en Wall Street.

Como prueba más fehaciente: el índice Dow Jones tardó 100 años en alcanzar los 5.000 puntos. Y en sólo 3 años superó la barrera de los 10.000 puntos, en la década del 90.

En Wall Street, el templo supremo del dinero sin fronteras, se cotizan anualmente títulos, bonos y acciones por 12 billones de dólares. Casi el equivalente a 2 veces el PBI anual de 180 países en vías de desarrollo.

Es dinero volátil. Reproduciéndose y concentrándose a escala planetaria. Pero con un punto de regreso y refugio preciso: la Reserva Federal norteamericana. El capitalismo no tiene fronteras. Pero el dólar, su moneda patrón, sólo atiende en EEUU.

La combinación del superpoder militar de Estados Unidos con el superpoder económico-financiero de Wall Street, dio como resultante el imperio único, cuyo radio de influencia y dominio abarca a 121 países en los cuales Estados Unidos tiene presencia directa o influencia militar en estos momentos.

Siempre existió una relación concreta entre las guerras de EEUU, el petróleo, la venta de armas, y la expansión del poder capitalista global concentrado en Wall Street y en las metrópolis financieras europeas.

Puede decirse, contradiciendo la opinión de algunos analistas, que no existe un capitalismo petrolero-armamentista por un lado, o un capitalismo bancario-financiero por el otro.

Ambos son la cara de una misma moneda. En las guerras como en la “pax” del imperio, las petroleras, el complejo militar-industrial y la catedral financiera de Wall Street funcionan desigual y combinadamente encuadrados en un mismo objetivo: la búsqueda de expansión y acumulación de la ganancia capitalista a escala planetaria.

El complejo entramado de “vasos comunicantes” entre el capitalismo financiero, tecnológico, industrial, de servicios, informático y comunicacional revela un grado increíble de concentración, diversificación, e intereses comunes de las megacorporaciones transnacionales que se dividen el planeta como un gran mercado.

Tanto las “cuatro grandes” contratistas del complejo militar-industria (Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics), como las “cuatro hermanas” (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell y BP) que monopolizan la extracción y comercialización del petróleo a escala mundial, cotizan sus acciones y se capitalizan en la bolsa de Wall Street.

Y como ya sucedió en Yugoslavia, en Afganistán, y ahora está sucediendo en Irak, detrás de los aviones, los tanques, y las “bombas inteligentes” siempre llega un ejército de lobbistas, consultores y representantes de los bancos y grupos de inversión de Wall Street dispuestos a “invertir” en la reconstrucción de las infraestructuras e instalaciones destruidas por los bombardeos.

Detrás de cada guerra, están los fabricantes de armas que extraen su ganancia capitalista del billón de dólares anuales destinados a los presupuestos militares. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan los mercados multimillonarios del petróleo y la energía. Están los megabancos y megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldman Sachs y J.P.Morgan-Chase) que embolsan fabulosas sumas “financiando” las “reconstrucciones” de los países arrasados por los misiles y las bombas inteligentes.

Y también las poderosas trasnacionales industriales como Ford o General Motors, o los megaconsorcios de la electrónica y de la informática como IBM o Microsoft, las líderes de la llamada “nueva economía” y de la tecnología de última generación, que suscriben contratos por miles de millones de dólares con el departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Todo este complejo entramado de intereses capitalistas está entrelazado entre sí por medio de fusiones, de accionistas y de estructuras societarias anónimas, o por el simple hecho de compartir los mismos directivos y accionistas.

Conforman las redes del capitalismo globalizado, cuyas filiales y casas matrices pueden estar en Europa, Asia, o en cualquier continente, pero sus redes operativas centrales tienen su terminales en Wall Street o en el Complejo militar-industrial de EEUU.

Sus directivos y gerentes son a su vez funcionarios del Estado, de la Justicia o del Poder Judicial de la potencia hegemónica, y cuya función en el cargo es la de hacer lobby en favor de los intereses de la red de transnacionales que representan.

La ocupación militar de Irak no es obra exclusiva de un grupo de halcones militaristas mesiánicos encabezados por W. Bush. Ellos apenas representan la parte gerencial-militar de un complejo entramado de intereses económicos y financieros cuyos planes de conquista y expansión nunca se detienen. Las administraciones de turno de Washington sólo representan su cara más brutal y visible por medio de las cual se desvían las reales motivaciones de explotación económica que conllevan las guerras por conquistas territoriales del imperio americano.

Detrás de la invasión y ocupación militar de Irak, están los bancos, petroleras, gasíferas, fabricantes de armas, medios de comunicación, tecnología aeroespacial, informática, laboratorios, biotecnología, industria, construcción, eléctricas, y todo lo que existe en el mundo del capitalismo globalizado y sin fronteras.

Es precisamente la historia que no cuentan los “analistas” y corresponsales de las cadenas internacionales de noticias que relatan la guerra y la ocupación militar como si fuera un partido de fútbol entre “buenos” y “malos”. Y con estructuras mediáticas financiadas por avisos comerciales de las mismas multinacionales que se benefician económicamente con las masacres cíclicas de la maquinaria bélica norteamericana.

El poder “locomotora” del Imperio

Es ingenuo reducir el accionar del imperio angloamericano (potencia regente del capitalismo a escala mundial) a una aventura de halcones-guerreristas-petroleros nucleados en el gabinete de Bush.

Decir que las guerras imperialistas son particularmente “petroleras”, o “armamentistas”, o “financieras”, es reducir la comprensión del fenómeno capitalista como totalidad interactiva.

El capitalismo trasnacional funciona como un proyecto totalizado.

No solamente conquista militarmente y explota recursos naturales y mano de obra de los países dominados. También somete financieramente, maneja y legitima gobiernos títeres funcionales a sus intereses, direcciona y modela conductas sociales mediante la prensa y los periodistas cómplices, y nivela necesidades de consumo iguales a para todo el planeta.

Los Cheney, los Rice, o los Rumsfeld, o el propio W. Bush son simples ejecutores de estrategias militaristas de Estado, cuyos objetivos reales se asientan en las frías matemáticas capitalistas de los altos ejecutivos de las transnacionales y los bancos de inversión de Nueva York o de las metrópolis europeas.

Militarmente EEUU se comporta como lo que es: la potencia regente unipolar, el Estado imperial del capitalismo planetario, el gendarme armado del mundo explotador, cuyo poder científico - económico - tecnológico - militar supera al de todas las potencias juntas de Europa o de Asia.

La abrumadora supremacía militar y tecnológica de EEUU es tan funcional y necesaria al capitalismo explotador, como la policía es necesaria para proteger de sus víctimas al usurero.

Es imposible pensar la explotación del hombre por el hombre realizada por el capitalismo, sin el poder militar-tecnológico-imperial detrás.

Estadísticamente, en el desarrollo histórico de todos los procesos imperialistas de la humanidad, primero estuvo la conquista militar- territorial, luego la conquista y el sometimiento económico, luego la colonización cultural, y hoy, en la era de la informática y las comunicaciones digitales, la colonización mediática, que cierra el círculo de dominación en la cabeza del sometido.

Estados Unidos es el dueño de la moneda patrón del mundo: el dólar (el 80% de las transacciones internacionales se efectúan en esa moneda). Es el propietario de la Reserva Federal, del Complejo militar-industrial más poderoso del planeta, del poder tecnológico-informático mundial situado en Silicon Valley, y del templo financiero de Wall Street (la meca del capitalismo mundial).

Es el dueño real del FMI, de la ONU, de la OTAN y de todas las instituciones multilaterales de crédito. Su PBI anual es igual al de las nueve primeras potencias capitalistas juntas, y equivale a la producción anual de más de 180 países del área subdesarrollada del mundo.

Matemáticamente, su poder representa entre el 50 y el 60% de todo lo que hay en el planeta, y es el propietario del arsenal nuclear y militar más grande del planeta (capaz de destruir decenas de veces la Tierra).

Y por si eso no bastara, es el dueño de Hollywood y de las cadenas televisivas y radiales más poderosas del planeta.

El desarrollo expansivo del capital transnacional (industrial, tecnológico o financiero) está atado al rol y al poder militar-guerrerista del Estado imperial norteamericano.

La expansión en el exterior de las corporaciones multinacionales se apoya en el arsenal nuclear y en la maquinaria militar de la potencia regente.

El Estado imperial locomotora, y los Estados “vagones” de sus socios menores europeos, regulan los mercados, y protegen sus intereses en el mundo dependiente protegidos por la maquinaria militar-guerrerista de los halcones estadounidenses.

La fórmula de la locomotora imperial y de sus socios (inestables) capitalistas de Europa se resume en un axioma: libre mercado y destrucción de los estados nacionales en el mundo dependiente, estado nacional y proteccionismo estratégico hacia adentro de sus fronteras.

Nucleados formalmente dentro de la OTAN, el gran Estado locomotora militar- imperial de USA y sus países socios, protegen las estrategias conquistadoras de sus transnacionales extendidas por toda la geografía dependiente de Asia, África y América latina.

Un informe del Financial Times de mayo de 2002, analiza que casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los EEUU y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses.

En síntesis, casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca, y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas. África y América Latina no figuran en la lista.

Cinco de los 10 principales bancos, seis de las 10 principales compañías farmacéuticas y/o biotecnológicas, cuatro de las 10 principales compañías de telecomunicaciones, siete de las 10 principales compañías de tecnologías de la información, cuatro de las 10 principales compañías de petróleo y gas, nueve de las 10 principales compañías de software, cuatro de las 10 principales compañías de seguros y nueve de las 10 principales compañías de comercio minorista, son estadounidenses.

La concentración de poder económico de los EEUU es aún más evidente en el círculo de las mayores compañías, donde los Estados Unidos tienen una abrumadora presencia y dominio.

Entre las 10 principales transnacionales del mundo: 90% son propiedad estadounidense; de las principales 25, 72% son propiedad estadounidense; de las principales 50, 70% son estadounidenses y de las principales 100, 57% son propiedad estadounidense.

Los flujos de los sectores financiero, farmacéutico, de software y de seguros están formados por las diez principales compañías estadounidenses y europeas.

Los mercados mundiales están divididos entre las principales 238 compañías y bancos de los EEUU y las 153 de la Unión Europea, y el 80% de las principales corporaciones de petróleo y de gas son propiedades estadounidenses o europeas.

La concentración del poder económico mundial en las corporaciones y bancos norteamericanos, y en menor medida, en los de la Unión Europea, revela claramente la condición de “socios principales” de los países europeos en las estrategias económico-militares de EEUU por todo el planeta.

Claves económicas de la conquista de Irak

Ninguna administración de Washington inicia una guerra, sin el aval o el consentimiento del poder real del capitalismo norteamericano con asiento en Nueva York.

La maquinaria política y administrativa del Estado imperial norteamericano está en función de las necesidades expansivas de sus bancos y trasnacionales. Los propios funcionarios, integrantes del Gabinete o legisladores son empleados o altos directivos del poder económico.

Como ya se dijo más arriba, el capitalismo petrolero o armamentista del Pentágono, es parte integral y funcional del capitalismo financiero con sede en Wall Street y en las metrópolis europeas.

Bush y sus halcones militaristas, como lo fueron Clinton y su troupe bancaria, son operadores circunstanciales de las necesidades estratégicas de un capitalismo que, más allá de sus competencias internas entre “halcones” y “moderados”, funciona en una interacción económica - militar totalizada.

Clinton, Rubin, y el Consenso de Washington lanzaron la “burbuja financiera” de libre mercado y capitalismo sin fronteras, pero también lanzaron la invasión militar a Yugoslavia con el objetivo de expandir el capitalismo hacia los ex países comunistas de Europa del Este.

Bush y sus halcones petroleros representan una extensión, por otras vías, de ese capitalismo transnacional que hoy ejercita una política expansiva de doble vía por todo el planeta.

Por un lado articulan sus estrategias capitalistas con gobiernos títeres y democracias formales con las que legitiman sus negocios; por el otro, el Estado militar-imperial y la CIA desestabilizan gobiernos rebeldes o invaden países al más puro estilo de los imperios militares más descarnados, como lo están haciendo en Irak.

En los 90 la especulación financiera obró como la fuerza motriz principal de la ganancia capitalista, sobre todo en Asia y Latinoamérica.

Hoy la conquista militar se dirige a los centros estratégicos del petróleo y la energía, vitales para la supervivencia de la sociedad de consumo norteamericana y del occidente capitalista.

Estos nuevos polos de expansión y desarrollo capitalista son claves para la superación del declive de la “burbuja” especulativa del capitalismo financiero de los 90.

Las “cuatro hermanas” del petróleo, o las cuatro contratistas mayores del Complejo Militar Industrial norteamericano, son hermanas siamesas de los bancos y grupos de inversión sintetizados en el Citigroup o el Morgan-Chase.

El poder económico, la base del Estado militar-imperial norteamericano, se concreta en cifras estadísticas, en números, en los dos billones de dólares del presupuesto de los Estados Unidos. Billones de dólares aspirados principalmente por la explotación financiera y la monumental transferencia de recursos desde los países dependientes.

Este proceso fue potenciado por el desmantelamiento de los Estados nacionales y de sus legislaciones protectoras, realizado por el modelo de “libre mercado” con apertura irrestricta de sus economías, que dejaron a los Estados dependientes (Argentina como el caso más extremo) sin el manejo de sus recursos y en manos de la voracidad del capital financiero.

Hoy la dinámica capitalista, con economías, tanto centrales como dependientes, en crisis y en recesión, orienta nuevamente su reactivación hacia el petróleo y el desarrollo de la tecnología y la industria armamentista.

Desde la última Guerra Mundial, el gasto militar ha sido el instrumento privilegiado de la reactivación del Estado imperial y de sus asociados.

El Complejo militar-industrial con sus megaproyectos financiados por el capitalismo de Wall Street, fue el motor principal de la reactivación económica estadounidense.

La recuperación norteamericana de 1982-90 se sostuvo en un incremento del 50% de los gastos bélicos, que a su vez determinaron un salto de la deuda pública de EEUU, del 27% del PBI en 1980 al 63% en 1993.

En ese lapso, EEUU llegó a invertir el 66% de su presupuesto de investigación en el área militar, contra el 19% de Alemania y el 9% de Japón.

Con la invasión y la ocupación de Irak nuevamente la reactivación económica del imperio apuesta a la economía bélica y a un avance de sus trasnacionales industriales y financieras montadas en la invasión militar.

En este proyecto estratégico, la conquista de Irak no está pensada solamente en función del petróleo y de las armas.

La posesión del petróleo iraquí obrará como fuente de inversión de un nuevo proceso de acumulación a través de la "reconstrucción" y la "modernización" del país después de la destrucción militar.

Infraestructura, carreteras, electrificación, construcción, entre otras, conforman los sustentos básicos de gigantescos proyectos de inversión provenientes de los megagrupos y megabancos de Wall Street y de Europa.

Como dicen algunos patricios del capitalismo neoyorquino en la intimidad: “vamos a construir un nuevo Iraq con el petróleo iraquí”.

Con Irán y su petróleo perdieron a fines de los 70 a su principal bastión de acumulación capitalista en la región. Veinte años después, se apoderaron de Irak para desarrollar una nueva plataforma económica de expansión y cerrar su control militar estratégico sobre el Medio Oriente y el Golfo Pérsico.

Después, si antes no les estalla el mundo en las manos, apuntarán a la recaptura de Irán y su petróleo, y desde allí intentarán reedificar un nuevo megaproyecto de acumulación capitalista similar al pensado para Irak.

Con la ocupación militar de Irak, Irán quedó geopolíticamente aislado y militarmente rodeado por la maquinaria militar y las bases de EEUU instaladas en su frontera.

La futura invasión militar a Irán ya está escrita y planificada por los estrategas del Pentágono, y figura como prioridad en la agenda de Bush y sus halcones.

Pero esa nueva escalada guerrerista-expansiva está sujeta a dos factores principales: la evolución de la resistencia iraquí y la relación con sus aliados “inestables” de la ONU, principalmente con Francia, China y Rusia.

Guerra contraterrorista”

EEUU y una nueva escalada del “objetivo Siria”

Nueva ofensiva de la derecha israelí y los halcones para incluir a Siria en la guerra “contraterrorista” de Bush.

(IAR-Noticias) 16En04

El Pentágono y su jefe, Donald Rumsfeld, incrementaron su presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares puntuales contra Siria, según lo informado por el servicio de prensa para Oriente Próximo “Al Bawaba”, con sede en Londres.

Diversos medios del mundo árabe difundieron y se hicieron eco de la información que pone nuevamente a Siria en la mira de los halcones norteamericanos.

El informe se basa en un reciente memorándum del Pentágono dirigido al Consejo Nacional de Seguridad (NSC) en el que se insiste en los contactos entre el Gobierno de Damasco y los grupos “terroristas” chiítas que operan en Irak.

En el documento se asegura que los “terroristas”, entre los que incluye a los miembros del movimiento Hezbolá, “siguen cruzando la frontera desde Siria a Irak” para contactar con los grupos chiítas que luchan contra las fuerzas de ocupación de EEUU.

Finalmente el documento solicita a Bush el lanzamiento de ataques aéreos punitivos e incursiones de fuerzas especiales en territorio sirio

Los altos jefes de Defensa, según las mismas fuentes, están interesados en que la intervención militar contra el país árabe se base en acciones concretas, pero no en un ataque masivo similar al lanzado sobre Irak.

Según la CIA, el Mosad israelí y el servicio de inteligencia británico, allí se encuentra el cuartel general estratégico de todos esos grupos a los que ya se supone están actuando en todas las ciudades iraquíes.

Las fuentes difusoras de la información señalan que la nueva iniciativa de los halcones contra Siria es rechazada por el jefe del Estado Mayor conjunto, general Richard Meyers, y por el Secretario de Estado Colin Powell, quien mantiene disputas internas con el jefe del Pentágono.

El “objetivo Siria”

La identificación de Siria como un país “terrorista” no es nueva.

A solo una semana de la ocupación militar de Irak EEUU lanzó un escalada amenazante contra Siria por medio de Rumsfeld y los halcones, que generó una crisis entre el ala “negociadora” del gabinete, encarnada en Powell, y los “duros” que se nuclean alrededor del secretario de Defensa.

Después que sus tanques ingresaron a Bagdad el presidente norteamericano intensificó su presión sobre Siria para que se abstenga de ayudar a integrantes del régimen iraquí de Saddam Hussein.

Bush le advirtió entonces que “coopere con la Casa Blanca”, quien había acusado al gobierno sirio de apoyar a grupos extremistas y de tener armas químicas.

Colin Powell y el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld (olvidando sus rencillas internas) exigieron la cooperación de Siria con las gestiones de su gobierno para capturar y castigar a funcionarios de alto rango del gobierno de Saddam.

Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, se refirió a la cuestión diciendo que estas acusaciones adquieren sustento dentro de un contexto histórico de diversos informes elaborados por la inteligencia norteamericana.

Rumsfeld y Fleischer mencionaron un informe de la CIA, cuya conclusión decía que Siria “ya está en posesión de gas neurotóxico, pero que "ahora está tratando de elaborar agentes neurotóxicos más tóxicos y persistentes”.

La consejera para Seguridad Nacional del presidente Bush, Condoleezza Rice, aseguró que “todas las opciones están abiertas”, respondiendo a un periodista que le consultó si la vía militar era posible también con Siria.

El secretario de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, en sintonía con los halcones, dijo que Siria debe demostrar a su país, a Estados Unidos y al resto de la comunidad internacional que ha cortado sus lazos con el ex régimen de Saddam Hussein.

La escalada verbal contra Siria tomó un nuevo giro cuando la Casa Blanca, por boca del secretario de Estado, Colin Powell salió a bajar el tono de las acusaciones y dijo que “ahora mismo no hay planes de ir a atacar a alguien más, ni con el objetivo de derrocar a sus líderes ni con el objetivo de imponer valores democráticos”.

Las aclaraciones de Powell negando que hubiera una eventual nueva guerra contra Siria, se conocieron el mismo día en que un informe del diario británico The Guardian que, citando fuentes de los servicios de Inteligencia estadounidenses, afirmó que fue la Casa Blanca la que frenó los planes militares contra ese país que estaba desarrollando el Pentágono.

La creciente presión internacional en contra que generaron las amenazas motivó que la Casa Blanca, escuchando el consejo de los “moderados”, saliera a “enfriar” la situación de tensión desatada con Siria.

La “teoría de los bolos”

La nueva puesta en marcha del “objetivo Siria” se produce en un contexto marcado por el accionar de la resistencia iraquí (el Pentágono reconoció la muerte de 500 soldados desde la ocupación de Irak) y la campaña electoral por la reelección de Bush, cuya imagen en las encuestas decae con cada soldado norteamericano que muere.

Hace dos días Edward Kennedy acusó al presidente Bush de valerse de la guerra de Irak para tratar de conseguir su reelección, haciendo público lo que piensa todo el arco demócrata y una gran porción de la opinión pública norteamericana.

En ese sentido parece orientarse la actual ofensiva del Pentágono contra Siria, acusada de dar refugio a los combatientes contra EEUU en Irak por parte de los halcones.

Fuentes políticas del gobierno Sirio hablan de una nueva conspiración del lobby judío norteamericano y la derecha israelí en el Pentágono (similar a la lanzada en abril pasado) orientada a crear un efecto dominó de la caída de Irak sobre el resto de las naciones árabes del Medio Oriente.

Se refieren concretamente al grupo de funcionarios de Defensa y de la Casa Blanca liderados por Donald Rumsfeld, y que integran entre otros el vicepresidente Cheney, la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice; el segundo de Rumsfeld, Paúl Wolfowitz; el Secretario Adjunto de Estado para Control de Armas John Bolton; y Douglas Feith, que es actualmente el tercer funcionario en importancia del Pentágono.

Según un artículo publicado en The Nation, por Jason Vest en septiembre de 2002 este grupo, de creciente influencia en el Estado norteamericano, forma parte del Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA por sus siglas en inglés) y el Centro de Política de Seguridad (CSP).

De acuerdo al informe de Vest, “docenas de sus miembros han ascendido a puestos poderosos en el gobierno”, en la actual administración de EEUU, donde, “diligentes y persistentes, han logrado combinar una serie de temas -apoyo a la defensa nacional de misiles, oposición a los tratados de control de armas, defensa de costosos sistemas de armas, ayuda con armas a Turquía y en general el unilateralismo estadounidense- en una línea dura, con el apoyo de la derecha israelí que se encuentra en su centro”.

Para este grupo, según el columnista, “la guerra total, y el cambio de régimen que es necesario en todo caso en Irak, Irán, Siria, Arabia Saudí y la Autoridad Palestina, es un imperativo urgente”.

Este lobby defiende abiertamente la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar “la amenaza árabe a Israel”. Y sostiene que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera Guerra del Golfo.

Brian Whitaker, columnista de The Guardian, publicó un documento del año 1996 con el título “Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional”, escrito por el grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí Benjamin Netanyahu.

Whitaker ubica en este documento las raíces de la “teoría de los bolos” del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar varios regímenes árabes del Medio Oriente.

La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las organizaciones extremistas árabes que combaten a la ocupación militar de EEUU en Irak.

La consejera favorita de Bush

Condoleezza Rice: la halcona negra del Imperio

Goza de su íntima confianza y tiene acceso directo al presidente de EEUU durante las 24 horas. Perfil biográfico de la nueva secretaria del Departamento de Estado, la mujer con mayor poder en el planeta.

(IAR-Noticias) 17Nov04 Por Manuel Freytas

Condoleezza y la “interna” de La Casa Blanca

Rummy, o sea Donald Rumsfeld, el halcón mayor, odia a los negros. Primero porque son negros. Segundo porque son negros. Donde hay un negro “puede haber un comunista”, suele decir.

Los comunistas (que se extinguieron con la guerra fría) siempre terminan abrazados con los negros y los terroristas, según el decálogo racista del secretario de Defensa.

El secretario de Estado Colin Powell es negro. Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, nominada como nueva secretaria del Departamento de Estado, es negra. Pero hay una diferencia: Powell es un negro paloma. Y Condoleezza, es una halcona negra que se come a las palomas de cualquier color.

Por lo tanto, los halcones imperialistas blancos del Pentágono, cuyo jefe es Rumsfeld, aman a Condoleezza con el mismo fervor que odian a Powell.

Colin Powell y Condoleezza Rice, ambos negros, no son precisamente dos vidas paralelas en el entorno íntimo de la Casa Blanca manejada por W. Bush.

Papá Bush, el verdadero jefe del clan petrolero en el poder, nunca confundió la misión de cada uno: Powell está para el papelerío burocrático de la ONU, Condoleezza está para trazar doctrinas y líneas estratégicas que siempre terminan en las invasiones a los países “bárbaros” productores de petróleo.

La poderosa asesora en Seguridad Nacional, hoy nominada para conducir la política exterior norteamericana, junto al vicepresidente Dick Cheney y al secretario de Estado Colin Powell conforman el núcleo más importante del “equipo estratégico” del gabinete presidencial de George W. Bush.

Todos estos personajes responden incondicionalmente al liderazgo político e intelectual de Papá Bush, quién luego de perder su reelección los colocó al lado de su hijo W. con la intención de orientarlo hacia la presidencia de EEUU.

Condoleezza (o “Condi” como la llaman en la Casa blanca) cosecha la admiración intelectual de los Bush (padre e hijo) y ejerce una influencia más que notable en el círculo íntimo presidencial.

A instancias de su padre, el presidente Bush la nombró, en octubre pasado, al frente de una comisión clave a cuyo cargo se encuentra la supervisión de todas las tareas de "reconstrucción" de Irak y Afganistán, incluidas las operaciones militares.

Según reveló el diario The New York Times, la creación del Grupo de Estabilización de Irak en la Casa Blanca se formalizó a través de un comunicado enviado a tres despachos: el del secretario de Estado, Colin Powell; el del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y el del director de la CIA, George Tenet.

Los tres destinatarios perdieron poder, y la designación detonó una “interna” entre Rumsfeld, Tenet y Condoleezza cuyo pico máximo se desarrolló durante la captura de Saddam cuando la CIA y el Pentágono se hicieron cargo de su custodia obstruyendo la labor del equipo de la asesora de Seguridad Nacional.

Dicen que en todas estas conflagraciones Papá Bush -líder histórico indiscutido del grupo de los halcones- oficia de “moderador” y que finalmente todos hacen formalmente las paces en reuniones familiares del clan presididas por el ex presidente, ex director de la CIA, y armador de la estrategia conocida como el Irangate en la década del 80.

Condoleezza Rice y Colin Powell, las dos personas de “máxima confianza” de la familia Bush, no son precisamente dos vidas paralelas en el entorno imperial de la Casa Blanca.

A la hora de tomar decisiones el presidente George W. Bush tiene que optar entre dos posturas excluyentes: la línea de los halcones encabezada por Rumsfeld, y representada como nadie por la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, y el grupo de las palomas del Secretario de Estado Colin Powell.

En el entorno de Bush, son pocos y se conocen todos. Está perfectamente delimitado el territorio de operaciones y los lobbys que cada uno hace en defensa de los intereses económicos que representa.

Y hay dos líneas matrices: Rumsfeld y Condoleezza representan el lobby de las petroleras y la industria armamentista, en tanto que Powell y sus palomas juegan principalmente para el capitalismo financiero concentrado en Wall Street.

Para decirlo de otra manera, el lobby de los halcones representa en mayor grado los "intereses nacionales" del Estado imperial norteamericano, de donde extraen su principal fuente de negocios a través del Complejo Militar Industrial.

En cambio los monstruos financieros de Wall Street, los megaconsorcios como el Morgan o el Citigroup, financian tanto los proyectos locales como los emprendimientos de consorcios europeos, asiáticos, o de cualquier punto del planeta.

En Wall Street prefieren a Powell, un general negro de cinco estrellas devenido en diplomático de carrera, y cuya misión esencial es la de negociar en la ONU los arreglos políticos y diplomáticos con el capitalismo europeo, principalmente en lo atinente a Irak.

En cambio Rumsfeld y Condoleezza, el ala “militarista” de la Casa Blanca, no comulgan mucho con la diplomacia. “Sólo están para tirar misiles y arruinar negocios”, suelen decir de ellos los capitostes del capitalismo financiero con sede en Nueva York.

Los halcones racistas, por su lado, lo viven a Powell como una “oveja negra” de la familia que tienen que soportar en nombre de la “democracia participativa” del grupo de guerreros encabezado por papá Bush.

Para Condoleezza y los halcones, Powell es una paloma que viste uniforme militar, a quien no le perdonan su pasado de demócrata converso.

En 1989, el hoy vicepresidente Dick Cheney postuló a Colin para presidir la junta de jefes de estado mayor, la jefatura operativa máxima del poder militar de Estados Unidos. Los halcones nunca terminaron de lamentar esta decisión. Powell era entonces demócrata, pero le fue leal a Reagan por conveniencia.

En los extramuros del Pentágono desprecian a Powell por su “blandura” y su permanente coqueteo con los europeos que pusieron piedras a la invasión militar de Irak, y ahora “vienen a reclamar la tajada del pastel”, dicen refiriéndose a los contratos de Irak reclamados principalmente por Rusia, Francia y Alemania. .

En cambio los halcones admiran y temen a Condoleezza Rice por su inteligencia y su falta de escrúpulos a la hora de tomar decisiones militares.

Para los racistas del Pentágono Condi es una diosa blanca metida en la piel de una negra. Sobre ella Rumsfeld suele decir: “Condi... Condi..., esa sí que es una chica de acción”.

La halcona negra

La asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos posee una sólida formación universitaria, y es dueña de un extenso currículum donde se destaca por su especialización en asuntos rusos y de control de armas.

Siempre apoyó el proyecto de un escudo defensivo contra misiles balísticos impulsado por Rumsfeld y sostiene que Estados Unidos debería examinar a fondo su marco doctrinario estratégico cuyos principios se remontan a la Guerra Fría.

Condoleezza Rice, de 49 años, fue la arquitecta principal de la nueva Doctrina de Seguridad Nacional presentada por Bush al Congreso estadounidense el año pasado.

En ese nuevo marco doctrinario se establece que Estados Unidos abandona la estrategia de la disuasión militar (sostenida durante toda la Guerra fría) y pasa a la guerra preventiva contra los enemigos de la gran nación norteamericana.

La “chica negra” de los halcones supo plasmar como nadie las ideas del grupo sobre cómo terminar con los bárbaros enclavados en el “eje del mal”. Saddam fue el primero en probar la medicina y, aunque “empantanados” en Irak, la agenda imperial de los halcones -cuya cabeza estratégica es Condoleezza- ya tiene otros países en la mira.

Condi posee un bachillerato universitario y doctorado en ciencias políticas en la Universidad de Denver; licenciatura en la Universidad Notre Dame, y en su legajo figura como catedrática y administradora en la Universidad de Stanford, y becaria del Instituto Hoover.

Ha escrito o colaborado en varios libros, incluyendo “Alemania Unificada y Europa Transformada” (1995), “La Era de Gorbachov” (1986), y “Lealtad Incierta: La Unión Soviética y el Ejército Checoslovaco” (1984). A su llegada a Washington en 1986, trabajó en planificación estratégica nuclear en el Estado Mayor Conjunto como parte de una beca del Consejo de Relaciones Extranjeras.

Antes de su paso por la administración de W. Bush fue miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional, 1989-1991, directora y luego directora principal de Asuntos Soviéticos y de Europa Oriental; posteriormente fue nombrada ayudante especial del asesor de Asuntos de Seguridad Nacional.

Para sus admiradores del Pentágono, deslumbrados por la capacidad intelectual de la halcona negra, Condi es algo así como una especie de “Kissinger con polleras”.

Condoleezza, quien integró junto a Cheney y Powell el equipo de campaña de W. Bush en el 2000, fue reclutada para las filas republicanas en 1984, durante una cena en Washington con Brent Scowcroft, quien luego sería consejero de Seguridad Nacional durante el gobierno de Bush padre.

Tras un fugaz romance con la luminaria negra (se dice que Condi es lesbiana pero que practica relaciones con hombres) Scowcroft la introdujo en el ambiente social de la política de Washington. En 1989, Rice se incorporó al CSN como encargada de los asuntos soviéticos.

Rice mantiene un férrea amistad (muchos dicen que hubo algo más) con George Shultz, quien fuera poderoso secretario del Tesoro y luego secretario de Estado en la era de Reagan.

Precisamente fue Shultz quien la contactó con papá Bush quien la ubicó como jefa del equipo exterior del entonces candidato presidencial, su hijo pródigo W.

Condi se caracteriza por un carácter firme, una preparación intelectual sólida, y por el bajo perfil que cultiva en su relación privilegiada con el despacho presidencial.

Es dueña de un estilo claro y sencillo para exponer sus ideas, y siempre comienza sus conferencias con la misma frase: “¿Cuáles son los intereses de Estados Unidos?”

Condi se reúne con el presidente todos los días, y comparte largas jornadas de trabajos a solas con él.

Por el lado de los que sirven el café en la Casa Blanca, se comenta que esas sesiones suelen prolongarse más de la cuenta.

No faltan los suspicaces que se preguntan: ¿De qué puede hablar tan extensamente la genial Condoleezza con W.?

Algunos se responden diciendo que ambos dan rienda suelta a su pasión compartida por el fútbol americano, elaborando largos comentarios sobre los resultados.

Para Condoleezza Rice, según sus biógrafos, el mundo es un campo de batalla marcado estrictamente por la teoría de la selectividad de las especies.

Es una guerrera nata, dotada de capacidades estratégicas que asombran a sus interlocutores. Siempre dice que ella no fue marcada por el racismo que padeció durante su niñez. Sin embargo, los que la subestimaron o intentaron minimizarla ante el poder, conocen de su persistencia casi obsesiva por el revanchismo.

Cuanto la agreden, como buena halcona, muestra las garras y ataca con lo que tiene: el poder.

Condi se desempeñó en el CSN durante los años de la crisis terminal de la Unión Soviética.

Su fervor anticomunista, no le impidió tomar como suyo un precepto táctico de Stalin: “se va a la derecha aislando a la izquierda, luego a la inversa, para después regresar a la derecha sin tener enemigos al frente”.

En Washington, los rumores de pasillo indicaban que durante el desarrollo de las operaciones terrestres para la toma de Bagdad, Condoleezza Rice seguía atentamente la cobertura informativa de la CNN en español.

Los halcones habían evaluado las asimetrías existentes entre la información de la CNN en inglés y su filial en español.

Los comentarios de algunos presentadores y corresponsales denotaban una actitud crítica respecto de las tropas invasoras, y dedicaban abundante cobertura de imágenes de las marchas pacifistas. Una actitud informativa que difería notablemente de la versión en inglés.

Entre los días 28 y 29 de marzo, la CNN en español dedicó largas horas a informar sobre los rumores que anunciaban una detención de la campaña de invasión militar.

Se hablaba del “fracaso” de la estrategia de Rumsfeld, y del “malestar” existente entre los altos mandos militares del Pentágono.

De acuerdo a las versiones que corrían en Washington, los halcones investigaron las fuentes de esos rumores, y llegaron a la conclusión que las mismas partían de sectores ligados al actual jefe del Estado Mayor General, Richard Myers, quien mantiene viejos roces con Rumsfeld y los arquitectos de la estrategia militar de invasión.

Myers, y otros oficiales de su entorno, fueron relegados por el secretario de Defensa en la confección de esos planes.

Furiosa, con los informes de inteligencia en la mano, Condoleezza le habría puesto al tanto a Bush de la supuesta maniobra.

Veinticuatro horas después, en una reunión cerrada entre Bush, Condoleezza y Rumsfeld, se habría formalizado la decisión de incrementar el potencial ofensivo de las tropas de la Tercera División de Infantería que avanzaban hacia la toma de Bagdad.

Tres días después esas fuerzas tomaron la capital iraquí.



Informe especial

Bush padre ¿presidente en las sombras de EEUU?

Siempre se dijo que el presidente W. Bush es el hijo “bobo” de George, y que el ex presidente controla todas sus decisiones a través del entorno familiar.

(IAR-Noticias) 04En04 Por Manuel Freytas

La prensa, los periodistas, y el “mundo del poder” se habían olvidado de él hasta que, en el primer día del año, apareció con su hijo W. cazando codornices en una zona polvorienta y desolada del sur de Texas.

George Bush (o “Papá Bush” como lo llaman familiarmente) acompañó a su hijo por el sur tejano, en una típica jornada de campaña electoral en la cual W. saludó familiarmente a los lugareños diciendo en un chapuceado español “¿Cómo estás?”.

En una clásica pose para la prensa W. cargó en sus brazos a una beba -Liana Flores, de nueve meses- y la besó en las mejillas antes de dirigirse a la finca privada El Tule para cazar con su padre, el ex presidente George Bush, y algunos amigos “no identificados”.

El viaje para cazar codornices seguramente sirvió de excusa a los Bush para liberarse por un rato del entorno familiar y distenderse con una de sus clásicas charlas de “estrategia”.

El presidente y su padre, desde el comienzo de sus vacaciones, permanecieron recluidos con su familia y amigos en su finca de Crawford, situada en la parte media de Texas.

Entre esos amigos se encontraba el ex secretario de Estado James Baker, hombre de confianza de la familia Bush, quien acababa de regresar de Asia, donde obtuvo promesas de China y Japón para ayudar a “reducir la deuda iraquí” de más de 100.000 millones de dólares.

A instancias de su padre W. Bush nombró a Baker -un reconocido lobbista de Wall Street especializado en “reestructuración de deudas externas”- como embajador especial para la deuda iraquí con el objetivo de negociar con los acreedores a cambio de una mayor participación en el botín de guerra.

Baker, junto a la poderosa asesora en Seguridad Condoleezza Rice, el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Estado Colin Powell conforman el núcleo más importante del “equipo estratégico” de campaña de W. Bush, quien aspira a ser reelegido en noviembre.

Todos estos personajes responden incondicionalmente al liderazgo político e intelectual de Papá Bush, quién luego de perder su reelección los colocó al lado de su hijo W. con la intención de orientarlo hacia la presidencia de EEUU.

Para los especialistas la presencia de Baker en Irak “cierra” la llave de control que ejerce Papá Bush -a través de su hijo- sobre los resortes claves de decisión económica, política y militar de ese país ocupado.

A instancias de su padre el presidente Bush nombró, en octubre pasado, a Condoleezza Rice al frente de una comisión clave a cuyo cargo se encuentra la supervisión de todas las tareas de “reconstrucción” de Irak y Afganistán, incluidas las operaciones militares.

Según reveló el diario The New York Times, la creación del Grupo de Estabilización de Irak en la Casa Blanca se formalizó a través de un comunicado enviado a tres despachos: los del secretario de Estado, Colin Powell; del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y del director de la CIA, George Tenet.

Los tres destinatarios perdieron poder, y la designación detonó una “interna” entre Rumsfeld, Tenet y Condoleezza cuyo pico máximo se desarrolló durante la captura de Saddam cuando la CIA y el Pentágono se hicieron cargo de su custodia obstruyendo la labor del equipo de la asesora de Seguridad Nacional.

Dicen que en todas estas conflagraciones Papá Bush -líder histórico indiscutido del grupo de los halcones- oficia de “moderador” y que finalmente todos hacen formalmente las paces en reuniones familiares del clan presididas por el ex presidente, ex director de la CIA, y armador de la estrategia conocida como el Irangate en la década del 80.

El Clan Bush

Nadie duda en Washington que el “exitoso” W. Bush es la obra maestra de su padre. En los extramuros del poder norteamericano siempre se dijo que Papá Bush planificó la presidencia de su hijo como si fuera una operación de la CIA, de la que fue su director durante el gobierno de Gerald Ford.

Siempre se comentó que W. Bush es el hijo “bobo” de George. Y hay quienes aseguran que el vicepresidente Cheney es una especie de “tutor político” de W. puesto por su padre. Y que Papá Bush, a través de su hijo “bobo”, sigue ejerciendo funciones de "presidente en las sombras" de los Estados Unidos.

Acostumbrado al diseño de prolijas operaciones de inteligencia, cuyo pináculo fue el Irangate durante la administración Reagan, el ex presidente no se acogió a la jubilación como otros ex mandatarios estadounidenses.

Con sus 79 años cumplidos el 12 de junio pasado, no dejó de intervenir en ningún momento en la construcción de la carrera política de sus dos hijos: Jeb Bush, gobernador de la Florida, y George W. Bush, ex gobernador de Texas por dos períodos y actual presidente de los Estados Unidos.

Papá Bush, y su influyente esposa, Bárbara Bush, manejan un clan familiar que sucede en el tiempo a otro clan célebre del poder estadounidense: la familia Kennedy.

Con ciertas diferencias destacables: los Kennedy eran demócratas, y los Bush son republicanos conservadores de cuño militarista. Los Kennedy lidiaron con el imperio soviético durante la Guerra Fría, y los Bush son los encargados de terminar con el reinado bíblico del “eje del mal”.

El currículum de Papá

George Herbert Walker Bush, nació el 12 de junio de 1924 en Milton, Massachusetts. Los Bush eran una familia aristocrática de Massachusetts, en la tradición de los wasp (blancos, anglosajones y protestantes), que habían acrecentado su patrimonio con negocios exitosos en Wall Street.

El fundador de la familia, Prescott Bush, cultivó también el hábito de combinar negocios y política y sirvió como senador del Partido Republicano (RP) por Connecticut.

De esta manera, George, a pesar de su afincamiento con el petróleo texano, es un auténtico descendiente de los padres fundadores del patriciado del dinero de Wall Street.

A los 18 años Bush padre se alistó en las fuerzas armadas. Recibió su diploma como el piloto más joven de la Marina, y voló en 58 misiones de combate durante la Segunda Guerra Mundial.

Derribado en una oportunidad, fue condecorado con la Cruz Distinguida de Vuelo por su valentía en acción. En la Universidad de Yale, donde cursó estudios, fue capitán del equipo del béisbol y miembro de la fraternidad Phi Beta Kappa.

Luego de graduarse, Bush emprendió una exitosa carrera empresarial en la industria del petróleo de Texas.

En enero de 1945, a los 21 años, se casó con Bárbara Pierce. Tuvieron seis hijos, George W., Robin (quien murió cuando niño), John (conocido como Jeb), Neil, Marvin, y Dorothy.

Como lo fue su padre, George fue elegido senador por Connecticut en 1952. Luego vino un ciclo de cargos del más alto nivel en Washington. Embajador en las Naciones Unidas, Presidente del Comité Nacional Republicano, Jefe de la Oficina de Asuntos de los EEUU en la República Popular de China.

La culminación de este período se concretó con su nombramiento como director de la CIA durante la administración de Gerald Ford.

En el año 1980, George Bush compitió en las primarias por la precandidatura republicana para presidente. Perdió con Ronald Reagan, quien lo eligió como su compañero de fórmula en las presidenciales de ese año.

Convertido en el vicepresidente de Reagan, se transformó en el articulador en las sombras de las políticas anticomunistas desarrolladas en África, Asia, Medio Oriente y América Latina.

George, con su natural rapidez mental y espíritu de halcón, fue el encargado de hacer realidad la política del garrote, esbozada por Reagan en sus discursos.

Su misión, al margen de su cargo como vicepresidente, estaba orientada a descabezar y desarticular lo que quedaba de las organizaciones revolucionarias combatientes, principalmente la revolución sandinista de Nicaragua.

En 1988, se convirtió en el presidente de los Estados Unidos.

La Unión Soviética agonizaba, los jerarcas de la KGB hacían fortunas con la droga y el contrabando de armas, y Papá Bush cambió la caza de comunistas por la caza de “dictadores tercermundistas”, situados en enclaves de valor militar estratégico o en zonas petroleras.

Fiel a su tradición familiar, Papá Bush nunca se olvidó de combinar los negocios con la guerra.

Posteriormente invadió Panamá, derrocó a Manuel Noriega, un viejo socio suyo, y luego se dedicó a lanzarle la Operación Tormenta del Desierto a su antiguo amigo, Saddam Hussein.

El heredero

Arquitecto de la primera victoria en la Guerra del Golfo contra Saddam, en 1991, a George padre el triunfo y la popularidad se le escurrieron de las manos, cual mercurio fuera del termómetro.

En 1992, el capitalismo neoyorquino no andaba para “guerras petroleras”. Su fuente de ganancia expansiva se encontraba en la “apertura de los mercados” del mundo dependiente, para posibilitar el reinado del "capitalismo sin fronteras" de los megabancos y grupos de inversión de Wall Street.

La guerra y el Complejo Militar Industrial deberían esperar su turno, y el Consenso de Washington (cónclave en las sombras del poder real estadounidense) había decidido que Bill Clinton era el hombre ideal para comandar este proceso.

Papá Bush fue derrotado electoralmente por Clinton en 1992, y volvió a su rancho y a su familia. Y por supuesto, a sus negocios petroleros. Convencido que de una derrota electoral en EEUU no se vuelve fácilmente, y consciente, como buen experto en inteligencia, de sus debilidades y de su fortaleza, decidió apostar a una estrategia diferente.

De ahora en más, el “cerebro gris” de la administración Reagan, intentaría volver al poder materializado en cualquiera de sus dos hijos, Jeb o W., cuyos niveles intelectuales y formación cultural no son considerados precisamente como vidas paralelas.

Por esas cosas de los destinos filiales, W. es el hijo predilecto de papá Bush, y Jeb es el protegido de mamá Bárbara. Cuando George Bush Jr. tenía dos años, su padre se trasladó con él y con su madre Bárbara a Texas, donde emprendió una próspera carrera en la industria del petróleo.

George Bush Jr. creció y se educó en este estado sureño, que se convirtió en su terruño adoptivo. La familia primero vivió en Odessa y desde 1951 en la más populosa Houston, donde Bush padre fundó su primera empresa petrolera.

W. recibió una esmerada educación en la Escuela Preparatoria Phillips de Andover, y en 1964, pese a la mediocridad de su expediente académico, se matriculó en la prestigiosa Universidad de Yale.

En 1968 abandonó las aulas con una licenciatura inferior en Historia y acto seguido se alistó en la Guardia Nacional del Aire de Texas, donde recibió entrenamiento como piloto de combate hasta ser destacado en el 111 Escuadrón de Cazas.

Los que frecuentan al clan dicen que W. profesa una admiración incondicional hacia su padre.

Siempre se dijo que W. Bush es el hijo “bobo” de George. Y si se compara la biografía y el currículum de ambos (y a esta altura de los éxitos bélicos de W.) uno llega a la conclusión de que el verdadero fabricante del guerrero es su papá.

Durante toda su carrera política no dio ningún paso sin consulta previa con su célebre progenitor.

Papá Bush decidió apostar a su hijo, parco y reservado, de movimientos acerados y robóticos, de una clara reminiscencia con el personaje de la serie Robocop, en la convicción que era el hombre ideal para cumplir la obra que él no había concluido.

En 1986 W. Bush, que había fijado su nueva residencia en Dallas, ingresó al círculo de asesores de su padre, entonces vicepresidente de Ronald Reagan.

De 1987 a 1988 estuvo en Washington para participar en la campaña presidencial de su padre, que culminó con su entrada en la Casa Blanca el 20 de enero de 1989.

Del brazo del prestigio y la aureola de su padre, W. siguió construyendo su futuro político.

En enero de 1995 se convirtió en el 46º gobernador del estado sureño de Texas, donde gobernó por dos períodos consecutivos. Su éxito lo llevó a pensar en la presidencia de EEUU.

Antes de 1994, papá Bush no tuvo en claro quién iba a ser su sucesor, si W. o su hermano menor Jeb, ya convertido en el gobernador de Florida.

Finalmente el amor filial entre padre e hijo se impuso en el seno de la familia, y papá Bush proclamó a W. como futuro presidente de EEUU.

Posteriormente juntó y organizó a todo su viejo equipo de halcones, con Cheney y Rumsfeld a la cabeza, y consiguió que su hijo fuese proclamado nuevo regente del imperio americano.

El presidente en las sombras

Durante el desarrollo de la campaña militar que concluyó con la ocupación de Irak, la comunicación entre W. y su padre era permanente, y las decisiones fundamentales se tomaban en la residencia presidencial de Camp Davis donde la familia se reunía con Papá Bush presidiendo la mesa.

El operador principal de Papá Bush dentro del grupo de los halcones, es su viejo amigo y socio, el vicepresidente Dick Cheney.

Por medio de él, monitorea las andanzas del grupo y preserva a su hijo de las acechanzas del poder.

Cheney es una especie de tutor político de W., y Papá Bush, a través de él, sigue ejerciendo sus funciones de “presidente en las sombras” de los Estados Unidos.

Al contrario de lo que se dice por ahí, George W. Bush no es un “improvisado” de la política.

El hijo pródigo de papá Bush trajinó un largo camino en la selva del poder político antes de recalar en el Jardín de las Rosas, en la Casa Blanca.

Si bien su figura empalidece ante la de su padre, nada tiene que envidiarle a la de Ronald Reagan, un actor mediocre de Hollywood, que llegó a la presidencia por el único mérito de sus discursos anticomunistas plagados de amenazas contra el “trapo rojo” soviético.

Halcones y guerreristas ambos, a Reagan le tocó el papel de “comunicador” de lo que otros ejecutaban. En tanto que el destino de W., no tocado por la varita de la oratoria, es el de ejecutar lo que otros pensaron por él.

Curiosamente, en el camino de ambos siempre estuvo la sombra señera de papá Bush.

El hombre que superó la visión del conflicto Este-Oeste, imperante durante la disputa por áreas de influencia con la Unión Soviética en la Guerra Fría, y logró plasmar otra geopolítica de conquista fundada en el precepto bíblico del “eje del mal”.

Sobre esos pilares fundamentales de caracterización del “nuevo enemigo”, Condoleezza Rice y los halcones edificaron la nueva Doctrina de Seguridad Nacional de EEUU, e instalaron la estrategia del “ataque preventivo” bajo la atenta mirada y supervisión de papá Bush, el jefe de la Orden.

Para los expertos, George Herbert Walker Bush, es el verdadero cerebro de los dos hitos fundamentales del expansionismo militar norteamericano: la conquista de los ex enclaves soviéticos en Asia Central y Europa del Este, y el control militar estratégico de Medio Oriente y el Golfo Pérsico, cuyo círculo se cierra con la ocupación de Irak.

Papá Bush lo hizo, primero con Reagan, después con él mismo, y luego con su hijo W. Y ahora, a los 79 años, dicen que va por más.

Por lo pronto, comenzó el año cazando codornices junto a su hijo Presidente. Para los especialistas: un ensayo simbólico de la cacería de “terroristas” que el gurú de los halcones tiene pensada para que su hijo remonte en las encuestas electorales.



La privatización de la guerra

Se dice que en Irak, inmediatamente detrás del ejército estadounidense, la segunda fuerza de ocupación son los, al menos, 25 mil efectivos desplegados por las empresas privadas militares y de seguridad. El dato numérico nos ayuda a ver la magnitud de un fenómeno existente desde hace al menos 15 años, mismo que se está convirtiendo en el elemento central de las guerras del presente y del futuro: la privatización de la guerra.

A continuación voy a transcribir un párrafo del libro “La Privatización de las Guerras” (2005) cuyos autores son Dario Azzellini y Boris Kanzleiter (página 227), donde tratan el tema de la guerra en Irak, “… Después de que en diciembre del 2004 el contingente de EEUU aumentó a 150.000 soldados, las tropas de las compañías militares privadas (CMP) representan el segundo ejército más grande en Irak. Según informaciones de la CMP Custer Bateles, hay más de 30.000 iraquíes y “varios miles de otros” al servicio de las CMPs. El número de extranjeros trabajando para CMPs según diferentes fuentes se estima entre 6.000 y 20.000. Ya durante la invasión en marzo del 2003 muchos de los sistemas de armamento altamente desarrollados de los buques de guerra en el Golfo fueron manejados por especialistas de cuatro CMPs diferentes, así como también los sistemas de armas de vehículos aéreos no tripulados Predator, Global Hawks y los aviones de bombardeo B-2 Stealth. En Irak, empleados de CMPs hacen patrullaje, cuidan edificios, infraestructura y prestan guardaespaldas para representantes iraquíes y de los Estados Unidos. Hasta el personal en las cárceles militares en Irak pertenece a empresas privadas de seguridad. De esta forma, empleados de las empresas CACI y Titan estuvieron implicados en los casos de tortura en la cárcel de Abu Ghraib. Así como también empresas privadas en Irak se apoyan en los servicios que ofrecen las CMP…”.

Lo peligroso de estas estructuras de los CMP, es que escapan a toda jurisprudencia, no están cubiertos por la convención de Ginebra, no son combatientes y ni tampoco podemos decir que no lo son, todos ellos por una razón u otra van armados, tampoco son reconocidos por ninguna estructura militar de prestigio en el mundo. En realidad con ellas se forma un rompecabezas difícil de entender.

De los nuevos mercenarios se tiene registro en las guerras de los Balcanes, en Sierra Leona, pero también en Colombia, en Afganistán, y en todos los escenarios de guerra de la última década y media. La presencia de la llamada PMC (Private Military Company, por su sigla en inglés) en las guerras recientes bien habla no sólo de cómo ha venido cambiando el carácter de las conflagraciones presentes y futuras, sino también viene a confirmar lo que podríamos definir como conformación del ejército mercenario global.

La caída del Muro de Berlín obligó a los grandes ejércitos a remodelarse frente a las nuevas y desconocidas condiciones, liberando gran cantidad de profesionales, hombres y mujeres, adiestrados y preparados para la guerra. En un principio es natural que todos estos expertos de las armas busquen otra forma de ganarse el pan, es decir, vender lo que saben hacer: la guerra. Se constituyen así decenas de empresas privadas de seguridad, sobre todo en Estados Unidos, Inglaterra, Sudáfrica, con miembros de todos los países: estadounidenses, sudafricanos, israelíes, chilenos, serbios, croatas, etcétera. De la misma manera, los ejércitos nacionales están obligados a reconsiderarse a partir de los nuevos escenarios bélicos que se presentan: ya no existe la guerra entre estados nacionales, sino las llamadas operaciones de policía internacional, las misiones de peace-keeping, entre otras.

Estados Unidos, única potencia militar de cierto nivel, se erige de forma totalmente arbitraria en gendarme mundial y no pierde tiempo en señalar al nuevo enemigo, objetivo de su potencia político-militar: los dictadores primero, los terroristas después, inventando en ambos casos categorías totalmente arbitrarias, anónimas y, en ciertos casos, adjudicándose potestades para actuar fuera de su territorio.

En esta nueva guerra ya no se enfrentan dos ejércitos regulares, sino un poderoso ejército y un enemigo desterritorializado. Crecen las empresas privadas, gracias al dinero que ofrecen (en promedio un mercenario estadounidense percibe hasta 10 veces más que un soldado del ejército de ese país) los gobiernos, el de Estados Unidos sobre todo, y así firman contratos y delegan operaciones.

Recurrir a empresas privadas significa ahorrar dinero en la más clara aplicación de la subcontratación productiva, pero significa también cubrir esas misiones políticamente delicadas (homicidios, interrogatorios “fuertes”, misiones en territorios no beligerantes) y ahorrar vidas en el seno del propio ejército, elemento de suma importancia para el consenso público nacional alrededor de misiones difícilmente justificables.

Y quienes hoy piensan que los mercenarios posmodernos -llamados con el nombre tan profesional de “contractors”- no son sino una degeneración de los ejércitos nacionales, quizás deberían pensar que éstos, fundados alrededor de mitos como la patria y el honor, derivan precisamente de los mercenarios medievales. Ya desde ese entonces, grupos de profesionales vendían sus habilidades al que mejor pagaba. Luego surgieron los estados nacionales y toda la mitología del servicio a la patria ofrecido por un ejército pagado y preparado por el Estado mismo, que tenía así el monopolio del uso de la fuerza. Un mito que viene cayendo, toda vez que hoy cualquiera puede tener un ejército propio. Y como en ese entonces, quizás hoy también, las fuerzas militares privadas son susceptibles de cambiar de bando, según la oferta económica que reciban, así como están interesadas, sin duda, en la existencia de guerras y en la prolongación de éstas (es emblemático el caso del conflicto en Sierra Leona).

En la configuración imperial, la aristocracia de las multinacionales y los grupos de poder fáctico hoy tienen su ejército de ex militares para controlar e imponer, para conquistar e intimidar. Un ejército sin nación, pero con patrón, ese imperio que busca la manera no de ordenar, sino de controlar el caos que provoca su sistema económico.

Aunque las Naciones Unidas, por conducto de la Convención de Ginebra, prohíban explícitamente el uso de mercenarios, lo cierto es que hoy las guerras ya no se declaran, sino que se anuncian y se pelean. Al mismo tiempo, hay guerras que no resultan tales, sino que son conflictos locales, son estados de tensión, aunque más gente las defina como guerras de baja intensidad. Y ahí encontramos las empresas privadas de seguridad que se ocupan de todo el negocio de la guerra: desde el transporte de tropas hasta las provisiones de materiales, desde el resguardo de estructuras hasta los interrogatorios de prisioneros y las batallas propiamente dichas.

Se trata de una transformación en el modo de hacer guerra que nos recuerda el modo de hacer política. Ya no existen ideas o principios que defender, sino el dinero que es capaz de poner banderas y escudos y cambiarlos de color todas las veces que sea necesario. La movilidad de los políticos entre un partido y otro se refleja en la movilidad de estos profesionales de la violencia, asesinos a sueldo y especuladores de las guerras decididas en nombre del negocio colectivo de la aristocracia imperial.

En el colmo del cinismo, algunos Gobiernos reconocen la obligación de controlar a las empresas militares y de seguridad privadas, según informa El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en referencia a la reunión celebrada en la ciudad de Montreux, Suiza, donde se “reafirmaron” las obligaciones de los Estados en relación con las empresas militares y de seguridad privadas en zonas de guerra. En dos puntos clave del documento aprobado por 17 países, se establece que el hecho de delegar tareas a un contratista no libera a los Estados de sus responsabilidades, y que los Gobiernos no deberían permitir la participación de contratistas en operaciones de combate. (Reportaje - 19/9/08)

En el documento de Montreux se reafirma la obligación de los Estados de velar por que las empresas militares y de seguridad privadas que operan en conflictos armados respeten el derecho internacional humanitario (DIH) y los derechos humanos. Por otra parte, el documento contiene unas setenta recomendaciones, derivadas de las mejores prácticas de los Estados, por ejemplo verificar los antecedentes de las empresas y examinar los procedimientos que utilizan para investigar a los miembros de su personal. También se recomienda que los Estados adopten medidas concretas para garantizar que los miembros del personal de las empresas militares y de seguridad privadas puedan ser sometidos a juicio en caso de que cometan infracciones graves del DIH.

“Idealmente, los Estados no deberían encargar a los contratistas privados que participen activamente en las operaciones de combate”, dijo Philip Spoerri, director de Derecho Internacional del CICR. “En los conflictos armados, las funciones de combate deben permanecer dentro del ámbito de responsabilidad de los Gobiernos y no se deben externalizar a contratistas privados”.

Hasta ahora, 17 países (Afganistán, Alemania, Angola, Australia, Austria, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, Irak, Polonia, Reino Unido, Sierra Leona, Sudáfrica, Suecia, Suiza y Ucrania) han adoptado el documento de Montreux, así denominado por la ciudad suiza a orillas del lago de Ginebra donde se reunieron los expertos gubernamentales del 15 al 17 de septiembre de 2008 para examinar la forma de mejorar la regulación de los contratistas militares y de seguridad privados. El Departamento de Asuntos Exteriores de Suiza lanzó esta iniciativa en 2006, y el CICR se asoció estrechamente a ella desde un principio. Durante el proceso, se realizaron frecuentes consultas con el sector de las empresas militares y de seguridad privadas, así como con diversas ONG.

Paul Seger, asesor jurídico del Departamento suizo de Asuntos Exteriores, destacó que el objetivo de la iniciativa suiza era puramente humanitario. “Deseábamos corregir la percepción de que, cuando los Estados subcontratan tareas militares o de seguridad a empresas privadas, se producen situaciones de vacío jurídico. Por el contrario, en situaciones de conflicto armado, el DIH se aplica tanto al Estado como al contratista privado”, dijo el Sr. Seger. “Es muy importante que las medidas administrativas y jurídicas recomendadas en el documento sean ahora puestas en práctica por los países que lo apoyan”. Suiza alienta a otros Estados a sumarse a la iniciativa.

El CICR subrayó los beneficios del documento de Montreux para los países y para las personas afectadas por los conflictos armados. “El documento constituye una excelente base a partir de la cual el CICR podrá debatir cuestiones de índole humanitaria con todos los países donde operan empresas militares y de seguridad privadas, o donde esas firmas tienen su base”, señaló el Sr. Spoerri. “Sus recomendaciones, de carácter muy práctico, serán especialmente útiles para los Estados que tienen gobiernos débiles o que afrontan las repercusiones de un conflicto armado, pero que tienen interés en reglamentar el accionar de esas compañías en su territorio”…

Luego de este “canto a los pájaros”, vamos a recorrer la hemeroteca reciente (la gran enemiga de los “cabeza borradora”)

- Irak: primera guerra moderna privatizada (BBCMundo - 11/5/04)

(Por Stephen Evans)

Las reglas en Irak se han desdibujado en formas nunca antes vistas. Se podría llamar la primera guerra privatizada de los tiempos modernos. Un estudio académico sugiere que la proporción del personal de compañías de seguridad privadas relativa a la cantidad de militares del ejército de Estados Unidos en el Golfo Pérsico es ahora de aproximadamente de uno por cada diez. Esta proporción es diez veces mayor que la que existía durante la guerra de 1991.

En la prisión de Abu Ghraib, donde según informes el personal privado llevó a cabo interrogatorios, esto implica líneas de responsabilidad jurídica poco definidas. La Cruz Roja ha expresado su preocupación por una falta de distinción similar a lo largo y ancho del conflicto, debido al aumento de personal de compañías de seguridad privadas.

Claude Voillat, el jefe adjunto de las operaciones de la Cruz Roja en el Cercano Oriente, dice que algunos contratistas privados no han tenido el entrenamiento necesario para hacer frente a situaciones tensas en las calles. “Nuestra preocupación es que hay un vacío de regulaciones, un vacío en cuanto a las reglas de participación que se puede transformar en un peligro real, una vez que se pone a algunas de esas personas con un arma en el terreno”, dijo.

La Cruz Roja teme que soldados privados que violen las convenciones internacionales no tengan que darle cuentas a nadie y quiere que los gobiernos se responsabilicen por esas compañías. “Lo principal es devolver la responsabilidad a los gobiernos. ¿Pero qué gobierno se hará cargo: el que contrata a la compañía o el del país de donde la compañía proviene?”, señaló Voillat.

Rapidez

La gente que está en el terreno en Irak dice que la mayoría de las compañías se comportan de una forma responsable. Hay empresas de reconocida reputación pero, según un ex soldado especializado en operaciones especiales que ahora está en Irak con una firma de seguridad, la escala de la expansión es tal que se están creando nuevas empresas.

Mientas que las compañías más antiguas reclutaban a ex personal militar de mucha experiencia, las nuevas no lo hacen. “No todos van a ser ex miembros de sangre azul de las fuerzas especiales y hay muchos que son, como decimos, parecidos a Walter Mitty”, dijo el soldado, refiriéndose a un personaje de ficción que se cree un héroe, en una novela del escritor James Thurber.

“El proceso de reclutamiento es de muy mala calidad porque muchas de esas compañías se forman con gran rapidez, para responder a un anuncio de contrato”, explicó. El peligro es que la gran competencia por contratos lucrativos simplifique el proceso.

¿Qué ley se aplica?

La empresa Armour Group se estableció hace 20 años. Ahora está en Irak trabajando para el Pentágono. Su director, Christopher Beese, quiere reglas más claras. “Hay algunos que se han dedicado a esto sólo durante uno o dos años”. “Quizás no hayan tenido suficiente tiempo para producir las políticas, procedimientos y garantías necesarios para velar por la correcta selección de su personal y por eso se ve una gran diferencia entre los recién llegados a este negocio y quienes llevan algún tiempo en él”.

De manera que Irak es una mezcla de nuevas y viejas compañías, de personal de seguridad privado y público, que trabajan para diferentes empleadores, con diferentes reglas y bajo un marco legal poco claro. Una compañía británica puede estar trabajando para el gobierno de Estados Unidos, pero ¿qué ley se aplica, la británica, la iraquí o la estadounidense? ¿Protegen las Convenciones de Ginebra a los contratistas de seguridad privados si son capturados?

Falta de claridad

Peter Singer, de la Institución Brookings de Washington, la principal autoridad en este tema, dice que es esencial que se aclare la cuestión. “Hasta ahora no hay leyes internacionales que controlen esta industria. Es un vacío que hay que llenar”, dijo. “Además, los clientes de esta industria, principalmente en Estados Unidos, necesitan reevaluar qué funciones se pueden externalizar y cuáles son demasiado importantes para el interés público como para pasarlas al mercado privado”.

Esta falta de claridad puede haber sido útil a gobiernos en el pasado. Las compañías privadas pueden hacer cosas que serían inaceptables y negables para las fuerzas gubernamentales. En Irak, sin embargo, no es obvio que la falta de regulaciones claras esté ayudando a la causa de la coalición.

- El “Plan Cheney” para privatizar al ejército norteamericano (IAR-Noticias - 1/3/05)

El gobierno de EEUU está subcontratando con las Corporaciones Militares Privadas, gran parte de las funciones que tradicionalmente venían desarrollando las Fuerzas Armadas. No sólo se dedican al área de la seguridad y la inteligencia, sino que estas empresas también realizan tareas de entrenamiento militar y de programas de interrogatorios.

Estados Unidos se ha constituido, junto al Reino Unido y Sudáfrica, en el centro mundial de la industria privada militar, que debe su crecimiento al nuevo orden internacional lanzado por George Bush padre tras el desplome de la Unión Soviética, al que él mismo contribuyó durante su ciclo como vicepresidente de Reagan.

De la carrera armamentista de la Guerra Fría se pasó al desmantelamiento de gran parte de los aparatos militares, tanto en las grandes potencias como en los países dependientes que participaban de las guerras por aéreas de influencia entre EEUU y la URSS.

Los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono, siempre a tono con “los negocios de la guerra”, observaron la nueva veta comercial que se abría con la contratación de servicios de ejércitos privados para las áreas ocupadas por el ejército de EEUU.

La privatización del aparato militar, fue impulsada en 1991, después de la Primera Guerra del Golfo, por el entonces ministro de Defensa y actual vicepresidente, Dick Cheney.

A mediados de 1992 le encargó a Brown & Root Services un plan para privatizar los servicios militares en zonas de guerra, por el que le pagó cuatro millones de dólares.

A fines de ese año, poco antes de que Bill Clinton se instalara en la Casa Blanca, le pagó otros cinco millones para que actualizaran el plan de privatización. Brown & Root Services es una subsidiaria de Halliburton, empresa que Cheney dirigió desde 1994 hasta que se incorporó a la vicepresidencia.

Tras el ascenso de George W. Bush a la presidencia de EEUU el plan de Cheney, comenzado durante la presidencia de Bush padre, cobró una importante dinámica de ejecución. El Ejército de Estados Unidos se ha reducido de 2,1 millones a 1,4 millones, y cientos de miles de esos puestos han pasado a manos privadas.

De acuerdo con el Centro para la Integridad Pública, el Pentágono ha gastado 300.000 millones de dólares en 3.016 contratos de servicios militares que han ido a parar a 12 empresas entre 1994 y 2002 (las cifras excluyen los contratos de armamento).

El gobierno de George W. Bush está subcontratando con las Corporaciones Militares Privadas, gran parte de las funciones que tradicionalmente venían desarrollando las Fuerzas Armadas.

No sólo se dedican al área de la seguridad y la inteligencia, sino que estas empresas también realizan tareas de entrenamiento militar y de programas de interrogatorios (torturas) como quedó claramente demostrado por las investigaciones en las cárceles de Irak.

Muchas de esas empresas contratistas como Halliburton, Titan, Dyn Corp Internacional, Blackwater y Hart Group están vinculadas a los funcionarios del Pentágono y la Casa Blanca (los integrantes del llamado lobby judío) y poseen ganancias cercanas a los 100 mil millones de dólares.

El “negocio de la guerra”

Los corporativos militares privados (PMC, por sus siglas en inglés) mantienen en secreto sus actividades y carteras de clientes al no estar reguladas por ninguna normativa internacional, a pesar de su condición de ejércitos sin fronteras.

La Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 4 de diciembre de 1989, no fue refrendada por EEUU desde donde operan la mayoría de estas corporaciones.

En EEUU la única regulación para las PMC proviene del Departamento de Estado que maneja sus licencias de exportación como si se tratara de remesas de armas.

Con el final de la guerra fría se multiplicó el “ejército de reserva” para estas corporaciones, es decir el plantel de profesionales desocupados de las fuerzas armadas oficiales en Rusia, Ucrania, Bulgaria, Francia, Israel, Inglaterra, África del Sur, Chile y, principalmente, EEUU, entre otros países.

Sus servicios incluyen desde la seguridad y la inteligencia hasta el mantenimiento de sistemas defensa o la modernización de Ejércitos en los cinco continentes, explotando la onda de privatización militar ideada por el vicepresidente Dick Cheney en 1992.

Su aérea de “prestación de servicios” abarca minas de diamantes y pozos petroleros, cuyo control y explotación alimentó las guerras africanas, principalmente en Sierra Leona y Angola. En este último país se han repartido contratos más de 70 empresas militares privadas trabajando para todos los países e intereses involucrados.

Estas corporaciones están ligadas, por infinitos vasos comunicantes, a holdings comerciales que despliegan las más diversas actividades: finanzas, servicios, periodismo, alimentación, petróleo, industria militar, aeronáutica y espacial, informática, etc.

Dos claros ejemplos de grandes corporaciones que se integraron al negocio de los ejércitos privados son Halliburton (industria petrolera), propietaria de la Kellogg, Brown and Root, y L-3 Comunicaciones, poseedora de la empresa Recursos Militares Sociedad Anónima.

Peter Singer, de Brookings Institution, señala en su reciente libro “Corporate Warriors” (Guerreros empresariales) que esta actividad embolsa unos 100.000 millones de dólares al año.

Su actividad comercial, como cualquier empresa, depende de “la demanda”, principalmente de las guerras de conquista militar lanzadas por EEUU en el planeta de las cuales nacen nuevos y jugosos contratos y oportunidades de expansión comercial.

Según Peter Singer, estos pulpos de la guerra también desarrollan sus negocios expansivos en misiones de pacificación, combates antidroga o cualquier otro rubro internacional donde se requiera sus servicios militares y de seguridad.

En territorio estadounidense existen por lo menos treinta corporaciones transnacionales que se dedican a la prestación de servicios militares y de seguridad privados. Algunas, como es el caso de Blackwater USA, se especializan en contraterrorismo y lucha urbana.

Otras, como Brown & Root, subsidiaria de Halliburton, o Dyncorp, se desempeñan particularmente en el área de inteligencia o entrenamiento militar.

CSC, es uno de los 10 contratistas privados más grandes de EEUU, y ahora trabaja para la fuerza aérea, el ejército y la marina, la Oficina de Prisiones, la FBI, y muchas otras entidades oficiales de EEUU, además de cargar de combustible a la aeronave del vicepresidente Dick Cheney.

Las empresas norteamericanas dominan el mercado mundial, y su prestación de “servicios” se extiende a todas las ramas de las fuerzas armadas de EEUU, una parte de cuyo entrenamiento está realizado por empresas privadas.

Si bien el Pentágono no reconoce que parte de sus soldados son entrenados por expertos y manuales de guerra privados, son muchas las fuentes militares que señalan que la legión de contratistas que inunda los cuarteles y las academias está causando un profundo malestar entre la oficialidad de carrera.

El “mercado” iraquí

Irak se ha convertido en la meca comercial de los ejércitos privados. Halliburton (en la cual tiene intereses el autor del plan privatizador, Dick Cheney) a través de sus subsidiarias figura como una de las empresas más favorecidas.

Entre las aproximadamente 40 corporaciones que operan en Irak se encuentran MPRI, SAIC, Armour Group, Blackwater, Erinys, Vinnell, Global Risk Strategies, TASK, Ariscan y DynCorp, Kroll Security, entre otras.

Se estima que los 30.000 “perros de la guerra” que operan en Irak, contratados por unas 40 empresas militares privadas, reciben salarios entre mil y 50 mil dólares mensuales, pero, a su vez, individualmente, subcontratan a miles de iraquíes armados para que realicen los trabajos más riesgosos, a los cuales pagan un promedio de 40 dólares al mes.

Una sola corporación de guerra privada, la Global Risk, cuenta en Irak con unos 1.100 mercenarios, cifra que lo sitúa en el sexto lugar detrás de Italia entre los países de la coalición militar aliada de EEUU.

La empresa Blackwater, a la que pertenecían los cuatro agentes asesinados y quemados en Faluya, recibió un contrato de 40 millones de dólares para entrenar a 10.000 nuevos soldados para el “nuevo ejército” y las fuerzas de seguridad iraquíes.

Blackwater integra el “círculo privilegiado” de las corporaciones del Pentágono, en el que también se encuentran MPRI, DynCorp, Armour Group, SAIC o Vinnell (que hasta hace poco perteneció al Carlyle Group, una firma a la que está vinculado el padre del actual presidente de EEUU, el ex presidente George Bush).

La empresa Vinnell, subsidiaria de Northrop Grumman, con años de experiencia en el entrenamiento de la Guardia Nacional de Arabia Saudita, y los expertos militares de la mencionada DynCorp, entrenadores del ejército colombiano en técnicas de contrainsurgencia guerrillera, se beneficiaron con un contrato de 40 millones de dólares para el adiestramiento de la policía iraquí.

MPRI y SAIC también entrenan a las fuerzas armadas de Arabia Saudita, y O’Gara Protective Services (integrada por ex agentes de la CIA y del servicio secreto estadounidense) tienen a su cargo la protección de la monarquía saudí.

A esta repartija de contratos también se suma la corporación Recursos Militares Sociedad Anónima, empresa dirigida por el general norteamericano Carl Vuono, amigo de Bush padre y veterano de la primera Guerra del Golfo, quien consiguió una importante participación en la tajada comercial de la ocupación militar de Irak.

Contratar a estos ejércitos mercenarios de la industria militar privatizada es “es una tendencia en ascenso sobre todo en Irak”, señala Peter Singer, especialista en seguridad de la Brookings Institution de Washington, en su libro Guerreros empresariales.

Para este especialista, se está produciendo “un cambio enorme en la forma en que se hacen las guerras y, aunque tiene paralelismos históricos, no se ha visto nada como esto en los últimos 250 años”.

En tanto el Pentágono estudia extender la privatización a más áreas de la ocupación militar en Irak, las corporaciones militares privadas han comenzado intercambiar información orientada a fusionar sus servicios en rubros determinados, a fin de competir con mayor posibilidad en el logro de futuros contratos.

- Empresas multinacionales hacen de la guerra un buen negocio - La guerra, otro negocio mortal del libre mercado capitalista.

(Por Hendrik Vaneeckhaute - Julio de 2005)

En estos meses se ha escrito mucho sobre las guerras y los intereses detrás. Materia prima (petróleo - Irak, diamantes - Angola, coltán - Congo), los intereses de las multinacionales armamentistas, la dominación del dólar frente al euro, el negocio de la reconstrucción, etc. Hasta intereses geopolíticos, como por ejemplo rodear militarmente a China (con bases estadounidenses en Afganistán, Iraq, Corea del Sur y las nuevas repúblicas de la antigua Asia Central Soviética) para controlar su crecimiento económico y abastecimiento.

Poca atención recibió la guerra como negocio en sí: las empresas multinacionales que hacen de la guerra su negocio. En el actual campo de la guerra combaten mercenarios de todo tipo, de “simples” combatientes (contratados en los estados empobrecidos), hasta experimentados veteranos, verdaderas “máquinas de guerra”. Empresas dirigidas por ex-generales y anteriores altos cargos políticos, vestidos con elegantes trajes que viajan en “Business-class” y se alojan en las suites más exclusivas.

Estas empresas de mercenarios son contratadas y utilizadas por las multinacionales para proteger sus intereses económicos (sobre todo instalaciones de petróleo y minas de oro y diamantes) y por estados criminales para evitar la implicación directa sus militares oficiales. De esta forma logran ocultar su implicación directa en diferentes guerras sucias y evitar ser considerados como responsables directos. También se evitan controles parlamentarios o límites presupuestarios, como es el caso con EEUU.

Según “Fortune Magazine” las empresas de “seguridad militar” (con sede en el Reino Unido o Estados Unidos) pertenecen al grupo de las 100 empresas con mayor crecimiento. Se estima que el negocio en todo el mundo es de 100.000 millones de dólares anualmente.

Unos ejemplos.

MPRI, Military Professional Resources Incorporation, “trabaja” o “trabajó” (entrena militares, hace inteligencia con alta tecnología y participa en combates) en Colombia, Croacia, Bosnia, Congo, Nigeria y Guinea Ecuatorial (entre otros estados). La empresa es dirigida principalmente por ex-generales del ejército estadounidense. En Croacia, por ejemplo, entrenó al nuevo ejército en 1994, por petición y bajo contratación del ministerio de defensa de EEUU. Meses después, el ejército croata invadió (con conocimiento previo del gobierno de EEUU) las “zonas de seguridad de NNUU” en Krajina y efectuó la limpieza étnica de la zona. (Unos 200.000 serbios fueron desplazados y centenares asesinados). La impunidad (y el silencio mediático) con la cual se “limpió étnicamente” esta zona bajo control de los “Cascos Azules” de NNUU (y con el silencio cómplice de Europa y EEUU), dio paso al ejército serbio de hacer lo mismo en Srebrenica.

Dyncorp, una empresa con sede en EEUU (aunque a veces se presenta como empresa británica), es una de las mayores y más antiguas. La empresa fue creada en 1946, bajo nombre “California Easter Airways Inc.” y desde 1987 lleva su nombre actual. Prestó sus “servicios” en la guerra de Corea, en Vietnam, en la guerra del Golfo (1991), en la guerra contrainsurgente en El Salvador, en Bosnia y actualmente, por ejemplo, en Colombia y Irak. Los ingresos de DynCorp superan los mil millones de dólares. En 1999, empleados de DynCorp en Bosnia fueron acusados de comprar y traficar niñas, para utilizarlas como esclavas sexuales. Y en Colombia (en el 2000) estaba involucrado en el tráfico de drogas.

Colombia es uno de los estados de mayor negocio de guerra. Dentro del llamado “Plan Colombia”, diferentes empresas estadounidenses de mercenarios forman parte de los múltiples “ejércitos”. Los paramilitares (que a su vez representan diferentes intereses regionales), el ejército colombiano, los entrenadores oficiales del ejército estadounidense, la CIA y las diferentes multinacionales se combinan en la medida que conviene en las diferentes guerras que se liberan. Una contra la guerrilla, otra contra la población campesina en zonas de interés económico, otra contra el movimiento social y sindical y otra contra la oposición política. Las diferentes empresas estadounidenses, bajo contrato del gobierno estadounidense, prestan su “apoyo” militar a través de un número no-determinado de mercenarios utilizando el más sofisticado material. (En el 2002, casi la mitad de los fondos destinados al Plan Colombia, en realidad fueron utilizados para la contratación de estas empresas.) Fueron mercenarios estadounidenses (entre ellos al menos un militar en activo) que guiaron al helicóptero colombiano que dejó caer las bombas sobre Santo Domingo, causando una masacre de 18 personas, entre ellas 7 niños. Fue una empresa privada británica, contratada por BP, que se sirvió del apoyo de paramilitares para asegurar la “seguridad” de la empresa. Son empresas estadounidenses con personal “militar” que fumigan con glifosato, causando enfermedades diversas (hasta la muerte) en la población rural y el desplazamiento masivo de campesinos.

“Executive Outcome”, es otra empresa de “seguridad” militar. Nació después de la caída del régimen de Apartheid en Sudáfrica. Ex-militares formaron un ejército privado al servicio de las multinacionales. Protegieron, por ejemplo, las minas de diamantes y campos de petróleo en Angola en los años ’90. Llegaron a ser activos en más de 30 estados. Cuando la empresa fue prohibida en Sudáfrica, simplemente se trasladó a Gran Bretaña, donde goza de buena salud e impunidad.

Tratado Internacional.

Desde diciembre 1989 existe una convención internacional de NNUU “Contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios”. Entró en vigor en octubre 2001. Los firmantes son sobre todo estados llamados “subdesarrollados”. Los estados criminales participantes en la última invasión y ocupación de Iraq, EEUU, el Reino Unido, Australia y el Estado Español no lo firmaron. De los miembros de la Unión Europea (supuestos defensores de los “altos valores”), sólo han ratificado el tratado (hasta diciembre 2004) Bélgica, Chipre e Italia. Alemania y Polonia lo han firmado, pero no ratificado.

En el “Informe sobre la cuestión de la utilización de mercenarios como medio de violar los derechos humanos y de obstaculizar el derecho de los pueblos a la libre determinación”, presentado por el Relator Especial de NNUU, Enrique Bernales Ballesteros, el autor dice: “Naturalmente, los mercenarios suelen estar involucrados en los conflictos armados y son especialmente activos en los tráficos ilícitos. (...) En este sentido, el negocio de los diamantes aparece en forma recurrente en conflictos como los de Sierra Leona, Liberia o el que continúa teniendo lugar en Angola. Así por ejemplo, se estima que la fuerza rebelde angoleña UNITA, obtiene entre 3.000 y 4.000 millones de dólares de los Estados Unidos por año, provenientes del tráfico ilegal de diamantes. ¿Qué hace con esto dinero? Pues compra armas, refuerza sus unidades armadas y, por cierto, contrata mercenarios”.

Según el tratado anteriormente mencionado, tanto los combatientes y asesores, como los dirigentes de estas empresas de “seguridad” (militar) y aquellos que los contratan, son considerados como criminales, o delincuentes, y no es aplicable el estatus de “prisionero de guerra” en caso de captura. Las actividades de la CIA en contra de los gobiernos que no les gusten al régimen de turno en EEUU, se pueden interpretar como actividades de mercenarios y por lo tanto criminales.

Este tratado internacional, basado en los principios básicos de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, en realidad, no tiene mucho futuro. La privatización de los ejércitos, sólo es un paso más dentro de la lógica del libre mercado capitalista. La búsqueda de la maximización del beneficio financiero personal se va expandiendo a todos los ámbitos y actividades humanas. La educación, la salud, la espiritualidad, el cuidado de los patriarcas y de los niños, todo se convierte en un negocio. ¿Y por qué no la guerra? La seguridad ciudadana, la tarea de la policía, ya está en plena privatización. Son empresas privadas que vigilan la seguridad de los edificios públicos, de los barios residenciales, del transporte público, etc. En Iraq son empresas privadas que montan y mantienen las bases militares estadounidenses, como igual son empresas privadas que se ocupan de los campos de concentración donde miles de iraquíes están encerrados en condiciones infrahumanas. Y en el fondo, ¿no podríamos llamar mercenarios, aunque se trata de ejércitos “oficiales”, a las tropas de los estados subiditos al imperialismo de Bush que van a reforzar las tropas de ocupación en Iraq?

- Los ejércitos privados - La nueva guerra del siglo XXI (Clarín - 20/11/05)

(Por Telma Luzzani)

No los mueve el amor patrio ni los ideales sino el principio capitalista del mayor lucro en el menor lapso de tiempo. Son los llamados soldados de fortuna o mercenarios, los “perros de la guerra”, como los pintó William Shakespeare con su pluma afilada.

Hoy poderosas empresas multinacionales, muchas de ellas vinculadas a altas jerarquías de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, los reclutan para formar ejércitos privados que no sólo ignoran las leyes internacionales por la paz sino que estarían cambiando drásticamente la concepción que durante siglos se tuvo de la guerra.

El fenómeno es complejo e inquietante porque como explica la revista norteamericana Monthly Review, “las corporaciones privadas del capitalismo siempre han estado implicadas con la promoción de la guerra, pero su acción directa ha sido tradicionalmente limitada”. Lo preocupante -subraya la revista- es si estas multinacionales caen en una suerte de distorsión capitalista y, atendiendo a la ley de la oferta y la demanda, deciden ampliar sus lucros aprovechando sus excelentes contactos con los líderes que deciden la guerra o la paz global.

Menos para los países invadidos, el negocio es muy bueno para los militares, para el gobierno de Estados Unidos y, sobre todo, para las multinacionales.

Si la tarea es riesgosa, un mercenario estadounidense puede ganar hasta 50.000 dólares mensuales. Según la empresa, sus tareas incluyen ataques, operaciones de seguridad, interrogatorios, torturas, espionaje y entrenamientos militares. También pueden ser contratados para tareas como recolección de cadáveres, custodiar pozos petroleros, controles fronterizos o cuidar las espaldas de importantes directivos.

“Los militares lo ven como una salida laboral para cuando se retiren”, explicó a Clarín, Bruce Bagley profesor de la Universidad de Miami. “Cuando ya están bien adiestrados dejan el ejército y van a estas compañías donde ganan 10 veces más. Al gobierno de EEUU también le conviene porque hoy no está políticamente en condiciones de reclutar más jóvenes. Con estos ejércitos privados se garantizan mantener su presencia en todo el mundo sin involucrarse directamente. Esto pasa en Colombia, por ejemplo”.

Para las multinacionales el negocio es floreciente. Gary Jackson, de la empresa Blackwater (aquella cuyos “contratistas” fueron linchados y quemados por una multitud furibunda de iraquíes el 31 de marzo de 2004), admitió que esa empresa creció un 300% en los últimos tres años.

Hoy hay en Irak unas 40 empresas militares privadas y más de 15.000 “contratistas”. Se debe tener en cuenta que en la Guerra del Golfo de 1991, había por cada 100 soldados regulares, un mercenario. En Bosnia, hubo uno cada 50 y en 2003, al comenzar la invasión a Irak, la cifra subió a uno cada 10.

Asegura la prestigiosa Monthly Review: “Ganan 100 mil millones de dólares al año, es decir, una cuarta parte de la gigantesca suma de 400 mil millones de dólares que EEUU está gastando en el campo militar”.

“Son puestos sensibles, que manejan mucha información y dinero y carecen de todo control -amplía Bagley-. Sin embargo no ha habido ni investigaciones ni el pueblo norteamericano se ha movilizado. El Congreso es cómplice. Sabemos que hay mal manejo de fondos, desfalcos, tráfico de influencias, transferencia de dinero de los contribuyentes a los privados, pero no hay pruebas contundentes”.

Las irregularidades de las empresas contratistas son escandalosas. En primer lugar porque estos ejércitos privados actúan al margen de la ley, mantienen sus actividades en secreto, su cartera de clientes no está regulada por ninguna normativa ni inspeccionada por ningún organismo internacional y violan la Convención Internacional contra el reclutamiento, financiación y entrenamiento de mercenarios aprobada por la ONU en 1989. Su única regulación proviene del Departamento de Estado.

La segunda irregularidad es que ninguna de estas concesiones dadas a los “amigos” fue otorgada por licitación. La Casa Blanca justificó los contratos “a dedo” (por ejemplo en Irak o Nueva Orleáns) como parte del esfuerzo para dar las prestaciones lo más rápido posible, algo que el reverendo Jesse Jackson calificó de “saqueo empresarial”.

Una de las empresas es Bechtel, más conocida porque al privatizar el agua en Cochabamba, Bolivia, elevó tanto los precios que generó una pueblada conocida como “la guerra del agua”. Bechtel, una de las gigantes que más ganancias obtiene de sus trabajos en Irak, cuenta entre sus accionistas a la poderosa constructora de la familia Bin Laden, según denuncias de la prensa.

Otro ejemplo conocido es el de la empresa Kelloggs, Brown & Root (subsidiaria de Halliburton) la más beneficiada por la invasión a Irak y vinculada al vicepresidente Dick Cheney, un hombre clave en este nuevo diseño que adoptaron los conflictos bélicos con el fin de la Guerra Fría.

El tercer escándalo es que con estas operaciones de destrucción bélica y posterior reconstrucción hoy se está produciendo en Estados Unidos una multimillonaria transferencia de dinero de los fondos públicos a los bolsillos privados, especialmente de una elite que luego colaborará con suculentas sumas para la carrera presidencial republicana.

Según el Centro para la Integridad Pública, el Pentágono ha gastado 300 mil millones de dólares en 3.016 contratos de servicios militares para 12 empresas entre 1994 y 2002 (las cifras excluyen los contratos de armamento).

Por otra parte, en EEUU se calcula que entrenar un soldado para la guerra cuesta 300.000 dólares per cápita. Estas compañías aprovechan en general las instituciones militares de varios Estados (pagadas por las expensas públicas) para entrenar a sus empleados. Este es el caso de Honduras, donde la compañía norteamericana Your Solutions entrena soldados chilenos que luego serán trasladados a Irak.

Además de los propios militares norteamericanos se recluta “mano de obra desocupada” de otros países. El diario británico The Guardian informó que soldados chilenos que actuaron durante la dictadura de Pinochet integran hoy las filas de la empresa Blackwater y según The New York Times el propio Nelson Mandela alentó la exportación de represores de la época del “apartheid” a empresas militares de origen británico vinculadas a algunos golpes de Estado en países africanos ricos en oro y diamantes. El hijo de Margaret Thatcher, Mark, fue acusado de operar en una de ellas.

Desde Filipinas hasta las ex repúblicas soviéticas, muchos son los aportes a las filas de estas siniestras industrias cuyos mercenarios, como dijo el analista militar Henri Boshoff, “están siempre en el límite de lo aceptado por las leyes”.

Estas empresas, hijas de la ola privatizadora de los 90, están vinculadas también a la nueva estrategia ideada en EEUU a partir de los cambios en el poder mundial que trajo la caída de la Unión Soviética en 1991 y el consiguiente desarme y desmantelamiento de los aparatos militares de las grandes potencias.

Ese mismo año, después de la primera Guerra del Golfo, el entonces ministro de Defensa, Dick Cheney, pagó 9 millones de dólares a Brown & Root para estudiar cómo compañías privadas podrían apoyar operaciones de combate norteamericanas.

Posteriormente Cheney se convirtió en director general de Halliburton y durante su mandato la subsidiaria Brown & Root emergió como una de las primeras firmas militares privadas en EEUU. Hoy es líder gracias a los lucrativos contratos que aparecieron en su camino después de que Cheney asumió como vice, según consignó el diario USA Today el 1º de abril de 2004.

La doctrina de la “guerra preventiva” de septiembre de 2002 fue un excelente espaldarazo para el negocio. Así lo insinuó un mes después el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld: “Procuraremos oportunidades adicionales para tercerizar y privatizar”.

Nadie puede saber el resultado final de este crecimiento descontrolado de tropas mercenarias. Pero las noticias no son buenas. “Las violaciones a los derechos humanos son garrafales. Incluso hasta hubo algunos tiroteos, sobre todo en Irak, entre mercenarios y tropas regulares, ambos de EEUU para dirimir quién mandaba sobre quién. La Casa Blanca minimizó el hecho”, dijo Bagley.

La privatización de la guerra y la expansión de los conflictos (justificada en varias regiones de la Tierra por supuestos “peligros a la seguridad”) pueden terminar sencillamente en desastre, es decir, en el florecimiento de una nueva época de barbarie.

- Guerras cada vez más privatizadas (BBCMundo - 27/4/06)

(Por Adam Easton)

Este jueves comenzó en Varsovia una conferencia sobre la creciente privatización de las guerras, organizada por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Especialistas de diferentes partes del mundo viajaron a la capital polaca para debatir la participación de empresas privadas en conflictos armados, incluido el de Irak.

Cuando se habla de guerras privadas, muchos piensan inmediatamente en los mercenarios. Pero en la actualidad se trata de una industria de más de US$ 100.000 millones al año. Las compañías privadas ofrecen servicios que van desde el personal de seguridad y el mantenimiento de armamentos hasta la interrogación de prisioneros. Estas firmas han operado en más de 50 países y han sido contratadas por todo el mundo, desde el Departamento de Defensa de Estados Unidos hasta dictadores.

Área gris

En Irak han desempeñado un papel esencial para el ejército estadounidense, complementando a su personal cuando ha necesitado refuerzos y haciendo trabajos que los propios militares prefieren no hacer. Como, en general, estas empresas no se rigen por convenios internacionales, han participado en algunos de los aspectos más controvertidos de la guerra.

A raíz del escándalo por los abusos a prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, los investigadores estadounidenses concluyeron que contratistas privados estuvieron presentes en más de un tercio de los casos probados. Sin embargo, ni uno solo de ellos ha sido procesado. Como no son ni estrictamente civiles ni soldados, desde el punto de vista jurídico operan en un terreno poco definido.

A la Cruz Roja le preocupa que algunas de estas empresas no respeten las leyes humanitarias internacionales. Junto a los especialistas y académicos que debaten en Varsovia la privatización de las guerras y sus preocupantes consecuencias, participan representantes de diversas compañías privadas que expondrán también el punto de vista de la industria.

- Las guerras comenzaron a privatizarse

(Por Christian Riavale - 28/8/07)

París - Los diputados rusos levantaron la mano y -como si fuera un caso de rutina- autorizaron al coloso energético Gazprom a crear un servicio privado de seguridad “dotado de las mismas prerrogativas que tienen el ejército y la policía” de Rusia. La ley, que todavía debe ser aprobada por la Cámara alta y firmada por el presidente Vladimir Putin, faculta a esas fuerzas paramilitares a utilizar “equipamientos especiales” para proteger las refinerías y los 153.000 km. de gasoductos que posee Gazprom a través de su filial Transneft.

Esa decisión -que pasó totalmente inadvertida- puso de relieve la creciente importancia que tienen las milicias privadas y el desarrollo que alcanzó esa industria en el mundo.

El ejemplo más elocuente de ese fenómeno es la Guerra de Irak, donde la cantidad de profesionales a sueldo de las compañías militares privadas (CMP) es superior al número de combatientes: actualmente hay 180.000 civiles de todas las nacionalidades trabajando bajo contrato privado contra 160.000 militares, según cifras confirmadas por el Departamento de Estado y el de Defensa de Estados Unidos. Eso significa que ahora los “mercenarios” son la primera fuerza en Irak, delante de los contingentes de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Muchos. Habitualmente, se habla de 60.000 extranjeros contratados por las CMP. Esa cifra sólo contabiliza los 21.000 norteamericanos y otros 43.000 extranjeros que trabajan en Irak. Pero la legión de contratados incluye también 118.000 iraquíes.

Todos esos empleados que trabajan en la llamada industria de la protección armada (IPA) se dedican esencialmente a la custodia de personalidades, protección de infraestructuras (oleoductos, plantas de bombeo, antenas de comunicación), mantenimiento de sistemas de armas, vigilancia de instalaciones y edificios civiles, y operaciones subalternas de servicio (alimentación, limpieza, etc.).

“En Irak hay una nueva coalición de gente que cobra por sus servicios”, denunció Peter Singer, analista de la Brooking Institution, de Washington, y autor del libro Corporate Warrions: Rise of the Privatized Military Industry (Combatientes privados: el surgimiento de la industria militar privatizada). “Esta ya no es una coalición de cooperación -precisó-, sino una coalición de facturación de servicios.”

Los contingentes más importantes de contratados son británicos, seguidos por gurkas de Nepal, ex militares de las islas Fidji -con gran experiencia, como Cascos Azules de la ONU-, sudafricanos, soldados de la ex Yugoslavia y ex miembros de las fuerzas armadas de Saddam Hussein. También hay unos 5.000 guardias de origen latinoamericano, procedentes -en particular- de Chile, Perú, Ecuador y Honduras.

Los profesionales contratados en Estados Unidos, Europa y Sudáfrica reciben salarios que oscilan entre 12.000 y 15.000 dólares mensuales más una fuerte indemnización para sus familias en caso de deceso provocado por un “accidente profesional” (DynCorp promete 160.000 dólares a sus empleados en caso de deceso). Los gurkas, en cambio, sólo cobran de 5.000 a 6.000 dólares y los latinoamericanos apenas reciben 3.000 dólares por mes. Las últimas contrataciones se hicieron incluso a 1.500 dólares. Los iraquíes, por su parte, apenas reciben 150 dólares.

La acción de esos contratados no se limita a participar en actividades logísticas. Los “mercenarios” extranjeros en Irak participan cada vez más en acciones de combate.

Esa “privatización de la guerra” quedó en evidencia por primera vez el 4 de abril de 2004, durante un incidente que causó estupefacción en todo el mundo: una multitud enardecida colgó de un puente sobre el Éufrates a cuatro norteamericanos contratados por Blackwater, la principal compañía militar privada del mundo. Más recientemente, un grupo inglés de protección tuvo que defenderse durante toda una noche dentro de un edificio atacado por milicias chiítas hasta que lograron llegar las tropas británicas.

A facturar. La privatización de la guerra en Irak, aunque parezca mentira, es apenas la parte visible del iceberg. Ese país en guerra, donde existe la mayor concentración militar del planeta, apenas representa el 25% de la facturación anual que realizan las CMP en todo el mundo. Los ingresos globales de la industria militar privada ascendieron a 100.000 millones de dólares en 2006, según una investigación del diario San Francisco Chronicle.

Actualmente, existen milicias privadas en Nigeria, Angola, Sierra Leona, Mozambique, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Liberia, Ruanda, Tayikistán, Armenia, Azerbaiyán, Croacia, Kosovo, Marruecos, en la mayoría de las monarquías petroleras del Golfo Pérsico y hasta en Cachemira, en la frontera entre Pakistán e India.

La aparición de estos “corporate warriors” corresponde a una “mutación estratégica del sistema unipolar actual”, según la definición acuñada por el peruano Enrique Bernales Ballesteros en el informe que realizó, a pedido de la ONU, sobre la proliferación de ejércitos privados en regiones en conflicto.

“La guerra del futuro será una guerra en free-lance, flexible y que puede estallar en cualquier lugar del mundo”, sostiene Singer, uno de los primeros que denunció los efectos perversos de la privatización de la guerra. Esa tendencia parece destinada a acentuarse en los próximos años. Estados Unidos prevé privatizar unos 250.000 puestos logísticos en sus fuerzas armadas.

Las “milicias privadas” -en Irak o en cualquier otro país- representan una solución para las grandes potencias, reacias a meter directamente los dedos en un engranaje que puede triturarles las manos.

“Los conflictos de baja intensidad son confiados, cada vez con mayor frecuencia, a firmas multinacionales de seguridad, sobre las cuales la comunidad internacional descarga su responsabilidad”, explica el francés Richard Banegas, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de la Sorbona. “Las empresas de ese sector en plena expansión ofrecen servicios que van desde la simple vigilancia a las ‘guerras llave en mano’”, precisa.

Para diferenciarse de los mercenarios sin patria y sin bandera que combatieron en África en los años 60 y 70, estos comandos invocan una ética profesional que les impide participar en operaciones dudosas: “Nosotros no ayudamos a derrocar gobiernos, no somos el brazo armado de dictadores, no participamos en insurrecciones armadas, no hacemos tráfico de armas, no nos dedicamos a actividades terroristas y no queremos saber nada con la droga ni con materiales fisibles”, asegura el coronel Tim Spicer, héroe de las Malvinas en el ejército británico y experto de lucha antiterrorista en Irlanda.

Junto con unos veteranos sudafricanos de Executives Outcomes y un grupo de ex oficiales del SAS, Spicer fundó Sandline International, que ahora controla un imperio de 20 empresas de seguridad con representación en casi todo el mundo.

Rápidas. Esas empresas son capaces de movilizar en pocas horas hasta 8.000 hombres perfectamente entrenados, encuadrados por ex oficiales de unidades de elite de Francia, Gran Bretaña, Sudáfrica o Israel, y armados con material altamente sofisticado (helicópteros Mi-8, MI-17 y Mi-24, cazas Mig 2 y 27, cañones pesados, material infrarrojo, etc.). En Bagdad, Blackwater -uno de los gigantes del sector- utiliza blindados, helicópteros y aviones.

Desde hace tiempo, esas empresas tienen filiales que se especializan en ofrecer escolta, protección y seguridad operativa a las ONG que operan en zonas de riesgo.

Las actividades humanitarias tienen la triple ventaja de ser un sector en plena expansión, de ofrecerles una buena imagen internacional y de abrirles vías privilegiadas de vinculación con las agencias de la ONU que organizan intervenciones masivas en zonas de emergencia (en guerra o víctimas de catástrofe naturales). Por ejemplo, Lifeguard -una filial de Sandline- fue elegida por la ONU para proteger sus instalaciones en Sierra Leona.

A veces, como ocurrió en Bosnia, las milicias privadas actúan subordinadas a los Cascos Azules de la Forpronu, y luego con las fuerzas de intervención enviadas por la OTAN y la Unión Europea. En esos casos, las Transnational Security Corporations, como se las llama en la jerga del Pentágono, trabajan bajo contrato firmado con los departamentos de Estado o de Defensa de Estados Unidos, la ONU, empresas privadas multinacionales o gobiernos.

En 1995, cuando comenzaron a apaciguarse los conflictos en la ex Yugoslavia, Croacia contrató a la empresa norteamericana Military Professional Resources Incorporated (MPRI) para que entrenara a sus fuerzas armadas.

El mayor problema reside en la dificultad para determinar dónde se encuentra la frontera entre las misiones defensivas de los subcontratistas privados y las operaciones de combate de los soldados regulares. Para adaptarse a ese nuevo fenómeno, el Pentágono inventó el concepto de “fuerza total”, que incluye soldados regulares, reservistas, subcontratistas privados y funcionarios civiles de defensa.

“La utilización de milicias privadas tiene la ventaja de que, cuando se producen bajas, pasan inadvertidas”, afirma John Geddes en su libro “Autopista al infierno”, donde describe su experiencia como mercenario en Irak.

Aunque teóricamente no están expuestas al fuego enemigo, en Irak las víctimas civiles acaban de llegar a 1.000, según The Washington Post. Pero esas bajas no suscitan ninguna reacción en Estados Unidos, donde sólo tiene repercusión política la contabilidad de militares muertos (casi 4.000).

Después de ver actuar a esos “corporate warriors” en escenarios de alto riesgo, algunos gobiernos empiezan a mirar con desconfianza a esas organizaciones -verdaderas multinacionales de la guerra- que algún día pueden escapar al control de sus contratistas.

¿Seguras? La privatización de la guerra es sólo un segmento de las actividades que realizan las Transnational Security Corporations. Otra parte sustancial del negocio es la llamada industria de la seguridad privada, que abarca desde las actividades de custodia de edificios, instalaciones industriales y barrios privados hasta la escolta de valores y documentos sensibles en camiones de seguridad y protección de personalidades. Algunas compañías no titubean en aceptar operaciones menos transparentes como espionaje industrial, averiguaciones de antecedentes, pesquisas laborales e indagaciones de la vida privada.

Como resultado del vertiginoso incremento de la inseguridad urbana que se registró en los últimos años en todo el mundo, ese sector crece a un ritmo de 6 a 8 por ciento anual desde la década del 80. La industria privada de seguridad facturó 120.000 millones de dólares en 2006 en el mundo, según estadísticas de Freedonia Group Inc. Estados Unidos y Europa ocupan 75% de ese mercado, pero Asia (16%) y América Latina (10%) son las dos regiones con más rápido crecimiento. Se estima que en 2015 Latinoamérica representará el 14% del mercado.

Los atentados de 2001 en Estados Unidos dieron un impulso decisivo al llamado mercado del miedo irracional que se tradujo en un incremento de las medidas de protección en estaciones, aeropuertos, subterráneos y edificios públicos. Las principales inversiones se concentraron en un refuerzo de todos los eslabones de la cadena de prevención del terrorismo y -simultáneamente- del delito: cámaras de control, vigilancia, alarmas, controles de acceso, sistemas antiincendio, cerrajería y monitoreo global.

En Estados Unidos, el crecimiento de la seguridad privada comienza a alcanzar proporciones inquietantes. Actualmente hay una proporción de 17 guardias privados armados por cada 10 policías. El mismo fenómeno existe en otros países de América Latina. Eso plantea dos problemas: la claudicación del Estado en materia de seguridad y el surgimiento progresivo de zonas de “derecho privado” -como algunos countries- donde el reglamento interno prevalece de hecho sobre el Código Civil.

Otro peligro de ese fenómeno es que la codicia frente a las colosales sumas en juego pueda inducir a esas empresas a crear conflictos o amenazas artificiales a la seguridad para justificar su existencia y continuar multiplicando sus ganancias.

- La guerra privatizada de Irak (El Mundo - 18/9/07)

Miles de agentes de empresas de seguridad combaten en un conflicto paralelo

Sus actividades se desarrollan fuera del ojo público y al margen de la legislación

La muerte de una decena de civiles por disparos que Irak atribuye a guardias de seguridad extranjeros ha colocado en el punto de mira a empresas privadas como Blackwater, que combaten en una guerra paralela fuera del ojo público y al margen de las leyes del país árabe.

El creciente sector de la industria de seguridad privada, principalmente en manos extranjeras, proporciona empleo al menos a 25.000 personas de EEUU, Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y otros países, según la prensa iraquí.

Estas compañías son en gran medida contratadas por el Ejército estadounidense, que busca así compensar la escasez de tropas en algunas zonas. Su tarea es combatir a los insurgentes en una lucha que acompaña a la que libran sus propias tropas junto a las fuerzas locales, sobre todo en Bagdad.

También proporcionan protección a altos cargos, como el embajador estadounidense, Ryan Crocker, vigilan las instalaciones militares y escoltan los convoyes que transportan material para el Ejército y la policía iraquí.

En cambio, los servicios que prestan las empresas iraquíes son de menor nivel, como proporcionar guardaespaldas privados y proteger a empresas y bancos. Sus trabajadores son principalmente antiguos miembros de las fuerzas armadas y ex agentes de policía que no lograron integrarse en las unidades actuales.

El país, en alerta

Pero estos guardias y escoltas “necesitan una legislación” que aún no existe, en opinión del diputado chií Abbas al Bayati, miembro del Comité de Seguridad y Defensa. Por ahora, el Parlamento analiza una propuesta de ley para compensar a las víctimas de la violencia perpetrada por estas sociedades privadas.

La otra cara de la polémica son las bajas que sufren las propias compañías, cuyos empleados sufren ataques a diario y a veces fallecen en incidentes que no suelen salir a la luz. Desde 2004 hasta el mes de mayo fallecieron 132 contratistas y camioneros y otros 416 resultaron heridos, según un documento del Ejército, aunque se cree que las cifras podrían ser más elevadas.

En este caso, sin embargo, la amplia repercusión mediática de la matanza del pasado domingo ha puesto en alerta a todo el país. De momento, Blackwater ya ha perdido su licencia y el Gobierno de Nuri al Maliki ha anunciado que revisará todos los contratos con el resto de empresas, tanto locales como extranjeras.

- La privatización de la guerra o por qué Blackwater es otro gran triunfo de la economía de mercado

(Por Iñigo Sáenz de Ugarte - 18/9/07)

De todos los legados que dejó Rumsfeld en el Pentágono, éste es el que perdurará durante más tiempo. Algún día, quizá en la próxima década, EEUU abandonará Irak. Lo que nunca cambiará ya será la implicación de la empresa privada en el negocio de la guerra.

Blackwater es una compañía muy especial -por algo le llaman la guardia pretoriana de la Administración de Bush- pero no la única. Decenas de ellas han encontrado un filón inagotable. Miles de ex soldados chilenos, sudafricanos, salvadoreños y, desde luego, estadounidenses y británicos tienen ante sí nuevas oportunidades. Y todo porque el gran imperio americano ha descubierto que matar al enemigo es una actividad laboral como cualquier otra. También se puede subcontratar.

Sin el reclutamiento obligatorio de la época de Vietnam, EEUU no puede mantener durante años un despliegue militar como el actual. Al mismo tiempo, los inevitables reveses de la guerra provocan molestas preguntas de parlamentarios y periodistas, al menos de los que no permiten que la patria nuble su juicio.

La solución consiste en contratar un ejército privado. Sus cifras de muertos no nutren el parte general de bajas. Se mueven entre sombras, sin hacer frente a las responsabilidades que obligan a los uniformados. El Estado no paga su entrenamiento ni sus pensiones. La relación calidad-precio no es desdeñable.

Como decía el fundador de Blackwater, “nuestro objetivo como empresa es hacer por el aparato de seguridad nacional lo que Fed-Ex hizo por el servicio postal”. ¿Quién dijo que la guerra no puede ser rentable?

Las legiones romanas y los tercios españoles de Flandes también contaban con una nutrida presencia de mercenarios. Pero sus guerras no tenían como meta extender la democracia, sino aumentar los límites de un imperio. No había derechos humanos que respetar.

Quizá no esté muy lejos el día en que no sea necesario contar con un gran ejército para lanzar una invasión. Una buena línea de crédito y un proveedor de mercenarios de confianza serán suficientes. Los jefes de las Blackwater del futuro irán a porcentaje. Y si alguno de sus pistoleros es de gatillo fácil, se le descontará un porcentaje del sueldo. La tecnología bélica no deja de progresar y de dar beneficios a las empresas. Ya era hora de que esa bonanza alcanzara a los trabajadores. Los mercenarios no serán ya los grandes olvidados del negocio de la guerra.

La última matanza de civiles iraquíes ha abierto los ojos del Gobierno iraquí. Dicen que han retirado a Blackwater la licencia para operar en Irak. Como si las empresas de mercenarios se hubieran molestado alguna vez en respetar la legislación iraquí…

- Blackwater Ban “Inevitable”

(By Noah Shachtman September 17, 2007)

“It was inevitable”, that's P.W. Singer's reaction to the Iraqi government “banning” military contractor Blackwater from the country. For years, no one has followed the rise of these privatized soldiers more closely than Singer, a Brookings Institution Senior Fellow and author of the ground-breaking Corporate Warriors. Companies like Blackwater have been roaming Iraq without oversight or management for years. Of course the Iraqi government was going to lose patience. Here is Singer’s take:

Details are still fuzzy on the incident that led the Iraqi government to act against Blackwater. But it may be almost irrelevant to the results. Initial reports from the U.S. embassy are that a Blackwater USA convoy that was guarding State Department employees came under fire in the Mansour district in Baghdad. A vehicle was disabled and a lengthy gun battle broke out. Witnesses are reporting that it lasted at least 20 minutes. The Iraqi Interior Ministry is reporting that 8 Iraqi civilians were killed and 13 wounded in the crossfire. There will likely be lots of claims back and forth about whether the shootings were justified or not, whether who was killed was primarily insurgents or civilians, etc. and likely everyone will have their own spin. It will be interesting to see whether any video finds its way out.

The only thing we do know is that the Iraqi Government is not happy at all, with the Iraqi Prime Minister (who is Shia, so not pre-disposed to cover up for a Sunni attack) blaming the killings on the company's employees and describing it as a “crime”. The Iraqi Interior Ministry says it is pulling the license of the company to operate in Iraq and will try to prosecute any foreign contractors found to have used excessive force in the Sunday shooting.

Still, even before all the details come to light, a few things are clear:

1) It was inevitable. Private military contractors have been involved in all sorts of questionable incidents, since the very start of the Iraq enterprise. U.S. military officers frequently expressed their frustrations with sharing the battlefield with such private forces operating under their own rules and agendas, and worry about the consequences for their own operations. For example, Brigadier General Karl Horst, deputy commander of the US 3rd Infantry Division (responsible for Baghdad area) tellingly put it two years back, These guys run loose in this country and do stupid stuff. There’s no authority over them, so you can’t come down on them hard when they escalate force. They shoot people, and someone else has to deal with the aftermath”.

No one has kept an exact count of the incidents, but some notable examples include:

The Aegis “trophy video,” in which contractors took video of themselves shooting at civilians, set it to the Elvis song “Runaway Train”, and put it on the Internet.

The alleged joyride shootings of Iraqi civilians by a Triple Canopy supervisor. They became the subject of a lawsuit after two employees, who claim to have witnessed the shootings, lost their jobs.

Armed contractors from the Zapata firm detained by U.S. forces, who allegedly saw the private soldiers indiscriminately firing not only at Iraqi civilians, but also at U.S. Marines. Again, they were not charged, as the legal issues could not be squared. Private military firms may be part of the military operation, but they and their employees are not part of the military, or its chain of command or its code of justice.

Abu Ghraib, where reportedly 100 percent of the translators and up to 50 percent of the interrogators at the prison were private contractors from the Titan and CACI firms, respectively. The U.S. Army found that contractors were involved in 36% of the proven abuse incidents and identified six particular employees as being culpable in the abuses. While the enlisted U.S. Army soldiers involved in the Abu Ghraib abuse were court-martialed for their crimes, not a single private contractor named in the Army's investigation report has been charged, prosecuted or punished. The Army believes it lacks the jurisdiction to pursue these cases, even if it wants to.

The inevitable part was not just the shootings, but the government's reaction, which has been on the horizon for a while. The Iraqi government is supposedly a sovereign state, so it is not surprising that at some point it would start to act like one, trying to enforce its monopoly over violence against other armed organizations on the ground.

2) Pay attention to the politics. 2) The underlying politics to this are important to understand. Private contractors are a visible and especially disliked part of the US presence in Iraq. So a good way for Iraqi government officials, who are often depicted as stooges of the US, to try to burnish their nationalist credentials is to go after the contractors. They can make it look like they are standing up to the big bad outsiders, but not do so against U.S. troops. As AFP noted, “Monday's action against Blackwater was likely to give the unpopular government a boost, given the contractors' widespread unpopularity”.

3) That it was Blackwater is unsurprising. As illustrated by the examples listed above, Blackwater is not the only company working in Iraq. Indeed, the L.A. Times recently reported that there may be over 160,000 private contractors working in Iraq, as many as the overall number of US forces even after the “surge”. However, Blackwater has been one of the most visible -- unusual for an industry that typically tries to avoid the limelight. This notoriety makes Blackwater a fatter target than, say, an unknown British or Bulgarian company.

The relationship between the Iraqi government and Blackwater is particularly tense -- and not just because armed Blackwater guards are the contractors that senior Iraqi government officials run into the most. On Christmas Eve 2006, a Blackwater employee allegedly got drunk while inside the Green Zone in Baghdad and got in an argument with a guard of the Iraqi Vice President. He then shot the Iraqi dead. The employee was quickly flown out of the country. Nine months later, he has not been charged with any crime. Imagine the same thing happening in the U.S.: An Iraqi embassy guard, drunk at a Christmas party, shooting a Secret Service agent guarding Vice President Cheney. You can see some potential for underlying tension there. In May 2007, there was another reported shooting of an Interior Ministry driver by Blackwater employees. That led to an armed standoff and had Matthew Degn, a senior American civilian adviser to the Interior Ministry's intelligence directorate, describing the ministry as “a powder keg” of anger at the firm.

4) This is what happens when government fails to act. The problems with the absence of oversight, management, doctrine, and even law and order when it comes to private military contractors have been known for a while. Heck, I wrote a book about it back in 2003, before the Iraq invasion. While the industry has boomed, the vacuum of policy and strategy has continued for years. In June 2006, for example, the Government Accountability Office reported that “private security providers continue to enter the battle space without coordinating with the U.S. military, putting both the military and security providers at a greater risk for injury”.

U.S. officers in the field are also complaining about the underlying harm created by this lack of policy. For example, Col. Peter Mansoor is one of the most influential military thinkers on counterinsurgency -- currently serving as Gen. David Petraeus' executive officer. In 2007, he told Jane's Defence Weekly that the U.S. military needs to take “a real hard look at security contractors on future battlefields and figure out a way to get a handle on them so that they can be better integrated -- if we're going to allow them to be used in the first place. If they push traffic off the roads or if they shoot up a car that looks suspicious, whatever it may be, they may be operating within their contract (but) to the detriment of the mission, which is to bring the people over to your side. I would much rather see basically all armed entities in a counter-insurgency operation fall under a military chain of command”.

Yet, nothing much has happened. Indeed, the only real action was limited efforts in the Congress. In fall 2006, Senator Lindsay Graham slipped into the 2007 Defence Bill a clause that could potentially place contractors and others who accompany American troops in the field under the U.S. military’s Uniform Code of Military Justice (UCMJ). That is, he changed the law defining UCMJ to cover civilians -- not just in times of declared war, but also during contingency operations. Almost 10 months later, however, no Pentagon guidance has been issued on how this clause might be used by JAGs in the field. So, its impact so far has been like a tree falling in the forest, with no one around.

More broadly, there have been several recent efforts at bringing some transparency and oversight to the U.S. side of the industry. Key players have been Representatives Jan Schakowsky and David Price, and Senator Barack Obama. (His bill, the “Transparency and Accountability in Military and Security Contracting Act of 2007”, essentially brings together the reforms sought by Schakowsky and Price on the House side.) These have not yet passed into law, but may during the upcoming debates. Whether the executive branch will use them, though, returns us back to the problem of inaction on Graham’s bill.

The point is that the U.S. government has paid for the industry for years, but had tried to ignore the accompanying responsibility for the consequences. In lieu of our own inaction, the Iraqi government has stepped in, perhaps in a way that we may not be happy with.

Of course, there is an underlying irony. There are reports that the “license” that the Iraqi government is supposedly revoking doesn’t exist. The Iraqi Interior Ministry is the entity that every contractor is supposed to register with, but it is also the organization that the recent panel led by retired General James Jones described as "dysfunctional" and “a ministry in name only”. So many companies have been unable to register, and many contractors have even had to resort to using their business cards as if they were official IDs. It will be interesting to see if this included the very company hired to guard senior U.S. leaders in Iraq.

5) Over outsource and you paint yourself into a corner. This is what happens when you hollow out your operations. Blackwater has a contract to guard State Department employees. Now, the question must be asked: If the company cannot do so, what happens next?

Tongue in cheek, one could say that we all learned last week that: (a) the U.S. has enough extra military forces in Iraq and (b) the security situation is getting better. So, if this is true, then what’s all the fuss?

Of course, we all know that the whole Kabuki play last week in Congress was false and that the security situation is atrocious and that State personnel still need to be guarded. Back in the day, all of these roles would have been filled either by military forces or State Department diplomatic security. But our military forces are stretched thin, and the government’s diplomatic security force has been hollowed out at the same time that the need for it has expanded. (And just for the record: A consortium of companies, led by Blackwater, got a $1 billion contract to do the global State Department diplomatic security job last year. So it wasn't exactly a lack of money that caused the hollowing.)

So, in the short term following such a market failure, we have three likely choices: 1) ignore the Iraqis' wishes and just keeping on using Blackwater contractors as before; 2) find another company to step in and quick-fill take on these roles in lieu of the firm; or 3) negotiate with the Iraqis to find terms under which the firm might continue to carry out the operation (such as promising a joint investigation, payments to civilians, etc.). Obviously, none of these is a great solution in the short term. None solve the long-term problems. But those are the terrible cards we have in our hands right now. Again, we can't blame anyone else. When it comes to military outsourcing: We dealt these cards to ourselves.

As we now see in Iraq and elsewhere, the privatized military industry is a reality of the 21st century. This entrance of the profit motive onto the battlefield opens up vast, new possibilities, but also a series of troubling questions - for democracy, for ethics, for management, for law, for human rights, and for national and international security. At what point do we begin answering them?

(P.W. Singer is Senior Fellow and Director of the 21st Century Defence Initiative at The Brookings Institution. He is the author of Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry. His writings are available at pwsinger.com)

- Los mercenarios (ABC - 20/9/07)

(Por Alfonso Rojo)

Son como un termómetro. Analizas sus nacionalidades y te puedes hacer una idea bastante cabal de la marcha el mundo. Hace medio siglo, cuando comenzó en África la marea de la descolonización, abundaban los franceses, los belgas y los ingleses. La última década del siglo XX, el contingente más numeroso fueron los sudafricanos, pero proliferaban los procedentes de la antigua Yugoslavia. Ahora, el grueso del contingente lo forman los hispanoamericanos. Sigue habiendo croatas y serbios, pero lo que buscan ahora empresas como Triple Canopy, Executive Outcome o Blackwater son latinos. Por múltiples razones. Son duros, fiables y salen baratos. Un mercenario proveniente de un ejército con prestigio -ya sea el estadounidense, el británico, el francés o el sudafricano- llega a ganar entre 8.000 y 16.000 dólares al mes en Irak. Un colombiano, un peruano, un chileno o un salvadoreño cobra 3.000 dólares, más o menos lo mismo que percibían los gurkhas nepalíes, que antes protegían a civiles occidentales en Bagdad.

La embajada de EEUU suspendió ayer cualquier movimiento de diplomáticos fuera de la “Zona Verde”, después de que el Gobierno iraquí retirara la licencia a Blackwater USA, la firma de seguridad que tiene un contrato para proteger en el país a los empleados del Departamento de Estado. Todo, después de que el pasado domingo y tras ser atacado uno de sus convoyes, los “profesionales” de Blackwater se llevaran por delante a ocho paisanos iraquíes.

No es el de los mercenarios un trabajo fácil. A diferencia de los militares regulares, que se desplazan en columna, con carros blindados y apoyo de helicópteros, van casi a pecho descubierto. Aunque lleve cristales blindados y planchas de metal en los bajos, un todo-terreno no aguanta una ráfaga de ametralladora pesada o el impacto de una granada de RPG. Tampoco es un dulce permanecer de plantón, a la entrada de los hoteles o en el control exterior de cualquier embajada.

Pero lo hacen y cuando hablas con ellos, raro es el que se queja. Y cuando lo hacen, no es del peligro o el sueldo, sino de que “sin mujeres, cerveza o fiestas”, la vida en Irak es mortalmente aburrida.

- Los ejércitos “privados” mueven 160.000 millones de euros al año (Redacción Bottup Nxtmdia - 22/9/07)

Ninguno de los 48.000 mercenarios ha sido procesado y nadie sabe a cuántas personas han matado, porque Estados Unidos no los contabiliza

(Servimedia) Los ejércitos privados se han convertido en una industria que mueve anualmente casi 160.000 millones de euros y opera en 50 países, según un estudio de Peter Singer, analista de la Brookings Institution de Washington, del que informa el diario británico “The Independent”.

Esta industria de mercenarios ha experimentado un gran impulso con la guerra de Iraq, en donde también han sufrido algún contratiempo, como el ocurrido esta misma semana cuando el Gobierno iraquí amenazó con expulsar del país a la firma norteamericana de seguridad Blackwater por su responsabilidad en la muerte de varios civiles.

Hasta ahora, ninguno de los 48.000 agentes de estos ejércitos privados ha sido procesado por delito alguno y nadie sabe a cuántas personas han matado, porque Estados Unidos no los contabiliza, añade “The Independent”.

Asimismo, de acuerdo con algunas estimaciones manejadas por el diario, más de 800 militares de estos ejércitos privados han muerto en Iraq hasta ahora y unos 3.300 han resultado heridos. Estas cifras son mayores que las pérdidas sufridas por cualquier división del Ejército estadounidense tomada por separado y más que la suma de las bajas sufridas por todos los aliados de Estados Unidos.

Un alto mando del Ejército norteamericano citado por el diario afirma que “estos tipos van por el país sin control haciendo estupideces. No hay ninguna autoridad sobre ellos”.

El “boom” de esta industria de ejércitos mercenarios se remonta a los primeros años noventa, al final de la guerra fría, cuando se acabaron las zonas de influencia nítidamente repartidas entre Estados Unidos y la antigua URSS.

Actualmente, en la prisión iraquí de Abu Graib, todos los traductores y la mitad de los interrogadores son contratados de empresas privadas.

- Guerra privatizada (El País - 23/9/07)

La suspensión temporal decretada por el Gobierno iraquí de las actividades de la empresa de seguridad estadounidense Blackwater, que protege a los diplomáticos de Estados Unidos, supone un severo revés para la estrategia de Washington en Irak. Sin estos mercenarios, de los que puede haber hasta unos 50.000 en dicho país, Estados Unidos no podría seguir adelante con un conflicto en el que combaten 160.000 soldados profesionales, a menudo desmoralizados al ver que los contratados cobran hasta 1.000 dólares al día, mucho más de lo que ellos perciben.

La decisión del Gobierno iraquí llega después de un enfrentamiento entre un grupo de insurgentes y hombres de Blackwater que protegían el traslado de un destacamento diplomático norteamericano. Blackwater mandó refuerzos, incluidos helicópteros, que causaron la muerte de al menos 11 civiles iraquíes. No fue el primer incidente de este tipo. Estas fuerzas operan al margen de la ley, porque Estados Unidos tuvo buen cuidado de dotarles de inmunidad ante la justicia local cuando entregó el poder a un Gobierno iraquí. Los soldados regulares, por el contrario, están sometidos al derecho internacional de guerra. La Administración estadounidense impone unas normas militares propias a estas empresas, pero Blackwater fue contratada por el Departamento de Estado y no por el Pentágono, lo que le permitió eludirlas.

Pese a todo, sobre Blackwater pesa una amenaza mucho mayor. La Fiscalía de Carolina del Norte, donde tiene su sede dicha compañía de seguridad, investiga el envío a Irak sin autorización de armamento ligero que ha podido caer en manos de la insurgencia. De otro lado, hay una divergencia indiscutible entre Bagdad y la Embajada norteamericana, puesto que mientras que la segunda parece que va a esperar a que concluya la investigación del Gobierno iraquí sobre Blackwater antes de decidir si prescinde o no de sus servicios, el poder formal iraquí podría pedir hasta la rescisión de la orden que hace inmunes e impunes a los mercenarios. La suspensión, en cualquier caso, puede abrir la vía a la retirada de otras empresas o a más ataques de los insurgentes, que han puesto al descubierto un flanco débil, Es urgente dar marcha atrás y regular a la baja y a escala internacional este nuevo mercenariado que privatiza la guerra.

- Blackwater. La privatización de la guerra (periodico@elmundoalreves.org - octubre 2007)

La ocupación de Irak se sigue complicando para Estados Unidos. El 16 de septiembre, 17 iraquíes caían muertos bajo el fuego de “contratistas”. Leonard Mattioli nos explica qué hay por detrás de este eufemismo utilizado para denominar a ciertas fuerzas militares.

El confuso incidente, si bien no es el primero, fue la gota que desbordó el vaso. La reacción de la gente fue tan fuerte, que el gobierno iraquí se vio forzado a prohibir las actividades de la empresa de seguridad Blackwater en el país. Oficialmente Blackwater brinda servicios de seguridad. Esto significa que entrena y despliega mercenarios -la mayoría ex militares- en áreas de alto riesgo. Desde el año 2001 dicha empresa ha recibido más de mil millones de dólares en contratos con el gobierno de Estados Unidos. Según un periódico español: “Los mercenarios de Blackwater han protagonizado 195 tiroteos en Irak desde 2005, según un informe presentado en el Congreso de Estados Unidos. La mayoría de los incidentes se produjeron cuando los empleados de la compañía dispararon desde sus vehículos sin preocuparse después por el estado en el que quedaban los heridos”.

La utilización de mercenarios les permite a las potencias ocupantes reforzar sus tropas sin la necesidad de recurrir a soluciones como la implementación del servicio militar obligatorio (este extremo ha sido manejado entre políticos conservadores norteamericanos enfrentados a la imposibilidad de sus Fuerzas Armadas de mantener la guerra de Irak y Afganistán, y lanzarse a un ataque contra Irán). Por otro lado, los mercenarios poseen una flexibilidad que las tropas regulares no, y es que ellas obedecen a una empresa, sus acciones no están controladas por un parlamento, o por ningún otro representante, sino por una sociedad anónima. El escándalo que se desató al conocerse la masacre del 16 de septiembre probablemente hubiera sido mucho mayor si las responsables hubieran sido tropas regulares.

Tras la primera reacción del gobierno iraquí, se desarrolló algo que hasta el momento no había pasado: Blackwater tuvo que salir a dar explicaciones, a justificarse. Su dueño, Erik Prince, un ex militar y conocido simpatizante del Partido Republicano, concurrió al Congreso de los Estados Unidos para defender la actuación de sus mercenarios. Su nueva estrategia comunicativa fue diseñada por una filial de la empresa de relaciones públicas Burson-Marsteller. El presidente de Burson-Marsteller es Mark Penn, el principal estratega de la campaña presidencial de Hillary Clinton. De esta manera Balckwater se acerca a quien posiblemente se transforme en la sucesora de Bush.

En un mes se ha sabido más sobre las actividades de Blackwater en Irak que en todos los años anteriores juntos, y esto se debe a que las cosas llegaron a un límite casi intolerable para las víctimas de sus “servicios de seguridad”. A pesar de que el gobierno iraquí fue incapaz de mantener la prohibición de que Blackwater desarrolle sus actividades en el país, su visibilidad se ha transformado en su peor enemigo, ya que nada es peor para un mercenario que el ser identificado, el ser monitoreado. Las pesquisas posteriores a la masacre parece que darán resultados contrapuestos. Por un lado el FBI continúa con su investigación, pero es curioso el hecho que los investigadores de esa agencia que se encargan del caso sean protegidos por los propios mercenarios de Blackwater en sus movimientos por Bagdad.

Por otro lado, la investigación de los funcionarios iraquíes ha concluido, y sus resultados señalan que los mercenarios cometieron “homicidio premeditado” de 17 personas. Sin embargo los autores de la masacre ya no están en Irak, y difícilmente enfrenten un juicio por sus crímenes.

El domingo 7 de octubre, varios cientos de personas se congregaron para protestar contra los planes de Blackwater de abrir una base de entrenamiento militar de más de 320 hectáreas en el este de San Diego, en Estados Unidos. Ese es el tipo de acciones que realmente perjudican a estas empresas, de la misma manera que fue la indignación del pueblo iraquí dejada de manifiesto en las calles la que obligó a su gobierno títere a salir a protestar contra la masacre. Fue la gente común la que dejó en evidencia a estos sobrios mercenarios; fue la gente común la que con su sangre los delató, la que con sus gritos y protestas los expuso, y la que con el tiempo expulsará a todas las fuerzas ocupantes de Irak.

- Un informe del Congreso denuncia el proceder de los mercenarios de Blackwater (El País - 3/10/07)

(Por Yolanda Monge - Washington)

Los empleados de Blackwater en Irak son de gatillo fácil, imprudentes, e indiferentes a las vidas de los iraquíes, y en la mayoría de las ocasiones han realizado sus ataques desde coches en marcha sin ni siquiera pararse para contar los muertos o informar de los heridos, según un informe del Congreso de Estados Unidos. Un día después de que se hiciera público, un comité de la Cámara investigaba ayer si el Departamento de Estado ha actuado como encubridor de actividades delictivas e incluso criminales.

Dispararon primero en el 80% de los tiroteos en los que se vieron implicados en 2005

En al menos dos ocasiones, la empresa de seguridad pagó a familiares de víctimas y trató de encubrir otros episodios. En el informe se asegura que funcionarios del Departamento de Estado aprobaron pagos con el objetivo de silenciar los tiroteos.

Especialmente escandalosa es la velocidad con la que fue sacado de Irak a finales de 2006, en menos de 36 horas, uno de los empleados de Blackwater después de que, borracho, matara a un guardaespaldas de uno de los dos vicepresidentes iraquíes. Blackwater compensó a la familia del guardaespaldas con 15.000 dólares (unos 10.600 euros).

El presidente de la compañía, Erik Prince, defendía ayer ante el Congreso su labor. Los congresistas analizaron el incidente del 16 de septiembre en Bagdad, en el que murieron 11 civiles iraquíes a manos de empleados de esta empresa basada en Carolina del Norte. Prince dijo que las acusaciones eran “alegaciones negativas y sin fundamento”. Según su versión, los contratistas respondieron aquel día a un ataque con fusiles AK-47 después de que un terrorista suicida detonara un coche bomba. “Los medios han decidido que Blackwater es culpable”, añadió. Para el máximo responsable de la empresa de seguridad privada, la labor de su compañía ha sido un éxito: “Ningún individuo protegido por Blackwater ha resultado herido o ha sido asesinado”. Entre los clientes se encuentran miembros del Gobierno y del Congreso de EEUU.

Después de la muerte de los 11 civiles en Bagdad, el Gobierno iraquí exigió la salida del país de esta empresa. El FBI anunció el lunes que enviará agentes a investigar el incidente. Sólo entre 2004 y 2006, el Departamento de Estado ha pagado 832 millones de dólares por los servicios de Blackwater.

Los empleados de esta empresa de seguridad actúan, según el informe del Congreso, como cowboys. “¿Estamos pagando mucho por recibir poco?”, se preguntaba el lunes el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, Henry Waxman. Este político demócrata difundió el informe, en el que se detalla cómo los mercenarios de Blackwater han empleado la fuerza contra civiles en numerosas ocasiones. Los empleados de Blackwater se han visto envueltos en 195 tiroteos desde 2005.

Según este informe, el 80% de las veces los contratistas dispararon primero. El contrato con el Departamento de Estado asegura que sólo pueden abrir fuego “si se encuentran en peligro inminente y grave”. La empresa también ha tomado medidas y ha investigado a sus empleados. En los últimos tres años ha habido 122 despidos, sobre todo por asuntos relacionados con alcohol y drogas. Unos 1.000 mercenarios a sueldo de Blackwater imponen su ley hoy día en Irak.

- Después de hacer desastres en Irak, ejércitos privados copan Afganistán (Página 12 - 12/10/07)

(Por Kim Sengupta * desde Kabul)

Grandes grupos de soldados privados estadounidenses están por llegar a Helmand, el centro de comando del mando militar británico en Afganistán, como parte de un nuevo relanzamiento de los proyectos de reconstrucción y desarrollo en la arrasada provincia.

Estados Unidos se ha ocupado de suministrar la mayor parte del nuevo paquete de ayuda, que alcanzaría los 200 millones de dólares. Pero los funcionarios británicos, convencidos de la necesidad de ganar “los corazones y las mentes” de los afganos en el enfrentamiento con los talibán, ya han dado señales de su preocupación por las posibles consecuencias que puede provocar el ingreso de contratistas militares. Estos grupos de seguridad privada quedaron en medio de la crítica internacional después que la compañía norteamericana Blackwater asesinara a tiros a un grupo de civiles iraquíes hace varias semanas en Bagdad.

Mientras las tropas de la OTAN recuperan el control del territorio que estaba en manos de los talibán, la insurgencia ha optado por replegarse y recurrir a los ataques suicidas y a los atentados en las principales rutas del país, como en Irak. “La preocupación es que pueda haber una explosión y que los contratistas entren en pánico y abran fuego, como sucedió con Blackwater en Bagdad. Eso es lo último que necesita Helmand en este momento”, aseguró un diplomático occidental.

Además de cuestionar a los mercenarios norteamericanos, también existe molestia por el liderazgo de Washington en la reconstrucción afgana. “En los papeles, los Estados Unidos son por lejos los mayores donantes en la provincia. Sin embargo, una gran parte de esa ayuda nunca llega a donde se la necesita”, agregó el diplomático.

DynCorp, una de las mayores empresas de seguridad norteamericanas, ya provocó molestias en Helmand por su participación en las campañas para erradicar las cosechas de opio. Los comandantes británicos reconocen que los campesinos, cuyas vidas han quedado destruidas por las fumigaciones, no distinguen entre contratistas privados y soldados. No obstante, intentan explicar que ellos no tienen nada que ver con las erradicaciones. El gobierno del presidente Hamid Karzai, como su contraparte en Irak, también se ha mostrado preocupado por las operaciones de los contratistas y, por eso, ya comenzó a discutir una nueva legislación que endurezca los controles.

Blackwater trabaja para la embajada estadounidense en Kabul. Sin embargo, en este país el mayor contratista norteamericano es USPI, una empresa con sede en Texas. Según informes de ese estado, la contratista ha sido acusada de sobrefacturar millones de dólares al gobierno estadounidense por empleados y camiones que no existen. Además, USPI ha sido criticada por su criterio de contratación. Un informe del think tank norteamericano International Crisis Group aseguró que la mayoría de sus empleados están asociados a milicias privadas. “Muchos han utilizado su autoridad para involucrarse en actividades criminales, como el narcotráfico”, afirmó el informe.

Un supervisor norteamericano que trabaja para USPI fue acusado de matar a un intérprete afgano y tomarse un vuelo al otro día de vuelta a Estados Unidos. La bronca llevó a que las oficinas centrales de esa empresa fueran atacadas varias veces, al igual que sus convoyes. Blackwater también recibió más de un cuestionamiento. Según informó la prensa, sus agentes participaron recientemente de una redada a sus propias oficinas, en la que se dice se llevaron la mayoría de las computadoras.

* (De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12)

- Vigencia de “los perros de la guerra” (ABC - 24/10/07)

(Por Ramón Pérez-Maura)

La muerte, días atrás, del célebre mercenario francés Bob Denard coincide en el tiempo con el auge del papel jugado por los mercenarios en los conflictos de nuestros días. La única verdadera diferencia que existe entre los Bob Denard, “Mad Mike” Hoare o “Black Jacques” Schramme de hace unos años y los Erik Prince o Tim Spicer de nuestros días es que éstos últimos se han centrado en ofrecer a la sociedad unos servicios que alguien tiene que hacer, pero es políticamente incorrecto reconocer que hay una demanda. Y, vista la oportunidad, los Prince y Spicer, con sus compañías Blackwater y Strategic Consulting, quieren ganar dinero. Como todo el mundo.

Los mercenarios han sido un elemento nuclear del arte de la guerra desde la noche de los tiempos. Ya Shakespeare, en su “Julio César”, se refiere a ellos en una frase que se ha convertido en cita prototípica: “Cry “Havoc!” and let slip the dogs of war”, que podríamos traducir como “Grita “¡Devastación!” y suelta a los perros de la guerra”. Durante las décadas de 1960 y 1970 los procesos de la descolonización africana dieron lugar al auge de célebres mercenarios con sus ejércitos de alquiler. Frederick Forsyth los retrató perfectamente en su magnífico “Los perros de la guerra” -censurado en la versión castellana- donde el derrocamiento de un dictador sospechosamente parecido a Francisco Macías -en un país calcado de Guinea Ecuatorial- se convierte en una cuestión de principios. Esa imagen romántica sería fácilmente rebatible. Pero ante el auge de los ejércitos privados del presente, ante el escándalo que suscita en nuestra bienpensante sociedad el que existan empresas como Blackwater, convendría tener presente que una de las principales razones por las que son contratados es porque los muertos de esos ejércitos no figuran en las listas de caídos de ningún país. Esas “body bags” llenas nunca aparecen en las televisiones. Se dispone de los cadáveres sin necesidad de rendir honores. Y la conciencia colectiva queda mucho más tranquila porque no contabiliza bajas. Hipócritas.

- Quién controla a los ejércitos privados (Washington Post - 21/10/07)

(Por Karen DeYoung)

El Departamento de Estado recurrió a Blackwater en medio de una pelea con el Pentágono sobre el personal de seguridad en Iraq

En las Navidades pasadas en Bagdad, el embajador norteamericano Zalmay Khalilzad recibió una furiosa llamada telefónica del vicepresidente iraquí Adel Abdul Mahdi. Un norteamericano borracho, armado, deambulando por la Zona Verde después de una fiesta, había matado a balazos, la noche anterior, a uno de sus guardaespaldas personales, dijo Mahdi. Quería ver a Khalilzad de inmediato.

En la casa del vicepresidente, Khalilzad encontró reunida a la familia del guardaespaldas asesinado. Mahdi exigió la identidad del norteamericano y de su empleador. Y quería que el hombre fuera entregado a las autoridades iraquíes.

Después de consultar con el encargado jurídico de la embajada, Khalilzad identificó al norteamericano como Andrew J. Moonen, empleado de Blackwater USA, la compañía que se encarga de la seguridad de los diplomáticos norteamericanos en Bagdad. Pero no podía entregar a Moonen él mismo. Treinta y seis horas después del asesinato, Blackwater y la embajada ya lo habían embarcado fuera del país.

“Como se puede imaginar”, dice el encargado de la Seguridad Diplomática de la embajada en un e-mail a su sede en Washington el día de su partida, “esto tiene serias implicaciones”.

Pero como en casos previos de asesinatos cometidos por contratistas, el caso fue manejado ofreciendo excusas y el pago de reparaciones. Blackwater despidió a Moonen y le impuso una multa de 14.697 dólares, el total de la paga que se le adeudaba, una gratificación y el valor del billete de avión para volver a casa, de acuerdo a documentos de Blackwater. La suma se aproximaba a los quince mil dólares que la compañía había accedido a pagar a la familia del guardaespaldas iraquí.

Sin embargo, diez meses después -después de que guardias de Blackwater mataran a balazos a diecisiete civiles iraquíes en una rotonda en Bagdad el 16 de septiembre-, el Departamento de Estado ya no puede manejar discretamente las consecuencias de tener un ejército privado en Iraq. El FBI está investigando el incidente, Bagdad ha prometido revocar una ley que protege a los contratistas de la posibilidad de ser juzgados en Iraq y críticos en el Congreso han acusado al Buró de Seguridad Diplomática de no ejercer supervisión sobre Blackwater y otras compañías de seguridad bajo su autoridad.

Los tiroteos también han reabierto enconadas y antiguas disputas entre el Departamento de Estado y el Pentágono, que en los últimos años han peleado por decisiones políticas, incluyendo la decisión de invadir Iraq y el tratamiento otorgado a los detenidos. Esos amplios desacuerdos han girado frecuentemente sobre una pregunta muy delimitada: ¿Quién es responsable de la seguridad de los civiles estadounidenses que sirven en Iraq?

Mientras continúan las investigaciones del Departamento de Estado y del FBI, las fuerzas armadas filtraron su propio informe sobre los tiroteos del 16 de septiembre, constatando que no hay evidencias de que los guardias de Blackwater dispararan en defensa propia, como ha sostenido la compañía. Oficiales norteamericanos han criticado públicamente a los contratistas de seguridad como cowboys descontrolados que se granjean la aversión de los iraquíes que los militares están tratando de aproximar.

El ministro de Defensa, Robert M. Gates, dijo la semana pasada que los contratistas tienen objetivos militares cruzados, y ha sugerido que podrían ser colocados bajo su autoridad. Muchos en el Departamento de Estado ven esta medida como un intento de hacerse con más poder de un ministerio de Defensa que se ha negado durante largo tiempo a proporcionar protección a los diplomáticos. Desde los tiroteos del mes pasado, dijo un diplomático, el Pentágono “no ha ahorrado esfuerzos para erosionar a Blackwater y al Departamento de Estado”.

En su sede en un rascacielos Rosslyn, el Buró de Seguridad Diplomática (SD) está en crisis. El servicio ha más que duplicado sus tres docenas de agentes en Bagdad, enviando de momento casi un tercio de la fuerza de elite para operaciones especiales de cien agentes que mantiene para emergencias en todo el mundo. La ministro de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice, ha ordenado que al menos un agente de SD acompañe a todo convoy con guardias de Blackwater que salga de la Zona Verde -un promedio de seis o siete al día- y ha instruido a SD que haga y archive transmisiones de radio y cintas de video de los vehículos de Blackwater para ser utilizadas como evidencias en cualquier futuro incidente.

Todavía se espera la revisión de Rice de un informe sobre las operaciones del contratista privado del Departamento de Estado. Algunos funcionarios especularon que Rice no tiene otra opción que remover de Iraq a los cerca de 900 empleados de seguridad de Blackwater; otros dicen que piensan que la compañía podrá permanecer hasta el término de su actual contrato, en mayo.

Remplazar a Blackwater -de lejos, la más grande y visible de las tres compañías privadas de seguridad que operan bajo contrato con el Departamento de Estado en Iraq- será difícil y caro. Funcionarios de SD temen que su buró sea encargado permanentemente de la custodia de cientos de funcionarios civiles norteamericanos que ahora son protegidos por Blackwater en Iraq. El servicio sólo tiene mil cuatrocientos agentes adiestrados en todo el planeta, repartidos entre el edificio del Departamento de Estado en Washington, veinticinco oficinas en Estados Unidos y 285 instalaciones diplomáticas norteamericanas en el extranjero.

A corto plazo, ocuparse de la seguridad en Iraq implicará retirar agentes de otras misiones. Adiestrar nuevos agentes “tomará entre dieciocho meses y dos años, pues hay que identificarlos, controlar sus antecedentes, controlar su riesgo para la seguridad, proporcionarles siete meses de formación básica y un curso de adiestramiento para amenazas graves”, dijo hace poco Richard Griffin, subsecretario de estado para Seguridad Diplomática.

Un nuevo contrato de 112 millones de dólares que fue firmado el mes pasado con Blackwater puede igualmente estar en peligro, de acuerdo a un importante funcionario de SD que, así como a otros actuales y antiguos funcionarios de gobierno y oficiales militares entrevistados para este artículo, comentaron el tema de los contratistas a condición de conservar el anonimato. El nuevo contrato -que agrega 241 empleados de Blackwater y aumenta su flota de helicópteros en Iraq de ocho a veinticuatro- proporcionará un componente aéreo de reacción rápida para el transporte de diplomáticos, evacuación y rescate médicos, dijo el alto funcionario, algo a lo que las fuerzas armadas se han negado a asignar recursos.

La necesidad de helicópteros, dijo el funcionario, se destacó todavía más cuando un convoy que trasladaba al embajador polaco en Bagdad fuera emboscado antes este mes. “Nuestro centro técnico en Bagdad oyó la comunicación radial” entre los guardaespaldas del embajador y los militares norteamericanos, dijo el funcionario. Cuando los militares dijeron que el rescate tomaría una hora, SD contactó a Blackwater. Su helicóptero evacuó en siete minutos a los muertos y heridos -incluyendo al embajador, gravemente quemado.

Pero a medida que crecen las críticas contra las operaciones de seguridad del Departamento de Estado, el lado negativo de tener un ejército de guardias privados a su disposición -y bajo su responsabilidad- se ha hecho más evidente, dijo el funcionario. “Deberíamos haberlo visto venir hace cuatro años”.

Historia Discreta

Antes de que Iraq y Blackwater lo introdujeran a las audiencias en el Parlamento, SD prefería mantenerse entre las sombras diplomáticas. Sus tareas incluyen investigar fraudes con visados y pasaportes, proporcionar servicios de correo, y encargarse de la seguridad técnica y física de las instalaciones y personal en territorio nacional y en el extranjero del Departamento de Estado. Muy visiblemente, sus agentes proporcionan día y noche protección a la ministro del ministerio de Relaciones Exteriores y a dignatarios extranjeros visitantes.

Las embajadas norteamericanas tienen asignado un agente de SD como agente de seguridad regional. Empleados locales adiestrados se encargan de la protección de los edificios, pero no fue sino hasta 1994 que SD abordó una firma norteamericana para servicios de protección personal, contratando al DynCorp, de Virginia, para acompañar al exiliado presidente Jean-Bertrand Aristide de regreso a Haití después de que las fuerzas armadas norteamericanas lo reinstalaran en el poder.

Más tarde se contrató temporalmente a otros contratistas norteamericanos para proteger a funcionarios norteamericanos en zonas conflictivas, incluyendo Bosnia y los territorios palestinos. Pero en su mayor parte, los diplomáticos norteamericanos que se aventuran fuera de sus embajadas son protegidos mínimamente con guardaespaldas locales o se encargan ellos mismos.

Marc Grossman, embajador norteamericano en Turquía a mediados de los años noventa, dijo a su personal que tomaran sus propias precauciones de seguridad. Después de perder empleados de la embajada en ataques, aconsejó a los empleados adquirir un dado de seis caras en sus guanteras; para estropear emboscadas, debían seguir una ruta distinta a casa cada día -las rutas eran representadas por cada número, dijo, y echar el dado cuando salían de casa en las mañanas.

Las operaciones de SD crecieron después de los atentados de 1998 contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania, pero no fue sino hasta que el gobierno declarara la guerra a los talibanes y a al-Qaeda en Afganistán en el otoño de 2001 que los contratistas de seguridad se convirtieron en un elemento fijo de la planilla de pago del Departamento de Estado.

Blackwater, de Carolina del Norte, fue contratada para proteger a Hamid Karzai, instalado primero como jefe del gobierno de transición en Kabul y más tarde elegido presidente. Karzai se mostraba reluctante a aceptar los guardaespaldas, dijo un diplomático norteamericano estacionado en Afganistán. “Le preocupaba la imagen que se crearía con guardaespaldas rubios o afro-americanos, e incluso mujeres”. Karzai pidió guardias italo-americanos, que se pueden fundir más fácilmente.

Nacido en Afganistán, Zalmay Khalilzad, que llegó a Kabul en diciembre de 2001 como enviado especial del presidente Bush, y sirvió más tarde como embajador allá antes de trasladarse a Iraq en 2005, recibió quejas de Karzai sobre los contratistas. Los jefes tribales los insultaban cuando les negaban acceso a él; algunos incluso fueron derribados y aplastados contra el suelo cuando se acercaron demasiado agresivamente, dijo el diplomático norteamericano.

Blackwater también protegía a Khalilzad, cuya gratitud se veía mezclada con el temor de que los veloces convoyes de los guardias pudieran arrollar a un niño afgano que apareciera de improviso por una calle lateral.

Pero Afganistán, en términos de seguridad, era un juego de niños en comparación con lo que les esperaba más adelante en Iraq.

Opción Conveniente

Cuando las fuerzas armadas norteamericanas invadieron y ocuparon Iraq a principios de 2003, no había ninguna duda sobre quién se ocuparía de la seguridad de los funcionarios civiles que llegaban en grandes cantidades para rehacer el país. Con una orden firmada por Bush, la Coalición de la Autoridad Provisional y su jefe L. Paul Bremer informaban directamente al entonces ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld. Pero a medida que las tropas estadounidenses debieron prestar más atención a la creciente resistencia, el Pentágono contrató a Blackwater para proporcionar seguridad a Bremer y otros civiles.

Al año siguiente, mientras Estados Unidos preparaba la devolución de la soberanía a los iraquíes y el Departamento de Estado empezaba a planificar una embajada en Bagdad, Rumsfeld perdió su apuesta de conservar el control sobre la campaña norteamericana, incluyendo billones de dólares en fondos de reconstrucción. Una nueva orden del ejecutivo, firmada en enero de 2004, quitó al Departamento de Estado autoridad sobre operaciones militares. La venganza de Rumsfeld, al menos en opinión de muchos funcionarios del Departamento de Estado, fue retirar toda asistencia, excepto la mínima, a la seguridad diplomática.

“Donald Rumsfeld y el entonces subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, pensaban que esto no era problema de ellos”, dijo un ex alto funcionario del Departamento de Estado. Las reuniones para negociar un memorándum oficial sobre el convenio entre el Departamento de Estado y el ministerio de Defensa durante la primavera de 2004 terminaron en elocuentes peleas sobre temas como sus niveles respectivos de patriotismo y si las fuerzas armadas se encargarían de los servicios funerales de los diplomáticos caídos.

Pese a la tensión, muchos en el Departamento de Estado reconocieron el alegato del Pentágono de que los soldados no eran adiestrados como protectores personales. Otros temían que rodear a los funcionarios civiles con cascos y todoterrenos socavaría el mensaje de amable democracia que estaban tratando de implantar en Iraq.

“Se trataba de si queríamos llevar uniformes”, dijo el funcionario de SD. “¿Deben los militares ocuparse de ese tipo de funciones?”

Estaba claro que la misión estaba más allá de las capacidades de SD, y cuando se aproximaba la apertura de la embajada a mediados de 2004, “teníamos que decidir qué íbamos a hacer”, dijo el ex funcionario del Departamento de Estado. “Teníamos que trabajar y para eso necesitábamos protección”.

El Departamento de Estado prefirió la solución más expedita: Coger todos los contratos de seguridad personal de Blackwater con el Pentágono y prolongarlos por un año. “Sí, fue un contrato sin licitación” justificado por “razones apremiantes”, dijo William Moser, subsecretario de estado para logística en una declaración ante el Congreso hace poco. A mitad de camino del contrato, dijo Moser, una auditoría independiente obligó a Blackwater a bajar la propuesta de 140 a 106 millones de dólares.

El funcionario de SD rechazó las sugerencias en el Parlamento de que los contactos políticos de Blackwater con los republicanos y sus contribuciones a la campaña electoral influyeran en su elección. “Voy a defender el contrato contra la opinión de todos los demás”, dijo. “Especialmente del ministerio de Defensa”. A los funcionarios del Departamento de Estado “no les interesa si Erik Prince (presidente de Blackwater) dio dinero a alguien”. Blackwater era el único contratista en Iraq que tenía helicópteros y que contaba con personal e instalaciones en el lugar.

Cuando el contrato expiró en el verano de 2005, el Departamento de Estado pidió propuestas para importantes contratos de “servicios de protección personal en todo el mundo” para colocar todas las operaciones en Iraq, Afganistán y otros lugares bajo un solo paraguas. Blackwater formó un consorcio con las firmas norteamericanas DynCorp y Triple Canopy, y el grupo obtuvo un contrato de varios años por 1.2 billones de dólares.

Con tareas individuales a las que sólo estas tres firmas pueden postular, DynCorp proporciona seguridad personal en el norte de Iraq, y Triple Canopy en el sur. Blackwater cubre Bagdad y Hilla, y se lleva de lejos la cuota más grande de los 520 millones de dólares que gasta anualmente el Departamento de Estado en contratos de seguridad en Iraq.

Tanto Blackwater como el Departamento de Estado dicen que la firma hace bien su trabajo. El costo de enviar al extranjero a un diplomático o agente de la SD norteamericano varía “de unos 400 mil dólares para una misión normal en el mundo hasta un millón de dólares para una posición diplomática en Iraq”, dijo al Congreso Moser, el funcionario encargado de logística del Departamento de Estado. “Así que cuando hablamos de usar a contratistas, creo que tenemos que ser muy cuidadosos y considerar cuáles serían los costes de una contratación directa”.

SD entrega a los contratistas un listado de normas y procedimientos de mil páginas y afirma que todo el personal de seguridad cumple con estrictas exigencias, incluyendo experiencia militar o policial, y son controlados en términos de seguridad. Los contratistas son bien pagados para sus tareas de seguridad: Blackwater pide al Departamento de Estado 1.221 dólares con 62 centavos por día por un “especialista en seguridad de protección”, de acuerdo a una factura de 2005 dada a conocer por el Comité de Control y Reforma del Gobierno de la Cámara.

Pero ese monto incluye todos los costes, dijo hace poco el director de Blackwater, Prince, en una entrevista en el programa “Charlie Rose”. “Son bien pagados, pero sólo se les paga eso los días que trabajan en una zona difícil. Tienen que pagar impuestos, federales y estatales. Tienen que contratar sus propios seguros médicos, sus propias hipotecas -todos beneficios que normalmente reciben los soldados”.

De cualquier modo, dijo Prince, “yo sé que sería difícil para el Departamento de Estado reclutar a otras personas para que vengan acá y trabajen en la reconstrucción... si algunos de ellos vuelven a casa en ataúdes”.

Diplomáticos norteamericanos que han servido en Iraq son unánimes en su defensa de Blackwater y otras firmas de seguridad que se encargan de su protección. Blackwater, dicen, ha perdido a más de treinta de sus propios empleados, y ni un solo diplomático.

Pero del mismo modo que los diplomáticos reciben sólo un adiestramiento rudimentario para protegerse a sí mismos, la SD tenía poca preparación y no tenía instrucciones comprehensivas para gestionar un ejército privado de miles de personas. En particular, dijo el funcionario de SD, no se pensó demasiado en cómo serían los contratistas legalmente responsables en incidentes como el tiroteo del 16 de septiembre.

El control, reconoció el funcionario, “quizás no estuvo tan bien como debía”.

- El Departamento de Estado de EEUU ofreció inmunidad a los guardias de Blackwater (El País - 30/10/07)

Están siendo investigados por el tiroteo que causó la muerte de 17 iraquíes a mediados de septiembre en Bagdad

El caso de la empresa de seguridad en Irak, Blackwater USA, se complica. Según ha revelado hoy el diario The New York Times, funcionarios del Departamento de Estado norteamericano ofrecieron inmunidad a los guardias que participaron en un tiroteo en Bagdad que dejó 17 iraquíes muertos a mediados de septiembre, sin tener la autorización para hacerlo.

Los fiscales y el Departamento de Justicia, que sí tienen esa potestad, desconocían tal acuerdo, según han informado fuentes oficiales.

A la mayoría de los guardias que participaron en el tiroteo ocurrido el 16 de septiembre se les ofreció lo que los funcionarios han descrito como “inmunidad de uso limitado”, lo que significa que se les prometió que no serían procesados por nada de lo que dijeron en sus entrevistas con las autoridades mientras sus declaraciones fueran ciertas, ha informado el diario.

El estado legal exacto de la oferta de inmunidad se desconoce. Sin embargo, se puede interpretar como que sus declaraciones están legalmente protegidas, a pesar de que algunos funcionarios del Gobierno afirman que nunca fue oficialmente aprobado por el Departamento de Justicia.

Según un informe del Congreso de Estados Unidos, los empleados de Blackwater en Irak son de gatillo fácil, imprudentes, e indiferentes a las vidas de los iraquíes, y en la mayoría de las ocasiones han realizado sus ataques desde coches en marcha sin ni siquiera pararse para contar los muertos o informar de los heridos.

El caso por el que son investigados ocurrió a mediados de septiembre, cuando un vehículo de diplomáticos americanos y guardias de Blackwater se acercaba a la plaza Nisour en Bagdad. Desde un segundo vehículo de la empresa, los guardias, quienes son considerados mercenarios, abrieron fuego contra una multitud congregada en la plaza, dejando 17 muertos y 24 heridos.

La compañía, con sede en Carolina del Sur, ha dicho que sus guardias dispararon en defensa propia, después de que un terrorista suicida detonara un coche bomba. Sin embargo, varios testigos presentes durante el tiroteo han afirmado que los vehículos no habían sido atacados y que los guardias dispararon indiscriminadamente.

- Los mercenarios del siglo XXI (El Mundo - 10/3/08)

(Por Virginia Hebrero)

Ginebra.- Las empresas de seguridad privada que actúan en los países con conflictos bélicos constituyen una industria emergente y muy floreciente y están sustituyendo a los mercenarios “tradicionales”, según el informe presentado el lunes por el presidente del grupo de trabajo de la ONU sobre este fenómeno, el español José Luís Gómez del Prado.

El nuevo “mercenario del siglo XXI” puede ser de cualquier país del mundo, pero se da una jerarquía que va “desde el norteamericano que gana hasta 15.000 dólares mensuales hasta un peruano que por 1.000 dólares arriesga su vida”, afirmó en rueda de prensa el experto.

Otro elemento que reveló es que estas empresas de seguridad privadas se presentan con frecuencia como “humanitarias” y tratan de obtener contratos de reconstrucción en países con conflictos de baja intensidad bajo la égida de la ONU.

“Por ejemplo, Blackwater (famosa por incidentes sangrientos en Irak que incluyen el asesinato de civiles) se presenta como “una organización generosa que trabaja por la paz” y en Estados Unidos funciona bajo el paraguas de la International Peace Organisation Association”, señaló.

Contratos bajo el paraguas de la ONU

Gómez del Prado denunció que estas compañías “ejercen una presión enorme para obtener contratos en actividades de la ONU”, por lo que instó al organismo internacional a “establecer un sistema efectivo para reglamentar y supervisar las actividades de las empresas de seguridad privada que obtienen contratos”.

Gómez del Prado dijo que hay mercenarios de numerosas nacionalidades, aunque aclaró que en esto “hay una jerarquía”: los estadounidenses, de empresas como Blackwater “son los que más ganan”, seguidos por los de “países de la Commonwealth británica”. Después van los llamados “de terceros países, generalmente en desarrollo”, entre los que citó “Chile, Honduras, Perú, Bulgaria, Polonia o Filipinas”, y en la base de la pirámide “están los iraquíes”.

Una “salida” para gente sin recursos

Afirmó que no hay datos exactos sobre los salarios que reciben estas personas, pero dijo que pueden oscilar “desde los 15.000 dólares mensuales de los norteamericanos, hasta los 1.000 dólares que recibe un peruano”, pero aseguró que cada vez se encuentran mercenarios más baratos.

“En Chile empezaron ganando 3.000 dólares y ahora están cobrando ya 1.000 dólares al mes”, afirmó. “El problema no es que haya mucha oferta de trabajo, sino que estas empresas han creado una fuerte demanda y la gente que está muerta de hambre encuentra una salida para hacer dinero rápido aunque sea arriesgando sus vidas”.

Dijo que en general son militares o ex militares “pues las empresas no van a emplear años y recursos en entrenarlos” para conflictos y contrainsurgencia.

Según las conclusiones del informe, la expansión de este “negocio” va paralelo al fenómeno de la globalización mundial, pues las empresas de seguridad privadas “funcionan como multinacionales” que buscan el mayor beneficio posible mediante la deslocalización y bajos costos.

El reclutamiento de “guardias de seguridad privada” se da en todas las regiones del mundo y “es imposible” ofrecer una cifra de cuántos mercenarios de este nuevo tipo existen, dijo el experto. “Las cifras más oficiales que tenemos son las ofrecidas por una agencia del Gobierno de EEUU, que calculó en 48.000” los “guardias privados” o “subcontratistas” que trabajan en Irak.

Por cuenta de Estados Unidos

Las empresas contratantes admiten trabajar directamente por cuenta del Gobierno de Estados Unidos, que las ha contratado con el fin de realizar actividades de protección en zonas de conflicto armado de baja intensidad, como Afganistán e Irak, señaló el relator en su informe.

Estas empresas, una vez obtenido el contrato, subcontratan a su vez a otras empresas en el extranjero, que seleccionan y reclutan a ciudadanos de países en desarrollo con formación militar o policial.

Violaciones de derechos humanos

El informe señala que en América Latina se da el “fenómeno emergente de la relación entre empresas de seguridad privada contratadas por compañías transnacionales para la protección de sitios geoestratégicos claves para la extracción minera, de petróleo y de fuentes de agua, y la represión violenta de la protesta social de las comunidades locales por la defensa de sus tierras y de los derechos medioambientales que se están infringiendo”.

“Las empresas de seguridad privada, a las que el Estado ha cedido el uso de la fuerza, confunden a menudo la legítima protesta social de las comunidades con actividades terroristas o delictivas y cometen violaciones de los derechos humanos”, agrega el informe.

- El negocio de los ejércitos privados. La guerra, un horror muy lucrativo

(Por Bárbara Areal - 7/4/08)

“Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida”.

Federico Engels

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884)

Tras la caída de la URSS y mientras todos los medios de comunicación amplificaban el falso mensaje redactado por la Casa Blanca acerca de una nueva era de bienestar y paz, representantes cualificados del capital, comandados por Dick Cheney, estudiaban en los despachos de Washington la forma de hacer que las guerras futuras se convirtiesen en un negocio aún más rentable y seguro.

La desaparición de la Unión Soviética lejos de atenuar los conflictos interimperialistas exacerbó la codicia de la burguesía. Tras ponerse punto y final al reparto de áreas de influencia entre los EEUU y la URSS, y sintiéndose liberadas del temor de una intervención desde el campo soviético, las diferentes potencias capitalistas iniciaron una lucha feroz para aumentar su control sobre áreas estratégicas. Todas aquellas zonas que ofreciesen ventajas desde el punto de vista de la producción de materias primas, o desde el plano militar y político han sido objeto de disputa permanente.

Multinacionales de mercenarios

No ha sido necesario mucho tiempo para demostrar que el pretendido cese de los conflictos armados y el fin de la lucha de clases, tantas veces anunciado en estos últimos años, eran perspectivas falsas, y así seguirá siendo mientras la sociedad siga dividida en clases.

Así pues, tras la cortina de humo de un supuesto período de “concordia entre los pueblos” y “triunfo de la democracia”, se iniciaba un proceso de militarización y rearme general de las potencias capitalistas, recorrido esta vez por un fenómeno que ha alcanzado proporciones soberbias: la privatización a gran escala del brazo armado del Estado burgués. La desmovilización de efectivos durante los últimos años de la guerra fría -se calcula que entre 1985 y 1996 se licenciaron cinco millones de soldados-, lejos de atenuar la capacidad militar de las grandes potencias, fue la base sobre la que finalmente se incrementó la rentabilidad económica, la capacidad mortífera y la impunidad de las intervenciones armadas.

Al amparo de altas instancias como el Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, nacieron muchas empresas como Blackwater, ejército privado fundado en 1996 por el multimillonario y extremista católico Erick Prince. Blackwater es hoy una empresa con ingresos que se cifran en cientos de millones de dólares anuales, cuenta con su propia base militar y una flota de una veintena de aviones, además de 20.000 trabajadores. Según informaciones de Yolanda Monge, corresponsal en Washington del diario El País: “Entre los amigos de la compañía está el vicepresidente de EE UU, Dick Cheney, y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld. No hay que olvidar a Coffer Black, considerado por algunos el legendario jefe de operaciones clandestinas de la CIA y hoy vicepresidente de Blackwater”.

Esta nueva corporación de mercenarios puede poner en servicio hasta 8.000 soldados en cualquier lugar del planeta en menos de 48 horas. Un auténtico ejército de alquiler, que dispone de capacidad aérea, carros blindados y armamento sofisticado. Y, si los servicios del Sr. Prince no convencen, se puede elegir entre muchas otras como DynCorp, Global Risk Strategies o Kroll Security.

Pero, ¿quién puede necesitar los servicios de estos ejércitos privados y, además, pagarlos? Por ejemplo, la multinacional British Petroleum, que contrató los favores de Defense Systems Limited para proteger sus inversiones en Colombia. El torturado continente africano ha sido escenario de la firma de muchos de sus mejores contratos. Sólo en Angola y Sierra Leona, países que albergan ricos yacimientos de petróleo y diamantes, se calcula que 70 de estas empresas han actuado para los diferentes bandos en contienda.

Bajo el manto de la democracia burguesa, la violencia y la muerte es un maná de dólares en constante crecimiento. Así, los atentados integristas contra las Torres Gemelas el 11-S y sus terribles consecuencias para el pueblo iraquí, posibilitaron que, bajo la coartada de la lucha contraterrorista, la cartera de clientes y áreas de intervención de estas multinacionales de la guerra se multiplicaran. Se calcula que en la actualidad sólo en territorio iraquí hay más de 64.000 soldados extranjeros de ejércitos privados, 21.000 de ellos de nacionalidad estadounidense. Peter Singer, analista de la Brookings Institution de Washington, explicaba en un reciente estudio publicado por el diario británico The Independent, que los ejércitos privados se han convertido en una industria que opera en 50 países y mueve anualmente casi 160.000 millones de euros.

Licencia para matar

El negocio es redondo no sólo desde el punto de vista económico, sino también por la total y absoluta impunidad de la que gozan estos ejércitos de alquiler. Realizan sus actividades en secreto, su lista de clientes no está ni regulada ni controlada por institución alguna, las concesiones por parte de organismos oficiales que pagan sus servicios con fondos públicos no se otorgan por licitación y la gran mayoría están registrados en paraísos fiscales. Pero incluso aunque esto no fuera así, si existiera algún tipo de legislación al respecto, ¿cómo se podría controlar su actividad si quienes contratan sus servicios son precisamente los gobiernos y organismos internacionales teóricamente encargados de velar por el cumplimiento de la ley?

No olvidemos que entre sus clientes se encuentran no sólo poderosas corporaciones, sino también el Pentágono (que suscribió 3.016 contratos con 12 de estas empresas entre los años 1994 y 2002 por valor de 300.000 millones de dólares), la ONU (que contrató a la empresa Lifeguard para proteger sus instalaciones en Sierra Leona), el gobierno de EEUU (quién, por ejemplo en 2005, tras el ciclón Katrina, envió mercenarios de Blackwater a Nueva Orleáns), la Unión Europea (para el transporte de sus fuerzas de paz a Afganistán) o la OTAN.

Cuando tu actividad mercantil consiste en apoyar invasiones militares imperialistas o garantizar la explotación inmisericorde perpetrada por las multinacionales, la falta de transparencia y control es un requisito indispensable porque la violencia, la tortura y el asesinato se hacen inevitablemente necesarios. Sojuzgar, explotar y condenar a la miseria a millones de seres humanos de forma continuada sólo es posible a través de la imposición del imperio del terror. Desde esta perspectiva, no causa ninguna sorpresa saber que entre los mercenarios de Blackwater se encuentran militares chilenos que actuaron bajo la dictadura de Pinochet, o que los investigadores oficiales de las torturas en las cárceles de Abu Ghraib en Iraq concluyeran que, en más de una tercera parte de los casos, estuvieron presentes contratistas, así se les conoce, privados.

Así pues, o la legislación vigente admite abiertamente la tortura y el asesinato de inocentes, o la justicia y la democracia burguesas que, por el momento y mayoritariamente dicen no admitir semejante métodos, miran para otro lado cuando estos crímenes se comenten. El matiz de tiempo y cantidad tiene extraordinaria importancia, no olvidemos que la noción de justicia y democracia es muy elástica para la burguesía. En la medida en que la lucha de clases y la resistencia antiimperialista crece, la legislación se adapta al nuevo escenario. A la existencia del famoso campo de internamiento de Guantánamo, se sumó hace poco el reconocimiento por parte de la CIA de la utilización de una técnica de tortura conocida como tormento de toca (ahogamiento simulado). Y, en Europa, al tiempo que los vuelos de la CIA con destino Guantánamo fueron amparados por los gobiernos de la Unión, aumenta el volumen de las voces que exigen el recorte de derechos democráticos más fundamentales como el de huelga o manifestación.

Para alcanzar la paz hay que desarmar a la burguesía

Se ha iniciado una nueva etapa marcada por el endurecimiento de los conflictos entre las clases y las potencias. Hay pruebas contundentes de que la burguesía se prepara en todos los terrenos, como demuestra el perfeccionamiento de su aparato militar. Quien todavía albergue dudas debería echar un vistazo al incremento de los presupuestos militares de EEUU, China o Rusia. El gasto mundial en armamento militar ascendió durante 2006 en 1,204 billones dólares, 3,5% más que el año anterior, según el informe anual del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri). En total, el gasto militar mundial en la década 1997-2006 creció un 37%. Los datos son concluyentes: China se convirtió en el principal inversor en gasto militar en Asia, con 49.500 millones de dólares; por delante de Japón, con 43.700, y de India, con 23.900 millones. Estados Unidos gastó en el mismo período 528.700 millones de dólares, mientras que Rusia se quedó en 34.700 millones. El volumen de armas convencionales que se vendieron en 2006 fue un 50% superior al de 2002. Por otra parte, las ocho potencias nucleares del mundo (EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, Israel, India y Pakistán) tienen desplegadas en estado de combate más de 13.000 armas atómicas, aunque en total sus arsenales superan las 27.000 cargas.

La clase obrera también debe prepararse para el futuro. Si bien es cierto que, en un primer momento, será una tarea comprendida sólo por sus sectores más avanzados. No hablamos de conspiraciones o de la formación de pequeños grupos armados aislados de la clase. Nos referimos a la necesidad de estudiar lo que ocurre hoy para contrastarlo con las lecciones del pasado. El poderío militar del imperialismo no pudo evitar la victoria revolucionaria del Octubre ruso, ni la liquidación del capitalismo en China, Vietnam o Cuba. Ni siquiera hoy, con todo su potencial destructivo, es capaz de doblegar la voluntad de lucha de las masas iraquíes.

En el momento en que la revolución se apodera de la mente de las masas, éstas son capaces de levantar potentes batallones. Cuando los trabajadores y los campesinos, como columna vertebral de un ejército revolucionario, luchan bajo la bandera de la revolución socialista, son capaces de derrotar a cualquier ejército burgués por muy poderoso que éste sea. Pero el heroísmo de las masas no es suficiente, es indispensable la existencia de un partido revolucionario capaz de dotar a esas poderosas fuerzas de combate de un programa revolucionario

- Blackwater Inc., pionera en privatizar guerras (voltaire.net.org - 9/4/08)

(Por Jeremy Scahill)

Los EEUU bajo la administración Bush y la ideología neoconservadora están empeñados en privatizar el ejército estadounidense, pero más allá de hacer negocios en el sector de la defensa en su propio país favoreciendo por estas prácticas a ciertos monopolios, como sucede en la globalización neoliberal, la lógica de crear fuerzas armadas privadas, es decir el mercenario, porque está función responde únicamente a la lógica del dinero, es que esto resulta también la mejor vía para escapar a un control estatal o gubernamental democrático de gestión, escapar a una lógica nacional de defensa de las instituciones de nuestra sociedad. Lo que falta por esclarecer es: ¿para qué fines obscuros se está fomentando estos ejércitos mercenarios?

La empresa de seguridad privada Blackwater es una compañía que la mayoría identifica con la privatización del complejo militar industrial, una etapa primaria del Proyecto para un Nuevo Siglo de EEUU y la revolución neoconservadora.

Blackwater es la firma de mercenarios de mayor alcance del mundo, con 20.000 soldados, en la base militar privada más grande del planeta, una flota de 20 aviones y helicópteros artillados y una división privada de inteligencia. La empresa también está fabricando sus propios dirigibles no rígidos de vigilancia y sistemas de detección de blancos.

Blackwater está dirigida por Erik Prince, un cristiano supremacista blanco de extrema derecha y ex marino de guerra, cuya familia ha tenido conexiones neo-conservadoras profundas.

El último llamado de Bush para que surja un cuerpo voluntario cívico-militar acomodó la excesiva “oleada” de medio millar de millones de dólares en contratos federales obtenidos por Blackwater, facilitándole a Prince la creación de un ejército privado para defender la cristiandad alrededor del mundo contra musulmanes y otros.

Una de las últimas jugadas de Dick Cheney antes de abandonar el ministerio de Defensa, cuando sirvió al gobierno de George H. W. Bush (el padre), fue arreglar que el Pentágono encomendara un estudio a Halliburton (su propia empresa) sobre cómo privatizar la burocracia militar. Ese estudio creó efectivamente la base para una nueva guerra concebida para continuar medrando de la bonanza presupuestaria.

Durante los años de Clinton, Erik Prince elaboró anticipadamente un proyecto que se aprovecharía después: la subcontratación o tercerización militar (“outsourcing” en inglés), comenzando con una suerte de privatización del entrenamiento policial.

Blackwater comenzó como prestadora privada de servicios “outsourcing” en adiestramiento de las policías de ciertos estados en 1996, en un predio de Carolina del Norte llamado Great Dismal Swamp (Gran Pantano Triste), instalación privada de entrenamiento militar que tiene un consejo ejecutivo integrado por ex miembros de la Marina de Guerra y de las Fuerzas Especiales de Elite.

Una década más tarde, Blackwater es la firma de mercenarios de mayor alcance del mundo, embriagada con la misma visión del gobierno de Bush de “una necesaria revolución en los asuntos militares”: o sea, el “outsourcing”, o privatización, de las fuerzas armadas.

En su cuenta 2007 sobre el estado de la Unión, Bush pidió autorización al Congreso para aumentar el tamaño del cuerpo activo del ejército y la marina en 92.000 efectivos en los próximos cinco años.

El presidente dijo: Una segunda tarea que podemos tomar juntos es diseñar y establecer un cuerpo civil voluntario de la reserva. Tal cuerpo funcionaría como nuestra reserva militar. Facilitaría el fortalecimiento de las fuerzas armadas, permitiendo que empleemos a civiles con habilidades críticas para servir en misiones en el exterior cuando EEUU lo necesite.

Y esto es, exactamente, lo que el gobierno de Bush ya ha hecho, largamente, a espaldas del pueblo estadounidense, precisó el periodista Jeremy Scahill.

Los contratistas privados constituyen actualmente la segunda “fuerza” más grande en Iraq. En la cuenta pasada al Congreso, había cerca de 100.000 contratistas en Iraq, 48.000 de ellos trabajando como soldados privados, según un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental.

Estos soldados han operado casi sin ningún cuidado o apremio legal coercitivo y son políticamente expeditos, como contratistas que marchan a la muerte sin contarse en el peaje oficial. Con Prince llamando a la creación de una “brigada de contratistas” ante audiencias militares, la administración Bush ha encontrado una puerta trasera para ensanchar la ocupación a una dimensión que no necesita explicar.

Blackwater tiene actualmente cerca de 2.300 efectivos desplegados activamente en nueve países y está ampliando agresivamente su presencia dentro de las fronteras de EEUU. Proporciona seguridad para los diplomáticos de EEUU en Iraq, custodiando desde Paul Bremer y John Negroponte al embajador actual de EEUU, Zalmay Khalilzad. Está entrenando tropas en Afganistán y ha sido activa en el Mar Caspio, donde existe una Fuerza Especial instalada a pocos kilómetros de la frontera iraní.

Según otros informes, actualmente están negociando directamente con el gobierno regional sudanés meridional para comenzar a entrenar a las fuerzas cristianas de Sudán.

Las conexiones de Blackwater son impresionantes. Joseph Schmitz, el ex inspector general del Pentágono, cuyo trabajo fue despejar el camino en beneficio de los contratistas de la guerra, se ha encaramado como vice presidente de la casa matriz del Grupo Prince, de Blackwater y del consejo general de Blackwater.

Bush empleó recientemente a Fred Fielding, ex abogado de Blackwater, para sustituir a Harriet Miers como su abogado estrella; y Ken Starr, el ex querellante de Whitewater y, a la vez, el fiscal que condujo la acusación para destituir al presidente Clinton por “impeachment”, ahora es consejero legal de Blackwater y ha conseguido que el Tribunal Supremo archive todos los pleitos entablados por quienes luchan contra esa empresa por ilícitos que involucran muertes.

Cofer Black, veterano de la CIA de treinta años y ex jefe del centro de contraterrorismo de la agencia, acreditado como punta de lanza del programa extraordinario que interpretó los atentados del 11 de septiembre, ahora es ejecutivo “señor” de Blackwater y quizás su operativo de mayor poder. Prince y otros ejecutivos de Blackwater han sido importantes recolectores de fondos del presidente Bush, de Tom DeLay, ex líder de la mayoría de la Cámara de Representantes, y del ex senador Rick Santorum. El senador John Warner, cabeza anterior del comité de las fuerzas armadas del Senado, llamaba a Blackwater “nuestro socio silencioso en la guerra global contra el terror”.

Fuente:

Democracy Now! January 26, 2007



Título: “Our Mercenaries in Iraq: Blackwater Inc and Bush’s Undeclared Surge”.

Autor: Jeremy Scahill http://www.democracynow.org/

Estudiante investigador: Sverre Tysl.

Evaluador Académico: Noel Byrne, Ph.D.

(Jeremy Scahill es periodista para la radiotelevisora estadounidense Democracy Now)

- “Las empresas han ganado la guerra de Iraq” (La Vanguardia - 13/5/08)

Jeremy Scahill (Chicago, 1974) es un periodista estadounidense. La semana pasada visitó España para presentar “Blackwater - El auge del ejército mercenario más poderosos del mundo” (Ed. Paidós, 2008). En esta extensa y amena obra, Scahill explica el desarrollo de Blackwater, una empresa que ofrece servicios de seguridad a EEUU en zonas de conflicto, ya sean las calles de Bagdad o la Nueva Orleáns barrida por el Katrina. Para este periodista, el auge de Blackwater responde a la tendencia creciente de privatización del negocio de la guerra y al ingente poder que tienen las grandes empresas.

- ¿Qué es Blackwater?

Blackwater es una empresa que no existía hace diez años y que ahora se ha convertido en una de las más poderosas compañías privadas más poderosas que trabajan en la guerra del mundo. Ha creado una infraestructura paralela a la maquinaria de la seguridad de EEUU: dispone de hombres armados, tiene su propia CIA, su propia división aérea, están construyendo sus propios vehículos armados, sus propios zeppelines para tareas de vigilancia… Es, pues, una empresa muy poderosa que ofrece servicios en el mercado abierto que tradicionalmente eran sólo disponibles para gobiernos. Blackwater se ha convertido una de las partes centrales de la maquinaria de guerra de EEUU y pertenece a un solo hombre.

- ¿Quién es ese hombre?

Erik Prince, que tiene profundas conexiones políticas, con la Administración Bush, con el Partido Republicano y con las muy derechistas fuerzas cristianas en EEUU.

- ¿Cuáles son las relaciones entre el Ejército de EEUU y los mercenarios de Blackwater en las zonas donde ambos operan?

El trabajo de Blackwater en Iraq es proteger a los oficiales de EEUU, no mantener buenas relaciones con los iraquís. Así, cuando Blackwater mata a civiles iraquís, hiere al Ejército de EEUU, porque es quien recibe las culpas por parte del Gobierno de Iraq. Las acciones de Blackwater también afectan a la moral de las tropas estadounidenses, porque los mercenarios de esta empresa privada cobran más dinero, tienen mejor equipamiento, y no se les castiga cuando hacen algo mal o algo criminal como les ocurre a los soldados.

- Porque los mercenarios de Blackwater son civiles, que no están bajo la ley militar.

En 2004, el día antes de que Paul Bremer (ex administrador civil de EEUU en Iraq) abandonara Bagdad, aprobó la orden 17, que daba inmunidad a todo el personal contratado en Iraq. De este modo, esta gente no puede ser imputada en Bagdad por sus crímenes, ni puede ser juzgada por las leyes militares (porque son civiles). Ahora en el país árabe, hay 150.000 solados de EEUU y 180.000 personas contratadas, que no están regidas por ninguna ley. De éstas, varias miles se dedican a la seguridad privada.

- ¿Hay más personal privado que soldados de EEUU?

Sí. Ahora en Iraq hay hasta 630 empresas trabajando para la Administración Bush, y siendo pagados por ella. Son 180.000 personas de más de 100 nacionalidades, pese a que no las representan. Sus empresas son, entre otras, Blackwater, KBR, Halliburton, etc. Esto supone un proceso radical de privatización de la maquinaria de guerra.

- Blackwater es una empresa que aboga por privatizar el Ejército de EEUU. ¿Por qué hacerlo?

El fundador de la empresa Erik Prince dice que Blackwater es como (la empresa postal) Fed-Ex. Cuando quieres asegurarte que un paquete llegará bien y rápido lo haces mediante la empresa privada y no por el servicio postal del Gobierno. Lo que Prince viene a decir es que el Ejército está bien para determinadas cosas, pero cuando se requiere un trabajo bien hecho, mejor recurrir a Blackwater.

- En el libro citas un discurso de Rumsfeld un día antes del 11-S en el que aseguró que el mayor enemigo del Pentágono era la burocracia del Pentágono (en un guiño a la necesaria privatización del Ejército de EEUU para evitar su mal funcionamiento). ¿Qué relación hay entre esta idea y la fundación de Blackwater unos años antes?

El éxito de Blackwater no habría sido posible sin la visión de gente como Rumsfeld (ex secretario de Defensa de EEUU) o Dick Cheney (vicepresidente de EEUU). Su idea de privatizar la guerra de EEUU responde a tres ideas: cuando contratas a personal de guerra, puedes dedicar a tus soldados exclusivamente a guerrear, apartándoles de tareas como cocinar, transportar mercancía o limpiar la ropa. La segunda idea es que si tienes diferentes compañías trabajando, podrás contratar a la que te ofrezca mejores servicios. Y la tercera, es que la privatización del ejército da mucho dinero a las empresas que, después, apoyan a los partidos políticos. Pienso que sin el 11-S, Blackwater sólo sería ahora una pequeña empresa haciendo tareas de entrenamiento.

- Pero, ¿realmente es ilegal que una empresa preste sus servicios? Todas lo hacen.

Hay un debate ahora en EEUU sobre cuál es exactamente la legalidad de estas empresas de seguridad. Creo que si miras el derecho internacional surgen preguntas sobre este personal como cuál es su legitimidad. Bush puede decir que es legal, puesto que sólo se contrata a empresas que ofrecen servicios. El problema viene cuando las personas que trabajan en estas compañías no son de nacionalidad estadounidense. Por ejemplo, si se contrata a un chileno. Chile está en contra de la guerra de Iraq.

- Pero, por ejemplo en el caso de los chilenos, éstos pueden reclamar su derecho a ser contratados por Blackwater puesto que sólo es un trabajo.

Sí, pero déjame hacerte una reflexión. Si un soldado chileno acepta un trabajo en Iraq y mata a alguien, esto implica automáticamente a Chile en la guerra, pese a que su gobierno democrático ha decidido no formar parte de ella. Es, pues, una violación de la soberanía chilena y de su independencia como nación. Hay consecuencias en participar en esta guerra de Iraq, mira sino lo que paso con el 11-M. España tiene una embajada en Bagdad que tras la retirada de las tropas por parte de Zapatero no ha recibido más ataques. Es un juego muy peligroso el jugar con las soberanías de los países.

- ¿Blackwater actúa como un lobby?

Sí. De hecho, han contratado a lobbistas que trabajan en el Congreso tratando de ganar nuevos contratos. Es gente de dentro de Blackwater.

- ¿Cree que Blackwater puede guiar la política exterior de EEUU en los próximos años?

Blackwater por sí misma no, pero el movimiento del que forma parte sí. Son empresas como KBR, Dyncorp, Halliburton, etc. ¿Quién ha ganado la guerra de Iraq? Estas empresas son las ganadoras. La gente iraquí ha perdido, así como la americana y el mundo. Las empresas fueron las ganadoras de la guerra de Iraq. Por eso continúan dando dinero a la gente que hizo la guerra posible.

- ¿Crees que en un futuro puede aparecer una empresa como Blackwater pero más vinculada al Partido Demócrata?

Ya hay compañías que dan dinero a los demócratas, porque es una estrategia de negocio. Bill Clinton ya usó este tipo de empresas (dedicadas al negocio de la guerra) en los Balcanes, Haití, u Oriente Medio. No obstante, no creo que los demócratas estén interesados en el negocio de la guerra. Hacen otras cosas. Lo inusual de Blackwater es que sea tan republicana.

- ¿Para el Gobierno de EEUU es una ventaja tener a estos mercenarios de Blackwater en las zonas de conflicto?

Naturalmente. Esta es la razón principal por la que no hay reservistas en EEUU. Si no existieran estas compañías sí serían necesarias. Además, es una ventaja para Bush porque los mercenarios no están bajo la ley y cuando mueren no se les cuenta como víctimas de conflicto armado. No sabemos sus acciones. Son un ejército en la sombra. Por otro lado, le permite no tener que trabajar en consenso con otros países. Es un nuevo modelo de hacer la guerra.

- Blackwater es un ejército dentro de EEUU. ¿Hay el riesgo futuro de que puedan organizar una especie de golpe de estado?

En primer lugar, las fuerzas armadas de EEUU nunca lo apoyarían. Además, Blackwater no tiene el poder para ejecutar un golpe de estado. Además, creo que tampoco les interesa hacerlo. Su negocio es la seguridad, ya haya republicanos o demócratas en la Casa Blanca. Si Obama es presidente, Blackwater seguirá siendo un negocio muy exitoso, sin importar quien esté en el poder.

- ¿No importa?

Ahora no, antes quizás. Porque Blackwater ya ha ganado. Son como un cáncer que ya se ha esparcido dentro de las fuerzas de seguridad de EEUU No puedes detenerlo.

- Insisto con la pregunta de antes. ¿Se podría afirmar que Blackwater no se pondrá en contra de un Gobierno de EEUU, si, por ejemplo, no recibe contratos? No deja de ser un ejército.

No lo sé, pero tampoco puedo imaginar a Blackwater haciendo esto, porque creo que no lo necesitan ni lo quieren. Ya están ganando. Sé demasiado de cómo funcionan estas empresas, para creer que algo así como un golpe de estado pueda pasar. Sea quien sea el presidente de EEUU será bueno para sus negocios. Además, finalmente, en EEUU tenemos un sistema corporativista, ni capitalista ni, lógicamente, socialista. Las empresas cada vez más lo controlan todo, no es necesario que haya un golpe de estado a la vieja usanza. El golpe ya se ha producido. Las empresas han ganado, ya han tomado el control. Te doy un ejemplo: en EEUU hay 19 agencias de seguridad: el 70 % del presupuesto de las mismas está en manos de compañías privadas.

- En Europa tenemos una visión del golpe de estado diferente, con más acción.

Estos tipos de golpes de Estados son más necesarios cuando la gente piensa por sí misma. Pero en EEUU la gente ve a Britney Spears, hace blogs, se preocupa por los malos tiempos económicos. Pero no se moviliza, y por ello no hay necesidad de hacer un golpe. Como lo veo, hemos asistido a la transformación del mayor poder del mundo en un estado corporativista y esto va a tener impacto en todo el mundo. Por ejemplo, la privatización se está extendiendo por Europa. Creo que esto es una tendencia mundial, la de empresas cada vez más poderosas.

- Se dice que EEUU ha hecho una invasión silenciosa. Por ejemplo, en el hecho de que la mayoría de películas en los cines sean norteamericanas, o que esté plagado de McDonalds, Pizza Hut, etc. Parece como si el modo de vida americano hubiese penetrado en la cultura europea.

Estamos exportando un sistema económico que es destructivo para mucha gente, un sistema que considera la sanidad un privilegio y no una obligación, o que el dinero no debería invertirse en los pobres, sino que los pobres deberían conseguir un trabajo. Esta tendencia está golpeando a Europa del Este. Los países poscomunistas están adaptando el modelo estadounidense y esto es peligroso para el mundo. Es una invasión silenciosa desde el punto de vista cultural, pero es ruidosa en otros ámbitos. Por ejemplo en lo que refiere a las empresas, que no tienen límites ni lealtades. Las grandes economías no preguntan a nadie. Es como un cáncer, que se extiende. Ahora creo que es muy tarde.

- Los Blackwater pierden su licencia para operar en Irak al expirar su contrato (El Economista - 29/1/09)

El contrato en Irak de la compañía privada de seguridad estadounidense Blackwater, cinco de cuyos miembros están siendo juzgados por homicidio, no será renovado, según ha anunciado este jueves el ministerio iraquí de Interior.

“El contrato ha concluido. No se renovará por orden del ministerio de Interior”, ha aseverado el general Abdel Karim Jalaf, portavoz del ministerio. “Ya está”, respondió el general Jalaf, al ser interrogado sobre la fecha de expiración del contrato.

Blackwater, que trabajaba para el Departamento de Estado, era la mayor empresa de seguridad usada por los estadounidenses en Bagdad. Sus agentes garantizaban la protección del personal de la embajada de Estados Unidos en Bagdad.

A la búsqueda de alternativas

Un informe interno del Departamento de Estado estadounidense ya alertaba en diciembre de que la compañía privada de seguridad Blackwater Worldwide podría perder su licencia para operar en el país y recomendaba que el departamento prepare medios alternos para proteger a sus diplomáticos allí.

El texto, de 42 páginas había sido realizado por el inspector general del departamento y en él se aseguraba que la entidad enfrenta “numerosos desafíos” para lidiar con la situación de seguridad en Irak, incluyendo la posibilidad de que Blackwater sea expulsado del país.

“El departamento enfrenta la posibilidad real de que uno de sus contratistas primarios en Irak del Programa de Servicios Mundiales de Protección de Personal - Blackwater (Worldwide)- no reciba una licencia para seguir operando en Irak”, afirma el informe recién concluido.

- La evidencia del uso indebido de armamento estadounidense refuerza la necesidad de imponer un embargo de armas (Amnistía Internacional - 23/2/09)

Londres / Madrid.- Tanto Israel como Hamás han utilizado armas suministradas desde el extranjero para llevar a cabo ataques contra civiles, ha afirmado Amnistía Internacional al dar a conocer nuevas pruebas sobre las municiones empleadas en Gaza y el sur de Israel durante el conflicto que duró tres semanas. La organización ha pedido a la ONU que imponga un embargo total de armas.

“Las fuerzas israelíes emplearon fósforo blanco y otras armas suministradas por Estados Unidos para cometer crímenes de guerra y otras violaciones graves del derecho internacional humanitario. Cientos de niños y niñas, entre otros civiles, perdieron la vida como consecuencia de los ataques, que también causaron la destrucción masiva de viviendas e infraestructuras -afirmó Donatella Rovera, quien presidía la delegación de Amnistía Internacional que viajó al sur de Israel y Gaza en visita de investigación-. Al mismo tiempo, Hamás y otros grupos armados palestinos dispararon cientos de cohetes introducidos de contrabando o fabricados en zonas civiles de Israel con piezas procedentes del extranjero. Aunque su capacidad letal es muy inferior a la del armamento empleado por Israel, el uso de estos cohetes ha causado la muerte de varios civiles y también constituye un crimen de guerra”.

Ya antes del conflicto de tres semanas, quienes armaron a los dos bandos tenían perfecto conocimiento del uso indebido del armamento que ambos hacían sistemáticamente. Por tanto, deben asumir su parte de responsabilidad en los abusos perpetrados con las armas que han suministrado y poner fin de inmediato a esas transferencias.

“Como principal proveedor de armas a Israel, Estados Unidos tiene la obligación especial de poner fin a todo suministro que contribuya a la comisión de violaciones graves de derechos humanos y de las leyes de la guerra. El gobierno de Obama debe suspender de inmediato la ayuda militar estadounidense a Israel” afirmó Malcolm Smart, director del Programa Regional de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Estados Unidos es el principal proveedor de armas convencionales a Israel desde hace muchos años. En aplicación de un acuerdo de 10 años que expira en 2017, Estados Unidos suministrará ayuda militar a Israel por valor de 30.000 millones de dólares estadounidenses, lo que representa un incremento del 25 por ciento con respecto al periodo anterior al gobierno de Bush.

“La ofensiva militar de Israel en Gaza se llevó a cabo en gran medida con armas, municiones y equipos militares suministrados por Estados Unidos y sufragados con el dinero de los contribuyentes estadounidenses” afirmó Malcolm Smart.

Al término de los enfrentamientos armados, la delegación de Amnistía Internacional encontró en Gaza múltiples fragmentos y piezas de municiones empleadas por el ejército israelí -muchas de ellas de fabricación estadounidense- esparcidos por patios de colegio, hospitales y viviendas de civiles. Entre los restos había carcasas de piezas de artillería y tanques, alerones de mortero y restos de misiles Hellfire, otros misiles aerotransportados y grandes bombas liberadas por F-16, así como fragmentos de fósforo blanco, sumamente incendiario, todavía en llamas.

La delegación encontró también restos de un nuevo tipo de misil que al parecer se lanza desde aviones teledirigidos, que libera gran cantidad de pequeños cubos metálicos de bordes afilados con una superficie de entre 2 y 4 milímetros cuadrados. Esta metralla fabricada con fines mortíferos es capaz de atravesar puertas metálicas de gran espesor y de incrustarse profundamente en un muro de hormigón, y está claramente diseñada para hacer el máximo daño posible.

En el sur de Israel, Amnistía Internacional pudo ver también los restos de cohetes Qassam, Grad y otra munición de efectos indiscriminados disparada por Hamás y otros grupos armados palestinos contra zonas civiles. Estas armas, más bien rudimentarias, se introducen clandestinamente de contrabando en Gaza o se construyen allí mismo, a partir de componentes traídos en secreto del extranjero. No es posible dispararlos con precisión, y, aunque no son comparables al armamento desplegado por Israel, han causado la muerte o lesiones a varios civiles además de daños en propiedades civiles.

“Pedimos al Consejo de Seguridad de la ONU que imponga de inmediato un embargo total de armamento a Israel, Hamás y otros grupos armados palestinos hasta que se encuentren mecanismos eficaces para garantizar que las municiones y demás material militar no se utilizan para cometer violaciones graves del derecho internacional -afirmó Malcolm Smart-. Además, todos los Estados deben suspender la transferencia de munición, equipo y ayuda militar a Israel, Hamás y otros grupos armados palestinos mientras exista un peligro considerable de que se cometan violaciones de derechos humanos con ellos. De haber un retorno a la normalidad como si nada hubiera ocurrido, las consecuencias para la población civil de Gaza e Israel serán previsiblemente demoledoras”.

España: Suspensión inmediata de todas las transferencias militares a Israel

El informe de Amnistía Internacional enumera todos los países que en mayor o menor cantidad han exportado armas a Israel en los últimos años, incluido España. Entre el 2004 y el 2007 las ventas españolas de material de defensa superaron los 2,2 millones de euros, situándose en el octavo exportador mundial de armas a este país. A esta cifra hay que sumar los más de 1,5 millones de euros vendidos en el primer semestre de 2008 según las estadísticas oficiales remitidas al Congreso de los Diputados.

En las últimas semanas el Gobierno español ha asegurado que las exportaciones de la primera mitad de 2008 corresponden a equipos posteriormente reexportados por Israel. Otras ventas anteriores se hicieron en el marco del programa de Defensa Eurofighter (avión de combate). Aunque la información adicional a las estadísticas de exportación de armas a Israel ofrecida por el Gobierno contribuye a la transparencia, este tipo de datos deberían estar incorporados en las estadísticas oficiales.

Por otra parte, y dada la situación de inestabilidad en Gaza y el sur de Israel, Amnistía Internacional sigue pidiendo al Gobierno español que no autorice exportaciones de armas españolas a este país y que a su vez apoye un embargo internacional de armas completo a todas la partes en conflicto...



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