Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”



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28/5/10)

(Por Lex Column)

Al igual que las polillas con una llama, las empresas energéticas no pueden evitar sentirse atraídas, en ocasiones de forma fatídica, hacia situaciones con las que ya han sufrido graves daños en el pasado.

Es el caso de petroestados como Nigeria, nacionalizadores en serie de recursos como Venezuela, y sucederá sin lugar a dudas con las perforaciones marítimas, no importa el coste que las autoridades estadounidenses impongan a la industria tras la catástrofe del Golfo de México.



Los defensores del consumidor como la Agencia Internacional de la Energía están nerviosos por las nuevas y estrictas regulaciones, y hacen hincapié en que hay que seguir buscando las escasas reservas mundiales de petróleo, ya sea en las profundidades marítimas o en las inexploradas aguas del Ártico.

Sin embargo, el temor a una caída en picado en la producción submarina parece exagerado, ya que estos proyectos resultan de por sí tan caros que sería un “error” pagar el coste de instalar los últimos equipos, asegura un veterano de la industria. Es mucho más significativo el riesgo que representa equivocarse en los cálculos geológicos.

Tomemos, por ejemplo, otro importante proyecto de BP en el Golfo de México, Thunder Horse, cuyo desarrollo costó miles de millones de dólares y que se esperaba que produjera 250.000 barriles diarios (mil millones de barriles a lo largo de su vida). Ha alcanzado su techo cerca de un tercio por debajo de las expectativas. Si esto se extrapola a la vida del proyecto, ese déficit, unido a la menor producción de gas, podría resultar más costoso que los cálculos más cuantiosos de daños derivados del reciente accidente.

Si el coste de la regulación estadounidense resulta demasiado alto, la actividad podría desaparecer en Norteamérica. Pero esto elevaría el atractivo de los yacimientos de la costa occidental de África, Brasil y el Mar de Barents. Y, pese a que pueda parecer cruel teniendo en cuenta que el petróleo sigue contaminando el Golfo, seguir permitiendo la viabilidad de las perforaciones marítimas en EEUU podría suponer menos riesgos medioambientales que otras opciones. Del extranjero llegaría un mayor número de barriles con más probabilidades sufrir vertidos, o de arenas bituminosas perjudiciales para el medio ambiente, una fuente marginal en la actualidad.

La atracción económica de las perforaciones marítimas es demasiado persuasiva para la industria como para que ni si quiera una debacle como la de BP la disuada de seguir con el negocio. Los magnates del petróleo acudirán allí donde haya crudo, por mucho que duelan las quemaduras.

(The Financial Times Limited 2010. All Rights Reserved)

- Deepwater Horizon: un desastre para el cual nadie parecía estar preparado (The Wall Street Journal - 31/5/10)

(Por Douglas Blackmon, Vanessa O'Connell, Alexandra Berzon y Ana Campoy)



El 20 de abril, en los minutos posteriores a que una cadena de explosiones de gas la debilitara seriamente, reinaba la confusión en Deepwater Horizon, la plataforma de la petrolera británica BP PLC. Las llamas se propagaron con rapidez, se cortó la energía eléctrica y trabajadores aterrados se lanzaban al mar oscuro y cubierto de petróleo.

El capitán Curt Kuchta estaba reunido con un grupo de 10 ejecutivos y miembros de la tripulación.

Andrea Fleytas, una empleada de 23 años que ayudaba a operar la sofisticada maquinaria de navegación, se percató de improviso de un grave descuido: nadie había enviado una señal de socorro, recuerda en una entrevista. Fleytas se apoderó de la radio y empezó a llamar en una señal que utilizan la Guardia Costera de Estados Unidos y otras embarcaciones. “Auxilio, auxilio. Esta es Deepwater Horizon. Tenemos un incendio fuera de control”.

Cuando el capitán Kuchta se dio cuenta de lo que había hecho la reprendió. “No le di autorización para hacer eso”, le dijo, según el testimonio de Fleytas.



Un análisis realizado por The Wall Street Journal sobre lo ocurrido a bordo de la Deepwater Horizon justo antes y después de las explosiones sugiere que la plataforma petrolífera no estaba preparada para la clase de desastre que se produjo y se vio sobrepasada una vez que sucedió. Los acontecimientos del puente plantean interrogantes sobre si los supervisores de la plataforma estaban preparados para manejar una emergencia tan súbita y evacuar la plataforma y si, en un contexto más amplio, EEUU cuenta con las suficientes normas de seguridad en todas las complejas operaciones de perforación en aguas muy profundas.

Falta de preparación



El siguiente recuento de lo sucedido sobre la plataforma en el momento de las explosiones, que mataron a 11 personas, se basa en entrevistas con sobrevivientes, sus relatos por escrito, testimonios ante la Guardia Costera y documentos internos del operador de plataformas petroleras Transocean Ltd. y la propia BP.

En respuestas escritas a las preguntas de The Wall Street Journal, Transocean afirmó que el tiempo transcurrido entre la primera señal de peligro y la explosión catastrófica fue demasiado breve como para que la tripulación hubiera podido hacer algo para prevenir o minimizar el desastre. La empresa resaltó que la cadena de mando de la plataforma estaba funcionando y “no dificultó el tiempo o las actividades de respuesta”.

Durante una audiencia ante la Guardia Costera el jueves, Jimmy Wayne Harrell, el ejecutivo de mayor rango de Transocean en la plataforma, reconoció que una rotura en la cadena de mando en la plataforma generó “confusión”. En la misma audiencia, el capitán Kuchta señaló que las comunicaciones no habían sido un problema. BP optó por no referirse a ningún evento ocurrido el 20 de abril.

En los minutos previos a la explosión de la Deepwater Horizon, casi nadie a bordo se dio cuenta de que se estaban gestando problemas serios, salvo unos pocos hombres sobre el piso de perforación, el más alto de los tres niveles en la gigantesca estructura. El mar estaba calmado y una brisa fresca soplaba desde el norte. El capitán Kuchta recibía la visita de dos ejecutivos de BP para celebrar siete años sin accidentes serios en la plataforma.

Casi 20 hombres operaban la maquinaria de perforación, que ya había horadado unos 4.000 metros de rocas a unos 1.500 metros de profundidad en el Golfo de México.

Alrededor de las 21.47, trabajadores en toda la plataforma escucharon un repentino silbido de gas metano. El metano suele estar presente en la tierra adyacente a los depósitos de crudo y controlar su amenaza es una parte habitual de la perforación. Cuando se detecta el metano, como había sucedido en las semanas previas en Deepwater Horizon, un fluido denso de perforación llamado “lodo” se bombea al pozo para que actúe como contrapeso e impida que el gas ascienda a la superficie.



En un lapso de dos minutos, la presión causada por el gas en el ducto del pozo había aumentado de forma drástica, indican los documentos de perforación. Un torrente de gas metano azotó la plataforma. La energía eléctrica se cortó en toda la embarcación. “Todo empezó a saltar y a estremecerse”, recuerda en una entrevista Kevin Senegal, un limpiador de tanques de 45 años.

Fleytas, una de las tres mujeres que laboraban en Deepwater Horizon, se encontraba en el puente supervisando la ubicación y la estabilidad exactas de la plataforma. Por unos instantes, todos los equipos dejaron de funcionar. Posteriormente, una batería de repuesto entró en acción. Fleytas y sus colegas revisaban sus monitores, que indicaban que ningún motor funcionaba. Sonaban múltiples alarmas de gas. Uno de los seis enormes motores que estabilizaban la plataforma flotante estaba fuera de control.



No se había detectado metano en la Deepwater Horizon antes de la enorme explosión de gas. Por eso, no se había declarado la emergencia de gas “Nivel 1”, que se activa cuando se detectan niveles “peligrosos” de gas en el pozo, según miembros de la tripulación. Eso significa que la tripulación no había recibido ninguna alerta general para prepararse para los problemas y ninguna orden de cerrar cualquier cosa que pudiera prender el gas.

Las regulaciones del pozo establecen que ante una emergencia de este tipo, los dos ejecutivos de mayor jerarquía en la plataforma, que el 20 de abril eran Donald Vidrine, de BP, y el director de instalación de Transocean, Jimmy Wayne Harrell, debían dirigirse al piso de perforación y evaluar la situación de forma conjunta. Pero como no se declaró emergencia alguna, ninguno de los dos lo hizo, según numerosos empleados de la plataforma.

Transocean afirma que se siguieron la cadena de mando de la plataforma y los estándares de seguridad y que, asimismo, se trabajó de forma efectiva bajo las circunstancias. Harrell no devolvió llamados en busca de comentarios. BP manifestó que Vidrine no estaba disponible para referirse al tema.

No había nadie a cargo



En los momentos previos a la explosión, se hicieron cuatro llamadas de emergencia desde el piso de perforación a altos miembros de la tripulación, según un documento de BP revisado por The Wall Street Journal. Una fue dirigida a Vidrine, según notas sobre una declaración que realizó ante la Guardia Costera a la que tuvo acceso The Wall Street Journal. Vidrine se apresuró a dirigirse al piso de perforación, pero ya había “lodo por todos lados”, le dijo a la Guardia Costera.

Alrededor de las 21.50, Stephen Curtis, un ayudante de perforación, llamó al encargado de herramientas de más jerarquía, Randy Ezell, quien se encontraba descansando en su camarote, según una declaración de Ezell ante la Guardia Costera revisada por The Wall Street Journal. Curtis indicó que el metano ingresaba al pozo y los trabajadores estaban a punto de perder el control.

Dos empleados de la plataforma que luego hablaron sobre el tema con Ezell afirmaron que este último les dijo que Anderson iba a poner en marcha el dispositivo para prevenir una explosión, un aparato de 45 toneladas diseñado para cortar el oleoducto de perforación en el fondo del océano y sellar el pozo en menos de un minuto. Si se hubiera activado a tiempo, podría haber sido suficiente para impedir las explosiones o, por lo menos, limitar la magnitud del desastre, según algunos expertos de perforación. Ezell se preparó para dirigirse al piso de perforación, según su declaración.

Segundos más tarde, el metano, que es más pesado que el aire, se prendió, posiblemente debido a los movimientos del motor fuera de control. Así se inició la catastrófica explosión que voló importantes secciones de Deepwater Horizon, cortó por lo menos un motor, incendió grandes partes de la plataforma y permitió que el petróleo comenzara a derramarse al mar.

Curtis, un ex militar al que le gustaba cazar pavos, y Anderson, el padre de dos hijos que pretendía dejar de trabajar en la plataforma cuando terminara su turno de 21 días, casi sin dudas murieron de forma instantánea, según otros trabajadores. Lo mismo ocurrió con el veterano Dewey Revette. Seis hombres que trabajaban cerca también fallecieron. Clark, el perforador asistente que se había dirigido a las escaleras a ayudar, también perdió la vida. Dale Burkeen, quien operaba la grúa de gran altura de la plataforma, también falleció luego de ser expulsado de una pasarela y caer más de 9 metros.

A continuación se produjo una serie de detonaciones. Miembros de la tripulación estaban esparcidos por las habitaciones, con múltiples roturas de huesos y quemaduras graves.

Desde el puente, el contramaestre David Young corrió para investigar las explosiones y prepararse para combatir el fuego. Luego de encontrar sólo un miembro de la tripulación en su puesto, regresó al puente. Los miembros de la tripulación afirman que no se realizaron esfuerzos significativos para combatir el incendio. “No teníamos bombas de fuego. No se podía hacer otra cosa más que abandonar la nave”, afirmó el capitán Kuchta, en su testimonio ante la Guardia Costera a fines de mayo.

“La escena era muy caótica”, indicó el trabajador Carlos Ramos en una entrevista. Los empleados heridos estaban tirados en la cubierta. “No había cadena de mando. Nadie estaba a cargo”, afirmó Ramos. Los trabajadores aterrados comenzaron a lanzarse al mar, un salto de más de 20 metros hacia la oscuridad. Un empleado avisó por radio al puente que los trabajadores estaban saltando por la borda.

Un vocero de Transocean afirmó que la empresa aún no ha podido determinar exactamente lo que sucedió en la zona de abordaje de los botes salvavidas o cuántos operadores de botes salvavidas estaban disponibles.

El capitán Kuchta y alrededor de otros 10 ejecutivos y miembros de la tripulación, incluida Fleytas, estaban reunidos en el puente, que aún no había sido amenazado por el fuego. Cuando llegó al puente la noticia de que los trabajadores estaban saltando, el supervisor de Fleytas emitió una llamada de “hombre al agua”. El Bankston, un buque cercano, puso un pequeño bote en el agua y comenzó la operación de rescate.

Vidrine y Harrell, los dos ejecutivos de mayor rango, aparecieron en el puente. Vidrine luego le dijo a la Guardia Costera que un instrumento en el puente mostraba que la tripulación de perforación, que en ese momento ya había muerto, había cerrado “la bolsa”, como se conocía a la gruesa membrana de goma alrededor de una sección de perforación llamada anular. Pero la medida de emergencia, que habría sellado el pozo, no se había activado. El botón se apretó a las 21:56, pero ya no surtió ningún efecto, según un documento interno de BP.

Según las regulaciones de Transocean, la decisión de evaluar debía ser tomada por el capitán, Kuchta y por Harrell, el director de instalaciones. Alarmada por la situación, Fleytas se dirigió al sistema de altoparlantes y anunció: “Estamos abandonando el barco”, según recuerda.

Más de 24 horas más tarde, la plataforma Deepwater Horizon se hundió a 1.500 metros de profundidad.

(Las consecuencias de un capitalismo de manos libres: ¿Quién controla al mercado?)

- Lecciones del vertido de BP (El País - 13/6/10)

(Por Kenneth Rogoff)

Mientras el pozo de petróleo dañado sigue soltando a borbotones millones de galones de crudo desde las profundidades del golfo de México, el problema inmediato es cómo mitigar una catástrofe medioambiental que aumenta por momentos. Sólo podemos abrigar la esperanza de que se contenga el vertido pronto y no se materialicen las hipótesis peores. Sin embargo, el desastre plantea una amenaza aún más profunda a la forma como las sociedades modernas regulan las tecnologías complejas. La acelerada velocidad de la innovación parece estar superando la capacidad de los reguladores estatales para afrontar los riesgos, y más aún para prevenirlos.

Los paralelismos entre el vertido de petróleo y la reciente crisis financiera son demasiado dolorosos: la promesa de innovación, la complejidad insondable y la falta de transparencia (los científicos calculan que sólo conocemos una pequeña fracción de lo que ocurre en las profundidades del océano). Grupos de presión adinerados y políticamente poderosos ejercen presiones enormes sobre las estructuras de gobierno más sólidas. Constituye un enorme apuro para el presidente de EEUU, Barack Obama, que propusiera -presionado por la oposición republicana, cierto es- aumentar en gran medida las perforaciones en busca de petróleo en el mar justo antes de que se produjera la catástrofe de BP.

La historia de la tecnología del petróleo, como la de los instrumentos financieros exóticos, era muy convincente y seductora. Los ejecutivos de las empresas petroleras se jactaron de que podían perforar hasta una profundidad de dos kilómetros y después un kilómetro en sentido horizontal y acertar en el blanco con un margen de error de unos metros. De repente, en lugar de un mundo en el que se hubiera llegado a la tasa máxima de extracción de petróleo y con recursos cada vez más escasos, la tecnología ofrecía la promesa de aumentar el abastecimiento para otra generación. Los funcionarios occidentales se dejaron influir también por la preocupación por la estabilidad del abastecimiento en Oriente Próximo, que representa una gran proporción de las reservas mundiales. Algunos países en desarrollo -y muy en particular Brasil- han descubierto posibles yacimientos enormes frente a sus costas.

Ahora todo está en el aire. En EEUU, las perforaciones marinas parece que seguirán el mismo camino que la energía nuclear, pues se dejarán durante decenios los nuevos proyectos en un cajón y, como ocurre con frecuencia, una crisis en un país puede llegar a ser mundial si muchos otros países reducen drásticamente los proyectos de perforaciones marinas ilimitadas. ¿Pondrá de verdad en peligro Brasil su espectacular costa por el petróleo, ahora que lo sucedido ha recordado a todo el mundo lo que puede ocurrir? ¿Y Nigeria, donde otros riesgos resultan intensificados por las luchas intestinas?

Los expertos en petróleo sostienen que las perforaciones marinas nunca tuvieron posibilidades de representar más que una pequeña proporción del abastecimiento mundial, pero ahora va a haber más preocupación por las perforaciones profundas en cualquier medio delicado, y el problema no se limita al petróleo. El problema básico de la combinación de complejidad, tecnología y regulación se da también en muchos otros sectores de la vida moderna. La nanotecnología y la innovación en materia de creación de organismos artificiales ofrecen una posible bendición para la humanidad, al prometer la creación de nuevos materiales, medicinas y técnicas de tratamiento. Aun así, con todas esas tecnologías apasionantes, resulta extraordinariamente difícil lograr un equilibrio entre el riesgo muy pequeño de un desastre muy grande y el apoyo a la innovación.



Las crisis financieras son casi consoladoras en comparación. Las burbujas especulativas y las crisis bancarias han sido una característica periódica del paisaje económico durante siglos. Pese a ser espantosas, las sociedades les sobreviven.

Cierto es que quienes pensaban “esta vez es diferente” antes de la reciente gran recesión, resultaron estar equivocados, pero, aun cuando no estemos mejorando en nada a la hora de afrontar las crisis financieras, tampoco ha empeorado necesariamente la situación.



Tal vez los dirigentes de los Estados que componen el G-20 no hayan hecho un trabajo tan brillante como afirman al tapar el agujero existente en el sistema financiero. Los pavorosos problemas de la deuda soberana en la Europa continental y los que están fraguándose en EEUU, Japón y otros países lo demuestran más que de sobra, pero, comparados con los esfuerzos de British Petroleum para tapar su agujero de petróleo en las profundidades marinas, los dirigentes del G-20 parecen omnipotentes.

Si alguna vez ha habido una llamada para despertar a la sociedad occidental a fin de que se replantee su dependencia de una innovación tecnológica cada vez más acelerada para aumentar sin cesar el consumo de combustibles, no cabe duda de que lo ha sido el vertido de BP. Incluso China, con su estrategia de “aprovechemos el auge ahora y ya abordaremos más adelante la cuestión del medio ambiente”, debe observar detenidamente el golfo de México.



La economía nos enseña que, cuando hay una enorme incertidumbre en materia de riesgos catastróficos, es peligroso confiar demasiado en el mecanismo de los precios para acertar con los incentivos. Lamentablemente, los economistas saben mucho menos sobre cómo adaptar la regulación a lo largo del tiempo a los sistemas complejos con riesgos en constante transformación y mucho menos aún cómo concebir instituciones reguladoras sólidas. Hasta que se entiendan mejor esos problemas, podemos estar condenados a convivir con un mundo de la regulación con objetivos constantemente desproporcionados, ya sea por exceso o por defecto.

El sector financiero ya está avisando de que la nueva regulación puede ser desproporcionada, es decir, tener el efecto no deseado de dificultar profundamente el crecimiento. Ahora bien, pronto podríamos afrontar las mismas preocupaciones en materia de política energética, y no sólo en relación con el petróleo.

Dadas las dimensiones de lo que está en juego financieramente, lograr un consenso mundial será difícil, como lo demostró el fracaso de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático. Los países avanzados, que son los que mejor pueden permitirse una limitación del crecimiento a largo plazo, deben dar ejemplo. El equilibrio entre la tecnología, la complejidad y la regulación es, sin lugar a dudas, uno de los mayores imperativos que el mundo debe adoptar en el siglo XXI. No podemos permitirnos el lujo de seguir equivocándonos.

(Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard. © Project Syndicate, 2010)

(Un choque di-vertido: los “piratas” Morgan (Obama) y Drake (Cameron) enfrentados)

- El vertido de BP tiñe de negro las relaciones entre Reino Unido y EEUU (El Confidencial - 13/6/10)

(Por Celia Maza - Londres).

Se suponía que con David Cameron en Downing Street, las relaciones entre Reino Unido y Estados Unidos iban a ser más estrechas. Gordon Brown y Barack Obama nunca tuvieron química. Aunque insistían en lo contrario, las visitas del ex premier a la Casa Blanca siempre tenían un sabor agridulce, ya fuera por los regalos que se hacían o por la ausencia de éstos. El presidente siempre sintió predilección por David Cameron, pero la primera prueba a la que se enfrentaba el Gobierno de coalición para recalcar el supuesto “vínculo especial” que une a los dos países se ha topado con un problema que ha puesto contra las cuerdas al tory.

El desastre ocasionado en el Golfo de México por BP -antes conocida como British Petroleum- ha despertado una furia en Obama hasta ahora nunca vista. El presidente ha llegado a decir literalmente que quiere “patear el culo” a los responsables y aunque desde la City han insistido a Cameron para que haga frente a las feroces críticas, éste ha dicho que entiende la “frustración” de su colega.

Los dos mandatarios mantuvieron ayer una conversación telefónica de 30 minutos para tratar la cuestión. Downing Street se ciñó a recalcar que había sido una charla cordial y dentro de los contactos “rutinarios” que protagonizan los dos líderes. El premier subrayó la importancia de BP para la economía de Reino Unido, Estados Unidos y otros países y el presidente dejó claro que no tenía interés en socavar su valor.

Desde que comenzó el derrame de crudo el 20 de abril a raíz de una explosión de la plataforma Deepwater Horizon, las acciones se han desplomado un 45 por ciento. El valor ha pasado de 120.000 millones de libras a 55.000 millones. Aunque el viernes los títulos terminaron al alza en el parqué londinense -subiendo un 7,2%-, los continuos reproches por parte del norteamericano, en especial contra el director de la petrolera, Tony Hayward, no ayudan a la recuperación de la que durante años fue la compañía más poderosa de las islas.

Los círculos empresariales y políticos de Reino Unido han cerrado filas en torno a BP. Están de acuerdo en que ha causado el mayor desastre ecológico de Estados Unidos y que tiene que hacer frente a todos los gastos para reparar daños, pero consideran que las recriminaciones de la Casa Blanca han llegado demasiado lejos. La preocupación no atiende tanto al honor británico, que también, sino a las potenciales pérdidas que la polémica presenta para las prestaciones de los ciudadanos.

Reino Unido no se puede permitir que BP caiga en picado. No tanto por los empleos que genera -sólo tiene 10.000 británicos en nómina-, sino porque está presente en casi la totalidad de los fondos institucionales de pensiones. Una de cada siete libras que éstos reciben en materia de dividendos de empresas que cotizan en Londres procede de la petrolera. Alrededor de 18 millones de personas en las islas participan en algún fondo asociado a BP, ya sea de forma directa o indirecta. Además, no son pocos los que han advertido a Obama de que su retórica podría pasar factura a sus propios ciudadanos. Al menos el 40 por ciento de las acciones están en Estados Unidos, donde la petrolera tiene contratadas a 22.800 personas.

La presión estadounidense

La Casa Blanca ha hecho oídos sordos y en su particular cruzada ha pedido a la dirección que dé prioridad al pago por el desastre ecológico ocasionado, frente al reparto de dividendos. BP es una de las cinco compañías británicas que, juntas, acaparan hasta la mitad de los dividendos en Reino Unido. Por sí sola, es responsable de más de 6.800 millones de libras al año ingresadas en los fondos de pensiones de los ciudadanos.

El próximo 21 de junio estaba previsto que la compañía pagara sus ganancias trimestrales, una suma de cerca de 1.700 millones de libras. Aunque en un principio se pensó que se abonarían sin problema, la directiva podría ceder finalmente ante la presión americana y suspenderlos hasta que concrete el desembolso necesario para cubrir su responsabilidad en el desastre.

La cúpula de BP se reúne mañana lunes, pero no hará ningún anuncio formal antes del próximo miércoles, día en el que tendrá lugar la reunión convocada por Obama para evaluar la situación. Los científicos aseguran ahora que hasta el 3 de junio, cuando se pudo contener parte del vertido, se derramaron 40.000 barriles, el doble de lo estimado. En el peor de los casos, los costes podrían ascender a 30.000 millones de dólares (20.600 millones de libras), pero la petrolera puede hacerles frente, ya que cuenta con el salvavidas de 26.000 millones de dólares en efectivo (17.800 millones de libras) que genera anualmente.

El dinero, por tanto, no debería ser problema. El temor real es cómo las duras declaraciones del inquilino de la Casa Blanca están debilitando a la compañía. Su actual valor bursátil es la mitad del que tenía cuando se hundió la plataforma y el desplome de sus acciones ha disparado las especulaciones acerca de que podría ser adquirida por una firma china. El objetivo, en consecuencia, es convencer al presidente para que detenga su diatriba, pero no parece que Obama vaya a calmarse.

El mandatario es consciente de que su popularidad para las legislativas de noviembre -su primer gran examen desde que llegó al poder- no está en el mejor momento. Su predecesor, George W. Bush, fue ampliamente criticado por su respuesta al huracán Katrina y no quiere verse en la misma situación. Antes de reunirse con BP, el presidente realizará su cuarto viaje a la zona afectada. Las consecuencias de la marea negra en la salud de las personas y en el hábitat animal son cada vez mayores, por lo que no se prevé que su actitud sea la más favorable para enterrar el hacha de guerra. Aunque desde Washington insisten en que Reino Unido sigue siendo el “aliado más próximo”, este episodio parece haber dado la razón a aquéllos que consideran que la relación entre los dos países cada vez es menos especial.

- BP: la colisión entre la seguridad y los costos (The Wall Street Journal - 8/7/10)

Una investigación muestra un historial que no siempre coincide con los informes del líder de la petrolera británica.

(Por Guy Chazan, Benoit Faucon y Benn Casselman)

El 5 junio de 2008, un pedazo de tubería de acero se rompió en la amplia plataforma petrolera Atlantis, de BP PLC, en el Golfo de México. La tubería estaba adherida a una bomba defectuosa de un oleoducto cuya reparación BP había pospuesto en lo que luego describió en un informe interno como “el contexto de un presupuesto de costos muy ajustado”.

La ruptura causó un derrame menor, de sólo 193 barriles de petróleo, pero investigadores de BP identificaron temores mayores.

Concluyeron que la reparación postergada fue un “factor clave” en el incidente, pero que “la gerencia no cuestionó claramente” el impacto que tendría el retraso en la seguridad. El presupuesto para Atlantis -una de las instalaciones más sofisticadas de BP- fue “subestimado” y causó “demandas/indicaciones contradictorias”. Mientras los investigadores cuestionaban la operación magra de la Atlantis, los más altos ejecutivos la elogiaban.

En una comunicación interna de principios de 2009, Neil Shaw, entonces director de la unidad de BP en el Golfo de México, elogió la eficiencia operativa de la Atlantis, al decir que era “4% mejor que lo planeado” en su primer año de producción. Era parte de una historia de éxito que le había permitido a BP convertirse en el productor petrolero número 1 en el Golfo, indicó Shaw.

El ajuste de presupuesto de uno de los proyectos más desafiantes del gigante petrolero británico expone una tensión en el corazón de BP bajo el mandato del presidente ejecutivo, Tony Hayward.

Hasta la explosión del 20 de abril en la plataforma Deepwater Horizon, en el Golfo, Hayward había dicho una y otra vez que estaba matando dos pájaros de un tiro: descuidos de seguridad que provocaron importantes accidentes, incluida una explosión mortal en una refinería en Texas en 2005, y altos costos que dejaron a BP rezagado frente a Royal Dutch Shell PLC y Exxon Mobil Corp.

Una revisión de The Wall Street Journal de documentos internos de BP, documentos legales, investigaciones oficiales e informes de inspectores federales, así como entrevistas con reguladores, muestra un historial que no siempre coincide con los informes de Hayward sobre mejoras de seguridad.

Desde que Hayward asumió el mando de la empresa, BP ha seguido enfrentándose con reguladores por los mismos temas que la pusieron en aprietos antes de su mandato como presidente ejecutivo. Algunas de sus refinerías aún obtienen calificaciones bajas en seguridad.

BP insiste en que ha dado vuelta la página en cuanto a seguridad. “La prioridad número uno absoluta de BP es tener operaciones seguras y confiables”, indicó el vocero Andrew Gowers. En los últimos cinco años, se han dedicado “esfuerzos e inversiones significativas” a mejorar la seguridad, señaló, y se ha conseguido un gran progreso en todas las métricas, como una menor frecuencia de lesiones y menos incidentes relacionados a equipos que se descomponen.

Se lograron ahorros a través de “menores gastos corporativos y una estructura corporativa más simple”, señaló, y no al economizar en seguridad. De hecho, se dedicaron dólares y personal extra a las operaciones.

En Atlantis, BP identificó un problema causado por vibración en ciertas bombas pero decidió que “no era una causa de preocupación de seguridad o medio ambiente”, y postergó la reparación de algunas bombas.

Hayward asumió el mando de BP en mayo de 2007, e indicó que se concentraría “como un láser” en la seguridad al tiempo que mejoraría las operaciones de BP. En octubre de 2007, creó un sistema de administración diseñado para reforzar los estándares de seguridad de forma consistente en toda la organización.

Los obstáculos aparecieron poco después. Un documento interno de 2007 que delineaba la política de seguridad mencionó una escasez de ingenieros e inspectores que podía hacer peligrar los planes de implementar nuevos estándares para inspeccionar y mantener equipos clave. Una presentación interna en mayo de 2009 citó una escasez de trabajadores con experiencia en aguas profundas e indicó que se requería más capacitación para “mantener operaciones seguras, confiables y eficientes”.

El mismo mes en que renovó la estructura de seguridad, Hayward afirmó que volvería a BP más eficiente. Una presentación interna al personal mostró cómo problemas, como una operación menos eficiente, habían creado “una brecha creciente entre nosotros y Shell”.

Durante los tres años siguientes, Hayward eliminó 7.500 empleos y redujo costos, US$ 4.000 millones sólo en 2009. Impulsada por los precios en alza del petróleo, BP obtuvo ganancias récord de US$ 25.600 millones en 2008. Poco después, se disputaba con Shell el título de la petrolera más valiosa de Europa.

Hayward buscó dejar atrás el pasado problemático de BP. En octubre de 2007, la empresa acordó pagar US$ 373 millones para llegar a un acuerdo sobre cargos relacionados a la explosión de Texas City, derrames petrolíferos en Alaska y acusaciones de que corredores de BP manipularon el mercado de propano.

BP invirtió más de US$ 1.000 millones para actualizar la refinería de Texas City. Este año, la empresa afirmó que su índice de lesiones allí había bajado todos los años desde 2005, y que el desempeño de seguridad de la refinería en 2009 era de los mejores de la industria.

Pero OSHA, el supervisor federal de seguridad laboral en EEUU, tiene una versión distinta.

Tras una inspección de seis meses de Texas City el año pasado, OSHA impuso a BP una multa de US$ 87 millones, la mayor de la historia de la agencia. Cerca de US$ 57 millones eran lo que OSHA describe como “fracasos para disminuir” peligros similares a los que causaron la explosión de 2005, que mató a 15 personas. BP disputa las multas y afirma que sostiene conversaciones “constructivas” con OSHA.

En 2006, la agencia había inspeccionado una refinería en Toledo, Ohio, que BP ahora posee de forma conjunta con Husky Energy, y descubrió problemas con válvulas de evacuación de presión. Le ordenó a BP que reparara las válvulas. Dos años más tarde, inspectores descubrieron que BP había realizado las reparaciones pedidas, pero sólo en las válvulas específicas que había citado OSHA. La agencia encontró exactamente la misma deficiencia en toda la refinería. OSHA ordenó más arreglos e impuso una multa de US$ 3 millones.

“Se conocían bien estos problemas... y sin embargo no se habían enfrentado” en otras partes de la refinería, indicó Jordan Barab, subsecretario asistente de OSHA.

Gowers, de BP, señaló que la empresa ha “trabajado de forma cooperativa con OSHA” para resolver problemas en la refinería. Cuando OSHA impuso la multa, BP indicó que la refinería de Toledo había realizado “mejoras medibles en cuestiones de procesos de seguridad”.

Barab, de OSHA, señala que debido al historial de seguridad de BP, la agencia la analizó más de cerca que a otras refinerías y le impuso penas más duras porque merecía “un poco mas de atención que cualquier otra en seguridad en refinerías”.

En el Golfo de México, BP no había sufrido un desastre de seguridad hasta el de Deepwater Horizon. Pero habían existido temores de que pudiera producirse uno.

Una presentación interna de BP de diciembre de 2007, al comienzo del mandato de Hayward, señaló 10 incidentes “de alto potencial” en instalaciones de BP en el Golfo desde comienzos de ese año, incluido uno en diciembre en el que un trabajador sufrió una descarga eléctrica pero sobrevivió. Un tema común, según el informe, era una falla de BP para seguir sus propios procedimientos y una falta de voluntad para detener el trabajo cuando algo fallaba.

“Mientras ingresamos a las dos últimas semanas de 2007, experimentamos una frecuencia sin precedentes de incidentes serios en nuestras operaciones”, escribió en un e-mail al personal Richard Morrison, subdirector de producción en el Golfo de México. “Tenemos mucha suerte de que ningún compañero haya resultado seriamente lastimado ni haya muerto”. Morrison enumeró cinco incidentes graves en noviembre y diciembre, incluido uno en que gas natural escapó de una cañería en la plataforma Pompano de BP, que podría haber causado una explosión.

En un comunicado, BP sostuvo que sus recortes de costos deberían ser vistos en el contexto del bajón de precios del crudo en 2008, que exprimieron la ganancia de las petroleras. BP dice que los ejecutivos son juzgados en base al historial de seguridad de sus unidades, no sólo por un criterio financiero o de producción.

- ¿Algún beneficio del vertido de BP? (El País - 18/7/10)

(Por Kenneth Rogoff)

Tal vez sea un sueño imposible, pero podría ser que la catástrofe producida por el vertido de petróleo de BP en el golfo de México haga de catalizadora final del apoyo a una política medioambiental americana sólida. Sí, se debe castigar a los culpables, tanto para mantener el convencimiento de los ciudadanos de que la justicia prevalece como para hacer que otros productores de petróleo se lo piensen dos veces antes de correr riesgos descomunales. Pero si eso fuera lo único que resultara de la calamidad del BP, sería una trágica pérdida de una oportunidad para devolver un poco de cordura a la política energética y medioambiental de Estados Unidos, que ha ido extraviándose cada vez más en los últimos años.

¿Por qué habría de haber alguna razón para la esperanza, en vista sobre todo de que la política medioambiental de EEUU se ha basado en la irrealista creencia de que unas subvenciones relativamente pequeñas para las nuevas tecnologías energéticas pueden sustituir a incentivos fiscales a los precios para los productores y los consumidores? El caso es que el vertido de petróleo de BP está a punto de convertirse en un motivo para un cambio de políticas de proporciones históricas. Si los huracanes estivales empujan grandes cantidades de petróleo hasta las playas de Florida y la costa oriental, la explosión política resultante hará parecer muda la reacción ante la crisis financiera.



La irritación es particularmente marcada entre los jóvenes. Los que cuentan veintitantos años, ya muy tensos por las tasas extraordinariamente elevadas de paro, están dándose cuenta ahora de que el modelo de crecimiento de su país -aquel del que sueñan con formar parte- es, en realidad, totalmente insostenible, independientemente de lo que digan sus dirigentes políticos. De momento puede ser solo humor negro [por ejemplo, el camarero de Nueva Orleans que pregunta a los comensales si quieren gambas con plomo o sin plomo], pero una explosión está preparándose.

¿Podría ser el renacer de la irritación de los votantes para reavivar el interés en un impuesto a las emisiones de carbono? Dicho impuesto, propugnado desde hace mucho por un amplio espectro de economistas, es una versión generalizada de un impuesto a la gasolina que afecte a todas las formas de emisiones de carbono, incluidas las procedentes del carbón y del gas natural. En principio se puede crear un sistema de límites máximos y comercio de restricciones cuantitativas que obtenga los mismos resultados en gran medida, cosa que parece más aceptable para los políticos, dispuestos a cualquier cosa antes que usar la palabra “impuesto”.

Pero un impuesto a las emisiones de carbono es mucho más transparente y potencialmente menos propenso a las trampas que se han visto en el comercio internacional de cupos de emisiones de carbono. Un impuesto a dichas emisiones puede contribuir a preservar la atmósfera y al tiempo a disuadir de algunas de las actividades de prospección energética más exóticas y arriesgadas al privarlas de rentabilidad.



Naturalmente, tiene que haber una regulación mejor, mucho mejor, y más estricta de la extracción energética costera y de zonas de acceso prohibido y sanciones severas para los errores. Pero poner un precio a las emisiones de carbono, más que ningún otro método, brinda un marco integrado para disuadir de las tecnologías energéticas de la antigua era del carbono e incentivar las nuevas al facilitar la competencia.

Propugnar un impuesto a las emisiones de carbono como reacción ante el vertido de petróleo no debe ser simplemente una forma de explotar la tragedia en el Golfo, sino que debe contribuir a financiar un desmedido gasto gubernamental. En principio se podrían reducir otros impuestos para compensar los efectos de un impuesto a las emisiones de carbono, lo que neutralizaría los efectos en los ingresos o, para ser más precisos, un impuesto a las emisiones de carbono podría sustituir el enorme despliegue de impuestos que, de todos modos, habrán de venir tarde o temprano, en vista de los enormes déficits presupuestarios gubernamentales.



¿Por qué podría ser viable ahora un impuesto a las emisiones de carbono, cuando no lo ha sido nunca antes? Se debe a que, cuando la población puede ver nítidamente un problema, tiene menos capacidad para descartarlo o pasarlo por alto. El calentamiento planetario gradual resulta bastante difícil de advertir, pero cuando las imágenes de alta definición del vertido de petróleo del fondo del océano se combinan con las de la costa ennegrecida y la fauna y la flora silvestres devastadas, una historia muy diferente podría surgir.

Algunos dicen que los jóvenes de los países ricos son demasiado acomodados para movilizarse políticamente, al menos en masa, pero podría radicalizarse por la perspectiva de heredar un ecosistema gravemente dañado. De hecho, justo por debajo de la superficie hay inestabilidad. El desempleo sin precedentes y la desigualdad extrema de la actualidad pueden parecer menos tolerables, cuando los jóvenes adviertan que algunas de las cosas “gratuitas” más apreciadas de la vida -clima aceptable, aire limpio y playas bonitas, por ejemplo- no pueden darse por descontadas.

Naturalmente, puede que esté yo dando muestras de demasiado optimismo al pensar que la tragedia en el Golfo propiciase una política energética más sensata que los intentos de moderar el consumo, en vez de buscar constantemente nuevas formas de alimentarlo. Gran parte de la reacción política en EEUU se ha centrado en la demonización de BP y sus dirigentes, en lugar de pensar en formas mejores de equilibrar la regulación y la innovación.



Es comprensible que los políticos quieran desviar la atención de sus políticas erróneas, pero sería mucho mejor que hicieran un esfuerzo para mejorarlas. Una moratoria prolongada de la exploración energética costera y de otras zonas tiene sentido, pero la verdadera tragedia del vertido de petróleo de BP será si los cambios se reducen a eso. ¿Cuántos toques de atención necesitamos?

(Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard. © Project Syndicate, 2010)

- El verdadero efecto ecológico del derrame comienza a conocerse (The Wall Street Journal - 19/7/10)

(Por Jeffrey Ball)



Ahora que ha sido detenido, al menos por el momento, el escape de petróleo en el Golfo de México, se puede empezar a hacer un balance de los daños causados a uno de los ecosistemas más valiosos y vulnerables de Estados Unidos.

Conocer con exactitud las consecuencias ecológicas de los millones de barriles de petróleo vertidos al Golfo en estos tres meses podría tomar años. Y la región ya ha sobrevivido a décadas de incursiones humanas manteniendo una biodiversidad legendaria. Pero los primeros indicios de los daños causados por el derrame de petróleo de BP PLC son alarmantes, dicen los expertos.

Desde el inicio del vertido, en abril, casi 2.200 aves han sido halladas muertas, la mayoría en Luisiana, junto con casi 500 tortugas, la mitad de ellas en Mississippi, según datos federales. Casi 950 kilómetros de costas del Golfo, están impregnadas de petróleo, la mayor parte en los pantanos de Luisiana. Esto pone en peligro, al menos temporalmente, explotaciones pesqueras de importancia económica crucial en la región, como el camarón y el cangrejo.

Mar adentro, científicos han hallado petróleo y metano sumergido. Algunos creen que estos globos tóxicos están disminuyendo el nivel de oxígeno en el agua, y que esto podría poner en peligro la fauna y la flora marinas, aunque no existe consenso en la cuestión.

Entretanto, nuevas investigaciones apuntan a que el petróleo estaría a punto de entrar en la cadena alimentaria del Golfo. Científicos de la Universidad de Southern Mississippi y la Universidad de Tulane han hallado partículas de petróleo en cangrejos jóvenes en varios puntos de la costa del Golfo. Los cangrejos “son presa de muchos de nuestros peces y de otros cangrejos, así que existe la posibilidad de que otras especies ingieran el petróleo a través de los cangrejos”, dijo Harriet Perry, directora de investigación pesquera del Laboratorio de Investigación de la Costa del Golfo en la Universidad de Southern Mississippi, una de las científicas involucradas en el trabajo.

Pruebas de laboratorio deberían determinar en el plazo de una semana si las partículas de petróleo provienen del pozo de BP, dijo Perry.

Los investigadores están más preocupados por el efecto del petróleo sobre los cangrejos y los organismos que se alimentan de ellos que por la posibilidad de que la personas coman pescado o marisco contaminado, agregó la científica estadounidense Perry. Eso se debe a que el gobierno ha clausurado la mayoría de explotaciones pesqueras de la costa.



Alrededor del 35% de las aguas federales de EEUU en el Golfo están cerradas; el 55% de la zona de explotación pesquera comercial en aguas saladas de Luisiana también está cerrado. Representantes del gobierno dicen que, según sus pruebas, la pesca proveniente del Golfo que llega al mercado, procedente de zonas pesqueras todavía abiertas, es segura para el consumo humano.

Equipos del gobierno y representantes de BP están caminando por las playas, volando sobre las ciénagas y recorriendo la costa en barcas para contabilizar los efectos medioambientales del derrame. Las pruebas que acumulen serán usadas para determinar -tal vez judicialmente- cuánto deberá pagar BP para restaurar el ecosistema del Golfo.

Pero el proceso es impreciso y sujeto a juicios individuales. Por una parte, algunos animales hallados cubiertos en petróleo probablemente murieron de causas naturales, y algunos probablemente no habrían sido encontrados de no ser de la intensa labor detectivesca que se está llevando a cabo como consecuencia del derrame, según apuntan funcionarios del gobierno federal. Por otra parte, muchos de los animales fallecidos a causa del vertido nunca serán encontrados, dicen expertos.

Los terrenos pantanosos de Luisiana han sufrido el mayor impacto del petróleo en la costa, y limpiarlos es mucho más difícil que raspar el petróleo de las playas de Florida, Alabama y Mississippi.

Las ciénagas han sido dañadas pero no han muerto, dijo Kerry St. Pe, director del Programa Nacional de Estuarios de Barataria-Terrebonne, en el sur de Luisiana. Muchos de los camarones y peces jóvenes que estarían madurando en las ciénagas en estos momentos probablemente estén muertos, dijo, y los manglares negros, una planta de pantano cuyos tubos verticales son particularmente sensibles al petróleo, han sufrido muchos daños. Sin embargo, dijo, “sabemos que estos pantanos sobrevivirán”.

En las últimas semanas, el huracán Alex ha sido de ayuda, al crear oleaje que ha empujado parte del petróleo fuera de las ciénagas. Pero el petróleo presente en el agua presenta sus propios problemas.

Embarcaciones científicas que recorren el Golfo han detectado columnas sumergidas de petróleo, metano y “agentes dispersores”, rociados sobre el petróleo para intentar desintegrarlo e impedir que alcance la costa.



Los científicos temen que el petróleo y los gases sumergidos reduzcan el oxígeno subacuático necesario para sostener la gran variedad de vida marina, ya que las bacterias naturales que consumen el petróleo y el metano sumergido consumen mucho oxígeno.

El gobierno federal de EEUU ha dicho que un grupo de investigadores halló una de estas aglomeraciones, pero también comprobaron que los niveles de oxigeno en la zona se mantenían por encima de los niveles mínimos recomendados. Sin embargo, investigadores universitarios que examinaron una de estas columnas en otra parte del Golfo dijeron que detectaron niveles de oxigeno mucho más bajos.

Uno de estos investigadores, Samantha Joye, oceanógrafa de la Universidad de Georgia, apuntó que ella y sus colegas hallaron niveles reducidos de oxigeno sólo en áreas determinadas cerca del petróleo y metano sumergido. Todo el Golfo, dijo, “no se va a convertir en un pequeño Mar Negro”.

- Petroleras crean un consorcio para evitar futuros derrames (The Wall Street Journal - 22/7/10)

(Por Ángel González)

Cuatro de las mayores petroleras del mundo están uniendo fuerzas para erradicar los derrames petroleros en aguas profundas del Golfo de México con un plan multimillonario que intentará recuperar la confianza de la Casa Blanca después del desastre de BP PLC.

Se espera que Exxon Mobil Corp., Chevron Corp., Royal Dutch Shell PLC y ConocoPhillips anuncien hoy la formación de un consorcio que diseñará, construirá y operará un sistema de respuesta rápida para capturar y contener hasta 100.000 barriles de petróleo derramado a 3.000 metros de profundidad. La plataforma Deepwater Horizon alquilada por BP había estado filtrando hasta 60.000 barriles diarios por día a 1.500 metros de la superficie del mar.

El sistema, que consistirá en varios buques de recolección de crudo y una selección de equipos de contención submarina, se parece a uno que desarrolló BP durante los tres meses de intentos fallidos para solucionar el escape de petróleo, después de que la plataforma Deepwater Horizon explotara el 20 de abril.

BP, todavía comprometida en su esfuerzo por detener permanentemente y limpiar el derrame, no ha sido invitada a ser parte del consorcio. “No queremos distraerla de ninguna manera”, dice Rex Tillerson, presidente ejecutivo de Exxon, que está liderando el diseño y la construcción del nuevo sistema.

Aun así, BP, y otras empresas que operan en el Golfo de México, podrían usar el sistema de respuesta de emergencia.

Las compañías harán una inversión inicial de US$ 1.000 millones en el proyecto, que no tendrá ánimo de lucro y que por ahora ha sido bautizado como Marine Well Containment Co. Sin embargo, el costo de construir un sistema de este tipo y tener tripulaciones siempre en alerta durante años podría costar otros miles de millones de dólares.

Contra las críticas



El sistema de contención estará listo, según las previsiones, dentro de un año y medio, asegura Exxon. El objetivo principal del sistema será evitar que el petróleo se derrame sobre el océano en caso de una explosión catastrófica.

El equipo de respuesta debería estar en condiciones de movilizarse en un lapso de 24 horas, y estar completamente desplegado en semanas, señala Sara Ortwein, subdirectora de ingeniería de Exxon Mobil Development Company.

El nuevo plan apunta a calmar las intensas críticas de los gobiernos y el público contra la industria. A pesar de los avances tecnológicos que han permitido explotar petróleo y gas atrapados a varios kilómetros de profundidad, la industria no tuvo una respuesta efectiva para el desastre de Deepwater Horizon.

El mes pasado, los presidentes ejecutivos de Exxon, Shell, Chevron, ConocoPhillips y BP debieron soportar el enojo de los legisladores estadounidenses que los acusaron de usar planes improvisados para responder a los grandes derrames de crudo. Tillerson admitió que la industria no estaba preparada para una catástrofe de este tipo.

BP no respondió a un pedido de comentarios.

“Vamos a construir esto y, según mi visión, no vamos a usarlo nunca”, dijo Tillerson. Pero “es justo que el pueblo estadounidense y los reguladores esperen de nosotros más capacidad mecánica para lidiar de una manera más rápida con un evento así en un futuro”, en comparación con tener que improvisar una respuesta, agregó el ejecutivo.

La empresa conjunta de los gigantes petroleros sigue el modelo de la Marine Spill Response Corp., una compañía financiada por petroleras y navieras en 1990 después de que el derrame del buque Exxon Valdez provocara una reestructuración de las leyes de contaminación. Dicha empresa sigue operando y puede trabajar en conjunto con el nuevo sistema de las petroleras.

Tillerson dijo que aunque el sistema está siendo diseñado específicamente para el Golfo de México, espera que los gobiernos de otras partes del mundo se interesen por él.

Alrededor de 40 ingenieros de las cuatro compañías involucradas han estado trabajando día y noche durante más de un mes, señala Ortwein, de Exxon Mobil Development.

- Lo que aprendimos del desastre en el Golfo de México (The Wall Street Journal - 23/7/10)

(Por Michio Kaku)



Si el derrame de petróleo en el Golfo de México fuera una tragedia, tendría tres actos. En el primero, veríamos el caos causado por una explosión de gas que cobró la vida de 11 trabajadores y desató la mayor catástrofe ambiental de la historia estadounidense. En el segundo acto, seríamos testigos de la confusión de los ejecutivos de BP mientras veían fracasar ocho intentos por contener, ahogar o sellar la fuga de crudo.

Ahora estamos lentamente entrando en el tercer acto, en el cual los ingenieros han aprendido dolorosamente algunas lecciones importantes y están a punto de calmar este furioso monstruo.

La pegunta que persiste es: ¿Por qué les tomó tanto tiempo? ¿Por qué no pudieron contener el escape hace semanas?

Durante tres meses terribles, los ingenieros y ejecutivos de BP han estado básicamente improvisando sobre la marcha, llevando adelante un proyecto científico de miles de millones de dólares usando a los estadounidenses como conejillos de indias. La ciencia necesaria para detener una fuga de petróleo a 1.500 metros bajo el nivel del mar debió haberse hecho hace años.

Cada uno de los ocho intentos para controlar el escape habría funcionado si la explosión hubiera tenido lugar a 60 metros de profundidad. La fuga en 1979 del pozo Ixtoc, en México, que entonces era la madre de todos los desastres petroleros, sucedió a 50 metros de profundidad y duró 10 meses. Al final, fue contenido con la perforación de un pozo aliviador. Las lecciones aprendidas en aquel y otros desastres petroleros hicieron pensar a los ingenieros de la industria que podrían contener cualquier fuga.



Las leyes de la física son diferentes a una profundidad de 1.500 metros frente a una de 60 metros. A 1.500 metros la presión es enorme: una persona sería triturada como una cáscara de huevo en décimas de segundos. Ni siquiera los submarinos militares pueden operar a estas profundidades. En su reemplazo, se usan submarinos robotizados controlados remotamente.

Además, en estas profundidades el metano se solidifica en una forma de hidratos que se asemejan al hielo. Se cree que la explosión original fue causada cuando se aplicó calor para poner el sello de cemento sobre el pozo, lo que expandió los hidratos de metano a gas, que a su vez subieron a toda velocidad por el tubo y luego explotaron. La presencia de estos hidratos de metano también frustró el primer intento de detener el escape. Más adelante, los ingenieros de BP tuvieron mayor éxito al bombear agua tibia por la tubería para prevenir que los hidratos bloquearan el tubo sin crear las burbujas de gas como las que causaron la explosión.

Al principio, los directivos de BP subestimaron el tamaño de la fuga. Aunque originalmente declararon que se estaban filtrando mil barriles de petróleo por día, también mostraron videos que mostraban imágenes sorprendentemente diferentes.

En los cursos básicos de física, los estudiantes aprenden que el caudal de una tubería es resultado del área de la tubería multiplicado por la velocidad del líquido. No hay que ser un científico consagrado para multiplicar estos dos números. Incluso un simple estimado aproximado de la fuga a partir de los videos podría darle una proyección de entre 40.000 y 60.000 barriles por día. ¿Dieron los directivos de BP cifras bajas e inexactas, tal vez porque pueden ser multados más de US$ 4.000 por barril por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos?

En el futuro, debería haber controles más estrictos sobre las perforaciones en aguas profundas y deberían implementarse sistemas redundantes, de modo que un pozo pueda ser tapado o desviado inmediatamente si el dispositivo de seguridad falla. También debería haber una flota de embarcaciones listas con coladeras, bombas centrífugas y grúas listas para manejar el crudo una vez que empieza a derramarse.

Y lo más importante, la ciencia necesaria para tapar escapes de petróleo a grandes profundidades tiene que completarse, de modo que cualquier tragedia futura no sea repetida como una farsa. Hasta que pongamos fin a nuestra adicción al crudo y desarrollemos fuentes de energía alternativa, tramas similares sin duda ocurrirán de nuevo.

(Kaku es profesor de física teórica en el City College de Nueva York, es autor de “Physics of the Impossible” (Física de lo imposible) y presentador de un programa con el mismo nombre en el canal Science Channel)

- Tony Hayward, una mala fama cimentada a base de meteduras de pata (El Economista - 26/7/10)

El cuestionado presidente de la petrolera británica BP, Tony Hayward, bestia negra de los norteamericanos, ha cimentado parte de su mala fama a base de meteduras de pata, con declaraciones o actos poco afortunados en el marco de su gestión de la marea negra en el Golfo de México.

Esta es una cronología de esas meteduras de pata:

- 3 de mayo: la culpa no es de BP

“No es nuestro accidente, pero es nuestra responsabilidad ocuparnos de él, detener el derrame, ocuparnos del petróleo en la superficie, asegurarnos de que no haya daños medioambientales o que sean mínimos”, afirmó Hayward al canal norteamericano CBS.

“Mantendremos nuestra bota sobre la garganta de BP para garantizarnos de que hagan todo lo necesario mientras nosotros hacemos todo lo que es humanamente posible para administrar este incidente”, declararía poco después el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs.

- 14 de mayo: la “minúscula” cantidad de petróleo

“El Golfo de México es un océano muy grande. La cantidad de petróleo que vertimos ahí es minúscula en comparación con el volumen de agua total”, explicó Hayward al diario The Guardian.

- 18 de mayo: un desastre “modesto”

“Creo que el impacto medioambiental de esta catástrofe probablemente ha sido muy, muy modesto. Es imposible de decir y prepararemos, cuando termine, una evaluación medioambiental detallada. Pero todo lo que podemos ver en este momento sugiere que el impacto medioambiental general será muy, muy modesto”, afirmó el presidente de BP al canal británico Sky News.

- 30 de mayo: Hayward quiere “recuperar su vida de antes”

“Lamentamos los trastornos que ha provocado esto en sus vidas. Nadie más que yo quiere que esto se termine. Me gustaría recuperar mi vida de antes”, declaró al canal norteamericano NBC, pensando manifestar su comprensión de cara a los familiares de los once empleados desaparecidos en la explosión y el naufragio de la plataforma Deepwater Horizon a fines de abril.

Tres días más tarde, Hayward pidió disculpas en forma pública por esas declaraciones, calificándolas de “hirientes y faltas de tacto”.

- 19 de junio: la regata de más



Tony Hayward, que había permanecido en Estados Unidos desde el inicio de la marea negra, se tomó un día de descanso en Inglaterra, pero provocó un escándalo al participar en una regata alrededor de la isla de Wight a bordo de un velero.

Esta noticia dio lugar a un diluvio de críticas, ya que los norteamericanos vieron un nuevo insulto a las víctimas de la marea negra.

“Esto forma parte de una larga serie de errores y meteduras de pata de comunicación. Pienso que todos podemos decir que Tony Hayward no empezará una segunda carrera en relaciones públicas”, concluirá el secretario general de la Casa Blanca, Rahm Emanuel.

- El CEO de BP podría recibir más de 13 millones por su salida de la petrolera (El Economista - 26/7/10)



La pasada semana negó la posibilidad, pero lo cierto es que los rumores sobre la inminente dimisión de su consejero delegado cobran fuerza en los medios británicos. La petrolera ha asegurado que aún “no hay una decisión final” acerca del futuro de Tony Hayward, pero hoy se reúne el consejo de administración y podrían alcanzar una decisión sobre la salida del directivo.

Según medios del Reino Unido, Hayward, ha negociado en los últimos días las condiciones de su retirada de la empresa, que se podría decidir hoy. Su sustituto sería Bob Dudley, un ejecutivo estadounidense que actualmente está a cargo de la operación de respuesta al derrame.

Una de las posibilidades que se baraja es que el directivo permanezca en su puesto hasta el próximo mes de septiembre.

13 millones

De acuerdo con el diario The Times, una de las condiciones pactadas para su salida es la paga que recibiría al abandonar la empresa, que puede ascender a 11,8 millones de libras (unos 13,4 millones de euros).

En concreto, Hayward percibirá una paga única equivalente a su salario anual, estimado en un millón de libras (1,1 millones de euros) en 2009, y un fondo de pensión valorado en 10,8 millones (unos 12,3 millones de euros), lo que le permitirá cobrar 584.000 libras (unos 665.760 euros) al año a partir de los 60 años.

Al frente de BP desde 2007, el consejero delegado Hayward ha sido duramente criticado en Estados Unidos tras decir que quería “recuperar su vida” semanas después de la explosión del 20 de abril en la plataforma Deepwater Horizon, que causó 11 muertos.

Ante el gran interés mediático que ha generado la esperada dimisión de Hayward, la compañía sólo ha declarado que aún “no hay una decisión final” sobre el futuro del consejero delegado.

Resultados

Según los medios británicos, BP puede dar a conocer mañana una provisiones de 21.660 millones de euros para cubrir los costes de la campana colocada en el pozo para frenar el vertido, las indemnizaciones correspondientes y las multas que esté obligada a pagar por el accidente, lo que resultará en unas abultadas pérdidas para el segundo trimestre del año.

La compañía ha perdido más del 40% de su valor en bolsa desde el comienzo del desastre: ha pasado de 125.000 millones de libras (unos 142.500 millones de euros) a 75.000 millones de libras (unos 85.500 millones de euros).

BP insiste en que es una compañía fuerte y puede afrontar la crisis, gracias a la generación de efectivo y las facilidades bancarias, pero está buscando una nueva estrategia para defenderse de una eventual amenaza de compra por parte de empresas como ExxonMobil o Royal Dutch Shell.

- Con una serie de anuncios, BP pretende dar vuelta a la página (The Wall Street Journal - 28/7/10)

(Por Guy Chazan)

En un intento por dejar atrás el desastroso derrame de petróleo en el Golfo de México, BP PLC anunció un cargo contable antes de impuestos de US$ 32.000 millones, detalló planes para desprenderse de US$ 30.000 millones en activos, confirmó la partida de su vilipendiado presidente ejecutivo y prometió convertirse en una “compañía diferente” y más concentrada en la seguridad.

A pesar de los anuncios, algunos inversionistas lamentaron que BP haya perdido una oportunidad de hacer una limpieza total y romper de una vez por todas con su atribulado pasado.



Las decisiones son un intento de la petrolera británica por comenzar a dar vuelta la página de una catástrofe que ha borrado casi 40% de su valor de mercado y ha puesto en duda su futuro en Estados Unidos. Las medidas coincidieron con la revelación de una pérdida de US$ 17.000 millones en el segundo trimestre, una de las mayores en la historia británica.

BP triplicó su objetivo previo de venta de activos de US$ 10.000 millones a US$ 30.000 millones, un paso que la hará concentrar sus recursos en áreas de alto crecimiento como las aguas profundas del Golfo de México y las zonas petrolíferas ultramarinas en Angola y Libia. Los analistas consideran que BP venderá yacimientos petrolíferos en Argentina, Colombia y Venezuela, y podría reducir sus posiciones en Alaska y el Mar del Norte. En total, los US$ 30.000 millones en activos podrían representar casi 10% del valor de BP y alrededor de 8% de su producción.

BP parece segura de encontrar numerosos interesados por sus activos. Un reciente acuerdo para vender a Apache Corp. activos de gas natural en Norteamérica ya le proporcionó unos US$ 7.000 millones.

La compañía también divulgó formalmente el martes que había designado a Robert Dudley, un estadounidense que se incorporó en 1998, como reemplazo de Tony Hayward en la presidencia ejecutiva. Su tarea será restablecer la reputación y credibilidad de BP en EEUU, donde Hayward se convirtió en el blanco predilecto de las críticas a los esfuerzos de la empresa por contener la catástrofe medioambiental.

En sus primeros comentarios públicos tras su nombramiento, Dudley dijo a los periodistas que “no había dudas” de que BP se convertiría en una “compañía diferente” tras el desastre en el Golfo de México.

Aún así, el principal mensaje que proyectó fue de continuidad. Dudley alabó a Hayward por llevar a cabo un cambio de cultura en BP, con un nuevo énfasis en operaciones seguras y confiables, e indicó que ahora había una necesidad de acelerar ese cambio.

Dudley añadió que la industria petrolera y gasífera mundial necesita revisar sus sistemas de seguridad y los equipos usados en aguas profundas, y replantear sus relaciones con las empresas contratistas. Los esfuerzos por determinar qué ocurrió a bordo de la plataforma Deepwater Horizon se han visto complicados por las acusaciones mutuas entre BP y otras compañías presentes en la plataforma, como Transocean -la propietaria y operadora de la plataforma- y Halliburton Co., que hizo las operaciones con cemento en el pozo.

Los cambios anunciados el martes no fueron suficientes para algunos accionistas, que esperaban que la junta directiva de BP nombrara a una persona ajena a la petrolera con instrucciones de emprender una reestructuración completa. Muchos albergan dudas desde hace tiempo sobre la cultura de seguridad en la compañía, que sufrió una explosión en una refinería de Texas City en 2005 en la que fallecieron 15 trabajadores y un gran derrame de crudo en Alaska al año siguiente.

Dudley “no es una nueva escoba”, dijo Ivor Pether, gestor de fondos de Royal London Asset Management. Por muy bien considerado que esté, “como persona que viene de las filas de la compañía, uno se pregunta si tiene el apetito para llevar adelante un cambio radical en BP”, agregó.

Varios inversionistas manifestaron que sostuvieron reuniones con Hayward y otros altos ejecutivos el mes pasado en las que les prometieron que la catástrofe del Golfo provocaría un cambio fundamental de dirección en la compañía. Hayward incluso habría dicho que BP podría considerar deshacerse de sus activos de refinación para centrarse en exploración y producción, un cambio que eliminaría a BP de la lista de superpetroleras como Exxon Mobil Corp. y Royal Dutch Shell PLC.

En los anuncios del martes, sin embargo, no hubo ni rastro de una estrategia tan ambiciosa. Un vocero de BP confirmó el encuentro de Hayward con los inversionistas, pero declinó referirse a la naturaleza de las conversaciones.

Una fuente cercana señaló que es improbable que Dudley lidere un giro radical en BP. “No se trata de reinventar la rueda, sino de hacer que funcione mejor”, aseveró.



La situación de BP ha mejorado desde junio. El precio de su acción ha repuntado y la compañía por fin logró bloquear la fuga de crudo desde el fondo del mar.

(No comment: Como lo recibo, se los paso. Ustedes dan o quitan razón…)

- La mancha de petróleo (Libertad Digital - 2/8/10)

(Por Jorge Alcalde)



“Basta tener un poco de curiosidad intelectual y preguntarse un poquito por el pasado para descubrir que la totalidad de las mareas negras accidentales sufridas en las últimas tres décadas han tenido consecuencias más leves que las que predijeron los ecologistas”. Por escribir esto, en noviembre de 2002, en plena crisis del Prestige, no pocos activistas del medioambiente tuvieron a bien invadir mi correo electrónico con curiosas ristras de insultos. Algunos de ellos de cómica ingenuidad (“eres un fascista hijo de Bush”).

Hoy repaso lo escrito entonces con el alivio de que, tal como los científicos consultados en su momento me prometieron, la Costa da Morte se habría recuperado biológicamente antes de lo esperado. Pero con el desasosiego de observar cómo los mismos patrones de conducta, los mismos errores de respuesta y los mismos tópicos vertidos en la España de 2002 se repiten en los Estados Unidos actuales ante el desastre de la fuga de petróleo de BP en el Golfo de México.

Lo que ha ocurrido en las costas de Estados Unidos es, obviamente, un horrendo caso de incompetencia técnica, un ejemplo sublime de descrédito organizativo y una mancha quizás imborrable para la reputación científica de una organización obligada a rayar la excelencia por el tipo de actividad que realiza. Pero sólo podrá considerarse una catástrofe ecológica si las autoridades, los científicos y los ciudadanos se empeñan en reaccionar con la histeria acostumbrada en estos casos.

Es cierto que se antoja difícil mantener la calma en crisis como ésta. La presión pública, los miedos a la reacción en cadena y buenas dosis de desconocimiento científico impulsan a políticos y ecologistas a abrazar la estrategia de actuar a toda costa. Pero, a veces, actuar no es lo primero que ha de hacerse.



La tragedia del Exxon Valdez en Alaska en 1989 nos dio algunas lecciones al respecto. La compañía fue forzada a tomar medidas inmediatas para retirar el crudo de las costas y, para ello, incurrió en varios errores. Para empezar, se utilizó agua caliente a presión sobre el terreno rocoso lo cual ayudó a limpiar el petróleo negro pegado al suelo (algo que daba muy mala imagen en los telediarios) y de paso aniquiló buena parte de la flora y la microfauna que forman parte del primer eslabón de la cadena trófica marina. La limpieza de cara resultó ser más perjudicial que beneficiosa.

En segundo lugar, se desató, como en el caso del Prestige, una campaña popular de acción que condujo a miles de voluntarios bienintencionados a acudir al lugar de los hechos con la sana intención de limpiar, limpiar y limpiar... Y vaya si limpiaron. Con su trabajo eliminaron buena parte de los hongos y microbios naturales que ejercen una función de biodegradación del aceite y que hubieran sido utilísimos para la recuperación natural del la zona. A pesar de todos los intentos de limpieza, sólo fue posible retirar el 10 por 100 del crudo vertido, pero se acabó con la mayor parte de los organismos biodegradantes de la costa.

Los microbios son unos seres muy poderosos. Después de cada gran vertido, los científicos siempre se ven sorprendidos por lo rápidamente que el crudo desaparece y el poco tiempo necesario para que se recupere el equilibrio ecológico.

La National Atmospheric and Oceanic Administration de Estados Unidos declaró con motivo del vertido del Exxon Valdez: “Los científicos hemos aprendido que, a pesar de los terribles presagios iniciales, los hábitats intermareales de Prince William Sound en Alaska han demostrado ser muy resistentes”. Uno de los científicos que participó en aquellas tareas de recuperación de 1989, ha afirmado ahora, con motivo de la fuga de BP: “La creencia de que esto va a acabar con el ecosistema del Golfo de México no es más que una salvaje exageración”.



Existe un precedente más cercano, no en el tiempo, pero sí en el espacio. En 1979 la plataforma Ixtoc1, una estructura perforadora de PEMEX, reventó y arrojó 530.000 toneladas de crudo al mismo Golfo de México. Todo el mundo estaba de acuerdo en que aquello tendría consecuencias catastróficas durante décadas o siglos. Pero dos años después del accidente un informe de la Universidad Autónoma de México admitió que el ecosistema se encontraba recuperado casi al 100 por 100.

Uno de los debates más sorprendentes generados tras el accidente de BP se ha centrado en una curiosa y hasta hace poco desconocida forma de vida que habita los fondos marinos en los lugares donde existe petróleo bajo el lecho rocoso. Se trata de una panoplia de microorganismos (pequeños bivalvos, gusanos, bacterias) que se alimentan precisamente de la descomposición de los hidrocarburos y que, a su vez, sirven de alimento a peces y crustáceos mayores. La presencia de estos comedores de petróleo naturales permite a los hábitats azotados por una marea negra recuperarse con cierta celeridad. En The New York Times, un profesor de biología ha llegado a declarar que “el Golfo esta preadaptado al petróleo. La idea de que el vertido es un desastre sin solución no es cierta”.

A menudo olvidamos que el petróleo crudo es un fenómeno natural, un resto fósil de grandes cantidades de zooplancton y vegetales depositadas durante milenios en lugares anóxicos enterrados. Está ahí antes de que el hombre existiera y ahí estaría aunque no hubiera nacido el primer Homo sapiens. Como tal, genera a su alrededor procesos naturales aún no muy bien comprendidos que pueden ser cruciales a la hora de recuperar un territorio afectado por un vertido.

Si la torpeza humana es capaz de generar un accidente como el de BP, sería deseable que la inteligencia humana ayudara a repararlo. Pero la capacidad de reacción del animal político ante estos casos se ve seriamente cegada por la angustia. Los medios de comunicación se lanzan a la cobertura del desastre (a ser posible usando el máximo de hipérboles) pero suelen olvidarse de informar cuando el desastre ha sido paliado.

En 1996, el Sea Empress arrojó 70.000 toneladas de crudo sobre la costa de Pembrokeshire, en Luisiana, generando un daño reducido en las 500.000 parejas de aves que habitan la zona. El impacto mediático, sin embargo, produjo un daño irreparable a la economía del lugar, basada en el turismo. Las autoridades pasaron años reclamando que se informase de que la costa ya estaba limpia, sin éxito.



La primera medida que tomó precipitadamente Obama tras el caso BP fue estimular una moratoria a la construcción de estructuras perforadoras en el Golfo de México. Gran aplauso de los ecologistas. Sin embargo hoy sabemos que las consecuencias de esta medida pueden ser peores de lo imaginado. La mayor parte de la contaminación por hidrocarburos del mar procede de dos fuentes que no tienen nada que ver con las mareas negras. La primera es sorprendente: la propia liberación natural que se produce cuando se fractura el lecho marino en zonas donde hay reservas de petróleo. Este proceso natural es inevitable pero, paradójicamente, el trabajo de las plantas extractoras en altamar (tan denostadas por los ecologistas) atenúa sus efectos al liberar de presión a las reservas. La segunda causa es artificial: la contaminación rutinaria que los buques producen día tras día cuando navegan con los tanques vacíos y liberan al mar los restos de crudo que se pegan a las paredes. Existen algunos acuerdos internacionales que regulan y limitan este tipo de contaminación pero son claramente insuficientes.

Si se impide extraer petróleo del Golfo de México, Estados Unidos no tendrá más remedio que trasportar crudo extraído en otras zonas. La Costa Atlántica verá cómo se incrementa irracionalmente el tráfico de buques petroleros, aumenta el riesgo de accidente y se dispara la contaminación.

La mancha del petróleo es una de las imágenes más tristes que podemos contemplar sobre las aguas antes limpias de un océano vivo. Y los que la provocan por irresponsabilidad o negligencia han de pagar caro por ello. Pero, a veces, tras esa mancha queda otra más difícil de reparar, una costra de chapapote que nubla la visión de quienes han de tomar decisiones y lo hacen a espaldas de la luz de la ciencia.

- El derrame del Golfo de México es el “peor de la historia” (BBCMundo - 3/8/10)

Casi cinco millones de barriles de crudo se han derramado en el Golfo de México como consecuencia del accidente en el pozo de BP lo que, según autoridades estadounidenses, lo convierte en el mayor derrame accidental de hidrocarburos en la historia.

Estos datos se conocieron poco después de que BP anunciase que se prepara para sellar definitivamente el pozo, que se averió el pasado mes de abril y del que no sale crudo desde hace dos semanas.

El corresponsal de la BBC en Washington, Steve Kingstone, explicó que después de que el 15 de julio se frenase el derrame por primera vez, los científicos de EEUU que han hecho el seguimiento de la fuga pudieron “hacer el cálculo definitivo de la magnitud de este desastre”.

Mayor que el Ixtoc I



Estas fuentes dicen que se derramaron en el Golfo de México un total de 4,9 millones de barriles de petróleo, de los cuales 800.000 -una quinta parte- fueron capturados a través de diversos métodos de contención.

Estos datos hacen que este caso supere hasta el que ahora estaba considerado mayor derrame accidental de la historia que fue causado por una explosión el 3 de junio de 1979 en pozo Ixtoc I, a unos 80 kilómetros del estado mexicano de Campeche.

En esa ocasión, las autoridades mexicanas tardaron nueve meses en frenar el vertido de crudo. En ese tiempo, un total de 461.000 toneladas de petróleo mancharon el agua del mar.

Por otra parte, los científicos estadounidenses consideran que el volumen de la fuga de petróleo retrocedió con el paso en el tiempo, desde los 62.000 barriles por día inmediatamente después de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, hasta los 53.000 barriles diarios, poco antes del sellado del pozo.

- Científicos calculan que se derramaron cerca de 4,9 millones de barriles de crudo en el Golfo de México (The Wall Street Journal - 3/8/10)

(Por Cassandra Sweet)



Equipos de científicos que trabajan con el gobierno estadounidense estiman que el balance del crudo derramado en el Golfo de México tras el colapso de una plataforma marina operada por BP ascendió a 62.000 barriles de crudo al día -o un total de 4,9 millones de barriles-, dijeron el lunes varias agencias gubernamentales.

La nueva estimación supera la anterior previsión de los científicos de entre 35.000 y 60.000 barriles diarios después de la explosión el 20 de abril en la plataforma Deepwater Horizon, arrendada por BP para perforar el pozo Macondo.

Los equipos de científicos también consideran que, a medida que el crudo se filtraba fuera del pozo durante varias semanas, se agotó el nivel de hidrocarburos en el depósito subterráneo. Este factor redujo el escape de petróleo del pozo a unos 53.000 barriles diarios justo antes de que BP lograra tapar el pozo hace poco más de dos semanas.

Los científicos también calcularon que BP pudo recuperar 800.000 barriles del total de 4,9 millones de barriles vertidos en el desastre ecológico.

Bajo la Ley del Agua Limpia, BP podría tener que pagar una multa de al menos US$ 1.100 por barril de crudo vertido. Si el gobierno determina que el derrame fue resultado de negligencia grave, la sanción podría subir a US$ 4.300 por barril. En base a la nueva estimación, BP enfrentaría una multa de más de al menos US$ 4.000 millones.

BP se preparaba este martes para iniciar las tareas para bloquear definitivamente el pozo dañado en aguas profundas mediante el bombeo de miles de barriles de lodo de perforación.

- El conciliador de Misisipí (Cinco Días - 7/8/10)

Este ingeniero químico ha dedicado su vida al sector petrolero. Una vasta experiencia que lo lleva a consejero delegado de BP, la pieza clave para acabar con la pesadilla del Golfo.

(Por Denisse Cepeda)



British Petroleum (BP) ya es consciente de la grave crisis de imagen que afronta la empresa. Su reputación, el principal activo intangible de una marca y el más difícil de construir, está ahora por los suelos. Por eso, la compañía ha tirado de manual y ha decidido colocar al estadounidense Robert Dudley, de 54 años, como consejero delegado y, por tanto, responsable de terminar con la negra pesadilla que atormenta a los vecinos del Golfo de México, frente a las costas de Nueva Orleans, desde hace más de tres meses.

Su fichaje no es casual. Dudley nació en Nueva York y creció en Hattiesburg, Misisipí. Así que el escenario de la mayor catástrofe medioambiental, según estudios, no le es ajena. La problemática se convierte ahora en un gran reto personal. “Crecí nadando y pescando frente a las costas del Golfo”, dijo el alto cargo el pasado 27 de julio.

Tras el anuncio de BP de que sustituía al muy criticado Tony Hayward, Bob (como se le conoce en la industria) apeló a un cambio cultural en la empresa y aseguró a los ciudadanos de la región que su compromiso no se verá disminuido en la contención de la fuga del pozo Deepwater Horizon, que explotó el pasado 20 de abril. Una táctica que también pretende restablecer la confianza de los inversores.

Su arduo trabajo ha comenzado, pese a que su nombramiento se hace efectivo el 1 de octubre. Tras los intentos fallidos, la empresa ha iniciado esta semana las labores para taponar el pozo mediante un nuevo procedimiento: static kill o eliminación estática. Una técnica que inyecta lodo pesado y cemento en la cimentación de la plataforma. No es la única actuación. La compañía venderá activos minoritarios en Centroamérica, Asia o Alaska por un valor de 30.000 millones de dólares para cubrir el coste del vertido y las indemnizaciones. Un objetivo que empieza a materializarse. Esta semana Bob viajó a Rusia para negociar con los socios de su filial TNK-BP la venta de sus activos en Venezuela. Anteriormente, se había anunciado la venta de su sociedad participada en Colombia a una empresa canadiense.

“No subestimo la naturaleza de la tarea que nos espera, pero las finanzas de la compañía son robustas, tiene un envidiable portafolio de activos y un grupo de profesionales que se encuentran entre los mejores de la industria”, ha dicho Dudley. Es un hombre con experiencia y capacidad de acción, según el sector. Su trayectoria profesional la ha desarrollado en la industria petrolera, la mayor parte en BP. Este licenciado en Ingeniería Química por la Universidad de Illinois, casado y con dos hijos, ha ocupado varios puestos comerciales y de ingeniería en EEUU y Reino Unido.

Entró en 1979 a la petrolera estadounidense Amoco Corporation, para quien trabajó hasta su fusión con BP en 1998. En la nueva compañía fue responsable de los proyectos de energía solar y eólica. Después, vicepresidente a cargo de las empresas de BP en Rusia, el Caspio, Angola, Argelia y Egipto. Cuatro años más tarde, preside la filial rusa del grupo, TNK-BP, cargo que tuvo que abandonar en 2008 tras un pulso con los socios rusos por el control de la petrolera.

Este actual miembro del consejo de directores, es el mejor candidato para sustituir al Hayward, según el consejo de directores. “Somos muy afortunados de tener un sucesor de la talla de Bob Dudley que ha pasado su vida laboral en la industria petrolera y que ha demostrado ser un operador fuerte en circunstancias difíciles”, ha resaltado el presidente de BP Carl Henric Svanberg.

El tono conciliador de Dudley, según la empresa, ha servido para enviar un mensaje de mayor compromiso y responsabilidad social. Una habilidad poco practicada por su antecesor Hayward. “Lo que he visto fue doloroso y chocante. Las imágenes son perturbadoras en televisión, pero cuando uno ve las cosas en el lugar se convierten en algo personal”, dijo Bob tras una visita por las costas de Luisiana.

Esa es su principal apuesta: dar la cara. Una de las medidas clave que sugieren los manuales de comunicación de crisis en casos como este. Dudley ha reconocido que la empresa ha fallado, se ha identificado con el desastre y sus víctimas y ha asumido el papel de reconstructor de los daños, tangibles e intangibles, ocasionados por BP.

- BP prepara la fase final del sellado del pozo averiado en el Golfo de México (Cinco Días - 9/8/10)



La empresa anunció con alivio la tarde del domingo que la operación de la semana pasada, en la que se inyectaron grandes cantidades de cemento y lodo para sellar el pozo “Macondo”, ha surtido efecto.

“Las pruebas de presión tras la operación de sellado con cemento indican que tenemos un sello de cemento eficaz”, declaró la empresa, en su página de internet, en referencia al “tapón” colocado en el pozo.

Tras comprobar la solidez de la mezcla de lodo y cemento, los ingenieros de BP prevén comenzar la fase final de la excavación de los cerca de 30 metros de profundidad que restan al pozo auxiliar.

La idea es que desde ese pozo auxiliar los ingenieros puedan inyectar más lodo y cemento por la parte inferior del depósito, en un operación conocida en inglés como “bottom kill” y que se espera selle por completo el pozo averiado.

La empresa no precisó cuándo comenzará la parte final de esta misión, pero cree que será hasta el próximo fin de semana cuando se pueda determinar si se ha completado la conexión entre ambos pozos.

Pendientes del tiempo

BP ha dicho que, en todo caso, el inicio de la fase final dependerá del pronóstico del tiempo, porque una tormenta tropical causaría demoras en las operaciones de excavación del pozo auxiliar.



Un informe del Gobierno del pasado 4 de agosto indicó que aproximadamente el 74% del crudo que emanó del pozo Macondo se ha eliminado mediante diversos métodos, incluyendo la evaporación, disolución o incendios controlados.

El derrame de unos 4,9 millones de barriles de petróleo supone la peor catástrofe ambiental en la historia de Estados Unidos, y el Gobierno de Washington ha dejado en claro que BP pagará caro por los daños.

El domingo, la asesora para asuntos energéticos de la Casa Blanca, Carol Browner, afirmó a la cadena NBC que BP “absolutamente” tendrá que pagar una "gran multa financiera" por el vertido en el Golfo de México.

Aunque no precisó cuánto sería el monto, Browner aseguró que sería una cantidad “significativa”. “Habrá una gran multa financiera. También habrá reclamos por daños a los recursos naturales y (BP) será responsable por los costos de limpieza de esos daños”, señaló.

El almirante Thad Allen, a cargo de la coordinación de respuesta a la crisis, señaló el domingo en declaraciones a la cadena CBS que tanto el Gobierno como BP permanecerán en la región hasta que se completen las labores de limpieza.

Ingenieros de BP preparan desde hoy la fase final de la excavación de un pozo auxiliar para sellar definitivamente el pozo averiado en el Golfo de México, mientras EEUU advierte de que la empresa afrontará multas “significativas” por los daños.

- La Casa Blanca asegura que BP pagará la multa por el desastre ecológico (Negocios.es - 9/8/10)



La asesora para asuntos energéticos precisó que BP tendrá que responder por las pérdidas económicas en la zona, para lo que ya se ha acordado un fondo de 20.000 millones de dólares.

La asesora para asuntos energéticos de la Casa Blanca, Carol Browner, afirmó hoy que BP tendrá que pagar una “gran multa financiera” por el derrame de cerca de cinco millones de barriles de crudo en el Golfo de México.

En declaraciones a la cadena televisiva NBC, Browner dijo que la petrolera BP tendrá que rendir cuentas por el mayor desastre ecológico en la historia de EEUU, aunque no quiso precisar a cuánto ascenderá el monto.

“Hemos tenido éxito en la eliminación de gran parte del crudo. Tenemos que permanecer atentos y tenemos que pedir cuentas a BP por las reclamaciones, por los daños al ambiente”, señaló la funcionaria.

Preguntada sobre si el Gobierno de Estados Unidos perseguirá un caso contra BP por negligencia criminal, Browner dijo que no haría comentarios sobre la investigación que realiza el Departamento de Justicia.



La agencia federal tiene en marcha una gran investigación y BP rendirá cuentas hasta donde lo permita la ley, dijo Browner, que asesora al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en asuntos energéticos.

“Habrá una gran multa financiera. También habrá reclamaciones por daños a los recursos naturales y (BP) será responsable de los costos de limpieza de esos daños”, señaló.

En ese sentido, Browner precisó que BP tendrá que responder por las pérdidas económicas en la zona, para lo que ya se ha acordado un fondo de 20.000 millones de dólares, que será abierto “en los próximos días”, afrontará multas “significativas” y tendrá que pagar por los daños a los recursos naturales.

Browner indicó que, bajo la ley actual, las multas irán directo a las arcas del Departamento del Tesoro y consideró que “tiene mucho sentido” que hasta el 80 por ciento del monto sea canalizado a los estados golpeados por el vertido.

Sin embargo, enfatizó que es el Congreso de EEUU el que tendrá que decidir cómo se canalizan los fondos para financiar los gastos en el Golfo de México.

Obama, aseguró Browner, apoya la idea de reintegrar el dinero de las multas a la región afectada.

Según Browner, se calcula que 4,9 millones de barriles de petróleo (780 millones de litros) han creado la marea negra en el Golfo de México, aunque BP “ha mantenido silencio” sobre esa cifra.

El desastre, iniciado en abril tras la explosión de la plataforma “Deepwater Horizon”, es “18 veces mayor que (el accidente) de Exxon Valdez”, en marzo de 1989, dijo Browner.

La funcionaria defendió todas las medidas que ha tomado el Gobierno de Obama para responder a la crisis.

BP dijo hoy en su página de internet que la operación de la semana pasada, en la que se inyectaron grandes cantidades de cemento y lodo para sellar el pozo averiado, ha surtido efecto, mientras las autoridades preparan la fase final de un pozo auxiliar.

“Las pruebas de presión tras la operación de sellado con cemento indican que tenemos un sello de cemento eficaz”, declaró la empresa, refiriéndose al “tapón” colocado en el pozo “Macondo”.

Tras comprobar la solidez de la mezcla de lodo y cemento, los ingenieros de BP prevén comenzar la fase final de la excavación de los 30 metros de pies que restan a un pozo auxiliar, cuyo objetivo es sellar de forma permanente el pozo averiado.

La idea es que el pozo auxiliar sirva para inyectar más lodo y cemento por la parte inferior del depósito, que se espera que selle por completo el pozo.

La empresa no precisó si los trabajadores ya comenzaron la parte final de esta misión, pero calcula que será hasta el próximo fin de semana cuando se pueda determinar si se ha completado la conexión entre ambos pozos.

El almirante Thad Allen, a cargo de la coordinación de respuesta a la crisis, señaló en declaraciones a la cadena CNN que aún falta mucho para completar las labores de limpieza en la zona “porque todavía hay mucho petróleo”.

Ese mismo mensaje llevó Allen a la cadena CBS, en la que indicó que tanto el Gobierno como BP permanecerán en la región hasta que se completen las labores de limpieza.

“BP estará allí y nosotros seguiremos pidiéndole cuentas”, aseguró Allen.

- La factura del vertido: BP gasta (de momento) 4.600 millones (Expansión - 9/8/10)

La factura que está costeando BP para hacer frente al vertido de petróleo en el golfo de México asciende hasta la fecha a 6.100 millones de dólares (4.590 millones de euros).

Este dinero, explicó BP en un comunicado a la Bolsa de Londres, incluye las operaciones para frenar la fuga de petróleo, la contención de la marea negra, los subsidios a los Estados afectados, las compensaciones a las personas perjudicadas y los gastos federales.

La compañía ha recibido 145.000 reclamaciones de afectados, de las que ya ha pagado 103.900 por valor de 319 millones de dólares (240 millones de euros) desde el pasado abril cuando explotó la plataforma petrolífera Deepwater Horizon operada por BP en el Golfo de México.

La compañía informó de que las labores de sellado del pozo averiado con lodo y cemento realizadas la semana pasada fueron un éxito y que, desde entonces, no se ha escapado más crudo al mar. Ingenieros de BP preparan desde hoy la fase final de la excavación de un pozo auxiliar para sellar definitivamente el pozo averiado en el Golfo de México, el pozo “Macondo”. En estos momentos hay 30.800 personas trabajando en las labores de limpieza del derrame, junto con 5.050 naves y una docena de aviones.

Hasta la fecha, se han recuperado un total de 826.000 barriles de crudo líquido y se han controlado 411 incendios. Según las estimaciones del Gobierno de los Estados Unidos, se han vertido al mar 4,9 millones de barriles en los 87 días que han transcurrido desde que se produjera el desastre hasta el 15 de julio, cuando se consiguió contener el derrame.

BP aún tiene que decidir qué pasará con el yacimiento petrolífero después de que los daños se hayan reparado, ya que queda todavía una gran cantidad de crudo en las reservas que hay en las profundidades del mar.

- BP usaría sus ingresos petroleros en EEUU para financiar el fondo de compensación (The Wall Street Journal - 11/8/10)

(Por Jared A. Favole y Siobhan Hughes)



BP PLC. podría respaldar un fondo de US$ 20.000 millones para compensar a las víctimas del derrame de petróleo en el Golfo de México con pagos procedentes de la producción de gas y petróleo de la compañía en Estados Unidos, según una copia de un acuerdo divulgado por la Casa Blanca.

BP ya ha colocado US$ 3.000 millones en el fondo y acordó contribuir con otros US$ 2.000 millones para finales del año y posteriormente destinar otros US$ 5.000 millones al año hasta el 2013, según una copia del acuerdo divulgada el miércoles por la tarde por la Casa Blanca.

La utilización de los ingresos petroleros como colateral podría dar ambas partes un incentivo para continuar la producción petrolera en el Golfo, área en la que el gobierno del presidente Barack Obama impuso una moratoria a las perforaciones luego del derrame petrolero.

Los detalles sobre cómo BP respaldaría el fondo han sido foco de atención ahora que el pozo de 1.500 metros de profundidad en las costa de Luisiana ha sido sellado permanentemente. El grupo de defensa del interés público Public Citizen dijo que la utilización de los ingresos procedentes de la producción de gas y petróleo de BP en el Golfo de México sería una “mala idea”.

“Asegura que BP mantenga una presencia sólida en las perforaciones fuera de las costas a pesar de los indicios de que la mala gestión de BP en tales operaciones pusieron en riesgo a los trabajadores y al medio ambiente”, afirmó Tyson Slocum, director del programa de energía del grupo, en carta el presidente Barack Obama.

Las acciones de BP cerraron con un descenso de casi el 3,3% a US$ 38,79.

- Un estudio calcula que 79% del crudo vertido sigue en el Golfo de México (BBCMundo - 18/8/10)

Un grupo de científicos estadounidenses aseguró que la cantidad de petróleo vertido en el Golfo de México que continúa en el ecosistema es considerablemente mayor a la que reflejan los datos del gobierno.

El estudio, publicado por la Universidad de Georgia, indica que cerca de 79% de los más de cuatro millones de barriles del pozo de BP que se derramaron en el Golfo de México sigue en el mar.

Este dato contrasta con las cifras oficiales, que calcularon que 75% del petróleo vertido ya se había evaporado, disuelto o recogido.

De acuerdo con el estudio publicado este martes, gran parte del combustible permanece bajo la superficie marina y continúa representando un peligro para el ecosistema.



“La idea de que 75% del petróleo desapareció y ya no es motivo de preocupación es absolutamente errónea”, destacó el profesor Charles Hopkinson, uno de los autores de la investigación.

“El vertido está ahí y tardará años en degradarse. Todavía estamos lejos de entender qué impacto ambiental va a tener”, agregó.

Conclusiones distintas

Hopkinson indicó que una de las razones por las que ambos estudios llegan a conclusiones distintas es porque toman en cuenta diferentes criterios a la hora de considerar la cantidad de petróleo que sigue en el mar.

Los investigadores universitarios interpretaron que el crudo clasificado como “disperso”, “disuelto” y “residual” todavía está en el ecosistema. En cambio, el gobierno sólo contabilizó el combustible clasificado como “residual”.

Pero además, señaló Hopkinson a la BBC, los datos de la Universidad de Georgia fueron calculados a partir del petróleo que llegó a derramarse -en torno a 4,1 millones de barriles- mientras que las cifras del gobierno parten de una cantidad mayor -cerca de 4,9 millones- que incluye la parte del vertido que pasó directamente del pozo a depósitos seguros, sin llegar nunca al mar.

Por otro lado, también este martes, otro estudio de la Universidad del Sur de Florida señaló que se encontraron sedimentos contaminados con una densidad de petróleo tóxica para algunos organismos marinos en un cañón submarino en el nordeste del Golfo.

La fisura en la plataforma petrolera Deepwater Horizon vertió crudo al mar durante 87 días desde el pasado abril, cuando una explosión dañó el sistema de seguridad y mató a 11 personas.

El 15 de julio, la fuga, que es considerada la mayor de la historia, pudo ser contenida.

Finalizaba mi Paper: Empresas peligrosas: La “tierra” y sus “malas” compañías (Las víctimas son incontables,…pero los victimarios son inimputables?), del 27/5/05



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