Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa Algunos “desastres”



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Déficit público norteamericano

Un déficit desbocado



Otros economistas, sin embargo, piensan que no puede continuarse con un déficit tan desbocado. Deben ponerse en orden las cuentas públicas. Como cualquier familia haría, lo más sensato tras haberse endeudado hasta las cejas sería apretarse el cinturón y recortar gastos. Así, éstos argumentan que se necesita un ambicioso plan de austeridad basado en recortes de gasto. Por un lado, se generaría mayor tranquilidad en los mercados de deuda, se reducirían los tipos de interés y así se fomentaría la inversión. Por otro lado, se dejarían de dedicar recursos escasos (dinero que sale del bolsillo de los ciudadanos) a proyectos de dudosa rentabilidad (como pavimentar rutas para tortugas).

En esta línea de lucha contra el déficit se sitúan líderes europeos como la presidenta alemana Angela Merkel o el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet. Éste ultimo dijo recientemente que “Es un error pensar que la austeridad fiscal es una amenaza para el crecimiento y la creación de empleo”. Más bien al contrario: “Las economías que se embarcan en políticas de austeridad que otorgan credibilidad a su política fiscal refuerzan la confianza, el crecimiento y la creación de empleo”, sostenía, según The Wall Street Journal.

En EEUU las cosas no están claras entre la Administración Obama. De momento, no se sabe hacia qué lado se decantará: ¿aumentará los estímulos o iniciará el recorte del abultado déficit?

- Bajos índices de popularidad son el regalo de cumpleaños de Obama (BBCMundo - 4/8/10)

Barack Obama celebra su cumpleaños número 49 este miércoles y activistas a lo largo y ancho de los Estados Unidos están organizando eventos conmemorativos para tratar de movilizar a sus simpatizantes.

Pero ¿tendrán estos esfuerzos algún impacto sobre el bajo índice de aprobación del presidente?

Y es que para Obama la fría mañana de enero de su juramentación como presidente, en medio de una ola de buena voluntad, debe parecer ahora un recuerdo muy lejano.

En ese entonces, más de dos tercios de los estadounidenses tenían una opinión favorable del joven mandatario.

Y nadie hubiera imaginado que, después de 500 días en la presidencia, los analistas llegarían a considerar perjudicial su participación en la campaña de los legisladores demócratas involucrados en las elecciones de medio término de noviembre.

La semana pasada, sin embargo, el candidato al Senado por el estado de Pensilvania, Joe Sestak, dijo que preferiría que Michelle Obama le ayudara en su campaña en lugar de su esposo.

Después de todo, la primera dama es ahora la figura política más populares del país, según un sondeo reciente de la agencia Gallup.

Un escenario que las masas entusiastas que enfrentaron el frío para vitorear al nuevo presidente, en enero pasado, jamás hubieran podido imaginar.

Desaprobación

En las semanas recientes, las encuestas de la agencia Gallup sugieren que los niveles de desaprobación de la presidencia de Obama avanzan a un ritmo más rápido que los de aprobación.

Sus niveles de popularidad, que se han sostenido alrededor del 47% por más de un mes, no han sobrepasado el 50% desde mediados de mayo.

En cambio, su antigua contrincante Demócrata en la carrera presidencial y actual Secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha alcanzado un 61% de aprobación, una cifra igualada por su esposo, el ex presidente Bill Clinton.

Solo un 36% de los estadounidenses aprueba la gestión de Obama en la guerra de Afganistán, cifra menor que el 56% que se registraba en julio del año pasado, sugiere la encuesta.

A mediados de julio, una encuesta conjunta de la cadena televisiva CNN y la Opinion Research Corporation encontró que los niveles de aprobación a las políticas económicas de Obama habían alcanzado un nuevo punto bajo, en un 42%.

En otro de los temas significativos que ha distinguido su presidencia, el derrame de petróleo en el Golfo de México, una encuesta de CNN en junio evidenció que el 59% de los encuestados desaprobaba su gestión en el asunto.

Cambio lento

En la medida en que aumentan sus críticos, Obama se muestra a la defensiva, señala la corresponsal de la BBC Washington Katie Connolly.

En dos recientes entrevistas televisivas, el presidente optó por recordar a los televidentes que muchos de los problemas que ha enfrentado durante su presidencia fueron heredados del gobierno anterior.

Pero ese es un argumento al cual el público parece estar cada vez más inmune, agrega la corresponsal.

“El cambio no ha llegado lo suficientemente rápido para muchos estadounidenses, eso yo lo sé”, dijo Obama recientemente, haciendo referencia a uno de los lemas de su campaña electoral.

Pero para Jeff Jones, editor de la agencia encuestadora Gallup, la precipitada caída de su popularidad no es particularmente inusual.

“Creo que es bastante normal si comparas con otros presidentes en este punto de sus cuatro años en la Casa Blanca”, dijo Jones a la BBC.

El antecesor de Obama, George W. Bush, tenía en igual período de su mandato altísimos niveles de aprobación dados mayoritariamente por el apoyo de los estadounidenses a la reacción tras los atentados del 11 de Septiembre de 2001.

Pero los presidentes Clinton, Reagan y Carter estaban todos, al igual que Obama, en el rango del 40% en este punto de sus mandatos.

De hecho Obama los sobrepasó a los tres en el mes de julio.

“Esos presidentes tuvieron algo en común con Obama, y es que cuando comenzaron en sus puestos la economía estaba en crisis”, comenta Jones.

“La economía es generalmente uno de esos fuertes vaticinadores de cómo el pueblo evalúa a un presidente”, agrega.

“La diferencia con Obama es que cuando asumió la presidencia era mucho más popular que la mayoría de los presidentes anteriores, así que a lo mejor las expectativas eran un poco altas”, apunta el directivo de Galluop.

Así y todo, los seguidores del presidente están tratando de usar su cumpleaños para volver a encender el entusiasmo y la energía que caracterizó su campaña presidencial.



Sin embargo, aunque algunos salgan este miércoles a la calle con sus camisetas de Yes, we can (Sí se puede, su eslogan de campaña) otros seguirán desilusionados.

- El Gobierno de EEUU planea una inyección masiva de dinero en la economía (El Economista - 5/8/10)

(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)

Durante la época de la burbuja inmobiliaria, el deporte nacional en EEUU era la refinanciación de las hipotecas: como mi casa valía cada vez más, pedía más dinero al banco con la misma garantía para poder gastármelo en coches, viajes, muebles, aparatos electrónicos... en definitiva en bienes de consumo. Ni que decir tiene que con el estallido de la burbuja y el hundimiento generalizado de la banca, esa práctica pasó a mejor vida.

Pues resulta que ahora el Gobierno de Obama quiere resucitarla como fórmula para inyectar liquidez en la economía sin un coste para las maltrechas arcas del Estado (EEUU tiene un ratio de déficit público todavía mayor que España). Es lo que se denomina “estímulo indirecto” para reanimar el gasto de consumo y conseguir afianzar la débil recuperación económica actual.

La idea es que los millones de hipotecas que cuentan con respaldo del Gobierno (a través de las agencias hipotecarias semipúblicas) podrían refinanciarse sin necesidad de que los bancos analicen caso por caso la calidad crediticia de los propietarios, porque el Estado garantiza el pago del principal de la deuda. Eso abriría la puerta para que muchos propietarios de vivienda que se han quedado en el paro, tienen poca solvencia o tienen deudas superiores al valor actual de sus casas refinancien sus hipotecas y obtengan la liquidez que necesitan.

Una refinanciación masiva de este tipo daría un fuerte impulso a la economía al inyectar liquidez para consumir a millones de consumidores. También puede frenar la oleada de embargos que asola al país al permitir que los hipotecados con problemas para pagar la letra puedan hacer frente a sus compromisos.

De ahí que muchos analistas hayan aplaudido la idea del Gobierno como una forma de estimular el crecimiento sin incurrir en más gasto público. Morgan Stanley señala que es una solución al fracaso del programa de refinanciaciones actual puesto en marcha por Obama (llamado Home Affordability Refinance Program), fracaso que se explica porque hace falta que los propietarios de vivienda alcancen unos estándares de solvencia que la mayoría no puede cumplir. Si se eliminan esos requisitos gracias a la garantía del Estado, el programa funcionaría, según este banco de inversión.

Compensando pérdidas

Ahora bien, también tiene detractores, que argumentan que los costes para el sistema serían muy elevados y superarían los potenciales beneficios. El banco de inversión Keefe, Bruyette &Woods advierte de que una refinanciación masiva tendría un coste directo para el Gobierno en forma de grandes pérdidas para las agencias semipúblicas Fannie Mae y Freddie Mac, pérdidas que esta entidad cifra en unos 75.000 millones de dólares (poseen en torno a un billón de dólares en valores respaldados por hipotecas).

“El Tesoro tendría que pedir prestado más dinero a los contribuyentes para cubrir esas grandes pérdidas”, señala esta firma de análisis. Y los inconvenientes no se quedan ahí, sino que también generaría pérdidas a los bancos privados, que también poseen otro billón de dólares en activos hipotecarios emitidos o garantizados por el Estado. En este caso, la estimación de Keefe es de unas pérdidas de 70.000 millones de forma inmediata. Y los inversores en estas titulizaciones dejarían de hacerlo por el riesgo político que se añadiría a sus inversiones.

Al final, estima que esta medida acabaría haciendo subir los tipos hipotecarios para los compradores de nuevas viviendas, lo que contraería la economía (justo lo contrario de lo que se persigue) y obligaría a la Fed a retomar su programa de compra de titulizaciones hipotecarias que finalizó en primavera.

- ¿Está Estados Unidos en quiebra? (El Economista - 11/8/10)



¿Es una locura pensar que Estados Unidos en bancarrota? El economista Laurence J. Kotlikoff, profesor de la Universidad de Boston, así lo asegura en una pieza de opinión que publica Bloomberg.

Según el académico, la situación es clara: EEUU está en bancarrota y ni gastar más ni bajar los impuestos ayudarán al país a pagar sus deudas.

Las principales críticas de Kotlikoff apuntan al sistema impositivo, a la seguridad social, al sistema financiero y al sistema de pensiones, que son un “completo desorden”. La parte positiva sería precisamente eso, ya que se pueden rediseñar para que sigan funcionando a un coste mucho más bajo, lo que ayudaría a revitalizar la economía de la primera potencia del mundo.

Las cuentas y el FMI



El profesor recuerda el último informe del FMI, en el que se apuntaba que Estados Unidos necesitaba un ajuste presupuestario mayor para estabilizar el ratio deuda/PIB. Indagando más a fondo en el informe, explica Kotlikoff, el FMI “ha pronunciado realmente que EEUU está en bancarrota”, ya que el organismo dice que para acabar con la “brecha fiscal”, EEUU necesita un ajuste anual permanente de alrededor del 14% del PIB.

La brecha fiscal (fiscal gap), como la define él, es el valor actual de la diferencia entre el gasto proyectado y los ingresos proyectados en el futuro. Para poner en perspectiva esta cifra del 14%, hay que tener en cuenta que actualmente los ingresos federales ascienden al 14,9% del PIB, por lo que para acabar con esta brecha, desde el punto de vista de los ingresos, el Gobierno tendría que duplicar los impuestos, explica el académico.

Esta subida de impuestos supondría que Estados Unidos tendría un superávit del 5% del PIB este año, en lugar del 9% de déficit. Por lo tanto, Kotlikoff nos advierte de que lo que realmente le está diciendo el FMI al Gobierno de EEUU es que necesita tener un enorme superávit ahora y durante muchos años para poder afrontar todos los gastos que tiene previsto. O lo que es lo mismo, cuanto más tarde en ajustar sus cuentas, más doloroso será el ajuste.

Ante estos números, el profesor se pregunta si el FMI está loco, y la respuesta que da es “no, ha hecho sus deberes”. Y recuerda que la oficina presupuestaria del Congreso también lo ha hecho en sus últimas previsiones, que muestran un problema todavía mayor.

Según los datos de esta oficina, la brecha fiscal que calcula Kotlikoff asciende a 202 billones, más de 15 veces la deuda oficial. La discrepancia llega por lo que los economistas llaman el problema del etiquetado. Durante muchos años, el Congreso ha denominado la mayoría de las deudas del Estado como “no oficiales” para mantenerlas fuera de los libros.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Según Kotlikoff, la respuesta es simple. En Estados Unidos hay 78 millones de baby boomers (nacidos desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta los 60), que cuando se jubilen tendrán los beneficios de la Seguridad Social y otros programas, y que, de media, serían superiores a la renta per cápita.

Los costes anuales ascenderán a un total de unos 4 billones de dólares de hoy y que, a pesar de que en 20 años la economía será más grande, no lo será lo suficiente como para afrontar estos gastos, asegura Kotlikoff.

Esto es lo que pasa cuando se lleva a cabo un esquema Ponzi durante 60 años seguidos, cogiendo cada vez más recursos de los jóvenes para dárselos a los mayores con la promesa de que la siguiente generación pagará, explica el profesor.

Tres opciones, todas malas



Pero esto tendrá que parar, y según Kotlikoff lo hará una manera muy desagradable. La primera posibilidad sería un recorte masivo de los beneficios de los jubilados. La segunda posibilidad sería una astronómica subida de impuestos que dejaría a los jóvenes sin apenas incentivos para trabajar y ahorrar. La tercera es simplemente que el gobierno imprima enormes cantidades de dinero, enumera.

Según el académico, lo más probable es que veamos una combinación de las tres opciones, con un incremento de la pobreza, los impuestos, los intereses y los precios. Es una cuesta abajo horrible, reconoce, pero asegura que es en la que se encuentra el país.

Kotlikoff concluye: “Sé realista (...). Nuestra país está quebrado y no se puede permitir más “soluciones” sin dolor en las que gane todo el mundo”.

- En EEUU, aumenta el pesimismo acerca de la economía (The Wall Street Journal - 12/8/10)

(Por Phil Izzo)

Los economistas se están volviendo más pesimistas acerca de la fortaleza de la recuperación económica en Estados Unidos, pero no creen que las autoridades deberían tomar más medidas para apoyarla, según el más reciente sondeo de proyecciones de The Wall Street Journal.

Los 53 economistas consultados, de los cuales no todos respondieron a la totalidad de las preguntas, presentaron un panorama sombrío de crecimiento moderado y desempleo elevado.

En promedio, aún no prevén que la tasa de desempleo caiga por debajo de 9% al menos hasta junio de 2011. Esperan que la economía cree sólo 136.000 empleos mensuales durante los próximos 12 meses, un declive frente a la previsión de 157.000 del sondeo de julio. A ese ritmo, la creación de empleos apenas conseguirá contrarrestar el ingreso de nuevos individuos a la fuerza laboral.

“Si las solicitudes (de seguro de desempleo) permanecen en su nivel actual, incluso los aumentos recientes de puestos en las nóminas de empresas privadas no serán sostenidos”, dice Ian Shepherdson, de High Frequency Economics.

En respuesta a la pregunta sobre cuál es el mayor riesgo que enfrenta la economía, la opción “muy pocos empleos, muy poco ingreso salarial y muy poco consumo” fue la más popular. Temas como la inflación, deflación, recortes en los gobiernos estatales y locales y una nueva caída en el sector de la vivienda sólo recibieron unos pocos votos.

Por otra parte, prevén un crecimiento anualizado de la inflación de 2,5% para el tercer trimestre y de 2,9% para 2011, un descenso frente al 3,1% proyectado para ambos períodos hace sólo tres meses.



Pese al entorno persistentemente difícil, 30 de los 48 economistas que respondieron a la pregunta dijeron que la economía no necesita más estímulo fiscal o monetario. Seis economistas indicaron que se necesita más estímulo fiscal, mientras que cinco quieren un mayor estímulo monetario por parte de la Reserva Federal; siete indicaron que la economía podría usar ambos.



El sondeo se realizó antes del anuncio el martes por parte de la Fed de que reinvertiría en títulos del Tesoro los ingresos vinculados a sus valores respaldados por activos y deuda de entidades auspiciadas por el gobierno, lo que básicamente aumenta el estímulo monetario.

“La economía necesita que el gobierno se haga a un lado”, dice Stephen Stanley de Pierpont Securities.



Los economistas, sin embargo, en general no apoyaron la idea de dar por terminados los recortes de impuestos de la era Bush, que expirarán al final de este año, a menos que intervenga el Congreso. Sólo tres consultados afirmaron que debería permitirse que expiren todos los recortes de impuestos a la renta de los individuos. Treinta y dos economistas dijeron que estos deberían ser extendidos, mientras que 11 señalaron que deberían ser extendidos para las personas que ganan menos de US$ 250.000 al año, plan que respalda el actual gobierno.

Muchos de los economistas indicaron que cualquier extensión debería ser temporal, mientras la recuperación continúa teniendo problemas para ganar tracción. Pero en medio de las preocupaciones sobre el déficit, 23 encuestados dijeron que la extensión debería ser contrarrestada con recortes de gastos u otros impuestos.

“Es un disparate irresponsable afirmar que los recortes de impuestos 'se pagan por sí mismos'”, dice Nicholas Perna de Perna Associates.

- Los estadounidenses se muestran más pesimistas frente a la economía (The Wall Street Journal - 12/8/10)

(Por Peter Wallsten)

Los estadounidenses se sienten más pesimistas frente a la economía y la campaña bélica en Afganistán, y están perdiendo fe en que los demócratas tienen mejores soluciones que los republicanos, según un nuevo sondeo de The Wall Street Journal/NBC News.

Sin embargo, el pesimismo parece abarcar todo: apenas el 24% expresa opiniones positivas frente al partido Republicano, un nuevo mínimo en los 21 años de historia del sondeo. Los demócratas son apenas un poco más populares.

En el fondo de todo esto, casi las dos terceras partes creen que la economía estadounidense aún no ha tocado fondo, un aumento significativo frente a la leve mayoría que expresó esa opinión en enero.

Los resultados presentan un panorama negativo para los demócratas en las elecciones de mediados de período de noviembre, aunque sigue siendo difícil determinar si el deterioro en el ánimo de los votantes resultará en pérdidas suficientes en el partido para dar al partido Republicano el control de la Cámara baja o el Senado.



Los estadounidenses están divididos sobre el desempeño del presidente Barack Obama. El 47% aprueba su gestión y el 48% la desaprueba. Sin embargo, una mayoría desaprueba su trabajo en el área económica. Y seis de cada 10, incluyendo el 83% de los independientes y la cuarta parte de los demócratas, afirman que tienen algo de confianza o ninguna confianza en que él cuente con las políticas adecuadas para mejorar la economía.

En relación a la guerra en Afganistán, el 68% de los estadounidenses se siente ahora menos confiado en que la guerra tendrá una conclusión exitosa. Sólo el 44% aprueba la labor del presidente en Afganistán, un descenso frente a la mayoría que lo aprobaba en marzo.

- Taleb recomienda vender bonos sin pensar (El Economista - 13/8/10)

(Por Ainhoa Giménez, Bolságora)

Nassim Taleb, el autor del famoso libro El cisne negro que anticipó la crisis financiera de 2008, recomienda vender bonos del Tesoro de EEUU sin pensar y asegura que su hegde fund está apostando por el colapso de la deuda pública, es decir, que tiene posiciones bajistas en este activo.

“Soy muy pesimista sobre los bonos”, dijo en la cumbre Discovery Invest Leadership en Johannesburgo. El motivo de este pesimismo reside en el déficit público, que considera la mayor amenaza para el sistema económico global.

En una entrevista reciente, Taleb hacía la siguiente analogía: “A menudo, los aviones aterrizan dos horas tarde, y si estalla un volcán, a veces pueden aterrizar dos o tres semanas tarde. Pero, ¿cuántas veces aterrizan con dos horas de adelanto? Nunca”.

“Pasa lo mismo con el déficit. Los errores tienden a producirse en una dirección más que en la otra. Cuando escribí El cisne negro me di cuenta de que había un sesgo muy grande en la forma en que la gente estima los déficits y hace previsiones. Los Gobiernos que tratan de alcanzar un superávit casi nunca lo consiguen”, continúa.

“Esquema Madoff”



“Se convierte en un puro esquema piramidal: necesitas cada vez más deuda sólo para mantenerte, donde estás. Y lo que acabó con Madoff es lo que va a acabar con los Estados. Necesitan encontrar primos que les dejen el dinero todo el tiempo. Desgraciadamente, el mundo se está quedando sin primos”, concluye.

No obstante, Taleb no cree que el riesgo esté en que EEUU no pueda pagar su deuda, como anuncian algunos analistas, sino en los tipos de interés, en especial a largo plazo. “Dado que los Gobiernos pueden imprimir más dinero, el riesgo viene de una subida de los tipos más que de un impago de los Estados”.

De ahí que aconseje huir de la deuda a plazos más largos y recomiende invertir en liquidez o en deuda a corto plazo que proteja de la subida de la inflación que espera que llegue. “Si permanece en liquidez o en títulos para cubrirse de la inflación, no se arrepentirá dentro de dos años”, sentencia.

Este gurú también recomienda mantenerse fuera de la bolsa, porque cree que un escenario de hiperinflación provocada por el exceso de déficit y de deuda también será perjudicial para las acciones.

De todas formas, tampoco hay que tomar la palabra de Taleb como la verdad revelada. Ya en febrero recomendó apostar por una caída de los bonos, pero desde entonces han experimentado uno de los rallies más fuertes de la historia.

- Obama en caída libre (Libertad Digital - 15/8/10)

(Por GEES)



Los veranos le sientan mal a Obama. A lo largo del pasado perdió casi todo el excedente de popularidad sobre su votación, que había llegado en pocas semanas a ser de 12 puntos, del 52,5% al 65,1%. Lo que mantuvo siguió perdiéndolo mucho más lentamente en los meses posteriores. Este verano, con el acervo de leyes importantes y gravosísimas en términos de déficit presupuestario federal, le ha significado un nuevo gran bache. El rechazo ha subido hasta el fatídico 50% y la aceptación ronda el 45. Ya nadie espera una recuperación, casi, ni siquiera, una detención del gradual desplome.

Con vistas a las elecciones del medio mandato, los demócratas se aferran a lo que suponen incompetencia republicana. Citan casos de candidatos pintorescos, que también existen en su propio bando, y la falta de un programa coherente, lo que es muy cierto pero que hasta ahora no ha representado un obstáculo. Frente al derroche de dinero a cuenta del futuro en que ha consistido el método Obama de lucha contra la crisis, y la costosísima reforma de la sanidad con clara deriva hacia los brazos del Estado, a financiar, igualmente, con fuertes incrementos fiscales y máquina de imprimir billetes, los republicanos han sido, casi como un solo hombre, el partido del no. Excepcional por la debilidad estructural interna y la escasa disciplina de los vetustos partidos americanos. Pero ha funcionado a las mil maravillas. Todas las encuestas les dan las de ganar e incluso han remontado el más persistente y adverso de los índices políticos, el del llamado voto genérico: aunque tema por tema en las cámaras y candidato por candidato en cada elección particular quedasen por delante de sus rivales, en los índices de aceptación global, partido contra partido, los republicanos iban muy a la zaga de los demócratas. Hasta eso ha cambiado, y ya les llevan 4,5 puntos porcentuales de ventaja.

Para los radicales de izquierda el problema reside en que a Obama le ha faltado decisión, se ha queda corto. Más dinero para el “estímulo” a la economía, más control del Estado sobre el descomunal sector de la sanidad. Irritar todavía más al electorado hubiera sido la solución.

Pero al margen de la crisis y de las pródigas políticas para combatirla, que el americano medio considera contraproducentes para hoy y una aplastante losa fiscal para el futuro, así como un déficit equivalente a una bomba de relojería, lo que Obama ha perdido de manera irreparable es la magia que enardeció a sus partidarios, creyentes habría que decir, durante la campaña del 2008. Salvo para el electorado negro, el carisma se ha esfumado. Ya nadie espera de él milagros políticos. Lo curioso es que todos los analistas, pro y contra, coinciden en un mismo perfil de personalidad: frío, cerebral, bueno como explicador, inútil conectando con los sentimientos de la gente. Curioso porque eso es precisamente lo que consideraríamos como una carencia de carisma. Pero las expectativas de sus electores, infladas por el mito creado por la gran prensa, alentaron la ilusión que ahora se ha venido abajo sin posibilidades de recuperación.

Obama no está participando en la campaña porque ningún candidato lo quiere a su lado. Para los que se vuelven a presentar, haber votado por las políticas de Obama resulta una pesada carga de la que tratan de distanciarse. Pero no hay escapatoria posible. A dos meses y medio de la elección es casi seguro que los republicanos recuperarán la Cámara de Representantes y pueden estar muy cerca de hacer lo mismo con el Senado.

(GEES, Grupo de Estudios Estratégicos)

- El americano impaciente (Gaceta.es - 16/8/10)

“Lo siento, pero sólo soy el presidente de Estados Unidos”, dicen que solía responder Calvin Coolidge cuando le urgían a que adoptara medidas en asuntos que, en su opinión, excedían sus competencias.

Coolidge fue probablemente el último inquilino de la Casa Blanca en tomarse en serio las estrictas limitaciones que la Constitución americana -tan alabada como ignorada- impone al jefe del Estado. Mucho ha llovido desde entonces, pero nadie ha llegado tan lejos en la concepción europea del Estado omnímodo en aquel país como el actual presidente, Barack Obama. Su apoyo a la construcción de una megamezquita frente al lugar donde casi 3.000 norteamericanos murieron a manos de terroristas islámicos es el último ejemplo de esta obsesión por ser el perejil de todas las salsas.



No todo es malo. En un tiempo en que los políticos, en el poder o en la oposición, opinan y deciden con un ojo fijo en las encuestas y son capaces de decir Diego donde dijeron digo por un puñado de votos, es refrescante contemplar a un gobernante dispuesto a perder respaldo electoral por ser fiel a sus convicciones. Y, desde luego, ha perdido. El Partido Demócrata ha reaccionado alarmado a las palabras del presidente y su presión ha sido lo bastante fuerte como para que Obama haya tenido que recular o, por decirlo con la expresión de sus partidarios, “matizar” su mensaje. Sí, ha venido a decir el presidente, los musulmanes tienen todo el derecho del mundo a practicar su fe sin trabas, pero elegir la Zona Cero para construir una mezquita no es la idea más brillante y oportuna de las posibles.

Lo relevante, en todo caso, es que Obama se haya sentido obligado a pronunciarse sobre el particular cuando, realmente, no había necesidad ninguna. Si los dueños de una parcela quieren construir una mezquita o un templo budista y tienen los permisos municipales pertinentes, tienen derecho a hacerlo y, desde luego, no es competencia del Ejecutivo Federal en un sentido o en otro. Pero el ex senador por Illinois ha llegado a la Casa Blanca con un programa mesiánico y -en el peor de los sentidos- muy europeo, el mismo que en nuestro país concibe la política, no como un medio de garantizar los derechos de ciudadanos libres y responsables, sino como un instrumento para regular hasta el último detalle de sus vidas y hacerles felices por decreto. No deja de ser paradójico que un modelo de gobierno que en el Viejo Continente se viene abajo y hace agua por todos los lados haya seducido a los norteamericanos.



En eso está la raíz de la Gran Decepción Obama, el origen de sus promesas incumplidas y el desencanto del electorado. Salvando las distancias y tomando con pinzas la analogía, el 44 presidente ha buscado zapaterizar la política norteamericana, con el resultado previsible: prometer mucho más de lo que puede cumplir y gastar como un marinero borracho hasta que el sistema no dé más de sí. Prácticamente no ha cumplido una sola de las grandes promesas electorales. No hay paz, no hay retirada -sino parcial- de tropas, no hay cierre de Guantánamo -sino para abrir otro campo igual en otra parte-, y hasta la reforma sanitaria ha salido caótica y descafeinada, irritando a partes iguales a partidarios y detractores de la medida original. Obama da la sensación -que a este lado del Atlántico nos es muy familiar- de un líder doctrinario abrumado por la realidad y atrapado en la maraña de promesas que nunca podrá cumplir.

- La valoración de Obama, por los suelos (Libertad Digital - 17/8/10)

Sólo un 44% de los americanos aprueba la gestión de Obama, una tasa que se sitúa en el mínimo del mandato del demócrata y sensiblemente por debajo de las cifras de la mayoría de sus inmediatos predecesores a excepción de Clinton, que además sólo tenía un punto menos a estas alturas de su mandato.

(Por C. Jordá / M. Llamas)



Según los datos de Gallup, la prestigiosa empresa de sondeos americana que analiza desde 1945 la tasa de aprobación de los presidentes americanos, la popularidad de Obama está en este mes de agosto en el mínimo de su mandato, con sólo un 44% de los ciudadanos respaldando la gestión de su presidente.

Esta cifra supone un nuevo récord negativo en la popularidad de Obama, que anteriormente tenía como tasa más baja de aprobación un 45%, y coincide con las vacaciones de la familia presidencial en Florida y con sus declaraciones respaldando la construcción de una gran mezquita cerca de la Zona 0 de los atentados del 11S.

Pese a ello, la propia Gallup advierte de que es muy complicado adjudicar a acontecimientos concretos los resultados de un sondeo de este tipo.

Lo más llamativo de los resultados es, probablemente, la bajísima aprobación que Obama cosecha entre los electores independientes (los que no se declaran ni demócratas ni republicanos) que sólo un 39% apoya la gestión del presidente demócrata, muy lejos del 74% de aprobación entre los independientes con el que inició su mandato.



Las tasas entre los votantes de los dos grandes partidos estarían más dentro de la lógica: los demócratas siguen con Obama en un 80%, mientras que entre los republicanos cunde el rechazo: sólo un 12% apoya la gestión presidencial, bien lejos del 51% de enero de 2009, cuando Obama llegó a la Casa Blanca.



De hecho, en menos de 20 meses el actual presidente americano ha visto como su popularidad se desplomaba en 23 puntos: del 67% con el que inició su mandato al 44% actual, un desplome que en las últimas décadas sólo se puede comparar con el sufrido por Carter, que perdió en idéntico periodo 26 puntos de apoyo popular.

Mucho peor que los Bush, un poco mejor que Clinton



La encuesta de Gallup muestra además que Obama cuenta con un grado de aprobación mucho menor que el de alguno de sus predecesores en el cargo en el mismo momento de su mandato: así George Bush padre tenía nada más y nada menos que 30 puntos más de apoyo, impulsado por su respuesta a la invasión de Kuwait por Sadam Hussein, aunque en las semanas anteriores a este hecho superaba cotas del 60%.

Bush hijo, por su parte, tenía en idéntico momento de su mandato un apoyo del 65%, 21 puntos por encima del que tiene ahora Obama, después de haber alcanzado cotas del 85% tras los atentados del 11S, algo menos de un año antes.

En el caso de Bill Clinton, su aprobación en el séptimo trimestre de su mandato era menor que la de Obama en este momento, pero sólo por un punto: el 43% de los americanos apoyaba su gestión. Sin embargo, otra encuesta de la propia Gallup contaba a finales de julio que la popularidad de Clinton en el momento actual es mucho mayor que la de Obama.

Por último, si se compara la aprobación de Obama con la de la media de todos los presidentes americanos desde Harry Truman el actual mandatario tampoco sale muy bien parado ya que está prácticamente 10 puntos por debajo de este promedio: su 44% queda muy lejos del 53,6%.

- La deuda y el declive de Estados (Project Syndicate - 17/8/10)

(Por Mario Margiocco)

Milán - Los italianos y otros europeos tienen serios problemas para enfrentar sus propias deudas nacionales, pública y privada, por lo que puede parecer presuntuoso que uno de ellos hable del grave y creciente problema de la deuda de los Estados Unidos. No obstante, en la actualidad las realidades fiscales a ambos lados del Atlántico son muy similares, y sólo la persistente confianza en la promesa de EEUU mantiene viva la expectativa de muchos europeos de que algún gran golpe de efecto solucione la nefasta situación de endeudamiento.



Por supuesto, muchos estadounidenses reconocen la escala de la deuda de su país. El Almirante Mike Mullen, Presidente del Alto Mando Conjunto y, por ende, el militar estadounidense de más alto rango, declaró recientemente: “el mayor peligro para la seguridad de los Estados Unidos radica en la deuda nacional”. Cuatro de diez estadounidenses están de acuerdo con él, mientras menos de tres de cada diez piensan que el terrorismo o Irán son más peligrosos.

El estatus de Gran Potencia de Estados Unidos siempre ha estado vinculado a su nivel de deuda. De hecho, fue la ausencia de deuda lo que marcó su surgimiento como potencia mundial entre 1914 y 1917. Estados Unidos pasó de deber 3 mil millones de dólares (principalmente a Gran Bretaña) a ser un acreedor neto por cerca de la misma cantidad, gracias a los 6 mil millones de dólares en créditos de guerra otorgados a los aliados occidentales. Los 3 mil millones de dólares en créditos para la reconstrucción europea de posguerra cimentaron el estatus de EEUU como principal nación acreedora del mundo, con su superávit de cerca del 8% del PGB de la época.

Este cambio significó que Estados Unidos reemplazaba a Gran Bretaña como centro del sistema monetario y financiero del mundo. Anteriormente, gracias al patrón oro y la estabilidad política británica, la City de Londres había sido la fuente clave de capital y garantías financieras por más de un siglo.

La nueva era comenzó repentinamente en enero de 1915 cuando, tras algunos meses de gran incertidumbre, comenzó a transportarse oro a Nueva York en grandes cantidades. Unos cuantos meses antes, el financista de Boston Henry Lee Higginson había esbozado en una carta al Presidente Woodrow Wilson la que debería ser la nueva estrategia de Estados Unidos: “Esta es nuestra oportunidad de tomar el primer lugar”, escribió. La casa financiera estadounidense tenía que ponerse en orden, pagar todas las deudas y, como Londres había hecho por largo tiempo, había que mantener la confianza, lo que significaba garantizar la convertibilidad del dólar en oro.

Sola entre las grandes naciones del mundo, Estados Unidos se las arregló para garantizar la convertibilidad del dólar a lo largo de las Gran Guerra. Con la paz, el dólar y Wall Street se convirtieron en la fuerza predominante del panorama financiero mundial. Las reglas del mercado financiero creadas por el Nuevo Trato del Presidente Franklin Delano Roosevelt permitieron que el dólar reemplazara a la libra británica como centro del sistema internacional.



El papel de Estados Unidos como banquero del mundo no tuvo contendores por los siguientes 40 años, hasta que el Presidente Richard Nixon desvinculó el dólar del oro. Sin embargo, incluso sin el patrón oro, el poder económico de Estados Unidos, junto con el reciclaje de petrodólares, mantuvo la primacía del dólar.

De hecho, EEUU siguió siendo la principal nación acreedora hasta 1986-1987, cuando nuevamente pasó a ser deudora. En las dos décadas siguientes, su deuda ha sido por lo general de 3 billones de dólares, aumentando o disminuyendo con el tipo de cambio del dólar.

A partir de los 90 Estados Unidos comenzó a importar más y más capital, particularmente desde Asia. En la década de 2000, China se convirtió en la principal fuente de financiamiento de deuda y los estadounidenses estaban más que contentos con ello, ya que permitía a la Reserva Federal mantener bajos los tipos de interés.

Hubo algunos que previeron el peligro. El economista sueco Axel Leijonhufvud previó la inflación de los precios de los bienes (en particular las viviendas) y un empeoramiento de la calidad del crédito. La innovación financiera pronto hizo realidad esa predicción. Baste recordar que en 2008 había apenas 12 compañías públicas en el mundo con calificaciones de crédito AAA, pero más de 60.000 productos financieros estructurados -principalmente estadounidenses- con triple A. Estados Unidos, el banquero del mundo había mutado a fondo de cobertura del planeta.

Con ese cambio se olvidó el imperativo tradicional del banquero de mantener la fidelidad y la confianza, “mantener la fe”, como lo expresara Higginson. Y es en la deuda pública de Estados Unidos donde van a parar las promesas incumplidas de su sistema financiero, tal como la enorme deuda pública de Italia refleja la prodigalidad que tuvo en el pasado.

Las cifras para los Estados Unidos son asombrosas. La deuda pública incluye no sólo los actuales 13,2 billones de dólares del gobierno federal, sino otros 3 billones que deben los estados, condados y ciudades del país. Además, las agencias de financiamiento de viviendas respaldadas por el gobierno estadounidense (Fannie Mae, Freddie Mac y otras), que en la actualidad garantizan más del 90% de todas las hipotecas estadounidenses, adeudan 3,9 billones. Como resultado, la deuda pública estadounidense ha llegado a cerca del 140% del PGB.

El Congreso estadounidense sabe bien lo que significan estas cifras, pero sus miembros han preferido cerrar los ojos. De hecho, ya no se requiere que el presidente de la habitual previsión a cinco años de la situación fiscal del país. Ahora se considera suficiente una perspectiva de un año.

¿Dónde deja esto a la economía mundial? No hay ninguna nueva Gran Potencia que pueda asumir la responsabilidad de las finanzas globales como la hubo en 1914. En ese entonces, Wall Street estaba lista para la tarea. Puede que algún día Shanghái y Hong Kong estén listos, pero de poco sirve esa posibilidad en estos momentos.

(El libro más reciente de Mario Margiocco es “Il disastro americano. ¿Riuscirà Obama a cambiare Wall Street e Washington?” (El desastre estadounidense: ¿Podrá Obama cambiar Wall Street y Washington?). Copyright: Project Syndicate, 2010)

- EEUU revisa al alza la previsión de déficit para el próximo ejercicio (Cinco Días - 20/8/10)

(Por Ana B. Nieto - Nueva York)

EEUU cerrará el año fiscal 2010 con un déficit de 1,3 billones de dólares, equivalente al 9,1% del PIB. Se trata del segundo peor año para las cuentas federales (tras 2009) en los últimos 65, según cálculos publicados ayer por la Oficina Presupuestaria del Congreso o CBO (un órgano técnico). Y los augurios para 2011 no son buenos porque el déficit del año que viene se espera que se sitúe en 1,06 billones, el 7% del PIB, frente a los 996.000 millones calculados en marzo.

Aunque la CBO explica que en 2012 el déficit se reducirá al 4,2% del PIB -por una esperada mejora de ingresos y rebajas de gastos-, la salida de la crisis será lenta. De hecho, sus previsiones pasan por que el crecimiento entre el cuarto trimestre de este año y el del año que viene sea de apenas el 2%, muy por debajo de lo registrado en otros periodos de recuperación económica.

La inflación se mantendrá en niveles bajos y la tasa de paro, del 9,7%, sólo caerá por debajo del 5% a partir de 2014.

Todas las expectativas de la CBO con respecto al presupuesto federal cuentan con que no habrá más estímulos fiscales y que los recortes de impuestos aprobados por George Bush en 2001 y 2003 expirarán como estaba previsto, algo que no ocurrirá.



Actualmente se libra una batalla política en la que los republicanos abogan por hacer estas rebajas permanentes y los demócratas por mantenerlas sólo para familias que ingresen menos de 200.000 dólares al año.

La Oficina explica que aunque hay mejoras en el horizonte, el Estado debe prepararse para serios problemas fiscales a largo plazo por el envejecimiento de la población y los costes de la sanidad. En este sentido, recomienda bajar costes y subir impuestos. Estas previsiones se dieron a conocer el mismo día que la economía mostraba su cara más negativa. Las peticiones de subsidio de paro crecieron en medio millón y el índice sobre producción industrial de Filadelfia mostró una fuerte contracción.

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