Paper Crítica a la opinión de Krugman y Stiglitz, sobre la reestructuración o el impago de la deuda griega (III round), generada o agravada por el gobierno de Syriza



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Paper - Crítica a la opinión de Krugman y Stiglitz, sobre la reestructuración o el impago de la deuda griega (III Round), generada o agravada por el gobierno de Syriza (Parte I)

El cantar de los cantares (Ex Cathedra)

- Paul Krugman: “Que la Eurozona ha entrado en una trampa de deflación como Japón es una realidad” (El Economista - 7/1/15)



El Premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Princeton Paul Krugman, cree que la Eurozona ya se encuentra en una trampa de deflación “al estilo de Japón”. Esto es algo que debería preocupar y mucho, es un problema real para la economía mundial, señala el economista.

Krugman explica en The New York Times que “en el mundo existen muchos riesgos, como el aterrizaje que se espera de la economía china, la crisis financiera de Rusia y otros exportadores de petróleo, etc. Pero uno de los grandes riesgos ya no lo es, porque se ha convertido en un hecho: la Eurozona ha entrado en una trampa de deflación al estilo de la de Japón”.

El Premio Nobel cree que una desinflación moderada en el sur de Europa es positiva, puesto que esos países “necesitan reducir costes y precios relativos respecto a Alemania, pero los datos de inflación en la Eurozona en su conjunto son bajos, un fenómeno muy destructivo para la economía del continente”.



La Eurozona se encuentra tanto en una trampa de deflación como en una trampa de liquidez. El tipo de interés oficial impuesto por el BCE está cerca de cero, al rentabilidad de muchos de los bonos emitidos por Alemania otorgan una remuneración negativa o cercana a cero. Esto significa dos cosas según Krugman: “Los inversores ven que las oportunidades de inversión, por lo que están dispuestos a pagar a Alemania a cambio de que guarde sus ahorros. Por otro lado, los inversores prevén un futuro de inflación muy moderada durante los próximos años”.

“Europa se enfrenta a un futuro complicado, que además los votantes griegos pueden dificultar más. Pero es que Europa ya se encuentra en un callejón sin salida. Y lo que está ocurriendo en Grecia es una llamada de atención para despertar al resto de Europa”, sentencia el Nobel de Economía.

Y es que Krugman cree que las políticas fiscales de los países no están haciendo todo lo que pueden: “Me gusta y admiro a Mario Draghi, creo que está haciéndolo lo mejor que puede. Pero el BCE no tiene la suficiente fuerza para resolver el problema mientras que las diferencias internas continúen”.

(Paul Robin Krugman (Albany, 28 de febrero de 1953) es un economista estadounidense, profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, profesor centenario en Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, académico distinguido de la unidad de estudios de ingresos Luxembourg en el Centro de Graduados de CUNY, y columnista op-ed del periódico New York Times. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones a la Nueva Teoría del Comercio y la Nueva Geografía Económica. Según el Comité que otorga el galardón, el premio fue entregado por el trabajo en donde Krugman explica los patrones del comercio internacional y la concentración geográfica de la riqueza, mediante el examen de los efectos de las economías de escala y de preferencias de los consumidores de bienes y servicios diversos. Ha sido un fuerte crítico de la doctrina neoliberal y del monetarismo y en su momento fue un opositor de las políticas económicas de la administración de George W. Bush. Ha escrito más de 200 artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos, y otros de divulgación-. Su Economía Internacional: La teoría y política es un libro de texto estándar en la economía internacional. También ha escrito más de 750 columnas sobre temas económicos y políticos para The New York Times, Fortune y Slate. Como comentarista, Krugman ha escrito sobre una amplia gama de asuntos económicos, incluyendo la distribución del ingreso, la economía fiscal, la macroeconomía y economía internacional. Krugman se considera a sí mismo un liberal, llamando a uno de sus libros y su blog en The New York Times, “La conciencia de un Liberal”. Sus ideales han atraído considerable atención, tanto positiva como negativa. En 1991 la American Economic Association le concedió la medalla John Bates Clark. Ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2004 y el Premio Nobel de Economía en 2008)



- Europa y su lapsus de sentido común (Project Syndicate - 8/1/15)
Nueva York.- Por fin, los Estados Unidos está mostrando señales de recuperación de la crisis que estalló a finales de la administración del presidente George W. Bush, cuando la casi implosión del sistema financiero conmocionó a todo el mundo. Pero, no es una recuperación fuerte; a lo sumo, la brecha entre donde la economía habría estado y donde está hoy no se está ensanchando. Si se está cerrando, lo está haciendo muy lentamente; los daños causados por la crisis parecen ser a largo plazo.
Sin embargo, podría ser peor. Al otro lado del Atlántico, hay pocas señales de, incluso, una recuperación modesta al estilo estadounidense: la brecha entre donde Europa está y donde habría estado en ausencia de la crisis sigue creciendo. En la mayoría de países de la Unión Europea, el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera perdida. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen, y las familias se desintegran (o no se forman) a la par de que el estancamiento -que llega a ser depresión en algunos lugares- se arrastra año tras año.
La UE tiene una población con gran talento y alto nivel de educación. Sus países miembros tienen marcos legales sólidos y sociedades que funcionan bien. Antes de la crisis, la mayoría de estos países incluso tenían economías que funcionan bien. En algunos lugares, la productividad por hora -o la tasa de su crecimiento- era una de las más altas del mundo.
Sin embargo, Europa no es una víctima. Sí es verdad que Estados Unidos administró mal su economía; pero, no, no es verdad que EEUU de alguna forma se las arregló para imponer la peor parte de la caída mundial en los hombros de Europa. El malestar de la UE es auto-infligido, a causa de una sucesión, sin precedentes, de malas decisiones económicas, comenzando por la creación del euro. Si bien el euro se creó con la intención de unir a Europa, finalmente, lo que hizo fue dividirla; y, debido a la ausencia de la voluntad política para crear instituciones que permitan que una moneda única funcione, el daño no se está revertiendo.
El caos actual proviene en parte de la adhesión a una creencia que ha sido desacreditada desde hace ya mucho tiempo sobre que existen mercados en buen funcionamiento que no tienen imperfecciones de información y competencia. La arrogancia desmedida también ha jugado un papel. ¿Cómo, si no, se podría explicar el hecho de que año tras año los pronósticos de los funcionarios europeos sobre las consecuencias de sus propias políticas han sido consistentemente erróneos?
Estos pronósticos no han sido erróneos porque los países de la UE no lograron poner en práctica las políticas prescritas, sino porque los modelos sobre los que las políticas se basaron tienen graves deficiencias. En Grecia, por ejemplo, las medidas destinadas a reducir la carga de la deuda, en los hechos, dejaron al país más cargado de lo que estaba en 2010: el ratio deuda PIB se ha incrementado, debido a que el impacto de la austeridad fiscal lastimó a la producción. Al menos, el Fondo Monetario Internacional ha admitido estos fracasos intelectuales y de políticas.
Los líderes europeos siguen convencidos de que su prioridad máxima debe ser la reforma estructural. Pero los problemas a los que ellos apuntan se habían hecho evidentes en los años previos a la crisis, y en aquel entonces, dichos problemas no detenían el crecimiento. Lo que Europa necesita más que una reforma estructural dentro de sus países miembros es una reforma de la estructura de la propia eurozona, y una reversión de las políticas de austeridad, que han fracasado una y otra vez en su intento por reencender el crecimiento económico.
Se comprobó una y otra vez que los que pensaban que el euro no podría sobrevivir estaban equivocados. Sin embargo, los críticos han tenido razón en una cosa: a menos que la estructura de la eurozona se reforme y la austeridad se revierta, Europa no se recuperará.
El drama en Europa está lejos de terminar. Una de las fortalezas de la UE es la vitalidad de sus democracias. Pero el euro despojó a los ciudadanos -sobre todo en los países en crisis- de cualquier decisión que ellos pudiesen tener sobre su destino económico. En repetidas ocasiones, los votantes echaron a quienes buscaban la reelección, debido a que se encontraban insatisfechos con el derrotero por el que se desplazaba la economía – pero lo que ocurrió fue que el nuevo gobierno continuó por el mismo rumbo, mismo que se dicta desde Bruselas, Frankfurt y Berlín.
Pero, ¿por cuánto tiempo puede esto continuar? ¿Y cómo van a reaccionar los votantes? A lo largo y ancho de Europa, hemos sido testigos del alarmante crecimiento de los partidos nacionalistas extremistas, que se van contra los valores de la Ilustración que son los que han hecho que Europa logre tantos éxitos. En algunos lugares, crecen grandes movimientos separatistas.
Ahora Grecia pone a prueba una vez más a Europa. La caída del PIB griego desde el 2010 es mucho mayor que la caída que enfrentó Estados Unidos durante la Gran Depresión de la década de 1930. El desempleo juvenil es superior al 50%. El gobierno del primer ministro Antonis Samaras ha fallado, y ahora, debido a que el Parlamento no pudo elegir un nuevo presidente para Grecia, se celebrarán elecciones generales anticipadas el 25 de enero.
Syriza, el partido izquierdista de oposición, que se comprometió a renegociar los términos del rescate de Grecia llevado a cabo por la UE, está por delante en las encuestas de opinión. Si Syriza gana pero no llega al poder, un motivo principal será el miedo a cómo responderá la UE ante dicha elección. El miedo no es la más noble de las emociones, y no va a dar lugar al tipo de consenso nacional que Grecia necesita para seguir adelante.
El problema no es Grecia. El problema es Europa. Si Europa no cambia sus maneras de actuar -si no reforma la eurozona y rechaza la austeridad- una reacción popular ser inevitable. Grecia podría mantener el rumbo en esta ocasión. Pero esta locura económica no puede continuar por siempre. La democracia no lo permitirá. Sin embargo, ¿cuánto más dolor tendrá que soportar Europa antes de que se restablezca el sentido común?
(Joseph Eugene Stiglitz (Gary, Indiana, 9 de febrero de 1943) es un economista y profesor estadounidense. Ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001). Es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama “fundamentalistas de libre mercado”) y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 2000, Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia (EEUU), y desde 2005 dirige el Instituto Brooks para la Pobreza Mundial de la Universidad de Mánchester. Considerado generalmente como un economista de la Nueva Economía Keynesiana, Stiglitz fue durante el año 2008 el economista más citado en el mundo. Impartió clases en la Universidad de Yale, Universidad de Duke, Universidad de Stanford, Universidad de Oxford y Universidad de Princeton. Stiglitz es actualmente Profesor en la Universidad de Columbia. Además de sus influyentes y numerosas contribuciones a la microeconomía, Stiglitz participó en numerosos puestos de carácter político. Desempeñó labores en la administración del presidente Clinton como presidente del Consejo de Consejeros Económicos (1995-1997). En el Banco Mundial, donde estuvo como primer vicepresidente y economista jefe (1997 - 2000), hasta que el Secretario del Tesoro de los EEUU (Lawrence Summers) lo forzara a renunciar, en un momento en que habían comenzado protestas sin precedentes contra las organizaciones económicas internacionales, siendo la más prominente la realizada en Seattle con motivo de la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en 1999. Asimismo, ha sido uno de los autores principales en el Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC). Es miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. En el 2012, ingresó como académico correspondiente en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España)
- Stiglitz muestra que un impago de la deuda puede beneficiar a un país y a su población (Público - 18/1/15)

Desde que la UE fue golpeada por la crisis de la deuda y varios países se vieron ahogados por sus acreedores, se planteó un posible impago, algo que la mayoría de economistas de derecha y de izquierda considera que se debe evitar. La Troika dio créditos urgentes a Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre bajo el pretexto de evitar un impago que predecía catastrófico para esos países. Pero varias investigaciones económicas dan sólidos argumentos a favor de suspender el pago de la deuda. Además, las condiciones de esos créditos, y el aumento de la deuda, afectaron dramáticamente a esos pueblos, empezando por el griego. Es momento de comprender que una suspensión del pago de la deuda puede constituir una elección justificada.

(Por Éric Toussaint)



Joseph Stiglitz, premio del Banco de Suecia en economía en memoria de Alfred Nobel en 2001, presidente del consejo de economistas del presidente Bill Clinton de 1995 a 1997, economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial de 1997 a 2000, aporta serios argumentos a aquellos que abogan por la suspensión del reembolso de las deudas públicas. En un libro colectivo publicado en 2010 por la universidad de Oxford, Stiglitz afirma que Rusia en 1998 y Argentina durante los años 2000 ofrecieron la prueba de que una suspensión unilateral del reembolso de la deuda puede ser benéfica para los países que tomaran esa decisión: “Tanto la teoría como la práctica sugieren que la amenaza del cierre del grifo del crédito probablemente haya sido exagerada” (p. 48).

Cuando un país consigue imponer una reducción de la deuda a sus acreedores y redirecciona esos fondos, destinados anteriormente a ese reembolso, hacia la financiación de una política fiscal expansionista, eso produce resultados positivos: “En ese escenario, el número de empresas locales que quiebran disminuye porque los tipos de interés locales son más bajos que si el país hubiera continuado pagando su deuda, y al mismo tiempo porque la situación económica general del país mejora. Puesto que la economía se refuerza, la recaudación de impuestos aumenta, lo que mejora el margen presupuestario del Gobierno. (…) Todo eso significa que la posición financiera del Gobierno se refuerza, haciendo más probable (y no menos) que los prestamistas quieran de nuevo concederle préstamos” (p. 48).



En efecto, una de las condiciones del FMI cuando va a ayudar a un país al borde de la cesación de pagos es aumentar los tipos de interés locales. Si un país escapa a las condiciones fijadas por el FMI, podría, por el contrario, bajar los tipos de interés con el fin de evitar lo máximo posible la quiebra de empresas.

La obra citada agrega: “Empíricamente, hay muy pocas pruebas que acrediten la idea de que una cesación de pagos conlleve un largo periodo de exclusión del acceso a los mercados financieros. Rusia pudo pedir prestado de nuevo en los mercados financieros dos años después de su cesación de pagos, que había sido decretada unilateralmente y sin una consulta previa a los acreedores. (…) Muy al contrario, en la práctica, la amenaza de ver el grifo del crédito cerrado no es real” (p. 49).

Según Joseph Stiglitz, algunos piensan que uno de los papeles centrales del FMI es el de imponer el precio más elevado posible a los países que quisieran declarase en cesión de pagos. Muchos países actúan como si se creyeran esta amenaza. Stiglitz considera que han errado el camino: “El hecho de que Argentina haya salido tan bien de su cesación de pagos, incluso sin el apoyo del FMI (o precisamente porque no tuvo el apoyo del FMI), puede conducir a un cambio en esta creencia” (p.49).

Joseph Stiglitz también cuestiona claramente a los banqueros y otros prestamistas que concedieron créditos masivamente sin verificar seriamente la solvencia de los países prestatarios o, aún peor, que prestaron sabiendo perfectamente que el riesgo de cesación de pagos era muy fuerte. Agrega que ya que los prestamistas exigen a algunos países tipos elevados en virtud de los riegos que deben asumir, es totalmente normal que tengan que afrontar pérdidas debidas a una abolición de la deuda. Estos prestamistas sólo tenían que utilizar los intereses elevados que perciben como provisión para posibles pérdidas. También denuncia los préstamos “depredadores” concedidos a la ligera por los banqueros a los países deudores (p. 55).

En resumen, Stiglitz aboga por que los prestamistas asuman los riesgos de sus acciones (p.61). Al final de su contribución, considera que los países que entran en la vía de la cesación de pagos o de la renegociación para obtener una reducción de la deuda deberían imponer un control temporal de cambios y/o tasas para disuadir la salida de capitales (p.60). Retoma la doctrina de la deuda odiosa por su cuenta y afirma que ese tipo de deuda debe ser anulado (p.61).

Stiglitz defendió esta posición en numerosas ocasiones en el curso de los últimos diez años. Véase especialmente su libro El malestar en la globalización, Taurus ediciones, Madrid, 2003.

En un artículo publicado por Eduardo Levy Yeyati y Ugo Panizza, dos economistas que trabajaron para el Banco Interamericano de Desarrollo presentan los resultados de sus minuciosas investigaciones sobre las cesaciones de pago correspondientes a unos cuarenta países. Una de sus conclusiones es la siguiente: “Los períodos de cesación de pagos marcan el comienzo de la recuperación económica”.

No se puede explicar mejor.

(Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, es portavoz del Comité para la Anulación de la Deuda en el Tercer Mundo (CADTM internacional). Es autor de Bancocracia, Icaria editorial, Barcelona, 2014; Una mirada al retrovisor. El neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria editorial, Barcelona, 2010)

- Las políticas de la estupidez económica (Project Syndicate - 20/1/15)

(Por Joseph E. Stiglitz)

Nueva York.- Durante el 2014, la economía mundial se mantuvo estancada en la misma rutina en la que permanece desde que salió de la crisis financiera mundial de 2008. A pesar que se tomaron medidas gubernamentales aparentemente fuertes en Europa y Estados Unidos, ambas economías sufrieron recesiones profundas y prolongadas. La brecha entre dónde están y dónde hubiesen estado dichas economías si la crisis no hubiese entrado en erupción es enorme. En Europa, la brecha se acrecentó durante el transcurso del año.

A los países en desarrollo les fue mejor, pero incluso allí las noticias fueron sombrías. La más exitosas de estas economías, al haber basado su crecimiento en las exportaciones, continuaron su expansión tras la crisis financiera, incluso mientras sus mercados de exportación se esforzaban por superar sus dificultades. Sin embargo, su desempeño también comenzó a disminuir de manera significativa en el año 2014.

En 1992, Bill Clinton basó su exitosa campaña para alcanzar la presidencia de Estados Unidos en un slogan simple: “¡Es la economía, estúpido!”. Desde la perspectiva actual, en aquel entonces las cosas no estaban tan mal; hoy en día, los ingresos de una familia estadounidense típica son menores. Sin embargo, podemos inspirarnos en los esfuerzos de Clinton. El malestar que aflige a la economía mundial en la actualidad se podría reflejar en dos slogans simples: “Es la política, estúpido” y “Demanda, demanda, demanda”.



El estancamiento casi mundial que se vivió en el año 2014 fue creado por el hombre. En varias de las principales economías el estancamiento es el resultado de su política y sus políticas - que fueron las que ahogaron a la demanda. Ante la falta de demanda, la inversión y el empleo no se materializarán. Es así de simple.

En ningún otro lugar esta situación se muestra con mayor claridad que en la eurozona, misma que ha adoptado oficialmente una política de austeridad - recortes en el gasto público que aumentan las debilidades en el gasto privado. La estructura de la eurozona es en parte culpable de obstaculizar el ajuste al shock generado por la crisis; debido a la ausencia de una unión bancaria, no causó sorpresa que el dinero fugara de los países más afectados, lo que debilitó a sus sistemas financieros y refrenó los préstamos e inversiones.

En Japón, una de las tres “flechas” del programa para la reactivación económica del primer ministro Shinzo Abe se puso en marcha en la dirección equivocada. La caída del PIB que sobrevino tras el aumento en el impuesto al consumo en el mes de abril proporcionó aún más evidencia a favor de la economía keynesiana - como si no hubiese ya suficiente evidencia.

EEUU introdujo la dosis más pequeña de austeridad, y este país ha disfrutado del mejor desempeño económico. Pero incluso en EEUU hay aproximadamente 650.000 empleados del sector público menos en comparación al número de empleados antes de la crisis; normalmente, hubiéramos esperado que dicha cifra se incremente en unos dos millones. Como resultado, EEUU, también, está sufriendo, ya que tiene un crecimiento que es tan anémico que los salarios permanecen prácticamente estancados.

Gran parte de la desaceleración del crecimiento en los países emergentes y en desarrollo se refleja en la ralentización de China. China es ahora la mayor economía del mundo (en términos de paridad de poder adquisitivo), y ha sido durante mucho tiempo la principal contribuyente al crecimiento mundial. Sin embargo, el notable éxito de China ha generado sus propios problemas, que deben ser abordados más temprano que tarde.



Es bienvenido -y casi necesario- el desplazamiento de la economía china desde un enfoque en la cantidad a uno en la calidad. Y, a pesar de que la lucha del presidente Xi Jinping contra la corrupción puede causar que el crecimiento económico se desacelere aún más, ya que la parálisis va a afectar a la contratación pública, no hay ninguna razón para que Xi amaine sus esfuerzos. Por el contrario, existe la necesidad de abordar con igual vigor otras fuerzas que menoscaban la confianza en su gobierno - problemas ambientales generalizados, niveles altos y crecientes de desigualdad, y fraude del sector privado.

En resumen, el mundo no debe esperar que China sea quien apuntale la demanda agregada mundial en el año 2015. Al contrario, habrá un agujero aún más grande que llenar.

Mientras tanto, en Rusia, podemos esperar que las sanciones de Occidente ralenticen el crecimiento, causando efectos adversos en una Europa que ya está debilitada. (No se está argumentando en contra de las sanciones: El mundo tenía que responder frente a la invasión rusa de Ucrania, y los directores ejecutivos de las empresas occidentales que argumentan lo contrario, buscando proteger sus inversiones, han demostrado una preocupante falta de principios).

Durante los últimos seis años, el Occidente ha creído que la política monetaria puede salvar la situación. La crisis condujo hacia enormes déficits presupuestarios y creciente deuda, y el razonamiento fue el siguiente: la necesidad de desapalancamiento significa que la política fiscal debe ser dejada a un lado.

El problema es que las tasas de interés bajas no motivarán a las empresas a invertir si no hay demanda para sus productos. Las tasas bajas tampoco inspiran a las personas a endeudarse para consumir si están preocupadas por su futuro (y tienen razón para estarlo). Lo que la política monetaria puede hacer es crear burbujas de precios de los activos. Incluso podría apuntalar el precio de los bonos gubernamentales en Europa, previniendo de esta manera una crisis de la deuda soberana. Sin embargo, es importante entender claramente lo siguiente: la probabilidad de que las políticas monetarias laxas restauraren la prosperidad mundial es nula.

Esto nos lleva de nuevo a la política y las políticas. La demanda es lo que el mundo necesita más. El sector privado – incluso con el generoso apoyo de las autoridades monetarias - no va a proveer dicha demanda. Pero la política fiscal si puede hacerlo. Disponemos de una amplia variedad de inversiones públicas entre las que podemos elegir, inversiones que podrían producir grandes ganancias -mucho más altas que el costo real del capital- y que fortalecerían las hojas de balance de los países que las realizan.

El gran problema que enfrenta el mundo en el año 2015 no es económico. Sabemos cómo escapar de nuestro malestar actual. El problema es que nuestras políticas son estúpidas.

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