Padre leonardo castellani: arquetipo del docente católico



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PADRE LEONARDO CASTELLANI: ARQUETIPO DEL DOCENTE CATÓLICO

Hugo Alberto Verdera

  1. INTRODUCCIÓN: VALOR PARADIGMÁTICO DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI

Vivimos tiempos oscuros, en el más pleno sentido de la palabra. Imperan las tinieblas, por la real “corrupción de la inteligencia” y por la vigencia en nuestra actualidad de una auténtica “pérdida del sentido del pecado”. Y esta oscuridad se manifiesta en una “aparente luminosidad de un pretendido progreso”, que ha “liberado al hombre” de las ataduras que impedían su “auténtica libertad”. Las palabras usadas han perdido su real contenido, impera un “nominalismo”, una “autosuficiencia”, una “autonomía”; una pretendida “liberación”, cuyos resultados evidentes son la vigencia de un “humanismo antihumano”, resultado inevitable de un “voluntarismo” desgajado de su relación con la razón. En suma, no se acepta ni se tolera a la verdad.

Las raíces filosóficas y religiosas que constituyen la dolorosa enfermedad del mundo moderno, han llevado a que prevalezca actualmente una profunda desconfianza en las capacidades de la razón humana para conocer la verdad, resultado lógico de la negación a esa razón humana de sus posibilidades de alcanzar el ser de las cosas, lo que conlleva a un constante cuestionamiento de la verdad. No se acepta, en teoría y en la práctica común, que la verdad sea conocer lo que las cosas son, es decir, conocer el ser de las cosas. Dicho escolásticamente, que la verdad sea la adecuación entre el entendimiento y la cosa. Se ha dado, pues en esta postmodernidad, un “oscurecimiento o eclipse de la verdad”. Por eso, con evidente realismo, Juan Pablo II llegó a afirmar rotundamente: “¿Quién puede negar que la nuestra es una época de gran crisis, que se manifiesta ante todo como una profunda crisis de la verdad?”1.

Esta circunstancia explica el auge del “relativismo ético”, consecuencia propia del “relativismo cognitivo” (“agnosticismo filosófico intelectualista”), que avanza en la estructura socio-política, adquiriendo características de “único pensamiento correcto”, y que va a derivar, en su lógica férrea interna, en una auténtica “dictadura del relativismo”. Ese el concepto conque Benedicto XVI ha caracterizado la actual situación que vivimos. Así, en la Homilía de la Misa “Pro Eligendo Pontifice”, enfatizaba el futuro Pontífice que “el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una DICTADURA DEL RELATIVISMO que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos”, afirmando la pretensión de hegemonía cultural” que el relativismo ostenta, es decir, su pretensión de presentarse como la negación de la intolerancia y del fundamentalismo, ya que sostener la realidad de la existencia de verdades absolutas es, para esta “dictadura del relativismo”, lo propio de la mentalidad fundamentalista, intransigente, intolerante. Y acentúa que “a quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo”2 . Ya anteriormente en un discurso dado en Cracovia el 26 de mayo de 2006, el Santo Padre sostenía que “hoy se trata de crear la impresión de que todo es relativo: hasta la verdad de la fe dependería de la situación histórica y de la valoración humana. Pero la Iglesia no puede callar el espíritu de la verdad. No caigamos en la tentación del relativismo…”3. Y en un reportaje anterior, afirmaba que “hoy realmente se da una DOMINACIÓN DEL RELATIVISMO. Quien no es relativista parecería que es alguien intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión de la verdad es un tipo de intolerancia muy grave y reduce las cosas esenciales de la vida a un subjetivismo”4.

El Padre Leonardo Castellani fue un auténtico “fundamentalista”, pues comprendió sólo la verdad nos hace libres y n0s posibilita una auténtica liberación; por ello, fue intolerante ante el error. Y todo eso lo hace, consiguientemente, testigo de la verdad. Por eso se hace ineludible nuestro deber de docentes católicos de enfatizar la necesidad de la presencia de ese auténtico testigo de la verdad. Porque si es necesaria una restauración de la verdad, para que los tiempos aciagos que vivimos cambien, cuando la cordura vuelva a resurgir, entre otros, resurgirá públicamente la figura del Padre Leonardo Castellani.



Leonardo Castellani, sacerdote de Cristo en el más profundo de los sentidos, cuya obra se caracteriza por la asunción vivencial de la urgente necesidad de que el cristiano de nuestra época tome con seriedad una postura ante Jesús y el mundo: O con Cristo o contra él, ya que consideró realísticamente que de esta decisión depende nuestra vida eterna y nuestra felicidad en este mundo.

Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os dije: No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán5. Estas palabras de Jesucristo fueron y son viven ciadas por Leonardo Castellani. Con plenitud evangélica, decía el Padre Castellani que “el medio de digerir la injusticia es un secreto del cristianismo. Es la actitud heroica, y aparentemente imposible a las fuerzas humanas de devolver bien por mal, de bendecir a los que nos maldicen”6.

Es decir, que los enemigos del cristianismo merecen que les demos las gracias, puesto que nos demuestran con ese odio profundo que lo que odian es el testimonio, ya que no quieren tener nada en común con Cristo y con quienes son de Cristo. Y el odio a Leonardo Castellani, realmente hoy vigente, es un “odium theologicum”, “odio teológico”, de manera expresa o bien implícita, pero vigente, sirve para ratificar el poder de la Verdad, siempre efectiva, siempre victoriosa, aunque la calumnia y a la maledicencia, se prohíban libros o se confabulen en la conspiración del silencio. En esa negación de los enemigos a la figura de Leonardo Castellani, hay también una ratificación del testimonio paradigmático que él nos entrega, haciendo presente la necesidad ineludible que, como católicos, tenemos que vivenciar, nuestro deber de patentizar y realizar nuestra identidad cristiana, en todo momento y en todo lugar. Recordaba el Padre Castellani la afirmación de quien tanto peleó y tanto sufrió; aquel mártir que fue el danés Kirkegor (en la grafía de Castellani), que diáfanamente afirmó que “no se debe traficar, no se debe alterar el cristianismo. No se debe exasperarlo con persistir en un puesto equivocado, sino vigilar sólo que siga siendo lo que era: escándalo para los judíos, locura para los griegos. Y no una tontería cualquiera de la que ni los judíos ni los griegos se escandalicen, sino del que se sonríen y se irritan por el hecho de que se lo defiende”7. Y ello vale hoy, lamentablemente, para tanto traidores inmersos en el cuerpo místico, religiosos y laicos, que pregonan la claudicación en nombre del diálogo y el ecumenismo, claudicación que únicamente merece el nombre de traición. Sin duda, los claudicantes no pueden soportan a hombres firmes en su fe.

El padre José María Iraburu, luego de señalar que Castellani fue uno de los más grandes escritores del siglo XX en lengua hispana, destacando su lenguaje, siempre lúcido y lleno de humor, y su incondicional ortodoxia, enfatiza su valentía para combatir a los más venerados ídolos de su tiempo, poniendo como ejemplo la crítica que Castellani hizo de Teilhard de Chardin (1881-1955). Y exige que se reconozca que hoy estamos urgentemente necesitados de la irreverencia bien documentada del lenguaje del Padre Leonardo Castellani ante la manga de sabiazos elevados en nuestro tiempo, frente al Magisterio apostólico, como grandes ídolos teológicos. Y para Iraburu, “el lenguaje que Castellani, estando él muy solo, emplea contra tantos falsos profetas venerados en su tiempo, y concretamente, contra la gnosis panteísta-evolucionista de Teilhard, es semejante al lenguaje de Cristo y de San Pablo contra letrados y fariseos. Y ése es el lenguaje que hoy queremos recuperar en la Iglesia católica. Tiene razón Castellani: nos toman por memos”8.

Cuando Castellani encara el análisis de la educación en la Argentina, penetra como un bisturí en la malformación del sistema. “El Estado no está hecho para ser pedagogo, sino para hacer marchar derecho a los pedagogos, lo mismo que a todos los demás oficios particulares, los cuales no debería tratar de ejercer por sí mismo, a no ser en función extraordinaria y supletoria. Su misión es general y su objeto formal no es ni la Ciencia ni la Cultura ni el Saber, sino el Orden y la Justicia"9 .

De este modo, los niños “pertenecen al Estado” que se arroga a sí mismo el derecho de “formarlos” atentando de esta manera con lo sostenido por el Derecho Natural que se verifica en toda la secular tradición filosófica de Occidente que "se alza unánimemente contra la absorción por el Estado de los derechos y deberes primordiales y directos de los padres hacia los hijos". Posteriormente, en tal sentido, Juan Pablo II, constataba el camino totalitario de la democracia liberal a partir del cual "el Estado deja de ser la «casa común» (...) y se transforma en un Estado tirano"10. Y en relación a la niñez, estamos viendo en nuestro país “las tropelías ideológicas de los cultores de la muerte que profundizan el desquicio educativo con la imposición de la mentada teoría de género y la ideología homosexualista. Así, y esto sólo a modo de ejemplo, se trata de "derribar los estereotipos desesencializando la naturaleza del varón y la mujer" y retorcer el espíritu infantil con nociones satánicas como la de los "intersexos", demoliendo sus certezas acerca de la familia y un largo, larguísimo, etcétera”11.

En segundo lugar, Castellani delata la desnaturalización del propio carácter vocacional de maestros y profesores, que está íntimamente relacionada con el monopolio estatal de la educación, pues el Estado que impone programas, cursos de perfeccionamiento, etc., a los fines de ideologizar al cuerpo docente y ponerlos al servicio de la “cultura de la muerte”.

En efecto, en decenas de sus artículos periodísticos y varios de sus libros, nuestro autor desmenuza agriamente el proceso de descomposición de los educadores argentinos que, por otro lado, está directamente asociada. Una poesía del Padre sintetiza la cruda realidad que vivimos:



La Argentina tiene más profesores que soldados.
Eso sí casi todos están desocupados.
Y de los ocupados la mitad son judíos,
Con gran ardor consagrados a educar a nuestros críos.

En la Escuela Normal les enseñamos esto:
Primero Pedagogía y después a encontrar puesto.
Y luego es su oficio el enseñar a leer bien o mal,
Por medio de escuela activa y de enseñanza sexual.12

Y con vigor enfatiza que “quien quiera cambiar la enseñanza ha de empezar por conformar su acción a esos dos teoremas del Derecho Natural que adjudican al padre antes que a nadie la «persona» del menor; y que adjudican al que posee un saber, la potestad (física y, por ende, también jurídica) de impartirlo. Aquí yace el irrespeto a la naturaleza de las cosas de aquél que adjudica ambas potestades a la política”13.

Por ende, el pensar de Castellani sobre la educación argentina y su imperioso llamado de volver al orden natural, colocando al Estado en su rol propio y haciendo del docente un instrumento de auténtica educación y no un “trabajador de la educación”, adquiere, ante la perversión del ataque a nuestra niñez y nuestra juventud, el carácter de imperioso compromiso para todos nosotros. Cada maestro debe combatir para que “no se adultere la leche” y cada padre y madre de familia debe denunciar a los adulteradores, comenzando por los perversos que manejan la educación malparida hoy en nuestra Patria

El Padre Leonardo Castellani, fue sacerdote, maestro e inspirador. Y lo fue porque fue un auténtico amante de la verdad y como tal, enemigo acérrimo de la idiotez, que esconde el panegírico del error y la violencia de lo auténticamente humano, que es la inteligencia. Solía citarnos dos frases, que son de una actualidad eterna; una de Kant: Nunca discutas con un idiota. La gente podría no notar la diferencia”; la otra de Gracián, en El Criticón: “Los sabios mueren, los necios revientan”. Hay, pues, en el Padre Castellani, la más plena aplicación del “sentido común”, entendido como el camino que todo argentino y todo cristiano debemos transitar, que no es otro que testimoniar a Cristo testimoniando la verdad de las cosas, la verdad del mundo y la verdad del hombre; testimonio que implica, pues, ser servidores de la verdad, amándola y sabiéndola decir, que es lo que hizo vitalmente nuestro querido Castellani.

Testimoniar la verdad, contra viento y marea; denunciar el error y el pecado, donde este impera gobernando para la destrucción de la Ciudad de Dios; soportar las calumnias e injurias, pero afirmarse siempre en la defensa de la fe. Este es el común denominador del actuar concreto del Padre Leonardo Castellani. Y ese es el valor y la importancia arquetípica que adquiere para nosotros.


  1. EL PADRE CASTELLANI FRENTE A LA ACTUAL “CULTURA DE LA MUERTE”

En nuestra patria, como en tantas otras, no hay lugar para el niño: hoy se lo busca matar por el aborto, por la pornografía, por la prostitución infantil, y tantos otros modos de matarlos que tienen los Herodes modernos. En las familias preocupadas por “el tener” no encuentra lugar para que nazca un nuevo niño. Este doloroso diagnóstico profundo y verdadero, va al centro del problema, lo muestra como llaga purulenta y nos indica el bisturí necesario para la inmediata extirpación del mal. Y es que frente a esta malévola “cultura de la muerte”, el Padre Castellani se constituye en auténtico centinela de la aurora mucho antes que esta maligna guerra se desatara. Y es así, porque él supo señalar con actitud cuasiprofética la raíz espiritual perversa del actual ataque contra la niñez.

Nuestro querido Ermitaño Urbano, con profética lucidez, precisó la verdadera naturaleza espiritual depravada de la “cultura de la muerte”, poniendo claramente ante nuestros ojos el juicio de Dios sobre ella. Y de este modo, patentizó la verdadera naturaleza espiritual de la “cultura de la muerte”, en especial su demoníaca insidia contra la infancia, en una guerra no declarada, pero malignamente practicada, con farisaica hipocresía, en nombre de los derechos del niño. De hecho, son meras declamaciones que se repiten ad nauseam mientras se multiplica y se hace efectiva la continua legitimación de los atentados contra la vida, física y espiritual de la infancia.

La razón íntima de este despiadado ataque, lo que motiva a los escandalizadores es el odium Christie, pues, si Dios se hizo niño, “es comprensible que quienes reniegan de Él no sólo no quieran aniñarse, sino que además pretendan matar al Niño Dios que cada criatura revela por haber sido hecha a su imagen y semejanza”14.

Pero el Padre Leonardo nos da la clave teológica de ese odio concretado en el asesinato de nuestra niñez. En uno de sus mejores libros, Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas, cuyo argumento gira en torno al diabólico asesinato de una niñita15, Castellani lo demuestra arquetípicamente. Sí, su libro se constituye en arquetípico, pues denuncia a todas las niñas que son en cualquier época escandalizadas. Es por ello que, como se ha señalado agudamente, “este libro, que tiene a Martita Ofelia como protagonista, no es para ella, que ya goza del descanso en el Padre, sino para todas las «martitas» que son escandalizadas en cualquier lugar y época. Se trata, en suma, de una obra destinada a todas las víctimas rituales de la civilización socavada por la locura social, por la sed de sangre inocente, por la ciudad filicida”.16

Dice rotundamente: “A la manera que toda vivencia emotiva de un modo desemboca en conductas sexuales, así toda vivencia emotiva de la masa argentina va a desaguar al cauce genérico y profundo de la politiquería, a quien proporciona sangre y fuerza motriz. LA DESGRACIA DE LA NIÑA MÁRTIR Y DE SU FAMILIA QUE, JURO AL DIOS VIVO, FUE DESGRACIA DE TODA LA FAMILIA ARGENTINA, VENGABLE DEL FUROR DIVINO, SE CONVIERTE EN ASUNTO DE COMITÉ (...) A tal extremo ha llegado en el país la pérdida del sentimiento de lo sacro, pérdida que es la condición y el clima de todos sus males morales y políticos, que son irremediables y crecerán día a día sin la restauración de Aquello Otro”17. Aquí está Castellani en pleno; todo crimen de un niño o de una niña, sea físico o espiritual; sea aborto, infanticidio, perversión, ataque a su inocencia, es algo que AFECTA A TODA LA FAMILIA ARGENTINA Y QUE CLAMA AL CIELO, EXIGE LA JUSTICIA DIVINA. ES UNA INJUSTICIA NO REPARADA, Y PARA CASTELLANI, “UNA INJUSTICIA NO REPARADA ES UNA COSA INMORTAL, UN VENENO QUE ROE Y SE EXPANDE”18. Cuando escuchamos a Jesús en el Evangelio, vemos que no establece diferencias mayores entre sus discípulos y los niños. Para Nuestro Señor, la niñez expresa la pureza del alma. Por eso, serán los que se hagan como niños los auténticos discípulos. Como dice el Padre Bojorge, Jesús “suele hacer poca diferencia entre los niños y sus discípulos. Ve a sus discípulos como a niños y trata a los niños como a discípulos. Sus hermanitos más pequeños parecen ser unas veces los discípulos otras veces los niños”. De este modo, se percibe en Jesús una “una profunda mirada, que percibe un vínculo que relaciona el misterio de la infancia con el misterio del discipulado, el de la generación y de la filiación divina con la generación y la filialidad humana”19.

Castellani ve similar relación como explicativa de la perversa persecución de los enemigos de Cristo y de su Iglesia, que encarnizados en la persecución de los discípulos, se encarnizan hoy especialmente y con la mayor ferocidad con la niñez y la infancia, desde el seno de la madre. Se patentiza así que Satanás se manifiesta abiertamente como es: homicida desde el principio, enemigo radical del hombre. Y para ello, entroniza el pecado como derecho.

Resuena nuevamente la actualidad y ortodoxia de nuestro querido Ermitaño Urbano. Así, Juan Pablo II expresaba que “el pecado es, en el sentido más amplio de la palabra, la injusticia” (...) aquella que deviene del agravio hecho al otro, aquél cuyos derechos han sido violados con la acción que constituye precisamente el pecado”20. Y, sobre todo, “el pecado, por esa esencial naturaleza suya de «injusticia», es ofensa a Dios, ingratitud por sus beneficios, además de desprecio a su santísima persona”21.

En suma, el Padre Castellani advierte el intento de configurar la «CIUDAD FILICIDA», claro objetivo de la actual “cultura de la muerte”. Si la niñez resulta, como Martita Ofelia, “víctima ritual”, ello ocurre porque la injusticia se ha erigido en gobernante de la “ciudad filicida”, la ciudad que consagra como derecho asesinar a los niños, convertidos así perversamente en sus víctimas rituales. El demoníaco proyecto de la Ciudad Filicida exige el castigo divino. Castellani afirma que “HAY MADRES COLECTIVAS COMO LA PATRIA, LA IGLESIA, LA SOCIEDAD; CUANDO ESTAS MADRES MATAN A SUS HIJOS SUCEDEN GRANDES DESASTRES COLECTIVOS”22.

Castellani es drástico en su rechazo a la injusticia y en su llamado a la lucha por la justicia. Afirma: “El amor a los enemigos no excluye la lucha contra la injusticia que está en ellos, antes a veces la impone. Hay algunos que tienen la misión o el deber profesional de luchar por la justicia. (...) Son los jueces (los juristas), los gobernantes (los pastores), y los soldados (los guerreros). Desgraciadamente la época moderna ha transformado a los jueces en máquinas, a los gobernantes en economistas y a los soldados en militares; y padecemos una gran escasez de caballeros andantes”.23

De este modo, nuestro Ermitaño Urbano nos da las pautas que configuran el deber de esta hora, que magníficamente sintetiza Sebastián Sánchez: “se trata, en suma, de trocar la ciudad filicida, sometida a la lógica del maligno, por la ciudad de Dios, la ciudad del padre que cobija a sus hijos y les anuncia la promesa del reino en el que podrán vivir por toda la eternidad en la visión beatífica”24. Se trata de defender la ciudad, dispuestos a dar la vida por ella y por sus hijos, porque hermosamente afirmaba el Padre Leonardo, “DICHOSO AQUÉL QUE MUERE PARA QUE QUEDE INDEMNE LA VIDA DE UN NIÑITO, LA GLORIA DE UN PAÍS”25.

En síntesis, para el Padre Castellani la niñez es la “víctima ritual” de esta perversa “ciudad filicida” que busca constituir la sedicente “cultura de la muerte”. Denunció clarividentemente el escándalo de la niñez, con su palaba templada, dolorida pero indignada, esta demoníaca pretensión del escándalo de los niños, buscando hacernos reaccionar ante el proyecto que veía instrumentarse; buscó hacernos tomar conciencia de lo que se nos venía. Como se ha señalado agudamente, nuestro querido Padre Castellani “le escribió a sus compatriotas para que saliesen de la Argentina fantasmagórica, afligida por una peculiar locura social que afecta a los habitantes del patrio suelo de muy diversas maneras, ora por la ceguera, ora por la sordera y casi siempre por la confusión”26.


  1. CONCLUSIÓN: EL PADRE CASTELLANI, AUTÉNTICO DOCENTE CATÓLICO

El Padre Castellani trato al pecado como pecado y vivió las penurias con la alegría de quienes dan Testimonio. Ha despreciado por crítico pedante y silenciado por una siniestra campaña de negación, puesto que los enemigos de la Iglesia de Cristo, embarcados en una “guerra cultural” radical contra el catolicismo, ve en él un peligro real, un obstáculo invencible para sus propósitos. Y en estos tiempos nefastos en los que la cultura y la educación en nuestra patria están en sus perversas manos, reivindicar la obra y la vida de Leonardo Castellani se constituye en una imperativa forma de resistencia nacional.

En el año 2011, con motivo de la recepción de la Estatuilla “Nuestra Señora del Libro”, por parte Manuel Outeda Blanco, Presidente del Comité Ejecutivo de la Exposición, el entonces Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Primado de la Argentina, Jorge Mario Bergoglio expresó su agradecimiento:



«Al recibir esta Estatuilla quiero agradecer a don Manuel Outeda Blanco su perseverancia en la consecución de esta tarea evangelizadora de la cultura. Esto nos tiene que hacer pensar (…) EN ESTE MOMENTO EN QUE SE ESTÁ INTENTANDO DESMONTAR LA CULTURA DE NUESTRA PATRIA, EN QUE SE ESTÁ DESMONTANDO LA CULTURA CATÓLICA CON UN ESFUERZO CADA DÍA MÁS FUERTE, esta exposición tiene un significado muy particular, porque muestra cómo la cultura católica arraigó en nuestra patria, cómo la cultura católica es parte de nuestra patria, y no es una capa de pintura que se pueda cambiar o “limpiar”. La exposición del libro católico tiene, EN MOMENTOS DE CONTRACULTURA, una importancia sumamente especial. Comprometo la oración de todos nosotros por aquellos que se preocupan por organizarla y llevarla adelante. y para que todos los años sea una nueva sorpresa»27. Estas expresiones adquieren hoy, para nosotros, docentes universitarios católicos, una particular importancia y una innegable obligación. Si el libro católico es esencial para enfrentar este proceso de sustitución, este intento que “está desmontando la cultura católica con un esfuerzo cada día más fuerte”, “en momentos de contracultura”, como expresaba en esa ocasión el actual sucesor de Pedro, con más razón se potencia la necesidad de arquetipos para los docentes católicos. Y se potencia la presencia magisterial del Padre Castellani.

Pero esos enemigos esencialmente opuestos a la verdad católica, encuentran la complicidad de aquellos traidores que quieren socavar desde adentro la Iglesia de Cristo. Son los fariseos que tan claramente perfiló en su perfidia el Padre Leonardo; aquellos que con dolor, pero con absoluta verdad, el Padre Leonardo definió terminante: “… hay hoy día en la Iglesia (y no es posible ocultarlo) elementos, sucesos, cosas y personas que la ensucian enormemente, y que la hacen repugnante a los ojos de muchos… Esas cosas y personas están en la Iglesia pero no son la Iglesia”28.

El Padre Castellani “libró el buen combate”, por la Iglesia y por la Patria. Desde ya, no somos tan ilusos para pretender que los personeros de la “cultura de la muerte” y del “hedonismo desenfrenado”, de los izquierdistas fungidos camaleonisticamente en “capitalistas salvajes” que hoy nos gobiernan y pretenden ostentar la “hegemonía del pensamiento único políticamente correcto”, tengan la capacidad o generosidad de reconocer cosas semejantes. No, no pueden ni lo quieren, ya que comparten, y en grado superlativo, la “penuria filosófica invencible” de que hablaba Castellani. Pero más aun, su odio teológico los incapacita y domina, por eso proclaman que “van por todo”.

El Padre Castellani miró al mundo con una honesta y viril actitud de crítica y de denuncia de la filosofía moderna desgajada y opuesta a la metafísica y por ende a la verdad y la belleza, creando condiciones para una vida moderna signada por el abandono del bien y el avance del mal ante la inacción de la sociedad y el aburguesamiento de los católicos. Pero al mismo tiempo expresó y plasmó en sus obras su amor por la justicia y la necesidad de un testimonio activo para alcanzar la restauración del orden social en Cristo.

Teológicamente, Castellani ve en esta frenética sed de sangre inocente de la Ciudad filicida, la impronta del mentiroso y homicida desde el principio; ve la satánica concreción del odio del Maligno hacia el hombre, imagen y semejanza del Creador. En ese odio a los niños está centrado hoy el máximo esfuerzo del enemigo máximo de la humana criatura, pues la infancia espiritual ha sido puesta por el mismo Jesucristo como modelo y condición para alcanzar el Reino de Dios. Así, Juan Pablo II pregunta, en su Carta a los niños, “¿acaso no pone Jesús al niño como modelo incluso para los adultos?”, y continua: “en el niño hay algo que nunca puede faltar a quien quiere entrar en el Reino de los Cielos. Al cielo van los que son sencillos como los niños, los que como ellos están llenos de entrega confiada y son ricos de bondad y puros. Sólo éstos pueden encontrar en Dios un Padre y llegar a ser, a su vez, gracias a Jesús, hijos de Dios”29. De este modo, la infancia espiritual es la actitud interior que se corresponde con la enseñanza evangélica: “Si no os hacéis como niños...” (Mt 18, 3).

Debemos lavar nuestras culpas, que son las de la patria, debemos expiar a las “martitas ofelias”, a tantos “hijitos que no quieren dejar nacer”, cotidianamente afrentados en nuestro país, “víctimas rituales” del Moloch sangriento que hoy gobierna nuestra Patria. Porque debemos tener presente que, como magnífica y dolorosamente nos decía nuestro querido Padre Castellani, que antes recordamos y ahora repetimos, “EL BOFETÓN DEL DEMONIO A TODA INOCENCIA Y TODA PATERNIDAD CONTINÚA ENROJECIENDO DE SANGRE Y FUEGO CÁRDENO EL CREPÚSCULO DE LA PATRIA”30. .



Leonardo Castellani, nuestro Ermitaño Urbano, maestro de las letras y del pensamiento auténticamente argentino; visionario de la catástrofe de los últimos tiempos; ardiente animador de la segunda venida de Cristo; orgullo y ejemplo para nuestra Patria y para toda América, amante ardiente de la Patria Argentina; valiente defensor de la verdad, odiado por los liberales, los marxistas, los sionistas, los fariseos y los pusilánimes traidores progresistas. Tal era Castellani, y como tal, amado por los docentes fieles y obedientes a la verdad.

Leonardo Castellani: hombre de profunda fe, enraizado en las verdades insondables del Verbo Encarnado, hombre de “teología impecable” por su adhesión auténtica a la ortodoxia, hizo de la expresión de esa fe católica la causa y el fin de su vida y su obra. Católico, en fin, cabal, íntegro, completo. Caballero católico, hoy seguramente en el ejército triunfante de la gloria eterna. Gracias, Dios nuestro, por habernos dado este magnífico argentino, auténtico “arquetipo del docente católico”.

1 Juan Pablo II, en la Carta a las Familias.




2 Benedicto XVI, Homilía la Misa “Pro Eligendo Pontifice”, del 18 de abril de 2005.




3 Ib., Discurso en Cracovia, del 26 de mayo de 2006.




4 Ib., entrevista a la Agencia Zenit, del 1º de diciembre de 2002.




5 Jn 15, 18-19, 20.




6 Leonardo Castellani, Sentencias y aforismos políticos.




7 Soren Kierkegor, Diario.




8 Padre José María Iraburu, Reforma o apostasía, Capítulo 27, El lenguaje el Padre Castellani-Teilhard (en internet).




9 Castellani, Las Canciones de Milites, p. 37.




10 Juan Pablo II: Evangelium vitae, n°20.




11 Sebastián Sánchez, o. c., pp. 97-98.




12 Castellani, Las Canciones de Milites, p. 98.




13 Castellani, La reforma de la enseñanza, Buenos Aires, Vórtice, 1993, p. 47.




14 Antonio Caponnetto, Los niños de Acuario, Buenos Aires, Claretiana, 1995, p. 8.




15Leonardo Castellani, Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas, Buenos Aires, Dictio, 1977. El cuento dramático se titula Martita Ofelia, víctima ritual.




16 Sebastián Sánchez, Escándalo de la niñez. Los ataques a la infancia según cuatro pensadores católicos: Wast - Gnocchi - Chesterton – Castellani, Fundación Jesús de la Misericordia, Quito-Ecuador, FvT Librería Fiat Voluntas Tua Inc., Miami, U.S.A., Enero de 2006, p. 101. Magnífica trabajo, que evidencia una lectura profunda de los autores tratados y de la aplicación a la crítica situación actual de nuestra Patria.




17 Leonardo Castellani, o.c., p. 39.




18 Castellani, Psicología humana, Mendoza, Jauja, s/f, p.176.




19 Padre Horacio Bojorge, en su Introducción a la precitada obra El escándalo de la niñez, p. 7.




20.Juan Pablo II: Creo en Dios Padre. Catequesis sobre el Credo, I, Palabra, 1996, p. 334.




21 Id., p. 335.




22 Castellani, Psicología humana, p. 234.




23 Castellani, Los papeles de Benjamín Benavides, Buenos Aires, Dictio, 1978, p.351.




24 Sebastián Sánchez, o. c., pp. 110-111.




25 Leonardo Castellani, Crítica literaria, p. 318.




26 Sebastián Sánchez. o. c., p. 27.




27 El Buen Libro”, Revista de la Exposición, Año 2011, p. 3, in fine.




28 Carta dirigida a Gaynor, según nota aclaratoria del Padre Ferrari, en Victorio Tiraboschi, 24 Cartas del Padre Castellani, Córdoba, 30 de abril 1999.




29 Juan Pablo II, Carta del Papa a los niños, p. 14.




30 Leonardo Castellani, Martita Ofelia, p.30.




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