Orlando Fals Borda


Líneas básicas de la investigación acción participativa (IAP)



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2. Líneas básicas de la investigación acción participativa (IAP)

Algunos autores han intentado delimitar las principales características de la IAP11. Sin embargo, como veremos, existen diferentes orientaciones estratégicas en esta forma de intervención social, que dan lugar a puntos de vista bastante diversos. Por ello, resulta inevitable escoger aquellas líneas que, desde nuestro punto de vista, nos parecen más importantes, para lo que también hemos contado con algunas experiencias de campo en que hemos participado12. Evidentemente las cinco líneas básicas que vamos a destacar representan en conjunto un cuadro ideal de intervención que luego se aplica en la práctica hasta donde es posible.

1ª) Pasar de la relación sujeto/objeto (gestores/clientes) a la relación sujeto sujeto. Los protagonistas principales ?y necesarios? de todo el proceso son las personas afectadas por los problemas que se quieren abordar. En cuanto a los voluntarios externos, los profesionales y los políticos, asumen un papel subsidiario y, en última instancia, uno de sus principales objetivos consiste en volverse innecesarios13. En función de este criterio, los profesionales han de procurar adaptarse al ritmo y al lenguaje de los destinatarios, dejando de lado su jerga profesional y adoptando una actitud de escucha y diálogo permanente. Hay que explorar y potenciar los recursos ? materiales y humanos? propios de la colectividad y tanto el calendario como las formas de organización y evaluación de las actuaciones deben adoptar un carácter abierto, en función de cuáles sean las demandas y expectativas de la población afectada14.

2ª) Partir de las demandas o necesidades sentidas por los afectados, como condición necesaria para que sean ellos los principales protagonistas del proceso. Tales demandas pueden aparecer espontáneamente en un momento dado y servir de punto de enganche para un proceso de IAP, o pueden surgir tras una primera etapa de reflexión en la que las personas afectadas hacen un diagnóstico de su situación y definen, a partir de él, sus demandas e intereses. Todas las personas son "seres en situación"15 que sólo pueden comprenderse y actuar sobre la base de cuál sea su percepción "in situ" de las circunstancias en que viven. Probablemente esto supone para los profesionales y líderes de los programas una exigencia de autocontrol a fin de acomodar sus planteamientos y expectativas, por otra parte legítimos, al nivel de comprensión de las personas implicadas en el programa. Precisamente la desconexión entre los intereses de los "activistas" y de los "afectados" suele conducir a programas "clientelares" que refuerzan la dependencia de los "atendidos".

3ª) Unir la reflexión y la acción, o la teoría y la praxis, evitando tanto el verbalismo (teorizar sin llevar a la práctica) como el activismo (actuar sin reflexionar sobre lo que se está haciendo). Esta actitud debe estar presente en todas las fases de la IAP, pero de una forma más intensa en los momentos de programación y evaluación que, a la larga, tienden a constituir "un proceso en espiral de planificación, acción, observación y reflexión"16. La reflexión tiene un componente doble: por una parte, el autodiagnóstico colectivo a partir de la experiencia de los propios afectados (disposición a "analizar" y a "ser analizados"); por otra, el estudio sistematizado de aquellos asuntos en los que se quiere profundizar, lo que suele requerir técnicas de investigación más o menos prolijas y donde la aportación de los profesionales es más útil (a fin de asegurar que las técnicas se apliquen correctamente y se desplieguen todas sus virtualidades).

4ª) Comprender la realidad social como una totalidad, concreta y compleja a la vez. Esto supone no limitar el análisis o las posibilidades de acción en ningún sentido y abrirse a la interdisciplinariedad del conocimiento, aprovechando los aportes de los diversos enfoques (antropológico, sociológico, psicológico, histórico, etc.), que se entienden como complementarios. Algunos autores entienden esta forma de abordar la acción social como un esfuerzo por conjugar los niveles micro y macro de la sociedad que estarían mutuamente implicados17. Una articulación de lo micro y de lo macro supondría no sólo "actuar localmente y pensar globalmente" sino desarrollar formas de intervención en los dos planos ?evitando que se produzca la cooptación de lo micro por lo macro? y generar también una complementariedad horizontal entre los diversos microespacios a fin de reforzar la convergencia de los sectores de la sociedad afectados por problemas semejantes.

5ª) Plantear el proceso de IAP como una vía de movilización y emancipación de los grupos sociales en situación de dependencia. Esto implica una actitud comprometida políticamente por parte de los participantes (incluidos los profesionales, que tienen que superar la supuesta neutralidad del saber técnico). Aunque esta línea de la IAP admite muchos matices y ha sido olvidada en la práctica frecuentemente18, la mayoría de los autores especializados en el tema considera que se trata de una característica central en el contexto de una sociedad marcada por la desigualdad y la dependencia de las clases populares. Para Freire si el conocimiento no implica "transformar la realidad" no es verdadero conocimiento19. Fals Borda y Rodríguez Brandao definen el "poder popular" que se pone en marcha en la IAP como "la capacidad de los grupos de base, explotados por sistemas socioeconómicos, de actuar políticamente tanto como de articular y sistematizar conocimientos, de tal manera que puedan asumir un papel protagonista en el avance de la sociedad y en la defensa de sus propios intereses de clase y de grupo"20.

 

3. Introducción de la IAP en España. Diversas orientaciones



Junto al paradigma dominante de abordaje de las necesidades sociales (descrito en 2.1), es posible reconocer también en España diversos desarrollos de investigación con un enfoque participativo. Desde fines del siglo XIX se puede rastrear una tradición de investigación colectiva, promovida por las corrientes socialista y anarquista, que fue bastante aplicada en el campo de la educación21 y cuya influencia ha sido reconocida como uno de los factores impulsores de la investigación?acción en América Latina22. Sin embargo, estas corrientes fueron abortadas a medida que se imponía en la sociedad española un modelo de educación estatal centralizado, evolución que se consumó en las décadas de la dictadura franquista.

Más recientemente coincidiendo con los años de transición a la democracia surgieron algunas experiencias participativas protagonizadas por los movimientos sociales entonces pujantes y con capacidad de arrastre popular (vecinales, sindicales, políticos, etc.), si bien sobrados de espontaneismo y buena voluntad y faltos de los planteamientos e instrumentos técnicos adecuados. Estos movimientos dieron lugar a programas de acción social, desarrollo comunitario y análisis institucional en los que a veces participó la propia administración. A partir de entonces encontramos experiencias de IAP en las áreas de la educación de adultos, la animación sociocultural, la promoción de la salud y evaluación de programas sociales. Se trata de experiencias minoritarias, poco relacionadas entre sí y con orientaciones y encuadres institucionales muy variados, como se desprende del siguiente cuadro aproximativo: Desde 1980 España forma parte del Grupo Europeo de Investigación Participante, enrolado a su vez en el Consejo Internacional de Educación de Adultos, con sede en Toronto. En 1985 España organizó el quinto Seminario Internacional de Investigación Participativa (Barcelona), donde se expusieron diversas experiencias concretas aplicadas en España y otros países europeos23.

A comienzos de los años 80 se retoma, después de 40 años, la experiencia de las Universidades Populares que se extienden por más de un centenar de poblaciones, casi siempre con apoyo de la administración local. En algunos casos se desarrollan cursos que tienen por objeto el análisis participado de la propia realidad local.

En torno a la revista internacional de educación de adultos "Aulas de Cultura" (Salamanca) se han desarrollado diversas experiencias de educación rural con un planteamiento participativo (Santibáñez de Béjar, Renedo, etc.). Por su parte, las Escuelas Campesinas surgidas en Barco de Ávila en 1978 y posteriormente extendidas por varias provincias persiguen un "desarrollo integral" basado en la autogestión de los afectados.

En varios centros universitarios se han producido aportaciones teóricas y prácticas significativas, siendo especialmente importante su papel como difusores de información y formación entre el profesorado, los trabajadores sociales y el voluntariado24.También algunas editoriales se han especializado en esta dirección (Narcea, Ed. Popular, Ed. Hacer, Laertes) así como diversos centros privados de educación de adultos (CLAVES, CODEDAH y CASM en Madrid, SEPT, APIP y SERGI?GRAMC en Cataluña, etc.).

Otras aportaciones específicas se pueden reconocer recientemente en las áreas de la salud y de la evaluación social. En el primer ámbito citado existen propuestas de interés que ligan la educación para la salud con la participación comunitaria25 o con la evaluación cualitativa de programas de salud26; así mismo se propone la evaluación de servicios y programas sociales contando con los propios actores27.

Por último, en el contexto de los movimientos antiglobalización han surgido fecundas experiencias de participación social y política, a veces de carácter local, como los "presupuestos participativos" de Porto Alegre o de Cabezas de San Juan28, y en otros casos de mayor amplitud como las Consultas Zapatistas o la propuesta de una Consulta Social en Europa coincidiendo con las elecciones europeas de junio de 200429.

Todas estas iniciativas tienen en común el interés metodológico por favorecer la participación de los afectados en los procesos de investigación?acción. Sin embargo, parten de estrategias y planteamientos teóricos diversos y, en general, su nivel de instrumentación técnica está poco desarrollado. Las diferencias en el plano estratégico (el para qué y el para quiénes de la acción emprendida) dependen de la demanda: quiénes son los sujetos reales de los procesos puestos en marcha y qué fines o efectos sociales persiguen a través de ellos.

Estas diferencias a nivel estratégico se traducen ?o disfrazan? recurriendo a aquellas tradiciones teóricas, elaboradas fuera de España, que avalan el enfoque particular de cada promotor. Podemos distinguir dos tradiciones principales: la pragmática?operativa y la críticaimplicativa.

Entre ambos polos se pueden situar todas las escuelas que toman como punto de referencia la IAP.

En un polo se sitúa la tradición pragmática?operativa, iniciada con Dewey en el campo de la educación y por Lewin en el área de la psicosociología, a quienes se considera iniciadores de la investigación?acción en Estados Unidos. Históricamente estas corrientes surgieron en el contexto de la gran depresión (1929), al descubrirse que las "relaciones humanas" y la "participación democrática en la escuela y en la sociedad" eran métodos más adecuados ?que el taylorismo y el control rígido de la población? para garantizar la productividad de las empresas y la integración social de los individuos30. En este caso la participación no es más que un método para la resolución de problemas grupales o institucionales que se define como un "proceso continuo de planificación, acción, evaluación y vuelta a empezar", pero ceñido a prácticas sociales concretas, sin un análisis de sus relaciones con el conjunto del sistema social y, por tanto, sin alternativas globales. Con este enfoque la investigación?acción se aplicó exitosamente a la gestión de empresas comerciales e incluso fue utilizada para la preparación de operaciones militares durante la segunda guerra mundial.

Como señala Thirion, "el pragmatismo no crítico de Dewey y Lewin se dejó absorber por el modelo operativo: la preocupación por la eficacia ganó sobre el debate democrático"31. En el mismo sentido cabe interpretar la política de desarrollo de las comunidades indígenas propiciado por Gran Bretaña en sus colonias en los años 40 y 5032 o los proyectos de Acción? Investigación promovidos por la Unión Europea en el marco de los Programas de Lucha contra la Pobreza33.

En el polo contrario encontramos una tradición crítica?implicativa que propugna la investigación?acción a partir de un rechazo global del "status quo" existente en la sociedad (desigualdades, procesos de exclusión, elitismo político y económico, etc.) y como una vía, entre otras, de liberación social. Este enfoque se asocia a la ideología tradicional de la izquierda, si bien como práctica concreta de "investigación participante" ha surgido posteriormente, a partir de las insuficiencias y contradicciones del planteamiento pragmático34 y en contextos de crisis o quiebra social. En América Latina la etapa más pujante tuvo lugar entre mediados de los años 60 y 198035 y en Europa mayo del 68 desencadenó diversas escuelas de intervención social directa o indirectamente relacionadas con la IAP: análisis institucional de René Lourau y Georges Lapassade, Crítica Institucional y Creatividad Colectiva de Michel Seguier, sociopsicoanálisis de Gérard Mendel, sociolog permanente de Alain Touraine, etc.36.

A partir de fines de los años setenta se produce en España una lenta introducción de estas tendencias y, aunque su influencia es marginal y sus aplicaciones escasas, el concepto de "investigación participante" ?con la polisemia ya descrita? tiene cada vez mayor audiencia37 y existen algunas aportaciones teóricas de interés, entre las que destaca la de Jesús Ibáñez, catedrático de Tecnicas de Investigación Social en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense y principal representante de la llamada escuela cualitativa madrileña. En varias de sus obras38 apunta la posibilidad de establecer una ruptura metodológica en relación a las técnicas cuantitativas y cualitativas a través de la "perspectiva dialéctica", que ejemplifica en el socioanálisis y la IAP. El cuadro adjunto esquematiza las tres perspectivas de la investigación social (distributiva, estructural y dialéctica) y distingue en cada una de ellas el nivel epistemológico o estratégico (para qué y para quién se interviene), el metodológico (en qué plano se sitúa el alcance de la intervención) y el tecnológico (cómo se desarrolla con concreto).



 

 



Si aplicamos este cuadro al área de la política social, podemos extraer tres escenarios posibles de intervención, que se corresponden con las tres perspectivas de investigación social:

1) Perspectiva distributiva. La intervención se plantea desde una relación asimétrica y jerarquizada entre los asistentes (políticos, profesionales y voluntarios) y los asistidos (sectores marginados). La población carencial no tiene autonomía y debe acoplarse a los dictados y prescripciones de quienes están dotados de autoridad para decidir sobre las "necesidades" que deben plantearse y sobre las formas legítimas de satisfacerlas (técnica de encuesta, que incluye tanto las preguntas como las respuestas válidas).

Esta forma de intervención sería la característica del "capitalismo de producción", en expresión de J. Ibáñez, cuando la actuación sobre los marginados se parecía a la "doma" de caballos salvajes que había que domesticar o civilizar de manera autoritaria39.

2) Perspectiva estructural. En este caso la relación entre asistentes y asistidos adopta una simetría táctica pero dentro de una asimetría estratégica. Es decir, se buscan fórmulas de aproximación, diálogo y participación de los sectores marginados pero siempre que sea dentro de un orden y unos límites diseñados desde arriba (el grupo de discusión "abre para cerrar": permite expresarse libremente a los participantes en un marco artificial, que luego no tiene continuidad en la vida real, mientras el discurso recogido es analizado por el investigador y aprovechado por el cliente que ha financiado la intervención). Esta sería la forma de intervención típica del "capitalismo de consumo" donde la actuación sobre los marginados se parecería a una "danza" en la que los usuarios se mueven continuamente al son de los reclamos y discursos llegados del exterior. En lugar de la represión aparecen nuevas formas de regulación más sutiles que incluyen una revalorización de las alternativas comunitarias frente a las medidas de internamiento, la desprofesionalización mediante la ayuda mutua y el voluntariado social, la introducción de tratamientos psicosociales como alternativa al castigo, etc.40.

3) Perspectiva dialéctica. Plantea una relación simétrica entre los diversos agentes sociales liberando el decir y el hacer de los sectores habitualmente excluidos. La asamblea y sus múltiples manifestaciones, entre ellas la IAP, proporciona a los participantes en el proceso una vía de reflexión y acciòn que les puede permitir una toma en consideración autónoma de la génesis de sus necesidades, así como construir aquellas formas de vida e inserción social que consideren más acordes con sus intereses. Siguiendo con las metáforas, la perspectiva dialéctica permitiría la emergencia de un sujeto en proceso capaz de "salir del laberinto del discurso (establecido) al articular en un campo de conocimiento las dimensiones micro y macro de lo social"41.

Jesús Ibáñez mantuvo esta línea de análisis durante más de veinte años ?hasta el momento de su prematura muerte? si bien desarrolló poco las implicaciones y eventuales aplicaciones de la perspectiva dialéctica42. Villasante, tomando como base las tres perspectivas de nuestro Esquema , añade una cuarta ("práxica") que plantea una asimetría táctica (por ejemplo, siendo los técnicos los principales ejecutores del proceso, a partir de una demanda negociada con los destinatarios) con vistas a lograr una simetría estratégica43. En nuestra opinión, más que una cuarta perspectiva, lo que se propone es una mezcla de los niveles planteados por IBÁÑEZ.

 

4. El sujeto de la IAP como "sujeto en proceso"



En los próximos apartados vamos a detenernos en cuatro momentos o dimensiones centrales de la IAP, que frecuentemente plantean problemas de aplicación: la articulación del sujeto colectivo, la definición del objeto, los procedimientos o técnicas adecuadas de trabajo y la evaluación. A primera vista estos asuntos se pueden entender como etapas sucesivas de una intervención, pero ello es en parte engañoso: aunque el sujeto y el objeto de un proceso de IAP se constituyen principalmente en las primeras etapas, se mantienen después en continua evolución, dando lugar a nuevas articulaciones; del mismo modo, los procedimientos prácticos de la IAP son instrumentos de los que se echa mano en cualquier momento y la evaluación no se corresponde con las etapas avanzadas del programa sino que debe estar presente en todo el recorrido44.

El primer paso que se plantea en la IAP es delimitar quiénes son las personas e instituciones que van a tomar parte activa en los procesos de reflexión y en la toma de decisiones. El criterio es claro: el sujeto principal deben ser las personas afectadas por los problemas a abordar pero sin que éstas queden desgajadas o aisladas de las redes económicas, políticas y culturales que están en el origen de sus problemas (y sobre las que es preciso intervenir). Se quiere evitar el sesgo profesionalista, que limita la competencia a los "técnicos", pero también el sesgo basista, que hace de "la base" el único criterio de validación y tiende a demonizar las aportaciones técnicas y las necesarias mediaciones organizativas.

La propuesta de iniciar un proceso de IAP puede provenir de cualquiera de los agentes implicados, ya sea de la población carencial, de los profesionales y voluntarios de la política social o de cualquier otra entidad. La dificultad estriba en extender la demanda hasta llegar a constituir un sujeto colectivo lo más amplio y representativo posible, donde los afectados por los problemas tengan el mayor protagonismo. Más que de un sujeto perfectamente definido desde el principio, se trata de un sujeto en proceso que se transforma y refuerza a medida que avanza la IAP o, al menos, ése es uno de sus objetivos estratégicos.

En sus primeras fases de desarrollo este "sujeto en proceso" tiene como eje principal a un Grupo Promotor o coordinador (GP) quien, mediante asambleas periódicas de carácter abierto, se encarga de animar, diseñar y evaluar las tareas que se realizan. El GP está integrado principalmente por personas del colectivo afectado y también pueden formar parte de él profesionales y voluntarios deseosos de participar a ese nivel de máxima implicación. En torno al GP se debe aglutinar la mayoría posible de la población afectada, que puede presentar diversos grados de participación, incluyendo la indiferencia, la pasividad y hasta la oposición activa al proyecto; además, están las instituciones públicas y privadas del contexto social donde se inscribe la IAP, así como los técnicos y demás personas de quienes se puede requerir una colaboración específica. Si recordamos la forma piramidal y jerarquizada que suele adoptar la relación entre los agentes en los programas habituales de política social45, la composición del grupo promotor podría parecerse a una esfera escorada hacia la base de la pirámide, con la superficie porosa para asegurar la transparencia hacia el exterior, y donde todos los participantes gozan de un estatuto de igualdad (ver Gráfico 2).



 

 



La extensión de la demanda en las primeras fases de la IAP incluye dos pasos diferenciados:

1) determinar quiénes son las personas, colectivos e instituciones implicadas en el asunto a las que se quiere incorporar; y

2) efectuar los contactos oportunos para implicarlos en el proceso. Lo primero se puede hacer a partir de la experiencia de los participantes46 o abriendo una fase de sucesivos contactos ?unos te llevan a otros?47, pero a veces se exige un estudio previo más sistematizado de las redes sociales que atraviesan una determinada problemática social48. En principio, el criterio es ofrecer a todos los afectados la posibilidad de participar, sin excluir a nadie, si bien con frecuencia aparecen intereses enfrentados, relaciones deterioradas o problemas de acceso a algunos colectivos, etc. que inducen a los promotores a no contar con ellos.

En cuanto a la forma de hacer la invitación, caben muchas fórmulas. La más habitual, que se aplicó en los tres programas antes citados, es visitar personalmente a los representantes del colectivo que se quiere invitar a fin de explicarles la idea, solicitar sugerencias y ofrecerles la posibilidad de varias formas de cooperación (por ejemplo, formar parte del GP, constituirse en "grupo de apoyo", aportar trabajadores voluntarios o recursos económicos, asesorar en temas específicos, etc.). El contenido de la propuesta se puede apoyar, como ocurrió en los proyectos de Los Geranios y +60, mediante un documento escrito donde se recogen brevemente las ideas básicas del proyecto, incluyendo una invitación expresa a debatir su contenido en asambleas y mesas de trabajo con todas las personas interesadas.

Los dos pasos descritos para extender la demanda conviene hacerlos tomándose todo el tiempo necesario pues son decisivos para que el proceso de IAP sea realmente participativo e implique a los interesados. En este sentido, es muy importante que los colectivos invitados no se encuentren con un proyecto "acabado" sino con una idea básica que entre todos tienen que elaborar, o quizás replantear o incluso echar atrás, a partir de su propia experiencia. En lugar de líderes "visionarios" con una percepción muy clara de lo que quieren y con gran capacidad de arrastre, lo que se precisa en esta primera fase es un núcleo de personas dispuestas a escuchar y compatibilizar en un proyecto común las necesidades más sentidas por la población afectada (incluyéndose ellos mismos).

Entre los diversos agentes ?y a veces también al interior de cada uno de ellos? se producen interferencias que dan lugar a tensiones e inevitables conflictos cuyo ámbito de resolución en un proceso de IAP es la disposición al análisis y al autoanálisis por parte de todos, hasta llegar a pactos razonables (lo que no siempre se produce, evidentemente).

Destacamos a continuación algunas de las tensiones más frecuentes, a la vez que sugerimos formas de resolución que estimamos coherentes con el enfoque de la IAP:

? Entre el GP y el colectivo mayoritario de afectados se suelen producir procesos de elitización (por parte del GP) y de mutua estigmatización por parte de ambos (la mayoría acusa al GP de perseguir intereses personales y el GP acusa a la mayoría de adoptar actitudes cómodas y egoístas). Para evitar estos peligros, el GP debe procurar la mayor transparencia informativa hacia el colectivo afectado y potenciar todos los cauces posibles de participación e implicación. Así mismo, el GP debe analizar los acontecimientos que se producen en estas relaciones ya que pueden ser reveladores de diferentes planteamientos, expectativas y formas de comunicación que es preciso tener en cuenta como un componente central de la IAP.

? Entre el GP y los técnicos y colaboradores externos se produce a veces el solapamiento del GP cuando los técnicos y colaboradores externos toman continuamente la iniciativa y/o tienden a resaltar que ellos poseen un saber superior.

Esta actitud prepotente se suele imponer sin mayores dificultades en los grupos iniciales poco consolidados, impidiendo su afianzamiento como sujeto autónomo. El GP debe ser siempre consciente de su posición central en un proceso de IAP, estando dispuesto a aprovechar los recursos humanos procedentes del exterior pero sin dejarse invadir o manejar por ellos. A su vez, los profesionales y voluntarios llegados de fuera deben respetar y alentar el protagonismo de la población afectada, apoyando sus iniciativas, pero sin adelantarse a ellas, y aportando sus ideas y críticas, pero sin pretender imponerse.

? Entre el GP y las instituciones de gestión de lo social se plantean problemas semejantes a los que acabamos de describir. El criterio de la IAP es aprovechar los recursos materiales y humanos de las redes institucionales ?públicas y privadas? pero velando siempre para que ello no limite o anule ?mediante fórmulas de cooptación? la independencia y el protagonismo central del colectivo afectado.

? Al interior del GP son también frecuentes las diferencias derivadas de la diversa posición social de los participantes y de las motivaciones que les inducen a participar en la IAP. Por ejemplo, junto a los afectados puede haber técnicos y voluntarios venidos de fuera que forman parte del GP y reproducen los problemas planteados más arriba. Así mismo, entre los afectados caben diversas motivaciones y expectativas, así como planteamientos contrapuestos en torno a cómo estructurar y contrapesar las ? inevitables? relaciones de liderazgo dentro del grupo. La fórmula para abordar exitosamente todo esto es el autoanálisis permanente y abierto entre los participantes, dando una importancia central al diagnóstico colectivo y consensuado de las necesidades y de la forma de abordarlas. El GP no puede quedar excluido del campo de estudio sino que, desde el principio, debe asumir el compromiso de analizar los conflictos que se producen como un elemento más, y no secundario, del proceso de investigación puesto en marcha.

 

5. Los fines y objetivos de la IAP



El primer paso para que el "sujeto en proceso" delimite su identidad se produce al intentar definir colectivamente la problemática que se quiere abordar y decidir entre todos los primeros objetivos de acción que se van poner en marcha. Esto se puede producir de muy diversas maneras, la más sencilla es iniciar un proceso de debates abiertos y de contrastación con informantes cualificados a partir de una primera propuesta ?verbal o escrita? planteada por el grupo promotor de la idea. Este trabajo se puede desarrollar en dos etapas, una primera centrada en definir la necesidad sentida por la población así como los motivos por los que se quiere iniciar el proceso, y otra para determinar cómo se puede desarrollar en concreto la IAP o, al menos, cuáles son las primeras acciones que se van a emprender. Al término de este proceso, como se hizo en el Proyecto +60, conviene convocar una asamblea general, lo más 18 amplia y participada posible, a fin de expresar simbólicamente el carácter abierto, colectivo e independiente del proyecto que se quiere emprender.

Existen fórmulas más complejas que la anterior que pueden ser de especial interés para facilitar la participación en profundidad de algunos colectivos con mayor motivación o que ya están organizados y les es más fácil entrar en un proceso sistemático de reflexión. Exponemos a continuación algunos de ellos:

? Diagnóstico participativo de necesidades: con el apoyo de un animador experimentado, un colectivo amplio de personas (el número ideal es en torno a 50, trabajando en asamblea y en grupos de diez) reflexiona intensivamente sobre cómo satisfacen sus propias necesidades y sobre cómo las podrían satisfacer (el método proporciona un cuadro con casillas correspondientes a nueve necesidades humanas fundamentales). El propósito es llevar a los participantes a un análisis en profundidad sobre cómo organizan su vida con vistas a encontrar vías de solución para los problemas detectados más importantes (estas vías se pueden convertir en objetivos consensuados de la IAP, a desarrollar en etapas posteriores). Esta técnica, aplicada con éxito en diversos países y grupos sociales, se basa en un enfoque del concepto de necesidad que destaca tanto el aspecto de carencia como sus potencialidades transformadoras49.

? Tabla de invención: apoyado también en un animador experto, un grupo de personas trata de organizar sus opiniones y juicios en torno a un tema o temas en los que están interesados; para ello, se parte de una tabla de doble entrada donde se hace referencia a los principales agentes implicados en el tema en cuestión y a las condiciones del entorno. A partir de una reflexión sistemática de cada cruce de la tabla, lo que se persigue es consensuar el núcleo generador y los principales objetivos de un proceso de IAP. La "tabla de invención" era utilizada por algunos oradores griegos para organizar sus pensamientos cuando hablaban en público sin recurrir a anotaciones. Se trata también de una técnica bastante utilizada, sobre todo en el campo de la educación(50).

? Conocimiento del medio: reflexión grupal, también apoyada en animadores expertos, que persigue reconstruir las condiciones del entorno de un colectivo profundizando en tres niveles: económico, socio?político y cultural; se trata de rellenar un esquema con casillas vacías a partir de las experiencias y aportaciones de los miembros de la comunidad y con el fin de obtener un cuadro global organizado y compartido por todos. Esta técnica es muy flexible para adaptarse a diferentes tipos de agrupación y ha sido probada en muchas partes del mundo51.

En las tres fórmulas descritas se requiere la presencia de "animadores" que tengan experiencia en este tipo de procesos de reflexión colectiva. Aunque no son siempre necesarios, la práctica indica que en las primeras etapas de un proceso de IAP el impulso de la animación es bastante útil (no necesariamente de un animador individual, puede ser un rol compartido). La tarea de animación requiere entrenamiento para plantear en su momento las preguntas adecuadas (no hay que tener todas las respuestas y por ello no se necesita un experto en el sentido académico) y para desbloquear los atascos habituales de los grupos. El animador trata de crear un clima propicio para que los participantes participen activamente y aprendan a trabajar los conflictos que inevitablemente suelen surgir. Entre otras cosas, procuran introducir dinámicas de grupo que divierten al grupo, ensanchan el campo de su imaginación y favorecen una reflexión cada vez más ampliada de los asuntos que se quieren abordar, hasta obtener un conocimiento compartido de los contextos que condicionan la vida cotidiana y explican los problemas que se padecen. Es aconsejable que, cualquiera que sea el que desarrolle el papel de animador, se clarifique bien desde el principio. No se precisa ni un tutor omnipresente ni un árbitro desimplicado del programa.

 

6. Técnicas y procedimientos para impulsar la IAP



El procedimiento más propio de la IAP es la asamblea donde todos los implicados pueden aportar como iguales su respectiva experiencia. La asamblea implica autogestión frente a las diversas formas de poder, tutela o liderazgo que mantienen a la mayoría del grupo en posición de dependencia y pasividad. De hecho el modelo organizativo de cualquier proceso de IAP suele ser la asamblea, ya sea porque esa es la forma de funcionamiento habitual del colectivo en cuestión52 o porque se establece como meta ideal a conseguir en el futuro después de un itinerario de formación y emancipación. Esta situación es la más frecuente en los procesos de IAP que tienen lugar en el contexto español debido a que las relaciones sociales suelen estar mediadas por dispositivos de delegación institucional (dirigentes con atributos de poder sobre las mayorías), excelencia profesional (técnicos que se atribuyen el "saber hacer" en relación a los demás) o liderazgo informal, que tienen por efecto inhibir la responsabilidad de las personas particulares en la resolución colectiva de los problemas que les afectan. Por otra parte, hay que procurar formas de participación que sean efectivas para los fines que se persiguen y, en ese sentido, evitar los peligros de la asamblea, que se puede convertir en un mero rito, es manipulable, se presta a la improvisación, etc. (Si se repiten muchas sin efectividad, pueden tener un efecto desmovilizador). En todo caso, quienes inician un proceso de IAP suelen ser conscientes de que deben buscar la máxima participación del colectivo implicado y que, para eso, la asamblea es el sistema al que hay que tender, pero sin renunciar a otras fórmulas complementarias de gestión y participación53.

Un proceso de IAP aplicado a la política social no sólo pretende solucionar problemas particulares sino dejar un poso de capacitación y autoorganización en el colectivo que lo lleva a cabo. En este sentido, todas las acciones que se desarrollan contando con los implicados (con ellos y desde ellos, no sólo para ellos) tienen un efecto emancipador y de toma de conciencia a más largo plazo. Pero, además, como subraya el equipo CLAVES, es posible introducir herramientas de autoformación grupal: "tiempos y espacios para que los miembros de un colectivo compartan sus ideas, conocimientos y experiencias; piensen juntos; busquen y analicen informaciones sobre las cuestiones que les interesen; evalúen sus prácticas para aprender de los aciertos y errores, etc."54. El principio en que se basa esta forma de aprendizaje es que todos sabemos algo (tenemos ideas, conocimientos previos, experiencias) y a partir de eso podemos aprender cosas nuevas. para ello, se estimula la reflexión colectiva haciendo referencias a la realidad cotidiana de los participantes en el grupo y aprendiendo unos de otros55.

Para abordar sus objetivos de investigación, la IAP utiliza de prestado todas aquellas herramientas y procedimientos de recogida y análisis de información que estén a su alcance, si bien en su aplicación trata de imprimirles su peculiar filosofía de participación y transparencia. Así, un criterio básico de los procesos de investigación que se pongan en marcha es aprovechar los recursos existentes en la propia comunidad, delegando sólo en técnicos externos aquellas tareas que el colectivo afectado no sea capaz de hacer por sí mismo (y en tanto sea capaz de ello56). Otro criterio es difundir ampliamente los resultados de los trabajos de investigación, de manera que retroalimenten la capacidad de análisis de la mayoría, no sólo de los grupos ya concienciados57.

Con los criterios anteriores un proceso de IAP puede aprovechar fuentes de información secundaria o utilizar aquellas técnicas cualitativas y cuantitativas que mejor se adapten a sus intereses. En este aspecto es importante conocer y saber para qué sirven las diversas prácticas de investigación, no utilizándolas indiscriminadamente (por ejemplo, hay quien cree que las encuestas valen para todo58. A continuación, vamos a referirnos brevemente a algunos procedimientos concretos de investigación, distinguiendo aquellos que se pueden realizar y los que normalmente exigen la participación de profesionales preparados:

1. Búsqueda y recogida de documentación: lo más habitual es que en cualquier asunto que se quiera abordar en un proceso de IAP existan fuentes de información (estadística, documental, bibliográfica, etc.) que puedan ser útiles para contextualizar el tema o bien por que recogen experiencias anteriores de las que se aprender59.

2. Visitas a informantes cualificados: con el fin de que aporten sus conocimientos sobre los asuntos que se quieren abordar. Esto también es fácil de llevar a cabo por personas sin especial preparación60.

3. Estudio de redes: persigue explorar cuáles son las principales redes y nudos de relación social que atraviesan o influyen en el colectivo afectado. Este estudio debe incluir tanto las instituciones formales como los espacios de relación y el liderazgo informal. El momento más oportuno para ello es la fase inicial de la IAP a fin de implicar a todos los interesados pero también es muy útil para situar la información obtenida y devolverla adecuadamente61.

4. Observación participante: sirve para conocer y profundizar en torno a las costumbres, los sistemas de valores y los comportamientos de un grupo humano diferente del propio y sobre el que no se dispone de información fiable. La aplicación consiste en compartir las actividades y ocupaciones del colectivo que se quiere investigar, tomando nota de lo que se observa y sacando después grupalmente las conclusiones oportunas. Esta técnica ha sido muy utilizada por los antropólogos pero su aplicación flexible puede ser muy útil para personas sin especial preparación que hayan tomado como objetivo de la IAP conocer mejor desde dentro colectivos distintos del suyo62.

5. Historias de vida: son entrevistas orientadas a conocer la historia o biografía de aquellas personas que sean representativas o típicas de los sectores que interesa investigar. La clave de una buena aplicación es que el entrevistado ofrezca sus puntos de vista sin dirigirle excesivamente con pregunta. Cuando la entrevista se limita a un aspecto particular de la biografía, se llama "entrevista focalizada". En ambos casos conviene grabar la entrevista en magnetofón y luego transcribirla para analizarla mejor63.

6. Análisis de contenido: se orienta a analizar los materiales escritos o audiovisuales producidos por un colectivo que se quiere estudiar. Son materiales frecuentes las cartas, las autobiografías, los medios de comunicación, las canciones y los cuentos, etc. Las formas de análisis varían mucho, siendo su objetivo sacar conclusiones mediante la identificación sistemática de las características específicas de los textos o documentos64.

7. Grupos de discusión: sirven para explorar y estructurar las opiniones, actitudes y orientaciones ideológicas de un sector de población. Se trata de una técnica elaborada en España que ha tenido una notable difusión y efectividad. Para aplicarla, se reúne a un grupo de 6 a 10 personas representativas de un colectivo y se les invita a expresarse libremente, como en una tertulia, sobre el tema general que nos interesa investigar. La reunión se graba, se transcribe y se analiza después sistemáticamente (análisis del texto: lo que dicen; y del contexto: por qué lo dicen). Se trata de una técnica que requiere especial preparación, sobre todo en la fase del análisis65.

8. Grupos focalizados: técnica utilizada en los países anglosajones, semejante en su forma de aplicación a los grupos de discusión pero con un análisis posterior más simple ya que tiene otra concepción del lenguaje (se queda en lo manifiesto) y de la psicología (no se tienen en cuenta contenidos reprimidos). Tras realizar la reunión, se escucha la grabación, si es preciso varias veces, a fin de extraer conclusiones sobre cómo se sitúa el grupo ante los temas que interesan en la investigación66.

9. Grupos nominales: este procedimiento persigue llegar a establecer, de forma participativa, acuerdos o consensos entre personas que saben de algún asunto. Tras reunir a estas personas se les invita a debatir abiertamente la cuestión y después cada una establece por escrito los aspectos o prioridades que considera más relevantes; en una segunda fase, se parte de la lista de cuestiones escogidas y se abre un nuevo debate tras el que se vota el orden de prioridades definitivo. Cuando esta técnica sólo se aplica a nivel individual, por ejemplo mediante cartas sucesivas, hasta establecer un consenso de prioridades, se llama "técnica Delphi"67.

10. Grupos triangulares: sirven para conocer los puntos de vista y las expectativas de aquellas personas que representan nuevas tendencias o formas de liderazgo en un colectivo. Se aplica a aquellos personajes que se muestran mas significativos o novedosos (tres o cuatro) del sector social que se quiere estudiar. El análisis es similar al de los grupos de discusión68.



11. Encuesta estadística: en sus diversas modalidades es sin duda la técnica más utilizada en la investigación social y también, probablemente, en los procesos de IAP, por lo que le vamos a prestar mayor atención. En principio, la encuesta convencional69 es un procedimiento contrario a un planteamiento participativo: el entrevistado sólo puede responder sobre aquello que se le pregunta y debe acomodar sus respuestas y alternativas preestablecidas, siendo inútil que trate de explicar su punto de vista (si lo hace, no se le tendrá en cuenta); por supuesto, el entrevistador no informa al entrevistado sobre quién es el cliente de la encuesta o cuáles son los fines que éste persigue. Sin embargo, en los movimientos sociales de base la encuesta suele utilizarse como instrumento no sólo de recogida de información sino de participación y movilización de los colectivos a los que se dirige. Para ello se intenta desbordar el marco de las encuestas convencionales en diversos sentidos: no sólo se hacen preguntas (con frecuencia de respuesta libre, para que el entrevistado se puede explayar) sino que se informa a éste y, eventualmente, se le invita a participar en otros actos (actividades de la asociación, asambleas para informar de los resultados de la encuesta, etc.); el entrevistador sabe muy bien el fin que se persigue y se lo explica al entrevistado, lo que permite entablar un diálogo abierto con él. Para la IPA la técnica de encuesta, utilizada en un proceso de IAP, puede ser útil para algunos objetivos, pero inútil y hasta perjudicial para otros, por lo que conviene hacer las siguientes precisiones:



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