"organizaciones no gubernamentales u ongs"


Capítulo VI: reflexiones en torno a la historia de las redes de OCPDS



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Capítulo VI: reflexiones en torno a la historia de las redes de OCPDS


Autor: Dr. Rafael Reygadas Robles Gil.

1. A partir de 1968, los movimientos estudiantiles y juveniles cuestionaron las formas y los modelos de institucionalización de una sociedad que dejaba sin oportunidades a las nuevas generaciones. La acción estudiantil planteó un proyecto y prácticas sociales que interpelaron radicalmente al autoritarismo y a la falta de libertades democráticas. La respuesta gubernamental fue la masacre de Tlatelolco. Sin embargo, a pesar de su derrota, el movimiento estudiantil popular siguió despertando la imaginación creadora del conjunto de la sociedad pues fueron surgiendo, como por oleadas, por resonancia, movimientos y organizaciones sociales que irrumpieron como sujetos que empezaron a modificar prácticas sociales y políticas añejas: movimientos urbano populares, feministas, campesinos, indígenas, religiosos, homosexuales y lésbicos, sindicales, cooperativistas, de educación popular, cuyas prácticas sociales creativas e innovadoras promovieron, a lo largo de casi tres décadas, cambios en las relaciones entre gobernantes y gobernados. De estos nuevos actores surgió la demanda hacia las organizaciones de promoción social.



2. Estos movimientos pasaron de una fase necesariamente contestataria, radicalmente crítica, de deslinde permanente con el gobierno, a una fase de mayor claridad en su proyecto y a la definición y operación de una estrategia propia; pasaron a acciones positivas y a propuestas de política social frente a gobiernos con los que negociaron; así, fueron desarrollando una incidencia en la modificación de políticas públicas. En estos terrenos, el concurso de las organizaciones civiles para la elaboración de nuevos contenidos de la agenda social fue importante, puesto que creó inquietud en los organismos gubernamentales que estaban acostumbrados a que la política pública era espacio de su propiedad, manejable y dosificable en relación a coyunturas electorales, y en donde la responsabilidad de la política económica correspondía sólo al ejecutivo federal. El surgimiento de un campo de la vida cotidiana donde se ponía en juego lo público y donde la sociedad civil reclamaba y ejercía su derecho a participar en el diseño, ejecución, gestión, evaluación y seguimiento de las políticas sociales, fue un contrapeso inicial a las decisiones del poder ejecutivo. Se fue perfilando así una nueva presencia ciudadana.

3. A lo largo de los años, la educación y la promoción del desarrollo social adquirieron apellidos y connotaciones específicas que exigían a las ocpds abordar las demandas de sujetos, campos y lenguajes nuevos para poder concretar su intervención en una sociedad vertiginosamente cambiante.

Así pues, demandas sociales específicas fueron impregnando los contenidos y los métodos de trabajo de la promoción. A manera de ejemplo acerca de cómo se fue conformando la demanda social hacia las ocpds, podemos escudriñar el caso de los movimientos urbano populares. Los pobladores y colonos pobres de las ciudades se asentaron en terrenos irregulares, sumamente deteriorados o difíciles de volver habitables, tales como barrancas, zonas salitrosas, rocosas, erosionadas, carentes de servicios, ubicados en las periferias de las grandes ciudades. Estos movimientos demandaron en primer lugar la seguridad y la regularización de la tenencia de la tierra, la defensa frente a desalojos o frente a la doble o triple venta de cada terreno, y proyectos de vivienda; en segundo lugar, pasaron a la gestión colectiva de los servicios: agua, luz, alcantarillado, drenaje, banquetas, transporte, escuelas, parques de materiales. Para ello los colonos utilizaron muy diversas formas de organización y lucha; pronto incluyeron también demandas democráticas y de representación en relación a diferentes puestos de elección pública de carácter territorial como consejos de manzana, consejos vecinales, organizaciones de padres de familia, presidencias municipales, diputaciones estatales o federales. Otras demandas, que fueron surgiendo al calor de los procesos de maduración del movimiento urbano popular, estuvieron relacionadas con el diseño y ejecución de estrategias de formación de bases, cuadros y dirigentes, en miras a la consolidación y especialización de las organizaciones y a su fortalecimiento institucional.

La decisión sobre las formas de relación con el gobierno y la participación o no en los procesos electorales fueron espacios siempre controvertidos por las diferentes líneas políticas presentes en los movimientos urbano populares, e incluso los dividieron, formándose a partir de esta problemática diferentes alianzas y corrientes.

Todo este complejo mundo de la lucha urbano popular, configurador de identidades específicas, lleno de alianzas y contradicciones internas, exigió a los promotores de las ocpds y a sus redes, irse dotando de calificaciones particulares en los procesos mismos de acompañamiento y vinculación con los movimientos, para hacer posible una verdadera promoción de los sujetos urbano populares. Ya no se trataba más de una promoción genérica sino una compleja especialización en la temática, contenidos y problemática de los movimientos urbano populares: regularización de la tenencia de la tierra, gestión de vivienda y de servicios especializados, formación referida a capacidades concretas, estrategias de alianzas con otras organizaciones, conformación de plataformas urbano populares específicas y sobre todo instrumentos y herramientas operativas para concretar sus demandas. La maduración de este movimiento en la década de los ochenta exigió a las ocpds y a las nacientes redes urbanas de ocpds una mayor especialización progresiva, pues en la medida que se fue constituyendo el movimiento urbano popular como tal, fue exigiendo a los promotores ir constituyendose, paralelamente, en referencia a sus demandas, agendas y coyunturas específicas.

4. Nuevas prácticas y movimientos sociales a fines de los setentas y durante los ochentas, ofrecieron a las ocpds y sus redes, campos de promoción y sectores donde intervenir caracterizados por el respeto a las diferencias, por el ejercicio de la ayuda mutua, la solidaridad y la reciprocidad social, y por la crítica al corporativismo y a la homogenización: género, derechos humanos, sustentabilidad, pueblos indios, jóvenes, respeto a las preferencias sexuales, todos ellos, campos a los que difícilmente se podía responder de manera burocrática o formal, pues se dirigían a la raíz de profundas problemáticas civilizatorias y culturales para las que no había una respuesta inmediata, pues estaban orientados a perspectivas culturales de mediano y largo plazo, reclamando un desarrollo sustentable e incluyente y cuestionando las exclusiones, las lecturas homogeneizantes y heterónomas, las sacralizaciones derivadas de los nuevos-viejos mitos.

5. Frente a la destrucción del hábitat y del medio ambiente, surgieron los movimientos ecologistas, cuestionando los dogmas del progreso y del mercado, que se consagraban sacrificando el aire, el agua, la tierra y el subsuelo, y la diversidad de formas de vida sobre el planeta; frente al poder patriarcal y la exclusión de las mujeres de la vida pública y del campo de las decisiones políticas, surgieron los movimientos feministas, rehaciendo la calidad de sujetas de las mujeres, no subordinadas al hombre, dando así origen a un enérgico movimiento de acciones positivas de promoción y trastocamiento profundo de las relaciones patriarcales y masculinocéntricas; frente a las asimetrías entre los diversos países, surgieron los movimientos por un comercio justo que tome en cuenta las diferencias; y así ante nuevos retos surgieron tamibén movimientos sociales de nuevo tipo.

Estos apellidos, a modo de verdaderas especializaciones, lenguajes y prácticas particulares, fueron demandados a la promoción desde los movimientos campesinos, desde proyectos productivos, desde el trabajo con niños, desde las luchas por la salud comunitaria o desde la situación generada por el sida. Los contenidos específicos de las diferentes demandas de los movimientos sociales fueron exigiendo a las ocpds y sus redes, a lo largo de los ochentas y los noventas, niveles de especialización y particularización en los más diversos campos, a la vez que una congruencia ética entre las nuevas prácticas sociales y los principios.

6. La respuesta a los sismos de 1985, acaecidos en el centro político y administrativo, en el lugar sagrado de México, abrió la imaginación colectiva del país, pues la gestión de la ciudad y de las calles estuvo, literalmente, en las manos de miles de ciudadanos comunes y corrientes, que en respuesta a la emergencia brincaron los rígidos cánones establecidos. A partir de entonces una especie de eco fue resonando por todo el país, sería posible evocar un nuevo tipo de ciudadanía, pues la imaginación había sustentado nuevas prácticas sociales, e interpelado y convocado a las ocpds a transgredir barreras, a inventar nuevos destinos y a recorrer nuevas rutas.

En continuidad con 1985 y de manera semejante, en 1988 irrumpieron millones de ciudadanos por todo el país, planteando, exigiendo y proponiendo con su voto, caminos políticos inéditos y convocando entre otros, a las ocpds a dar saltos cualitativos en su proyecto y en sus prácticas sociales cotidianas.

A raíz de los 500 Años de Resistencia India, Negra y Popular, los pueblos indios surgieron como sujetos que exigían ser incluídos en el proyecto nacional. Este ascenso se vio reforzado con la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, que hizo escuchar la voz de los pueblos indios por todos los rincones de la patria, auspiciando así su mayor visibilidad en todo el país. En este caso, la llamada por su nombre a las ocpds fue pública y a nivel nacional, pues fueron invitadas a cumplir un papel relevante y fueron reconocidas como sujetos de diálogo y de paz. Las ocpds conformaron dos redes específicas, una en Chiapas y otra de articulación nacional para buscar alternativas de fondo a las causas que originaron la guerra. Su aporte creativo estuvo fuertemente presente a todo lo largo de este período, sobre todo contribuyendo a la inclusión de la sociedad civil en el diálogo, en la mediación y en la búsqueda de alternativas a la guerra.

A pesar de las profundas diferencias en las formas de buscar la satisfacción de sus demandas, los movimientos sociales y civiles, compartieron el análisis de las causas y el reclamo de justicia, dignidad y democracia del EZLN; las diferencias de táctica entre ambos se manifestaron públicamente en varias ocasiones, pero la sociedad civil compartió los horizontes utópicos y la visión de la que hablaron los zapatistas, y por eso desplegaron una gran creatividad e innovación en sus prácticas de solidaridad y en la búsqueda de la paz, como acciones orientadas a la transformación de las condiciones que engendraron la guerra.



Todos estos movimientos sociales, a lo largo de los últimos quince años se fueron haciendo conscientes, visibles, públicos, e interpelaron cada vez más a la promoción, a los promotores sociales y a sus redes, a contrapesar y facilitar caminos de autonomía que permitieran a esos mismos movimientos y organizaciones conformarse como nuevos sujetos sociales, y pasar, de la resistencia a las prácticas autoritarias y elitistas, a la lucha por alternativas incluyentes en todas las esferas de la vida económica, política y cultural del país.

Pero, sobre todo, cuando la crisis se hizo más evidente, en 1985, en 1988 y en 1994, las organizaciones sociales con las que trabajaban y a las que estaban vinculadas las ocpds, les exigieron un mayor compromiso y a veces, incluso, que las acompañaron en su transformación en actores responsables de desplegar su propia identidad, como sujetos que llevaran a la práctica aquello que por años habían planteado y alentado en las organizaciones sociales.

Ciertamente en estos años de lucha antiautoritaria, las ocpds, conformadas por grupos de profesionistas de los más variados campos, fueron convocadas de manera natural y espontánea a participar en esos procesos que pasaron masivamente de la contestación y la crítica gubernamental y al modelo de desarrollo, a la propuesta específica fundamentada, a la generación, diseño y operación de políticas sociales viables de carácter público, e incluso a acompañar procesos en donde las organizaciones sociales a través de sus cuadros se volvieron gobierno: regidores, presidentes municipales, diputados estatales y federales, funcionarios públicos. Estos pasos se dieron con fuertes debates, acuerdos, nuevas alianzas, conflictos internos y escisiones, que fueron la oportunidad de perfilar y afinar una estrategia civil diferente de las estrategias partidarias y gubernamentales, y a veces también, diferente de las estrategias de las organizaciones sociales.

7. Relatar la historia de las redes de ocpds que participaron como parte de la sociedad civil en la construcción de condiciones para la democracia, la paz, el municipio libre, el comercio internacional justo, el desarrollo sustentable y el reconocimiento público al quehacer civil, permitió descubrir el horizonte de expectativas de un conjunto de sujetos colectivos, que vinculados a movimientos y organizaciones populares, imaginaron relaciones y prioridades sociales, económicas y políticas diferentes a las imperantes. La imaginación de los cambios sociales postulados por el trabajo activo de las redes manifiesta claramente un interés por la ciudadanía, por sus demandas, por su vida cotidiana, y por sus formas de relación con los grandes problemas nacionales.



Fraguadas al lado de los movimientos sociales de tres décadas, las redes de ocpds nacieron a finales de la década pasada y al inicio de la presente a partir de experiencias previas que se fueron comunicando y generalizando, casi siempre como respuesta a acciones gubernamentales autoritarias o a violaciones de los derechos colectivos: una ley de hacienda excluyente y controladora, un decreto de supeditación de las ocpds al control gubernamental, una iniciativa de comercio lesiva a los derechos fundamentales de los mexicanos, una política de vivienda al servicio de las inmobiliarias, una nueva exclusión de los pueblos indios de la vida nacional, una estrategia de fraude para asegurar la continuidad en el poder de un grupo político, etcétera. Algunos de los detonadores que generaron las redes fueron problemas nacionales, portadores de relaciones sociales viciadas. Estas condiciones obligaron a las ocpds a romper localismos y sectarismos y a actuar articuladamente, así como a verse a sí mismas como actrices colectivas trabajando en propuestas incluyentes.

8. En todos los casos hubo sueños de que las cosas eran históricas, producidas a través de complejos procesos sociales, y por lo tanto suceptibles de cambios, de otras respuestas ciudadanas. Esa imaginación de otras formas sociales posibles estuvo siempre presente en forma de expectativas, de proyectos vistos hacia adelante como tejidos sociales distintos, tanto por el lugar al que querían llegar como por las formas de llegar a ellos, de carácter incluyente, articulador, horizontal.



Los aportes de las redes a la democracia y a la búsqueda de la paz se sumaron a los esfuerzos de muchos otros actores de la sociedad civil y política, de la que fueron una parte organizada y propositiva. Este sujeto colectivo sin duda fue molesto para los gobiernos y en ocasiones también para los partidos políticos, pero en su lucha por la dignidad, la justicia y por los derechos colectivos, generó una corriente que instituyó un conjunto de prácticas sociales de nuevo tipo, directas, francas, dirigidas a toda la gente.

9. Las ocpds son una parte pequeña, una parte organizada de la sociedad civil mexicana, eso sí, portadora de una perspectiva utópica que le permitió, de manera gozosa, buscar e inventar propuestas y estrategias acordes a problemáticas y demandas sociales intensamente vividas, estrechamente relacionadas con los demandantes. Ante la generalización de la pobreza y el autoritarismo, las ocpds se fueron transformando a sí mismas en protagonistas; contribuyeron así a impulsar al conjunto de la sociedad civil hacia un rumbo democrático y de mayor justicia. En este período muchas ocpds también desaparecieron por falta de recursos, por proyectos agotados o por contradicciones internas.

Después de relatar la historia de algunas redes de ocpds, la conformación de su proyecto, las pistas a través de las cuales lo fueron concretando en el período analizado, sus vicisitudes internas, nos parece que las redes se produjeron a sí mismas y definieron su identidad en los procesos mismos de concreción de su misión, a través de sus prácticas sociales. En primer lugar estas redes estuvieron orientadas a la acción, al hacer social, pero también al hacer social instituyente o forjador de instituciones que concretaron derechos económicos, políticos y sociales por los que se luchó, a partir de los cuales fue posible proponer políticas públicas, contando con experiencias exitosas y dispositivos probados de intervención social. En segundo lugar las redes estuvieron orientadas también a generar conocimientos, al pensar/decir social referido a la acción y a la elaboración de concepciones sociales, pero sólo después de haber actuado, pasaron a la elaboración teórica de la paz, la democracia, la política social.

10. Las ocpds y sus redes configuraron una visión de la realidad y una intencionalidad frente a ella en base a utopías, imaginación colectiva e información. A partir de ahí precisaron su misión, sus profecías, sus estrategias de intervención, sus mapas de rutas, sus tácticas e instrumentos de navegación.

Las redes formaron parte de la articulación de fuerzas para esta ruta: sumaron personas individuales, movimientos y organizaciones sociales y civiles, para emprender diversos caminos; a veces tuvieron carácter estratégico y compartieron incluso la visión y la utopía, a veces sólamente se forjaron como alianzas pasajeras, coyunturales, para caminar juntas algún tramo de la ruta, pero casi siempre fueron redes para la acción social, consensada, incluyente y participativa; adoptaron formas reticulares que favorecieran el hacer conjunto, combinando la forma de red "de pescar" y de red de "telaraña," a fin de que su hacer colectivo lograra mayor incidencia, optimización de recursos y cambios reales.

A veces el hacer de las ocpds y sus redes desembocó en el fracaso de sus profecías; frente a éste, las personas, equipos y organizaciones, evocaron nuevamente su imaginación creadora, volvieron a elaborar sus referentes utópicos y volvieron a analizar la nueva información de que disponían, a fin de dar nuevo sentido y congruencia a su visión, a sus estrategias, definir sus campos de intervención e instrumentos, y resignificar así las antiguas profecías, trazando prácticas sociales, que permiteran caminar en los tiempos nuevos por otras rutas. A menudo esto permitió transitar del activismo a prácticas sociales de mayor incidencia pública y trascendencia social, de modo tal que el actuar correspondiera a los cambios que se derivaban del terreno mismo de la cotidianidad, y se conformara como praxis: acción-reflexión-acción, pero no en línea recta, sino en espiral ascendente, puesto que a partir de la acción y de los problemas enfrentados, se modificaba la realidad y se constituía en un nuevo punto de partida, que permitía pensar también de diferente forma, pues la acción colocaba a sus realizadores en un nuevo lugar frente a la problemática social y frente al conocimiento de la misma. Así la acción transformó la realidad y la realidad transformada permitió pensar, sentir y actuar de otra manera.

En la mayoría de los casos, las prácticas sociales de las redes partieron de una concepción freiriana de la educación popular en donde el otro, los otros, eran considerados como sujeto individual o colectivo, es decir, como fuente original de su actuación, de su hacer en el mundo, de la escritura de su propia ley. La acción concertada entre varios afectados y la acción de grupos de profesionistas especializados, estuvieron orientadas a apoyar organizaciones, a generar alternativas incluyentes, en las que la decisión se compartía por los que participaban en los procesos. De esta manera, el hacer concreto iba modificando la sociedad y a la vez, la ubicación de las redes en ella. Haber realizado observaciones electorales ciudadanas de 1991 a 1993 preparó a los individuos y a las organizaciones, conformó el proyecto cívico, dotó de programa y de experiencia a las organizaciones, permitió ensayar dispositivos eficaces de vigilancia de los procesos comiciales. Sólo el haber realizado las primeras observaciones de la jornada electoral generó la posibilidad de ampliar la vigilancia a todo el proceso, y el estar atento a éste sentó las bases para dar un mayor impacto a la información obtenida y para realizar una tarea a mayor escala, como fue la Alianza Cívica.

Si analizamos el nombre mismo de las redes de ocpds mexicanas del período, encontramos que además de compartir información, enfoque u orientación preferencial tuvieron en la acción social pública su común denominador; veamos: Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio, Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, Foro de Apoyo Mutuo, Frente por el Derecho a la Alimentación, Red de Mujeres: "Ganando Espacios", Colectivo de Apoyo a la Juventud, Coordinadora de Organismos No Gubernamental de Chiapas por la Paz, y otras muchas.

Estos casos de orientación hacia la acción tienen que ver con la identidad misma de las ocpds y refieren a determinaciones fundantes: al vínculo con los movimientos sociales, a la opción por la educación popular, a latoma de conciencia para la acción de transformación social,a la matriz antiautoritaria y de autonomía de origen cristiano, anarquista o marxista. Todo ello frente a las formas corporativas del autoritarismo histórico mexicano, frente a los cuales las organizaciones sociales se transformaron en sujetos cuando tenían al mundo y a la sociedad no como objeto dado, sino como objeto histórico, y por lo tanto conocible, analizable, y modificable a través de estrategias, propuestas, políticas, acciones y alternativas viables, cuando se concebían los instrumentos concretos de intervención para hacer posible un ejercicio real del poder por parte de la gente en relación a su cotidianidad.

11. Las redes analizadas fueron formas organizativas de nuevo cuño que impulsaron y fomentaron los tejidos sociales, que partieron de trabajos de base y buscaron una mayor incidencia civil a través de acciones conjuntas, enmedio de una tensión permanente entre caminar con las organizaciones sociales y lograr mayores impactos en la vida pública. Cuando alguno de los polos de estas tensiones prevaleció se llegó a proyectos sin bases que se desmoronaron o a democratismos poco trascendentes.

El hacer social de las redes de ocpds surgió en forma de articulación de haceres de organizaciones sociales y de ocpds, que inventaron formas nuevas, rápidas, plurales, menos ideológicas, más incluyentes para actuar. Los golpes de fuera, los problemas internos, la colocación de las ocpds en situaciones extremas de manera repentina -como la Miscelánea Fiscal o la guerra en Chiapas-llevaron a la creación urgente de formas inéditas de respuesta social. Las redes nacieron como dispositivos de convergencias orientados a prácticas sociales ante problemas nuevos de carácter público.

Fue tan importante el peso del hacer en la vida cotidiana de las redes de ocpds y en su concepción pedagógica y educativa, que incluso su metodología quedó preñada del peso que la acción social individual y colectiva tenía en toda su visión y estrategia general.

La mayor parte de los talleres o encuentros de las redes, ya fueran de carácter deliberativo para la acción, de reflexión y análisis o formativo, en un primer momento partieron casi siempre de socializar la práctica, la experiencia vivida de los participantes o de las organizaciones que conformaban las redes, en campos especializados o en prácticas temáticas o sectoriales situadas en un contexto determinado: salud, paz, derechos humanos, elecciones, municipalismo, etcétera.

En un segundo momento, se realizaba el análisis de la situación, se ampliaba la información necesaria, se aportaban reflexiones sistematizadas, previamente preparadas o trabajadas por algunos especialistas y se confrontaban con la situación planteada en el primer momento, permitiendo la articulación emocional, conceptual y teórica de las más diversas experiencias con los nuevos conceptos ofrecidos.

Todo esto permitía pasar a un tercer gran momento de regreso a la práctica, bajo la forma de estrategias generales, líneas de acción, formas organizativas, encargo de responsabilidades particulares, determinación de plazos y a veces, incluso, elaboración de planes de trabajo para un período determinado.



Porque el hacer de las redes está en la metodología de trabajo como punto de partida, como referente de confrontación de la teoría y como lugar de llegada de los procesos formativos o deliberativos, se puede señalar que la historia de las redes de ocpds fue una praxis que de la acción pasó al análisis, a la reflexión y regresó a la planeación y organización de nuevos haceres.

12. Las redes fueron una forma de ruptura, de innovación, de articulación de los esfuerzos de las ocpds en un doble sentido: en cuanto dieron origen a colectivos que impactaron en política social y pública del país y en cuanto contribuyeron al desgaste del corporativismo.

En lo que se refiere a conformar sujetos colectivos encontramos, entre otros, a los siguientes: Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, Alianza Cívica, la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio, la Red Ganando Espacios, el Frente Cívico Potosino, la Red de Poder Local de CEAAL, el Foro de Organizaciones Civiles de Oaxaca, el Espacio Civil por la Paz, el Foro de Apoyo Mutuo, el Movimiento Ciudadano por la Democracia, el Colectivo Mexicano de Apoyo a la Niñez, el Frente Cívico Sinaloense, el Frente Cívico Familiar de Yucatán, la Red Interinstitucional de Iniciativas Civiles para la Democracia y el Desarrollo, La Asociación de Trabajadoras Sociales Mexicanas, Las Mujeres en Lucha por la Democracia, la Sección Mexicana de la Coalición Internacional del Hábitat, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos "Todos los Derechos para Todos", la Red de Promotores Sociales de Monterrey, el colectivo para la Ley de Fomento de las Actividades de Bienestar y Desarrollo Social, el Foro de Organizaciones Civiles de Oaxaca, la Coordinadora de Organismos No Gubernamentales de Chiapas por la Paz, el Espacio Civil por la Paz, el Foro de Organizaciones Civiles de Jalisco, la Red Morelense de Desarrollo Sustentable, la Convergencia Michoacana, la Red de Organizaciones Civiles de Veracruz, y otras redes en varios estados.

En lo que se refiere a contribuir al quiebre progresivo del corporativismo como forma organizativa, como manera de pensar, y sobre todo, como práctica social profundamente arraigada en la cultura y en las relaciones sociales a través de una especie de reciprocidad entre autoridad y súbditos, se dió inicialmente a partir de las propias prácticas sociales democráticas de las ocpds encaminadas a proyectos de interés social, a través de hábitos de decisión comunitaria, de formación de los actores, desgastándose así una forma de relación autoritaria que permea toda la cultura. Después, la lucha contra el corporativismo y la compra y coacción del voto se fue volviendo más abierta y frontal, a través de prácticas sociales concretas, de lenguaje explícito, de mayor conciencia ciudadana sobre el voto libre y secreto. El gobierno había monopolizado la representación ciudadana y los atributos de la sociedad. Y en este período, quizá como fruto de treinta años de luchas y de la irrupción progresiva de una imaginación distinta, fue emergiendo una nueva relación entre gobierno y sociedad, más allá de una mera modificación de reglas electorales, el ciudadano se ubicó como sujeto de derechos, lleno de dignidad y autonomía, incluyéndose en el proyecto nacional: las mujeres como ciudadanas, incluyéndose en el imaginario de país; los pueblos indios como sujetos de derechos colectivos; los ecologistas como ciudadanos, incluyendo perspectivas de sustentabilidad y de vida en toda la sociedad. Todos incluídos y todos como sujetos plenos de derechos, sin relaciones corporativas.

El complejo imaginario social heredado del Imperio Azteca y de la Corona de España, en donde había rey o virrey y súbditos, está profundamente incorporado en la cultura política mexicana, no a nivel de discurso sino de prácticas, tradiciones y costumbres. La acción ciudadana lo empezó a evidenciar y a partir de ello a combatir y debilitar en algunos sectores y regiones del país. Aunque ciertamente, la mayor parte de los dispositivos de control electoral presidencialista no están desmantelados, sí están heridos por la creciente conciencia ciudadana, que ya conoce el camino para ir desconstruyéndolos a través de prácticas democráticas.

Otro viejo dilema se vuelve a plantear entre el imaginario neoliberal, de carácter individual y de privatización de todo y el imaginario social comunitario y de reciprocidad indígena. El imaginario liberal y neoliberal y sus prácticas sociales, fincados fundamentalmente en la propiedad privada, el libre mercado y la competencia, partiendo de resabios del debate de los liberales contra las comunidades indígenas a las que se propusieron desmantelar en el siglo XIX, vuelven a abrir, con gran dramatismo histórico, una confrontación abierta contra las prácticas sociales comunitarias y solidarias, también permeadas de herencias indígenas, castellanas y anarquistas, que defienden la autonomía de los pueblos indígenas y reivindican en la práctica el ejercicio de formas de gobierno comunitarias e incluyentes.

13. Las redes de ocpds que fueron fundamentalmente espacios de articulación de estrategia, de utopía movilizadora, de proyectos compartidos, de comunicación y acción conjunta y concertada, tuvieron muchos problemas en los procesos de definición de su relación con el gobierno y en la construcción de su identidad con autonomía relativa. En general las redes de ocpds se constituyeron como respuestas a las formas profundamente autoritarias y/o corporativas del gobierno y de su política social, fueron como un espejo invertido de las formas corporativas, vasallescas y antidemocráticas que imperaban en la sociedad mexicana, y en ese sentido, fueron construcción de futuro y crítica del presente por la vía de las acciones que involucraban a amplios sectores sociales.

14. Las redes pusieron el acento en los consensos, en el procesamiento de las diferencias a través de la discusión y el diálogo, lo que permitió que, en lo general, sus acuerdos internos y las representaciones asignadas fueran respladadas por todos sus miembros. Pero lo más importante es que dieron a las ocpds una estatura de interlocutor de políticas y problemáticas de carácter amplio y plural que ciertamente les permitió incidir con eficacia y creatividad en políticas públicas relativas a grandes problemas nacionales.

De 1960 a 1996 se fue conformando un sujeto de cambio, las organizaciones sociales o populares no corporativizadas, los movimientos campesinos, los movimientos estudiantiles, las comunidades de base, los pueblos indios, las organizaciones de mujeres, las organizaciones de derechos humanos, los deudores de la banca, en fin, los ciudadanos y las ciudadanas. Pero el ser ciudadano o ciudadana se fue resignificando desde las experiencias comunitarias, y muy especialmente, desde las experiencias indígenas frente al neoliberalismo. No se trató del ciudadano/a de la revolución francesa, ni del ciudadano/a de la constitución norteamericana, ni del ciudadano/a individualizado/a al extremo por el neoliberalismo, ni sólo del ciudadano/a vinculado a los partidos políticos, o del ciudadano o la ciudadana representante en su carácter individual, con acento en el cabildeo con la clase de los políticos, sino de un nuevo paradigma del ciudadano y la ciudadana, centrado en la idea de los derechos colectivos y del interés social, en la representación real, en la vinculación permanente con la comunidad o con la sociedad, cuyo cabildeo está sustentado en demandas sociales, con referentes territoriales y culturales concretos, preocupados por la relación entre gobierno y sociedad, es decir, por la política.

Las ocpds, como parte organizada de la sociedad civil, jugaron en este período, al lado de muchos otros movimientos y organizaciones, el papel de catalizadores de procesos de autonomización y de apoyo a la configuración de una nueva ciudadanía, de la que fueron también expresión viva.



Las experiencias como el Plebiscito por la Democracia, el Movimiento Ciudadano por la Democracia, la Alianza Cívica/Observación 94, la Consulta por la Paz y el Referéndum de la Libertad, en las que participaron docenas de miles de ciudadanos y ciudadanas, mucho más allá de la crítica, con propuesta para la democracia y la paz, y con una alternativa económica incluyente y sustentable, son signos claros de la nueva relación que la sociedad quería plantear a su gobierno, pero también revelaron nueva forma de trato y propuesta entre ciudadanos iguales, no corporativizados, sujetos de derechos, responsables del país y respetuosos de los derechos individuales y colectivos de los otros.

15. Esto estaba encaminado a una disputa por la ciudadanía poniendo el eje en lo público y en la interlocución ciudadana para el ejercicio de gobierno, hay una redefinición de lo público, que hasta ahora había sido patrimonio exclusivo del gobierno, había estado monopolizado y había sido administrado por él. Con la irrupción de la sociedad en diversos escenarios se empezó a redefinir lo público. La ciudadanía vigilaba y quería establecer contrapesos a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. La ciudadanía planteaba políticas sociales de carácter público y reclamaba el acceso al diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las mismas. Se postulaban entonces límites a la relación entre PRI y Gobierno, entre gobierno e intereses nacionales. Con Carlos Salinas de Gortari y con Ernesto Zedillo se empezó a ver claramente que los intereses del gobierno eran diferentes de los intereses de la nación, que la nación se diferenciaba del partido en el poder y del gobierno. Los intereses del partido en el gobierno no eran necesariamente los intereses de la nación.



16. Las ocpds en este período se relacionaron con diferentes establecimientos, dependencias y niveles gubernamentales: las Secretarías de Hacienda, de Relaciones Exteriores, de Comercio, de Salud, de Educación Pública, de Gobernación, de Desarrollo Social; Cámaras de Diputados y de Senadores, presidentes municipales, jueces; Junta de Asistencia Privada, Comisión Nacional de Derechos Humanos, gobiernos estatales y municipales, y otras.

El gobierno federal estableció políticas económicas en torno a las cuales buscaba gobernar a los mexicanos. Por el conjunto de relaciones económicas y sociales autoritarias que caracterizó al país en el período posterior al cardenismo, muy a menudo, el gobierno federal y los gobiernos estatales mantuvieron con los movimientos sociales relaciones de clientelismo, de coptación y de subordinación, concediendo las demandas sociales bajo presión ciudadana y otorgando los beneficios sociales demandados como una alianza corporativa que tenía un precio político.

Cuando diferentes dependencias gubernamentales se relacionaron con las ocpds, al no lograr ubicarlas, inventaron dispositivos para conocerlas, clasificarlas, y a veces, jerarquizarlas, coptarlas y subordinarlas, fundamentalmente bajo una mirada corporativa y una lógica de control de la que se derivaron diversos mecanismos y perspectivas de carácter hacendario, asistencial, burocrático, y en ocasiones hasta policíaco.

Pero como las ocpds fueron ganando un lugar en la vida pública del país y contando con vínculos internacionales, el gobierno mexicano también tuvo que aprender un trato más diplomático hacia ellas, aunque la ambigüedad siguió siendo el rasgo dominante, pues por un lado las reconoció en su discurso y en sus prácticas, sobre todo en las que se refieren a la política social, a la defensa de los derechos humanos y de la democracia, a través de la Secretaría de Desarrollo Social o del DIF, de la CNDH o de algunas políticas del Instituto Federal Electoral, pero a la vez, tanto en el discurso como en el comportamiento político concreto y cotidiano, otras dependencias gubernamentales actuaron en sentido contrario: la Junta de Asistencia Privada, mediante una estrategia de corporativización y control; la secretaría de Hacienda, a través de un bloqueo al reconocimiento de la labor de interés social de las ocpds y de leyes fiscales que dificultaron la acción civil no lucrativa; la Secretaría de Relaciones Exteriores, desplegando una activa política diplomática para dificultar el acceso a recursos internacionales para las ocpds; y finalmente, diversas policías, mediante el hostigamiento constante a las ocpds más comprometidas en la defensa de los derechos humanos y de los derechos indígenas.

El intento de gobernar a las ocpds llevó a la política gubernamental a recurrir a una vieja práctica en desuso por muchos años: la producción artificial de interlocutores, la fabricación de organizaciones semejantes, paralelas, para dialogar con ellas y con ellas negociar nacional e internacionalmente en miras a conseguir recursos multilaterales y así neutralizar las demandas y luchas sociales. De esta manera apareció el fenómeno de los organismos no gubernamentales, gubernamentales (gongos u organizaciones sí gubernamentales: osígs), a modo de interlocutores dóciles al gobierno para negociar con sus creaturas las diferentes perspectivas, actividades y recursos. A pesar de esta ambigüedad gubernamental, las ocpds ganaron terreno y reconocimiento por parte de la sociedad civil en general, por parte de algunos partidos políticos y por parte de algunas dependencias gubernamentales.

Los organismos multilaterales, por razones de interés propio, contribuyeron al reconocimiento de las ongs en general para la participación conjunta con organizaciones sociales en proyectos de desarrollo sustentable y de promoción de los derechos económicos, políticos y sociales de los pueblos.



El gobierno no fue en este período un actor monolítico y presentó diferencias en su comportamiento, pero el aspecto central de su política fue la falta de un reconocimiento público al quehacer general de las ocpds como organizaciones de interés social, pues a pesar de muchas promesas, no se legisló sobre un marco claro y de libertad de acción para los organismos de interés público definidos por su contribución al bienestar y al desarrollo social. El gobierno siguió privilegiando las prácticas sociales de asistencia por encima de las prácticas sociales de promoción del desarrollo. Pero esta política de falta de reconocimiento y prepotencia fiscal fue el punto nodal a partir del cual se articularon las ocpds en México, pues sirvió como punto de arranque de una iniciativa de Ley de Fomento de las Actividades de Bienestar y Desarrollo Social, que acuerpó a amplios sectores de la sociedad civil que nunca antes habían trabajado juntos y por un mismo objetivo. En este período la ley no fue aprobada, pero el consenso social que se fue sumando en torno a ella tuvo como saldo inesperado una precisión de la propia identidad civil, la claridad de la diferencia entre la promoción y la asistencia, el análisis del papel corporativo de la Junta de Asistencia Privada, y una articulación de esfuerzos que permitiría más tarde convocar a diversos actores para otras tareas de lucha por la democracia y la paz, desde la identidad civil.

17. Las ocpds y sus redes durante muchos años produjeron especialmente documentos y materiales de trabajo de carácter educativo, pero la coyuntura iniciada con la crisis y con los nuevos movimientos sociales, les fue demandando capacidades y especializaciones para atender con mayor eficacia su trabajo frente a los nuevos problemas. Un nuevo posicionamiento frente a la elaboración de experiencias y producción de conocimientos fue dándose paulatinamente, orientando a las ocpds y sus redes a la generación de conocimientos social y culturalmente significativos, en donde la productividad fuera calificada socialmente por el proyecto mismo que le daba racionalidad, congruencia y sentido, y no bajo los criterios de productividad, impacto y eficiencia de tipo mercantil, esto es, las redes empezaron a producir conocimientos significativos para ellas mismas, para los sectores sociales con quienes trabajaban y para la sociedad en general. De esta manera se pusieron límites a las eficacias neoliberales, que postulaban los medios como valores en sí, independientemente de los fines, los sujetos y los procesos que se desarrollan en la sociedad. Así, el saber y el hacer de las redes fueron socialmente situados en referencia al propio paradigma desde el cual las ocpds tenían razón de ser, aunque a veces esto generó creciente conflicto con organismos europeos o norteamericanos de cooperación al desarrollo, donde la racionalidad modernizante empezó a reclamar estándares fijos de resultados, rígidos parámetros cuantitativos de costo-beneficio y otros controles de eficacia técnica. A veces, a través de intervenciones de expertos, encargados por las agencias donantes, los parámetros eran discutidos y adaptados después de fuerte debates, pero en ocasiones las intervenciones externas incrementaron criterios de eficacia y optimización de recursos en donde la racionalidad técnica creó una especie de esquizofrenia donde se abandonaba la misión, los proyectos y la ética construida por los sujetos y por las organizaciones.

Hacia los objetos-sujetos con los que las ocpds trabajaron, la significatividad de su acción llevó a conocimientos para la incidencia conjunta en lo público: producción sustentable, acciones afirmativas de género, educación, defensa y promoción de los derechos humanos, trato con los niños y niñas de la calle como sujetos, formas de convocar al ejercicio activo de los derechos ciudadanos, acciones, cabildeos y propuestas para una paz que tomara en cuenta las causas de la guerra, organización y alternativas para ejercer el derecho a alimentarse, y muchísimas otras. Los conocimientos se situaron en coyunturas particulares y se relacionaron con procesos y sujetos individuales y colectivos para quienes la producción de conocimientos estaba necesariamente vinculada a la historia y a la lógica de procesos y prácticas concretas, de tal modo que eran conocimientos para un empoderamiento cívico popular, desde la cotidianidad de cualquier ciudadano común y corriente.

El hacer de las redes de ocpds analizadas estuvo referido a la búsqueda de poder colectivo para transformar la sociedad a diferentes escalas y niveles, respondió a menudo a una concepción derivada de diversas fuentes: de prácticas cristianas críticas como la teología de la iglesia primitiva y la teología de la liberación, que acentuaban la acción y la solidaridad de los cristianos en la vida cotidiana; del pensamiento y de la ética de Paulo Freire, que postula una inmensa confianza en los hombres y mujeres como pronunciadores de su propia palabra y del mundo; del anarquismo heredado del magonismo; del marxismo crítico, sobre todo de corrientes maoístas en donde el peso fundamental era puesto en la práctica de masas, en la acción social; y de elementos aprendidos en la ética comunitaria indígena, viejas prácticas de ayuda mutua y reciprocidad combinadas con prácticas castellanas de solidaridad, donde el hacer colectivo es indispensable para la conservación de la vida comunitaria y donde los sistemas internos se basan en la reciprocidad y el consenso como métodos fundamentales para dirimir las diferencias.

Estas diversas fuentes se mezclaron y estuvieron en la raíz de la utopía, del ánimo movilizador y de la acción creadora de las ocpds y sus redes. Es posible afirmar que las preocupaciones teóricas vinieron más tarde, ya entrada la década de los noventa, ante las políticas neoliberales que amenazaban la existencia misma de las organizaciones civiles.

Las redes de ocpds desplegaron iniciativas para generar conocimientos, pero su esfuerzo mayor estuvo orientado a acciones con fuerza para modificar el autoritarismo y el corporativismo mexicano en terrenos específicos como las elecciones, la política económica, el ámbito municipal o la paz, en donde inventaron, crearon, las más variadas e incluyentes formas de lucha, partiendo desde la información especializada y la sistematización de experiencias, hasta el desarrollo de acciones eminentemente sociales y políticas; su agenda buscó incidir en correlaciones de fuerza con uno de los gobiernos más autoritarios, elitistas y excluyentes que recuerde la historia de México, como fue el de Salinas de Gortari.

Ciertamente el conocimiento generado por las redes de ocpds partió de su propia implicación con la realidad y de su propia opción teórico metodológica, que consideraba los compromisos sociales de los propios investigadores, como las condiciones de posibilidad de generación de nuevos conocimientos. De esta manera fue posible formar nuevos cuadros, social y políticamente situados, destacar nuevas preguntas, nuevos retos y plantear nuevas estrategias y alianzas. Opción teórica lejana a una visión neutra de la ciencia.

18. Este trabajo de escritura de la historia de las redes de ocpds fue pasando de contar con un gran volumen de información desordenada y dispersa a una primera organización y comprensión de la misma de carácter cronológico, para después pasar al descubrimiento de períodos de la vida de las redes, a entramados o tejidos de acontecimientos y actores, definidos aquéllos a partir de su propia lógica interna, a partir de sus analizadores que más allá de tiempos preestablecidos definieron con congruencia una unidad de sentido, un conjunto de significaciones. Se analizaron así los orígenes, los momentos a la vez instituyentes y de institucionalización de las redes, se buscó cómo a través de la crítica al autoritarismo y al corporativismo, las ocpds soñaron otros mañanas y jugaron una imaginación que las llevó a inventar nuevos caminos y a promover activamente la lucha por una ciudadanía adulta e incluyente, teniendo como resultado amplias convocatorias y procesos de desinstitucionalización social.

19. En el camino de concretar los proyectos de las redes, en relación a sus encargos provenientes de los movimientos sociales, frente a formas corporativas y de coptación gubernamentales, muy a menudo, se dieron fuertes debates internos y diferencias entre individuos y entre organizaciones. Las separaciones o rupturas de alianzas formaron parte sustantiva de la maduración de los procesos internos de las redes para definir sus proyectos. En esas diferencias internas encontramos claves de sentido para comprender y discernir la dialéctica de procesos instituyentes y de institucionalización de las redes. A menudo sus problemáticas internas fueron anticipaciones críticas de procesos de burocratización o de diferencias importantes en la autocomprensión del quehacer civil, de vertientes orientadas hacia la transformación de las prácticas en política pública, en alternativas partidarias, en gobierno, o simplemente en permanecer como opciones civiles. La opción consciente e intencionada por la conformación de una franja cívica y la constitución de contrapesos ciudadanos organizados, fueron una decisión autónoma y un modo de posicionarse en la sociedad como identidad deseada por parte de las redes, aunque en algunos casos el posicionamiento fue por la inclusión en equipos de gobierno emanados de los propios procesos de lucha ciudadana o en funciones partidarias.

La investigación también documentó las repercusiones de las innovaciones y procesos al interior de las ocpds, en sus luchas, en su autocomprensión, en su financiamiento, en fin, en sus formas de decisión y representación.

Las redes fueron movimientos instituyentes que a través de sus proyectos y acciones contribuyeron al desmantelamiento y desinstitucionalización de formas de organización y de acción social y política previamente establecidas. Por eso tuvieron que expresarse necesariamente por sus propias vías, fuera del corporativismo, fuera de los partidos políticos, puesto que sus

objetivos y métodos las colocaron en caminos diferentes a los ya trillados.

20. La subjetividad individual y la subjetividad colectiva llevan necesariamente a considerar el quehacer de las redes de ocpds en el campo de la cultura.

Desde 1961, las ocpds desarrollaron prácticas sociales al servicio de organizaciones, movimientos y procesos populares, muy a menudo a partir de las demandas de éstos, poniendo en juego una cultura de la propuesta y del ejercicio de nuevas relaciones sociales. A ésta cultura se le llamó posteriormente "educación popular".

En la investigación nos referimos a la cultura ciudadana de los sujetos de las redes de ocpds, como una forma total de vida que atraviesa e involucra a hombres y mujeres, desde múltiples aspectos de la cotidianidad, de cara a una imaginación colectiva que orienta y proporciona visiones movilizadoras para desarrollar diferentes propuestas, metodologías y prácticas sociales, en estrecha interrelación con complejos procesos económicos, sociales y políticos que atraviesan la vida entera de los sujetos.

¿Hasta qué punto las iniciativas de las ocpds formaron parte de la lucha por una nueva cultura democrática, de un espacio de experiencia que se puso en juego para contribuir a recuperar la memoria social, hurgando entre las viejas raíces que originaron la nación mexicana, para postular un modelo social que se avizorara más incluyente y capaz de un mayor bienestar colectivo?

Sin duda que en este sentido, las iniciativas sociales de las redes de ocpds partieron de estructuras del sentir que abarcaban la cultura y la identidad de los miembros de las organizaciones sociales y civiles, y que al partir de una imaginación colectiva, eco de luchas colectivas pasadas, fueron capaces de prefigurar un futuro distinto al presente, y movilizar a otros sujetos sociales en orden a cambios democráticos incluyentes y perspectivas de paz justa y digna.

Muy a menudo, las redes de ocpds, tomaban sus decisiones en base a métodos y prácticas educativas que partían del nivel de conciencia de sus miembros, de compartir la información, de escuchar el punto de vista de todos; de esta menera fueron construyendo lentamente, a veces con una lentitud que parecía exagerada, una cultura distinta, basada en el respeto a la palabra de todos, en la discusión de las diferencias, en la división de tareas, en la inclusión de más gente en las tareas y acciones y en la capacitación diferenciada para atender mejor las demandas. De este modo las redes de ocpds generaron una cultura de participación democrática a su interior al mismo tiempo que la exigían hacia el exterior. Aunque con cierta frecuencia también se encontraron redes de ocpds donde la cultura autoritaria, sobre todo en su forma caudillista, penetraba al interior de las mismas.

21. Todo la investigación tiene extrañas, complejas y multifacéticas relaciones con las leyes, con la legislación, de muy diferente forma, pero con las leyes en tanto expresión de amplios consensos sociales o de identidades y derechos negados; pero también con la elaboración de leyes a través de procedimientos incluyentes de consulta, decisión y ejecución. En un caso la lucha por una ley que establezca el reconocimiento gubernamental, formal, de las ocpds; en otro la ardua lucha por una reforma política integral que comprenda una reforma electoral que limite recursos y construya equidad en el acceso a medios de comunicación electrónica, en donde se prohiba el uso de los recursos públicos para campañas electorales directas o indirectas, etc.; en otro caso, la lucha fue por una ley para la paz justa y digna y después para que ésta, expresada en los Acuerdos de San Andrés fuera cumplida. Las luchas de las redes de ocpds que se relatan en esta historia tienen ese elemento de convergencia: la pretensión de que las prácticas sociales experimentadas y deseadas puedan transformarse en ley, puedan abarcar a una mayor población, puedan instituirse como condiciones generales de mayor inclusión y participación social.

Las luchas por estas leyes enfrentaron permanentemente al poder omnímodo del presidente y del poder ejecutivo que él coordina. En este período se presenció con protesta y asombro cómo prácticas ilegales se transformaron en leyes generales, como el caso de los topes al financiamiento de los partidos, cuyo exceso era calificado como delito, y que a partir de reformas jurídicas, recorrió a tal punto los límites del financiamiento, que volvió a hacer de éste un espacio para el uso fraudulento de los recursos públicos.

Por otro lado, la tensión hacia las leyes habla elocuentemente de la tendencia a la institucionalización de las redes de ocpds, en donde su profecía pueda triunfar, donde su experiencia pueda tranfigurarse en política pública, en opción para todas y todos, y se instituya. ¿Significa necesariamente una institucionalización un camino para la consecuente burocratización de las redes?, ¿O los procesos instituyentes son una forma de ampliación y de impacto en la transformación de la sociedad? En la medida en que las redes de ocpds van teniendo poder ¿podrán conservar su función profético-crítica, su capacidad de contrapeso social frente al autoritarismo o su profecía fracasará? Las historia está abierta a conocer los rumbos por los cuales las ocpds y sus redes transitarán en los próximos años a partir de haber logrado iniciativas públicas de interés social y de haber contribuido a debilitar el autoritarismo presidencialista, así como a anunciar un futuro más incluyente, creativo, y el papel autónomo de la sociedad civil en la aproximación de ese futuro. O también la historia parece abierta a conocer las iniciativas que las ocpds y sus redes desplegarán de cara al incremento del golpeo gubernamental para coartarlas y para bloquear sus iniciativas de desarrollo, bienestar social y defensa de los derechos humanos.

22. Escribir una historia de las redes de organizaciones civiles de promoción del desarrollo, historia reciente, reveló sin duda, a través de diversos analizadores, de lo dicho y de lo no dicho, desde relatos particulares, las evidentes e inmediatas raíces e implicaciones que el propio aprendiz del oficio tiene, pero permitió también aportar elementos para la profundización de los compromisos que las redes tienen con la democratización del país.

El repaso de la génesis social de los conceptos de asistencia, promoción y redes de ocpds, llevó a dibujar el contexto general, la concepción y prácticas sociales de dos formas de intervención social pública frente al México de hoy; esta primera aproximación permitió que en el capítulo III sobre la ley, como espacio de disputa de la imaginación social, el debate sobre dichos conceptos fuera situado en su perspectiva de historia reciente, en donde el historiador es atrapado por las implicaciones profundas que ambas prácticas manifiestan frente a las tareas actuales para la democratización del país.



A lo largo de los relatos particulares de los tres capítulos historiográficos se fue concretando, coloreando y matizando el esfuerzo por dilucidar la génesis teórica de los conceptos que implica la investigación. El trabajo sobre los documentos internos y la construcción de los capítulos sobre la Ley de Fomento de las Actividades de Bienestar y Desarrollo Social, el papel de las redes de ocpds en la búsqueda de la paz en Chiapas y el detallado seguimiento de la lucha por la democratización del país, sin duda estuvieron atravesados por los conceptos de iniciativas sociales, redes de organizaciones civiles y promoción del desarrollo, y de manera más precisa por los tres grandes problemas que circulan por todo el texto: el autoritarismo, la imaginación y la ciudadanía.

Los relatos historiográficos quizá aparecen en algunas partes como una épica, como una lucha agónica y constante de las redes de ocpds por abrir caminos de dignidad, libertad, desarrollo sustentable, democracia y paz. Quizá la historia futura, con más distancia de la intensa problemática vivida que envuelve al historiador y a los lectores, vaya aclarando más la significación profunda de los sujetos sociales que fueron en este período las redes de organizaciones civiles de promoción del desarrollo. Por ahora, los documentos internos arrojan luz sobre el papel que estos nuevos actores sociales realizaron en un escenario complejo, donde los procesos de democratización se combinaron con una pobreza creciente, donde el gobierno emprendió una nueva conquista de los pueblos indígenas, enmedio de una guerra cruel y persistente, pero también un país en donde la imaginación colectiva de millones de hombres y mujeres reclamó el espacio para un futuro diferente y donde las redes de ocpds abrieron veredas para aproximarse a él.





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