Orbis Tertius [Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria



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44 Cf. E.W.Said, “Permission to narrate”, en London Review of Books. 16 de febrero de 1984.

45 Para el primer caso, “este era un dominio autónomo, ni originado desde una política elitista ni dependiente en su existencia de ella”, y para el segundo caso, “continuaba operando vigorosamente a pesar del colonialismo, pero adaptándose a las condiciones prevalecientes bajo el Raj y, en muchos casos, desarrollándose [232] completamente gracias a nuevos impulsos tanto en forma como en contenido” (Guha, 1982: 4).

46 Véase: J.Derrida: “La double séance”, en La Dissemination, París, Seuil, 1972.


47 A.K. Chaudhury, “New wave social science”, en Frontier, 16-24, 28 de enero de 1984, p. 10.

48 Pierre Machetea Pour une théorie de la production literaire, París, Maspero, 1966. Citado de la edición inglesa: A Theory of Literary Production, (trad. de G.Wall), Londres, Routledge, 1978, p. 87.

49 [Nota del traductor: Habría que hacer notar aquí que en los estudios nacidos a partir de la influencia de Foucault, la palabra “intervención” aparece connotada como aquellas contribuciones que provocan un cambio en la fijeza de la tradición].

50 He trabajado con este tema en “Displacement of the discourse of the woman”, en: Mark Krupnick (comp.), Displacement: Derrida and after, Bloomington, Indiana University Press, 1983; y “Love me, love my ombre, elle: Derrida’s ‘La carte postale’”, en Diacritics, 14. 4, 1984, pp. 19-36.

51 Esta violencia, en el sentido general, es la posibilidad de una epísteme y lo que remite al concepto derridiano de “escritura”, en sentido amplio. La relación entre la escritura en un senado lato y escritura en un sentido restringido (como algo marcado sobre una superficie) no puede ser formulada de manera muy clara. La tarea de la gramatología (en la deconstrucción) es proveer un modo de notación de estos elementos huidizos de la relación. En cierto sentido, entonces, la crítica del imperialismo es como tal una deconstrucción.

52 Cf. “Contracting poverty”, en Multinational Monitor, 4, 8, agosto de 1983, p. 8. Este informe fue redactado por John Cavanagh y Joy Hackel, quienes trabajan en el Proyecto de Consorcios Internacionales (International Corporations Project) en el Institute for Policy Studies.

53 Estos mecanismos de invención del Tercer Mundo como un significante son susceptibles de un tipo de análisis dirigido a la consecución de la etnia como un significante en Carby (1982).

54 Mike Davis, “The political economy of late-imperial America”, en New Left Review», 143, Enero-Feb., 1984. p. 9.

55 Terry Eagleton, Literary Theory: An Introduction. Minneapolis, University of Minnesota Press, 1983, p. 205.

56 Perry Anderson, In the Tracks of Historical Materialism, Londres, Verso, 1983, p. 53.


57 [Nota del traductor: La paginación dada aquí pertenece a la, edición castellana].

58 J.Derrida, “Of an apocalytical tone recently adapted in philosophy”, en Semia, p. 71.

59 Aun en un texto tan bueno de entrevistas y análisis como el de Gail Omvedt titulado We Will Smash This Prison! Indian women in struggle Londres, Zed Press, 1980), la premisa de que un grupo de mujeres Maharashtri en situación de proletariado urbano al reaccionar contra una violenta mujer blanca que “las había estigmatizado haciéndolas símbolo del destino de la India” trasunta en el fondo esencialismo, dado que se la considera representativa de las “mujeres de la India” o que toca “la conciencia de las mujeres de la India”. Estas afirmaciones no son de poca consideración si se tiene en cuenta que en una formación social del Primer Mundo la difusión de la comunicación en una lengua internacional hegemónica registra y documenta instantáneamente información a quienes no están preparados para recibirla.

La observación de Norma Chincilla, expresada en una mesa redonda bajo el título de “Feminismos del Tercer Mundo: diferencias de forma y contenido” (University of California, Los Ángeles, 8 de marzo de 1983), acerca de que el trabajo antisexista en el contexto de la India no es genuinamente antisexista sino antifeudal, merece otro comentario. Esto implicaría que se podrían elaborar definiciones de sexismo sólo después que una sociedad determinada haya entrado en el modo de producción capitalista, dado que así se vería una conveniente continuidad entre el capitalismo y el patriarcado. Esto también trae a colación las cuestiones tan traídas y llevadas, sobre el papel del “modo de producción ‘asiático’“, afirmando el poder explicativo de la narrativización normativa de la historia a través del registro de los modos de producción al mismo tiempo que, sin embargo, se construye esa historia de una manera marcadamente elaborada. [233] El curioso nombre de “Asia” no es ajeno en este asunto: esto no se limita a un asentimiento o desaprobación de la existencia empírica del modo actual (un problema que se tornó objeto de una intensa manipulación dentro del comunismo internacional), sino sigue siendo crucial aun en el trabajo de tal sutileza teórica e importancia como el de Barry Hindess y Paul Hirst titulado Pre-Capitalist Modes of Production (Londres, Routledge, 1975) o el de Frederic Jameson, The Political Unconcious. Especialmente en este último estudio todavía sigue obrando una antigua idea, aunque la morfología de los modos de producción aparezca rescatada de cualquier sospecha de determinismo histórico y haya sido situada en una teoría postestructuralista del sujeto, el modo “asiático” de producción aparece bajo la mascara de “despotismo oriental” como la formación concomitante de un Estado. También juega un papel significativo en el modo de producción narrativa grotescamente transformada en el Anti-Edipo de Deleuze/Guattari, o, a cierta distancia de esta polémica de los proyectos teóricos contemporáneos, en el debate soviético, como la suficiencia doctrinaria del “modo asiático de producción”, que se colocó en un plano de duda al producir para ese esquema vanas versiones y nomenclaturas que incluían los modos feudal, esclavista y comunitario. (El debate es presentado en todo detalle en el libro de Stephen F. Dunn. The Fall and rise of the Asiatic Mode of Production, Londres, Routledge, 1982). Sería interesarnte relacionar esto con la represión del “aspecto” imperialista en la mayoría de las discusiones sobre la transición del feudalismo al capitalismo que ha tenido lugar durante mucho tiempo en las izquierdas de Occidente. Lo que es mas importante es que observaciones como la de Norma Chincilla representan una jerarquización muy difundida dentro del feminismo del Tercer Mundo (mas que dentro del marxismo occidental, que resulta ubicada dentro de una corriente muy sólida que maneja el concepto metafórico contenido en el termino “Asia”.

Debo agregar, sin embargo, que todavía no he leído el libro In Search of Answers: Indian women’s voices from Manushi, compilado por Madhu Kishwar y Ruth Vanita (Londres, Zed Press, 1984).



60 (60) Jonathan Culler, On Deconstruction: Theory and criticism after structuralism, Ithaca, Cornell University Press, 1982, p. 48.

61 Elizabeth Fox-Genovese, “Placing women’s history in history”, en New Left Review, 133, Mayo-Junio 1982, p. 21.

62 He tratado de desarrollar esta idea en un modo hasta cierto punto autobiográfico en “Finding feminist readings: Dante-Yeats”, Ira Königsberg (comp.), American Criticism in the Postestructuralist Age, Ann Arbor. University of Michigan Press. 1981.

63 Sarah Kofman, L’énigme de la femme. La femme dans les textes de Freud, París. Galilée, 1980.

64 El texto se halla en la edición alemana en el tomo XII (Sigmund Freud, Gesammelte Werke, chronologisch geordnet, Londres, Imago Publishing Co, 1952).

65 El texto titulado “Über ‘wilde’ Psychoanalyse” se encuentra en el Tomo VIII de la edición alemana de las Obras completas de Freud ya citadas, pp. 118-125.

66 [Nota del traductor. Para una mejor comprensión del texto habría que acotar que el título elegido por Freud es “bivocálico”, dado que aparece como una cita ya entrecomillada por el autor].

67 [Nota del traductor. La catacresis es definida en retórica como el tropo que produce la denominación no a través de un verbum proprium, sino basándose en la costumbre; un ejemplo de ello sería el llamar “patas” a las extremidades de una mesa o silla. Véase: Heinrich Lausberg, Elemente der literarischen Rhetorik, Munich, 1963, p. 65. La autora parece aludir aquí, por otra parte, al tratamiento de este tropo por Paul de Man, quien considera bajo “catacresis” el acto mismo de nombrar; cf. Paul de Man, The Resistance to Theory, Minneapolis, University of Minnesota Press. 1986, p. 48].

68 [Nota del traductor. La niña en cuestión profiere en el texto de Freud la frase que da título al ensayo y que le sirve a su autor para construir su argumentación].

69 Véase Lata Mani, “The production of colonial discourse: sati in early nineteenth-century Bengal” (tesis [234] de maestría, University of California al Santa Cruz, 1983), texto que es un excelente rendimiento de cuentas de cómo la “realidad” de la auto-inmolación de las viudas se constituyo y “textualizó” durante la época colonialista. Por mi parte, saqué gran provecho de una discusión con la autora durante la preparación del presente artículo.

70 J.D.M.Derrett, Hindu Law Past and Present: Being an account of the controversy which preceded the enactment of the Hindú Code and text of the code as enacted and some comments thereon, Calcuta, A.Mukherjee and Co, 1957, p. 6.

71 Ashis Nandy, “Sati: a nineteenth-century tale of women, violence and protest”, en: V.C.Joshi (comp.), Rammohun Roy and the Process of Modernization in India, N.Delhi, Vikas Publ.House, 1975, p. 68.

72 La información utilizada aquí proviene mayormente de Pandurang Varman Kane, Histori of Darmasastra, Poona, Bhandarkar Oriental Research Institute, 1963.

73 Upendra Thakur, The History of Suicide in India: An Introduciton, N.Delhi, Munshi Ram Manohan Lal, 1963, p. 9. Este libro suministra una lista muy útil de las fuentes primarias en sánscrito sobre lugares sagrados, aunque, al mismo tiempo, a pesar de la laboriosidad de la investigación realizada, revela todos los signos de la esquizofrenia en que se halla el sujeto colonial con su nacionalismo burgués, su comunalismo matriarcal y su “iluminada razonabilidad”.

74 Jean-François Lyotard, Le Différend, París, Minuit, 1984.

75 En este ejemplo, así como en el caso del debate de los brahmanes sobre sati, véase Mani, 1983: 71 y ss.

76 Estamos hablando aquí de las normas regulativas del brahmanismo, mas que “de las cosas como fueron realmente”. Véase: Robert Lingat, The Classical Law of india, Brrkeley, University of California Press, 1973, p. 46.

77 Tanto la posibilidad rastreable de un nuevo matrimonio de la viuda en la antigua India como el sancionamiento legal en 1856 de un nuevo casamiento son transacciones realizadas por hombres. La nueva boda de una viuda es una excepción completa, quizás porque deja sin rozar el programa de la formación del sujeto. En toda la tradición “folklórica” acerca del nuevo casamiento de una viuda se trata siempre del padre o del marido, pues ellos son alabados por su coraje hacia la innovación y por su deposición de todo egoísmo.


78 Sir Monier Monier-Williams, Sanskrit-English Dictionary, Oxford, Clarendon Press, 1899, p.552. Los historiadores se muestran a menudo irritados cuando investigadores “modernos” se atreven a introducir juicios “feministas” dentro de antiguas estructuras patriarcales. Lo que realmente está en juego, por supuesto, es por qué las estructuras de dominación patriarcal han de ser registradas sin esbozos de crítica. Las sanciones históricas para acciones colectivas en relación con la justicia social sólo puede ser desarrollada si la gente que se halla fuera de la disciplina cuestiona las pautas de “objetividad” conservada como tal por la tradición hegemónica. No parece, pues, inapropiado señalar que un instrumento tan “objetivo” como un diccionario puede usar una expresión explicativa can profundamente enraizada en un partidismo sexista como “to raise up issue to a deceased husband” (para despertar la atención sobre un marido difunto).

79 Véase al respecto: Sunderlal T. Desai, Mulla: Principles of Hindu Law, Bombay, N.M.Tripathi, 1932, p. 184.

80 Agradezco a la Profesora Alison Finley del Trinity College (Hartford, CT) por discutir conmigo este pasaje. La Profesora Finley es una experta en el Rg-Veda. Me apresuro a agregar, sin embargo, que ella encontraría mi lectura tan irresponsablemente “crítico-literaria” del mismo modo como los historiadores tradicionales la encontrarían “moderna”.

81 El texto más autorizado sobre el tema es el Libro de Edward Said, titulado Orientalism, de 1978.

82 Michel Foucault, Histoire de la sexualité. I. La volonté de savoir, París, Gallimard, 1976, p. 10. (83) Además el hecho de que el término haya sido utilizado como forma de vocativo dirigido a una mujer de buena familia (en el sentido de “lady”) no hace sino complicar las cosas.

83 Además el hecho de que el término haya sido utilizado como forma de vocativo dirigido a una mujer de buena familia (en el sentido de “lady”) no hace sino complicar las cosas.

84 Debe agregarse, sin embargo, que esta atribución no agota sus funciones dentro del panteón hindú.

85 Una propuesta en contra de la nostalgia como base de una producción ideológica contra-hegemónica no implica una utilización negativa. Dentro de la complejidad de la economía política contemporánea, sería altamente cuestionable, por ejemplo, imponer la idea de que el extendido crimen entre la clase obrera, por el cual se produce el sacrificio por el fuego de la novia que aporta una dote insuficiente, disfrazando el asesinato como suicidio es el uso de un abuso de la tradición de la auto-inmolación de sati. Lo mas que se puede exigir es un desplazamiento en la cadena semiótica con el sujeto femenino como el significante, lo que nos retrotraería al discurso inicia! de nuestro trabajo, es evidente, además, que se debe hacer todo lo posible para detener el crimen del sacrificio por el fuego de las novias en todo sentido. Sin embargo, si esa tarea es cumplida mediando una nostalgia no revisada o, con su opuesto, el desdén por el pasado, el operativo va a colaborar ayudando a establecer la noción de raza/ etnia o la mas crasa genitalidad como el significante que ocuparía el lugar del sujeto femenino.

86 No había leído el trabajo de Peter Dews, “Power and subjectivity in Foucault”, aparecido en New Left Review 144, 1984, al comienzo de la redacción de este artículo. Espero ansiosamente la aparición de su próximo trabajo sobre la misma temática. [Peter Dews: The Logic of Desintegration: Post-Structuralism thought and the claims of critical theory, Londres, Verso, 1987]. Existen muchos puntos en común entre su postura crítica y la mía. Sin embargo, lo que puedo decir a partir del breve artículo de 1984 es que Dews escribe desde una perspectiva acrítica sobre la teoría crítica y la norma intersubjetiva que puede ser confundida de modo demasiado fácil con “individual” o con “sujeto” en la manera en que sitúa al “sujeto epistémico”. La lectura que hace Dews de la relación entre “la tradición marxista” y “el sujeto autónomo” no es la mía. Además, su relato del “callejón sin salida de la segunda fase del post-estructuralismo como una totalidad” aparece, a mi juicio, viciado por la no consideración de la figura de Derrida, quien se ha promovido en contra de privilegiar el lenguaje desde su obra más temprana (cf. su traducción del libro de Edmund Husser, El origen de la geometría, que aparece con una introducción suya con el título de E. Husserl: L’origine de la géométrie, París, Presses Universitaires de France, 1962). Lo que coloca el excelente análisis de Dews en una posición más alejada de la mía es, por cierto, que para él el Sujeto dentro de cuya Historia ubica la obra de Foucault es el Sujeto de la tradición europea (pp. 87-94).

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