Obras Completas de Melanie Klein



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Nº 2


Cuando estas adaptaciones fundamentales de la relación entre el yo y el superyó no han sido cabalmente efectuadas durante el desarrollo temprano, una de las tareas esenciales del proceso psicoanalítico es la de capacitar al paciente para hacerlas retrospectivamente. Esto sólo es posible mediante el análisis de los estadíos mas primitivos del desarrollo (así como de los ulteriores) y el análisis de la transferencia, tanto negativa como positiva. En la fluctuante situación transferencial, las figuras externas e internas -buenas y malas- que dominan inicialmente el desarrollo del superyó y de las relaciones objetales, son transferidas al psicoanalista. Por lo tanto, éste a veces debe ocupar el lugar de imágenes terribles, y solamente en esta forma pueden ser vivenciadas, elaboradas y reducidas las ansiedades persecutorias infantiles. De hallarse el psicoanalista inclinado a reforzar la transferencia positiva, evita desempeñar para la mente del paciente el papel de figuras malas y es predominantemente introyectado como objeto bueno. En algunos casos, la creencia en objetos buenos puede ser reforzada; pero este beneficio está lejos de ser estable, puesto que el paciente no ha sido capacitado para vivenciar el odio, la ansiedad y la sospecha, que en los tempranos estadíos de su vida se hallaban unidos a los aspectos terribles y peligrosos de los padres. Solamente mediante el análisis de la transferencia negativa, así como de la positiva, el psicoanalista desempeña alternativamente el papel de objeto buenos y malos, es alternativamente amado y odiado, admirado y temido. En esta forma el paciente puede elaborar, y por lo tanto modificar, las tempranas situaciones de ansiedad; decrece la disociación de figuras buenas y malas, y éstas se vuelven mas sintetizadas, vale decir, la agresión es ahora atenuada por la libido. En otras palabras, la ansiedad persecutoria y la ansiedad depresiva quedan disminuidas, podríamos decir, de raíz.

Nº 3


Abraham (1924b) se refiere a la fijación de la libido en el nivel oral como a uno de los factores etiológicos fundamentales de la melancolía. Describe esa fijación en un caso particular en los siguientes términos: "En sus estados depresivos, se sentía sobrecogido por la añoranza del pecho de la madre, añoranza que era indescriptiblemente poderosa y diferente de cualquier otra cosa. Si la libido se halla aún fijada en este punto en el adulto, entonces se ha llenado una de las condiciones de mayor importancia para la aparición de una depresión melancólica".

Abraham apoya sus conclusiones, que arrojan nueva luz sobre la relación entre la melancolía y el duelo normal, en extractos de dos historiales clínicos. Se trataba por aquel entonces de los dos primeros pacientes maníaco-depresivos que emprendían un análisis exhaustivo, aventura nueva en el desarrollo del psicoanálisis. Hasta ese momento no se había publicado casi material clínico en apoyo del descubrimiento de Freud respecto a la melancolía. Según dice Abraham: "Freud describe en términos generales los procesos psicosexuales que ocurren en la melancolía. Pudo hacerse una idea intuitiva de ellos a través del tratamiento ocasional de pacientes depresivos; pero no ha sido publicado hasta ahora casi ningún material en la literatura psicoanalítica en apoyo de esa teoría".

Pero aun a través de estos pocos casos, Abraham llegó a comprender que ya en la niñez (a la edad de 5 años) había habido un verdadero estado agudo de melancolía. Dice que se inclinaría a hablar de "paratimia primaria" consecutiva al complejo de Edipo en el varón y termina su descripción en la forma siguiente: "Este es el estado de espíritu que llamamos melancolía".

En su artículo "The Problems of Melancholia" (1928), Sandor Rado va mas allá y considera que la raíz de la melancolía puede hallarse en la situación de hambre del niño de pecho. Dice: "El punto de fijación mas profundo de la posición depresiva se halla en la situación de amenaza de pérdida del amor (Freud), y, de modo muy especial, en la situación de hambre del niño de pecho". Refiriéndose a la afirmación de Freud de que en la manía el yo se fusiona una vez mas con el superyó formando una unidad, Rado infiere que este proceso es la repetición fiel de la experiencia de fusión con la madre que ocurre al beber de su pecho. No obstante, Rado no aplica esta conclusión a la vida emocional del lactante; se refiere únicamente a la etiología de la melancolía.


Nº 4


La descripción de los primeros seis meses de vida que he esbozado en estas dos secciones implica una modificación de algunos de los conceptos que presento en El psicoanálisis de niños. Describí allí la confluencia de las pulsiones agresivas de cualquier origen como "fase de sadismo máximo". Aún creo que las pulsiones agresivas están en su apogeo en el estadío en que predomina la ansiedad persecutoria; o, en otras palabras, que la ansiedad persecutoria es provocada por el instinto destructivo y constantemente alimentada por la proyección de las pulsiones destructivas en los objetos. Pues es inherente a la naturaleza de la ansiedad persecutoria el hecho de que ésta incrementa el odio y los ataques contra el objeto sentido como perseguidor, y esto a su vez refuerza el sentimiento de persecución.

Algún tiempo después de la publicación de El psicoanálisis de niños elaboré mi concepto de la posición depresiva. Tal como lo veo ahora, con el progreso de las relaciones de objeto entre los tres y seis meses de edad, disminuyen tanto las pulsiones destructivas como la ansiedad persecutoria y comienza la posición depresiva. Por lo tanto mi opinión no varió en lo que respecta a la estrecha relación entre la ansiedad persecutoria y la predominancia del sadismo, pero debo alterar lo relativo a las fechas. Anteriormente sugería que la fase de máximo sadismo se halla en su apogeo hacia la mitad del primer año; diría ahora que se extiende a lo largo de los tres primeros meses de vida y corresponde a la posición esquizo-paranoide, descrita en la primera parte de este capítulo. Si supusiéramos que el bebé tiene determinado monto total de agresión, variable en cada niño, esta cantidad no sería a mi entender inferior, al principio de la vida postnatal, a lo que es en el estadío en que las pulsiones y fantasías canibalistas, uretrales y anales actúan con fuerza plena. Considerada en términos de cantidad únicamente (punto de vista que sin embargo no tiene en cuenta los distintos factores que determinan la acción de los instintos), podría decirse que tiene lugar un proceso de distribución, a medida que se abren nuevas fuentes de agresión y que es posible un mayor número de aptitudes, tanto físicas como mentales, que gradualmente entran en juego; y el hecho de que estas pulsiones y fantasías de distintos orígenes se superpongan, interactúen y se refuercen mutuamente, también puede considerarse como expresión del progreso en la integración y la síntesis. Mas aun, a la confluencia de pulsiones y fantasías agresivas corresponde la confluencia de fantasías orales, uretrales y anales de carácter libidinal. Esto significa que la lucha entre la libido y la agresión es llevada a un campo mas amplio. Digo en El psicoanálisis de niños: "La emergencia de los estadíos de organización que conocemos corresponde, diría, no sólo a las posiciones que la libido conquistó y estableció en su lucha contra el instinto destructivo, sino (ya que estos dos componentes están para siempre jamás tanto unidos como opuestos) a un creciente ajuste entre ellos".

La capacidad del bebé para entrar en la posición depresiva e instalar al objeto total dentro de sí, implica que no está ya tan fuertemente dominado por las pulsiones destructivas y la ansiedad persecutoria como lo estaba en un estadío mas primitivo. La creciente integración introduce cambios en la naturaleza de su ansiedad pues, al irse sintetizando el amor y el odio en relación con el objeto, surge un gran dolor mental, sentimientos depresivos y culpa. El odio hasta cierto punto es mitigado por el amor, mientras que los sentimientos de amor son en cierta medida afectados por el odio; el resultado es un cambio en la cualidad de las emociones del bebé hacia sus objetos. Al mismo tiempo el progreso de la integración y las relaciones de objeto capacita al yo para desarrollar formas mas efectivas de manejo de las pulsiones agresivas y de la ansiedad despertada por éstas. Sin embargo, no podemos perder de vista el hecho de que las pulsiones sádicas, sobre todo porque actúan en varias zonas, constituyen un factor de suma importancia en los conflictos del bebé que surgen en este estadío; pues la esencia de la posición depresiva es la ansiedad del bebé de que su objeto amado sea dañado o destruido por su sadismo.

Los procesos emocionales y mentales que se desarrollan durante el primer año de vida (y que se repiten a lo largo de los primeros cinco o seis años) pueden ser definidos en términos de éxito o fracaso de la lucha entre la agresión y la libido; y la elaboración de la posición depresiva implica que en esta lucha (renovada en cada crisis mental o física) el yo es capaz de desarrollar métodos adecuados de manejo y modificación de las ansiedades persecutoria y depresiva, y, en última instancia, de disminuir y mantener a raya la agresión dirigida hacia los objetos amados.



Elegí el término "posición" para designar las fases paranoide y depresiva porque estos agrupamientos de ansiedades y defensas, aunque surjan primeramente en los estadíos primitivos, no se restringen a éstos, sino que aparecen y reaparecen durante los primeros años de la infancia y, bajo determinadas circunstancias, en la vida ulterior.

1 Para mi contribución a este libro, es decir, a Desarrollos en psicoanálisis: véase la Nota aclaratoria a "Sobre la teoría de la ansiedad y la culpa". Recibí valiosa ayuda de mi amiga Lola Brook, quien revisó cuidadosamente mis manuscritos e hizo muchas sugerencias útiles, tanto en lo que concierne a las formulaciones como al ordenamiento del material. Mucho le debo por su interés constante en mi trabajo.

2 En "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides", que trata mas detalladamente este tema, señalo que adopté el término de Fairbairn "esquizoide", agregado al mío propio "posición paranoide".

3 En Inhibición, síntoma y angustia (O. C. 20) Freud declara que "existe mayor continuidad entre la vida intrauterina y la primera infancia de lo que nos permite creer la impresionante cisura del nacimiento".

4Sugerí que la lucha entre los instintos de vida y de muerte ya entra en la experiencia dolorosa del nacimiento y refuerza la ansiedad persecutoria provocada por ella. Véase "Sobre la teoría de la ansiedad y la culpa".

5[M. Klein remite aquí a los trabajos de S. Isaacs (1952) y P. Heimann (1952a), y al suyo propio titulado "Observando la conducta de bebés", todos ellos incluidos en Desarrollos en psicoanálisis.]

6Estos primeros objetos introyectados forman el núcleo del superyó. A mi entender, el superyó comienza con los primeros procesos introyectivos y se construye a partir de figuras buenas y malas, que son internalizadas en situaciones de amor y de odio en los diversos estadíos del desarrollo y son gradualmente asimiladas o integradas por el yo. Véase Heimann (1952a).

7 La ansiedad relacionada con ataques provenientes de objetos internalizados -ante todo objetos parciales- constituye a mi entender la base de la hipocondría. Adelanté esta hipótesis en mi libro El psicoanálisis de niños, y también expuse en él mi opinión de que las tempranas ansiedades infantiles son de naturaleza psicótica y forman la base de ulteriores psicosis.

8 En mi artículo "Contribución a la psicogénesis de los estados maníaco-depresivos" sugiero que la ambivalencia es vivenciada por primera vez en relación con el objeto total durante la posición depresiva. De acuerdo con la modificación de mi opinión respecto al surgimiento de la ansiedad depresiva (véase "Sobre la teoría de la ansiedad y la culpa"), considero ahora que la ambivalencia es vivenciada con respecto a los objetos parciales.

9 Esta forma de interacción de la libido y de la agresión correspondería a un estado particular de fusión de los dos instintos.

10 Véase: "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides".

11 En pacientes de tipo esquizoide, hallé que la fuerza de los mecanismos esquizoides infantiles era responsable en última instancia de la dificultad de acceso al inconsciente. En tales pacientes, el progreso hacia la síntesis es trabado por el hecho de que bajo la presión de la ansiedad, se vuelven incapaces una y otra vez de mantener los lazos fortalecidos en el transcurso del análisis y entre las diferentes partes del yo. En pacientes de tipo depresivo, la división entre lo inconsciente y lo consciente es menos pronunciada y por lo tanto estos pacientes tienen mayor capacidad de insight. A mi entender, han superado con mucho mas éxito sus mecanismos esquizoides en la temprana infancia.

12 Véase El psicoanálisis de niños, cap. 3.

13 Mi argumentación (tal como está representada aquí y en otros escritos) sobreentiende que no comparto el concepto de Abraham de un estado preambivalente en la medida en que esto implica que las pulsiones destructivas (sádico-orales) aparecen con la dentición. Debemos recordar sin embargo que Abraham también señaló el sadismo inherente al mamar "como acto de vampirismo". No hay duda de que la dentición y los procesos fisiológicos que afectan a las encías constituyen un fuerte estímulo de las pulsiones y fantasías canibalísticas; pero la agresión forma parte de la más primitiva relación del lactante con el pecho, aunque en ese estadío no suela expresarse mediante la acción de morder.

14 Véase El psicoanálisis de niños

15 Véase "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides".

16 Abraham se refiere a la inhibición instintiva que aparece primeramente en "... el estadío de narcisismo con fin sexual canibalístico" ("Un breve estudio de la evolución de la libido".) Puesto que la inhibición de las pulsiones agresivas y de la voracidad tiende a involucrar igualmente deseos libidinales, la ansiedad depresiva se transforma en causa de las dificultades para aceptar el alimento que se presentan en lactantes de pocos meses y aumentan con el destete. En lo que atañe a las dificultades en la alimentación que se presentan en algunos lactantes desde los primeros días, creo que son causadas por la ansiedad persecutoria. (Véase El psicoanálisis de niños).

17 Estas dificultades a menudo observables en lactantes, particularmente durante el destete (es decir al reemplazar el pecho por el biberón o al agregar nuevos alimentos a este último, etc.), puede considerarse como un síntoma depresivo bien conocido en la sintomatología de los estados depresivos. Este punto es tratado con algún detalle en "Observando la conducta de bebés". Véase igualmente la nota 16.

18 Esta regresión primitiva puede ocasionar serios disturbios en el desarrollo temprano, por ejemplo la deficiencia mental (véase "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides") y puede constituir la base de ciertas formas de enfermedad esquizofrénica. Otro posible resultado del fracaso en la elaboración de la posición depresiva infantil es la enfermedad maníaco-depresiva, o bien una neurosis grave. Sostengo por lo tanto que la posición depresiva infantil es de central importancia en el desarrollo del primer año.

19 Tanto en el análisis de adultos como en el de niños puede observarse que, juntamente con una vivencia depresiva total, surgen sentimientos de esperanza. En el desarrollo temprano, éste es uno de los factores que ayudan al bebé a superar la posición depresiva.

20 Sabemos que, bajo la presión de la ambivalencia, la escisión persiste en cierta medida en el transcurso de la vida y desempeña un papel importante en la economía mental normal.

21 En lo que hace a la relación de la posición depresiva infantil con los estados maníaco-depresivos por una parte y con el duelo normal por la otra, véanse "Contribución a la psicogénesis de los estados maníaco-depresivos" y "El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos".

22 Véase Heimann (1952a), 2ª parte. He descrito detalladamente el desarrollo edípico en El psicoanálisis de niños (en particular capítulo 8) y también en mis artículos "Estadíos tempranos del conflicto edípico" y "El complejo de Edipo a la luz de las ansiedades tempranas".

23 En "Un breve estudio de la evolución de la libido" (1924), Abraham escribe: "Otro punto que debe señalarse en relación con la parte del cuerpo que ha sido introyectada, es que el pene es regularmente asimilado al pecho materno y que otras partes del cuerpo como ser dedos, pies, cabello, heces y nalgas pueden representar secundariamente aquellos dos órganos".

24 Véase el concepto de figura parental combinada en El psicoanálisis de niños, cap. 8 en particular.

25 La capacidad del niño para gozar al mismo tiempo la relación con ambos padres, lo cual constituye un raso importante de su vida mental y está en conflicto con sus deseos (instigados por celos y ansiedad) de separarlos, depende de que los sienta como individuos separados. Esta relación mas integrada con sus padres (distinta de la necesidad compulsiva de mantenerlos separados uno del otro y de impedir el acto sexual) implica mayor comprensión de sus relaciones mutuas y es condición previa de la esperanza del niño de acercarlos y unirlos en forma feliz.

26 No obstante, signos de recurrencia de sentimientos depresivos pueden ser detectados en bebés normales mediante una observación atenta. Síntomas severos de depresión aparecen en forma muy llamativa en niños muy pequeños bajo determinadas circunstancias, como ser una enfermedad, la súbita separación de la madre o de la niñera, o un cambio en la alimentación.

27 La interrelación entre las ansiedades persecutoria y depresiva por una parte y el temor a la castración por la otra, se trata detalladamente en mi artículo "El complejo de Edipo a la luz de las ansiedades tempranas".

28 Véase Heimann e Isaacs (1952).

29 Debo abstenerme aquí de describir detalladamente las maneras en que la formación de símbolos está desde un principio inextricablemente ligada a la actividad fantaseadora del niño y a las vicisitudes de la ansiedad. Remito al lector a Isaacs (1925) y a mi trabajo "Observando la conducta de bebés"; también a mis anteriores artículos "Principios psicológicos del análisis infantil" (1926) y "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo" (1930).

30 Véase El psicoanálisis de niños.

31 La experiencia me mostró que las ansiedades que subyacen a la hipocondría se hallan también en la base de los síntomas de conversión histéricos. El factor fundamental común a ambas es el temor referido a la persecución dentro del cuerpo (ataques provinientes de objetos perseguidores internalizados) o al daño infligido por el sadismo del sujeto a los objetos internos (ataques de sus excrementos peligrosos), todo lo cual es sentido como daño físico infligido al yo. La elucidación de los procesos que subyacen a la transformación de esas ansiedades persecutorias en síntomas físicos puede contribuir a esclarecer los problemas de la histeria.

32 Si estas defensas persisten excesivamente mas allá del estadío temprano en el que son apropiadas, el desarrollo puede sufrir en varias formas; se impide la integración, se traba la vida de la fantasía y los deseos libidinales; en consecuencia, la tendencia a reparar, las sublimaciones, las relaciones de objeto y la relación con la realidad pueden quedar perturbadas.

33 El reconocimiento de que existe en el niño la necesidad de adquirir hábitos de limpieza, necesidad ligada a la ansiedad y culpa y a las defensas contra ellas, lleva a la siguiente conclusión: el aprendizaje de los hábitos de limpieza, efectuado sin premura y en el período en el que la necesidad de este aprendizaje se hace evidente (generalmente en el transcurso del segundo año), es beneficioso para el desarrollo del niño. Impuesto a éste en un estadío anterior, puede resultar dañino. Mas aun, en cualquier período el niño debería ser sólo alentado, pero no forzado, a adquirir hábitos de limpieza. Estas líneas constituyen necesariamente tan sólo una referencia muy incompleta a un importante problema de la crianza del niño.

34 La concepción de Freud sobre las formaciones reactivas y la "anulación" en el proceso de la neurosis obsesiva, sustenta mi concepto de reparación, que abarca, además, varios procesos mediante los que el yo siente que anula el daño hecho en su fantasía, restaura, preserva y revive el objeto.

35 Dice Freud: "... señalaremos como materia de ulteriores reflexiones la posibilidad de que la represión sea un proceso especialmente relacionado con la organización genital de la libido y que el yo acuda a métodos distintos de defensa cuando tiene que asegurarse contra la libido en otros niveles de organización". (Inhibición, síntoma y angustia).

36 Véase "Notas sobre algunos mecanismos esquizoides".

37 Véase "Sobre la teoría de la ansiedad y la culpa".

Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del bebé Obras Completas de M. Klein

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