Obras Completas de Melanie Klein



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CONCLUSIONES


Examiné detalladamente las primeras etapas de la superación de la posición depresiva que caracterizan la segunda mitad del primer año de vida. Hemos visto que en los estadíos tempranos, en los que predomina la ansiedad persecutoria, los objetos del bebé son de naturaleza primitiva y persecutoria: devoran, desgarran, envenenan, inundan, etc., es decir, que los múltiples deseos y fantasías orales, uretrales y anales son proyectados tanto en los objetos externos como en los objetos internalizados. La imagen de estos objetos se altera poco a poco en el psiquismo del bebé a medida que progresa la organización libidinal y se modifica la ansiedad.

Sus relaciones con su mundo interno y externo progresan simultáneamente; la interdependencia entre esas relaciones implica cambios en los procesos de introyección y de proyección que son un factor esencial para la disminución de las ansiedades persecutoria v depresiva. Todo esto tiene por resultado una mayor capacidad del yo para asimilar al superyó, aumentando en esta forma su propia fuerza.

Cuando se logra la estabilización, algunos factores fundamentales han sufrido alteraciones. No me ocupo ahora del progreso del yo, ligado en cada etapa (según traté de mostrarlo) al desarrollo emocional y a la modificación de la ansiedad, sino que deseo subrayar los cambios en los procesos inconscientes. Creo que estos cambios resultan más comprensibles si los vinculamos al origen de la ansiedad. Me refiero aquí nuevamente a mí afirmación de que las pulsiones destructivas (instinto de muerte) constituyen el factor primario causante de ansiedad37. La voracidad es incrementada por las quejas y el odio, es decir, por manifestaciones del instinto destructivo; pero estas manifestaciones son a su vez reforzadas por la ansiedad persecutoria. Cuando en el transcurso del desarrollo la ansiedad es a la vez reducida y mantenida a raya más firmemente, disminuyen las quejas y el odio así como la voracidad, y esto en última instancia conduce al debilitamiento de la ambivalencia. Expresando esto en función de los instintos: cuando la neurosis infantil pudo seguir su curso, es decir, cuando la ansiedad persecutoria y la ansiedad depresiva han sido reducidas v modificadas, el equilibrio en la fusión de los instintos de vida y de muerte (y también entre la libido y la agresión) ha sido alterado en alguna forma. Esto implica cambios importantes en los procesos inconscientes, es decir, en la estructura del superyó y en la estructura y dominio de las partes inconscientes (tanto como conscientes) del yo.

Hemos visto que las fluctuaciones entre las posiciones libidinales y entre la progresión y la regresión, que caracterizan los primeros años de la niñez, están inextricablemente ligadas a las vicisitudes de las ansiedades persecutoria y depresiva que surgen durante la primera infancia. Así pues, estas ansiedades son no sólo un factor esencial de fijación y regresión, sino que su influencia es constante en el curso del desarrollo.

El desarrollo normal exige como condición previa el mantenimiento, a través de la alternancia de la regresión y progresión, de aspectos fundamentales del progreso ya logrado. En otras palabras, exige que el proceso de integración y síntesis no sea fundamental y permanentemente perturbado. Si la ansiedad se mitiga gradualmente, la progresión deberá primar sobre la regresión y, en el curso de la neurosis infantil, quedarán establecidas las bases para la estabilidad mental.

Notas

Nº 1


Margaret A. Ribble relata observaciones realizadas en 500 bebés ("Infantile Experience in Relation to Personality Development", 1944), y expresa sus opiniones, algunas de las cuales complementan las conclusiones a las que llegué a través del análisis de niños pequeños.

Así, refiriéndose a la relación con la madre desde el principio de la vida, recalca la necesidad del lactante de recibir los cuidados de la madre, necesidad que va mucho mas allá de la gratificación al mamar; por ejemplo, dice en la pág. 631:

"Mucho de la calidad y cohesión de la personalidad del niño depende del apego emocional a la madre. Este apego (o empleando el término psicoanalítico, esta catexia dirigida hacia la madre) se desarrolla gradualmente a partir de la satisfacción que proviene de ella. Hemos estudiado la naturaleza de este apego progresivo tan esquivo y sin embargo tan esencial en razón de importantes detalles. Tres tipos de experiencia, o sea: la experiencia táctil, la experiencia kinestésica o sentido de la posición del cuerpo, y la experiencia del sonido, contribuyen en primer lugar a su formación. El desarrollo de esas capacidades sensoriales ha sido mencionado por casi todos los observadores del comportamiento infantil, pero no ha sido recalcada su particular importancia para la relación personal entre la madre y el niño".

La importancia de esta relación personal en el desarrollo físico del niño es subrayada por Margaret A. Ribble en varios lugares; por ejemplo, dice en la pág. 630:

"... las irregularidades mas triviales en el cuidado personal o el manejo de todo lactante, como ser escaso contacto con la madre, insuficiente alzarlo en brazos, o cambios de niñera o de rutina general, provocan a menudo perturbaciones, como ser palidez, respiración irregular y trastornos alimentarios. En lactantes constitucionalmente sensibles o pobremente organizados, estas perturbaciones, si son demasiado frecuentes, pueden alterar en forma permanente el desarrollo orgánico y psíquico y no pocas veces amenazan la vida misma".

En otro lugar, la autora resume estas perturbaciones en la forma siguiente (pág. 630):

"El lactante se halla continuamente en peligro potencial de desorganización funcional, debido al propio estado incompleto del cerebro y sistema nervioso. En lo exterior, el peligro radica en una súbita separación de la madre, quien ya sea intuitivamente o a sabiendas, debe mantener ese equilibrio funcional. La negligencia afectiva o falta de amor pueden ser igualmente desastrosas. Internamente, el peligro parece radicar en el aumento de tensión proviniente de necesidades biológicas y en la incapacidad del organismo para mantener su energía interior o equilibrio metabólico y excitabilidad refleja. La necesidad de oxígeno puede volverse aguda porque los mecanismos respiratorios del lactante no están aún suficientemente desarrollados para trabajar en forma adecuada a la creciente demanda interior causada por el rápido crecimiento de los lóbulos frontales".

Estas perturbaciones funcionales que, de acuerdo con las observaciones de M. Ribble, llegarían a poner en peligro la vida, pueden ser interpretadas como expresión del instinto de muerte que, según Freud, se dirige primitivamente contra el propio organismo (Mas allá del principio de placer). Afirmé que este peligro, que despierta el temor al aniquilamiento, a la muerte, constituye la causa primaria de ansiedad. El hecho de que los factores biológicos, fisiológicos y psicológicos están ligados desde el principio de la vida postnatal, es ilustrado por las observaciones de M. Ribble. Yendo mas allá, sacaré la conclusión de que el constante y afectuoso cuidado del niño por la madre, al fortalecer la relación libidinal hacia ella, apoya el instinto de vida en su lucha contra el instinto de muerte (tratándose de lactantes "constitucionalmente sensibles o pobremente organizados", esto es esencial aun para mantenerlos vivos). En el presente trabajo y en "Sobre la teoría de la ansiedad y la culpa" discuto mas ampliamente este punto.

Otro tema sobre el que las conclusiones de la doctora Ribble coinciden con las mías, se refiere a los cambios que ella sitúa hacia el tercer mes de vida. Estos cambios pueden considerarse como la contraparte fisiológica de los rasgos de la vida emocional que describí como aparición de la posición depresiva. Dice (pág. 64):

"En ese período, las actividades orgánicas respiratorias, digestivas y circulatorias empiezan a mostrar considerable estabilidad, indicando así que el sistema nervioso autónomo ha asumido sus funciones específicas. Sabemos por estudios anatómicos que el sistema circulatorio fetal se halla generalmente obliterado por ese entonces. Aproximadamente en esa época aparecen en el electroencefalograma los trazados de ondas cerebrales típicos de los adultos... indicando probablemente una mayor madurez de la actividad cerebral. Se observan estallidos de reacciones emocionales no siempre bien diferenciadas pero que expresan obviamente una dirección positiva o negativa y que involucran la totalidad del sistema. Los ojos focalizan correctamente y siguen a la madre, los oídos funcionan bien y pueden diferenciar los ruidos que ella hace. El sonido que ella produce o su visión, provocan respuestas emocionales positivas que antes eran obtenidas sólo por contacto, y que consisten en sonrisas oportunas y aun genuinas explosiones de alegría".

Creo que estos cambios están ligados a la disminución de los procesos de escisión y al progreso en la integración del yo y las relaciones de objeto; en particular están ligados a la capacidad del bebé para percibir e introyectar a la madre como persona total, todo lo cual he descrito como ocurriendo en el segundo trimestre del primer año, al aparecer la posición depresiva.




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