Obras Completas de Melanie Klein


DESARROLLO ULTERIOR Y MODIFICACIÓN DE LA ANSIEDAD



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DESARROLLO ULTERIOR Y MODIFICACIÓN DE LA ANSIEDAD

I


La neurosis infantil puede ser considerada como una combinación de procesos mediante los cuales las ansiedades de naturaleza psicótica son ligadas, elaboradas y modificadas. Pasos fundamentales en la modificación de las ansiedades persecutoria y depresiva forman parte del desarrollo durante el primer año. La neurosis infantil, tal como la veo, empieza pues en el primer año de vida y termina -al iniciarse el período de latencia- cuando se logra la modificación de las ansiedades tempranas.

Todos los aspectos del desarrollo contribuyen al proceso de modificación de la ansiedad, y por lo tanto, las vicisitudes de la ansiedad sólo pueden comprenderse en su interacción con los demás factores del desarrollo. Por ejemplo, la adquisición de habilidades físicas, las actividades de juego, el desarrollo del lenguaje o el progreso intelectual en general, los hábitos de limpieza, el incremento de las sublimaciones, la ampliación de la gama de las relaciones de objeto, el progreso en la organización libidinal del niño, todos estos logros están inextricablemente entretejidos con aspectos de la neurosis infantil; en última instancia, con las vicisitudes de la angustia y las defensas involucradas contra ella. Sólo puedo escoger aquí algunos de estos factores que interactúan e indicar en qué forma contribuyen a modificar la ansiedad.

Los primeros objetos perseguidores externos e internos son -de acuerdo con lo discutido anteriormente- el pecho malo de la madre y el pene malo del padre; e interactúan los temores de persecución referidos a los objetos internos y los referidos a los objetos externos. Estas ansiedades, focalizadas primeramente en los padres, hallan expresión en las fobias tempranas y afectan profundamente la relación del niño con sus padres. Las ansiedades persecutoria y depresiva contribuyen fundamentalmente a crear los conflictos que surgen en la situación edípica27 e influyen en el desarrollo libidinal.

Los deseos genitales hacia ambos progenitores, que inician los estadíos tempranos del complejo de Edipo (hacia la mitad del primer año), están al principio entretejidos con deseos y fantasías orales, anales y uretrales, de naturaleza a la vez libidinal y agresiva. Las ansiedades de carácter psicótico originadas por pulsiones destructivas provenientes de todas estas fuentes tienden a reforzar estas pulsiones, y, en caso de ser excesivas, crean fuertes fijaciones en los estadíos pregenitales28.

Así pues, la ansiedad influye en cada etapa del desarrollo libidinal, ya que conduce a la fijación de estados pregenitales y una y otra vez a la regresión a éstos. Por otra parte, la ansiedad y la culpa y la consiguiente tendencia a la reparación, agregan ímpetu a los deseos libidinales y estimulan la dirección progresiva de la libido, pues dar y recibir gratificación libidinal alivia la ansiedad y satisface también la necesidad de reparar. Por lo tanto, la ansiedad y la culpa a veces frenan y otras veces favorecen el desarrollo libidinal. Esto no sólo varía de un individuo a otro, sino que puede variar en un mismo individuo, según la intrincada interacción de los factores internos y externos en determinado momento.

En las fluctuantes posiciones del complejo de Edipo positivo y negativo son vivenciadas todas las ansiedades tempranas, pues los celos, la rivalidad y el odio de estas posiciones, despiertan renovadamente las ansiedades persecutoria y depresiva. Las ansiedades focalizadas en los padres como objetos internos se elaboran sin embargo y disminuyen gradualmente a medida que el bebé extrae de la relación con los padres externos un creciente sentimiento de seguridad.

En el interjuego de progresión y regresión, fuertemente influido por la ansiedad, gradualmente llegan a dominar las tendencias genitales. A consecuencia de ello la capacidad para reparar aumenta, se amplían sus alcances y las sublimaciones adquieren fuerza y estabilidad, pues en el nivel genital están ligadas a la necesidad más creativa del ser humano. Las sublimaciones genitales de la posición femenina están ligadas a la fertilidad -el poder de dar vida- y por ende también a la recreación de objetos perdidos o dañados. En la posición masculina, el elemento de creación de la vida se halla reforzado por las fantasías de fertilizar a la madre dañada o destruida y así restaurarla o revivirla. El órgano genital, pues, no es sólo un órgano de procreación, sino también un instrumento de reparación y de nueva creación.

El predominio de las tendencias genitales implica un gran progreso en la integración del yo, ya que ellas se hacen cargo de los deseos libidinales y reparatorios de carácter pregenital, produciéndose en esta forma la síntesis de las tendencias reparatorias pregenitales y genitales. Por ejemplo, la capacidad para recibir "bondad", en primer lugar el alimento y el amor de la madre tan deseados, y la necesidad de alimentarla como recompensa, y restaurarla en esta forma -base de las sublimaciones orales- son condiciones previas de un desarrollo genital exitoso.

La creciente fuerza de la libido genital, que incluye el progreso de la capacidad para reparar, corre paralela a la disminución gradual de la ansiedad y de la culpa despertadas por las tendencias destructivas, aunque los deseos genitales sean causa de conflictos y culpa en la situación edípica. Se desprende de ello que la primacía genital implica una disminución de las tendencias y ansiedades orales, uretrales y anales. A través del proceso de elaboración de los conflictos edípicos y logro de la primacía genital, el niño se hace capaz de establecer firmemente los objetos buenos en su mundo interior y de desarrollar una relación estable con sus padres. Todo esto significa que está elaborando y modificando las ansiedades persecutoria y depresiva.

Existen razones para suponer que tan pronto como el bebé desplaza su interés hacia otros objetos distintos del pecho materno -como ser partes del cuerpo materno, los objetos que lo rodean, partes de su propio cuerpo, etcétera-, empieza un proceso fundamental para el incremento de las sublimaciones y relaciones de objeto. El amor, los deseos (agresivos así como libidinales) y las ansiedades, son transferidos del primero y único objeto, la madre, a otros objetos; y se desarrollan otros intereses que sustituyen la relación con el objeto primario. Este objeto primario es, sin embargo, no sólo el pecho externo, sino el pecho bueno internalizado; y la desviación de los sentimientos y emociones relacionados ahora con el mundo externo está ligada a la proyección. La función de formación de símbolos y la actividad de las fantasías tienen gran importancia en todos los procesos descritos29. Con el surgimiento de la ansiedad depresiva y particularmente con el comienzo de la posición depresiva, el yo se ve llevado a proyectar, desviar y distribuir los deseos y emociones así como la culpa y la necesidad de reparar, en nuevos objetos e intereses. A mi entender, estos procesos constituyen la fuente principal de las sublimaciones a lo largo de la vida. Es, sin embargo, condición previa del desarrollo exitoso de las sublimaciones (como también de las relaciones de objeto y de la organización libidinal) que el amor por los primitivos objetos pueda mantenerse, mientras los deseos y ansiedades son desviados y distribuidos, pues el predominio de la queja y el odio hacia los objetos primarios tiende a hacer peligrar las sublimaciones y relaciones con objetos sustitutivos.

Surge otra perturbación de la capacidad para reparar y por lo tanto para sublimar, cuando, debido al fracaso en la superación de la posición depresiva, la esperanza de reparar se ve debilitada, o, dicho en otra forma, cuando existe desesperanza por la destrucción ocasionada a los objetos amados.

II


Según sugiero más arriba, todos los aspectos del desarrollo están ligados a la neurosis infantil. Un rasgo característico de la neurosis infantil lo constituyen las fobias tempranas que surgen durante el primer año de vida y, cambiando de forma y contenido, aparecen y desaparecen a lo largo de los años de infancia. Tanto la ansiedad persecutoria como la depresiva subyacen a las fobias tempranas, que incluyen dificultades en la alimentación, terrores nocturnos, ansiedad en ausencia de la madre, miedo a los extraños perturbaciones de las relaciones con los padres y de las relaciones de objeto en general. La necesidad de externalizar los objetos perseguidores es un elemento intrínseco del mecanismo de las fobias30. Esta necesidad deriva tanto de la ansiedad persecutoria (referida al yo) como de la ansiedad depresiva (centrada en los peligros que amenazan a los objetos internos buenos por parte de los perseguidores internos). Los temores a la persecución interna igualmente encuentran expresión en las ansiedades hipocondríacas. También contribuyen a una variedad de enfermedades físicas, como ser los frecuentes resfríos de los niños pequeños31.

Las ansiedades orales, uretrales y anales (que intervienen tanto en la adquisición como en la inhibición de hábitos de limpieza) constituyen rasgos básicos de la sintomatología de la neurosis infantil. Igualmente constituye un rasgo característico de la neurosis infantil que ocurran distintas formas de recaída en los primeros años de vida. Según vimos más arriba, en caso de reforzarse la ansiedad de naturaleza persecutoria y depresiva, tiene lugar una regresión a estadíos anteriores y a sus correspondientes situaciones de ansiedad. Esta regresión se manifiesta, por ejemplo, en el abandono de los hábitos de limpieza ya adquiridos; o bien en la reaparición, bajo formas ligeramente distintas, de fobias en apariencia superadas.

Durante el segundo año, las tendencias obsesivas se colocan en primer plano; expresan y, a la vez ligan, ansiedades orales, uretrales y anales. Se pueden observar rasgos obsesivos en rituales al acostarse, rituales relacionados con la limpieza, la alimentación, etc., y en una necesidad general de repetición (por ej., el deseo de escuchar incansablemente el mismo cuento, a veces contado con las mismas palabras, o de repetir los mismos juegos). Estos fenómenos, aunque forman parte del desarrollo normal del niño, pueden ser descritos como síntomas neuróticos. La disminución o superación de estos síntomas conduce a la modificación de las ansiedades orales, uretrales y anales; esto a su vez implica una modificación de la ansiedad persecutoria y depresiva.

La capacidad del yo para desarrollar paso a paso defensas que le permitan en cierta medida elaborar las ansiedades, es parte esencial del proceso de modificación de la ansiedad. En el estadío más primitivo (esquizo-paranoide), la ansiedad es contrarrestada por defensas extremas y poderosas, tales como escisión, omnipotencia y negación32. En el estadío siguiente (posición depresiva), las defensas sufren, según hemos visto, importantes cambios caracterizados por la mayor capacidad del yo para tolerar la ansiedad. En el segundo año, con el progreso en el desarrollo del yo, el niño utiliza su creciente adaptación a la realidad externa y su creciente control de las funciones corporales para poner a prueba los peligros internos por medio de la realidad externa.

Todos estos cambios son característicos de los mecanismos obsesivos, los que también pueden ser considerados como una defensa muy importante. Por ejemplo, al adquirir hábitos de limpieza, las ansiedades del bebé referentes a sus heces peligrosas (es decir, referentes a su propia destructividad), a sus objetos malos internalizados y a su caos interno, disminuyen temporariamente una y otra vez. El control de los esfínteres le prueba que puede controlar los peligros internos y los objetos internos. Más aun, los excrementos reales sirven como prueba en contra de sus temores fantásticos de destructividad. Pueden ahora ser expulsados conforme al pedido de la madre o la niñera, quienes al aprobar las situaciones en que expulsa los excrementos parecen también aprobar la naturaleza de los mismos, y esto los vuelve ''buenos"33. De ello resulta que el niño llega a sentir que el daño hecho por sus excrementos en sus fantasías agresivas a sus objetos internos y externos, puede ser anulado. La adquisición de hábitos de limpieza disminuye por lo tanto su culpa y satisface su deseo de reparar34.

Los mecanismos obsesivos constituyen una parte importante del desarrollo del yo. Capacitan a éste para mantener temporariamente a raya la ansiedad. Esto a su vez ayuda al yo en el logro de mayor integración y fuerza; en esta forma es posible la gradual elaboración, disminución y modificación de la ansiedad. No obstante, los mecanismos obsesivos constituyen en este estadío tan sólo una de las defensas. Si son excesivos y llegan a ser la defensa principal esto puede considerarse como una indicación de que el yo no puede manejar eficazmente la ansiedad de naturaleza psicótica y de que se esta desarrollando en el niño una grave neurosis obsesiva.

Otro cambio fundamental de las defensas caracteriza al estadío en que se fortalece la libido genital. Cuando esto sucede, según vimos anteriormente, el yo se halla mas integrado, la adaptación a la realidad externa ha progresado; se ha desarrollado la función de la conciencia; también el superyó esta mas integrado; se ha producido una síntesis más completa de los procesos inconscientes, es decir entre las partes inconscientes del yo y del superyó; es más nítida la demarcación entre lo inconsciente v lo consciente. Estos progresos permiten a la represión desempeñar el papel dominante entre las defensas35. Un factor esencial de la represión es el aspecto censurador y prohibidor del superyó, aspecto este que se fortalece como consecuencia del progreso en la organización del superyó. Las exigencias del superyó de mantener fuera de la conciencia determinadas pulsiones y fantasías de carácter agresivo y libidinal, las cumple el yo más fácilmente porque ha progresado en su integración y en la asimilación del superyó.

En una sección anterior describí cómo aun durante los primeros meses de vida el yo inhibe los deseos instintivos, primeramente bajo la presión de la ansiedad persecutoria y, algo más tarde, de la ansiedad depresiva. Se da otro paso adelante en el desarrollo de las inhibiciones instintivas cuando el yo puede hacer uso de la represión.

Hemos visto las formas en que el yo utiliza la escisión durante la fase esquizo-paranoide36. El mecanismo de escisión subyace a la represión (lo que está implícito en el concepto de Freud); pero en contraste con las primitivas formas de escisión, que conducían a estados de desintegración, la represión no tiene normalmente por resultado la desintegración del si-mismo. Puesto que en este estadío existe mayor integración tanto dentro de las partes conscientes como inconscientes del psiquismo, y puesto que en la represión la escisión efectúa predominantemente una división entre lo consciente y lo inconsciente, ninguna de las partes del si-mismo está expuesta al grado de desintegración que podía surgir en los estadíos anteriores. Sin embargo, el grado en que se recurre a los procesos de escisión en los primeros meses de vida influye vitalmente en el empleo de la represión en un período ulterior. Porque en caso de no ser suficientemente superados los mecanismos esquizoides tempranos, puede resultar que. en lugar de un limite fluido entre lo consciente v lo inconsciente, surja entre ellos una rígida barrera; esto indica que la represión es excesiva y que, por lo tanto, el desarrollo está perturbado. Por otra parte, mediante una represión moderada, el inconsciente y la conciencia tienen mayores probabilidades de permanecer "porosos" uno con respecto al otro y por lo tanto las pulsiones y sus derivados son, en cierta medida, autorizados a emerger una y otra vez del inconsciente y son sujetos por parte del yo a procedimientos de selección y rechazo. La elección de las pulsiones, fantasías y pensamientos que deben ser reprimidos depende de la creciente capacidad del yo para aceptar las normas de los objetos externos. Esta capacidad está ligada a la mayor síntesis dentro del superyó y a la creciente asimilación del superyó por el yo.

Los cambios en la estructura del superyó, que se efectúan gradualmente y están siempre ligados al desarrollo edípico, contribuyen a la declinación del complejo de Edipo al iniciarse el período de latencia. En otras palabras, el progreso en la organización libidinal y en los distintos ajustes de los que llega a ser capaz el yo en este estadío, está ligado a la modificación de las ansiedades persecutoria y depresiva referidas a los padres internalizados, lo que implica mayor seguridad en el mundo interno.

Vistos a la luz de las vicisitudes de la angustia, los cambios característicos de la iniciación del período de latencia pueden resumirse como sigue: la relación con los padres es más segura; los padres introyectados se aproximan más a la imagen de los padres reales; sus normas, advertencias y prohibiciones son aceptadas e internalizadas y por lo tanto la represión de los deseos edípicos es más eficaz. Todo esto representa el clímax del desarrollo del superyó, resultado de un proceso que se extiende a lo largo de los primeros años de la vida.




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