Obras Completas de Melanie Klein


LA POSICIÓN DEPRESIVA INFANTIL



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LA POSICIÓN DEPRESIVA INFANTIL

I


Durante el segundo trimestre del primer año, ciertos cambios en el desarrollo intelectual y emocional del bebé se hacen más marcados. Su relación con el mundo externo -con las personas así como con las cosas- se vuelve más diferenciada. La gama de sus gratificaciones e intereses se amplía y aumenta su capacidad de expresar sus emociones y de comunicarse con la gente. Estos cambios observables evidencian el desarrollo gradual del yo. La integración, la conciencia, las capacidades intelectuales, la relación con el mundo externo y otras funciones del yo se desarrollan constantemente. Al mismo tiempo progresa la organización sexual del bebé; las tendencias uretrales, anales y genitales adquieren fuerza, aunque los impulsos y deseos orales predominan aún. Así pues, existe una confluencia de distintas fuentes de libido y agresión, que matiza la vida emocional del bebé y hace aparecer en primer plano varias situaciones nuevas de ansiedad; se amplia la gama de fantasías y éstas se vuelven más elaboradas y diferenciadas. Paralelamente ocurren importantes cambios en la naturaleza de las defensas.

Todos estos progresos se reflejan en la relación del bebé con su madre (y en cierta medida con su padre y otras personas). La relación con la madre como persona, que se ha ido desarrollando gradualmente mientras el pecho figuraba aún como principal objeto, se establece más firmemente y la identificación con ella se fortalece cuando el bebé llega a percibir o introyectar a su madre como persona (o, en otras palabras, como "objeto total").

Mientras que cierto grado de integración es condición previa para que el yo pueda introyectar a la madre y al padre como personas totales, el desarrollo ulterior en la dirección de la integración y síntesis se inicia al colocarse en primer plano la posición depresiva. Los diversos aspectos -amado y odiado, bueno y malo- de los objetos se unen y esos objetos son ahora personas totales. Estos procesos de síntesis actúan en la totalidad del campo de las relaciones de objeto externas e internas. Comprenden los aspectos contrastantes de los objetos internalizados (el superyó primitivo) por una parte y de los objetos externos por la otra; pero el yo se ve llevado también a disminuir la discrepancia entre el mundo externo e interno o mas bien la discrepancia entre las imágenes externas e internas Al mismo tiempo que estos procesos de síntesis, se producen ulteriores progresos en la integración del yo que conducen a una mayor coherencia entre las partes escindidas del yo. Todos estos procesos de integración y síntesis hacen que el conflicto entre el amor y el odio aparezca a plena luz La ansiedad depresiva y los sentimientos de culpa resultantes se modifican no sólo en cantidad sino calidad. La ambivalencia es ahora vivenciada predominantemente hacia un objeto total. Se produce un acercamiento del amor y del odio, del pecho "bueno'' y del ''malo"; la madre "buena" y la madre "mala" ya no pueden ser mantenidas tan separadas como en el estadío primitivo. Aunque el poder de las pulsiones destructivas disminuye, estas pulsiones son sentidas como un gran peligro para el objeto amado, percibido ahora como persona. La voracidad y las defensas contra ésta desempeñan un importante papel en este estadío, pues la ansiedad de perder irreparablemente el objeto amado o indispensable tiende a aumentar la voracidad. Esta, sin embargo, es sentida como incontrolable y destructiva, como amenaza a los objetos externos e internos. El yo por lo tanto inhibe más y más los deseos instintivos y esto puede conducir a serias dificultades del bebé para gustar o aceptar el alimento17, y ulteriormente a serias inhibiciones en el establecimiento de relaciones tanto de afecto como eróticas.

Los pasos hacia la integración y síntesis descritos más arriba conducen a una mayor capacidad del yo para reconocer la realidad psíquica, cada vez más desgarradora. La ansiedad con respecto a la madre internalizada, a la que se siente dañada, sufriendo, en peligro de ser aniquilada, o ya aniquilada y perdida para siempre, conduce a una mayor identificación con el objeto dañado. Esta identificación fortalece a la vez el impulso a reparar y las tentativas del yo de inhibir las pulsiones agresivas. Una y otra vez el yo utiliza la defensa maníaca. Como ya hemos visto, la negación, la idealización, la escisión y el control de los objetos internos y externos son utilizados por el yo con el fin de neutralizar la ansiedad persecutoria. Estos métodos omnipotentes se conservan en cierta medida cuando surge la posición depresiva, pero ahora se los utiliza predominantemente para neutralizar la ansiedad depresiva. Cambian también por los progresos hacia la integración y síntesis, es decir que se hacen menos extremos y se adaptan más a la creciente capacidad del yo para afrontar la realidad psíquica. Alterados de este modo en forma y fin, esos métodos tempranos constituyen ahora la defensa maníaca.

Enfrentado con una multitud de situaciones de ansiedad, el yo tiende a negarlas, y cuando la ansiedad es máxima, el yo llega hasta a negar que pueda amar al objeto en forma alguna. El resultado puede ser una supresión permanente del amor, el apartarse de los objetos primitivos y un incremento de la ansiedad persecutoria, es decir, una regresión a la posición esquizo-paranoide18.

Las tentativas del yo de controlar los objetos externos e internos -método que en la posición esquizo-paranoide está principalmente dirigido contra la ansiedad persecutoria- también sufren cambios. Cuando predomina la ansiedad depresiva, el control de objetos e impulsos es principalmente utilizado por el yo con el fin de prevenir la frustración, impedir la agresión y el consiguiente peligro para los objetos amados, es decir, mantener a raya la ansiedad depresiva.

También hay diferencia en el uso de la escisión del objeto y del sí-mismo. El yo, a pesar de que los primitivos métodos de escisión en cierta medida se mantienen, divide ahora el objeto total en un objeto indemne vivo y un objeto dañado y en peligro (quizá moribundo, o muerto); de este modo la escisión llega a ser principalmente una defensa contra la ansiedad depresiva.

Al mismo tiempo ocurren importantes progresos en el desarrollo del yo, que no sólo lo capacitan para establecer defensas más adecuadas contra la ansiedad, sino que logran eventualmente una disminución efectiva de la misma. La repetida experiencia de enfrentar la realidad psíquica, implicada en la elaboración de la posición depresiva, aumenta la comprensión del bebé del mundo externo. Paralelamente, la imagen de los padres, en un principio distorsionada en figuras idealizadas y terribles, se aproxima gradualmente a la realidad.

Según expuse en párrafos anteriores, cuando el bebé introyecta una realidad externa más tranquilizadora, mejora su mundo interno; y esto a su vez por proyección mejora la imagen del mundo externo. Por lo tanto, gradualmente, a medida que el bebé reintroyecta una y otra vez un mundo externo más realista y tranquilizador, y también, en cierta medida, establece dentro de sí objetos totales e indemnes, se producen progresos esenciales en la organización del superyó. Sin embargo, a medida que se unen los objetos internos buenos y malos -siendo los aspectos malos atenuados por los buenos- se altera la relación entre el yo y el superyó, es decir, se produce una asimilación progresiva del superyó por el yo. (Véase la nota 2.)

En este estadío, el deseo de reparar el objeto dañado entra en juego de lleno. Según hemos visto anteriormente, esta tendencia se halla inextricablemente ligada a sentimientos de culpa. Al sentir el bebé que sus pulsiones y fantasías de destrucción están dirigidos contra la persona total de su objeto amado, surge la culpa en toda su fuerza y, junto con ella, la necesidad dominante de reparar, preservar o revivir el objeto amado dañado. En mi opinión, estas emociones conducen a estadíos de duelo, y las defensas movilizadas, a tentativas por parte del yo de superar el duelo.

Puesto que la tendencia a reparar deriva en última instancia del instinto de vida, origina fantasías y deseos libidinales. Esta tendencia forma parte de todas las sublimaciones y constituirá, a partir de este estadío en adelante, el medio más poderoso por el cual se mantiene a raya y se disminuye la depresión.

Parece que no existe ningún aspecto de la vida mental que en los estadíos tempranos no sea utilizado por el yo como defensa contra la ansiedad. También la tendencia a reparar, utilizada en un principio en forma omnipotente, es transformada en defensa. El sentimiento (fantasía) del bebé puede describirse como sigue: "Mi madre está desapareciendo, tal vez no vuelva nunca, está sufriendo, está muerta. No, esto no puede ser, porque yo puedo revivirla."

La omnipotencia decrece a medida que el bebé adquiere gradualmente confianza a la vez en sus objetos y en sus capacidades de reparación19. Siente que todas las etapas del desarrollo, todo nuevo logro, complace a los que lo rodean y que en esta forma expresa su amor, compensa o anula el daño hecho por sus pulsiones agresivas y repara sus objetos amados dañados.

De este modo se establecen las bases del desarrollo normal: se desarrollan las relaciones con los demás, disminuye la ansiedad persecutoria referida a los objetos internos y externos, se establecen más firmemente los objetos internos buenos, lo que trae aparejado un sentimiento de mayor seguridad; todo lo cual fortalece y enriquece al yo. El yo más fuerte y coherente, aunque haga mayor uso de la defensa maníaca, une repetidamente y sintetiza los aspectos escindidos del objeto y del si-mismo. Gradualmente, los procesos de escisión y de síntesis se aplican a aspectos ahora menos distanciados unos de otros; aumenta la percepción de la realidad y los objetos aparecen bajo una luz más realista. Todos estos progresos conducen a una creciente adaptación a la realidad externa e interna20.

Se produce un cambio paralelo en la actitud del bebé hacia la frustración. Como hemos visto, en el estadío más temprano el aspecto malo perseguidor de la madre (su pecho) representaba en la mente del lactante todo lo malo y frustrador, tanto interno como externo. Cuando aumenta el sentido de la realidad en relación con los objetos y la confianza en ellos, el bebé se vuelve más capaz de distinguir entre la frustración impuesta desde el exterior y los peligros internos fantaseados. Por ende el odio y la agresión se relacionan más estrechamente con la frustración o daño reales derivados de factores externos. Esto constituye un paso hacia un método más realista y objetivo de manejo de su propia agresión, que despierta menos culpa y en último término capacita al niño tanto para vivenciar como para sublimar su agresión en una forma ego-sintónica.

Además, esta actitud más realista frente a la frustración -que implica la disminución de la ansiedad persecutoria relacionada con los objetos internos y externos- conduce a una mayor capacidad del bebé para restablecer una buena relación con la madre y otras personas cuando la vivencia de frustración no actúa ya. En otras palabras la creciente adaptación a la realidad ligada a cambios del funcionamiento de la introyección y la proyección- tiene por resultado una relación más segura con el mundo externo e interno. Esto conduce a una disminución de la ambivalencia y agresión, lo que permite que el deseo de reparación entre a jugar de lleno. En estas diversas formas el proceso de duelo que surge de la posición depresiva es gradualmente elaborado.



Cuando el bebé alcanza el estadío crucial comprendido entre los tres y los seis meses de edad y se enfrenta con los conflictos, culpa y pena inherentes a la posición depresiva, su capacidad de manejo de la ansiedad se halla en cierto grado determinada por su desarrollo anterior; es decir por la medida en que durante los tres o cuatro primeros meses de vida fue capaz de incorporar y establecer dentro de si el objeto bueno que forma el núcleo de su yo. Si este proceso fue exitoso -lo cual implica que la ansiedad persecutoria y los procesos de escisión no son excesivos y que cierto grado de integración ha sido alcanzado-, gradualmente pierden fuerza la ansiedad persecutoria y los mecanismos esquizoides, el yo puede introyectar y establecer el objeto total y atravesar la posición depresiva. Pero si el yo es incapaz de manejar las numerosas situaciones de ansiedad que surgen en este estadío -fracaso determinado por fundamentales factores internos como por experiencias externas-, puede hacer una marcada regresión desde la posición depresiva a la anterior posición esquizo-paranoide. Esto impediría también los procesos de introyección total y afectaría intensamente el desarrollo durante el primer año de vida y toda la niñez.

II


Mi hipótesis de la posición depresiva infantil descansa en los conceptos psicoanalíticos básicos relativos a los primeros estadíos de la vida; es decir, la introyección primaria y la preponderancia de la libido oral y las pulsiones canibalistas de los niños muy pequeños. Estos descubrimientos de Freud y Abraham contribuyeron sustancialmente a la comprensión de la etiología de las enfermedades mentales. Desarrollando estos conceptos y relacionándolos con la comprensión del bebé que surgió del análisis de niños pequeños, llegué a entender la complejidad de los procesos y vivencias primarios y su efecto en la vida emocional del bebé; y esto a su vez permitió esclarecer más la etiología de las perturbaciones mentales. Una de mis conclusiones ha sido que existe un lazo particularmente estrecho entre la posición depresiva infantil y los fenómenos del duelo y de la melancolía21. Al continuar el trabajo de Freud sobre la melancolía, Abraham señaló una de las diferencias fundamentales entre el duelo normal v el anormal (véase la nota 3). En el duelo normal el individuo llega a establecer la persona amada y perdida dentro de su yo, mientras que en la melancolía y en el duelo anormal este proceso fracasa. También describe Abraham algunos de los factores fundamentales de los que depende el éxito o el fracaso de este proceso. Si las pulsiones canibalistas son excesivas, se malogra la introyección del objeto bueno perdido y esto conduce a la enfermedad. En el duelo normal el sujeto también se ve llevado a reinstalar la persona amada y perdida en su yo, pero en este caso el proceso es exitoso. No solamente se retiran y reinvisten las catexias referidas al objeto amado y perdido, como dice Freud, sino que durante este proceso el objeto perdido se establece en el interior.

En mi articulo "El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos", expreso la siguiente opinión: "Mi experiencia me ha llevado a la conclusión de que, si bien es cierto que el rasgo normal del duelo es el establecimiento por parte del individuo del objeto amado y perdido dentro de sí, no está haciéndolo por primera vez, sino que, a través del trabajo del duelo, está reinstalando ese objeto así como todos sus objetos internos amados que siente haber perdido". Cada vez que surge la pena, ésta mina el sentimiento de segura posesión de los objetos internos amados, porque reactiva las ansiedades tempranas por los objetos dañados y destruidos -por un mundo interno despedazado-. Sentimientos de culpa y ansiedades persecutorias -la posición depresiva infantil- se reactivan en toda su fuerza. Una reinstalación exitosa del objeto amado externo por el que se hace el duelo y cuya introyección se intensifica por el proceso de duelo, implica que se restauran y recuperan objetos internos amados. Por lo tanto, la vuelta a la realidad característica del proceso de duelo constituye no solamente el medio de renovar los lazos con el mundo externo, sino también de restablecer el mundo interno destruido. El duelo involucra en esta forma una repetición de la situación emocional vivenciada por el bebé en la posición depresiva. Porque presionado por el temor a perder la madre amada, el bebé lucha con la tarea de establecer e integrar su mundo interno y construir sólidamente los objetos buenos dentro de si.

Uno de los factores fundamentales que determinan si la pérdida del objeto amado (por muerte u otras causas) conducirá a la enfermedad maníaco-depresiva o será normalmente superada consiste, de acuerdo con mi experiencia, en el grado de éxito de la elaboración de la posición depresiva durante el primer año de vida y en la firme introyección de los objetos buenos en el interior.

La posición depresiva está ligada a cambios fundamentales de la organización libidinal del bebé, pues durante este período (alrededor de la mitad del primer año), el bebé entra en los estadíos tempranos del complejo de Edipo positivo y negativo. Me limitaré aquí a trazar tan solo un rápido esbozo al describir los estadíos tempranos del complejo de Edipo22. Estos estadíos tempranos se caracterizan por el importante papel que siguen desempeñando los objetos parciales en la mente del bebé mientras se establece la relación con los objetos totales. Además, a pesar de que los deseos genitales se acercan marcadamente al primer plano, predomina aún la libido oral. Poderosos deseos orales, incrementados por la frustración vivenciada en relación con la madre, se transfieren del pecho materno al pene del padre23. Los deseos genitales en los bebés de ambos sexos se unen a los deseos orales; lo que trae aparejada una relación oral, así como genital, con el pene del padre. Los deseos genitales se dirigen también hacia la madre. Los deseos del pene paterno están ligados a los celos de la madre, porque el bebé siente que ésta recibe el objeto codiciado. Estas múltiples emociones y deseos en ambos sexos subyacen tanto al complejo de Edipo directo como al invertido.

Otro aspecto de los estadíos edípicos tempranos está ligado al papel esencial desempeñado en la mente del bebé por el "interior" de la madre y el suyo propio. Durante el período precedente, en el que prevalecen las pulsiones destructivas (posición esquizo-paranoide), la necesidad del bebé de penetrar en el cuerpo materno y posesionarse de su contenido es de naturaleza predominantemente oral y anal. Esta necesidad es activa aún en el estadío siguiente (posición depresiva), pero al aumentar los deseos genitales, se dirige mayormente hacia el pene paterno (igualado con bebés y materias fecales), el que, según cree el bebé, debe estar contenido dentro del cuerpo de la madre. Simultáneamente los deseos orales del pene paterno conducen a su internalización, y así el pene internalizado (a la vez objeto bueno y objeto malo) pasa a desempeñar un papel importante en el mundo objetal interno del bebé.

Los estadíos tempranos del desarrollo edípico son muy complejos: convergen deseos de distintos orígenes; estos deseos se dirigen a objetos parciales así como a objetos totales; el pene del padre, codiciado y odiado, existe no sólo como parte del cuerpo del padre, sino que el bebé siente que está simultáneamente en su propio interior y dentro del cuerpo de la madre.

La envidia parece ser inherente a la voracidad oral. El trabajo analítico me ha enseñado que la envidia (alternando con sentimientos de amor y gratificación) se dirige primeramente hacia el pecho nutricio. A esta envidia primitiva se agregan los celos cuando surge la situación edípica. Los sentimientos del bebé en relación con ambos padres parecen organizarse en la forma siguiente: cuando es frustrado, el padre o la madre gozan del objeto apetecido del que es privado -el pecho materno o el pene del padre- y gozan de él de manera continua. Es característico de las emociones y voracidad intensas del bebé el atribuir a los padres un estado constante de gratificación mutua de naturaleza oral, anal y genital.

Estas teorías sexuales forman la base de figuras parentales combinadas tales como: la madre que contiene el pene paterno o el padre en su totalidad; el padre que contiene el pecho materno o la madre en su totalidad; los padres fusionados inseparablemente en la relación sexual24. Fantasías de esta naturaleza también contribuyen a la idea de la "mujer con pene". Más aun, debido a la internalización, el bebé establece dentro de si esas figuras parentales combinadas y esto resulta esencial en diversas situaciones de ansiedad de naturaleza psicótica. A medida que se desarrolla una relación más realista con los padres, el bebé llega a considerarlos como individuos separados, o sea que la primitiva figura parental combinada pierde su fuerza25.

Estos progresos están ligados a la posición depresiva. En ambos sexos, el temor de perder a la madre, objeto amado primario -es decir, la ansiedad depresiva-, contribuye a crear la necesidad de sustitutos; respondiendo a ella el bebé se vuelve primeramente hacia el padre, quien en ese estadío también es introyectado como persona total. En esta forma, la libido y la ansiedad depresiva son desviadas de la madre en cierta medida, y este proceso de distribución estimula las relaciones de objeto y disminuye la intensidad de los sentimientos depresivos. Así pues, los estadíos tempranos del complejo de Edipo positivo y negativo alivian las ansiedades del niño y lo ayudan a superar la posición depresiva. Al mismo tiempo, sin embargo, surgen nuevos conflictos y ansiedades, puesto que los deseos edípicos hacia los padres implican que la envidia la rivalidad y los celos -poderosamente avivados aún en este estadío por las pulsiones sádico-orales- son ahora vivenciados hacia dos personas a las que se odia y ama a la vez. La elaboración de estos conflictos que surgen por primera vez en los estadíos tempranos del complejo de Edipo forma parte del proceso de modificación de la ansiedad que se extiende mas allá de la primera infancia hasta los primeros años de la niñez.

Para resumir: la posición depresiva desempeña un papel vital en el desarrollo temprano del niño, v normalmente al llegar a su término la neurosis infantil alrededor de los cinco años la ansiedad persecutoria y la ansiedad depresiva se han modificado. Los pasos fundamentales de la elaboración de la posición depresiva se dan sin embargo, cuando el bebé está estableciendo el objeto total -es decir, durante la segunda mitad del primer año-, y podría afirmarse que si estos procesos son exitosos, se habrá llenado una de las condiciones previas del desarrollo normal. Durante este período la ansiedad persecutoria y la depresiva se activan una y otra vez, como por ejemplo en las experiencias de dentición y destete. Esta interacción entre la ansiedad y los factores físicos es uno de los aspectos de los complejos procesos del desarrollo durante el primer año (procesos que involucran todas las emociones y fantasías del bebé); en verdad esto se aplica, hasta cierto punto, a todo el resto de la vida.

He recalcado a lo largo del presente capítulo que los cambios en el desarrollo emocional y las relaciones de objeto del bebé son paulatinos. El hecho de que la posición depresiva se desarrolle gradualmente explica por qué, generalmente, sus efectos en el bebé no aparecen en forma súbita26. También debemos recordar que, mientras son vivenciados los sentimientos depresivos, simultáneamente el yo desarrolla medios para contrarrestarlos. Esto en mi opinión constituye una de las diferencias fundamentales entre el bebé que está vivenciando ansiedades de naturaleza psicótica y el adulto psicótico; pues al tiempo que el bebé está elaborando estas ansiedades, ya se hallan en acción los procesos que conducen a su modificación. (Véase la nota 4.)




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