"Obra Para Dormir al Público"



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"Obra Para Dormir al Público"

De Rodolfo Santana

Obra para dormir al público”




PERSONAJES:
Angel

Rosa

Carmen

Esperanza, el bebé.

El Director y Gran Acompañante

Los ángeles.

El público puede llegar a la sala en pijama o bata de dormir.

Al anunciar la obra por cualquier medio, se le anima a llevar sus propias almohadas pues estas facilitan el sueño.

Se le ofrece a los espectadores, antes de su acceso a la sala, una taza de leche tibia, una manzanilla etc.

La obra puede desarrollarse en cualquier teatro, pues cada vez más la gente se duerme en las butacas, pero lo ideal

es que la obra posea su propio espacio : un salón amplio con cuarenta o cincuenta pequeñas camas.

La luz baja, indirecta.
Se escucha música de lluvia: a veces es el sonido que

produce al caer sobre una plancha de zinc.

O el curso del agua sobre las tejas,

el canto apagado sobre las hojas de los árboles,

la marimba en el asfalto,

el cristal sacudido.
Las camas poseen un pequeño descanso en la parte superior, de manera que las personas puedan apoyarse en las almohadas y ver, si quieren ver, la escena.

El espectador se acuesta en su cama.

Es deseable la presencia de guías que lo animen. Las guías visten batas amplias.

Evitar cualquier asomo de seducción. Que a ningún director con trasnochos experimentales se le ocurran guías en ropa

sugerente.

No hay incitación a la pasión pues esta es una Obra Para Dormir al Público.

Para soñar colectivamente.

El espectador en esta representación escoge la experiencia grupal del sueño, de la modorra, que es una sensación tan fuerte como el sexo o la alimentación.

No hay aplausos o efusiones que entorpezcan la calma creciente.

Todo debe conducir al logro de bostezos, desperezamientos y ronquidos.
En un sector del salón un sillón cómodo, de dos puestos.

Tras el sillón se observa una puerta de madera.

En otra área un grupo de plantas. Se observan lechugas, un

limonero con sus frutos maduros.

Un árbol pequeño de mango.

Varias orquídeas.

En otro lugar del salón, sobre una plataforma pequeña, un

escritorio con libros. Tras el escritorio se ve un ángel

dibujado en un papel grande.

Es un angel hermoso.

Bajo el dibujo hay otros, de distintos ángeles.

Cerca de la puerta un ventanal amplio. La lluvia cae muy suave.

Otros ventanales en distintos sectores.

Angel, en pijamas, se mueve por la estancia con un libro en la mano.

Busca una referencia con toda tranquilidad. Es decir, si

encuentra cosas que le atraen en el libro, las estudia sin

inclinarse por su objetivo principal.

Un espectador lo ve. Tropiezan miradas.

ESCENA I
ANGEL — (SUAVE)Buenas noches...
Circula entre las camas atento a su libro. Eventualmente posa su mirada en algún espectador.
ANGEL — (MUY SUAVE)Buenas noches...
Por el ventanal va asomando una luna enorme y plateada.

Dura minutos, largos minutos, en su ascenso.

Rosa, la hija mayor, asoma por la puerta con una maceta

que contiene una lechuga hermosa.

Viste una bata amplia. Su cabello se desborda. El rostro limpio.

Ubica la lechuga en un lugar entre el resto de las macetas.

Toma una pequeña tijera y se inclina sobre la

lechuga.

Tras la puerta alguien canta una nana.

La puerta se abre pausadamente y se nota a la señora Carmen en bata de dormir. En sus brazos lleva a Esperanza, un bebé de meses.

Lo mece ligeramente y canta la nana por lo bajo,

en el marco de la puerta.

CARMEN —El sol es una pelota

juguetona y luminosa

que siempre da vueltas

sobre la vida azarosa...
Angel se adelanta sobre la nana.

ANGEL —Buenas noches....

(PAUSA)

Son tan importantes y lúcidas.

Ningún pintor ha logrado plasmar la noche sin luna,

nubosa, cerrada...

Como esta...

Pausa corta.

Carmen prosigue cantándole a la niña, muy bajo, en el marco de la puerta
ANGEL —En su vientre, armados de una linterna por supuesto, podríamos explorar y recobrar verdes, rosas, nubes y azules dormidos, listos para despertar al día siguiente...

ROSA —La noche es ceremonial.

Con tantos colores bajo la falda oscura se templa el gesto...

Femenina es.

Pero también varonil. Una oscuridad de pantalón

y ciertas brutalidades de madrugada lo confirman.


ANGEL —Así es, así es.... ..
ROSA —(EN TONO DE ADVERTENCIA)Pero sólo en alguna de sus caras, pues es sabido que las noches no poseen el mismo talante.
ANGEL —Noches hay, estrictamente vegetales.
ROSA —O de gran marea o de un bienaventurado cuarto menguante.

Digamos que la noche es tan poco definible como su oscuridad: guarda todo, pero con sospechas.


ANGEL —¡A veces!
ROSA —Es lo más parecido

a una mujer de vida tumultuosa.


ANGEL _¡Si señor!
Carmen eleva la cabeza. habla desde la puerta.
CARMEN —Las he visto. (PAUSA CORTA) Las he visto.

Noches de frágil sombra y viento ligero.

Pizpireta como niña con sombrero de paja

vestidito almidonado y margaritas en la mano.

Otras.... ¡Dios me valga!... las he observado con mandíbulas rápidas,

cepos acechantes en los brazos.

Reputa noche ahita de crímenes

donde las dos de la mañana son el fin del mundo

con silencios alevosos, entre torturas....

ROSA —(SE ASOMA AL VENTANAL) Pero esta, aun lloviendo,

es festiva.
CARMEN —Porque es nuestra.
ROSA —Si, se porta como en su casa.
ANGEL —Construyendo una leyenda donde amarramos la tarde

y la noche, prisionera,

responde a nuestro pequeño sueño.
ROSA —Tan grande es que se deja atar.
ANGEL —Y ahora en los claros de las sombras

salen copas y vajillas, los vinos se despiden de las bodegas.

Los amantes se encuentran.
Carmen prosigue cantando la nana muy bajo.
ANGEL —Los que quieren ser amantes, también.
ROSA —Los teatros abren sus puertas.

Y los iniciados pagan en taquilla.

Hamlet afila la espada y hiere en su melancolía.

Edipo encuentra su crimen.

¡Dolor, dolor!...

Emite el alarido ululante de la tragedia griega. Poco a poco se va apagando. Pausa.
ANGEL — Un dolor que puede olvidarse

si se tiene una pequeña estancia

en la memoria.
CARMEN —Quisiera esta noche

con restoranes llenos de chefs diligentes

que preparen salsas,

mientras en la calle, las sombras esperan tranquilas

a que cesen las luces...

Rosa se situa cerca del ventanal. Observa hacia fuera.
ROSA —Y así entrar flotando entre las mesas.
ANGEL —Para algunos la noche es trascendente:

empalagados de sombra dicen discursos y cantan canciones.

Los mariachis empujan violines, guitarrones y ayes

por las calles, buscando ventanas donde espere un corazón.


ROSA — (CON ANHELO)Tengo un corazón buscando canciones

Tropiezo a los charros en la noche y no vienen por mí.



Angel indica a Carmen y a Rosa

ANGEL —Carmen, mi esposa. El bebé, Esperanza. Rosa, mi hija mayor....



Carmen y Rosa inclinan la cabeza al sentirse referenciadas.

ROSA — (INDICA A SU PADRE)Angel....


ANGEL — (SE INCLINA).Odontólogo.

Ángel odontólogo. (Pausa. Respira hondo. Juguetea con el dibujo del ángel.)

Sin suponerlo organicé mi vida rodeado

de ángeles que vienen y van

afincados en sus alquimias,

respondiendo preguntas imposibles.


ROSA —¡Las preguntas de mi padre!.... Son tan especiales.

que por ellas le perdono mis frustraciones de bebe,

niña y adolescente.

(pausa corta)

¿Cómo hacer medianoche la tarde?
Los personajes meditan.
CARMEN —Cerrando los ojos entre los brazos de un amante enardecido.
ROSA — ¡Bravo!

ANGEL — ¿Si el amarillo sustituyera al verde de los árboles los pecados serían distintos?


Pausa corta.

ROSA —Pecaríamos sin esperanza.

O quizá la impotencia sería lujuria gratificante.
CARMEN — ¿Si las verduras crecieran como vacas

cambiaria el modo de ver el paisaje?


Pausa corta.
ANGEL —Los excursionistas ingleses morirían aplastados por berenjenas.

La sopa de verduras sería el refugio de la miseria.


ROSA —(RAPIDA) ¿Si las violetas crecieran como palmeras

el amor tendría otras canciones?...


CARMEN —El amor rompería el físico

. Sería más bolero de lo que es.

El crimen pasional dominaría las estadísticas en la

morgue.


Y tendríamos facultades de pasión en las universidades.
ANGEL —Buenas noches...
Carmen avanza lentamente en el recinto.

Un angel se deja ver ligeramente en el marco de la puerta

Y luego desaparece.


ANGEL —Al decir buenas noches con determinada somnolencia

mi ángel despierta...


CARMEN — (CANTA MUY LEVEMENTE)

Angel sin sombra

sin rastro en los caminos

arrópame en tu ala

y piensa mi destino
Carmen avanza en dirección al sillón. Sin prisas. Se

sienta.

Angel se instala en un banco cerca del dibujo del

angel.
ANGEL —Los ángeles duermen con las alas cubriendo el cuerpo

mirando las estrellas en su vientre.

Soñando en cosas de ángeles:

las alas leves.

Tan leves que desean no ser ni siquiera plumas

solo el soplo de un vuelo

para entrar en la noche.

Un perfume sobre huesos ligeros.

Duermen soñando que duermen

viendose a si mismos, sin deleite.


ROSA — Mi padre me enseñó que los ángeles no son narcisistas.
ANGEL — Ni voyeuristas: miran nuestros pecados sin asco,

la piedad con pasión,

la pasión con curiosidad.

Si, señor. Los mayores vértigos de nuestros deseos,

solo les producen curiosidad.

En el resto de nuestras inmensas pausas,

baños, caminatas, trabajos

se ven ellos mismos como un paisaje

con viento en la mejilla y colina al frente

(PAUSA CORTA)

En los azares de la vela, cuando los párpados cabecean,

los ángeles alargan sus alas

y levantan el sueño

rozando vastedad con su pequeñez.

Esperando ver luego de nuestros minutos aburridos

una presencia entre los visillos del tiempo.
Tras el ventanal un ojo enorme se asoma.

Curiosea. Parpadea.
ROSA —De nuevo Dios observando...

Me siento como una hormiga.


ANGEL —No lo tomes a mal.
CARMEN —Ten paciencia, niña.
ROSA — ¿Y si le da por el mal de ojo y seca mis plantas?
Rosa, con un plumero, espanta el ojo de Dios como

si este fuera una gallina. El ojo se retira.

CARMEN (CANTA)Duerme, duerme mi luz

monta en los caballitos blancos

trotando valles, cruzando ríos

Duerme, duerme feliz

sobre la hierba del campo

bajo la manta del sol....
Rosa cerca del limonero. Angel se acerca y la observa.

Se escucha la lluvia.

ROSA —Canta muy bien hoy, la lluvia.


Angel y Carmen escuchan.
ANGEL —El piano sobre la plancha de zinc

La marimba en las tejas.

El arpa entre el bambú....
Se deja oir una guitarra lejana.
ROSA —Tambores en las hojas anchas del plátano

pífanos en las canaletas,

violines en las cuerdas de secar ropa

y la guitarra del vecino.


Escuchan la guitarra
ANGEL —Cada vez que llueve el vecino toca la guitarra.
ROSA —Seguro que la lluvia lo lleva al recuerdo.

Toca la guitarra y recorre de nuevo los caminos,

ama lo amado

escoge miradas y estaciones de tren.

Un amor que lo capturó

y lo obsesiona cuando estudia en sus libros de ingeniería genética.


Angel acaricia un limón.
ESCENA II
Tras el ventanal asoma la figura del director.

Viste de negro profesoral y tiene cabeza de pingüino.

Carga libros y una guitarra en su estuche.
ANGEL — (ADVIRTIENDO AL DIRECTOR)No vean, pero tenemos visita.
ROSA — ¡Ah, y con el traje del vecino!
ANGEL —Y los libros de ingeniería genética.
ROSA —Hasta la caspa en los hombros.
Pausa incómoda.
ANGEL —Quizá deberíamos indicarle que olvido algo importante.
ROSA — ¿Por qué? Ya sabemos que es El dándoselas de vecino.
CARMEN — ¿Se le ocurrirá tocar a nuestra puerta?
ROSA —(AL DIRECTOR) ¡Hey, amigo Dios, tiene problemas con la cabeza!...
El Director nota la cabeza de pingüino y sale avergonzado.
ANGEL —Rosa, me parece una impertinencia.
ROSA —Es muy olvidadizo.
CARMEN —Con tantas cosas siderales es normal que confunda

las cabezas.

O quizá el vecino, en realidad es un pingüino

y solo El lo nota.


Angel acaricia un limón.Rosa se acerca, feliz.
ROSA —Vea, pues. El limonero escuchó.
ANGEL — ¿Escuchó?...
ROSA —Tiene buen oído.

Cuando lo traje se negaba a dar limones.


ANGEL —Son testarudos los limoneros.

Conocí uno empeñado en ser naranjo.

¿Se imaginan tal lucha con la naturaleza?

Intentó cambiar sus hojas, sus frutos.

Traducir el cítrico en sacarosa.

El pobre murió pariendo naranjas ácidas.


CARMEN —Es porque los limoneros tienen un carácter brusco

y obstinado, igual que las mulas.


ROSA —A éste, durante varias mañanas lo amenacé con sembrarlo en el patio, entre las lechozas.
CARMEN —¡Rosa!
ANGEL — ¿Cómo pudiste?...
CARMEN — Los limoneros detestan a las lechozas.
ANGEL —Así es. No sé por qué, pero guardan resentimientos antiguos contra los caricáceos.
ROSA —(BAJO, AL LIMONERO)Por eso lo amenacé.

Apreté su florecimiento,

como si fuera el cuello de cualquier mortal.

(HACE COMO SI ESTRANGULARA)

"Si no floreces te siembro entre las lechozas"

"A ver que te parece la sombra de los caricáceos"

Nadie puede desanudar el miedo de los hombres,

eso es sabido.

Pero sí el terror de los limoneros.

(ELEVA LA CABEZA, SATISFECHA)

Y una mañana asomó pimpollos, sonriente....

¡Y vean hoy sus limones!...


Angel se acerca a Carmen. Ve a Esperanza.
CARMEN —Duerme...

ANGEL —Flota....

Los bebés son parecidos a los serafines, Carmen,

que sueñan sobre el lomo de las constelaciones.


ROSA —No entienden las canciones de cuna
CARMEN —Pero las agregan a la leche materna.
ANGEL —Se empeñan en ser una canción

que no sale del cuerpo tibio

navegando en los primeros mares.
Rosa se dedica a la lechuga rusa—holandesa. Se muestra desencantada.
ROSA —¡Le puse vitaminas!

¡El agua adecuada!....


CARMEN — (REFIRIENDOSE AL BEBE)A esta niña, siempre,

a las tres de la mañana, le brillan los tobillos

como si fuera una campeona de maratones.
Pausa corta.
ROSA —La luz que más le gusta y no crece.

( ADOLORIDA)

No crece...
CARMEN — Y a las tres de la tarde

pide merienda y la descripción de los continentes

con una sinfonía bajo el llanto....
Angel muy atento a los comentarios de Rosa
ANGEL —A ver, a ver.
ROSA —Se que es una lechuga rusa holandesa.

Alejada de cantos moscovitas y molinos de viento,

pero debería crecer...

El mundo no es distinto entre uno y cinco mil kilómetros,

a pesar de la rosa de los vientos.
ANGEL —Una lechuga es una lechuga aquí,

en Rusia y Holanda.


CARMEN —No debería ser tan remilgada.
ANGEL —Pretenciosa.
ROSA —¡Cierto, padre!.... Debería tomar los acontecimientos más a lo turista.

Como lechuga que llega a la exuberancia del trópico,

al sopor de la tarde y la rumba en la noche....
CARMEN — ¿No somos severos con ella?

(ROSA Y ANGEL MIRAN A CARMEN)

Debemos entender que las lechugas se toman su tiempo.
ANGEL —Siempre contrarían.

ROSA — (AMENAZANTE)Nunca en las ensaladas...


ANGEL — ¿Es que no recuerdas aquella ensalada Cesar tan memorable?
ROSA —No.
ANGEL —Se negó a ser comida.
Carmen acomoda al bebé en el mueble y se acerca al sector de las plantas.


CARMEN — ¡Ah, pero es que esa lechuga era lo último en libertinaje!
Carmen y Ángel ríen. Complices.
ROSA — (AMOSCADA) ¿Secretos conyugales?
CARMEN —Nada de eso, hija. Simplemente no habías nacido

y ahora es que salta el cuento.

ANGEL —Tu madre preparó una ensalada Cesar

y la lechuga se negó a mezclarse con el aceite de oliva,

el parmesano y las anchoas.

Mantuvo su independencia en el cuenco.


CARMEN —Imposible de comer.
ANGEL —En asuntos de contemplación no es extraño

que las lechugas ennegrezcan sus hojas.


ROSA —He tratado de entender a esta, padres.

He buscado en su cuerpo

alguna mutación que la haga distinta, pero no....
CARMEN — ¿Será un problema de identidad?

El acervo de las lechugas les da una presencia aristocrática.

Firmemente se niegan a la democracia.
Truenos, rayos. Conmoción.Miran alrededor.
CARMEN — ¿Y eso?

ANGEL —La niña, la dejaste sola.


Carmen corre y toma a la niña. Cesan los truenos y rayos.
CARMEN —No hay que ser tan sobreprotector.
Rosa se concentra sobre la lechuga.
ROSA —Se que es una lechuga, liguliflora, familia compuesta,

orden gamopétala....


ANGEL — ¿ Inferovárica?
ROSA —Claro.
CARMEN — (OBSERVANDO) Clase dicotiledónea.
ANGEL —Por donde la mires.
Rosa muestra una libreta pequeña.

ROSA —Aquí tengo su ascendencia, desde la tátarabuela

devorada por Catalina la Grande en un almuerzo

con el Generalísimo Miranda,

antes de entrar en habitaciones cerradas a los ojos

y abiertas al escándalo.



Se escucha el viento. La lluvia.

Se agrupan en torno a la lechuga.
CARMEN —Esta tiene todas las señales que les son propias.
ANGEL —Ajá.
CARMEN —Flores agrupadas en cabezuela multiflor.
ANGEL —Involucro canaliculado....
ROSA —Emparrado en cuatro series con calicillo en la base.
CARMEN —Receptáculo plano, desnudo,
ANGEL —Frutos aquenios oblongos,
CARMEN —Terminados en picos filiformes,

vilano blanco y estipitado...


ROSA — (PAUSA CORTA)Debo reconocer, así me pese,

que sufre trastornos...

ANGEL — ¿Seguro?... Ten en cuenta, y negarlo no conduce a nada, que las lechugas, pues...son bastante volubles.
ROSA —No debería, ante mi cariño.
CARMEN —Las coles de Nápoles y la Bellegarde

tienen fama de lujurias y extravíos

que no pueden escuchar los oidos dormidos.

Florecen en lechos de amantes marchitos.

y se ennegrecen en los banquetes de matrimonios no consumados..
ANGEL —A la Boussin, la Batavia blanca o morena y a la lechuga de Malta las enaltece la frivolidad, cierta personalidad ambigua...
ROSA —Pero no a la Rusa—holandesa.

Por lo menos, no a esta.

Si algo tengo claro de ella

tras innumerables tardes removiéndole la tierra,

es su inclinación a la melancolía...
ANGEL — (CONTEMPLA EL BEBE EN LOS BRAZOS DE CARMEN) Flota...
CARMEN —Si, le gusta la levitación,

pero por nada la suelto....


ROSA —Me dan celos tantas atenciones

a mi hermanita, aunque yo también la consienta.


ANGEL —Es normal que te traumatices.
CARMEN — (CANTA SIGUIENDO EL RITMO DE LA GUITARRA LEJANA)

La noche llega

con paso leve

los ojos se cierran

despidiendo el día.

Ya no hay calles

ni cristal en la ventana

ni zapatos en la acera.

Sólo un abrazo

al corazón que late...


La guitarra ha cesado. Se oyen ruidos de grillos y el canto arropante de una lechuza.

Rosa busca a través del ventanal, entre las plantas.

ROSA —¡Allí están! ¿Escuchan?

ANGEL —Si, allí están ....

CARMEN —Los grillos y la lechuza.


Escuchan.

Un ángel cruza tras el ventanal. Muy lento.
ANGEL —¡La noche asoma sus músicos, incluyendo al vecino!.
CARMEN —Seguro que comienzan con la sinfonía número 214,

en B Mayor para grillos y ranas con dos movimientos,

allegro moderato y andante con moto...
ROSA —Siempre comienzan por ahí

¿Es que no les gusta el rock?


ANGEL —Tienen historia encima, hijita.

Los grillos y ranas son conservadores.


CARMEN —Sus cridicciones y croaciones no han variado una nota en siglos.
Suenan cantos de ranas y grillos.

Pequeña sinfonía nocturnal.

ANGEL —Las ranas asoman en la superficie del charco

y caminan por las hojas,

paso con ventosa a paso con ventosa

sobre el campo de las hojas que flotan.
ROSA —Prefiero los boleros con alguien cerca.
CARMEN —Los grillos ventean los hilos de la noche

buscando la pareja

en los aires que soplan con bravura de cien mambos.
ROSA — ¡El mambo estaría bien!
Pausa corta.
ANGEL —Se trata de conciertos especiales
CARMEN —Sin conexión con nada de lo usual en la Scala de Milán.
ANGEL —O las discotecas.
ROSA —Prefiero la salsa.
Se escuchan los grillos. Las ranas.
ANGEL —Los ángeles admiran el agudo de los grillos

y los escuchan callados, sentados en la brizna

esperando que asome el grueso de la melodía

en la ribera del charco.


Ángel se acerca tras el escritorio. Pasa el dibujo del

ángel y deja ver otro en el que un querubín, sentado sobre una hoja, escucha a un grillo.

Tras el ventanal asoma El Director, de frac, batuta

en mano.

Lo miran.Un ángel le sitúa un atril.

El director sube sobre una pequeña tarima.

Golpea el atril con la batuta. Silencio total.

Angel, Rosa y Carmen se sientan.
ANGEL —Seguro es la 214 en B mayor para grillos y ranas...
Rosa tose. El director los ve con cierta furia.

Inicia el concierto.
ANGEL —Lo dije....
Escuchan el concierto.

Breve. Aplauden.

El Director sale.
CARMEN —Creo que está angustiado.
ANGEL —Mal vamos, si El se angustia.
ROSA —Tanto ir y venir alrededor de nuestra casa.

La primavera que no llega desde hace dos semanas y El dirigiendo conciertos.


CARMEN —Es tímido.

ANGEL — ¿Tímido?


Angel toma una libreta enorme. Anota.
CARMEN —Respeta la privacidad humana.

No anda por allí destruyendo depravaciones,

evitando asesinatos o metiéndose en fiestas
ANGEL —Lo anoto pues hay que estudiar ese rasgo.
ROSA — (ELEVA LA MACETA DE LA LECHUGA. LA ESTUDIA)

La lechuga Rusa Holandesa llora.


CARMEN —¿Llora?
ROSA —Siento como lagrimea su savia

y me remueve la vida entre escritorios

y caras que leen y leen memoranda,

informaciones, datos, compendios,

estadísticas, numerales, propósitos financieros.

Motivos para escribir otros memoranda


CARMEN —(VIENDO AL BEBE)

Ahora, Esperanza sí duerme....


ANGEL —Si mi hija duerme puedo pelear sin cuchillo

en mi pequeño territorio.

Soy inerme. Pasivo. Oreja atenta a la paz.

A pesar de todos mis odios.


ROSA — ¡Quiero que escuchen mi dilema con la lechuga!

CARMEN — Perdon, hijita.

ANGEL —Te escuchamos.

ROSA —(ABRAZA LA LECHUGA)Me preocupa. Tanto. Tanto.


Se ven algunos ángeles tras los ventanales.

Carmen y Angel les prestan atención.
ROSA —Quisiera que me escucharan.
ANGEL —Lo siento, hija, es que los ángeles...
CARMEN —Entiende, es una descortesía no verlos, por lo menos...
ROSA — ¡Tienen esta casa asediada!
Rosa prueba una gota de lluvia.
ANGEL — ¿Asediada?
ROSA —Ajá. A cada rato asomando sus narices.

Curioseando bajo las camas.

Y no tenemos siquiera la buena lluvia

sino ambrosía y perfumes

mojando las tejas y canaletas.
ANGEL —Ten paciencia, hija.
ROSA —No.
CARMEN —Alégrate. Los ángeles guardan los conciertos más memorables de la noche.
Entra de nuevo el Director. Sube a la tarima. Saluda.

Se escuchan grillos, ranas y voces de los ángeles que se reunen como un pequeño coro. El Director golpea el atril.

Ángel y Carmen se sientan. Rosa

permanece de pie, enfurruñada. El Director la ve y sitúa sus brazos en jarra, esperando.
ANGEL —Rosa, por favor....
Rosa, disgustada, se sienta a regañadientes.

El director ve a los ángeles que se comportan de

un modo desordenado. Baja y les habla con

rumores severos logrando que se enserien.

Pausa corta.
ANGEL — (CON EMOCION)Seguro tocan el Concierto en D Menor

para cien Ranas y Grillos en medio de lluvia apenas sentida.


ROSA — ( FASTIDIADA)Me da un ataque.
CARMEN —(POR LO BAJO)Rosa, moderación, El todo lo escucha.
ANGEL —Hija, ese concierto fue creado en una tregua de la batalla del Somme.

¡Aquello resultó algo insuperable!...


ROSA —Me molestan los cadáveres de la batalla...
ANGEL —Un cadáver insepulto no es espectador

Y ese concierto es memorable...

Los insectos nos tienen piedad

y es por eso que siempre vivió una cucaracha inspiradora

cerca de Mozart, Beethoven, Bach....

Pausa. Se escucha el Concierto en D menor para

cien ranas y grillos en medio de lluvia apenas sentida.

El Director se muestra inspirado.

Termina el concierto. Angel y Carmen aplauden.

El Director recoge el reconocimiento con una

inclinación y luego sale.

Un ángel retira el atril. Salen.

Angel evoca.

ANGEL En la batalla del Somme

los grupos corales se repartieron

en las diversas trincheras

y se entretejieron en la tierra de nadie

desmenuzando alambradas y cascotes.

Los hombres murieron toda la mañana,

toda la tarde,

inclusive en el crepúsculo, murieron.

Pero en la noche

el horror se marginó.

La muerte reposó unos momentos

para disfrutar del concierto

y al día siguiente tenía ganas de armisticio.


Rosa se muestra cabizbaja. Se acerca a la lechuga.

CARMEN —Un evento que me gusta especialmente

es el ¨Concierto en C Mayor

para Quinientos Grillos y Hojas de Cacaotal¨

estrenado

en las lagunas de Tenochitlán

hace centenares de años.

En la noche de presentimientos

que abrió el camino a los centauros de Cortes.
Rosa se sienta en un banquito con la maceta entre

las manos.
ROSA — ¿Qué hacer con una lechuga rusa—holandesa nostálgica?

(PAUSA)

¿Un amor de tu vida que se oscurece en la mañana?

(PAUSA)

Puedo tomar la lechuga,

quitar con cuidado las hojas exteriores

conservando entero el corazón.
Angel y Carmen se ven con cierta alarma.
ROSA —Introducir luego el corazón durante tres minutos

en agua salada, hirviendo.


ANGEL — (RESISTIENDOSE A CREER EN LAS PALABRAS DE ROSA) Creo que exageras...
ROSA —Sacarla con una espumadera,

escurrirla bien y reservar el caldo.


CARMEN —Bromeas, pequeña hija.
ROSA — ¡Puedo hacer eso!...
Pausa corta. Angel y Carmen la escuchan paralizados.
ROSA —Dividir el corazón en cuatro partes,

al igual que mi alma

y eliminar la parte dura del tallo.

Oscurecer la luz del día siguiente

y comprimir bien cada cuarto enrollándolo sobre sí mismo, pensando en suicidios de diversa gama.

Cubrir el fondo de una fuente refractaria

con tocino entreverado, trinchado en lonjas finísimas.
ANGEL — ¡No te expreses de esa forma, Rosa!
ROSA —(SIGUE, RESENTIDA) ¡Cortar cebolla en anillas,

odiar los Tío Vivos, que es lo último!...

distribuir la cebolla sobre el tocino.

¡Y agregarle zanahoria cortada muy fina!

(pausa corta)

Sazonar ligeramente con sal y pimienta,

colocar los rollos de lechuga y volver a salpimentar.

Aunque me cueste tardes espesas de nostalgia.


Carmen solloza.

Esperanza lloriquea débilmente.
ROSA — ¿Por qué lloran, si es mi angustia?
En la parte exterior llueven pañuelos y servilletas.
ROSA —( ABRE EL VENTANAL. GRITA) ¡Nadie pidió servilletas o pañuelos para limpiarse los mocos!
Angel alarga la mano al exterior y toma una

servilleta. se limpia.
ANGEL —No seas malagradecida.
Angel y Carmen lloran con sigilo.

Rosa los observa.
ROSA — ¿Por qué lloran?

El mayor error de los padres es asumir los pecados de los hijos.


ANGEL —Es, pues... por tu lechuga rusa holandesa.
ROSA —A ella sólo le deseo la receta interminable de bañarla con caldo y, después,

cubrir su fuente con una lámina de papel de aluminio antes de meterla en el horno caliente

durante veinticinco minutos,

mientras preparo una salsa,

derritiendo mantequilla en una cazuelita,

agregando harina y mezclando fuerte con una cuchara

de madera.

Mientras mi corazón se pierde en negruras.


ANGEL — ¿Perdiste la razón?
ROSA — (MUY CONMOVIDA)Agregando salsa de tomate y diluyendo

con caldo de cocer, la lechuga,

perfumando con zumo de limón....
ANGEL —Hay que tener sentimientos en los peores odios, hija.
ROSA — Sin ningún sentimiento. Sólo apetitos.
ANGEL _ De esa forma es que hemos herimos al planeta

Aturdimos a los glaciales y los terremotos saltan

Sin orden ni concierto.
ROSA --(PAUSA CORTA. LUEGO GRAVE)

Salpimento después y agrego un punto de azúcar....

Y, al final, saco la fuente del horno

y la baño con la salsa,

antes de servir muy caliente.

Para que todos digan... ¡Escúchenme bien!...

Digan:

(PAUSA. TRES ANGELES SE ACERCAN AL VENTANAL PROVISTOS DE ARCOS Y FLECHAS. APUNTAN A ROSA)



¡Qué delicia de lechuga!

(pausa corta)

Eso podría hacer...

(CARMEN SOLLOZA SUAVEMENTE)

Preparar una lechuga estofada en el próximo almuerzo, pero.... (PAUSA CORTA) ¡No quiero!....
Reposo. Música celestial.Carmen y Angel respiran aliviados.

Los angeles bajan los arcos y salen cantando.
ANGELES — ¡Aleluya!¡Aleluya!
ANGEL — Acostumbrado a tantos crímenes televisivos,

a tantos estómagos perforados a las nueve y media de la noche, surcando el proceso digestivo,

me dió apetito tanto dilema.
CARMEN —(A ROSA) Siempre estuve segura de tu bondad

y tu conocimiento del bioritmo de las lechugas.


ROSA —Sin hablar de mis suicidios y asesinatos posibles.

Si me reviento el parietal de un balazo, quedaría la maceta vacía, la tierra frustrada

y una desazón atornillada en el estómago.
Rosa ve a Carmen y a Angel. Se les acerca.

Pausa

Un ángel cruza el lugar donde se encuentran

dormidos los espectadores. Derrama fragancias

de menta y albahaca.

La música que lo acompaña refiere los misterios

de los ángeles en el mediodía. Sale.

ROSA —Lo siento, padres, no puedo vivir así....


ANGEL —Vivir no es tan complicado

mientras respires...


ROSA — Quiero respirar y otra cosa...
ANGEL — ¿Otra cosa?
CARMEN —¿Además de respirar?

ROSA —Si.

ANGEL — ¿No crees que pides demasiado?

ROSA —No.

ROSA —Voy a actualizar mi pasaporte

ANGEL — (ALARMADO)¿El pasaporte?

Eso es viajar y llenar esta casa de huecos...
ROSA —Pagar estampillas, llenar planillas

y renovar pasaportes

es mejor que un amor que no llega..
CARMEN — ¿Y dónde ponemos tus ausencias?

¿Quién llenará tus malos olores?


ROSA —Debo hacerme exámenes médicos.

Viruela. Fiebre amarilla. Tuberculosis.

VIH. Fiebre porcina. Calambres de rinoceronte.

Luego, ir a la embajada rusa y solicitar una visa.


ANGEL — ¿Estás usando con tus plantas algún insecticida

con reminiscencias socialistas?


ROSA —Ninguno.
ANGEL —Te participo que ya no hay estatuas de Lenín para fotografiarse.
CARMEN —Un pasaje aéreo cuesta dinero.

(PENSATIVA)Si una pudiera agarrarse de la pata de los pájaros....


Un pájaro enorme cruza lentamente ante el ventanal.

Pausa.
CARMEN — ¿Ves? Pide y te será dado.

ROSA —Venderé mi auto y compraré el pasaje.

ANGEL — ¿Si?


Pausa.

El pájaro sale.

Carmen ve a Angel.
CARMEN —Díselo.
ANGEL —El auto te lo compramos con muchos sacrificios.
ROSA —No me da culpa.

ANGEL —Más sacrificios que tus despertares, en la madrugada,

cuando eras bebita.

Horas cortándonos el sueño.

Sollozo irrumpiendo nuestros besos y jadeos.
CARMEN —Angustias como los incontables cambios de pañal.

Preparación de compotas.

Calentamiento de biberones a las tres de la mañana.
ANGEL — ¿Hasta dónde llegan tus rupturas?

ROSA — (MUESTRA LA LECHUGA) ¿Es que no la ven?

¿No se les parte el corazón?
ANGEL —No te hablo como padre, Rosa.

Eres siempre mi pequeña hija.

Para evadir el acecho de psicólogos, considérame un simple morboso que pelea con su espíritu...

¿Qué haras para mantenerte?.


ROSA —Venderé algunas joyas,

mis dos o tres cuadros de pintores desconocidos,

el equipo de sonido.

Acumularé el dinero suficiente para cancelar el pasaje,

llegar a Moscú

y depositar esta lechuga en un invernadero propicio,

donde abra sus hojas a un jardinero que le cante...
Rosa se interna entre el limonero y las otras

plantas. Se escucha una canción rusa folclórica.

La luna avanza por el ventanal. Las nubes pasan.

Se escucha el aullido de lobos en la lejanía.
ANGEL —(A CARMEN) ¿Qué opinas?
CARMEN —Lo esperaba.
ANGEL — ¿Seguro?
CARMEN — Ángel, vives tan sin pisar la tierra

que te importan poco los fenómenos

que transforman las cosas....

¡Ya Rosa es una mujer!....


ANGEL — ¡Se que es una mujer!....

Estuve a su lado en la primera menstruación,

en la cancha de Basket del colegio...
CARMEN —Ahora, es capaz de recorrer el mundo por una lechuga.

ANGEL — ¡No tengo nada contra las lechugas, te lo juro!

Las lechugas siempre me han parecido muy fieles a sí mismas.

Sin atisbos de repollo o petulancias de brócoli.

Pero es una empresa muy arriesgada

¡Moscú!¡.... Una ciudad con tanta revolución agazapada!...


Pausa corta.
CARMEN —Siempre llegan estas noches

donde los hijos alzan el vuelo,

aprovechando la lluvia, el aullido de los lobos lejanos

y los colores dormidos...

(ELEVA A ESPERANZA)

Esta, tan pegada a mis uñas

tan parte de mi vientre y mi calor

también se marchará.

La esperan destinos arduos

(VE A ANGEL)

Hombres por labrar. Frases demoledoras que hoy duermen en su garganta

(ABRAZA A ESPERANZA)

Siento que la escucharán por televisión

y todos caerán de rodillas.

Seguirán su voz mientras derrumban templos e instituciones y siembran los desiertos
Pausa. Angel queda impactado. Trata de recobrar

el equilibrio.Carraspea. Se dirige a Rosa.
ANGEL —Si las tormentas tienen itinerario

y todo huracán arriba a la hora prevista,

supongo que sabes lo que haces...
ROSA — Si. Permaneceré en Londres uno o dos años.
ANGEL — ¿Londres?

ROSA —Estudiaré los parques y jardines.

Hay parques y jardines en Londres que le abren la boca a las personas...

(ABRE LA BOCA, ADMIRADA. PAUSA.)

¡Tantas flores en su sitio!....
ANGEL — (CARRASPEA INTERESADO)En Regent Park crecen

geranios muy saludables.


ROSA —Mucho.

ANGEL —No quiero apropiarme de tu tiempo, pero...


Pausa. Rosa espera.
ROSA —Dime....
Comienza a llover de nuevo.
ANGEL —Lluvia.... ¡Que coincidencia, pues lo que deseo se refiere a ella!

¿Podrías observar en Regent Park, durante una semana, en invierno,

el régimen pluviométrico sobre los geranios?

Dicen que la lluvia los busca.


ROSA — Lo haré. También me interesa...
ANGEL —Si no te interesara... ¿Lo harías igualmente?

ROSA —No se.

(pausa corta)

¿Por qué me planteas esas encrucijadas tan terribles?


ANGEL —Tu amor que estará ausente...
ROSA —De repente puede nevar y me costaría...
CARMEN —Me gusta la nieve.
Comienza a nevar fuera. Una nieve espesa.
CARMEN —Aquí ya no se puede susurrar un ansia, que se cumple.
ROSA —Así mueran de frio los mangos.
ANGEL —Hay que tener cuidado con las palabras.
CARMEN —Es una oreja demasiado grande.
ROSA — (UN TANTO APARTE. PARA SI) Por eso también me voy.

No puedo vestirme sola.


Pausa corta.
CARMEN —Nos harás falta.
ROSA — ¿Seguro?
ANGEL —Totalmente.

ROSA —( A CARMEN)Una tarde,

tres días antes de cumplir dos años,

tardaron una hora en darme el biberón.

Lloraba y lloraba. Y no venían. No venían. No venían.

Fue una hora terrible....

(PAUSA)

Desde ese día dudo del amor....


ANGEL —Recuerdo....

(PAUSA CORTA. A ROSA)

Fue la noche en que a nuestro vecino

se le reventó la úlcera...


CARMEN — ¡Claro!... Lo llevamos al hospital

con la muerte en la boca


ROSA —Me faltó mi biberón... Y no venían

lloré por una hora.... Y no venían

Cambió mi carácter.

Mi forma de ver el mundo.


ANGEL — ¿La úlcera del vecino

explotando entre jugos gástricos criminales

no era más importante que tu biberón?
ROSA —No. Cada quien carga con su egoísmo.

Desde esa noche sufro pesadillas

Un hombre sin rostro me arrebata el biberón...
CARMEN — ¿Un hombre sin rostro?
ROSA —Tiene una toalla amarilla cubriéndole el rostro.

Viste un pijama azul con listas rojas

y zapatillas de cuero azules...
ANGEL — ¡Pero!... ¡Ese es el vecino!
CARMEN —Estaba vestido así cuando le reventó la úlcera...
ROSA — ¿Si?

(PAUSA CORTA)Ese buen señor

es el inicio de mis contrariedades...
CARMEN —Por mucho que cuidemos a un niño

siempre tendrá su trauma.

Por descuido, sueño o amor al semejante.
Suenan truenos. La luz de los rayos se deja ver

por la ventana.

Carmen se acerca al ventanal.

Un angel se le acerca y contempla a Esperanza.
ROSA —(A ANGEL) ¡Papá, e enviaré bibliografía sobre los arcángeles!...

En Amsterdam hay antiguas librerías...


CARMEN — ¿Amsterdam?
ANGEL —Sabemos que tienes una parada de dos años en Londres.
ROSA —Si, luego me mudaré a Amsterdam.

No olviden que la lechuga también es holandesa


ANGEL —Claro, si. Pero no tienes que recorrer el itinerario genético de la lechuga...
ROSA — ¿Quién dice que no se recupera en Amsterdan?

Además, siempre me han intrigado los tulipanes.

Tienen un no se qué sugerente, una pasión asomante.

Dos o tres años serán suficientes

para desentrañarlos...

(VE SU RELOJ)

¡Se hace tarde!....
Sale Rosa. La sigue el ángel.
ANGEL —Esperaba que fuera horticultora.

y que tuviera su propio invernadero.


CARMEN —Bailarina. Le gustaba el baile a los cinco años.

¿Recuerdas?

Tomaba el disfraz de bailarina y era La Fontaine
ANGEL —Nunca La Fontaine. Tienes ojos de mar demasiado anchos. Y ella tiene las piernas demasiado gordas.

Eso es sacrilegio en una bailarina.


CARMEN —Mi Rosa se parece al Lago de los Cisnes.
ANGEL —Imaginaba que se enamoraría

del jardinero de la iglesia Pentecostal.

Ese a quien tanto gustan los lirios

y huele siempre a tierra mojada.


CARMEN —Era ella quien lo miraba con insistencia.
ANGEL —El se babeaba.
CARMEN —Rosa lo ama y el la ignora..
ANGEL —Veía las flores en su pelo.
Pausa corta.

Grillos. Ranas. Otros dos ángeles asoman por los ventanales

Uno asciende a los cielos.
CARMEN —Un día el jardinero de la iglesia Pentecostal le preguntó:

¿Donde arrancaste esa herbácea

de la familia de las compuestas?
ANGEL —Un buen pretexto para iniciar pláticas

con objetivos sugerentes.


CARMEN —Sólo le interesaba la margarita que adornaba la cabellera de

Rosa..
ANGEL —Rosa es más hermosa que cualquier herbacea.


CARMEN —Los jardineros son obsesivos.
ANGEL —De acuerdo.
CARMEN —Conocí a uno que deliraba con las angiospermas

monocotiledóneas vivaces,

de esas con hojas radicales y envainadoras,

con flores de forma y coloración sin albumen

y raiz con dos tubérculos elipsoidales y simétricos.
ANGEL ¡Seguro les dedicaba todo su tiempo!...
CARMEN —Si alguien lo invitaba a ver una película

donde actuaba Greta Garbo,

miraba sus angiospermas y suspiraba

como diciendo:...

(PAUSA)

"Greta Garbo nunca tendrá tubérculos elipsoidales".



... y seguía removiendo la tierra de las macetas.
ANGEL —Conocí a otro, pacífico por lo regular:

lo ví embestir con una pala

a un grupo de personas que pisaba sus gramíneas...
CARMEN —Pobre hija mía.
ANGEL —¿No te gusta el jardinero de la iglesia Pentecostal?.
CARMEN — No se interesa en Rosa.
El viento azota los cristales del ventanal.

Canto de lechuza. Una nana a lo lejos.

Pausa. Tres arcángeles con libros de música en las manos cantan tras el ventanal.
ARCANGELES—Viene ella, con tanta paz

que las batallas se quedan dormidas

y los amores se agotan al verla

mientras emprenden viaje en los vagones.


Pausa corta.
CARMEN —Podríamos hablarle del jardinero

que trabaja en el Congreso. Es muy apuesto.


ANGEL —¡Ese caballero de estiércol no me interesa!
CARMEN —¿No será porque descuida al ángel en la entrada del jardín?
ANGEL —Pues....
CARMEN —Al pobre ya se le caen las alas...
ANGEL — (CON RESENTIMIENTO)

¡Mientras se dedica a las iridáceas!

No se percata de la fragilidad de los ángeles de mármol

por estar enfrascado en iridáceas.


CARMEN —Los ángeles de mármol duran más que nosotros

(ELEVA A ESPERANZA)

Menos que ella...
ANGEL — ¿Si?
CARMEN — Es eterna. Lo es.

(PAUSA CORTA)

¿Por qué habré dicho eso?
ANGEL —Un deseo normal de madre.
CARMEN — ¿O un presentimiento?
ANGEL —Los ángeles de mármol sufren

en una medida que no podemos imaginar, Carmen.

Pero no menos que nosotros.

El clima los devora con especial ahínco durante años.

Igual que nuestras carnes duras que se vuelven gelatina,

las lluvias disuelven sus silencios,

carcomen sus cuitas,

pero no pueden llegar a nuestro silencio agarrotado.


CARMEN —Las cuitas extremas del ángel de mármol bajo la lluvia,

son menores que un minuto nuestro cruzando melancolía.


ANGEL —No me gustaría ser el suegro del jardinero del congreso.
CARMEN —Los congresos desaparecerán.
Pausa corta.
ANGEL —Inclinado sobre sus malditas iridáceas,

ese jardinero

ignora el aleteo de los querubines, serafines, principados, potestades, dominaciones, virtudes,

tronos y arcángeles, que hacen posible

el perfume de las flores y el brote de los frutos.
CARMEN —Angel, eres un poquitín severo...
ANGEL — ¿Severo?
CARMEN —Rígido.
ANGEL — ¡Ese jardinero desconoce, mi amada,

que las Sagradas Escrituras

sólo mencionan los nombres de tres ángeles!...

Gabriel, Miguel y Rafael.


CARMEN —Todos tenemos brechas en los misterios.
ANGEL —Su imaginación solo es capaz de concebir un festejo

con perros calientes.


CARMEN — ¡Que feroz!
ANGEL —Desconoce que el libro apócrifo de Enoc

agrega los nombres de Raguel, Saraqael,

Zutel, Rufael, y Fanuel

y que el Apocalipsis de Esdras menciona a Gabulethon,

Aker, Arphugitonos, Beburos y Zebuleon,

a los cuales fueron añadidos Surjan, Urjan,

Uriel y Arsjalaljur.

Nombres terribles. Voces que cambian el paisaje.


Los ángeles se van acumulando por todos lados.

Parecieran escuchar sus nombres.
CARMEN —Es posible que sea ateo.

¿Como no ser ateo con tanto vehículo en venta?

Es tan fácil preferir un Toyota.

Tener fe en el todopoderoso Volkswagen.


ANGEL —Perdóname, perdóname, hablamos de nuestra hija

enrumbada por latitudes londinenses

trás la pasión de una lechuga ruso—holandesa,

mientras un jardinero descuida ángeles de mármol

y ambrosías

¿Cómo puede desconocer ese imbécil

el deslumbramiento de Agar en el desierto?

¿Los ojos con toda la luz del sol sin quedar ciego?.

La visión de Abraham

cuando tres ángeles libraron a Lot en Sodoma

y detuvieron su mano cuando sacrificaba al hijo.

Te hablo más allá del periplo londinense de Rosa.

y de su posible asesinato en Amsterdam.
Pausa corta.
CARMEN — ¿Qué padre no se imagina a su hija asesinada?

ANGEL — ¡Me refiero a la ignorancia del jardinero en cuestión!

CARMEN —No le has dado oportunidad de hablar más allá de sus yerbajos...

ANGEL — ¿Que puede contarme de los coros infinitos en la escala sube y baja de Abraham?

¿Puede contarme los almuerzos del ángel de Balaán y los de Josué, Gedeón, Sansón y Tobías?.

Perdóname, toda la vida puedo estar examinando

cáries dentales, sacando muelas,

pero sé sobre los siete Príncipes de la Luz Persa.

Centenares de veces, en mis sueños, he visto a los señores que se prosternan ante Javels,

en la mitología asiria.


CARMEN —El pobre jardinero puede estar mal informado.
El viento estremece el ambiente. Deja oír su

esplendente cacofonía.

Silbidos de tormenta. Los ángeles corretean. Salen.
ANGEL —Estar mal informados en esta época

es terrible, Carmen.

Peor que una caries o un abdomen grueso en reunión de publicistas.

Una maldición, casi...


CARMEN —Las personas hoy se extravían en la inflación

en costos, impuestos, movilizaciones,

negocios y prestaciones, querido.

Por lo menos el jardinero del congreso tiene iridáceas.



Pausa corta. Angel estudia sus libracos.
ANGEL —Si, son pocos los seres que meditan

sobre el crecimiento de las angiospermas


CARMEN —O el ruido que provocan las alas de los ángeles.
ANGEL —O la estatura del alma.
CARMEN —El perfil al final de todas las cosas.

Se perdió la serenidad, Angel.

¿Por qué me tienes en esta ciudad tan arrasada?

(SE ESCUCHA UN VIENTO FUERTE)

¿Escuchas? (SE LEVANTA, PREOCUPADA. HABLA A LA PRESENCIA) No arrases la ciudad, por favor...
ANGEL — (SE ACERCA AL VENTANAL) ¡Es El Niño, Carmen!...

CARMEN —¿Seguro?...

ANGEl —Sin duda. El Niño.
Carmen se acerca al ventanal.
CARMEN —Siempre se aparece de improviso el padre del monzón,

del Pampero y el cordonazo de San Francisco...


Tras el ventanal el viento inclina los arbustos.
ANGEL —Somos privilegiados...
CARMEN — ¡Cómo retumba ese Niño!
ANGEL —Son bajos filtrados en las incontables dunas del cielo

y la tierra.

Agudos salidos de narices de camellos agotados,

silbidos de tiendas destrozadas.

Flancos de reses castigadas

El lamento de un beduino cegado por la arena....

Quizá muera..
CARMEN — ¿Cómo llega aquí?
ANGEL —Carreteras bien definidas en la estratósfera.

Cada viento se repite y nunca termina.

Es tan fácil

como el furúnculo de un sultán en la India

cambiando el clima sobre Florencia.

O el rayo que cae sobre ciudad de México

y provoca una gripe masiva en Viena.


Aparece tras el ventanal El Director vestido de jardinero.

Otro rostro. Delantal plástico. Botas de goma y gorra.

Podadora en las manos.

Porta lentes.
CARMEN —No es el jardinero de la Iglesia Pentecostal.
ANGEL —Tampoco el del congreso.
CARMEN —Es apuesto.
El jardinero poda una que otra hoja. Saluda.
ANGEL — ¿Qué hace?

CARMEN — Cumple nuestra ilusión.



Aparece Rosa con impermeable.

Tras ella un ángel le sostiene una maleta. Otro, el paraguas.
ANGEL —Buena compañía.
Rosa ve a los ángeles.
ROSA —Se empeñaron en quitarme la maleta y el paraguas.

Me resistí y me arañaron.


ANGEL —El empeño en servirte.
ROSA —Mientras esté en esta casa. Al pisar la calle me dejan de mi cuenta.
CARMEN —Te acompañarán.
ROSA — ¡No, por favor!¡Me corto las venas!
ANGEL —Que drástica.
ROSA —Me marcho a Londres—Amsterdam—Moscú y no quiero espías..
ANGEL —Tantos destinos con solo dos piernas.
CARMEN —Y miopía creciente.
ROSA —Escribiré.
CARMEN —Tus cartas no llegarán.
ANGEL —Como es costumbre.

ROSA —Culpa del correo.


ANGEL —Seguro. Allí mueren tantos deseos de escribir.
ROSA —Serán cartas largas.
CARMEN —La lechuga te quitará mucho tiempo.

Basta con una postal.Una sola, con el Big Ben,

la plaza del Dam. La Roja o un caminito de Nepal...
ANGEL — ¿Nepal?
CARMEN —Apuesto que llega a Nepal.

Las lechugas que provocan cismas familiares

siempre recalan en el Everest.
ANGEL —Quédate. Tienes pretendientes.
Rosa se acerca al ventanal. Ve al jardinero.
ROSA —Se ve simpático.
CARMEN —Te ve y le brillan los ojos.
Se iluminan los ojos del jardinero tras los lentes. Chispas.
ROSA —Si me quedara, llegaría a tener un invernadero propio.
ANGEL — ¡Eso, lo adecuado!
ROSA —Y ahora, sin asideros en el corazón, quiero todas las plantas del planeta: la fronda asiática,

las junglas de la India salpicadas de tigres.


El jardinero se muestra cabizbajo.

Angel adopta la pose de padre preocupado.
ANGEL —Se que los consejos paternos

valen tanto como subir a un autobús.

Pero, hija, mantén atención sobre los jardineros ingleses.
ROSA —Son muy comedidos y puntuales..
ANGEL —Tras su flema perfilando setos,

siempre mantienen una actitud de invasión hacia otros jardines.

Consideran al manzano superior al mango

y que la ananás es un fruto reptil,

incapaz de ser comparada con la pera...
ROSA —Nunca conocí un jardinero racista.

Tienen preferencias. Sólo eso.


CARMEN —Jack el destripador tenía un jardín de begonias

que los vecinos admiraban.


ANGEL — ¡Enrique VIII regaba sus rosales

cuando le anunciaron la muerte de Ana Bolena!...


CARMEN —A Churchill lo mareaban las siemprevivas.
ANGEL — ¡Dígame!
ROSA —Si le temiera a los jardineros no podría vivir.

En Inglaterra conoceré muchos...


Pausa corta.
ANGEL — ¿Promiscuidad?
ROSA —Me atraen los jardineros que se empeñan en sus tubérculos.

Nunca rechazaré una margarita ni una banana.


ANGEL — ¿Y todas tus plantas aquí?
CARMEN — ¿El limonero? ¿El mango? ¿Las otras lechugas?

ANGEL —Abandonas un huerto floreciente por una lechuga rusa— holandesa melancólica...


ROSA —La vida es así. ¿Qué puedo hacer?

CARMEN —(A ANGEL, POR LO BAJO)No se te ocurra plantearle disyuntivas.


ANGEL —(A CARMEN)No cumpliría con mi carácter de padre.

(PAUSA CORTA)

Hija. Si en algún momento te encuentras en una encrucijada, espera: alguno de los caminos será cubierto por la hiedra....
ROSA —No me gusta pisar hiedra. Siempre tomaré el más difícil.
CARMEN —Eres incorregible.
ANGEL —Terca.

ROSA —Vivimos de caminos equivocados.


Se escucha el viento. El jardinero, fuera, se pega a

los cristales del ventanal.
ROSA —(AL JARDINERO)Te llevaré como imagen de un mor que no fue.
ANGEL —El Niño siempre anuncia poda de robles y sauces.

Talas. El palo de rosa cayendo en agonías

que nunca tendrá la tragedia.
Rosa agarra la maceta con la lechuga.

El jardinero entra por el ventanal. Se acerca a

Carmen. Toma a Esperanza entre sus brazos. La

eleva.
ANGEL — ¡Con qué cariño la abraza!
ROSA —Y eso que es solo la imagen de un amor despechado.
El jardinero deposita a Esperanza en los brazos de Carmen. Sale por el ventanal.

Rosa toma la maleta y la sombrilla de manos de los ángeles.
ROSA — Si no llegan las cartas la culpa será del correo.

O de los lápices, que siempre fallan.

Nunca encontramos como sacarles punta.
Rosa abraza a Angel. Luego a Carmen. Carga a Esperanza.
ROSA — ¿Qué tiene mi hermanita? Pesa como el mundo.

CARMEN — Un poco más.



Rosa sale seguida por los ángeles que la despiden.
ANGEL —La vida erosiona más que la arena.
CARMEN —Los ecologistas nunca han pensado en el alma de la

gente.
ANGEL —Que, a la final es la que nos mueve por los pasillos del mundo.


CARMEN __¡Hay tantos que juegan a la razón!

Y no ven que los siglos cambian no solo los peinados

y tacones. También la música y los modos de desayunar.
ANGEL —Tanta alma devastada.
CARMEN —Las capas vegetales del corazón se diluyen y

al final, túmulos rocosos, la arena sobre la piel,

llorando trópicos.
ANGEL —Una juventud que nos lleva a flaccidos

con una severidad mayor que la muerte,

que dura tan poco...
Por el ventanal se ve a Rosa que avanza y se devuelve.

Avanza y se devuelve.
CARMEN —Le cuesta irse.
ANGEL —Odiémosla un poco.
CARMEN — Recuerdas cuando estropeó el equipo de sonido?
ANGEL — Cuando picó en pedacitos tu vestido de fiesta.
Despiden a Rosa en leve saludo.

Rosa se marcha.

Pausa. Carmen se retira unos pasos. Se vuelve. Ve a Angel.
CARMEN —No es tuya...
Pausa corta
ANGEL — (HABLANDO DE OTRA COSA. VE AL VENTANAL) ¿No te

parece que los ángeles se extinguen como los elefantes?.

Son una raza del alma.

Si el alma no tiene briznas para escuchar a los grillos,

si no tiene lagunas para el concierto de las ranas,

se marchan a otra pertenencia....


CARMEN —No es tuya...
ANGEL —Si la lluvia no cae exactamente sobre la hoja de plátano,

en la canaleta y la fibra del bambu...

¿Qué importancia pueden tener las cosas?
CARMEN —Esperanza no es tuya.
Pausa.
ANGEL — ¿Por qué no es mía?
CARMEN —Hace tiempo que no revisas mi cesped,

ni hurgas mis claveles.


ANGEL —Los pienso.
CARMEN —No hueles mis rosas.

Las brisas de mis axilas casi se han olvidado de ti.


ANGEL — ¡Me provoca tomar un cuchillo.

La espada de Gabriel

y buscar el rojo de la noche en tu cuello...
CARMEN —No hay otro jardinero. Ni cartero. Ni ángel.
ANGEL — ¿No?
CARMEN —Fue una espora.
ANGEL —Claro, una espora. Comprensible para cualquier marido.
CARMEN — Un polen particularmente pródigo...
Se escucha el viento. Se agrega la lluvia, los cantos

de grillos y ranas.

La guitarra del vecino.

Carmen entrega a Esperanza a uno de los ángeles.

Todos los seres alados se arremolinan en torno al

bebé. Carmen se sienta. Ángel se sitúa tras el escritorio.
CARMEN —Ocurrió en una noche como ésta.

Tú contabas los querubines que bailaban sobre el lomo de una aguja.

Te recuerdo bien: inclinado con una lupa viendo la aguja, sobre el escritorio.

Contabas centurias, olas, miríadas, mientras sonaba un mambo.


Los arcángeles salen. Uno de ellos se eleva al

cielo con Esperanza en brazos. Los otros cantan

Angel examina una aguja con una lupa.
CARMEN —Rosa amenazaba al limonero con las lechozas

y tocaba la margarita que le había regalado el jardinero

de la Unión de Propietarios.

Fuí a mi habitación. Reposaba.

La ventana abierta...


Tras el ventanal asoma un ser hermoso, enorme.

La luz es cegadora.

El ser tiene algunos rasgos humanos, otros de ave.

Carmen sale al jardín. Se abraza al ser.

Se acarician.

Luego Carmen entra a la habitación, trasfigurada

ANGEL —Una ventana abierta es tanto...

Un polen agresivo entra fácilmente,

hasta un panadero romántico.

Gabriel con su espada.
CARMEN —Me conoces. Soy tan débil...
ANGEL —Siempre lo fuiste.
CARMEN —Fue solo un retortijón en medio de luz cegadora.
ANGEL —Hay tantos prodigios últimamente.
CARMEN —No es tuya.
Cantos de los ángeles en el exterior.

El ángel desciende de nuevo con Esperanza en brazos.
ANGEL —¡ Esperanza es mía!.

¡Hasta yo pude entrar por esa ventana, aunque no me

recuerdes, ni yo tampoco!

Me hacías contando legiones de querubines

mientras era el panadero.

Y estaba allí, en la ventana. En el tiempo en que debía estar.

Aunque mis ojos se gastaran en manuscritos y lomos de agujas.

(PAUSA)

Ese sueño lo olvide.

¿Y?...

Nuestra tragedia es que olvidamos los sueños

y los seres que amamos se erosionan a ojos vista.

Abandonamos sus pieles olvidando el deterioro de nuestras propias pieles.

Tantos sueños olvidé cada madrugada.

Los sueños nos matan.

Creo que mientras uno menos sueñe come mejor.

Vive más.

Y, para que veas, yo prefiero morir.

Todas las noches espero soñar y capturar una pequeña parte de otra vida asombrosa

que me llama cada noche con urgencia

y me da olvidos y presentimientos al amanecer.

¿Qué puede hacerse?

Nada.

(pausa corta)



Fuí tu polen. Un panadero que entró por la ventana.
Carmen se acerca al ventanal. Ángel la abraza.

El arcángel retorna y le entrega Esperanza a Carmen.

Tras el ventanal otros angeles, arcángeles y

serafines se deleitan con el bebé.
CARMEN —Esto parece una pajarera del cielo.
ANGEL — ¿Quién la llevará al colegio?

Yo.
CARMEN —Pisará fuerte en las calles del mundo.

Ya puedo sentir sus taconazos.
ANGEL —La ayudaré en las tareas de matemática.

Le mostraré los miedos, para que no tema.

Confiará en mí

(A CARMEN)

Ven, es hora de despertar el sueño más pequeño.

Hundirnos en las plumas de los ángeles....


Carmen se refugia en el pecho de Angel.

Ven a Esperanza. Sonríen.

Tras los ventanales los ángeles, arcángeles y

serafines, cantan.
ANGELES --Dios tiembla sobre la tierra

tan pequeña es y ya quiere

todo el amor del mundo..


Angel y Carmen se retiran lentamente. Salen.

Igual las presencias celestiales.

Leve oscuridad. Viento moviendo hojas.

Entra Rosa muy primaveral, pero anciana.

Trae una pequeña pala en una mano y una regadera portátil en la otra.


ROSA— El invierno en Londres fue duro.

No sabía que era tan duro el invierno en Londres.

Claro, menos que en el Tibet.

Disfruté tanto soñando en los trópicos mientras viví en Holanda. Y en Rusia. El Tibet. Nigeria. Bali.

Conocí muchos jardineros y siempre la imagen que me acompañaba era más fuerte.

Pero, bueno, amé. Aunque con nostalgia.

(PAUSA CORTA)

Recordaba el limonero... los rosales.... mis lechugas.

Mi posible invernadero.

El deseo de un jardinero amable.

(ROSA RIEGA LAS PLANTAS)

El mundo ha cambiado tanto.

Lo cambió Ella. O El, cubierto de Ella.

Y sigue cambiando cosas.

Hasta la muerte es un continente abierto

y la gente se cita para siglos adelante.

(PAUSA)

Yo, aprendí poco. Lo más importante es que nunca nos desprendemos de la vecindad.



Nunca.

La tierra original es el Gran Deseo....


Riega las macetas. Las abona.

Las luces mitigan su brillo.

Sale Rosa.

Un leve sonido de lluvia. Un esporádico grillo.

Minutos de pausa. Luego una nana lejana.

Un ángel que pasa. Olores frescos de hierbas..

Semi oscuridad. Mientras dure el sueño.

Para despertar a la gente, leves toques de campanilla.

Luego, danzones en volumen bajo.

Luz que sube a media intensidad.

Que la gente salga cuando quiera, en silencio.

Nadie despierta a los durmientes.

Angeles cuidan el sueño hasta la mañana siguiente.
Fin
"Obra para dormir al público"
De Rodolfo Santana

Escrita en 1991.


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