Nos Aires, 22 de junio de 2



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, en donde explicó que el 16 de julio de 1976 irrumpieron en la casa de su suegra a las 2:30 aproximadamente, varias personas vestidas de civil. Que en dicho sitio se encontraban durmiendo su suegra, su cuñada, su esposa, sus cuatro hijos y su cuñado Alzogaray. Que luego de atropellos y desmanes lo condujeron hacia el exterior de la vivienda junto con Alzogaray, les ataron las manos, los encapucharon, los introdujeron en el interior de distintos autos, y los taparon con frazadas.

Explicó también que fue conducido a un lugar en el cual había varios detenidos y en donde permaneció encapuchado y maniatado. Que luego le tomaron declaración, lo golpearon y le dijeron que pertenecía a una organización terrorista. Que en tal lugar nombraban a un tal Leiva, y que habría aproximadamente diez personas. Describió respecto de su cuñado, que éste también declaró, que luego lo alojaron nuevamente en el mismo lugar en donde estaba detenido. Que posteriormente lo dejaron vendado y con las manos atadas, a las 2 hs. de la madrugada en un lugar cercano a la Estación Chacarita, ya que caminó unas 40 cuadras hasta llegar a ella.

Agregó que la denuncia por estos hechos la efectuó ante la Comisaría de José León Suarez.

A fs. 1827/1831 consta otra declaración testimonial de Apolinaria del Rosario Garay de Alzogaray, madre de Conrado, ocasión en la que relata nuevamente el secuestro.



Respecto de las fichas dactiloscópicas que se les tomaron a los cadáveres, a fs. 529/531 obra informe de la Dirección Provincial del Registro de las Personas de la Provincia de Buenos Aires, que da cuenta del envío de las mismas al Registro Nacional de las Personas; y a continuación obra una nota actuarial de donde surge la información proporcionada por el citado Registro, en cuanto a que las treinta fichas fueron destruidas, calificándose como habitual tal proceder -fs. 553/554-.

Sin perjuicio de que Héctor Alberto Guzmán no ha sido identificado como uno de los cadáveres hallados en la localidad de Fátima, viene al caso recordar el testimonio brindado por el mismo, empleado de “Bendix”-a fs. 555/556-, quien relató que el 11 de diciembre de 1975 junto a su hermano y a Ramona Frías, fueron conducidos vendados a Coordinación Federal por personas vestidas de civil, que no portaban armas y que se identificaron como policías. Allí, agentes uniformados de la Policía Federal, lo interrogaron sobre el personal de “Bendix”.

También dijo que luego fue trasladado a San Martín y finalmente a la Unidad Penitenciaria de Villa Devoto, en donde permaneció hasta julio de 1976 alojado junto a presos comunes; que luego pasó a la cárcel de La Plata, a la cual ingresó como“detenido político independiente”. En La Plata se encontró con Cordero y recuperó la libertad el 6 de enero de 1978.

En cuanto al trámite de la causa, a fs. 778 obra un oficio del Ejército Argentino de fecha 11 de octubre de 1983, mediante el cual se informa al Tribunal actuante que teniendo en cuenta la sanción del Dec/ley N 22.924 de Pacificación Nacional (Autoamnistía), no se aportaría información y se reclama la elevación de la causa a la Cámara de Apelaciones del Consejo Supremo de la Fuerza. Se hace alusión a “que de las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se habrían producido los hechos investigados por V.S., aparecería supuestamente involucrado personal militar que en cumplimiento de los decretos 2770/75, 2771/75 y 2772/75 participó en operativos militares en la lucha contra la subversión”.

Frente a ello, el 28 de octubre de 1983 se dictó una resolución que eleva sin más trámite la causa a la Cámara Federal de Apelaciones de la Plata en virtud de lo normado por la Ley 22.924.

A fs. 790/795 obra el dictamen del Fiscal de Cámara de La Plata, en el cual solicita, de acuerdo a lo prescripto por el art. 14 de la ley 22.924, el sobreseimiento definitivo de la causa por extinción de la acción.



La Cámara Federal de La Plata resuelve, el 16 de febrero de 1984, devolver la intervención al Juzgado de Mercedes al haber declarado la ley N 23.040 la nulidad de la ley N 22.924; y posteriormente se continuó con el trámite de la causa.

Así, obra a fs. 1056 declaración testimonial de Roberto Oscar Gerez, agente de la Subcomisaría de General Pacheco de policía de la provincia de Buenos Aires, quien refirió no recordar si las noches del 15 y16 de junio, y del 15 y16 de julio de 1976 fueron llevadas detenidas personas que trabajaban en “Bendix”, “Ford” o “Frigorífico Rioplatense”, ni recordó que en una misma noche hayan sido detenidas cuatro o cinco personas, ni tampoco los nombres Velez, Guzmán, Buisson, Alzogaray ni Leiva.

A fs. 1056 vta. obra la declaración testimonial de Pedro Rojas, Policía de la Subcomisaría de General Pacheco durante 1976. El nombrado no recordó ninguna circunstancia relevante acerca de lo ocurrido en las noches de las fechas citadas, no obstante lo cual refirió que efectivamente la policía estaba subordinada al Ejército, que se efectuaban detenciones del ejército sin registros, y reconoció la existencia de interrogatorios a detenidos. Dijo no saber nada respecto de las detenciones de obreros de “Bendix”, “Ford” o “Frigorífico Rioplatense”, ni recordar a personas de nombre Velez, Leiva o Alzogaray.

Otra de las personas que no ha sido identificada como una de las víctimas de Fátima, pero sobre la cual se han colectado diversas pruebas, fue Pantaleón Daniel Orfano.

Así, obra declaración testimonial prestada por Lucas Orfano, padre del mismo, quien aportó copia de la presentación que hizo en la CONADEP el 5 de julio de 1984 a raíz de la desaparición de Pantaleón Daniel, presuntamente detenido el 30 de julio de 1976, y de quien se creyó que podría ser uno de los cadáveres hallados en Fátima.


Relató el nombrado que en la madrugada del 4 de agosto de 1976 fue secuestrado junto a su esposa Lilia Jons -madre de Pantaleón Orfano- por personas vestidas de civil, quienes se identificaron como personal pertenecientes al Ejército. Que estos sujetos luego de encapucharlos, los trasladaron a la Superintendencia de Seguridad Federal del Departamento Central de Policía, y que ya en tal sitio les extrajeron sus pertenencias, los insultaron, los golpearon y los introdujeron en lo que parecía ser un calabozo, en donde había otras personas. Agregó que en tal sitio, escuchó gritos de personas que presume estaban siendo torturadas, y que luego de los interrogatorios las mismas eran arrojadas al sitio en el cual se encontraban él y su esposa; que las personas eran sometidas a torturas psicológicas, que en tal sitio reconoció los gritos de su hijo, y que estos provenían de la sala de torturas. Que allí también se encontraba detenido el matrimonio compuesto por Juan Carlos Vera y por Marta Spagnoli, una señora apodada “La Tota” -militante del Partido Auténtico- y su hija; como también otra persona de apellido Astarita, quien probablemente era gremialista de una fábrica de Villa Lince. Dijo que permaneció en tal sitio once días y que no fue interrogado.

Agregó que al ser liberado, intentó efectuar denuncia por tales hechos en la Comisaría nro. 28 de Policía Federal, pero el Subcomisario no le recibió la misma y que su otro hijo, homónimo a él (Lucas Orfano) desapareció el 2 de diciembre de 1976, y permanece en tal estado.

En otra declaración testimonial Lucas Orfano -padre-, relató nuevamente su secuestro y el de su mujer, y agregó que cuando en la Superintendencia le tomaron sus datos personales, al advertir su identidad, un oficial exclamó ¡ahora tenemos a la familia ubita!. Los liberaron a él y su esposa el 14 o 15 de agosto de 1976.

Por otra parte, prestó declaración testimonial Eugenio Benjamín Méndez -fs. 1369 y 1714/5-, periodista que se dedicó a investigar la guerrilla en Argentina y autor del libro “Almirante La coste: ¿quien mató al General Acris?”, en el que narra la muerte de Acris, atribuida a Montoneros. Viene el caso recordar que el General Acris fue asesinado el 19 de agosto de 1976, y habría sido ultimado por fuerzas “para gubernamentales”, ello según la versión de Méndez, los sucesos del 20 de agosto de 1976 se habrían producido como efecto del homicidio del General Acris. Es decir, como represalia por la muerte del nombrado.

Agregó el nombrado que una de las víctimas de Fátima sería Pantaleón Orfano, quien era oficial montonero, y había sido capturado por Fuerzas de Seguridad de la Superintendencia de Seguridad Federal. Que junto a Orfano había otras personas detenidas, pertenecientes al mismo grupo de montoneros, que actuaban en el barrio de San Cristóbal, y asistían al centro de la Unidad básica “Evita Montonera” sito en la calle La Rioja al 1600 de Capital Federal. Añadió que eran integrantes de ese mismo grupo otras personas, tales como “Leticia”, “Silvana”, el novio de esta última, de apodo “Patán”.


Otro testimonio recogido por el Juzgado de Mercedes es el de Juan Alberto Ambas, quien se encontraba al momento de prestar declaración alojado en la Unidad II Sierra Chica del Servicio Penitenciario Provincial. El nombrado refirió que identificó a Pantaleón Orfano como uno de los cadáveres de Fátima, y que podría identificar a otros cadáveres.

Asimismo se refirió a la existencia de fichas en las cuales constaban los datos de la víctima, documentos, participantes, vehículos utilizados, día y hora de la orden, quién la emitía, día y hora de cumplimiento, como lugar donde se alojaba al detenido, y agregó que estas fichas -respecto de las cuales dijo tener aptitud para descifrarlas en virtud de haber pertenecido al Servicio de Inteligencia del Ejército- eran enviadas a los Servicios de Chile. Refirió también que recibía órdenes del Teniente Gullo del Batallón de Inteligencia 601; que la ficha de Orfano era la 927/3 y que en esa misma ficha, según su creencia, estaba también María del Carmen Percivati Franco.

Asimismo, contamos con otra declaración testimonial prestada por el mencionado Imbesi -fs. 2211/3-, en la cual refirió que aparte de la víctima Orfano, en Fátima se habrían encontrado Laura Noemí Creatore, Carlos Hugo Capitman, Zulma Cena, Fausto Carrillo, Santiago Illa, Germán Córdoba, Domingo Reales, José Vargas, Juan Ángel Nugles, María Paula Cáceres, Daniel Saúl Hopen, Héctor Ernesto De Marchi, Eduardo Suárez, y Rodolfo José Iriarte. Que estas catorce personas fueron conducidas desde distintos puntos de la Provincia de Buenos Aires para Coordinación Federal, que incluso dos de ellos fueron conducidos desde Jujuy.

Que ello tenía por fin que los grupos de inteligencia de Seguridad Federal tomen conocimiento de la forma de operar de los subversivos y que tales detenidos eran interrogados y se elaboraba un informe individual que se elevaba a Suárez Mason.

Agregó que los entregadores de las víctimas fueron directivos de las empresas “Ford”, “Bendix”, “Astilleros Astarsa”, y una fábrica de ruedas cercana a la Ford de Pacheco, ya que los directivos de tales empresas les indicaban a los militares cuáles eran los empleados extremistas.

Dijo haber escuchado todos los datos citados dentro del penal donde se encontraba alojado (Cárcel de Caseros), ya que según sostuvo, allí cohabitaba con personas que pertenecieron a la represión militar.

Vale destacar que con relación a los dichos de Imbesi, a fs. 2222 obra un informe Actuarial en el cual se deja constancia de que según los registros de la Subsecretaría de Derechos Humanos, se estableció que respecto de algunos de los sindicados por Imbessi como víctimas fueron secuestrados con anterioridad a los hechos de Fátima, e incluso algunos podrían haber estado en Coordinación Federal; a la vez que otros fueron secuestrados después, y otros no figurarían en las listas de la CONADEP.


A lo largo de la investigación de estos hechos se han contado con diversas declaraciones recibidas a Armando Víctor Luchina, quien reconoció haber trasladado a los treinta cuerpos desde la Superintendencia hasta un camión verde, e hizo un pormenorizado relato de los hechos y del funcionamiento de la citada dependencia.

Así, a fs. 1477/1496 se agregaron copias de los Legajos N 6976, N 7531, y 2521 de la CONADEP. Entre la documentación obra la declaración testimonial de Armando Víctor Luchina -a fs. 1491/1493-, quien desde el año 1971 hasta 1980, se desempeñó como efectivo de la Policía Federal Argentina, habiendo prestado servicios en la ex Coordinación Federal. Según la versión del nombrado, a partir del momento en el cual se colocó la bomba en Coordinación, en julio de 1976, se formó una Brigada para atentar contra la vida del entonces Jefe de la Policía, Gerenal Corbetta. Estas brigadas tenían a su cargo el manejo de cargas de trotyl y armas de grueso calibre.

Luchina agregó que el personal que estaba de guardia la noche en que la bomba fue colocada, fue el que luego formó la Brigada que procedió al traslado de casi todos los detenidos que estaban en el tercer piso, y que fusilaron a seis de ellos en el playón de estacionamiento de SUIXTIL.

Agregó que por comentarios, tuvo conocimiento de que dos enfermeras que trabajaban en el Hospital Churruca, fueron sospechadas de querer atentar contra los policías de Coordinación Federal que allí se encontraban internados, y que por tal hecho, fueron inmediatamente ejecutadas por personal de la Brigada, ocurriendo ello en la parte posterior del Hospital.

Dijo también que mientras estuvo de guardia en el edificio de calle Moreno (Coordinación Federal) ayudó a cargar un grupo de treinta personas detenidas que se encontraban adormecidas. Que fueron cargadas en un camión verde oscuro, que era conducido por personal que no era de la repartición -presumiendo que sí lo era de un Grupo de Tareas- y que esta camión partió acompañado por automóviles Ford Falcon, los cuales llevaban personal de las Brigadas y que dos o tres de ellos poseían unas cuatro personas en su interior. Que en tal momento, el citado personal le comentó “estos se van para arriba” y que al día siguiente leyó en el diario que habían sido dinamitadas en la localidad de Pilar treinta personas.


Dijo que después de la bomba, en la Superintendencia de Seguridad Federal, se habilitó el 5 piso para detenidos, en donde estaban todos hacinados, y en donde se los torturaba, se violaba a las mujeres y se los quemaba con alcohol. Mencionó que vio allí detenidos a Silvia Urdampilleta, Silvia Hodger, un hombre de apellido Escudero, otro de origen tucumano de apellido Falu, y a una mujer de apellido Robledo. Recordó que eran integrantes de tal Brigada el Principal De La Llave, a Demarchi, al Sargento Martínez, alias “El Japonés”, al Sargento Block, y al Turco Simón.

A fs. 1494/1495 obra una nueva declaración testimonial de Luchina, en la cual da un pormenorizado relato de las circunstancias relativas a cómo se efectuó el traslado al cual se refirió. Dijo que esa noche estuvo de guardia, que se dio aviso de que nadie podía entrar al edificio porque se iba a hacer un traslado, que se apagaron todas las luces, quedando todo el recinto de la guardia y del pasillo de los ascensores a oscuras; que sólo quedaron encendidas las luces del ascensor y de la playa de estacionamiento.Que bajaron por el ascensor y condujeron a la playa de estacionamiento a treinta detenidos, de los cuales cuatro parecían muertos, y los restantes estaban como drogados. Estas personas fueron apiladas en la parte trasera del camión que los estaba esperando, que este vehículo era de color oscuro azul o verde, presumiendo que pertenecía al ejército.

Agregó que había tanto mujeres como varones, que estaban “RAF”, es decir, “en el aire”, sin registro alguno de sus detenciones. Todos provenían de distintos pisos de la Superintendencia de Seguridad Federal.

Recordó también que esa noche estaban a cargo de la Guardia de Prevención el Principal Rico y el Subcomisario de Permanencia correspondiente a la noche -que era la máxima autoridad durante dicho turno- siendo que este último era el responsable directo de autorizar ese traslado de detenidos. Agregó que los mismos integrantes de la Brigada dijeron que utilizaron Trotyl y que ellos se vanagloriaban de haber “vengado” a la Policía Federal.

Luchina asoció este evento a lo ocurrido en Fátima por los comentarios de los integrantes de la Brigada y porque luego de transcurridas unas 24 o 48 hs. desde la carga de tales personas en el camión, apareció en los medios la noticia relacionada a lo ocurrido en la citada localidad.


A fs. 1514/1521 obra nueva declaración prestada por Armando Luchina -declaración informativa-, quien en esta oportunidad ratificó su versión vertida ante la CONADEP, con excepción de lo dicho en cuanto al cargo ocupado por el mencionado Rico, ya que dijo no tener la certeza de que el nombrado haya estado de guardia esa noche. Dijo luego que las Brigadas eran integradas exclusivamente por personal de la Policía Federal, sin perjuicio de que podían operar con grupos de tareas de las F.F.A.A. y/o con la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y otros grupos de inteligencia.

Que tales Brigadas se integraban con personal de Superintendencia de Seguridad Federal, de distintas jerarquías y que tenían por función detener a subversivos, llevarlos a Seguridad Federal para su interrogatorio, y dejarlos allí detenidos o llevarlos a otro lugar de detención, y, eventualmente, ejecutarlos, tal como sucedió en el caso que se viene analizando. Dijo que en este caso, participaron dos Brigadas del tercer piso, las cuales estaban integradas por ocho hombres.

Describió también las cárceles del tercer piso, en el cual funcionaban dichas Brigadas, a la vez que confeccionó un croquis del lugar, dibujó un plano del sitio donde estaban detenidas las personas, indicó en dónde estaban los ascensores, el personal de guardia, y señaló también el lugar por el cual fueron sacadas las treinta personas llevadas para la masacre de Fátima.

Asimismo, al serle leída la declaración de Orfano, refirió que posiblemente el lugar descripto no se haya tratado del Departamento Central de Policía, sino la Superintendencia de Seguridad Federal. Mencionó que a un compañero suyo de apellido Doval, que hacía guardias de prevención de detenidos lo apodaban “Gato” y que había también a un Sargento de apellido Pop.

Que la típica vestimenta del personal de Brigadas era boinas rojas, ropa militar de fajina verde y granadas en la cintura, ya que así disimulaban ser personal militar para desorientar a los capturados. Asimismo, había personal de saco y corbata, que eran quienes comandaban los operativos, entre quienes se encontraban De La Llave y Trimarchi, quienes ocupaban cargos en los años 1976/1977.

También mencionó al Sargento Block, al Sargento Martínez (alias “El Japones”), al Turco Simón y al “Pájaro Loco” quien sería de apellido Vidal o Bidart. Estas Brigadas actuaban bajo órdenes del Departamento donde pertenecían, o sea Delitos Federales o la ex DIPA (División Investigaciones Policiales Antidemocráticas). La DIPA estaba a cargo del Comisario Inspector Marote o Marcote, y entre los jefes de Delitos Federales estuvieron Patarca y Ojeda.



Agregó que las órdenes las daba el Superintendente de Seguridad Federal, quien a su vez recibía órdenes del Jefe de Policía; que como cumplía funciones de guardia de prevención, tanto en la sala de detenidos como en el exterior del edificio, tomó conocimiento de los ingresos y egresos de las Brigadas y de los movimientos de los detenidos. Las Brigadas se movilizaban en Falcon gris o verdes, también en una Ford Rural ranchera color gris perla con cúpula blanca, un Citroen AMI 8 rojo y un Citroen Mehari rojo.

Respecto de los detenidos, había listados de legales y de RAF (ilegales). Los legales estaban a disposición del PEN. Las listas RAF las confeccionaban las guardias a medida que ingresaban, datos que después se pasaban a un fichero (Fichero Rojo) que estaba en el Departamento de Inteligencia.

En relación a los interrogatorios y torturas, estas prácticas las realizaba el personal de Brigadas.

Refirió que a la medianoche del día de la explosión de la bomba en el comedor de Seguridad Federal, estuvo de guardia en el Hospital Churruca, donde se encontraban los heridos a raíz de tal explosión. Que esa noche llegó allí gente de la brigada a visitar a los heridos, quienes dijeron que iban a vengarse, que las Brigadas se mostraron disconformes frente al anuncio del Jefe de Policía Corbetta en cuanto a que no habría venganza, e incluso llegaron a decir que se vengarían de Corbetta por ser traidor a la fuerza. Corbetta al poco tiempo renunció a su cargo.

Respecto de la noche del traslado de los treinta detenidos, explica que esa noche cumplió funciones en la Guardia de Prevención y que en determinado momento el personal de las Brigadas le hizo saber que sacarían a los detenidos, y que por tal motivo, debían apagar todas las luces. Así, junto a Pop, Vergara, El Gato Doval, El Principal Rico, el Cabo Alfonso, el Agente Suárez Bustamante, el Oficial Rico, el Cabo Primero Torrisi y el agente Mesa, transportó a los detenidos desde el ascensor hasta un camión verde estacionado en la playa.

Que dichas personas -las cuales fueron recibidas en el camión por personal de Brigada- estaban vestidas y calzadas, que sólo algunos carecían de ropa interior, que habría unas ocho o diez mujeres; que todos poseían los ojos vendados, y que los mismos fueron apilados en el camión en forma brutal “y a las patadas”. Dijo no recordar haber visto en esta ocasión ni detenida, a una persona a la cual le falte una pierna.



Asimismo, recordó que entre los detenidos había un matrimonio que era del norte del país, un karateca de unos 35 años, y también una mujer de unos 25 años de apellido Loureiro, Loruso o Lorruso. Asimismo, dijo recordar como detenidos en la Superintendencia -de la lista de CONADEP-, a Escudero, Astudillo, Dubchoski, Vargas y Nancy Orgas Brizuela. Dijo que Escudero fue detenido junto con Silvia Hoedger en un procedimiento realizado en la Av. Canning, habiendo sido ambos acusados de atentar contra la vida de Videla y el Presidente uruguayo Bordaberry.

También mencionó a un abogado de apellido Frondizi, otra persona de apellido Santucho, y a una mujer de apellido Urdambilleta, a la vez que dijo no haber visto detenidos que fueran obreros de las empresas “Bendix”o “Ford”. Seguidamente describió a las personas de la Brigada que intervinieron en el traslado de las treinta personas; que el comentario de esa noche era que “no volvían”. Reiteró que al leer las noticias de Fátima lo asoció con ese traslado, sospechas que luego corroboró por comentarios del personal de Brigada de confianza en cuanto a que el hecho de Fátima se trató de una venganza. Dijo asimismo desconocer si previo a la explosión, los nombrados habían sido ejecutados.

También a fs. 2094/2104 obra copia certificada de otra declaración prestada Luchina en fecha 30/05/85 ante el Juzgado de Instrucción N 3 en la causa “Hojman Alberto -victima privación ilegal de la libertad-”, en esta oportunidad explicó nuevamente cómo se encontraba el edificio en el cual funcionaba Coordinación Federal, y dijo que en el primer piso estaba Despachos Generales, en el segundo la ex DIPA y luego Oficina Técnica, en el tercero Delitos Federales y los calabozos, y en el cuarto la Dirección. Asimismo, había alojados detenidos en otros pisos, salvo en el primer piso. En el quinto estaba Inteligencia, en el sexto Gremiales, en el séptimo Políticos, en el octavo Interior y en el noveno Extranjeros.

Dijo que custodiaba a todos los detenidos y respecto de los RAF confeccionaba listas con birome, para tener un control, que estos formalmente no estaban detenidos; que el personal se trataba con grados militares, para dar la apariencia a los detenidos de que se encontraban en un cuartel. Que dentro del edificio había controles de las tres fuerzas armadas, quienes eran las que daban las órdenes. Que en cuanto al funcionamiento de los grupos de tareas, estaban conformados por doce personas aproximadamente y entre sus integrantes estaban el Turco Simón, al “Japonés” Martínez, Trimarchi, al Comisario Inspector Marcote (el lobo); a la vez que relató lo relativo al traslado de los treinta detenidos la noche antes de Fátima.

Asimismo, relató Luchina la situación del atentado en el Comedor de Seguridad Federal en julio de 1976, y refirió que por ello hubo una suerte de venganza, tomando a los detenidos que se encontraban en Seguridad Federal, los que fueron retirados de su sitio, sacados del edificio, asesinados y esparcidos por la ciudad. De ello supo por dichos de compañeros suyos de la Guardia de Prevención, que era la guardia del edificio y de los detenidos.


Por otro lado, refirió que en agosto de 1976 participó del traslado de treinta personas que se hallaban en Coordinación Federal. Cuenta nuevamente cómo fue el traslado, que fue un día antes de que salga en los medios la noticia sobre el hallazgo en Fátima y nombra como partícipes de ese traslado a Gallone, De la Llave, Lapujol, Trimarchi, y a un Sargento de apodo “El Japonés Martínez”. Manifestó asimismo no haber visto a una persona a la que le falte una pierna, aunque algunas personas eran trasladadas como muertas envueltas en mantas, por lo que tal vez alguna de ella podría haber tenido esta discapacidad.

Refirió que presenció sesiones de torturas, las que eran efectuadas por el personal de las Brigadas; como asimismo vertió sus conocimientos sobre la existencia de listas de detenidos legales y de ilegales (éstos últimos denominados “RAF”). Agregó que en Seguridad Federal siempre estaba al mando un militar, un Coronel, y que podía tratarse de Rospide o de Cáceres.

Explicó que los procedimientos clandestinos se efectuaban siempre por la noche, y relató vuelos en helicóptero que se hacían para el arrojo de detenidos ilegales. Mencionó como detenidos a Escudero, Urdampilleta, Osher, Caride de Sansulet, Sansulet, Castillo, a la vez que se expresó acerca de las torturas y del funcionamiento de Seguridad Federal. Entre los compañeros dela Superintendencia Federal que se encontraban disconformes, mencionó a Vergara, Doval, Torrici o Alfonso.

A fs. 1504 obra una certificación del Secretario del Juzgado del Legajo CONADEP 6976. Se hace referencia a un testimonio de Patrick Rice, sacerdote que estuvo alojado en Coordinación Federal, quien explicó que uno de los detenidos, le había contado que sacaban gente para matarla, incluso que la noche anterior al hallazgo de treinta cadáveres en Pilar, habían sacado esa cantidad de presos de esa dependencia.

Consta también una nueva declaración testimonial de Juan Alberto Imbesi, acto en el cual refirió que el sacerdote Rice sabe muchos de los nombres de las personas de Fátima, pero que no las dice porque negoció su libertad con el Jefe de la Policía -recordemos que en otra declaración prestaba por Imbesi -fs. 2152- dijo que el Sacerdote Patrick Rice o Rick estuvo detenido conjuntamente con las víctimas de Fátima-.


Agregó Imbesi que la Comisaría de Gral. Pacheco “levantó” a gran parte de la gente de la firma “Bendix”, pero que no toda fue a Coordinación Federal; que a dichos obreros los entregó en 1976 el Gerente de dicha firma, quien le comunicó a la Comisaría de Pacheco qué personas participaban de la subversión dentro de la empresa. Refirió que personal de Coordinación Federal le decía en broma que la dependencia “parecía una fábrica”, ya que había una persona detenida que vestía uniforme y que tenía problemas con una pierna. Agregó que lo mismo sucedió con la firma “Ford”, ya que el Gerente de dicha empresa acudió a la Comisaría de Pacheco para que se secuestre a los subversivos.

Sin perjuicio de que no se comprobó que alguno de los diecisiete cuerpos sin identificar haya pertenecido a las personas mencionadas por Claudio Fabián Contino a fs. 1611/2, viene al caso resaltar lo mencionado por el nombrado. Así, dijo que algunas de las víctimas de Fátima, habían sido en vida ex compañeros suyos del Colegio Nacional Buenos Aires; que el 8 de julio de 1976 se enteró por medio del hermano de Magdalena Gallardo que esa madrugada la habían secuestrado de su casa hombres armados y vestidos de civil que se identificaron como de la Policía Federal; que el día anterior habían salido de su casa sin regresar Alejandro Goldar Parodi, Pablo Dubckovsky, Hugo Tosso y Juan Carlos Marín, todos del sexto año del Colegio Nacional.

Agregó Contino que habló con Israel Dubckovsky, padre del nombrado Pablo, quien le dijo que a partir de algunas averiguaciones que hizo mediante un Coronel amigo, se enteró de que algunos de los cadáveres hallados en Fátima pertenecían a quienes fueran en vida Magdalena Gallardo, y otros estudiantes desaparecidos. También relató que el 17 de enero de 1977 fue secuestrado de su domicilio Rolando Ravskosky, también ex alumno del citado Colegio, y que el nombrado, luego de permanecer un mes en ESMA, fue trasladado a Coordinación Federal, en donde en la pared de una celda observó dibujado un corazón con el nombre“Malena”, con la letra de Magdalena Gallardo, fechado el 10/07/76.

Mencionó Contino que este dato lo proporcionó a CONADEP, y al constituirse en Coordinación Federal posteriormente encontró el dibujo mencionado. Ravskosky pasó a disposición del PEN y recuperó la libertad en septiembre de 1977.

Relató también que otro alumno del Colegio que fue detenido en iguales circunstancias, fue Federico Martul, quien según su conocimiento, fue visto en el centro clandestino de detención denominado “El Vesubio”. También nombró a Franca Jarach, ex alumna del Colegio citado, también desaparecida junto con su novio, ex celador de la citada institución.


Asimismo, mencionó como desaparecidos a Mirta Beatriz Lovazzano y a Gabriel Eduardo Dunayevich; reconoció en las fotos de la causa del triple homicidio de Del Viso, a Martul y Dunayevich. Mirta Lovazzano y a Gabriel Dunayevich, quienes habían sido secuestrados en abril de 1976 en esta ciudad, siendo detenidos por personal uniformado de la Comisaría 17 en la vía pública.

En relación a esto último, a fs. 1614/1646 constan copias de la causa 22.476 bis “Triple homicidio de Del Viso”.

A fs. 1618 obra una carta del padre de Pablo Dubckosky dirigida al rector del Colegio Nacional Buenos Aires, en la que informa que su hijo no fue al Colegio por haber sido secuestrado junto con Hugo Tosso y Juan Carlos Marín.

Asimismo, obra a fs. 1619 un informe que da cuenta de la ausencia en el Colegio desde el 8 de julio de 1976 de Alejandro Alfredo Goldar Parodi, Juan Carlos Marín, Pablo Andrés Dubckosky y Hugo Osvaldo Tosso.

A fs. 1637 obra un pedido de informe del Ejército en el que se requiere nómina de alumnos de 3 año de 1973 y 4 año de 1974 y del celador -de 22 años aproximadamente- de las mencionadas divisiones (quien sería el novio de Franca Jarach).

También a fs. 1645/1646 obra la declaración testimonial de Mariano David Dunayevich, padre de Gabriel Eduardo Dunayevich. Manifiesta que su hijo desapareció el 29 de mayo de 1976, a las 22 hs. aproximadamente, en la esquina de Uruguay y Santa Fe de Capital Federal, y que fue detenido junto con una compañera de nombre Mirta Lavazzano por un patrullero de la Policía Federal de la Comisaría 17 que estaba estacionado. Ambos están desaparecidos.

Mencionó que testigo de ello fue Cecilia Ayerdi, también compañera del Colegio, quien estuvo detenida en “El Vesubio” en el año 1978, y declaró en la CONADEP. Agregó que realizó diversas gestiones respecto de su hijo, sin resultado positivo, y que ante el Juzgado Penal N 7 de Morón y ante la CONADEP declararon Alicia Carritiriborde y Graciela De La Torre -sobrevivientes de El Vesubio-, quienes entre junio y los primeros días de julio de 1976, habrían estado detenidos y torturados junto a Gabriel Eduardo Dunayevich, luego de lo cual el nombrado habría sido trasladado junto con Martul y Lavazzano, desconociéndose el destino de tal traslado.

Reconoció a uno de los tres cadáveres de la causa del triple homicidio de Del Viso como el perteneciente a su hijo (los otros dos eran Federico Martul y Leticia Mabel Akselman).



También prestó declaración ante el Tribunal de Alzada, Gregorio Joaquín Ferra, médico de la Policía en Pilar entre 1951 y 1977, quien refirió que el 22 de agosto de 1976 fue requerido por la Comisaría de Pilar, y concurrió al lugar donde estaban los cadáveres, que allí había once mujeres y diecinueve hombres y que luego de una inspección ocular trasladaron los cuerpos a la Comisaría de Pilar, donde se hizo una inspección un poco más profunda. Aclara que no se hizo autopsia, sino sólo una examinación exhaustiva.

Agregó el profesional que todos los cuerpos tenían orificio de entrada y salida en la cabeza, que uno de los cadáveres tenía una pierna amputada, y que incluso estaba la muleta. No recordó que los cuerpos hayan estado atados o esposados, o con vendas en sus ojos. Dijo que a cada cuerpo, terminada la citada examinación, se le volvió a colocar su ropa; que en el patio de la Comisaría se les tomaron las huellas dactilares, que se enumeraron las fichas correspondientes a cada uno, y que en cada ataúd se colocó el mismo número de ficha, y así fueron sepultados en la localidad de Derqui.

Refirió que a pedido de la policía de Pilar, tuvo que realizar los respectivos informes en menos de 12 hs.; que el Jefe de la Comisaría era Peña, y en cuanto a la explosión de la bomba colocada junto a tales cuerpos, a su entender tal hecho fue sólo para llamar la atención, ello porque la citada bomba sólo afectó a dos cuerpos de los treinta cuerpos.

Manifestó también que tuvo conocimiento de que las treinta fichas dactiloscópicas fueron remitidas al Departamento Central de Policía de La Plata, y sólo se identificaron a dos mujeres y tres hombres, no recordando sus nombres.

Se agregó también copia de la declaración testimonial prestada por Rafael Francisco Buisson, en la que relató su detención. Manifestó que estuvo detenido en la Comisaría de Pacheco, donde lo interrogaban sobre compañeros de trabajo de la fábrica “Bendix”, tal como Leiva, Vélez, Cordero, Guzmán, Lagraña; agregó que fue secuestrado un viernes y liberado el lunes siguiente, específicamente el 19 de julio de 1976. Luego se enteró de que la misma noche de su secuestro fueron secuestrados otros compañeros de la empresa “Bendix”, siendo ellos Vélez, Leiva, Guzmán.

Yolanda Rosa Contreras de Leiva, esposa de Ángel Osvaldo Leiva, también declaró ante la Excma. Cámara del fuero, oportunidad en que relató el secuestro de su marido a cargo de personas que dijeron ser del Ejército, y agregó que Leiva fue identificado como uno de los cadáveres de Fátima.

A fs. 1832/1838 se encuentra la declaración testimonial de César José Peña, Comisario de Pilar el 20 de agosto de 1976 quien relató el hallazgo de los cadáveres, y refirió haber extraído dos juegos de fichas dactiloscópicas por cada cadáver.


A fs. 2020/2044 se encuentra incorporado un escrito presentado por José Floro Toso, y Lucas Orfano y su esposa, en el cual solicitan se exhumen los cadáveres N 26 (presuntamente de Pantaleón Orfano) y el N 16 (presuntamente de Hugo Osvaldo Toso) a fin de establecer la identidad. Asimismo, aportan copia de una denuncia efectuada por la Subsecretaría de Derechos Humanos sobre el centro clandestino de detención que existía en la ex Coordinación Federal.

Por otro lado, obra a fs. 2135 declaración testimonial del agente Luis Hugo Romero, quien refirió haber participado en el procedimiento inicial y refirió que al llegar al lugar de los hechos en Fátima, había personal militar que se retiró con el arribo de la policía y que los mismos se movilizaban en un camión.

Obra así también la declaración testimonial de Domingo Curina -fs. 2434/2436-, quien como Sargento de la Policía Federal, relató que el 20 de agosto de 1976 se encontraba en la Comisaría de Pilar, que al llegar al lugar de los hechos había cuatro o cinco personas del Ejército, por lo que se retiró con destino a la citada Comisaría, luego de lo cual el Comisario Peña le ordenó que volviera al lugar. Agregó que se tomaron unos diez juegos de fichas dactilares de cada cadáver. Los desvistieron y con la ropa de cada uno formaron un bulto, identificándose la ropa según el cuerpo. Que intervino en la confección de las fichas, junto con otros dos oficiales, uno de ellos de apellido Lozada. Que seguidamente trasladaron los cuerpos hacia la Comisaría de Pilar en un camión de municipalidad, y al día siguiente se los enterró en el cementerio, sin ropa, la cual quedó en la citada dependencia.

También obra a fs. 2136 vta. declaración testimonial prestada por Caverzassi de Fiorito, quien refirió que una persona de nombre José Luis Colonna -quien sería personal civil del Ejército- le dijo telefónicamente que su hijo Miguel Angel Fiorito era uno de los cadáveres de Fátima, y que para reconocerlo hablase con el Capitán Castellanos.

Otras pruebas que se han colectado en autos y que sirven de sustento a la acreditación de los hechos que se investigan y a la imputación de los mismos a quienes se consideran responsables, son: informe remitido por la Policía Federal (fs.2158/2203) con fotocopias de los legajos de legajos de identidad de Pantaleón Orfano (CI N 6.223.739) y de Hugo Toso (CI N 7.947.247).


Por otra parte, obra el testimonio brindado por Oscar Lilja (fs. 2402), quien dijo ser camionero de la Municipalidad de Pilar, y agregó que excavó las sepulturas para los cadáveres junto con otros empleados Schumann, Torres, Retamozo,Arrieta, Juarez, otro Torres, Mario Goncalvez, Reyes y Villa. Que los cuerpos estaban desnudos.

Asimismo, obra a fs. 2741/2742 presentación efectuada por Laura Irene Yankillevich, hermana de Andrea Débora, desaparecida el 27de julio de 1976, la cual habría sido vista en la dependencia de Coordinación Federal, y quien sería posiblemente uno de los cadáveres, por lo que solicita que se realice un peritaje a fin de despejar tal circunstancia.

Obra a fs. 2796 informe de los peritos respecto de la comparación efectuada con las fichas odontológicas de Andrea Yankillevich, no habiéndose establecido la identidad con ninguno de los restos óseos.

Surge por otro lado un informe de la Policía Federal -fs. 2124- en el cual se hace saber que la Jefatura de la Superintendencia de Seguridad Federal los días 19 y 20 de agosto de 1976 estaba a cargo del Coronel Manuel Alejandro Morelli; y que los libros con las constancias del personal que se encontraba de guardia esos días fueron destruídos por una orden de fecha 30 de diciembre de 1977. Asimismo, surge a fs. 2148 informe del Ejército Argentino, en el cual se informa el fallecimiento del Coronel Manuel Alejandro Morelli acaecido el 11/12/79.

Bajo el régimen procesal establecido por la ley 2372, prestaron en autos declaración informativa Julio Blanco, Carlos Vicente Marcote, Angel Juan Antonio Ramírez, Juan Carlos Lapuyole, Francisco Valdez, Roberto Hugo Ayud, Juan Antonio Del Cerro, Alberto Mattone, Juan Carlos Cevasco, Roberto Hugo D´Amico, Carmelo Spataro, y Juan Carlos Galván.

Así, obra declaración de Julio Blanco, quien fue Subcomisario de la Subcomisaría de General Pacheco desde marzo de 1975 hasta febrero de 1979 y quien recordó que entre los meses de junio y julio de 1976 se detuvieron personas en la citada dependencia; admitió la posibilidad de que se hayan alojado personas sin ser registradas, y alegó que ello fue así por disposiciones de las Fuerzas Armadas, a quien la Policía estaba totalmente subordinada. Manifestó que la subordinación al Ejército era total, lo que implicaba el deber de aceptación de los detenidos que trajeran, e incluso el de facilitar el espacio físico a fin de que efectuaran sus interrogatorios y demás diligencias. Dijo asimismo no recordar los nombres de Vélez, Leiva, Guzmán, Alzogaray, ni ningún operario de “Bendix”, así como tampoco de “Ford” o del “Frigorífico Rioplatense”.

A fs. 1568 obra acta de declaración informativa del Comisario General Carlos Vicente Marcote, quien hizo uso de su derecho a abstenerse a declarar.


Angel Juan Antonio Ramírez declaró a fs. 2208/9, oportunidad en la cual dijo que a la fecha 20 de agosto de 1976 se desempeñaba como Oficial Principal en la Superintendencia de Seguridad Federal, que estaba a cargo de la seguridad del edificio. Que su tarea era controlar que no ingresaran explosivos o armas en forma indebida al edificio. Refirió desconocer la existencia de detenidos no asentados o ilegales, y dijo que luego de Morelli, quienes seguían en orden jerárquico fueron Marcote y Lapuyole. En cuanto al día del traslado de los treinta detenidos refirió que justamente en esa fecha trabajó de día, y dijo recordar ello por ser un aniversario familiar; agregó desconocer si a la noche hubo desplazamiento de detenidos.

También obra a fs. 2224 declaración informativa de Juan Carlos Lapuyole. El nombrado refirió en su descargo que en la fecha de los hechos era Jefe de la Dirección General de Inteligencia de Seguridad Federal; que dentro del escalafón de la dependencia ocupaba un cuarto lugar; que en la lucha contra la subversión, de acuerdo a una orden del Primer Cuerpo del Ejército, la Policía Federal dependía de la citada repartición. Negó que personal de la Dirección de Inteligencia haya recibido declaración a detenidos, como así también que se efectuaran informes individuales de los detenidos; y respecto a los hechos que interesan en autos, dijo que tomó conocimiento de ellos por los medios.



Francisco Valdez prestó declaración informativa a fs. 2335/2336 y argumentó que en agosto de 1976 se encontraba desempeñando funciones en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, que fue requerido un chofer de suma confianza para el traslado de detenidos, que su Jefe quien en ese momento era“la chancha” Bufano, le manifestó ello y por tal motivo, salió del batallón hacia Seguridad Federal, donde le sería entregado el camión, con dos personas más cuyos alias eran “Ratón” y “Oscar”. Que también a dicho lugar llegaron dos vehículos “Ford Falcon” y que uno de ellos era conducido por Bufano. Que cerca de la medianoche del día en cuestión le dijeron que le entregarían un camión; que los autos ingresaron por el portón anexo de la dependencia, es decir al playón del estacionamiento. Allí le entregaron un camión MB 608 verde sin patentes, tipo furgón, sin ventanas. Luego comenzaron a bajar personas , siendo en total treinta, entre las cuales había varias mujeres. Luego de cargar a las personas cerraron las puertas, y el “Chino” Martínez, en representación de Seguridad Federal, subió al camión con él, indicándole que siga los coches. Salieron de Seguridad Federal, luego tomaron la 9 de Julio, hasta el bajo, y allí hasta Gral. Paz acceso Norte, Panamericana y luego Ruta Nac. N 8 hasta Pilar. Antes de llegar a la ruta N 6, refiere que había un desvío, un camino con salida en diagonal y luego de cruzar una vía, frente a unos galpones avícolas estacionan los vehículos. Allí se abrieron las puertas y comenzaron a bajar a la gente, que se encontraba viva, y los colocan sobre un costado. Cuando la totalidad se encontraba en el piso, uno de los Falcon se adelanta y Bufano le ordena que retire el camión conduciéndolo nuevamente para la ruta. Así lo hizo, estacionándolo y apagando las luces y a unos 150 metros del lugar en el cual dejó a los detenidos escuchó disparos y los gritos de las víctimas. Agregó que los disparos eran de pistolas cortas tipo 9 mm.

Que seguidamente se escucharon dos detonaciones juntas y otra un poco más espaciada. Luego, en un camino de tierra, dejaron el camión, lo rociaron con nafta y lo prendieron fuego, seguidamente fueron camino hacia Buenos Aires. Aclara que los integrantes del operativo eran, por parte del Batallón 601, el Jefe Rubén Bufano, Carlos Zelarrayan, Juan Carlos de María (“Ratón”), y los demás se identificaban con apodos de combate, recordando a “Pajarito” y al “Negro”, agregando que había otros más; mientras que de Seguridad Federal, se encontraban el Chino Martínez, Juan Carlos Del Cerro (Colores), el Turco Ayu, “La Gorda Matosas” (un sargento primero de pelo colorado), y otros que dijo no recordar.

También prestó declaración informativa Roberto Hugo Ayud -fs. 2356-, quien dijo que en marzo de 1976 se encontraba destinado en el Departamento de Asuntos Políticos perteneciente a Seguridad Federal; que sus funciones consistían en preparar los ficheros y colocar alfabéticamente las fichas, y que nunca cumplió funciones operativas, a la vez que agregó que se enteró del hecho por el estado público que el mismo tomó.

Obra también declaración informativa prestada por Juan Antonio del Cerro -fs. 2405/6- , quien refirió que en el mes de agosto de 1976 trabajaba en la Sección Reunión de Información, y sus funciones consistían en evaluar la información suministrada; agregó desconocer el hecho.

Al prestar declaración a igual tenor, Alberto Mattone, Jefe de la Comisaría nro. 33 en la fecha citada, dijo que se enteró del hecho por los medios, negó lo relatado por Imbessi y alegó que mientras estuvo en la citada dependencia, no exsitió Brigada alguna constituida en la misma (fs. 2427).

Juan Carlos Cevasco (fs. 2428) en su declaración refirió que en agosto de 1976 se desempeñaba en la División Sustracción Automotores de Policía Federal, que tomó conocimiento del hecho por los medios y que nunca integró una Brigada.



También negó su intervención en los hechos Carlos Pablo Sorreino, quien a fs. 2429 dijo que en agosto de 1976 se encontraba prestando sus servicios en la citada dependencia, que nunca integró una Brigada ni actuó en relación con el Ejército y que se enteró de los hechos por los medios.

Roberto Hugo D’amico prestó declaración informativa a fs. 2430, oportunidad en la que dijo que en agosto de 1976 se encontraba en Australia, y que se retiró de la Policía Federal en 1975.

Carmelo Spataro prestó igual declaración a fs. 2431, y dijo que agosto de 1976 se encontraba en la División Despachos de Investigaciones de Policía Federal y que nunca integró una Brigada.

Por último, con respecto a estos hechos prestó declaración Juan Carlos Galván, quien dijo que en el año 1976 prestaba servicios en la División Bomberos, que nunca formó parte de una Brigada y que también se enteró de los hechos por los medios.

Tales, son los elementos que surgen de la causa nro. 19.581del registro del Juzgado Federal de Mercedes, íntimamente vinculada a la nro. 16.441 del registro de este Tribunal.




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