Nombre de la norma



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La libertad

Sinónimo de libertad aquí, en ética, se entiende a la indeterminación de las cosas; es decir, a la no-predestinación o ignorancia del futuro (ver libro de ética para Amador ).

Por ello, en quien hace ética, debe esperarse que propugne la impredicibilidad del mundo y lo defienda, o sea la libertad de acción la humana y con ello produzca la responsabilidad, y de ello la acción moral. A nuestro juicio, pocas cosas hay tan poco coherentes.

Con este pensamiento, por ejemplo, los matemáticos no deberían de hablar de números negativos o imaginarios, ni trabajar sobre operaciones de análisis infinitesimal, ni sobre la contingencia de las probabilidades. Y sin embargo trabajan en ello y cuánto que producen.

Limitar por tanto al filósofo en esa línea es coartarle las posibilidades de expansión. Nos parece que cualquiera puede hacer ética, hasta el más corrupto.

Diferente es la cuestión en cuanto al contenido de la ética, y que se podría resumir en dos:


— La determinista (necesaria, estoica o resignada)

La libertad consiste en la conciencia de la determinación.


— La indeterminista (contingente, epicúrea o libre)

Los sistemas causalistas que presentan un esquema de conducta vitalista ofrecen un efecto que no se encuentra necesariamente en su causa, y que implica un actuar no-mecanicista, indeterminado o libre.


y se propone una tercera
— La mixta (necesaria y contingente, estoica-epicúrea, o de libertad resignada)

Hay una determinación, pero igualmente somos libres por cuanto la desconocemos.

Hay una indeterminación debido a la influencia estocástica e inesperada (acausal) de la psicología viviente.

En suma, determinación e indeterminación, o necesidad y contingencia, demarcan finalmente contingencia, es decir, indeterminación o libertad —puesto que de la conjunción lógica entre la necesidad y la contingencia se desprende, necesariamente, la contingencia.


Basta tirar una moneda unas cincuenta veces al aire para ver que nos acercamos al porcentaje probabilístico del 50 %. Vemos televisión de un lado al otro del planeta, enviamos sólidas cuentas bancarias también, y todo gracias a las cotas estadísticas que delimitan la interferencia existente en el medio de propagación. Entonces, seriamente ¿es que esperamos desconocer totalmente lo que ocurrirá en el futuro?

Ya Laplace adelantara esto para los sistemas inanimados:


"Una inteligencia que en un momento dado conociera todas las fuerzas operantes en la naturaleza y la posición respectiva de los seres que la componen, y que fuera a su vez capaz de analizar matemáticamente todos esos datos, abarcaría en la misma fórmula los movimientos de los mayores cuerpos del universo y los de los más ligeros átomos: nada sería desconocido para ella, y tanto el porvenir como el pasado estarían presentes a su mirada."
aunque también en los animados:
"[...] Laplace sugirió que debía existir un conjunto de leyes científicas que nos permitirían predecir todo lo que sucediera en el universo, con tal de que conociéramos el estado completo del universo en un instante de tiempo. [...] El determinismo parece bastante obvio en este caso, pero Laplace fue más lejos hasta suponer que había leyes similares gobernando todos los fenómenos, incluido el comportamiento humano. [...]"
pero en esto no podemos estar de acuerdo, puesto que las leyes son comportamientos causales en tiempo y espacio, y no son trascendentales como la psicología.

Recordemos que aquí se defiende una postura conductista-vitalista E-R; es decir, que si bien todo sistema viviente y su medio que lo rodea es mecanicista y sujeto a las leyes causales, la intervención psicológica que posee fuera de toda lógica y causalidad, deforma el contexto general brindando siempre incertidumbre.

En suma y parece clarificar, lo causal es mecánico como ER (Estímulo Respuesta), y lo biológico le agrega la contingencia de lo orgánico como psicológico O-R (Organismo Respuesta), de tal manera que todo sistema viviente tiene de ambos y es holístico E-R (E -O -R).

Por tanto, un hombre en Marte (un planeta exterior es un sistema mecanicista aislado) vivirá indeterminación con libertad, su "cerebro" en él (como puede serlo a través de una sonda de un autómata representándolo indirectamente) prácticamente también lo será, y un ordenador (es decir sin psicología interviniendo) solamente percibirá determinación sin libertad.

Por otra parte, observando el escepticismo de Hawking:
[...] Sabemos ahora que las esperanzas de Laplace sobre el determinismo no pueden hacerse realidad, al menos en los términos que él pensaba. El principio de incertidumbre de la mecánica cuántica implica que ciertas parejas de cantidades, como la posición y la velocidad de una partícula, no pueden predecirse con completa precisión."
decimos que no podemos compartir, porque no se encuentra correlación entre las fenomenologías de los mundos micro y macroscópicos. Él mismo lamentablemente se contradice al decir:
"Los científicos actuales describen el universo a través de dos teorías parciales fundamentales: la teoría de la relatividad general y la mecánica cuántica. [...] La teoría de la relatividad general describe la fuerza de la gravedad y la estructura a gran escala del universo, [...]. La mecánica cuántica, por el contrario, se ocupa de los fenómenos a escalas extremadamente pequeñas, [... Ambas] no pueden ser correctas a la vez. Uno de los mayores esfuerzos de la física actual [...] es la búsqueda de una nueva teoría que incorpore a las dos anteriores: una teoría cuántica de la gravedad. [...]"
Así, adherimos a la conclusión de Pinillos:
"El hombre no es ciertamente libertad; su comportamiento, ya lo sabemos, está condicionado por infinitos factores corporales y sociales, [...]. Pero que el hombre no sea libertad no quiere decir tampoco que sea necesidad. [...]"
y decimos entonces que la libertad solamente pertenece al mundo inteligible kantiano, o de la razón pura, sustentado por lo trascendental que defendemos como sentir en sí. Kant mismo nos habla de su inefabilidad:
"[...] podría dar vueltas fantásticas por el mundo inteligible [pero no se tendrá] el más mínimo conocimiento de él ni puedo llegar nunca a tenerlo [...]."
En suma, si el sistema es inanimado no habrá libertad porque todo está determinado causalísticamente tal cual Laplace lo viera; si se incorpora lo animado, entonces lo psicológico lo hace contingente y brindará libertad entre sus integrantes; y tercero, si el individuo se halla solo, por así decir, su ignorancia del porvenir le ofrecerá también libertad.:

La metafísica de lo moral (ethos en sí)

Es común, encontrar quien roba para poder alimentar a sus hijos y es considerado delincuente. En contraste, suelen ser denominados héroes nacionales aquellos que arrasan con la vida y propiedades de toda una Nación con el fin de mantener su poder y señorío. Tal diferencia seguramente ha hecho que nos preguntemos ¿qué es la moral?, ¿podemos medirla?.

Se sostiene la hipótesis de que lo moral es metafísico y que su transcripción a lo físico es la moralidad (ethos), desprendiéndose por lo tanto de esto que no puede hacerse ciencia de la moral —no puede ser explicada— y que no tiene sentido considerar lo bueno o lo malo sino se fija un propósito.

Los intentos por cimentar la ética son difíciles, casi siempre insuficientes, son inevitablemente afirmaciones indemostrables, abstractas. Querer justificar las acciones morales del hombre a través de las violaciones de ciertos preceptos axiomáticos y que ponen siempre al tema en una contradicción.

El problema que se presenta consiste en tratar de conocer cuál es el fundamento del ethos. La propuesta es metafísica y por ello se hace un distanciamiento con la mayoría de los autores, ya que muchos pensadores y filósofos de la historia han buscado por otro lado distintas explicaciones al respecto y por consiguiente no la han encontrado. No la han hallado por la simple razón de que lo metafísico, al estar fuera del tiempo y espacio es inefable y por consiguiente no se lo puede analizar, sino sólo su transcripción física que es el ethos. A continuación se dan algunos ejemplos que se consideran diferentes y que tienen en sí una expectativa interesante.

De hecho, la moral parecería navegar entre dos puertos, el de los intereses propios (metafísicos, que pueden o no ser comunitarios y por ello no debe entenderse aquí que sean sinónimos de "egoísmo particular") y el de la obligación (no-metafísico o físico). La moral, de la misma manera como Cristo lo expusiera sencillamente, es un fenómeno del tipo trascendental, es decir, ajeno al tiempo y al espacio y por lo tanto también a la causalidad. Por este motivo no se la encuentra en la psicología ni en los principios de razón (tampoco en Kant), ya que sus temas no son homogéneos con nuestra causalística cerebral y se funden sólo con lo metafísico. Dicho de otra manera, lo trascendental no puede ser transferido (sí aprendido, es decir, con una aprehensión instantánea fuera del marco espacio-temporal), ni practicado, pues no dependen del fenómeno y su inmanencia. Krishnamurti nos enseña:


"[...] El amor no pertenece al tiempo. No podéis practicar el amor. [...]"
El refrán dice: «No hace falta saber cómo perdonar, basta estar dispuesto a hacerlo». Esto, tal cual la ética de Scheler fundamentada en la intención, muestra que lo ético se halla en la pasión y no en el esfuerzo deontológico.

También este otro dice: «Todo hombre tiene un precio». Eso no significa que necesariamente lo tendrá, sino que en su carácter de indeterminación de la oferta, indeterminación entendida como infinitud, sólo ahí se homogeiniza con lo metafísico de lo moral y puede canjearse. Toda corruptela, por más grande que sea su transacción, deja molesto al corrupto, porque intuye —aunque no lo sabe— que, en el fondo, nunca podía realizar una transacción compatible; suele, entonces tal gente, engañarse a sí misma y sentir el malestar como dado simplemente por el fruto de la mala acción. Por eso la ley del «Ojo por ojo y diente por diente» expresa la compatibilidad necesaria en las transacciones, y sí, sólo una moral podrá ser negociada con otra moral afín. No hay mejor guerrero que el despechado.

Por otra parte, Hobbes, Locke, etc. al basarse en conductas para interpretar al bien común no dejan de tener también en esto un substrato racional. De esta manera el Contrato social pretendido no se fundamentaría en la realidad metafísica moral sino en una interrelación de intereses del synolon —materia e información. Y con ello, todo el derecho que boga en nuestros Tribunales de Justicia, son, siempre, dominios de racionalidades e imposibles de homogeneizar con la moral.

Todas las éticas han razonado los principios morales, y en ello han fallado. Sólo Cristo supo avanzar sobre el camino ético. Su regla de oro expone todo el contenido en una sola y simple frase, tal cual lo infinitamente grande se encuentra dado en lo infinitamente pequeño, como propiedad de lo trascendental. Él supo expresar un sentimiento y, como tal, fue homogéneo con lo moral.

Empero, y a disgusto de muchas interpretaciones, si bien tenemos la sospecha de que la regla de oro había sido acuñada en oriente antiguo, no menos ha dejado siempre de asombrarnos la copia fiel y textual de Kant en su imperativo categórico. Si Kant usó la facultad reflexiva de lo trascendental para implementarla, entonces ¿qué habría usado Cristo entonces? Tal vez la crítica de Schopenhauer de lo deontológico como producto del egoísmo sea cierta.

Así las cosas, todo lo que razonemos para avanzar un paso en los axiomas de la ética, será fracaso. Sólo podremos aplicarla a lo transcripto, a su moralidadethos o morada del sujeto.



Lo físico de lo moral (moralidad o ethos)

Es de lo más frecuente encontrar en los medios de comunicación el debate sobre las consideraciones que tienen asidero en el fundamento de la moral. Son ejemplos de estas cuestiones los programas referidos a la delincuencia, a la homosexualidad, a la drogadicción, etc. Como se tendrá conocimiento, ellos siempre dejan un saldo económico positivo a sus productores porque, si bien cobran una amplia expectativa de audiencia, son siempre temas inacabables y de difícil tratamiento. Parecieran no terminar nunca.

Es lógico que no finalicen nunca según nuestro paradigma de conocimiento ya que los mismos se fundamentan en lo metafísico. Es decir, que si bien que lo que hablamos, lo que vemos, siempre se encuentra en los lineamientos del plano físico: dentro del tiempo, del espacio, de las leyes causales y de la degradación. Por el contrario, lo metafísico no es así. Lo metafísico no se encuentra en este mismo lineamiento de cosas y es por lo tanto no solo inefable de suyo, sino también necesario de un estudio diferente para entenderlo ya que éste no corresponde a la metodología clásica y ordinaria que propone la ciencia —y por lo tanto menos todavía de las discusiones propuestas a la audiencia de los medios de comunicación popular. Si queremos abordar los temas trascendentales, es decir a los del sentir en sí —como por ejemplo los de la moral—, debemos ya saber de antemano que los mismos no pueden ser entendidos racionalmente. Éstas consideraciones, inexpresables por los medios sensitivos, no pueden ser expuestas nunca con claridad por el habla humana, ni por ciencia alguna que la determine temporalmente —por ejemplo la física. Ellas son consideraciones inalcanzables por la razón del hombre, pero sí por su pensamiento porque éste se desarrolla en un ámbito donde uno de sus dominios se encuentra lo metafísico.

Entrando en tema, lo que se propone realizar es un estudio estadístico de las sensaciones morales que se tienen de un cuadro o hecho moral (el hecho está dado por la sucesión de cuadros, tal cual lo representaría el símil de una película cinematográfica). Como se sabrá, todo estudio de este tipo implicará una muestra de valores medios en un lote o grupo de personas. Cuanto menor sea este conjunto de individuos se estará en mejor postura frente a las expectativas positivas del algoritmo a calcular. Por ello, las consideraciones que contengan el mínimo grupo de personas, la mayor exclusividad de su estructuración cultural, la mínima dispersión de su contexto espacial, el menor período histórico contemplado, etcétera, nos darán los óptimos resultados posibles. Sería muy difícil por ello llegar medir la moralidad en general para una población, para una provincia o una nación.

Por otra parte, si los resultados obtenidos encuadran dentro de las expectativas morales o no de los derechos jurídicos con que se establecen las leyes de una sociedad organizada, ya se escapa esto de los intereses del presente estudio. El mismo, simplemente, tratará de buscar la expresión posible del juicio de gusto por lo moral en un grupo mínimo de personas, sea este algo compartido o no por el resto del mundo.

Se mostrará que estos efectos físicos de lo moral, dados como moralidad, descansan sobre lo que hemos denominado Orden y Certidumbre (organización y esperanza). Ambos factores son consideraciones cuantitativas que determinan el lineamiento y comportamiento humano.

Es por ello que un cuadro o hecho moral será más placentero, valorativo, utilitario, entre otros, cuanto más ordenados y certeros sean los elementos que lo compongan, ya sean estos estáticos para los cuadros, o bien dinámicos para el caso de los hechos morales. Por ejemplo, un acto delictivo cobra menos peso si se explica el porqué de su motivo, ya que el asombro ante el hecho disminuye y, a veces, se puede hasta justificar.

Por ejemplo, quien deteriora la propiedad ajena decimos que cumple un acto ético de maldad. Y ello porque no lo esperamos en una sociedad civilizada —empero sí en otra que no lo es y donde el exabrupto no se considera maldad. Es decir, porque es una acción entrópica y afecta a la información o Incertidumbre.

Se empezará con la tarea con la confección de un cuadro moral, es decir, con una imagen conteniendo un suceso en él, y donde se vea si es más o menos moral y porqué lo es. Luego pasaremos a otras sucesivas imágenes de tal manera como lo es un símil cinematográfico, determinando con ello una sucesión de cuadros o hecho moral tal cual una película.

Cuando se trata de medir la moralidad de un hecho moral la cosa es algo diferente. Lo que se debe hacer es medir cómo transcurre este Índice Moral en los cuadros —tal cual se dijo el símil de la película cinematográfica. Es decir, cómo cuadro a cuadro va cambiando el índice obtenido y que relaciona al Orden y la Certidumbre; o sea cómo van desarrollándose éstos en el tiempo. Para lograrlo se obtendrán previamente los Órdenes y las Certidumbres de cada cuadro y luego se irán calculando los incrementos producidos —que serán en superávit algunos y otros en déficit—, lo que determinará un indicador de la moralidad temporal, dinámico, y que podrá ser tanto positivo como negativo. De acuerdo a las normativas adoptadas por convención en este trabajo, resultarán hechos morales satisfactorios cuando más positivo sea el índice, y por el contrario, menos cuanto más negativo sea.

Se espera ser claro en las exposiciones y que prepare un nuevo enfoque de la ética normativa-descriptiva, preparando un futuro no muy lejano donde se implemente en un software aplicado no sólo la medición de la moralidad, sino también sus medios de producción y síntesis.
La física del ethos.
Como toda consideración física, el ethos es cuantificable y puede medirse, pero no su consideración metafísica que es lo moral. Así, en realidad, el ethos puede mensurarse de muchas maneras. Por ejemplo como índiceindicador del ethos—, como velocidad —velocidad del ethos—, como gradiente —gradiente del ethos—, etc.

Con respecto a la medición del ethos como gradiente, se retomará un ejemplo sencillo para demostrarlo. Por ejemplo: sea la distribución de butacas en un avión de pasajeros y donde se destina un sector para fumadores y otro para no-fumadores. A lo largo del avión entonces tenemos una "disposición ética espacial". Si por algún motivo se irrumpe el caso —un fumador se ubica en el sector de no-fumadores, o por el contrario un no-fumador en sector de fumadores ocupando un lugar tal vez necesitado por un futuro próximo fumador—; existirá entonces una molestia en los pasajeros como fruto de la ruptura ética. Estas consideraciones manifiestan la existencia de un "desplazamiento de la moralidad" a lo largo del avión, es decir, de la existencia de un gradiente.

Por otras parte, la velocidad del hecho moral será captada o no por el sujeto moral si éste posee suficiente velocidad para recibirlo y aprehenderlo. Es decir, que lo metafísico en el individuo se transcribe a lo físico a través de una velocidad de muestra neurológica que permitirá que se observe el fenómeno moral fidedignamente. Por ello ciertos entes físicos no tienen repercusión en la ética, como por ejemplo lo son la velocidad del sonido, la de velocidad de la luz, etcétera, pero sí otros que son captables por nuestros sentidos como lo son las formas de los objetos, el peso que tienen, etc. Puede recurrirse al Capítulo de Biología para mayor amplitud de estos temas

 Crisis ecológica y ética medioambiental 

El descubrimiento más importante que el conocimiento y la perspectiva ecológicos aporta al pensamiento contemporáneo es la existencia de un límite natural que choca con la persistencia de la cultura expansiva del productivismo industrialista en todas las formas que hemos conocidos durante el siglo XX, tanto en el capitalismo como en el socialismo. Esto quiere decir que la civilización industrial entra en conflicto (por su manera de depredar la naturaleza y de esquilmar los recursos naturales no renovables) con un obstáculo o límite básico y fundamental: la base natural de mantenimiento de la vida sobre el planeta Tierra.

De acuerdo con los estudios realizados a este respecto en las últimas décadas, el planeta Tierra no puede soportar por mucho más tiempo la sobrecarga a la que se halla sometido por el actual ritmo del crecimiento industrial.

Tres factores han contribuido poderosamente a esta situación: el crecimiento de la población mundial, los hábitos dominantes de consumo y las opciones tecnológicas propias de la sociedad industrial. De mantenerse invariables estos factores, antes o después se producirá un colapso ecológico de consecuencias difícilmente calculables. Por otra parte, estimaciones recientes han confirmado que no es posible universalizar el modo de vida característico de las sociedades industrialmente avanzadas como los EEUU, Japón o la UE. Tal constatación obliga a interrelacionar crisis ecológica y desigualdad social en el plano mundial.

[Primeras llamadas de atención sobre la crisis ecológica: B.Commoner, El círculo que se cierra (1971), Plaza y Janés, Barcelona, 1978; Denis L. Meadows (1972), Los límites del crecimiento, FCE, México, 1973; Edward Goldsmith, Manifiesto para la supervivencia (1972), Alianza, Madrid, 1973. Sobre la recepción de estos informes y la formación de una conciencia ecológica: J. Riechmann/F.Fernández Buey, Redes que dan libertad. Paidós, Barcelona, 1994].

En lo que habitualmente se entiende por crisis ecológica es posible diferenciar tres tipos de manifestaciones.

En primer lugar los desequilibrios locales o regionales que son característicos de ecosistemas restringidos o limitados, en algunos casos muy frágiles.

Entre los fenómenos que ponen de manifiesto crisis medioambientales locales o regionales están:


  1. 1ª La eutrofización o superfertilización producida por vertidos orgánicos a las aguas, que a afecta a los grandes lagos y mares interiores (ejemplo: los grandes lagos entre EEUU y Canadá, en particular el lago Erie),

  2. 2ª La práctica desaparición por desecación de algunos de los principales mares interiores, debido a la combinación del fenómeno anterior y de las grandes obras industriales realizadas para trasvases de aguas para el riego (ejemplo: el mar de Aral, que era hasta no hace mucho el cuarto lago del mundo)

  3. 3ª Las lluvias ácidas, producidas por la emisión a la atmósfera de gases industriales, y que afectan a la mayoría de los bosques próximos (ejemplo: la Selva Negra, los bosques próximos a las cuencas industriales de Alemania),

  4. 4ª La deforestación creciente de amplias extensiones del planeta casi intocadas hasta este siglo (ejemplo: la selva amazóniza o las selvas de Kenia), cuya consecuencia es una pérdida constante de la biodivesidad de las especies. Para hacerse una idea: cada segundo desaparece una superficie con árboles equivalente a un campo de futbol; el Alemania se ha perdido el 50% de los bosques, en Checoslovaquia, un 70%; en Etiopía, el 90%;

  5. 5ª La desertización que en la década de los 90 afecta ya al 30% de la Tierra. Para hacerse una idea: en España 7 millones de hectáreas (el 13% del territorio) corren el riesgo de llegar a la total desertización.

  6. 6ª La contaminación ambiental de los núcleos urbanos como consecuencia de la civilización del automóvil (ejemplos, Los Angeles en los sesenta, Tokio en los setenta, Ciudad de México en los ochenta).

  7. 7ª El aumento en flecha de la cantidad de residuos vertidos desde las zonas urbanas a las costas (ejemplo: el Mediterráneo).

En segundo lugar están las manifestaciones más generales de la crisis ecológica, menos perceptibles desde la perspectiva local, regional o nacional, y, por tanto, más discutidas durante algún tipo; manifestaciones que hay que llamar planetarias, porque afectan al planeta tierra en su conjunto. Las más conocidas son: 1ª El empobrecimiento de la capa de ozono; 2ª El denominado efecto

invernadero y 3ª Los cambios climáticos que están produciéndose como

consecuencia de las dos cosas anteriores combinadas con el efecto de grandes obras de ingeniería que modifican el curso de los ríos, etc.

En tercer lugar hay que referirse a las catástrofes ecológicas producidas por la utilización de productos elaborados, energías y tecnologías inapropiadas o que no han sido suficientemente experimentadas antes de su utilización en gran escala. Ejemplos de estas catástrofes con consecuencias nefastas para los hombres y otras varias especies: Minamata, en Japón (como consecuencia de contaminación del mar por vertidos mercuriales que envenenaron a los peces y se trasmitieron a la cadena trófica); Harrisburg, Tsuruga, y, sobre todo, Chernobyl (como consecuencia del uso de la energía nuclear para la producción de electricidad, que hace aumentar considerablemente la incidencia porcentual de determinados tipos de cánceres); Bhopal y Seveso (como consecuencia de las dioxinas); Alaska-Exxon-Valdez, La Coruña y otras muchas (como consecuencia de la contaminación de los océanos por el transporte del petróleo); el Golfo Pérsico (como consecuencia de la guerra por el control de los pozos petrolíferos).

A la hora de valorar las consecuencias previsibles de los factores que componen lo que llamamos crisis ecológica hay que tener en cuenta, además, otro factor importante: la constante transferencia de energías, tecnologías, residuos y productos elaborados particularmente peligrosos desde las zonas más ricas del planeta a las zonas pobres, o empobrecidas, y de las regiones más desarrolladas de cada Estado o Comunidad a las menos desarrolladas y, por tanto, con menos defensas institucionales y legales para combatir los potenciales efectos negativos. Además de globalizar aún más la crisis ecológica este proceso contribuye a empeorar la situación de aquellos países y regiones que están ya en mala situación.

[Información sobre diferentes aspectos de la crisis mencionados: H.Meadows, D. Meadows, J. Randers, Más allá de los límites del crecimiento.El País/Aguilar, Madrid, 1992; B. Commoner, En paz con el planeta. Critica, Barcelona, 1992; A: King/B. Schneider, La primera revolución mundial. Plaza y Janés, 1991; Informe Brundtland, Nuestro futuro común. Alianza, Madrid, 1988; E. Daly y otros, Crisis ecológica y sociedad. Valencia, Alfons el Magnanim, 1997].

Conviene hacer algunas consideraciones de tipo metodológico antes de entrar en la discusión sobre ética medioambiental.

1º No existe en nuestro mundo naturaleza virgen y, por tanto, la búsqueda o la restauración de la naturaleza intocada es para los humanos una contrautopía desde hace mucho tiempo. Sólo hay naturaleza humanizada. A pesar de ello, o precisamente por ello, es comprensible que los hombres y mujeres de nuestra época oscilen habitualmente entre el retorno añorante a la “naturaleza perdida” y el avance hacia la naturaleza en búsqueda de una nueva armonía.

2ª La naturaleza (considerada en su globalidad) es amoral, carece de toda moralidad: en el sentido de que no hay en ella principios sobre normas, costumbres y comportamientos; por tanto, la naturaleza permanece muda sobre uno de los problemas que más nos preocupa a los hombres, el problema del mal. La maravillosa visión del cielo estrellado sobre mí tal vez me ponga en disposición anímica de luchar contra el mal en esta tierra, pero la ley moral no viene de tal visión. La ley moral es cosa nuestra, de los humanos. No podemos pedir a la naturaleza reciprocidad moral. El discurso práctico sobre la ley moral incluye, claro está, numerosas fábulas antropomorfizadoras de la naturaleza, pero esas fábulas no quitan ni ponen sobre la amoralidad de la naturaleza; sólo están indicando que probablemente los humanos no podemos vivir sin metáforas. (Esta consideración, de origen naturalista, está ahora en discusión, como se verá más adelante).

3º De la Ecología, o sea, de la consideración científica de las interrelaciones entre las especies (una de las cuales, pero sólo una, es el hombre) y su medio natural, el medio en que viven estas especies (en que vivimos) no se sigue lógicamente (en el sentido de no se deduce) una ética ecologista y menos aún un sólo punto de vista o paradigma ecologista. La Ecología, tal como la conocemos actualmente, proporciona algunas de las condiciones de posibilidad para que el hombre de finales del siglo XX pueda vivir en paz con la naturaleza, en armonía con su medio; pero la Ecología no dice cómo el hombre habrá de actuar y comportarse en la práctica para lograr esto: ni siquiera implica que para los hombres haya una, y solo una, manera de vivir en paz con la naturaleza.

4º No sólo hay varios ecologismos posibles sino que existen ya, en el mundo actual, diversas manifestaciones de estos distintos tipos de ecologismo. Elegir entre ellos, decidir acerca de qué ecologismo para el final de siglo, es algo que acaba implicando también a los ideales de las personas y de los grupos sociales. La crisis ecológica tiene varios planos. Y se produce, además, en el mundo contemporáneo, en íntima relación con crisis sociales y culturales, en la medida, justamente, en que la actividad de los hombres es un factor muy importante de aquélla. Teniendo esto en cuenta, o sea, juntando la preocupación ecológica y la preocupación por los problemas socioculturales, se puede argumentar a favor de una economía ecológicamente sustentable y de una ecología política de la pobreza que aspira a la igualdad social pero trata de ser respetuosa con la diversidad natural y sociocultural.

[Desarrollo de este punto en F. Fernández Buey/J. Riechamnn, Ni tribunos. Siglo XXI, Madrid, 1996]

Qué normas para afrontar los diversos problemas, locales y globales, que hemos caracterizado como crisis medioambiental. El alto grado de depredación del entorno natural por los humanos es un hecho reconocido. La conciencia de que esta depredación y esta crisis es un mal (para el entorno, para muchas especies animales y vegetales y para el hombre mismo) está ya suficientemente extendida y aceptada.

La conciencia de la importancia de los problemas medioambientales ha contribuido a cambiar el concepto de lo que deba ser la relación entre hombre y naturaleza en el fin de siglo. Tales son los datos.

De estos datos se sigue la necesidad perentoria de ecologizar las consideraciones éticas. La mayor parte de las corrientes filosóficas actuales han tratado de reformular las propias concepciones atendiendo a esta problemática.

Hoy en día se suele distinguir entre ética del medio ambiente y ética para el uso (humano) del medio ambiente: ética homocéntrica o ética biocéntrica (y anti-antropocéntrica). Una ética del medio ambiente basada en la tesis de que el ser el humano es la medida de todas las cosas o una ética del medio ambiente en la que el ser humano es considerado como una entidad entre otras en la bioesfera, parte de una “comunidad biótica” (Aldo Leopold).

La ética biocéntrica se regiría por el principio de que “algo es bueno” (justo, aceptable, etc.) cuando tiende a preservar la integridad, la estabilidad y la belleza de la comunidad biótica, y es malo (injusto, inaceptable, equivocado, etc.) cuando tiende a destruir, mutilar o alterar esta comunidad”. Este punto de vista argumenta luego que hay una ética más fundamental, primaria y holística sobre la que tendrían que basarse todas las demás éticas particulares. Y a veces este punto de vista se expresa afirmando la existencia de un nuevo paradigma que tiene que derivarse de la ecología y/o de la biología (panvitalismo).

La ética homocéntrica se basa en la idea de que la protección del medio ambiente es necesaria para el propio bienestar de los humanos por lo menos a medio y largo plazo. La extinción o desaparición de especies animales, vegetales o minerales constituye un riesgo para la continuidad misma de la especie humana sobre la tierra y, por tanto, debemos protegerlas porque con ello protegemos los intereses de nuestra especie. Los principales problemas medioambientales revelan conflictos entre intereses humanos y ése es, precisamente, el ámbito de nuestras actuaciones.

Pero, por otra parte, es evidente que en ciertos casos los intereses más o menos inmediatos de la especie humana entran en conflicto con la continuidad de determinadas especies animales o vegetales. Esto ha llevado a algunos autores a considerar que una ética del medio ambiente puramente homocéntrica es inadecuada y que la ética del medio ambiente tiene que incluir en el reino moral a seres no humanos.

La pregunta es entonces qué entidades no humanas tiene que tomar en consideración la ética medioambiental: ¿sólo los animales, también las plantas o incluso todos los denominados objetos naturales (por ejemplo minerales) que componen un paisaje?

La discusión, en este punto, está en sí los objetos naturales tienen o pueden tener personalidad jurídica o poseen cierto rango moral. Si la clase de objetos dignos de consideración moral, que poseen valor inherente todas las especies que pueden recibir beneficio o daño.

A primera vista esta idea de que seres y entidades no humanas puedan ser objeto de derechos rompe con la tradición ético-jurídica más extendida Pero debe tenerse en cuenta la evolución de la historia de la humanidad en este aspecto, que es la historia de la ampliación constante de los derechos.

Ferrater/Cohn defienden que, en principio, una ética biocéntrica es mucho más favorable que una homocéntrica a todos los esfuerzos encaminados a cuidar y proteger el medio ambiente al introducir la idea de “derechos objetivos” o “valores”. Pues desde ese punto de vista se puede intervenir en la resolución de conflictos peliagudos entre hombres, animales y “objetos naturales” constantemente planteados por la civilización industrial. “El único problema es que parece una tarea hercúlea por no decir imposible”.

La discusión se centra en la pregunta qué es lo que hace a un ser intrínsecamente bueno y cómo podemos saber qué objetos son inherentemente buenos.

Esas preguntas remiten a una célebre discusión histórica de carácter ético-teológico.

Supongamos que los términos “bondad” y maldad” son aplicables a comportamientos y conductas animales no-humanas. Si la respuesta a la pregunta fuera que todo lo que hay es naturalmente o intrínsecamente bueno, entonces:

a) Se estaría ante una ampliación radical de la idea de la bondad originaria del hombre natural (la que dió origen al mito del “buen salvaje”) sólo que aplicada, por extensión, a todo lo naturalmente existente. Pero esa idea choca de plano con algunas constataciones muy evidentes puestas de manifiesto por los naturalistas: la vida en la naturaleza prehumana está llena de conductas y comportamientos que en el lenguaje ético humano calificaríamos de “crueles”. Los ejemplos tal vez más extremos, pero en absoluto únicos, son el de los icneumónidos, grupo de avispas que pasan su vida larvaria como parásitos en las orugas de la mariposas, pulgones y arañas devorando primero las masas adiposas y los órganos digestivos de éstas pero respetando el corazón y el sistema nervioso con el objeto de que la oruga se siga manteniendo viva; o, entre miembros de una misma especie, o el de la mantis religiosa;

b) correríamos el riego de no atrevernos a modificar nada si deseamos obrar moralmente; pero no sólo estaríamos obligados a postular también a ciertas especies animales conductas o comportamientos contrarios a lo que ha sido hasta ahora la evolución de ls especies (hay muchos y buenos ejemplos literarios de adónde conduciría este punto vista. Cf. Saltykov ).

Y si consideramos que sólo algunas cosas lo son, entonces hace falta algún principio y criterio definidor que nos permita distinguir entre objetos buenos y los que no lo son; o para definir los grados de bondad inherentes en distintos objetos o clases de objetos.

Una ética bicéntrica del medio ambiente sin criterio definidor previo (Paul W. Taylor) lleva a la conclusión de que matar porque sí una flor silvestre rara es moralmente peor que matar a una persona en defensa propia en la medida en que lo primero es arbitrario y lo segundo no.Cohn/Ferrater limitan la clase de seres con valor intrínseco a las criaturas sintientes: solamente tenemos derechos para con los seres sintientes: los animales tienen derechos, incluyendo el derecho a la vida y a no sufrir inutilmente.Si el placer es un bien y el dolor es un mal para animales humanos lo mismo ha de ocurrir con animales no humanos que pueden experimentar también estas sensaciones.

La discusión aquí es si los derechos se tienen que relacionar exclusivamente con la posibilidad de razonar o de hablar: conciencia y autoconsciencia (Peter Singer) y si ésta se expresa exclusivamente en lo que llamamos inteligencia. En última instancia se trata de llevar el relativismo cultural, hasta ahora limitado, a la consideración de las diferencias entre humanos, al mundo animal. Taylor se pregunta, por ejemplo, ¿por qué habría que suponer que los patrones basados en valores humanos han de ser los únicos criterios válidos para determinar el mértio y, por consiguiente, los únicos signos de superioridad? El desarrollo de la dscusión remite ya al tema sobre los derechos de los animales.



UN EJEMPLO DE ÉTICA ES EL SIGUIENTE TEMA PROPUESTO:

Catálogo: pai
pai -> Directori o Lic. Mario Marín Torres Gobernador Constitucional del Estado de Puebla y Presidente Honorario de la Junta de Gobierno del Instituto Poblano de la Mujer Lic
pai -> Activitat alumne/a data
pai -> JustificacióN
pai -> Antología adicciones
pai -> Psicogeriatria
pai -> La escuela constituye, actualmente, un referente crucial en los procesos de aprendizaje y desarrollo individual, cumpliendo, así mismo
pai -> Propuesta de investigación información General Propuesta
pai -> Formación sociocultural 1 guía del alumno secretaría de educación pública subsecretaría de educación superior e investigación científica subsistema de universidades tecnológicas coordinación general de universidades tecnológicas
pai -> En los últimos diez años hemos asistido a una renovación de la noción convencional de paisaje que ha situado este concepto en


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