Nietzsche(1844-1900)



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NIETZSCHE(1844-1900)

Friedrich Nietzsche nació en Ricken, cerca de Leipzig, en 1844. Estudió filología y teolo­gía y estuvo desde muy pronto profundamente influido por la lectura de Schopenhauer y la amistad de Erwin Rohde (gran conocedor del mundo griego, autor de "Psique" uno de los libros sobre Grecia más dignos de ser leídos) y de Richard Wagner, al que admira como la encarnación de los ideales estéticos y morales que bullían en su cabeza. A los veinticinco años es nombrado profesor de filología clásica en la universidad de Basilea. En 1871 escribe "El nacimiento de la tragedia según el espíritu de la música", en donde es patente la influencia de Schopenhauer y de Wagner.

Después de enrolarse como camillero y enfermero en la guerra franco-prusiana, cayó enfermo y comenzó su calvario de dolores y jaquecas, que presagian la parálisis general que le hizo derrumbarse en 1889. Murió el 25 de agosto de 1900.

Su obra, además de "El nacimiento de la tragedia", está formada por libros tan famosos hoy día como "Humano, demasiado humano" (1879), "La gaya ciencia" (1882), "Así habló Zaratustra" (publicada en cuatro partes separadas, de 1883 a 1885), "Más allá del bien y del mal" (1886), "La genealogía de la moral" (1887), "El ocaso de los ídolos" (1889), "El Anticristo" (publicado en 1889) y "Ecce homo" (publicado en 1908), además de una serie de apuntes y escri­tos diversos, reunidos por su hermana Elizabeth y publicados en 1901 bajo el título de "La volun­tad de poder".


La Crítica a la Tradición Socrático-Platónica y a la Dialéctica

En su primera obra, "El nacimiento de la tragedia", Nietzsche presenta una teoría del arte y de la cultura griegos distinguiendo entre "espíritu apolíneo" y "espíritu dionisíaco", y tomándo­los como formas de dos fuerzas contrapuestas que nacen del seno mismo de la Naturaleza, sin intermediarios, directamente hasta la obra de arte Lo apolíneo es el sueño, lo dionisíaco la embriaguez. El primero simboliza el instinto estético figurativo, la claridad, la luz, la medida, el orden, la forma (eidos); el segundo representa lo caótico y desmesurado, el frenesí sexual de la vida, la noche y la música excitante?" Es la oposición entre el arte plástico y la música. Lo apolíneo es, según Nietzsche, el principio de individuación, que pone las cosas en su lugar correspondiente, perfectamente ordenadas en el espacio y el tiempo, conducido por la razón, por el logos, mientras que lo dionisíaco es la embriaguez de la marea cósmica, que elimina todo lo finito y particulariza­do, es el gran ímpetu vital.'54} En este contexto, Nietzsche da una interpretación original de la filo­sofía, estimándola como sabiduría trágica, como saber en el que luchan, como en la tragedia, Apolo y Diónisos, el principio de individuación y la totalidad, el sueño y la embriaguez. Así Sócrates es para Nietzsche el negador de la esencia griega por su elección de la razón como guía para la vida, por su elección de Apolo frente a Diónisos, por su creación del "hombre-teórico." Es también el que acaba con la tragedia griega y con la filosofía trágica de los presocráticos, sobre todo de Heráclito, que es el presocrático que más le influyó.

En "El ocaso de los ídolos" nos vuelve a presentar a Sócrates como el iniciador de la deca­dencia griega. Es sorprendente la argumentación de Nietzsche para explicar esta afirmación: el problema de Sócrates era ... ¡su fealdad!, que le llevó a descubrir la dialéctica (el arte de la lucha en competencia), con la que podía "fascinar" a los bellos efebos que nunca se hubieran acercado a él de otra forma. Pero este hecho mismo, de que la dialéctica fuera algo fascinante para los griegos, de que "el preguntar por razones y el mostrar razones aparentes como un nuevo placer de movimiento, como un nuevo agon (lucha) revela ya que la existencia griega había perdido su ingenuidad.. Para Nietzsche el que Sócrates introduzca la racionalidad dialéctica es la gran suplantación, porque se pone la razón en vez de la vida. La equiparación socrática de "razón igual a virtud, virtud igual a felicidad" es "la equiparación más extravagante que existe, y tiene particu­larmente contra sí todos los instintos de los antiguos helenos." "Tener que combatir los instin­tos: ésta es la fórmula de la decadencia; mientras la vida asciende, felicidad es igual a instinto."

Pero el ataque más profundo lo hace Nietzsche contra la metafísica platónica, afirmando que no es más que "egipticismo", es decir, la negación sacerdotal del tiempo, el odio contra la idea del devenir. "Lo que es, no deviene; lo que deviene, no es" es la base de esta metafísica, cuando, según Nietzsche, las cosas son al revés: el ser es lo quieto, lo inmóvil, lo intemporal y por lo tanto, lo muerto; el devenir es lo transitorio, lo móvil, lo temporal y por lo tanto, lo vivo. Para Nietzsche hay una oposición entre ser y tiempo, oposición que se transforma en Platón en la oposición entre dos mundos: el mundo inteligible y el mundo sensible. La desconfianza platónica en los sentidos convierte a éstos en los enemigos del pensar.

El otro error de la metafísica platónica es el de usar conceptos desligados de la realidad, demasiado universales, demasiado abstractos o vacíos (que para Nietzsche es lo mismo) como son "el ente, lo incondicionado, el bien, lo verdadero, lo perfecto", cuando debería partirse de lo sensi­ble, de lo real, de lo móvil, es decir de lo que se intuye, no de los conceptos. Esta división platónica entre lo inteligible y lo sensible, entre el ser y el devenir es la diferencia entre el ser y la apariencia, distinción que presupone la existencia de "modos de ser", como son "esencia" y "fenómeno". Estos modos de ser no son sino rangos, castas del ser, que será más auténtico cuanto más próximo se encuentre del Ser Supremo, es decir, del Bien platónico o del Dios Aristotélico y cristiano. Para Nietzsche no existe otro mundo más que éste, el sensible, el terrenal, el que aparece en el espacio y en el tiempo, todo lo demás no es sino una invención que se apoya en la identificación del ser con el bien
La Voluntad de Poder

"La esencia del mundo es la voluntad de poder", "la esencia de la vida es la voluntad de poder", son frases de Nietzsche en las que expresa su convicción de que todo no es en el fondo más que una "exigencia insaciable de demostración de fuerza". Hay una posible interpretación de la "Voluntad de poder" como simple "deseo de poder", con lo que se quedaría reducida a mera impotencia, sufriendo siempre por lo que ansía y a lo que tiende. Esta interpretación psicologista será la que seguirán entre otros, Alfred Adler (uno de los primeros discípulos de Freud) con su teo­ría del "complejo de superioridad" y el "complejo de inferioridad", en los que juega el papel desencadenante la voluntad de poder del niño que dará origen al carácter y personalidad del adulto. En la Alemania nazi se interpretó también de forma parecida el significado de la voluntad de poder nietzscheana, entendiendo que "el poder" de que hablaba Nietzsche era un fin concreto, exterior a la voluntad (poder político, gloria ... ) Pero ésta no parece la adecuada interpretación de lo que quería decir Nietzsche con este concepto. La "Voluntad-de-poder" debiéramos quizá escribirla así, entre guiones, para intentar transmitir la idea de que la voluntad no existe aislada del poder ni el poder aislado de la voluntad, que son dos caras de la misma cosa pero que al mismo tiempo se diferencian, aunque no puedan darse por separado, sin perder con ello el sentido nuevo que Nietzsche cree haber descubierto. "Lo que el lenguaje designa con el nombre de voluntad no es en realidad sino un sentimiento, complejo y tardío: el que acompaña a la victoria de una pulsión sobre otras o la traducción en términos conscientes del estado de equilibrio temporal que se ha producido en el juego de las pulsiones." La voluntad es algo así como la facultad del impulso vital, de lo que antaño llamó Nietzsche "dionisíaco", como fuerza de la vida inconsciente que está en el fondo de la realidad. Se puede hablar de una voluntad de poder en el mundo orgánico, especi­ficada en pulsiones, instintos y necesidades; en el mundo espiritual, concretada en deseos, motivaciones e ideales y hasta en el mundo inorgánico de la materia, en la energía que anima todo lo exis­tente. Es curioso cómo aquí se aproxima Nietzsche a la filosofía primitiva griega y al pensamiento mítico prefilosófico, con su teoría de que "todo está lleno de dioses", es decir "todo está animado".

El poder es la ley íntima de la voluntad, de la fuerza vital. El imperativo interno de la voluntad de poder es "ser más", que plantea al hombre la alternativa entre la superación o la decadencia. En el seno de la voluntad de poder aparecen dos tipos de fuerza o de vida: la fuerza activa y la fuerza reactiva, la vida ascendente y la vida decadente (otra similitud con Heráclito). El ideal ascético de vida, la moral del renunciamiento que encarna el cristianismo, representa el triunfo de la vida degenerativa frente a la afirmación exultante de su fuerza y su energía, de la vida ascendente.

La voluntad de poder es siempre, pues, autosuperación, que se presenta en el origen como un caos en el que nada está determinado y que, por lo tanto, puede tomar todas las formas que no son, en el fondo, más que máscaras. Pero el caos no es el desorden, sino la multiplicidad de ten­dencias, el horizonte de las fuerzas con las que el saber y el arte, la cultura, trabajarán en la bús­queda de la traducción del goce vital. El hombre poderoso es "aquel que desea ver el caos", es decir, el que se asoma a sus pulsiones y se sabe con fuerza para controlarlas. Si la voluntad de poder asume la variedad, la diferencia y la pluralidad es la voluntad de poder afirmativa y fuerte; por contra, si escoge la huída y el sometimiento a ideales enfermizos, será negativa y débil.


El Nihilismo y sus formas

"Nihilismo: carencia de fin, carencia de respuesta al ¿por qué? Alcanza su máxima fuerza relativa como fuerza violenta de destrucción, nihilismo activo. Su opuesto sería el nihilismo fatiga­do, que no ataca ya." Estas palabras nos las dice Nietzsche en "La Voluntad de poder" y pueden servimos para partir de una definición de "nihilismo", definición que, al mismo tiempo nos presen­ta sus dos variantes:

1.- El nihilismo activo, que pretende adelantarse a la instauración del vacío de la moral, creando sus propios valores, apareciendo como una fuerza de la vida, que exal­ta y potencia la vida.

2.- El nihilismo pasivo, que es el representado por el pesimismo ante la transmutación o transvaloración de todos los valores y que es negativo y pernicioso para la vida

En el prólogo a la misma obra nos dice Nietzsche: "Narro la historia de los dos siglos pró­ximos. Describo aquello que se aproxima y que llegará necesariamente: el advenimiento del nihi­lismo." Este nihilismo, en su aspecto pasivo es el agotamiento de todos los significados, el reino en expansión de los significados vacíos, por completo agotados Este derrumbamiento de todos los valores está sintetizado en el famoso grito de Zaratustra: ¡Dios ha muerto!, presentando la muerte de Dios como el símbolo del acabamiento y final de todos los valores, de todo lo inteligible heredado desde la metafísica platónica y transmitido con el cristianismo. Amanece la aurora del caos. Este es el "nihilismo total", cuya primera forma histórica es el nihilismo latente de la filosofía socrático-platónica, porque en ella sólo aparecen los grandes valores suprasensibles (por lo tanto engañosos y opuestos a la Vida) de la Verdad, la Belleza y el Bien y, más tarde, los grandes princi­pios de la Lógica (por lo tanto falaces y encubridores de la realidad) como son el principio de iden­tidad, de causalidad, etc. Entre el nihilismo latente y el nihilismo total, hay una serie de nihilismos parciales, en los que la voluntad de negación de la vida se va manifestando paulatinamente, al mismo tiempo que se buscan valores que sustituyan los platónicos y cristianos. Entre estos nihilis­mos parciales destaca la moral kantiana, cuyos valores son ya "valores laicos": el progreso, la felicidad para todos, etc. El socialismo es también para Nietzsche un ejemplo de estos nihilismos parciales al pretender sustituir los ideales del cristianismo con la promesa de la felicidad en este mundo.

El nihilismo se hace total, pero no realizado, cuando se hace manifiesta la voluntad de la nada, que sirve para abolir la distinción entre el ser en sí y la apariencia, convirtiéndose esta última en la única realidad. Para transformar el nihilismo total en nihilismo realizado o "extático" hay que pasar de la constatación de la disolución de los valores a la disolución activa, afirmativa, es de nuevo el impulso dionisíaco, la pura y gozosa afirmación de la unidad de los contrarios, de la rup­tura total con la lógica socrático-platónica, es la liberación de la parálisis de lo único, es el instinto creador y destructor al mismo tiempo. Es el definitivo "nihilismo extático", así llamado porque nos permite salir de donde se estaba ("ek-tasis"), nos permite salir de la disolución pasiva.


La Transvaloración Moral y el Ideal del Superhombre

"En el fondo de todas esas razas aristocráticas es imposible no reconocer la bestia feroz, el soberbio bruto rubio que merodea en busca de una presa y de carnicería; este fondo de bestialidad ... rebrota de vez en cuando, porque se preciso que el bruto se muestre de nuevo ... las razas nobles son las que han dejado la idea del bárbaro en todas las huellas de su paso ... Su indiferen­cia y menosprecio por todas las seguridades del cuerpo, por la vida, por el bienestar, la terrible alegría y el gozo profundo que experimentaban en toda destrucción, en todas las voluptuosidades de la victoria y la crueldad: todo esto se resumía para aquellos que eran sus víctimas en la imagen del bárbaro, del enemigo malo, de algo como el vándalo." El concepto de "superhombre" va unido, generalmente a "bestia rubia" y no puede alegarse manipulación ni tergiversación de los textos de Nietzsche: es que lo dice así, lisa y claramente, sin ambages, sin matices, sin "contextos". Es más, la bestia rubia es muchas veces "la bestia rubia alemana" y esa raza es "la raza noble". En "La genealogía de la moral" nos llega a decir que" con el latín malus [malo] (a su lado yo pongo [negro]) acaso se caracterizaba al hombre vulgar en cuanto hombre de piel oscura, y sobre todo en cuanto hombre de cabellos negros, en cuanto habitante preario del suelo italiano, el cual por el color era por lo que más claramente se distinguía de la raza rubia, es decir de la raza aria de los conquistadores..." Es difícil encontrarle un sentido poético o metafísico a estas declaraciones racistas. Hoy en día hay que tener mucha benevolencia para rendir culto de latría a tales pensa­mientos.

Además, la moral de esta "bestia rubia" que es el superhombre (hoy, algunos, quizá para que no se le confunda con "Supermán" empiezan a traducir el "Übermensch" original por "Ultrahombre") es la negación o superación ("superación" en el sentido hegeliano) de la "moral del rebaño", en la que nos mezcla Nietzsche gran cantidad de valores, de conceptos y de actitudes. Un resumen de esta moral del rebaño lo podemos organizar en el siguiente cuadro:
MORAL DEL REBAÑO

La objetividad científica El escepticismo

El arte por el arte El pesimismo

La tolerancia La democracia

Las instituciones liberales El socialismo

La igualdad de derechos El anarquismo


Así nos dice en "la Voluntad de poder": "La moral es hoy día, en Europa, moral de reba­ño...; el movimiento democrático continúa la herencia del cristianismo. Para romper con todo esto, hace falta una casta nueva de jefes y filósofos, pero sobre todo de "hombres fuertes" que sean capaces de destruir lo anterior y crear "el hombre del futuro", el que ha de liberar al mundo a través de la "transvaloración de todos los valores", que significa la transmutación de los valores de la moral del rebaño, salvándola de su decadencia, de su disolución y de su nihilismo pasivo.

En "Así habló Zaratustra" nos presenta más literariamente (es uno de los libros más poéticos que jamás se hayan escrito) al Superhombre, entre alegatos proféticos y ditirambos, pero, en el fondo está diciendo lo mismo que en otras obras como "La genealogía de la moral" y "Más allá del bien y del mal". Los rasgos del Superhombre son los contrarios de los del "hombre", entendiendo por "hombre" el hombre vulgar, que sigue la ley de la masa, la moral del rebaño. "El hombre es algo que debe ser superado. "


MORAL DEL SUPERHOMBRE

Afirmación de la vida corporal, "sentido de la tierra"

Desprecio del alma

Creación de valores, transvaloración de valores

Encarnación de la Voluntad de poder, más allá del bien y del mal

Amor a lo lejano y futuro


Espíritu dionisíaco

Otro aspecto que hay que considerar y que está implicado en todo lo anterior es la idea de que todo lo que hay en el mundo se reduce a valores, entendiendo por tales las "estimaciones" o "apreciaciones" de la utilidad que las cosas tienen o pueden tener para los seres humanos, redu­ciendo el conocimiento a una mera interpretación de los valores de las cosas. Esta teoría del cono­cimiento está fuertemente impregnada de un pragmatismo al estilo de William James o de John Dewey. Una consecuencia de este pragmatismo es la relatividad de los valores, que son creados por el hombre en función de sus necesidades de conservación y aumento de la vidai7

Dentro de esta relatividad axiológica, Nietzsche establece (aunque no lo sistematice él mismo, se puede interpretar así) una especie de jerarquía de valores en la que destacan los valores morales, en los que incluye todos los valores que se relacionan con la vida y que tienen como núcleo fundante los conceptos del bien y del mal. Lo "bueno" será, siguiendo la transvaloración, todo lo que eleve la voluntad de poder y la vida; lo "malo" lo que proviene de la debilidad de la moral del rebaño. Pero también hay que "transvalorar" la verdad, siendo ahora "verdadero" lo que ayude a la exaltación de la vida y lo contrario el error, no habiendo verdades absolutas ni con­ceptos eternos, porque todo "pertenece a este mundo". También los valores estéticos, los valores de la belleza y del arte, han de ser transvalorados, teniendo que servir el nuevo arte y el nuevo con­cepto de belleza a la voluntad de poder que no es, como vemos otra cosa que la voluntad de la vida. Lógicamente, los valores religiosos han de ser transvalorados, entre otras cosas porque en el concepto de "Dios" se sintetizan todos los valores de la moral del rebaño y por eso los valores antivirales: "El concepto de Dios ha sido inventado como antinomia contra la vida; en él se resu­me, en unidad espantosa, todo lo que es dañino, venenoso, calumniador, toda la enemistad contra la vida.""' De ahí el famoso grito de la muerte de Dios: "Dios ha muerto, y somos nosotros quie­nes le hemos dado muerte. "{73} Esta muerte es necesaria para el nacimiento del Superhombre, que será el profeta de una nueva religión atea: la religión del "eterno retorno", que pretende integrar la disolución de las creencias en el más allá con la tendencia natural de la vida a querer ser eterna. Nietzsche reclama una eternidad material, vital, terrena. La solución la encuentra en la vieja idea griega del eterno retorno de lo mismo: "Nosotros ya hemos existido una infinidad de veces, y todas las cosas con nosotros. "{74} Todo se repite, no sólo desde una consideración cósmica, sino desde la individualidad de cada hombre. La vida repetida no es ni mejor ni peor, es la misma.

Caben muchas preguntas sobre la relación de la transvaloración de los valores y la idea del eterno retorno, pues es contradictorio pretender la creación de los valores vitales y su repetición eterna al mismo tiempo. Pero ese es uno de las tributos que hay que pagar a la bellísima creación literaria de Nietzsche.


INTRODUCCIÓN AL TEXTO DE NIETZSCHE

LA GENEALOGÍA DE LA MORAL

Una de las características más notables de los tres tratados que componen "La genealogía de la moral" es su carácter sistemático, cosa poco frecuente en la obra nitzscheana, que suele ser aforística, poética y menos organizada.

En el primer tratado, según el mismo Nietzsche nos cuenta en "Ecce homo", el tema es la psicología del cristianismo, el nacimiento del cristianismo y de la moral del resentimiento, como rebelión contra el dominio de los valores nobles. Comienza el tratado haciendo una irónica crítica de los "psicólogos ingleses", achacándoles el carecer de espíritu histórico y la pretensión de aclarar los conceptos del bien y del mal mediante el olvido y el hábito. El espíritu histórico es entendido como "genealogía" y su método el estudio del origen de las palabras ("etimología"). La genealogía estudia las palabras como signos en los que están cifrados los valores y, por lo tanto, signos que hay que descifrar, que hay que interpretar ("hermenéutica"). Nietzsche , como buen filólogo, hace un estudio etimológico de los términos "malo" y "bueno", llegando a la conclusión de que las valo­raciones encerradas en las palabras no nacen del azar ni del acaso, sino de la forma de ser de los pueblos y de las gentes. Los cambios en la valoración de las palabras tienen una fuente en estos casos: el resentimiento moral, que para Nietzsche tiene su origen en el pueblo judío, que es el pueblo sacerdotal por excelencia. Hay una transvaloración histórica, realizada por la casta sacerdo­tal y por esa moral del resentimiento: ahora se llama "malvado" al poderoso, al que representa los valores de la vida y del señorío (al que antes se le llamaba "bueno") y se llama "bueno" al hombre vulgar, débil y antítesis de los valores vitales (que antes era el considerado como "malo"). Como el objetivo de todo el libro es presentar la verdad sin las máscaras de la mentira y del encubrimiento, en el primer tratado se llega al momento de exponerla, que es la descripción psicológica del cristia nismo, presentándolo como el que encarna la rebelión del resentimiento, la moral de los esclavos.- Para Nietzsche el cristianismo es la religión del odio a la vida, no del amor a los demás, es la reli gión de la plebe, frente a la exaltación de los valores de la vida que encarnaban los señores.

En el segundo tratado expone la psicología de la conciencia, presentándola como la antíte­sis de la voz de Dios, como el instinto de la crueldad, fundamental para entender la cultura.



En el tercer tratado se investiga de dónde procede el poder del ideal ascético, concluyendo que no es por la existencia de un Dios que esté detrás, sino porque ha sido el único ideal del hombre hasta ahora.






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