Nietzsche



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TEMA 13: F. NIETZSCHE

1.- LA CRÍTICA A LA TRADICIÓN OCCIDENTAL

    1. lo apolíneo y lo dionisiaco

    2. Crítica a la filosofíatradicional

    3. Crítica a las ciencias positivas

    4. crítica a la moral judeocristiana


2.- NIHILISMO

2.1 nihilismo y muerte de dios

2.2 nihilismo pasivo y nihilismo activo


3.- HACIA UNA NUEVA ONTOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA

3.1 voluntad de poder

3.2 eterno retorno



3.3 el superhombre

Vida y obra

Nació en 1844, en Roecken (Turingia). Sus abuelos y su padre fueron pastores protestantes. Paradójicamente, Nietzsche sería un gran ateo. En la escuela de Pforta recibe una sólida formación humanista. Wagner fue su guía espiritual después de Schopenhauer. A sus veinticuatro años Nietzsche es nombrado catedrático extraordinario de la universidad de Basilea. Cambió su nacionalidad por la suiza.

En 1871 aparece su primera obra, El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música. Con esta gran obra comenzaría su fracaso "profesional". Entre 1873-1876 publica las Consideraciones intempestivas, una dura crítica al progresismo racionalista cuasi-religioso, al positivismo, al arte burgués, etc. Humano, demasiado humano aparecerá entre 1875 y 1880. Por estas fechas cae enfermo: terribles dolores de cabeza y ojos. A partir de aquí se convierte en nómada: Riva, Génova, Sicilia, Rapallo, Sils-María, Turín... y, sobre todo, la gran añoranza del Sur.

Mientras tanto, su vida transcurre on gran austeridad. En 1881 publica Aurora, un año después, el Gay saber, en donde se manifiestan de una forma casi sistemática algunos de sus principios filosóficos.Teniendo como espacio vital una tremenda soledad escribe su libro más importante, Así habló Zaratustra, en donde su estilo y pensamiento alcanzan cotas elevadísimas de maduración. Ninguna de las obras posteriores alcanzaría la consumación de ésta, ni Más allá del bien y del mal (1886); como tampoco su no menos famosa Genealogía de la moral (1887).


Los dolores se hacen más frecuentes e insoportables. Nietzsche comienza un período lleno de extravagancias. Le acecha la locura. Un amigo íntimo, acaso el último que le quedaba, le hizo ingresar en la clínica de Basilea; diagnóstico: reblandecimiento cerebral. Tenía, entonces, cuarenta y cinco años. Murió el 25 de agosto de 1900, a las puertas de un siglo que le reconocería sucesiva y paradójicamente como violento fascista y revolucionario anarquista. Nietzsche había pasado en pocos años de ser considerado como ideólogo pre-nazi a filósofo del mayo de 68 francés.

1.- CRÍTICA A LA TRADICIÓN OCCIDENTAL

Nietzsche realiza una crítica despiadada a la tradición cultural de occidente a la que considera una tradición decadente y nihilista. Los grandes pilares venerados en esta tradición: religión y moral cristianas, filosofía, ciencia, etc, (a los que llama genéricamente platonismo) son, a su juicio, grandes mentiras, gigantescos errores que se han levantado contra la vida. Representan la máxima expresión en el hombre de un odio exacerbado y un resentimiento sin límites hacia la vida. Precisamente por ello, se hace necesario desenmascararlos y combatirlos hasta su destrucción.


Nietzsche realiza un profundo y crítico análisis de nuestra tradición basándose en el método genealógico, que consiste en una reconstrucción histórico-psicológica de las condiciones que originaron y determinaron el desarrollo de aquellos principios, conceptos, valores del pensamiento y de la cultura occidental que él considera erróneos o equivocados.
Tres son los frentes principales de la crítica nietzschena: a) Crítica a la filosofía tradicional (en su aspecto ontológico y epistemológico), b) Crítica a las ciencias positivas y c) Crítica a la religión y moral cristianas. Antes de analizar cada uno de estos aspectos, es preciso detenerse en los orígenes de esta tradición tan decadente que Nietzsche sitúa en Grecia.

1.1 lo apolíneo y lo dionisiaco


En su primera obra, El nacimiento de la tragedia, Nietzsche rompe con la imagen tradicional de la cultura griega. Para Nietzsche, la esencia del espíritu griego originario no hay que buscarla en la ciencia o la filosofía (según el tópico, los griegos inventaron el pensamiento racional, el logos frente al mito), sino más bien en las tragedias clásicas (Esquilo) en las que se funden dos elementos: lo dionisíaco (Dionisos: dios del vino, la embriaguez, la noche, la pasión irracional, la fusión con el cosmos y los demás hombres; en la tragedia griega, lo dinionisiaco estaría representado por la música, la danza, el coro) y lo apolíneo (Apolo: dios de la luz y la claridad, del sol, la inteligencia racional, lo individual y preciso -flechas-; en la tragedia sería los discursos y los personajes concretos).

Para Nietzsche, la Grecia auténtica es ese equilibrio entre la pasión y la razón, la oscuridad y la luz, la unión orgiástica en la que todo se mezcla y el sentido de lo individual. Con esos rasgos mostraba la tragedia clásica a los héroes, enfrentados a un destino trágico (que aceptan, perdiendo la dicha, pero alcanzado sentimientos más elevados, sensación de plenitud de la vida). Después, la tragedia fue perdiendo su carga dionisíaca, en manos de Sófocles y Eurípides (s. V a.C.) que trivializan el drama, crean personajes más cercanos y populares y quitan importancia al coro en favor de la acción y la palabra. Así, va ganando terreno lo apolíneo frente a lo dionisíaco.


Pero, según nuestro autor, fue Sócrates, padre de la filosofía occidental, el gran corruptor de la auténtica alma griega, pues representa el triunfo de lo apolíneo frente a lo dionisiaco. Con él, triunfa el hombre teórico (el filósofo, el intelectual que menosprecia los sentidos y el lado oscuro de la existencia), por encima del hombre trágico (el gran héroe vitalista enfrentado al drama y a la profundidad del destino). La identificación entre saber y virtud que Sócrates establece, desemboca en el optimismo superficial de la ciencia; ahora, el único mal es el error o la ignorancia, y el saber se convierte en un simple procedimiento formal que busca definiciones universales y abstractas, las ideas. Desde entonces, el conocimiento es algo ajeno y contrario a la vida, un intento de escapar del devenir, de la exuberancia y la dureza de la existencia, inventando un mundo artificial y frío de verdades absolutas. Platón remata la tarea intelectualista de su maestro, afirmando que ese mundo teórico (ideal, eterno, inmóvil, inmaterial) es la verdadera y única realidad.

1.2 crítica a la filosofía tradicional



Aspecto ontológico de la crítica

Lo que muchos han alabado como primeros logros de la filosofía occidental, Nietzsche lo ve como un síntoma de decadencia y como un error que va a transmitirse a toda la historia de Occidente. Nietzsche critica la metafísica socrático-platónica, su separación dualista entre un mundo verdadero (ideal) y un mundo aparente (sensible), desenmascarando las razones últimas, la genealogía de ese error (sus orígenes históricos y psicológicos). Sus críticas se centran en dos aspectos:

1º) Los filósofos inventaron una fábula, un mundo ficticio, en contraposición al mundo real. Las características que atribuyeron a ese "mundo verdadero" (ideal, eterno, inmutable, perfecto) demuestran precisamente su carácter ficticio, que es un producto de negar y despreciar las cualidades de la realidad sensible inmediata (material, en devenir y constante cambio, contingente, particular). Esos motivos por los que "este" mundo fue tomado por aparente son los que, más bien, demuestran su realidad y la falsedad del "otro" mundo (su error: separar ser y devenir).
2º) Esta fábula intelectualista y metafísica, además de ser ilusoria, expresa una desconfianza, un resentimiento contra la vida y el mundo tal como son. Es la obra de unos espíritus miserables, pequeños, sin fuerzas para soportar el devenir y la dureza de la realidad, y que deciden inventar "otro" mundo "mejor" (puro y limpio, momificado y perfecto) en el que pueda descansar su espíritu (ya que no su cuerpo, cuyas funciones son también despreciadas como "inferiores"). El intelectualismo es, por tanto, un signo de decadencia, de evasión, debilidad y cobardía. Por desgracia, esa tendencia a refugiarse en las ideas, a someter la realidad a conceptos abstractos, ha seguido predominando en toda la historia del pensamiento europeo y alcanza su techo en el Idealismo Absoluto de Hegel y su dialéctica.
Aspecto epistemológico
Hasta ahora la filosofía se ha caracterizado por la confianza plena en la razón, es decir, por la creencia en su capacidad para conocer plenamente la realidad. Los filósofos han creído atrapar el verdadero ser de las cosas utilizando todo tipo de conceptos y categorias (sustancia, causa, sujeto, objeto, etc). Han construido así grandes edificaciones conceptuales y a esto lo han llamado verdad, conocimiento.

Sin embargo, Nietzsche piensa que la realidad tiene un carácter dinámico (es devenir, puro devenir, como afirmaba Heráclito) y, por ello, es totalmente inaprehensible por la razón. En ella sólo encontramos cosas cambiantes y diferentes. Los conceptos que manejan los filósofos suprimen estas diferencias y tratan de detener el devenir, pero lo único que consiguen es “momificar” la realidad, petrificarla. Dichos conceptos son, por tanto, falsedades o ficciones que resultan totalmente inútiles para captar la auténtica realidad de las cosas (es algo así como atrapar aire con las manos).

En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, afirma Nietzsche que los conceptos del pensamiento, en su origen, no eran sino metáforas con las que los hombres expresaban vivencias individuales; pero ello, fue olvidado por el uso y la costumbre (metáforas olvidadas); entonces se generalizaron y acabaron siendo considerados erróneamente como auténticas verdades sobre la esencia las cosas. Estos conceptos acabaron registrados en el lenguaje, de ahí, que éste, según nuestro autor, también tenga un carácter engañoso.

La tesis defendida por Nietzsche es dicha obra es clara: sólo podemos aproximarnos a la realidad cambiante y siempre diferente por medio de intuiciones y metáforas. Y si hay que que hablar de la verdad del pensamiento, éste solo será verdadero, no cuando consiga atrapar la realidad (cosa imposible), sino cuando acepte la realidad como es, con su carácter cambiante y, en último término, cuando logre intensificar nuestras energías vitales, aumentar nuestras ganas de vivir (verdadero es sinónimo de vital, de saludable).

1.3 crítica a las ciencias positivas


Nietzsche crítica también a las ciencias positivas a las que considera herederas de la metafísica tradicional. Su crítica se puede resumir en tres puntos:
a) Las ciencias positivas matematizan la realidad, y, por tanto, la falsean. Destacan los aspectos cuantitativos (lo numerable) frente a los cualitativos pretendiendo así una imposible igualación de las cosas.
b) La ciencia investiga el curso de la naturaleza, pero nunca puede dar una ordenes al hombre. La ciencia sólo conoce de cantidad y de número; nada sabe de la pasión, de la fuerza, del amor, del placer, etc.; además, ni la física, ni la química, ni las matemáticas explican al ser humano: es éste quien explica a aquéllas, es decir, la ciencia, conocimiento antropomórfico, está: muy lejos de poder hacer juicios valorativos sobre la vida y, por tanto, tampoco puede ofrecemos nada que parezca a una ley moral vinculante.
c) La ciencia, dice Nietzsche, ha convertido en nodriza al servicio de unos intereses creados; concretamente, el Estado la ha tomado a servicio con el fin de explotarla para sus fines El "monstruo más frío de todos los monstruos, el Estado", posee en ciencia su más fiel servidor. El "golpe de Estado" dado por la ciencia (Renacimiento) a la religión ha sido hábilmente empleado, no por el pueblo, sino por, el príncipe".

1.4 crítica a la moral judeocristiana (cristianismo)

La crítica de Nietzsche al cristianismo se diferencia poco de la que hace a la filosofía tradicional. El cristianismo es una religión de alucinados que creen en un dios y en un más allá inexistentes (“platonismo para el pueblo”).


En ese mundo fantasmagórico ponen los cristianos el fundamento de su moral, una moral que establece normas, decálogos, valores que van contra los placeres, los instintos y la vida. La moral cristiana, piensa Nietzsche, es una moral contranatural y decadente que se basa en el desprecio de la vida. En ella, el bueno y bienaventurado, el amado por Dios es el pobre, el débil, el manso, en definitiva, el mediocre; se busca la igualación, por abajo, de todos los hombres (su versión moderna sería el socialismo). Es, por tanto, una moral de esclavos, una moral para los enfermos, para los que sufren que, debido a su resentimiento y a su impotencia para soportar la dureza y la soledad de la vida, inventan otro mundo mejor. La vida acaba donde empieza el reino de Dios, dirá Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos.
Históricamente, fueron los judíos (con los sacerdotes a la cabeza) los que acabaron con los originarios valores aristocráticos. Estos, según Nietzsche, movidos por un afán de venganza, inventan los conceptos de culpa y de pecado y, sobre todo, son los resposables de invertir el significado originario de los términos morales bueno y malo. Convierten en malo (malvado) lo que en su origen era bueno (lo aristocrático, la fuerza, el valor, la guerra) y en bueno, lo que antes era considerado por los nobles como malo (lo vulgar, lo bajo, lo plebeyo, lo miserable). La moral tradicional surge pues, para Nietzsche, como una “rebelión de los esclavos” frente a los nobles, es fruto del resentimiento de los débiles hacia los nobles. Desde entonces, los nobles y sus valores fueron considerados como malvados, y los plebeyos, los esclavos se convirtieron en buenos. Las ideas de culpa y de pecado son instrumentos en manos de la casta sacerdotal para mantener sometidos a los hombres (controlar el rebaño) y afianzar así su poder. El cristianismo, según Nietzsche, hereda y continua esa transvaloración moral llevada a cabo por sus antecesores los judíos.
En respuesta a tanto despropósito, Nietzsche propone romper con los valores tradicionales de la moral cristiana dado que constituyen una objeción contra la vida. Hay que volver a invertir esos valores para recuperar aquella casta de los héroes clásicos (vigorosos, nobles de corazón, hermosos y felices, que afirmaban su energía vital ­en la guerra, en las aventuras y desventuras, en la danza y el deporte). En definitiva Nietzsche propugna una moral ascendente y vitalista, una moral que insta al individuo a disfrutar al máximo de la vida, dar rienda suelta a sus instintos sin ninguna cortapisa. Según Nietzsche hay que sustituir el dios de la compasión, Jesucristo, por Dionisos, el dios de los instintos y los placeres de la vida; aunque para ello, tal vez sea necesario que aparezca un nuevo hombre.
2.- EL NIHILISMO

Es la consecuencia inevitable de una tradición que Nietzsche considera equivocada, una tradición que se ha levantado sobre la nada; y al mismo tiempo, es el inicio, el punto de partida, el resurgir de un nuevo período en el que el hombre y el mundo adquieren un significado auténtico y distinto. El nihilismo también representa un punto de inflexión en la filosofía nietzscheana; si hasta ahora solo conocíamos la parte destructiva y nevativa (crítica) de la filosofía de Nietzche; a partir de aquí, nos encontramos con la parte positiva de su pensamiento, con una serie de propuestas constructivas.


2.1 muerte de dios y nihilismo

Toda la filosofía (y la vida) de Nietzsche está marcada por la pérdida de la fe en Dios. A sus ojos, el Dios cristiano se había convertido en una fábula increíble. Nosotros mismos le hemos matado, pues ha dejado ser un principio de orden en el conocimiento (la ciencia no le necesita), en la sociedad (política secularizada) y en la moral (laica). Pero Nietzsche advierte sobre la enormidad de esta pérdida: Dios representaba la clave de bóveda, el principio trascendente que daba sentido a todo. Si Dios no existe, no sabemos de dónde venimos ni adónde vamos, estamos solos; y no hay nada sagrado, eterno, perfecto; nada hay que pueda ocupar su lugar (la ciencia, el dinero, la fama ..); porque todo es ya mundano, cambiante, imperfecto. Por eso, el ateísmo de Nietzsche no es cómodo, sino trágico.


Las razones de su ateísmo son dos: a) Moral: Dios era un peso aplastante, veía y juzgaba el corazón humano, marcaba los límites del bien y del mal y exigía renunciar a la vida. Su negación es la oportunidad del hombre para ser libre y crear sus propios valores. b) Ateísmo voluntarista: Dios es enemigo directo del hombre; si Él existe entonces no nos queda más que ser sus criaturas.

Las consecuencias de la muerte es ambigua: representa por un lado a) un ocaso, el oscurecimiento de todo, el sinsentido de la vida (sin fundamento ni fin); la duda y el vacío se hacen dueños de todo. Y por otro, b) un nuevo amanecer, una oportunidad para el hombre, liberado y aliviado del peso más pesado, un renacer de la vida auténtica.



2.2 nihilismo pasivo y nihilismo activo

¿Qué significa ser nihilista?. Más que una teoría, el nihilismo es una actitud que consiste en negar todo valor sagrado, toda verdad, principio o realidad absolutos y trascendentes. Para Nietzsche, es la reacción coherente ante un mundo en el que Dios ha muerto. Es una negación necesaria de las fábulas que Platón (mundo inteligible) y el cristianismo (paraíso celestial) inventaron para evadirse y vengarse de este mundo. Es la actitud más honesta frente a la cruda realidad y al sinsentido de la existencia; lo demás es puro resentimiento, debilidad o hipocresía.

Ahora bien, el nihilismo puede ser negativo o positivo. El nihilismo negativo (o reactivo) se queda en el simple rechazo, en la angustia y el absurdo de un mundo sin Dios. Es más radical aún que el escepticismo, pues toda moral o verdad aparecen como vanas, sin valor: "el mundo, tal como debería ser, no existe; y tal como es, no debería existir". Esta actitud es, para Nietzsche un momento necesario, pero que debe ser superado (o llevaría al suicidio), por un nihilismo positivo (o activo) que consista en decir no a Dios para decir sí a la vida; hay que mirar hacia adelante y construir nuevos valores, aceptando la vida como es, cambiante y caótica, para crear nuestra propia existencia con alegría y sin cortapisas morales, más allá del bien y del mal (sin fabricar otra fábula sobrenatural, sin renunciar o huir de este mundo). El nihilista positivo es aquél que rompe las cadenas de Dios y, además, ha aprendido a vivir sin él, superando la desesperación y el vacío.
3.- HACIA UNA NUEVA ONTOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA
El nihilismo, por tanto, es para Nietzsche la expresión de la decadencia y el ocaso de la tradición occidental, pero también una puerta a la esperanza, el preludio de un nuevo amanecer. Efectivamente, el nihilismo considerado positivamente supone un punto de inflexión hacia una nueva ontología y una nueva antropología. Voluntad de poder, eterno retorno y el superhombre (el mensaje de Zaratustra) representan la parte constructiva de la filosofía de Nietzsche.
3.1 la voluntad de poder

Cuando Nietzsche utiliza esta expresión no se refiere a una capacidad o una característica psicológica del hombre, sino a un impulso esencial oculto en todo lo que tiene vida. En las mismas funciones de alimentación y reproducción sexual, en los instintos vitales de cualquier animal, y en aspectos de la vida social humana como la política y la guerra se observa esta tendencia. Es la tendencia de todo lo vivo a crecer, a crear y procrear, a desarrollarse, a hacerse más fuerte e imponerse y someter a lo que le rodea; en resumen, el impulso de autosuperarse y acumular más poder.


Nietzsche rechaza la visión mecanicista de la naturaleza, como una máquina, un engranaje de piezas inertes que reciben su movimiento de fuera. Por el contrario, la naturaleza es vida, una vitalidad exuberante, una fuerza activa que hay dentro de cada ser. Esa fuerza interna le empuja no sólo a sobrevivir (el clásico instinto de supervivencia de Darwin), no sólo a mantenerse igual, sino a aumentar su poder.
De ahí que la vida natural sea una lucha constante de fuerzas, una guerra constante entre distintas especies y entre los miembros de una misma especie por alcanzar el mayor dominio posible. Es la imagen heracliteana del cosmos, donde la guerra es el señor de todas las cosas. En este mundo no existen leyes fijas ni una armonía preestablecida (¿por Dios?) sino un incesante devenir, una continua transformación del campo de fuerzas, un eterno crearse y autodestruirse todo, de manera salvaje y contradictoria.
También en el hombre, se quiera o no, existe ese principio básico. No se trata de si somos buenos o malos por naturaleza; simplemente, somos voluntad de poder, somos un instinto de superación y de predominio (incluso en el deseo de conocer, la ciencia, encuentra Nietzsche un deseo de poder, para dominar o domesticar lo conocido). De ahí que los preceptos morales cristianos (como aquél de "ama a tu prójimo como a ti mismo" o "bienaventurados los mansos de corazón") le parezcan a Nietzsche unos cuentos para niños, reglas artificiosas, antinaturales; es un intento de reprimir el instinto más vital que existe en nosotros. Nietzsche sueña con un futuro en que el hombre no tenga más limitación ni ley que su propia voluntad (creador de sus propios valores, más allá del bien y del mal).
3.2 el eterno retorno

¿Qué sentido puede encontrarle el hombre a la vida en este mundo incesante sin principio ni fin, sin un Dios ordenador? Para soportar la dureza de este mundo, los cristianos inventaron "otra vida mejor", celestial y eterna (muy platónica). Así, interpretaron el tiempo y el mundo de una forma lineal, con su origen (creación) y una meta (juicio final) y un Dios trascendente que lo dirigía (providencia). Nietzsche encuentra un nuevo sentido a la temporalidad (que no suponga una huida ni una renuncia a la vida), tomado de un antiguo mito oriental que pasó a los mitos griegos y germánicos: el eterno retorno. Todo lo que sucede en el mundo y en tu vida, ha sucedido ya y volverá a suceder infinitas veces siempre igual (imagen del círculo o el anillo). Se puede interpretar en dos sentidos:


- Sentido cosmológico: como un gran ciclo cósmico, una rueda sin principio ni fin. Puesto que el pasado ha sido infinito, todo lo que pudiera suceder en el mundo ha debido suceder ya, y lo mismo ocurrirá en el futuro. Además, como los acontecimientos están encadenados, todo se repetirá en el mismo orden necesariamente, también el dolor, los errores y las miserias de tu vida. Entonces ¿para qué esforzarse? Visión fatalista, destino trágico de Sísifo.
- Sentido ético: aceptando la idea del eterno retorno de lo mismo, podemos extraer una regla moral: hay que vivir de tal manera que lo que uno quiera hacer en esta vida pueda querer a la vez su eterno retorno; vive tu vida de tal forma que puedas querer volver a vivirla infinitas veces. Es una afirmación del presente, del instante: lo importante es vivir ahora. El cristiano siempre está renunciando, sacrificándose, esperando la "otra" vida. Para Nietzsche, el hombre debe liberarse de ese peso y amar la vida como es (amor fati), construirla con sus propios valores.
3.3 el superhombre:

El hombre, tal como es, debe ser superado. Las circunstancias reclaman un nuevo tipo de hombre; un hombre que sea capaz de superar tanto la falsa ilusión del Dios cristiano, como la desesperación y angustia de su muerte. Y es que la dignidad del hombre está en ser un tránsito, un puente hacia algo superior. Hay en Nietzsche un anhelo de trascendencia, pero no religiosa (¿otro paraíso de cuento?) sino profana y terrenal.



El hombre debe transcenderse a sí mismo. Para ello, el espíritu debe sufrir tres transformaciones: debe convertirse en camello, león y niño. A) El camello representa la resignación, el sentido del deber que se carga el peso más pesado: Dios y sus estrictas leyes morales. B) El león es la rebeldía del nihilista fiero que lucha contra Dios; es la negación que libera al hombre, pero no es suficiente sólo eso. C) Un niño se necesita ser en espíritu para alcanzar a ser superhombre. El niño representa la inocencia y alegría de vivir, sin prejuicios morales, es una promesa de futuro y un tomar la vida como un juego, cuyas reglas podemos crear libremente. Así ha de ser el hombre que está por venir. A imagen del superhombre coincide con la del héroe clásico, fuerte y refinado; un hombre excepcional creador de su vida.
Pero la llegada de este nuevo hombre la condiciona Nietzsche a la desaparición del último hombre: el hombre mediocre de la actualidad que ya no cree en Dios, pero tampoco lucha por superarse porque no cree en nada; es conformista, miserable en sus anhelos, sin ideales.





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