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NIETZSCHE Y EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
Emmánuel Lizcano
En Nietzsche, la reflexión sobre el conocimiento adopta dos actitudes: antagónicas y complementarias. La primera, de sospecha, se apresta al desenmascaramiento del conocimiento como un modo de engaño o de ilusión, incluso como una manera de olvido: el conocimiento es propiamente desconocimiento; el saber, ignorancia. La segunda actitud, de escucha, atiende a la génesis de esas ficciones que pasan por verdades, a la recuperación de su sentido profundo, apuntando así a una `transvaloración de todos los valores'. Ambas actitudes resultan así complementarias. Si la falsedad del conocimiento proviene del olvido o del enmascaramiento de su génesis, habrá de ser una genealogía (o una arqueología, en el sentido foucaultiano) o una hermenéutica la que desande el anterior camino y nos ponga en la pista del auténtico saber.

Ambas perspectivas se entrelazan ejemplarmente en los dos textos en los que Nietzsche enfoca prioritariamente el problema del conocimiento: La genealogía de la moral (GM) y Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (VM). En el primero, la crítica de todos los valores es el desencadenante de una investigación genealógica donde va asociando los valores, y sus alteraciones, a las formas de dominio y a los cambios sociales. `Malo' y `bueno' son valores que en su origen iban asociados, respectivamente, al hombre vulgar o bajo y al señor, al poderoso. Pero, con el ascenso de la casta sacerdotal y la imposición de su resentimiento sobre la casta caballeresca y aristocrática, tales valores son objeto de una inversión: en adelante se llamará bueno a lo que se tenía por malo (la enfermedad y la debilidad de los hombres del rebaño) y se tendrá por malvado al poderoso, al hombre lleno de vida. El cristianismo es el heredero de esta inversión de valores que ya llevara a cabo el pueblo judío: "la rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se vuelve creador y engendra valores" (GM:42).El predominio de unos valores u otros no es, por tanto, natural ni ahistórico sino que depende de factores sociales y políticos: los valores y su jerarquía expresan relaciones concretas de poder, son manifestación de la voluntad de poder.

Pero este arraigo del conocimiento en el ser social no se restringe al ámbito de los valores o del conocimiento moral -ámbito donde tal arraigo puede ser más evidente- sino que alcanza también a las formas de conocimiento aparentemente más autónomas, como es el caso del conocimiento filosófico, el lógico o el científico. Es más, la crítica de los valores desemboca lógicamente, para Nietzsche, en la crítica de cualquier forma de razón, pues "la confianza en la razón de la que depende la validez de estos juicios [los juicios de valor lógicos] es, en tanto que confianza, un fenómeno moral" (A:17).

La negación de la vida está, pues, en el origen del conocimiento ascético y en el de esos `sacerdotes enmascarados' que son los filósofos; sus verdades -`razón pura', `conocimiento en sí', `sujeto y objeto'- vienen afectadas por la misma inversión que está en su origen, son "errores, nada más que errores" (A:138). Es necesario, por tanto, invertir la inversión, proceder a una transvaloración de todos los valores , donde el conocimiento vuelva a reconocerse manando de la vida, como conocimiento que brota de la voluntad, del dolor, del tiempo. No hay conocimiento puro, todo conocimiento es siempre una fuerza activa e interpretativa, hijo del impulso vital concreto que lo desencadena.



Este salto de la sospecha a la escucha, de la crítica de los valores resentidos y del conocimiento castrado, propio de los sacerdotes enmascarados, a la atención al pulso vital que late bajo todo conocimiento se lleva a cabo plenamente en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, donde se exploran las raíces sociales, históricas, lingüísticas y simbólicas de toda forma de conocimiento. A diferencia de Marx, e incluso del Freud mas racionalista, para Nietzsche la ilusión es constitutiva de todo conocimiento humano, no sólo del conocimiento incorrecto o de la falsa conciencia. El entendimiento deforma la realidad en la misma medida en que la crea, y los instrumentos privilegiados de que se vale para ello son el lenguaje y el símbolo, esos geniales mediadores entre un objeto que pone el sujeto y un sujeto no menos construido por el objeto y por los genios de esa mediación imposible.

Salvo en estos dos textos, las referencias al conocimiento se dispersan a lo largo de la ya de por sí dispersa obra nietzscheana. Y con frecuencia las formulaciones son ambiguas, cuando no abiertamente contradictorias: "Así facilito la comprensión, así provoco la contradicción" (CI:49). La selección, organización y secuenciación de textos que aquí se propone lleva, pues, implícita una interpretación, de entre las varias posibles.



Tras la muerte de Dios, la verdad ha venido a ocupar su lugar como valor incuestionable: se ha hecho divina (A). La `voluntad de verdad' aspira a colmar el ansia de absoluto que ha perdido su antiguo objeto. Pero acaso sea en la no-verdad (en el error, en la ficción, en la interrogación...) donde anide la vida. Y la vida puede ser un valor superior a la verdad.

Pero si la verdad puede ser un lugar de muerte, en la medida en que se opone a la simulación, al error y al enmascaramiento, en los que se alojan las potencias vitales, no es menos cierto que también la verdad misma es pura ficción (B), racionalización de prejuicios que así se disimulan o proyección sobre el mundo externo de lo que el hombre -individual o genérico- lleva dentro.

El saber se muestra así echando sus raíces fuera de sí mismo, se funda, por tanto, en un no-saber que lo nutre. Por una parte, arraiga en los instintos (C), en el inconsciente, en el deseo, en pasiones mucho más poderosas que la pasión por el conocimiento. Por otra parte, arraiga en la creencia (D), en la fe: todo conocer presupone un creer, que es el que le orienta y le limita. La verdad no es sino la creencia dominante.

El sujeto del conocimiento (E) no es, pues, ni el individuo ni ese nadie que pretenden los distintos positivismos. Es un sujeto colectivo, sometido a los vaivenes de la historia: un `ello' que escapa a cualquier definición, pues ésta sólo podría darla un `yo' histórico concreto. Olvidar este proceso para atender sólo al producto, a ciertos cortes en el proceso histórico-social del conocimiento, es a lo que suele llamarse conocimiento, cuando sólo es desconocimiento: ilusiones que han olvidado que lo son y pueden así presentarse como verdades alcanzadas.

De entre las muchas ficciones con las que se construye la verdad, especial pujanza adquiere la ficción lingüística (F). Por un lado, el lenguaje -pero también cada lengua- es una trampa que nos impone una cierta interpretación del mundo de la que no se puede escapar. Nos gobierna la gramática, y acaso haya llegado el momento de sacudirse la fe en los gobiernos. Sin embargo, paradójica y simultáneamente, en el lenguaje, en esa ficción que es cada lengua, hay también oculta una inteligencia, una razón que sobrepasa con mucho la inteligencia individual.

Y es que una ficción no debe -por el mero hecho de serlo- valorarse negativamente: la ficción no se opone a la verdad, incluso la crea (G). Acaso la ciencia no sea sino una forma de arte, una actividad poética: creadora de realidad, cuando no se limita al absurdo empeño por representar o aclarar la realidad.

En esta capacidad del conocimiento para producir realidad se revela la voluntad de poder (H) oculta tras la voluntad de saber. Si la voluntad de verdad era voluntad de muerte (A) es porque bloquea la virtud, las virtualidades y potencias que se albergan en la no-verdad: en el error, en la ficción, en la máscara, en la pregunta... que son así lugares de poder, de posibilidad. Pero el conocimiento como voluntad de poder ofrece una doble faz. Por un lado, es capaz de crear un mundo en toda su pujanza; por otro, como en el caso de los científicos o de esos sacerdotes enmascarados que son los filósofos, es un modo de debilitarlo, de aplanarlo, de reducirlo a pura superficialidad.

Multiplicar las perspectivas (I) desde las que se mira el mundo, desde las que se hacen los mundos, es así el único modo de enriquecer la realidad, de despertar todas sus potencialidades: los realismos y objetivismos castran de la realidad su virtud, su poder ser: su voluntad de realidad es voluntad de muerte.

La unicidad de la verdad, la supuesta objetividad de ciertas formas de conocimiento no son, pues, sino productos de una eficaz actividad persuasiva (J). En particular, la retórica científica consigue el doble efecto de, por un lado, convencernos de que su interpretación es la única verdadera, y, por otro lado, persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, hacernos olvidar que tras el concepto más redondo se oculta siempre una metáfora, una producción poética. El conocimiento es, pues, y constitutivamente, una forma de olvido, de desconocimiento.




Textos por temas




A. Contra la voluntad de verdad
A.1. "La verdad misma fue puesta como ser, como Dios, como instancia suprema, a la verdad no le fue lícito en absoluto ser problema. ¿Se entiende este «fue lícito»? - Desde el instante en que la fe en Dios del ideal ascético es negada, hay también un nuevo problema: el del valor de la verdad" (GM:175)1
A.2. "Mas pudiera ser también algo más grave: un impulso antivital, destructor... La «voluntad de verdad» pudiera ser una larvada voluntad de muerte" (GS: § 344: "En qué medida somos nosotros todavía piadosos")
A.3. "La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra el mismo (...) La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida (...), y nosotros estamos inclinados por principio a afirmar que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones lógicas, si no midiese la realidad con la medida del mundo puramente inventado de lo incondicionado, idéntico-a-sí-mismo, si no falsease permanente el mundo mediante el número, - que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida." (MA: §4)
A.4. "A la ciencia, hasta ahora, le ha sido lícito levantarse únicamente sobre este fundamento de ignorancia, ahora ya firme y granítico, a la voluntad de saber sólo le ha sido lícito levantarse sobre el fundamento de una voluntad mucho más fuerte, ¡la voluntad de no-saber, de incertidumbre, de no-verdad! No como su antítesis, sino - ¡como su refinamiento! (...) Nos reímos del hecho de que la mejor ciencia sea precisamente la que más quiere retenernos dentro de este mundo simplificado, completamente artificial, debidamente fingido, debidamente falseado, porque ella ama, queriéndolo sin quererlo, el error, porque ella, la viviente, - ¡ama la vida!" (MA: §24)
A.5. "¿Por qué no, más bien, la no-verdad? ¿Y la incertidumbre? ¿Y aun la ignorancia" (MA: §1)
A.6. "¡Tened cuidado, vosotros los filósofos y amigos del conocimiento, y guardaos del martirio! ¡De sufrir «por la verdad»! (...) ¡En última instancia, bien sabéis que no debe importar nada el hecho de que seáis precisamente vosotros quienes tengáis razón, y asimismo sabéis que hasta ahora ningún filósofo ha tenido todavía razón, y que sin duda hay una veracidad más laudable en cada uno de los pequeños signos de interrogación que colocáis detrás de vuestras palabras favoritas y de vuestras doctrinas preferidas (y, en ocasiones, detrás de vosotros mismos), que en todos los solemnes gestos y argumentos invencibles presentados ante los acusadores y los tribunales!" (MA: §25)
A.7. "Ambición [la de la «voluntad de verdad»] que continúa prefiriendo siempre un puñado de «certeza» a toda una carreta de hermosas posibilidades; acaso existan incluso fanáticos puritanos de la conciencia que prefieran echarse a morir sobre una nada segura antes que sobre un algo incierto" (MA: §10)


B. La verdad como simulación, error, falsificación
B.1. "Todos ellos simulan haber descubierto y alcanzado sus opiniones propias mediante el autodesarrollo de una dialéctica fría, pura, divinamente despreocupada (...): siendo así que, en el fondo, es una tesis adoptada de antemano, una ocurrencia, una «inspiración», casi siempre un deseo íntimo vuelto abstracto y pasado por la criba de lo que ellos defienden con razones buscadas posteriormente: -(...) pícaros patrocinadores de sus prejuicios, a los que bautizan con el nombre de «verdades»" (MA: §5)
B.2. "Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo «aparente» es el único: el «mundo verdadero» no es más que un añadido mentiroso" CI:46)
B.3. "Tal es, en mi sentido, el fenomenalismo, el perspectivismo propiamente dicho: la naturaleza de la conciencia animal implica que el mundo del que podemos llegar a tener conciencia no es más que un mundo superficial, un mundo de signos, un mundo generalizado, vulgarizado - que todo lo que se hace consciente por eso mismo se vuelve plano, mermado, reducido, hasta la estupidez del estereotipo del rebaño; que toda toma de conciencia viene a ser una operación de generalización, de superficialización, de falsificación, y por tanto una operación básicamente corruptora. Para terminar, la conciencia, por su propio crecimiento, constituye un peligro, y quien viva entre los europeos más conscientes sabe que incluso que es una enfermedad" (GS:§354)
B.4. "¿De dónde sacamos nosotros nuestro saber, o, más exactamente, nuestra creencia de tener ese saber? Del ámbito de los famosos «hechos internos», ninguno de los cuales ha demostrado hasta ahora ser un hecho. (...) El hombre ha proyectado fuera de sí sus tres «hechos internos», aquello en lo que él más firmemente creía, la voluntad, el espíritu, el yo, - el concepto de ser lo extrajo del concepto de yo, puso las «cosa» como existentes guiándose por su propia imagen, por su concepto del yo como causa. ¿Cómo puede extrañar que luego volviese a encontrar siempre en las cosas tan sólo aquello que él había escondido dentro de ellas? E incluso el átomo de ustedes, señores mecanicistas y físicos, ¡cuánto error, cuánta psicología rudimentaria perduran todavía en su átomo!" (CI:64-65)
B.5. "Toda la regularidad de las órbitas de los astros y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde, coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos en las cosas" (VM:32)
C. Arraigo del saber en los instintos
C.1. "¿Cómo podría una cosa surgir de su antítesis? ¿Por ejemplo, la verdad del error? ¿O la voluntad de verdad, de la voluntad de engaño? ¿O la acción desinteresada, del egoísmo? ¿O la pura y solar contemplación del sabio, de la concupiscencia? Semejante génesis es imposible; quien con ello sueña, un necio, incluso algo peor; las cosas de valor sumo es preciso que tengan un origen distinto, propio, - ¡no son derivables de este mundo pasajero, seductor, engañador, mezquino, de esta confusión de delirio y deseo! Antes bien, en el seno del ser, en lo no pasajero, en el Dios oculto, en la «cosa en sí» - ¡ahí es donde tiene que estar su fundamento, y en ninguna otra parte! - Este modo de pensar constituye el prejuicio típico por el cual resultan reconocibles los metafísicos de todos los tiempos; esta especie de valoraciones se encuentra en el transfondo de todos los procedimientos lógicos; partiendo de este «creer» suyo se esfuerzan por obtener su «saber», algo que al final es bautizado solemnemente con el nombre de «la verdad». La creencia básica de los metafísicos es la creencia en la antítesis de los valores. (...) Sería incluso posible que lo que constituye el valor de aquellas cosas buenas y veneradas consistiese precisamente en el hecho de hallarse emparentadas, vinculadas, entreveradas de manera insidiosa con estas cosas malas, aparentemente antitéticas, y quizá en ser idénticas a ellas" (MA: §2)
C.2. "Para aclarar de qué modo han tenido lugar propiamente las afirmaciones más metafísicas de un filósofo es bueno (e inteligente) comenzar siempre preguntándose: ¿a qué moral quiere esto (quiere él -) llegar? Yo no creo, por tanto, que un «instinto de conocimiento» sea el padre de la filosofía, sino que, aquí como en otras partes, un instinto diferente se ha servido del conocimiento (¡y del desconocimiento!) nada más como de un instrumento. (...) Pues todo instinto ambiciona dominar: y en cuanto tal intenta filosofar" (MA: §6)
C.3. "Una fisio-psicología auténtica se ve obligada a luchar con resistencias inconscientes que habitan en el corazón del investigador" (MA:45)
C.4. "La cabeza científica está asentada sobre un cuerpo de mono. (...) Allí donde se hable «mal» -y no sólo «perversamente»- del hombre, el amante del conocimiento debe escuchar sutil y diligentemente" (MA:51)

D. Arraigo del saber en la creencia
D.1. "No existe, juzgando con rigor, una ciencia «libre de supuestos», el pensamiento de tal ciencia es impensable, es paralógico: siempre tiene que haber allí una filosofía, una «fe», para que de ésta extraiga la ciencia una dirección, un sentido, un límite, un método, un derecho a existir" (GM:174; véase también GS: §344)
D.2. "Ha llegado por fin la hora de sustituir la pregunta kantiana «¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?» por una pregunta distinta «por qué es necesaria la creencia en tales juicios?» - es decir, la hora de comprender que, para la finalidad de conservar seres de nuestra especie, hay que creer que tales juicios son verdaderos. (MA: §11)
D.3. "Aquellos obreros filosóficos modelados según el noble patrón de Kant y de Hegel tienen que establecer y que reducir a fórmulas cualquier hecho efectivo de valoraciones - es decir, de anteriores posiciones de valor, creaciones de valor que llegaron a ser dominantes y que durante algún tiempo fueron llamadas «verdades»" (MA: §24)
E. El sujeto colectivo e histórico del conocimiento
E.1. "¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal" (VM:125)
E.2. "¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia de los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], - cuando hacen de ella una momia" CI:45)
E.3. "Está abierto el camino que lleva a nuevas reformulaciones y refinamientos de la hipótesis alma: y conceptos tales como «alma mortal» y «alma como pluralidad del sujeto» y «alma como estructura social (Gesellschaftsbau) de los instintos y afectos» desean tener, de ahora en adelante, derecho de ciudadanía en la ciencia" (MA: §12 )
E.4. "En lo que respecta a la superstición de los lógicos: no me cansaré de subrayar una y otra vez un hecho pequeño y exiguo, que esos supersticiosos confiesan a disgusto, - a saber, que un pensamiento viene cuando «él» quiere, y no cuando «yo» quiero; de modo que es un falseamiento decir: el sujeto «yo» es una condición del predicado «pienso». Ello piensa: pero que ese «ello» sea precisamente aquel antiguo y famoso «yo», eso es, hablando de modo suave, nada más que un hipótesis (...) En definitiva, decir «ello piensa» es ya decir demasiado: ya ese «ello» contiene una interpretación del proceso" (MA: §16)
E.5. "Vuestro orgullo quiere prescribir e incorporar a la naturaleza, incluso a la naturaleza, vuestra moral, vuestro ideal, vosotros exigía que ella sea naturaleza «según la Estoa» y quisierais hacer que toda existencia existiese tan sólo a imagen vuestra (...) y cierta soberbia abismal acaba infundiéndoos incluso la insensata esperanza de que, porque vosotros sepáis tiranizaros a vosotros mismos -estoicismo es tiranía de sí mismo-, también la naturaleza se deja tiranizar" (MA: §9)
F. La verdad como ficción lingüística
F.1. "Justo allí donde existe un parentesco lingüístico resulta imposible en absoluto evitar que, en virtud de la común filosofía de la gramática - quiero decir, en virtud del dominio y la dirección inconscientes ejercidos por funciones gramaticales idénticas -, todo se halle predispuesto de antemano para un desarrollo y sucesión homogéneos de los sistemas filosóficos: lo mismo que parece estar cerrado el camino para ciertas posibilidades distintas de interpretación del mundo. Los filósofos del área lingüística uralo-altaica (en la cual el concepto de sujeto es el peor desarrollado mirarán con gran probabilidad «el mundo» de manera distinta que los indogermanos o musulmanes, y los encontraremos en sendas distintas a las de éstos: el hechizo de determinadas funciones gramaticales es, en definitiva, el hechizo de juicios de valor fisiológicos y de condiciones raciales" (MA: §20)
F.2. "Debemos servirnos precisamente de la «causa», del «efecto» nada más que como de conceptos puros, es decir, ficciones convencionales, con fines de designación, de entendimiento, pero no de aclaración. (...) Nosotros somos los únicos que hemos inventado las causas, la sucesión, la reciprocidad, la relatividad, la coacción, el número, la ley, la libertad, el motivo, la finalidad; y siempre que a este mundo de signos lo introducimos ficticiamente y lo entremezclamos, como si fuera un «en sí», en las cosas, continuamos actuando de igual manera que hemos actuado siempre, a saber, de manera mitológica" (MA: §21)
F.3. "¿Por que el mundo que nos concierne en algo - no iba a ser una ficción? Y a quien pregunte: «¿es que de la ficción no forma parte un autor?», - no sería lícito responderle francamente: por qué? ¿Acaso ese «forma parte» no forma parte de la ficción? ¿Es que no está permitido ser ya un poco irónico contra el sujeto, así como contra el predicado y el complemento? ¿No le sería lícito al filósofo elevarse por encima de la credulidad de la gramática? Todo nuestro respeto por los gobernantes: ¿mas no sería tiempo de que la filosofía abjurase de la fe en los gobernantes?" (MA: §34)
F.4. "Por su génesis, el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones. (...) La «razón» en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a dembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática" (CI:49)
F.5. "Pero que «certeza inmediata», así como «conocimiento absoluto» y «cosa en sí» encierran una contradictio in adjecto [contradicción en el adjetivo], eso lo repetiré yo cien veces: ¡deberíamos liberarnos por fin de la seducción de las palabras!" (MA: §16)
F.6. "La inteligencia de la lengua, por ejemplo, es mucho mayor que la inteligencia de nuestra consciencia en general. Niego que esos movimientos estén provocados por nuestra voluntad; ellos se despliegan y permanecen desconocidos para nosotros - y tampoco sabríamos atrapar su proceso más que en símbolos (del sentido del tacto, del oído, de la visión de los colores) y en fragmentos y momentos aislados - su esencia tanto como el despliegue continuo nos siguen siendo extraños. acaso la imaginación oponga al despliegue y a la esencia reales una fabulación que estamos habituados a tomar por esencia" (Fragmentos póstumos:GS:11[12])
G. Y la ficción como creación de verdad
G.1. "Todo lo que es profundo ama la máscara; las cosas más profundas de todas sienten incluso odio por la imagen y el símbolo" (MA: §40)
G.2. "... sobre todo si parece -y, en efecto, parece- que la vida no está hecha sino para la apariencia, es decir, para el error, la impostura, el disimulo, la ofuscación y la auto-ofuscación (...) Quienes hoy buscamos el conocimiento, nosotros sin Dios y antimetafísicos, todavía tomamos nuestro fuego del incendio que encendió una creencia milenaria, esa creencia cristiana que era también la Platón, la creencia en que Dios es la verdad, que la verdad es divina... Pero ¿y si esa creencia se desacredita cada vez más; si ya nada resulta divino salvo el error, la ceguera y la mentira - si Dios mismo se revela como nuestra más inveterada mentira?" (GS: § 344: "En qué medida somos nosotros todavía piadosos")
G.3. "¡Y qué cosas se encontraron en aquella época (...) en la que aún no se sabía mantener separados el «encontrar» y el «inventar»!" (MA: §11)
G.4. "N.B.! ¡Amar la ciencia sin preocuparse de su utilidad! ¡Pero acaso ella sea un medio para hacer del hombre un artista en un sentido inaudito! Hasta entonces ella debía servir.- Una serie de bellos experimentos constituye uno de los más altos deleites teatrales!" (Fragmentos póstumos:GS:11[23])
G.5. "La `percepción correcta' - es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto - me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar abusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje absolutamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar" (VM:30)
H. El conocimiento como voluntad de poder (y creación del mundo)
H.1. "¿«Voluntad de verdad» llamáis vosotros, sapientísimos, a lo que os impulsa y os pone ardorosos? Voluntad de volver pensable todo lo que existe, ¡así llamo yo a vuestra voluntad! (...) ¡Ésa es toda vuestra voluntad, sapientísimos, una voluntad de poder!" (Z:169)
H.2. "Tan pronto como una filosofía comienza a creer en sí misma, ella crea siempre el mundo a su imagen, no puede actuar de otro modo; la filosofía es ese instinto tiránico mismo, la más espiritual voluntad de poder, de «crear el mundo», de ser causa prima [causa primera]" (MA: §9)
H.3. "Los auténticos filósofos son hombres que dan órdenes y legislan (...) Su «conocer» es crear, su crear es legislar, su voluntad de verdad es - voluntad de poder" (MA: §211)
H.4. "el hombre tomando la naturaleza a su servicio y sometiéndola; el hombre científico trabaja por instinto de esta voluntad de poder y se siente justificado. Progreso en el saber en tanto que progreso en el poder (pero no en tanto que individuo). Más bien esta usura esclavista del sabio envilece al individuo" (Fragmentos póstumos: GS:11[346])
H.5. "Y después de que la ciencia se ha liberado, con el más feliz éxito, de la teología, de la cual fue «sierva» durante mucho tiempo, aspira ahora con completa altanería e insensatez a dictar leyes a la filosofía y a representar ella por su parte el papel de «señor»" (MA: §204)
H.6. "La filosofía reducida a «teoría del conocimiento», y que ya no es de hecho mas que una tímida epojística y doctrina de la abstinencia: una filosofía que no llega mas que hasta el umbral y que se prohíbe escrupulosamente el derecho a entrar " (MA: §204)
H.7. "¿Qué es el hombre científico? Por lo pronto, una especie no aristocrática de hombre (...): tiene laboriosidad, paciencia para ocupar su sitio en la fila, regularidad y mesura en sus capacidades y necesidades (...): aquel jesuitismo de la mediocridad que trabaja instintivamente para aniquilar al hombre no usual" (MA: §206)
H.8. "Y no digamos de aquel hocus-pocus [fórmula mágica] de forma matemática con el que Spinoza puso como una coraza de bronce a su filosofía y la enmascaró -en definitiva «el amor a su sabiduría», interpretando esta palabra en su sentido correcto y justo- a fin de intimidar así de antemano el valor del atacante que osase lanzar una mirada sobre esa invencible virgen y Palas Atenea" (MA: §5)
H.9. "En Prometeo se le muestra a Grecia un ejemplo de cómo el favorecimiento demasiado grande del conocimiento humano produce efectos nocivos tanto para el favorecedor como para el favorecido" (Escritos preparatorios: NT:242)
I. Un saber perspectivista, relativista
I.1. "Existe únicamente un ver perspectivista, únicamente un «conocer» perspectivista; y cuanto mayor sea el número de afectos a los que permitamos decir su palabra sobre una cosa, cuanto mayor sea el número de ojos, de ojos distintos que sepamos emplear para ver una misma cosa, tanto más completo será nuestro «concepto» de ella, tanto más completa será nuestra «objetividad». Pero eliminar en absoluto la voluntad, dejar en suspenso la totalidad de los afectos, suponiendo que pudiéramos hacerlo: ¿cómo?, ¿es que no significaría eso castrar el intelecto?" (GM:139)
I.2. "¿Son esos filósofos venideros, nuevos amigos de la «verdad»? Es bastante probable: pues todos los filósofos han amado hasta ahora sus verdades. Mas con toda seguridad no serán dogmáticos. A su orgullo, también a su gusto, tiene que repugnarles el que su verdad deba seguir siendo una verdad para cualquiera: cosa que ha constituido hasta ahora el oculto deseo de y el sentido recóndito de todas las aspiraciones dogmáticas. «Mi juicio es mi juicio: no es fácil que también otro tenga derecho a él» - dice tal vez ese filósofo del futuro. Hay que apartar de nosotros el mal gusto de querer coincidir con muchos" (MA: §43)
I.3. "En los pensadores más fuertes, más llenos de vida, todavía sedientos de vida, las cosas parecen ocurrir, sin embargo, de otro modo: al tomar partido contra la apariencia y pronunciar ya con soberbia la palabra «perspectivista», al conceder a la credibilidad de su propio cuerpo tan poco aprecio como a la credibilidad de la apariencia visible, (...) ¿quién sabe si en el fondo no quieren reconquistar algo que en otro tiempo fue poseído con mayor seguridad aún, algo perteneciente al viejo patrimonio de la fe de otro tiempo, acaso el «alma inmortal», acaso el «viejo dios», en suma, ideas sobre las cuales se podía vivir mejor, es decir, de un modo más vigoroso y jovial que sobre las «ideas modernas» (...) En esto se debe dar razón, a mi parecer, a esos actuales escépticos anti-realistas y microscopistas del conocimiento: su instinto, que los lleva a alejarse de la realidad moderna, no está refutado" (MA: §10)


J. El conocimiento como interpretación (o la construcción retórica de la verdad)
J.1. "Aquél a quien envuelve el hálito de esa frialdad, se resiste a creer que también el concepto, óseo y octogonal como un dado y, como tal, versátil, no sea más que el residuo de una metáfora, y que la ilusión de la extrapolación artística de un impulso nervioso en imágenes es, si no la madre, sí sin embargo la abuela de cualquier concepto" (VM:27)
J.2. "Acaso sean cinco o seis las cabezas en las cuales va abriéndose paso ahora la idea de que también la física no es más que una interpretación y un arreglo del mundo (¡según nosotros!, dicho sea con permiso), y no una aclaración del mundo: pero en la medida en que la física se apoya sobre la fe en los sentidos se la considera como algo más, y durante largo tiempo todavía tendrá que ser considerada como algo más, a saber, como aclaración. Tiene a su favor los ojos y los dedos, tiene a su favor la apariencia visible y la palpable: esto ejerce un influjo fascinante, persuasivo, convincente sobre una época cuyo gusto básico es plebeyo, - semejante época se guía instintivamente, en efecto, por el canon de verdad del sensualismo eternamente popular. ¿Qué es claro, qué está «aclarado»? Sólo aquello que se deja ver y tocar, - hasta ese punto hay que llevar cualquier problema. A la inversa: justo en su oposición a la evidencia de los sentidos residía el encanto del modo platónico de pensar, que era un modo aristocrático de pensar (...). En esta victoria sobre el mundo y en esta interpretación del mundo a la manera de Platón había una especie de goce distinto del que nos ofrecen los físicos de hoy (...) con su principio de la «fuerza mínima» y de la estupidez máxima" (MA: §14)
J.3. "Perdóneseme el que yo, como viejo filólogo que no puede dejar su malicia, señale con el dedo las malas artes de interpretación: pero es que esa «regularidad de la naturaleza» de que vosotros los físicos habláis con tanto orgullo, como si - - no existe más que gracias a vuestra interpretación y a vuestra mala «filología», - ¡ella no es una realidad de hecho, no es un «texto», antes bien es tan sólo un arreglo y una distorsión ingenuamente humanitarios del sentido, con los que complacéis bastante a los instintos democráticos del alma moderna! «En todas partes, igualdad ante la ley, - la naturaleza no se encuentra en este punto en condiciones distintas ni mejores que nosotros» (...) Pero, como hemos dicho, esto es interpretación, no texto; y podría venir alguien que con una intención y un arte interpretativo antitéticos supiese sacar de la lectura de esa misma naturaleza, y en relación a los mismos fenómenos, cabalmente el triunfo tiránico, despiadado e inexorable de pretensiones de poder, (...) alguien que afirmase acerca de este mundo, en fin de cuentas, lo mismo que vosotros afirmáis, a saber, que tiene un curso «necesario» y «calculable», pero no porque en él dominen leyes, sino porque faltan absolutamente las leyes, y todo poder saca en cada instante su última consecuencia. Suponiendo que también esto sea nada más que interpretación -¿y no os apresuraréis vosotros a hacer esa objeción?- bien, tanto mejor" (MA: §22)

Obras de Nietzsche citadas
A: Aurore, "Oeuvres philosophiques completes", t. IV, Gallimard, París, 1980.

CI: Crepúsculo de los ídolos, Alianza, Madrid, 1973 ("La `razón' en la filosofía" y "Cómo el `mundo verdadero' acabó convirtiéndose en una fábula").

GS: Le Gai Savoir, "Oeuvres philosophiques completes", t. V, Gallimard, París, 1982.

GM: La genealogía de la moral, Alianza, Madrid, 1972.

MA: Más allá del bien y del mal, Alianza, Madrid, 1972 (secciones 1ª y 6º).

NT: El nacimiento de la tragedia, Alianza, Madrid, 1973 ("Ensayo de autocrítica" y "La visión dionisíaca del mundo": epígrafe 4).

VM: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Tecnos, Madrid, 1990 (Esta edición incluye "La voluntad de ilusión en Nietzsche" de H. Vaihinger, un breve pero excelente estudio sobre la teoría nietzscheana del conocimiento).

Z: Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid, 1972 ("Del conocimiento inmaculado").
Bibliografía complementaria
Clark, M. Nietzsche on Truth and Philosophy, Cambridge University Press, Cambridge, 1990.

Deleuze, G. Nietzsche y la filosofía, Anagrama, Barcelona, 1975.

Foucault, M. "Nietzsche, la genealogía, la historia" y "Verdad y poder", ambos en Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1978.

Habermas, J. La crítica nihilista del conocimiento en Nietzsche, Cuadernos Teorema, Universidad de Valencia, Valencia, 1977.

Morey, M. Friedrich Nietzsche, una biografía, Archipiélago, Barcelona, 1993.
(Artículo publicado en Líneas de fuga. Gaceta nietzscheana de creación, num. 7, 1996)

1  Las cursivas de todos los textos son de Nietzsche. Las abreviaturas remiten a las ediciones citadas al final. Y, en éstas, los paréntesis recogen los capítulos o epígrafes en los que se trata más precisamente la cuestión del conocimiento.

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