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La crítica dariana

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NICASIO URBINA

Tulane University

University of Cincinnati

El presente volumen de ensayos reúne diecisiete artículos sobre la obra de Rubén Darío escritos en los últimos años, es por tanto un análisis contemporáneo de una obra que ya ha cumplido un siglo. Algunos de los temas que se abordan en estos ensayos ya habían sido tratados por los estudiosos con anterioridad, pero las nuevas teorías críticas, las perspectivas que adoptamos hoy en día, y el estado actual del hispanismo, arrojan nuevas luces y nuevas interpretaciones sobre los temas tratados. El corpus de textos críticos sobre Darío es tan extenso que es difícil abordar temas totalmente nuevos. Es por eso que parecerá que algunos de estos artículos son reconsideraciones de viejos temas, sin embargo el acercamiento y la mirada son diferentes. Algunos ensayos abordan asuntos totalmente novedosos en la crítica dariana, incurriendo en caminos que antes no se conocían o no se trataban en la crítica literaria. Esperamos por tanto contribuir al progreso de los estudios darianos, mostrar los nuevos rumbos de la crítica, y demostrar que la obra de Darío sigue siendo ejemplar y seminal en el desarrollo de la literatura latinoamericana.

El principal objetivo de este volumen es poner a la disposición de los estudiosos en lengua española, un acervo crítico que ha sido producido mayormente en inglés, dentro de la academia norteamericana, y exclusivamente fuera de las fronteras de América Latina. Las tradiciones críticas de donde provienen sin duda determinan la forma en que se aborda los temas, muy diferentes del tratamiento crítico que se le ha dado a la obra de Darío en América Latina. Esto, que podría ser una desventaja, es también el fundamento de la originalidad y la fortaleza de esta colección de ensayos, ya que la mirada crítica de estos estudiosos goza de una distancia que le permite a menudo ver elementos que desde la cercanía de América Latina se nos pierden y se nos confunden. Siempre he creído que la crítica literaria no puede ser objetiva, ya que perdería todo su carácter humanista; sin embargo, la distancia y la falta de compromisos nacionalistas permiten hacer un análisis que sobrepasa la intencionalidad que permea muchos de lo escrito sobre Darío.

La obra crítica sobre Darío es inmensa y muy diversa. Desde el artículo de Ricardo Contreras "Crítica literaria: 'La ley escrita', oda por Rubén Darío", publicado en El Diario Nicaragüense en 1984, pasando por el "Prólogo" de Eduardo De la Barra a la primera edición de Azul..., y las dos cartas de Juan Valera de sobra conocidas; hasta nuestros días, se ha publicado varios miles de páginas, que desde perspectivas diferentes, a través de diversos métodos, y con intenciones disímiles, hacen de la obra de Darío una de las más comentadas del mundo literario hispano-hablante. Su vida y sus avatares personales han sido también objeto de estudio, disputa y ficcionalización. La trifulca entre los parientes y amigos por su cerebro y sus vísceras son el signo más revelador e irónico de este destino fatal. Nada se había de salvar ante la avaricia y la voracidad de sus parientes y sus lectores. El fetichismo y los intereses nacionalistas han utilizado y manipulado la figura de Darío hasta lo indecible. Por eso es difícil a veces establecer linderos en la crítica dariana. A menudo, la lectura atenta de su obra y el pensamiento profundo sobre su significación, se ven opacados por la idolatría superficial y el nacionalismo literario. Sin embargo no voy a juzgar a mis colegas, ya que como dijo Jorge Luis Borges en su "Mensaje en honor de Rubén Darío", "Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia"(13). Aún la crítica literaria ha cambiado gracias a la obra de Darío, ya que las continuas visitas a lo largo del siglo XX son muestra de los diferentes estados, preocupaciones y metodologías por los que han pasado la crítica literaria.




A lo largo del siglo XX se ha hecho varios intentos de organizar y valorar la obra crítica sobre Darío. El primer intento importante lo hace Henry Grattan Doyle, cuando en 1935 publica bajo el sello de Harvard University Press, A Bibliography of Rubén Darío (1967-1916) , ya desde ese entonces la cantidad de material existente era apabullante, aunque buena parte de él fuera anecdótico e impresionista. El corpus crítico sobre la obra de Darío es tan vasto que la única forma de profundizar ha sido por medio de disecciones muy discretas de su obra, limitándose a un libro, a un período, o a las reacciones en un país determinado. Es así como ha surgido una variedad de artículos y libros que tratan la infancia, la adolescencia, o la estadía de Darío en un país particular. Sin embargo, el trabajo de ensayo bibliográfico más importante se lo debemos a Keith Ellis en su libro Critical Approaches to Rubén Darío, publicado en 1974 por University of Toronto Press. Esta es una monografía comprehensiva y muy bien planificada. Su tratamiento de la gran mayoría de los escritos sobre Darío publicados hasta la fecha es balanceado y objetivo, con profundo conocimiento de la obra del autor y detenidas lecturas de los textos críticos. No voy a repetir aquí las ideas y comentarios que ya presentó Ellis, por tanto, me detendré más en los textos publicados a partir de 1975. Sin embargo, haré referencias y comentarios a los artículos y libros fundamentales de la bibliografía dariana, especialmente cuando tenga algo que agregar al excelente trabajo de Ellis, o cuando disienta de su valoración. Con anterioridad a Ellis algunos dariístas ya habían recopilado y organizado una buena cantidad del material crítico existente. Es imprescindible citar la contribución de José Jirón Terán, el bibliógrafo más dedicado de Darío, y que aún hoy día sigue consagrado a su loable labor. Bibliografía general de Rubén Darío (julio 1883-enero 1967) es un volumen de referencia obligatoria para todo estudio de la bibliografía dariana. Ese mismo año del centenario aparecieron cuatro bibliografías más: Hensley C. Woodbridge publicó en Hispania su "Rubén Darío: A Critical Bibliography" en dos entregas que aparecieron en los números 50.4 y 51.1 respectivamente. Siete años más tarde reunió sus pesquisas en un volumen titulado Rubén Darío. A Selected Classified and Annotated Bibliography, publicado por The Scarecrow Press, Inc., 1975. Frank P. Hebblethwaite a su vez recopiló su información de los textos críticos de Darío en 1967, bajo el título "Una bibliografía de Rubén Darío (1945-1966)" y la publicó en la Revista Interamericana de Bibliografía. Segmentando el campo de estudio y haciendo una labor bastante exhaustiva, Francisco Mota publicó su "Ensayo de bibliografía cubana de y sobre Rubén Darío", que vio la luz en el Boletín del Instituto de Literatura y Lingüística en 1967. También es importante mencionar la obra de Carlos Lozano, Rubén Darío y el Modernismo en España. Ensayo de bibliografía comentada, publicado en Nueva York por Las Americas Publishing Company en 1968. Para terminar, quiero mencionar el trabajo de metacrítica que llevó a cabo Margarita Rojas González, en su libro El último baluarte del imperio, publicado en San José, por la Editorial Costa Rica en 1995, estudiando el discurso y el contradiscurso que se da en España durante el período de vida del Modernismo. Rojas González demuestra lúcidamente las luchas de poder que se establecieron en España y en América Latina, en el momento de emergencia de un movimiento literario que de muchas maneras atentaba contra la dominación hegemónica de la tradición española.


El gran poeta e investigador nicaragüense radicado en México, Ernesto Mejía Sánchez llevó a cabo una labor importantísima de recopilación, anotación y estudio de los cuentos de Darío, aprovechando los resultados de las investigaciones de Raimundo Lida, corrigiendo errores y cotejando fuentes. Le debemos también a Mejía Sánchez la recopilación de numerosos artículos valiosos y difíciles de consultar en el volumen Estudios sobre Rubén Darío, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica y Comunidad Latinoamericana de Escritores en 1968. En los últimos años se ha avanzado considerablemente en la investigación sobre la obra de Darío, descubriendo nuevos textos, re-editando libros y profundizando en el conocimiento del proceso de creación, recopilación, e impresión de los libros de Darío. Iván A. Schulman publicó recientemente su hallazgo de un capítulo desconocido de la novela de Darío, El oro de Mallorca. Esta novela que se pensaba inconclusa, parece haber sido terminada por Darío, pero La Nación no continuó la publicación de las entregas hasta el final, y las dos terceras finales parecen haberse perdido. Schulman encontró el capítulo en la biblioteca de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, y la publicó en su libro El proyecto inconcluso. La vigencia del Modernismo (Mexico: Siglo XXI, 2002). Por su lado Jorge Eduardo Arellano desarrolló una investigación exhaustiva del material de Azul... en su libro Azul... de Rubén Darío: Nuevas perspectivas, ganador del Concurso de la OEA en 1989, Arellano recoge material bibliográfico, reacciones del público lector, opiniones críticas y repercusiones del famoso libro de Darío. El capítulo VII del libro es ejemplar por su análisis de la "La canción del oro" que para el crítico nicaragüense es central y de vital importancia en el proyecto cultural dariano. Otro critico importante, José María Martínez, se ha destacado como uno de los mejores dariístas con sus ediciones bajo el sello editorial Cátedra, de los libros fundamentales de Darío: Azul... y Cantos de vida y esperanza (1995, número 403 de la colección) y Cuentos completos (1997, número 430). Martínez ha hecho una investigación muy minuciosa de las ediciones de estos libros durante la vida de Darío, prestando particular atención a los cambios que el poeta introdujo en Azul... en sus sucesivas ediciones. También ha estudiado con detenimiento la colaboración entre Juan Ramón Jiménez y Rubén Darío, quizás el mejor amigo y colaborador que Darío tuvo en España, tema que también estudia Antonio Sánchez Romeralo. Martínez ha dedicado mucho tiempo al estudio del público de Darío y el Modernismo, inscribiendo su reflexión dentro de la teoría de la recepción, logrando esclarecer enormemente aspectos fundamentales del Modernismo. Su Rubén Darío. Addenda, publicado en el 2000, reúne trece artículos de variadas temáticas y enfoque representativa de la calidad crítica de Martínez y de la variedad de sus investigaciones darianas.

Ricardo Llopesa ha hecho un trabajo excelente de recopilación y estudio e la obra dariana. La publicación de sus Poesías inéditas bajo el sello editorial Visor representa un trabajo de recopilación importantísimo en una de las colecciones más prestigiosas del mundo hispánico. Más adelante, con la publicación de Teatros, Llopesa contribuyó a comprender un momento importante en el desarrollo de Darío en Chile. Llopesa, Jirón Terán y el polígrafo nicaragüense Jorge Eduardo Arellano, representan un trío poderoso en la investigación de los textos darianos. José Jirón Terán recopiló y publicó los Prólogos de Darío, permitiéndonos acceso a un material que esta disperso y prácticamente imposible de conseguir. La publicación de Poesías desconocidas completas editadas por José Jirón Terán, Jorge Eduardo Arellano y Ricardo Llopesa en 1994, son también una veta rica y novedosa para cualquier estudioso de la obra dariana. Finalmente la publicación de Jorge Eduardo Arellano y José Jirón Terán de la Cartas desconocidas de Rubén Darío (1882-1916), completa un panorama íntimo del escritor nicaragüense, de sus luchas y sus necesidades.


Noel Rivas Bravo desde la Universidad de Sevilla ha llevado a cabo un trabajo estupendo de edición, anotación y análisis en su edición crítica de Tierras solares, y de España contemporánea. Igualmente importante es el trabajo de Günther Schmigalle, quien ha exhumado muchas crónicas desconocidas de Darío de próxima publicación, y es reconocido por su edición de los varios volúmenes de La caravana pasa. Estos dos dariístas se unen por tanto a sus predecesores reconocidos como Alberto Ghiraldo, Erwin K. Mapes, Roberto Ibañez y Pedro Luis Barcia. La crónica, como demuestra Julio Ramos en su Desencuentros de la modernidad, es un género central en el desarrollo y modernización de la literatura latinoamericana, es un género que surge del espíritu citadino íntimamente ligado a la modernización. La crónica es producto de la profesionalización del escritor, síntoma de la relación con un público lector ávido de noticias de otros países, de otras ciudades; a través de un medio masivo y comercial como es el periódico, escrito al vuelo y con prisa, en condiciones precarias a veces y bajo un plazo marcado por la partida del vapor a Buenos Aires. Es por esto que el trabajo de archivo que los estudiosos arriba mencionados están haciendo es tan importante y tan oportuno. Tanto Martí como Darío son casos ejemplares y paradigmáticos de la modernización y profesionalización de la escritura, y la crónica es el mejor espacio para su estudio.

Regresando a las postrimerías del siglo XIX, el primer artículo importante de la inmensa bibliografía crítica dariana es el clásico ensayo de José Enrique Rodó, "Rubén Darío: Su personalidad literaria. Su última obra" (1899) donde Rodó pronuncia en un gesto doble que Darío no es el poeta de América, pero que es un poeta de gran habilidad y genio literario. La primera parte de esta afirmación tiene que ver con la concepción de nación que dominaba el pensamiento finisecular decimonónico en América Latina, con las cualidades y características que pensadores como Rodó están buscando en la construcción de una identidad latinoamericana, propia, auténtica y autóctona. Esto es evidente en su parangón con Walt Whitman, a quien considera un poeta de Norteamérica, y es claramente entendible cuando lo leemos en la perspectiva de la labor intelectual en la que Rodó estaba inmerso en esa época, tal y como se hará evidente al año siguiente con la publicación de Ariel. "Indudablemente, Rubén Darío no es el poeta de América" afirma Rodó, pero deshace a continuación su silogismo al afirmar que "nuestra América actual es, para el Arte, un suelo bien poco generoso... [y que] los poetas que quieran expresar en forma universalmente inteligible para las almas superiores, modos de pensar y sentir enteramente cultos y humanos, deben renunciar a un verdadero sello de americanismo original"( Obras completas, 169). Esta ambivalencia refleja muy bien la problemática a la que se enfrentaban al mismo tiempo Darío y Rodó, aunque los mecanismos que empleaban para enfrentarse a este problema fueran diametralmente distintos. ¿De qué forma desarrollar un arte y un pensamiento netamente latinoamericano, sin apropiarse a la vez de la producción cultural europea? Ya que, como dirá Rodó en Ariel, es precisamente esa herencia greco-latina, ese trasfondo humanista, el desarrollo de la naturaleza entera, el que nos hace "superiores" a los anglo-yankees (212-217 in passim). Este cuestionado americanismo de Darío ha sido refutado convincentemente por críticos como Carlos Martín y Ángel Rama, quienes, con la perspectiva temporal que los favorecía, pudieron ver la complejidad de elementos presenten a principios del siglo XX en Hispanoamérica, y supieron leer a Darío tanto desde la modernidad avasalladora que se avecinaba, como desde los proyectos de nación que continuaban su proceso de consolidación.

Rodó señala en su artículo muchos de los elementos claves que luego se retomarán una y otra vez en la crítica dariana, y se equivoca varias veces en sus juicios y sus predicciones: acusa a Darío por ejemplo de desinterés por los que le rodea, por el entorno político (171) algo que es desmentido por la actividad periodística del poeta y por sus composiciones líricas reunidas más tarde en Cantos de vida y esperanza, pero que también se refuta ante el entendimiento que el culto a la belleza de Prosas profanas es una forma de posicionarse políticamente frente a la tradición hispanoamericana decimonónica, es una apropiación de la mitología greco-romana, piedra fundacional de toda la cultura europea, y por tanto un acto político, cuyas consecuencias e influencia en la formación de la naciones hispanoamericanas, Rodó ni siquiera sospechaba. Rodó afirma también que Darío nunca será un poeta popular, un poeta aclamado en medio de la vida (173), sin embargo ningún poeta hasta Darío había gozado de la popularidad y la admiración general como el poeta de Azul...Su influencia no sólo se dejó sentir entre los grupos de escritores y poetas de América Latina, sino sobre amplios sectores de las clases medias emergentes del continente. Rodó reconoce la importancia de los aciertos estéticos de Darío y acepta el valor que el individualismo puede tener en el desarrollo de un arte propio y una identidad diferenciable en América Latina, y lleva a cabo un análisis estilístico de Prosas profanas que aún hoy en día se sostiene a pesar del voluminoso trabajo que se ha hecho en ese campo. Rodó descubre el talento y la originalidad poética de Darío, privilegia la calidad de su versificación y lo sitúa en la cumbre de la tradición lírica hispanoamericana (189-190), pero también critica la poesía ocasional de Darío, su poesía de Álbum, superficial y formulaica (180). Es interesante notar que Rodó termina su brillante ensayo quejándose no de la poética de Darío, que de hecho admira y valora, sino de la imitación burda y servil de los poetas mediocres que al apropiarse de su estilo y abusar de su poética desvirtúan el verdadero espíritu del Modernismo, su "espíritu madurador" (191), que corrompe su esencial búsqueda de un estilo y una forma puesta al servicio de una idea, y hacen de la estilización estética, cuya finalidad y función es la conquista y descubrimiento de una identidad, un pastiche burlesco y exagerado. Todos sabemos hoy en día que ese abuso de la estética dariana fue uno de los elementos que más contribuyó al cansancio modernista, a la extinción inevitable de su estética, a su agotamiento. En el fondo este parece ser el destino de todos los movimientos estéticos radicales, cambiar la forma de practicar, ver, y entender el mundo, para luego agotarse en su propia mirada, consumirse en su invención.


El artículo de Rodó es seminal para toda la crítica dariana y aún hoy en día tiene enorme validez, de forma que es imposible hablar de Darío sin volver a estas páginas de 1899. María Salgado, una de las más distinguidas dariístas en la academia norteamericana, sitúa en Rodó el origen de la negación a Darío de ser un poeta hispanoamericano, y en Valera la negación de ser un poeta español ("'Mi esposa es de mi tierra'" 53). Ahí, es esos dos espacios, en esos dos textos, empieza un debate que continúa aún hoy sobre la significación de la obra de Darío, sobre su pertenencia y su pertinencia, sobre sus implicaciones para la conciencia hispanoamericana y la formación de las naciones, sus conceptos de comunidad y de nación, y la importancia que las apropiaciones perpetradas por Darío han finalmente tenido en el devenir de las naciones hispanoamericanas.


Por la misma época del artículo de Rodó empieza a aparecer artículos críticos en torno a la obra de Darío. Luis Berisso publica su "Rubén Darío" en la revista bonaerense El Pensamiento de América, reproducido luego en la Revista Moderna. Justo Sierra escribe el Prólogo para Peregrinaciones en 1901, donde afirma: "Nuestro poeta ha sido, en el mundo de habla española, el más conspicuo representante de esta gran tentativa de hacer hablar a la poesía un verso nuevo, y no puede decirse que no lo haya realizado"(139-140). En 1906 Elisio de Carvalho lo llamaba ya "el príncipe de los poetas de la lengua castellana" (146), y en su nota necrológica para El Fígaro de La Habana, Pedro Henríquez Ureña afirmaba, "Al morir Rubén Darío, pierde la lengua castellana su mayor poeta de hoy, en valer absoluto y en significación histórica. Ninguno desde la época de Góngora y Quevedo, ejerció influencia comparable, en poder renovador, a la de Darío... En el orden de la versificación, Rubén Darío es único; es el poeta que dominó mayor variedad de metros" (159).


Casi diez años más tarde aparece otro libro fundamental bajo la pluma del investigador Erwin K. Mapes, L'influence française dan l'oeuvre de Rubén Darío (1925) traducido al español por Fidel Coloma González, y publicado en Managua por la Imprenta Nacional en 1967, año del centenario de Rubén Darío. A pesar de que mucho se había comentado sobre la influencia de los poetas franceses sobre la poesía de Darío, no se había efectuado un estudio minucioso y autorizado sobre el tema. Mapes establece las bases sólidas para esta vena de la crítica dariana, señalando con acierto las influencias métricas y las innovaciones que Darío introdujo en lengua española. Continuando con el tema de la influencia francesa quiero señalar un pequeño artículo de Dieter Janik, publicado en francés en la revista Arcadia en 1986. "'Momotombo', ou la dimension mythique de Victor Hugo dans la poésie hipano-americaine au XIXe". Janik plantea certeramente la situación paradigmática de Darío alrededor de 1907, pesimista en cuanto a la dirección histórica de los pueblos americanos ante la garra opresora del imperialismo norteamericano, y el solaz que encuentra en el pasado indígena americano, cuya fuerza y poder está representado en el Momotombo. La fascinación de Darío por todo lo francés y lo parisino, su admiración por Victor Hugo, por Verlaine, por los poetas simbolistas y parnasianos, marcaron de forma definitiva su obra, y la influencia de su obra sobre las tradiciones hispanoamericanas. Si hoy en día parte de la esencia hispanoamericana es la familiaridad y conversacionalidad que tenemos con la cultura francesa, si nuestra posicionalización en el mundo depende en gran manera de la forma en que nuestros escritores se han apoderado de la escena parisina, para hacerla parte de su espacio y su ficcionalización, tal y como ocurre en Rayuela, es en gran medida gracias a Darío y al grupo de escritores y poetas que hicieron de ese espacio y esa cultura, parte de su equipaje, de su material, de su vivencia.


Como dice Keith Ellis, lo que hizo Erwin K. Mapes con la poesía francesa, lo hizo Arturo Torres-Ríoseco en su Casticismo y americanismo (1931), publicado por Harvard University Press. Torres-Ríoseco demostró la influencia recibida y asimilada por Darío de las tradiciones poéticas peninsulares, a la vez que explica la forma en que Darío cambió la forma en que los poetas españoles hacían poesía y se veían a sí mismo frente a Europa. El estudio de Torres Ríoseco es determinante en la percepción que de Darío se tendría en las décadas siguientes. De varias formas definió la recepción de la obra de Darío, no tanto en el público en general como en los escritores y artistas de su tiempo. Desde la Argentina surge el otro estudio seminal de la obra de Darío. Me refiero a Arturo Marasso con su libro, Rubén Darío y su creación poética (1934), reeditado y aumentado en 1941 y 1954. Marasso es quizás el mayor exégeta de Darío. Su libro es un esfuerzo descomunal por rastrear las fuentes y las influencias que Darío recibió y luego logró verter con la maestría y el talento de su genio. La crítica de Marasso es crítica de fuentes, no intenta establecer importantes hipótesis o teorías generalizadoras. El suyo es un trabajo de espeleólogo, buscando tras cada poema las resonancias, los intertextos, las influencias. La profundidad y alcance de sus investigaciones sigue siendo de gran utilidad hoy en día para los intelectuales darianos. Aunque este tipo de crítica ha pasado a un segundo plano en nuestra época, dando paso a una crítica más reflexiva, especulativa y filosófica, no es posible realizar una especulación crítica sólida, sin entender plenamente el diálogo que se establece en el texto, las alusiones y las referencias implícitas. Esta es la gran contribución de Arturo Marasso a la crítica dariana, una contribución enorme, que los críticos desmemoriados de hoy no podrían realizar.




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