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José Luis Ortiz Santillán



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José Luis Ortiz Santillán

jlosmex@hotmail.com


Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) opina que después de que en 2008 cayeron los precios de las materias primas y que durante 2009 reiniciaron su carrera alcista iniciada en 1999, la cual se mantendrá en 2010, siendo los metales y los productos de la energía los más beneficiados, en México la discusión gira en torno a quién tiene la responsabilidad de los aumentos en los precios, cuando es evidente que responde a las decisiones adoptadas por el gobierno federal al aprobar la propuesta del paquete económico para 2010, enviada por el Ejecutivo al Congreso.

El impacto de las decisiones de política económica constituye una responsabilidad compartida de los partidos que aprobaron las medidas adoptadas, cuyas consecuencias deberán reflejarse en las urnas si es que los electores tienen conciencia y saben del poder de su voto.

Los datos del FMI dejan ver que los países en vías de desarrollo han avanzado en su proceso de industrialización y a consumir más materias primas, pero lo importante ahora para México sería poder producirlas y venderlas al exterior en la actual coyuntura, haber generado los estímulos fiscales y monetarios suficientes para las inversiones y la generación de empleos en esas industrias, reduciendo impuestos y bajando las tasas de interés, pero no lo contrario.

Los datos señalan que en 1993 los países en desarrollo consumían el 43% del petróleo bruto y en 2008 el 43%; mientras que en esos mismos años el consumo de aluminio pasó de 32.4% a 35.2%; pero contrariamente su consumo de trigo pasó de 77% al 71%. Es decir, el consumo de las materias primas se ha multiplicado y quienes las producen tienen poder en el mercado.

Pero cuando México debía contar con más petróleo para impulsar su desarrollo e invertir en una nueva estrategia energética que enfrente su agotamiento, su producción ha pasado de 3,255.6 millones de barriles en 2006 a 3,082 millones de barriles en 2007 y en 2008 la producción promedió 2,792 miles de barriles, en tanto que en septiembre de 2009 llegó sólo a 2,599 millones de barriles, 20.2% menos que en 2006.

Pero el gobierno de México ha hecho poco para enfrentar la recesión en una crisis de la que no es responsable y sigue apostando todo a la reactivación de la economía de Estados Unidos de América (EUA), cuya recuperación implica solucionar tres problemas claves.

El primero de ellos es la creación de empleo, pues pese a que en noviembre el desempleo pasó de 10.2% a 10% y el sector privado destruyó 84 mil empleos en diciembre, 42% menos que en noviembre, no está escrito aún el epilogo de esta crisis y los datos que dará a conocer el Departamento del Trabajo permitirán conocer la profundidad del impacto de la crisis en 2009 en ese país, saber si hay una recuperación o es un espejismo coyuntural, en medio de una crisis que ha destruido más de 7 millones de empleos formales.

El segundo problema está relacionado con el consumo, que representa el 70% del producto interno bruto (PIB) de EUA, cuyo crecimiento al tercer trimestre fue revisado de 3.5% originalmente a 2.2%, pero donde pese a los esfuerzos para reactivarlo por parte del gobierno, facilitando el acceso al crédito y otorgando bonos en 2009, parece difícil recuperar los 5 billones de dólares de la riqueza de ese país destruida en 2008, pues los consumidores no solamente carecen de fuentes de ingresos, sino que en ellos ha aumentado la aversión al riesgo y prefieren ahorrar en tiempos de crisis.

El tercero y último de los problemas a resolver está relacionado con el crédito, que pese al ruido que ha desatado la devolución de los créditos al Tesoro estadunidense por ciertos bancos, la restructuración del sector bancario continúa, luego de la desaparición y fusión de muchos de ellos, por lo que los bancos mantienen reticencias para otorgar créditos y están más preocupados por la recuperación de sus carteras vencidas que en invertir.

Solucionar esos problemas es su responsabilidad. Por eso, más que continuar el enfrentamiento entre los partidos y la clase política mexicana –pese a sus errores al aprobar el incremento de impuestos en medio de la recesión y la crisis económica internacional–, más que insistir en la misma retórica sobre la necesidad de una reforma fiscal que no ha llevado a nada hasta hoy –salvo a la perdida de tiempo y el uso de inmensos espacios en los medios–, el gobierno federal, los partidos y la sociedad civil deberían trabajar para definir una estrategia de desarrollo para México, las grandes líneas que partidos y presidentes deberán respetar en los próximos 20 años para construir un país más prospero y justo, capaz de unir sus esfuerzos con Brasil para liderar el subcontinente y dejar de verlo con temor; los errores actuales no son más que la consecuencia de seguir conduciendo al país sin rumbo y estrategia, sin una dirección clara de lo que queremos ser y hacer de México.

Un buen ejemplo para hacer esto lo ha brindado Herman Van Rompuy, el primer presidente permanente de la Unión Europea, quien ha convocado a una cumbre de jefes de Estado para analizar los problemas de la crisis económica internacional y para “preservar el modo de vida europeo”. Ya antes Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, había creado a mediados de 2009 una gran comisión, encabezada por Michel Rocard, antiguo primer ministro socialista, para analizar las prioridades de la economía francesa. ¿No seremos capaces de hacer esto en las fronteras de nuestra República?

Así que antes de seguir hablando de una reforma fiscal, sería mejor tener las agallas y la voluntad política para crear una gran comisión de los mejores economistas del país, los grandes pensadores de estos temas, para que redacten una propuesta que sirva de base a las discusiones, para posteriormente en los congresos locales, en el Congreso de la Unión, en los foros de consulta ciudadana, definir qué queremos hacer de nuestro país.

Realidades insoslayables
Fausto Fernández Ponte

ffponte@gmail.com www.faustofernandezponte.com


“La guerra por la independencia no ha terminado; la Revolución
Mexicana fue parte épica de ese anhelo independentista malogrado”.
John Womack, Jr.
I
El aserto del celebrado historiador estadunidense Womack, autor del libro Zapata –prohibido en México por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, quien censuró también La cultura de la pobreza, de Óscar Lewis– antójase verismo insoslayable.

Y tráese a cuento dicho verismo por los sucedidos siguientes:

Uno, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) informó que 39 millones 700 mil mexicanos de la otrora clase media han transitado (no por voluntad propia) al umbral de la pobreza, estando a punto de sumarse así a 50 millones de pobres.

Otro, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), grupo de interés y de presión política del gran empresariado, informó que las causas del alzamiento indígena zapatista de 1994 “continúan vigentes”. Sin resolver, pues. Uno más, el gobierno contempla diseñar y aplicar un programa de erradicación de la pobreza en México en el contexto de las celebraciones del bicentenario del Grito de Dolores y el centenario de la convocatoria maderista a derrocar a Porfirio Díaz. Y otro más, el gobierno informó que más del 50 por ciento de los alimentos básicos (maíz, chile incluso, etcétera) de los mexicanos es importado de Estados Unidos.


II
Señálese que esas informaciones enuncian con nitidez su propia naturaleza: son efectos que, en su turno, adquieren también el atributo de causas de otros fenómenos. Un mayor número de mexicanos en el umbral de la pobreza tiene secuelas obvias.

Y la pobreza es más lacerante, por severísima, en los pueblos indios de México –dueños históricos del territorio que habitan desde hace 30 siglos, pero en los hechos forasteros en su propio lar– y en el mestizaje rural y lumpenproletario.

Esa miseria prevaleciente en los pueblos indios es consecuencia de despojos, saqueos, rapiña y explotación desde 1519 a la fecha, primero por los españoles y, luego, por los novohispanos y, ahora, por los descendientes –criollos– de éstos.

Ante ello, ¿cómo pretende el poder político panista del Estado (es decir, el gobierno) erradicar la pobreza en el marco del bicentenario y el centenario? Lo que en el fondo realmente pretende es engañarnos. La pobreza deviene del modelo económico.

Modificar dicho modelo implicaría, por añadidura, afectar los intereses de la élite oligárquica –descendiente de los conquistadores– y sus operadores políticos que se benefician del statu quo actual.
III
Un modelo económico de honda vocación social sólo puede ser establecido desde abajo –por los pueblos de México y no por el poder político del Estado o por las élites oligárquicas que han instalado a éste e influyen en él.

Esto nos lleva al cuarto sucedido enunciado: la importación de alimentos básicos, lo cual se traduce, primero, en dependencia alimentaria y, segundo, en inseguridad alimentaria. Éste es, visto así, un colosal problema de seguridad nacional.

A ello incorpóranse otros sucedidos: alzas en esos alimentos, en combustibles, en impuestos, en inflación, devaluación del peso (en menos de tres años la devaluación ha sido casi del 50 por ciento) en un contexto dramático de desempleo creciente.

Esas informaciones nos describen, aun sin análisis metodológico de causas y efectos y elaboración de escenarios prospectivos y sin concatenaciones dialécticas, realidades terriblemente ominosas, a saber:

Por un lado, que a 200 años de haberse iniciado la guerra por la independencia de México (que a la sazón se llamaba Nueva España, oprimidos sus habitantes por la Corona hispana en poder de los Borbón), los mexicanos continuamos oprimidos. Y, por otro lado, que a cien años de haberse convocado un levantamiento armado por las mismas razones del Grito un siglo antes, la opresión sobre los mexicanos no sólo continúa imparable y creciente, sino que se ha agudizado monstruosamente.

Otra década perdida


Humberto Hernández Haddad

humberto.hernandez.haddad@gmail.com


1. Al finalizar el 2009, los mexicanos podemos hacer un balance sobre lo alcanzado durante la primera década del siglo XXI. Lo que en México comenzó con grandes expectativas en el 2000, puede ser calificado diez años después como el intento de una transición democrática sin resultados, que no ha logrado las reformas necesarias para transformar al país.

2. Esas omisiones explican el estancamiento económico en que hemos caído. Según datos de la Secretaría de Hacienda y del Foro Económico Mundial, la economía global creció en promedio 3.5% durante 2008 y 2009, mientras que México sólo alcanzó un crecimiento de 1.9%, lo que significa que nos estamos quedando rezagados en la arena económica internacional.

3. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), reportó que en toda la región disminuyó el número de pobres entre 2006 y 2008, excepto en México donde las condiciones de pobreza e indigencia mostraron un empeoramiento con un incremento de 3.1 puntos porcentuales entre 2006 y 2008.

4. Por su parte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) también conocida como Club de París, pronosticó que como resultado del choque económico sufrido por México cerraremos el 2009 con una contracción económica de 8 puntos del producto interno bruto.

5. ¿Cuánto tiempo tomará recuperar esos 8 puntos del PIB que se perdieron este año? Por lo menos cuatro años, asumiendo que México logre a partir de 2010 tasas de expansión económica sostenida mínimas de 5% anual.

6. La mayoría de los centros de investigación económica ven a México con la capacidad de alcanzar hasta el 2012 una recuperación de los niveles económicos previos a la crisis. La OCDE nos pronostica un crecimiento de 2.7% para el 2010 y de 4% para el 2011.

7. Mientras tanto las reservas internacionales del Banco de México alcanzaron el 24 de diciembre un monto histórico: 90 mil 931 millones de dólares. Esas reservas generan confianza y sirven para alejar ataques especulativos, al mismo tiempo que el país garantiza el pago de sus obligaciones de corto plazo y disminuye el costo de sus primas de riesgo.

8. Dos opiniones sobre expectativas económicas para el 2010 merecen leerse con calma. Una es la de Joseph Stiglitz, previniendo que puede haber una nueva contracción económica en la segunda mitad del 2010, cuando haya pasado el efecto de los estímulos fiscales inyectados por el gobierno.

9. La otra es de Martin Feldstein, pronosticando que el año 2010 será económicamente débil por la falta de poder adquisitivo en los consumidores en medio de una recesión que todavía no ha terminado. ¿Cuándo sabremos que la recesión terminó? Creo que la señal se verá cuando comience el repunte en el empleo. Ese será el indicador más confiable para suponer que se ha iniciado la recuperación.

10. Son varias las décadas que han terminado por ser calificadas como “décadas perdidas”, pero a ésta que fue la primera del siglo XXI la guió el espíritu de la transición a la democracia y eso obliga a evaluar qué tanta democracia nutre hoy nuestra vida nacional y por qué tenemos estos resultados económicos a la vista. Es obvio que el país está maduro para entrar a un intenso proceso de reformas institucionales que libere todo su potencial y por ello este es un buen momento de desear que el 2010 sea fecundo en logros y realizaciones para México.

Nuevo pensamiento en la política


Marcos Antonio Heredia Pérez

marcosph4@hotmail.com


Mérida, Yucatán.— Andrés Manuel López Obrador propuso el 22 de noviembre del pasado 2009 un nuevo pensamiento en la política mexicana. Lanzó un reto del que, al parecer, pocos se hicieron eco pues compromete a toda la estructura de poder que se basa precisamente en la subcultura, por llamarle de alguna manera, de la simulación y de la que se ha dado en llamar “política a la mexicana”, ésa en la que campea la demagogia y penosas prácticas de clientelismo, que incluye acarreos y entregas de regalos, llámense despensas o cualquier otra cosa, incluso dinero en las proporciones propias de quienes lo reciben, el cual no va más allá, en la escala más baja, del costo de las precarias necesidades de unos días de supervivencia.

Cambiar el pensamiento –inmenso reto– presupone primero cambiar el sistema económico y político pues aquél no es ni más ni menos que parte de la superestructura de éste. Sin embargo, convengamos en que el asunto puede ser posible si quien dirige al Estado es capaz de hallar consensos que hagan factible el paulatino inicio de un cambio en la orientación del pensamiento y del sistema de valores.

La caballada está flaca, dijo aquél, y otro remató que no, sólo estaba tuberculosa. Es algo más que esa cuestión. No vemos que ningún priísta o panista de los que pueden aspirar a la Presidencia de la República, tenga interés en un cambio del pensamiento, que desde luego incluye el sistema de valores, pero ¿para qué, si esa forma de pensar los identifica y une? Entre el PRI y el PAN no existen diferencias sustanciales de ninguna clase. Y no hablamos del aspecto religioso que es algo totalmente respetable.

¿Y el PRD qué? Despertó mucho entusiasmo entre la gente democrática y pensante, pero no logró hasta la fecha ser el partido que muchos esperaban para impulsar los cambios que los sectores menos favorecidos necesitan para su incorporación real a los beneficios básicos que todo país debe ofrecer a sus habitantes.

La gente ha visto las penosas exhibiciones enmarcadas en las luchas por el poder cual si fuera un botín y las liviandades sin pudor que apuntan hacia la repetición ad nauseam de más de lo mismo como en cualquier Corte de cualquier siglo desde Roma hasta la fecha. Pero eso puede explicarse precisamente porque los protagonistas no han podido escapar al cerco de un pensamiento, y vale decir de valores que giran alrededor del dinero como fórmula para el “éxito” en la vida.

Conclusión: Si tenemos un cargo público pues hay que aprovecharlo y comprar propiedades o hacer negocios, con el resultado de que el pueblo, las masas rurales de la despensa de campaña, tendrán que seguir dando su voto por esas migas. Nada de grandes proyectos agropecuarios y/o industriales para darle autosuficiencia al país. Eso ni se piensa.

Recordamos que el actual presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, cuando estaba en Banobras o en algún puesto antes de llegar, “haiga sido como haiga sido”, al máximo cargo de la República, dijo que a él (a Calderón) todavía le faltaba hacer su patrimonio. Ahí está el detalle, como decía el mimo. Ése es pues el pensamiento a erradicar.

En contraste, alguna vez le preguntaron al ingeniero Heberto Castillo si no pensaba en su patrimonio... en qué le iba a dejar a sus hijos, y el inolvidable luchador social respondió que a sus hijos les había dado educación y que tal era el más grande patrimonio que estaba obligado a dejarles. Las palabras no son textuales pero esa fue la esencia de la respuesta de Heberto.

La coincidencia es plena con la propuesta de Andrés Manuel López Obrador en relación a una nueva corriente de pensamiento porque a su juicio la transformación que necesita el país no sólo debe tener como propósito alcanzar el crecimiento económico, la democracia, el desarrollo y el bienestar, sino que implica además, sobre todo, “cristalizar una nueva corriente de pensamiento sustentada en la cultura de nuestro pueblo, en su vocación de trabajo y en su inmensa bondad; añadiendo valores como el de la tolerancia, la solidaridad, el respeto a la diversidad y la protección del medio ambiente.

“Hay que alentar un pensamiento –dijo AMLO– que ayude a impedir el predominio del dinero, del engaño, de la corrupción y del afán de lucro, sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo”.

Es necesario cambiar la forma de hacer política, dijo López Obrador, pues ese noble oficio se ha pervertido por completo y es sinónimo de engaño, arreglos cupulares y corrupción, y por eso postuló darle un nuevo sentido al quehacer político y ejercer esa actividad como imperativo ético y con austeridad republicana.

Por eso, por lo anterior, es necesario, imprescindible, un cambio en el pensamiento político, pero esto tiene que ser impulsado por las fuerzas democráticas, tal vez como las que hoy encabeza precisamente Andrés Manuel López Obrador.

No es el caso cambiar para que todo siga igual. Cambiar, sí, pero para transformar. Votar por los mismos es perpetuar la penosa situación de más de 50 millones de mexicanos.

Entre el PRI y el PAN


Lamberto García Zapata

lamberto39@yahoo.com.mx


Enrique Galván Ochoa, columnista de La Jornada, realizó una encuesta para conocer la opinión de los ciudadanos, respecto a si el país y los mexicanos están mejor bajo los gobiernos del PAN o lo estaban bajo los gobiernos del PRI. El resultado fue que la gente, bajo los gobiernos del PAN, se siente peor que antes. Lo anterior es lógico e inevitable. En el país hay actualmente más injusticia, pobreza, desempleo, violencia, inseguridad, deterioro educativo y de los sistemas de seguridad social, enajenación y deterioro humano, que bajo los gobiernos del PRI.

Entre más de derecha sea un gobierno, como es el caso del PAN en relación al PRI, más confrontado estará con la sociedad y más daños le provocará. Por ello, no ha sido casualidad sino algo inevitable, que desde que llegó el PAN al gobierno de la República, el pueblo haya sido objeto de mayores agravios y se crearán mayores desastres nacionales, que los existentes antes de estos gobiernos. Todo lo anterior, pese a que los gobiernos del PRI, aparentemente eran más autoritarios que los del PAN.

Hasta antes de 1982, el PRI expresaba los intereses del capital industrial, mientras que el PAN ha expresado siempre los intereses del capital financiero. Aunque ambos sectores de la burguesía son nocivos para los intereses del pueblo, se diferencian en que el capital industrial logra su enriquecimiento mediante la producción y aunque explota el trabajo, crea empleos y riquezas. De igual forma, sustenta su proyecto industrializador en el mercado interno, lo que induce a proporcionarle capacidad de consumo a la sociedad y a mejorar sus niveles de vida.

El capital financiero, por su parte, logra su enriquecimiento especulando, sin crear riquezas ni empleos; y al igual que explota a los trabajadores, los margina mediante el desempleo, deteriorando más su calidad de vida.

En 1982, el PRI objetivamente desapareció, pues dejó de ser el partido de la Revolución Mexicana en su connotación burguesa e hizo suyo el proyecto neoliberal, que el PAN encarnaba desde que nació en 1939. Bien decía Diego Fernández de Cevallos a mediados de los 80, que el PRI le había robado su ideología al PAN.

De acuerdo a los intereses que encarnan y de su ideología, el PRI actual y el PAN son lo mismo: su líder real es Carlos Salinas de Gortari, ambos expresan los intereses del capital financiero internacional y aplican el mismo modelo económico neoliberal. Aunque en sus estrategias políticas tengan matices de diferencias, en lo esencial también son lo mismo. Ambos se roban elecciones, manipulan a los medios de comunicación, etcétera. Pero el PRI sabía gobernar, el PAN no, su primer gobierno resultó un desastre y el segundo ya nos lleva al abismo.

El PRI, antes de hacerse neoliberal, aunque con demagogia, le llevaba beneficios al pueblo y buscaba su apoyo. Cuando lo anterior no le resultaba, recurría a la compra de líderes; y cuando esto también fallaba, recurría a la represión violenta contra las masas y sus líderes. El PAN no ha recurrido todavía a represiones tan brutales como las de Tlatelolco o el 10 de junio. Pero protege crímenes como los de Oaxaca o Atenco, lo que aunado a su ideología profascista, deja ver que en el momento que se enfrente a un movimiento de masas que realmente afecte al gran capital o al Estado, lo reprimirá con igual o mayor saña y violencia que el PRI.

El PAN admite mayores críticas al presidente de la República que en los tiempos del PRI, pero a cambio de ello, los presidentes panistas le hacen menos caso a la sociedad que los del PRI.

El PRI de la Revolución, aceptaba, al menos, la existencia de lo social, hoy el corporativismo priísta continúa con el PAN, que se apoya en los líderes más nocivos de los trabajadores, como Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, pero niega lo social y promueve el individualismo más acendrado. Lo anterior explica, que al amparo de este partido, el tejido social se haya roto y vivamos en una sociedad de todos contra todos y de sálvese quien pueda. Lo anterior no es ajeno a la ola creciente de violencia social que lacera al país, de la cual es responsable, total y directamente, el gobierno del PAN.

Durante 40 años de los gobiernos de la Revolución Mexicana, hubo en el país crecimiento económico sostenido del 6% en promedio anual y México llegó a catalogarse como una potencia media. Al amparo de los gobiernos neoliberales, dicho crecimiento ha sido menor al 2% en promedio anual y más bajos todavía, en su versión panista. Los gobiernos del PRI, industrializaron al país y lo electrificaron, crearon el Seguro Social y el ISSSTE, fortalecieron a la UNAM y nuestro sistema educativo, dignificaron nuestra política exterior, dieron la tierra a millones de campesinos cuyos niveles de vida mejoraron, construyeron una gran empresa petrolera, ampliaron sustancialmente la cultura popular, durante varias décadas mantuvieron la paz social y la gobernabilidad. Al amparo de los gobiernos neoliberales, acentuadamente, bajo los del PAN, todos esos logros se han visto disminuidos o plenamente destruidos. Es idea generalizada que programas asistencialistas como Oportunidades y otros del PAN, se implementan con fines electorales.

Nuestra realidad está más deteriorada que nunca, desde la Revolución Mexicana hasta nuestros días: el país desindustrializado, el campo devastado, se quiere entregar nuestro petróleo al extranjero, el IMSS y el ISSSTE en su peor crisis , nuestra política internacional hecha trizas, la ingobernabilidad en sus niveles más altos de nuestra historia moderna y la paz social a punto de romperse.

Galván Ochoa se extraña de que en su encuesta, algunos se hayan atrevido a añorar al PRI. Pero ante lo aberrante de los gobiernos del PAN, es inevitable concebir a los gobiernos del PRI, de antes de 1982, como algo menos nefasto que los gobiernos actuales del PAN, sin que lo anterior implique que se anhele el retorno del PRI. Ello no será posible: quizás en 2012 sus siglas ganen las elecciones. Pero de ser así, lo que arribará al poder no será la Revolución Mexicana, como fue el caso hasta 1982, sino una versión del neoliberalismo con matices diferentes a los del PAN, pero ni con mucho, un gobierno sensato, popular o menos injusto y nocivo que el actual.

A los mexicanos sólo nos queda para salvarnos, la construcción de una fuerza de izquierda, con capacidad estratégica y honestidad suficientes, para atraer a ella a las masas, y que realmente, con hechos y acciones organizativas concretas, confronte al Estado y a sus políticas.

Clericalismo y homofobia en el Anáhuac




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