Mujeres maltratadas



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La violencia de género es un tipo de violencia que se ejerce únicamente sobre las mujeres, por el simple hecho de ser mujer sin diferencia de edad, desde la infancia a la vejez. Es un problema grave que hace que cada día se pongan en peligro la vida de muchas mujeres en todo el mundo.

El concepto de género desde Stoler es introducido por el feminismo a mediados del siglo XX para explicar las diferencias que existen entre mujeres y hombres. Su análisis ha permitido señalar como la construcción de la identidad femenina y la identidad masculina no son realidades naturales o biológicas, sino meras construcciones culturales. Por consiguiente, a través del género se muestra la construcción de las diferencias sociales que se dan entre las mujeres y hombres y como se relacionan de acuerdo con una dinámica estructural.

La ONU, en los trabajos preparatorios de la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres celebrada en Pekín en septiembre de 1995, adoptó oficialmente la definición de género como una herramienta de análisis de la realidad de todas las mujeres. El género, se dice, es “ la forma en que todas las sociedades del mundo determinan las funciones, actitudes, valores y relaciones que conciernen al hombre y a la mujer. Mientras el sexo hace referencia a los aspectos biológicos que se derivan de las diferencias sexuales, el género es una definición de las mujeres y de los hombres, construido socialmente y con claras repercusiones políticas. El sexo de una persona es determinado por la naturaleza, pero su género lo elabora la sociedad, podemos decir usando las palabras de la Dra. Victoria Sau, que...” el género es la construcción psicosocial del sexo.” Dicho lo anterior, no hay ninguna razón objetiva que explique que la diferencia biológica o sexual deba convertirse en desigualdad.

La Unión Europea a su vez, se apoya en el concepto de género para explicar la situación de las mujeres y hombres en la sociedad, y recomienda la utilización de dicho concepto como herramienta a utilizar en la elaboración de políticas sociales.

Sin duda, a lo largo del recién terminado siglo XX, el logro de las mejoras de las mujeres es un importante avance, pero insuficiente para poder hablar de igualdades reales en derechos y en aspectos sociales.

La violencia de género es una clara expresión de la desigualdad que existe en la sociedad entre los hombres y las mujeres. Por eso, al analizar este problema es importante considerar las raíces socio-culturales de esta situación. Tradicionalmente, la violencia ha sido parte del rol masculino. Los hombres aprenden a competir, a luchar, a ganar puestos, a imponerse por encima de los demás; mientras que a las mujeres se las enseñan otros aspectos de las relaciones personales, como es la cooperación, la entrega, el cuidado de los suyos,... Así, el espacio público, mucho más duro y competitivo (así se definía entre el sector masculino), era el lugar de desarrollo del hombre, mientras la mujer quedaba relegada al ámbito privado o doméstico, de cuyos riesgos nunca se habló.

Estos valores y creencias basadas en teorías evolutivas, sostienen que son las diferencias biológicas entre hombres y mujeres las que hacen que sus roles sociales sean también distintos. A partir de esta primera organización social, se explican el desarrollo de unas mayores capacidades domésticas en las mujeres y de un enfoque más público, bélico y social en los hombres. Según esta visión, la necesidad de la protección de las mujeres en los períodos de reproducción llevaría, por lo tanto a su estatus de dependencia.
La sociedad griega y su representación ideológica en la creación de una mitología son claramente androcéntricas y es una importante influencia en nuestra cultura actual. La historia y la mitología, tanto griega como romana, está sembrada de episodios violentes de hombres y dioses contra las mujeres:


  • Raptos: Helena de Troya y Europa

  • Violaciones: Lucrecia, Leda

  • Tráfico de mujeres, utilizadas como moneda de cambio en los conflictos bélicos: Troya (Situación que se ha prolongado en muchos países hasta la actualidad, como ejemplo están las violaciones de mujeres en los conflictos bélicos: 2ª guerra mundial, Japón, Bosnia, Afganistán, Chechenia, Méjico)

Esta concepción se transmitió con más fuerza, si cabe, a través de los valores judeo-cristianos.


Durante toda la Edad Media los derechos de las mujeres fueron escasos, eran pertenencia de los padres que se transfería a los maridos, las mujeres eran posesión de los hombres a lo largo de toda su vida.
Entre los primeros argumentos de índole política y formulaciones sobre la igualdad de los sexos “primera ola del feminismo” tendríamos en 1673 a Poulain de la Barre que publicó la igualdad entre los sexos. En el siglo XVIII a Olimpia de Gouges y a Mary Wollestonecraft que publican la declaración y la vindicación de los derechos de la mujer respectivamente. Hay otras mujeres y hombres en el siglo XIX que reivindican la igualdad de derechos como Flora Tristan, John Stuart Mill.
Tan solo con el desarrollo democrático, la toma de conciencia sobre la situación de subordinación de las mujeres, a través de las sufragistas y del pensamiento feminista, es cuando empiezan a aparecer los primeros cambios de estas ideas y concepciones en el transcurso del siglo XX.

Hoy en día, la mujer ha conquistado determinadas esferas sociales superando el espacio doméstico, por primera vez empieza a ser dueña de su cuerpo y su sexualidad; el difícil, pero conseguido, acceso a la educación, al mundo laboral, la independencia económica que permite a las mujeres ser libres para decidir y hacer a cada una sobre su vida, la igualdad ante la ley, el derecho al divorcio. Sin duda, son los pilares sobre los cuales se asienta el progreso social, legal, educativo de las mujeres en nuestro país, pero no son suficientes, las cuotas sociales siguen siendo mayoritariamente de los hombres, en los puestos de mayor responsabilidad y en los puestos directivos de empresas privadas y de centros públicos. ...” Las mujeres españolas destinan una media de 4 horas y 24 minutos del día a tareas del hogar y el cuidado de la familia, lo que supone 3 horas más que el que dedican los hombres a las mismas tareas” Algunas de las tareas domésticas son conocidas solo por un 15% de los hombres ( Encuesta realizada por el INE sobre empleo del tiempo 2002-2003). Situación indicativa de nuestra actual realidad social.

El mundo de las mujeres no es igual en las grandes ciudades que en el ámbito rural, allí se hace todavía eco el refranero español “La mujer y la sartén en la cocina están bien”; La mujer en casa y la pata quebrada; El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede; El hombre guapo ha de oler a vino y a tabaco”.
O frases de personajes celebres como “Aunque el hombre y la mujer sean dos mitades, estas dos mitades no son ni pueden ser iguales. Hay una mitad principal y otra mitad subalterna. La primera manda y la segunda obedece“ Molière Jean-Baptiste Poquelin. ”Cuando trates con una mujer no olvides el látigo. Nietzsche.
Entre todos los desequilibrios que se dan en materia de desarrollo, el existente entre los sexos es uno de los más específicos y afecta sin excepción a todos los países, incluso a los más adelantados y orgullosos de sus logros en la lucha contra las disparidades. En contra de lo que se suele pensar, los progresos hacia la igualdad de los sexos no siempre dependen de la riqueza de un país y ni siquiera del “desarrollo humano”. Lo primordial en este ámbito es la manera de concebir el desarrollo, la voluntad política, la evolución cultural y el empeño que ponga toda la sociedad.

Los avances más notables, en los últimos años, se han producido en el campo de la educación, en cuanto al acceso de las mujeres a la cultura. También se han realizado progresos importantes en el ámbito de la salud: la esperanza de vida de las mujeres ha aumentado a un ritmo superior en un 20% al de los hombres en las dos últimas décadas; al mismo tiempo, su promedio de fecundidad ha disminuido en un tercio, lo que supone mayor disponibilidad de tiempo para las mujeres en ellas mismas.


En el ámbito de la política lentamente las mujeres van haciéndose su espacio y ocupan puestos con más poder, puestos que se han obtenido por su elevada formación y competencia, que están revalidando continuamente, en los diferentes ámbitos sociales de los que provienen.
No obstante, si realizamos una ojeada en el panorama mundial de la situación de las mujeres, seremos conscientes que los avances de los treinta últimos años en la educación, la salud y la participación distan mucho de haber eliminado todos los obstáculos y las barreras de la disparidad y la desigualdad. Por lo que respecta a la educación, cerca de dos tercios de los 880 millones de analfabetos del mundo son mujeres. De cada tres mujeres adultas hay una que todavía no sabe leer ni escribir, y la mayoría de éstas vive en zonas rurales. A pesar de sus necesidades específicas en materia de salud y de nutrición, la mujer recibe menos atenciones sanitarias que el hombre, en particular en el Tercer Mundo. Además, la reciente evolución positiva en el ámbito político y laboral no ha hecho desaparecer las barreras “invisibles”, pero reales, conque siguen tropezando las mujeres para ascender en la sociedad.

La pobreza se ceba ante todo y sobre todo en la mujer. El 70% de las personas sumidas en la pobreza absoluta son mujeres y el número de mujeres pobres en las zonas rurales casi se ha multiplicado por dos en veinte años. La inmensa mayoría de ellas sigue encerrada en servidumbre, agricultura de subsistencia y empleos burocráticos mal remunerados. Además, en todas las regiones del mundo el desempleo y el subempleo les afectan prioritariamente. La mujer no siempre disfruta del mismo trato que el hombre en materia de derecho de propiedad y herencia, ni de derechos relacionados con el matrimonio o el divorcio.

La insuficiencia de los derechos de las mujeres se refleja en la persecución y opresión moral y física de que son víctimas. Así, en los conflictos armados se siguen empleando la violencia contra la mujer y la violación como armas de terror e intimidación. Por otra parte, la violencia en el hogar y los malos tratos sexuales contra menores, la prostitución, las mutilaciones sexuales, la explotación de las adolescentes de países pobres por el “turismo sexual”, el aborto selectivo y el infanticidio de las niñas son todavía fenómenos excesivamente corrientes.

En España hasta la reforma legal que supuso la Constitución Española de 1978, el marido era considerado el “propietario” de su esposa, a la que imponía comportamientos y actitudes restrictivos, a la vez que castigaba impunemente la “trasgresión” de las normas personales, familiares y sociales que le dictaba.

Era usual el castigo psíquico, y corriente el maltrato físico, refrendado por las ideas sociales del papel de sumisión de la mujer al hombre, y del tener que “aguantar mucho” para no acabar con el matrimonio, o a causa de los hijos.

Esta situación se mantenía, a su vez, porque el hombre era el responsable de la economía familiar y el propietario de todos los bienes de la pareja, siendo así que la mujer no podía comprar algo tan simple como una lavadora, sin una autorización firmada del marido. No digamos solicitar una hipoteca o vender bienes.

Aunque en teoría esta situación se remedió con la igualdad de sexos reflejada en la Constitución, pero en la práctica, en la realidad cotidiana, los comportamientos y las mentalidades no han cambiado, pero si se ha visibilizado el problema de la violencia contra las mujeres y, es por eso que, hoy en día, en pleno siglo XXI, se conocen cada día más casos de violencia de género, en todas y cada una de sus posibles manifestaciones

Violencia Psíquica: Son todas aquellas conductas que producen desvalorización y sufrimiento en la mujer. Son las amenazas, las humillaciones, exigencias de obediencia, intentar convencer a la víctima de que ella es culpable de cualquier problema. Son también los insultos, el control de las salidas de casa, humillaciones en público, descalificar siempre a la mujer, retener el dinero, destrucción de bienes de la mujer, maltrato físico de mascotas, aislamiento...

Violencia Física: Son los más evidentes y abarcan cualquier acto no accidental, que provoque o pueda producir daño en el cuerpo de la mujer, tales como: bofetadas, golpes, palizas, cortes, heridas, fracturas, quemaduras, asesinato...

Violencia Sexual: Siempre que se imponga a la mujer una relación sexual contra su voluntad.

Violencia Social: El maltratador va alejando, cada vez más, a la mujer de su familia y de sus amistades llevándola a vivir lejos de ellas, no permitiéndole que vaya a verlas o que mantenga contacto con ellas.

Violencia Económica: La víctima no tiene acceso al dinero, porque el agresor se lo controla, incluso aunque ella sea independiente económicamente.

Evidentemente es difícil que se dé un solo tipo de maltrato, generalmente nos encontramos con varios de ellos unidos, ya que siempre que hay malos tratos físicos hay malos tratos psicológicos (no es necesario explicar que una paliza por parte de su pareja siempre es humillante y menoscaba la integridad y autoestima de la mujer.



 

“ ...Que las mujeres maltratadas denuncien su situación y el sistema las protegerá...


La Policía no está muy dispuesta a arrestar a los maltratadores. Los fiscales no encausan con demasiado celo los casos de malos tratos y los jueces sentencian sin proporción a la seriedad del delito. Las mujeres denuncian y no obtienen la suficiente protección.”

VIOLENCIA DE GÉNERO EN CIFRAS

La violencia que ejercen los hombres sobres las mujeres, parejas y novias en Europa esta alcanzando proporciones desorbitadas. Para las europeas con edades comprendidas entre los 16 a los 44 años la brutalidad, la violencia y las agresiones en el seno de sus hogares es la primera causa de invalidez y muerte, por delante de los accidentes de tráfico o el cáncer.

Los datos dan miedo, según la ONU una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido abusos físicos o psíquicos. En Europa una de cada cinco ha sufrido violencia doméstica según la Unión Europea, cerca de 130 millones de niñas han sufrido mutilaciones sexuales y dos millones más corren el riesgo de sufrir esas prácticas cada año, asegura la ONU. En USA una mujer es golpeada cada 15 segundos y 700 mil son violadas cada año, según informe oficial de este país. (El País, 9 de marzo de 2002)

Las estadísticas indican que, entre una cuarta parte y la mitad de las mujeres de los diferentes países europeos, son o van a ser víctimas de violencia en manos de sus compañeros; en Portugal el 52,8% de las mujeres declara haber sido, en algún momento, agredida por su pareja o compañero. Las cifras de la violencia con resultado de muerte en los países europeos son las siguientes:

En el conjunto de los países que integraban la Unión Europea con anterioridad a la ampliación actual, las muertas por violencia doméstica eran 600 mujeres por año, lo que quiere decir casi dos por día. El arma utilizada por los homicidas es una proporción elevado las armas blancas, seguido por las armas de fuego, la estrangulación y la fuerza bruta.

La creencia popular puede hacernos pensar que es en los países de la cuenca mediterránea donde se producen más asesinatos de mujeres a manos de sus compañeros, novios o maridos, Solamente Rumania hace cierta esta afirmación, ya que a continuación de ella, los estados con tasas de asesinatos por violencia de género más elevadas son: Finlandia (8,65) Noruega ((6,58), Luxemburgo (5,56), Dinamarca (5.42) y Suecia (4,59). En cuanto a Italia, España, Portugal e Irlanda son los que ocupan los últimos lugares.

En Galicia, al igual que en Europa y en las demás CCAA, la violencia existe con la misma virulencia que en esos países. La Xunta de Galicia a través de la Consellería de Familia creo el Servicio Gallego de Igualdad a través de la Ley 3/1991, de 14 de enero. Es este servicio quien tiene la función de estudiar la situación de las mujeres gallegas, fomentar la realización de estudios y, además, hacer el seguimiento de la legislación vigente en aquellos aspectos que afecten ó principio de igualdad.

Entendiendo que la violencia de género y particularmente aquella que se manifiesta y produce en el seno de la familia, es el obstáculo más grave para que se produzca y se lleve a cabo el principio de igualdad, toda violencia contra las mujeres es una gravísima violación de los derechos humanos. El Servicio Gallego de Igualdad (SEGAI) presta una atención particular a la violencia de género en las mujeres gallegas, dicha atención se concreta en el Plan de Acción contra la Violencia de Género 2002 - 2005

Desde al año 1998, el SEGAI recoge información relativa a las denuncias presentadas por las mujeres ante las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, en la CCAA gallega. La información recogida presenta un sesgo, ya que no se contemplan aquellas denuncias presentadas por las mujeres directamente en los juzgados. Por lo tanto, los datos estadísticos que se pueden obtener del SEGAI son incompletos, no respondiendo a la totalidad de las denuncias presentadas por las mujeres con relación a malos tratos y violencia de género.

En cuanto a los datos que presenta la Xunta de Galicia, a través del SEGAI, es importante diferencias dos periodos en cuanto a las estadísticas. El primero comprende el período de 1998 hasta el año 2001 y el segundo período es a partir del año 2002. Esta situación se produce por que los datos responden a criterios diferentes debido a las modificaciones que se han producido en el Código Penal; el número de relaciones consideradas entre víctima y agresor fue ampliada para dar cabida a aquellos casos en los que la agresión se producía cuando ya no existe vínculo matrimonial o convivencia entre la pareja.

Antes del año 2002, no se recogía los datos correspondientes a las agresiones una vez producida la ruptura matrimonial o disuelta la convivencia de la pareja y no se contemplaba como delito las agresiones de esta índole, como violencia de género, en el ámbito de la familia.

En la información recogida a través de las denuncias que las mujeres presentaron ante las fuerzas de seguridad del Estado, diferenciamos los delitos de las faltas y ante quien se presentaron las denuncias. Es importante destacar también que hasta el año 2000 no se recogen cifras relativas a las denuncias presentadas por las mujeres ante la guardia civil.



Por otra parte, los datos relativos a la incidencia de la violencia de género por provincias, no se diferenciaron ni contemplaron hasta el año 2001.

C
ontemplando todos estos matices, las estadísticas con relación a la violencia de género en Galicia hasta el año 2001, en que se producen los cambios del Código Penal son las siguientes:

Salvo en el año 1999, que se produce una inflexión en la estadística, se observa un paulatino incremento de las denuncias según se suceden los años. Si comparamos el año 1998, como primera referencia para las denuncias de malos tratos con el año 2001, se produce un incremento de un 17%. Si la comparación la realizamos entre delitos y faltas la realidad es la siguiente: los delitos disminuyen en un 10% y las faltas aumentan un 33%.

Las estadísticas en las provincias gallegas en el primer año que estas se recogen, son las siguientes:










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