Métodos Cualitativos


TESIS Nº 4: Dos son los paradigmas consolidados en la produc­ción sociológica: el materialista histórico y el positivista.



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TESIS Nº 4: Dos son los paradigmas consolidados en la produc­ción sociológica: el materialista histórico y el positivista.


En los parágrafos siguientes trataremos de hacer referencia a los principales aportes a estos dos paradigmas. No obstante, necesario es aclarar que estas menciones se realizarán de a­cuerdo con los siguientes criterios: a) no se considerará toda la obra de los diversos autores sino, solamente aquellas refe­rencias que se vinculen específicamente con el objetivo de este trabajo que radica, en parte, en la elucidación de los para­dig­mas presen­tes en la producción sociológica de acuerdo con el con­cepto propuesto de paradigma; b) se aludirá, en es­pecial, a las re­flexiones epistemológicas llevadas a cabo den­tro de cada para­digma; de allí que la atención se centrará en lo referente a los supuestos teórico-metodológicos; y c) sólo se mencionarán algunos ejemplos de las diversas teorías enro­ladas en los distintos paradigmas.



4.1.-El paradigma materialista-histórico




4.1.1.- El origen
Para Marx (1962), una de las más grandes realizaciones de Feuerbach es haber fundado "el verdadero materialismo y la ciencia positiva al hacer de la relación social del "hombre con el hom­bre"" el principio básico de su teoría. Pero este autor no queda exento de la crítica que Marx (1969 b)) hace a todo el materialismo anterior y que radi­ca en que "concibe el objeto, la realidad, la senso­riedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, como prác­tica, no de un modo subjetivo. De allí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por opo­sición al ma­terialismo, pero sólo de un modo abs­tracto, ya que el idea­lismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal". Pero, para Marx, esta forma abstracta,lógica y es­pe­culativa de ver el proceso histórico no expresa la historia real del hombre sino la de su creación.
De esta forma, Marx elabora los fundamentos de su metodología: el materialismo histórico y el método dialéctico, incorporando y enfrentando, a la vez, a dos de las concepciones paradigmá­ti­cas pre­sentes en el acervo de conocimiento de su época: el materia­lismo de Feuerbach y el idealismo de Hegel.
La ciencia real y positiva, "la exposición de la acción prác­tica, del proceso práctico de desarrollo de los hombres" co­mienza para Marx (1970 a)) allí donde ter­mi­na la especulación,

esto es, en la vida real, y "toda ciencia verdadera y real re­sulta suprimida en cuanto no es la individualidad la que domi­na en la naturaleza misma de las cosas" (1970 b)). Estas dos re­ferencias aluden, respectivamente, al objeto y sujeto de co­no­ci­miento en lo que, para nosotros, son parte de las refle­xio­nes epistemológicas expresadas por Marx.


Las premisas de las que parte Marx son, para él, premisas rea­les que no constituyen ningún dogma y de las que sólo es posi­ble abstraerse en la imaginación. Estas premisas son "los in­divi­duos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con las que se han encontrado como las engen­dradas por su propia acción". Determinados individuos que como pro­duc­tores actúan de un determinado modo, contraen entre sí re­la­ciones sociales y políticas determinadas, y la observa­ción em­pí­rica tiene que poner de relieve la trabazón existente en­tre la organización social y política y la producción. La or­gani­zación social y el Estado brotan constantemente del pro­ce­so de vida de determinados individuos tal como realmente son. Los hombres son los productores de sus representaciones, las ideas son las cosas materiales transpuestas, interpretadas en la cabeza de los hom­bres. "No se parte de lo que los hom­bres di­cen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hom­bre pre­dicado, pensado, re­presentado o imaginado, para llegar, arran­cando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hom­bre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone tam­bién el desarrollo de los procesos ideoló­gicos...No es la con­ciencia la que determina la vida,sino la vida la que determina la conciencia" (1970 a))
El método científicamente correcto para conocer la reali­dad es, para Marx (1970 c)), el que se eleva de lo simple a lo más complejo, a lo más abstracto, ya que "lo concreto es con­creto porque es la sín­tesis de mu­chas determinaciones, es de­cir, unidad de lo diver­so. Por eso, lo concreto aparece en el pen­sa­miento como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de parti­da y, por consiguiente, el punto de partida también de la per­cepción y de la representación".
De tal modo, para este autor, la totalidad concreta, como to­talidad de pensamiento, como un concreto de pensamiento, es el producto del pensar, del concebir y no el producto del concep­to que se engendra a sí mismo. Con esta afirmación Marx esta pro­poniendo la superación de la dialéctica hegeliana mediante otra forma de interpretar la historia, en la que el pensamien­to no sea el demiurgo de la realidad sino que "lo que consti­tuye el movimiento dialéctico es la coexistencia de dos lados con­tradictorios, su lucha, su fusión en una categoría nueva. Sólo con plantear el problema de eliminar el lado malo, se paraliza de repente el movimiento dialéctico". Desde el mo­mento mismo que empieza la civilización, la producción empieza a fundarse sobre el antagonismo de las órdenes, de los esta­dos, de la clases y, finalmente, sobre el antagonismo del tra­bajo acumu­la­do -el polo positivo de la antinomia- con el tra­bajo inme­diato -el polo negativo - . "Sin antagonismo no hay progreso. Tal es la ley a la que la civilización ha obedecido hasta nuestros días" (19­69 b)).
El objetivo de estas referencias de la teoría de Marx, con es­pecial énfasis en sus reflexiones epistemológicas, radica en que nos permi­ti­rá observar como esta teoría adquiere el status de paradigma mediante su incorporación por diversas teorías que, a su vez, sirvieron de marco a la investigación empírica. La citas se incluyen a modo de ejemplo y sin la pretensión de ser exhaus­tivas.
4.1.2-La consolidación
La influencia del paradigma materialista alcanza a toda la producción sociológica, sin embargo, su consolidación se ex­pre­sa en dos vertientes una, a la que llamamos neomarxista, en la que se ubican, entre otros, Lefebvre y Goldmann y otra, la denominada teoría crítica, en la que encontramos a Marcuse, Adorno, Horkheimer y al temprano Habermas. Ambas corrientes, desde perspectivas no siempre asimilables, critican al para­dig­ma positivista, al igual que lo hacen los aportes teóricos que in­cluimos en el paradigma interpretativo. Cuando hablamos de coexisten­cia nos referimos, también, a esa forma de estar com­prendido un paradigma, implícitamente, dentro de la produc­ción de otro que lo cuestiona de manera tal que ese cuestiona­miento no pue­de ser interpretado sino conociendo la naturaleza y los alcan­ces de aquello que critica.
Así, en todas las aproximaciones que consolidan al paradigma materialista, el concepto o la categoría de totalidad ocupa un lugar fundamen­tal ya sea a) como voluntad, como estrategia porque "sin ella aceptamos lo "dado" empírico y parcelario, lo "real" escindido y dicotomizado y porque con ella "el conoci­miento del hombre social y de la praxis difiere por ese acto inicial del que carecen las ciencias de la naturaleza" (Le­febvre, 1967); ya sea b) " como predominio uni­ver­sal del todo sobre las partes" (Go­ldmann, 1962) o ya sea c) como categoría crítica, porque "la crítica dialéctica puede rescatar todo a­quello que no pertene­ce a la totalidad , lo que se opone a ella o lo que, como po­tencial de una individuación que aún no es, se esta configu­rando, ayu­dando a producirlo" (Adorno, 1973).
El objetivo de la teoría crítica fue, de este modo, cuestionar tanto a la sociedad cuanto a la forma reconocida como válida para conocerla. Para Adorno (1973) "la ciencia no es sino un descubrir la verdad y la falsedad de aquello que el fenómeno observado quiere ser por sí mismo ; no hay conocimiento que en virtud del discernimiento, inherente a él entre lo verdadero y lo falso, no sea, al mismo tiempo, crítico. Sólo una sociolo­gía capaz de poner en movimiento las antítesis petrificadas de su organización, accedería a sí misma". El carácter construc­tivo de la teoría crítica deriva, para Marcuse (1969), de que siempre ha sido algo más que un simple registro y sistematiza­ción de las hechos, "su impulso proviene precisamente de la fuerza con que habla en contra de los hechos , mostrando las posibilidades de mejora frente a una "mala" situación fácti­ca. Al igual que la filosofía, la teoría crítica se opone a la justicia de la realidad, al positivismo satisfecho. Pero a diferencia de la filosofía, fija siempre sus objetivos a par­tir de las tendencias existentes en el proceso social".
La estrecha unión entre la crítica a la realidad y a las for­mas de su conocimiento se funda en que "solamente una sociedad mejor puede establecer la condición para un pensar verdadero" (Horkheimer, 1976), y tiene su raíz tanto en la tesis de Marx (1969 a) ) acerca del carácter práctico de la atribución de verdad a un pen­samiento,- ya que "es en la práctica donde el hombre tie­ne que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el pode­río, la terrenalidad de su pensamiento"- como en el su­pues­to de la ne­cesidad de la modificación del objetivo del quehacer de la filosofía: de la interpretación a la transfor­mación del mundo.
Nuestro supuesto acerca de la coexistencia de los paradigmas no deja de tener validez respecto de la producción de los au­tores citados, por un lado, en razón de que el mismo hecho de que se cuestione uno de ellos - en este caso el positivista - marca la circunstancia de su vigencia. Por otro lado, de lo que se ha tratado, es de mostrar cual es el paradigma prevale­ciente en los diversos aportes teóricos, lo que no significa que se desconozca que, en la mayoría de los casos, sean varias las corrientes paradigmáticas presentes en el pensamiento so­ciológico. Tal el caso de Marcuse (1970) que incorpora compo­nentes fenomenológicos a su concepto de trabajo, de Lefebvre (1972) que asimila formas de conocer ajenas a la ciencia para elaborar su método diferencialista , de Goldmann (1979) que supone la epistemología de Piaget como base de su estructura­lismo gené­tico o de Habermas en el que se reconocen las in­fluencias de Marx, de la escuela crítica, de Parsons, de We­ber, de Husserl y de Schutz,entre otros, y en lo que se refie­re a la teoría de la acción comunicativa las tradiciones que vie­nen de Mead, de Wittgenstein, de Austin y de Searle.


4.2.- El paradigma positivista



4.2.1.-El origen
Este paradigma se inicia con Comte, para quien todas las espe­culaciones, ya se trate del individuo o de la especie, deben pasar sucesiva e inevitablemente por tres estadios teóricos diferentes: el teológico -en el se intenta acceder a la natu­raleza última de las cosas atribuyéndolas a agentes sobrenatu­rales-, el metafísico -en el que se intenta explicar esa na­turale­za pero a través de entidades abstractas- y el positi­vo - que se queda en las cosas mismas ateniéndose a la obser­va­ción y razonamiento sobe los hechos ya que "la verdadera ob­servación es la única base posible de los conocimientos verda­deramente accesibles". En oposición a la lógica especulativa, la lógica positiva "reconoce como regla fundamental que toda proposi­ción que no es estrictamente reductible al simple enun­ciado de un hecho, particular o general, no puede tener ningún sentido real e inteligible".
De tal forma, los caracteres principales del espíritu positivo son: 1) la subordinación de la imaginación a la observación sustituyendo en todo "la inaccesible determinación de las cau­sas propiamente dichas por la simple averiguación de las le­yes, o sea de las relaciones constantes que existen entre los fenómenos observados"; 2) la naturaleza relativa del espíritu positivo, porque el estudio de los fenómenos lejos de ser ab­so­luto deber ser relativo "a nuestra organización y a nuestra situación"; 3) la previsión racional como destino de las leyes positivas en razón de que "la verdadera ciencia, lejos de es­tar formada de simples observaciones tiende a dispensar , en lo posible, de la exploración directa", sustituyéndola por la previsión racional; y 4) la extensión universal del dogma fun­damental de la invariabilidad de las leyes naturales (Comte, 1965).
Para Comte (1908) "la armonía es el principal atributo del or­ganismo social", y mientras la estática social busca las le­yes de la coexistencia, la dinámica social estudia las leyes de la suce­sión, de tal modo, que la aplicación de la primera se tra­duce en la concepción del orden y la de la segunda se expresa en la teoría del progreso. El orden es considerado,pues como una con­dición del progreso en razón del presupuesto de la ar­monía y de la ley de la evolución de la Humanidad, del mismo modo, en que, para Marx, el conflicto era la condición del pro­greso bajo el supuesto de la ley dialéctica.
4.2.2.-La consolidación
La influencia de Comte sobre Durkheim es muy profunda aunque, entre otras cuestiones éste le critica a aquél "el someter la evolu­ción de la sociedad a una sola ley - cuya búsqueda sería el ob­jeto de la dinámica social- y el considerar a los hechos so­cia­les como hechos de la naturaleza sin tratarlos, sin em­bargo, como co­sas. Para Durkheim (1961) los hechos sociales son cosas y el carácter distintivo de esos hechos radica en: a) su exteriori­dad con relación a las conciencias individua­les, y b) la acción coercitiva que ejercen o son susceptibles de ejercer sobre esas mismas conciencias. La ciencia, para este autor (1967), no se ocupa solamente de observar con cui­dado, de describir y clasificar un orden de hechos sino, ade­más, "de encontrar el sesgo por donde resultan científicos, es decir, descubrir en ellos algún elemento objetivo que implique una determinación exacta, y , si es posible, la medida".
Tanto en Merton como en Parsons es muy evidente la influencia de Durkheim. Para Parsons, el análisis dinámico es la meta úl­tima de la investigación científica. Esta meta tiene dos as­pectos; en primer lugar, la "explicación causal" de los fenó­me­nos o procesos específicos pasados y la predicción de los acontecimientos futuros y, en segundo lugar, la adquisición de conocimiento analítico generalizado, de "leyes" que puedan aplicarse a un número indefinido de casos específicos, median­te la utilización de los datos de los hechos adecuados. La ob­tención de esa meta es un acto unitario y los dos aspectos de la misma se presuponen mutuamente. El progreso científico con­siste especialmente, para Parsons, en la gradual ampliación del alcance del análisis dinámico.
El rasgo esencial de este análisis radica en el tratamiento de un cuerpo de fenómenos interdependientes simultáneamente en el sentido matemático, y "la solución ideal es la posesión de un sistema de generalizaciones dinámicas lógicamente completo que pueda establecer todos los elementos de interdependencia recí­proca entre todas las variables del sistema" (Parsons, 1954). El tipo lógico de sistema teórico generalizado que este autor expone es el "sistema estructural-funcional", y consiste en las categorías generalizadas necesarias para una adecuada ­des­cripción de los estados de un sistema empírico.
Mientras que la sociedad no es sino "un tipo particular de sistema social" (Parsons, 1973); la sociología se constituye co­mo una disciplina teórica cuyo centro de interés reside en desentra­ñar los pro­blemas de integración de los sis­temas so­cia­les con mención es­pecial de los obstáculos que se oponen a ella y la teoría socioló­gica es para él "aquel aspecto de la teo­ría de los sistemas sociales que se ocupa de los fenóme­nos de la institu­cionaliza­ción de las pautas de orientación de valor en el sis­tema so­cial" (Parsons, 1966).
Para Merton, la teoría sociológica se refiere a conceptos ló­gi­camente conectados; pero, a diferencia de Parsons, estos con­ceptos son de alcance limitado y modesto más bien que am­plios y grandiosos. Sólo cuando tales conceptos se relacionan entre sí en forma de un sistema, empieza a aparecer la teoría. Los conceptos, pues, "constituyen las definiciones (o las pres­cripciones) de lo que debe observarse; son las variables entre las que hay que buscar relaciones empíricas. Cuando las propo­siciones se relacionan entre sí lógicamente, se ha forma­do una teoría" (Merton, 1970). La influencia de Durkheim tam­bién se hace manifiesta en Merton, para quien el requisito fun­damental del sometimiento de los datos sociológicos al aná­lisis funcio­nal, es que el objeto de análisis represente una cosa estanda­ri­zada.
Como podemos observar en lo expuesto hasta aquí sobre el ori­gen y la consolidación del paradigma positivista, tres son los pun­tos centrales en torno de los que giran las distintas cons­truc­ciones teóricas: a) la observación dirigida hacia hechos exter­nos al investigador, b) la importancia de las leyes deri­vadas de las regularidades observadas en los hechos y como fundamen­to de las explicaciones causales, y c) el supuesto de la nece­sidad de teorías verificables. Estas consideraciones nos indu­cen a pensar que la epistemología elaborada, entre otros, por Carnap, Popper, Lakatos y, en parte, Khun, es más a­pli­cable a la investigación sociológica que presupone, en espe­cial, el para­digma positi­vista -dejando a salvo la noción de la coexis­ten­cia- pero que sus conclusiones se ajustan ex­cep­cionalmente a las exigencias que supone las aplicación de los otros dos pa­radigmas.
Las observaciones directas de hechos aislados marcan,para Car­nap (1969), el comienzo de la ciencia ya que no hay otra cosa que sea observable. Una regularidad no es observable directa­mente; las regularidades se descubren mediante la comparación de múltiples observaciones y se expresan mediante enunciados llamados leyes no siempre universales. Aunque para este autor no todos los fenómenos son cuantificables "los conceptos cuan­titativos permiten formular leyes cuantitativas y estas leyes son mucho más poderosas como manera de explicar los fenómenos y como medio para predecir nuevos fenómenos". Para Carnap, aún con un lenguaje cualitativo enriquecido ha­llaríamos dificultad para expresar las leyes más simples. Esta afirmación se funda en la creencia -que no compartimos- de que la diferencia entre lo cuantitativo y cualitativo es una di­feren­cia de lenguaje. Para nosotros, la divergencia radica en la suposición de dis­tintos paradigmas.
Según Popper (1973) en la ciencia se trabaja con teorías, esto es, con sistemas deductivos, y "el esquema lógico de toda ex­plicación radica en una inferencia lógica deductiva". Es­tas teorías científicas no son nunca enteramente justificables o verificables, pero, sin embargo son contrastables, "la obje­ti­vidad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente". Más tarde, Laka­tos (1982), con su metodología de programas de investiga­ción ofrece un panorama del juego de la ciencia muy diferente al del falsacionismo metodológico pero sin superar los límites del paradigma positivista.
Es decir que, de acuerdo con Popper (1981) la objetivi­dad científica se define como la "intersubjetividad del método científico", y la episte­mología -o la lógica de la investiga­ción científica- "debería identificarse con la teoría del mé­to­do científico". Si bien podemos compartir el criterio de objetividad propuesto por Popper en lo que alude a la inter­subjetividad, no concordamos con él respecto al método aplica­ble en la prác­tica de in­vestigación en sociología. Necesario es recordar que, de a­cuerdo con nuestra afirmación de que la reflexión epistemoló­gica surge de esa práctica, el método a­pli­cable sería el implícito en "el" o "los" paradigmas presu­pues­tos. No coincidimos, entonces, con la afirmación de Popper de que "los métodos teó­ricos, en esencia, son los mismos en todas las ciencias".
El individualismo metodológico de Popper (1979), que impone el requi­sito de que "los fenómenos sociales, inclusive los colec­tivos, sean analizados en función de los individuos y de sus acciones y relaciones", es criticado desde el interior del pa­radigma interpretativo ya sea porque el hecho social no es reductible a la suma de las interacciones individuales (Ri­coeur, 1982), ya sea porque a través de ese método no puede percibirse la dualidad de la estructura (Giddens, 1979) o ya porque impide ver la forma en que el pensamiento social rige el comportamiento individual (Winch, 1971).





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