Métodos Cualitativos



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TESIS Nº2: La reflexión epistemológica tiene como objetivo la elucidación de los paradigmas presentes en la producción so­ciológica. Estos paradigmas son definidos como los marcos teó­rico-metodológicos utilizados por el investigador para inter­pretar los fenómenos sociales en el contexto de una determina­da sociedad.

La noción de paradigma que hemos propuesto ha sido elaborada como resultado del análisis de los aportes teórico-metodológi­cos más relevantes realizados al campo de la sociología, y una vez que se de­terminó cua­les son los fun­da­men­tos que, en cada uno de e­llos, podrían estar aso­ciados a lo que se en­tien­de por para­digma en otras cien­cias, a fin de con­siderar si en la so­ciolo­gía este concep­to adquiere caracte­rís­ticas espe­cia­les.


El paradigma presupuesto en la aplicación de una determi­nada teoría, o en la negación a utilizar o verificar teoría alguna en la investigación científica realizada por los soció­logos, podría ser determinado intentando responder a los si­guientes interrogantes: 1.- ¿Desde qué, con qué y con quién?, 2.- ¿Cómo ?, 3.- ¿Con qué?, 4.- ¿Cuando y dónde?, 5.- ¿ Para qué? y 6.- ¿Qué?.

Nos referiremos a continuación a cada uno de es­tos in­terrogan­tes.



2.1.-¿Desde qué, con qué y con quién?

Este interrogante alude a la cosmovisión filosófica del soció­logo que determina su opción a favor de otros paradigmas y/o teorías -a los que adopta, adapta, critica o crea- de acuer­do o en di­sidencia con otros pensadores predecesores o con­tempo­rá­neos.


Las concepciones del mundo son interpretaciones de la realidad que expresan el sentido y significado de la vida y "en la es­tructura de la visión del mundo siempre se halla contenida una relación interior de la experiencia de la vida con la imagen del mundo, relación de la que se puede derivar siempre un ideal de vida" (Dilthey, 1960). Esa experiencia comprende, en el contexto de cada sociedad en un momento determinado, un sis­tema cognitivo de referencia, un acervo social de conoci­miento (Schutz y Luckmann, 1977), que supone categorías pro­pias de un determinado estado de la ciencia (Lecourt, 1975) con el que el investigador se enfrenta y respecto del que hace opciones de acuerdo con su particular visión del mundo, ya se privilegie respecto de ésta el plano individual, el colectivo o ambos (Goldmann, 1979).
Todos estos aspectos no se tienen en cuenta, por lo general, cuando se opta a favor de una teoría sociológica consolidada como paradigma respecto de la que, por su éxito, se considera que es aplica­ble a todo fenómeno independientemente de sus circunstancias espacio-temporales. Cuando esto es así "surge la sospecha de que el pretendido éxito se debe al hecho de que la teoría, al extenderse más allá de su punto de partida, se ha convertido en una rígida ideología" (Feyerabend, 1981).
La elección a favor de uno o varios paradigmas -o de una o varias teo­rías sociológicas consolidadas como tales- supone la adopción -en todo o en parte- de las leyes, los métodos, los conceptos, las construcciones auxiliares implícitos en "el" o en "los" paradigmas adoptados. Esto mismo es aplica­ble en el caso de que se reflexione epistemológicamente acerca de los para­digmas vigentes en la producción sociológica de otros so­ciólo­gos (Vasilachis de Gialdino, 1975). La respuesta a los restan­tes interrogantes esta ínsita en la del primero; de allí que la escisión que proponemos en seis cuestionamientos sea más analítica que real.

2.2.-¿Cómo?

Esta pregunta refiere al modo, manera o método utilizado por el investigador para aproximarse al conocimiento de los fenó­menos sociales.

La elección de un método de investigación supone una de­cisión a favor del paradigma que incluye a esa estrategia o a ese instrumento como forma posible de acceso a la realidad, es decir, que los métodos de investigación "representan a los diferentes medios de operar sobre el contexto del científico" (Denzin, 1978).
Cuando la elección es a favor de más de un paradigma puede haber convergencia metodológica siempre y cuando se mantenga la coherencia respecto de los criterios de validez presentes en cada paradigma, ya que esos criterios no pueden integrarse del­ mismo modo en que se intentan integrar los resultados de la aplica­ción de los distintos métodos. Volveremos sobre estos temas al tratar sobre la Triangulación.


2.3.-¿Con qué?

Esta interpelación alude al instru­men­tal conceptual que utili­za -o crea- el sociólogo para interpretar a los fe­nóme­nos que es­tudia.


Esos conceptos pertenecen, por lo general, a una determinada teoría consolidada como paradigma que determina, respecto de dichos conceptos, su ámbito de a­plicación, su relación con otros conceptos, definiciones, hi­pótesis, etc. de esa teoría. En razón de que los distintos paradigmas se crean, en un pri­mer momento, como teorías que in­tentan dar cuenta de un con­junto de fenómenos de una socie­dad ubicada histórica y geográ­ficamente es importante poner de resalto las peculiaridades de las condiciones de cre­ación de los conceptos de ese paradigma a fin de evaluar la posibilidad de su apli­cación. "La división clásica que separaba la teoría de su aplicación igno­raba esta necesidad de incorporar las condiciones de aplica­ción en la esencia misma de la teoría" (Bachelard, 1973).

2.4.-¿Cuándo y dónde?

Esta pregunta se refiere tanto a la sociedad, deter­minada en tiempo y espacio, a la que pertenece el investigador que crea la teoría -o que la aplica- como a aqué­lla en la que suceden los fenómenos que se analizan. De este modo, los lo­gros, la capacidad interpretativa, las sugerencias, el valor de un pa­radigma tienen que medirse en relación con las cir­cunstancias de su creación, con su base histórica, más que en vinculación con situa­cio­nes futuras desconocidas. "La teoría de la socie­dad debe permanecer consciente del contexto en que ha surgido y del puesto que le compete en relación con nuestra actuali­dad; tam­bién las categorías universalistas, por fuertes que sean, tie­ne un nú­cleo histórico y temporal" (Habermas, 1989).



2.5.-¿Para qué?

Esta interrogación apunta a los objetivos, a las miras del investigador en relación con su actividad. De esta forma, su finalidad puede radicar tanto en conocer como en cam­biar la rea­lidad, ya sea por medio de la verificación, puesta a prue­ba, superación, cuestionamiento y/o creación de teorías o pa­radig­mas. Todo estudio sociológico "conserva siempre el carác­ter de una apuesta explícita o implícita, teórica y práctica a la vez: teórica desde el punto de vista de la máxima adecua­ción posible al objeto en estudio, y práctica desde el punto de vista de su posibilidad de transformar la sociedad (o, por el contrario, de impedir toda transformación de ésta)" (Goldmann, 1979). En este sentido, la actividad de los soció­lo­gos no di­fiere de la realizada en el ámbito de otras disci­plinas; de allí, que la respuesta a este interrogante deba ser objeto de una reflexión epistemológica que se realice a partir de su pro­pia actividad.


El acto de conocimiento por medio del cual el sociólogo a­prehende un fenómeno individual, como experiencia, tiene lugar en el marco de un contexto histórico y so­cial que determina su sistema cognitivo de referencia y el sentido de sus elecciones a nivel de la acción social. Así, "la experiencia surge siem­pre junto con las suposiciones teóricas, no antes que ellas" (Feyerabend, 1981).

2.6.- Qué?

Esta pregunta remite a cuáles son los he­chos, a­con­teci­mien­tos, procesos, realidades que estudia el investigador en el marco de una de­termina­da sociedad.


La respuesta a este interrogante se asocia profundamente, en­tonces, con el análisis de ese fenómeno social en un determi­na­do contexto de manera de ver tanto las relaciones y depen­den­cias respecto de éste, como respecto de otros fenómenos con los que interactúa dentro del mencionado contexto. Estos fenó­menos estudiados por el investigador constituyen, en la reali­dad empírica, el ámbito de aplicación de los conceptos a los que nos referimos cuando explicitamos la respuesta a la pre­gunta ¿Con qué?.
Los aspectos incluidos en los puntos 2.1-2.3 con los que se respondía a las preguntas ¿ Desde qué, con qué y con quién?, ¿Cómo? y ¿Con qué?, configuran lo que corresponde a los aspec­tos más teó­ri­cos y más constantes que estan presentes en los para­digmas. Los ele­men­tos com­prendidos en los puntos 2.4-2.6 con los que se contestaba a los interrogantes ¿Cuándo y dón­de?, ¿Para qué? y ¿Qué? son los más va­riables por­que es­tán determi­nados tanto es­pacio-tempo­ralmen­te como por las in­clina­ciones, aspi­ra­ciones y opciones del inves­tigador.
Los paradigmas serían, así, los marcos teórico-metodológicos de interpretación de los fenómenos sociales creados y/o adop­tados por los científicos sociales de acuerdo con los siguien­tes supuestos que responden a los interrogantes planteados: 1) una cosmovisión filosófica, 2) la determinación de una o va­rias formas o estrategias de acceso a la realidad, 3) la adop­ción o elaboración de conceptos de acuerdo con la o las teo­rías que crea o supone, 4) un contexto social, 5) una forma de compro­miso existencial y 6) una elección respecto de los fenó­menos sociales que analiza.
De acuerdo con esta noción de paradigma podría suponerse que todas las teorías sociológicas constituyen paradigmas. Pero esto no es así; sólo algunas teorías alcanzan el status de paradigma: aquéllas cuya referencia -ya sea para confirmar­las, refutarlas, negarlas o superarlas- es recurrente en la produc­ción sociológica. Los paradigmas se originan, por lo general, en una teoría, pero presuponen una pluralidad de e­llas. Sin embargo, esto no significa que esa teoría sea una teoría gene­ral del conocimiento científico hábil para justificar la pre­sencia de todos los paradigmas. De acuerdo con nuestro supues­to -desarrollado en la primera tesis - de que la reflexión epistemológica surge de la práctica de la investigación cien­tífica es a partir de ésta, y no siguiendo el camino inverso, que los investigadores:

a) se plantean interrogantes acerca de los pa­radig­mas que pre­suponen y

b) justifican la legitimi­dad de su uti­li­zación a través de elaboraciones de carácter epis­temo­ló­gico.




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