Métodos Cualitativos



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Métodos cualitativos I. Los problemas téorico-epistemológicos / I. Vasilachis de Gialdino

Métodos Cualitativos

I. Los problemas teórico-epistemológicos

Irene Vasilachis de Gialdino (1992)

Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

PROLOGO¡.

Este volumen forma parte de una serie de tres dedicada a las Metodologías Cualitativas y que se constituirá de este modo: I.- Los problemas teórico-epistemológicos, II.- La práctica de la investigación y III.-Antología comentada.


En gran parte, esta serie resume las actividades llevadas a cabo en el marco del "Semina­rio sobre Metodologías Cuali­tati­vas" que, desde hace seis años, se lleva a cabo en el Cen­tro de Estudios e Investigaciones Labo­rales (CEIL) dependiente del Consejo Nacional de Investi­gacio­nes Científicas y Técnicas (CONICET).
En este volumen, de lo que se trata, es de ubicar a las Meto­do­logías Cualitativas con relación a las teorías que -en las Ciencias Sociales- han adquirido el status de paradigma, a par­tir de una reflexión epistemológica surgida de la práctica de la investigación empírica.
El plan de este trabajo comprende la expo­si­ción de siete te­sis, cuyo explicitación permitirá al lector determinar cuál es nuestra orientación y cuál nuestro objeti­vo y concluye con el desarrollo de esas tesis, a fin de fundamentarlas y justifi­car­las científicamente.

INTRODUCCION¡.



TESIS Nª1: La sociología requiere de una reflexión epistemo­ló­gica a partir de sus desarrollos teóricos y de la práctica de la investigación científica.
TESIS Nº2: La reflexión epistemológica tiene como objetivo la elucidación de los paradigmas presentes en la producción so­ciológica. Estos paradigmas son definidos como los marcos teó­rico-metodológicos uti­lizados por el investigador para inter­pretar los fenómenos sociales en el contexto de una determina­da sociedad.
TESIS N º 3: En la sociología coexisten en la actua­lidad tres paradigmas: el materialista-histórico, el positivista y el interpretativo; cada uno de ellos susci­ta una distin­ta reflexión epistemoló­gica cuyos resultados no pueden a­plicarse a los res­tantes.
TESIS Nº4: Dos son los paradigmas consolidados en la producción sociológica: el materialista histórico y el positivista.
­TESIS N º 5: El paradigma interpre­tativo esta en vías de con­solidación y su supuesto básico es la necesidad de comprensión del sentido de la acción social en el contexto del mundo de la vida y desde la perspectiva de los participantes.
TESIS N º 6: Los métodos cualitativos suponen y rea­li­zan los presupuestos del paradigma inter­pretati­­­­­vo.
TESIS Nº 7: La estrategia de la Triangu­lación a tra­vés de la cual se combina la aplicación de meto­dolo­gías cuantitativas y cuali­tativas , entre otras, da cuenta de la posibilidad de la coe­xistencia de los paradig­mas en la práctica de la investigación socio­lógica.

TESIS Nº1: La sociología requiere de una reflexión epistemo­ló­gica a partir de sus desarrollos teóricos y de la práctica de la investigación científica.

Hablamos de reflexión epistemológica porque nuestro quehacer no rondará los campos de la historia de la ciencia, ni los de la epistemología comparada, ni los de la filosofía de la cien­cia que "dirige su atención hacia la ciencia misma, estudia sus conceptos, sus métodos, sus posibles resultados, las for­mas de sus enunciados y los tipos de lógica aplicables a ella" (Carnap,1985).


Entendemos que la reflexión epistemológica esta presente en la actividad cotidiana de investigación, aunque el investigador la lleve a cabo sin darle este nombre al plantearse interro­gantes acerca de las características del objeto o de los fenó­menos que analiza, acerca de los métodos con que accederá a aquéllos, acerca de las teorías que los comprenden o de las que será necesario crear para dar cuenta de determina­dos as­pectos de la realidad que parecen rebelarse ante cual­quier interpretación posible otorgada por las teorías existen­tes. "Del hecho de que la epistemología contemporánea es, cada vez en mayor medida, obra de los propios científicos, que tienden a ligar los problemas de "fundamentación" al ejercicio de sus disciplinas, se puede disociar la epistemología de la metafí­sica delimitando metódicamente su objeto" (Piaget, 1981).
Hablamos de reflexión epistemológica y no de epistemología porque ésta aparece como una disciplina acabada, resultado del pensamiento de un filósofo que piensa desde un ahora y para siempre las reglas que han de regir todo tipo de proceso de conocimiento, condicionando su validez.
La reflexión epistemológica tiene carácter filosófico en la medida en que se entienda que "dentro de la investigación científica, que en realidad no es practicada por algo abstrac­to ("la ciencia"), sino por hombres vivos, tiene lugar no po­cas veces un filosofar oculto"; este filosofar "es un empeño razo­nable e incluso necesario, del que no se puede en modo alguno dispensar el hombre que verdaderamente vive en el espí­ritu o, sencillamente piensa" (Pieper, 1979).
En este sentido, lo que consideramos necesario es que al em­prender esta reflexión epistemológica nos liberemos de los dogmatismos de las epistemologías que suponen que la naturale­za ontológica de lo conocido determina la existencia de una sola forma legí­tima de conocer. Entonces, desprendidos de esta suerte de obs­táculos cognitivos, podremos emprender una refle­xión epis­temo­lógica ligada al quehacer filosófico si aceptamos que la filo­sofía "es un ir de camino y que sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se con­vierte en una nueva pregunta" (Jaspers, 1965).
Esta reflexión epistemológica - que es de primer grado porque la realiza el científico respecto de su propia actividad y no el filósofo sobre la actividad del científico - tiene como obje­tivo, en relación con la sociología, la elu­cidación de los paradigmas presentes en la producción socioló­gica, tarea de la que nos ocuparemos en el desarrollo de las tesis Nº1 y Nº2.
De la existencia de esta reflexión epistemológica resultan los si­guientes dos supuestos sobre los que es necesario echar luz:

1) Los interrogantes epistemológicos no son comunes a todas las disciplinas científicas y sus res­pues­tas no confi­gu­ran un saber a priori a partir del cual se enca­ra la activi­dad de investigación científica. Por el con­trario, estos inte­rro­gantes surgen del acervo de conocimiento de cada disci­plina en rela­ción con la práctica cotidiana de la investiga­ción.

2) La práctica de la investigación sociológica nos muestra la presencia simultánea de una plura­li­dad de métodos cuya aplicación es posible con el fin de co­nocer un determinado objeto o fenómeno social.
Nos referiremos, a continuación, a estos dos supuestos desde una perspectiva que habilita al desarrollo del contenido de las tesis con las que encabezamos este trabajo.


1.1.- El punto de partida: la práctica de investigación c­i­e­n­t­í­f­ica


Las ciencias no poseen una estructura común, no hay elementos que se den en toda investigación científica y que no aparezcan en otros dominios. La investigación con éxito no obedece a estándares generales: ya se apoya en una regla, ya en otra, y no siempre se conocen explícitamente los movimientos que la hacen avanzar. Una teoría de la ciencia que apunta a estánda­res y elementos estructurales comunes a todas las actividades científicas y las autorice por referencia a alguna teoría de la racionalidad del quehacer científico, puede parecer muy importante pero es un instrumento demasiado tosco para ayudar al científico en su investigación. No puede haber ninguna teo­ría del conocimiento y de la ciencia que sea a la vez adecuada e informativa prescindiendo de qué ingredientes sociales, eco­nómicos, etc., quiera uno añadir a la teoría. El mundo en que vivimos es demasiado complejo como para ser comprendido por teorías que obedecen a principios generales epistemológicos (Feyera­bend, 1984).


Tales consideraciones llevan a este autor a sostener que es imposible una teoría de la ciencia en virtud de que sólo exis­te un proceso de investigación, ya que hay todo tipo de reglas empíricas que nos ayudan en nuestro intento de avanzar. Estas reglas tienen que ser siempre examinadas para asegurar que siguen siendo útiles.
Coincidimos con la afirmación de Feyerabend (1981) res­pecto de que la idea de que la ciencia puede, y de­be, regirse según reglas fijas y universales, es a la vez irrealista y pernicio­sa. Es irrealista porque supone una visión demasiado simple del talento de los hombres y de las circunstancias que animan, o producen, su desarrollo. Y es perniciosa porque el intento de reforzar las reglas esta condenado a incrementar nuestra calificación profesional a expensas de nuestra humanidad. Ade­más, semejante idea es perjudicial para la ciencia misma por­que olvida las complejas condiciones físicas e históricas que influyen sobre el cambio científico.
Aunque aceptamos con el autor citado la aseveración del hecho de que la imposición de cá­nones estrictos y de dogmas rí­gidos al proceso de investiga­ción obstaculizan el desarrollo cientí­fico futuro, no concor­damos con su suposición de que la cien­cia reclama una epistemo­logía anarquista. La eluci­dación de las paradigmas presentes en el quehacer sociológico nos con­ducirá, más bien, a buscar la relación profunda entre és­tos y las diversas reflexiones epistemológicas que suscitan.
La realidad de las diferentes prácticas científicas reside en su distinción -cada una tiene su propio objeto, su teoría, sus métodos y su desarrollo desigual; sin embargo, estas dife­ren­cias son reabsorvidas por el supuesto en que se funda una ciencia de las ciencias o una filosofía de las ciencias (Le­court, 1985).
Para superar las discusiones académicas y las formas académi­cas de superarlas, es necesario someter la práctica científica a una reflexión que, a diferencia de la filosofía clásica del conocimiento, se aplique no a la ciencia hecha, ciencia verda­dera cuyas condiciones de posibilidad y de coherencia, cuyos títulos de legitimidad sería necesario establecer, sino a la ciencia que se está haciendo. Esa tarea de carácter epistemo­lógico consiste en descubrir en la práctica científica misma, el pasaje de una aproximación más lejana a otra más cercana a la realidad (Bourdieu y col., 1986 , Bourdieu, 1987).
De tal modo, los interrogantes acerca de cómo es posible el conocimiento científico en general son sustituidos por aqué­llos referidos a cuál es la forma, mediante qué procesos una ciencia en espe­cial pasa de un conocimiento limitado o insufi­ciente o un conocimiento considerado superior no por ser apli­cado a mayor número de objetos sino por introducirse más pro­fundamente en las peculiaridades de los fenómenos y de los objetos.

1.2.La estrategia: la multiplicidad de métodos

La reflexión epistemológica que nos suscita la sociología que emerge y que hoy se esta haciendo, es la que se caracteriza por la convergencia metodoló­gica, por la pluralidad de métodos utilizados a fin de obte­ner distintos puntos de vista sobre el objeto o fenóme­no bajo estudio y a partir de diversas fuentes de conocimiento.


Un científico que desee maximizar el contenido empírico de los puntos de vista que sustenta y que quiera comprenderlos tan claramente como sea posible, tiene que introducir otros puntos de vista; es decir, tiene que adoptar una metodología plura­lis­ta. La tarea del científico no ha de ser por más tiempo "la búsqueda de la verdad", "la sistematización de la observacio­nes" o "el perfeccionamiento de las predicciones". Todos estos no son sino efectos marginales de una actividad que consiste en hacer de la causa más débil la causa más fuerte.
La ciencia en su mejor aspecto , esto es, la ciencia en cuanto es practicada por los científicos, es una habilidad, o un ar­te, pero no una empresa "racional" que obedece a estándares i­nalte­rables de la razón y que usa conceptos bien definidos, esta­bles "objetivos" y por eso también independientes de la prácti­ca.
La idea de un método que contenga principios firmes, inaltera­bles y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer cien­tífico, tropieza con dificultades considerables al ser con­fron­tada con los resultados de la investigación histórica (Fe­ye­rabend, 1981 y 1984).
La intención que persigue este autor a través de dichas afir­ma­ciones, no es sustituir un conjunto de reglas generales por otro conjunto de reglas, sino producir el convencimiento de que todas las metodologías , incluidas las más obvias, tienen sus límites. Volveremos sobre este supuesto al tratar el tema de la Triangulación al desarrollar la tesis Nº7.
El método científico es un método que busca el riesgo; cual­quiera que persevere en una investigación se ve obligado, tar­de o temprano, a cambiar de método. El pen­samiento cien­tífico, al ser un pensamiento com­prome­tido pone constantemente en jue­go su propia constitución. La razón que acentúa el valor de los métodos múltiples es el hecho de que cualquier crisis pro­funda en el método es inmediatamente una conciencia de la re­organización del método. La multiplicación de métodos, al ni­vel que trabajan estos métodos, no puede perjudicar la unidad de la ciencia. En la ciencia moderna la condena de un método supone inmediatamente la propuesta de un nuevo método; cam­biando de métodos la ciencia se convierte cada vez en más me­tódica (Bachelard, 1973).
Respecto de la sociología el cambio de método no supone nece­sa­riamente la exclusión de otros sino en la medida en la que éstos presenten limitaciones en relación con el fenómeno que se analiza. La aseveración de que sólo un tipo de metodolo­gía - la cuantitativa o la cualitativa u otra- cumple con los requi­sitos de objetividad y validez, cabe únicamente en el con­texto de los supuestos de:

a) alguno de los paradigmas pre­vale­cientes en la sociolo­gía y de la reflexión epistemológica que de su apli­ca­ción se deriva y

b) el no reconocimiento de que esos para­dig­mas coe­xisten y no son excluyentes.
En los pará­grafos siguien­tes haremos el intento de liberar al pensa­miento sociológico del peso de estos dos supuestos.




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