Motivación en odontopediatríA



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MOTIVACIÓN EN ODONTOPEDIATRÍA

Lic. Haydee Vulcano, Lic. Graciela Wider.

Llamamos motivación a la preparación que se le da al paciente para que pueda enfrentar adecuadamente una situación desconocida, de modo tal que ésta no se transforme en una situación traumática.

La motivación ayuda al conocimiento mutuo y al conocimiento de los diferentes roles. Al niño le permite familiarizarse con el lugar y saber que se espera de él. Al profesional le sirve para conocer a su paciente y tener en cuenta cuáles son sus expectativas y temores (por ejemplo en relación al instrumental).

Uno de los objetivos de la motivación es despertar en el niño el deseo por el cuidado de su salud bucal, logrando que acepte ser atendido para mantener su boca sana.

Otro objetivo de la motivación es bajar el monto normal de ansiedad que provoca la atención odontológica, permitiéndole al paciente prepararse para enfrentar esa nueva experiencia; esto implica otorgarle su derecho a participar y decidir.

Al lograr la apropiación de la situación odontológica por parte del niño, propiciamos también, su participación activa y voluntaria, ya que la demanda de tratamiento proviene, en general, del adulto que lo trae.

Este adulto en algunos casos manifiesta más temor y ansiedad que el niño, por eso la motivación también se realiza con el adulto acompañante.

La situación odontológica implica una relación triangular entre el niño, el odontólogo y los padres, por lo tanto, la motivación siempre debe incluir a todos, ya sea una consulta aislada o parte del tratamiento planificado.

Es necesario generar confianza hacia el profesional, por eso, el profesional debe presentarse, explicarle al paciente quién es y cuál va a ser su función y la del compañero/a de trabajo. Es importante hablar como uno lo hace habitualmente, evitando el lenguaje aniñado, estereotipado, impostado, etc. y adaptando los términos a la edad del paciente.

Luego, y si es un paciente que concurre por primera vez a la clínica, hay que mostrarle el lugar de trabajo, la clínica en general y el sillón en particular donde será atendido. Lo aconsejable es establecer un diálogo fluido para comenzar a conocer a ese niño (dónde vive y con quién, si tiene hermanos, si va al colegio, etc.). Esto permitirá ir generando el vínculo afectivo necesario para que más adelante este niño permita al profesional trabajar en su boca. Para que el paciente sienta comodidad y confianza, es necesario prestar atención y recordar lo conversado.

El primer encuentro debe estar centrado en el diálogo con el paciente y el adulto que lo trae a la consulta, y si el niño lo permite, hacer la evaluación de su estado odontológico. Luego hay que explicarle en qué estado se halla su salud bucal y cuáles serán los pasos a seguir (plan de tratamiento). Es indispensable llegar a un acuerdo con los padres, porque de eso dependerá la colaboración que se recibirá durante el desarrollo del tratamiento. Si bien los padres son responsables, esto no autoriza al profesional a ejercer el rol de juez ni a generar en los padres sentimientos de culpa.

Hay que mostrar al niño solamente los instrumentos que se utilizarán en cada sesión y explicitarle cómo será el uso que se hará de los mismos.

La información debe ser gradual, con un lenguaje sencillo y repetido, acorde a la edad del paciente. El profesional decidirá qué instrumentos puede tocar e inspeccionar y cuáles no.

La información recibida permite al niño realizar un ajuste entre su nivel de fantasía y la realidad disminuyendo así su ansiedad persecutoria. Es necesario otorgarle un espacio para que explicite sus temores. Lo “normal”, lo esperable, sobre todo si el paciente no ha tenido experiencias previas, es que manifieste temor y desconfianza, y no que posibilite cualquier tipo de maniobra desde el primer momento. ( Esto se denomina: sobreadaptación ) En este último caso, el odontopediatra debe ser cauto y valorar si es apropiado intervenir y hasta dónde lo hará, ya que muchas veces estos pacientes sobreadaptados, presentan serias dificultades en sesiones posteriores.

Respecto a cómo proceder, se hará de lo menos intrusivo a lo más intrusivo; de lo menos punzante a lo más punzante. Si la situación presenta una urgencia lo adecuado y prudente será consultar con la docente a cargo.

Si hay modificaciones en el plan de tratamiento es importante anticiparlas y explicar porqué se producen los cambios. Hay que advertir cuando alguna maniobra producirá dolor. Es preferible hablar de molestia y no utilizar el término dolor.

Los movimientos bruscos y los ruidos asustan, sobre todo a los más pequeños, pudiendo desencadenar el llanto o movimientos bruscos y peligrosos por parte del paciente.

Es una regla fundamental no mentir al paciente. Tampoco se trata de dar una explicación técnica sino sólo sobre aquello que el paciente percibirá o sentirá.

Tener en cuenta estos aspectos tiene por objetivo, además de llevar a cabo una tarea exitosa (como lo es poder realizar la labor prevista), el no generar experiencias traumáticas. Cuando una situación genera un nivel de angustia que sobrecarga el aparato psíquico (o sea, un monto de angustia superior al tolerado) y le impide a éste tramitarla adecuadamente, puede llegar a producirse un trauma psíquico.



Múltiples factores intervienen e influyen sobre la actitud del niño durante la consulta:

- el tiempo que ofrecemos para generar confianza mutua;

-la relación que establecemos con el adulto acompañante;

-las circunstancias en las que llegaron a la consulta (viajes largos que obligan al niño a levantarse muy temprano, espera, etc.);

- las expectativas;

- las actividades que tuvieron que abandonar o dejar de lado para asistir a la consulta;

- las experiencias odontológicas o médicas previas;

- las teorías personales (respecto del dolor, o de las maniobras que se les realizarán, o de los motivos que causaron el malestar);

- la actitud de la familia;

-las fantasías y ansiedades inconscientes, etc.



Hay 5 momentos cruciales en el tratamiento odontológico:

  1. Abrir la boca

  2. Introducción del instrumental

  3. Anestesia

  4. Extracción (vivida con frecuencia como una mutilación)

  5. Intervenciones quirúrgicas

Fantasías y ansiedades: Las intervenciones en la boca reactivan fantasías y ansiedades que se relacionan con la aparición de la dentición. Se pueden agrupar en:

  1. Ansiedades por la pérdida del vínculo madre-hijo.

  2. Fantasías de retaliación por los impulsos oral-sádicos.

Las vivencias durante la etapa oral determinan las reacciones manifestadas por el niño o por el adulto en el tratamiento odontológico.

Las funciones curativas o reparatorias de los instrumentos se acompañan de funciones agresivas necesarias que favorecen la aparición de fantasías persecutorias, por ejemplo:

-el torno, la turbina, la fresa, desgastan y corroen el diente: simbolizan una capacidad devoradora que desgasta, al igual que los propios impulsos canibalísticos, pero hechos realidad y vueltos contra sí mismos;

-la extracción puede ser vivida como un castigo (“te voy a bajar los dientes de una trompada”);

-la anestesia, implica tanto la imposibilidad de controlar el propio cuerpo, como el ataque fantaseado del otro;

-la pérdida espontánea de los dientes conlleva la ansiedad de separación y pérdida del vínculo materno. Cuando se trata de piezas permanentes, en consecuencia irrecuperables, surgen fantasías de muerte.

La aparición del diente está asociada al desprendimiento del pecho materno (fin del amamantamiento). El diente simboliza situaciones orales de alimentación, de amparo, cuidado, crecimiento, etc. Es, también, un instrumento que representa una función de agresión (penetra, mastica, destruye).

En la situación odontológica deben tenerse en cuenta:


  • Las fantasías del niño

  • Las fantasías del adulto que lo acompaña

  • Las emociones y aspectos inconscientes del odontólogo.

¿Cuándo debe el odontopediatra solicitar la consulta y/o intervención del psicólogo?

Cuando luego de reiterados intentos el niño no permite la realización del tratamiento o de la etapa diagnóstica; cuando no permite actividades exploratorias diagnósticas o curativas, cuando falta con frecuencia por enfermedades intercurrentes.

Hay que explicar, al paciente y a la familia, el porqué de la consulta y la dificultad específica.

Si hay una indicación de intervención quirúrgica, es norma de la cátedra derivar al paciente a psicología para la realización de una psicoprofilaxis, con el objetivo de evaluar si el paciente se encuentra en condiciones de enfrentar dicha práctica.

Y por último, hay dos riesgos básicos que atentan contra un desempeño adecuado del rol profesional:


  1. Estar demasiado involucrado afectivamente. Esto lleva a actuar sin autonomía, ni objetividad, quedando en general disconforme con su labor profesional.

  2. Aislarse, poner demasiada distancia afectiva con el paciente, como defensa ante la angustia o ansiedad, perdiendo así, la vivencia humana de la situación y las concomitancias afectivas.

Bibliografía consultada:

“Odontopediatria y psicología” Egoozcue, M. ediciones Kargieman. 1988.

“La psicología en la atención odontológica de niños y adolescentes”. Lic. Muñoz, T. Cuadernos de colección. Vol 1. Nª4. Capítulo 5: “Motivación”. Lic. Segura, P. Enero 1996.

“Algunos aportes del psicoanálisis al significado inconsciente de la situación, instrumental y técnica odontopediatrica”. Trabajos inéditos. Dr. Saimovici, E.

“El psicoanálisis de niños y sus aplicaciones” Aberastury, A. Paidos. 1972.

“Trastornos emocionales en el niño, vinculados con la dentición” Aberastury, A. Revista odontológica. Vol. 39. Agosto 1951.



“La motivación en odontopediatria” Margulies, M.; Wider , G. Artículo de la guía de lectura para alumnos


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