Moral sexual



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El pudor


El sentimiento del pudor hace referencia a la impulsividad que caracteriza muchas reacciones en el hombre y la mujer, que se presentan como imponiéndose a la propia conciencia. El pudor reviste, en consecuencia, diversos significados22:

  1. Por un lado, la experiencia de que ciertas fuerzas vitales fraccionan y coaccionan la subjetividad, y hacen que la persona pierda el control de sus reacciones y acciones, y que vea distorsionada su imagen de la realidad. Si el ser humano reacciona con vergüenza ante su propia impulsividad sexual, ello es signo de que es a él a quien corresponde gobernarla, en razón de su dignidad como persona.

  2. Pero del mismo modo que el pudor testimonia la originalidad de nuestra subjetividad, también muestra la originalidad de la relación interpersonal que posibilita la sexualidad. El hombre y la mujer experimentan una reacción de vergüenza ante la tendencia del propio deseo sexual a reducir la persona del otro a sus valores corporales o afectivos. El pudor protege a quien lo experimenta y al otro de la unilateralidad del deseo.

Lo que busca el pudor es evitar una reacción contraria a la dignidad de la persona. Se tienden a ocultar los valores sexuales para que no se genere en la otra persona una reacción incompatible con la propia dignidad. De este modo el pudor custodia, en la relación interpersonal del hombre y la mujer, la subjetividad de ambos. No se trata de ocultar algo negativo, sino de no generar, en sí mismo o en la otra persona, una intencionalidad contraria al valor de la persona. Y aquí se agrega un nuevo aspecto:

  1. Si el pudor retrae de toda manifestación ambigua de la sexualidad, no es por simple temor hacia ella, sino también y principalmente para redirigir la mirada hacia la persona que detenta tales valores, suscitando el amor personal. De este modo, el pudor es asumido (y conservado) en el amor.
    1. La dimensión socio-política


Si bien es cierto que la relación interpersonal representa el significado más profundo e inmediato de la sexualidad humana, es necesario evitar el peligro de dar a tal relación un carácter excluyente, esterilizando su misma dualidad por la incapacidad de percibir su más amplio significado social y político.

1. El sexo es un factor fundamental de socialización humana. El mismo proceso de personalización, tan ligado a la presencia determinante de la sexualidad, se da en el interior de un complejo itinerario de socialización, por las que el individuo entabla más allá del ámbito interpersonal más inmediato, relaciones cada vez más extendidas, incluyendo las estructuras sociales, que constituyen mediaciones necesarias de las relaciones humanas. Por otro lado, las normas e instituciones que regulan la sexualidad son testimonio del rol que se le reconoce a la misma como función originaria de la vida social.

2. La dimensión social de la sexualidad esta inscripta en la estructura biológica de la misma. La diferencia sexual es inmediatamente funcional a la reproducción. Esto no se contrapone a la visión personalista: el encuentro interpersonal no puede cerrarse en sí mismo; la fecundidad es una connotación esencial del encuentro auténtico. La dimensión procreadora es la forma más inmediata a través de la cual se realiza esta apertura del amor. Y en este contexto la procreación adquiere su pleno valor humano.

Pero además, el servicio a la vida, siendo la forma más natural y privilegiada de la fecundidad conyugal, no agota toda su riqueza. La pareja está llamada a vivir otras formas de compromiso hacia los demás (sociedad e iglesia), a través de las cuales el amor humano explicita su dimensión de servicio del mundo. La fecundidad, por lo tanto, no es solamente procreativa, sino socio-política.

3. Nuestra época se caracteriza por haber puesto en relieve la relación recíproca entre sexualidad y vida social. Hay una interdependencia entre la alienación sexual y la alienación producida por las estructuras sociales de convivencia. Nuestra cultura consumística no sólo ha mercificado las relaciones humanas, sino que las ha privatizado, empujando a la familia hacia una concepción crecientemente individualista y privatizada, traicionando el sentido pleno de la sexualidad. La verdadera liberación sexual no puede llevarse a cabo sin una transformación del sistema dominante. En esta línea H. Marcuse, en vez de propugnar una mayor libertad cuantitativa, que lleva fatalmente a una instrumentalización genital de la sexualidad, propone una transformación cualitativa, que dé a la sexualidad un contenido nuevo y humanamente enriquecedor.

    1. Apertura a la trascendencia


Hoy también se da una toma de conciencia de la apertura existencial de la sexualidad a la trascendencia, no en el sentido de una re-sacralización, típica de las culturas primitivas, sino en el sentido de una lectura más profunda del significado antropológico de aquélla.

1. La sexualidad es el lugar en el cual el hombre hace experiencia de sus infinitas posibilidades, y al mismo tiempo, de sus límites. Por un lado, en el ejercicio de la sexualidad, la persona experimenta la plenitud del encuentro; pero al mismo tiempo, choca con la fugacidad de esa experiencia y el ansia de un encuentro totalmente apagante y sin límites. Y esto último sucede no sólo en el encuentro fallido, sino, y más radicalmente, en el encuentro logrado y auténtico.

2. Así, el momento del éxtasis sexual, en su fugacidad pone en evidencia el límite y la precariedad de la actuación humana en el tiempo, a la vez que abre al hombre a la esperanza de un futuro absoluto. Ya hemos hecho referencia a la estructura compleja del placer (cf. supra, 3.3). En cuanto expresión de la totalidad de la persona, la sexualidad es, en su estructura antropológica, no sólo el lugar de la relación con el “tu” y con el “nosotros”, sino el camino de apertura al “Tu” absoluto y trascendente como respuesta radical a la inquietud del corazón humano.

Parte II: La sexualidad en el contexto cristiano


La esencial apertura de la sexualidad humana al misterio de la trascendencia constituye el punto de partida antropológico para la comprensión del significado cristiano.



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