Moral sexual



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Esquema comparativo


Para facilitar la confrontación entre ambas versiones del proceso de desarrollo de la personalidad, podemos sintetizar lo explicado hasta aquí en el siguiente cuadro:


S. Freud

Teoría psicosocial – E. Erikson

Evolución psicosexual

Desarrollo de la personalidad

Fases

Etapa

Conflicto

oral

incorporativa

(0 – 18 meses)



Confianza básica vs desconfianza

→ contacto físico-afectivo con la madre



Anal

Muscular anal

(Niñez temprana, 18 meses – 3 años)



Autonomía vs vergüenza y duda

→ desarrollo muscular, eliminaciones del cuerpo



Fálica

Locomotora genital

(preescolar, 3 a 5 años)



Iniciativa vs culpa

→ juego


Preocupación por el padre del sexo opuesto



Latencia

Latencia

(preescolar y escolar, 5 a 13 años)



Laboriosidad vs inferioridad

→ instrucción

Segregación pro sexo


Genital

Adolescencia

(13 a 21 años)



Búsqueda de identidad vs difusión de identidad

→ identidad



Adulto joven

(20-40 años)



Intimidad vs aislamiento


Adulto medio ó maduro

(40-60 años)



Generatividad vs estancamiento

→ crianza niños, productividad



Adulto tardío ó mayor

(60 años en adelante)



Integridad vs desesperación

→ finitud





    1. Etapas de la evolución psico-sexual según Lacan


La doctrina psicoanalítica de J. Lacan puede ayudarnos a comprender mejor las condiciones necesarias para que el proceso de estructuración de la personalidad haga posible una vivencia madura y ordenada de la sexualidad14.
      1. La ley de la castración simbólica


El recién nacido se encuentra inmerso en un mundo fusional, en una relación simbiótica con su objeto: la madre. Este es el mundo de la omnipotencia, la ausencia de límites, lo imaginario, que influirá a lo largo de toda la vida en el sujeto a modo de una “nostalgia”.

Para evolucionar, es preciso que el niño abandone ese mundo indiferenciado del origen. Ello se produce a través de la castración simbólica, que irrumpe progresivamente: esta “ley” consiste en las referencias sociales (lenguaje, padre, prohibiciones, etc.) que vienen a producir un corte, una cisura en aquella situación original.

Notemos, en este sentido, que “sexo” viene del latín secare, es decir, “cortar”, lo cual puede verse como una alusión a esta ruptura: en ningún ámbito el hombre hace experiencia más clara de su finitud, de la herida de la omnipotencia infantil, de la dependencia del otro, que en el ámbito sexual.

En virtud de dicho “corte”, la “castración simbólica”, el niño se ve llevado a buscar otros objetos:



Ello permite al sujeto decir “yo”, adquirir la capacidad de devenir como ser humano, pero implica, al mismo tiempo, la renuncia a la indiferenciación, la asunción de la carencia. Como consecuencia de dicha renuncia, el niño pasa de ser un infans (= que no habla), sumergido en el caos primordial, en el mundo imaginario caracterizado por la omnipotencia, a ser alguien que habla; en otras palabras, el niño ingresa en el orden simbólico: el lenguaje expresa, precisamente, la capacidad de reconocimiento del otro en su alteridad y de entablar comunicación con él.
      1. Sexualidad y castidad


La aceptación de la “ley de la castración” permite establecer vínculos “castos” con otros objetos (personas, cosas, Dios). Por el contrario, un vínculo que nace de la negativa a abandonar el mundo fusional debe calificarse como “no - casto” (en latín, in-castus, término cuya traducción francesa es “incestuoso”).

La “castidad” implica en este sentido amplio, una renuncia al mundo sin fallas, sin diferencias, el mundo de la omnipotencia, la ilusión de coincidir con el origen. Esto se verifica de diferentes maneras:



  • La renuncia a un mundo sin límites. Por ejemplo, la aceptación del fracaso, de la muerte, de los límites de las propias posibilidades de transformarse a sí mismo y transformar el mundo. También la aceptación del pecado con humildad pero sin humillación, es decir, sin caer en un desprecio de sí mismo ante Dios que no es más que una forma de intolerancia hacia las propias fallas.

  • La renuncia a un mundo sin diferencia. Combatir el mito actual de la total transparencia entre las personas (ej. de “Gran Hermano”) lo que deriva en la angustia y la violencia. También aceptar la diferencia temporal, admitiendo, por ejemplo que no se puede lograr todo inmediatamente.

  • La renuncia a un mundo de omnipotencia. Rechazar la pretensión de una ascesis entendida como dominio absoluto de sí. Tener una relación equilibrada con la turbación y el placer que me provocan cosas o personas, y que testimonian mi dependencia del mundo que me rodea (en este sentido, cierta forma de vivir la continencia podría no ser casta).

  • La renuncia a la coincidencia con el origen. Se refiere a la tentación de querer coincidir con Dios (por ej., a través de la magia, las experiencias “espirituales” o “místicas”) sin recurrir a las mediaciones políticas, sociales, afectivas, etc. También, la pretensión de coincidir totalmente con el propio cuerpo, dominándolo de modo absoluto (“yo soy mi cuerpo”). Asimismo, se refiere a la renuncia al “objeto total” que llene la “falla original”: “lo único que hace falta es ...” (Dios, la oración, el compromiso con los pobres, etc.)

En resumen, persona casta es la que intenta construir sus relaciones con los otros y con el cosmos en el reconocimiento de su propia carencia y de las diferencias que la constituyen como persona. Como vemos, se trata de un concepto que excede el marco de la genitalidad para abarcar el conjunto de la vida: la relación con las personas, las cosas, las actividades (p.ej. rezar).



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