Moral sexual


Etapas del desarrollo de la personalidad según E. Ericsson



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Etapas del desarrollo de la personalidad según E. Ericsson


La descripción freudiana de las etapas de la evolución psico-sexual pone de manifiesto los méritos pero también los límites de su planteo psicoanalítico12. Freud es deudor del prejuicio determinista y evolucionista propio del positivismo del s. XIX. Por eso, parte de la concepción de un “Yo” (consciente) débil, acorralado entre las pulsiones primitivas del “Ello”, y las imposiciones sociales del Super-Yo (ambas, en gran parte inconscientes). Así, el sujeto se ve prácticamente determinado por los procesos analizados precedentemente, sin disponer casi de un margen de libertad. El énfasis en la infancia lleva a Freud a sostener que toda posibilidad de verdadero desarrollo se cierra con el final del período de latencia. A partir de ese momento, nada realmente nuevo o diverso asoma en el horizonte de la psiquis.

En cambio, E. H. Erikson13, también psicoanalista, autor de numerosos trabajos sobre la estructura y el desarrollo de la personalidad, propone la posibilidad de que un proceso de desarrollo de la personalidad logrado genere un Yo fuerte, es decir, un Yo capaz de convertirse en señor de las pulsiones amorales del Ello, y de superar la heteronomía del Super-Yo, abriendo para sí un ámbito de libertad en el cual puede desplegarse el auténtico “sentido ético”.

La identidad se forma a través de la integración de diferentes etapas de desarrollo, que brindan al sujeto una identificación parcial o provisoria, la cual en algún momento se revela inadecuada, y es puesta en cuestión y reelaborada en un nuevo nivel. Cada etapa representa una posibilidad positiva, una ocasión de crecimiento, pero también un peligro de fijación o regresión. Según Ericsson, las etapas de este proceso son ocho:

1. Etapa incorporativa (fase oral) Va desde el nacimiento hasta el año de edad. Al nacer el niño depende en forma absoluta de su medio ambiente. Si la madre y la familia proporcionan un cuidado continuo, consistente y adecuado a las necesidades del niño, se generará en él una sensación de confianza básica, que se traducirá en un sentido de esperanza y optimismo frente a la vida. Por el contrario, si el cuidado temprano es variable, impredecible, caótico, se generará una sensación de desconfianza.

2. Etapa fase muscular anal (la niñez temprana): Va desde un año hasta los tres años; Aquí se pone en juego el logro de la autonomía del niño, a través de la capacidad de controlar esfínteres, usar músculos para moverse, vocalizar, desarrollando una sensación de ser autónomo y aparte de sus padres. Si hay sensación de mucho control, de ser avergonzado ante los primeros fracasos, pueden surgir sentimientos de vergüenza, duda, inseguridad. Los resultantes de un desenlace positivo de esta etapa, es la sensación de tener una voluntad propia.

3. Etapa locomotora genital (preescolar) Va desde los tres años a los seis años. El niño se percata más agudamente de su medio externo. Toma la iniciativa para establecer relaciones más cercanas con el progenitor del sexo opuesto. En esta etapa hay mayor preocupación por los genitales, por los padres del sexo opuesto, y en general una mayor noción de las diferencias entre los sexos. La identificación con el padre del mismo sexo es crucial en esta etapa. Es el momento en que debe desarrollarse la firmeza de propósitos, es decir, el coraje de proponerse fines válidos, no inhibidos por el fracaso de las fantasías infantiles, por el sentido de culpa o el miedo al castigo.

4. Etapa de latencia (escolar). Va desde los seis años a los doce años. El niño muestra su capacidad de desenvolverse industriosamente en la interacción educacional. También se desarrolla la capacidad de interactuar socialmente, por primera vez fuera de la familia. En la medida que la interacción educacional y social se desarrolla efectivamente, se logra un sentido de ser competente; en la medida que esto no se da, aparece un sentido de inferioridad. Muchos problemas de rendimiento escolar, de fobias y aislamiento social tempranos, son característicos de esta etapa. El nombre de latencia dado a esta etapa, se refiere a la suspensión de búsqueda de vínculos heterosexuales, que se evidencia en la segregación pro sexo, frecuentes a esta edad.

5. Etapa de la adolescencia. Se extiende desde los doce años a los veinte años. Como tarea central del desarrollo adolescente está el concepto de consolidación de la identidad. Los cambios físicos y psicológicos de la pubertad, hacen entrar en un periodo de aumento del conflicto psicológico interno, cuya consecuencia será un sentido de continuidad y estabilidad de uno mismo a lo largo del tiempo. Cuando esto no se alcanza, Erikson habla del síndrome de difusión de la identidad. El fijar los propios gustos, intereses, valores y principios es el modo de crecer. Por eso, es el momento en que debe desarrollarse la capacidad de fidelidad, es decir, de mantener una coherencia con los principios libremente elegidos. El joven delimita su sí mismo del de sus padres y familia.

6. Etapa del adulto joven. Va desde los veinte años a los cuarenta años, el adulto entra a formar parte de la sociedad al desempeñar un trabajo y relacionarse establemente con una pareja muchas veces formando una familia. El poder compartir una familia en el desarrollo de la capacidad de intimidad, es la tarea central de esta etapa. Esta etapa requiere un sentido de solidaridad y de identidad compartida en pareja. Lo contrario produce aislamiento personal. Lo dicho para la pareja se aplica al trabajar, donde la persona debe mostrar su capacidad de entrega estable a una labor dada.

7. Etapa del adulto medio o maduro: Va desde los cuarenta años a los sesenta años. Lo crucial de esta etapa es la capacidad de cuidar y facilitar el desarrollo de las generaciones más jóvenes. Los adultos de esta edad participan de esta tarea siendo padres, profesores, guías. El adulto que no puede ser generativo, siente una sensación de estancamiento, y vive en forma egocéntrica y sin propulsión hacia el futuro. Erikson plantea que los adultos medios necesitan a los niños, y que es tan necesario para ellos cuidar de estos, como los niños necesitan de alguien que los cuide.

8. Etapa del adulto tardío (adulto mayor): Desde los sesenta años en adelante. A medida que el adulto completa el ciclo de haber vivido él, y asegurado que viva la generación siguiente, se llega al tema final del ciclo vital: la integridad reposa en la aceptación de la sucesión de las generaciones y de la finitud de la vida natural. Esta fase final implica el desarrollo de una sabiduría y de una filosofía trascendente de la vida. Por el contrario, si no se adquiere esta noción de integridad, la desesperación y el temor a la muerte se presentará como resultado de una vida irrealizada.




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