Moral sexual



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El sexo biológico humano


A este nivel se habla de sexo cromosómico (o genético), sexo gonádico (o genital) y sexo hormonal6.

1. Sexo cromosómico (determinación genética del sexo)

En todas las células del cuerpo hay un número determinado de cromosomas (portadores de genes). Se trata de 23 pares de cromosomas. De ellos, 22 pares son cromosomas “somáticos” (autosomas) y un par son cromosomas “sexuales” (heterocromosomas o gonosomas). La fórmula cromosómica difiere según el sexo: varón, 44 A + XY; hembra, 44 A + XX.

2. Sexo gonádico (formación de órganos sexuales masculinos y femeninos, internos y externos)

La fórmula cromosomática, entre otros factores, determina directamente el tipo de glándula genital (ovario o testículo), pero no determina más que indirectamente los caracteres secundarios, estando éstos determinados por la acción de sustancias químicas u hormonas que elabora la glándula genital y que, pasando al medio humoral, influyen en todo el organismo.

3. Sexo hormonal (aparición de los caracteres secundarios)

A partir de la pubertad, las hormonas sexuales, producidas más abundantemente acentúan la diferenciación sexual. El ovario produce estrona y progesterona; el testículo produce testosterona. A partir de esta edad aparece formado y diferenciado el sexo con todos los caracteres secundarios.

Como veremos más adelante, el sexo biológico puede no coincidir con la percepción de la propia identidad sexual, debido a factores intrapsíquicos, o recibir sobredeterminaciones de origen socio-cultural (problema del género).


  1. Aportes de la psicología


Desarrollamos este punto recurriendo a la perspectiva del psicoanálisis. La incursión en el psicoanálisis7 comporta ciertos peligros: en el mismo hay una tendencia al desconocimiento de la base biológica de la sexualidad y al intimismo; pero, por otro lado, brinda aportes valiosos para la comprensión de la función relacional de aquélla8.

La sexualidad participa del carácter evolutivo de toda la persona humana, y se desarrolla pasando por diversas etapas, desde formas inmaduras y parciales a una progresiva madurez. Es mérito de Freud el haber puesto en evidencia estas diferentes fases del desarrollo sexual, liberando la sexualidad de dos formas de reducción: la reducción genital y la reducción temporal9. El sexo aparece como una energía que alcanza la totalidad de la persona, y cuya maduración consiste en su integración, a través de etapas históricas, al dinamismo general de la persona, hasta adquirir su significado inter-personal y dialógico.


    1. Etapas de la evolución psico-sexual según S. Freud


El estudio de las etapas de la evolución de la sexualidad nos ayuda a comprender que la orientación hacia el otro sexo no es un efecto espontáneo de la naturaleza, o de la genética, sino un delicado y complejo proceso. Ello traerá aparejadas consecuencias de peso para la concepción de la sexualidad y su tratamiento a nivel moral.

Comencemos por indicar que la sexualidad infantil tiene las siguientes notas específicas10:



  • es autoerótica o narcisista: independiente de la función reproductiva, y regida únicamente por el principio del placer, no se vincula a un objeto exterior sino que se satisface con el propio cuerpo;

  • es enclítica: se asocia a otras funciones fisiológicas;

  • evoluciona por etapas: se va desplazando por diferentes partes del cuerpo, por diferentes «regiones eróticas». La energía de la líbido (energía sexual) se concentra en la función fisiológica central de esa etapa.

a) Fase oral (hasta el 1º año): es una etapa pasiva, en la cual la necesidad psicológica esencial es la recepción de cariño, siendo central, aun para la constitución biológica del niño, la relación de ternura y seguridad con la madre. El nombre de esta etapa alude a que la actividad central en ella es la succión del seno materno, que constituye el primer objeto erótico, mientras que la boca se convierte en el primer órgano de placer.

b) Fase anal o esfintereana (1º a 3º año): Es una etapa activa, en que el niño empieza a descubrir múltiples capacidades: movimiento y lenguaje. El desafío de esta etapa es responder a los reclamos de control esfintereano por parte de los padres. El dominio de sí es vivido por el niño como respuesta de amor o agresividad hacia la madre que lo insta a controlarse. La deposición se convierte así en la actividad que polariza la líbido y la zona erógena correspondiente es la zona anal.

c) Fase fálica (3º a 5º año): Hacia los tres años, el autoerotismo se localiza en la región genital. Lo central en esta etapa es la relación afectiva con los padres. Es la fase en la que se desarrolla el proceso conocido como complejo de Edipo, en el cual el niño debe renunciar a la madre como objeto sexual para identificarse con el padre. Analizamos este tema con más detenimiento en el apartado dedicado al psicoanálisis.

El éxito en la superación de esta etapa debe llevar a:



  • la primacía de la región genital sobre las demás regiones erógenas (las cuales permanecerán, pero subordinadas a la primera);

  • el paso del autoerotismo al amor «objetual», aceptando la propia sexualidad y abriéndose a la relación con objetos externos

4. Etapa de latencia: Superada la etapa edípica, se entra en una etapa de serenidad que permite al individuo el desarrollo de sus facultades superiores, inteligencia y voluntad.

5. Etapa genital: se inicia con la adolescencia y desemboca, en condiciones normales, en la madurez, se caracterizada por el primado de la genitalidad, la orientación heterosexual y fecunda.

En el curso de esta evolución, pueden producirse problemas vinculados con la privación o la excesiva gratificación, en el transcurso de las primeras etapas. El posible resultado de estas dificultades es la fijación en una etapa determinada. Ello puede expresarse en síntomas neuróticos durante la madurez (la repetición del acto deseado en forma reprimida) o perversiones (repetición del acto deseado en forma directa).

En la raíz de todas las crisis evolutivas, a lo largo de las diferentes fases, se encuentra el conflicto entre el egoísmo y la donación, el encerrarse en sí mismo y el abrirse a los otros, y su superación está ligada a la superación de la propia tenencia egótica para ponerse correctamente en relación a los otros.

Si en la fase anal el conflicto es todavía entre la alegría de crear y el miedo de perder algo de sí, a partir de la crisis edípica, el conflicto toma el camino de la confrontación con el otro y se manifiesta como el deseo de suprimir al padre, resuelto sucesivamente en la introyección-imitación, la cual presupone su plena aceptación.

Esta estructura relacional del conflicto se hace más evidente en la adolescencia, cuando la tensión entre el deseo de salir de sí mismo y el miedo ante el mundo del otro se resuelve en una actitud de progresiva donación de sí vivida en el cuadro de las relaciones intersubjetivas.

La sexualidad, a través de estos procesos, revela su efectiva naturaleza. Ella no es sólo genitalidad, es decir, deseo de satisfacer los propios impulsos fisiológicos, sino sobre todo impulso hacia los otros, que conduce al sujeto a devenir persona en una comunidad de personas11.

El sexo como identidad de género, consiste en la percepción que cada individuo tiene de la propia sexualidad, cómo siente suya cierta identidad sexual y la ve reconocida por otros. La misma se desarrolla entre los dos y tres primeros años de vida.




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