Moral sexual



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Diagnosis and Statistical Manual of Mental Disorders, de la American Psychiatric Association.

90 Para este tema, seguimos a B. Kiely, La cura pastorale delle persone omosessuali, Nota psicologica, OR 14-11-86, p.6.

91 A. Cencini, Por amor, 922.

92 Cf. A.C. Kinsey y otros, Il comportamento sessuale dell’uomo, Milano 1967, citado por A. Cencini, Por amor, 925.

93 Cfr. A. Cencini, Por amor, 925.

94 Cfr. A. Cencini, Por amor, 930.

95 I. Bieber – T.B. Bieber, «Male Homosexuality», Canadian Journal of Psychiatry, 24 (1979) 409-421.

96 R.T. Barnhouse, «Homosexuality: a symbolic confusion», Seabury Press, New York, 1977.

97 E. Moberley, «Homosexuality: Structure and evaluation», Theology 83 (1980) 178.

98 La misma idea está expresada en CEC 2335.

99 La Carta hace referencia con esta expresión a las catequesis que sobre el tema desarrolla Juan Pablo II desde la audiencia del 9-1-1980.

100 Se trata de una de las tantas prohibiciones relativas a la conducta sexual atribuida a los pueblos paganos y a su religiosidad idolátrica, cfr. X. Thévenot, Homosexualités masculines, 221-224.

101 Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, Atención pastoral de las personas homosexuales, 1-10-1986.

102 Cfr. B. Williams, «Homosexuality: The new Vatican statement», Theological Studies 48 (1987) 265.

103 Cfr. B. Williams, «Homosexuality: The new Vatican statement», Theological Studies 48 (1987) 265-269.

104 X. Thévenot, «Les homosexualités», en Études, marzo 1983 (358/3), 352.

105 Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley, 10. Este texto brinda criterios para los obispos locales y Conferencias nacionales para responder a propuestas de ley relativas a la no discriminación de las personas homosexuales.

106 Algunas consideraciones, 11.

107 Algunas consideraciones, 12.

108 Algunas consideraciones, 14.

109 La misma estadística en R. Barnhouse, Homosexuality: A Symbolic Confusion, 95.

110 «La vida en pareja que, en abstracto, parece ser la solución al problema planteado, demuestra no serlo la mayoría de las veces, en lo concreto», X. Thévenot, Homosexualités masculines, 293; cfr. ibid. 277-281. El autor recuerda un adagio de Lacan: allí donde viene a faltar la carencia (recordar lo que vimos en el capítulo 2.2) surgen la angustia y la agresividad excesivas (ibid. 288). Ello explica el grado de sufrimiento que normalmente acompaña estas relaciones.

111Cfr. X. Thévenot, Homosexualités masculines, 281-283.

112 Muchos homosexuales que niegan que su orientación sea reversible están resistiendo una toma de conciencia que amenazaría su aceptación complaciente de la propia identidad gay, cfr. R. Barnhouse, Homosexuality: A Symbolic Confusion, 109.

113 Cfr. T. Anatrella, «Omosessualità e omofobia», en Pontificio Consejo para la Familia, Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni etiche, 685-697.

114 Cfr. B. Williams, «Homosexuality: The New Vatican Statement», Theological Studies 48 (1987) 259-277, 270. El autor señala en el documento sobre el Cuidado pastoral de las personas homosexuales una dureza excesiva e indiscriminada frente al movimiento gay, con alguna expresión notablemente desafortunada como nº 10.2.

115 Cfr. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 285-288; id, Amor, sexualidad, 167-170; M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 433-435.

116 Cfr. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 293-294; id, Amor, sexualidad, 173. M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 435-439.

117 Cfr. M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 433-435.

118 Para Vidal, sería apropiado que el noviazgo tuviera una forma institucional propia, orientada hacia el matrimonio (forma «progresiva»). Dada dicha forma, las relaciones durante el noviazgo podrían considerarse lícitas, cfr. M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 438-439.

119 Cfr. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 288-290; id, Amor, sexualidad, 170.

120 Vidal ubica este argumento entre los que considera «insuficientes», por partir de «una visión antropológica ya superada de la sexualidad humana», M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 430-431. Sin duda no se trata del principal argumento, pero tampoco se puede prescindir de él. La responsabilidad por las consecuencias de los propios actos es un principio moral insoslayable, como debería comprender además Vidal desde su concepción moral consecuencialista.

121 Cf. G. Piana, Orientamenti cit., 353.

122 Cf. G. Piana, Orientaciones cit., 360.



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